8. LA GENTE SOMBRA
Carl
Gustav Jung, uno de los padres de la siquiatría moderna, afirmaba la
existencia del inconsciente colectivo, un sustrato común al conjunto de
la humanidad de todos los tiempos, constituido por símbolos atávicos
con los que se expresan contenidos del siquismo humano que están más
allá de la razón.
Estos símbolos son conocidos como arquetipos.
Uno de los arquetipos junguianos principales es conocido como La sombra.
Decía Jung sobre La sombra:
La
figura de la sombra personifica todo lo que el sujeto no reconoce y lo
que, sin embargo, una y otra vez le fuerza, directa o indirectamente,
así por ejemplo, rasgos de carácter de valor inferior y demás
tendencias irreconciliables.
La
sombra es [...] aquella personalidad oculta, reprimida, casi siempre de
valor inferior y culpable que extiende sus últimas ramificaciones hasta
el reino de los presentimientos animales y abarca, así, todo el aspecto
histórico del inconsciente [...]. Si hasta el presente se era de la
opinión de que la sombra humana es la fuente de todo mal, ahora se
puede descubrir en una investigación más precisa que en el hombre
inconsciente justamente la sombra no solo consiste en tendencias
moralmente desechables, sino que muestra también una serie de
cualidades buenas, a saber, instintos normales, reacciones adecuadas,
percepciones fieles a la realidad, impulsos creadores, etc.
La
plasmación en la cultura humana de este arquetipo, de acuerdo con Jung,
se da a través de símbolos como la serpiente, el dragón, los monstruos
y los demonios.
Quedémonos con estos
dos últimos, porque los invitados inesperados que a veces se cuelan en
nuestra realidad, de los que vamos a hablar a continuación, encajan
bastante bien con este arquetipo y con los mencionados símbolos.
Gente con muy mala sombra
Me
gustaría empezar este apartado con dos testimonios de personas de mi
círculo más cercano que conectan la parálisis del sueño y los
visitantes de dormitorio con el tipo de entidades extradimensionales
que trataré a continuación: la gente sombra.
Debo
confesar que, hace tiempo, escuché hablar en algún programa de misterio
sobre la gente sombra, y lo descarté como un mito moderno que carecía
de base pero, tras investigar sobre el tema, mi percepción ha cambiado
de forma drástica.
Un amigo mío,
bastante escéptico, me comentó una vez que, estando solo en el piso de
alquiler en el que vivía, se hallaba sentado en el escritorio de su
habitación, de espaldas a la puerta que daba al pasillo. Era un piso
viejo, situado en una céntrica calle de Sevilla capital.
En
aquel momento, sin saber exactamente por qué, se volvió y miró a la
puerta. En ese momento vio pasar una silueta enorme, una sombra
grotesca, alta hasta llegar al techo, a la que no se le distinguían
brazos, pero que parecía llevar una sotana o algún tipo de túnica.
La visión se limitó a pasar por el pasillo delante de sus narices, sin interactuar con él lo más mínimo.
Siendo
una persona racional como es, me confesó que quizá fuera una ilusión
óptica debida a la vista cansada conjugada con la miopía que padece.
Podría ser. Este tipo de testimonios es más común de lo que parece.
El
siguiente caso, de una persona de mi entorno más cercano, conecta las
apariciones de estas sombras con la parálisis del sueño y los
visitantes de dormitorio, que vimos en el capítulo anterior.
La
historia hunde las raíces en su infancia, años en los que, durante
algunos períodos, padeció terrores nocturnos debidos a lo que ella
creía un visitante de dormitorio: una sombra enorme, anormalmente alta,
que se encorvaba, escuálida como era, para no golpearse con el techo,
un esperpento con algún tipo de sotana o traje talar, de rasgos
indistinguibles, que acercaba una mano hacia ella intentando cogerla.
Según la testigo, la sombra tenía una cabeza extrañamente alargada que le recordaba vagamente a la mitra de un obispo.
En
el transcurso de las visitas del ser de sombras, que, según aseguraba
ella, no eran fragmentos de pesadilla, la testigo permanecía
paralizada, intentando moverse y proferir alguna llamada de socorro,
hasta que el ser se desvanecía como una pesadilla y el alarido de
terror salía de su garganta. Sus padres y hermanos irrumpían alarmados
en la habitación, hasta que la frecuencia hizo que se acostumbraran,
acudiendo a la petición de ayuda con ánimo de reconfortar, pero sin
angustia.
Un día el ser se apareció,
pero había mudado su negrura en luz. Ahora la silueta, por una única
vez, se manifestó blanca. Y no volvió nunca más.
Aunque
los terrores nocturnos quedaron para atestiguar el poso de miedo que la
terrible experiencia había dejado en su subconsciente.
Al final la historia quedó relegada al olvido.
Pero
un día, durante una reunión con su familia, el tema volvió a salir a
colación entre varias anécdotas de la familia relacionadas con
experiencias supuestamente inexplicables.
En
esta ocasión, sus hermanos, todos mayores que ella, añadieron un dato
revelador: recordaban cómo habían dejado de practicar la ouija antes de
que ella, la protagonista de esta historia, hubiera nacido. Lo hicieron
tras una sesión especialmente terrorífica.
Fue tal la impresión que decidieron romper el tablero y tirarlo a la basura.
Era una vieja historia que ya habían contado en anteriores ocasiones.
Después
de aquello, habían sucedido algunas cosas, como si hubieran traído algo
a la casa. Un día, al entrar uno de ellos en el domicilio familiar, en
un momento en el que no había nadie, se había encontrado un taburete de
la cocina en mitad del pasillo, encima del cual había colocadas unas
tijeras.
Pero en esta ocasión dieron un
dato que nunca habían contado antes. La sesión de ouija la habían
llevado a cabo en el cuarto que, años después, ocuparía su hermana al
nacer, y en el que tuvieron lugar las apariciones de aquel ser de
sombras.
La historia de este fenómeno
Aunque
las tradiciones esotéricas y los sistemas religiosos a lo largo de la
historia nos han hablado de seres de sombra como representaciones
antropomórficas del mal, y con frecuencia se habla de formas humanoides
sombrías en el folclore que rodea a las historias de fantasmas, la
popularización del término «gente sombra» es relativamente reciente y
originaria del mundo anglosajón.
Algunas fuentes sitúan la primera mención a estas criaturas el 12 de abril de 2001, en el programa radiofónico Coast to Coast AM, que realizó una emisión en la que se abordaba el tema en profundidad.
En
él, el presentador Art Bell entrevistó a un anciano nativo americano,
Harley «SwiftDeer» Reagan, y durante la entrevista animaron a los
oyentes a enviar dibujos de los seres de sombras con los que hubieran
tenido encuentros.
El público envió
gran cantidad de dibujos en los que parecía haber ciertos modelos que
se repetían, como si hubiera varias categorías de sombra o personajes
diferenciados.
Posteriormente el
fenómeno fue cobrando popularidad gracias a las apariciones en dicho
programa de la autora e investigadora paranormal Heidi Hollis, que
publicó un libro sobre el tema en octubre de ese mismo año.
Ella
fue la que nombró a las criaturas avistadas durante estos encuentros
con seres con forma de silueta como «la gente sombra», creando la idea
de una especie de colectivo que vinculaba entre sí lo que hasta el
momento habían sido interpretados como sucesos inconexos, apariciones
espectrales aisladas o simples alucinaciones.
En
sus intervenciones en este programa, Hollis sentó las bases que
definirían esta realidad, para algunos, o mito moderno, para otros,
describiendo la fenomenología sobre la base de los testimonios que
había recopilado, que los describían como siluetas oscuras con formas
humanas que pueden avistarse fugazmente por el campo de visión
periférica; también aportaba testimonios de personas que afirmaban que
algunas de estas figuras habían intentado saltar sobre el pecho de sus
víctimas y estrangularlas.
Para Hollis,
estas entidades son claramente malévolas aunque, como veremos a
continuación, existe controversia al respecto, pues hay quienes afirman
que son entidades neutrales, y otros incluso piensan que les velan
durante el sueño, como si fueran una especie de ángel de la guarda.
Vemos
que, de nuevo, se repite la historia pues, al igual que con el Mothman,
el ser humano no es capaz de entender la lógica y el comportamiento de
seres que parecen regirse por parámetros no humanos.
Clasificación de la gente sombra según su apariencia
El
de la gente sombra es un misterio que aúna varios tipos de entidades
diferentes y, de hecho, como verás a continuación, podría responder a
diversas causas.
En principio la mayoría tienen algunas características en común.
Podría
afirmarse que en la mayor parte de los casos, al menos en los primeros
estadios de su interacción con los humanos, son percibidas como
siluetas o manchas fugaces que se captan en el campo de visión
periférica, pero que, una vez volvemos la cabeza para mirarlas,
desaparecen rápidamente de nuestra vista.
Se
han descrito encuentros con estas criaturas tanto de día como por la
noche, pues, de acuerdo con los testigos, la luz no parece afectarles.
Sus
cuerpos tienen forma humanoide, aunque varían en tamaño: desde siluetas
de altura humana o con formas de enanos hasta entes gigantescos que
pueden llegar a medir varios metros de altura.
Algunas
veces se distinguen sus extremidades, en determinados casos de
dimensiones grotescas, aunque en otras ocasiones pueden no
diferenciarse los brazos, o incluso los brazos y las piernas, como
suele pasar en el caso de las sombras que adoptan la forma de seres que
parecen llevar una túnica con capucha.
En
algunos avistamientos, sin embargo, las entidades de este tipo han sido
descritas como seres amorfos o flexibles columnas de humo negro.
Se
ha descrito que se mueven con una velocidad y agilidad sorprendentes, y
los testigos dicen de ellas que son «más oscuras que la propia noche» y
no reflejan la luz, o incluso parece que la absorben. Una vez
divisadas, con frecuencia desaparecen a través de las esquinas, o
internándose en armarios y lugares oscuros, fundiéndose con las
tinieblas.
En muchas ocasiones sus
movimientos son descritos como espasmódicos y desordenados, realizados
a gran velocidad, como si su naturaleza fuera la de un fluido en lugar
de la de un cuerpo sólido, movimientos antinaturales a los que los
testigos se han referido como si las sombras bailaran o saltaran de una
pared a otra.
Para poder entenderlo mejor, intentaremos abordar el fenómeno de forma ordenada.
Para
ello, realizaremos primero una clasificación de estos seres en función
del aspecto que los testigos les atribuyen tras toparse con ellos.
Estas criaturas podrían agruparse en cinco grandes arquetipos:
Sombras amorfas o vaporosas
A
este tipo las llamaría yo «sombras cutres», «pedos de Satán», o algo
similar, por darle un poco de vidilla al asunto, que se está poniendo
el tema de un serio que acongoja, pero mejor que no, que luego se me
enfadan los sombrólogos serios.
Aquí
incluiríamos a entidades de este tipo que han sido descritas como seres
amorfos o flexibles columnas de humo negro, es decir, sin una forma
definida.
En algunas ocasiones se las denomina masas sombrías.
Deben
de ser las que tienen más mala leche, por aquello de estar acomplejadas
respecto de sus congéneres de las otras categorías, que parecen tener
algo más de estilo o, al menos, una forma definida.
Sombras humanoides sin rasgos diferenciados
Sombras
humanoides tridimensionales sin rasgos distintivos, ya sean faciales o
de sexo, aunque a veces se perciben como cuerpos masculinos (por su
constitución corporal, no seas malpensado).
Sombras antropomórficas sin rasgos distinguibles aparecen a veces como visitantes de dormitorio.
Sombras humanoides de encapuchados, también conocidas como «el encapuchado› o «el monje»
Normalmente
se aparecen como una figura muy alta, encapuchada; a veces no se le
distinguen las extremidades, como si llevara una túnica que llega hasta
el suelo y le tapara los pies. También es indistinguible el rostro, y
en la mayoría de los casos suele causar aprensión en los testigos, que
a menudo perciben este tipo de sombras como entidades negativas o
malignas.
El monje, una de las manifestaciones más temibles de la gente sombra.
Buceando
en la historia, encontramos una figura en algunas culturas antiguas
cuya descripción encaja perfectamente con la de estas criaturas: el Genius cucullatus.
Los Genii cucullati son representaciones de figuras cubiertas con un manto y una capucha (cucullus).
También
llamados espíritus encapuchados o genios encapuchados, el término surge
de tallas encontradas en las regiones celtas en época del Imperio
romano.
Han sido encontrados
fundamentalmente en tallas, muchas veces casi abstractas, de contenido
religioso, en toda la región celta romana, desde la Britania romana
hasta Panonia, que se correspondería actualmente con la parte
occidental de Hungría y parcialmente con Croacia, Serbia,
Bosnia-Herzegovina, Eslovenia, Austria y Eslovaquia.
También
se han hallado representaciones de estas figuras esculpidas en altares
de templos, como el templo de Wabelsdorf, en Carintia, donde a la
imagen la acompaña la inscripción Genius cucullatus (genio encapuchado), de la que surge la denominación común dada por historiadores y arqueólogos a estas representaciones.
Se pueden encontrar en Europa, Suiza y Alemania.
En Gran Bretaña se encuentran representadas en forma de triple deidad.
Relieve romano de Genii cucullati, Corinium Museum, Cirencester.
En
la época romana la capa con capucha se asociaba sobre todo a los
pueblos galos o celtas, pudiendo ser estas figuras representaciones del
dios de la salud Telesforo, aunque en realidad se desconoce su
significado religioso.
El manto también
es con frecuencia un símbolo sobrenatural asociado a algunos mitos en
los que confiere la capacidad de otorgar la invisibilidad de los seres
divinos a sus portadores.
Otros
investigadores afirman que podrían tratarse de representaciones de
espíritus de la fertilidad, puesto que algunas de las tallas de Genii cucullati
incluyen formas fálicas u ovoides, símbolos de la vida y el
renacimiento o reencarnación, por lo que se las relaciona con la salud;
el grueso de la comunidad científica, eso sí, descarta la idea de que
sean representaciones de los repartidores de dildos de la antigüedad.
Los que defienden esta tesis se basan también en el hecho de que los relieves de Genii cucullati
se encontraron cerca de pozos que tenían fama de contener aguas
salutíferas, de ahí su conexión con las propiedades curativas. En otras
ocasiones se les muestra asociados a otras divinidades, las Matres o
Matronae, que estaban vinculadas a la salud y la curación.
Sin embargo, hay casos en los que se representa a los Genii cucullati
portando rollos de pergaminos que podrían representar la duración de la
vida, por lo que serían también divinidades ligadas al mundo de la
muerte, lo cual encajaría mejor con los encuentros con gente sombra.
Como
vemos, las propuestas de los investigadores no pasan de ser conjeturas.
Lo que está claro es que el parecido de estas representaciones con las
descripciones de testigos de encuentros con las siluetas de sombra de
«el monje» o «el encapuchado» es, cuando menos, inquietante.
Sombra humanoide con ojos rojos
Esta
entidad adopta la forma de una silueta humanoide tridimensional,
totalmente negra, con unos ojos que brillan con un fulgor antinatural
de color rojo o, en ocasiones, verde.
Un tipo de sombra es una silueta humanoide que tiene unos brillantes ojos rojos, o en ocasiones verdes.
Suele causar a sus víctimas una tremenda sensación de angustia y terror y parece ser percibida como una entidad maligna.
«Hat man» u «hombre del sombrero»
Además del sombrero, en ocasiones puede distinguirse que viste un traje. A veces, además, completa su atuendo con una capa.
Suele
ser de gran altura, y emana una sensación de malignidad y amenaza que
es fácilmente perceptible por los testigos, tal y como viste en el
capítulo anterior.
Algunas personas han
atestiguado encuentros con entidades de estas características tocadas
con un sombrero fedora (el sombrero clásico popularizado por el
personaje Indiana Jones). Este sería el Hat man.
El hombre del sombrero ha sido visto por multitud de personas en distintas partes del mundo.
En
otras ocasiones el sombrero es percibido como un sombrero de copa alta,
como si se tratara de la silueta de un caballero decimonónico. A este
lo llaman Tall hat man (hombre del sombrero de copa).
Tampoco es que se hayan roto la cabeza.
Al Tall hat man hay quien le atribuye una serie de características adicionales, aunque no siempre se cumplen:
• Ojos rojos o amarillos, que incluso llegan a parpadear.
• Ropa definida, entre la que se incluyen gabardinas, trajes antiguos y/o capas.
• Facciones distinguibles.
• Refleja la luz.
• Es corpóreo.
Como
vemos, esta entidad encajaría plenamente con la descripción que dio la
testigo mencionada en el capítulo anterior, víctima de una criatura de
estas características que, aparentemente, le estaba succionando la
energía vital hasta causarle una inmunodepresión acompañada de un
herpes.
Fue denominada por primera vez Hat man por la investigadora Heidi Hollis.
Una de las personas que tuvo contacto con esta entidad quedó tan impactada que ha fundado una web, thehatmanproject.com,
cuya única finalidad es recoger testimonios de todas las personas que
han tenido encuentros con el hombre del sombrero para tratar de
investigar el fenómeno.
Tim Brown, responsable del sitio web, nos cuenta la experiencia que tuvo con esta entidad:
Mi
experiencia con el hombre del sombrero aconteció en 1994, cuando tenía
unos catorce años. Vivía con mi abuela y mi tatarabuela en mi casa en
Nashville, y había estado despierto hasta muy tarde, alrededor de las
dos de la madrugada, y me quedé dormido en la cama mientras veía la
tele. Las luces estaban apagadas y la única fuente de luz era la
pantalla del televisor.
[...]
Mirando
hacia mis pies podía ver perfectamente el cuarto de mi abuela (que era
paralelo al mío) dado que no había puerta entre mi habitación y la
suya. También podía ver el pasillo. [...] oí algo en la tele que me
hizo abrir los ojos y percibí algo por el rabillo del ojo.
Siempre
he tenido miedo a los asaltantes y a qué haría si alguien entrara en mi
casa. Por un momento pensé que lo que había visto era a mi abuela que
se había levantado para ir al baño.
Pero
cuando enfoqué la mirada hacia el pasillo en dirección a la habitación
de mi abuela, me di cuenta rápidamente de que eso no era mi abuela.
Lo
que vi me llenó inmediatamente de pavor. Vi una forma humanoide alta
que parecía un hombre. No tenía rasgos distintivos. No pude distinguir
ojos, nariz o boca, solo negrura.
Parecía una sombra, solo que más oscura, mucho más oscura.
Tenía
un sombrero con el ala muy ancha y una gabardina larga que se agitaba a
medida que se movía. Empecé a temblar. Mi corazón se disparó. En ese
momento, tuve la convicción de que había un intruso en mi casa.
[...]
Seguí
mirando al pasillo. Él se quedó en el umbral, entre la habitación de mi
bisabuela y la de mi abuela. Inclinó la cabeza y el cuerpo dentro de la
habitación de mi bisabuela y miró dentro, volviendo luego la cabeza
hacia mí. Entrecerré los ojos lo justo para poder verle pero de forma
que pareciera que estaba dormido. Se quedó allí de pie lo que a mí se
me antojó una eternidad, y entonces se movió sin hacer ruido y
desapareció de mi vista por el pasillo.
[…]
A
estas alturas no sabía qué más hacer. Estaba convencido de que había
entrado algún ladrón en la casa, así que reuní todo el coraje que pude,
salté de la cama gritando, e irrumpí en el pasillo listo para pelear.
Recorrí el pasillo y… se había ido.
Obviamente,
mi abuela y mi bisabuela se despertaron sobresaltadas. Les conté lo que
había pasado y no hace falta decir que ninguno de nosotros volvió a
acostarse durante un buen rato, y cuando lo hicimos fue con la luz
encendida.
[...]
al día siguiente [...] me sorprendió saber que no era el único en
aquella casa que había visto al hombre del sombrero y la capa. También
mi abuela y mi bisabuela habían visto aquella cosa, aunque ellas la
describían de otra forma...
En
este punto, es interesante resaltar que son frecuentes los casos de
niños con amigos imaginarios que los describen como un hombre mayor con
un sombrero, por lo que, tal y como te proponía en el capítulo segundo,
puede ser que estemos en contacto con estos seres desde nuestra más
tierna infancia.
El arquetipo del
hombre del sombrero vestido con ropas antiguas y, a veces, capa, parece
estar presente en multitud de culturas, y en algunas es identificado
como el mismo demonio.
Clasificación de la gente sombra según su comportamiento
Sombras espectrales (no interactúan con el testigo)
No
son necesariamente negativas, y se comportan como los espectros, es
decir, se limitan a desplazarse por un lugar ignorando a los testigos,
como si no fueran siquiera conscientes de la presencia de estos. Da la
sensación de que representan una escena de forma repetitiva, como si
fueran fragmentos de imágenes de otro tiempo. Pueden darse encuentros
con estas entidades tanto por la noche como a plena luz del día, en el
interior de las casas o en el exterior, y pueden ser vistas
simultáneamente por más de un testigo.
Los
dos tipos que vienen a continuación parecen alimentarse o verse
atraídos por las emociones negativas de sus víctimas, principalmente el
miedo.
Cuando se presentan al testigo,
la mayoría de las veces no interaccionan con él; se limitan a dejarse
ver, como si estuvieran acechándolo y asustándolo.
Visitantes de dormitorio
Ya he expuesto diversos testimonios de encuentros de este tipo en el capítulo anterior.
Principalmente
suelen ser protagonistas de los casos de visitantes de dormitorio y
parálisis del sueño las entidades con mayor carga negativa, que siempre
son percibidas como amenazantes por los testigos; a saber: el hombre
del sombrero y las sombras con ojos rojos, aunque también pueden
aparecerse, solas o acompañando a estos dos terribles personajes, tal y
como vimos en el capítulo anterior, sombras humanoides del tipo
«indiferenciado».
El principal problema
con estas entidades es que en la mayoría de los casos aparecen en el
interior de las casas durante el sueño, y solo suelen ser vistas por el
testigo, por lo que es más difícil objetivar la realidad de estos
encuentros, y tenemos que limitarnos a la gran abundancia de
testimonios recogidos a lo largo y ancho del mundo.
Algunos
testigos afirman que, tras haber sido tocados por estas entidades, les
han surgido manchas en la piel que tardaron años en desaparecer. En
otras ocasiones las víctimas del contacto con estas criaturas aseguran
que les han ocasionado arañazos, moratones o quemaduras.
Sombras errantes
También
generan gran pánico entre las personas que las contemplan, y suelen
aparecerse en carreteras o caminos, o incluso deambulando por las
calles de los pueblos como signos de un mal agüero, aunque de manera
infrecuente no han sido percibidas como amenazantes.
En otras ocasiones son avistadas en el interior de los edificios.
A veces parecen observar a las personas y desaparecen al ser descubiertas.
Uno
de los testimonios más impactantes de este tipo de encuentros lo
recogió mi paisano, el escritor e investigador José Manuel Morales
Gajete, que entrevistó en su programa de televisión Córdoba misteriosa,
en el que participo ocasionalmente como colaborador, a un testigo que
había tenido un encuentro asombroso con una de estas siluetas.
Tuvo
lugar en el antiguo hospital militar de San Fernando, un lugar que ya
arrastraba cierta historia paranormal, pues fue construido sobre los
restos de un convento allá por el año 1928.
En
los años noventa había cesado su actividad, y la vigilancia del
edificio corría a cargo de los reclutas que realizaban el servicio
militar, alguno de los cuales había referido sucesos anómalos: máquinas
de escribir que emitían sonidos durante las guardias nocturnas, como si
las estuviera utilizando alguien en momentos en que las oficinas
estaban vacías, o avistamientos de monjas que aparecían en las
ventanas.
El impactante caso que está
relacionado con los seres de sombra tuvo lugar en octubre de 1993.
Emilio Fernández era por aquel entonces un joven de dieciocho años que
realizaba el servicio militar y fue destinado a hacer guardias
nocturnas a aquel centro.
Durante la
noche decidió dejar su puesto de guardia para echar una cabezada, por
lo que se dirigió a los dormitorios de los barracones. Al pasar por
delante de la puerta que daba al comedor y a las cocinas del edificio
vio que, en los fregaderos, había un compañero lavando los platos.
Como
eran las dos de la madrugada y el hombre estaba un poco aburrido,
decidió acercarse sigilosamente por la espalda para darle un susto. Al
irse aproximando pudo distinguir que la persona tenía la cabeza rapada
y las orejas algo despegadas del cráneo. Incluso podía oír el ruido de
los platos al ser manipulados.
Pero al
ir a tocarle la espalda, Emilio se convirtió en el cazador cazado, pues
su mano atravesó la figura como si fuera una proyección holográfica.
Entonces el ser inmaterial se volvió, quedando a pocos centímetros del rostro del testigo.
¿Adivinas cómo era la figura?
Exacto,
una silueta que el testigo describe como «de una oscuridad inmensa, no
tenía rostro, ni ojos, ni boca, ni ningún atisbo de humanidad».
El
ser lo encaró durante unos segundos, tras lo cual se dio media vuelta y
se marchó con celeridad hacia la puerta, para desaparecer en la
oscuridad del pasillo.
Huelga decir que esta experiencia le impactó sobremanera y cambió para siempre su concepción de la realidad.
Dentro de este arquetipo de gente sombra me gustaría incluir un subtipo, recogido por José Manuel Morales Gajete en su libro Enigmas y misterios de Córdoba, perteneciente al folclore popular de la provincia: «el enlutao» o «La Maranga»
«El enlutao» o «La Maranga»
La
mayoría de las veces suelen adoptar la forma del encapuchado, y suelen
ser siluetas muy altas, por encima de los dos metros, a las que no se
les distinguen los pies, y en ocasiones tampoco los brazos.
El
investigador cordobés enmarca este fenómeno en el área geográfica de la
provincia de Córdoba, aunque, como veremos un poco más adelante, no
parece ser patrimonio exclusivo de esta zona.
De
acuerdo con sus investigaciones, desde los años treinta del pasado
siglo, titulares de prensa como el aparecido el 8 de febrero de 1935 en
La Vanguardia, «En Peñarroya los fantasmas tienen indignado al vecindario», testimonian la actividad de estos seres.
La
noticia hablaba de la aparición en la población de rumores acerca de la
presencia de fantasmas a los que se achacaban todo tipo de tropelías.
Otras
pruebas de esta actividad son más impactantes, como el testimonio que
el escritor Alejandro López Andrada aportó en el programa de radio Milenio 3, y posteriormente en su versión televisiva, Cuarto Milenio, testimonio que también fue recogido por el investigador cordobés en el mencionado libro.
Este
reconocido escritor cordobés, oriundo de la localidad de Villanueva del
Duque, afirma que el 1 de noviembre de 2002, día de Todos los Santos,
mientras transitaba en su vehículo en dirección a la localidad de
Alcaracejos, pasadas las seis de la madrugada, en compañía de su hija y
una estudiante de intercambio para llevarlas a que cogieran un autocar
para ir de excursión con el instituto, tuvo un encuentro sorprendente
con esta siniestra aparición.
En la
carretera que va de Hinojosa del Duque a Pozoblanco se detuvo en un
stop y vio en la lejanía, a un centenar de metros, una gigantesca
figura, la silueta de un encapuchado que se dirigía hacia ellos
suspendida a varios centímetros del suelo.
En
principio, para no alertar a las jóvenes que le acompañaban, no dijo
nada sobre la extraña silueta, hasta que su hija le preguntó si estaba
viendo lo mismo que ella.
El conductor tuvo reflejos suficientes como para preguntarle qué era lo que veía ella.
La respuesta confirmó sus temores: su hija también veía una silueta gigantesca que se aproximaba hacia ellos.
La
estudiante de intercambio extranjera que se hallaba en los asientos
traseros, que no entendía el castellano, sufrió un ataque de pánico,
supuestamente por haber visto algo por la ventanilla.
El escritor intentó tranquilizarse y, con gran sangre fría, trató de esperar a que la figura pasara de largo.
Cuando
se hallaba a unos diez metros del coche, Alejandro observó que el ente,
que calculó que medía alrededor de los dos metros y medio, llevaba una
sotana parecida a la de un monje y carecía de rostro. En ese momento el
escritor emprendió la huida, presa del pánico, y pudo comprobar por el
retrovisor que la criatura todavía les perseguía, hasta que un coche
que circulaba por el carril contrario la atravesó, y la extraña entidad
se desvaneció sin más.
Pero no ha sido este el único informe de avistamientos de esta entidad con denominación de origen.
En
2007 cuatro jóvenes del municipio de El Higuerón, que se dirigían en
coche por la noche a la localidad de La Carlota, tuvieron un reventón,
por lo que se bajaron y llamaron a la grúa.
Como
el servicio de asistencia les solicitaba el kilómetro exacto de la
carretera donde se hallaba el turismo, echaron a andar en mitad de la
oscuridad de la noche, al tratarse de una vía interurbana no iluminada,
para buscar algún poste que indicara el kilometraje, alumbrándose
únicamente con la luz de sus teléfonos móviles.
En un momento determinado vieron aparecer en el arcén de la carretera un bulto negro que se dirigía hacia ellos.
A medida que se acercaba tuvieron una terrible visión. Aquella forma oscura se desplazaba sin tocar el suelo.
La extraña aparición se detuvo a unos diez metros de los viandantes, flotando, inmóvil.
Antonio
Gómez, uno de los tres chicos, le preguntó a la entidad quién era, pero
el extraño ser no reaccionó. El testigo lo describe como un bulto negro
en el que no se distinguían cuello ni extremidades, de más de dos
metros de altura, con una tela negra echada por encima. Cuando le
iluminó la capucha con el móvil y vieron que no tenía rostro, los tres
jóvenes emprendieron la huida. Al llegar al coche lo arrancaron y se
pusieron en marcha sin importarles que la llanta del neumático tocara
el asfalto, viendo aterrorizados por el espejo retrovisor que la
criatura continuaba avanzando hacia ellos, aunque, por suerte para los
testigos, cejó en su empeño tras perseguirlos durante unos doscientos
metros.
Otro de los casos más notorios
de apariciones de estas sombras errantes, en la forma de «La Maranga»,
fue recogido por Gonzalo Pérez Sarró en su libro Huellas de otra realidad. Es conocido como el caso del fantasma de Saucedilla.
En
1983, según narra el autor, se dieron varios avistamientos de un
extraño ser en la localidad de Saucedilla, en Cáceres, cerca de la
central nuclear de Almaraz.
El primer
testigo fue una mujer joven, Mari Carmen, que, mientras caminaba al
atardecer por la avenida de Juan José González, observó a un extraño
viandante que avanzaba por la otra acera en sentido contrario.
Según sus declaraciones, se trataba de la silueta de una persona, pero vestida con ropajes largos y de una estatura descomunal.
Lo peor vino cuando, al llegar a su altura, el ser cruzó la calle y se situó a unos cinco metros de ella.
Fue entonces cuando pudo fijarse mejor en aquel esperpéntico ser, que quedó grabado de forma indeleble en su memoria.
Así lo describió la testigo:
«Creo
que podía medir los tres metros de estatura. Sus ropas eran extrañas, a
modo de túnica negra, muy holgada, que le caía a plomo hasta el suelo.
No parecía que tuviese pies o, al menos, no los vi. Pero es que,
además, tampoco se le notaban las piernas, que se deberían dibujar en
el tejido al caminar. De cualquier forma, aquel ser no se desplazaba
como nosotros, iba como flotando a ras del suelo. Se deslizaba siempre
a la misma velocidad, uniforme y muy lenta, sin hacer movimiento alguno
con el cuerpo. Al llamarme la atención precisamente esto que digo, miré
a hacia donde deberían estar sus pies y observé algo que me sigue
intrigando ahora. La parte baja de su vestimenta se agitaba como si
tuviera algo que echara aire debajo de esos faldones, ¡vaya, que
parecía que tuviera dentro un ventilador!».
También
pudiera ser que tuviera gases, apostillo yo. No sé cómo se les pudo
escapar esa posibilidad, pero sigamos con la descripción de la testigo:
«En
la cabeza parecía llevar un tocado, pero su rostro no lo pude
distinguir, no sé si porque el gorro hacía sombra o porque la luz ya
era casi inexistente. También llevaba una especie de bolso o algo
colgado. No tenía brazos o no se le apreciaban, tal vez los llevara
pegados a los costados».
La
criatura desapareció por la esquina de la bocacalle perpendicular a la
vía en la que se hallaba la testigo. Cuando dobló la esquina, no había
ni rastro de aquel ser de sombras.
Pero
lo que hace excepcional este caso es que, al igual que sucedió con el
Mothman, el fenómeno se apareció durante varios días y a diferentes
testigos.
A los cuatro días, la misma
chica, acompañada esta vez de dos muchachos más jóvenes que ella,
tuvieron otro encuentro con la que, suponen, era la misma criatura:
«Estaba
allí, parecía observarnos, asomado a la otra esquina. Solo se le veía
la cara, una cara redonda y blanca. Se distinguía perfectamente en la
oscuridad, a pesar de la distancia. Era un rostro resplandeciente y sus
ojos, también».
Hay que añadir que los dos acompañantes de la chica, valientemente, pusieron pies en polvorosa.
Los perros del pueblo aullaron durante toda la noche…
Otra
joven del pueblo, María del Mar Mariscal, de trece años de edad, según
nos cuenta el autor, también tuvo dos encuentros con esta siniestra
entidad:
El primero tuvo de lugar de noche, de nuevo en la avenida de Juan Antonio González.
La
niña avistó al ser que también describió como una silueta alta, con
ropajes oscuros y largos. La criatura permaneció inmóvil, observándola.
Ella apartó la vista un instante de la entidad y cuando volvió a mirar
había desaparecido.
Esa misma noche, al
ir a tirar la basura, volvió a ver a aquella figura en el jardín de su
casa. El cuerpo del ser superaba por un tercio la altura de los postes
de la verja del jardín, que medían dos metros.
En esta ocasión sí pudo distinguírsele un miembro, por suerte para María, un brazo.
El
esperpento le hacía un gesto con la mano derecha para que se acercara.
La testigo afirmó que tenía la cara «apepinada» y surcada por lo que
parecía ser una cicatriz.
Como es
obvio, la muchacha huyó gritando hacia su casa. El padre, alarmado,
salió armado con un cuchillo, pero allí no había nadie, tan solo el
silencio roto por el incesante aullido de los perros.
Estos
encuentros con lo extraño desataron la alarma de los vecinos, que
desembocó en batidas organizadas por la Guardia Civil con grupos de
voluntarios, aunque fueron infructuosas.
Y
repitiendo comunidad autónoma, las Hurdes extremeñas también han sido
una localización en la que se ha desarrollado este fenómeno, al que
allí denominan «Pantaruja».
En la
localidad de Vegas de Coria, al norte de la provincia de Cáceres, sus
habitantes fueron testigos de extrañas sombras errantes.
El
10 de noviembre de 1982 dos testigos, Eusebio Iglesias y su hijo
Florián, a eso de la una de la madrugada, mientras descargaban
materiales de construcción en una vivienda, escucharon un ruido que más
tarde describirían como lamentos.
Vieron una llamarada de color azul que iluminó la carretera durante unos instantes para, acto seguido, desaparecer.
El día siguiente, otro testigo tuvo un encuentro inusual.
El
11 de noviembre, como otra noche cualquiera, Nicolás Sánchez Sánchez se
dirigía a su casa, cercana al primer avistamiento del extraño fuego
fatuo, sobre las diez menos cuarto de la noche.
Antes
de entrar en su vivienda, escuchó un lamento que provenía de la
carretera. Al mirar en la dirección del sonido vio un bulto oscuro de
unos treinta centímetros, que, para su asombro, comenzó a crecer hasta
alcanzar algo más de dos metros, con un sonido que el testigo describió
como de «rechinar de dientes». Nicolás se acercó y, para su asombro,
vio una silueta humanoide de grandes proporciones y complexión fornida,
vestida con una túnica negra que le caía por debajo de las rodillas.
Como
es natural, el testigo retrocedió, y el ente comenzó a seguirle.
Nicolás, que debía de tenerlos muy bien puestos, no tuvo otra cosa que
hacer que coger dos grandes piedras y lanzárselas al ser.
La sombría entidad se alejó flotando en dirección opuesta hasta desaparecer.
Pero
regresemos al testigo inicial. A los dos días de estos acontecimientos,
Eusebio Iglesias volvió a encontrarse con este ser entre las nueve y
media y las diez de la noche.
Se
hallaba intentando recolocar un saco que se le había caído del burro,
cuando sintió detrás de él una presencia. Al volverse, la sangre se le
heló en las venas: una figura muy grande, enlutada de pies a cabeza, se
le aproximaba lentamente con los brazos extendidos.
Incluso pudo escuchar una voz que le exhortó: «¿Es que no me conoces?».
Eusebio
salió por patas, pero mientras huía pudo ver cómo aquel ser de
pesadilla se arrojaba por el terraplén que bordea la carretera, una
caída de más de veinte metros.
No
ocurrió nada más hasta el 3 de febrero de 1983, cuando otro de los
testigos iniciales, esta vez Florián, el hijo de Eusebio, junto con
Cristino, Germán Domínguez y Joaquín Sánchez, vieron a un ser azul
oscuro que se precipitaba por un terraplén.
Fueron
más las gentes del pueblo que dijeron haber tenido encuentros con este
extraño individuo, hasta el punto de que, también en este caso, la
Guardia Civil organizó batidas, pero una vez más, siendo fiel al
principio de elusividad, el ser no hizo acto de presencia, y quedó en
la sutil frontera que hay entre la leyenda, los fenómenos paranormales
y la histeria colectiva.
¿Qué explicación da la ciencia?
Como
siempre, la ciencia acude al rescate para actuar como una tabla de
salvación que nos permita tener una sensación de control y evitar que
este tipo de experiencias destrocen nuestros esquemas sobre lo posible
y lo imposible.
Estas son algunas de las explicaciones que los científicos aportan para explicar el fenómeno.
Alucinaciones hipnagógicas o hipnopómpicas
Aunque ya hablamos de este tipo de síntoma en el capítulo precedente, no está de más recapitular para sintetizar conceptos.
Estos
fenómenos suelen estar asociados a los trastornos del sueño y, en el
contexto de las apariciones de gente sombra, más concretamente,
asociados a la parálisis del sueño y a los terrores nocturnos.
Las
alucinaciones hipnopómpicas son aquellas que se producen en un estado
intermedio entre el sueño y la vigilia, es decir, tienen lugar cuando
nos estamos despertando, y pueden ser tanto visuales como auditivas y
táctiles. El sujeto las percibe como experiencias reales que
experimenta en estado de vigilia a pesar de que su vínculo con la
realidad objetiva no es claro, y suelen mezclar elementos reales con
elementos oníricos.
Las alucinaciones
hipnagógicas pueden ser auditivas, visuales o táctiles, y se producen
poco antes del inicio del sueño, en una situación de tránsito entre la
vigilia y el sueño
Tienen lugar en las
fases 1 y 2 del sueño profundo no REM, durante las cuales el cerebro
envía señales a la médula espinal, que paraliza las extremidades para
que no imitemos los movimientos de las acciones que estamos realizando
en los sueños. En esta fase intermedia entre sueño y vigilia es común
pensar que se está despierto, hasta tal punto que se tiene seguridad de
tener los ojos abiertos, de ver y oír cosas alrededor, pero no se puede
uno mover. Las personas pueden ser conscientes o inconscientes de su
entorno, siendo en el último caso donde pueden percibir imágenes del
subconsciente, visualizando luces o sombras que se mueven alrededor.
Como
ya viste anteriormente, los episodios de parálisis del sueño tienen
lugar en las ocasiones en que la persona, que está durmiendo en ese
estado, se despierta.
Un tercer tipo de
alucinaciones vinculadas a los trastornos del sueño que podrían
originar estas experiencias son las causadas por privación del sueño
durante períodos prolongados, aunque normalmente, para llegar a estos
extremos es necesaria la intervención de algún factor que induzca dicho
insomnio, como te explico más abajo.
Proyección de nuestra conciencia del arquetipo junguiano de la sombra
La
siquiatría atribuye la naturaleza de estas visiones, independientemente
de que sean causadas por los efectos fisiológicos descritos en el punto
anterior, o por otras causas físicas de las que se explican más
adelante, a una proyección del arquetipo junguiano de la sombra
presente en el inconsciente colectivo, lo que explicaría la abundancia
de casos a nivel mundial que trascienden diferencias culturales y
sociales.
Alucinaciones provocadas por circunstancias fisiológicas o sicológicas
Algunas enfermedades mentales, como la esquizofrenia o algunos trastornos sicóticos pueden ocasionar alucinaciones.
Asimismo,
hay enfermedades no siquiátricas, como infecciones cerebrales, y
tumores que pueden originar sicosis de tipo orgánico que podrían
conllevar como síntomas alucinaciones visuales.
El
uso y abuso de sustancias sicoactivas y drogas como la cocaína y la
metanfetamina, así como los efectos secundarios de algunas
medicaciones, también se señalan como posibles responsables de este
tipo de avistamientos.
Por ejemplo, es
frecuente en los adictos a la anfetamina sufrir alucinaciones a causa
de la privación de sueño cuya descripción encaja con los patrones de la
gente sombra.
Defectos o fallos en la visión
La
retina del ojo humano está compuesta de dos tipos de células, los conos
y los bastones. Los bastones son las células predominantes en este
tejido; son mucho más sensibles a la luz y están más adaptados a la
visión periférica y a la detección del movimiento.
Los
conos se ubican en la fóvea, que es la zona central de la mácula del
ojo, que tiene la forma de una pequeña mancha de color amarillo que se
encuentra en el interior de la retina. Los conos son los responsables
de la visión en color y la agudeza visual.
Cuando
enfocamos un objeto, la fóvea se encarga de percibir sus detalles,
mientras que los bastones del resto del ojo captan los movimientos de
objetos que pudieran darse en el campo periférico de nuestra visión
aunque no podamos distinguir su forma en detalle.
Otro
fenómeno que puede causar que veamos manchas o formas en nuestro campo
de visión son las densificaciones de los humores oculares, es decir,
que en algunas partes, los líquidos internos del ojo (humor vítreo) se
hacen más espesos, por lo que refractan la luz ocasionando la
percepción de manchas oscuras.
Por eso,
los escépticos afirman que estas formas percibidas son simplemente
objetos comunes que son captados por nuestro campo de visión periférica
a los que, por sugestión, podemos atribuir formas humanoides debido a
un proceso de pareidolia.
Como sabes, la pareidolia consiste en que el cerebro asigna patrones reconocibles por él a formas que son fruto del azar.
En este caso interpretaría incorrectamente los patrones al azar de la luz, la sombra o la textura.
En
cuanto a las imágenes y los vídeos obtenidos de estos seres, la
vertiente escéptica atribuye su origen a estas pareidolias, efectos
visuales y fotográficos (saturación de luz, imágenes superpuestas,
figuras en movimiento…), defectos de las cámaras, etc.
Yo mismo tuve una experiencia de este tipo. En mi libro Lo poco que sé del misterio
cuento cómo, en una investigación algo atribulada que realizamos en la
planta alta del restaurante Viandas, en la que se suponía que se daban
fenómenos paranormales varios, entre ellos la aparición de un fantasma,
pues una persona se había suicidado allí, capté en vídeo lo que parecía
ser una sombra que asomaba la cabeza al final del pasillo para volver a
esconderla, pero, analizando detenidamente el vídeo entre todos los
presentes, vimos que en realidad se trataba de un efecto de la cámara
que proyectaba una especie de sombra especular de mi silueta que
causaba en los píxeles ese juego de sombras y luces que generaba una
pareidolia.
Para fenómenos como La
Maranga, la causa aducida por la ciencia es la hipnosis de la
carretera, provocada por el cansancio visual derivado de pasar varias
horas sin retirar la vista de la calzada.
Sin
embargo, en los testimonios citados, los testigos, o bien no estaban
conduciendo, como en el caso los jóvenes que habían pinchado la rueda,
o bien acababan de coger el coche, como en la experiencia narrada por
Alejandro López Andrada.
Interacción de agentes externos sobre el cuerpo humano
En
capítulos anteriores viste cómo algunas radiaciones electromagnéticas,
como los infrasonidos, podían estimular ciertas áreas del cerebro
generando diversas percepciones que a menudo se asocian con los
fenómenos paranormales, como la visión de formas en el campo de visión
periférica, angustia y miedo de origen indeterminados, mareos,
cosquilleos, y la sensación de ser observado por una presencia
invisible.
Se sabe, por ejemplo, que
cuando a una persona se le estimula el lóbulo tempo-parietal observa
imágenes en el campo de visión periférica.
Estas
evidencias experimentales han llevado a muchos científicos a plantear
la hipótesis de que fenómenos como el avistamiento de sombras
humanoides podrían estar generados por la influencia de ciertos sitios
con presencia de radiaciones electromagnéticas que influirían en los
circuitos eléctricos de nuestro cerebro e inducirían estas
alucinaciones.
Los campos
electromagnéticos pueden interferir con los impulsos eléctricos y las
sinapsis del cerebro humano. Edificios con cableados defectuosos, zonas
con grandes concentraciones de metales en sus estratos geológicos o la
presencia de corrientes de agua subterráneas pueden alterar los campos
magnéticos y generar este tipo de alteraciones de la percepción.
De acuerdo con el periódico 20 minutos,
un estudio de la Universidad Hospital de Ginebra (Suiza) ha concluido
que estos fenómenos podrían tener su explicación en ciertas actividades
cerebrales, lo cual es lo mismo que no decir nada, puesto que cualquier
fenómeno experimentado por un ser vivo se debe, obligatoriamente, a una
actividad cerebral, sin que por ello sea más o menos verídico.
Pero si continuamos analizando la noticia, vemos que el estudio, publicado originalmente por la revista británica Nature,
analiza el caso de una chica de veintidós años, sin antecedentes de
problemas siquiátricos, con la que estaban probando un tratamiento para
la epilepsia.
Durante el proceso, la chica sujeto de estudio recibía estimulación eléctrica en determinadas áreas del cerebro.
Al
recibir estimulación en una de ellas, describió que veía a una «persona
sombra», a la que describió como joven y de sexo indeterminado, una
sombra que no hablaba ni se movía y cuya posición era idéntica a la del
«perseguido», pues imitaba todos sus movimientos.
Olaf
Blanke, coautor del estudio, afirmó que «los estímulos, aplicados
repetidamente, producían en ella la sensación de una presencia en el
espacio cercano».
Sin embargo, esto no
explicaría por qué en otras ocasiones aparecen las sombras vestidas,
por qué a veces tienen ojos rojos ni por qué, en algunos casos, se
mueven a su libre albedrío.
La
intuición me dice, tal y como hemos visto a lo largo de este trabajo,
que estas entidades de alguna forma están relacionadas con las
vibraciones electromagnéticas y parece que adaptan su forma al contexto
cultural del testigo.
Podría ser que
tuvieran la capacidad de manipular el electromagnetismo para estimular
esa área cerebral, haciendo que las veamos de determinada manera.
Puede que incluso esa sea su forma de comunicarse con nosotros, pero por supuesto esto son solo apreciaciones personales.
Algunos
investigadores, adentrándose ya en el terreno de la seudociencia,
afirman que la presencia de estos campos electromagnéticos genera en el
cerebro humano estados alterados de conciencia que favorecerían nuestra
percepción de otras realidades o de las otras dimensiones del universo.
Siguiendo esta premisa, no contrastable
científicamente hoy en día, la visión de las mencionadas entidades en
zonas de este tipo podría deberse a que estos campos electromagnéticos
alterados serían las puertas que usarían para acceder a nuestra
dimensión.
Otras de estas posibles entradas serían los cruces de Hartmann.
La
radiestesia es una disciplina seudocientífica que se basa en la
detección de radiaciones electromagnéticas mediante el uso de varillas
o péndulos.
Es un método que se usa a menudo con el fin de detectar fuentes de agua subterránea para cavar pozos.
En
esta disciplina se afirma que la tierra está dividida por unas líneas
causadas por el geomagnetismo. Dichas líneas pueden ser de dos
polaridades distintas según tengan dirección Norte-Sur (polaridad
negativa) o Este-Oeste (polaridad positiva).
El cruce de las mismas generaría una cuadrícula de fuerza telúrica que abarca toda la superficie terrestre.
En
la zona donde dos líneas de polaridad distinta se cruzan se crea un
cuadrado de veintiún centímetros de lado, conocido como cruce de
Hartmann, en el que los campos electromagnéticos se alteran, pudiendo
por lo tanto ser otro de los motivos para, dependiendo del grado de
escepticismo, tener alucinaciones con estas entidades, o para que se
abran puertas que conecten las dimensiones facilitando la presencia de
estas criaturas.
Ya cada cual que saque sus conclusiones.
¿Por qué no es suficiente la explicación científica?
Es
evidente que, leyendo los párrafos anteriores, este fenómeno tiene
todas las papeletas de ser un cúmulo de sucesos explicables por las
leyes naturales que han sido malinterpretados por el pensamiento mágico
de muchas personas hasta convertirlo en un mito moderno.
Sin embargo, la abundancia de encuentros con estas criaturas está dejando huella en nuestra cultura.
Si
eliminamos las alucinaciones hipnagógicas, las enfermedades mentales,
los fallos visuales, las anomalías fotográficas, las alucinaciones
inducidas por campos magnéticos alterados, nos sigue quedando un
pequeño porcentaje de experiencias a las que estas causas no pueden dar
explicación.
En vista de la gran
cantidad de testimonios recogidos por iniciativas como la anteriormente
mencionada thehatmanproject.com o por otras como www.shadowpeople.org
puede afirmarse que se trataría de un porcentaje de casos inexplicados
nada despreciable.
Testimonios como los
de Alejandro López Andrada en el que varias personas vieron el mismo
fenómeno, episodios tan terroríficos como el que experimentaron Antonio
Gómez y sus amigos con La Maranga o casos como el fantasma de
Saucedilla siguen arrojando, continuando con el principio de elusividad
del que hemos hablado, tenues pistas cuya única evidencia tangible es
la huella que dejaron en los testigos que las vivieron, que aún hoy se
preguntan qué les pasó.
Casos en los
que varios testigos coinciden en describir lo mismo, lo que sitúa estos
fenómenos fuera del campo de la subjetividad de sus mentes y relega las
explicaciones científicas a enrevesados e improbables fenómenos
siquiátricos de histerias colectivas y alucinaciones compartidas,
incluso entre personas que no hablan previamente entre ellas, como el
caso de la hija del mencionado escritor y su amiga que, de español, no
entendía ni jota.
Es entonces cuando la
ciencia se queda corta, y debemos acudir a la intuición y el
conocimiento empírico, pero siempre tratando de aplicar el filtro de la
lógica, por inverosímil que parezca, para no caer en las garras de la
superstición, aunque en estos extremos es complicado discernir.
¿Qué otras explicaciones hay?
Si
acudimos a la parasicología, las tradiciones religiosas y el
esoterismo, podemos encontrar diferentes explicaciones alternativas
para esta supuesta realidad.
La mayoría
de estas explicaciones parecen coincidir en que el fenómeno puede
comenzar a manifestarse en la forma de estas sombras esquivas que se
aparecen en el campo de visión periférica y que, a medida que van
aumentando su energía, alimentadas por el miedo de sus víctimas y por
las emociones negativas que floten en el ambiente (casas en las que
habitan familias desestructuradas o disfuncionales, lugares en los que
se llevan a cabo rituales oscuros, emplazamientos en los que han
acontecido eventos trágicos) van tomando formas más definidas, como si
este incremento energético les permitiera manifestarse en nuestra
realidad con mayor fuerza y soltura.
En
cualquiera caso, las explicaciones dadas por las tradiciones
esotéricas, las religiones y la parasicología y otras seudociencias
podrían sintetizarse en las siguientes.
Apariciones fantasmales o almas en pena de difuntos
El
espiritismo y la parasicología plantean la existencia de los fantasmas,
almas desencarnadas de los difuntos que quedan atrapados en una
interfase entre la vida y la muerte, bien por no ser conscientes en el
momento de la muerte, por lo que piensan que continúan con vida, o bien
por tener un vínculo en forma de apego (por una persona o posesión) que
les impide trascender a otros planos de existencia o, en último caso,
por tener alguna misión pendiente que deben cumplir en este mundo.
También
se informa con frecuencia de la aparición de formas sombrías, ya sean
masas de sombras o siluetas definidas, asociadas a casos de poltergeist y casas encantadas.
En mi anterior libro, Lo poco que sé del misterio,
contaba el caso de una vivienda en la provincia de Barcelona en la que
se estaban viviendo fenómenos paranormales que no se podían clasificar
claramente como casa encantada o poltergeist.
Como
sabes, de acuerdo con la parasicología, la fenomenología de las casas
encantadas está causada supuestamente por entidades espirituales,
mientras que los poltergeist son ocasionados por personas que de alguna manera liberan su estrés síquico mediante un proceso conocido como sicorragia.
Sea
como fuere, un pariente de los testigos totalmente ajeno al caso que se
hallaba en el jardín de la vivienda de enfrente, perteneciente a
miembros de la misma familia, agarró un cuchillo y entró en la casa de
los fenómenos, porque, según les contó más tarde, había visto
claramente la silueta de una persona entrando en ella.
Pensando que era un ladrón, registraron la casa, pero no encontraron a nadie.
Llegados
a este punto, habría que diferenciar entre espíritus o fantasmas, que
en teoría serían manifestaciones de estas almas desencarnadas, con
voluntad propia e inteligencia, por lo que pueden interactuar con las
personas de diversas formas, y los espectros, que serían
manifestaciones que simplemente repiten una acción delante de los
testigos, como si fueran un retazo de otro tiempo que ha quedado
atrapado por un fenómeno de impregnación en un lugar, pero sin ser
conscientes de los testigos o interactuar con ellos.
Algunos
investigadores defienden que las apariciones fantasmales no explicarían
el fenómeno de la gente sombra, puesto que los fantasmas supuestamente
toman la apariencia de gente difunta con rasgos distinguibles, orbs o
niebla. Sin embargo, esto se contradice con el hecho de que estas
formas sombrías aparecen usualmente junto a fenómenos de poltergeist
y casas encantadas, sin excluir que se presenten también
manifestaciones fantasmales clásicas, por lo que, de ser dos fenómenos
distintos, podrían coexistir y producirse en paralelo.
Proyecciones astrales de gente dormida
Los
practicantes de los sueños lúcidos y viajes astrales afirman que estas
sombras pueden responder a la proyección de la conciencia de una
persona que duerme y que, ya sea de forma consciente o inconsciente,
está realizando un viaje astral.
Si
durante dicho viaje astral visita lugares habitados por otras personas,
pudiera ser que estas perciban la presencia de su cuerpo astral como
una silueta sin rasgos diferenciados, aunque esto no explicaría
fenómenos como el de La Maranga o el hombre del sombrero.
Los
expertos en estas prácticas también afirman que, tanto en el mundo
onírico como en el astral, existen entidades parasitarias que intentan
alimentarse de la energía de los viajeros astrales o de los
onironautas, atribuyendo el fenómeno de la gente sombra a encuentros
con este tipo de entidades.
Esta
hipótesis coincide con otra que veremos a continuación y que también
hace referencia a los distintos planos de existencia planteados por
doctrinas esotéricas como la teosofía.
Emanaciones síquicas
Hay
quienes explican este fenómeno afirmando que estos seres son una
manifestación de la energía mental liberada por los pensamientos
negativos de las personas.
Se trataría
de una acumulación de energías mentales negativas que toman forma, como
materialización de las proyecciones mentales.
Esto es lo que se conoce como un egregor o tulpa en diversas ramas del saber esotérico, y las abordaré en detalle en el siguiente capítulo.
Por
ahora, baste decir que un egreror, según estas filosofías, es una
manifestación de la mente colectiva creada por las personas que se unen
conscientemente para un propósito común.
Esto implicaría que determinadas personas han proyectado su energía mental para generar a estas entidades.
Carlos
Castaneda, antropólogo y escritor que afirmaba haberse convertido en un
chamán Nagual tolteca, autor de muchos libros sobre magia y
antropología, llamaba a este tipo de criaturas «seres inorgánicos».
En
otras disciplinas mágicas o religiones, como la santería, se los conoce
como «los muertos» y, siempre de acuerdo con estas doctrinas, pueden
ser manipulados mediante trabajos de magia, normalmente de magia negra,
para enviarlos a otras personas con el objetivo de perjudicarlos.
Pero te describiré esto con más detalle en el punto siguiente.
Elementales del bajo astral o larvas astrales
Aunque
entra totalmente en el terreno de la creencia, por lo que no puede ser
demostrada por parámetros objetivos, la siguiente explicación es la
que, junto con la hipótesis de los seres extradimensionales, mejor
explicaría, a mi entender, el fenómeno de la gente sombra en todas sus
variantes.
La gente sombra encaja
perfectamente con la descripción que nos dan la teosofía y algunas
otras doctrinas esotéricas de unas entidades particularmente nocivas y
molestas, los elementales del bajo astral.
Aun
a riesgo de parecer la Bruja Lola, para que puedas entender mejor este
planteamiento permíteme explicarte primero cómo entiende la teosofía la
configuración de la realidad y de los diferentes planos que la
componen, y las relaciones de los habitantes de dichos planos entre sí.
La teosofía es un movimiento filosófico esotérico que vivió su apogeo en el siglo XIX
y que trata de sintetizar de forma ecléctica todas las religiones y
tradiciones esotéricas con los conocimientos científicos para intentar
explicar de forma coherente la evolución cósmica, planetaria y humana,
fundiendo en un todo armonioso religión, ciencia y mitología.
De
acuerdo con esta filosofía esotérica, el universo se divide en
distintos planos de existencia, los subplanos astrales, que son como
dimensiones o capas superpuestas que los seres vivos pueden percibir o
habitar en función del grado de evolución de su conciencia.
Dichos
subplanos astrales están compuestos de la misma energía que, a medida
que se va densificando, toma diferentes formas y propiedades (como el
agua, que a medida que se enfría pasa de vapor a líquida y luego a
hielo).
De acuerdo con la teosofía, las
personas pueden ascender o descender a lo largo de su vida dentro de
los subplanos astrales, en función de la mayor o menor densidad de sus
vibraciones energéticas.
Este cuerpo de
conocimiento se basa en que, de acuerdo con la ciencia, la materia se
compone de energía, lo cual es totalmente cierto, según nos demuestra
la teoría de la relatividad, que afirma que la energía es igual a la
masa por la velocidad de la luz al cuadrado: E = mc2
También
es cierto que las partículas subatómicas que componen la materia vibran
según sus niveles de energía, lo cual se manifiesta, por ejemplo, con
la temperatura, puesto que la temperatura mide el grado de energía de
la materia; cuanto mayor es la temperatura de una sustancia, mayor es
su energía, y más rápido vibran los átomos que la componen.
La teosofía extrapola este principio y lo aplica tanto a la materia como a las energías espirituales.
Así,
las vibraciones de mayor densidad o vibraciones bajas se asocian con
sentimientos, pensamientos y actos negativos, materialistas y
relacionados con los más bajos instintos.
Las
vibraciones sutiles o elevadas, por contra, se relacionan con
sentimientos, pensamientos y actos de naturaleza opuesta, bondadosos,
desinteresados y espirituales, desapegados de lo material, y conducen a
la persona a vincularse con los subplanos astrales más elevados.
En
los planos elevados, por lo tanto, habitan entidades espirituales
positivas, mientras que, como es obvio, en los planos astrales
inferiores, que en su conjunto forman el bajo astral, habitan seres de
carácter negativo, vinculados a las energías densas.
Como
te comentaba algunos capítulos atrás, me llama mucho la atención cómo
la física ha demostrado que los infrasonidos, que son vibraciones de
baja frecuencia, causan en el cerebro los típicos efectos asociados a
los fenómenos paranormales, y las entidades que supuestamente los
causan en la teosofía son consideradas entidades con una vibración
energética baja.
Por contra, de acuerdo
con los parasicólogos, los ultrasonidos (radiaciones electromagnéticas
no ionizantes de alta frecuencia) sirven para eliminar a estas
entidades de baja vibración.
Nosotros
podemos acceder a los diferentes planos a través de estados alterados
de la conciencia o mediante los viajes astrales, en los que nuestro
cuerpo astral sale del físico, aunque queda unido a él por el cordón de
plata. Con este cuerpo astral sutil o inmaterial, podemos darnos un
paseíto por estos otros planos.
Normalmente,
según estos niveles de vibración, se dibujan diagramas para facilitar y
organizar estos planos astrales que los sitúan unos encima de otros, el
más denso abajo y el más sutil arriba, lo que puede inducir a pensar
que se trata de realidades separadas, pero en realidad se interpenetran
los unos con los otros, como si fueran una especie de muñecas rusas:
unos están dentro de otros, es decir, estos planos están en el mismo
espacio en el que vivimos, solo que tienen otros niveles de vibración y
por eso no todos los vemos o percibimos.
Esto
encajaría también con las teorías de la física cuántica que plantean un
universo multidimensional, estando cada dimensión conformada por un
nivel de vibración de la materia.
En teoría, cada plano tiene una función dentro del universo.
La
del bajo astral consiste en crear y mantener la materia. Sin los seres
que lo habitan, esta regresaría a su estado sutil y no podría existir
el mundo físico que conocemos.
El bajo astral está compuesto por los subplanos astrales kármico y pránico.
Dicen
los esoteristas que la gente que realiza magia negra manipula las
energías densas del bajo astral para influir sobre la realidad del
plano físico o primer plano.
Algunos
autores interpretan que este bajo astral es el que ha dado origen al
mito cultural del infierno, pues en él se manifiestan las peores
energías espirituales: toda la gama de emociones y sentimientos
negativos, como el odio, el rencor, la ira, el egoísmo, las tendencias
homicidas, los apegos insanos y obsesivos y las perversiones.
Y es en este plano donde podemos encontrar un supuesto origen y explicación para la gente sombra.
Como
verás, me he metido en todo un «jardín astral», porque son muchas las
interpretaciones y teorías que hablan de estos planos, y si intentas
acudir a la fuente, el libro La doctrina secreta,
escrito por Madame Blavatsky, te darás cuenta de que es un batiburrillo
tal que parece que lo escribió estando borracha, como a lo mejor
piensas de mí al leer este libro.
Intentaré
sintetizar las principales ideas para que puedas entender cuál podría
ser el origen que el esoterismo atribuye a estas fastidiosas entidades.
En el bajo astral podemos encontrar a tres posibles causantes del fenómeno de la gente sombra:
1. La sombra (cascarones astrales)
Por
si esta historia de los planos astrales no fuera suficientemente
complicada, la teosofía nos dice que el ser humano no tiene uno, sino
siete cuerpos sutiles, además del cuerpo físico.
Menos mal que, al ser sutiles, no se ven, de lo contrario no ganaríamos para comprar ropa.
Estos cuerpos sutiles serían:
1.- Físico
2.- Etérico
3.- Astral
4.- Mental
5.- Causal
6.- El Alma
7.- Espiritual
Cuando
morimos, en el lapso entre la muerte y la siguiente encarnación,
nuestra conciencia va dejando atrás estos cuerpos, de los menos sutiles
a los más sutiles, hasta quedarse en el Cuerpo Espiritual.
Según
esta hipótesis, cuando la conciencia deja atrás el cuerpo astral para
pasar al mental, la mayoría de las veces el cuerpo astral se
desintegra.
Sin embargo, a veces
eso no ocurre si la persona estaba muy apegada a lo material por haber
tenido una vibración espiritual muy baja debido a haberse centrado en
las emociones negativas, por tener adicciones fuertes a las drogas, al
sexo, ser una persona violenta, etc.
En
estos casos, el cuerpo astral está demasiado animado por esas energías
negativas e incluso conserva suficiente energía síquica (debido a que
tiene algo de materia del Cuerpo Mental pegada) como para tener cierto
grado de conciencia y autonomía, por lo que no se desintegra.
Este
«cadáver astral» toma la forma de una especie de versión negativa del
individuo, algo así como su lado oscuro personificado… su sombra. Esta
entidad, constituida por energías astrales (y un poco de energía del
cuerpo mental) negativas, intentará alimentarse de miedos, emociones y
tendencias nocivas para continuar existiendo y retrasar su proceso de
desintegración.
En otras
ocasiones, este cascarón o cadáver astral queda inerte por no poseer la
suficiente vitalidad y carecer del más mínimo rastro de materia mental,
por lo que no tiene consciencia, inteligencia o autonomía, es un simple
ente pasivo que flota como nube en el mundo astral.
Este sería el caso de los cascarones astrales de personas sicológicamente equilibradas y sanas.
Sin
embargo, antes de que dicho cascarón astral se desintegre, puede darse
el caso de que sea animado artificial e intencionadamente por médiums o
practicantes de magia, que utilizan a estas entidades para sus fines.
Un
ejemplo de esto serían los rituales de Palo Mayombé, una variante de la
santería afrocaribeña en la que el brujo o palero roba los huesos de un
difunto, los introduce en un caldero llamado nganga y realiza un ritual para atar al espíritu del difunto al que pertenecían los huesos.
Supuestamente
alimenta al espíritu con su propia sangre a cambio de que este realice
trabajos mágicos para el hechicero, que normalmente consisten en
perjudicar a otras personas.
Hay otra variante de esta explicación que es de traca.
Según
algunas vertientes esotéricas, si se eyacula fuera de una vagina, ese
semen engendra, en lugar de un ser humano, una especie de embrión
esotérico, un ente parasitario que se alimenta de la energía vital de
los humanos, debilitándolos.
Personalmente
no me cuadra mucho esta posibilidad. De ser esto cierto pocos
adolescentes habrían vivido más allá de los catorce años, a no ser que
les tuvieran las manos permanentemente atadas a la espalda. Sus
habitaciones serían verdaderos criaderos de estas entidades...
Como vemos, los posibles candidatos del bajo astral son entes parasitarios.
Si,
como afirman algunos, es cierto que sus manifestaciones se dan con
frecuencia de tres a cuatro de la mañana, y viendo su tendencia a
drenar la energía vital de sus víctimas, podríamos realizar conexiones
obvias con los casos de muerte súbita durante el sueño o SUNDS, como
los casos de la etnia hmong que relataba en el capítulo anterior.
Entidades demoníacas
Algunos exégetas de estos fenómenos establecen una conexión entre el humo negro y los jinn del islam. Como viste en capítulos anteriores, los jinn o jinas
son descritos como seres invisibles a los ojos humanos, y en caso de
manifestarse físicamente obtienen la apariencia de una nube de humo
negro.
Hay quienes vinculan esta
fenomenología con la realización de rituales de corte satánico o de
magia negra, en los que se ha invocado a demonios que de alguna forma
han quedado vinculados al lugar tras el ritual.
Testimonios
como los que leíste en el capítulo sobre la parálisis del sueño, en los
que la visión de la gente sombra venía precedida por gritos de multitud
de personas, unido a la sensación de malevolencia percibida por los
testigos, podrían apuntar en esta dirección, pero no debemos perder de
vista que, a menudo, las entidades extradimensionales parecen adoptar
su forma en función de las creencias o el contexto cultural de sus
víctimas.
Seres de dimensiones paralelas que penetran temporalmente en la nuestra
Llegamos por fin a los seres extradimensionales.
Hay quienes piensan que la gente sombra son entidades que provienen de otras dimensiones paralelas a la nuestra.
Podrían penetrar en nuestras cuatro dimensiones intencionadamente o por error.
En
el segundo caso, se trataría de seres que desconocen cómo desenvolverse
en nuestras cuatro dimensiones, lo que explicaría su extraño
comportamiento.
Pero ¿por qué las vemos como sombras? En el espectro visible el negro es la ausencia de color por la no existencia de luz.
Aparte
de la simbología que obviamente podría asociarse a esta ausencia de luz
como una representación antropomórfica del mal o la oscuridad, hay otra
hipótesis a tener en cuenta.
Si estas
entidades provienen de dimensiones o realidades ajenas a la nuestra,
podría ser que su color no estuviera dentro del espectro visible de
nuestra realidad, motivo por el que, al no poder ser procesado por
nuestra retina, veríamos su cuerpo de color negro, como un infinito
vacío en el espectro visible, como la ausencia de color absoluta.
Una variante bastante crazy
de esta hipótesis multidimensional especula con la posibilidad de que
se tratara de viajeros del tiempo que vienen del futuro a estudiarnos,
quién sabe si de turismo o a traernos el secreto del «Neutrex del
futuro», pero, llegado el momento, sienten vergüenza y se quedan ahí,
amohinados, los pobres.
La verdad es
que después de leer esta gran variedad de interpretaciones quizá
llegues a esta conclusión: la gente (y entre ellos me incluyo) tiene
demasiado tiempo libre.
Pero sigamos con la última de las explicaciones a las que se podría atribuir el origen del fenómeno.
Extraterrestres o entidades asociadas al fenómeno ovni
A
muchos investigadores avezados no se les escaparon las múltiples
similitudes que hay entre los casos de testimonios de abducciones que
comenzaron a proliferar como setas desde la década de los noventa y los
casos de visitantes de dormitorio.
Si sustituimos al Hat man
o las siluetas de sombras por enanitos grises cabezones, se puede
apreciar que ambos encajan bastante bien en el patrón: criaturas
maliciosas que irrumpen en los aposentos de las víctimas que están
despiertas pero no pueden moverse, y son sometidas a experiencias
estresantes.
En esta década, el
escritor Michael Lindemann entrevistó a personas cuyos padres habían
trabajado para el sector de la industria bélica estadounidense.
Estas
le comentaron que sus familias se habían visto «plagadas» por fenómenos
paranormales como consecuencia de dicha asociación. En su obra UFOs and the Alien Presence (1995) Lindemann cuenta la historia de Marty, de treinta y un años de edad.
Este
testigo tuvo experiencias con siluetas fugaces, que solo podía
distinguir en el campo de visión periférica, y que se produjeron a
partir de su vinculación a proyectos secretos relacionados con la
aviación militar.
En dicha obra se recoge su testimonio:
Pienso
que hay una presencia alienígena en esto… durante siete años, desde que
comencé a trabajar con los aviones, cosas raras se vienen sucediendo en
mi hogar y a mi alrededor. Mueven cosas, abren y cierran puertas, me
desaparecen las llaves… durante mi ausencia del hogar mi esposa ha
experimentado los mismos movimientos en la casa: libros que estaban en
los anaqueles aparecen sobre una mesa y las puertas se cierran solas.
Ya hemos analizado a estos inquietantes seres que pueden hacernos la vida imposible.
Por
si sirviera de algo, en el último capítulo te daré algunas pautas que
supuestamente sirven para deshacerse o protegerse de estas molestas
entidades.
Pero antes de eso aún nos queda otro curioso fenómeno por analizar.
Te lo cuento en el siguiente capítulo.
A
modo de broche para terminar, y a pesar de todo lo expuesto en este
capítulo y los anteriores, debo confesarte que las entidades a las que
más temo siguen siendo las entidades bancarias.