Índice
1. Antes de empezar - 2. Desde pequeños ¿podemos verlos? - 3. Un breve apunte sobre las ECM - 4. Los seres extradimensionales nos dan la respuesta - 5. ¿Dioses o seres extradimensionales? - 6. Evidencias dispersas - 7. La parálisis del sueño y los visitantes de dormitorio - 8. La gente sombra - 9. Slenderman, ¿un tulpa? - 10. Cómo defenderse de fantasmas, gente sombra y otras apariciones - 11. Para finalizar - Fuentes - El autor - Notas
************************
1. ANTES DE EMPEZAR
Siempre me he considerado un curioso de los temas del misterio. Durante más de veinte años he recibido clases magistrales de los mejores maestros que cabe imaginar, a razón de un mínimo de dos horas semanales; expertos como Jiménez del Oso, Miguel Blanco, Bruno Cardeñosa, Miguel Pedrero, Iker Jiménez, Santiago Camacho, Josep Guijarro, Juan José Revenga, Manuel Carballal, Lorenzo Fernández Bueno, y otros tantos que me dejaré, no ya en el tintero, porque a estas alturas nadie los usa, pero sí en ese lugar endiablado del que salen los bits, que en mi supina ignorancia desconozco.
Con semejante poso de sabiduría en mi subconsciente, no es de extrañar que en un determinado momento de la vida me lanzara a hacer mis pinitos con viajes e investigaciones en los que traté de contrastar de primera mano qué había de cierto en todo lo que me habían contado.
Todas esas experiencias cristalizaron en un libro, el primero (y hasta el día de hoy el único) que había escrito sobre temas del misterio.
Había escuchado contar a muchos de estos grandes investigadores cómo, cuando uno entraba en sintonía con el misterio, cuando buceaba en él con pasión y veracidad, este te iba dejando señales en el camino.
Una de esas extrañas sincronicidades a las que puso nombre Jung me ocurrió días antes de publicar ese primer libro sobre estos temas, Lo poco que sé del misterio.
Era de noche, y me hallaba en el dintel de la puerta de mi dormitorio, conversando con mi pareja, que estaba recostada en la cama, en el otro extremo del cuarto.
Conversábamos sobre algo intrascendente que ahora no recuerdo. Esa habitación, como tantas otras en el mundo, dispone de tres interruptores para la luz, uno a cada lado de la cama y otro justo en la puerta, junto al que me encontraba yo. Son interruptores de plástico, ordinarios, como los de cualquier casa, pero con una característica peculiar. Son un poco duros. Por eso, para pulsarlos hay que aplicar algo de fuerza, y al activarse hacen un «clonc» muy característico y bastante audible.
Pues bien, uno de ellos hizo el «clonc», y se fue la luz.
—Se ha apagado la luz —me comentó ella, incrédula y con la voz algo temblorosa.
—Sí, ¿y? —respondí haciéndome el impertérrito, para quitarle hierro al asunto, antes de pulsar el interruptor que tenía a mi vera.
La luz volvió a la estancia, indicándonos que no se trataba de un corte general o de que hubiera saltado el diferencial por sobrecarga.
Pero eso ya lo sabíamos.
Lo sabíamos porque habíamos oído que el «clonc» provenía directamente del interruptor del lado de la cama en que estaba mi pareja.
La extrañeza comenzó a flotar en el ambiente.
Con gran apuro tratamos de encontrar una explicación lógica. Moví el cabecero e hice vibrar la cama, para ver si la vibración se podía haber transmitido al muelle del interruptor, pero no se activó. Y ganas le puse.
Pensamos que quizá una cucaracha forzuda, que nunca antes había hecho su aparición en los cuatro años que llevábamos viviendo en el piso, lo había activado desde dentro.
Tampoco colaba.
Nos decantamos entonces por tratar de elaborar complejas combinaciones físicas de fuerzas potenciales acumuladas por quién sabe qué proceso, pero como ninguno de los dos somos físicos, seguía sin sonar convincente.
Finalmente, nos rendimos ante la evidencia. No teníamos explicación para lo que había pasado.
Ante la pregunta de ella «Y ahora ¿qué?», mi respuesta fue:
—Y ahora nada. Solo es una luz que se ha apagado, no le des más importancia, que ya sabes que a estas cosas cuanto menos caso les hagas, menos fuerza cogen.
Y me eché a dormir.
Publiqué el libro, y fue toda una experiencia. Gracias a él conocí a gente que admiraba, como a Lorenzo Fernández Bueno, a Laura Falcó, a la que aprovecho desde estas líneas para agradecerle la oportunidad que me ha dado con este libro, o a Miguel Blanco, que incluso me invitó a participar en su programa.
Sin duda, interpreté esa señal junguiana como una palmadita en la espalda que me daba el misterio por haberme adentrado en su senda.
Y con esa sensación continúo mientras escribo las primeras líneas de este libro, porque eso es lo maravilloso que tiene el misterio, que hace que la vida resulte más interesante y exótica.
¿No sería insulso conocer todas las respuestas? ¿No se convertirían entonces todos los fenómenos de la existencia en meros parámetros controlables y rutinarios? ¿No se perdería la intriga y el placer de la búsqueda de lo oculto?
Con ese espíritu, te pido que me acompañes por estas páginas al encuentro de lo desconocido.
No te extrañes, querido lector, querida lectora, si en mitad de mis disertaciones se cuela algún exabrupto o comentario irónico en exceso.
Aunque pueda parecer una excentricidad, soy de la opinión de que, para convertir lo sobrenatural en algo natural y cotidiano, sacándolo del armario de los tabúes y los cuentos de vieja, precisamente esa es la clave, tratar estos asuntos con naturalidad. Por eso considero que estos temas es mejor desdramatizarlos y, por qué no, tratarlos en un tono desenfadado, en la medida de lo posible, para que resulten más amenos.
Además, no sé a ti, pero a mí los profesores que más huella me dejaron fueron aquellos que trataban sus materias con gracia y soltura, mientras que aquellos que intentaban revestirse de importancia usando un lenguaje academicista y afectado pasaron directamente a la papelera de reciclaje de mi subconsciente.
Y con ello no quiero decir que esté yo en posición de darte lección alguna, la providencia me libre, pero sí espero que el espacio que compartamos en estas páginas sea relajado para los aprensivos, divertido para los escépticos e interesante para los aficionados a estos temas, y solo se me ocurre una forma de lograrlo: disipando la tensión del ambiente de vez en cuando con algo de sano humor.
Espero que no te importe que me tome esta licencia.
Porque, créeme, algunos de los lugares, las criaturas y los testimonios que conoceremos nos harán pasar algún que otro momento inquietante.
Pero, tal como te contaba antes, en mi aproximación al misterio siempre intento, en la medida de lo posible, contrastar por mí mismo qué hay de verdad o hasta dónde puedo experimentar yo el fenómeno.
Mi aproximación a estos temas es, por lo tanto, no científica, porque nadie puede aproximarse a ellos desde un punto de vista científico, y quien diga que lo hace miente, sino filosófica.
Me explico.
Por desgracia, la ciencia, para investigar estos temas, se queda corta.
No se puede aplicar el sistema de revisión por pares, porque estos fenómenos no se dejan domeñar, no son reproducibles en un laboratorio, no son predecibles.
Son indómitos e impredecibles. Son ellos quienes ponen las normas y suceden de forma espontánea cuando lo estiman oportuno, y no cuando el experimentador quiere.
Es imposible, además, investigar estos temas de forma científica para una sola persona, pues son tantas las áreas del conocimiento que normalmente se ven implicadas en ellos, que se necesitaría un equipo multidisciplinar con su aparataje correspondiente para poder hacerlo.
Por eso digo que mi aproximación en estas páginas será filosófica, tratando de guiarme por los conocimientos científicos cuando sea posible, y cuando no lo sea, tratando de aplicar el juicio crítico y la lógica, y en última instancia, la intuición.
Y teniendo siempre en cuenta que las apariencias son traicioneras, y que «no es misterio todo lo que reluce». Para dar fe de ello te cuento dos casos en los que, si las personas implicadas se hubieran dejado llevar por la credulidad sin juicio crítico, o por el pensamiento mágico, habrían tomado a alguna de las entidades de las que hablaremos en el libro como causa de los hechos.
El primer caso lo refirió una persona que había estado trabajando como teleoperador en el 061, el teléfono de emergencias.
Era habitual que la misma mujer llamara para pedir ayuda, porque decía que oía voces de niños en su casa, cuando en realidad vivía sola.
Las llamadas de esta mujer se convirtieron en algo frecuente, y siempre con la misma terrorífica petición de ayuda: «Oigo niños que corretean por mi casa y ríen».
La lógica hacía que quien me refirió la historia y sus compañeros toleraran las llamadas de la mujer con gran paciencia, presuponiendo que tendría algún problema mental o que simplemente era una persona mayor que se sentía sola y que no sabía con qué excusa llamar para conversar con alguien.
Cuando la señora se ponía muy insistente, le decían que lo denunciara a la policía, pues esa era la única ayuda que le podían dar.
Pues bien, un día, tras acceder a la petición de la señora y conectarla con la policía local, estos se volvieron a poner en contacto con el operador que me contó la historia. Habían entrado en la casa en pleno día, para que la mujer se calmara, y tras efectuar un registro rutinario habían encontrado a varios niños ocultos debajo de la cama.
Al parecer los niños se colaban por una ventana rota en la enorme y vieja casa de pueblo, y se entretenían con el «subidón» de adrenalina que les daba allanar la casa de la vieja.
La segunda historia que nos demuestra que tenemos que poner en cuarentena los hechos, hasta comprobar que las causas naturales no son la explicación para el fenómeno, ocurrió en Jaén.
Una pareja de amigos míos acababa de alquilar una casa antigua a muy buen precio. Era espaciosa, el alquiler barato y estaba en pleno centro. Una de esas gangas que hacen sospechar que estamos ante el principio de una historia de terror. Llevaba muchos años cerrada y contenía enseres de anteriores ocupantes, lo que le confería un aspecto lóbrego.
Durante los días que estuvieron habilitándola mediante labores de limpieza para ser ocupada de nuevo, en un par de ocasiones, la luz se apagó.
Era extraño. Los cables parecían estar bien, así como las bombillas.
Sin embargo, el fenómeno se repetía. De vez en cuando la luz se apagaba y encendía a voluntad.
A pesar de que el fenómeno empezaba a inquietarles, y de que el chico había revisado la instalación de la casa, decidió, en última instancia, llamar a un amigo electricista.
Este comprobó que la instalación de la casa estaba en perfecto estado, pero el cuadro general estaba fuera de la casa, en la fachada.
Al abrirlo descubrieron que había un cable en mal estado y un nido de cucarachas. A veces, las cucarachas se movían haciendo que el cable en mal estado dejara de hacer contacto. Una causa mucho más terrenal de lo que ellos pensaban.
Por eso, a lo largo de estas páginas intentaré mantener el enfoque antes mencionado.
Aunque lo más importante no es el enfoque que yo adopte, sino que tú apliques el juicio crítico y extraigas tus propias conclusiones.
No sé si coincidirán con las mías, pero espero que disfrutes y aprendas algo por el camino.
R. R. LÓPEZ
2. DESDE PEQUEÑOS
¿PODEMOS VERLOS?
Antes de comenzar con el catálogo de supuestos visitantes de otros planos y de cómo estos interactúan con nosotros, me gustaría abordar una cuestión clave: nuestra capacidad para percibir estos fenómenos.
¿Todo el mundo puede tener este tipo de experiencias? ¿Estamos todos dotados de ese sexto sentido que nos permite ver más allá del velo?
A priori podría pensarse que solo unos cuantos dotados pueden, pero ¿y si te dijera que, en principio, todos tenemos estas facultades? ¿Me creerías?
¿Y si te dijera que, muy probablemente, de pequeño tú también los viste?
Sigue leyendo y verás que quizá esta premisa no sea tan descabellada.
Un fenómeno aparentemente normal
No es infrecuente que los niños pequeños tengan amigos imaginarios o, antes, cuando todavía son bebés, se queden mirando hacia sitios en los que no hay nada, como si estuvieran viendo algo o a alguien.
Todo el que haya tenido niños pequeños en su familia habrá vivido experiencias similares.
Un amigo mío, que es padre primerizo, me contaba hace poco cómo su hijo, que apenas pasa del año, se queda a veces mirando a un lugar concreto de la habitación y saluda con la manita.
Él sabe perfectamente que es un gesto que solo hace cuando ve a alguien, pues todavía es tan pequeño (empezó a andar hace unos meses y aún no habla), que no tiene conocimiento para inventar ningún tipo de historia. Tan solo responde a los estímulos que percibe del medio con las respuestas que le han enseñado para cada estímulo específico.
Yo mismo tengo un sobrino que, de pequeño, se plantaba en mitad del pasillo señalando a la oscuridad y comenzaba a gritar: «¡Monono pital, malo, vete! ¡Fuera!», con el consiguiente encogimiento de esfínter de todos los adultos presentes.
Al parecer, sus padres afirmaban que lo que quería decir con «monono pital» era «mono espacial», pues había una imagen de un mono astronauta que le gustaba mucho.
Por supuesto, una vez el niño ha crecido ya no recuerda nada, por lo que la anécdota queda perdida en ese espacio desconocido que es la mente de los niños pequeños.
Este trance tan común durante la infancia no sería digno de ser incluido en un libro de estas características si no fuera porque, a veces, estos episodios vienen acompañados de sucesos inquietantes que nos podrían hacer pensar que sí hay un misterio digno de ser estudiado.
Y es que, a veces, los niños reciben a visitantes extraños e inesperados.
Para demostrártelo, lector, aportaré dos casos.
La historia de Leonor
El primero es el de un conocido, al que nombraré por la inicial de su nombre de pila, A., para salvaguardar su intimidad. Este hombre, que estaba casado y tenía una hija, se divorció. Comenzó el tiempo de la custodia compartida. Bien es cierto que él siempre había tenido experiencias inquietantes en su piso, que no vienen al caso, pero a partir del divorcio su hija comenzó a tener una amiga imaginaria. Según ella, incluso tenía un nombre. Yo la llamaré Leonor.
Él sospechaba algo así, porque veía a la niña hablando sola mientras jugaba, pero la forma en que el padre conoció el fenómeno fue un tanto escalofriante.
Un día, cuando terminaba su turno de custodia, antes de irse con su madre, la niña tuvo el detalle de decirle al padre:
—Papá, me voy, pero sé que vas a estar bien, porque Leonor se queda aquí para cuidarte.
Al hombre la idea no le hizo mucha gracia, pero no le dio más importancia.
Con el tiempo, incluso hablaron con un sicólogo que les dijo que era normal. Se trataba de un mecanismo sicológico que había desarrollado la chiquilla para lidiar con el trauma de la separación de sus padres.
Sin embargo, pasaría algo que le haría dudar de la normalidad de este fenómeno. A. se había dado cuenta de que su perro se comportaba de manera extraña cuando su hija estaba en casa. Gruñía a la nada o huía asustado sin motivo aparente.
Un día el protagonista de nuestra historia tenía prisa porque habían quedado, y la niña todavía no se había vestido. Estaba jugando en el salón y no le hacía caso.
El padre la apremió porque no quería llegar tarde y, para que la niña le hiciera caso, se le ocurrió una estratagema. Le dijo que fuera a su cuarto, que la estaba esperando Leonor.
La niña fue al cuarto y, con total naturalidad, le recriminó:
—Papá, no seas mentiroso. Leonor estaba conmigo. Se ha quedado en el salón y está haciendo rabiar al perro.
En ese momento en el salón se oyó un gañido del perro, que acto seguido pasó corriendo por delante de la puerta del cuarto como alma que lleva el diablo, con el rabo entre las patas.
Una historia de familia bastante inquietante
El segundo caso es aún más impactante. Me lo contó una familiar.
Esta mujer vivió con su madre hasta que esta murió.
Como la casa era muy grande, la dividió en dos mitades, una para ella y otra para su hija.
La protagonista de la historia, como comento, tenía una hija y un hijo, ambos adultos. El varón tenía, a su vez, dos hijos, un niño y una niña, la mayor, a los que la abuela cuidaba muchas tardes.
Una de esas tardes, estando ella a solas con su nieto en la casa, el niño se quedó mirando por la puerta del salón hacia el patio de luz, y le comentó:
—Abuela, una mujer ha entrado en el patio.
Algo alarmada, pero sabiendo que aquello era imposible, la señora se asomó al patio. Como había supuesto, no había nadie.
Otro día en que se hallaba de nuevo con los nietos y no sabía con qué entretenerlos, decidió enseñarles fotos antiguas.
Los niños estaban embelesados buceando en el pasado y viendo a sus padres y abuelos de jóvenes, cuando llegaron a una foto de la madre de la protagonista.
—Esta —les dijo ella señalándola con nostalgia— es la bisabuela, que murió antes de que vosotros nacierais.
—Abuela —comentó el niño—, esta es la mujer que vi el otro día entrando en el patio.
—Esta mujer —dijo ahora su nieta— vino a verme a mi habitación cuando estuve malita con fiebre.
Te puedes imaginar el frío helador que le recorrió la espalda en ese instante. El mismo que sentí yo el día que me contaron la historia.
¿Cómo funciona la mente del niño?
Para continuar examinando este fenómeno, veamos qué nos dice la ciencia.
El pensamiento del niño se desarrolla en diferentes etapas.
Las dos que nos interesan para estudiar este fenómeno son la del pensamiento preoperacional, que se da entre los dos y los siete años, y la del pensamiento de operaciones concretas, que va de los seis a los doce años.
En la primera etapa, la del pensamiento preoperacional, aparece la función simbólica, es decir, el niño ya es capaz de representar la realidad mediante símbolos, y su pensamiento puede retroceder y avanzar en el tiempo, pero es todavía rudimentario.
En la segunda etapa, la del pensamiento de operaciones concretas, el niño va adquiriendo mayores nociones, y su pensamiento se convierte en lógico, y este es un hecho clave en todo este asunto, como te explicaré más adelante. En esta etapa comienza el razonamiento, y los pensamientos dejan de ser intuitivos y se basan en dicho razonamiento. Se aplica la lógica y se comienza a pensar en lo posible.
Vemos, por lo tanto, que en la primera etapa el niño todavía no razona y su pensamiento es intuitivo, lo que indica una mayor actividad del hemisferio derecho del cerebro, que se asocia con la intuición, las capacidades artísticas, los sentimientos y, sí, con la percepción extrasensorial.
En la siguiente etapa, al predominar el pensamiento lógico, el aprendizaje del lenguaje, es el hemisferio izquierdo, asociado a la lógica y al lenguaje verbal, el que está más activo.
Pero sigamos viendo qué más nos dice la ciencia sobre el fenómeno.
Hechos y anécdotas como los que te refería al principio del capítulo son explicados por la ciencia mediante un fenómeno sicológico: el eidetismo.
Tomás de Andrés Tripero, en su artículo «Eidetismo: los niños y los preadolescentes, en ocasiones, ven fantasmas», nos lo explica así:
La imaginería eidética consiste en la posibilidad de «volver a ver» con absoluta claridad sensorial y con una gran sensación de realidad, escenas, fenómenos u objetos que anteriormente fueron percibidos, durante algún tiempo; poseen una gran calidad pictórica, incluso más rica que otras imágenes propias de la memoria. Esta situación se da raramente en los adultos pero suele ser relativamente frecuente en la infancia, a los cuatro años en más de un 60 %, aunque si el niño es muy pequeño la fiabilidad del testimonio es dudosa.
Suele ser bastante normal que los pequeños, desde una edad bastante temprana, tengan tendencia a vivir con intensidad los acontecimientos propios de su imaginación de una forma altamente representativa. Y, como son incapaces de controlar esa imaginación mágica, la situación suele venir acompañada de reacciones de angustia, miedo y ansiedad, ya que el niño cree en la apariencia de realidad de tales representaciones.
A veces la imagen mental sirve como símbolo personal, tal es el caso de los «amigos imaginarios» que forman parte también de estas creaciones eidéticas en la infancia, pero en este caso el compañero suele ser un alter ego aliado y amigable, en otros casos puede evocar un sustituto protector de la figura paterna.
A veces se puede proyectar sobre un juguete —un muñeco de peluche— con el que se establece una comunicación, o simplemente sobre un fantasma que «habla» moviendo los dedos de la mano como si fueran labios.
[...]
Los amigos nacidos de una imagen mental suelen aparecer en la vida entre los cuatro y los cinco años, pero en algunos casos pueden acompañarles más tiempo. A veces se trata de un personaje que representa un papel compensador, incluso, de las incertidumbres y temores infantiles.
Pero también puede ser una característica típica de los estados de conciencia alterados en la prepubertad (entre los diez y los catorce años), edades en las que hasta más de un 40 % de los sujetos se manifiestan eidéticos.
Debido a este fenómeno los preadolescentes pueden revivir con una visión muy realista secuencias cinematográficas de alto contenido estresante o terrorífico.
Aunque esta explicación encaja bastante con el fenómeno, quedan ciertos cabos sueltos, como, por ejemplo, cómo podían los nietos de mi familiar identificar a la mujer a partir de la fotografía de su bisabuela, pero un siquiatra supongo que lo atribuiría a una fabulación de esa «imaginación mágica».
Podría ser, pero ¿cómo se explicaría en el testimonio de «Leonor» que el perro fuera atacado por algo, cuando la niña estaba en otra habitación con el padre? ¿Será la «imaginación mágica» del perro?
¿Los perros tienen de eso?
Habría que preguntarle a un etólogo, pero me da que va ser que no...
Atando cabos o, más bien, «cortándolos»
Recapitulando, tenemos una primera etapa del pensamiento infantil que coincide con la edad a la que los niños experimentan estos fenómenos, que está regida por el pensamiento intuitivo, el hemisferio derecho del cerebro y el lenguaje simbólico.
Es decir, el niño todavía no sabe distinguir lo que es real de lo que no, o más bien, lo que la lógica dice que es real…
Si le damos la vuelta a la cuestión, podemos plantearnos la siguiente pregunta: ¿y si es al contrario, y todos nacemos con estas capacidades, pero las perdemos en cuanto comenzamos a poner filtros a nuestra percepción de la realidad mediante el pensamiento racional y la lógica, y aprendemos a rechazar determinadas percepciones condicionados por nuestra educación y nuestro entorno?
Junto al desarrollo cognitivo, en estas primeras etapas de la vida el cerebro sufre, obviamente, un desarrollo neurológico que también tiene sus fases.
En este proceso de desarrollo neurológico existe un fenómeno fascinante, la poda sináptica, que podría explicar por qué la mayoría de los niños pierden en la segunda etapa de su desarrollo cognitivo (la del pensamiento de operaciones concretas) estas supuestas capacidades extrasensoriales para ver a entidades, bien sean estas del más allá o de otras dimensiones.
La poda sináptica es un proceso por el cual el cerebro elimina las conexiones neuronales que menos se utilizan para reforzar las que se usan con más frecuencia.
Al parecer hay dos grandes podas sinápticas, una se da en la niñez y otra en la adolescencia, que es en la que nos quedamos ya tontos del todo.
Bueno, en realidad con esa no nos quedamos tontos (solo algunos), pero venía «a huevo» para hacer el chiste.
El cerebro del niño, en sus primeros años de desarrollo, crea trillones de conexiones neuronales, hasta el punto de que se dice que está sobrecargado.
Esta es la etapa en la que el niño lo absorbe todo como una esponja. En ese punto de la niñez el cerebro infantil tiene un potencial de aprendizaje muy superior al del cerebro adulto.
Baste observar, por ejemplo, que el niño tiene la potencialidad de aprender cualquier idioma tan solo escuchando hablar. En esta etapa los niños de padres bilingües pueden aprender dos idiomas a la vez tan solo con oír hablar a sus padres, cosa que para un adulto sería imposible, hecho bien conocido por las academias de idiomas.
Lo curioso es que la ciencia aún no tiene claro si la poda sináptica es un proceso normal o si en realidad se trata de una pérdida debida a la falta de ejercitación de esas conexiones que se podría evitar mediante el entrenamiento del cerebro y que, de ser evitada, incrementaría nuestra inteligencia y capacidad cerebral, dotándonos de, y cito textualmente el artículo de Félix Caballero García «La poda sináptica en el cerebro humano», «[...] posibilidades con las que no podríamos ni soñar, algunos científicos dicen que si entrenamos el cerebro desde pequeños podemos tener más capacidades que otros humanos».
Por lo tanto, vemos que, en esta categoría de capacidades que se pierden con la poda sináptica, la percepción extrasensorial encajaría bastante bien.
De hecho se piensa que las grandes mentes de la humanidad podrían haber carecido de dicho proceso de poda sináptica o haberlo sufrido en menor grado, motivo por el que sus cerebros, al estar más desarrollados y tener mayor número de neuronas y de conexiones neuronales, serían extraordinarios.
Se sabe, por ejemplo, que la neurocientífica Marian Diamond analizó muestras de distintas partes del cerebro de Albert Einstein y encontró que había un número significativamente mayor de células en la región parietal, comparado con los cerebros de varones normales.
Esta hipótesis se refuerza si, además, tenemos en cuenta que el criterio del cerebro para ver qué conexiones se pierden se basa en el proceso de educación del niño, puesto que se adapta a los estímulos ambientales que recibe.
Se puede apreciar, por lo tanto, que las conexiones neuronales que conserva el cerebro son las que se usan con frecuencia, y dentro de estas, las que han sido potenciadas por el proceso educativo y los estímulos ambientales.
En el artículo «¿Por qué la estimulación temprana?», de la web cosasdelainfancia.com, se nos explica esto con mayor detalle:
Si el ambiente en que vive el niño no brinda las condiciones óptimas para su desarrollo (nutrición, estimulación sensorial, salud de la madre, apego madre/hijo, etc.) no se reforzarán ni la cantidad ni el tipo de vías neuronales adecuadas, y por ende, la poda neuronal será mayor y más perjudicial para el desarrollo saludable del niño. La carencia de estos estímulos inhibe el desarrollo de dendritas de las neuronas, dejando secuelas que posteriormente dificultarán el proceso de aprendizaje. A mejor ambiente, mayor cantidad y calidad de las vías neuronales conservadas para el futuro, y menor número y calidad de neuronas eliminadas.
[...]
La estimulación que se recibe del medio ambiente es la que condiciona el desarrollo general del cerebro, a partir de los «circuitos o redes neuronales».
Si tenemos en cuenta, por lo tanto, que en nuestra sociedad no se da crédito a este tipo de cuestiones, se entiende que el niño no reciba ningún estímulo para desarrollar estas capacidades extrasensoriales.
En algunos casos incluso serán reprimidas por los padres o por los profesionales de la salud, que pueden llegar a confundirlas con problemas mentales del niño si dichas facultades son muy acusadas.
Sobre esta base, parece factible pensar en la posibilidad de que casos como los que te he contado al principio del capítulo tengan un sustrato real, y que la mayoría traigamos «de serie» esta capacidad para ver el más allá, o lo que sea que ven los niños, pero que la educación que recibimos, basada en el pensamiento lógico y racional, y las carencias de estímulo de las mismas acaben condenándolas a ser víctimas de la poda neuronal.
Sin embargo, habrá circunstancias que, ya en la adultez, faciliten el contacto con esas criaturas que moran más allá de nuestras cuatro dimensiones (anchura, altura, profundidad y tiempo), como veremos en los capítulos siguientes.
3. UN BREVE APUNTE SOBRE LAS ECM
En mi anterior libro, Lo poco que sé del misterio, te hablaba de este fenómeno, las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), y de la curiosa similitud de los testimonios de personas que las habían sufrido con una serie de cuadros de El Bosco, concretamente una pieza constituida por un cuadrante formado por tablas o paneles llamados: El paraíso terrenal, La caída de los condenados, El infierno y Subida al empíreo.
Este conjunto pictórico refleja la concepción del más allá de acuerdo con la tradición teológica judeocristiana, describiendo el transitar del alma hacia otra dimensión, después de la muerte.
De alguna forma da la sensación de que El Bosco había sufrido en sus propias carnes una ECM o que alguna persona que la había experimentado le había contado su testimonio.
No voy a profundizar en el tema en este capítulo, pues poco puedo aportar a lo ya dicho por grandes expertos como el siquiatra forense Raymond Moody o nuestro compatriota el doctor José Miguel Gaona.
Pero sí quiero tocar brevemente el tema, porque en el último año ha ocurrido algo sorprendente al respecto.
Podríamos estar hablando del primer fenómeno «paranormal» de cuya existencia hay evidencias científicas.
También te contaba en el libro un testimonio de una de estas ECM que fue percibida como demoníaca por la persona que la experimentó, y mi hipótesis de que este tipo de experiencias tan traumáticas podrían deberse a la presencia de entidades parasitarias del bajo astral, a las que conoceremos más adelante, que consiguen de alguna forma captar la conciencia de los afectados y atraerla a dimensiones de baja vibración para causarles esas experiencias tan acongojantes, pues estos entes se alimentan, al parecer, de la energía mental que emitimos cuando experimentamos emociones negativas como el miedo, la ira o la pena.
En el testimonio que ofrecía la testigo, al estar a punto de morir por una dolencia muy grave era arrastrada a un lugar sombrío en el que solo veía siluetas de lo que parecían ser personas que le transmitían sentimientos de ira y agresividad hacia ella, causándole un miedo y una aversión terribles.
Este dato, el de las siluetas que parecían personas, será clave en capítulos posteriores para entender la vinculación de fenómenos como este con los seres extradimensionales que te presentaré en breve.
Por eso es importante hablar puntualmente de ello, puesto que, al parecer, las ECM son una de esas situaciones que puede permitirnos volver a entrar en contacto con esas otras dimensiones a las que podíamos acceder de niños.
Pero antes, por si lo desconocías, haré una rápida introducción para que entiendas el alcance de este descubrimiento científico.
¿Qué son las ECM?
Son experiencias en las que una persona que está a punto de morir por una enfermedad o un trauma físico grave, y que está inconsciente o en coma, se ve a sí misma fuera de su cuerpo, puede oír las conversaciones a su alrededor, y normalmente tras esto asciende a una especie de túnel de luz, al final del cual hay familiares o amigos difuntos, que lo instan a que regrese a la vida, porque aún no es su momento.
Esta vivencia suele ir acompañada de una sensación de plenitud y paz.
Cuando regresan pueden contar con pelos y señales los detalles que han visto desde fuera de su cuerpo y las conversaciones de la gente que había a su alrededor.
De acuerdo con las estadísticas, solo entre un 10 y un 20 % de las personas experimentan este proceso.
La ciencia achaca estas vivencias a la falta de oxígeno en el cerebro, que desencadena una serie de procesos neurológicos que originarían estas «alucinaciones».
Sin embargo, hay estudiosos del tema, como el Dr. Pim van Lommel, que afirman que personas a las que se estaba monitorizando, y que mostraban un encefalograma plano, que es indicativo de que no hay actividad cerebral, han experimentado ECM.
Para aclarar toda esta controversia, y con el fin de tratar de objetivar las investigaciones sobre el fenómeno, el Dr. Sam Parnia desarrolló el proyecto Aware (acrónimo que en inglés forma una palabra que significa ‘ser consciente’).
Los resultados del proyecto Aware
Cuando escribí mi anterior libro, la fase de experimentación de este proyecto había terminado, y estaba en la etapa de confirmación de los resultados.
Pues bien, el proceso de revisión por pares del experimento, requisito del método científico para que cualquier experimento sea validado ante la comunidad científica y sus conclusiones puedan ser publicadas en revistas científicas, ha terminado y sus resultados han sido publicados.
Lo que más me sorprende es que, durante los años que duró la fase de la experimentación, este proyecto era mencionado en muchos programas de misterio, pero ahora que se tienen los resultados apenas se ha hecho mención a los mismos.
Y esto sí que es un misterio, porque dichos resultados han arrojado conclusiones sorprendentes que por fin supondrían la confirmación a nivel científico de la existencia de un más allá.
Pero antes, permíteme que te cuente en qué consistió el proyecto Aware.
Aware (Awareness during Resuscitation) ha consistido en un estudio intensivo de tres años sobre las experiencias fuera del cuerpo en el que han colaborado veinticinco centros médicos de Estados Unidos, Canadá y Europa.
Se han estudiado 1500 casos de supervivientes a ataques cardíacos.
Para ello, entre otras cosas, en las salas de reanimación y los quirófanos de urgencia de diversos hospitales del mundo se colocaron objetos e imágenes en lo alto del mobiliario, de forma que tan solo se pudieran ver desde el techo.
Por supuesto los enfermos no tenían ni idea de ello ni podían saber qué objetos se habían colocado.
Luego, mediante entrevistas a los sujetos que afirmaron haber experimentado ECM, se contrastó si de verdad habían visto estos objetos.
Los resultados del estudio pueden consultarse en la web www.horizonresearch.org.
La revisión del estudio por pares ha finalizado, y ha sido publicado en Resucitation, la revista médica oficial del Consejo Europeo de Resucitación.
A continuación te traduzco las conclusiones sobre el estudio de la Universidad de Southampton.
El estudio concluye lo siguiente:
Los temas relativos a la experiencia de la muerte parecen abarcar más de lo que ha sido comprendido hasta ahora, o lo que ha sido descrito como ECM.
En algunos casos de ataque cardíaco, los recuerdos de conciencia visual compatibles con las llamadas experiencias extracorporales pueden corresponderse con hechos reales.
Un porcentaje más alto de personas pueden haber tenido experiencias de muerte lúcida, pero no lo recuerdan después debido a los efectos del daño cerebral o el efecto de los sedantes en los circuitos de memoria.
Los términos científicamente imprecisos ampliamente usados aún, tales como ECM o experiencias extracorporales, pueden ser insuficientes para describir la experiencia real de la muerte. Estudios futuros deberán centrarse en el ataque cardíaco, que es biológicamente equivalente a la muerte, más que en los estados médicos de enfermedades a los que a veces se hace referencia como «cercanos a la muerte».
[…]
Un 39 % de los pacientes que sobrevivieron al ataque cardíaco y que estaban en condiciones de participar en entrevistas estructuradas describían una percepción de conciencia, pero no tenían ningún recuerdo explícito de los hechos.
Entre los que informaron de una percepción de conciencia y completaron las entrevistas, el 46 % experimentaron un amplio rango de recuerdos relacionados con la muerte que no fueron compatibles con el término comúnmente usado para las ecm. Estos incluyen experiencias persecutorias atemorizantes. Solo un 9 % tuvo experiencias compatibles con las ECM y el 2 % mostró plena conciencia compatible con experiencias extracorporales con recuerdos explícitos de «ver» y «oír» acontecimientos.
Un caso fue validado y medido usando estímulo auditivo durante el ataque cardíaco. El Dr. Parnia concluyó: «Esto es significativo, dado que a menudo se ha asumido que las experiencias relacionadas con la muerte son alucinaciones o ilusiones, que ocurren incluso antes de la detención del corazón o después de que el corazón haya sido reanimado con éxito, pero no una experiencia correspondiente a hechos reales cuando el corazón no estaba latiendo. En este caso, la consciencia parece ocurrir durante el período de tres minutos durante el cual no había latido. Es paradójico, puesto que el cerebro deja de funcionar entre veinte y treinta segundos después de que se pare el corazón y la actividad cerebral no vuelve hasta que el corazón ha sido reanimado. Por otra parte, los recuerdos detallados de la percepción visual en este caso fueron consistentes con eventos verificados».
Por lo tanto, si bien no ha sido posible probar absolutamente la realidad o el significado de las experiencias y menciones de consciencia de los pacientes debido a la muy baja incidencia (2 % de recuerdo explícito de consciencia visual o de experiencias extracorpóreas), también fue imposible descartarlos, y se necesita más trabajo en esta área. Claramente, la experiencia recordada que rodea a la muerte merece ahora una investigación genuina más amplia y sin prejuicios.
Vemos, por lo tanto, que un 2 % de las ECM estudiadas han sido demostradas científicamente como experiencias objetivas.
Quizá sea este el primer paso que nos abra las puertas hacia el otro lado.
Parece ser, por lo tanto, que la hipótesis de que la conciencia no radica en el cerebro tiene visos de ser cierta. Esto explicaría las experiencias extracorpóreas como las propias ECM o los viajes astrales. Durante ambas, si hacemos caso a las tradiciones esotéricas y a los testimonios de soñadores lúcidos, viajeros astrales y personas que han experimentado ECM, la consciencia humana puede acceder a otras dimensiones que están pobladas por multitud de entidades, de las que pretendo hablarte en este libro.
Hemos visto, por lo tanto, que interactuamos con estas otras realidades desde las etapas más tempranas de nuestro desarrollo como individuos, pero déjame que te muestre, en el capítulo siguiente, cómo parece que estas entidades también han estado presentes en la «infancia» de la humanidad, determinando el desarrollo de culturas y civilizaciones a través de la religión y las creencias, o través de las «inspiraciones divinas».
4. LOS SERES EXTRADIMENSIONALES
NOS DAN LA RESPUESTA
Desde antiguo en las artes y otros saberes se ha hablado siempre de la inspiración divina y de seres como las musas, entidades invisibles que acuden a inspirar a los artistas.
De alguna forma el inconsciente colectivo ha querido dejar constancia de que en ciertos estados alterados de conciencia parece ser que estas criaturas irrumpen en la esfera de lo humano confiriéndonos pequeños destellos de claridad para permitir que la humanidad avance hacia lo creativo.
Inspiraciones divinas
Jesús Callejo y Carlos Canales, en su libro Seres y lugares en los que usted no cree, nos cuentan que el mismísimo Frederick Banting, creador de un descubrimiento tan importante para la humanidad como ha sido la insulina, afirmaba que seres angélicos del más allá le habían dado las pautas para descubrir este maravilloso medicamento.
El propio Sócrates afirmaba tener contacto con un daimón, término que usaban los griegos para designar a criaturas no humanas que eran intermediarios entre el mundo de los dioses y el mundo de los hombres, tal y como narra Platón en su obra Apología de Sócrates.
El libro rojo, de Carl Gustav Jung, uno de los padres de la siquiatría moderna, nos cuenta los contactos de Jung con Filemón (y me consta que Jung no leía tebeos de Ibáñez), una entidad espiritual que se le presentaba bajo la forma de un sabio anciano con barba blanca y alas (descrito así parecería más Mortadelo disfrazado) y que, según siempre el propio Jung, le había revelado muchos de sus descubrimientos sobre la mente humana, como el concepto de los arquetipos, por citar un ejemplo.
Sócrates consultaba al daimón, que le aconsejaba en forma de voz interior, asesorándole sobre si su proceder era correcto o incorrecto, y si desagradaba o no a los dioses.
Pero hay uno de estos casos que puede resultar clave para entender el fenómeno al que nos enfrentamos.
De alguna forma parece que ciertas entidades del conjunto que veremos más adelante quieren hacernos comprender cómo llegar a su mundo.
Hay otras, por supuesto, que en lugar de hacernos avanzar, según los expertos, pretenden mantenernos atados a la cárcel del miedo y la materia para seguir cebándose con nosotros igual que han hecho desde los albores de la humanidad, como podrás comprobar en los siguientes capítulos.
El caso de Srinivasa Ramanujan
Srinivasa Ramanujan fue uno de los matemáticos más grandes de todos los tiempos.
Sin duda es un personaje interesantísimo. Era un indio muy pobre que consiguió ser admitido en Cambridge, lo cual ya es en sí un logro.
Aún no se sabe muy bien cómo pudo hacerlo, pero a lo largo de su vida, a pesar de las carencias de su formación en matemáticas al no haber recibido educación universitaria formal en este campo, generó cerca de tres mil novecientos postulados matemáticos, entre ecuaciones, identidades y teoremas. Eso es más de lo que muchos matemáticos consiguen en toda su vida, y él lo consiguió en tan solo unos años.
Pero, a esta historia, ya de por sí extraordinaria, hay que añadir un par de detalles que te harán entender el porqué de incluir su historia en este libro.
El primero es que fue el descubridor de la teoría de cuerdas que, como verás más adelante, puede ser una de las piezas fundamentales para entender este tipo de fenómenos.
Pero hay otro detalle que siempre se omite: según sus propias palabras, sus grandes logros matemáticos no fueron en realidad suyos, sino que le fueron transmitidos por… ¿lo adivinas?
Sí, una entidad que podría calificarse como extradimensional.
Un poco de historia
Ramanujan nació el 22 de diciembre de 1887 en la ciudad de Erode, del estado de Tamil Nadu, en la India.
Su madre era hija de un brahmán, que estaba preocupado por la aparente infertilidad de su hija, por lo que no cesaba de rezar a la diosa Namagiri para que le concediera un nieto.
El padre de Ramanujan era dependiente en una tienda de saris.
Según se cuenta, la víspera del nacimiento de Ramanujan su madre tuvo una visión en la que se le apareció la diosa hindú Namagiri para anunciarle que su hijo sería extraordinario.
A la edad de cinco años el pequeño ingresó en la escuela local.
A los doce años ya dominaba la trigonometría, y comenzó a trabajar por su cuenta en matemáticas, sobre todo en geometría y aritmética. Ramanujan era autodidacta; tenía una capacidad sorprendente para aprender matemáticas.
Allí donde cualquier persona necesitaría de un profesor, él elaboraba conclusiones por intuición.
Con quince años, descubrió un libro publicado en 1856, titulado Sinopsis de los resultados elementales en matemática pura, gracias al cual aprendió matemáticas por su cuenta, aunque eran unas matemáticas bastante básicas y ya algo obsoletas a principios del siglo XX.
Sin embargo, la explicación que el propio Ramanuján daba para sus extraordinarias capacidades, aunque ignorada por los historiadores oficiales, era otra bien distinta.
Según él, la diosa Namagiri se le había aparecido para explicarle los cálculos más difíciles.
A menudo decía que sus teoremas matemáticos eran inspirados directamente por la diosa Namagiri, durante sus sueños. Algunos de sus numerosos teoremas han resultado ser en realidad incorrectos. Se desconocen los métodos mentales empleados por Ramanujan para desarrollar sus intuiciones matemáticas, la mayoría de las veces correctas.
Ramanujan seguía una estricta vida de brahmán, la casta hindú de más elevada espiritualidad, con un estricto autocontrol y una frugalidad ascética, que excluía de su dieta todos los productos animales e incluso muchos vegetales, como el ajo y la cebolla. Siguió haciéndolo durante toda su vida.
Él afirmaba que hacía sus descubrimientos en sueños en los que se le aparecían gotas de sangre que simbolizaban a Narasimha, el consorte masculino de la diosa Namagiri, recibiendo a continuación visiones de rollos de contenido matemático complejo que se desarrollaban ante sus ojos.
A pesar de que a los diecisiete años superó los exámenes de matriculación en la Universidad de Madrás y al hecho de obtener, gracias a su destreza en matemáticas, obtuvo otra beca, comenzó a estar cada vez más absorto en las matemáticas, descuidando el resto de las asignaturas, hasta el punto de no llegar a superar los exámenes del resto de las materias.
Esto conllevó la pérdida de su beca.
Durante los dos años siguientes, al borde de la miseria, continuó sus investigaciones matemáticas por su cuenta, anotando sus resultados en unos grandes cuadernos, que se han hecho famosos.
En unos momentos entenderás por qué.
A los veintidós años contrajo matrimonio, concertado por su madre, y comenzó a trabajar en el puerto de Madrás.
Desesperado por no poder continuar con sus investigaciones, Ramanujan dio en 1910 un paso audaz, y solicitó una entrevista con el fundador de la Sociedad Matemática India, a quien impresionó al mostrarle sus cuadernos. Bajo su recomendación, visitó a Ramachandra Rao, un hombre culto e inteligente, rico y muy influyente. Posteriormente, el propio Ramachandra Rao describiría así su primer encuentro con este enigmático personaje:
Una figura corta y tosca, sin afeitar y no demasiado limpia [...] entró con un cuaderno deshilachado bajo el brazo. Era miserablemente pobre. [...] Abrió su libro y comenzó a explicar sus descubrimientos. [...] Paso a paso, me llevó a las integrales elípticas y las series hipergeométricas y finalmente a la teoría de series divergentes todavía no anunciada al mundo. [...] Le pregunté qué deseaba. Dijo que quería una ayuda de la que vivir para así poder proseguir sus investigaciones.
Gracias a esta jugada consiguió un estipendio por parte de Rao que le permitió continuar con sus estudios.
Pasado un tiempo, animado por sus amigos y protectores, Ramanujan escribió a tres profesores de Cambridge.
Dos de ellos no le respondieron, pero Godfrey Harold Hardy, de Cambridge, sí lo hizo al ver las fórmulas matemáticas que le había enviado adjuntas a la carta.
Tal y como explicaría más tarde el propio Hardy:
Pronto resultó obvio que Ramanujan conocía algunos teoremas mucho más generales y que se los guardaba en la manga. Algunas de las fórmulas me desconcertaron por completo. Jamás había visto nada ni remotamente parecido. Un simple vistazo bastaba para darse cuenta de que habían sido escritos por un matemático de la más alta categoría. Debían ser ciertas, ya que si no lo eran, nadie podría haber tenido la imaginación suficiente para inventarlas.
Hardy también escribió:
Las limitaciones de sus conocimientos eran tan sorprendentes como su profundidad. Ramanujan resolvía teoremas y ecuaciones modulares yendo más allá que cualquier matemático del mundo, encontrando por sí mismo soluciones a problemas jamás resueltos. Lo increíble es que nunca había oído hablar de una función periódica o del teorema de Cauchy.
Hardy reconoció que no sabía cómo Ramanujan lo había logrado, que era una especie de inducción, que nunca había visto nada igual y que era comparable en genialidad a Euler.
En cierta forma estaba admitiendo, tímidamente, que las capacidades matemáticas de Ramanujan eran un inexplicable misterio.
Inexplicable si no se le hacía caso al propio Ramanujan, que ya había contado de dónde procedía la inspiración para sus descubrimientos.
Según Hardy, los métodos de Ramanujan eran tan concisos y novedosos, y su presentación tan falta de claridad y precisión, que el lector ordinario, desacostumbrado a semejante gimnasia intelectual, difícilmente podía seguirle. Nunca fue un matemático ortodoxo.
Ramanujan jamás pudo adaptarse a la vida europea. Durante sus seis años de estancia en Inglaterra, cometió varios intentos de suicidio y pasó la mayor parte del tiempo enfermo, complicándosele una úlcera gástrica con la tuberculosis que acabaría finalmente con su vida.
En 1917 fue admitido en la Royal Society de Londres y en el Trinity College, con lo que se convirtió en el primer indio que lograba tal honor.
El matemático indio embarcó el 27 de febrero de 1919 rumbo a su país, al que llegó el 13 de marzo bastante enfermo y deprimido.
Al poco tiempo murió de una amebiasis complicada con la tuberculosis que ya lo aquejaba.
Sin embargo, en este último periodo de su vida, continuó sus investigaciones, que anotaba en sus característicos cuadernos de tapas rojas.
Por desgracia, con su muerte dichos conocimientos parecieron haberse perdido.
Pero esta misteriosa y fabulosa historia no acaba aquí.
Los cuadernos perdidos de Ramanujan
En 1976 aparecieron, en unas cajas de cartón, cuatro cuadernos suyos de los que no se tenía noticia. Contenían más de cuatro mil fórmulas.
Esto significaba que en su último año de vida Ramanujan hizo casi un descubrimiento diario. Algunos de ellos han sido fundamentales para realizar nuevos estudios sobre la teoría de cuerdas. Pero todavía hay teoremas que no han sido interpretados.
Otros podrían contener el conocimiento para trascender las singularidades, abrir portales a otras dimensiones y viajar por los multiversos.
Dicen que parte de los teoremas que descubrió en sus últimos años de vida desvelan la verdadera cara de dios. El Modelo Estándar explica que la materia está formada por protones, neutrones y otras partículas, todas ellas, a su vez, compuestas por otras más pequeñas llamadas quarks, que se unen mediante el intercambio de pequeños paquetes de energía, llamados gluones. Sin embargo, el Modelo Estándar es incompleto. No tiene en cuenta la gravedad, por lo que sirve como una interpretación aproximada de una realidad mucho más compleja. La teoría de cuerdas, sin embargo, explica a la vez la esencia de la materia y del espacio-tiempo, al afirmar que la materia se compone de pequeñas cuerdas vibrantes cuya longitud sería aproximadamente cien trillones de veces más pequeña que un protón. Cada modo de vibración representaría una resonancia o partícula diferente.
La función modular de Ramanujan contiene características numéricas inauditas que constituyen la base de la teoría de cuerdas. Las matemáticas de Ramanujan son una anomalía científica que parte de conceptos absolutamente innovadores y originales, como si hubiese logrado saltarse una serie de pasos intermedios necesarios para sus deducciones que, a la fuerza, tendrían que haberse descubierto cientos de años más tarde.
¿Y qué implica todo esto?
Podría pensarse, en vista de estos hechos, que hay entidades extradimensionales que quieren darnos las claves de su mundo.
Quizá coexistimos con criaturas más evolucionadas que viven en otra dimensión paralela a la nuestra, desde la que nos observan, y a la que pueden hacer incursiones por tiempo limitado, a causa de algún motivo que desconocemos, tal vez impedidos por barreras energéticas que solo pueden burlar temporalmente y que les impiden actuar con plena libertad en nuestra realidad.
Esto encajaría con algunas de las nuevas teorías sobre las dimensiones múltiples que nos está proporcionando la física cuántica.
Los físicos cuánticos llevan mucho tiempo intentando desvelar los secretos sobre la esencia de la materia y el funcionamiento del universo. Viendo sus resultados, puede pensarse que la realidad en que vivimos solo es apariencia y que existen universos paralelos. En ellos podría haber alguna clase de inteligencias que quizá habrían conseguido dominar el espacio-tiempo, por lo que serían capaces de penetrar en nuestro universo y manejar la materia a voluntad. Si una de esas inteligencias se presentase ante una persona, sin duda podría pensar que está ante un dios.
Miguel Pedrero, en su libro El universo no es plano, hace referencia a una explicación basada en la ciencia que podría ayudarnos a entender esta cuestión.
Steven Weinberg, premio Nobel de Física, lo explicaba comparando el universo múltiple con una radio. A nuestro alrededor hay cientos de ondas de radio distintas, emitidas desde emisoras que operan a kilómetros de distancia de nosotros. Sin embargo, si encendemos la radio, solo podremos escuchar una frecuencia cada vez; las demás están en decoherencia. Cada emisora de radio tiene una energía diferente, una frecuencia diferente. Por eso solo podemos sintonizar una emisora cada vez. Nosotros, nuestro cerebro, está «sintonizado» con una frecuencia que corresponde a la realidad física.
Pero hay un gran número de realidades paralelas que conviven con nosotros en el espacio que ocupamos ahora mismo, aunque no podamos «sintonizarlas».
Parece ser que, ya sea sin quererlo o de forma premeditada, en determinadas ocasiones estas entidades, que como veremos en el capítulo siguiente, en la Antigüedad eran llamadas dioses, entran en contacto con nuestra realidad.
5. ¿DIOSES O SERES EXTRADIMENSIONALES?
El doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, especialista en Antropología Social y Cultural, José Luis Cardero López, en su artículo «Dioses oscuros. Una filosofía oculta de lo sagrado», se refiere a «lo sagrado» con unas elocuentes palabras con las que me gustaría abrir este capítulo:
Lo sagrado se muestra ante nosotros como una fuerza fiel aunque extraña, como una presencia que, en sí, quiere despertar menos temor que reverencia, como un proyecto posible para que en él se integren algunas vidas. Sin embargo, por detrás de ese telón de convencionalismos y sentimientos pactados, persiste una oscura sensación que bien puede bordear orillas de un mar desconocido en el que residen peligrosas criaturas.
Esta frase, que sería digna del mismísimo H. P. Lovecraft, nos hace ver que, desde el inicio de la humanidad, el Homo sapiens ha interactuado con algo que no conoce bien, y que ha tratado de manejar creando las diferentes religiones que han acompañado a las culturas en su desarrollo a lo largo del tiempo.
De lo humano y lo divino
La religiosidad parece ser un fenómeno inmanente a las diferentes civilizaciones que han existido a lo largo de la historia y la prehistoria.
En su origen todas las religiones aparecen como construcciones mitológicas con las que cada cultura intenta dar explicación a los enormes misterios que se le plantean al ser humano en cuanto hace gala de su autoconciencia, y que el grupo Siniestro Total resumió con gran acierto en su canción «¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos?».
Desde que en el siglo XVIII, rebautizado como el Siglo de las Luces, se impusiera la razón, parece que estos antiguos dioses han sido reemplazados por la ciencia.
Sin embargo, en la actualidad, se describen otro tipo de encuentros con seres que parecen venir de otros planetas o dimensiones, que contactan con algunos humanos iluminándolos, lo que no puede dejar de recordarnos a los grandes profetas de la Antigüedad.
¿Han desaparecido los dioses? ¿Los dioses de las distintas religiones tenían algún tipo de relación entre sí? ¿Existe alguna conexión entre estos dioses antiguos y los «mitos modernos»?
Aunque en principio pudieran parecer preguntas ilógicas o absurdas, si sigues leyendo comprobarás que algunos investigadores han intentado responderlas, han llegado a conclusiones sorprendentes y se han topado una vez más con… sí, has acertado: los seres extradimensionales.
El verdadero rostro de los «dioses»
Son varios los investigadores que coinciden en que detrás del origen de muchas religiones se esconde el contacto con seres de otras dimensiones.
La propia existencia de las mismas religiones parece, por lo tanto, una evidencia más de la existencia de estas entidades desde el principio de los tiempos.
De acuerdo con esta tesis, los dioses serían entidades físicas compuestas de materia más sutil que la humana que estaría en estados vibratorios diferentes a los de la materia ordinaria tal y como la conocemos, conjetura que encajaría con su pertenencia a otras de esas dimensiones generadas por la vibración de las «cuerdas» que componen el universo, según las nuevas teorías físicas que intentan explicar la naturaleza de la realidad.
Estas criaturas estarían dotadas de capacidades electromagnéticas que escapan a nuestra comprensión, y que les permiten modificar tanto su propia materia como la del entorno, pudiendo revelarse ante nuestros sentidos cuando así lo desean y cuando la configuración energética de nuestras cuatro dimensiones se lo permite.
A priori, y sin más fundamento, estas afirmaciones podrían resultar estrafalarias, pero hay investigadores que han analizado la historia de las religiones humanas con resultados bastante inquietantes.
El dios de la religión judeocristiana
En primer lugar, por afinidad cultural e histórica, podemos revisar las bases sobre las que se plantea la religión dominante en nuestro entorno sociocultural.
Si acudimos a fuentes bíblicas, podemos ver en el Antiguo Testamento en qué consistieron los primeros contactos entre los humanos y las entidades divinas.
En él se nos cuenta cómo un ser llamado Yahvé se aparece en una nube desde la que se comunica con las tribus elegidas.
El investigador Salvador Freixedo, que además de exjesuita es experto en teología, por lo que algo sabrá del tema, en su libro Defendámonos de los dioses realizó un análisis comparado de las teofanías de diversas culturas humanas.
Teofanía no es un travesti que antes se llamaba Teo y después de la operación opta por ser llamado Estefanía, dando la media aritmética el término resultante.
No, señor.
Por teofanía entendemos el término que viene del griego antiguo (theos, ‘dios’, y faino, ‘manifestación’) y que hace referencia a la manifestación local de una deidad a los seres humanos, aplicándose en el contexto del cristianismo a las diversas apariciones de Dios o de seres angélicos que se narran en distintos episodios bíblicos.
Según este magnífico investigador, la experiencia de haber sido «adoptados» por un «dios» es casi común a todos los pueblos de la Antigüedad, aunque esta protección conllevaba, también de forma común a todos los pueblos elegidos, la exigencia de sacrificios de sangre.
En principio podría parecer un mecanismo antropológico común que tuviera su fundamento en patrones sicológicos de conducta inherentes a cualquier sociedad humana, pero si revisamos las conclusiones a las que llegó, puede verse que estas coincidencias trascienden lo casual planteando poderosas incógnitas.
Yahvé versus Huitzilopochtli
En su obra, Freixedo compara dos pueblos tan dispares como el pueblo judío y la cultura azteca, separados geográficamente por 10 000 kilómetros y por unos tres mil años en el tiempo, que, evidentemente, hacen imposible el contagio cultural entre ellos.
Para esto comparó uno de los cinco primeros libros que componen la Biblia, el libro del Éxodo, con las tradiciones del pueblo azteca.
Estas fueron algunas de las similitudes que encontró:
- El pueblo hebreo vagó por orden de Yahvé durante muchos años antes de entrar en la tierra prometida. En el caso de los aztecas, el dios Huitzilopochtli se apareció hace aproximadamente ochocientos años para decirles que tenían que desplazarse hacia el sur «hasta que encontrasen un lugar en el que verían un águila devorando a una serpiente».
Así, los confiados aztecas comenzaron una migración desde algún punto entre los actuales estados de Arizona y Utah hasta Tenochtitlán, situado a unos 3000 kilómetros de distancia a través de extensos desiertos y frondosas junglas.
- Yahvé y Huitzilopochtli tenían una personalidad (o diosonalidad, según se mire) muy parecida: eran paternalistas, protectores, tremendamente exigentes, implacables en sus frecuentes castigos e irascibles en grado sumo.
- Los dos acompañaron presencialmente a sus protegidos a lo largo de toda la peregrinación, intercediendo directamente cuando tenían que superar dificultades.
- Yahvé acompañó a los hebreos en forma de una extraña columna de fuego y humo, mientras que Huitzilopochtli hizo lo propio con los aztecas en forma de una gran águila blanca.
- La peregrinación de ambos pueblos fue dilatada en el tiempo. En el caso judío, Yahvé tuvo vagando al pueblo judío por el inhóspito desierto del Sinaí durante cuarenta años (para recorrer una distancia que podían haber cubierto en tres meses). La peregrinación impuesta por Huitzilopochtli duró alrededor de dos siglos antes de que llegaran a la actual ciudad de México.
- Ambos «pueblos elegidos» tuvieron que enfrentarse a muchas tribus que ocupaban previamente la «tierra prometida» en el momento de su llegada.
- Bajo el auspicio de sus respectivos dioses, ambos pueblos crecieron rápidamente y dominaron las regiones en las que establecieron su «tierra prometida». Ambos pueblos llegaron a la cúspide de su desarrollo aproximadamente a los dos siglos de haberse establecido en estas regiones.
- Ambos pueblos fueron adoctrinados en un rito tan raro como es la circuncisión. No comment.
- Yahvé y Huitzilopochtli exigían a sus pueblos sacrificios de sangre. En el caso hebreo, sangre de animales; en el azteca, con frecuencia, sangre humana.
En la religión hebrea tenemos constancia del sacrificio de la hija de Jefté (Jue 13), caudillo israelita que le prometió a Yahvé que mandaría sacrificar al primer ser viviente que se le presentase a la vuelta al campamento, si Yahvé le concedía la victoria sobre los ammonitas. Tras vencer, la primera persona que le salió al encuentro para felicitarle fue su propia hija. Yahvé, que con tanta facilidad le comunicaba sus deseos a su pueblo, no se manifestó en esta ocasión, permitiendo que Jefté ejecutase el sacrificio. A esta muerte habría que sumar las que Yahvé ocasionó al obligar a los hebreos a batallar con otros pueblos, cuando no era él mismo quien los masacraba con alguna maldición bíblica en un arrebato de ira.
- Ambos dioses abandonaron a sus pueblos en los momentos de mayor necesidad, sin dar la más mínima explicación, a saber: a la llegada de los romanos a Palestina, y con la colonización de los españoles.
- Ambos pueblos fueron instruidos detalladamente acerca de cómo habían de construir un gran templo en el lugar en donde definitivamente se instalasen.
- Otra de estas similitudes la narra fray Diego Duran, en una de las muchas las crónicas del descubrimiento de las Américas, escritas por los monjes franciscanos basándose en los testimonios de los propios indios aztecas.
Según recoge el religioso, cuando el pueblo entero avanzaba hacia el sur, siguiendo a la gran águila blanca, lo primero que harían al llegar a su destino sería construir un pequeño templo para depositar en él un arca que transportaban mediante la cual se comunicaban con su dios, semejanza sorprendente con el arca de la alianza que portaba el pueblo judío.
Al igual que los hebreos, concedían a este objeto gran importancia por ser el vínculo que tenían con su dios protector.
- El Yahvé de los hebreos tuvo un avatar, Cristo, mientras que Huitzilopochtli tuvo a Quetzalcóatl. Ambos hombres fueron mensajeros de un dios instructor y salvadores del pueblo, aparecieron en el mundo de manera misteriosa y se fueron de la tierra de una manera igualmente mística: prometiendo que algún día volverían.
Los dioses en la actualidad
Aparte de Freixedo, otros investigadores como John Keel aseguran que las manifestaciones de estas entidades extradimensionales se adaptan al Zeitgeist de cada época.
Como te he mencionado anteriormente, el siglo XIX y sus avances debilitaron la creencia en los dioses y los seres sobrenaturales, por lo que debía llegar un nuevo fenómeno bajo el que estas entidades pudieran aparecérsenos en un marco conceptual que nos resultara aceptable para seguir creyendo en ellas.
Así, la llegada de la carrera espacial insufló en el inconsciente colectivo la posibilidad de la existencia de otros planetas habitados, junto con la prueba fehaciente de que los viajes en el espacio eran tecnológicamente posibles.
Y es, curiosamente, a partir del principio del desarrollo de la carrera espacial cuando empieza a darse a conocer el fenómeno ovni.
Este fenómeno comparte muchos puntos en común con las antiguas teofanías. A través del fenómeno del contactismo, entidades «superiores» se presentaron a humanos elegidos para crear movimientos y sectas que, a fin de cuentas, no han hecho otra cosa que rendirles culto.
Muchas de las manifestaciones del fenómeno, las luces en el cielo, los contactos con humanoides, podrían ser lo que en la Antigüedad se tomaba por contactos angélicos y manifestaciones de la presencia divina, porque ese era el marco conceptual en el que el ser humano podía interpretarlos.
En una época en la que predominaba la religión y la superstición, solo podían interpretarse en alguno de estos sentidos. Por tanto sería lógico pensar que actualmente, en una época en la que imperan el raciocinio y la ciencia, las personas que sufren este tipo de encuentros como experiencias reales e innegables, al menos para ellos como testigos directos, les busquen una explicación basada en la lógica y crean que podrían ser entidades biológicas que vienen de otros puntos del cosmos.
La ampliación de los conocimientos de la raza humana corre paralela a la de su conciencia, así como a la expansión del fenómeno, por lo que, en el punto en que estamos, el saber de nuestro tiempo, al haber penetrado en los universos multidimensionales y en los misterios de la física subatómica, nos hace contemplar a estos entes desde otra perspectiva, la de visitantes de otras dimensiones, que posiblemente no sea sino otro disfraz que se han colocado en un intento de adaptarse a nuestras creencias, pero que posiblemente tampoco sea la opción acertada, aunque actualmente sí es, al menos, la más coherente.
Hay investigadores que han llegado a la conclusión de que toda esta extraña casuística podría ser originada por diferentes manifestaciones de una misma «Inteligencia-Origen» que parece querer modificar nuestras conciencias de forma progresiva con un último propósito que no llegamos a comprender.
¿Por qué todo este tinglado?
En un ejercicio de sagacidad, Freixedo hace uso de la empatía, tratando de extrapolar cuáles podrían ser las motivaciones de estos seres para injerir de tal manera en el devenir de la raza hu-mana.
Para ello parte de cómo nosotros, cual seres conscientes e intelectualmente superiores, nos comportamos con el resto de los seres vivos de nuestro entorno.
Este enfoque, personalmente, me parece muy acertado.
Te explico por qué.
Imagínate que tú llegas a un mundo cuyos habitantes solo existen en dos dimensiones. Desde tu tercera dimensión de la altura, podrías ver lo que pasa en diversos puntos de su mundo, incluso anticipando acontecimientos que ellos no podrían percibir hasta pasados unos instantes.
Si tú intentaras interactuar con ellos, ellos solo percibirían una lámina de ti, un segmento bidimensional de tu totalidad.
Un ejemplo de este tipo de seres podrían ser las hormigas, cuyo mundo está casi reducido a estas dos dimensiones y están intelectualmente menos desarrolladas que nosotros.
¿Cómo te comunicarías con una hormiga? ¿Cómo podrías hacerle entender cuáles son tus intenciones? ¿Podría una hormiga entender que un niño la quema con una lupa solo por diversión?
Pues tengo malas noticias: ahora tú eres la hormiga.
Y seres que tienen acceso a una quinta dimensión (o quizá a más) en la cual el tiempo no transcurre de forma lineal y que pueden hacer cosas que para ti son imposibles, como viajar entre dimensiones y modificar el espacio, el tiempo y la materia, coexisten contigo y a veces se manifiestan en estas tres dimensiones.
Por eso no entiendes el porqué de su comportamiento y, quizá, aunque quisieran explicarse para que los entendieras, no podrían hacerlo en los limitados términos humanos.
Por lo tanto, atendiendo la validez de la hipótesis de trabajo en la que se basó Salvador Freixedo, analicemos cuáles fueron sus conclusiones sobre los motivos de la interacción de estas entidades con los seres humanos.
Por necesidad o curiosidad
Es posible que estos seres extradimensionales obtengan de su interacción con nosotros algo que les sea necesario, o que simplemente sientan la misma curiosidad que experimenta un niño pequeño cuando le arranca las patas y antenas a una hormiga para ver cómo reacciona, o la de un entomólogo que estudia desde un punto de vista científico a seres inferiores.
Por placer
Hay quien postula que estas criaturas obtienen algún tipo de placer, no sabemos si nutricional o estético, de su interacción con las personas.
Freixedo, entre otros autores, apunta a que las ondas que emite el cerebro en determinados estados de conciencia distintos del ordinario (vigilia consciente) podrían atraer a estas criaturas.
La actividad eléctrica que producen los impulsos cerebrales es de una magnitud medible. A partir de la frecuencia con que se repiten dichas ondas cerebrales en un segundo (según los hercios de estas ondas), vemos que se dividen en:
- Ondas delta (1-3 Hz)
- Ondas theta (3,5-7,5 Hz)
- Ondas alpha (8-13 Hz)
- Ondas beta (12-30 Hz)
- Ondas gamma (25-100 Hz)
Cada uno de estos tipos de ondas está asociado a un estado de conciencia del cerebro.
El cerebro de un humano alterado por la excitación, la exaltación mística o religiosa o el dolor emite un tipo de onda diferente a las ondas beta, que son las que emite nuestro cerebro cuando estamos en el estado normal de vigilia consciente.
De acuerdo con el propio Salvador Freixedo, según este postulado una de las finalidades de las manifestaciones de estos seres sería alterar nuestro cerebro mediante el dolor, el miedo o la exaltación mística o religiosa, para que emitamos estas ondas que les nutren o les dan gustito.
Algo así como cuando los humanos van a los toros para hacer sufrir a un animal «porque les gusta».
De acuerdo con el propio autor:
De todos estos estados anímicos, parece que el que más energía produce, aparte de ser el más fácil de conseguir, y al mismo tiempo del que se puede conseguir de una manera más rápida —podríamos decir que casi instantánea— es el de dolor.
Freixedo, en su tesis, va más allá, argumentando que otra de las «esencias» perseguidas por estos seres podría ser la energía vital que se libera cuando un ser vivo muere, así como la liberada cuando se destruye cualquier tipo de materia orgánica.
A ojos del autor, esto explicaría las continuas exigencias de los dioses antiguos de rituales de sangre, ya fuera humana o animal.
En el Antiguo Testamento, sin ir más lejos, se detalla a menudo cómo deben ser realizados los sacrificios rituales.
De nuevo, Freixedo nos lo explica de forma magistral haciendo gala de sus extensos conocimientos sobre los textos sagrados:
Nos imaginamos el pasmo de Moisés cuando tras haberle preguntado a Yahvé cómo quería ser adorado, oyó que este le contestó dándole una serie de pormenores y de órdenes minuciosas de cómo debía degollar a los diferentes animales, qué es lo que debería hacer con las diferentes vísceras, y sobre todo cómo tenía que manipular la sangre. Moisés, que seguramente conocía muy bien cómo eran los sacrificios que los egipcios y los pueblos mesopotámicos hacían constantemente a sus respectivos dioses, debió quedarse de una pieza, viendo que su «Único Dios» le pedía exactamente lo mismo que los otros «falsos» dioses pedían. Copiaremos aquí varios pasajes del Pentateuco en los que Yahvé alecciona a Moisés acerca de cómo debe ser adorado:
«Quien ofrezca un sacrificio pacífico, si lo ofreciera de ganado; mayor, macho o hembra sin defecto, lo ofrecerá a Yahvé. Pondrá la mano sobre la cabeza de la víctima y la degollará a la entrada del tabernáculo; y los sacerdotes, hijos de Arón, derramarán la sangre en torno del altar.
»De este sacrificio se ofrecerá a Yahvé en combustión el sebo y cuanto envuelve las entrañas y cuanto hay sobre ellas, los dos riñones y los lomos y el que hay en el hígado sobre los riñones...» (Lev 3, 1 y sig.).
Durante los capítulos 4, 5, 6, 7 y 8 del libro del Levítico, continuaba Yahvé instruyendo detalladamente a Moisés; he aquí cómo la Biblia describe los primeros sacrificios ofrecidos por Ai y sus hijos después de haber terminado de recibir todas las instrucciones:
«[...] Trajeron ante el Tabernáculo todo lo que había mandado Moisés y toda la asamblea se acercó poniéndose ante Yahvé.... Moisés dijo: “Esto es lo que ha mandado Yahvé; hacedlo y se mostrará la Gloria de Yahvé”. [Note el lector que en la Biblia se llama “la gloria de Yahvé” a la famosa nube en que Yahvé se manifestaba y desde la que les hablaba].
»Arón se acercó al altar y degolló el novillo... sus hijos; presentaron la sangre y mojando él su dedo, untó con ella las esquinas del altar y la derramó al pie del mismo. Quemó en el altar la grasa, los riñones y la redecilla del hígado de la víctima por pecado, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. Pero la carne y la piel las quemó fuera del campamento. Degolló el holocausto y sus hijos le presentaron la sangre, que él derramó en torno al altar […]».
Pero lo grave es que Baal, Moloc, Dagón, etc., les pedían exactamente lo mismo a los pueblos mesopotámicos; y Júpiter-Zeus les pedía los mismos sacrificios a griegos y romanos; y si saltamos a América nos encontramos con que Huitzilopochtli les pedía lo mismo a los aztecas y con el agravante de que este les exigía que la sangre fuese humana en ocasiones.
La mayoría de las tribus negras en las que no ha penetrado el cristianismo o el islam siguen todavía hoy día ofreciendo sacrificios de sangre a sus dioses; los ozugus del centro de África, en el día de la gran solemnidad, se tumban en el suelo, mientras el supremo brujo-sacerdote los rocía abundantemente con la sangre de los animales sacrificados...
Como comentábamos antes, en la actualidad el fenómeno parece haber adaptado su apariencia al espíritu de los tiempos, pero todavía conserva su sangrienta esencia.
Cualquier aficionado a la ufología sabrá que hay un fenómeno asociado a la casuística ovni, el de las inexplicables mutilaciones de ganado, que se da en diversas zonas del mundo con unas características similares: la muerte de animales, la extirpación de determinados órganos y, en algunos casos, la incineración de sus restos. Con frecuencia los cadáveres de estas reses aparecen exanguinados, como si les hubieran chupado la sangre, circunstancia que ha generado otro mito moderno de la ufología, otro extraño ser de otra dimensión, el chupacabras.
Esta coincidencia es más que curiosa, tal y como expone el propio Freixedo:
[…] hay vísceras como los pulmones, el corazón el estómago, los intestinos, o miembros como la cabeza y las patas que apenas si son nombradas alguna que otra vez [en la Biblia] y que cuando son nombradas, con frecuencia se ordena que «sean quemadas fuera del campamento»; y sin embargo, los riñones, y la envoltura de los riñones y del hígado, son mencionados constantemente y sin excepción en todos los sacrificios, lo mismo que se puede decir del sebo o grasa y sobre todo de la sangre: «No comas nunca la grasa ni la sangre; la grasa y la sangre son para Yahvé», (Deut 12, passim).
Pues bien, solo como anécdota curiosa, tendremos que decir que ha habido casos en que los ovnis, además de llevarse la sangre del animal, cosa en la que nunca fallan, se han llevado precisamente estas vísceras en las que tanto énfasis se hace en el Levítico Uno.
Sin embargo, para que estas energías sean emitidas en cantidades suficientes, deben ser más de un puñado las personas que experimenten los estados cerebrales alterados.
Según esta hipótesis, dichas entidades preferirían las grandes concentraciones de personas en un mismo espacio para que experimenten estos estados cerebrales alterados, como el granjero que mete a las vacas en el establo para poder ordeñarlas más cómodamente.
Con esta finalidad, según los defensores de esta propuesta, los dioses crearon determinados mecanismos sociológicos que lo facilitan, como las guerras y las religiones, cuando no se encargaban directamente de cobrarse estas vidas:
«Y Yahvé envió un fuego que devoró a 250 hombres» (¡que estaban ofreciéndole incienso!)» (Num 16,35).
«Yahvé se enfadó, “y murieron 14 700 tragados por la tierra”» (Num 17-14).
¡Ahí va, la Virgen!
Dice la sabiduría popular que «a los tontos y a los pastores se les aparece la Virgen». En las líneas que siguen voy a intentar mostrarte, querido lector, que puede que ni siquiera sea la Virgen la que se les aparece a estos dos subconjuntos del género humano.
¿Te has preguntado alguna vez por qué se adora a tantas vírgenes distintas en la geografía nacional y en el mundo, hasta tal punto que, para los más blasfemos, llevar a la práctica el exabrupto de «cag#rs3 en la Virgen» se convertiría en una hazaña digna del mismísimo Phileas Fogg?
A pesar de que, en teoría, son todas manifestaciones de la misma entidad, la gente habla de «mi Virgen», como si fuera una entidad individual.
Repasando el fenómeno de las manifestaciones marianas que ha dado origen a esta virginal multiplicidad, encontramos una serie de patrones comunes.
La Virgen es encontrada siempre en medio de la naturaleza, casi siempre asociada a un árbol, una cueva o un arroyo. Pero, por lo visto, esta no es una costumbre exclusiva de la Virgen. Otras divinidades antes que ella gustaban de aparecerse en entornos florales, como por ejemplo Artemisa, diosa griega asociada a los bosques, selvas y criaturas salvajes.
Muchos antropólogos e investigadores apuntan a que la diversidad de vírgenes corresponde a una forma de politeísmo solapado, recuerdo ancestral del legado de nuestros antepasados, que se manifiesta de forma inconsciente en su versión más moderna.
Así, la diversidad de vírgenes se correspondería con ninfas, deidades menores de la mitología griega que cuidaban de estos entornos naturales, pues todas ellas eran asistentas de la diosa Artemisa.
Y no era la única. Isis, que era el nombre que los griegos daban a la diosa egipcia Ast, conocida también como Gran Diosa Madre, progenitora de los dioses del panteón egipcio, a la que, por tanto, se asociaba a la maternidad y el nacimiento, también presenta características similares.
Astarté era la madre del hijo del Dios Toro que, para los fenicios, era el padre de todas las cosas. Algunos autores van todavía más allá, pretendiendo que todas estas diosas vienen a su vez de un arquetipo más antiguo y profundo, que representa el culto pagano a las diosas madre, a las diosas de la fertilidad, la vegetación y la sexualidad, siendo sus principales festividades celebradas durante mayo, el mes del florecimiento primaveral; no en vano es el mes escogido para la celebración del día de la Madre.
En su libro Intervención extraterrestre en Fátima, los autores Fina D’Armada y Joaquim Fernandes cuentan su investigación sobre los hechos acaecidos en Fátima el 13 de mayo de 1917. Hurgando en los archivos históricos del Santuario de Fátima encontraron las primeras declaraciones de los videntes, así como los retratos robot confeccionados a partir de las mismas, que habían sido omitidos por las autoridades eclesiásticas durante todo el proceso de difusión del fenómeno.
La ilustración mostraba, tal y como describieron los contactados, un ser de rasgos femeninos que irradiaba mucha luz. Su cuerpo, de baja estatura, estaba cubierto por unas prendas y una capa sobre los hombros atravesadas por una serie de costuras a lo largo y ancho que conferían al tejido, que según los testimonios tenía tonos blancos y dorados, una textura acolchada.
El misterio detrás de las apariciones marianas
El investigador Marcelino Requejo, en su magnífico trabajo de investigación Apariciones marianas, la respuesta definitiva, da una vuelta de tuerca más al fenómeno, desvelándonos datos muy reveladores sobre la naturaleza de la entidad que se hace pasar por la Virgen María.
Investigando un caso de supuesta aparición de la Virgen en la localidad lucense de As Pardellas, que había tenido lugar en 1949, una de las cosas que llamó la atención del investigador fue que el testigo decía que la aparición tenía unas manos anormalmente grandes, de unos veintitrés centímetros de longitud.
Requejo revisó los testimonios de apariciones marianas y la iconografía de la Virgen de los últimos siglos, buscando datos que pudieran respaldar este testimonio, y encontró una serie de rasgos comunes en la mayoría de los encuentros con la Virgen y de representaciones de la misma en el arte sacro.
Le llamó la atención que, en el caso de la Virgen de Lourdes, cuando a la vidente Bernardette Soubirous le mostraron imágenes de la Virgen para ver cuál se asemejaba más a la visión que había tenido, había escogido como la que más se parecía a la señora avistada en la cueva el cuadro Icono de nuestra señora de la Gracia, originario de la ciudad francesa de Cambrai. La mano izquierda, con la que María sujeta al niño, tenía todos los dedos de igual longitud, anómalamente largos. La otra mano solo presentaba esta desproporción en los dedos índice y corazón.
A medida que continuó investigando, comprobó que esta extraña simbología se repetía a lo largo del tiempo. Algunas veces tan solo era el dedo índice el que dejaba un traza de esta extraña conexión, como en el caso de Virgen Eléousa, pintura rusa del siglo XVII, en Madonna con el niño, que alberga la Galería Nacional de Umbría, en Perugia, o en el Tríptico de Londres, que se halla en la National Gallery. La lista de representaciones de la Santa Madre que comparten estas características es larga. Por citar tan solo algunas, por si quieres comprobarlo por ti mismo, aunque en su libro encontrarás muchos más ejemplos, tenemos:
Pinturas:
• Madonna del Buon Convento, pintada en 1295 por Duccio.
• Óleo del siglo XIV sobre madera realizado por Paolo Veneziano.
• Icono de la Madonna de Oumelenije.
• Fresco de la Iglesia de Čajniče que muestra a La Virgen de Peribleptos.
• Icono pintado sobre madera del siglo XII titulado Madonna con el Niño.
• Iconos bizantinos, mosaicos, en el Icono Akathist del siglo VII…
Esculturas:
• Notre Dame de Vernouillet.
• La Virgen de la Llana de Soria, la Virgen Negra de Marsat.
• La Notre Dame de la Ronde de Chazeuil.
• La Virgen Negra de Auvergne.
• La Virgen Negra de Dorres.
Todas ellas muestran a vírgenes con manos descomunales.
Antiguo icono ucraniano sobre madera de Madonna con niño. En él puede apreciarse la desproporción anatómica de los dedos.
Algunos autores atribuyen esta extraña coincidencia a la representación del signo de Tauro, asociado con la iconografía de la diosa madre y su hijo-amante.
Su investigación fue más allá y estudió la representación de otras diosas madre de la Antigüedad.
Tras estudiar imágenes de la diosa fenicia Astarté, encontrada en las excavaciones de Cástulo, en Jaén, de finales del Neolítico, diversas esculturas de diosas minoicas, la estatuilla Isis amamanta a Horus, del año 2040 antes de Cristo, representaciones pictóricas de la diosa Artemisa etrusca, esculturas sumerias de la diosa Inanna encontradas en la ciudad siria de Mari, La Dama de Auxerre y la diosa Hathor fenicia, entre otras, descubrió tres rasgos distintivos que se repetían:
• Estas diosas eran representadas con frecuencia con unas manos extremadamente largas.
• A menudo se las representaba cubiertas con atuendos en forma de red, cuadrícula, estampados romboidales o pequeñas esvásticas.
Según este autor, esta simbología está asociada a la idea de «La hilandera universal», arquetipo de deidad que teje el hilo de la vida y crea la red que conecta todas las cosas.
Esta Diosa Madre universal, la Madre Naturaleza, la Madre Tierra, era adorada ya en el Paleolítico como la «Hilandera del universo».
Hay teorías que exponen que las sociedades humanas en su origen fueron matriarcales. En ellas se adoraba a diosas femeninas, por su capacidad de dar la vida, que es el don más divino que existe.
Durante un tiempo, dichas divinidades incluso coexistieron con las deidades de las más modernas religiones monoteístas de dioses masculinos. La diosa Aserá de los cananeos coexistió durante siglos con el mismísimo Yahvé en el templo de Jerusalén, sin ir más lejos.
Sin embargo, alrededor de dos mil años antes de Cristo, hacia finales de la Edad del Bronce, estas religiones monoteístas masculinas acabaron imponiéndose, denigrando todo el concepto de lo femenino, asociando a la figura de la mujer todas las connotaciones negativas y misóginas de debilidad, ineptitud, cobardía, e imponiendo así una cultura basada en la violencia y la dominación, que relegó a la «Diosa Blanca» del Paleolítico a un segundo plano.
Parece ser que esta Diosa Madre consiguió pervivir en nuestra cultura subyugándose a estas deidades masculinas, al adoptar el papel de la Madre de Dios, pero manteniendo su identidad original mediante esta simbología, como si se ocultara bajo diversos disfraces para permanecer siempre a nuestro lado, sin ser del todo olvidada.
Vemos por lo tanto que son varias las entidades a las que se ha considerado «dioses», y que las relaciones entre ellas no han sido necesariamente cordiales.
Estas similitudes entre diosas de todos los tiempos no han escapado a otros investigadores.
Carlos Canales y Jesús Callejo resumen los aspectos de la fenomenología relacionados con las apariciones marianas en un conjunto de grandes temas comunes que se repiten en todas ellas, a saber:
• La conversión de los pecadores.
• La necesidad de rezar el rosario.
• El arrepentimiento de los pecados.
• La obligación de construir un santuario.
• Profetizar algún acontecimiento futuro con tintes sombríos.
• Sanar a enfermos y tullidos.
• Producir algún fenómeno lumínico y oloroso.
Y por si no bastara, afirman lo siguiente:
Si estas manifestaciones no se producen para hacernos un bien o un daño deliberado ¿para qué entonces? Todo indica que las apariciones que están detrás de esa «obra de teatro sobrenatural» persiguen aprovecharse de la energía emanada por los seres humanos sumidos en determinados estados de conciencia [...].
El ufólogo Guilbert Cornu intentó demostrar que existe una correlación estrecha entre las visiones de la Virgen y los avistamientos ovni. Cornu toma 230 casos de visiones que se suponen ocurrieron entre 1928 y 1975 y los transporta a un gráfico, junto con estadísticas de objetos volantes no identificados durante el mismo período. De esta manera observa que existen unos paralelismos sorprendentes.
Algunos investigadores, como Paul Thomas, incluso llegan a encontrar paralelismos entre los avistamientos ovni y las danzas del sol que acompañan frecuentemente a las apariciones marianas, discos planos de luz que brillan, zigzaguean en el cielo y lanzan destellos multicolor.
Como vemos, tanto Dios como la Virgen no están exentos de sospecha, y parecen ser manifestaciones de algo mucho más antiguo que juega con nosotros a un juego cuya lógica se nos escapa, adoptando ante nuestros ojos diferentes formas en función de nuestro contexto histórico y sociocultural.
Por lo tanto, nos hallamos en un universo multidimensional cuyas dimensiones están constituidas por cuerdas que vibran a determinada frecuencia.
Así pues, sería lógico pensar que la materia de esos seres de otras dimensiones, compuesta por partículas subatómicas, que tienen una frecuencia de vibración determinada, de existir, como parece que es el caso, vibraría también en la misma frecuencia de esas otras dimensiones.
Cabría también plantearse el hecho de que si uno de estos seres, ya fuera intencionalmente o por las características del entorno, pudiera adaptar dicha vibración de su materia a otras frecuencias, quizá podría aparecerse en dimensiones paralelas, como las cuatro (alto, ancho, profundidad y tiempo) que habitamos nosotros.
Esto encajaría con ciertas teorías esotéricas que nos hablan de diversos niveles de existencia con vibraciones más altas o más bajas.
De acuerdo con estos saberes ancestrales, los seres más evolucionados espiritualmente tienen una «vibración más alta» y habitan en «niveles vibratorios» (o dimensiones) más elevados o superiores, mientras que los seres menos evolucionados, más apegados a lo material, las pasiones y los instintos, vivirían en niveles vibratorios inferiores al humano, siendo normalmente criaturas bastante desagradables e incluso peligrosas para el ser humano.
Es curioso que, en parasicología, se usen los ultrasonidos, que son ondas de alta frecuencia (por lo que se podría afirmar, haciendo una extrapolación a esta «jerga espiritual», que se trata de vibraciones elevadas) para ahuyentar fantasmas, y que, por otro lado, se haya demostrado que los infrasonidos (ondas sonoras de baja frecuencia /vibraciones bajas o densas, por analogía) causen en el cerebro humano efectos parecidos a las sensaciones que dicen sufrir quienes han sido testigos de apariciones fantasmales o han presenciado fenómenos anómalos en casas encantadas; a saber: sensación de ver figuras sombrías por el rabillo del ojo, sensación de ser observado por una presencia, miedo, escalofríos, etc.
Esta idea será desarrollada en detalle más adelante, pues la considero fundamental para entender la naturaleza de algunos habitantes de estos otros mundos con los que a veces ciertas personas han tenido la mala suerte de cruzarse y que, si sigues leyendo, estás a punto de conocer...
6. EVIDENCIAS DISPERSAS
Permíteme, lector, que, de nuevo, comience este capítulo caminando a hombros de gigantes, citando a los antes mencionados Jesús Callejo y Carlos Canales.
Estos magníficos investigadores, con la sabiduría y erudición que les caracteriza, compendian en su libro Seres y lugares en los que usted no cree todas (o casi todas) las entidades de otros planos con las que podemos toparnos y que en este libro nombramos como «seres extradimensionales», de las cuales me centraré solo en algunas, pues un estudio completo de todas resultaría inabarcable.
De acuerdo con estos autores, este catálogo de lo anómalo y lo extraño se compondría de:
• Extraterrestres que nos visitan de planetas cercanos o lejanos al nuestro.
• Seres de otras dimensiones
• Intraterrestres y habitantes de los mundos internos y subterráneos.
• Entidades demoníacas, luciferinas y religiosas.
• Seres humanos recién fallecidos que no acaban de despedirse de este plano, llamados desencarnados o fantasmas.
• Formas de pensamiento que flotan en el éter procedentes del aura planetaria.
Todo esto podría quedar relegado al ámbito de la superstición o la religiosidad de no ser porque múltiples testigos afirman haber tenido experiencias relacionadas con estas criaturas extradimensionales.
Esto demuestra que algún tipo de fenómeno hay, bien sea explicable o inexplicado. Eso tendrás que juzgarlo tú, pues la abundancia de los casos es llamativa.
Comenzaré por un caso clásico del que hubo muchos testimonios, y que nos indica que este es un fenómeno que ha ido dejando evidencias dispersas a lo largo y ancho de nuestro planeta en épocas recientes, lo que lo hace medianamente contrastable al no estar perdido entre las brumas de la historia.
El inefable hombre polilla
Si eres aficionado al misterio conocerás el caso.
Si no, quizá te suene por la película de 2002 que protagonizó Richard Gere, y que, aunque mucha gente lo ignora, no es una película de ficción, sino que se basa en hechos reales, aunque estos fueron dramatizados y guionizados.
Los acontecimientos que dieron lugar al guion se extrajeron del libro Las profecías del Mothman, escrito por el ufólogo e investigador de lo paranormal John Keel.
Al ser un caso clásico, hay mucha información disponible, por lo que te haré un breve resumen de los eventos que dieron lugar a lo que se ha convertido en uno de nuestros mitos contemporáneos.
El 15 de noviembre de 1966, dos matrimonios que se desplazaban juntos en el mismo coche denunciaron a la policía de la localidad estadounidense de Point Pleasant, en Virginia Occidental, que su coche había sido perseguido por un humanoide alado de más de dos metros de altura que tenía ojos rojos, y que les siguió insistentemente a pesar de que huían de él a más de 150 kilómetros por hora, según afirmó la testigo Linda Scarberry.
Esta señora incluso afirma (y lo sigue manteniendo) que durante la persecución podía oír cómo las alas de la criatura golpeaban el techo del coche.
Te puedes imaginar la cara de los policías que estaban de guardia en la comisaría.
Todo hubiera quedado como un intento de broma o una alucinación fruto de una noche loca coronada por el consumo de drogas recreativas si no fuera porque los testimonios se fueron multiplicando como setas en el período que transcurrió desde ese día hasta el 15 de diciembre del mismo año.
En este lapso se recogieron cerca de un centenar de encuentros con el Mothman.
Todos los testimonios coincidían en describir a la criatura con algunas características comunes: un ser de más de cien kilos, con la forma de un humanoide fornido, con alas de gran envergadura, entre tres y cuatro metros, una altura de más de dos metros y un pelaje ralo grisáceo u oscuro.
La característica más inquietante eran sus ojos rojos, que refulgían en la oscuridad.
La criatura demostró poder volar más rápido que cualquier animal conocido y, según algunos de los testigos, podía emitir un potente grito agudo capaz de inducir mareos y vómitos en quienes lo escuchaban.
Los escépticos trataron de explicar el fenómeno como el avistamiento de un búho (eso sí, crecidito), una grulla canadiense (que tendría que haber sido aficionada a inyectarse esteroides para encajar con la descripción) o algún extraño animal mutado por la radioactividad.
También hubo quien, en un afán folclorista, atribuyó estos fenómenos a una maldición secular lanzada por el jefe Hokolesqua, de la tribu de los shawnee, después de que los colonos blancos de la zona se la jugaran.
El fenómeno se vio acompañado de otras anomalías, como visión de extrañas luces en el cielo que fueron interpretadas como ovnis, o el hecho de que la periodista local Mary Hyre afirmara que, al investigar el caso, había empezado a ser acosada por los clásicos y enigmáticos hombres de negro que se asocian frecuentemente a los casos ufológicos.
Aunque lo lógico habría sido espantarlo con una bola de alcanfor de dimensiones megalíticas, no fue así como terminó el fenómeno.
En su lugar, la actividad de este críptido terminó cuando el puente de Silver Bridge se hundió el 15 de diciembre del mismo año, ocasionando la muerte de 46 personas.
Todo podría haber quedado como un extraño caso de histeria colectiva, de no ser porque el Mothman volvió a aparecerse en otros puntos del globo.
Algunos investigadores encontraron un antecedente al fenómeno en un desastre acaecido en China en 1926. El 19 de enero de ese año la presa Xiaon Te Dam, una de las más grandes del mundo, se derrumbó y causó unas 15 000 muertes.
Algunos testigos aseguraron haber presenciado la aparición de una criatura por los alrededores de la presa a la que denominaron «el hombre dragón».
Asimismo, en los días previos al terremoto que tuvo lugar en Chicago en 1951 varios habitantes afirmaron haber visto por el río Michigan un gran ser de color grisáceo que sobrevolaba los edificios de la ciudad, a modo de siniestro augurio.
Existen fuentes no contrastadas, por lo que habría que poner esta información en cuarentena, que afirman que, en el período entre 1976 y 1978, al menos seis personas vieron lo que se denominó «el hombre-búho de Cornualles».
Según los testigos, la criatura que se dejó ver por la región homónima de Inglaterra, en las cercanías de la localidad de Mawnan, respondía a la descripción de un búho peludo de tamaño monstruoso y ojos oblicuos y rojos, que bien podría ser el primo británico del Mothman.
También dentro de este período, la mañana del 10 de septiembre de 1978, unos mineros que se disponían a entrar en una mina de carbón en Friburgo, Alemania, se encontraron el acceso a la explotación bloqueado por una extraña criatura que extendía sus enormes alas.
Bravos por naturaleza como son los alemanes, los testigos aseguran que algunos de los obreros intentaron avanzar hacia la criatura, porque no hay nada que le dé más coraje a un alemán que el que le bloqueen el paso en cualquier tipo de vía o acceso, pues supone romper una norma cívica, y ya sabemos que para las normas son muy suyos, y esto lo he experimentado en mis carnes cuando vivía en Alemania.
Me puedo imaginar al enorme señor rubicundo con la intención de aproximarse a escasos metros de la criatura para, a continuación, detenerse dedicándole una mirada de desaprobación, que es como te indican que quieren pasar.
El caso es que es que no pudieron realizar tan alemana maniobra, porque la criatura comenzó a soltar berridos tan agudos que los paralizó.
Estos gritos fueron descritos como el ruido que hace un tren al frenar.
A las ocho de esa misma mañana la mina se incendió. De no haber sido por la filial alemana del Mothman veinte personas habrían perecido en la catástrofe.
Posteriormente, en abril de 1986, este misterioso personaje haría su aparición ni más ni menos que en la central eléctrica nuclear Memorial Vladímir Ilich Lenin, en Chernóbil, o al menos así lo afirmaron doce de sus trabajadores, que describieron el avistamiento de un extraño ser grisáceo, una forma abigarrada que parecía no tener cabeza y que poseía un par de brillantes ojos rojos.
Los avistamientos, siempre según los testigos, tuvieron lugar antes de la explosión que acaeció la mañana del 26 de abril de 1986, en la que murieron treinta personas.
La radiación se cobraría con posterioridad otras diez víctimas.
Y se ve que el Mothman está on fire, porque sus apariciones no cesan ahí.
De acuerdo con el programa televisivo Monster Quest, del History Channel, en 2006 tuvo lugar un avistamiento en Lacrosse, Wisconsin. Awohali, un descendiente de los cherokee con toda la pinta de Gandalf el blanco, cayado incluido, fue perseguido por una criatura con alas de cuatro metros de envergadura y pelo gris mientras conducía junto a su hijo.
El testigo la describió como un hombre murciélago que, antes de dejar de perseguirlos, emitió un chillido agudo que les causó náuseas.
Según una leyenda del folclore local, hay criaturas aladas que viven en la montaña Trempealeau, situada en el condado del mismo nombre, al norte de Lacrosse, una región de este Estado, donde se han registrado avistamientos desde hace más de un siglo.
En dicho programa también citan, aunque no indican la fuente, avistamientos del Mothman en Nueva York antes del atentado del 11 de septiembre de 2001; en México, antes del brote del virus H1N1 de la gripe A, en el que fallecieron 103 personas, y un mes antes de la caída del puente de la carretera 35 interestatal en Minnesota, en 2007.
En agosto de 2009, en Sacramento, California, el fotógrafo Lamont Greer afirmó que había visto una criatura similar al Mothman en lo alto de un puente, pero que se marchó a gran velocidad, por lo que no le dio tiempo a fotografiarla, mira tú por dónde.
Según el portal de noticias online El Mejicano, en un artículo escrito para el periódico El Heraldo de Chihuahua por el periodista Jesús Manuel Ruiz Sánchez, el 6 de marzo de 2009 Humberto Erivez Cera, de veintitrés años de edad, afirmó haber sido perseguido mientras conducía por un ser que respondía a la siguiente descripción:
Es enorme, sus dos alas abiertas están casi de lo ancho de los dos carriles de la carretera, tiene pelo en la cara, ojos grandes y tiene una especie de bulto a la altura de la frente, parece humano, pero como que no tiene cuello, no se parece en nada a un murciélago.
El avistamiento más reciente data de 2013, y tuvo lugar en Santiago de Chile, donde un testigo lo relató para el programa de televisión Mañaneros, de la cadena La Red, que por el tonillo del presentador diría yo que es similar a nuestro España directo.
La descripción que ofreció el testigo es la de una criatura de dos metros y de largas alas, que sobrevolaba el parque Bustamante de Providencia.
Otros testigos lo vieron ese mismo día en diferentes zonas de la ciudad.
Con semejante trayectoria, no es de extrañar que, más que de color gris ceniza, se describa a esta criatura como cenizo, porque su presencia parece ir acompañada de eventos trágicos, igual que la de la gafe epic level Jessica Fletcher, personaje de ficción de ominosa presencia que protagonizara la serie Se ha escrito un crimen.
Sin embargo, hay quienes piensan que precisamente lo que intenta este esperpéntico ser es advertirnos con su presencia de que sucederá algún acontecimiento trágico, como si fuera una especie de Lassie del ultramundo.
Seres extradimensionales en el islam
Esta aparición de misteriosas criaturas no solo se limita a la existencia de este archiconocido críptido.
En mi investigación he vivido la impactante experiencia de recoger testimonios directamente de testigos que para mí son totalmente fiables, algunos de ellos personas de mi entorno más cercano, que tuvieron otros encuentros con lo absurdo.
Tras publicar mi primer libro sobre estos temas, Lo poco que sé del misterio, muchas de las personas de mi entorno y otras que lo leyeron se animaron a contarme sus propias experiencias con lo extraño.
El más reciente de estos testimonios lo recopilé una semana antes de escribir estas líneas.
Un conocido de un familiar, al que llamaré P. E. G., para salvaguardar su intimidad, me contó un par de historias chocantes.
Cuando le interrogué respecto a su opinión sobre estos temas, me contestó que era pragmático y racionalista, pero que era consciente de que a veces había cosas que escapan a cualquier explicación lógica.
Cuando le pedí que me pusiera algún ejemplo, pues me interesaba calibrar qué experiencias podían desafiar su talante escéptico, me contó que sus suegros, durante un viaje a Gabón, habían presenciado un juicio popular.
Al parecer, los habitantes del pueblo donde estaban habían detenido a una persona acusándola de un robo.
Para comprobar si era verdad, apareció un hombre.
Mientras el resto de la concurrencia retenía al supuesto ladrón, este hombre ató una cuerda con un nudo de horca al cuello del supuesto criminal y realizó un extraño ritual derramando la sangre de un pollo.
El hombre dijo que, si era culpable, los espíritus lo sabrían y harían justicia.
Según me contó P.E.G., su suegro afirmó que, ante sus sorprendidos ojos, la cuerda se tensó en el aire como si estuviera siendo izada por manos invisibles y el hombre empezó a ser ahorcado.
A pesar de no dar crédito a lo que veía, el suegro de mi testigo salió de entre la multitud rogando que pararan aquel juicio que iba camino de convertirse en una ejecución.
P.E.G. me confesó que interrogó con incredulidad a su pariente, pero ante la insistencia de este y su esposa en jurar que lo vieron con sus propios ojos, no pudo hacer otra cosa que aceptarlo como uno de esos encuentros con lo inexplicable.
Una vez definidas las bases de su rasero para estos temas, procedió a contarme su propia experiencia.
Él, que es de nacionalidad francesa, residió durante muchos años en la colonia marroquí de Alhucemas.
A principios de los años setenta, no pudo concretar la fecha exacta, viajaba en coche hacia la localidad de Chichaoua acompañado de otro ciudadano francés y de un marroquí, ambos compañeros de trabajo.
Él era el conductor
Viajaban de noche. En un momento determinado, mientras atravesaban un páramo entre poblaciones, un erial baldío, el compañero marroquí comenzó a referir que por aquella zona la gente se había encontrado con la Aisha Kandisha, una especie de espíritu malvado del folclore marroquí, un ser legendario que se aparece cerca de las fuentes de agua o los caminos y que intenta seducir a los hombres o, según las versiones del mito que consultes, hacerles daño.
También es usada con los niños como si fuera el Coco o el Hombre del saco.
P.E.G., haciendo gala de su escepticismo, le recriminó a su acompañante que aquello no eran más que supersticiones y tonterías.
A pesar de las protestas del conductor, el marroquí insistió y le reprochó su incredulidad.
De repente, como surgido de la nada, apareció un ser de pesadilla.
El testigo lo describió como una mujer muy alta, de más de dos metros, delgada hasta el extremo de lo desproporcionado, y que tenía, y cito textualmente, «cara de espanto».
La aparición sostenía en las manos un hacha y se lanzó hacia el coche intentando golpearlo.
Nuestro testigo reaccionó instintivamente esquivándola con un volantazo que casi les hace tener un accidente.
El súbdito marroquí comenzó a reprenderle, diciéndole que lo que se les había aparecido era la Aisha Kandisha para castigarlos por su incredulidad.
Continuaron conduciendo en silencio hasta que, al llegar a Chichaoua, tuvo que parar y tomarse un té, pues le temblaban las manos.
Los tres comentaron el suceso. Los tres lo habían presenciado. Cuando el otro francés preguntó a P.E.G qué creía él que había sido, este le dijo que no lo sabía, que era muy raro.
Con la frialdad que da la distancia en el tiempo, me confesó que, aunque intentó racionalizar aquel extraño encuentro, pensando que sería una loca que se había escapado de algún sitio, su propia racionalidad le indicaba que aquello carecía de lógica.
Una mujer sola de madrugada era algo bastante infrecuente en el contexto sociocultural de Marruecos en aquella época.
El hecho de que estuviera en mitad de la nada tampoco contribuía a aclarar los hechos, pues no había ninguna razón plausible para que nadie anduviera en mitad de aquel lugar desértico a aquellas horas.
El que la mujer llevara en las manos un hacha y les atacara sin razón, como salida de la nada, convertía el suceso en algo inquietante.
Si a esto le sumamos las extrañas características anatómicas de la agresora, su altura excesiva y su constitución famélica, el asunto cobraba tintes grotescos.
A priori, aplicando el principio de la navaja de Ockham e ignorando la coincidencia en el tiempo entre la conversación sobre este ser y esta extraña aparición y el resto de los extraños factores, podría parecer que solo se trata de un encuentro con una persona un tanto peculiar, pero el siguiente testimonio, que también involucra a esta «señora», adquiere ya tintes más extraños.
Hay personas cuyas vidas parecen marcadas por el misterio. El siguiente testigo es una de ellas. M. M. es una persona de mis círculos más cercanos, nacido en la colonia española de Alhucemas.
En sus años de juventud en esta tierra tuvo un par de episodios que procedió a contarme al saber que estaba interesado en estos temas.
El primero sucedió una noche subiendo del puerto de Alhucemas al pueblo, allá por 1965.
M. M. iba en su coche junto con otras cuatro personas cuando la carretera se vio alumbrada por una potente luz que venía de arriba, tan potente que detuvieron el coche y se bajaron a observar qué era.
Entonces el testigo y sus acompañantes vieron un objeto circular que emitía una luz centelleante e intermitente, de colores rojo, amarillo y azul.
El extraño objeto describió círculos sobre el coche y salió volando a gran velocidad.
La experiencia fue tan impactante que uno de los presentes se orinó encima.
Pero al llegar al pueblo decidieron, como suele ser frecuente en estos casos, no relatar nada a sus padres, por miedo a que les reprendieran por contar cosas extrañas que se salían de lo común o a ser objeto de burla en el pueblo.
Curiosamente, hace poco volví a ver Encuentros en la tercera fase, y la descripción que da el testigo coincide sorprendentemente con los ovnis que vuelan por una carretera en una de las escenas, emitiendo luces justo de los colores descritos por mi testigo.
Estamos hablando de una película que se rodaría doce años más tarde, por lo que el testimonio es anterior, pero es bien sabido que Spielberg se documentó extensamente sobre el fenómeno ovni para rodar esta película, en la que uno de los personajes se inspira en el famoso ufólogo Jacques Vallée, que además fue uno de los asesores de Spielberg en este filme.
Posteriormente, supieron que otras personas que estaban despiertas a esas horas, concretamente unos pescadores, también habían visto luces extrañas en el cielo.
Pero no fue este el único encuentro que tuvo M. M. en su tierra natal.
Aunque, como hemos visto, muchos investigadores relacionan el fenómeno ovni con los seres extradimensionales, en 1971 este testigo sufrió otra experiencia que casa mejor con lo que se expone en este capítulo.
M. M. regresaba a Alhucemas desde Tetuán por la noche en su turismo Simca 1100.
Había viajado a esta población para realizar unas gestiones en el consulado español, junto con otros cuatro españoles, también vecinos de Alhucemas.
En un momento del viaje se encontraron un control de carretera, en el que les avisaron de que no continuaran por esa vía.
Acababan de cortar la carretera debido a una nevada.
Conocedor de la zona como era, el protagonista de nuestra historia sabía que, si acababa de empezar a nevar, la nieve sería todavía nieve en polvo, al no haber dado tiempo a que se compactara.
Esto significaba que la carretera seguía siendo transitable, así que, tras consultar con sus acompañantes, decidieron tomar un desvío para eludir el control y continuar su viaje.
Cuando pasaban a la altura de la población de Ketama vieron en la cuneta a una mujer muy hermosa, sola, de pie, en mitad de la noche nevada.
M. M. transmitió a sus acompañantes su intención de parar para ver qué le pasaba a la mujer, porque, de nuevo, era anómalo que se encontrara allí sola, en mitad de la nada, bajo la nevada.
Sin embargo, uno de sus acompañantes empezó a ponerse nervioso. Según él, podía tratarse de la Aisha Kandisha, pues había oído a muchos lugareños comentar que se les había aparecido de noche en la carretera, y que adoptaba la forma de una mujer muy hermosa, pero que tenía patas de cabra.
El hombre se exaltó hasta tal punto que hizo dudar a M. M. sobre la conveniencia de parar para asistir a la viandante, por lo que, mientras se decidía, aminoró la velocidad al pasar a la altura de la mujer.
Mientras me contaba lo que te transcribiré a continuación, me enseñó su antebrazo, y pude constatar que, recordándolo, todavía se le ponía la piel de gallina a pesar de haber transcurrido más de cuarenta y cinco años del encuentro.
Porque, una vez vio más de cerca a la mujer que, parada de pie en mitad de la carretera, les saludó con la mano al pasar, se dio cuenta de que era una chica muy guapa, con un hermoso cuerpo, vestida con una túnica blanca que le llegaba hasta la rodilla, motivo por el que pudo ver que, aquel ser, tenía patas de cabra.
M. M. afirma que esta entidad estaba rodeada de una especie de aura dorada que impedía que la nieve la tocara, manteniéndola impoluta.
Por supuesto, y como es natural, al reparar en estos detalles desistió por completo de recogerla y aceleró peligrosamente, poniendo kilómetros de por medio entre ellos y la extraña figura.
De nuevo otro caso en el que todos los ocupantes del coche vieron a este extraño personaje.
Lo que me resulta llamativo de los dos casos que implican a este mito islámico es que a los colonos se les apareciera como Aisha Kandisha, cuando en realidad, aunque residentes de Marruecos, en teoría su base cultural era judeocristiana.
Es cierto que en nuestro propio acervo cultural tenemos leyendas y criaturas similares.
Lorenzo Fernández Bueno, en su libro La España maldita, aporta prueba de ello a través de la historia de José Pancho Campo, un habitante de la localidad extremeña de Garganta la Olla que en 1948 tuvo un encuentro muy particular.
Mientras transitaba por los montes en la oscuridad de la noche lo sorprendió un aguacero, lo que le indujo a guarecerse en un refugio para el ganado que había en mitad del monte y a encender una hoguera.
Tras unos minutos en el refugio oyó un ruido extraño en el exterior y, al salir para comprobar qué era, se encontró con una persona de baja estatura vestida de negro.
Pensando que era una monja, la invitó a entrar al refugio. Tras avivar el fuego hizo un descubrimiento impactante: bajo las ropas negras aquel ser tenía unas patas de animal rematadas por pezuñas de cabra.
El cabrero profirió una exclamación en el nombre de Dios, pues pensó que se trataba de una manifestación del mismo demonio, y la criatura huyó corriendo. El investigador comprobó la existencia real de este hombre y contrastó con sus descendientes la historia.
Las coincidencias con los dos testimonios antes citados, salvando las diferencias culturales, no dejan de ser curiosas.
Sin embargo, M. M. asimilaba este extraño encuentro, a su entender, a una transposición cultural del fenómeno de la chica de la curva.
Esta es una hipótesis interesante pues, si bien es cierto que en muchos casos de avistamientos de «chicas de la curva» se puede identificar la identidad de la aparición como una persona concreta con nombres y apellidos que falleció en dicho punto, quizá, en los casos en los que esta condición no se cumple, estaríamos hablando de la misma manifestación de este ente milenario, aunque parece poco probable, dadas las características de «Aisha» que veremos a continuación, y que la diferencian bastante de este fenómeno.
¿Quién o qué es Aisha Kandisha?
Juan Román, en su libro El mundo invisible de los Yenún, recopilación etnográfica de leyendas de la zona del Rif, recoge esta leyenda sobre el misterioso personaje:
Extrañas cosas las que suceden en este invierno en el poblado. La lluvia ha sido mucha y la tierra y los campos están empapados.
Extraños visitantes nos frecuentan.
Ali encontró en los parajes, casi podridos de tanta agua, una hermosa mujer que, revolcándose en la paja, mostraba sus pies de cabra y sus tobillos pelosos. Antes de que reaccionar pudiera, Aisha Kandisha —que no era otra la tal— se abalanzó sobre él, le estrujó el cuello hasta asfixiarlo y lo llevó después despedazado a su mundo subterráneo donde terminó de devorarlo tranquilamente.
Su mujer lo esperaba aquella noche junto a la ventana del porche. La lluvia era incansable y la oscuridad tan densa y obstinada que el candil apenas llegaba a parecer una calabaza.
Oyó ruido en el desván y creyó ver a su marido entrar por el muro del corral. Creyó igualmente reconocerlo aunque lo encontró muy extraño. Sus ojos parecían encendidos por una luz opaca y rajados en vertical como los de los gatos.
En este mismo volumen, Román describe a la Aisha Kandisha como un yin (o jina) que toma la forma de una mujer bellísima, casi siempre rubia, con largas melenas y patas de cabra que aparece cerca de las fuentes y seduce a los hombres haciéndolos enloquecer.
Yenún es el plural de yin.
Los yin, djinnas o jinas, según el Corán, son los seres sobrenaturales e invisibles que Dios creó antes de poner al hombre sobre la tierra. La sura IV del Corán dice que el yin ha sido hecho de fuego sin humo. A su vez, la sura XVIII dice que los yenún derivan de Satán y los demás demonios. Se les considera portadores del mal, peligrosos y maliciosos.
La leyenda de Aisha Kandisha se cuenta en las largas noches de invierno, desde Tánger hasta el sur de Marruecos, para asustar tanto a niños como a mayores.
Así nos describe la leyenda Abdellatif Bouziane en su blog sobre Marruecos Tánger express:
Por las noches sin luna nadie debe aventurarse solo, en aquellos bosques abiertos y solitarios que bordean las playas del Mediterráneo o del Atlántico, sobre todo si es joven o casado.
Te encontrarás delante de una mujer tan bella y fascinante que te sentirás atraído y obligado a seguirla, pero, sobre todo, no debes olvidar proveerte de un arma, no importa cuál, pero debe estar bien afilada ya que sus pies terminan en pezuñas, unas veces de cabra, otras veces de camella y otras, incluso, en uñas como las de una gallina. Delante de ella no debes sucumbir a su encanto irresistible. Su aparición es mágica. Su belleza incomparable. Su cabello es del color del fuego dejándose caer sobre sus blancos hombros desnudos, pues apenas va vestida. Se acerca y te susurra al oído, con voz baja y seductora, repitiendo varias veces tu nombre, su próxima víctima a quien parece que conoce, e incluso se atreve a recordarte algún detalle secreto de tu vida, como lo infeliz que empiezas a sentirte en tu familia, cayendo rápidamente bajo sus encantos. Y la sigues al más allá, inconsciente de lo peligrosa que es: ¡No volverás a reunirte jamás con los tuyos!
[...]
Aisha Kandisha es un personaje carnal, atemorizador, un ser de ultratumba, a veces vestida de novia con relucientes caftanes, a veces semidesnuda, incluso se la puede ver sobre la superficie del agua. Es una genio poderosa que aparece, incluso en las noches sin luna, alrededor de los pozos o en los callejones más oscuros de las medinas. Seduce a los viajeros desprevenidos que quedan perdidamente enamorados de ella, y «perdidamente» significa que caen en sus manos de un modo enfermizo, melancólico y depresivo.
[...]
A los pequeños les causa tal pavor que solo el nombrarla les induce a terminar rápidamente la cena, a portarse bien y a ir a dormir sin rechistar. Aisha Kandisha es una atractiva djinn, es el personaje más fascinante que recuerdo actualmente, con una mezcla de temor, cariño y nostalgia al mismo tiempo. Es uno de los mitos más antiguos del Magreb, a través del cual el poder de la mujer sobre el hombre destaca, al igual que en todos los relatos maléficos de la mitología.
[...]
Aisha Kandisha es también llamada popularmente Lala Aisha, Aisha Sudaniya o Aicha Elgnauia. Su figura aparece en varios rituales y actos folklóricos de gnawa, isawa, jillala, hmatcha e incluso en algunos actos de tuareg y beréberes del norte y del sur de Marruecos. Su música y su baile llevan a las personas al trance, y a moverse hasta perder la conciencia. Era una mujer cautivadora y fascinante, pero a la vez temible. También es considerada como una sagrada prostituta, seductora incansable. Aisha Kandisha es una realidad social, es una figura compleja que condensa no solamente los fantasmas masculinos proyectados, sino también los fantasmas femeninos reflejados bajo el prisma figurativo de la fatal belleza, rivalidad invisible y atracción embrujada que hace perder la cabeza a más de uno.
Yo nunca la he visto, pero recuerdo que mi madre me contó y me confesó, en varias ocasiones, una de sus historias. No estoy seguro de si fue a un amigo o a algún familiar lejano; es la historia de un músico de la orquesta andalusí de Tánger, al que de vuelta a su casa de madrugada, después de tocar con su grupo en la celebración de una boda, alrededor del campo de fútbol de Marshan, le abordó una bellísima mujer y cautivado se dejó llevar. Más tarde se dio cuenta de que las piernas de tan bella mujer eran de cabra: era Aisha Kandisha. Se llevó tal susto que se desmayó perdiendo el conocimiento. Se despertó en la cama de su casa sano y salvo sin saber más nada de aquel fugaz encuentro, pero él ya estaba «habitado», endemoniado. Había perdido la razón. Se quedó trastornado y seguramente enamorado de ella para el resto de su vida. Jamás volvió a tocar con sus compañeros. Desde entonces cumplí a rajatabla el consejo de mi madre: «Evita andar solo por la vida de noche».
Digo yo que, a lo mejor, también tiene este mito algo que ver con la zoofilia, porque por muy guapa que sea de cintura para arriba, muy desesperado hay que estar para entrarle a una mujer con patas de cabra...
Lo más curioso de la leyenda de la Aisha Kandisha es que se sabe cuál es su origen histórico.
Para algunos historiadores, el origen de la leyenda de la Aisha Kandisha se remonta a la llegada de los musulmanes al norte de África, concretamente la región de Tánger en el año 712.
La génesis de este mito surge del episodio histórico en el que el conde don Julián ofreció su ayuda al militar árabe Tarik Ibn Ziad para conquistar España, aprovechando las querellas internas de los godos con los cristianos.
Tarik impuso como condición para aceptar la alianza que el conde español dejase a su hija en poder de los árabes como garantía en contra de posibles traiciones.
La condesa fue instalada en una casa cercana a la playa y, dado que ese fue un verano muy caluroso, todas la noches se bañaba en el mar, llamando la atención de todos los habitantes del lugar, que debían de estar muy aburridos, pues siempre acudían a contemplar a la mujer cristiana bañarse en la playa.
A lo mejor se creían que eran «los vigilantes de la paya».
Chistes malos metidos con calzador aparte, lo cierto es que a ese lugar se le conoce actualmente como La Condesa.
Dice esta versión histórica que los lugareños comenzaron a llamarla «Aisha, la Condesa», que con el paso del tiempo se transformó, popularmente, en «Aisha Kandisha» como una derivación de la transcripción fonética de la palabra condesa.
Otro supuesto origen histórico atribuye la versión real de la leyenda de Aïcha Kandicha, que también así se la llama, a una mujer que participó en la resistencia contra la invasión de los portugueses del siglo XVII según unas fuentes, en el siglo XVI según otras, situándola cerca de Essaouira.
Se trataba de una joven que había sido violada por los soldados portugueses tras perder a toda su familia durante la invasión. Al no tener más armas que su belleza, la utilizaba para seducir a los soldados y después los mataba.
Otras versiones, sin embargo, afirman que la Aisha Kandisha es una extensión del mito hebreo de Lilith, la primera mujer de Adán, anterior a Eva, que abandonó el paraíso al considerar que Adán no la trataba como una igual. Según el mito, se refugió en el mar Muerto, adonde fueron a buscarla los ángeles para que volviera. Como se negó, Dios la castigó matando a sus hijos, motivo por el que desde entonces rapta a los niños de sus cunas para vengarse y mata a aquellos menores de ocho días que no estén circuncidados. También tiene la costumbre de seducir a los hombres en sueños.
¿Se trata entonces de un ser extradimensional que penetra en nuestra dimensión, o podría tratarse de una leyenda que ha tomado la forma de una entidad como proyección de una creencia?
Estaríamos en este caso ante un tulpa, una proyección mental individual o del inconsciente colectivo que, alimentada por la fuerza de la creencia de miles de personas, acaba tomando forma física en nuestra realidad.
Aunque esto pueda parecer improbable, más adelante analizaremos un caso que, por su cercanía en el tiempo, nos permitirá examinar mejor este tipo de fenómeno.
La única certeza que tenemos al respecto es que, para algunas personas, este mito es una realidad innegable con la que tuvieron un encuentro que nunca olvidarán.
Seres extradimensionales… ¿en el Teide?
El 17 de mayo de 2015, en el programa de radio dirigido por Iker Jiménez, Milenio 3, Isabel Santos prestó testimonio de un extraño encuentro ocurrido en febrero del mismo año en el pico del Teide.
La testigo se hallaba realizando una ascensión para coronar el Teide, que llevó a cabo en los días 16 y 17 de dicho mes.
Realizaba dicha ruta de alta montaña en las desérticas coladas de lava volcánica solidificada que forman esa zona, por encima de los 3200 metros de altitud, en un tramo conocido como El lomo tieso. La testigo y sus acompañantes vislumbraron a unos doscientos metros de distancia una silueta bastante grande, de color negro, sin ningún tipo de atuendo o equipación de montañero.
La silueta descendía deslizándose de forma anormal y con gran rapidez por una zona en la que los montañeros expertos tienen que avanzar con cuidado por el riesgo de caída.
La mujer describió a la criatura como una silueta humanoide negra que doblaba en altura a un hombre, que continuó deslizándose hasta perderse de vista.
En un capítulo posterior te explicaré qué tipo de criatura puede ser esta.
En el tramo final se cruzaron con el guarda forestal y escucharon unos sonidos a la derecha que Isabel describe como gemidos muy agudos bastante inquietantes.
Esto tuvo lugar a unos 3500 metros de altitud, a una altura de la montaña en la que no hay fauna.
Las leyendas guanches hablaban de gigantes en la zona, y fray Alonso de Espinosa en el siglo XV ya hablaba en las crónicas de que los conquistadores veían seres huidizos de gran tamaño que encajarían con esta descripción.
El investigador Nando Hernández González, autor del libro Taucho. La memoria de los antiguos, afirma que en el folclore guanche existía el concepto de «Abezan», que significaba ‘lo oscuro’ o ‘lo innombrable’, y que representaba, según el autor, a las formas energéticas del bajo astral.
Esto encaja bastante bien, como te contaré en el capítulo dedicado a la gente sombra, con la descripción de la criatura que vio Isabel Santos.
En el Teide se hablaba de la existencia de unos seres demoníacos, los tibicenas, que adoptaban la forma de enormes perros negros que se aparecían en los lugares sagrados, como si los guardaran de la presencia humana.
Según este autor, con la llegada de los primeros monjes franciscanos a Canarias, la mitología guanche incorporó el concepto del demonio. De acuerdo con esta nueva mitología, Echeide, que es como llamaban al Teide, era la puerta al infierno donde vivía el demonio de su tradición cultural, Guayota, conocido como el destructor, que manejaba las erupciones del volcán a voluntad.
Vemos, por lo tanto, cómo esta zona era ya la puerta a otros mundos en las tradiciones prehispánicas.
«Terrock» en la carretera
Me gustaría cerrar esta ronda de testimonios y evidencias dispersas con un caso que resulta llamativo por haber acontecido a unos artistas ilustres y, además, paisanos míos.
Los protagonistas contaron el caso tanto en Milenio 3, el programa radiofónico conducido por Iker Jiménez, como en su hermano televisivo Cuarto Milenio, y también fue reflejado por mi otro paisano, el investigador José Manuel Morales Gajete, en el apartado que dedicó a los encuentros en la carretera en su libro Enigmas y misterios de Córdoba.
El 1 de abril de 2012, mientras regresaban de dar un concierto, los integrantes del grupo de rock Medina Azahara tuvieron un encuentro con lo insólito.
Circulaban por la carretera N-432 y, a la altura de la localidad de Zafra, vieron una figura humanoide flotando en el arcén. Era extremadamente alta y delgada, características que a estas alturas comienzan a resultarnos algo común, y se cubría con una especie de sotana negra con capucha. La mandíbula le colgaba del pálido rostro, como si la tuviera desencajada.
Por supuesto, y en contra de lo que pudiera pensarse de unos viejos roqueros, los testigos aseguraron que no habían consumido alcohol ni ningún otro tipo de sustancia sicoactiva que pudiera servir para explicar el evento.
El encuentro con los seres adimensionales deja testimonios a lo largo y ancho del mundo, en el presente y en el pasado, que sirven como indicio para la mente avispada y libre de prejuicios de que ciertos sucesos ocurren.
Estos indicios han sido estudiados por mentes tan brillantes como el astrofísico Jacques Vallée, al que mencioné anteriormente en este mismo capítulo, un investigador que aplica métodos científicos al estudio de este tipo de anomalías pues, si bien comenzó estudiando el fenómeno ovni, acabó trazando un paralelismo entre las experiencias con supuestos extraterrestres y el resto de los eventos paranormales, y halló elementos comunes entre ellos que le llevaron a pensar que todos forman parte de algún tipo de sistema de control que busca alterar la conciencia de los seres humanos con los que interactúa, siendo percibido por estos de una forma u otra según el filtro de sus creencias personales y entorno cultural.
John Keel, otro gran investigador de estos fenómenos, pensaba que tras manifestaciones de este tipo había inteligencias que escapaban a nuestra comprensión, a las que denominaba «los imitadores del hombre».
Otros investigadores les dan otros nombres. Hilary Evans los denominó «enigma entidad»; Brad Steiger, «los embaucadores».
Estos investigadores y otros grandes pensadores como Carl Gustav Jung, Patrick Harpur o Roso de Luna parecen coincidir en que todo esto forma parte de un extraño plan que escapa a la lógica humana, en el que los actores principales actúan, según Ignacio Darnaude, bajo el «principio de elusividad», que implica que, en sus interacciones con los humanos, estas entidades nunca aportan información o pruebas totalmente demostrables sobre su existencia o la de los otros planos a los que pertenecen, creando una especie de «cortina de humo» que impide avanzar en el estudio sobre su naturaleza e intenciones.
Tras esta mirada general, en los siguientes capítulos centraremos el análisis en algunos de estos seres que han demostrado interactuar con relativa frecuencia con las personas.
7. LA PARÁLISIS DEL SUEÑO Y LOS VISITANTES DE DORMITORIO
Estos dos fenómenos, aunque no son exactamente lo mismo, están íntimamente relacionados, y con frecuencia han sido asociados a terroríficas visitas de seres de pesadilla que llevan acompañando a la humanidad desde el albor de los tiempos.
Comencemos por el que tiene una explicación más mundana. Para que lo entiendas bien, empezaré con un testimonio que te hará entender qué es y qué no un episodio de parálisis del sueño.
La parálisis del sueño
—Eso me ha pasado a mí —me dijo ella, mientras veíamos en la tele Cuarto Milenio.
Estaban hablando de la parálisis del sueño.
Mi testigo, una familiar, me sorprendió, pues nunca me había contado esa historia.
—Es algo muy frecuente —contesté—. A mí me ha pasado. Sueñas que no puedes moverte, y despiertas angustiado. Con sensación de alarma.
—Pero en mi caso fue diferente. Yo me desperté porque se movía la cama.
—Espera, espera. ¿Cómo que se movía la cama?
Entonces ella procedió a contarme una historia que me dejó patidifuso.
El extraño episodio sucedió mientras pasaba unos días junto a unos amigos en la Toscana.
—Habíamos alquilado una casa rural, pero era la típica casa que te alquilan tal cual estaba cuando la habitaban sus anteriores inquilinos.
»Era una casa antigua, y la presencia de fotos y pertenencias de la gente que vivía en ella anteriormente le daba cierto toque siniestro. Debido a la distribución de las habitaciones, uno de los dormitorios quedaba aislado del resto de la casa por un solitario pasillo.
»Como el resto de los asistentes estaban emparejados, me ofrecí a dormir sola en aquel cuarto, aunque la idea no me entusiasmaba.
»La primera noche, me desperté porque la cama comenzó a vibrar bruscamente, como si alguien la estuviera zarandeando.
—Bueno —comenté—, sería una alucinación hipnopómpica, dado que todavía no estabas despierta del todo.
—No lo creo. Pasaron varios minutos y, estando ya totalmente despierta, seguían moviendo la cama.
—¿Y te podías mover?
—Sí.
—¿Y qué hiciste?
—Pues me quedé muy quieta y me tapé con la manta. Durante el tiempo que estuve viviendo sola en XXXX, aprendí que, cuando oía ruidos por la noche en el piso tan enorme que tenía alquilado, si me tapaba con la sábana y me quedaba quieta, al final no pasaba nada. Al día siguiente pregunté a los demás si habían notado algo, por si había sido un temblor de tierra o algo así, pero me miraron extrañados. Nadie había notado nada.
—¡Qué fuerte ! —exclamé.
—Pero lo peor es que, en las dos noches siguientes me volvió a pasar.
—¿Y no hiciste nada?
—Pues no, la verdad. Me daba miedo comentárselo al resto de la gente, se hubieran burlado de mí, así que recurrí a la técnica de taparme con la sábana y aguantar hasta que la cama dejaba de moverse.
—No sé cómo pudiste aguantar. Yo me habría muerto de miedo… Que sepas que eso que te pasó no es un episodio de parálisis del sueño.
Y realmente no lo era.
La parálisis del sueño es un fenómeno que tiene una explicación fisiológica.
El cerebro, durante determinadas fases del sueño profundo, desconecta algunos centros nerviosos responsables de la motricidad.
Si por algún motivo despertamos durante esa fase, en la que se supone que tendríamos que permanecer dormidos, durante los instantes que el cerebro tarda en reconectar dichos centros motrices sufriremos la angustiosa sensación de que estamos paralizados.
A los noventa minutos de dormirnos, aproximadamente, entramos en la fase de sueño REM (Rapid Eyes Movement).
En esta etapa del sueño el cerebro inhibe el movimiento de la mayoría de nuestros músculos para evitar que nos lesionemos de forma involuntaria mientras soñamos.
Al despertar, el cerebro vuelve a activar los músculos, pero en los casos de parálisis del sueño los neurotransmisores que bloquean los músculos siguen activos.
Para acelerar este proceso, el propio cerebro genera una señal de alarma, para que la alerta nos haga reaccionar más rápido.
Con este fin puede generarnos visiones hipnopómpicas en las que veremos a criaturas que nos atemorizan, sombras, o simplemente nos induce una fuerte sensación de estar siendo observados.
Según los científicos, este fenómeno sería el origen de experiencias supuestamente paranormales como las abducciones que dicen haber experimentado algunas personas mientras dormían o el haber presenciado visitantes de dormitorio que adoptan la forma de alienígenas, demonios o, como veremos un poco más abajo, de sombras espectrales que nos observan al pie de la cama.
Pero todo a su tiempo.
De momento continuemos con este fenómeno.
Como vemos, la variedad de entidades que la gente ve durante el fenómeno es abundante, y de nuevo ha variado con las épocas.
Antiguamente las personas veían demonios.
Posteriormente, conforme el contexto cultural ha ido mutando, los informes de personas que sufrían la parálisis del sueño hablaban de visiones de humanoides que coincidían con la descripción de la supuesta raza extraterrestre de «los grises» o de sombras de siluetas humanas.
Este fenómeno suele venir acompañado con frecuencia de dos trastornos del sueño, los terrores nocturnos y las pesadillas.
La propia etimología de la palabra pesadilla procede de la huella que este fenómeno ha dejado en nuestra cultura.
Hasta el siglo XVIII la sabiduría popular consideraba que las pesadillas eran causadas por seres sobrenaturales.
Según esta creencia, estas entidades se sentaban sobre el pecho de los durmientes, oprimiéndolo con su peso, lo que originó el término pesadilla, palabra cuya raíz está obviamente relacionada con la palabra peso.
Este constructo cultural enraíza con la creencia desarrollada desde el medievo en la existencia de íncubos y súcubos, demonios que visitaban a sus víctimas por la noche para forzarlas a tener relaciones sexuales echándose sobre su cuerpo para paralizarlas.
La propia palabra íncubo en latín significa ‘acostarse’ o ‘posarse sobre algo’ (comparte raíz con la palabra incubar).
Su versión femenina, el súcubo, del latín succŭbus, del verbo succubare, ‘reposar debajo’, adoptaba la forma de una moza de buen ver que se presentaba por la noche en los aposentos de monjes y adolescentes (mira tú qué casualidad) para extraer su energía vital manteniendo relaciones sexuales con ellos o, como se diría vulgarmente, para matarlos como a las ratas, a base de polvos.
Te dejo ahora un dato que debes recordar, pues te llamará la atención más adelante: a estas criaturas se les atribuía la capacidad de succionar la energía vital de sus víctimas, dejándolas debilitadas u ocasionándoles la muerte por un paro cardíaco.
Este sería el origen de la palabra en nuestra cultura, pero, si investigamos, podemos ver que esta creencia se hace extensiva también al mundo anglosajón.
Henry Fuseli plasmó esta concepción cultural en su obra The Nightmare, creada en 1781, en la que podemos ver a una mujer dormida con un íncubo sentado en su pecho y la cabeza de un caballo.
En inglés el término nightmare (pesadilla) se compone de night, ‘noche’ y mare, ‘yegua’.
En las leyendas germanas, las pesadillas las causaban caballos o brujas que visitaban a los durmientes, aunque lo de los caballos puede ser una malinterpretación más moderna, puesto que el término mare, según algunos lingüistas, proviene de la palabra Mara, término de la mitología escandinava utilizado para designar a un espíritu enviado a atormentar o sofocar a los durmientes.
Pesadillas que matan
Cuando oímos hablar de entidades malignas que visitan a las personas durante el sueño para torturarlas y matarlas es muy difícil que, por asociación de ideas, no acuda a nuestro cerebro la imagen de Freddy Krueger, personaje del cine de terror convertido en un icono de nuestra cultura.
Pero ¿qué me dirías si te cuento que el personaje nació en la mente de Wes Craven a raíz de una noticia de prensa que contaba la muerte de un joven debido a las pesadillas?
El director de cine estadounidense confesó en una entrevista que la idea del personaje de Freddy le surgió al leer la noticia de la muerte de un joven de veintidós años. El chico sufría de horribles pesadillas. Tras pasar varios días sin pegar ojo, pues temía que si se quedaba dormido moriría durante el sueño, sus padres le suministraron somníferos. Tras cuatro o cinco días, el joven fue encontrado muerto.
Y no es el único caso.
En julio de 1977 comenzaron a detectarse casos de ciudadanos procedentes del Sudeste Asiático y refugiados en Estados Unidos, miembros de la etnia hmong, procedentes de Laos, que morían durante el sueño de forma inexplicable.
A medida que el número de muertes aumentó comenzaron a conectarse los casos que habían tenido lugar en ciudades diferentes, pensando que podría haber un factor común.
Se realizaron autopsias de dieciocho corazones de las víctimas y se detectaron ciertas anomalías anatómicas en los tejidos que conducen los impulsos eléctricos a través del corazón, probablemente hereditarias, como posibles inductoras de un latido desordenado. Sin embargo, esta disfunción fisiológica por sí misma no explica la causa de una muerte súbita.
La comunidad médica acuñó para esta extraña epidemia el término síndrome de muerte súbita nocturna inesperada, cuyas siglas en inglés responden al acrónimo SUNDS.
Tal y como nos cuenta el investigador Juan José SánchezOro en su artículo «Sueños que matan. La muerte súbita de la etnia hmong»:
Otra vía de estudio profundizó en la experiencia onírica. Al encuestar a los familiares de algunas víctimas de SUNDS residentes en campos de refugiados, los investigadores comprobaron que muchos de los fallecidos habían tenido episodios de terrores nocturnos y visitas de espíritus malignos días antes de producirse la muerte. En 1984 el equipo de doctores dirigidos por Neil Holtan del St. Paul Ramsey Medical Center identificaron cinco rasgos muy peculiares en el trastorno onírico que afectaba a los hmong: una sensación de pánico o miedo extremo; una parálisis parcial o completa del cuerpo; una fuerte presión sobre el pecho; la sensación de que un ser extraño —animal, humano o espíritu— estaba en la habitación y, finalmente, cierta perturbación sensorial de la vista, oído o tacto.
Desde julio de 1977 hasta los inicios de los años noventa, más de cien personas, la mayoría hombres, fallecieron por esta extraña patología.
En la cultura hmong, las pesadillas son causadas por un ente diabólico que visita al durmiente mientras sueña. Al principio perciben una presencia extraña junto a su mano, tras lo que son invadidos por una sensación de horror. Es entonces cuando comienzan a sentir una fuerte presión sobre el pecho que les dificulta la respiración.
Los demonios causantes de semejantes episodios son los tsog, entidades que, según la tradición, habitan en cuevas oscuras y que son los encargados de castigar a aquellos que no cumplen los preceptos y los ritos de su religión.
A medida que se ha ido estudiando esta realidad se ha encontrado que se repite en diversos puntos de Asia.
En Filipinas se registran casos similares desde 1917.
En este país se atribuyen dichas muertes al bangungut, que traducido del tagalo significa ‘levantarse y gemir en sueños’. El bangungut ocasionó la muerte de 722 personas entre los años 1948 y 1982, siendo el 96 % de los fallecidos hombres, con una media de edad de treinta y tres años y sin enfermedades reconocibles.
En esta cultura, la criatura causante del bangungut es el batibat, nombre que bien podría haber sido ideado por un batmaníaco redundante, pero que en realidad es una dama gorda, vieja y grande que habita en los árboles. Este ser se sienta sobre el pecho del durmiente hasta provocarle la asfixia.
En Japón también se detectaron casos de esta enfermedad, donde recibe el nombre pokkuri.
Aunque en el país nipón hay otro ente al que tradicionalmente se le achacan los episodios de parálisis del sueño.
Puede, por lo tanto, comenzar a apreciarse la relación, a veces mortal, que se da entre la parálisis del sueño y los visitantes de dormitorio.
Un fenómeno transcultural
Aparte del fenómeno de la muerte durante el sueño al que los japoneses llaman pokkuri, en el país nipón hay otra palabra, kanashibari, utilizada para designar la parálisis del sueño no mortal. Tradicionalmente achacan los episodios de parálisis del sueño a diferentes tipos de yokai, entidades sobrenaturales.
Se dice, por ejemplo, que a veces estos desagradables episodios se deben a que un yûrei, un tipo de fantasma japonés, te atrapa, colándose por debajo de las sábanas del futón. Con su energía sobrenatural paraliza el cuerpo de su víctima, mientras la sujeta fuerte por las piernas o los brazos, tirando de ella en dirección de alguna ventana abierta o algún peligro aparente.
Otro causante del kanashibari es el makura-gaeshi, una entidad sobrenatural con la forma de un niño pequeño que se sienta sobre el pecho de los durmientes presionándolo, hasta que estos despiertan paralizados.
En este mito, por ejemplo, vemos una clara conexión con la tradición europea.
Cada cultura tiene términos parecidos para designar este fenómeno: unihalvaus en Finlandia; lidércnyomás en Hungría; Shaitan (Satán) en Pakistán; bakhtak en Irán; boba en Bangladesh; phi Am en Tailandia; pinyin gui ya chuang (fantasma que presiona sobre el cuerpo) en China.
En Mongolia (si sigues leyendo verás que esta es una coincidencia muy curiosa) llaman al fenómeno khar darakh o kara darahu, que se traduce por ‘ser oprimido por el Negro’ o ‘cuando el Oscuro presiona’.
Kara en Mongol significa ‘negro’, y se usa a veces para referirse a la personificación del lado oscuro de las personas o de la realidad.
Uno de los tipos de criatura más comunes durante estos episodios es el de las sombras humanoides.
Hay quien afirma que la mayoría de las muertes provocadas por este síndrome se dan alrededor de las tres de la madrugada, aunque no he podido encontrar una fuente fiable que confirme este punto.
De ser esto cierto, se establecería otro curioso paralelismo, puesto que la mayoría de las personas aquejadas de parálisis del sueño y que dicen tener experiencias con visitantes de dormitorio cuentan que sufren estos episodios alrededor de las tres de la mañana.
Muchos de estos testigos dicen recibir a los incómodos visitantes de los que te hablaré a continuación.
Los visitantes de dormitorio
Como hemos visto, con frecuencia los terrores nocturnos y la parálisis del sueño van acompañados de una extraña sensación de que un ser maligno o amenazante está junto a nosotros en el dormitorio cuando despertamos.
Como te contaba al principio del capítulo, la ciencia explica esto como una sensación de alarma creada por el propio inconsciente para activar los sistemas motrices del cuerpo, que estaban inhibidos por el cerebro para evitar que el durmiente sufra daños por movimientos involuntarios durante las fases del sueño profundo.
Sin embargo, muchas de las personas que sufren este mal parecen no estar de acuerdo con esta explicación por encontrarla insuficiente.
Un testimonio nacional muy revelador
Como dije anteriormente, hacía años había oído hablar del tema de la gente sombra en algunos programas de misterio, pero pensaba que habían tocado el tema sin mucho rigor, así que para mí era una especie de leyenda urbana.
Esta concepción cambió el 10 de junio de 2012. El programa radiofónico Espacio en blanco dedicó un episodio a los «Agresores del más allá. Visitantes de dormitorio».
En él, el investigador Miguel Pedrero expuso una serie de testimonios de personas que habían sufrido fenómenos de esta índole.
Una de estas historias me impactó de forma especial. Es un caso que me impresionó porque, al contrario de lo que se suele decir de espíritus y fantasmas, deja patente que estas entidades sí pueden causar daño físico a las personas.
La propia testigo contaba, en la entrevista grabada por este investigador, que entre 1997 y 1998, en su época de estudiante, vivía en un colegio mayor de una ciudad del sur de España.
Durante los dos primeros años de estancia en el colegio mayor, la testigo notaba por las noches cómo algo la agredía, en algunas ocasiones llegando casi a asfixiarla, pero nunca podía ver al causante de los ataques. La entidad le presionaba la cara contra el colchón de la cama, y podía sentir el crujido de los muelles del colchón y el peso de algo, de una presencia.
El cuarto en que residía la testigo tenía un baño que se comunicaba con otra de las habitaciones.
Al parecer, los fenómenos comenzaron en esta otra estancia.
Al principio la testigo oía ruidos en dicho dormitorio, como si hubiera alguien dentro, y se asustaba porque le constaba que aquella habitación estaba vacía. Movimiento y arrastrar de muebles y crujidos del colchón fueron los primeros síntomas del mal que la acosaría pasado un tiempo.
Poco a poco comenzó a escuchar también pasos. La testigo afirmó que se levantaba, abría las dos puertas del cuarto de baño, y podía ver perfectamente que la otra habitación estaba vacía, sin nadie que pudiera ser el causante de aquellos ruidos.
Semanas después, durante un período de quince días, comenzó a encenderse sola la luz del otro cuarto.
La puerta de dicha habitación estaba cerrada por dentro, por lo que solo ella podía acceder a través del baño que comunicaba con su dormitorio.
La evolución de los incidentes continuó, de tal forma que comenzó a encenderse la luz del cuarto de baño.
El miedo de la mujer, que por aquel entonces era una chica de algo más de veinte años, iba en aumento a medida que se recrudecían los fenómenos.
El siguiente episodio en la escalada de sucesos ocurrió un día, tras la cena, mientras se lavaba los dientes. Tenía abierta la puerta del baño que daba a su habitación y pudo ver de refilón a una persona que entraba en el dormitorio. Lo describió como un hombre de entre cincuenta y cincuenta y cinco años que andaba por la habitación, muy alto, de unos dos metros, muy delgado, vestido con un traje y una capa negros. Las ropas parecían antiguas.
Incluso pudo ver su cabello y su rostro, que era huesudo y muy pálido.
La aparición del ser hizo que la habitación se quedara helada.
Las indeseadas visitas comenzaron a sucederse en el tiempo. Cuando estaba acostada, antes de dormir, aún despierta, sentía el frío, la presencia, y su cuerpo quedaba paralizado.
Tras las apariciones de esta entidad la testigo se sentía cansada, como si le hubieran drenado la energía.
En una de las ocasiones, harta ya de la situación, intentó revelarse contra la parálisis que parecía inducirle aquel extraño ser, pero tan solo pudo ver los zapatos que brillaban a la luz de la estufa que tenía en el cuarto; era incapaz de girar la cabeza para poder mirar al intruso a la cara.
Esta situación se prolongó durante dos años. En algún punto de dicho período la escalada de agresiones aumentó a un nivel más preocupante, pues en una ocasión la chica sintió como si aquel ser la obligara a salir de su cuerpo, a que su yo astral abandonara su cuerpo físico. Se sentía empujada hacia lo que ella describe como «una espiral de luz» que parecía querer absorberla.
La testigo intuía que esa luz era el túnel que describen las personas que tienen experiencias cercanas a la muerte, por lo que se resistió con todas sus fuerzas, pues pensaba que, de ser absorbida por el vórtice de luz, moriría.
Al día siguiente de la experiencia, en el brazo izquierdo, el más próximo a la entidad, sufrió una inflamación y un extraño eccema que le recorría todo el brazo. Preocupada, acudió al médico, que le explicó que se trataba de un herpes que había aparecido debido a una bajada drástica de las defensas de su cuerpo.
Ella nunca había tenido este tipo de infecciones. El análisis de sangre que le hicieron arrojó un dato preocupante: padecía un déficit serio de glóbulos blancos.
Esto la obligó a seguir un tratamiento con vitaminas y antibióticos contra los herpes.
Una compañera nueva se alojó en la habitación que hasta aquel momento había permanecido vacía, y comenzó a describir a un ser similar al que veía la testigo.
Una noche, durante uno de estos episodios, la desesperación y la indignación que sentía le hicieron perder el miedo a la criatura, y comenzó a experimentar una sensación de agresividad y odio hacia el ente, hasta el punto de que la rabia la empujó a resistirse con todas sus fuerzas.
En ese momento pudo abrir los ojos y vio sobre ella una especie de nube formada por manchas sucias, grisáceas, como la textura de la estática de una televisión.
Con las pocas fuerzas que tenía, increpó a aquella cosa, diciéndole que se fuera, y el extraño ente desapareció. Las experiencias no volvieron a repetirse.
Esta descripción concuerda con la de otras muchas personas que han sufrido episodios de visitantes de dormitorio.
Este testimonio me parece interesantísimo, porque recoge algunas claves del fenómeno que no había escuchado antes, y conectan con mucha de la información que te he mostrado a lo largo de los anteriores capítulos.
Vemos cómo estas entidades cobran fuerza a medida que el miedo de sus víctimas se intensifica, como si dicha emoción fuera la emanación mental que las alimenta.
Es curioso también el hecho de que la aparición del ser se viera acompañada de bruscos descensos de temperatura.
Hay investigadores que afirman que esto se debe a que estas manifestaciones extraen la energía de la temperatura ambiente y la usan para generar efectos, como hacerse visibles, hacer vibrar las ondas del aire para generar sonidos y demás parafernalia de la que se hacen acompañar.
La inmunodepresión que causa la criatura a la víctima parece indicar que este intruso de alguna manera le extrae la vitalidad, por lo que no solo se alimenta de su miedo. Esto entronca con la tradición de demonios de los sueños que hemos visto anteriormente, como si de alguna forma el ser humano supiera de la existencia de este tipo de entidades que se alimentan de la energía vital de los durmientes.
El hecho de que al final la testigo viera una masa informe también encajaría con el precepto de que estos visitantes de otras dimensiones adoptan formas arquetípicas en función del contexto sociocultural de los testigos o de sus patrones de pensamiento y arquetipos del subconsciente.
La pesadilla, el documental
Otra persona que sufrió estas experiencias fue Rodney Ascher, quien, tras haber padecido este trastorno, decidió rodar un documental en un intento de dar con respuestas a las aterradoras sensaciones que había experimentado.
Para ello convocó en YouTube a personas que hubieran sufrido parálisis del sueño, para entrevistarlas. El documental fue estrenado el 26 de enero de 2015 en el Festival de Sundance. En él se analizan ocho casos de personas que han sufrido este trastorno.
A lo largo de sus noventa minutos de duración, el documental recoge los testimonios en primera persona. Todos han sufrido lo que la ciencia denomina parálisis del sueño.
Chris C., de Nueva York, cuenta que su experiencia comenzó de una forma muy extraña. A los cinco años tuvo la sensación de que la tele le hablaba. El presentador del programa que estaban emitiendo en aquel momento le decía: «Chris, volveremos».
Posteriormente, siendo un poco mayor, comenzó a sentir que la cama se elevaba, como si se inclinara hacia delante, y en ese momento veía una luz en el pasillo por el que entraba una persona con sombrero seguida de otros dos humanoides más, sin rostro ni rasgos, pues solo veía el contorno oscuro de sus cuerpos recortados a contraluz, completamente negro.
Al despertar, las siluetas habían desaparecido.
Intentó buscar ayuda psiquiátrica, sin éxito.
A posteriori comenzó a vivir episodios en los que sentía dolor mientras estaba paralizado.
Una noche, durante la visita de una amiga que se quedó a dormir, vio una silueta sombría, enorme, de ojos rojos, que llegaba hasta el techo. La siniestra forma le susurraba: «Tú me conoces, vas a morir».
La visita despertó gritando y le dijo que sobre su pecho se había posado un gato con ojos rojos, que miraba en dirección a Chris y hablaba en un lenguaje que la mujer no comprendía.
En Saint Louis, Michigan, Jeff R. contó que, diez años antes del rodaje del documental, su novia le comentó un día que tenía episodios de visitantes de dormitorio acompañados de parálisis del sueño.
A la semana comenzó a pasarle a él. Lo describía como si su cuerpo se hiciera pesado y se durmiera pero justo en ese momento despertaba.
La experiencia venía acompañada de visiones de un vórtice de colores y parálisis, y le causó un ataque de pánico.
Tras intentar moverse despertó.
Esto se convirtió en algo frecuente durante un mes.
Buscó ayuda médica, le hicieron escáneres, electroencefalogramas, y todo era normal, por lo que le diagnosticaron parálisis del sueño debida al estrés.
Elizabeth, de New Jersey, una noche, cuando tenía veintinueve años, comenzó a sentir cosquillas que se expandían de la punta de los pies a todo el cuerpo y empezó a oír zumbidos parecidos a los de las abejas. Tras unos momentos sintió una presencia a su lado.
No se podía mover.
La vivencia se repitió durante años e incluso llegaba a tener experiencias extracorpóreas en las que se veía a sí misma de forma borrosa tumbada en la cama.
Según la testigo, tenía la sensación de que la presencia intentaba llevársela.
En otra ocasión se sintió violada por esta entidad, lo que encajaría perfectamente con la descripción de los íncubos medievales, aunque la testigo afirma que no la veía, que solo la sentía encima.
Tras la muerte de su madre, Elizabeth sufrió una depresión. Un día, tras trabajar en el turno de noche, regresó a casa y se echó a dormir. Mientras cogía el sueño, comenzó a sentir cómo su cuerpo se entumecía y se quedaba paralizada, pero esta vez tuvo una sensación diferente. Escuchó pasos que se aproximaban y una presencia que se acercó y la abrazó por detrás; incluso pudo sentir cómo el colchón se hundía bajo el peso de algo, como si hubiera un cuerpo junto a ella en la cama. En ese momento escuchó a su madre susurrarle al oído: «Cariño, estoy aquí».
Sintió calor, felicidad y una sensación de seguridad. La experiencia duró un par de segundos y luego se desvaneció.
Desde entonces siente que es visitada por dos entidades diferentes, o la misma que intenta alternar su esencia real con la forma de su madre para que no se alarme.
En Nueva York, Kate A. cuenta en este documental que, cuando tenía veinte años, durante una época de estrés agudo en su vida por cambios laborales, comenzó a ver siluetas sombrías, episodios durante los cuales no se podía mover.
Su primer pensamiento fue que alguien había entrado a robar. Estas experiencias le generaron un profundo terror.
Korine W., de Covington, Kentucky, cuenta cómo, con dos o tres años de edad una lámpara de colores que había en su dormitorio se tornaba roja en algunas ocasiones, y tenía la sensación de que algo malo iba a pasar.
Durante la edad adulta continuaba con problemas de sueño. Cuando iba a dormir, su cuerpo se quedaba totalmente paralizado y sentía una especie de vibración eléctrica que la recorría, y a continuación comenzaba a oír gritos y lamentos de muchas personas. Tras eso, un personaje que ella describe como un humanoide de sombra tridimensional entraba en la habitación, emitiendo una especie de vibración que la aterraba, acompañada de lo que la testigo describía como «los sonidos del infierno».
Otro de los testigos, Stephen P., de Mánchester, Inglaterra, afirmaba que con frecuencia sentía que se quedaba dormido mientras experimentaba un shock eléctrico, para despertar paralizado y sentir una especie de energía, como de electricidad estática, que invadía toda la estancia. Luego aparecían dos siluetas de sombras, una que el testigo describe como genérica, una silueta negra tridimensional, acompañada de otra de esas siluetas tridimensionales, pero en la que se podía distinguir que llevaba un sombrero. Esta última era una figura que transmitía autoridad y un sentimiento amenazador.
Una noche, al ir a acostarse junto a su novia en un estado de gran cansancio físico, se quedó dormido de inmediato.
Despertó en mitad de la noche y sintió una atmósfera muy opresiva, una sensación de malignidad. Se vio a sí mismo junto a su novia en la cama. Estaba teniendo una experiencia extracorpórea.
Sentía confusión y miedo. En ese momento vio en la esquina del cuarto a tres seres de sombras. De nuevo el hombre del sombrero y detrás otras dos siluetas sin rasgos distintivos. Se acercaron hacia él, y el testigo y los humanoides comenzaron a forcejear. Tan pronto como les opuso resistencia, las entidades cejaron completamente en su empeño y retrocedieron. Las figuras sin rasgos distintivos retrocedieron detrás del hombre del sombrero, como escudándose en él.
Animado por este gesto, el testigo confiesa que quiso ir hacia ellos para averiguar más, pero que en ese momento escuchó una voz en su cabeza que le decía que volviera a la cama.
Se giró y vio un hilo plateado que lo unía con su cuerpo durmiente que yacía en la cama.
Decidió volver a su cuerpo, y en ese momento despertó.
Esa fue la última vez que tuvo una experiencia de ese tipo.
Personalmente encuentro este testimonio muy interesante porque aporta dos datos que serán clave en el capítulo siguiente.
El hecho de que viera un cordón de plata que lo unía con su cuerpo concuerda con la afirmación que hacen muchas tradiciones esotéricas de que el ser humano posee un cuerpo físico y un cuerpo etérico o astral, que se desprende del primero durante el sueño, permitiéndole realizar viajes astrales y vivir experiencias extracorpóreas, y que ambos están unidos por lo que se conoce como «el cordón de plata».
La segunda es que, al dejar de temer a estas criaturas y enfrentarse a ellas, parecen perder el poder sobre sus víctimas.
Otro caso muy revelador es el de Connie Y., de Costa Mesa, California.
En su infancia, con cinco o seis años, y luego con quince, la testigo afirma que despertó sintiendo tras de sí una presencia maligna, pero no podía girarse. Estaba paralizada y aterrada. Sentía frío, y que aquella cosa la estaba mirando, como si quisiera asustarla.
Incluso en su época universitaria, cuando compartía cuarto con otra estudiante en el colegio mayor, experimentaba episodios en los que veía unas burbujas negras flotantes que aparecían y se metían debajo de su cama.
Ella intentaba gritar, pero estaba paralizada y no era capaz de emitir sonido alguno.
Una noche Connie estaba durmiendo y oyó un ruido estridente, que describe como gritos de demonios o espíritus, acompañado de un zumbido y de la sensación de una presencia en el cuarto, de pie junto a su cama, y como si alguien le estuviera gritando en el oído.
La testigo describe que el ser llevaba ropajes rojos, pero debido a la parálisis no podía mover la cabeza para ver su cara. En ese momento invocó a Jesús, según describe, para tratar de expulsar a la presencia, que finalmente desapareció. Desde ese momento las experiencias terminaron y la testigo, que hasta aquel día no tenía creencias religiosas, se convirtió al cristianismo.
El último y más sorprendente testimonio lo aporta Forrest B., de Los Ángeles, California.
Forrest afirma que, cuando era bebé, residía en una granja en Vermont. El testigo recordaba estar en la cuna de noche y ver entrar formas humanoides, con piel que lucía como la estática de la televisión, como el ruido blanco. Sus cuerpos eran altos y delgados, con ojos negros enormes y almendrados y una sonrisa malévola. Las criaturas se acercaban a su cuna y lo tocaban, dejándolo paralizado.
Resulta aterrador, pues el testigo afirma que este es el primer recuerdo del que es consciente.
Cuando creció, las experiencias continuaron; sentía voces que lo llamaban por la noche, y le susurraban cosas.
De mayor, al ver la película Communion, el testigo identificó el parecido de las criaturas que veía en la televisión con las que le visitaban.
En este punto es necesario aclarar, por si no lo sabes, quién es Whitley Strieber, autor de la novela homónima en la que se basa la película.
En 1987 Whitley Strieber publicó Communion, un libro en el que contaba sus experiencias con unos seres a los que denominaba «los visitantes», humanoides macrocéfalos de cráneo alargado, corta estatura y ojos completamente negros, sin esclerótica.
Contado así, podría parecer que se trata del vídeo de la comunión de tu primo el de los ojos malos, pero lo cierto es que la película, que describe las abducciones a las que lo sometían estas criaturas, se ha convertido en un referente en el estudio de los fenómenos ufológicos y de los casos de abducidos.
Desde entonces han devenido en la imagen arquetípica del alien en la cultura popular, hasta el punto de afirmarse que constituyen una raza concreta de alienígenas, los grises, asociados con frecuencia a los fenómenos de abducción.
Tras esto, Forrest comenzó a pensar que era abducido por alienígenas.
El testigo asociaba el fenómeno a la casa de sus padres, donde las experiencias eran más intensas, llegando incluso a ver a un anciano que lo acusaba, textualmente, de haber tenido poluciones nocturnas en las sábanas de su madre.
Un temita.
Durante una época en la que estuvo saliendo con una chica muy excéntrica y algo hippie que tenía creencias new age y que decía sentir las energías espirituales, tuvo una experiencia esclarecedora.
Fueron a pasar un fin de semana a una cabaña en el bosque, intuyo que con la idea de fornicar como bonobos puestos de éxtasis, aunque el testigo no deja claro este punto en el documental.
Durante un paseo al anochecer, su novia le propuso hacer un círculo de piedras y lo invitó a «ser receptivo».
La chica se colocó algo por delante de él y se tapó los ojos con las manos. Pasados unos instantes, ella comenzó a decir: «Ya viene, ya viene».
Entonces, el testigo vio en el bosque a una forma azul, una especie de silueta, que le transmitió una sensación de paz.
Su acompañante, aún tapándose los ojos, exclamó: «¡Oh, es azul!», tras lo cual comenzó a reír de forma alocada.
Al poco, la chica se dirigió a él, todavía con los ojos tapados, para decirle: «Ella dice que no te preocupes por los demonios que tienes detrás».
Forrest se volvió, incrédulo, y pudo ver a las extrañas criaturas de su niñez de grandes ojos completamente negros, sonrisas malévolas y piel como de ruido blanco de televisión. De nuevo reparó en la semejanza de la cara de estos seres con la de la arquetípica descripción de los grises.
En ese momento tuvo la extraña certeza de que el miedo le confería poder a las entidades malignas, y que tener miedo en ambientes negativos solo hacía que estas cosas fueran más fuertes. Según declara el testigo, llegó a la conclusión de que este tipo de entidades debían de ser algún tipo de fuerza de la naturaleza, otro dato interesantísimo, pues encaja con algunos de los postulados que exploraremos en el siguiente capítulo, y que relacionan a este tipo de entidades con elementales del bajo astral.
Entonces la luz azul se disipó.
Si analizamos el conjunto de los testimonios, y los comparamos con las experiencias usuales de parálisis del sueño según las describe la ciencia, podemos apreciar una serie de elementos que no son claramente atribuibles a este fenómeno fisiológico.
Yo mismo alguna vez he tenido algún episodio de parálisis del sueño, y desde luego no he experimentado los siguientes factores:
• Luces que iluminan la estancia como anunciando el fenómeno.
• Visiones de colores.
• Experiencias fuera del cuerpo.
• Oír zumbidos o gritos y lamentos.
• Sentir sacudidas eléctricas.
Otro elemento casi constante en todos los testimonios es la presencia de siluetas humanoides que parecen sombras.
Pero esto último lo analizaremos con más detalle en el siguiente capítulo.
8. LA GENTE SOMBRA
Carl Gustav Jung, uno de los padres de la siquiatría moderna, afirmaba la existencia del inconsciente colectivo, un sustrato común al conjunto de la humanidad de todos los tiempos, constituido por símbolos atávicos con los que se expresan contenidos del siquismo humano que están más allá de la razón.
Estos símbolos son conocidos como arquetipos.
Uno de los arquetipos junguianos principales es conocido como La sombra.
Decía Jung sobre La sombra:
La figura de la sombra personifica todo lo que el sujeto no reconoce y lo que, sin embargo, una y otra vez le fuerza, directa o indirectamente, así por ejemplo, rasgos de carácter de valor inferior y demás tendencias irreconciliables.
La sombra es [...] aquella personalidad oculta, reprimida, casi siempre de valor inferior y culpable que extiende sus últimas ramificaciones hasta el reino de los presentimientos animales y abarca, así, todo el aspecto histórico del inconsciente [...]. Si hasta el presente se era de la opinión de que la sombra humana es la fuente de todo mal, ahora se puede descubrir en una investigación más precisa que en el hombre inconsciente justamente la sombra no solo consiste en tendencias moralmente desechables, sino que muestra también una serie de cualidades buenas, a saber, instintos normales, reacciones adecuadas, percepciones fieles a la realidad, impulsos creadores, etc.
La plasmación en la cultura humana de este arquetipo, de acuerdo con Jung, se da a través de símbolos como la serpiente, el dragón, los monstruos y los demonios.
Quedémonos con estos dos últimos, porque los invitados inesperados que a veces se cuelan en nuestra realidad, de los que vamos a hablar a continuación, encajan bastante bien con este arquetipo y con los mencionados símbolos.
Gente con muy mala sombra
Me gustaría empezar este apartado con dos testimonios de personas de mi círculo más cercano que conectan la parálisis del sueño y los visitantes de dormitorio con el tipo de entidades extradimensionales que trataré a continuación: la gente sombra.
Debo confesar que, hace tiempo, escuché hablar en algún programa de misterio sobre la gente sombra, y lo descarté como un mito moderno que carecía de base pero, tras investigar sobre el tema, mi percepción ha cambiado de forma drástica.
Un amigo mío, bastante escéptico, me comentó una vez que, estando solo en el piso de alquiler en el que vivía, se hallaba sentado en el escritorio de su habitación, de espaldas a la puerta que daba al pasillo. Era un piso viejo, situado en una céntrica calle de Sevilla capital.
En aquel momento, sin saber exactamente por qué, se volvió y miró a la puerta. En ese momento vio pasar una silueta enorme, una sombra grotesca, alta hasta llegar al techo, a la que no se le distinguían brazos, pero que parecía llevar una sotana o algún tipo de túnica.
La visión se limitó a pasar por el pasillo delante de sus narices, sin interactuar con él lo más mínimo.
Siendo una persona racional como es, me confesó que quizá fuera una ilusión óptica debida a la vista cansada conjugada con la miopía que padece.
Podría ser. Este tipo de testimonios es más común de lo que parece.
El siguiente caso, de una persona de mi entorno más cercano, conecta las apariciones de estas sombras con la parálisis del sueño y los visitantes de dormitorio, que vimos en el capítulo anterior.
La historia hunde las raíces en su infancia, años en los que, durante algunos períodos, padeció terrores nocturnos debidos a lo que ella creía un visitante de dormitorio: una sombra enorme, anormalmente alta, que se encorvaba, escuálida como era, para no golpearse con el techo, un esperpento con algún tipo de sotana o traje talar, de rasgos indistinguibles, que acercaba una mano hacia ella intentando cogerla.
Según la testigo, la sombra tenía una cabeza extrañamente alargada que le recordaba vagamente a la mitra de un obispo.
En el transcurso de las visitas del ser de sombras, que, según aseguraba ella, no eran fragmentos de pesadilla, la testigo permanecía paralizada, intentando moverse y proferir alguna llamada de socorro, hasta que el ser se desvanecía como una pesadilla y el alarido de terror salía de su garganta. Sus padres y hermanos irrumpían alarmados en la habitación, hasta que la frecuencia hizo que se acostumbraran, acudiendo a la petición de ayuda con ánimo de reconfortar, pero sin angustia.
Un día el ser se apareció, pero había mudado su negrura en luz. Ahora la silueta, por una única vez, se manifestó blanca. Y no volvió nunca más.
Aunque los terrores nocturnos quedaron para atestiguar el poso de miedo que la terrible experiencia había dejado en su subconsciente.
Al final la historia quedó relegada al olvido.
Pero un día, durante una reunión con su familia, el tema volvió a salir a colación entre varias anécdotas de la familia relacionadas con experiencias supuestamente inexplicables.
En esta ocasión, sus hermanos, todos mayores que ella, añadieron un dato revelador: recordaban cómo habían dejado de practicar la ouija antes de que ella, la protagonista de esta historia, hubiera nacido. Lo hicieron tras una sesión especialmente terrorífica.
Fue tal la impresión que decidieron romper el tablero y tirarlo a la basura.
Era una vieja historia que ya habían contado en anteriores ocasiones.
Después de aquello, habían sucedido algunas cosas, como si hubieran traído algo a la casa. Un día, al entrar uno de ellos en el domicilio familiar, en un momento en el que no había nadie, se había encontrado un taburete de la cocina en mitad del pasillo, encima del cual había colocadas unas tijeras.
Pero en esta ocasión dieron un dato que nunca habían contado antes. La sesión de ouija la habían llevado a cabo en el cuarto que, años después, ocuparía su hermana al nacer, y en el que tuvieron lugar las apariciones de aquel ser de sombras.
La historia de este fenómeno
Aunque las tradiciones esotéricas y los sistemas religiosos a lo largo de la historia nos han hablado de seres de sombra como representaciones antropomórficas del mal, y con frecuencia se habla de formas humanoides sombrías en el folclore que rodea a las historias de fantasmas, la popularización del término «gente sombra» es relativamente reciente y originaria del mundo anglosajón.
Algunas fuentes sitúan la primera mención a estas criaturas el 12 de abril de 2001, en el programa radiofónico Coast to Coast AM, que realizó una emisión en la que se abordaba el tema en profundidad.
En él, el presentador Art Bell entrevistó a un anciano nativo americano, Harley «SwiftDeer» Reagan, y durante la entrevista animaron a los oyentes a enviar dibujos de los seres de sombras con los que hubieran tenido encuentros.
El público envió gran cantidad de dibujos en los que parecía haber ciertos modelos que se repetían, como si hubiera varias categorías de sombra o personajes diferenciados.
Posteriormente el fenómeno fue cobrando popularidad gracias a las apariciones en dicho programa de la autora e investigadora paranormal Heidi Hollis, que publicó un libro sobre el tema en octubre de ese mismo año.
Ella fue la que nombró a las criaturas avistadas durante estos encuentros con seres con forma de silueta como «la gente sombra», creando la idea de una especie de colectivo que vinculaba entre sí lo que hasta el momento habían sido interpretados como sucesos inconexos, apariciones espectrales aisladas o simples alucinaciones.
En sus intervenciones en este programa, Hollis sentó las bases que definirían esta realidad, para algunos, o mito moderno, para otros, describiendo la fenomenología sobre la base de los testimonios que había recopilado, que los describían como siluetas oscuras con formas humanas que pueden avistarse fugazmente por el campo de visión periférica; también aportaba testimonios de personas que afirmaban que algunas de estas figuras habían intentado saltar sobre el pecho de sus víctimas y estrangularlas.
Para Hollis, estas entidades son claramente malévolas aunque, como veremos a continuación, existe controversia al respecto, pues hay quienes afirman que son entidades neutrales, y otros incluso piensan que les velan durante el sueño, como si fueran una especie de ángel de la guarda.
Vemos que, de nuevo, se repite la historia pues, al igual que con el Mothman, el ser humano no es capaz de entender la lógica y el comportamiento de seres que parecen regirse por parámetros no humanos.
Clasificación de la gente sombra según su apariencia
El de la gente sombra es un misterio que aúna varios tipos de entidades diferentes y, de hecho, como verás a continuación, podría responder a diversas causas.
En principio la mayoría tienen algunas características en común.
Podría afirmarse que en la mayor parte de los casos, al menos en los primeros estadios de su interacción con los humanos, son percibidas como siluetas o manchas fugaces que se captan en el campo de visión periférica, pero que, una vez volvemos la cabeza para mirarlas, desaparecen rápidamente de nuestra vista.
Se han descrito encuentros con estas criaturas tanto de día como por la noche, pues, de acuerdo con los testigos, la luz no parece afectarles.
Sus cuerpos tienen forma humanoide, aunque varían en tamaño: desde siluetas de altura humana o con formas de enanos hasta entes gigantescos que pueden llegar a medir varios metros de altura.
Algunas veces se distinguen sus extremidades, en determinados casos de dimensiones grotescas, aunque en otras ocasiones pueden no diferenciarse los brazos, o incluso los brazos y las piernas, como suele pasar en el caso de las sombras que adoptan la forma de seres que parecen llevar una túnica con capucha.
En algunos avistamientos, sin embargo, las entidades de este tipo han sido descritas como seres amorfos o flexibles columnas de humo negro.
Se ha descrito que se mueven con una velocidad y agilidad sorprendentes, y los testigos dicen de ellas que son «más oscuras que la propia noche» y no reflejan la luz, o incluso parece que la absorben. Una vez divisadas, con frecuencia desaparecen a través de las esquinas, o internándose en armarios y lugares oscuros, fundiéndose con las tinieblas.
En muchas ocasiones sus movimientos son descritos como espasmódicos y desordenados, realizados a gran velocidad, como si su naturaleza fuera la de un fluido en lugar de la de un cuerpo sólido, movimientos antinaturales a los que los testigos se han referido como si las sombras bailaran o saltaran de una pared a otra.
Para poder entenderlo mejor, intentaremos abordar el fenómeno de forma ordenada.
Para ello, realizaremos primero una clasificación de estos seres en función del aspecto que los testigos les atribuyen tras toparse con ellos.
Estas criaturas podrían agruparse en cinco grandes arquetipos:
Sombras amorfas o vaporosas
A este tipo las llamaría yo «sombras cutres», «pedos de Satán», o algo similar, por darle un poco de vidilla al asunto, que se está poniendo el tema de un serio que acongoja, pero mejor que no, que luego se me enfadan los sombrólogos serios.
Aquí incluiríamos a entidades de este tipo que han sido descritas como seres amorfos o flexibles columnas de humo negro, es decir, sin una forma definida.
Deben de ser las que tienen más mala leche, por aquello de estar acomplejadas respecto de sus congéneres de las otras categorías, que parecen tener algo más de estilo o, al menos, una forma definida.
Sombras humanoides sin rasgos diferenciados
Sombras humanoides tridimensionales sin rasgos distintivos, ya sean faciales o de sexo, aunque a veces se perciben como cuerpos masculinos (por su constitución corporal, no seas malpensado).
Sombras humanoides de encapuchados, también conocidas como «el encapuchado› o «el monje»
Normalmente se aparecen como una figura muy alta, encapuchada; a veces no se le distinguen las extremidades, como si llevara una túnica que llega hasta el suelo y le tapara los pies. También es indistinguible el rostro, y en la mayoría de los casos suele causar aprensión en los testigos, que a menudo perciben este tipo de sombras como entidades negativas o malignas.
Buceando en la historia, encontramos una figura en algunas culturas antiguas cuya descripción encaja perfectamente con la de estas criaturas: el Genius cucullatus.
Los Genii cucullati son representaciones de figuras cubiertas con un manto y una capucha (cucullus).
También llamados espíritus encapuchados o genios encapuchados, el término surge de tallas encontradas en las regiones celtas en época del Imperio romano.
Han sido encontrados fundamentalmente en tallas, muchas veces casi abstractas, de contenido religioso, en toda la región celta romana, desde la Britania romana hasta Panonia, que se correspondería actualmente con la parte occidental de Hungría y parcialmente con Croacia, Serbia, Bosnia-Herzegovina, Eslovenia, Austria y Eslovaquia.
También se han hallado representaciones de estas figuras esculpidas en altares de templos, como el templo de Wabelsdorf, en Carintia, donde a la imagen la acompaña la inscripción Genius cucullatus (genio encapuchado), de la que surge la denominación común dada por historiadores y arqueólogos a estas representaciones.
Se pueden encontrar en Europa, Suiza y Alemania.
En Gran Bretaña se encuentran representadas en forma de triple deidad.
En la época romana la capa con capucha se asociaba sobre todo a los pueblos galos o celtas, pudiendo ser estas figuras representaciones del dios de la salud Telesforo, aunque en realidad se desconoce su significado religioso.
El manto también es con frecuencia un símbolo sobrenatural asociado a algunos mitos en los que confiere la capacidad de otorgar la invisibilidad de los seres divinos a sus portadores.
Otros investigadores afirman que podrían tratarse de representaciones de espíritus de la fertilidad, puesto que algunas de las tallas de Genii cucullati incluyen formas fálicas u ovoides, símbolos de la vida y el renacimiento o reencarnación, por lo que se las relaciona con la salud; el grueso de la comunidad científica, eso sí, descarta la idea de que sean representaciones de los repartidores de dildos de la antigüedad.
Los que defienden esta tesis se basan también en el hecho de que los relieves de Genii cucullati se encontraron cerca de pozos que tenían fama de contener aguas salutíferas, de ahí su conexión con las propiedades curativas. En otras ocasiones se les muestra asociados a otras divinidades, las Matres o Matronae, que estaban vinculadas a la salud y la curación.
Sin embargo, hay casos en los que se representa a los Genii cucullati portando rollos de pergaminos que podrían representar la duración de la vida, por lo que serían también divinidades ligadas al mundo de la muerte, lo cual encajaría mejor con los encuentros con gente sombra.
Como vemos, las propuestas de los investigadores no pasan de ser conjeturas. Lo que está claro es que el parecido de estas representaciones con las descripciones de testigos de encuentros con las siluetas de sombra de «el monje» o «el encapuchado» es, cuando menos, inquietante.
Sombra humanoide con ojos rojos
Esta entidad adopta la forma de una silueta humanoide tridimensional, totalmente negra, con unos ojos que brillan con un fulgor antinatural de color rojo o, en ocasiones, verde.
Suele causar a sus víctimas una tremenda sensación de angustia y terror y parece ser percibida como una entidad maligna.
«Hat man» u «hombre del sombrero»
Además del sombrero, en ocasiones puede distinguirse que viste un traje. A veces, además, completa su atuendo con una capa.
Suele ser de gran altura, y emana una sensación de malignidad y amenaza que es fácilmente perceptible por los testigos, tal y como viste en el capítulo anterior.
Algunas personas han atestiguado encuentros con entidades de estas características tocadas con un sombrero fedora (el sombrero clásico popularizado por el personaje Indiana Jones). Este sería el Hat man.
En otras ocasiones el sombrero es percibido como un sombrero de copa alta, como si se tratara de la silueta de un caballero decimonónico. A este lo llaman Tall hat man (hombre del sombrero de copa).
Tampoco es que se hayan roto la cabeza.
Al Tall hat man hay quien le atribuye una serie de características adicionales, aunque no siempre se cumplen:
• Ojos rojos o amarillos, que incluso llegan a parpadear.
• Ropa definida, entre la que se incluyen gabardinas, trajes antiguos y/o capas.
• Facciones distinguibles.
• Refleja la luz.
• Es corpóreo.
Como vemos, esta entidad encajaría plenamente con la descripción que dio la testigo mencionada en el capítulo anterior, víctima de una criatura de estas características que, aparentemente, le estaba succionando la energía vital hasta causarle una inmunodepresión acompañada de un herpes.
Fue denominada por primera vez Hat man por la investigadora Heidi Hollis.
Una de las personas que tuvo contacto con esta entidad quedó tan impactada que ha fundado una web, thehatmanproject.com, cuya única finalidad es recoger testimonios de todas las personas que han tenido encuentros con el hombre del sombrero para tratar de investigar el fenómeno.
Tim Brown, responsable del sitio web, nos cuenta la experiencia que tuvo con esta entidad:
Mi experiencia con el hombre del sombrero aconteció en 1994, cuando tenía unos catorce años. Vivía con mi abuela y mi tatarabuela en mi casa en Nashville, y había estado despierto hasta muy tarde, alrededor de las dos de la madrugada, y me quedé dormido en la cama mientras veía la tele. Las luces estaban apagadas y la única fuente de luz era la pantalla del televisor.
[...]
Mirando hacia mis pies podía ver perfectamente el cuarto de mi abuela (que era paralelo al mío) dado que no había puerta entre mi habitación y la suya. También podía ver el pasillo. [...] oí algo en la tele que me hizo abrir los ojos y percibí algo por el rabillo del ojo.
Siempre he tenido miedo a los asaltantes y a qué haría si alguien entrara en mi casa. Por un momento pensé que lo que había visto era a mi abuela que se había levantado para ir al baño.
Pero cuando enfoqué la mirada hacia el pasillo en dirección a la habitación de mi abuela, me di cuenta rápidamente de que eso no era mi abuela.
Lo que vi me llenó inmediatamente de pavor. Vi una forma humanoide alta que parecía un hombre. No tenía rasgos distintivos. No pude distinguir ojos, nariz o boca, solo negrura.
Parecía una sombra, solo que más oscura, mucho más oscura.
Tenía un sombrero con el ala muy ancha y una gabardina larga que se agitaba a medida que se movía. Empecé a temblar. Mi corazón se disparó. En ese momento, tuve la convicción de que había un intruso en mi casa.
[...]
Seguí mirando al pasillo. Él se quedó en el umbral, entre la habitación de mi bisabuela y la de mi abuela. Inclinó la cabeza y el cuerpo dentro de la habitación de mi bisabuela y miró dentro, volviendo luego la cabeza hacia mí. Entrecerré los ojos lo justo para poder verle pero de forma que pareciera que estaba dormido. Se quedó allí de pie lo que a mí se me antojó una eternidad, y entonces se movió sin hacer ruido y desapareció de mi vista por el pasillo.
[…]
A estas alturas no sabía qué más hacer. Estaba convencido de que había entrado algún ladrón en la casa, así que reuní todo el coraje que pude, salté de la cama gritando, e irrumpí en el pasillo listo para pelear. Recorrí el pasillo y… se había ido.
Obviamente, mi abuela y mi bisabuela se despertaron sobresaltadas. Les conté lo que había pasado y no hace falta decir que ninguno de nosotros volvió a acostarse durante un buen rato, y cuando lo hicimos fue con la luz encendida.
[...] al día siguiente [...] me sorprendió saber que no era el único en aquella casa que había visto al hombre del sombrero y la capa. También mi abuela y mi bisabuela habían visto aquella cosa, aunque ellas la describían de otra forma...
En este punto, es interesante resaltar que son frecuentes los casos de niños con amigos imaginarios que los describen como un hombre mayor con un sombrero, por lo que, tal y como te proponía en el capítulo segundo, puede ser que estemos en contacto con estos seres desde nuestra más tierna infancia.
El arquetipo del hombre del sombrero vestido con ropas antiguas y, a veces, capa, parece estar presente en multitud de culturas, y en algunas es identificado como el mismo demonio.
Clasificación de la gente sombra según su comportamiento
Sombras espectrales (no interactúan con el testigo)
No son necesariamente negativas, y se comportan como los espectros, es decir, se limitan a desplazarse por un lugar ignorando a los testigos, como si no fueran siquiera conscientes de la presencia de estos. Da la sensación de que representan una escena de forma repetitiva, como si fueran fragmentos de imágenes de otro tiempo. Pueden darse encuentros con estas entidades tanto por la noche como a plena luz del día, en el interior de las casas o en el exterior, y pueden ser vistas simultáneamente por más de un testigo.
Los dos tipos que vienen a continuación parecen alimentarse o verse atraídos por las emociones negativas de sus víctimas, principalmente el miedo.
Cuando se presentan al testigo, la mayoría de las veces no interaccionan con él; se limitan a dejarse ver, como si estuvieran acechándolo y asustándolo.
Visitantes de dormitorio
Ya he expuesto diversos testimonios de encuentros de este tipo en el capítulo anterior.
Principalmente suelen ser protagonistas de los casos de visitantes de dormitorio y parálisis del sueño las entidades con mayor carga negativa, que siempre son percibidas como amenazantes por los testigos; a saber: el hombre del sombrero y las sombras con ojos rojos, aunque también pueden aparecerse, solas o acompañando a estos dos terribles personajes, tal y como vimos en el capítulo anterior, sombras humanoides del tipo «indiferenciado».
El principal problema con estas entidades es que en la mayoría de los casos aparecen en el interior de las casas durante el sueño, y solo suelen ser vistas por el testigo, por lo que es más difícil objetivar la realidad de estos encuentros, y tenemos que limitarnos a la gran abundancia de testimonios recogidos a lo largo y ancho del mundo.
Algunos testigos afirman que, tras haber sido tocados por estas entidades, les han surgido manchas en la piel que tardaron años en desaparecer. En otras ocasiones las víctimas del contacto con estas criaturas aseguran que les han ocasionado arañazos, moratones o quemaduras.
Sombras errantes
También generan gran pánico entre las personas que las contemplan, y suelen aparecerse en carreteras o caminos, o incluso deambulando por las calles de los pueblos como signos de un mal agüero, aunque de manera infrecuente no han sido percibidas como amenazantes.
En otras ocasiones son avistadas en el interior de los edificios.
A veces parecen observar a las personas y desaparecen al ser descubiertas.
Uno de los testimonios más impactantes de este tipo de encuentros lo recogió mi paisano, el escritor e investigador José Manuel Morales Gajete, que entrevistó en su programa de televisión Córdoba misteriosa, en el que participo ocasionalmente como colaborador, a un testigo que había tenido un encuentro asombroso con una de estas siluetas.
Tuvo lugar en el antiguo hospital militar de San Fernando, un lugar que ya arrastraba cierta historia paranormal, pues fue construido sobre los restos de un convento allá por el año 1928.
En los años noventa había cesado su actividad, y la vigilancia del edificio corría a cargo de los reclutas que realizaban el servicio militar, alguno de los cuales había referido sucesos anómalos: máquinas de escribir que emitían sonidos durante las guardias nocturnas, como si las estuviera utilizando alguien en momentos en que las oficinas estaban vacías, o avistamientos de monjas que aparecían en las ventanas.
El impactante caso que está relacionado con los seres de sombra tuvo lugar en octubre de 1993. Emilio Fernández era por aquel entonces un joven de dieciocho años que realizaba el servicio militar y fue destinado a hacer guardias nocturnas a aquel centro.
Durante la noche decidió dejar su puesto de guardia para echar una cabezada, por lo que se dirigió a los dormitorios de los barracones. Al pasar por delante de la puerta que daba al comedor y a las cocinas del edificio vio que, en los fregaderos, había un compañero lavando los platos.
Como eran las dos de la madrugada y el hombre estaba un poco aburrido, decidió acercarse sigilosamente por la espalda para darle un susto. Al irse aproximando pudo distinguir que la persona tenía la cabeza rapada y las orejas algo despegadas del cráneo. Incluso podía oír el ruido de los platos al ser manipulados.
Pero al ir a tocarle la espalda, Emilio se convirtió en el cazador cazado, pues su mano atravesó la figura como si fuera una proyección holográfica.
Entonces el ser inmaterial se volvió, quedando a pocos centímetros del rostro del testigo.
¿Adivinas cómo era la figura?
Exacto, una silueta que el testigo describe como «de una oscuridad inmensa, no tenía rostro, ni ojos, ni boca, ni ningún atisbo de humanidad».
El ser lo encaró durante unos segundos, tras lo cual se dio media vuelta y se marchó con celeridad hacia la puerta, para desaparecer en la oscuridad del pasillo.
Huelga decir que esta experiencia le impactó sobremanera y cambió para siempre su concepción de la realidad.
Dentro de este arquetipo de gente sombra me gustaría incluir un subtipo, recogido por José Manuel Morales Gajete en su libro Enigmas y misterios de Córdoba, perteneciente al folclore popular de la provincia: «el enlutao» o «La Maranga»
«El enlutao» o «La Maranga»
La mayoría de las veces suelen adoptar la forma del encapuchado, y suelen ser siluetas muy altas, por encima de los dos metros, a las que no se les distinguen los pies, y en ocasiones tampoco los brazos.
El investigador cordobés enmarca este fenómeno en el área geográfica de la provincia de Córdoba, aunque, como veremos un poco más adelante, no parece ser patrimonio exclusivo de esta zona.
De acuerdo con sus investigaciones, desde los años treinta del pasado siglo, titulares de prensa como el aparecido el 8 de febrero de 1935 en La Vanguardia, «En Peñarroya los fantasmas tienen indignado al vecindario», testimonian la actividad de estos seres.
La noticia hablaba de la aparición en la población de rumores acerca de la presencia de fantasmas a los que se achacaban todo tipo de tropelías.
Otras pruebas de esta actividad son más impactantes, como el testimonio que el escritor Alejandro López Andrada aportó en el programa de radio Milenio 3, y posteriormente en su versión televisiva, Cuarto Milenio, testimonio que también fue recogido por el investigador cordobés en el mencionado libro.
Este reconocido escritor cordobés, oriundo de la localidad de Villanueva del Duque, afirma que el 1 de noviembre de 2002, día de Todos los Santos, mientras transitaba en su vehículo en dirección a la localidad de Alcaracejos, pasadas las seis de la madrugada, en compañía de su hija y una estudiante de intercambio para llevarlas a que cogieran un autocar para ir de excursión con el instituto, tuvo un encuentro sorprendente con esta siniestra aparición.
En la carretera que va de Hinojosa del Duque a Pozoblanco se detuvo en un stop y vio en la lejanía, a un centenar de metros, una gigantesca figura, la silueta de un encapuchado que se dirigía hacia ellos suspendida a varios centímetros del suelo.
En principio, para no alertar a las jóvenes que le acompañaban, no dijo nada sobre la extraña silueta, hasta que su hija le preguntó si estaba viendo lo mismo que ella.
El conductor tuvo reflejos suficientes como para preguntarle qué era lo que veía ella.
La respuesta confirmó sus temores: su hija también veía una silueta gigantesca que se aproximaba hacia ellos.
La estudiante de intercambio extranjera que se hallaba en los asientos traseros, que no entendía el castellano, sufrió un ataque de pánico, supuestamente por haber visto algo por la ventanilla.
El escritor intentó tranquilizarse y, con gran sangre fría, trató de esperar a que la figura pasara de largo.
Cuando se hallaba a unos diez metros del coche, Alejandro observó que el ente, que calculó que medía alrededor de los dos metros y medio, llevaba una sotana parecida a la de un monje y carecía de rostro. En ese momento el escritor emprendió la huida, presa del pánico, y pudo comprobar por el retrovisor que la criatura todavía les perseguía, hasta que un coche que circulaba por el carril contrario la atravesó, y la extraña entidad se desvaneció sin más.
Pero no ha sido este el único informe de avistamientos de esta entidad con denominación de origen.
En 2007 cuatro jóvenes del municipio de El Higuerón, que se dirigían en coche por la noche a la localidad de La Carlota, tuvieron un reventón, por lo que se bajaron y llamaron a la grúa.
Como el servicio de asistencia les solicitaba el kilómetro exacto de la carretera donde se hallaba el turismo, echaron a andar en mitad de la oscuridad de la noche, al tratarse de una vía interurbana no iluminada, para buscar algún poste que indicara el kilometraje, alumbrándose únicamente con la luz de sus teléfonos móviles.
En un momento determinado vieron aparecer en el arcén de la carretera un bulto negro que se dirigía hacia ellos.
A medida que se acercaba tuvieron una terrible visión. Aquella forma oscura se desplazaba sin tocar el suelo.
La extraña aparición se detuvo a unos diez metros de los viandantes, flotando, inmóvil.
Antonio Gómez, uno de los tres chicos, le preguntó a la entidad quién era, pero el extraño ser no reaccionó. El testigo lo describe como un bulto negro en el que no se distinguían cuello ni extremidades, de más de dos metros de altura, con una tela negra echada por encima. Cuando le iluminó la capucha con el móvil y vieron que no tenía rostro, los tres jóvenes emprendieron la huida. Al llegar al coche lo arrancaron y se pusieron en marcha sin importarles que la llanta del neumático tocara el asfalto, viendo aterrorizados por el espejo retrovisor que la criatura continuaba avanzando hacia ellos, aunque, por suerte para los testigos, cejó en su empeño tras perseguirlos durante unos doscientos metros.
Otro de los casos más notorios de apariciones de estas sombras errantes, en la forma de «La Maranga», fue recogido por Gonzalo Pérez Sarró en su libro Huellas de otra realidad. Es conocido como el caso del fantasma de Saucedilla.
En 1983, según narra el autor, se dieron varios avistamientos de un extraño ser en la localidad de Saucedilla, en Cáceres, cerca de la central nuclear de Almaraz.
El primer testigo fue una mujer joven, Mari Carmen, que, mientras caminaba al atardecer por la avenida de Juan José González, observó a un extraño viandante que avanzaba por la otra acera en sentido contrario.
Según sus declaraciones, se trataba de la silueta de una persona, pero vestida con ropajes largos y de una estatura descomunal.
Lo peor vino cuando, al llegar a su altura, el ser cruzó la calle y se situó a unos cinco metros de ella.
Fue entonces cuando pudo fijarse mejor en aquel esperpéntico ser, que quedó grabado de forma indeleble en su memoria.
Así lo describió la testigo:
«Creo que podía medir los tres metros de estatura. Sus ropas eran extrañas, a modo de túnica negra, muy holgada, que le caía a plomo hasta el suelo. No parecía que tuviese pies o, al menos, no los vi. Pero es que, además, tampoco se le notaban las piernas, que se deberían dibujar en el tejido al caminar. De cualquier forma, aquel ser no se desplazaba como nosotros, iba como flotando a ras del suelo. Se deslizaba siempre a la misma velocidad, uniforme y muy lenta, sin hacer movimiento alguno con el cuerpo. Al llamarme la atención precisamente esto que digo, miré a hacia donde deberían estar sus pies y observé algo que me sigue intrigando ahora. La parte baja de su vestimenta se agitaba como si tuviera algo que echara aire debajo de esos faldones, ¡vaya, que parecía que tuviera dentro un ventilador!».
También pudiera ser que tuviera gases, apostillo yo. No sé cómo se les pudo escapar esa posibilidad, pero sigamos con la descripción de la testigo:
«En la cabeza parecía llevar un tocado, pero su rostro no lo pude distinguir, no sé si porque el gorro hacía sombra o porque la luz ya era casi inexistente. También llevaba una especie de bolso o algo colgado. No tenía brazos o no se le apreciaban, tal vez los llevara pegados a los costados».
La criatura desapareció por la esquina de la bocacalle perpendicular a la vía en la que se hallaba la testigo. Cuando dobló la esquina, no había ni rastro de aquel ser de sombras.
Pero lo que hace excepcional este caso es que, al igual que sucedió con el Mothman, el fenómeno se apareció durante varios días y a diferentes testigos.
A los cuatro días, la misma chica, acompañada esta vez de dos muchachos más jóvenes que ella, tuvieron otro encuentro con la que, suponen, era la misma criatura:
«Estaba allí, parecía observarnos, asomado a la otra esquina. Solo se le veía la cara, una cara redonda y blanca. Se distinguía perfectamente en la oscuridad, a pesar de la distancia. Era un rostro resplandeciente y sus ojos, también».
Hay que añadir que los dos acompañantes de la chica, valientemente, pusieron pies en polvorosa.
Los perros del pueblo aullaron durante toda la noche…
Otra joven del pueblo, María del Mar Mariscal, de trece años de edad, según nos cuenta el autor, también tuvo dos encuentros con esta siniestra entidad:
El primero tuvo de lugar de noche, de nuevo en la avenida de Juan Antonio González.
La niña avistó al ser que también describió como una silueta alta, con ropajes oscuros y largos. La criatura permaneció inmóvil, observándola. Ella apartó la vista un instante de la entidad y cuando volvió a mirar había desaparecido.
Esa misma noche, al ir a tirar la basura, volvió a ver a aquella figura en el jardín de su casa. El cuerpo del ser superaba por un tercio la altura de los postes de la verja del jardín, que medían dos metros.
En esta ocasión sí pudo distinguírsele un miembro, por suerte para María, un brazo.
El esperpento le hacía un gesto con la mano derecha para que se acercara. La testigo afirmó que tenía la cara «apepinada» y surcada por lo que parecía ser una cicatriz.
Como es obvio, la muchacha huyó gritando hacia su casa. El padre, alarmado, salió armado con un cuchillo, pero allí no había nadie, tan solo el silencio roto por el incesante aullido de los perros.
Estos encuentros con lo extraño desataron la alarma de los vecinos, que desembocó en batidas organizadas por la Guardia Civil con grupos de voluntarios, aunque fueron infructuosas.
Y repitiendo comunidad autónoma, las Hurdes extremeñas también han sido una localización en la que se ha desarrollado este fenómeno, al que allí denominan «Pantaruja».
En la localidad de Vegas de Coria, al norte de la provincia de Cáceres, sus habitantes fueron testigos de extrañas sombras errantes.
El 10 de noviembre de 1982 dos testigos, Eusebio Iglesias y su hijo Florián, a eso de la una de la madrugada, mientras descargaban materiales de construcción en una vivienda, escucharon un ruido que más tarde describirían como lamentos.
Vieron una llamarada de color azul que iluminó la carretera durante unos instantes para, acto seguido, desaparecer.
El día siguiente, otro testigo tuvo un encuentro inusual.
El 11 de noviembre, como otra noche cualquiera, Nicolás Sánchez Sánchez se dirigía a su casa, cercana al primer avistamiento del extraño fuego fatuo, sobre las diez menos cuarto de la noche.
Antes de entrar en su vivienda, escuchó un lamento que provenía de la carretera. Al mirar en la dirección del sonido vio un bulto oscuro de unos treinta centímetros, que, para su asombro, comenzó a crecer hasta alcanzar algo más de dos metros, con un sonido que el testigo describió como de «rechinar de dientes». Nicolás se acercó y, para su asombro, vio una silueta humanoide de grandes proporciones y complexión fornida, vestida con una túnica negra que le caía por debajo de las rodillas.
Como es natural, el testigo retrocedió, y el ente comenzó a seguirle. Nicolás, que debía de tenerlos muy bien puestos, no tuvo otra cosa que hacer que coger dos grandes piedras y lanzárselas al ser.
La sombría entidad se alejó flotando en dirección opuesta hasta desaparecer.
Pero regresemos al testigo inicial. A los dos días de estos acontecimientos, Eusebio Iglesias volvió a encontrarse con este ser entre las nueve y media y las diez de la noche.
Se hallaba intentando recolocar un saco que se le había caído del burro, cuando sintió detrás de él una presencia. Al volverse, la sangre se le heló en las venas: una figura muy grande, enlutada de pies a cabeza, se le aproximaba lentamente con los brazos extendidos.
Incluso pudo escuchar una voz que le exhortó: «¿Es que no me conoces?».
Eusebio salió por patas, pero mientras huía pudo ver cómo aquel ser de pesadilla se arrojaba por el terraplén que bordea la carretera, una caída de más de veinte metros.
No ocurrió nada más hasta el 3 de febrero de 1983, cuando otro de los testigos iniciales, esta vez Florián, el hijo de Eusebio, junto con Cristino, Germán Domínguez y Joaquín Sánchez, vieron a un ser azul oscuro que se precipitaba por un terraplén.
Fueron más las gentes del pueblo que dijeron haber tenido encuentros con este extraño individuo, hasta el punto de que, también en este caso, la Guardia Civil organizó batidas, pero una vez más, siendo fiel al principio de elusividad, el ser no hizo acto de presencia, y quedó en la sutil frontera que hay entre la leyenda, los fenómenos paranormales y la histeria colectiva.
¿Qué explicación da la ciencia?
Como siempre, la ciencia acude al rescate para actuar como una tabla de salvación que nos permita tener una sensación de control y evitar que este tipo de experiencias destrocen nuestros esquemas sobre lo posible y lo imposible.
Estas son algunas de las explicaciones que los científicos aportan para explicar el fenómeno.
Alucinaciones hipnagógicas o hipnopómpicas
Aunque ya hablamos de este tipo de síntoma en el capítulo precedente, no está de más recapitular para sintetizar conceptos.
Estos fenómenos suelen estar asociados a los trastornos del sueño y, en el contexto de las apariciones de gente sombra, más concretamente, asociados a la parálisis del sueño y a los terrores nocturnos.
Las alucinaciones hipnopómpicas son aquellas que se producen en un estado intermedio entre el sueño y la vigilia, es decir, tienen lugar cuando nos estamos despertando, y pueden ser tanto visuales como auditivas y táctiles. El sujeto las percibe como experiencias reales que experimenta en estado de vigilia a pesar de que su vínculo con la realidad objetiva no es claro, y suelen mezclar elementos reales con elementos oníricos.
Las alucinaciones hipnagógicas pueden ser auditivas, visuales o táctiles, y se producen poco antes del inicio del sueño, en una situación de tránsito entre la vigilia y el sueño
Tienen lugar en las fases 1 y 2 del sueño profundo no REM, durante las cuales el cerebro envía señales a la médula espinal, que paraliza las extremidades para que no imitemos los movimientos de las acciones que estamos realizando en los sueños. En esta fase intermedia entre sueño y vigilia es común pensar que se está despierto, hasta tal punto que se tiene seguridad de tener los ojos abiertos, de ver y oír cosas alrededor, pero no se puede uno mover. Las personas pueden ser conscientes o inconscientes de su entorno, siendo en el último caso donde pueden percibir imágenes del subconsciente, visualizando luces o sombras que se mueven alrededor.
Como ya viste anteriormente, los episodios de parálisis del sueño tienen lugar en las ocasiones en que la persona, que está durmiendo en ese estado, se despierta.
Un tercer tipo de alucinaciones vinculadas a los trastornos del sueño que podrían originar estas experiencias son las causadas por privación del sueño durante períodos prolongados, aunque normalmente, para llegar a estos extremos es necesaria la intervención de algún factor que induzca dicho insomnio, como te explico más abajo.
Proyección de nuestra conciencia del arquetipo junguiano de la sombra
La siquiatría atribuye la naturaleza de estas visiones, independientemente de que sean causadas por los efectos fisiológicos descritos en el punto anterior, o por otras causas físicas de las que se explican más adelante, a una proyección del arquetipo junguiano de la sombra presente en el inconsciente colectivo, lo que explicaría la abundancia de casos a nivel mundial que trascienden diferencias culturales y sociales.
Alucinaciones provocadas por circunstancias fisiológicas o sicológicas
Algunas enfermedades mentales, como la esquizofrenia o algunos trastornos sicóticos pueden ocasionar alucinaciones.
Asimismo, hay enfermedades no siquiátricas, como infecciones cerebrales, y tumores que pueden originar sicosis de tipo orgánico que podrían conllevar como síntomas alucinaciones visuales.
El uso y abuso de sustancias sicoactivas y drogas como la cocaína y la metanfetamina, así como los efectos secundarios de algunas medicaciones, también se señalan como posibles responsables de este tipo de avistamientos.
Por ejemplo, es frecuente en los adictos a la anfetamina sufrir alucinaciones a causa de la privación de sueño cuya descripción encaja con los patrones de la gente sombra.
Defectos o fallos en la visión
La retina del ojo humano está compuesta de dos tipos de células, los conos y los bastones. Los bastones son las células predominantes en este tejido; son mucho más sensibles a la luz y están más adaptados a la visión periférica y a la detección del movimiento.
Los conos se ubican en la fóvea, que es la zona central de la mácula del ojo, que tiene la forma de una pequeña mancha de color amarillo que se encuentra en el interior de la retina. Los conos son los responsables de la visión en color y la agudeza visual.
Cuando enfocamos un objeto, la fóvea se encarga de percibir sus detalles, mientras que los bastones del resto del ojo captan los movimientos de objetos que pudieran darse en el campo periférico de nuestra visión aunque no podamos distinguir su forma en detalle.
Otro fenómeno que puede causar que veamos manchas o formas en nuestro campo de visión son las densificaciones de los humores oculares, es decir, que en algunas partes, los líquidos internos del ojo (humor vítreo) se hacen más espesos, por lo que refractan la luz ocasionando la percepción de manchas oscuras.
Por eso, los escépticos afirman que estas formas percibidas son simplemente objetos comunes que son captados por nuestro campo de visión periférica a los que, por sugestión, podemos atribuir formas humanoides debido a un proceso de pareidolia.
Como sabes, la pareidolia consiste en que el cerebro asigna patrones reconocibles por él a formas que son fruto del azar.
En este caso interpretaría incorrectamente los patrones al azar de la luz, la sombra o la textura.
En cuanto a las imágenes y los vídeos obtenidos de estos seres, la vertiente escéptica atribuye su origen a estas pareidolias, efectos visuales y fotográficos (saturación de luz, imágenes superpuestas, figuras en movimiento…), defectos de las cámaras, etc.
Yo mismo tuve una experiencia de este tipo. En mi libro Lo poco que sé del misterio cuento cómo, en una investigación algo atribulada que realizamos en la planta alta del restaurante Viandas, en la que se suponía que se daban fenómenos paranormales varios, entre ellos la aparición de un fantasma, pues una persona se había suicidado allí, capté en vídeo lo que parecía ser una sombra que asomaba la cabeza al final del pasillo para volver a esconderla, pero, analizando detenidamente el vídeo entre todos los presentes, vimos que en realidad se trataba de un efecto de la cámara que proyectaba una especie de sombra especular de mi silueta que causaba en los píxeles ese juego de sombras y luces que generaba una pareidolia.
Para fenómenos como La Maranga, la causa aducida por la ciencia es la hipnosis de la carretera, provocada por el cansancio visual derivado de pasar varias horas sin retirar la vista de la calzada.
Sin embargo, en los testimonios citados, los testigos, o bien no estaban conduciendo, como en el caso los jóvenes que habían pinchado la rueda, o bien acababan de coger el coche, como en la experiencia narrada por Alejandro López Andrada.
Interacción de agentes externos sobre el cuerpo humano
En capítulos anteriores viste cómo algunas radiaciones electromagnéticas, como los infrasonidos, podían estimular ciertas áreas del cerebro generando diversas percepciones que a menudo se asocian con los fenómenos paranormales, como la visión de formas en el campo de visión periférica, angustia y miedo de origen indeterminados, mareos, cosquilleos, y la sensación de ser observado por una presencia invisible.
Se sabe, por ejemplo, que cuando a una persona se le estimula el lóbulo tempo-parietal observa imágenes en el campo de visión periférica.
Estas evidencias experimentales han llevado a muchos científicos a plantear la hipótesis de que fenómenos como el avistamiento de sombras humanoides podrían estar generados por la influencia de ciertos sitios con presencia de radiaciones electromagnéticas que influirían en los circuitos eléctricos de nuestro cerebro e inducirían estas alucinaciones.
Los campos electromagnéticos pueden interferir con los impulsos eléctricos y las sinapsis del cerebro humano. Edificios con cableados defectuosos, zonas con grandes concentraciones de metales en sus estratos geológicos o la presencia de corrientes de agua subterráneas pueden alterar los campos magnéticos y generar este tipo de alteraciones de la percepción.
De acuerdo con el periódico 20 minutos, un estudio de la Universidad Hospital de Ginebra (Suiza) ha concluido que estos fenómenos podrían tener su explicación en ciertas actividades cerebrales, lo cual es lo mismo que no decir nada, puesto que cualquier fenómeno experimentado por un ser vivo se debe, obligatoriamente, a una actividad cerebral, sin que por ello sea más o menos verídico.
Pero si continuamos analizando la noticia, vemos que el estudio, publicado originalmente por la revista británica Nature, analiza el caso de una chica de veintidós años, sin antecedentes de problemas siquiátricos, con la que estaban probando un tratamiento para la epilepsia.
Durante el proceso, la chica sujeto de estudio recibía estimulación eléctrica en determinadas áreas del cerebro.
Al recibir estimulación en una de ellas, describió que veía a una «persona sombra», a la que describió como joven y de sexo indeterminado, una sombra que no hablaba ni se movía y cuya posición era idéntica a la del «perseguido», pues imitaba todos sus movimientos.
Olaf Blanke, coautor del estudio, afirmó que «los estímulos, aplicados repetidamente, producían en ella la sensación de una presencia en el espacio cercano».
Sin embargo, esto no explicaría por qué en otras ocasiones aparecen las sombras vestidas, por qué a veces tienen ojos rojos ni por qué, en algunos casos, se mueven a su libre albedrío.
La intuición me dice, tal y como hemos visto a lo largo de este trabajo, que estas entidades de alguna forma están relacionadas con las vibraciones electromagnéticas y parece que adaptan su forma al contexto cultural del testigo.
Podría ser que tuvieran la capacidad de manipular el electromagnetismo para estimular esa área cerebral, haciendo que las veamos de determinada manera.
Puede que incluso esa sea su forma de comunicarse con nosotros, pero por supuesto esto son solo apreciaciones personales.
Algunos investigadores, adentrándose ya en el terreno de la seudociencia, afirman que la presencia de estos campos electromagnéticos genera en el cerebro humano estados alterados de conciencia que favorecerían nuestra percepción de otras realidades o de las otras dimensiones del universo.
Siguiendo esta premisa, no contrastable científicamente hoy en día, la visión de las mencionadas entidades en zonas de este tipo podría deberse a que estos campos electromagnéticos alterados serían las puertas que usarían para acceder a nuestra dimensión.
Otras de estas posibles entradas serían los cruces de Hartmann.
La radiestesia es una disciplina seudocientífica que se basa en la detección de radiaciones electromagnéticas mediante el uso de varillas o péndulos.
Es un método que se usa a menudo con el fin de detectar fuentes de agua subterránea para cavar pozos.
En esta disciplina se afirma que la tierra está dividida por unas líneas causadas por el geomagnetismo. Dichas líneas pueden ser de dos polaridades distintas según tengan dirección Norte-Sur (polaridad negativa) o Este-Oeste (polaridad positiva).
El cruce de las mismas generaría una cuadrícula de fuerza telúrica que abarca toda la superficie terrestre.
En la zona donde dos líneas de polaridad distinta se cruzan se crea un cuadrado de veintiún centímetros de lado, conocido como cruce de Hartmann, en el que los campos electromagnéticos se alteran, pudiendo por lo tanto ser otro de los motivos para, dependiendo del grado de escepticismo, tener alucinaciones con estas entidades, o para que se abran puertas que conecten las dimensiones facilitando la presencia de estas criaturas.
Ya cada cual que saque sus conclusiones.
¿Por qué no es suficiente la explicación científica?
Es evidente que, leyendo los párrafos anteriores, este fenómeno tiene todas las papeletas de ser un cúmulo de sucesos explicables por las leyes naturales que han sido malinterpretados por el pensamiento mágico de muchas personas hasta convertirlo en un mito moderno.
Sin embargo, la abundancia de encuentros con estas criaturas está dejando huella en nuestra cultura.
Si eliminamos las alucinaciones hipnagógicas, las enfermedades mentales, los fallos visuales, las anomalías fotográficas, las alucinaciones inducidas por campos magnéticos alterados, nos sigue quedando un pequeño porcentaje de experiencias a las que estas causas no pueden dar explicación.
En vista de la gran cantidad de testimonios recogidos por iniciativas como la anteriormente mencionada thehatmanproject.com o por otras como www.shadowpeople.org puede afirmarse que se trataría de un porcentaje de casos inexplicados nada despreciable.
Testimonios como los de Alejandro López Andrada en el que varias personas vieron el mismo fenómeno, episodios tan terroríficos como el que experimentaron Antonio Gómez y sus amigos con La Maranga o casos como el fantasma de Saucedilla siguen arrojando, continuando con el principio de elusividad del que hemos hablado, tenues pistas cuya única evidencia tangible es la huella que dejaron en los testigos que las vivieron, que aún hoy se preguntan qué les pasó.
Casos en los que varios testigos coinciden en describir lo mismo, lo que sitúa estos fenómenos fuera del campo de la subjetividad de sus mentes y relega las explicaciones científicas a enrevesados e improbables fenómenos siquiátricos de histerias colectivas y alucinaciones compartidas, incluso entre personas que no hablan previamente entre ellas, como el caso de la hija del mencionado escritor y su amiga que, de español, no entendía ni jota.
Es entonces cuando la ciencia se queda corta, y debemos acudir a la intuición y el conocimiento empírico, pero siempre tratando de aplicar el filtro de la lógica, por inverosímil que parezca, para no caer en las garras de la superstición, aunque en estos extremos es complicado discernir.
¿Qué otras explicaciones hay?
Si acudimos a la parasicología, las tradiciones religiosas y el esoterismo, podemos encontrar diferentes explicaciones alternativas para esta supuesta realidad.
La mayoría de estas explicaciones parecen coincidir en que el fenómeno puede comenzar a manifestarse en la forma de estas sombras esquivas que se aparecen en el campo de visión periférica y que, a medida que van aumentando su energía, alimentadas por el miedo de sus víctimas y por las emociones negativas que floten en el ambiente (casas en las que habitan familias desestructuradas o disfuncionales, lugares en los que se llevan a cabo rituales oscuros, emplazamientos en los que han acontecido eventos trágicos) van tomando formas más definidas, como si este incremento energético les permitiera manifestarse en nuestra realidad con mayor fuerza y soltura.
En cualquiera caso, las explicaciones dadas por las tradiciones esotéricas, las religiones y la parasicología y otras seudociencias podrían sintetizarse en las siguientes.
Apariciones fantasmales o almas en pena de difuntos
El espiritismo y la parasicología plantean la existencia de los fantasmas, almas desencarnadas de los difuntos que quedan atrapados en una interfase entre la vida y la muerte, bien por no ser conscientes en el momento de la muerte, por lo que piensan que continúan con vida, o bien por tener un vínculo en forma de apego (por una persona o posesión) que les impide trascender a otros planos de existencia o, en último caso, por tener alguna misión pendiente que deben cumplir en este mundo.
También se informa con frecuencia de la aparición de formas sombrías, ya sean masas de sombras o siluetas definidas, asociadas a casos de poltergeist y casas encantadas.
En mi anterior libro, Lo poco que sé del misterio, contaba el caso de una vivienda en la provincia de Barcelona en la que se estaban viviendo fenómenos paranormales que no se podían clasificar claramente como casa encantada o poltergeist.
Como sabes, de acuerdo con la parasicología, la fenomenología de las casas encantadas está causada supuestamente por entidades espirituales, mientras que los poltergeist son ocasionados por personas que de alguna manera liberan su estrés síquico mediante un proceso conocido como sicorragia.
Sea como fuere, un pariente de los testigos totalmente ajeno al caso que se hallaba en el jardín de la vivienda de enfrente, perteneciente a miembros de la misma familia, agarró un cuchillo y entró en la casa de los fenómenos, porque, según les contó más tarde, había visto claramente la silueta de una persona entrando en ella.
Pensando que era un ladrón, registraron la casa, pero no encontraron a nadie.
Llegados a este punto, habría que diferenciar entre espíritus o fantasmas, que en teoría serían manifestaciones de estas almas desencarnadas, con voluntad propia e inteligencia, por lo que pueden interactuar con las personas de diversas formas, y los espectros, que serían manifestaciones que simplemente repiten una acción delante de los testigos, como si fueran un retazo de otro tiempo que ha quedado atrapado por un fenómeno de impregnación en un lugar, pero sin ser conscientes de los testigos o interactuar con ellos.
Algunos investigadores defienden que las apariciones fantasmales no explicarían el fenómeno de la gente sombra, puesto que los fantasmas supuestamente toman la apariencia de gente difunta con rasgos distinguibles, orbs o niebla. Sin embargo, esto se contradice con el hecho de que estas formas sombrías aparecen usualmente junto a fenómenos de poltergeist y casas encantadas, sin excluir que se presenten también manifestaciones fantasmales clásicas, por lo que, de ser dos fenómenos distintos, podrían coexistir y producirse en paralelo.
Proyecciones astrales de gente dormida
Los practicantes de los sueños lúcidos y viajes astrales afirman que estas sombras pueden responder a la proyección de la conciencia de una persona que duerme y que, ya sea de forma consciente o inconsciente, está realizando un viaje astral.
Si durante dicho viaje astral visita lugares habitados por otras personas, pudiera ser que estas perciban la presencia de su cuerpo astral como una silueta sin rasgos diferenciados, aunque esto no explicaría fenómenos como el de La Maranga o el hombre del sombrero.
Los expertos en estas prácticas también afirman que, tanto en el mundo onírico como en el astral, existen entidades parasitarias que intentan alimentarse de la energía de los viajeros astrales o de los onironautas, atribuyendo el fenómeno de la gente sombra a encuentros con este tipo de entidades.
Esta hipótesis coincide con otra que veremos a continuación y que también hace referencia a los distintos planos de existencia planteados por doctrinas esotéricas como la teosofía.
Emanaciones síquicas
Hay quienes explican este fenómeno afirmando que estos seres son una manifestación de la energía mental liberada por los pensamientos negativos de las personas.
Se trataría de una acumulación de energías mentales negativas que toman forma, como materialización de las proyecciones mentales.
Esto es lo que se conoce como un egregor o tulpa en diversas ramas del saber esotérico, y las abordaré en detalle en el siguiente capítulo.
Por ahora, baste decir que un egreror, según estas filosofías, es una manifestación de la mente colectiva creada por las personas que se unen conscientemente para un propósito común.
Esto implicaría que determinadas personas han proyectado su energía mental para generar a estas entidades.
Carlos Castaneda, antropólogo y escritor que afirmaba haberse convertido en un chamán Nagual tolteca, autor de muchos libros sobre magia y antropología, llamaba a este tipo de criaturas «seres inorgánicos».
En otras disciplinas mágicas o religiones, como la santería, se los conoce como «los muertos» y, siempre de acuerdo con estas doctrinas, pueden ser manipulados mediante trabajos de magia, normalmente de magia negra, para enviarlos a otras personas con el objetivo de perjudicarlos.
Pero te describiré esto con más detalle en el punto siguiente.
Elementales del bajo astral o larvas astrales
Aunque entra totalmente en el terreno de la creencia, por lo que no puede ser demostrada por parámetros objetivos, la siguiente explicación es la que, junto con la hipótesis de los seres extradimensionales, mejor explicaría, a mi entender, el fenómeno de la gente sombra en todas sus variantes.
La gente sombra encaja perfectamente con la descripción que nos dan la teosofía y algunas otras doctrinas esotéricas de unas entidades particularmente nocivas y molestas, los elementales del bajo astral.
Aun a riesgo de parecer la Bruja Lola, para que puedas entender mejor este planteamiento permíteme explicarte primero cómo entiende la teosofía la configuración de la realidad y de los diferentes planos que la componen, y las relaciones de los habitantes de dichos planos entre sí.
La teosofía es un movimiento filosófico esotérico que vivió su apogeo en el siglo XIX y que trata de sintetizar de forma ecléctica todas las religiones y tradiciones esotéricas con los conocimientos científicos para intentar explicar de forma coherente la evolución cósmica, planetaria y humana, fundiendo en un todo armonioso religión, ciencia y mitología.
De acuerdo con esta filosofía esotérica, el universo se divide en distintos planos de existencia, los subplanos astrales, que son como dimensiones o capas superpuestas que los seres vivos pueden percibir o habitar en función del grado de evolución de su conciencia.
Dichos subplanos astrales están compuestos de la misma energía que, a medida que se va densificando, toma diferentes formas y propiedades (como el agua, que a medida que se enfría pasa de vapor a líquida y luego a hielo).
De acuerdo con la teosofía, las personas pueden ascender o descender a lo largo de su vida dentro de los subplanos astrales, en función de la mayor o menor densidad de sus vibraciones energéticas.
Este cuerpo de conocimiento se basa en que, de acuerdo con la ciencia, la materia se compone de energía, lo cual es totalmente cierto, según nos demuestra la teoría de la relatividad, que afirma que la energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado: E = mc2
También es cierto que las partículas subatómicas que componen la materia vibran según sus niveles de energía, lo cual se manifiesta, por ejemplo, con la temperatura, puesto que la temperatura mide el grado de energía de la materia; cuanto mayor es la temperatura de una sustancia, mayor es su energía, y más rápido vibran los átomos que la componen.
La teosofía extrapola este principio y lo aplica tanto a la materia como a las energías espirituales.
Así, las vibraciones de mayor densidad o vibraciones bajas se asocian con sentimientos, pensamientos y actos negativos, materialistas y relacionados con los más bajos instintos.
Las vibraciones sutiles o elevadas, por contra, se relacionan con sentimientos, pensamientos y actos de naturaleza opuesta, bondadosos, desinteresados y espirituales, desapegados de lo material, y conducen a la persona a vincularse con los subplanos astrales más elevados.
En los planos elevados, por lo tanto, habitan entidades espirituales positivas, mientras que, como es obvio, en los planos astrales inferiores, que en su conjunto forman el bajo astral, habitan seres de carácter negativo, vinculados a las energías densas.
Como te comentaba algunos capítulos atrás, me llama mucho la atención cómo la física ha demostrado que los infrasonidos, que son vibraciones de baja frecuencia, causan en el cerebro los típicos efectos asociados a los fenómenos paranormales, y las entidades que supuestamente los causan en la teosofía son consideradas entidades con una vibración energética baja.
Por contra, de acuerdo con los parasicólogos, los ultrasonidos (radiaciones electromagnéticas no ionizantes de alta frecuencia) sirven para eliminar a estas entidades de baja vibración.
Nosotros podemos acceder a los diferentes planos a través de estados alterados de la conciencia o mediante los viajes astrales, en los que nuestro cuerpo astral sale del físico, aunque queda unido a él por el cordón de plata. Con este cuerpo astral sutil o inmaterial, podemos darnos un paseíto por estos otros planos.
Normalmente, según estos niveles de vibración, se dibujan diagramas para facilitar y organizar estos planos astrales que los sitúan unos encima de otros, el más denso abajo y el más sutil arriba, lo que puede inducir a pensar que se trata de realidades separadas, pero en realidad se interpenetran los unos con los otros, como si fueran una especie de muñecas rusas: unos están dentro de otros, es decir, estos planos están en el mismo espacio en el que vivimos, solo que tienen otros niveles de vibración y por eso no todos los vemos o percibimos.
Esto encajaría también con las teorías de la física cuántica que plantean un universo multidimensional, estando cada dimensión conformada por un nivel de vibración de la materia.
En teoría, cada plano tiene una función dentro del universo.
La del bajo astral consiste en crear y mantener la materia. Sin los seres que lo habitan, esta regresaría a su estado sutil y no podría existir el mundo físico que conocemos.
El bajo astral está compuesto por los subplanos astrales kármico y pránico.
Dicen los esoteristas que la gente que realiza magia negra manipula las energías densas del bajo astral para influir sobre la realidad del plano físico o primer plano.
Algunos autores interpretan que este bajo astral es el que ha dado origen al mito cultural del infierno, pues en él se manifiestan las peores energías espirituales: toda la gama de emociones y sentimientos negativos, como el odio, el rencor, la ira, el egoísmo, las tendencias homicidas, los apegos insanos y obsesivos y las perversiones.
Y es en este plano donde podemos encontrar un supuesto origen y explicación para la gente sombra.
Como verás, me he metido en todo un «jardín astral», porque son muchas las interpretaciones y teorías que hablan de estos planos, y si intentas acudir a la fuente, el libro La doctrina secreta, escrito por Madame Blavatsky, te darás cuenta de que es un batiburrillo tal que parece que lo escribió estando borracha, como a lo mejor piensas de mí al leer este libro.
Intentaré sintetizar las principales ideas para que puedas entender cuál podría ser el origen que el esoterismo atribuye a estas fastidiosas entidades.
En el bajo astral podemos encontrar a tres posibles causantes del fenómeno de la gente sombra:
1. La sombra (cascarones astrales)
Por si esta historia de los planos astrales no fuera suficientemente complicada, la teosofía nos dice que el ser humano no tiene uno, sino siete cuerpos sutiles, además del cuerpo físico.
Menos mal que, al ser sutiles, no se ven, de lo contrario no ganaríamos para comprar ropa.
Estos cuerpos sutiles serían:
1.- Físico
2.- Etérico
3.- Astral
4.- Mental
5.- Causal
6.- El Alma
7.- Espiritual
Cuando morimos, en el lapso entre la muerte y la siguiente encarnación, nuestra conciencia va dejando atrás estos cuerpos, de los menos sutiles a los más sutiles, hasta quedarse en el Cuerpo Espiritual.
Según esta hipótesis, cuando la conciencia deja atrás el cuerpo astral para pasar al mental, la mayoría de las veces el cuerpo astral se desintegra.
Sin embargo, a veces eso no ocurre si la persona estaba muy apegada a lo material por haber tenido una vibración espiritual muy baja debido a haberse centrado en las emociones negativas, por tener adicciones fuertes a las drogas, al sexo, ser una persona violenta, etc.
En estos casos, el cuerpo astral está demasiado animado por esas energías negativas e incluso conserva suficiente energía síquica (debido a que tiene algo de materia del Cuerpo Mental pegada) como para tener cierto grado de conciencia y autonomía, por lo que no se desintegra.
Este «cadáver astral» toma la forma de una especie de versión negativa del individuo, algo así como su lado oscuro personificado… su sombra. Esta entidad, constituida por energías astrales (y un poco de energía del cuerpo mental) negativas, intentará alimentarse de miedos, emociones y tendencias nocivas para continuar existiendo y retrasar su proceso de desintegración.
En otras ocasiones, este cascarón o cadáver astral queda inerte por no poseer la suficiente vitalidad y carecer del más mínimo rastro de materia mental, por lo que no tiene consciencia, inteligencia o autonomía, es un simple ente pasivo que flota como nube en el mundo astral.
Este sería el caso de los cascarones astrales de personas sicológicamente equilibradas y sanas.
Sin embargo, antes de que dicho cascarón astral se desintegre, puede darse el caso de que sea animado artificial e intencionadamente por médiums o practicantes de magia, que utilizan a estas entidades para sus fines.
Un ejemplo de esto serían los rituales de Palo Mayombé, una variante de la santería afrocaribeña en la que el brujo o palero roba los huesos de un difunto, los introduce en un caldero llamado nganga y realiza un ritual para atar al espíritu del difunto al que pertenecían los huesos.
Supuestamente alimenta al espíritu con su propia sangre a cambio de que este realice trabajos mágicos para el hechicero, que normalmente consisten en perjudicar a otras personas.
Hay otra variante de esta explicación que es de traca.
Según algunas vertientes esotéricas, si se eyacula fuera de una vagina, ese semen engendra, en lugar de un ser humano, una especie de embrión esotérico, un ente parasitario que se alimenta de la energía vital de los humanos, debilitándolos.
Personalmente no me cuadra mucho esta posibilidad. De ser esto cierto pocos adolescentes habrían vivido más allá de los catorce años, a no ser que les tuvieran las manos permanentemente atadas a la espalda. Sus habitaciones serían verdaderos criaderos de estas entidades...
Como vemos, los posibles candidatos del bajo astral son entes parasitarios.
Si, como afirman algunos, es cierto que sus manifestaciones se dan con frecuencia de tres a cuatro de la mañana, y viendo su tendencia a drenar la energía vital de sus víctimas, podríamos realizar conexiones obvias con los casos de muerte súbita durante el sueño o SUNDS, como los casos de la etnia hmong que relataba en el capítulo anterior.
Entidades demoníacas
Algunos exégetas de estos fenómenos establecen una conexión entre el humo negro y los jinn del islam. Como viste en capítulos anteriores, los jinn o jinas son descritos como seres invisibles a los ojos humanos, y en caso de manifestarse físicamente obtienen la apariencia de una nube de humo negro.
Hay quienes vinculan esta fenomenología con la realización de rituales de corte satánico o de magia negra, en los que se ha invocado a demonios que de alguna forma han quedado vinculados al lugar tras el ritual.
Testimonios como los que leíste en el capítulo sobre la parálisis del sueño, en los que la visión de la gente sombra venía precedida por gritos de multitud de personas, unido a la sensación de malevolencia percibida por los testigos, podrían apuntar en esta dirección, pero no debemos perder de vista que, a menudo, las entidades extradimensionales parecen adoptar su forma en función de las creencias o el contexto cultural de sus víctimas.
Seres de dimensiones paralelas que penetran temporalmente en la nuestra
Llegamos por fin a los seres extradimensionales.
Hay quienes piensan que la gente sombra son entidades que provienen de otras dimensiones paralelas a la nuestra.
Podrían penetrar en nuestras cuatro dimensiones intencionadamente o por error.
En el segundo caso, se trataría de seres que desconocen cómo desenvolverse en nuestras cuatro dimensiones, lo que explicaría su extraño comportamiento.
Pero ¿por qué las vemos como sombras? En el espectro visible el negro es la ausencia de color por la no existencia de luz.
Aparte de la simbología que obviamente podría asociarse a esta ausencia de luz como una representación antropomórfica del mal o la oscuridad, hay otra hipótesis a tener en cuenta.
Si estas entidades provienen de dimensiones o realidades ajenas a la nuestra, podría ser que su color no estuviera dentro del espectro visible de nuestra realidad, motivo por el que, al no poder ser procesado por nuestra retina, veríamos su cuerpo de color negro, como un infinito vacío en el espectro visible, como la ausencia de color absoluta.
Una variante bastante crazy de esta hipótesis multidimensional especula con la posibilidad de que se tratara de viajeros del tiempo que vienen del futuro a estudiarnos, quién sabe si de turismo o a traernos el secreto del «Neutrex del futuro», pero, llegado el momento, sienten vergüenza y se quedan ahí, amohinados, los pobres.
La verdad es que después de leer esta gran variedad de interpretaciones quizá llegues a esta conclusión: la gente (y entre ellos me incluyo) tiene demasiado tiempo libre.
Pero sigamos con la última de las explicaciones a las que se podría atribuir el origen del fenómeno.
Extraterrestres o entidades asociadas al fenómeno ovni
A muchos investigadores avezados no se les escaparon las múltiples similitudes que hay entre los casos de testimonios de abducciones que comenzaron a proliferar como setas desde la década de los noventa y los casos de visitantes de dormitorio.
Si sustituimos al Hat man o las siluetas de sombras por enanitos grises cabezones, se puede apreciar que ambos encajan bastante bien en el patrón: criaturas maliciosas que irrumpen en los aposentos de las víctimas que están despiertas pero no pueden moverse, y son sometidas a experiencias estresantes.
En esta década, el escritor Michael Lindemann entrevistó a personas cuyos padres habían trabajado para el sector de la industria bélica estadounidense.
Estas le comentaron que sus familias se habían visto «plagadas» por fenómenos paranormales como consecuencia de dicha asociación. En su obra UFOs and the Alien Presence (1995) Lindemann cuenta la historia de Marty, de treinta y un años de edad.
Este testigo tuvo experiencias con siluetas fugaces, que solo podía distinguir en el campo de visión periférica, y que se produjeron a partir de su vinculación a proyectos secretos relacionados con la aviación militar.
En dicha obra se recoge su testimonio:
Pienso que hay una presencia alienígena en esto… durante siete años, desde que comencé a trabajar con los aviones, cosas raras se vienen sucediendo en mi hogar y a mi alrededor. Mueven cosas, abren y cierran puertas, me desaparecen las llaves… durante mi ausencia del hogar mi esposa ha experimentado los mismos movimientos en la casa: libros que estaban en los anaqueles aparecen sobre una mesa y las puertas se cierran solas.
Ya hemos analizado a estos inquietantes seres que pueden hacernos la vida imposible.
Por si sirviera de algo, en el último capítulo te daré algunas pautas que supuestamente sirven para deshacerse o protegerse de estas molestas entidades.
Pero antes de eso aún nos queda otro curioso fenómeno por analizar.
Te lo cuento en el siguiente capítulo.
A modo de broche para terminar, y a pesar de todo lo expuesto en este capítulo y los anteriores, debo confesarte que las entidades a las que más temo siguen siendo las entidades bancarias.
9. SLENDERMAN, ¿UN TULPA?
Antes de contarte qué métodos puedes usar, según el consejo de algunos, para lidiar con algunas de las entidades extradimensionales más fastidiosas, déjame que te hable de un último personaje.
Este capítulo servirá para que los más escépticos entiendan cómo pueden llegar a generarse estos mitos y, a los lectores y lectoras de mente más abierta, cómo uno de estos mitos podría cobrar vida en nuestra realidad.
Este caso es, además, muy interesante porque, al contrario de lo que ocurre con otros fenómenos, es tan reciente en el tiempo que su origen tiene fecha, nombre y apellidos.
Pocas veces tiene uno la oportunidad de ver cómo se fragua un mito moderno, de ver cómo una ficción cobra vida y acaba teniendo repercusiones en el mundo real, y nos plantea cuestiones muy interesantes.
La historia de Slenderman
La aparición y popularización del uso de internet ha cambiado nuestra sociedad, pues ha creado nuevas subculturas, nuevos hábitos de ocio, consumo, investigación y ha variado por completo nuestra forma de relacionarnos.
Uno de los fenómenos culturales que ha surgido a la sombra de la red de redes es el de los creepypastas.
Este término proveniente del inglés es un juego de palabras fruto de la alteración de copy y paste, que designan en inglés los comandos ‘copiar’ y ‘pegar’, por creepy (‘horripilante’, ‘que da miedo’) y la deformación de paste, ‘pasta’.
Este palabro hace alusión a ficciones cortas de terror que normalmente se extienden de forma viral por la red, sin que necesariamente se conozca el autor, de forma que acaban convirtiéndose en leyendas urbanas.
Suelen ser historias de corta extensión, que los usuarios de foros de terror o foros específicos de creepypasta copian si les gustan para pegarlas a su vez en otros foros o páginas web, ya sea respetando la versión original, modificándola o añadiendo material derivado de todo tipo (vídeos, ilustraciones, fotos o audios) para enriquecerla o hacerla más creíble.
El 8 de junio de 2009, cuando el portal de internet de humor y entretenimiento Something Awful (Algo Horrible) convocó en uno de sus foros el concurso «Creación de imágenes paranormales», nadie podía imaginar que se estaba originando lo que más tarde sería denominado por la BBC como «el primer gran mito de internet».
El concurso consistía en crear una imagen terrorífica que pareciese una fotografía paranormal real y que incluyera una historia.
Dos días más tarde, el usuario Victor Surge (de nombre real Eric Knudsen) presentó una foto de su autoría que sería la primera aparición del Slenderman y que sería el origen del mito.
La foto original presentada por Surge, en blanco y negro, que por cierto está sujeta a copyright, muestra un grupo de catorce niños jugando en un parque. Al fondo puede verse una figura inquietante. Un humanoide altísimo, escuálido, de miembros grotescamente alargados, que viste un traje negro de chaqueta y corbata, con una cabeza pálida sin rostro y con unos extraños tentáculos que brotan de su espalda.
En la foto se percibe que la actitud de los niños es de total normalidad, indiferentes a la aparición, como si no pudieran verla.
La foto se acompañaba de la siguiente cita, a modo de pie de foto:
No queríamos ir, no queríamos matarlos, pero su persistente silencio y sus extendidos brazos nos horrorizaban y nos confortaban al mismo tiempo...
1983, fotógrafo desconocido, dado por muerto.
Knudsen colgó a su vez una segunda foto de temática similar acompañada del siguiente texto:
Una de las dos fotografías recuperadas del incendio de la biblioteca de Stirling City. Notable por haber sido tomada el mismo día en que catorce niños desaparecieron por lo que se conoce como el “Slender Man”. Deformidades citadas por oficiales como defectos de cámara. El incendio en la biblioteca ocurrió una semana después. Fotografía real confiscada como evidencia.
1986, fotógrafo: Mary Thomas, desaparecida desde el 13 de junio del mismo año.
El desarrollo completo de la historia que explicaba la foto, creada ad hoc para el concurso, no pierdas esto de vista, contaba que dicha imagen había sido encontrada en la década de los ochenta entre los restos de un incendio ocurrido en una biblioteca de la ciudad de Stirling, en California, Estados Unidos.
La ficción continuaba diciendo que los niños desaparecieron sin dejar rastro y también Mary Thomas, la autora de la fotografía, sin que se encontraran sus cadáveres.
Posteriormente, el autor declararía en varios medios que, para idear el concepto de Slenderman, se había inspirado en las historias de la gente sombra (que has tenido la oportunidad de conocer en el capítulo anterior), los escritos de H. P. Lovecraft, Zack Parsons, Stephen King y el surrealismo de William S. Burroughs, así como en el personaje de «el hombre alto» de la serie de películas Phantasm.
Con el paso del tiempo alguien borró todos los registros del Slenderman de este foro, para potenciar la leyenda, pero su creación está suficientemente documentada, aunque haya entusiastas del mito que intenten defender lo contrario en las redes.
Sin embargo, esto fue solo el principio. La historia ganó el concurso, y se ve que gustar, lo que se dice gustar, gustó, porque miles de fans comenzaron a elaborar material adicional sobre la misma, lo que hizo que se fuera extendiendo por la red sin control.
Comenzaron a aparecer montajes fotográficos que mostraban al Slenderman en entornos solitarios y abandonados, como bosques, recintos industriales en ruinas, imágenes nocturnas de calles desiertas, etc.
Incluso se crearon grabados supuestamente medievales que apuntaban a un origen histórico del mito, una leyenda alemana, también inventada, que hablaba de Der Grossman (el hombre grande), y un grabado titulado Der Ritter, que muestra a un caballero luchando contra una especie de demonio esquelético con múltiples brazos anómalamente largos que está intentando llevarse a un niño.
Der Grossman era, en teoría, un humanoide de elevada estatura y aspecto aterrador que vivía en los bosques y se llevaba a los niños que se portaban mal.
Sin embargo, si investigas sobre dicha leyenda, apenas hay fuentes fiables que ratifiquen su existencia. Incluso llegué a buscar en webs alemanas, porque tengo algunos conocimientos de este idioma, pero no hay ninguna fuente a la que se pueda atribuir veracidad histórica alguna (de hecho apenas hay entradas en alemán al respecto en los motores de búsqueda de internet).
Según este bulo, la autoría de estos grabados se atribuye a Hans Freckenberg, que los crearía en 1540 para, posteriormente, desaparecer sin razón aparente en 1543.
La información se completa diciendo que los grabados fueron hallados en el castillo de Halstberg en 1883.
Para darle verosimilitud, los fans han intentado vincular el Slenderman con otras leyendas, algunas existentes en el folclore de diversas culturas, otras más falsas que un billete de once euros. Una de las leyendas usadas como referencia es The Black Man, mito escocés que habla de una entidad de aspecto parecido al de Slenderman, que merodea por los bosques de noche en busca de presas.
Se trata, en este caso, de una leyenda que se empleaba para asustar a los niños y evitar que salgan de noche sin compañía.
Para añadir más rancio abolengo a este ser, lo han relacionado también con el Clutchbone, mito inglés originado en el siglo XIX, al que se vinculaba con desapariciones, muertes por incineración y desmembramiento, que en realidad eran debidas al fenómeno de los rayos globulares, y que más que al Slenderman se parecía al Motorista Fantasma, porque, a pesar de ser también un humanoide anormalmente alto, su cabeza estaba prendida en llamas.
Otros parientes forzosos del Slenderman han sido el Wendigo, leyenda de los nativos americanos que hizo famosa el relato homónimo de Algernon Blackwood, y que está vinculada con el tabú del canibalismo; los hupía, criaturas mitológicas de las culturas precolombinas de algunas islas del Caribe, espíritus difuntos que se llevaban a las personas por la noche; y algunos fantasmas de la mitología japonesa y demonios de la cultura acadia. Quienes afirman la relación de estos mitos con el Slenderman lo hacen buscando siempre la existencia de algunos elementos comunes entre ellos y el Slenderman, aunque poseen otras tantas características que establecen claras diferencias.
Se ha intentado vincular también la figura del Slenderman a pinturas rupestres de dudosa autenticidad y a jeroglíficos egipcios que, por su aspecto, recordaban vagamente a este personaje.
La expansión del mito continuó, y comenzaron a crearse decenas de blogs y webs alrededor de la figura del Slenderman, noticias falsas u hoaxes, vídeos, canales temáticos de YouTube, videojuegos, cortometrajes y películas.
Para que te hagas una idea de la dimensión que ha alcanzado esta historia, baste decir que una de las obras derivadas de esta ficción, la web serie de YouTube Marble Hornets, basada en el personaje, ha llegado a tener 250000 seguidores y cincuenta y cinco millones de reproducciones.
A este respecto, una de mis anécdotas de investigador flichornoso* tiene que ver con mi indagación sobre el asunto.
En una web en inglés, Empire News, encontré noticia de que una investigación había arrojado datos sobre la presencia del Slenderman a lo largo de la historia.
En la noticia se afirmaba que John Gray, director del Museo Nacional de Historia Americana, había llevado a cabo una investigación sobre el Slenderman en la que afirmaba que había informes que situaban durante el atentado de las torres gemelas del 11 de septiembre de 2001 a una figura alta sin rostro que permanecía en mitad del caos con los brazos abiertos, y que había sido avistada por numerosos testigos.
Tras esto el hombre había encontrado documentos de avistamientos del Slenderman durante la Segunda Guerra Mundial, la guerra de Vietnam, y evidencias en cartas fechadas alrededor del año 1400.
Casi nada.
El siguiente paso era obvio: investigué si el tal Gray era una persona real y, evidentemente, aparecía en la página web del Museo Nacional de Historia Americana, así que ni corto ni perezoso, les envié un email a través del formulario de contacto de dicha web pidiendo que me confirmaran la autoría del artículo del señor Gray.
Te puedes imaginar la cara que debió de poner la secretaria o el becario de turno que se encargara de gestionar los emails.
Por supuesto, aún no he obtenido respuesta, pero tampoco hace falta porque, abundando en la cuestión, en el apartado del aviso legal de la web se lee:
Empire News solo busca el entretenimiento. El contenido de nuestra web y redes sociales solo usa nombres ficticios, excepto en casos de parodia y satirización de figuras públicas y celebridades.
Slenderman, ese «hombre»
A estas alturas quizá te estés preguntando dónde está el misterio, pero aguanta un poco, que te aseguro que lo hay.
Para que puedas entender mejor las implicaciones de los hechos que te contaré, permíteme que te describa en detalle al personaje, pues algunas de sus cualidades son relevantes para esta historia.
Mientras escribo estas líneas, no deja de sonar en mi cabeza una cancioncilla:
El Slenderman es un bicho muy malo,
no se mata con piedra ni palo...
¿Significará esto que ya viene a por mí?
¡Oh my God!
Bueno, a lo que íbamos. Es una convención describir al Slenderman como un humanoide muy alto, que puede superar los tres metros, extremadamente delgado, con tentáculos que le salen de la espalda y brazos anormalmente largos que puede extender a voluntad para capturar a sus presas. Su rostro es blanco, sin rasgos distintivos, y viste un traje negro de chaqueta y corbata.
Entre sus capacidades están las de hacerse invisible de forma selectiva (solo puede verlo quien él quiera dentro de un mismo grupo de personas), puede alterar el funcionamiento de dispositivos electrónicos, puede controlar a las personas mentalmente, inducirlos a la locura u ocasionarles trastornos mentales y comunicarse con ellas de forma telepática.
Su modus operandi consiste en acechar a sus víctimas, preferiblemente niños, durante días o meses, alternando apariciones con períodos en los que los afectados tan solo tienen la fuerte impresión de estar siendo observados.
Estas características beben de muchos arquetipos y figuras mitológicas, lo que explica el enorme éxito que ha tenido esta leyenda, que le ha permitido expandirse e incrustarse en el inconsciente colectivo con tanta rapidez.
Entre otros, los motivos de su éxito se deben a que Slenderman es una actualización de figuras míticas de antaño que actualmente han perdido vigencia, como, por ejemplo, el hombre del saco (salvo los albañiles, ¿quién usa hoy en día un saco para transportar cosas?).
Algunos piensan que la vestimenta del Slenderman representa la alienación a la que se ve sometido el individuo en las sociedades occidentales, al ser un ente que viste un traje, lo que le da cierto aire de profesional, y carecer de rostro, lo cual sería una metáfora del trato impersonal que reciben los trabajadores y los ciudadanos en general por parte del sistema sociolaboral, que los reduce a meras cifras.
Por otro lado, la ausencia de rostro hace que en nuestro cerebro se dispare la alarma, puesto que este automáticamente intenta leer los rasgos de las personas para detectar sus intenciones y ver si son conocidos, y una cabeza sin cara le resulta anómala, y activa nuestros miedos inconscientes. La ausencia del rostro está relacionada también con el miedo al otro, con el temor a los desconocidos, puesto que en las sociedades modernas las relaciones interpersonales se han deteriorado, y en los grandes núcleos de población predomina el aislamiento y el individualismo hasta el punto de que apenas conocemos a nuestro vecino.
Por supuesto, también hay que tener en cuenta que Slenderman es otra manifestación de ese arquetipo junguiano de la sombra del que te hablé en el capítulo anterior, la antropomorfización de la oscuridad, del mal, de nuestros impulsos más bajos.
A esto hay que sumarle su aspecto extraño, con los tentáculos que salen de su cuerpo y que acrecientan la idea de la corrupción del cuerpo humano, su aspecto alienígena y lo desconocido de sus motivaciones, que apelan a nuestro miedo atávico más profundo, el miedo a lo desconocido.
Pero hay otro factor que ha sido determinante en el éxito de este «meme».
El cierre del paréntesis de Gutenberg
Si las leyendas urbanas fueron la adaptación de los mitos y leyendas feéricas al medio urbano cuando, en la revolución industrial, se dio el fenómeno del éxodo rural que aumentó considerablemente el tamaño de la población en las ciudades, Slenderman podría ser clasificado como una leyenda virtual, como consecuencia de la aparición de internet.
Slenderman es una evolución de mitos como el del hombre del saco, que tienen una funcionalidad social, infundir a los niños el miedo a los extraños, para enseñarles a desconfiar de los desconocidos.
Las leyendas urbanas, que en ocasiones constituyen una exploración colectiva de los límites sociales, en cuanto a qué puede convenirse como real y qué no, parecen adquirir vida propia, para lo cual es necesario que sean verosímiles, y pierden mucha fuerza cuando se imprimen en papel, puesto que se puede constatar su origen como leyenda urbana, así como comprobarse las variaciones que incluyen las personas que las cuentan para hacerlas más creíbles o adaptarlas a su entorno.
Sin embargo, este control sobre las historias y la información que proporcionaba el medio impreso ha muerto con el nuevo paradigma: el cierre del paréntesis de Gutenberg.
El paréntesis de Gutenberg es un concepto que afirma que la información, antes de la creación de la imprenta, circulaba de forma descontrolada. Los conocimientos se transmitían de manera oral y en menor grado mediante manuscritos que se copiaban a mano, y en los que cada autor podía introducir sus variaciones, interpretaciones o errores.
La invención de la imprenta por parte de Gutenberg consiguió que la información se fijara en un medio estático y se reprodujera sin variaciones, de forma mecánica, cortando este flujo libre y descontrolado.
Pero esto ha terminado, según algunos expertos, con la irrupción de internet, que permite actualizar y modificar la información con suma facilidad, difundiéndola a una velocidad asombrosa y de forma global, de tal manera que el flujo de la información vuelve a ser incontrolable.
Esto supone un regreso a las más primitivas formas de narración, como la tradición oral, de manera que la información puede ser difundida, reinterpretada y redifundida por diferentes narradores, expandiéndola y haciéndola evolucionar con el tiempo.
Hasta aquí hemos visto la creación de un mito moderno, lo cual no carece de interés sociológico, pero te estarás preguntando…
¿Dónde está el misterio?
Basándote en todo lo expuesto, podrías pensar que se trata de una pamplina más para adolescentes y personas con mucho tiempo libre en busca de miedo y dosis de adrenalina.
Pero el 31 de mayo de 2014 comenzó a torcerse la cosa.
En Waukesha, Wisconsin, un ciclista encontró a chiquilla gravemente herida en el bosque. La habían cosido a puñaladas, nada menos que diecinueve cuchilladas.
Por suerte la muchacha no falleció, y pudo identificar a sus agresoras, Morgan Geyser y Anissa Weier, que en aquel momento tenían doce años.
Las niñas declararon que habían intentaron asesinarla después de leer ficciones del Slenderman en internet.
Decían que el asesinato, que llevaban meses planeando, era necesario para que el Slenderman se las llevara a su cabaña del bosque, donde las convertiría en sus acólitas.
Condujeron a la víctima, que era amiga de ellas, al bosque, donde la sujetaron y la apuñalaron.
Con el asesinato también pretendían demostrar que el Slenderman era real.
Como una chota estaban las niñas, vamos.
Ambas fueron juzgadas como adultas, con cargos de sesenta y cinco años de prisión, aunque una, corroborando mi afirmación anterior, fue declara no apta para ser juzgada tras afirmar que había conversado con Lord Voldemort (el archienemigo de Harry Potter) y con una de las tortugas ninja.
Pero no termina ahí la cosa.
Un mes más tarde, el 6 de junio de 2014, el canal de televisión WLWT cubrió la noticia de que una madre, que había querido permanecer en el anonimato, había sido atacada por su hija de trece años, que también estaba obsesionada con el personaje de Slenderman.
Cuando la mujer regresó a casa del trabajo se encontró a la hija con una máscara blanca y esta la atacó en la cocina con un cuchillo.
La madre declaró que, durante el ataque, la chica parecía una persona totalmente distinta. Los indicios apuntan a que el detonante fue que la chica, que contaba con antecedentes de problemas mentales, había escuchado el caso de las dos adolescentes de Waukesha.
Espero que la madre la haya dejado sin paga lo que le queda de adolescencia.
Prosiguiendo con esta ola de slendermaníacas homicidas, el 5 de septiembre de 2014 apareció la noticia de una adolescente de catorce años que había prendido fuego a su casa en Port Richey, Florida, con su madre y su hermano de nueve años dentro, supuestamente inspirada por este funesto personaje.
Más adelante, el New York Times publicó el 1 de mayo de 2015 una enigmática noticia en la que se hablaba de una ola de suicidios entre los jóvenes de la reserva india de Pine Ridge, donde desde diciembre de 2014 nueve personas de entre doce y veinticuatro años se habían suicidado.
A eso había que añadir 103 intentos de suicidio fallidos de personas en esa franja de edad entre diciembre de 2014 y marzo de 2015.
Según la noticia, varias fuentes oficiales con conocimiento de los casos declararon que al menos uno de los jóvenes que se habían suicidado estaba influido por Slenderman.
Un párroco de la zona que presta ayuda a los jóvenes, Chris Carey, afirma que los indios tienen en su cultura un espíritu del suicidio parecido al Slenderman, y en la noticia afirma textualmente: «Lo llaman el Espíritu del Hombre Alto. Se les está apareciendo a estos chicos y les está diciendo que se maten».
El cura afirma que los jóvenes de la zona comparten vídeos perturbadores que incitan al suicidio y en los que se explica cómo hacer nudos de horca, y otros en los que se indica dónde hay cuerdas escondidas fuera de la ciudad, exhortándoles: «¡Id a usarlas!».
Los sicólogos achacan esta misteriosa epidemia al estrés social de estos jóvenes derivado de las duras condiciones de vida y a la marginalidad en la reserva de los Lakota a causa de la pobreza, el alcoholismo, la falta de oportunidades para la juventud, etc.
El inconsciente colectivo parece haberse visto infectado por el virus del Slenderman de tal forma, y aquí es donde el misterio alcanza su apogeo, que ya se está informando de avistamientos del Slenderman.
El 25 de enero de 2015, el portal de noticias de internet Metro publicó un artículo titulado «Avistamientos fantasmales del Slenderman notificados en una ciudad del Reino Unido».
Según el artículo, varios habitantes de Cannock Chase, en Staffordshire, informaron haber visto a este personaje, un espectro de más de dos metros y de constitución extremadamente delgada. Algunos habitantes lo han descrito como un espíritu extremadamente delgado, una figura sombría vestida con ropas victorianas y de ojos rojos.
Esta descripción encajaría más con alguna de las criaturas que viste en el capítulo anterior, pero uno de los testimonios recogidos en la noticia, proporcionado por otro de los habitantes de Staffordshire que tuvo un encuentro extraño el 14 de diciembre, sí parece adecuarse más al canon del Slenderman:
Justo antes de las dos de la madrugada me despertó un extraño ruido de arañazos en mi dormitorio.
Para mi sorpresa, allí estaba lo que parecía una sombra esférica justo al lado del armario.
Cuando traté de salir de la cama para investigar más, la sombra comenzó a estirarse hacia el techo. En ese momento me encontré frente a la criatura más terrorífica y desagradable que se pueda imaginar. Medía ocho pies de altura [casi dos metros y medio] y tenía una cara blanca con colmillos afilados como navajas.
Un investigador local, Lee Brickley, afirma que una de las explicaciones, tal y como vimos en el capítulo anterior, podrían ser episodios de parálisis del sueño.
Y, para rizar el rizo, como si se tratara de una película, tenemos al padre Swope, un cura evangelista exorcista de Pennsylvania, que se hace llamar The paranormal pastor y que recopila en su blog testimonios reales de personas que se dirigen a él para pedirle consejo porque dicen haber tenido encuentros con el Slenderman.
En su blog podemos encontrar casos como el de «JoAnne», que se puso en contacto con él en agosto de 2009 y le contó lo siguiente:
Desde niña he visto a esta figura demoníaca. Es una sombra alta. No tiene cara, pero tiene los brazos largos. Lo veo algunas noches por el rabillo del ojo y parece intentar alcanzarme con los brazos, pero cuando me vuelvo a mirarlo se ha ido. Tengo la sensación de que si no me giro a mirarlo me atrapará con los brazos y moriré.
Me temo que me está acechando, y que un día no seré capaz de pillarlo intentando cogerme. Esto me llena de un miedo indescriptible. Algunas veces pienso que me estoy volviendo loca. Siento que vendrá a cogerme cuando menos me lo espere. Algunas noches no puedo dormir, los ruidos de la calle me hacen dar un respingo. Cuando sopla el viento y las cosas empiezan a agitarse tengo mucho miedo. ¡Necesito ayuda!
Pero no hay ente que se resista al pastor paranormal, que le recomendó «algunas oraciones y órdenes simples para que la entidad la dejara en paz».
El pastor confiesa en su blog que en este caso pensó que quizá pudiera tratarse de un episodio sicótico, pero que la historia ha empezado a preocuparle cuando ha recibido más testimonios similares, como estos:
«Mi nombre es ______. He sido acosada por una criatura de sombras. Es alta e intenta cogerme con sus largos brazos. Lo vi en un sueño, y ahora es real. Todo lo que veo en la cara son dos ojos, y cuando los miro esos brazos intentan cogerme».
«Cada noche desde principios de junio, entre las doce y las cuatro de la mañana recibo una llamada de teléfono de mi exnovia. Ella ha sido atacada o acosada por un fantasma u otra cosa. [...] Ella tenía depresión severa e insomnio. También tiene algunos traumas, no te diré de qué tipo, porque eso es algo entre ella y yo pero, hasta donde yo sé, esa podría ser la razón por la que esto está ocurriendo. [...] una persona que ella llama "El Hombre" la ha estado molestando. Aparentemente él la ha estado rondando desde mucho antes de que yo la conociera, pero dice que no era tan malo cuando ella era más joven. Tuvo su primera experiencia con "El Hombre" cuando tenía siete u ocho años; pudo ver a un hombre sin rostro, un cuerpo y una masa blanca en el lugar de la cara, de pie, junto a la verja en el patio trasero de su casa. Como no creía en fantasmas, se asustó y llamó a su madre, diciéndole que había una persona fuera; cuando llegó su madre vio la forma de una persona que desaparecía detrás de la verja. No sé realmente cuánto de esto es verdad, su familia me contaba estas historias cada vez que iba a su casa. Hace un año me llamó alrededor de medianoche, quejándose de "El Hombre". Decía que podía sentir que alguien la vigilaba a través de las ventanas [...].
Creo que la observa cada vez más. Cada noche la observa a través de su ventana o la vigila desde los árboles cuando ella camina hacia su casa...».
El comportamiento de esta última entidad coincide a la perfección con el comportamiento que se atribuye al Slenderman cuando acecha a sus víctimas en las diferentes ficciones de las que es protagonista.
El señor Swope recoge en su blog multitud de estos casos, incluyendo testimonios de gente que dice llegar a tener la enfermedad de Slenderman.
El pastor paranormal ha escrito un libro sobre este fenómeno, Slenderman: From Fiction to Fact (Slenderman, de la ficción a los hechos), aún no traducido al castellano. Esta multitud de testimonios se dispararon a raíz de la participación de Robin Swope en el programa de radio Coast to Coast.
Teniendo en cuenta estas evidencias, podría pensarse que el mito solo ha calado en el mundo anglosajón, pero en realidad Slenderman se ha convertido en un constructo transcultural, y el material elaborado por fans puede encontrarse en todos los idiomas y lugares; pero ¿pasa lo mismo con las evidencias reales de sus «manifestaciones»?
Parece que sí, a juzgar por la noticia publicada el 11 de julio de 2012 por la edición digital de el diario argentino El Sol:
Una mujer, identificada como Claudia, que paseaba con su esposo en la mañana del domingo 24 de junio, asegura que observó la aparición, prácticamente de la nada, de una extraña criatura, vestida de negro, altísima, que, finalmente, desapareció sin dejar rastros.
La aparición tuvo lugar en el Aeródromo Comodoro Pierrestegui, en la zona de los aparcamientos, que, de acuerdo con el testimonio de la testigo, estaba totalmente vacía y sin tráfico de vehículos, por lo que el hombre había aparecido de la nada.
Con estas palabras describía Claudia al diario su experiencia:
Quedé sorprendida por su extremada altura, estaba todo vestido de negro, con anteojos redondos negros, dos maletines, uno en cada mano, y él era muy blanco, tenía forma humana, pero caminaba como automatizado, hacía pasos supercontrolados y no giraba la cabeza para ningún lado, como un robot.
Nosotros estábamos a un metro y medio o dos, y nos pareció muy extraño que no se inmutaba por nada, nosotros tenemos un perro grande que ni siquiera ladró y él tampoco giró la cabeza para mirarlo.
Este personaje era super erguido, caminaba siempre derecho, se dirigió hacia la puerta, entró, después salió, se dirigió a otro lado, a una avioneta, que nosotros no habíamos percibido, levantó una parte de la avioneta, puso un maletín, puso el otro, y siempre con movimientos supercontrolados.
[…] giramos con mi marido, yo le dije que me parecían extraños sus movimientos, su vestimenta, incluso que fuera un día domingo en que uno va a pasear, es decir, era algo fuera de contexto, así que le dije que no parecía una persona, sino un extraterrestre, eso es lo que percibí en ese momento.
Era como que si él se manejase solo, como si considerara que ahí no había nadie, él no nos percibió. Cuando volvimos a mirar, ya no estaba más, incluso nos quedamos un ratito más y no vimos que despegara ninguna avioneta ni nave alguna, así que apareció de la nada y desapareció de la nada.
Yo esto no lo iba a contar, porque uno duda de contar este tipo de cuestiones por los prejuicios que tiene la gente, algunos no creen, otros te tratan como si deliraras o inventaras; pero, después de realizar una nota radial, me contactaron desde Visión Ovni, de la ciudad de Victoria, Andrea Simondini, quien hizo un paralelo con algo que, supuestamente, habría sucedido años anteriores con estos hombres de negro.
Vemos cómo, una vez más, cada investigador arrima el ascua a su sardina en función de su campo de experiencia, pues la ovníloga citada en la noticia relaciona esta aparición con un fenómeno asociado al tema ovni, los hombres de negro, extraños personajes que se aparecen en las zonas donde ha habido avistamientos ufológicos, y que en ocasiones incluso interactúan con los testigos interrogándolos o haciéndose pasar por miembros de las fuerzas de seguridad de algún país, tal y como describió el investigador John Keel en algunas de sus obras.
Slenderman, los tulpas y la ostensión
De acuerdo con Bill Ellis, profesor de la Penn State University y experto en folclore y ocultismo, la ostensión es un concepto relacionado con el folclore social, que podría resumirse como la extensión dramática en la realidad de elementos de ficción, o, hablando en plata, el proceso por el cual una leyenda cobra vida y acaba materializándose.
Existen distintos tipos de ostensión:
• Ostensión sensu stricto
Consiste en la representación literal de una leyenda, que en el caso que nos ocupa sería el hecho de que alguien se ponga un disfraz de Slenderman.
• Pseudo ostensión
Se da cuando se crean pruebas falsas para intentar demostrar la autenticidad de la leyenda, como en el caso de los supuestos grabados medievales de Der Ritter que vimos anteriormente, o como grabar un falso vídeo en el que aparece el Slenderman.
• Proto ostensión
Se da cuando se produce una confusión de hechos que tienen una explicación lógica o natural y que ocurren de forma fortuita pero son confundidos con una leyenda.
Un ejemplo de este tipo de ostensión lo constituiría el hecho de que, por ejemplo, se confundiera a un hombre muy alto vestido de traje con el Slenderman.
• Súper ostensión
Cuando la gente se apropia de leyendas convirtiéndolas en experiencias personales.
Este sería el caso de la gente que dice haber tenido encuentros con el Slenderman.
A estos cuatro tipos, el sociólogo Pablo Vergel añade un quinto tipo que a mí es el que me parece más interesante.
Algunos de los investigadores más osados, como el propio señor Swope, el pastor paranormal que te presenté antes, especulan con la posibilidad de que el Slenderman sea un caso particular de este tipo e ostensión:
• La superostensión
Sucede cuando el pensamiento colectivo hace que se materialice una leyenda.
Dicho así parece una majadería, pero existe un concepto en ocultismo que podría explicar el proceso por el que la energía de los pensamientos de miles de personas generaría una vasta fuerza creadora capaz de dar forma a un concepto en el mundo real.
En el capítulo anterior te hablé del egreror, un concepto del ocultismo que responde a una manifestación de la mente colectiva creada por las personas que se unen conscientemente para un propósito común.
También viste cómo, de acuerdo con estos corpus de conocimiento, es posible manipular determinadas energías sutiles para animarlas y crear entes que los practicantes de magia dominan a voluntad.
Quizá esto no dejaría de ser una entelequia si no hubiera testimonios de personas que dicen haber sido testigos de experiencias parecidas, abriendo un pequeño resquicio a la posibilidad de su existencia real.
Un concepto emparentado con el de egregor es el tulpa.
Luisa Eugenia Alejandrina Marie David, también conocida como Alexandra David-Néel, fue una escritora, exploradora y corista francesa, que recorrió Asia a principios del siglo pasado, llevando a cabo hazañas como ser la primera mujer en llegar a Lhasa, la tierra prohibida de los budistas, en 1924.
Fue una de las primeras en describir el concepto del tulpa.
Esta mujer investigó profundamente las enseñanzas espirituales de Asia, sobre todo el budismo.
Llegó a vivir largos períodos en monasterios budistas. Durante uno de dichos periodos, según afirma en sus obras, se interesó por una práctica concreta, la creación de un tulpa.
En el budismo tibetano, aunque esta práctica existe también en el yoga, la creación de un tulpa es un ejercicio que los aprendices realizan como parte de su dominio de las doctrinas místicas.
El tulpa es una construcción mental que el místico materializa en el mundo físico mediante técnicas de meditación a través de su imaginación y su voluntad, de forma que genera un fenómeno dotado de consistencia física, que es capaz incluso de emitir olores y sonidos, entre otras cosas.
Su creador puede darle la forma que escoja, sea un animal, un objeto o una persona.
Según el budismo vajrayāna, la creación de los tulpas es posible porque el universo es un flujo de conciencia y, por lo tanto, no hay ningún fenómeno que exista fuera de la conciencia.
Esto entroncaría con algunos postulados de la física cuántica que afirman que, en el universo, los fenómenos son determinados por la conciencia del observador, de forma que la materia se define en función de la conciencia que la observa, tal y como postulan la paradoja de Schrödinger o experimentos como el de la doble rendija.
Por simplificar, la paradoja de Schrödinger afirma que las diferentes posibilidades de que un mismo evento se produzca o no dependen de que haya una conciencia que los observe. Para ilustrarlo Schrödinger ponía el ejemplo de un gato al que se metía en una caja, en la que había un veneno que tenía un 50 % de probabilidades de liberarse, lo que mataría al gato. El científico afirmaba que, hasta que un observador no abre la caja y define esa posibilidad, dado que la probabilidad de que el gato muera es del 50 %, el gato se halla en un estado indeterminado entre ambas posibilidades, en el que no está ni vivo ni muerto.
El experimento de la doble rendija demuestra que, si un haz de electrones bombardea una placa de metal con dos rendijas, y detrás se coloca una placa fotográfica, en función de si observamos o no, los electrones pasaran por las rendijas, dejando solo dos marcas en la placa, o ignoraran la placa de metal y marcarán la placa fotográfica con una línea, debido a la dualidad onda-corpúsculo de los electrones, es decir, la capacidad de estos de comportarse como fragmentos de materia o como ondas simultáneamente.
Son conceptos bastante complejos de asimilar, pero solo te los cuento para indicar que, de alguna forma, la física cuántica también afirma que la conciencia puede, en cierto modo, modificar la realidad.
El misticismo budista afirma que estos tulpas, cuando son fruto de un pensamiento o sentimiento particularmente intenso, y si se dan tras una larga meditación, generarán un tulpa que permanecerá durante más tiempo en el mundo físico.
Quienes apoyan la hipótesis de que Slenderman es un tulpa se basan en que los budistas afirman que, a través de una fuerte creencia en ellos y su visualización, estos entes van aumentando su poder a medida que aumenta el número de personas que creen en su existencia.
Pero volvamos a Alexandra David-Néel. Según afirmaba ella misma, tras los debidos ejercicios de meditación fue capaz de generar un tulpa, a pesar de que los monjes le advirtieron que estas creaciones debían generarse solo como ejercicio para mejorar las habilidades mentales, pero no debía intentar que existieran por tiempo prolongado, puesto que podían cobrar conciencia y volverse autónomas, llegando a ser peligrosas o incontrolables.
La escritora afirma que creó la forma de un monje sonriente que obedecía todos sus mandatos, pero que, con el tiempo, comenzó a actuar de forma independiente, como si tuviera voluntad propia, por lo que tuvo miedo y la eliminó.
Y no fue la única.
Nikolái Roerich fue un afamado pintor, filósofo, escritor y arqueólogo ruso que, además, cuenta entre sus logros con la creación del primer convenio internacional sobre la protección de los tesoros culturales, también conocido como Pacto Roerich, y que sirvió de base para la «Convención Internacional de La Haya sobre la protección de valores culturales en caso de conflictos armados».
Este brillante personaje realizó una de las mayores expediciones a Asia de la época, que duró de 1925 a 1928.
En dicha expedición estudió la etnografía y cultura de muchos países, entre ellos del Tíbet, así como aspectos de las religiones, pues era un hombre muy interesado en la espiritualidad.
Durante sus viajes por Oriente, Roerich también afirmó haber contemplado a lamas iniciados realizar el ritual del tulpa y materializar seres vivos de la nada.
Para finalizar este capítulo
Como siempre, al cerrar otro capítulo nos volvemos a hallar en la dicotomía de explicar el fenómeno por la vía escéptica o por la heterodoxa.
¿Se trata de una conjunción de alucinaciones y trastornos colectivos que rodean a la actualización cultural de uno de los arquetipos del inconsciente colectivo?
¿Se trata de la personificación de un concepto animado por la fuerza de miles de mentes hasta el punto de corporeizarlo?
A mí me gustaría añadir otra vía de reflexión, sobre la base de todo lo que te he mostrado a lo largo de este libro.
Si partimos de la premisa de que algunos de los testimonios de avistamientos de esta entidad son reales, deberíamos tener en cuenta lo que se dijo en los primeros capítulos: las entidades extradimensionales parecen adaptar su apariencia al contexto sociocultural y a las creencias de los testigos.
¿Podría, por lo tanto, tratarse de una manifestación de «ese otro algo» cuya forma real desconocemos, que se está adaptando a los gustos y las creencias de las nuevas generaciones?
La respuesta, me temo, nadie la sabe con total certeza. Ahora te toca a ti formular tu propia explicación.
10. CÓMO DEFENDERSE DE FANTASMAS, GENTE SOMBRA Y OTRAS APARICIONES
A lo largo del viaje por los capítulos anteriores en el que me has acompañado hemos sido testigos de todo tipo de criaturas y entidades que parecen querer irrumpir en nuestra realidad para manipularnos de diversas formas.
A modo de curiosidad, y por si a alguien pudiera servirle de ayuda o consuelo, me gustaría incluir en este capítulo, con un tono desenfadado, para relajarnos tras todos los horrores que hemos contemplado, una serie de métodos que, según afirman algunos, sirven para poder defendernos de estos molestos visitantes y no ser víctimas impotentes vapuleadas a su antojo.
Cada cual que los aplique bajo su propia responsabilidad, pues en este capítulo se recogerán desde recomendaciones de sentido común hasta trucos ofrecidos por el saber popular, cuyo límite con la superstición es tan tenue y difícil de determinar como el que separa la reanimación boca a boca de la necrofilia.
Si pruebas alguno de ellos y te funciona, te agradecería que me lo hicieras saber a través de los métodos de contacto que pongo a tu disposición en mi web www.historiasquenocontariaamimadre.com.
Me gustaría comenzar el capítulo dándote información útil sacada de diversas fuentes sobre cómo actuar en caso de enfrentarse a un fenómeno extraño, incluido un protocolo de actuación en diez pasos. ¿Me acompañas?
Desde el mismo día de la presentación de mi primer libro sobre estos temas, cuyo título te comenté en los capítulos anteriores, por lo que no lo repetiré para no hacerme pesado, no han dejado de llegarme testimonios de personas que han tenido encuentros con lo extraño, situaciones que consideran tocadas por la mano de lo sobrenatural, algunos de los cuales has podido leer en este libro.
Pensando en esto me di cuenta de que son muchas las personas afectadas por este tipo de fenómenos, y he querido aportar algo de conocimiento práctico, por si pudiera servir para aliviar a alguien que se encontrara en una de estas situaciones.
Pero ante todo voy a ser honesto contigo. Tal y como contaba en mi primer libro sobre misterio, son solo dos las ocasiones en las que he tenido una experiencia directa que pudiera clasificarse como anómala: en un caso consistió en la captación en vídeo de extrañas esferas durante la visita a la casa de las caras de Bélmez, y en el otro una experiencia que algunos podrían explicar por causas naturales, pero que a mí me dejó un extraño regusto.
Con esto quiero aclarar que no es que yo sea una autoridad en la materia, y que nunca me he tenido que enfrentar a fenómenos de esta índole que tuvieran una elevada intensidad, pero sí que quiero resumir lo que he aprendido a lo largo de mis investigaciones, lecturas y horas escuchando programas de misterio, por si pudiera servir a alguien de algo.
Existe en mi familia una antigua broma que parodiaba un método para cerciorarse de que uno se encuentra ante un fenómeno paranormal, y que constituye todo un ejemplo de cómo aplicar el pensamiento lateral a los fenómenos paranormales.
Habrá quien incluso piense que fenómenos paranormales y pensamiento son dos términos antitéticos, dado que los primeros son una patraña. No voy a entrar en la eterna disquisición.
En este caso, el artífice de dicho logro no es otro que mi señor padre. Es común entre los padres tener que ayudar a los hijos a hacer frente a sus miedos, sean estos racionales o no (los miedos, no los padres).
A mí, mi padre me proveyó de un arma que aún hoy conservo, un método para saber cuándo estaba ante un verdadero fenómeno paranormal.
Es algo así como un Predictor de las apariciones espectrales: si salen las dos rayitas, entonces tienes razones para tener miedo de verdad.
Pero es que, además, aunque un poco absurdo, este método te permite afrontar la aparición del más allá con humor, lo cual siempre da un valor añadido.
La cuestión es simple.
Imagínate que estás en casa, por la noche, y ves la silueta de una sombra pasar por el umbral de la puerta u oyes ruidos extraños. Y estás solo en casa. O que un objeto se mueve de forma inexplicable.
En esta situación en la que comienzas a notar cómo se comprime tu esfínter, lo que tienes que hacer es algo sencillo.
En lugar de soltar el proverbial «¿Hay alguien ahí?», pide lo siguiente: «Si eres del otro mundo, di Pamplona».
Si, para tu desgracia, oyes una voz espectral y cavernosa diciendo «¡Paaaamplooonaaaaa!», entonces tendrás la certeza de que te hallas ante un fenómeno inexplicable.
Porque sería demasiada coincidencia.
Y de paso también te echarás unas risas.
Porque no me digas que no sería una situación absurda.
Así suavizas el susto.
Pero, anécdotas grotescas aparte, me gustaría proveerte de algunos métodos más serios (o no, porque si eres escéptico pensarás que solo se trata de majaderías).
En este capítulo, por lo tanto, quiero hablarte de lo que dicen los expertos (y otros que se autoproclaman como tales) sobre qué hacer cuando se dé alguno de estos casos.
Dado que, como cuentan, hay soluciones que difieren según el caso, dividiré la información en tres grandes bloques:
• Las diez cosas que hay que tener en cuenta en caso de vivir un fenómeno paranormal.
• Cómo defenderse de entidades extradimensionales, de las que pueden intentar contactar contigo para engatusarte e «iluminarte».
• Cómo prevenir y defenderse de la gente sombra.
Por supuesto, las pautas que te daré a continuación están recogidas de diversas fuentes e incluso entre los que aceptan este tipo de fenómenos hay diferentes explicaciones y una falta de consenso al respecto bastante preocupante.
Los expertos no se ponen de acuerdo
Por poner un ejemplo, si escuchas a la médium Marilyn Rossner, en la que se inspiró la sensitiva que aparece en la versión original de la película Poltergeist, los espíritus desencarnados son seres de luz. Para otra gran sensitiva, como es la española Paloma Navarrete, la cosa cambia, y los espíritus pueden ser buenas o malas personas, tanto como lo fueran en vida, por lo que podrán fastidiar a los vivos, pero nunca llegar a hacerles daño.
En la Semana del misterio de Sevilla 2015, a la que asistí como público, tuve la oportunidad preguntar a Laura Falcó Lara (otra reconocida sensitiva) si en su opinión los fenómenos paranormales relativos a fantasmas y apariciones podían causar daño físico a las personas, a lo que ella contestó que, en su opinión, el único peligro era el sicológico.
Sin embargo, hay multitud de testimonios de personas que han tenido encuentros con entidades paranormales, llámeseles espíritus, seres extradimensionales, demonios o lo que cada uno crea conveniente, que contradirían (sí, suena raro, pero es la conjugación correcta del condicional simple de contradecir) estas afirmaciones.
Mama, Chicho de ultratumba me toca
Hay algunos testimonios de personas a las que los supuestos fenómenos paranormales han causado heridas.
Fue famoso en los años setenta el caso real de Doris Bither, que sufría agresiones delante de toda su familia, y que dio lugar a la película El ente.
En cualquier caso, sean o no reales, no está de más saber lo que dicen los investigadores, los expertos y la tradición sobre ellas, para estar preparado.
Las diez cosas que hay que tener en cuenta en caso de vivir un fenómeno paranormal
1. Que no cunda el pánico.
Puede parecer una tontería, pero perder los nervios puede hacernos acabar mal.
Lo primero siempre es calmarse, y tratar de racionalizar el hecho, porque la mayoría de las veces se tratará de algún fenómeno explicable mezclado con sugestión.
Además, de no ser el caso, tener miedo solo empeoraría las cosas, puesto que los investigadores siempre afirman que, de alguna forma, estos fenómenos se alimentan de las emociones negativas de los testigos que los sufren, siendo más violentos y frecuentes cuanto más miedo manifiestan los afectados.
Ya hemos visto en los capítulos anteriores a algunas criaturas que parecen perseguir ese tipo de emociones negativas como si las consideraran un elixir.
Por otro lado, la hipótesis que clasifica como poltergeist estos fenómenos postula que son causados por la energía mental que proyectan los humanos, normalmente durante períodos de estrés y elevada emotividad.
De ser cierta esta hipótesis, dejarse llevar por emociones negativas podría contribuir a dar más fuerza al fenómeno.
Según la tesis esotérica, si se atribuyen las causas a entidades del bajo astral, estamos en las mismas, puesto que estas entidades se piensa que se alimentan de las emociones negativas que generan en los humanos.
A mí me gusta hacer un símil de estos fenómenos con un niño que se aburre y quiere llamar tu atención. Si le haces caso, el niño se pondrá todavía más pesado, pero si lo ignoras, al cabo de un tiempo te dejará tranquilo al ver que sus acciones no tienen efecto en ti.
Piensa que lo que te da miedo no es el hecho en sí. Un objeto moviéndose o un ruido no son un peligro o una amenaza. El miedo surge del desconocimiento de la causa que los origina. Simplemente tenemos miedo a lo desconocido, pero si alguien te pudiera explicar qué causa el fenómeno, seguramente la angustia se vería reducida, pues, de alguna forma, identificar las cosas nos da sensación de control.
Muchos sensitivos coinciden en afirmar que estas entidades solamente tienen poder sobre los vivos si estos se lo conceden cayendo en estados de pánico y de pérdida de autocontrol.
2. Descarta siempre las posibles causas naturales antes de pensar en lo sobrenatural.
Ya lo he dicho antes. La mayoría de estos fenómenos rara vez soportan un análisis detallado basado en la lógica. Antes de apelar a entidades del más allá, piensa si no habrá una causa más mundana para el misterio ante el que te encuentras.
3. Cruza los brazos sobre el pecho.
Esto se lo escuché una vez a una médium en el programa de radio Espacio en blanco, por lo que en realidad no sé si servirá de algo, pero ella decía que los espíritus pueden entrar en contacto con las personas a través del pecho.
Esto daría para hacer muchos chistes, pero son demasiado obvios.
Supongo que, con ello, la mujer se referiría a hacer esta maniobra justo en el momento en que presenciemos o sintamos algo extraño.
Deambular por casa todo el día con los brazos cruzados sobre el pecho puede resultar no solo bastante cansado sino harto ridículo.
4. Pon rock duro a todo trapo.
Esto se lo leí a Sol Blanco Soler, del grupo Hepta, en su libro ¿Hay alguien aquí?: Fantasmas, Poltergeist y casas encantadas de España y el mundo. La investigadora no aclara el motivo, pero al parecer los infrasonidos que genera este tipo de música no son gratos para estas supuestas entidades y contribuyen a que se marchen.
Ya has podido ver que existe una extraña relación entre la frecuencia vibracional de la energía y determinadas entidades parasitarias del bajo astral. Esta afirmación es solo una pieza más de ese extraño puzle en el que intuyo que está encerrada la clave sobre estos temas.
Ponerlos a parir e increparlos violentamente para que se vayan y te dejen en paz, por lo visto, también funciona. Sol Blanco Soler dixit.
5. Pon una foto del dios Bes en tu casa.
Una vez le escuché a Juanje Vallejo, investigador granadino y antiguo colaborador del programa de radio Milenio 3, que poner una foto de este tiete achaparrao tan simpático y, según la representación de él que elijas, bien dotado, podía contribuir a librar los hogares de influencias negativas.
Supongo que el secreto radicará en que este Dios amenazará a los espíritus con sodomizarlos, pues se le suele representar con un gran falo por ser un dios asociado al amor y al placer sexual, o que les gritará «Bes-te a la mierda», para alejarlos de nuestro hogar (¡madre mía, me estoy luciendo con los gracejos de este capítulo!).
No deja de ser una superstición más, pero no come pan.
No en vano Bes era una deidad protectora de los hogares en el antiguo Egipto, que alejaba a los genios malignos que podían perturbar a sus habitantes durante el sueño (esos jinas o jinns, como nuestra querida Aisha Kandisha, la gente sombra, los súcubos y demás ralea).
Además, siempre puede servirte para tener tema de conversación con las visitas.
6. Irradia tu casa con ultrasonidos.
Fue también en el libro de Sol Blanco Soler que te he mencionado antes donde leí que en el grupo Hepta usaban aparatos de ultrasonidos para mitigar los fenómenos paranormales.
A pesar de que he intentado investigar cuál es el fundamento de esto, no he encontrado información por ningún lado, pero digo yo que alguien tuvo que ser el que lo descubriera por algún motivo o investigación concreta.
En un ejercicio de friki-coñazo de los míos, incluso llegué a escribir a la autora para que me diera información al respecto, pero, como me suele pasar, obtuve de nuevo esto:
Lo que sí he podido constatar es que otros parasicólogos los usan también, aunque nadie parece conocer en qué fundamentos se basa su funcionamiento.
Lo cierto es que en el fenómeno de la fantasmogénesis y las apariciones hay ciertas claves curiosas.
Una de ellas es que, de alguna forma, son fenómenos vinculados al electromagnetismo. Estas causas paranormales pueden alterar con su presencia los campos magnéticos e interactúan con aparatos electrónicos.
Como ya te he comentado, se sabe también que los infrasonidos en determinadas frecuencias pueden estimular ciertas áreas del cerebro y causar alucinaciones y efectos similares a los de los fenómenos paranormales (visiones de sombras y siluetas, sensación de ser observado, etc.).
Otro elemento que hay que tener en cuenta es que en los textos esotéricos se habla de las entidades espirituales negativas como entidades que tienen baja vibración, mientras que las espiritualmente elevadas tienen vibraciones elevadas.
El sonido no es ni más ni menos que la vibración de las partículas que causan las ondas al transmitirse por el aire.
La intuición me dice, por lo tanto, que quizá las ondas de alta frecuencia de vibración (ultrasonidos) podrían amortiguar las de baja (infrasonidos, o en este caso, entidades de baja frecuencia vibracional) o aumentar su nivel de vibración creando, de alguna manera, una disrupción en la composición energética de estas entidades.
He intentado hablar con físicos para que me confirmen si realmente una onda de alta frecuencia puede cancelar a una de baja frecuencia, pero no han sabido contestarme, aunque al menos han tenido la deferencia de no descojonarse en mi cara…
En fin, espero algún día poder aclarar esta hipótesis, porque pienso que el motivo por el que en teoría funcionan los ultrasonidos podría estar relacionado con todo este galimatías que me he formado en la cabeza…
7. Nunca utilices la ouija.
Usar el celebérrimo tablero para intentar averiguar si los ruidos que hay en tu casa los causa tu abuelo porque está dando clases para bailar la yenka en el más allá nunca es buena idea. Solo servirá para desatar fuerzas que desconoces y que no controlas, y que únicamente pueden añadir caos a la situación sugestionándote de forma negativa.
8. Nunca tomes como verdades inamovibles posibles mensajes del más allá o de seres extradimensionales.
Este se deriva del anterior. Si, a pesar de lo dicho en el punto 4, eres una persona de naturaleza brava y utilizas la ouija o grabas sicofonías, no tomes como verdades absolutas lo que te digan las entidades.
La comunicación con el más allá es parecida a la comunicación online.
Piensas que estás chateando con una rubia tremenda, y a lo mejor resulta que es un señor gordito de Cuenca que te está tomando el pelo con intenciones poco honestas.
Hay mucha mentira en internet.
Pues igual pasa con los espíritus, que lo mismo te dicen que son tu tía Frasquita la del pueblo que te dicen que son entidades extraterrestres, y te están tomando el pelo, mira tú por dónde.
Siempre tengo en mente una cosa que le escuché al ilustre parasicólogo Germán de Argumosa. En una entrevista contó que, en una ocasión, hizo una sicofonía preguntando si debía confiar en la veracidad de una información que había captado en otra anterior. No lo recuerdo bien, pero creo que era algún tipo de amenaza contra su persona.
La respuesta que vino del supuesto más allá fue: «Aquí también se miente».
Por lo tanto, a este respecto, aplica el viejo proverbio árabe «No creas todo lo que escuches, o podrías creer cosas que no son ciertas».
Sí, venga, escéptico irredento, ya hago yo el chiste por ti: «Empezando por estas chorradas».
9. No aceptes ayuda de nadie que te pida dinero a cambio.
Huye de médiums y videntes que te pidan dinero a cambio de su ayuda. Posiblemente sean farsantes que solo sirvan para añadir problemas financieros a tu ya de por sí problemática situación.
En la historia televisiva casposa de nuestro país tenemos varios ejemplos de ellos: brujas de tarot televisivas, naturistas que llevan ramas de apio en las orejas, señores obesos y calvos con túnicas de astrólogo y gafas de fantasía que se autoproclaman «cinéfagos» y demás ralea, entre ellos un parasicólogo que se dedicaba a pedir financiación para crear pistolas de agua hi-tech (que según él servían para cazar fantasmas), a las que llamaba «Boby», como un perro que tenía mi tía. Qué cosas.
10. Busca la ayuda de un investigador honesto.
Si, hecho todo lo anterior, el fenómeno no remite, recurre a un investigador honesto solo cuando estés totalmente seguro de que tienes un problema de origen inexplicable, no hagas que la gente pierda su valioso tiempo.
El primer indicio para asegurarte de que estás tratando con alguien fiable es el punto 9, es decir, que no te exija dinero por su ayuda.
A este respecto, que a mí me conste, programas como Cuarto Milenio, Córdoba Misteriosa o Espacio en Blanco suelen prestar ayuda si consideran que el caso es veraz, poniendo a los afectados en contacto con expertos de confianza.
Si no, siempre puedes contactar directamente con el grupo Hepta, que investigará el fenómeno con seriedad y eficiencia.
A mi juicio, este grupo de investigación, creado por el jesuita y radiestesista padre Pilón, es uno de los más serios de España, y actúan de forma desinteresada.
Eso sí, no nos confundamos. Si vives lejos de Madrid, tendrás que hacerte cargo tú del coste del desplazamiento, que una cosa es poner al servicio de los demás de forma desinteresada tu tiempo, conocimientos y equipo, y otra que te cueste dinero, lo cual me parece totalmente lógico y honesto.
Cómo defenderse de entidades extradimensionales
En su libro Defendámonos de los dioses, haciendo honor al título, Salvador Freixedo nos ofrece ciertas pautas que, según él, deberían servirnos como medidas de precaución contra seres extradimensionales. Recordarás que este autor, tras realizar una comparación entre textos sagrados de distintas culturas y ver la semejanza entre ellos, llegó a la conclusión de que estos mal llamados dioses parecían ser entidades de otras dimensiones que jugaban con el ser humano a voluntad, usándolo para sus fines como si fuera ganado, no en vano, a otro libro posterior en el que profundizaba en el tema lo tituló La granja humana.
Se podrá estar de acuerdo en mayor o menor medida con todos los postulados que expone, pero considero que estas siete pautas configuran un listado que todo el mundo debería leer, pues son una llamada al ejercicio del juicio crítico y la libertad de pensamiento.
Estos son los consejos que nos ofrece el autor:
1.º No debemos trascender los límites de nuestro ambiente humano, o dicho en otras palabras, no debemos tratar de entrar en el terreno de ellos.
Con este consejo, Salvador nos insta a evitar todas las experiencias espirituales que busquen la trascendencia mediante estados alterados de conciencia que induzcan cualquier tipo de trance.
«Los que se suben a lo alto de ciertas montañas en ciertas épocas para entrar en contacto con ellos; los que preparan su mente con ritos mágicos o religiosos (no tenemos que olvidarnos de que la magia es la otra cara de la religión); todas estas personas están entrando en el terreno de los dioses; y si no precisamente entrando, por lo menos se están acercando a los límites del terreno humano, en donde los dioses se manifiestan más fácilmente, y en el que los hombres ya no pueden usar con eficacia su gran arma defensiva, que es la inteligencia.»
Personalmente, opino que este tipo de experiencias son necesarias para el desarrollo de la conciencia, por lo que no las considero negativas, aunque quizá coincido en que, para adentrarse en estos terrenos, la mente humana debe estar preparada y en equilibrio.
Piensa en las hormigas o los insectos que entran en tu cocina.
Seguramente no sientes aversión u odio hacia ellos, pero no puedes conminarlos a que se vayan por su propia voluntad de ninguna forma, y en ese espacio no podéis coexistir porque es tu territorio y su presencia te molesta.
Igual puede pasarle a los «dioses». Recuerda que, para ellos, tú eres la hormiga.
2.º No entregues jamás la mente a nadie.
Con este consejo el autor nos insta a ejercer el pensamiento crítico de forma constante, incluso con las propias creencias heredadas de la cultura o el ambiente.
Para ello no hay que aceptar ningún credo o idea como un axioma incuestionable, ni aceptar incondicionalmente lo que nos digan autoridades, líderes políticos o religiosos, ídolos deportivos, estrellas del mundo de la cultura o médicos que te estén tratando, pues, como bien señala el autor, todo el mundo puede equivocarse o, en un momento determinado, actuar solo en beneficio de sus propios intereses.
Este camino implicaría evitar la manipulación a la que nos someten los medios de comunicación.
Uno de los aspectos clave lo explica este elocuente párrafo:
«Es el caso de todos los fanáticos religiosos y no solo fanáticos, sino de la gran mayoría de creyentes de todas las religiones. Aceptaron de niños una fe que les fue implantada en el alma como un instinto y como un elemento cultural más, y ya no fueron capaces en toda su vida de cuestionarla ni de someterla a juicio; sencillamente la aceptaron como aceptaron el idioma, las costumbres, los gustos o el amor patrio».
3.º No invoques a nadie.
El ejercicio de esta recomendación pasaría por no postrarse ante ningún ídolo, dios, religión ni profeta, ningún enviado, contactado o iluminado, y a no adorarlos mediante ritos.
De nuevo el escritor hace una reflexión valiosa e inigualable, que merece la pena ser reproducida textualmente para que no se pierda la fuerza de sus palabras:
«El verdadero Dios del Universo, la Suprema Inteligencia, totalmente incognoscible en su totalidad por la mente humana, no anda exigiendo, como un amante celoso, que sus criaturas le rindan constantemente adoración, o le den muestras de amor. Esto sí encaja con la idea que en el cristianismo se tiene de Dios: Un «fulano» muy poderoso que se parece muchísimo a nosotros, en nuestros aspectos positivos y en nuestros aspectos negativos. Un dios así, es lógico que exija entrega, alabanzas y hasta regalos. Pero el Dios verdadero no es ningún pobre mendigo; el Dios verdadero continúa en su interminable tarea de crear, y de complacerse viendo cómo sus criaturas se desenvuelven cada una según su naturaleza, sin que tengan que estar constantemente volviéndose hacia Él para darle gracias o para pedirle que no las condene a algún castigo eterno».
La lógica de esta aseveración, a ojos del autor, parte del hecho de que, cuando se invoca a algo, se le está llamando, de alguna forma se está reclamando su presencia, animándole a que se manifieste.
El autor sostiene la idea de que la energía mental de los acérrimos adoradores podría fortalecer las capacidades de estas criaturas para manifestarse en nuestra realidad, tal y como hemos visto que sostienen otros autores.
Basándonos en este precepto, habría que evitar prácticas como la ouija, denostada una vez más por representar un medio de contacto con otras realidades peligroso y poco fiable.
4.º No les ofrezcas tu dolor. No te brindes a sufrir. Rechaza el dolor por el dolor y no lo busques nunca.
Para ilustrar este principio, que nos empuja a la búsqueda de la felicidad y de la autovaloración evitando mortificaciones de todo tipo, usa un término ingenioso, al hablar de que hay que evitar el «sacro masoquismo», ese sentido de culpa inherente a los practicantes de algunas religiones y que, de algún modo, podría justificar el maltrato y la negación de uno mismo.
5.º Prescinde de dogmas y ritos. Deja de lado las creencias tradicionales que tienen que ver con el más allá y con la manera de concebir esta vida.
Evitar la fe ciega y la creencia exenta de reflexión.
6º Destraumatízate.
De acuerdo con el autor, debemos intentar liberar el alma de todos los miedos, de todas las angustias y de todas las creencias erróneas y limitantes.
Algunas doctrinas religiosas crean en sus practicantes un sentimiento de culpa inherente al mero hecho de existir.
En los capítulos precedentes has visto que este tipo de emanaciones mentales podrían incluso atraer visitantes indeseables, así que no estaría de más interiorizar esta sentencia del investigador orensano:
«Esta limpieza tiene que comenzar por todos los falsos axiomas que traemos en buena parte ya implantados cuando venimos al mundo y que más tarde, las religiones, las patrias y las familias —tres instituciones «sagradas»— nos remachan en el alma y en la mente».
7.º Instituye un nuevo orden de valores.
Aquí se nos anima a construir nuestra propia escala de valores basándonos en nuestro propio criterio, y no de acuerdo a los deseos de ninguna deidad.
Eso podría lograrse mediante una reinterpretación de los diferentes credos y mandamientos desde un punto de vista humanista, que defienda las necesidades de las personas desde el sentido común y la dignidad.
Y termina su heptálogo con una frase lapidaria, que bien deberíamos grabar a fuego en nuestro cerebro:
«¡Mírate! ¡Eres un auténtico hijo de dios! No por redenciones ni por salvaciones que nadie te haya regalado, sino por tú misma naturaleza que participa de la divinidad y que tu tienes que hacer evolucionar mediante el buen uso de tu inteligencia y de tu vida tan larga; pero, aparte, del corazón».
Si te paras a pensarlo, el cristianismo afirma que Dios nos hizo a su imagen y semejanza, y según el budismo todos tenemos la naturaleza de Buda, es decir, todos somos manifestaciones de la divinidad.
Esto reforzaría la creencia de algunos esoteristas de que ninguna de las criaturas que hemos visto podría hacernos daño si no les entregamos el control sobre nosotros teniéndoles miedo, porque todos somos dioses en potencia.
No sé a ti, pero a mí me gusta esta idea.
Cómo prevenir y defenderse de la gente sombra
Como viste en el correspondiente capítulo, estas supuestas entidades parecen estar haciendo de las suyas alrededor del mundo atormentando al personal, ya sea en sueños, ya sea en oscuras carreteras solitarias.
Ha quedado patente que los investigadores no se ponen de acuerdo sobre su naturaleza, aunque sí en que presentan una serie de características definitorias muy especiales.
Por ese motivo he creído que sería interesante dedicarles un apartado específico, en el que he tratado de recopilar todos los remedios y consejos que he encontrado para evitar su presencia o, cuando tal extremo no sea posible, enfrentarnos a las sombras.
Por supuesto, aquí se recogen saberes y recomendaciones que, en muchas ocasiones, escapan a toda lógica y entran en el campo de la magia o la superstición, por lo que no recomiendo dar por sentado su eficacia, a pesar de lo cual las incluyo a modo de curiosidad y, por qué negarlo, en algunos casos, por lo pintoresco de su naturaleza, y por si a alguien pudieran aportar algo de alivio o consuelo, ya que el saber nunca está de más.
Contra la gente sombra, Heidi Hollis, la investigadora que acuñó el término, afirma que estas sombras pueden ser repelidas usando «el nombre de Jesús».
Supongo que basta con invocarlo, no creo que se refiera que tengas que ir al Registro Civil a cambiarte de nombre.
Aparte de la invocación divina, esta sombróloga aboga por:
• Aprender a dejar de lado nuestro miedo.
• Mantenerse firmes y negarles el acceso a nuestra persona.
• Centrarse en pensamientos positivos.
• Mantener una luz encendida.
• Bendecir la casa con agua de manantial embotellada.
Eso sí, parece que, respecto al agua, no importa la marca que elijas.
De estas sugerencias, de acuerdo con los testimonios que hemos visto, la única que parece irrefutable es la que nos anima a no temer a estas criaturas y afrontarlas, pues todos los testigos que pudieron vencer su miedo, al final, lograron expulsarlas.
Otros autores apuntan en la dirección de las entidades del bajo astral, por lo que nos vuelven a remitir a la correspondencia intuitiva entre las bajas vibraciones (electromagnéticas o «espirituales») y estas criaturas, abogando por «limpiezas energéticas».
Para ello se puede aumentar el nivel de vibración ambiental, es decir, de nuestro entorno, mediante el cultivo de la armonía sicológica de los habitantes de dicho espacio.
Lámparas de sal, musicoterapia y demás parafernalia new age entrarían en esta categoría.
Mantener la calma, usar la lógica y racionalizar la experiencia, y tratar de no mostrar emociones negativas (porque supuestamente eso solo hace que la entidad cobre más fuerza) son otros de los consejos más comunes en lo que respecta a este tema.
Según el programa de YouTube Señales ocultas, conducido por Juan Ramón Rodríguez y Luis Hernández, hay una serie de remedios que nos pueden ayudar a defendernos de esta gente sombra.
En primer lugar, afirman que dormir con una luz ultravioleta encendida en el cuarto aleja estas entidades, aunque dudo mucho que alguien pueda dormir en semejantes condiciones. Por el parecido con un after que adquiriría el cuarto, más bien darían ganas de ponerse un cubata.
Además, los investigadores no explican el porqué de su efectividad.
En segundo lugar, afirman que portar polvo de azufre o poner en el dormitorio un plato de agua con un poco de azufre también sirve, porque, en teoría, el azufre quema las larvas astrales de las que hablamos anteriormente.
¿El motivo? Vete tú a saber...
Tener semillas de mostaza y cogerlas cuando aparezca la entidad, si es que eres capaz de moverte, es otra de las soluciones que aportan. De nuevo tenemos que realizar un acto de fe para confiar en la eficacia de esta técnica.
Otra práctica que puede servirnos consiste en cantar el sonido Om.
En teoría este sonido eleva nuestra frecuencia de vibración espiritual y espanta a estas entidades parasitarias que da gusto. Además, de funcionar, tendría la ventaja de que podemos emitir esta vibración desde la garganta incluso estando en mitad de un episodio de parálisis del sueño. De nuevo carecemos de fuentes o referencias que respalden estas afirmaciones.
La explicación a esta recomendación puede tener un origen esotérico.
Om (que se pronuncia aum) es uno de los mantras más sagrados de las religiones dhármicas (como el hinduismo y el budismo).
Om es el símbolo de lo esencial en el hinduismo, y representa la unidad con lo supremo, con la divinidad y con el cosmos, la unión mente-cuerpo, la combinación de lo físico con lo espiritual. Es la sílaba sagrada, el primer sonido del Todopoderoso, el sonido del que emergen todos los demás sonidos, ya sean de la música o del lenguaje divino.
En los Upanishad (textos sagrados hinduistas) se explica que todo, lo existente y lo no existente, puede ser controlado al pronunciar la sílaba sagrada Om.
De acuerdo con algunos esoteristas, por si profesas una religión de origen judeocristiano y pronunciar un mantra te hace sentir incómodo, en lugar de esta sílaba podrías pronunciar la palabra Amén, pues son sinónimos.
Para los practicantes de yoga, la pronunciación de esta sílaba tiene efectos sobre el cuerpo y la mente, dado que ralentiza el sistema nervioso y calma la mente, como una especie de trance meditativo. Esta relajación mental implica también una disminución de la presión arterial.
Como curiosidad habría que añadir que la frecuencia de Om es una octava de la frecuencia de rotación de la Tierra respecto al Sol (multiplicada por 224 hasta ser audible).
Hay quien pretende relacionar esto con el hecho de que las ondas alfa, que son las que emite el cerebro cuando está en estado de meditación o concentración, van de 8 a 13 Hz.
Los materiales, incluido el del cuerpo humano, tienen lo que se denomina frecuencia natural de un cuerpo, por lo que pueden experimentar el efecto conocido como fenómeno de resonancia acústica (frecuencia mecánica en la física), que se produce cuando un cuerpo recibe una vibración que se encuentra en su frecuencia natural.
Algunos practicantes de yoga afirman, por lo tanto, que Om, cuya frecuencia de vibración sonora es de 432 Hz, es la frecuencia de vibración del cosmos.
Podría inferirse, por lo tanto, que es en esta naturaleza divina que le confieren los esoteristas donde radicaría su poder para expulsar a estas entidades supuestamente malignas.
Otros de los métodos propuestos por este par de investigadores son tan pintorescos como colocar en nuestro dormitorio un vaso de agua sobre una servilleta blanca; tener semillas de mostaza negra en la casa; o colocar unas tijeras abiertas bajo la cama y, según ellos, bajo el colchón (aunque la lógica dicta que esto último no es muy recomendable, salvo que uno tenga aspiraciones de faquir).
Otros autores e investigadores, al menos así se autodenominan, recomiendan las siguientes medidas para evitar que estas entidades lleguen a nuestras vidas:
- Evitar las expresiones violentas o intensas de nuestros estados anímicos: discusiones, gritos, peleas, llantos, estados depresivos, estados de angustia y sufrimiento.
- Mantener una buena higiene personal, con baños diarios y limpieza cuidadosa del cabello.
Esto no sé si servirá para repeler a la gente sombra pero, desde luego, no hacerlo servirá para repeler al resto de tus congéneres.
- Mantener la casa limpia, sobre todo en los rincones y tras los muebles grandes y pesados.
Me reafirmo en lo anterior.
- Realizar una limpieza del ambiente y renovación de las energías, al menos una vez cada quince días.
Entre los métodos recomendados para ello se encuentra quemar ruda, salvia y romero u otras hierbas como el laurel y cedro.
- Evitar lugares donde puedan «transferirse» este tipo de entidades parasitarias.
Entre ellos se citan los cementerios (malas noticias, señor sepulturero), medios de transporte público, cárceles o tanatorios.
Amantes del taxi, ya tenéis una excusa más para no coger el autobús.
- En el caso de no poder evitar estos sitios, se recomienda, una vez en casa, colocar la ropa usada al sol durante dos horas, pasar una barrita de azufre por la suela de los zapatos y rociarse uno con una solución de agua con limón, al 5 %.
Yo no puedo evitar que esto me suene a ritual de obsesivo compulsivo. Flipante el dato del 5 % de la dilución. Si es al 6 o al 4 % ya no funciona…
- No arrojar los abrigos sobre la cama, esto es algo que hacemos frecuentemente cuando volvemos de la calle.
Sin duda tiene mucha lógica, sí.
- No recostarnos en la cama con los zapatos puestos, idealmente deberíamos dejarlos lejos de la cama… incluso afuera.
Hombre, esto es recomendable, pero por sentido común e higiene básica.
- Encender sahumerios y quemar aceites aromáticos cuando tenemos visitas o cuando estas se marchan.
Sobre todo si dichas visitas no tienen por costumbre el uso de desodorante.
- Evitar prácticas mágicas en nuestro entorno si no tenemos los conocimientos suficientes.
Y yo diría que si los tenemos, también, pero bueno, a unos les da por chupar candados, a otros por peinar bombillas…
- Adopta un gato.
Según se dice, el perro es el guardián de lo material, el gato de lo inmaterial. Si hay algo negativo lo neutralizará, o te avisará de su existencia.
Si es que eres capaz de enseñarle a hablar, o que te lo escriba en un pizarrín.
Y así, con estos consejos tan imaginativos, llegamos al final del recorrido.
Pero antes, permíteme unas palabras a modo de epílogo...
11. PARA FINALIZAR
Como has visto, hemos analizado todo un catálogo de fenómenos y prodigiosas criaturas, conocemos sus características, e incluso sabemos cómo protegernos, en teoría, de sus perniciosos efectos.
Hemos penetrado en la mente humana, y luego en el origen del hombre, para comprobar la posible existencia de otras realidades que nos han acompañado desde la génesis de la humanidad.
Solo a ti te corresponde determinar si se trata de una serie de ilusiones y delirios originados por fallos de la percepción, enfermedades mentales o simples invenciones legendarias, si en realidad son seres de otros planos que nos visitan, dioses u aspectos del inconsciente colectivo que se han materializado en nuestro mundo, porque, como hemos visto, de acuerdo con la física cuántica, al fin y al cabo es la conciencia del observador la que define la realidad. ¿Cómo quieres definirla y percibirla tú?
En cualquier caso, hemos aprendido más de lo que sabíamos cuando empezamos esta andadura, hemos visitado lugares distantes, culturas exóticas, conocido aspectos del folclore y la etnografía del mundo.
Ojalá este periplo haya servido para que expandas tu visión de la realidad o para que, al menos, te hayas formulado algunas preguntas o cuestionado algunos aspectos de la misma, y, por supuesto, espero y deseo que el viaje te haya resultado grato.
A más ver,
R. R. LÓPEZ
FUENTES
• ASCHER, Rodney, The Nightmare, documental, 2015.
• BARRAGÁN, Alex, Daniel GARCÍA y Pablo VERGEL, Ostensión: El día que el Slenderman rompió la cuarta pared a cuchilladas, podcast del programa radiofónico Terra incógnita.
• BLANCO SOLER, Sol, ¿Hay alguien aquí?: Fantasmas, Poltergeist y casas encantadas de España y el mundo, Ediciones Palmyra, La Esfera de los Libros, Madrid, 2007.
• Bosman, Julie, «Pine Ridge Indian Reservation Struggles With Suicides Among Its Young», The New York Times, nytimes.com, 1 de mayo de 2015.
• BOUZIANE, Abdellatif, «Aisha Kandicha Te Hace Perder La Cabeza. Cosas Del Amor», tangerexpress.blogspot. com.es.
• CABALLERO GARCÍA, Félix, «La poda sináptica en el cerebro humano», blastingnews.com.
• CALLEJO, Jesús y Carlos CANALES, Seres y lugares en los que usted no cree, Glyphos publicaciones y formación, Valladolid, 2015.
• CARDERO LÓPEZ, José Luis, «Dioses oscuros. Una filosofía oculta de lo sagrado», en revista A Parte de Rei, n.º 64.
• DOCTOR PARÉ, «Miedo en Vegas de Coria», laextremaduraoculta.blogspot.com.es.
• EVANS, Brad, «Hamilton Co. mom: Daughter’s knife attack influenced by Slender Man», portal de la cadena de televisión wlwt5, www.wlwt.com, 16 de junio de 2014.
• FERNÁNDEZ BUENO, Lorenzo, La España Maldita, Editorial Luciérnaga, Barcelona, 2016.
• FREIXEDO, Salvador, Defendámonos de los dioses, Editorial Algar, Madrid, 1984.
• GARCÍA BAUTISTA, José Manuel, «La Pantaruja de Vegas de Coria (Extremadura)», josemanuelgarciabautista.wordpress.com.
• GREEN, Miranda, Mitos celtas, Akal, Madrid, 1995.
• HORIZON RESEARCH FOUNDATION, «aware Study 2014», horizonresearch.org.
• LÓPEZ, R. R., Lo poco que sé del misterio, ediciones Publicalibro, Sevilla, 2015.
• MCATEER, Ollie, «Ghostly sightings of Slender Man reported in UK town», Metro.co.uk, 25 de enero de 2015.
• MONTLUNE, Lucio, «Los seres de sombra: entidades paranormales que comparten nuestra cotidianidad», pijamasurf.com.
• MONSTER QUEST, El hombre polilla, canal History Channel.
• MORALES GAJETE, José Manuel, Enigmas y misterios de Córdoba, Almuzara, Córdoba, 2015.
• MURRAY, Rheana, «Teen Inspired by ‘Slender Man’ Set House on Fire: Police», ABC News, abcnews.go.com, 5 de septiembre de 2014.
• NÚÑEZ, Naylín, «om: ¿qué es y por qué cantarlo?», yogaesmas.com.
• OFFICIAL JOURNAL EUROPEAN RESUSCITATION COUNCIL, «AWARE —Awareness during Resuscitation— A prospective study», www.resuscitationjournal.com.
• PEDRERO, Miguel, El universo no es plano, Ediciones Palmyra, La Esfera de los Libros, Madrid, 2012.
• PÉREZ CAMPOS, Javier, «Mothman. 40 años después», ikerjimenez.com.
• PÉREZ SARRÓ, Gonzalo, Huellas de otra realidad, EDAF, Madrid, 2006.
• REQUEJO, Marcelino, Apariciones Marianas, la respuesta definitiva, Ediciones Cydonia, Madrid, 2014.
• ROMÁN, Juan, El mundo invisible de los Yenún, Servicio de publicaciones de la Consejería de Educación, Juventud y Deporte de la Ciudad Autónoma de Melilla, Melilla, 1996.
• RUIZ, Celia Rodríguez, «Etapas del desarrollo cognitivo del niño», educapeques.com.
• RUIZ SÁNCHEZ, Jesús Manuel, «Aparece en zona serrana el llamado hombre polilla», noticia de El Heraldo de Chihuahua recopilada por el portal de noticias oem.com.mx/elmexicano.
• SÁNCHEZ-ORO ROSA, Juan José, «Sueños que matan. La muerte súbita de la etnia Hmong», revista digital El ojo crítico, n.º 73.
• SIERRA, JAVIER, «Mothman: la última profecía, John Keel 1975 (2002)», ikerjimenez.com.
• SWOPE, Robin, The Paranormal Pastor, theparanormalpastor.blogspot.com.
• TERRY, Jermont, Michele FIORE y James KUST, Girls charged in Waukesha stabbing motivated by ‘Slender Man’ character, web.archive.org.
• TRIPERO, Tomás de Andrés, «Eidetismo: los niños y los preadolescentes, en ocasiones, ven fantasmas», Biblioteca de la Universidad Complutense, biblioteca.ucm.es.
• —,«¿Por qué la estimulación temprana?», cosasdelainfancia.com.
• UNIVERSIDAD DE SOUTHAMPTON, Results of world’s largest Near Death Experiences study published, southampton.ac.uk.
• VARGAS, Víctor, «Extraña criatura fue vista volando sobre Santiago: Impactantes testimonios», guioteca.com.
• WAFAH, «Leyendas marroquíes - Aisha Kandisha», wafah-elcrisol.blogspot.com.
• «Científicos descubren al “hombre-sombra”», 20 minutos, 26 de septiembre de 2006, edición digital (20minutos.es).
• «Definición de Genii Cucullati», La historia con mapas, lahistoriaconmapas.com.
• «El hombre búho de Cornualles», todomisterios.com.
• «El bajo astral y sus habitantes», demonologia.net.
• «El extraño ser que se apareció en el aeropuerto ante un matrimonio podría ser Slenderman», El Sol, edición digital, diarioelsol.com.
• «Extraña criatura voladora es vista en Parque Bustamante», programa de televisión Mañaneros, cadena de televisión chilena La red.
• «Kanashibari», yokai.com.
• «Las divisiones del plano astral», oculto.eu.
• «Los intrusos», Milenio 3, programa emitido el 17 de mayo de 2015.
• «Minerales mágicos. Agresores del más allá. Visitantes de dormitorio», Espacio en Blanco, programa emitido el 10 de junio de 2012.
• «Parálisis del sueño, terrible trastorno que hace realidad tus peores pesadillas», rolloid.net.
• «Slenderman», leyendas-urbanas.com.
• «Slenderman Research Shows Sightings Throughout History», 15 de junio de 2014, empirenews.net.
• «¿Ves a los hombres sombra?», lamentiraestaahifuera.com.
EL AUTOR
Página web: https://historiasquenocontariaamimadre.com/
En X: @RRLpez
En Facebook:
https://www.facebook.com/historiasqueno/
En Google+:
https://plus.google.com/+RRLopez
Correo electrónico: falerr@gmail.com
Notas
* Neologismo acuñado por el escritor Macoco G. M. que aúna los adjetivos ‘flipante’ y ‘bochornoso’ en una sola palabra.