MÁS CERCA DE LA LUZ por Melvin Morse y Paul Perry (1990)


Más cerca de la luz (1990)

Melvin Morse  con Paul Perry

Prólogo de Raymond A. Moody

Traducción ARS-GRATIA de KOS d’ASTUIRES (2026)

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Contenido:

Dedicatoria – Acerca de los estudios de casos – Prefacio – Expresiones de gratitud – 1 Caterina conoce a Elizabeth – 2 El estudio de Seattle – 3 Visiones previas a la muerte – 4 El espíritu en la medicina – 5 La hipótesis de la sede del alma – 6  La Luz Pura – 7 Transformación – 8 El estudio de Seattle revisado – Apéndice: Por qué no son ECM – Bibliografía – Acerca de los autores

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Dedicatoria: Para mi esposa Allison y los niños, Bridget, Colleen y Brett, Por su paciencia e inspiración.  —Melvin Morse, doctor en medicina-

Para mi madre, Esther, y mi padre, Jewel.  —Paul Perry

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Acerca de los estudios.

Los estudios de casos de este libro representan material recopilado durante entrevistas con pacientes que tuvieron experiencias cercanas a la muerte. Los nombres, edades y algunos de los detalles de estas historias han sido cambiados para proteger la identidad de los pacientes.

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Prefacio

Con la publicación de Vida después de la vida, hace más de una década, lancé un desafío a la profesión médica para que continuaran investigando el maravilloso fenómeno de la experiencia cercana a la muerte.

Muchos médicos e investigadores aceptaron el desafío y comenzaron a analizar esta asombrosa experiencia espiritual desde diversas perspectivas con la multitud de herramientas y métodos disponibles en medicina. Su trabajo ha generado una vasta nueva área de investigación conocida como estudios cercanos a la muerte, ECM.

De todos los investigadores que han entrado en este nuevo y valiente mundo de los estudios espirituales, el trabajo más interesante y fascinante ha sido realizado por Melvin Morse.

El Morse es compasivo pediatra que conoció la experiencia cercana a la muerte a través del casi ahogamiento de una de sus pacientes jóvenes, una tímida y encantadora niña llamada Cati  que estuvo o al borde de la muerte durante tres días, en un coma tan profundo que necesitaba máquinas para mantenerla respirando. Nadie, incluido el  Morse, esperaba que viviera.

Al final del tercer día simplemente despertó como si hubiera estado en un sueño profundo. En veinticuatro horas esta bella durmiente estaba despierta hablando con su familia y sin mostrar signos de daño cerebral.

Fue un milagro, en efecto, pero Morse no descubrió el verdadero milagro hasta unos días después de que despertara. Tenía curiosidad por saber qué había causado su accidente. ¿Alguien la había empujado al agua? ¿Una convulsión le había hecho perder el conocimiento mientras nadaba? Éstas son las preguntas habituales que hacen los médicos para poder proporcionar un tratamiento adecuado. Las respuestas que recibió Morse fueron realmente bastante inusuales.

Cuando le preguntó qué había pasado en la piscina Cati dijo: "¿Te refieres a cuando vi al Padre Celestial?". Luego pasó a describir ese maravilloso viaje espiritual a través del "cielo" que dejó a Morse fascinado. Le contó que vio a "Dios", un hombre de luz brillante que la llenó de amor y bondad. Le contó que una ángel guardián llamado Elizabeth la guió y le mostró el cielo e incluso la dejó regresar a casa una vez para ver a su familia. Luego contó que Dios le había ofrecido que se quedara o regresara con su madre. Ella eligió regresar, dijo, y por eso estaba allí ahora.

La historia de Cati se quedó grabada en la memoria de Morse. En lugar de desestimarla como un sueño o ejemplo de "algunos cables que se cruzaron", decidió emprender algunos proyectos de investigación que analizaran este fenómeno desde un punto de vista científico.

Con la ayuda de un importante hospital de Seattle, pudo retomar el hilo que yo había dejado al responder la pregunta más persistente de la humanidad: ¿Qué sucede cuando morimos?

Éstos son sólo algunos de los maravillosos descubrimientos de Morse y su equipo de investigación:

·      Han demostrado que una persona necesita estar cerca de la muerte para tener una experiencia cercana a la muerte. Este hallazgo acalló a muchos escépticos que decían que estos sucesos eran simplemente alucinaciones que cualquier paciente grave podría tener. Al comparar científicamente las experiencias de pacientes gravemente enfermos con las de aquellos que habían estado al borde de la muerte, el equipo pudo determinar que uno necesita cruzar ese umbral antes de vislumbrar el otro lado.

·        Han logrado aislar la zona del cerebro donde se producen las experiencias cercanas a la muerte. Esta zona, cercana al lóbulo temporal derecho, está codificada genéticamente para las experiencias cercanas a la muerte. El doctor Morse y su equipo exploraron si éste podría ser el "asiento del alma", el área que contiene la esencia vital que nos hace lo que somos.

El doctor Morse también se ha basado en las obras de los grandes neurocientíficos del mundo para apoyar su creencia de que el mismo "algo" que nos hace vivir (muchos de nosotros lo llamamos "alma") sobrevive a la muerte corporal. Como verá al leer este libro, incluso científicos tan radicales como los neurocirujanos han lidiado con esa cuestión amorfa del alma humana.

El libro de Morse está lleno del coraje que se necesita para actuar con compasión. Por ejemplo, mientras que otros médicos rechazan las visiones previas a la muerte por considerarlas causadas por la fiebre o el miedo Morse las acepta como una ayuda para los moribundos y las utiliza para crear un entorno tranquilizador para los pacientes. De esta compasión han surgido algunos fenómenos psíquicos intrigantes. Como verás, hay muchos casos en los que los niños que están cerca de la muerte han podido llamar a parientes lejanos a su lado. Algunos de estos incluso han podido comunicarse con amigos y parientes muertos que les contaron cosas que nunca habrían podido saber sin el contacto real con los muertos.

La mayoría de los médicos han sido entrenados para utilizar tranquilizantes, no sus oídos, para tratar las visiones de los moribundos. Se necesita coraje para ir en contra de la formación. Sin embargo, al hacerlo, el doctor Morse ha hecho algunos descubrimientos sorprendentes que podrían fácilmente redefinir la forma en que se trata a los moribundos.

En su búsqueda por analizar todos los aspectos de la experiencia cercana a la muerte, Morse ha buscado minuciosamente a adultos que casi murieron cuando eran niños. Su objetivo era examinar los efectos a largo plazo de estas experiencias para ver si le daban un nuevo significado a la vida. Después de escuchar docenas de historias (muchas de las cuales leerás aquí), el Morse descubrió que estas "experiencias de luz" iluminan la vida de una persona para siempre.

Como médico, se necesita sabiduría para escuchar, aprender y admitir que no todo lo relacionado con el cuerpo y la mente humanos se puede enseñar en la facultad de medicina. El doctor Morse ha tenido la valentía de salirse de los parámetros tradicionales para analizar desde una perspectiva científica las experiencias cercanas a la muerte, los fenómenos psíquicos y la existencia del alma.

Sus exploraciones le han dado como resultado una vida gratificante y a nosotros un libro interesante y útil.

—Raymond A. Moody, doctor en medicina

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Expresiones de gratitud.

Este libro sólo ha sido posible gracias a la colaboración y confianza de cientos de pacientes que han compartido sus experiencias conmigo. En algunos casos he modificado detalles menores y editado experiencias para proteger la identidad de los implicados. En la traducción se adaptan los nombres a la tradición onomástica hispana.

Archie Bleyer, fue una fuente constante de ideas e inspiración. Estoy profundamente en deuda con él por los años que pasé aprendiendo de él como su investigador asociado. Esos años fueron verdaderamente los años dorados y él me ayudó a aprovecharlos de la manera más productiva. Donald Tyler, MD, me ayudó con su mente abierta y sus comentarios reflexivos sobre el diseño de la investigación. Marcos Smith, MD, me brindó un apoyo emocional invaluable.

El doctor Jerrold Milstein fue mi asesor. La mayor parte del trabajo sobre la ubicación anatómica de las experiencias cercanas a la muerte es su contribución. El doctor John Neff me brindó un hombro para llorar que necesitaba a menudo y un consejo sabio y muy necesario.

Paula Livesly mecanografió todos mis manuscritos originales y me insistió con delicadeza para que cumpliera con los plazos. Tanya S. me brindó una asistencia secretarial esencial, así como muchas ideas útiles sobre el diseño de nuestra investigación y las técnicas de entrevistas.

El personal de mi  oficina me ha ayudado mucho más allá de lo que me correspondía. Estoy especialmente en deuda con Penny Kellog, Tiki Hunnicutt y Nancy Henry por manejar los miles de detalles y mensajes en pequeños trozos de papel que de otra manera habría perdido de vista.

El doctor Raymond Moody y el doctor Bruce Greyson son mis mentores en la investigación de situaciones cercanas a la muerte, y todo lo que he contribuido se debe únicamente a lo que ellos ya han logrado. Mi agente Nat Sobel es el alma de este libro y me unió a Paul Perry, el escritor, y a Diane Reverand, mi editora en Random House. Nat también me enseñó a escribir un libro y a creer en mí misma. Diane Reverand esculpió el manuscrito hasta darle su forma actual y, créanme, es mucho mejor que mi versión original.

Agradezco especialmente el apoyo de mis compañeros Margaret Clements y David Christopher. Durante los tres años que he trabajado en este libro, han sido pacientes conmigo de mil maneras diferentes. Nunca habría podido encontrar tiempo para escribir este libro sin su apoyo.

Por último, agradezco a mi madre, por todo.

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1 - Caterina conoce a Elizabeth.

Dejad a los niños en paz, y no les impidáis venir a mí, porque de ellos es el Reino de los Cielos. —Mateo 19:14

Me quedé de pie junto al cuerpo sin vida de Cati,  (ipocorístico de Caterina) en la unidad de cuidados intensivos y me pregunté si esa pequeña podría ser salvada. Unas horas antes la habían encontrado flotando boca abajo en una piscina de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA). Nadie sabía cuánto tiempo había estado inconsciente o exactamente qué había sucedido para que perdiera el conocimiento. Uno de los socorristas supuso que unos niños que jugaban junto a la piscina la habían tirado accidentalmente al agua. Otra persona mencionó a la policía que tal vez se había golpeado la cabeza contra el fondo de la piscina y perdido el conocimiento.Podría haber sido incluso un ataque epiléptico, pensé.

En realidad no esperaba descubrir lo que había sucedido. Las máquinas a las que estaba conectada ahora contaban una historia sombría. Una tomografía de urgencia revelaba inflamación masiva del cerebro. No tenía reflejo faríngeo, es decir, no tenía nausea inducida. Un pulmón artificial respiraba por ella y, en la jerga directa de los médicos de urgencias, era un desastre. Mirando atrás, incluso ahora, supongo que tenía solo un diez por ciento de posibilidades de sobrevivir.

Yo fui el médico que la reanimó en urgencias después del accidente en la piscina. Estaba haciendo mi internado en pediatría en un pequeño pueblo de Idaho y unos meses más tarde empezaría mi residencia en Seattle. Anteriormente había estado investigando sobre tumores cerebrales y en una conferencia nacional había presentado un trabajo sobre los efectos de la quimioterapia en la leucemia infantil. Entre el mundo de los estudios académicos y la investigación sobre el "cerebro de rata", en la que probé los efectos de varios medicamentos en ratas blancas, quería intercalar algo de medicina práctica. Probablemente no haya medicina más práctica que el caso de Cati.

Era una de las niñas más enfermas que he cuidado. A pesar de todos nuestros esfuerzos, estaba seguro de que iba a morir. Aun así, intentamos todo lo que se nos ocurrió.

El círculo de oración

Un episodio de Cati sigue muy presente en mi mente hasta el día de hoy. Estaba tratando de introducir un pequeño catéter en una de sus arterias para poder obtener una lectura exacta de su oxígeno en sangre. El procedimiento, llamado cateterización arterial, es particularmente difícil y sangriento ya que se requiere incisión en arteria.

Expliqué el procedimiento a su padre y le dije que él y los demás miembros de la familia tal vez quisieran esperar en el pasillo hasta que le insertaran la vía. Consultó con su esposa y los demás y volvió con otra sugerencia. Preguntó si podían hacer una vigilia de oración alrededor de su cama mientras yo insertaba el dispositivo en su arteria. ¿Por qué no?, pensé. Va a morir de todos modos. Tal vez esto les ayude a sobrellevar el dolor.

La familia se tomó de las manos alrededor de su cama y comenzó a rezar. Cati yacía en el suelo y sin vida mientras respiradores y monitores emitían pitidos y zumbaban, y varios tubos intravenosos suministraban líquidos y medicamentos. Dos enfermeras y un terapeuta respiratorio estaban presentes. Con solo presionar la aguja la sangre empezó a brotar de la arteria. Todos hicimos nuestro trabajo rápidamente y con nerviosismo pero las personas más tranquilas en la habitación eran los miembros de la familia de Cati. Mientras la sangre brotaba comenzaron a rezar en voz alta. ¿Cómo pueden estar tan tranquilos?, pensé. ¿No es obvio que va a morir?

Tres días después se recuperó por completo.

Su caso es uno de esos misterios médicos que demuestran el poder de recuperación del organismo humano. A veces, las personas cruzan el umbral de la muerte y vuelven a estar completamente sanas. Es imposible decir por qué sucede esto. Pero esto le pasó a Cati, cuyas pruebas neurológicas mostraron que se había recuperado por completo.

Cuando se sintió lo suficientemente bien la hice venir para un examen de seguimiento. Una de las cosas que quería saber era qué recordaba de su ahogamiento. La respuesta era importante para el tipo de tratamiento que recibiría como paciente ambulatorio. ¿La habían golpeado en la cabeza? ¿Alguien la había mantenido bajo el agua? ¿Se había desmayado o sufrido una convulsión? Sin saber exactamente qué había sucedido, existía la posibilidad de que pudiera sufrir otro desmayo o convulsión.

Me quedé maravillado cuando Cati entró en la oficina. Era una chica bonita, de pelo largo y rubio, y modales tímidos y asustadizos. Sus ojos revelaban una inteligencia que no se había visto empañada por la falta de oxígeno en el cerebro que siempre acompaña a los ahogamientos. No había nada anormal en su forma de andar ni en sus modales. Era simplemente otra niña de nueve años.

El Padre Celestial.

Cati me recordaba claramente. Después de presentarme se volvió hacia su madre y le dijo: "Ese es el que tiene barba. Primero estaba el médico alto, que no tenía barba, y luego entró". Su declaración era correcta. El primero en llegar a la sala de emergencias fue un médico alto y bien afeitado llamado Tino Longhurst.

Cati recordó más cosas. "Primero estuve en la sala grande y luego me trasladaron a una sala más pequeña donde me hicieron radiografías". Anotó con precisión detalles como "tener un tubo en la nariz", que era su descripción de la intubación nasal. La mayoría de los médicos intuban por vía oral y esa es la forma más común en que se representa el procedimiento en televisión.

Describió con precisión muchos otros detalles de su experiencia. Recuerdo que me sorprendieron los acontecimientos que relató. Aunque tenía los ojos cerrados y había estado en un estado de coma profundo durante toda la experiencia, aún así "vio" lo que estaba sucediendo.

Le hice una pregunta abierta: "¿Qué recuerdas de estar en la piscina?"

"¿Te refieres a cuando visité al Padre Celestial?" respondió.

Vaya, pensé. "Es un buen punto de partida. Cuéntame sobre tu encuentro con el Padre Celestial".

"Conocí a Jesús y al Padre Celestial", dijo. Tal vez fue por la expresión de sorpresa en mi rostro o tal vez por timidez pero eso fue todo por ese día. Se sintió muy avergonzada y no quiso hablar más. Le programé otra cita para la semana siguiente.

Lo que me dijo durante nuestro siguiente encuentro cambió mi vida. No recordaba nada sobre el ahogamiento en sí. Su primer recuerdo fue la oscuridad y la sensación de que estaba tan pesada que no podía moverse. Entonces se abrió un túnel y por ese túnel apareció "Elizabeth".

Elizabeth era "alta y simpática", con cabello brillante y dorado. Acompañó a Cati por el túnel, donde vio a su difunto abuelo y conoció a otras personas. Entre sus "nuevos amigos" había dos niños pequeños, "almas que esperaban nacer", llamados Andy y Marcos, que jugaban con ella y le presentaban a muchas personas.

En cierto momento del viaje a Cati se le proporcionó un vistazo de su hogar. Se le permitió pasear por toda la casa observando a hermanos y hermanas jugar con sus juguetes en sus habitaciones. Uno de los hermanos jugaba con un muñeco empujándolo por la habitación en un jeep. Una de sus hermanas peinaba el cabello de una muñeca Barbie mientras cantaba una canción popular de rock. Cati se deslizó hasta la cocina y vio a su madre preparando comida de pollo asado y arroz. Luego miró hacia la sala de estar y vio a su padre sentado en el sofá mirando tranquilamente hacia adelante. Supuso que estaba preocupado por ella en el hospital.

Más tarde, cuando Cati mencionó esto a sus padres los sorprendió con sus vívidos detalles sobre la ropa que vestían, sus posiciones en la casa e incluso la comida que cocinaba su madre.

Finalmente, Elizabeth, que parecía ser un ángel guardián para Cati, la llevó a conocer al Padre Celestial y a Jesús. El Padre Celestial le preguntó si quería volver a casa. Cati lloró. Dijo que quería quedarse con él. Entonces Jesús le preguntó si quería volver a ver a su madre. Ella respondió: "Sí". Y despertó.

Le tomó casi una hora contar esta historia. Era extremadamente tímida, pero contó la historia de una manera tan poderosa y convincente que la creí implícitamente. A lo largo del relato de su experiencia dibujó imágenes de las personas que había conocido mientras estaba en el "cielo". Elizabeth fue dibujada como una simpática y sonriente figura de palitos con ropa blanca. Marcos y Andy parecían dibujos de normales compañeros de escuela. Claramente este había sido un suceso divertido para una niña tan pequeña. Todavía no tenía el concepto de experiencia religiosa o mística. Era consciente de que había sucedido algo que no entendía del todo.

Yo tampoco lo entendí. Empecé a investigar.

Primero fui a ver a las enfermeras de la unidad de cuidados intensivos quienes me dijeron que las primeras palabras que salieron de su boca cuando despertó fueron: "¿Dónde están Marcos y Andy?". Preguntó por ellos repetidamente durante su convalecencia.

Luego investigué sobre las creencias religiosas de su familia. Quería ver si la habían inculcado fuertemente ideas de ángeles guardianes y túneles que conducían al cielo.

La respuesta de su madre fue un rotundo no. Ella era mormona moderada. Creía en la otra vida y asistía a la escuela dominical con regularidad, pero nadie en la familia creía en guías espirituales o túneles que conducían al cielo. Estas cosas simplemente no surgían en las enseñanzas religiosas de la familia. De hecho pude encontrar pocas similitudes entre la experiencia de Cati y cualquiera de sus enseñanzas religiosas.

Por ejemplo, dos años antes de la experiencia de Cati, cuando murió su abuelo, su madre le había dicho que la muerte era como enviar a alguien a un largo viaje en barco: los amigos y la familia pueden ir al borde del agua pero deben permanecer en tierra mientras el barco se aleja flotando. Su madre había descrito el alma como "la mano en el guante". Cuando un guante tiene una mano dentro, está vivo y se mueve. Después de quitar la mano, el guante parece el mismo pero no se mueve.

Nadie en la familia había mencionado nada que pudiera desencadenar las imágenes que le vinieron a la mente a Cati al borde de la muerte.

Mi curiosidad aumentó. Le conté la experiencia al doctor Críspulo Robison, jefe de residentes del hospital y también mormón devoto. De él aprendí que los mormones creen en Cristo y en la otra vida, pero no en guías espirituales ni ángeles guardianes. Tampoco tienen ninguna razón bíblica para creer que el cielo es un lugar al que se llega atravesando un túnel.

Pasé horas hablando con sus padres, tratando de descubrir cualquier factor en su educación que pudiera haber influido en su experiencia. No pude encontrar ninguno.

Mi instinto más profundo me decía que nada, en la experiencia de Cati, se le enseñó antes de ahogarse. Su experiencia era fresca, no recuerdo recuperado.

Comencé a buscar en la literatura médica.

Una experiencia cercana a la muerte.

La búsqueda en la literatura médica reveló poco más que un nombre para lo que le había sucedido a Cati. Se llamaba "la experiencia cercana a la muerte", (ECM).

El nombre de este fenómeno fue acuñado por el doctor Raymond Moody en su libro de 1975  “La vida después de la vida”. La experiencia cercana a la muerte, o ECM, se utiliza para describir una experiencia mística que sucede a las personas que están a punto de morir. Una encuesta realizada por la organización George Gallup encontró, en un extenso sondeo, un estimado de ocho millones de experiencias cercanas a la muerte en 1982.

Huelga decir que se trata de sucesos muy controvertidos. Algunos dicen que las ECM son simplemente dramas creados por la mente en estado de pánico. Otros que son visiones fugaces del otro mundo.

Investigadores como Raymond Moody y Kenneth Ring suponen que sólo quienes cruzan las puertas de la muerte tienen vívidos viajes por túneles y ven a familiares que han muerto hace mucho tiempo o a Seres de Luz. Otros, incluido el psicólogo Ron Siegel, creen que las ECM son visiones provocadas por drogas o "actividad alucinatoria disociativa del cerebro".

Lo que hoy conocemos como experiencias cercanas a la muerte se han registrado desde el comienzo de la historia. En el Nuevo Testamento, San Pablo describe una, y el Papa Gregorio Magno, en el siglo VI, recopiló estas experiencias como prueba de la existencia de vida en el más allá.

Carol Zaleski, destacada teóloga de Harvard, encuentra experiencias cercanas a la muerte en mitos y leyendas griegos, romanos, egipcios y del Cercano Oriente. Me fascinó leer en su libro ¡Otherworld Journeys! que algunas culturas ven la muerte como un viaje cuyo objetivo final es la recuperación de la verdadera naturaleza de uno.

No fue hasta 1975, cuando Raymond Moody publicó sus hallazgos, que alguien se dio cuenta de que había un patrón en las experiencias. Algo místico y sobrenatural les sucedía a muchas personas que casi moría.

Según Moody, una experiencia cercana a la muerte en toda regla ocurre de la siguiente manera: la persona, por ejemplo, sufre un ataque cardíaco en la sala de estar de su casa. El dolor en el pecho es insoportable y se desmaya. Poco después despierta y se encuentra flotando sobre su cuerpo y observa a los paramédicos que le practican recuperación cardiopulmonar, o RCP. Intenta detenerlos pero resulta evidente que no pueden oírlo.

De repente un túnel se le aparece, como espíritu incorpóreo. Se encuentra recorriéndolo a toda velocidad con el sonido silbante de la velocidad en sus oídos. El viaje termina en un jardín de plantas de un verde intenso, que brilla con una luz sobrenatural. Mira sus  manos y se da cuenta de que él también está compuesto de luz.

Gente se le acerca. También son radiantes. Algunos le resultan familiar. Está el tío George, que murió hace veinte años, y la tía Mabel. Incluso el abuelo está aquí, radiante de gloria. Todos están felices de ver al visitante, sentimientos que son capaces de expresar de forma no verbal con su calidez.

Estos personajes resplandecientes palidecen en comparación con lo que viene a continuación. Aparece un Ser de Luz maestro. Algunos lo llaman "Dios", otros "Alá" y otros "El Hombre". Sea quien sea, es tan brillante y cariñoso que el visitante se siente atraído hacia él. Con más amor y cuidado del que este visitante jamás había sentido de nadie en la Tierra, el Ser Maestro de Luz lo envuelve con su presencia, llevándolo a una revisión tridimensional de su vida. No sólo ve todo lo que le ha hecho a alguien sino que también lo siente todo. Además de experimentar cómo se sintió cuando sucedió, el visitante sabe cómo se sintió la otra persona. Esta experiencia sensorial va acompañada de un comentario moral del Ser de Luz, quien compasivamente comunica a la persona lo que hizo bien y lo que hizo mal y le indica cosas que podría hacer en el futuro.

El problema es que la persona quiere que esta experiencia dure para siempre. No quiere abandonar el seno del Ser de Luz. Se lo dice al Ser, pero no le dan otra opción. Debe regresar. Y de repente se siente absorbido por su  cuerpo, donde se convierte en una persona diferente.

El comportamiento típico que lo convirtió en adicto al trabajo, iracundo y nervioso, desaparece. En lugar de estos rasgos hay sed de conocimiento, de sentimientos y  expresiones de amor que asombra a quienes lo conocen.

Coleccionista de relatos.

Moody se enteró por primera vez de las ECM cuando tenía veinte años y hacía su doctorado en filosofía en la Universidad de Virginia. Mientras estudiaba cuestiones filosóficas relacionadas con la muerte su profesor le habló de un psiquiatra de la ciudad que había sido declarado muerto de neumonía doble y luego resucitado con éxito. Mientras estaba "muerto", dijo más tarde el médico, había tenido la notable experiencia de atravesar un túnel y ver Seres de Luz. Moody archivó la historia en su memoria y continuó con sus estudios.

En 1969, terminó su doctorado y comenzó a enseñar en su alma mater.

Después de impartir una clase sobre el más allá, Moody fue abordado por un estudiante que había estado a punto de morir en un accidente automovilístico el año anterior. El estudiante le contó a Moody una historia desconcertante que casi reflejaba la experiencia del psiquiatra que había escuchado cuando era estudiante.

Moody contó las dos historias a sus alumnos quienes, a su vez, compartieron historias de tías, tíos, abuelos y amigos que habían tenido experiencias similares durante sus encuentros con la muerte. Cuando ingresó a la facultad de medicina, en 1972, Moody había recopilado ocho estudios de casos de personas que describe como "sólidas y confiables".

En la facultad de medicina, pudo encontrar más casos. Pronto se dio cuenta de que las experiencias cercanas a la muerte eran mucho más comunes de lo que esperaba. "En cualquier grupo de treinta personas", dice Moody, "puedo encontrar a alguien que haya tenido una o conozca a alguien que la haya tenido".

La visión tradicional cuestionada.

Cati me intrigaba. Cuanto más tiempo pasaba con ella más cuestionaba el enfoque médico tradicional sobre este tema. Básicamente la medicina no reconocía la existencia de estas experiencias. Aunque a una de mis pacientes le había sucedido algo —algo tan real que estaba teniendo efectos positivos duraderos en ella—, apenas encontré menciones de la experiencia cercana a la muerte en las revistas médicas. Tuve que recurrir al libro de Moody, que estaba fuera de la corriente principal de la medicina, para averiguar qué le había sucedido a mi paciente.

Después de mi experiencia con Cati decidí hacer algo que ningún otro médico había hecho. Publiqué una descripción de la ECM de Cati en una revista médica. Hasta donde yo sé esta fue la primera descripción de una experiencia cercana a la muerte en un niño. Quería que otros pediatras supieran que los niños tenían este tipo de experiencias. Mi principal motivación era lograr que los médicos reflexionaran sobre el significado de estas experiencias para que pudieran ayudar a los pacientes a comprender el proceso de morir. Pensé que nada podía ser más universal que los sucesos psicológicos de la muerte.

En 1983 mi artículo se publicó en el “American Journal of Diseases of Children”. Casi dejo de publicar mis investigaciones allí. Entonces recordé lo que Moody había dicho en su segundo libro, “Reflections on Life After Life”. Escribió que si alguien investigara el tema con mente abierta se convencería de la realidad de las experiencias cercanas a la muerte. Reconoció que su trabajo no era científico, sino simplemente un análisis de colección de anécdotas personales.

Fue entonces cuando decidí escribir algo más que un artículo. Me sentí desafiada por las afirmaciones audaces del doctor Moody, especialmente por su afirmación de que estas experiencias eran universales para todos los seres humanos.

Muchas preguntas comenzaron a surgir:

• ¿Los niños tienen ECM diferentes a las de los adultos? Como los niños aún no están "contaminados culturalmente", algunas personas afirman que no tienen experiencias cercanas a la muerte o que las que tienen son muy diferentes. La ECM de Cati fue similar a las de los adultos, pero ¿qué pasa con otros niños? Como dijo una profesora mía en la Universidad George Washington: "Los niños no mienten". Por supuesto que mienten sobre hacer sus tareas o limpiar sus habitaciones. Con esto quería decir que en el contexto de una enfermedad grave probablemente no inventarían esas historias. Además, lo más probable es que no hayan oído hablar del fenómeno de la experiencia cercana a la muerte. Estudiar a los niños me daría la oportunidad de tratar con una población no condicionada. No pude encontrar ninguna investigación similar a ésta en las revistas médicas.

• ¿Es necesario estar cerca de la muerte para tener una ECM? Algunas personas dicen que son simples alucinaciones de mente asustada y que pueden ocurrir a personas que no están cerca de la muerte. Otros asumen que las ECM pueden ser causadas por los medicamentos que damos a los pacientes o incluso por su profundo miedo a la unidad de cuidados intensivos. Me encontré queriendo saber la respuesta a esta pregunta. Diseñé un estudio para desentrañar el rompecabezas porque no encontré ningún estudio que se pareciera remotamente a esto en la literatura médica.

• ¿Existe un área del cerebro que produce experiencias cercanas a la muerte?

Ésta fue la pregunta más interesante de todas. El doctor Moody afirma que estas experiencias ocurren en todos los seres humanos. Si es así, tal vez exista una zona del cerebro que esté genéticamente programada para crear estas experiencias. ¿Por qué habría de existir una zona así? Encontrarla tendría implicaciones interesantes para comprender la experiencia.

• ¿Los investigadores han pasado por alto algún rasgo? ¿Hay algo más que sucede durante una experiencia cercana a la muerte que los investigadores no hayan descubierto? Mi puesto de trabajo en dos hospitales importantes me daría acceso a datos sin procesar. Podría hablar con los pacientes inmediatamente después de que sucedieran las ECM.

• ¿Cómo afectaron las ECM a los niños después de convertirse en adultos? Se sabe que las ECM son experiencias transformadoras que cambian enormemente las actitudes de las personas que las experimentan. Quería saber si los niños que las experimentan cambian a lo largo de sus vidas. No existía ninguna investigación para responder a esa pregunta.

Mitigar el miedo al fracaso.

Al tratar a Cati, descubrí una laguna importante en la literatura médica. También otra laguna más inquietante.

Aunque la muerte y el morir son ahora el campo de acción de los médicos la mayoría de ellos no se sienten cómodos con el tema. Consideran la muerte como un signo de fracaso personal, la confirmación final de las limitaciones de la medicina. Muchos utilizan el conocimiento profesional como un amortiguador contra la muerte, una forma de mitigar  ansiedades.

No debería haber sido ninguna sorpresa que la experiencia de Cati fuera recibida con cierto escepticismo y dudas por parte de mis colegas médicos. La mayoría con los que hablé pensaron que esa experiencia era una alucinación extraña que yo había exagerado. Algunos de mis amigos insinuaron que probablemente yo también estaba alucinando y empezaron a silbar la melodía de la serie de televisión The Twilight Zone (que se tradujo en español como La zona crepuscular, Dimensión desconocida o En los límites de la realidad), cada vez que sacaba el tema.

Muchos de mis colegas pensaban que las experiencias cercanas a la muerte no debían ser dignificadas por la investigación científica. Francamente, muchos de ellos pensaban que el tema había recibido demasiada atención en los tabloides de supermercado como para que la ciencia médica lo tomara en serio. Razonaban que todo lo que se publicara en los periódicos sensacionalistas en artículos como "Me enrollé con un Bigfoot, (Pies Grandes)" no podía tomarse en serio.

Creo que la ciencia médica ha intentado esconder las experiencias cercanas a la muerte bajo la alfombra por otras razones. Creo que plantea la cuestión de si existe vida después de la muerte, una cuestión que desafía la objetividad rígida que nos inculcan en la facultad de medicina. Es fácil descartar las ECM como "sobrenaturales" o ponerlas en la misma categoría que los avistamientos ovnis.. Las actitudes de los médicos ante las experiencias cercanas a la muerte deben haber sido evidentes para sus pacientes pero, aunque hablé con psiquiatras y psicólogos sobre la ECM de Cati, pocos habían oído alguna vez la descripción de una experiencia por parte de un paciente. Incluso el director de psiquiatría se mostró escéptico. Tenía fama nacional por su trabajo sobre la muerte y la agonía, me ayudó a buscar bibliografía y a estructurar los estudios que estaba considerando pero seguía teniendo dudas.

"Mel, la experiencia de Cati es un auténtico fascinoma", declaró un día en su despacho tras leer el estudio de su caso. "Nunca se había informado de un caso como éste. Los niños no tienen experiencias cercanas a la muerte".

Nota del Traductor. “Fascinoma” es un palabro que se suele usar en medios médicos para referirse a un caso de diagnóstico raro o interesante y parece compuesto de la palabra “fascinación o fascinante” con la desinencia  “-oma” (del griego ωμα) que suelen tener enfermedades tumorales, tanto benignas como malignas, y algunas relacionadas con acumulaciones.El sufijo -oma suele indicar un tumor o masa (benigno o maligno), pero también se usa en otras patologías como el glaucoma o el tracoma. Fin de la nota.

El personal de enfermería tuvo una respuesta diferente. Relataron muchas experiencias similares que habían tenido con sus pacientes. Tal vez la diferencia estaba en el modo en que trataban a sus pacientes. Mientras que los médicos eran generalmente bruscos y apresurados, las enfermeras pasaban más tiempo hablando y escuchando.

Todo esto me hizo sentir más curiosidad.

Tal vez lo que me motivó fue la profunda sinceridad de Cati cuando me contó el milagroso viaje que había realizado. Tal vez el factor determinante fue la audaz afirmación de Raymond Moody de que si alguien llevara a cabo un estudio científico, confirmaría sus hallazgos de que las ECM existen. Me comprometí a realizar estudios científicos que arrojaran luz sobre estos llamados viajes espirituales.

Pero por encima de todo que quería saber era: ¿qué le había pasado a Cati?

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2 - El estudio de Seattle.

Cada individuo debe decidir por sí mismo si existe una comunicación entre el hombre y Dios y si la energía puede llegar a la mente del hombre desde una fuente externa después de su muerte. La ciencia no tiene respuestas a esas preguntas. —Wilder Penfield, el padre de la neurocirugía

 

Varios meses después de la maravillosa experiencia de Cati, dejé Pocatello, en el estado de Idaho, y fui al Hospital de Niños de Seattle.

Recibí una beca de investigación para estudiar los efectos de una sustancia química anticancerígena llamada metotrexato en el cerebro y médula espinal de ratas, lo que en última instancia demostraría cómo podría afectar a humanos.

Aun así, quería hacer algo más que ser neurocirujano de roedores y estudiar efectos de fármacos en animales. Quería investigar las causas y el significado de la experiencia cercana a la muerte. En mis horas libres diseñé un estudio que respondiera a la pregunta más básica: ¿Es necesario que una persona esté cerca de la muerte para tener una ECM? Puede parecer una pregunta extraña pero era la que nadie había respondido realmente.

Janet Lunceford, directora de becas en el Instituto Nacional del Cáncer, apoyó mucho mi investigación sobre las experiencias cercanas a la muerte. Me explicó que el propósito de una beca de duración indefinida, como la que me habían concedido, era diseñar y llevar a cabo la investigación de proyectos que se me ocurrieran durante el período de la beca. Solo necesitaban su aprobación previa.

Comencé organizando un equipo de investigación. Reuní a ocho investigadores.

Entre ellos se encontraban el doctor Don Tyler, a quien elegí por su experiencia en anestésicos y sus efectos sobre el cerebro. El doctor Jerrold Milstein, director del Departamento de Neurología Infantil de la Universidad de Washington fue elegido por su conocimiento del tronco encefálico y la función del hipocampo. Para la aportación psiquiátrica seleccioné al doctor Bruce Greyson, jefe de psiquiatría de pacientes hospitalizados en la Universidad de Connecticut y editor del Journal of Near-Death Studies quien ha publicado más de veinte artículos sobre el tema y se le considera la principal autoridad científica en experiencias cercanas a la muerte en adultos.

La psicóloga Kim Clark, reconocida investigadora de experiencias cercanas a la muerte a nivel nacional, fue elegida por su experiencia en el asesoramiento a personas que han tenido ECM y es directora de la sección noroeste de la Asociación Internacional de Estudios de Experiencias Cercanas a la Muerte (IANDS). El interés de Clark por los estudios sobre situaciones cercanas a la muerte surgió de manera similar a la mía. Cuando era una joven psicóloga en el Hospital Harborview de Seattle asesoraba una paciente llamada María, que había sufrido un paro cardíaco, preparándola para la vida fuera del hospital sobre los ajustes psicológicos que deben hacer muchos pacientes cardíacos. Pero la mujer no le interesaba lo que Clark tenía que decir y en lugar de eso quería hablar de cómo había flotado en el hospital mientras los médicos luchaban por poner en marcha su corazón.

Para demostrar que había abandonado su cuerpo, la mujer insistió en que había un zapato en el alféizar de la ventana de Clark. La psicóloga abrió la ventana pero no vio ningún zapato. "Está ahí", insistió la mujer. Clark se asomó, pero seguía sin ver el zapato. "Está a la vuelta de la esquina", dijo la mujer. Valientemente, Clark se arrastró hasta el alféizar de la ventana del quinto piso y dobló la esquina. Allí estaba un zapato, tal como lo había descrito María. Ese suceso desencadenó un interés que llevó a Clark a estudiar la experiencia cercana a la muerte.

Para investigar si era necesario estar cerca de la muerte para tener una experiencia cercana a la muerte reunimos a dos grupos de niños. El grupo control consistió en 121 niños que estaban gravemente enfermos, pero no cerca de la muerte, que estaban conectados a pulmones artificiales, recibían tratamiento con tranquilizantes y narcóticos, tenían entre tres y dieciséis años y estaban hospitalizados en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Infantil. Todos ellos padecían el miedo y el estrés psicológico de estar en una unidad de cuidados intensivos.

Aunque estos niños nunca sufrieron episodios que pusieran en peligro su vida, estaban bastante enfermos. Por ejemplo, una niña había estado completamente paralizada durante tres meses, sin estar cerca de la muerte, pero seguramente habría tenido motivos para alucinar. Otra tenía un problema peculiar en el que su presión arterial caía repentinamente, lo que le hacía perder el conocimiento. Otros del grupo de control sufrieron una terrible enfermedad conocida como epiglotis, en la que el cartílago que protege la tráquea se hincha de repente y les impide respirar. Todos ellos habían estado postrados en cama durante un largo período de tiempo y la mayoría había recibido fuertes medicamentos en algún momento. Habían experimentado los efectos de los narcóticos, los mismos fármacos que algunos médicos creían que habían provocado las visiones de Cati.

Los niños del grupo de control tenían enfermedades graves, pero tenían menos del cinco por ciento de posibilidades de morir.

El grupo de estudio, por otra parte, estaba compuesto por niños que habían visto la muerte de frente, que probablemente habrían muerto o se habrían enfrentado a graves discapacidades de no haber sido por la atención médica moderna. Había doce en el grupo de estudio. Para encontrar a tantos tuve que revisar diez años de registros hospitalarios y entrevistar a cada superviviente de una enfermedad casi mortal. Fueron entrevistados entre unas semanas y diez años después de su experiencia.

Estos doce niños representaban gran variedad de enfermedades. Todos habían sufrido paros cardíacos a causa de accidentes como ahogamientos y accidentes automovilísticos, y enfermedades como problemas renales graves, asma y paros cardíacos durante intervenciones quirúrgicas. Con los cuidados modernos de hoy en día, aproximadamente el cincuenta por ciento de las víctimas de paros cardíacos mueren.

El diseño de mi estudio fue bastante simple. Me identifiqué como médico interesado en la experiencia psicológica de estar en una unidad de cuidados intensivos. Tuve cuidado de evitar cualquier mención de la investigación sobre situaciones cercanas a la muerte, ya que no quería influir en sus respuestas de ninguna manera. Simplemente dije que quería aprender cómo era estar muy enfermo y que esperaba que compartieran la experiencia conmigo sin importar lo extraña que pudiera ser. La entrevista promedio duró alrededor de dos horas y siguió una lista estándar de preguntas simples:

·         ¿Qué recuerdas de cuando estabas enfermo?

·         ¿Tuviste algún sueño o recuerdas haber estado inconsciente?

·         Cuéntame todo lo que recuerdas sobre tu estancia en el hospital.

·         ¿Qué pasó después?

·         ¿Qué crees que pasa después de que morimos?

·         ¿Puedes describir las creencias religiosas de tu familia?

·         ¿Puedes hacerme un dibujo de tus experiencias en el hospital?

Las preguntas fueron cuidadosamente estructuradas para que fueran abiertas de modo que los niños no recibieran sugerencias. Una vez respondidas hice veintiséis preguntas del cuestionario de experiencias cercanas a la muerte de Bruce Greyson. Estas preguntas abordan las características específicas de la experiencia cercana a la muerte y permitieron que las respuestas de los niños se compararan con los rasgos típicos de las ECM.

Se requiere estar cerca de la muerte

Después de cientos de horas de investigación y cuestionarios obtuve mi respuesta: una persona necesita estar cerca de la muerte para experimentar una ECM. De los 121 niños gravemente enfermos ninguno tuvo algo parecido a una experiencia cercana a la muerte.

Algunos tuvieron sueños muy vívidos, del tipo que uno esperaría que tuvieran. Una niña tuvo el comprensible sueño de monstruos vestidos con batas blancas que la atacaban. Otra recordaba haber oído a enfermeras pedir medicamentos o guantes. De los 121 pacientes de control, 118 no recordaban en absoluto su estancia en el hospital, a pesar de haber sobrevivido a enfermedades aterradoras y pasado por esa cámara de tortura que salva vidas conocida como UCI,  o unidad de cuidados intensivos.

Salí del grupo de control para entrevistar a treinta y siete niños que habían sido tratados con casi todos los tipos de medicamentos que alteran la mente conocidos en la farmacología. A estos niños se les habían administrado agentes anestésicos, narcóticos, Valium, Thorazine, Haldol, Dilantin, antidepresivos, estimulantes del estado de ánimo y analgésicos. Mi objetivo era ver si los medicamentos causaban las ECM y averiguar si los médicos escépticos que dudaban de la experiencia de Cati tenían razón. Ninguno tuvo algo parecido a una ECM.

Incluso una niña a la que se ayudó a alucinar no tuvo ningún suceso parecido a una ECM. Era una niña de trece años con síndrome de Guillain-Barré, una afección que provoca parálisis total del cuerpo, en su caso durante varios meses. Esta enfermedad comienza en los pies y avanza lentamente hacia la cabeza. Al principio, la persona afectada no puede caminar. Luego, semana tras semana, no puede sentarse, no puede respirar y, finalmente, no puede mover músculo alguno. A pesar de todo esto, la víctima del síndrome de Guillain-Barré está completamente consciente de lo que sucede a su alrededor. La enfermedad es sumamente dolorosa y molesta. Uno siente picor, por ejemplo, pero no puede rascarse. Este picor puede durar horas sin que haya alivio. Sin embargo, en el caso del síndrome de Guillain-Barré, la víctima nunca está cerca de morir.

Esta joven pasó meses sufriendo la privación sensorial y del sueño que conlleva la estancia en una UCI. Los únicos músculos que podía utilizar eran los que controlaban los párpados. Como estaba boca arriba en un pulmón artificial, solo veía las luces del techo. Para aliviar su agonía la trataron generosamente con casi todos los tipos de analgésicos disponibles. Su dolor se volvió tan intenso que los médicos le recetaron hipnoterapia diseñada para ayudarla a "salir" de su cuerpo. A pesar de todo esto, no tuvo ninguna experiencia parecida a una ECM. Recuerda haber sido hipnotizada, pero la describe como una experiencia vaga y surrealista. "Estaba a la deriva; podía escuchar música", dijo. "Pero siempre supe que estaba siendo hipnotizada, y eso realmente no ayudó mucho con el dolor". Si las experiencias cercanas a la muerte son alucinaciones, ¿por qué este paciente no tuvo ninguna experiencia remotamente parecida a una ECM?

El grupo experimental, formado por los niños que habían sobrevivido a un paro cardíaco o que habían regresado milagrosamente de un coma profundo, tenía una historia completamente distinta. La mayoría de estos presentaban, al menos, uno de los rasgos característicos de una ECM: estar fuera de su cuerpo, viajar por una especie de túnel, ver una luz, visitar a personas que se describen a sí mismas como muertas, ver a un Ser de Luz, hacer una revisión de su vida y tal vez incluso decidir conscientemente regresar a su cuerpo.

Por lo general, comienzan a describir su ECM con una mirada de desconcierto y una declaración similar a la de un paciente que dijo: "Bueno, recuerdo algo muy gracioso que no puedo contarte exactamente. Me estaba mirando a mí mismo y flotando. Estaba oscuro y al mismo tiempo había luz. Iba a algún lado, pero no sabía exactamente a dónde".

Con más estímulos, contaban su historia. Algunos ofrecían imágenes fragmentarias de una experiencia poderosa. Otros contaban historias maravillosas y conmovedoras, muy parecidas a la de Cati. Por lo general no habían contado a sus padres sobre su ECM. Y ninguno se lo contó a un médico o enfermera a menos que se le escapara mientras estaba semiconsciente.

Por ejemplo, una paciente de doce años a la que entrevisté no sabía lo grave que había sido su enfermedad después de un paro cardíaco provocado por un ataque de asma. Al final de una entrevista de una hora en la que hablamos de todos los aspectos de su hospitalización, desde cómo la habían tratado las enfermeras hasta el sabor de la comida, terminé mi entrevista preguntándole: "¿Hay algo más que recuerdes acerca de estar enferma?"  Arrugó la nariz y dijo: "Bueno, sí, pasó otra cosa, pero es difícil de describir. Probablemente pensarás que estoy loca pero pensé que estaba fuera de mi cuerpo. Pensé que me estaba mirando a mí misma. Pude ver a mi madre sosteniendo mi mano y pude ver una luz".

Todos los niños estaban desconcertados por lo que había ocurrido. Sabían que había ocurrido algo especial, pero su juventud les hacía dudar de qué se trataba. Para algunos, la experiencia no significó nada especial. Ocurrió y eso fue todo. Para otros, provocó cambios profundos. Algunos de estos niños sienten que regresaron con un propósito. Algunos son más maduros que sus amigos o ahora son mejores estudiantes. Ninguno de estos jóvenes que tuvieron ECM se vio afectado negativamente por la experiencia. De hecho, todos parecen estar algo mejor. A continuación se presentan varios estudios de casos.

Paciente 1: “Vi una bombilla en mi cuerpo”

Un niño de once años había estado sufriendo desmayos durante varios meses. Finalmente sus padres lo llevaron al Hospital Infantil para una evaluación. Mientras esperaba en el vestíbulo sufrió otro desmayo seguido de paro cardíaco. Se desató el caos. Los médicos acudieron rápidamente al vestíbulo y comenzaron a practicarle respiración boca a boca y masajes cardíacos. Luego lo colocaron en una camilla y lo llevaron rápidamente a la UCI, donde comenzaron los procedimientos de emergencia para reactivar el corazón. Estuvo sin latidos cardíacos durante al menos veinte minutos. Durante este tiempo, le administraron varios medicamentos cardíacos, sin éxito. Las enfermeras presentes recuerdan haber dicho: "Desearía que no tuviéramos que hacer esto", lo que significa que pensaban que los intentos de salvarle la vida eran inútiles. Como último recurso, los médicos probaron nuevamente las paletas de cardioversión. Presionaron los dispositivos contra su pecho y pulsaron los botones que enviaban corriente eléctrica a través de su corazón. Milagrosamente el niño abrió los ojos y dijo: "Eso fue extraño. ¡Me succionaste de vuelta a mi cuerpo!". Luego volvió a quedar inconsciente. Fue llevado a un quirófano para una operación de urgencia. Tenía la enfermedad llamada "síndrome del seno enfermo", en la que la zona del corazón que regula los latidos, (el nódulo sinusal), deja de funcionar. Le implantaron un marcapasos.

Hablé con el chico siete años después. Estaba en la escuela secundaria y trabajaba a tiempo parcial. Se había recuperado por completo de su paro cardíaco. Al principio, no recordaba muy bien lo que había pasado. No recordaba haber abierto los ojos ni haber hablado con los médicos y las enfermeras después de que le devolvieran la vida. Describió el dolor de la descarga eléctrica como "un dolor que nunca olvidaré. Todavía tengo pesadillas sobre el momento en que me pusieron esas palas en el cuerpo".

Aunque sus padres dijeron que no recordaba nada de esa experiencia inicial en la sala de espera del hospital, sentí que este joven estaba un tanto perturbado por su experiencia. Indagué más, preguntándole más detalles sobre ese día y, en concreto, sobre los sueños que hubiera podido tener. Finalmente, me miró directamente a los ojos y dijo: "Bueno, si me prometes no reírte, te contaré lo que recuerdo. Todavía lo recuerdo como si fuera ayer".

"Recuerdo que fui al hospital ese día. Mis padres habían entrado en una habitación [la oficina de admisiones], cuando de repente escuché un silbido en mis oídos. Me sentí como cuando pasas por un bache en un auto que va muy rápido y sientes que se te cae el estómago. Escuché un zumbido en mis oídos. Lo siguiente que supe fue que estaba en una habitación, agachado en una esquina del techo. Podía ver mi cuerpo debajo de mí. Estaba muy oscuro, ¿sabes? Podía ver mi cuerpo porque estaba iluminado con una luz, como si hubiera una bombilla dentro de mí”.

"Pude ver a médicos y enfermeras atendiéndome. Mi médico estaba allí y también Sandy, una de las enfermeras. Escuché a Sandy decir: 'Ojalá no tuviéramos que hacer esto'. Me pregunté qué estaban haciendo. Vi a un médico ponerme gelatina en el pecho. Mi cabello estaba muy despeinado. Parecía grasoso y me hubiera gustado haberme lavado el cabello antes de venir al hospital. Me habían cortado la ropa, pero todavía tenía los pantalones puestos. Escuché que un médico decía: 'Retírate', y luego presionó un botón en una de las paletas. De repente estaba dentro de mi cuerpo. En un momento estaba mirando hacia abajo y podía ver las cabezas de los médicos y después de presionar ese botón, de repente me encontré frente a la cara de un médico. Hombre, eso duele. Me duele solo pensar en lo mucho que duele. Nunca olvidaré cuánto me dolió cuando el médico presionó ese botón. Todavía tengo sueños sobre cuánto me dolió. A veces me despierto por la noche gritando de dolor”.

"No, nunca he oído hablar de una experiencia cercana a la muerte. No veo televisión. Si leo, leo sobre todo cómics. No, no se lo conté a mis padres. No sé por qué, supongo que no tenía ganas de hablar de ello. Nunca he oído hablar de nadie a quien le haya pasado esto. No se lo contaría a mis amigos. Probablemente pensarían que estoy loco".

Este joven tuvo una experiencia extracorporal, uno de los síntomas de la experiencia central de la ECM. Como es típico, vio su cuerpo iluminado por una luz blanca, mientras que todo lo demás parecía estar en oscuridad.

Este paciente no consideró esta experiencia como una ECM, sino un sueño. A pesar de esa sensación la experiencia lo transformó, otro resultado de típico de la experiencia. He observado que ahora siente que tiene un propósito en la vida. No está demasiado interesado en las cosas materiales como muchos de sus amigos. Está más interesado en adquirir conocimientos que en dinero. Como lo expresó: "No tengo ganas de salir de fiesta y beber tanto como mis amigos, o de hacer un montón de cosas estúpidas. Sé que hay una mejor razón para vivir".

Un dato interesante sobre la ECM en sí: relató muchos detalles de la experiencia que se podían verificar. Describió con precisión su  reanimación, como si realmente la estuviera viendo desde fuera de su cuerpo. Un niño de once años no puede describir con gran precisión una reanimación en una sala de urgencias, por mucho que vea televisión. Fue capaz de describir las posiciones y los colores de los instrumentos en la habitación, el sexo de los médicos que lo atendían e incluso lo que dijeron durante ese frenético procedimiento.

Paciente 2: “Tengo un secreto maravilloso que contarte”

A los diez años, Críspulo desarrolló una hipertensión grave a causa de un problema renal. El peligro se volvió tan grave que los médicos le trasplantaron uno de los riñones de su madre. Después del trasplante desarrolló una fiebre leve que los médicos no pudieron controlar. Finalmente, atormentado por el dolor de estómago y perdiendo fuerzas, fue ingresado en el hospital para realizarle más pruebas. Los resultados fueron desalentadores. Las bacterias introducidas en su cuerpo durante el trasplante de riñón invadieron el corazón, provocando que su válvula aórtica se hinchara. Los cirujanos se vieron obligados a realizar una cirugía de válvula cardíaca, durante la cual Críspulo "murió" y revivió.

Lo que me contó fue corroborado por su madre, quien había estado a su lado cuando salió de la cirugía y le contó esta maravillosa historia, la misma que él me contó después.

"Me desperté de la cirugía y allí estaba mi mamá. No podía esperar para contarle lo que pasó mientras estaba en la mesa de operaciones. Le dije: 'Tengo un secreto maravilloso que contarte, mamá. He estado subiendo una escalera al cielo. Fue una sensación muy buena y tranquila. Me sentí maravillosamente bien. Estaba en una escalera y estaba oscuro, y comencé a subir. Llegué a la mitad de la escalera y decidí no subir más. Quería seguir subiendo pero sabía que no volvería si subía demasiado alto. Eso lastimaría a mi mamá y papá; como mi hermano pequeño ya había muerto no tendrían a nadie a quien cuidar. Críspulo se dio la vuelta y bajó las escaleras. Cuando llegó al final, sintió que volvía a su cuerpo. Meses después había olvidado por completo esta experiencia. Cuando se lo cuento ahora, sonríe y se encoge de hombros como si le hubiera sucedido a otra persona”.

Críspulo no se olvidó de la escalera. Le habían administrado muchos narcóticos y Valium, todos ellos causantes de amnesia. Su caso y otros similares me hacen pensar que todas las personas que han estado a punto de morir posiblemente hayan tenido una experiencia cercana a la muerte. Tal vez no lo recuerden con frecuencia porque los medicamentos que les dan borran la memoria.

Paciente 3 - "Nunca lo olvidaré"

Diego tenía problemas renales muy graves que lo obligaban a depender de diálisis diaria para limpiar la sangre. Después de sufrir falta de aire y desorientación sus padres lo llevaron al Hospital Infantil. Mientras estaba en la sala de admisión el joven, de dieciséis años, se desplomó de repente en su silla. Una enfermera buscó ansiosamente su pulso pero no lo encontró.

Diego fue trasladado de urgencia a cuidados intensivos, donde los médicos iniciaron compresiones torácicas e inyectaron epinefrina y otros medicamentos para reactivar el corazón. Estos esfuerzos dieron resultado. Veinticuatro horas después, estaba despierto y completamente orientado.

Diego dijo a sus médicos que recordaba haber salido de casa y eso fue todo, pero a su familia contó algo más. Dijo: "tuve una experiencia para la que no existen palabras humanas que puedan usarse para describirla". Cuando le preguntaron específicamente qué había sucedido, Diego solo dijo que había tenido una "experiencia sobrenatural".

Así quedó el asunto hasta que Diego entró en mi estudio dos años después. Charlamos sobre su tratamiento en la unidad de cuidados intensivos hasta que pareció relajarse. Entonces le pregunté si había ocurrido algo fuera de lo normal.

"Ciertamente ocurrió", dijo. Luego me contó lo del ángel.

"Estaba aparentemente tumbado en una mesa en la UCI cuando, de repente, me encontré de pie y atravesando un túnel muy ancho. No podía ver pared a los lados pero, aun así, tenía la sensación de que aquello era un túnel. También tenía la sensación de que me movía muy rápido a pesar de que no había viento soplando en mi cara. Sabía que iba a algún lado, pero no a dónde. Sabía que había algo para mí al final de ese túnel, y realmente quería llegar allí. En lo que a mí respectaba no había nada más grande que lo que existía al final de ese túnel. Olvidar mi cuerpo, olvidar estar vivo, todo lo que quería hacer era llegar al final”.

"Llegué a un punto determinado del túnel donde de repente empezaron a parpadear luces a mi alrededor. Me hicieron estar seguro de que estaba en una especie de túnel y, por la forma en que pasé junto a ellas, supe que iba a cientos de millas por hora. En ese momento también me di cuenta de que había alguien conmigo. Medía unos dos metros y medio y llevaba una túnica blanca larga con un cinturón sencillo atado a la cintura. Su pelo era dorado y, aunque no dijo nada, no tuve miedo porque podía sentir que irradiaba paz y amor”.

"No, no era Cristo, pero yo sabía que era un enviado de Cristo. Probablemente era uno de sus ángeles o alguien más enviado para transportarme al cielo".

De repente, Diego tuvo la percepción de que estaba de nuevo en su cuerpo. Dijo que nunca supo realmente qué había al final de ese túnel, pero sabía que era un destino muy especial. También sintió que toda la experiencia lo hizo diferente de otras personas porque era tan especial.

"Sobrenatural. Me pasó algo que no se puede describir con palabras", dijo Diego. "Creo que me recuperé de esta experiencia porque tengo un propósito en la vida".

La experiencia de Diego fue demasiado profunda para poder expresarla con palabras. Solo después de hablar con otras personas que vio en un programa de televisión que habían tenido ECM, se dio cuenta de lo que había sucedido. Cuando escuchó lo que tenían que decir sobre sus ECM, pudo verbalizar mejor su experiencia.

Después de escuchar a su hijo, la familia de Diego también creyó que él tenía un llamado. Como resultado de esta experiencia, toda la familia desarrolló una profunda fe en Dios.

Más tarde descubrí que Diego había tenido otra experiencia cercana a la muerte, a los diez años. A esa edad, ya había recibido dos trasplantes de riñón y había pasado cientos de horas conectado a máquinas de diálisis.

Un día, mientras nadaba, casi se ahoga. Todas esas horas que pasó conectado a las máquinas de diálisis pasaron ante sus ojos. También sintió el dolor físico de recuperarse de una cirugía de trasplante. "Oh, no", pensó. "Todo ese dolor para nada." Entonces Diego sintió que salía de su cuerpo y quedaba bañado por una luz blanca brillante. "Me pasó algo maravilloso entonces, pero no sabía realmente qué era", me dijo.

La primera experiencia de Diego fue interesante porque contenía una revisión de vida, algo extremadamente raro entre niños o adolescentes.

Paciente 4 - “Todo era blanco”

Colón era niño de siete años que padecía grave distrofia muscular. Debido a esa enfermedad no podía respirar bien y necesitaba para vivir el auxilio de oxígeno suministrado por una bombona. Fue enfermando progresivamente y finalmente desarrolló la neumonía que generalmente marca el final de la vida de una víctima de distrofia muscular.

Casi al final de su vida estaba en cuidados intensivos cuando su corazón dejó de latir. Los médicos le dieron masaje cardíaco  presionando el pecho con las palmas de las manos, y le devolvieron el ritmo cardíaco. Aun así estuvo sin latidos durante tres minutos.

Cuando hablé con Colón, horas después de su reanimación, estaba muy tranquilo. Sabía que iba a morir pronto y parecía aliviado al saber que su dolor físico estaba llegando a su fin. Su experiencia reciente, dijo Colón, le había mostrado un mundo sin dolor. Cuando su corazón dejó de latir se encontró de repente fuera del cuerpo, observando a médicos y enfermeras trabajando para reanimarlo.

“Vi a Bonica, [una de las enfermeras] y le dije ‘hola. Luego todo se volvió oscuro, hasta que vi ángeles. Estaba en un lugar hermoso con flores y arcoíris, donde todo era blanco como si tuviera luz . Hablé con varias personas mientras estuve allí, incluido Jesús, que quería que me quedara con él. Yo quería quedarme allí pero decidimos que tenía que regresar y ver a mis padres nuevamente. No tengo miedo de volver a ese lugar”.

Intenté que Colón dibujara lo que había visto, pero estaba demasiado débil para sostener un lápiz. Murió unas semanas después de que habláramos.

Me hubiera gustado que la familia hubiera estado presente en la entrevista para escuchar la descripción que hizo su hijo de lo que le había sucedido. Esta entrevista se llevó a cabo en la sala de urgencias del Hospital Infantil. No me sentí cómodo contando a sus padres lo que había pasado y sé que las enfermeras que estaban presentes tampoco se lo dijeron a la familia.

Me he angustiado muchas veces por este caso. Me doy cuenta de que debería haber compartido lo que sabía con la familia de Colón. Pero ni yo ni ninguno de los otros miembros del personal médico presente creíamos que el ambiente hospitalario permitía una conversación de este tipo. Como dijo uno de los médicos presentes: "Si yo le hubiera dicho a una familia: 'Y por cierto, su hijo pensó que había ido al cielo durante la reanimación', me habría sentido como si estuviera loco. La facultad de medicina no me enseñó a hablar de esas cosas”.

Sin embargo, la distrofia muscular acaba con la familia, al igual que con la víctima. Tal vez deberían haberles permitido quedarse mientras resucitaban a su hijo. Saber que su hijo había tenido una intensa experiencia visionaria antes de morir al menos los habría consolado cuando enfrentaron la muerte inminente de su hijo.

Paciente 5: “Puede que no vuelva”

Julia, niña de ocho años, casi se ahoga en una piscina cuando su cabello quedó atrapado en el desagüe. Sus padres, un equipo médico de emergencia y, finalmente, los médicos de la sala de emergencias le practicaron reanimación cardiopulmonar durante más de cuarenta y cinco minutos antes de que su corazón volviera a latir. Se recuperó completamente de sus problemas neurológicos en menos de seis semanas.

La historia habría terminado ahí si el incidente de la bicicleta no hubiera ocurrido.

Julia conducía por la entrada de su casa hacia la calle cuando su madre le gritó desde la casa que tuviera cuidado. Distraída por la voz de su madre Julia se metió en la calle y casi fue atropellada por un coche que pasaba.

“¿Querías que muriera otra vez?”, gritó Julia desde el otro lado de la calle. “Puede que no vuelva la próxima vez”.

Julia contó a su madre lo que había pasado cuando casi perdió la vida en la piscina. La historia preocupó tanto a la madre de Julia que le pidió a su médico de familia que los derivara a un psiquiatra. Conociendo mi interés, el médico los remitió a mí. Esta es la historia de Julia:

"Lo único que recuerdo es que el cabello quedó atascado en el desagüe y luego me desmayé. Lo siguiente que fue que salí flotando del cuerpo. Podía verme bajo el agua, pero no tenía miedo. De repente comencé a subir por un túnel y, antes de poder pensar en ello, me encontré en el paraíso. Sé que era el paraíso porque todo era brillante y todos estaban alegres”.

"Un hombre amable me preguntó si quería quedarme allí. Pensé en quedarme, realmente lo pensé. Pero dije: 'Quiero estar con mi familia'. Luego pude regresar".

Esta paciente recuerda perfectamente el suceso. No solo recuerda su intensa naturaleza espiritual sino que ahora puede recordar totalmente los sucesos de la reanimación, desde el momento en que los paramédicos la alzaron en el patio trasero de la instalación hasta el trabajo que le realizaron en la sala de emergencias.

Paciente 6: “Sería un error pulsar el botón”

Mirta, de ocho años fue llevada a urgencias por su madre, quien dijo que se había sentido enferma y actuaba de manera extremadamente desorientada. Después de darle una muestra de orina a una enfermera Mirta dejó de responder y rápidamente perdió el conocimiento. A través de la muestra de orina y otras pruebas, los médicos determinaron que la pequeña estaba en coma diabético. Tenía el nivel de azúcar en sangre más alto jamás registrado en este hospital.

Permaneció en coma profundo durante varios días antes de despertar con historias de cómo había salido de su cuerpo y tenido la oportunidad de elegir su destino con solo presionar un botón.

Cuando hablé con Mirta en mi consultorio del Hospital de Niños, varias semanas después de su recuperación, no quiso hablar de su experiencia en coma. Evitó el tema tímidamente y se encogió de hombros cuando le pregunté si recordaba algo especial de su estancia en el hospital. No fue hasta que le di un papel y lápices de colores para que dibujara lo que había pasado que empezó a relajarse y a hablar de sus recuerdos de estar al borde de la muerte. Dijo que cuando perdió el conocimiento había sentido muchas náuseas y mareos:

"De repente, estaba flotando por encima de mi cuerpo y mirándome a mí misma. Había dos médicos empujándome en una de esas camillas hacia una habitación. Eran médicas. Me sentí rara. Estaba enferma y me dolía la cabeza cuando mi mamá me trajo, pero cuando flotaba no me sentía mal. Me sentía bien”.

Su madre, que estaba presente, me dijo que había más en la historia, pero una vez más Mirta no quería hablar. Le di otra hoja de papel y le dije que podía dibujar lo que había sucedido si quería. Lo hizo. Mientras su lápiz dibujaba personas comenzó a hablar sobre la segunda parte de su experiencia cercana a la muerte. La emoción de la experiencia pesó mucho en Mirta. La contó lentamente, sin levantar la vista del papel mientras hablaba:

"Estaba acostado en algún lugar. Detrás de mí había un montón de gente vestida de blanco que me hablaba. Delante de mí había dos botones, uno rojo y uno verde. La gente vestida de blanco me decía que apretara el botón rojo pero yo sabía que debía apretar el verde porque el botón rojo significaría que no volvería. En cambio, presioné el verde y desperté del coma. No sé por qué sabía que el botón rojo era malo. Pero así fue porque todavía estoy aquí".

Este suceso contiene varios elementos de una experiencia cercana a la muerte. Por un lado está fuera del cuerpo. Mirta puede brindar excelentes detalles sobre lo que sucedió durante su reanimación. Detalles como la posición de los instrumentos y la cantidad de personas en la habitación están todos descritos con precisión.

También tuvo que tomar la decisión de regresar al cuerpo, que es otro elemento central de la experiencia cercana a la muerte. De hecho, el cincuenta por ciento de los niños de mi estudio tomaron algún tipo de decisión de regresar al cuerpo.

Para Mirta fue empujar un botón. Para otros, preguntarse si quieren o no regresar. Otra niña me contó que después de una importante cirugía cardíaca una señora vestida de blanco se burló de ella y trató de que la siguiera por una larga acera. La niña decidió volver cuando se cansó de caminar. En todos los casos, la decisión de volver está presente. En los estudios realizados con adultos solo alrededor del veinte por ciento de los pacientes tomaron la decisión consciente de volver.

Mirta vio seres de blanco, otro elemento central. Los describe como médicos en lugar de “seres de luz”. Cuando le pregunté por qué pensaba que eran médicos, respondió que eran “grandes y vestidos de blanco y me daban miedo”. Aunque su interpretación es diferente, tiene todos los elementos de una ECM.

Paciente 7: "Me arrastré ascendiendo por el túnel"

La historia de Marcos es una de las experiencias ECM más fascinantes debido a la edad que tenía cuando ocurrió: solo nueve meses. No fue hasta que cumplió siete años que Marcos pudo contar a sus padres sobre la extraordinaria experiencia.

Su capacidad de recordar es asombrosa por dos razones: por un lado la mayoría de las personas no recuerdan nada de esa edad; por otro, sus padres nunca le habían contado a Marcos que había sufrido un paro cardíaco.

A los nueve meses Marcos sufrió una bronquiolitis grave. Mientras estaba en urgencias sufrió un paro cardiorrespiratorio. Durante más de cuarenta minutos los médicos intentaron reanimarlo y finalmente lo lograron. La mayoría de las personas muestran signos de retraso mental por experiencias como esta, pero Marcos no. Se recuperó completamente y ha mostrado un crecimiento y desarrollo normales desde que cruzó, aparentemente, el umbral de la muerte.

Marcos mencionó por primera vez su experiencia cercana a la muerte cuando tenía tres años. Luego, después de una representación navideña, dijo que Dios no se parecía al hombre de la obra que acababan de ver. Cuando su padre le preguntó qué quería decir Marcos le contó lo que había sucedido durante aquella frenética noche dos años antes:

"Vi enfermeras y médicos de pie, junto a mí, intentando despertarme. Salí volando de la habitación y [fui a la sala de espera, donde] vi a mi abuelo y a mi abuela llorando y abrazándose. Creo que pensaron que iba a morir".

Luego dijo que vio un túnel largo y oscuro y que gateó por él. Dijo que era difícil gatear sin ayuda de alguien pero no pudo decir quién lo ayudaba. Al final de este túnel había una luz brillante que lo mantenía avanzando.

Al final de ese túnel encontró un “lugar luminoso” y “corrió por los campos con Dios”. Estaba muy animado cuando describió esa carrera con Dios. Dijo que “uno puede dar un doble salto en el cielo, (una declaración, por cierto, que escuché más tarde de otro paciente) y correr sin esfuerzo”.

Entonces Dios le preguntó si quería “volver a casa”. Marcos dijo “no”, pero Dios le dijo que volvería otro día.

Marcos recordaba vívidamente la experiencia hasta los cinco años, cuando los médicos le quitaron el tubo traqueal que le habían insertado para solucionar un problema conocido como traqueomalacia o tráquea flácida. Luego, el recuerdo de la experiencia comenzó a desvanecerse. Sospecho que la extracción del tubo traqueal indicó al subconsciente que ya no corría peligro de morir y comenzó a perder la memoria. Ahora, Marcos es un adolescente bien adaptado que tiene grandes esperanzas de convertirse en fisioterapeuta o entrenador deportivo.

Al principio, la mayoría de la gente se muestra escéptica ante esta historia. Como dijo un colega:

"¿Un niño de nueve meses gateando hacia el cielo? No me hagas caso". Pero ¿podría un bebé de nueve meses recordar una experiencia cercana a la muerte? La respuesta es sí.

Investigaciones recientes indican que el aprendizaje y la memoria comienzan mucho antes de lo que se creía. En un proyecto de investigación niños de siete meses vieron un vídeo en el que se les mostraba cómo ensamblar un juguete. Los investigadores les dieron las piezas y los niños pudieron ensamblar el juguete gracias a lo que habían aprendido en el vídeo. En el grupo de control, los niños recibieron las piezas sin ver primero el vídeo y no pudieron ensamblar el juguete.

Paciente 8 - “Las chispas llenaban el aire”

La historia de Susana se desarrolla en los años ochenta. Es una joven de diecisiete años que fue expulsada de su casa a los quince y desde entonces vive con su novio. Consumidora de drogas, poco frecuente, una noche fumó crack, (una forma cristalizada de cocaína), y luego se quejó de fuertes dolores en el pecho. Cuando su novio la llevó al hospital sufrió un paro cardíaco total.

Los médicos trabajaron para reanimarla durante varias horas, incluso le abrieron el pecho y le realizaron masajes cardíacos. Aunque se le restableció el ritmo cardíaco normal, Susana permaneció en coma durante varias horas. Finalmente llegó su médico de familia, Vern Chenoaentenko, y habló con ella.

"No puedes rendirte", le dijo. "Tienes que luchar. Hemos hecho cuanto podíamos hacer y ahora te toca a ti". Luego le pidió que abriera los ojos y le hablara. Después de varios segundos, sus párpados se agitaron y se despertó.

Hablé con Susana un par de semanas después de su encuentro con la muerte. Me contó de un viaje espiritual que la llevó a un encuentro con su abuelo, fallecido hacía mucho tiempo.

"Me desmayé en el coche. Lo siguiente que recuerdo es que estaba flotando sobre mi cuerpo y viendo a los médicos presionándome el pecho. Ahora sé que estaban dentro de mi pecho, pero no podía verlo. Todo lo que podía ver era cómo me operaban, y realmente no podía ver ninguno de los detalles. Luego pasé a una habitación llena de todos mis amigos. La habitación era muy grande y abierta, en la parte superior. Era como mirar el cielo. Las chispas llenaban el aire y rayos de luz se elevaban desde la tierra y estallaban en arcoíris. Yo quería mucho ser una de esas chispas, pero no sabía cómo elevarme y convertirme en una. Quería salir de la habitación, pero la puerta estaba cerrada. Sabía que si la abría nunca podría volver. Tenía miedo de la puerta, pero también quería atravesarla, si sabes a qué me refiero.

“Entonces vino a ayudarme mi abuelo fallecido. Era un hombre muy religioso. Me tomó de la mano y me dijo: "Vuelve a tu cuerpo. Tienes trabajo que hacer". Luego me sacó de la habitación y me llevó de regreso a mi cuerpo. Lo siguiente que recuerdo es que estaba despierta".

La experiencia de Susana es clásica en su contenido. Ve una habitación llena de gente, tiene contacto con su abuelo muerto. Experimenta una barrera en forma de puerta. Sabe que si la abre no volverá a su cuerpo.

Uno podría preguntarse sobre el aspecto del retorno de esta experiencia cercana a la muerte.

Cuando su médico de cabecera le susurró al oído que la decisión de regresar dependía de ella, ¿podría ser que su voz se confundiera en su mente con la de su abuelo fallecido? Es posible, pero quienquiera que fuera el responsable, ella respondió bien.

Paciente 9 - "Flotaba sobre mi cuerpo"

Linda tenía trece años cuando sufrió un severo ataque de asma que le provocó un paro cardiopulmonar. El día antes de su ataque de asma había tomado varios medicamentos orales y usado inhalantes cada media hora para superar las sibilancias.

Cerca de la medianoche se despertó y pidió más medicación, que sus padres le dieron. Varias horas después se despertó gritando. Cuando sus padres llegaron a la habitación Linda había dejado de respirar y estaba azul por la falta de oxígeno. Su padre comenzó a administrarle respiración boca a boca hasta que llegó una unidad médica y le inyectó epinefrina, lo que le permitió recuperar la respiración. Luego fue trasladada al hospital.

Linda no se mostró reticente a hablar de su experiencia. Cuando le pregunté qué recordaba, me respondió rápidamente:

"Fue una sensación extraña. Sentí mucho dolor antes de desmayarme. De repente, ¡estaba mirando hacia abajo, hacia mi cuerpo! Pero, al mismo tiempo no era como si realmente estuviera fuera de mi cuerpo mirando hacia abajo. Estaba dentro y fuera de él al mismo tiempo. No podía ver nada de lo que estaban haciendo a mi cuerpo. No podía ver el resto de la habitación ni nada. Todo lo que podía ver era a mí tirada en el suelo. También tenía una sensación de mucha paz, como si nada me hubiera pasado en realidad".

Después de su breve excursión extracorporal, Linda no recordaba nada más hasta que llegó al hospital.

La experiencia le resultó interesante, pero no especialmente significativa. En varias ocasiones durante la entrevista, Linda dijo que se sentía afortunada de haber tenido esa experiencia y de estar viva.

Paciente 10 - "Mi aspecto era asqueroso"

Daniel, de seis años, fue atropellado por un coche mientras iba en bicicleta y sufrió un traumatismo craneal grave. Estuvo en coma durante dos semanas. No recuerda casi nada del accidente ni de los momentos anteriores. Dice que recuerda haber sacado su bicicleta del garaje y conducido por el camino de entrada. Su recuerdo más vívido es lo que ocurrió después del atropello:

"Estaba allí, parado, mirando a los médicos mientras me subían a la ambulancia cuando vi que estaba fuera del cuerpo. Mi madre estaba llorando y todos tenían prisa. Cuando llegué al hospital vi cómo los médicos me ponían tubos. Tenía un aspecto asqueroso porque tenía sangre y hematomas”.

"Luego bajé por un túnel que estaba oscuro. Al final del túnel había una luz brillante. No estaba triste ni feliz, pero quería llegar a la luz. Cuando llegué me encontré con tres hombres. Uno era muy alto y los otros dos bajos. Detrás de ellos había un puente de arco iris que se extendía por el cielo. Parecían simpáticos, pero de todos modos les tenía miedo”.

"De repente volví a mi cuerpo. Miré hacia mis pies y los hombres estaban allí. Luego desaparecieron y volví por completo".

Esta experiencia hizo que Daniel creyera que existían otros mundos. También le causó un poco de miedo porque pensó que esos hombres lo iban a llevar a un lugar lejos de sus padres. “Parecía que eran amables”, me dijo Daniel. “Pero yo no quería dejar a mi mamá y a mi papá”.

Publicar y perecer

Mi estudio se publicó en noviembre de 1986 en el American Journal of Diseases of Children, la revista pediátrica de la Asociación Médica Estadounidense. Demostró, como ningún otro estudio anterior, que una persona debe estar al borde de la muerte para tener los síntomas de una ECM. Mis hallazgos eliminaron la teoría de que las ECM son el resultado de medicamentos, la falta de sueño o que son simplemente pesadillas o la conciencia subconsciente de una cirugía.

Piénsalo. De los 121 pacientes que entrevistamos y que habían sobrevivido a una enfermedad grave pero no estaban cerca de morir, 118 no habían tenido experiencia alguna. Los tres restantes tenían sueños de monstruos vestidos de blanco y cosas así.

Mientras tanto, ocho de los doce supervivientes de ataques cardíacos tuvieron visiones de abandonar sus cuerpos y viajar a otros mundos. Eso es casi el setenta por ciento, un porcentaje tan alto que elimina el elemento de azar o error estadístico. Además, no permití que nadie se ofreciera como voluntario para el estudio. En lugar de eso entrevisté a lo largo de un período de diez años a supervivientes de paros cardíacos. De esa manera, evité que entraran en el estudio niños que podrían haber inventado una historia sólo para ser incluidos.

También revisé minuciosamente los historiales médicos de todos los pacientes que estudié, documentando cuidadosamente los medicamentos que tomaban, la anestesia utilizada, la cantidad de oxígeno en la sangre y los resultados de varias pruebas de laboratorio. Comparé cuidadosamente a mis pacientes de control con los del grupo de estudio para asegurarme de que tuvieran la misma edad. También me aseguré de que ambos grupos estuvieran intubados o conectados a una máquina de respiración.

El motivo de esta comparación era comprobar si las experiencias cercanas a la muerte eran alucinaciones causadas por drogas o falta de oxígeno en sangre como creen muchos médicos. La respuesta es que no lo son. Muchos de los pacientes que habían tenido experiencias cercanas a la muerte en toda regla no estaban recibiendo tratamiento con medicamento alucinógeno. El grupo de control no tenía nada que ver con la muerte.

Se parecían a experiencias cercanas a la muerte a pesar de que se les administraban fármacos como morfina, Valium y Thorazine y agentes anestésicos como Dilantin, fenobarbital, manitol y codeína. Los pacientes también estaban hipóxicos, presentaban trastornos del equilibrio ácido-base y tenían niveles elevados de CO2, y todas las combinaciones imaginables. Sin embargo, no tenían nada que pudiéramos llamar una ECM.

Para asegurarme de que no me estaba perdiendo nada, hice que un equipo de estudiantes de medicina revisara la literatura médica y psicológica en busca de drogas, estados psicológicos o estados de privación de oxígeno que causaran alucinaciones similares a las ECM. La ketamina y el LSD fueron los más parecidos, pero ninguno de estos fármacos se utiliza en la atención habitual a los pacientes ni se utilizaron en mi grupo de control o de estudio.

La mayoría de los investigadores se enfrentan al problema de "publicar o morir". En mi caso, publiqué y perecí. Tres artículos sobre el estudio de Seattle se publicaron en la prestigiosa revista pediátrica de la Asociación Médica Estadounidense. Los científicos y médicos que revisaron mi protocolo elogiaron mucho el diseño de mi investigación y la validez científica de los resultados.

No hice sensacionalismo alguno con los resultados. Aunque sabía que esta investigación sería de gran interés para el público en general, sentí que cualquier publicidad podría dejarme expuesto a acusaciones de que estaba tratando de beneficiarme personalmente de la investigación. Supuse que los médicos estarían intensamente interesados ​​en estos resultados, y así fue. Recibí solicitudes de reimpresiones de los artículos de todo el mundo, así como llamadas telefónicas de colegas que estaban entusiasmados por leer nuestros resultados y que habían encontrado casos similares en sus  prácticas.

El estudio demostró que las experiencias cercanas a la muerte se dan en la gran mayoría de los niños gravemente enfermos y que claramente tienen alguna relación con el proceso de morir. También reveló que estas experiencias claramente no son causadas por medicamentos sino que son un proceso psicológico natural asociado con la muerte.

Estos resultados ni siquiera habían sido probados en los estudios sobre la experiencia cercana a la muerte realizados por el doctor Raymond Moody y otros.

Tuve la suerte de que los editores del American Journal of Diseases of Children tuvieran la mente lo suficientemente abierta como para publicar nuestra investigación. En mi conclusión hice hincapié en que estas experiencias son probablemente una parte natural del proceso de morir y, como tales, merecen ser estudiadas. Nunca he afirmado que sean una prueba de que hay vida después de la muerte ni creo que un hospital sea el lugar adecuado para estudiar religión y metafísica.

Señalé que la gente muere en los hospitales y que, por lo tanto, el proceso de muerte debería examinarse en los hospitales.

Lamentablemente, el Comité de Revisión de Procedimientos Humanos del hospital, (comité que realiza revisiones éticas de investigaciones propuestas que involucran a pacientes) no estuvo de acuerdo conmigo. De repente, y misteriosamente, se negaron a permitirme continuar con la misma investigación que tres años antes había sido aprobada con la proclamación de que el mío era "el proyecto de investigación más interesante que hemos revisado en mucho tiempo".

Me sentí destrozado. Volví al comité y pedí 3.000 dólares para continuar con la segunda fase del estudio de Seattle. El plan era estudiar a los inmigrantes asiáticos en la zona de Seattle para ver qué experimentan los niños de una cultura diferente en el momento de la muerte.

Esta vez, el comité dijo que un estudio de este tipo sería una intromisión excesiva en los derechos de los pacientes y que, al hacerles revivir esos acontecimientos traumáticos, se les causaría sufrimiento innecesario. Señalé que había ocurrido lo contrario. Los pacientes realmente apreciaban que un médico mostrara interés en su experiencia. Además, la participación era voluntaria. Se les decía a los sujetos que no tenían que hablar a menos que quisieran hacerlo.

La respuesta del comité fue “no”. Ni siquiera pude obtener permiso para estudiar informalmente a estos pacientes.

Creo que la intromisión en los derechos de los pacientes no tuvo nada que ver con la decisión. La verdadera razón, creo, es que a los médicos no les gusta investigar sobre la muerte. Aunque la mayoría de las personas mueren en los hospitales el tema de la muerte es casi un tabú allí.

Recuerdo que el director de mi programa de investigación me preguntó por qué estaba investigando las experiencias cercanas a la muerte. Le dije que, si bien se sabía mucho sobre los cólicos infantiles y el control de esfínteres, se sabía relativamente poco sobre el proceso de morir. Simplemente quería saber qué sucedía en el momento de la muerte.

Cuando dije eso, él negó con la cabeza. "Pero, ¿qué estás tratando de hacer realmente?"

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3 -Visiones previas a la muerte.

 

Cuanto mayor ignorancia, mayor dogmatismo. —Sir William Osier, doctor en medicina.

 

¿Qué estaba intentando hacer? ¿Acaso comprender lo que ocurre más allá de la gran división, o esperar ayudar a los pacientes a afrontar una muerte que se acerca rápidamente?

En realidad, ambas cosas. El mundo médico se pone anteojeras cuando se trata del tema de la muerte. En algunos aspectos así debería ser. Después de todo, un paciente espera que su médico le dé vida. Nota del Traductor: mejor decir que “ lo mantenga con vida”. Fin de la nota.

El paciente espera curación para su enfermedad, consuelo para sus dolencias. Espera éxito, ya que el fracaso suele significar dolor. Pero los médicos deberían poder responder preguntas sobre la muerte, al igual que podemos responder a otros aspectos del desarrollo normal y las etapas de la vida.

En muchos sentidos médico y paciente está mal preparados para afrontar el fracaso. Por ejemplo, está bien documentado que, a medida que los pacientes se acercan a la muerte los médicos pasan menos tiempo junto a sus camas.

Los estudios de tiempo y movimiento en las unidades de cuidados intensivos muestran que, a medida que los pacientes enferman más, los médicos pasan más tiempo realizando procedimientos y mucho menos tiempo examinando al paciente o brindándole consuelo psicológico. Parte de la razón por la que muchos médicos no quieren trabajar con pacientes de SIDA es el hecho deprimente de que hasta ahora la tasa de recuperación de la enfermedad es nula.

 

Nota del Traductor. A fecha de esta traducción, 2026, en los pacientes de SIDA gracias al tratamiento antirretroviral (TAR / TARGA), la supervivencia (etapa avanzada del VIH) es muy alta si se diagnostica y trata a tiempo, considerándose más una enfermedad crónica que terminal). Fin de la nota.

 

En los cinco años que pasé en la residencia, solo recibí una conferencia sobre la muerte y el morir, en la que se explicaba cómo lidiar con las emociones y el estrés que puede generar el trabajo con pacientes moribundos. En esa conferencia, me dieron una "Excelente fórmula" para hablar con los padres sobre los acontecimientos que rodearan la muerte de un hijo para asegurarse de que entendieran que se hacía todo lo que se debería haber hecho. También me dijeron que les explicara que podrían escuchar a su hijo después de que hubiera muerto y que estas  "alucinaciones" deberían resolverse en tres a seis semanas.

Nota de Traductor. Es evidente que la fórmula que describe el autor va dirigida a inactivar cualquier demanda civil o penal frente al hospital por presunta mala praxis médica (medicina defensiva). Fin de la nota.

Pronto cambié esta fórmula por una más aceptable. Simplemente decía a los padres en duelo que volverían a escuchar la voz de su hijo y que no debían dejar que eso los preocupara ni angustiara. Después de hacer este cambio comencé a recibir de los padres cartas de agradecimiento maravillosas. Decirles la simple verdad, (que volverían a escuchar la voz de su hijo), sin etiquetarlo como alucinación dio dignidad a la experiencia.

Aparte de esa fórmula, no nos dieron herramientas para ayudar a las personas a afrontar la angustia de la muerte. Esto es especialmente malo porque la muerte es algo con lo que un médico se ve obligado a lidiar al principio de su carrera médica. La mayoría de nosotros acabamos de salir de la facultad de medicina cuando nos enfrentamos a los demasiado frecuentes fracasos de la medicina. La lección que enuncia mi colega, el doctor David Christopher, de que “la medicina es excelente, pero no tanto” es difícil de asumir para un médico.

Aprendí mi primera y más dura lección sobre la muerte después de trabajar como interno durante sólo tres días. Estaba trabajando en la unidad de cuidados intensivos infantiles cuando uno de los pacientes murió. Los padres, entre sollozos, llevaron a su bebé a una pequeña habitación para estar a solas con él, en su dolor.

El bebé no había muerto de repente. Otro interno y yo habíamos pasado tres horas intentando salvarlo. Habíamos comenzado la reanimación al final de un turno de treinta y seis horas y estábamos exhaustos cuando finalmente todo terminó. Era mi primer paro cardíaco y no me parecía real. Aunque estábamos completamente agotados estábamos llenos de la emoción y la adrenalina que puede generar una experiencia tan intensa.

Agotados, hicimos los chistes macabros que a veces hacen los internos novatos. Nos reímos y hablamos en voz alta de lo fantástico que había sido este caso. "Tuve que poner tres tubos torácicos y una vía arterial", se jactó mi compañero ante una de las enfermeras. En medio de esta conversación vergonzosamente bulliciosa, los padres salieron de la habitación.

La vergüenza me golpeó tan fuerte que casi me quedé sin aliento. Las enfermeras se taparon la boca y se alejaron lentamente. El otro interno y yo nos quedamos solos en el pasillo para enfrentar a los padres. El gran peso de la vergüenza que sentí me impidió mirar a los ojos a la triste pareja.

Con delicadeza nos tomaron las manos y nos agradecieron lo que habíamos hecho para salvar a su hijo. La madre se dirigió entonces a una de las enfermeras: "Escuchamos vuestra risa y al principio nos enfadamos. Nos sorprendió que os rieseis en un momento como éste. Pero de repente nos encontramos disfrutando del sonido de vuestra risa. Sabíamos que sufríamos la pérdida de nuestro hijo pero que la vida y la alegría todavía existían en el mundo. Gracias por vuestra risa y gracias por intentar salvar a nuestro hijo".

Para no pensar en la muerte recurrí a las habilidades técnicas de la medicina, y la alegría la proporcionaba la colocación de vías en los pacientes y la lectura de las máquinas. Nunca cuestioné la necesidad de resucitar a un paciente. La mayoría de nosotros creía en hacer todo lo médicamente posible para salvar al paciente. Cuando era médico en Airlift Northwest, (programa de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington y el Centro Médico Harborview que ofrece transporte aéreo en helicóptero y avión de ala fija para pacientes que necesitan atención médica intensiva en las regiones de Washington, Idaho, Montana y Alaska), "transportamos a muchas personas que no tenían ninguna posibilidad de sobrevivir a los hospitales. Algunas eran víctimas de accidentes automovilísticos.

Otros eran pacientes de médicos privados que no querían que murieran en el hospital de su comunidad. Sea como fuere, a estos pacientes nunca se les permitió morir en el camino. Se los mantenía con vida y, por lo general, morían horas o días después. Incluso entonces, a menudo estaban conectados a máquinas de soporte vital y, de hecho, necesitaban "permiso" de sus familiares para morir.

Nuestro trabajo consistía en seguir el lema "cada paciente merece la mejor atención posible". Nunca cuestioné que la "mejor atención" significara una intervención agresiva en el momento de la muerte para reanimar al paciente. Sigo sin cuestionar ese credo.

El dilema del médico es: ¿dónde trazar el límite? En su libro New Meanings of Death (Nuevos significados de la muerte), Herman Feifel relata cómo los estadounidenses mueren de forma aislada en los hospitales de hoy. "La agonía y la muerte son ahora el campo de acción del profesional, es decir, del médico. Por desgracia, muchos de ellos tienden a utilizar su conocimiento profesional como un amortiguador frente a su sentimiento de desprotección ante el encuentro con la muerte, y se hace para mantener a raya su  ansiedad. En consecuencia, cuando se pide al médico que atenúe el filo del dolor, que interprete la muerte para la familia, normalmente no tiene éxito".

Nota del Traductor, Se puede decir que en estos casos el médico, como poco, es posible que el médico actuante está tan jodido como la familia del fallecido. Fin de la nota.

¿Qué estaba intentando hacer con este estudio? Intentaba comprender que la experiencia cercana a la muerte era mi respuesta al escéptico jefe de investigación. Como dijo uno de mis profesores de medicina sobre el cuerpo humano: "Si no lo entiendes, no puedes explicarlo". Lo mismo se aplica a la muerte y a la experiencia cercana a la muerte. Lo único que yo intentaba hacer era comprenderla.

Interés subyacente.

La fría recepción que recibió el estudio de Seattle, por parte de algunos de mis colegas, no logró sofocar mi interés. Seguí recopilando historias de experiencias cercanas a la muerte de pacientes de otros médicos que conocían mi interés y también sentían curiosidad.

Casi no pasaba una semana sin que un médico o enfermera me contaran una historia desconcertante sobre un paciente que había tenido una experiencia extracorporal detallada, o sobre alguien que había revivido de una situación cercana a la muerte y luego contaba que había un mundo de luz y belleza al otro lado. Escuché, tomé notas y luego entrevisté al paciente para verificar los detalles.

Estas visiones previas a la muerte son experiencias intensamente reales que tiene una persona moribunda mientras aún está consciente. La realidad no se distorsiona ni se altera. El paciente moribundo a menudo ve a Dios, ángeles, parientes muertos o visiones del cielo superpuestas a la realidad, o realmente presentes en el lecho de muerte. Las experiencias se consideran de contenido místico y visionario y se parecen a las ECM.

A partir de estas referencias empezó a surgir una categoría fascinante de experiencias, un fenómeno que otros investigadores han llamado visiones previas a la muerte.

Karlis Osis y Erlendur Haraldsson, dos psicólogos que recopilaron numerosos casos de visiones en el momento de la muerte, han realizado el trabajo más extenso en este campo. Han descubierto que estas visiones previas a la muerte tienen muchas cosas en común con las experiencias cercanas a la muerte. Por ejemplo, el paciente moribundo que ha estado sufriendo durante varios días de repente se encuentra libre de dolor y malestar, un rasgo similar al de las personas que tienen experiencias cercanas a la muerte. Además, las visiones previas a la muerte con frecuencia incluyen visiones de otros mundos y conversaciones con seres queridos fallecidos.

Osis y Haraldsson han afirmado que las visiones previas a la muerte que recogieron se produjeron generalmente en pacientes no sedados cuyas mentes estaban despejadas unas horas antes de morir. El contenido variaba mucho, pero predominaban las visiones de familiares y amigos fallecidos que los pacientes percibían como si vinieran a llevárselos. He aquí un ejemplo de una visión previa a la muerte que fue relatada por una enfermera que estaba en el lecho de muerte de un hombre de unos cuarenta años:

"No estaba sedado, estaba completamente consciente y tenía baja temperatura. Era una persona bastante religiosa y creía en la vida después de la muerte. Esperábamos que muriera, y probablemente él también, ya que nos pedía que rezáramos por él. En la habitación donde yacía había una escalera que conducía al segundo piso. De repente, exclamó: 'Miren, los ángeles bajan por las escaleras. El vaso se ha caído y se ha roto'. Todos los que estábamos en la habitación miramos hacia la escalera, donde habían colocado un vaso para beber en uno de los escalones. Al mirar, vimos que el vaso se rompía en mil pedazos sin ninguna causa aparente. No se cayó, simplemente explotó. A los ángeles, por supuesto, no los vimos. Una expresión feliz y pacífica se dibujó en el rostro del paciente y al momento siguiente expiró. Incluso después de su muerte, la expresión serena y pacífica permaneció en su rostro".

En otra visión previa a la muerte de la investigación de Osis y Haraldsson, un médico recuerda la experiencia de un paciente gravemente enfermo:

“El estado de salud del hombre, que había sufrido un infarto, era grave desde hacía unos días. De repente recobró el conocimiento. Parecía mejor y animado. Habló amablemente con sus familiares y les pidió que se fueran a casa. También dijo: “Iré a mi casa. Los ángeles han venido a llevarme”. Parecía aliviado y animado”.

Después de años de estudiar estas visiones, Osis y Haraldsson han llegado a la conclusión de que las visiones previas a la muerte, y las experiencias cercanas a la muerte, son lo mismo. Me inclino a estar de acuerdo con su valoración de que la diferencia entre ambas es sólo de terminología. Los dos casos siguientes son típicos de lo que encontré. En muchos sentidos, el primero podría llamarse una "vida previa" en la que el paciente tuvo una visión de remisión de lo que normalmente sería una enfermedad fatal.

David.

De seis años, estaba muriendo de un tipo de tumor llamado "neuroblastoma". O al menos eso era lo que pensaban los médicos. Llevaba varias semanas hospitalizado y su rápido deterioro indicaba un pronóstico muy sombrío. En el mejor de los casos se esperaba que David viviera sólo un mes más.

David tenía una idea completamente diferente de lo que sucedería. Un día hizo un dibujo de sí mismo en el que el tumor desaparecía. Le dijo a su médico que había tenido una visión la noche anterior en la que el tumor abandonaba su cuerpo. Aunque su médico insistió en que era solo un sueño David afirmó que era mucho más que eso. Dijo que era real.

David demostró tener razón. A partir de ese día el niño mejoró hasta lograr una remisión completa de la enfermedad.

Bella

En otro caso ocurrió lo contrario. Los médicos de una joven llamada Bella le dijeron que la quimioterapia había funcionado y que sobreviviría a su tumor cerebral. Todos los análisis médicos de alta tecnología que le realizaron así lo confirmaron.

Esa noche, tuvo una visión en la que una mujer vestida de blanco le dijo que iba a morir. Su médico insistió en que solo había sido un sueño. Bella dijo que sabía que era real. La visión era tan clara como si alguien hubiera entrado en la habitación y le hubiera hablado. En cuestión de semanas, su estado empeoró y murió.

Rápidamente me di cuenta de que una experiencia de muerte presenta un dilema para la persona que la sufre y también para todos los que la rodean.

 

 

 

 

La valiente decisión de Xabel

A un joven llamado Xabel le diagnosticaron leucemia a los tres años y a los siete, estaba llegando al final de una vida destinada a ser corta. Lo que más miedo daba al médico que atendía a Xabel era que éste quería dejar el tratamiento médico, que la naturaleza siguiera su curso. Sus padres apoyaron la decisión de su hijo y estaban dispuestos a llevarlo a una cabaña en el bosque, si era necesario, para que pudiera cumplir su deseo.

El médico de Xabel no sabía qué hacer. Se sentía éticamente obligado a mantener vivo a Xabel durante el mayor tiempo posible. Sin embargo, ¿cómo podía ir en contra de los deseos firmemente expresados ​​del paciente y su familia? Me pidió que hablara con Xabel y familia.

Lo primero que hice fue examinar el historial clínico. El muchacho había sufrido cuatro recaídas de la enfermedad de la sangre, cada vez más difíciles de tratar. Aunque el tratamiento de la leucemia es mucho más eficaz ahora que hace veinte años, cuando la esperanza de vida media era de apenas unos meses la quimio sigue siendo brutalmente difícil.

La leucemia es una enfermedad de los glóbulos blancos. Estas células especiales son las que luchan contra las enfermedades. Cuando se produce una infección, miles y miles de estas células se producen en la médula ósea y luego se liberan en el torrente sanguíneo para proteger el cuerpo. En el caso de la leucemia se produce un mal funcionamiento de la médula ósea, que es donde se fabrican estas importantes células sanguíneas. En lugar de células sanas se producen cientos de miles de células inmaduras y mutadas. Cuando estas células se liberan en el torrente sanguíneo obstruyen el funcionamiento de órganos vitales como el cerebro, el hígado, el bazo o los pulmones. Estas células mutantes impiden que los glóbulos blancos detengan las infecciones, que las plaquetas ayuden a la coagulación de la sangre y que los glóbulos rojos transporten oxígeno por todo el cuerpo.

Para combatir la leucemia, el cuerpo debe convertirse en un campo de batalla médico. Los agentes quimioterapéuticos, que son venenos especializados, se administran por vía intravenosa en grandes dosis. En teoría estos venenos matarán a las células leucémicas más débiles sin matar al paciente. Si se administran las dosis con cuidado se puede detectar la división de las células, momento en el que son especialmente vulnerables a la quimioterapia. Aunque los medicamentos mejorados y el aumento de los conocimientos han hecho que el tratamiento de la leucemia sea más eficaz, sigue siendo extremadamente difícil de soportar para el paciente. Los efectos secundarios son infecciones graves, días de náuseas y pérdida de cabello.

Como consecuencia de esta terrible enfermedad los pacientes suelen estar asustados y sus familias en estado de caos. Cuando visité a Xabel en su casa, varios meses antes de que muriera, esperaba encontrar la tensión y la incredulidad habituales que rodean al niño terminal y a su familia. Pero no fue así. Hubo casi una alegría, una especie de comprensión profunda cuando Xabel y su madre hablaron de su deseo de terminar el tratamiento.

Xabel dijo que se había sentido muy deprimido después de enterarse de su última recaída de médula ósea. Tenía muchas esperanzas de que su última ronda de quimio hubiera tenido éxito. Casi había esperado con ansias el análisis de médula ósea para ver si el medicamento finalmente había surtido su efecto. En esta prueba se inserta una aguja grande en el centro del hueso pélvico para extraer una muestra de médula ósea. En el caso de Xabel las células malignas todavía estaban presentes. El pronóstico era desalentador. Xabel tendría que someterse a más quimio y a un extenso tratamiento de radiación. Ese día era un niño triste que devolvía a casa, vía automovil, desde el Hospital Infantil.

Habló un rato con su madre y luego quedó dormido en la parte de atrás del asiento. Cuando llegaron a casa Xabel se sentó en el sofá con su madre, muy a gusto. Por la forma en que lo describió imaginé la mirada relajada de un chico que acaba de regresar de pescar. "No te preocupes por mi leucemia", le dijo. "He estado en el castillo de cristal y he hablado con Dios".

Xabel dijo que mientras dormía en el auto viajó por un rayo de luz hasta el cielo, donde cruzó un foso en un puente de arco iris y visitó el castillo de cristal, un lugar al que llamó "Verania” (Summerland). Dijo que era lugar divertido al que ir porque "se sentía bien". Dios estaba allí. Envolvió a Xabel en una "luz amorosa" y le dijo que no se preocupara. "Dijo que no moriría todavía. Que lo haría más tarde". Después de eso Xabel empezó a tener muchas visiones. A veces ocurrían cuando estaba dormido pero, normalmente, despierto. Y se volvieron cada vez más creíbles.

En una ocasión Xabel dijo a su madre que había conocido a un antiguo novio de la escuela secundaria de su madre, que había quedado lisiado en accidente de coche. Ella nunca había hablado a Xabel sobre ese hombre, no para ocultar su relación sino simplemente porque no lo había visto en muchos años. Sin embargo, después de una visión en la que fue al castillo de cristal, Xabel le contó que un hombre que se le acercó y se presentó como ex novio de su madre y le contó sobre su accidente de coche y cómo había pasado muchos años infelices sin poder caminar. “No te preocupes, mamá”, dijo Xabel. “Me pidió que te dijera que ya puede caminar. Está en el castillo de cristal". Las llamadas que se hicieron a algunos amigos confirmaron que el ex novio había muerto el mismo día de la visión de Xabel.

Xabel también contó a su madre otra visión en la que uno de sus mejores amigos del hospital se había reunido con él en el castillo de cristal. Ella pensó que eso era imposible porque lo habían visto apenas hacía una semana  Cuando regresaron al hospital el día siguiente, para recibir más quimio, se enteraron de que el amigo de Xabel había fallecido inesperadamente esa noche. Xabel tenía nueve amigos que habían comenzado el tratamiento contra el cáncer al mismo tiempo que él. La mayoría de ellos murieron, y él los vio durante sus visiones del castillo de cristal.

Me contó otras visiones. Una noche, Dios se le apareció mientras se duchaba. Dijo que se le apareció solo, "sin ángeles ni cielo", y le dijo específicamente cuándo moriría, fecha que finalmente se cumplió al cabo de unos días.

Xabel describió a Dios como anciano con barba y aureola. Esta descripción sorprendió a su madre, que creía en enseñanzas orientales como la reencarnación y el karma, no en una deidad masculina judeocristiana.

Durante sus poderosas visiones, a Xabel le decían con frecuencia que debía renunciar a la quimio. Esos visitantes espirituales le decían que eso ya no cambiaría la duración de su vida, ni tampoco la calidad de los meses que le quedaban de vida. La fecha de su muerte ya estaba establecida y nada la cambiaría. Contó a sus padres lo que le comunicaron y juntos decidieron que no sería necesario ningún otro tratamiento.

No entiendo por qué la madre de Xabel se negó a que recibiera tratamiento médico. Personalmente yo no negaría a mi hijo tratamiento médico por una visión espiritual. Sin embargo no fue una decisión que yo debiera tomar. Mi responsabilidad como médico era dar mi opinión médica lo mejor que podía. Cualquier paciente que se enfrenta a una enfermedad grave debe tomar decisiones difíciles sobre los riesgos y beneficios del tratamiento.

Xabel se estaba muriendo de leucemia y no teníamos mucho que ofrecer para prolongar su vida. Los efectos secundarios del tratamiento hacían que el poco tiempo que le quedaba fuera intolerable. En su caso le dimos el control de su vida a él y a su familia y confiamos en que ellos tomarían las decisiones adecuadas.

En retrospectiva todavía tengo problemas con la decisión de la familia. Recuerdo haber visto a Xabel eufórico rodeado de payasos y globos en su última fiesta de cumpleaños y pensar: "Solo un tratamiento más". He discutido este caso con colegas que piensan que los padres fueron culpables de abuso infantil. Lo comparan con los casos de los testigos de Jeová que, debido a convicciones religiosas, se niegan a recibir transfusiones de sangre que podrían salvar la vida de sus hijos.

Al final sucedieron dos cosas que me convencieron de que Xabel tenía razón al confiar en sus visiones. Por un lado vivió mucho más que mis predicciones para un paciente tratado que había superado cuatro recaídas. Por otro lado, murió la misma semana que Dios le dijo que moriría cuando se conocieron en la ducha.

¿Fueron reales esas visiones? ¿Xabel realmente hablaba con Dios? No lo sé. Tampoco creo que debamos saberlo. Sé que estas visiones tuvieron un efecto positivo en Xabel y su familia. Les devolvieron el control de sus vidas. En lugar de sentirse víctimas de la enfermedad y de la tecnología médica, Xabel tomó el control de su vida y, en última instancia, de su muerte.

Numerosos estudios han demostrado la importancia del control en el bienestar físico y mental de una persona. Los pacientes a los que se les permite elegir los medicamentos responden mejor al tratamiento que aquellos a los que no se les permite hacerlo.

Creo que a Xabel le fue tan bien después de dejar la quimioterapia porque esas visiones generaron un sentido de amor y espiritualidad en su vida que le dieron razones para vivir más de lo que las estadísticas dicen que debería haber vivido.

Como médico, me hubiera gustado poder continuar con sus tratamientos. Como ser humano, aplaudo su valentía.

Nota del Traductor. Estas últimas reflexiones que hace el médico son típicas de la época en la que se publica el libro. Actualmente ya no se discute que es el paciente, y su familia o personas en las que delegue, quienes tienen soberanía sobre su destino vital en el curso de una enfermedad incurable o terminal. El típico “complejo de dios” del médico hoy en día cede ante una concepción más humana del paso final a lo que sea que pueda venir tras la muerte. La creación de unidades contra el dolor e instituciones de cuidados paliativos ha dignificado la vida del paciente en su etapa final. No dudes en acudir a cuidados paliativos en las últimas fases de tu vida, si lo juzgas razonable. Fin de la nota.

Xuan ve el cielo.

Durante miles de años las visiones previas a la muerte se aceptaron como parte del proceso de morir. Antes de que la muerte se convirtiera en dominio del hospital estas visiones eran comunes y esperadas.

El historiador francés Filipino Aries ha documentado que antes del año 1000 la gente tenía experiencias de muerte completamente diferentes a las de hoy. Cuando la persona moribunda sentía que su hora estaba cerca generalmente revisaba su vida, logros y fracasos, y lloraba por la tristeza que sentía al saber que no volvería a ver a su familia o amigos. Luego el moribundo pedía perdón a amigos y familiares por cualquier ofensa que pudiera haber cometido en la vida que estaba a punto de dejar. Por lo general, dice Aries, los moribundos contaban visiones de Dios y de haber visto a quienes habían muerto antes que ellos.

Qué diferente es morir hoy. A los pacientes que tienen visiones antes de morir se les trata como si sufrieran de "ansiedad" administrándoles narcóticos y Valium, que borran la memoria a corto plazo e impiden que recuerden las visiones o experiencias cercanas a la muerte que hayan podido tener.

Estas visiones son un aspecto olvidado del misterioso proceso de la vida. Un caso como el de Xuan ilustra que las visiones previas a la muerte pueden reducir el dolor, tanto para el paciente como para la familia.

Xuan era un paciente mío de siete años que se se moría de leucemia. En sus últimos días estuvo hospitalizado por neumonía grave e intratable. Aunque tenía dificultad para respirar y un dolor constante, le dieron muy pocos medicamentos, como morfina y Valium, porque dificultan la respiración.

Tres días antes de que Xuan muriera un círculo de seres queridos se reunió alrededor de su cama. Se sorprendieron cuando Xuan se sentó de repente y anunció que Jesús estaba en la habitación. Luego, pidió que todos oraran por él.

A eso de las tres de la madrugada Xuan se incorporó de nuevo, sorprendiendo a las cuatro personas que se habían reunido alrededor de la cama para orar. "¡Hay colores hermosos en el cielo!", gritó. "Hay colores hermosos y más colores. ¡Puedes saltar dos veces aquí arriba, dos veces!"

A las cuatro de la mañana la abuela de Xuan, que estaba confinada en su casa, tuvo una visión en la que él le pedía que fuera al hospital. Aunque no había salido de su casa en diez años dijo que la visión de Xuan, y su conversación, eran tan gráficas que no podía ignorarlas. Llamó a un taxi y salió de su casa con dificultad para estar al lado de la cama del niño.

Al amanecer, parecía que la vida estaba a punto de terminar para Xuan. Respiraba con dificultad y su corazón latía con la fuerza de un corredor de maratón. Aun así, el pequeño tenía más cosas que comunicar. Abrió bien los ojos y pidió a sus afligidos padres que "lo dejaran ir". "No tengan miedo", dijo. "He visto a Dios, ángeles y pastores. Veo el caballo blanco". A pesar de lo enfermo que estaba, Xuan rogó a su familia que no sintiera pena por él. Había visto a dónde iba y era un viaje alegre y maravilloso. "Es un lugar maravilloso. Es hermoso", dijo con la mano extendida frente a él. Pronto se recostó y quedó dormido. Xuan no recuperó el conocimiento y murió dos días después.

Las visiones de Xuan y los incidentes que las rodearon me intrigaron. Por un lado parecía como si realmente se hubiera comunicado con su abuela de alguna manera. Aunque ella sabía que él estaba hospitalizado fue durante el período de sus visiones más poderosas cuando tuvo su visión de Xuan. Aunque no tengo nada científico en que basar esto creo que la coincidencia fue demasiado grande como para que estos períodos de "actividad visual" no estuvieran conectados de alguna manera.

Dejando a un lado los sucesos paranormales, las hermosas visiones de Xuan consolaron a su familia. Al asegurar a sus padres que iba a un lugar maravilloso y feliz, con Dios, unió más a su familia. En lugar de sufrir la devastadora pérdida que tantas familias experimentan cuando pierden a un hijo, la familia de Xuan salió del hospital sabiendo que habían hecho todo lo posible para salvar a su hijo y creían firmemente que estaba a salvo en las manos de Dios.

Xuan murió de una forma poco común en el mundo de la medicina moderna. No había tomado analgésicos ni medicamentos que alterasen la mente; estaba rodeado de familiares y amigos. Sus visiones dejaron a su familia intacta y reconfortada. Yo habría pensado que esta experiencia generaría un enorme interés en los aspectos curativos de las visiones previas a la muerte. Después de todo, si hubiera tenido un problema médico particular, incluso un sarpullido inusual, su caso habría sido presentado en todo el hospital.

Sin embargo, las enfermeras y los médicos nunca mencionaron sus visiones ni sus efectos curativos en la familia. No es que no creyéramos que hubieran sucedido, sino que simplemente no sabíamos cómo reaccionar ante ellas. Todo el mundo puede ver un sarpullido, pero una visión pertenece únicamente a quien la experimenta.

La única vez que escuché a otro médico mencionar las visiones de Xuan fue cuando un nuevo residente dijo que probablemente eran causadas por la falta de oxígeno. Dijo que se podrían haber "curado" aumentando la dosis de morfina de Xuan. Para él, las visiones eran un problema que había que solucionar con medicación, no una solución. Alrededor del noventa por ciento de las personas que mueren en los hospitales son sedadas intensamente, reanimadas y medicadas sin cesar hasta que incluso el médico más agresivo ha tenido suficiente y se permite que el cuerpo muera.

Cuando los pacientes tienen visiones los médicos suelen reprimirlas con medicamentos y luego se refugian en la comodidad de visitar a otros pacientes menos enfermos. Nada en la facultad de medicina los preparó para hacer otra cosa.

La muerte de Xicu en su barrio.

Xicu era joven brillante de trece años que estaba muriendo de fibrosis quística, enfermedad genética en la que los pulmones se llenan de tejido cicatricial y finalmente dejan de funcionar. Durante sus últimos días, su médico privado me pidió que lo visitara en su casa para compartir lo que sabía sobre el proceso de morir. Xicu había elegido morir en casa, una decisión que contó con el apoyo de su familia, que no quería verlo conectado a máquinas que solo complicarían su muerte.

Las recientes "alucinaciones" de Xicu les habían hecho replantearse la atención domiciliaria. Según su madre, estaba experimentando "una realidad diferente", similar a la nuestra, pero igualmente "aterradora y confusa". Su médico le había recetado hidrato de cloral, un sedante suave, pero no tuvo mucho efecto sobre las alucinaciones, que se repitieron con mayor frecuencia e intensidad. Xicu me habló por teléfono el día antes de mi visita y me contó sobre ellas. "Tenemos que hablar de ellas cuando llegues", dijo.

Al día siguiente me dirigí al rico suburbio de Seattle donde Xicu moriría. Admiré la casa de sus padres y los jardines bien cuidados que no dejaban entrever la mortalidad que acechaba tras sus setos bien cuidados. Qué difícil debió haber sido para estos padres permitir que su hijo muriera en casa. Como me dijo su madre: "Estoy segura de que ninguno de nuestros vecinos puede entender esto. Durante años susurrarán detrás de las cortinas sobre lo que sucedió en la casa de los Fierro".

Los técnicos de emergencias médicas que habían ayudado a Xicu a regresar a casa cuestionaron el buen juicio de la familia al haberlo llevado allí para que muriera. Y las personas que entregaban oxígeno se sorprendieron al encontrar a un niño moribundo en su ruta de entrega. Antes la gente realmente esperaba morir en casa; ahora, incluso los que entregan suministros médicos se sorprenden.

Pasé unas dos horas en la sala de estar hablando con la familia de Xicu sobre estas "horribles alucinaciones". No creían que fuera tan difícil, dijo su madre. Se lo habían imaginado muriendo tranquila y pacíficamente en casa, sin "perturbarse con visiones terribles". No creían que las visiones de su hijo fueran sobrenaturales o naturales de alguna manera. Pensaban que eran causadas por una combinación de medicación y el delirio. Incluso su asistente social me preguntó si podía "quitarle esas alucinaciones". Su médico y yo hablamos sobre qué fármacos podrían suprimir esas experiencias.

Luego entré y hablé con Xicu. Su percepción de las alucinaciones era muy diferente. Después de hablar con él durante casi dos horas me di cuenta de que, en realidad, estaba teniendo hermosas y maravillosas visiones previas a la muerte.

Para él, estas experiencias no eran ni aterradoras ni dolorosas sino que contenían un mensaje de sanación y esperanza para su familia, y de consuelo para él mismo en sus últimos días.

Xicu se acostó en la cama y me contó cosas que sólo él podía ver: "Las visiones vienen cuando estoy despierto. Me asustan porque no sé cuándo terminarán ni cómo terminarán. Me asustan porque no conozco la realidad. Veo mi reflejo en el televisor y sé que estoy aquí. Siento mi cabello y sé que estoy aquí. Entonces comienzan las visiones. En elloa hay mucha gente en la habitación. Dios también está aquí. Él tiene el control, pero a veces me permite tener el control junto con él. Hay una luz brillante. Luz y gente por todos lados. Pero luego salgo de ahí y soy Xicu Fierro, y soy mortal. En estas visiones también hay una parte religiosa. A veces puedo ver una cruz de luz”.

Quedó claro que Xicu no tenía miedo de las visiones sino que, simplemente, se sentía confundido por ellas. En esta situación estresante los padres de Xicu reaccionaron a esta confusión con su  miedo. Xicu y yo ideamos un plan. Desarrollamos pistas que lo ayudarían a distinguir entre la realidad y la visión.

De esa manera, en lugar de asustarse por lo que estaba sucediendo Xicu podría tener cierto control sobre la situación al saber al menos dónde estaba. Tímidamente reveló una señal muy conmovedora de su otro mundo: Xicu podía tener una erección, un suceso muy importante para él (como es para la mayoría de los adolescentes). Nunca había tenido una erección ni un orgasmo debido a los estragos de su enfermedad. Solo en su "otro mundo" podía tenerlos.

Estas señales dieron a Xicu una sensación de dominio sobre las experiencias. Comenzó a relajarse y a interpretarlas para su familia. Su calma cambió la naturaleza de estos sucesos para la familia. En lugar de pensar que estaba delirando (ciertamente no era así), la familia se sintió reconfortada por sus visiones. En lugar de los episodios aterradores que alguna vez fueron, sus padres ahora querían saber lo que estaba viendo.

Seis días antes de morir los sueños se hicieron más frecuentes e intensos. Xicu contaba casi a diario que veía luces brillantes, otras personas y otra tierra. Siempre mencionaba que Dios estaba presente en esas visiones. Aunque los padres no creían que Xicu estuviera realmente visitando a Dios, sus visiones los ayudaron a aceptar la muerte de su hijo.

Su paz consigo mismo alivió el dolor de sus padres. La familia había quedado destrozada por la muerte inminente. Ahora él la estaba recomponiendo al aceptar lo que estaba por venir. Nos contó las pérdidas significativas que había sufrido en su vida: no haber ido a la escuela ni al campamento de verano, no haber besado nunca a una chica. Instó a sus padres a compartir sus emociones. Incluso dio permiso a su hermano para que se fuera a la universidad sin sentirse culpable por estar él en casa muriendo.

Desde el momento en que lo conocí, Xicu anhelaba convertirse en "uno con Dios".

En sus visiones: “Cuando me vuelva uno con Dios, los sueños se acabarán y estaré muerto”. Eso finalmente sucedió. En paz. Me alegré de no haberle quitado esas visiones.

Habilidades técnicas y comprensión humana

No presento estas visiones previas a la muerte como una forma de decir que se debe negar la medicación a los pacientes moribundos. Tampoco critico a los médicos que quieren prolongar la vida incluso cuando las cosas parecen desesperadas. De hecho, yo soy uno de esos médicos. He resucitado a docenas de pacientes. He visto recuperaciones completas milagrosas en pacientes para quienes pensé que no habría un mañana. El hecho de que ahora estemos escuchando miles de casos de experiencias cercanas a la muerte es un testimonio de nuestra capacidad mejorada para arrebatar a los pacientes de las fauces de la muerte.

Llega un momento en que el médico debe cerrar su maletín negro, sacarse el estetoscopio de los oídos y escuchar a su paciente. Como expresó tan elocuentemente el doctor Tinsley Randolph Harrison en Principios de medicina interna: "En el tratamiento del sufrimiento se necesitan habilidad técnica, conocimiento científico y comprensión humana".

Soy partidaria de escuchar al paciente moribundo. En lugar de hacer suposiciones erróneas sobre el significado de estas visiones previas a la muerte deberíamos analizar lo que intentamos lograr cuando rutinariamente administramos medicamentos a pacientes moribundos "para que se sientan cómodos". Deberíamos aprender nuevas rutinas y forjar actitudes diferentes que incorporen esta nueva información sobre la muerte y el morir. Al cambiar estas actitudes podemos aprender nuevos métodos para permitir que los pacientes mueran con control y dignidad.

Los médicos también podemos aprender a tratar a los moribundos con dignidad. No es casualidad que los estudios de tiempo y movimiento muestren que los médicos pasan menos tiempo con un paciente a medida que se acerca la muerte. A los médicos les gusta pensar que tienen el control de las situaciones. Cuando un paciente comienza a alejarse, el médico puede sentirse incómodo con una situación que no puede controlar. A veces los médicos temen involucrarse con un paciente. Sentirse emocionalmente cerca de un paciente significa que el médico también sufrirá una pérdida emocional cuando el paciente muera.

Mencioné antes una "fórmula" que nos enseñaron en la facultad de medicina para ayudar a los padres a afrontar la muerte de un hijo y, al mismo tiempo, ayudarnos a no involucrarnos. Tuve la suerte de tener un mentor durante mi residencia pediátrica que me mostró la falacia de esa fórmula.

Acababa de presenciar cómo un recién nacido sano moría a causa de una infección grave al nacer. El bebé estaba literalmente sano un minuto, y moribundo al siguiente. Los análisis de sangre preliminares indicaron que algo terrible estaba mal. Antes de que tuviéramos tiempo de actuar, el bebé se deterioró y murió.

El médico mayor y con más experiencia, y yo, entramos en la sala para hablar con los padres. Estaba lleno de ansiedad. Me sentía como una fracasado. Me angustiaba nuestra incapacidad para actuar con la suficiente rapidez y me sentía personalmente responsable de la muerte de ese bebé. ¿Cómo podía mirar a los padres y hacer el discurso de la fórmula? Aunque los bebés con este tipo de infección casi siempre mueren, ¿cómo podía decirles que lo habíamos intentado? Me sentía atormentado por mi fracaso.

Para mi sorpresa, mi mentor no utilizó ninguna fórmula. Simplemente les dijo que su bebé había muerto y que habíamos hecho todo lo posible por salvarlo. Entonces empezó a llorar.

Todos nos sentamos en esa habitación de hospital, absolutamente sencilla, y lloramos juntos. Finalmente se secó los ojos y dijo que había otros pacientes que atender. Besó a ambos y nos fuimos.

Este médico compasivo me mostró que es posible compartir el terror y el dolor de la muerte con el paciente. Pensaba en ellos y en su pérdida, y ellos lo sentían. Sus lágrimas eran más tranquilizadoras que todas mis explicaciones lógicas sobre cómo un recién nacido es un huésped inmunodeprimido, un potencial caldo de cultivo para las infecciones.

Tuve otra experiencia similar como residente.

Cuidaba a un hombre de veinticuatro años que estaba muriendo de leucemia. Él insistió en un régimen en el que tomaría quimio durante varios meses y luego dejaría el hospital antes de que todo el cáncer hubiera sido eliminado de su cuerpo. Luego volvería a su profesión, que era enseñar a montar a caballo a niños pequeños. Cuando le pregunté por qué se negaba a completar un tratamiento de quimioterapia de seis meses, respondió: "No quiero pasar toda mi vida enfermo. Tengo que volver a trabajar".

Me sentí frustrado por su forma de abordar el tratamiento. Le supliqué que terminara toda la serie de quimioterapia y que no abandonara el tratamiento antes de que se completara el proceso de curación. No me cabía duda de que esa actitud arrogante estaba acortando enormemente su vida.

A pesar de lo enfadado que estaba con este paciente, me caía bien. Tenía la misma edad que yo y disfrutaba mucho de su trabajo. Su mayor preocupación era que sus alumnos aprendieran las técnicas adecuadas de equitación y disfrutaran del proceso. Parecía que lo que menos le preocupaba era su  bienestar. Yo solía decirle que me gustaba más él, que se gustaba él a si mismo.

Estaba en muy malas condiciones cuando ingresó por última vez en el hospital. Ambos sabíamos que ésta era la última ronda de quimio que intentaría y que el cáncer, que se negaba a tomar en serio, finalmente había ganado. Dijo que sólo quería vivir dos semanas más para poder ver a sus estudiantes en sus ceremonias de graduación.

Estaba muy triste por su inminente muerte, pero pensé que ocultaba esos sentimientos detrás de un muro de profesionalismo. Estaba equivocada. Un día, durante las visitas de control, el médico que lo atendía le preguntó cómo se sentía con respecto a la muerte. Me sorprendió cuando dijo: "Sé que voy a morir muy pronto y no tengo ningún problema con eso. Pero ¿qué vamos a hacer con Mel, (mi hipocorístico para Melvin)? ¿Cómo va a manejarlo?".

Nunca me ocupé de eso. Uno de los médicos que me atendió me habló de los peligros de identificarse demasiado con los pacientes. No mencionó la sensación de derrota que la muerte produce al médico. Solo me ofreció consejos sobre cómo mantener el control en cualquier situación.

"Es mi hora de morir"

Esta historia trata de un hecho que no presencié. Me lo contó un médico de Utah.

Un niño de cinco años se encontraba en coma muriendo a causa de un tumor cerebral maligno. Llevaba tres semanas en coma rodeado casi todo el tiempo por su familia. Rodeaban la cama y rezaban constantemente por su recuperación, haciendo sólo breves pausas para comer y descansar.

Al final de la tercera semana el pastor de la iglesia de la familia entró en la habitación del hospital y les contó una historia sorprendente. Dijo que había tenido un sueño en el que el niño le decía: "Ha llegado mi hora de morir. Debes decirle a mis padres que dejen de orar. Ya me tengo que ir". El pastor estaba nervioso por entregar este mensaje a la familia. Aun así, dijo, “era un mensaje demasiado vívido como para ignorarlo Es como si estuviera allí mismo, en la habitación, hablándome cara a cara".

Los familiares aceptaron el sueño del ministro como un mensaje de su hijo. Rezaron, tocaron su cuerpo en estado de coma y le dijeron que lo extrañarían, pero que tenía permiso para morir. De repente, el niño recuperó la conciencia. Agradeció a su familia que le dejaran ir y les informó que moriría pronto. Murió al día siguiente.

Quizás el aspecto más importante de esta historia es su naturaleza catártica. Esta familia pudo aliviar su dolor porque sabía que su hijo estaba a punto de morir. Su resentimiento por el proceso de la vida y por la voluntad de Dios fue reemplazado por la seguridad de que algo místico había sucedido.

"No estaré aquí por mucho más tiempo"

La naturaleza curativa de las visiones previas a la muerte es evidente en otra experiencia que me contó un hombre llamado Teo, (hipocorístico de Teodoro), sobre su hija. Ella estaba muriendo de fibrosis quística a la edad de dieciséis años. Mientras estaba despierta en el hospital tuvo la breve visión de una luz brillante y un hombre resplandeciente que amablemente la llamó hacia él. Cuando su familia regresó a la habitación del hospital notaron un aire de paz a su alrededor que no había estado presente antes. "He visto una luz hermosa", dijo. "No estaré aquí por mucho más tiempo".

La visión que tuvo la niña antes de morir transformó la escena en su lecho de muerte, que pasó de ser una pesadilla agotadora a una escena de alegría y amor. Habló con su familia sobre la experiencia y los preparó para su muerte. El padre dijo que el ambiente se relajó cuando la hija habló de su experiencia y de que la muerte pronto le sobrevendría. Las enfermeras lloraron y se abrazaron, y la carga de culpa que sentían los padres se alivió.

Sin la visión previa a la muerte, y el debate que inspiró, el proceso de curación habría llevado mucho más tiempo, dijo el padre. Con ella, la familia aceptó que era hora de que la hija muriera.

"Estaba tan feliz"

Otra paciente que se puso en contacto conmigo (y que no participó del estudio) me contó que su madre había tenido una visión antes de morir. Fue una experiencia emocionalmente sanadora para una familia que había quedado devastada por la muerte de un hijo por cáncer apenas un año antes. La mujer describe la experiencia:

"En 1979 nuestro hijo Tomás murió de leucemia a la edad de diez años. Aproximadamente un año después mi madre enfermó gravemente de cáncer y tuvo que ser internada en un asilo de ancianos. La visitábamos todos los días. Un día, cuando entramos en la habitación, estaba hablando con alguien, lo miraba como si estuviera de pie junto a ella pero no podíamos ver a nadie. «¿Con quién estás hablando?», pregunté. "Estoy hablando con Tomás", dijo.

"Durante las dos semanas siguientes mi madre mantuvo largas conversaciones con Tomás, así como con su madre y su hermana fallecidas. En las horas previas a su muerte recibió la visita de los tres. Fue un alivio para nosotros ya que la ayudaron a morir y a nosotros nos ayudaron a aceptar su muerte".

La mujer que me contó esta visión en su lecho de muerte no se centró en si los miembros fallecidos de su familia realmente habían hablado con su madre. En cambio, sintió que lo más importante era que su madre al menos "pensaba" que le hablaban miembros de su familia que habían fallecido.

Las visiones previas a la muerte me han enseñado a escuchar a los pacientes. Ya no tengo que tener el control todo el tiempo. Cuando el paciente está muriendo puedo escuchar por lo que está atravesando. Una vez que aprendemos a escuchar de nuevo a los pacientes moribundos podemos desarrollar nuevas formas de ayudarlos en su momento más oscuro.

¿Qué estaba intentando hacer exactamente con mi estudio de Seattle?

Sólo intentaba escuchar. Mi estudio no era un intento de demostrar que existe vida después de la muerte ni de demostrar la reencarnación. Era simplemente una forma de escuchar a los pacientes y aprender de ellos.

He descubierto que tanto los padres como los médicos se sienten responsables de la muerte de un niño. Los padres se preguntan si la enfermedad es algo genético o quizás resultado de su estilo de vida. Al médico le preocupa no haber utilizado la dosis correcta de medicamento en el momento adecuado, como si siempre existiera una dosis correcta de medicamento.

Con frecuencia, ninguna de las partes escucha al paciente, que les dice que está listo para morir. Simplemente sentí que las semillas de la curación para los vivos podrían encontrarse en las visiones y percepciones de los moribundos.

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4 - El espíritu en la medicina.

“Ah, mi buen Señor, ¿crees que morirás tan pronto?” “Sí” -respondió Gawain. “Te digo que no viviré ni dos días. Ni su médico, amigos, ni sacerdote sabían tanto como Gawain cuánto tiempo le quedaba”. —La canción de Rolando.

Hoy en día investigar experiencias cercanas a la muerte es ser equiparado con los espiritistas, los telepredicadores y los ufólogos. La ciencia médica ignora el proceso de la muerte y el hecho de que implica presentimientos de muerte y visiones. La ciencia moderna ha desarrollado nuevas técnicas médicas pero no nuevos rituales que nos ayuden a lidiar con el tipo de muerte prolongada que conlleva.

La muerte se ha convertido en un acto sucio, un fracaso, y se ha medicalizado. En el hospital, la muerte ya no es la celebración de un ritual presidido por el moribundo, rodeado de sus amigos y parientes, sino una proeza técnica que se logra cuando se retira el tratamiento médico. Hoy, en la gran mayoría de los casos, el moribundo ya ha perdido el conocimiento o está fuertemente sedado.

Como dijo el historiador francés Filipino Aries en una serie de conferencias sobre la muerte en la Universidad Johns Hopkins: "La muerte ha sido diseccionada, cortada en pedazos en una serie de pequeños pasos, lo que finalmente hace imposible saber cuál fue el paso de la muerte real, aquel en el que se perdió la conciencia o aquel en el que se dejó de respirar. Todas estas pequeñas muertes silenciosas han reemplazado y borrado el otrora gran acto dramático de la muerte, y nadie tiene la paciencia o la fuerza para esperar durante un período de semanas un momento que ha perdido su significado".

Se ha vuelto difícil definir la muerte. Esta difuminación de la línea entre la vida y la muerte ha cambiado la forma en que reaccionamos ante ella. He participado en varios casos en los que, basándose en trazados de ondas cerebrales y estudios médicos los tribunales tuvieron que decidir si niños con daño cerebral estaban muertos o no. El simple hecho de no poder respirar o mantener el ritmo cardíaco ya no es suficiente para determinar si alguien está muerto. Como dijo un cardiólogo de mi hospital: "Hoy en día decidir si un paciente ha fallecido es a menudo una decisión de grupo en la que participan la familia y los médicos".

Geoffrey Gorer, autoridad en el tema de la muerte y el morir, dice que la muerte ha sustituido al sexo como tema prohibido. Hoy en día la educación sexual forma parte del currículo escolar. La educación sobre la muerte se ignora. Gorer dice: "Uno tiene derecho a llorar sólo si nadie más puede ver o escuchar. El duelo solitario y vergonzoso es el único recurso, como una especie de masturbación". Las investigaciones han demostrado que la muerte es un tema tabú en muchas situaciones hospitalarias.

Myra Bluebond-Langner, antropóloga de la Universidad Rutgers, pasó muchos meses como observadora silenciosa en una sala de tratamiento de cáncer para niños. Documentó cuidadosamente las muchas formas sutiles en que los médicos, las enfermeras, los padres e incluso los  niños crean un mundo de simulación y ocultamiento del diagnóstico real.

Los sociólogos Barney Glaser y Anselm Strauss han hecho observaciones similares a las de Bluebond-Langner e incluso han formulado las reglas no escritas que los médicos, enfermeras, pacientes moribundos y sus padres siguen en sus interacciones. Según sus investigaciones:

         Todas las partes evitan temas “peligrosos”: estos temas incluyen la apariencia física del niño, sucesos y días festivos futuros, planes futuros fuera del hospital o incluso qué medicamentos está recibiendo el niño.

         Las conversaciones sobre temas "peligrosos" se detienen inmediatamente si alguien se emociona: Glaser y Strauss descubrieron que tan pronto como el paciente, el padre o el personal médico comenzaban a llorar la conversación se interrumpía. He descubierto en mi  experiencia que si puedo esperar simplemente unos minutos hasta que la emoción se calme pueden tener lugar algunas conversaciones muy productivas. También he descubierto que los momentos más dolorosos son aquellos en los que se dice a los padres, o al paciente, que un tratamiento no funciona.

         Cuando sucede algo que delata la ficción que se está sosteniendo todos hacen como si nada pasara: por ejemplo, en su investigación, la Dra. Bluebond-Langner describe a un terapeuta que le dice a un niño que dibuje lo que quiera. El niño responde dibujando una tumba. El terapeuta inmediatamente interrumpe el acto para hacer una pausa en el dibujo.

         Todas las partes se esfuerzan por mantener una interacción normal: a medida que se acerca la muerte se dedican más esfuerzos a fingir que todo es normal. Los investigadores citados anteriormente encontraron un aumento espectacular en la discusión de temas "seguros" como actividades en el pabellón, restaurantes, películas, programas de televisión, etc.

         Todas las partes se esfuerzan por mantener las interacciones breves: cuando la realidad interviene, todas las partes se esfuerzan por terminar la interacción.

Si los médicos y las enfermeras no podemos hablar de las fiestas con los pacientes moribundos porque es posible que no estén vivos para la festividad y ni siquiera podemos hablar de los medicamentos que están tomando, ¿cómo podemos sentirnos cómodos hablando de visiones previas a la muerte? La mayoría de nosotros no lo estamos. Sin embargo, estas visiones pueden dar al paciente una sensación de control y pueden aliviar la terrible ansiedad, miedo, depresión, ira y culpa que la muerte de un niño puede generar en quienes lo cuidan.

La mentira amorosa

Nuestra actitud actual hacia la muerte comenzó a desarrollarse a mediados del siglo XIX, cuando los médicos empezaron a mentir a los pacientes sobre sus verdaderos pronósticos. Yo lo llamo "la mentira amorosa". En lugar de decir al paciente que la muerte era inminente y que debía poner sus asuntos en orden los médicos decían que pronto se recuperaría o que comenzaría un nuevo tratamiento médico. Hace tan solo diez años, la mayoría de los médicos pensaban que mentir de esa manera era ético y lo mejor para el paciente.

Como la mentira amorosa sólo puede mantenerse si se mantiene al paciente en la ignorancia, los médicos se mostraron menos dispuestos a responder preguntas. Los pacientes también hacen menos preguntas. El paciente y el médico entran así en una relación conspirativa, un pacto mutuo de no hablar de la muerte. Los niños, en particular, evitan hablar de la muerte porque reconocen que la gente los visita menos si hacen preguntas.

La tecnología médica dificulta que los médicos acepten la muerte. Los creadores de la tecnología médica les han dicho una mentira amorosa: creen que las máquinas pueden posponer la muerte. Esta tecnología, por beneficiosa que sea, ha convertido la muerte en una terrible parodia. En lugar de una escena en el lecho de muerte en la que el paciente comparte su último momento con familiares y amigos, es más probable que esté rodeado y sostenido por máquinas. Es posible que ni siquiera tenga la ayuda de un sacerdote o un médico. Es probable que el moribundo esté inconsciente y completamente fuera de control.

Cuando un paciente muere la situación cambia por completo. El hospital estalla en un espasmo de actividad frenética. Decenas de personas se apresuran a acercarse a la cama en un último esfuerzo por resucitar al paciente. Al paciente, que está prácticamente muerto, lo llenan de medicamentos, apuñalan con docenas de agujas y lo sacuden con descargas eléctricas. Nuestros momentos de agonía quedan documentados minuciosamente mediante la frecuencia cardíaca, niveles de oxígeno en la sangre, lecturas de las ondas cerebrales, etc. Finalmente, cuando el último médico ha tenido suficiente, esta tecno histeria llega a su fin.

He participado en muchas escenas de este tipo y sé que nadie sabe realmente cuándo parar. Muchas veces, con el servicio de traslado de enfermos Airlift Northwest recogíamos niños que no tenían ninguna posibilidad de sobrevivir y los reanimábamos agresivamente durante las dos o tres horas que tardaban en llegar al Hospital Infantil, donde morían en la unidad de cuidados intensivos.

Por ejemplo, se encontró a un niño sumergido durante más de una hora en un tanque séptico abierto. Lo reanimaron agresivamente a pesar de que todos sabíamos que, incluso si se revitalizaban el corazón y los pulmones, no habría posibilidad de que el cerebro sobreviviera. Hicimos esto por la mentira amorosa. No podemos decir simplemente: "Tu hijo va a morir y no se puede hacer nada para evitarlo". Queríamos que el padre creyera que se estaba haciendo todo lo posible.

Desafortunadamente, "hacerlo todo" a menudo significaba llevar a niños moribundos en un viaje en avión de ochocientos kilómetros sólo para que mueran solos, separados de sus padres.

No estoy criticando el programa de transporte aéreo, que está dirigido por los médicos y enfermeras más concienzudos y profesionales con los que he trabajado. Y, de hecho, fuimos responsables de varias recuperaciones milagrosas en las que los pacientes fueron reanimados y vivieron felices cuando todos pensábamos que, si lográbamos mantenerlos con vida, probablemente tendrían daño cerebral. Solo comparto nuestros pensamientos secretos sobre la muerte y el triste hecho de que la tecnología nos ayuda y nos ciega a la vez.

Cegado por la ciencia

¿Hasta qué punto estamos ciegos? Un estudio suizo ofrece un claro ejemplo de cómo se pueden ignorar los aspectos reconfortantes de las visiones previas a la muerte.

Este estudio documenta científicamente que los padres de niños que mueren de muerte súbita del lactante en la cuna a menudo tienen premoniciones de ese suceso. Es un estudio importante porque ilustra la conexión psíquica que las madres siempre han creído que existía entre ellas y sus hijos. Los investigadores concluyen algo muy diferente.

El estudio reconoce que los padres tienen premoniciones sobre la muerte de sus hijos. Los investigadores dan un salto sorprendente y concluyen que los padres en este tipo de sucesos de muerte súbita tienen el deseo profundo de que sus hijos mueran. Especulan que esto conduce a un abandono emocional que el niño percibe y que luego causa la muerte.

La ironía es que estos investigadores podrían haber brindado un gran consuelo a los padres de las víctimas de muerte súbita del lactante en la cuna demostrando que las visiones previas a la muerte son una parte normal y natural del proceso de morir. En cambio, su materialismo científico no acepta la existencia de visiones previas a la muerte. Ya habían descartado las experiencias previas a la muerte como una realidad por lo que llegan a lo que creen que es una conclusión científicamente lógica: los padres deben haber deseado la muerte de sus bebés.

¿Cómo puedo compartir conclusiones tan "científicas" con una paciente a la que llamaré María Álvarez? Había sido enfermera pediátrica durante quince años y tenía toda la sensatez que se puede esperar de esa profesión.

En la noche de bodas tuvo un sueño muy vívido en el que su primer hijo moriría. A la mañana siguiente compartió ese sueño aterrador con su esposo.

Unos seis meses antes de que muriera su hijo recién nacido tuvo la premonición de que moriría de muerte súbita. Esta vez se lo contó a un niño de siete años del barrio que había sufrido la pérdida inesperada de su padre y le confió que ella también sufriría pronto una pérdida similar.

El día antes de que muriera su bebé tuvo la fuerte sensación de que el fin estaba cerca. Tomó muchas fotografías del niño y lloró toda la noche. Pudo sobrellevar la muerte de su bebé sólo porque el líder de su iglesia interpretó las premoniciones como que el niño había sido llamado al cielo por Dios. Su tierno mensaje incorporó dolor y aceptación. Sus efectos sanadores excedieron con creces el peso de la tristeza que habría recibido María si se le hubiera dicho que había "pruebas científicas" de que la muerte de su hijo era, en realidad culpa suya.

Y tengo una premonición  que quiero compartir con vosotros. Meses antes de que mi padre muriera se sentó en mi sala de estar y me dijo que iba a morir pronto. A mi padre le habían extirpado quirúrgicamente la mayor parte de los intestinos diez años antes por un cáncer de colon y le habían hecho un triple bypass. Además, se negaba a tomar el medicamento para el corazón porque lo dejaba impotente. Mi padre era testarudo, así que no me sorprendió mucho su decisión. Como médico, me aseguré de que conociera todas las consecuencias de no tomar la medicina. Como su hijo, sabía que discutir con él no tenía sentido: iba a hacer lo que quisiera.

La noche en que murió yo estaba exhausto por el trabajo y había apagado el teléfono. Mientras me quedaba dormido vi a mi padre. "Melvin, llama a tu contestador automático", me dijo. "Tengo algo que decirte". Llamé y me dijeron que me pusiera en contacto con mi madre inmediatamente. Ella me dijo que había muerto.

Aprendí, del encuentro, que la muerte tiene signos naturales y sobrenaturales. Como médico vi los signos de la muerte en mi padre por sus patrones de respiración, su forma de hablar y su color de piel. Tuve una visión la noche en que murió, tal vez provocada por mi comprensión inconsciente de lo enfermo que había estado durante su última visita, tres meses antes. No quiero que me expliquen estos signos sobrenaturales "científicamente". Dudo que puedan hacerlo. Sí quiero que mis compañeros los acepten. Estas cosas ocurren y no necesitan ser explicadas.

Carlos Jung describió un sueño sobrenatural en su libro, Recuerdos, sueños, reflexiones.

"Una noche me quedé despierto pensando en la muerte repentina de un amigo cuyo funeral había tenido lugar el día anterior. Estaba profundamente preocupado. De repente sentí que estaba en la habitación. Me pareció que estaba de pie, al pie de mi cama, y me pedía que lo acompañara. No tuve la sensación de una aparición; más bien, era una imagen visual interior de él, que me expliqué a mí mismo como una fantasía. Pero con toda honestidad tuve que preguntarme: ¿Tengo alguna prueba de que esto es una fantasía? Supongamos que no es una fantasía, supongamos que mi amigo está realmente aquí y yo decido que es sólo una fantasía. ¿No sería eso abominable de mi parte? Sin embargo, tenía igualmente pocas pruebas de que él estaba ante mí como una aparición. Entonces me dije: "¡No hay pruebas de nada! En lugar de justificarlo como una fantasía bien podría darle el beneficio de la duda y, por el bien del experimento, creer que es real. En el momento en que tuve ese pensamiento él fue a la puerta y me hizo señas para que lo siguiera. ¡Así que iba a tener que seguirle el juego! Eso era algo que no había previsto. Tuve que repetirme mi argumento una vez más. Sólo entonces lo seguí en mi imaginación. Me sacó de la casa, me llevó al jardín, a la calle y, finalmente, a su casa (que en realidad estaba a varios cientos de metros de la mía). Entré y me condujo a su estudio. Se subió a un taburete y me mostró el segundo de los cinco libros con tapas rojas que estaban en el segundo estante empezando desde arriba. Entonces la visión se interrumpió”.

”Yo no conocía su biblioteca y no sabía qué libros tenía.  Seguramente nunca habría podido distinguir desde abajo los títulos de los libros que me había señalado en el segundo estante empezando desde arriba. Esta experiencia me pareció tan curiosa que a la mañana siguiente fui a casa de su viuda y le pregunté si podía buscar algo en la biblioteca de mi amigo. Efectivamente, había un taburete debajo de la estantería que había visto en mi visión, e incluso antes de acercarme pude ver cinco libros con tapas rojas. Me subí al taburete para poder leer los títulos. Se trataba de traducciones de las novelas de Émile Zola. El título del segundo volumen decía: “El legado de los muertos”. El contenido no me pareció interesante. Sólo el título tenía una gran importancia en relación con esta experiencia”.

Jung afirma que la lección que se desprende de este tipo de experiencias oníricas es no tener opiniones preconcebidas sobre "las afirmaciones que se hacen en los sueños". Jung admitió que, en realidad, no hay forma de demostrar que hay vida después de la muerte, pero acontecimientos como las visiones previas a la muerte, las experiencias cercanas a la muerte y las apariciones son indicios de que algo sobrevive a la muerte.

Cuando lo “sobrenatural” era natural

Hubo una época en la que los presentimientos de la muerte eran ampliamente conocidos, discutidos e incluso esperados. Las experiencias cercanas a la muerte no se consideraban paranormales ni sobrenaturales. Creo que deberían volver a tratarse de esa manera. Son signos naturales de la muerte, junto con las visiones previas y las experiencias cercanas. La ciencia no ha refutado la validez de estas visiones; más bien, simplemente, las ha ignorado. Las experiencias cercanas a la muerte de los niños nos recuerdan verdades antiguas olvidadas. Esta sabiduría de boca de los bebés puede enseñarnos formas nuevas y más saludables de entender nuestra  muerte.

Lamento no haber compartido con mi familia mi visión sobre mi padre ni haber discutido con ellos los sentimientos que mi padre compartió conmigo antes de morir. Quizás nos hubiera ayudado a afrontar la terrible culpa y la emoción no resuelta que puede generar la muerte de un padre. Lo que me impidió compartir estos sentimientos fue la actitud de mi profesión, construida a lo largo de años de formación médica.

La muerte es parte integral de la vida. Todos debemos afrontarla como parte del precio de vivir. Hemos reemplazado la escena del lecho de muerte por la mentira amorosa en la que tanto el médico como el paciente niegan la realidad de la situación.

El filósofo francés Pedro de Dainville dijo, mientras yacía moribundo en una unidad de cuidados intensivos con tubos que sobresalían de cada orificio de su cuerpo: "Me están engañando para que no muera".

Muertes invocadas y antiguos gobernantes

En lo profundo de una cámara subterránea un solemne grupo de hombres busca orientación de la muerte. Están vestidos con túnicas blancas y cantan suavemente alrededor de un ataúd que está sellado con cera. Uno de sus miembros cuenta para sí mismo con firmeza, marcando cuidadosamente el tiempo. Después de unos ocho minutos se abre el ataúd y el hombre que casi se asfixia en el interior revive gracias a la ráfaga de aire fresco. Les cuenta a los hombres que lo rodean lo que vio. Mientras se desmayaba por falta de oxígeno vio una luz que se hizo más brillante y grande a medida que avanzaba hacia ella a través de un túnel. De esa luz salió una persona radiante vestida de blanco que transmitió un mensaje de vida eterna.

El sacerdote que asiste a esta ceremonia está satisfecho con los resultados. "Ningún hombre escapa a la muerte", dice. "Y toda alma viviente está destinada a la resurrección. Entras en el sepulcro con vida y aprenderás de la luz".

El hombre que "murió", y ahora ha renacido, es feliz. Ahora es miembro de una de las sociedades más extrañas de la historia, un grupo de líderes cívicos que indujeron una asfixia casi fatal para crear una experiencia cercana a la muerte. ¿Suena como una secta de algún lugar del norte de California? ¿Antiguos hippies en busca de un nuevo nivel de euforia, tal vez? No, en absoluto. Se trataba del culto a Osiris, una pequeña sociedad de hombres que eran sacerdotes y faraones del antiguo Egipto, una de las mayores civilizaciones de la historia de la humanidad. Este relato de cómo incentivaron la cercana muerte es la descripción real de sus ritos a cargo de egiptólogos que han traducido sus jeroglíficos.

Uno de los rituales egipcios más importantes consistía en la recreación, por parte de su dios-rey, del mito de Osiris, el dios que trajo la agricultura y la civilización a los antiguos egipcios. Fue el primer rey de Egipto que civilizó a sus súbditos y luego viajó al extranjero para instruir a otros en el bello arte de la civilización. Sus enemigos conspiraron contra él. A su regreso a Egipto fue capturado y sellado en un cofre. Su resurrección final fue considerada como una prueba de la vida eterna.

Se suponía que cada nuevo rey era la reencarnación directa de Osiris. Una parte importante de la ceremonia era recrear su entierro. Estos rituales se llevaban a cabo en las profundidades de la Gran Pirámide y eran un requisito previo para convertirse en un dios-rey. Supongo que muchos esclavos perecieron mientras los egipcios experimentaban para descubrir exactamente cuánto tiempo podía sobrevivir una persona encerrada en un recipiente hermético.

Sin embargo, estas experiencias cercanas a la muerte eran más importantes para los egipcios que la vida de unos pocos esclavos. Después de todo, esta era la era de la mente bicameral, período en el que los hombres creían que sus pensamientos llegaban de los dioses y no eran generados por el hombre internamente. Para los egipcios, los pensamientos y los sueños eran dioses que les hablaban.

Antes de la evolución de la conciencia individual, las personas eran lo que el psiquiatra de Princeton Julian Jaynes llama "bicamerales". Con esto quiere decir que no entendían que sus  pensamientos y acciones se generaban desde dentro de ellas sino que creían que dioses externos creaban esos pensamientos y acciones. Por ejemplo, un humano plenamente consciente hoy piensa: Tengo hambre y me prepararé un bocata. El hombre bicameral pensaba: Los dioses han creado dolor en mi estómago y me hacen buscar comida para saciarlos. La Ilíada es un excelente ejemplo de pensamiento bicameral: Un dios es el que hace prometer a Aquiles que no entrará en batalla, otro el que lo insta a hacerlo y otro el que grita con la garganta (a sus enemigos). De hecho, los dioses ocupan el lugar de la conciencia. Los inicios de la acción no están en planes, razones y motivos conscientes; son -para el hombre bicameral- las acciones y los discursos de los dioses.

Este pensamiento bicameral desapareció hace mucho tiempo de los seres humanos, desde la evolución del lenguaje y la escritura. Una vez que los hombres pudieron escribir sus pensamientos y leer lo que otras personas habían escrito, llegaron a entender que cada humano tiene una conciencia individual y que los dioses no dirigen todas nuestras acciones.

Sin embargo, el antiguo Egipto era un ejemplo perfecto de sociedad bicameral. Jaynes afirma que la civilización egipcia estaba controlada y dirigida por la voz bicameral de su primer dios-rey, Osiris. Era esencial para su civilización que cada nuevo rey se considerara el vehículo de la voz alucinada del rey muerto cuyas admoniciones aún controlaban la sociedad. ¿Qué mejor manera de generar esta continuidad absoluta del dios-rey que hacer que cada nuevo rey pasara por una experiencia cercana a la muerte? Así como los niños que entrevisté a menudo percibían la luz que veían como luz de Jesús, estos reyes iniciados percibían esa misma luz como el espíritu de Osiris.

Para un hombre bicameral una experiencia cercana a la muerte tendría una importancia extraordinaria, incluso mayor que para el hombre moderno. Por un lado sería una prueba absoluta de la vida eterna. Como creían que los dioses inspiraban todos sus pensamientos, una experiencia cercana a la muerte sería como si un dios abriera las puertas de la percepción a un mortal.

Una ECM daba a los gobernantes egipcios una sensación de omnisciencia. Antes de que los encerraran en el ataúd actuaban únicamente como reyes. Después, sentían que tenían un conocimiento más profundo del mundo que los rodeaba.

También creo que una ECM, como parte de la descripción del trabajo de un rey, puede explicar la paz y prosperidad inusuales que disfrutó Egipto durante los casi dos mil años que reinaron los faraones. Como sucede con quienes experimentan ECM hoy en día, estos reyes se transformaron por la experiencia humildante y exaltante de estar cerca de la muerte. Desarrollaron una reverencia por el amor que las personas comparten entre sí. Se volvieron amables y afectuosos e interesados ​​en el universo y el mundo que los rodeaba.

Se trataba de personas que apoyaban la investigación astronómica a gran escala. Con sus herramientas “primitivas” consiguieron obtener un vasto conocimiento de los astros, encontrando incluso estrellas oscuras que nosotros sólo hemos podido confirmar con potentes telescopios.

Los antiguos egipcios eran expertos en medicina y en el uso de alimentos y antibióticos para prevenir epidemias entre los trabajadores de las pirámides. Conocían dietas especiales a base de cebollas rojas, pan y ajo que estimulaban el sistema inmunológico, una dieta que recién hace poco fue aprobada por la Fundación Nacional de la Ciencia. Incluso tenían un buen conocimiento sobre cirugía.

Los arqueólogos han descifrado la experiencia exacta de estos rituales misteriosos y prácticamente todos coinciden en que su propósito era generar una comprensión de la vida eterna. Su comprensión del proceso de la muerte se ha transmitido a través de los siglos en un documento conocido como El libro egipcio de los muertos. Este libro es simplemente una descripción detallada de una experiencia cercana a la muerte. Comienza con una escena de juicio y continúa revelando muchos dioses y varias voces, continúa en un largo viaje en barco a través de un túnel oscuro y termina con la unión con una luz brillante.

El Libro egipcio de los muertos es bastante similar al llamado Libro tibetano de los muertos, un manual para morir que se transmitía de boca en boca en el Tíbet hasta hace unos mil quinientos años, cuando fue registrada por los europeos.

El tibetano de los muertos otorga al moribundo el control sobre su  muerte y renacimiento. Los tibetanos, que creen en la reencarnación, dicen que el moribundo puede influir en su destino. Los tibetanos llamaron a este libro Bardo Thodol, o "Liberación por medio de la audición en el plano de ultratumba". Su propósito era leerlo después de la muerte para ayudar al difunto a encontrar el camino correcto.

Parte de lo que el sacerdote debe leer es esto: "Tu  intelecto, que ahora es vacío... tu  conciencia, no formada en nada, en realidad vacía... experimentará primero el Resplandor de la Luz Clara Fundamental de la Realidad Pura. La unión de tu  conciencia y la Luz Clara es el estado de Iluminación Perfecta. Éste es el Gran Cuerpo de Luz Clara... la fuente de vida y luz."

¡Cuán similares son las creencias tibetanas a las de los egipcios y otros pueblos antiguos, desde Europa hasta África!

El Canto Azteca de los Muertos representa una obra que sirvió para ilustrar a los aztecas sobre el mundo del más allá. Esta era una sociedad que practicaba el ritual y la muerte lenta como parte de su religión básica. cuenta la historia de Quetzalcóatl, dios rey ​​legendario que descubrió las artes, ciencia y agricultura y que representaba las fuerzas de la civilización, el bien y la luz. Se lo describe como "el que enciende las creaciones de las manos del hombre y la imaginación de su corazón". La canción se lee como una versión poética de una experiencia cercana a la muerte. Prácticamente se sitúa en lo más alto de la escala de validez de experiencias cercanas a la muerte desarrollada por el investigador Kenneth Ring. La canción dice así:

"Entonces llegó para Quetzalcóatl el momento de morir, cuando sintió que la oscuridad se retorcía en él como un río. Luego hizo un repaso de su vida, en el que recordó todas sus buenas obras y pudo arreglar sus asuntos. Entonces "vio mi rostro (como si se mirara en un) espejo agrietado". Oyó flautas y voces de amigos y luego pasó por una ciudad resplandeciente y sobre colinas de muchos colores. Llegó a la orilla de un gran mar, donde volvió a ver su  rostro, durante ese tiempo "la belleza de su rostro volvió a él".

Hay una hoguera en la playa en la que se arroja, y...

Terminó con su corazón transformado en una estrella.

Terminó con la estrella de la mañana con el amanecer y el atardecer.

Terminó con su viaje al reino de la Muerte con siete días de oscuridad.

Con su cuerpo transformado en luz.

Una estrella que arde para siempre en ese cielo.

Todas estas culturas creían que abandonaban sus cuerpos y se embarcaban en un viaje espiritual, un viaje que tenía los mismos rasgos que el de Cati, quien casi se ahoga en esa piscina de Idaho.

La ciencia: la nueva religión

Prácticamente todas las sociedades primitivas —no sólo las relativamente recientes egipcia y tibetana— creían en la supervivencia después de la muerte. De hecho, recién en los últimos doscientos años (y sobre todo en la civilización occidental) se abandonó la creencia en el más allá por considerarla "poco científica". La ciencia es ahora nuestra religión. La ingeniería genética y los trasplantes de corazón son nuestra esperanza de vida eterna. La vida después de la muerte se considera un tema que no merece la investigación científica. Cuando la ciencia centra su atención en la vida después de la muerte, normalmente intenta desacreditarla.

¿Cómo es posible que hayamos olvidado el conocimiento de los antiguos? ¿Qué ha ocurrido para que estas verdades cósmicas que nuestros antepasados ​​daban por sentadas hoy en día sean en gran medida olvidadas o ridiculizadas? ¿Cómo es posible que muchos médicos hayan dejado de observar y escuchar?

Hace apenas veinte años la profesión médica se sorprendió al constatar que las personas que morían pasaban por diversas etapas psicológicas antes de palmar. En su muy debatida "investigación pionera" titulada Sobre la muerte y el morir (On Death and Dying) Elisabeth Kubler-Ross afirmaba que la muerte tiene cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Sin embargo esta información, que ha sido objeto de intensos debates, es de conocimiento común desde hace mucho tiempo para la mayoría de las enfermeras que atienden a los pacientes y les hablan en lugar de pontificar.

La casta médica ha logrado convertir las experiencias cercanas a la muerte en un acontecimiento extraño, no en la norma. Ha convencido a los pacientes de que están teniendo pesadillas, no experiencias profundas que los vinculan con toda la humanidad.

Como médico y alguien que ha tenido el privilegio de escuchar cientos de ECM infantiles, me interesó mucho saber por qué ya no creemos en la vida después de la muerte. ¿Por qué tantos de mis colegas reaccionan negativamente a este tema? ¿Por qué el mundo médico supone que las ECM son alucinaciones? ¿Qué ha cambiado en la sociedad occidental que ha llevado a esta negación masiva de la muerte? Cuando nuestros hijos llegan a la edad adulta han visto más de mil muertes violentas en la televisión, pero no tienen idea de lo que implica el proceso de morir. ¿Cómo hemos llegado a esta situación?

La revolución científica

Algunos teólogos creen que el cambio en la espiritualidad occidental comenzó en los siglos XVII y XVIII con los científicos-filósofos Isaac Newton, John Locke y John Ray. Estos tres protestantes ingleses y teólogos aficionados sentaron las bases de la ciencia moderna al intentar descubrir las obras de Dios en el diseño del universo. Por lo tanto, cuando la manzana golpeó a Newton en la cabeza eso condujo a la teoría de la gravedad, la forma en que Dios obra para mantener todo en la Tierra. Su trabajo, que dio origen a la revolución científica, fue inicialmente un intento de encontrar la divinidad oculta de Dios en la naturaleza. Al descubrir las leyes naturales que controlaban el universo este trío creía que podríamos comprender mejor a Dios.

Estos científicos eran profundamente religiosos. Newton, por ejemplo, estaba más orgulloso de su tratado sobre el Libro de Daniel que de ser el padre de la física. Sin embargo, estudiar la naturaleza para encontrar las leyes de Dios resultó ser una empresa escurridiza. Las Iglesias cristianas de antaño fueron incapaces de detener el desarrollo del pensamiento científico. En lugar de acogerlo como un añadido aceptable a la religión, se combatió. Desde entonces, la religión se ha encontrado en clara oposición a la ciencia. El estudio de la naturaleza fue abandonado a los científicos, y los líderes religiosos se centraron en el alma inmortal y la metafísica, al tiempo que afirmaban que algunos descubrimientos científicos eran "obra del diablo".

La teoría de la evolución de Darwin y la prueba fósil posterior que respaldaba su teoría entraban en conflicto con el relato del teólogo sobre la creación. Los avances en obstetricia, incluido el uso de la anestesia, fueron duramente criticados por el clero, que afirmaba que "el hombre debería nacer con dolor". Entre religión y ciencia se produjo un cisma aún mayor: la religión, en esencia, cedió la naturaleza a la ciencia y se convirtió en dueña del mundo metafísico, al que sólo se podía acceder siguiendo la palabra de Dios, tal como la entendía.

El triunfo de la ciencia en la interpretación del mundo debilitó el papel de la religión. A finales del siglo XIX, mucha gente ya no creía en el cielo y el infierno. La asistencia a las iglesias se redujo drásticamente a medida que la Revolución Industrial reivindicaba rápidamente a la ciencia como el nuevo Dios. Este período también marcó el nacimiento del materialismo médico. La ciencia quedó casi paralizada de emoción ante los espectaculares descubrimientos. Los médicos descubrieron que los gérmenes causaban enfermedades, hallazgo que finalmente condujo a los antibióticos. Se descubrieron los efectos de la nutrición sobre las enfermedades.

Los cirujanos estaban aprendiendo cómo controlar las infecciones. Los primeros médicos siempre habían incorporado la religión a sus prácticas curativas, pero ahora la omitían. Al verse obligados a elegir entre teología y ciencia se decantaron por la ciencia. ¿Qué otra cosa podían hacer? La mayoría de las religiones habían rechazado la importancia del cuerpo en favor de la salud del alma. La posibilidad de que religión y ciencia pudieran coexistir pacíficamente no era una opción.

Esta visión sesgada continúa hasta el día de hoy. Hoy en día los cirujanos pueden extirpar apéndices, reemplazar articulaciones de cadera e incluso trasplantar corazones. A medida que la ciencia avanza, podemos manipular la naturaleza mediante la ingeniería genética.

Tan rápido como la ciencia ha avanzado hacia el descubrimiento de los secretos de la naturaleza nos hemos alejado de la espiritualidad y de la posibilidad de una vida más allá. Después de todo, se trata de un tema intangible en lo que respecta a la ciencia. ¿Hay alguna manera de realizar un experimento que pruebe la existencia de la vida después de la muerte y que arroje resultados reproducibles? No. ¿Hay algo para un científico que no sean las pruebas anecdóticas o bíblicas? Hasta el momento, no.

¿Cuál es entonces el sentido?, preguntan los científicos modernos. Llamemos experiencias cercanas a la muerte "alucinaciones" y sigamos con la investigación "legítima".

Con la explosión del conocimiento científico, hemos asistido a una revolución brutal en las ideas y sentimientos tradicionales. Hace menos de cien años la mayoría de las personas morían en casa rodeadas de una familia multigeneracional y de seres queridos. Hoy, la mayoría de las personas mueren solas en los hospitales. Hoy, menos de la mitad de los hogares estadounidenses están compuestos por dos padres biológicos e hijos. Y menos aún incluyen a los abuelos.

La muerte invisible

El desarrollo de la tecnología médica y la pérdida de la participación religiosa en el proceso de curación o de muerte han cambiado en gran medida nuestras actitudes sobre la muerte. La atención se centra en los vivos y en las pérdidas que sufrirán. Se da por sentado que quienes están cerca de la muerte están más allá de lo que saben.

Los rituales en el lecho de muerte se han abandonado. Las visiones previas a la muerte olvidadas o descartadas como alucinaciones. La mentira amorosa protege a todos contra lo inevitable. La ciencia médica, con su capacidad de utilizar máquinas ha reemplazado a la religión como la clave para la inmortalidad. La actitud de la sociedad hacia la muerte ha cambiado. Hoy ignoramos a la muerte.

Un fragmento de un artículo sobre California resume la actitud estadounidense sobre el tema: "La muerte simplemente no es un componente de lo que aquí se considera el ciclo estacional. Uno conduce por la autopista con sol y en mangas de camisa y de repente un día llueve y se da cuenta de que durante dos semanas ha sido febrero. Como resultado, la gente aquí no entiende realmente la muerte, lo que significa que no entienden el tipo de seriedad adulta que inspira la mortalidad. No es que la gente no caiga muerta, por supuesto. Pero las muertes de otros se consideran aberraciones, una violación de la ley de Los Ángeles”.

Ética. “Todo es tan bonito aquí”, es la actitud tácita. “Tendrías que estar loco para morir”. Tal es la actitud de muchos ante la muerte.

Uniendo ciencia y espíritu

Teniendo en cuenta todo esto, se puede entender por qué es tan difícil conseguir que se acepte la investigación de las experiencias cercanas a la muerte. No sólo los investigadores están fuera del ámbito de la ciencia médica sino que los teólogos, por lo general, no confían en los científicos que se adentran en su campo. Combine estos factores con

         La fobia de la civilización occidental a la muerte (y es obvio respecto de la ECM)

         Los investigadores están firmemente plantados en tierra de nadie.

En la actualidad, realizar investigaciones sobre experiencias cercanas a la muerte supone un riesgo para la reputación y la profesión. El puñado de personas que lo hacen acepta ese riesgo. ¿Por qué? Para mí la respuesta es sencilla: las ECM son la manera de unir ciencia y espiritualidad.

Las actitudes ya están cambiando con respecto al efecto que la mente puede tener sobre el cuerpo. Es parte de esa gran lección que nos enseñaron en la escuela de medicina, "Tratar al paciente en su totalidad; no sólo tratar la enfermedad".

Permíteme dar algunos ejemplos del efecto de la mente sobre el cuerpo, declaraciones de hechos bien investigadas que habrían sido una herejía hace unos años.

Niños tratados por trastornos de la madre: una serie de estudios pidieron a las madres que llevaran diarios sobre sus vidas. Estos diarios fueron analizados posteriormente en busca de prueba de estrés mental. Se demostró que en momentos de mayor estrés las madres llevaban a sus hijos al médico por resfriados y dolores de oído. La enfermedad del niño era una respuesta al estrés que sentían por parte de sus madres y una prueba de la dinámica entre madre e hijo.

Visualizar la salud: Investigaciones sólidas han demostrado que la autohipnosis y la visualización son herramientas poderosas en la lucha contra las enfermedades. Por ejemplo, cuando a los niños con leucemia se les enseña a visualizar sus células cancerosas siendo devoradas por peces hambrientos su tiempo de supervivencia aumenta. Además, los niños que reciben tratamiento de quimio pueden utilizar la autohipnosis para detener los vómitos intensos. Se ha demostrado que la biorretroalimentación y el uso de imágenes son más eficaces que la medicación para controlar las migrañas en los niños.

La imaginación lo hace posible: Incluso la cirugía estética puede lograrse hasta cierto punto con la mente. Muchos estudios excelentes han demostrado que la autohipnosis puede aumentar cinco centímetros las mamas de mujer. Sin embargo, pocos médicos derivan a una mujer que desea tener senos más grandes a un hipnotizador. Esta investigación y muchas otras similares revelan el efecto de la mente en enfermedades como las cardíacas y el cáncer, e incluso trastornos como las verrugas y el herpes zóster, que a menudo pueden eliminarse mediante hipnoterapia. Esto demuestra que se está abriendo una puerta en la ciencia médica y que la mente está entrando a hurtadillas.

La ciencia médica está empezando a aceptar que tiene algo importante que aprender de las experiencias cercanas a la muerte de los niños. Al menos han admitido a regañadientes que los pacientes en coma, que parecen estar en las últimas etapas de la vida, pueden estar en realidad pasando por una experiencia profunda que implica una conciencia total de lo que sucede a su alrededor. Al estudiar las experiencias cercanas a la muerte e incorporar ese conocimiento a nuestro sistema médico, podemos dar el paso gigante hacia el respeto por la muerte y la agonía que son parte de nuestra práctica médica diaria.

¿Significa esto que tenemos que creer en la existencia de un alma? ¿Significa que tenemos que creer que nos reencarnamos? En absoluto. Significa que necesitamos reconocer el poder curativo de una experiencia cercana a la muerte.

Permíteme darte un ejemplo de lo que quiero decir.

Un anestesiólogo pediátrico me dijo que presenció una experiencia cercana a la muerte que cambió por completo su enfoque de la medicina y lo hizo mucho más sensible a las necesidades internas de los pacientes. Mientras era jefe de residentes en un hospital infantil en Little Rock, Arkansas, este médico fue llamado para resucitar a un niño de siete años que había tenido una reacción casi fatal a una quimio intensiva para la leucemia. Cuando aplicó al niño una descarga eléctrica para reiniciar el corazón, los ojos del niño se abrieron de golpe y brillaron de ira. Varias semanas después, cuando el doctor estaba haciendo su ronda a altas horas de la noche el muchacho lo llamó al pasar por su habitación: "Doctor, ¿dónde está Jesús?". El médico no sabía qué decir. “Está en todas partes”, dijo finalmente. "No me refiero a eso", dijo el muchacho. "¿Qué hiciste para que Jesús se fuera? Jesús y yo estábamos encima de ti, observándote mientras me metías un tubo en la garganta. Luego me diste una descarga con esa máquina y lograste que Jesús se fuera. ¿Por qué hiciste eso? Estoy enojado contigo por haberlo hecho desaparecer”. "Tratábamos de ayudarte", dijo el médico. "Ya lo sé", dijo el muchacho. "Pero yo estaba bien con Jesús y no quería volver. Jesús me estaba cuidando".

El médico desechó todo esto hasta unos años después leyó sobre mis pacientes en una revista médica y se puso en contacto conmigo. Me contó sobre la experiencia cercana a la muerte del niño y dijo que deseaba haber sabido sobre las ECM antes. "Habría sido un consuelo para los padres saber que su hijo se sentía seguro con Jesús".

Algunos detractores están tan preocupados por demostrar que las ECM no son una prueba de la existencia de una vida después de la muerte que pasan por alto el hecho de que nos enseñan cosas importantes sobre la forma en que vivimos y morimos. Como me dijo este médico: "Miguel pensó que estaba a salvo con Jesús y que eso era suficiente para él. Lo que yo creía no importaba".

Es hora de cambiar

Creo que es hora de cambiar la forma en que tratamos a los pacientes con enfermedades graves.

Por ejemplo, las unidades de cuidados intensivos deberían diseñarse de modo que los visitantes sean bien recibidos y no interfieran con las numerosas máquinas y procedimientos médicos que absolutamente necesarios. También es importante hablar de forma positiva y frecuente con los pacientes en coma o moribundos, ya que ahora sabemos que pueden estar mucho más atentos a lo que les rodea de lo que creemos. De hecho, ¡pueden incluso estar flotando sobre nosotros mientras les atendemos!

Haz que las necesidades espirituales del paciente sean una parte rutinaria de las rondas diarias, tan parte de su historial médico como la descripción detallada de la producción de orina.

Para el sistema médico no es importante aceptar las experiencias cercanas a la muerte como prueba de que existe una vida después de ésta. Es importante que no las descarten como fantasías en el lecho de muerte ni las clasifiquen como pesadillas. Son reales para la persona que las tiene y deben usarse como herramienta de curación.

Estas experiencias pueden servir para inspirar fe. Como dijo el gran médico William Osier: "No hay nada en la vida más maravilloso que la fe, la gran fuerza motriz que nunca podremos pesar en la balanza ni comprobar en el laboratorio".

Medicina + Espíritu

Permíteme dar un ejemplo de cómo la medicina y la fe trabajan juntas. No sé muy bien qué pensar de esta historia que me contó un médico que la presenció de principio a fin en el pequeño hospital de Idaho donde ocurrió.

Una mujer estaba teniendo graves complicaciones durante el parto de su hijo. No sólo la placenta se estaba separando del revestimiento del útero (una emergencia pediátrica), sino que el ángulo obtuso de la cabeza del niño en el canal de parto dificultaba mucho el nacimiento. Cuando finalmente salió el niño se descubrió que tenía una hemorragia cerebral grave.

El niño pasó varios meses en la unidad de cuidados intensivos de esta pequeña ciudad porque la madre no quería trasladarlo a una ciudad grande donde no le permitirían pasar tiempo completo con él. Los médicos decidieron no animarla a trasladar al niño porque consideraban que las lesiones eran tan graves que no sería posible tratarlo.

El niño tenía parálisis cerebral grave fruto del daño cerebral y un trastorno convulsivo que se  detectó en el electroencefalograma. Se trata de afecciones de las que los niños simplemente no se recuperan. Si sobreviven a la infancia pasan el resto de sus vidas con retraso mental grave. Los médicos comunicaron el pronóstico pero, aun así, la madre permaneció con su hijo. Según todos los informes estuvo con el niño casi veinticuatro horas al día durante varios meses. Tal vez fue la tensión de la terrible experiencia, o la falta de sueño, lo que provocó lo que sucedió después.

Una noche tarde, dijo, un Ser de Luz entró en su habitación del hospital. Más tarde describió que tenía la forma de una persona, pero no los rasgos de hombre o mujer. Brillaba con una luz fría y gris, como si la luz se proyectara a través de un cubo de hielo. "Tu hijo estará bien", dijo el ser. La mujer dijo que sintió como si le estuvieran derramando amor en el cuerpo. "Fue maravilloso".

Al día siguiente compartió esta visión con su equipo médico. Estaba especialmente emocionada porque el ser le había asegurado que su hijo iba a ser normal. ¿Podrían hacerle otro encefalograma para ver si había sucedido algo? Repitieron la prueba de ondas cerebrales y obtuvieron resultados sorprendentes: todo normal. El niño se había recuperado por completo.

Sanando la división

La historia de esta madre me conmovió profundamente. Creo que el simple hecho de comprender las experiencias cercanas a la muerte será el primer paso para superar la gran división entre ciencia y religión que comenzó con Isaac Newton hace casi trescientos años. Educar a enfermeras y médicos, y a nosotros mismos, sobre lo que experimentan las personas en esas horas finales hará añicos nuestros prejuicios sobre la forma en que pensamos sobre la medicina y la vida.

Esa comprensión no nos hará volver a las religiones y rituales obsoletos que no se mantuvieron al ritmo de la ciencia moderna. Combinaremos la esencia de esas antiguas verdades con el conocimiento científico y crearemos nuevos rituales con los que sanar nuestro ser interior y a la sociedad.

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5 - La hipótesis de la sede del alma.

 

Hoy en día, todo el mundo sabe cómo encontrar el sentido de la vida en su interior. Pero hace menos de un siglo, los hombres y las mujeres no tenían acceso a las cajas de rompecabezas que había en su interior. No podían nombrar ni siquiera uno de los 53 portales del alma. — Vonnegut. “Las sirenas de Titán”

 

Una paciente de veintiocho años me contó una historia triste, pero maravillosa, sobre su experiencia cercana a la muerte cuando era niña. Su familia me contó el resto más tarde, incluidas premoniciones de su  muerte.

Julia había sufrido un paro cardíaco a los cinco años durante una operación para reparar las válvulas cardíacas y colocar un marcapasos. A menudo hablaba de su experiencia cercana a la muerte porque para ella fue un acontecimiento tan hermoso que parecía estar siempre con ella.

Aunque estuvo profundamente anestesiada durante la cirugía, de repente se encontró flotando sobre los médicos, observándolos mientras trabajaban. Podía contar detalles: la apariencia de ciertos instrumentos, por ejemplo, y el hecho de que uno de los médicos era diestro y el otro zurdo.

Cuando los médicos comenzaron el procedimiento para reactivar el corazón se encontró saliendo de la sala de operaciones y recorriendo un largo túnel. Al final se vio bañada por una luz, cálida y brillante, que siempre describía como "la Luz de Dios". Como dijo a su esposo, Daniel, "nunca más volví a tener miedo después de experimentar la luz. Sé que puedo morir en cualquier momento y, sin embargo, no tengo miedo".

Fue la experiencia de esta luz lo que le dio una perspectiva tan positiva de la vida pues sin esa luz gran parte de ella habría sido oscura. Sus padres murieron cuando era joven y su hermana murió de sobredosis de drogas a la edad de dieciocho años.

Julia sabía que a veces los marcapasos dejan de funcionar y provocan insuficiencia cardíaca, pero no le dio demasiada importancia. "Yo tenía más miedo que ella", dijo Daniel. “Ella no tenía miedo porque había visto la luz”.

El día antes de morir, Julia estaba tomando una taza de café en la mesa de la cocina cuando apareció su hermana muerta. Se paró frente a ella y le anunció: "Julia, es hora de irnos". Entonces la aparición se sentó al otro lado de la mesa y bebió una taza de café. Cuando la aparición terminó, simplemente se levantó y salió de la casa. Julia sintió que no podía contar a su marido lo que había sucedido. En lugar de eso llamó a la tía y al tío que la habían criado y les contó lo extraño que había sucedido. "Me voy a morir y sólo quería despedirme", dijo. Luego llamó a sus dos hermanos. Les dijo que no le contaran a su marido lo que habían conversado hasta que ella muriera porque sería demasiado triste para él.

A Daniel le dijo lo feliz que la había hecho. Estaba contenta de tener una casa tan hermosa y un niño maravilloso. Nada podría haberla hecho más feliz.

Esa noche murió mientras dormía porque su marcapasos falló. Su corazón simplemente se paró.

Historia tras historia, rompecabezas tras rompecabezas, aparecen estudios de casos como éste.

¿Acaso estos misteriosos relatos prueban la existencia de un plano superior? ¿Prueban la existencia del alma, una parte de nosotros que abandona el cuerpo, vuela por ese túnel y, bueno, va al cielo?

La ciencia ha desacreditado durante mucho tiempo el espíritu debido a su intangibilidad. Durante los últimos cien años la neurociencia se ha concentrado en explorar las intrincadas conexiones entre el cerebro y el cuerpo que nos permiten caminar, respirar y utilizar los sentidos del oído, vista, tacto, gusto y olfato.

La mayoría de los neurólogos no están interesados ​​en estudiar la conciencia. Los científicos niegan la existencia del alma y definen el cerebro como limitado a las neuronas y las reacciones electroquímicas que causan la conducta observable. Admitir más sería confesar que la mente humana es mucho más que el cerebro.

Filosofía del alma

El alma ha sido ampliamente definida a lo largo de la historia. Algunas sociedades han creído que el alma representa lo más elevado del pensamiento humano y, por lo tanto, es la más abstracta y difícil de definir. Otras han creído que el alma representa la fuente de la vida misma, mientras que otras la consideran la fuente de la vida después de la muerte.

Demócrito, filósofo griego del siglo V, creía que la vida estaba sostenida por "átomos psíquicos" repartidos por todo el cuerpo pero controlados por el cerebro, que contenía "los vínculos del alma". Platón teorizó que el alma tenía tres partes: intelectual, irascible y sexual, pero sólo el primer aspecto tenía la virtud de la inmortalidad.

Galeno, el médico griego del siglo I, coincidió con Platón, pero fue más allá. Dividió el alma en varias funciones. Todas nuestras capacidades motoras y sensoriales se atribuyeron al alma, ya que eran "racionales" con funciones como la imaginación, la razón y la memoria.

La Iglesia Católica desarrolló el concepto de Galeno sobre el alma llegando incluso a ofrecer opiniones sobre la localización de las distintas funciones en el cerebro. La cuestión permaneció así durante casi mil quinientos años, ya que los investigadores y filósofos se reservaron sus opiniones sobre el alma para no ofender las doctrinas de la Iglesia.

El filósofo francés René Descartes planteó el punto de vista que predomina en el mundo occidental actual: consideraba que el cuerpo era una máquina compuesta de huesos, sangre, músculos, nervios y piel, controlada por el cerebro. El alma, según Descartes, era algo que sólo se encontraba en los humanos y no en los animales, no podía dividirse en partes como decía Platón, era única, inmaterial e inmortal. Esta teoría se denominó dualismo.

Muchos aceptaron el dualismo de Descartes y muchos lo siguen aceptando hoy. Muchos aceptan sólo la mitad del argumento dualista, es decir, la mitad que dice que el cuerpo es una máquina. Los científicos que encajan en esa categoría se conocen como "conductistas".

Los investigadores que creen que todas las funciones humanas y animales pueden explicarse mediante conductas observables, en su mayoría, ven al hombre como nada más que un animal o máquina compleja. De hecho, a lo largo de la historia, muchos han intentado crear un hombre artificial. Aproximadamente un siglo después de Descartes, Jacques de Vaucanson, un constructor de autómatas, y un médico francés llamado Claude LeCat llegaron incluso a crear un pato que podía batir sus alas y digerir semillas.

Quienes estudiaban el cerebro y el cuerpo no hablaban del alma porque no se la podía observar. El médico francés Julien Offray de la Mettrie incluso propuso en el siglo XVIII la idea de que el alma podía eliminarse fácilmente en la mayoría de los hombres sin perder gran parte del hombre en sí, siempre que pudieran encontrarla.

La invención de la computadora pareció reivindicar aún más el enfoque conductual. Durante las décadas de 1950 y 1960 la mayoría de los científicos del cerebro consideraban que la filosofía era "tonta" y no guardaba relación con el verdadero trabajo de descubrir los circuitos del cerebro. El filósofo consciente de sí mismo, en lugar de intentar comprender el alma como habían hecho los filósofos desde los días de Platón, abordó la cuestión de si las computadoras serían capaces algún día de pensar o tener emociones. En gran medida este tipo de pensamiento persiste hoy en día. Richard Restak, el aclamado neurólogo que escribió un libro titulado El cerebro, afirma que no existe una "sede de la mente" y que todo el concepto de mente o alma es una falacia filosófica, nada más que un recurso literario. Restak llega incluso a afirmar que intentó encontrar el alma en el cerebro utilizando una máquina de imágenes muy sofisticada conocida como TEP, acrónimo para tomografía por emisión de positrones. Como dudaba de poder fotografiar el alma con esta máquina concluyó que no debía existir y ese fue su método de "probar" su hipótesis de que el hombre es criatura sin alma, al menos según el escáner TEP.

Debo apresurarme a añadir que muchos investigadores de la profesión médica sienten, en lo más profundo de su corazón, que existe un alma. Recuerdo que uno de mis profesores de la Universidad Johns Hopkins me dijo: "Cuando digo: 'Hoy salí a caminar', sé que simplemente estoy describiendo un comportamiento que mis colegas científicos pueden cuantificar. Pero sé que mi caminata implicaba algo más que el simple movimiento de mis piernas. Sé que una fuerza interior decidió que saliera a caminar y que esa misma fuerza interior disfrutó de las flores, los pájaros y la belleza de la naturaleza; pensamientos que la ciencia nunca podrá medir ni cuantificar".

Esa afirmación provino de un conductista estricto con quien pasé cientos de horas cuantificando las frecuencias exactas de los sonidos que los monos pueden oír.

Cuando reflexiono sobre lo que dijo, recuerdo las obras de Wilder Penfield,

El padre de la neurociencia.

Wilder Penfield es ampliamente reconocido como el padre de la neurocirugía. Educado en Princeton, Oxford y Johns Hopkins, es responsable de gran parte de nuestra comprensión actual del funcionamiento del cerebro. Entre otras cosas, Penfield realizó un extenso "mapeo" del cerebro en los años 30 y 40. Para ello, estimuló eléctricamente varias áreas del cerebro de pacientes durante la neurocirugía. Pudo hacerlo con los pacientes bajo anestesia local porque el cerebro solo percibe el dolor del resto del cuerpo y no tiene capacidad para sentirlo de sí mismo. Durante los procedimientos, con pacientes completamente conscientes y alertas, estimulaba eléctricamente diferentes áreas y documentaba cuidadosamente lo que sucedía. Por ejemplo, la estimulación eléctrica de la corteza motora provocaba el movimiento de los brazos o las piernas. Se documentó que otras áreas eran responsables del habla, la audición, la visión, etc.

Penfield, como muchos de sus colegas médicos, creyó durante muchos años que no existía alma ni conciencia independiente en los seres humanos. Creía que las neuronas del cerebro podían explicar todo el comportamiento humano.

Básicamente lo que ves es lo que obtienes: kilo y medio de neuronas gelatinosas envueltas en un cráneo óseo, la misma cosa "sin alma" que Restak vio en su escáner TEP.

En su granja en la zona rural de Canadá, Penfield utilizó una gran piedra para ilustrar esta creencia. En un lado de la piedra, pintó la palabra griega para "Espíritu". En el otro dibujó el contorno de una cabeza humana con un signo de interrogación en el lugar donde debería estar el cerebro. Unió las dos figuras con una línea sólida vinculada a la antorcha de Esculapio, que representa la ciencia médica. Para él, esta imagen significaba que la ciencia había respondido a las preguntas sobre la existencia del alma. En lo que respecta a Penfield, los estudios del cerebro podrían, en última instancia, explicar todo lo relacionado con la mente y el cuerpo.

Cincuenta años después, y con una salud frágil, Penfield cambió de opinión. Se puso seis suéteres para protegerse del crudo invierno canadiense y caminó con dificultad hacia la roca que había pintado con tanta seguridad tantas décadas antes. Con pintura fresca, tachó la línea continua que separaba el cerebro del espíritu y la reemplazó por una línea de puntos y un signo de interrogación. Se convirtió en un recordatorio visual de que todo su trabajo con el cerebro aún dejaba muchas preguntas sin respuesta sobre la mente y el alma. Como dijo en su última obra, El misterio de la mente, "llegué a tomar en serio, incluso a creer, que la conciencia del hombre, la mente, NO es algo que se pueda reducir al mecanismo cerebral". Penfield continuó diciendo que determinar la conexión entre la mente y el cerebro es "el mayor de los problemas".

Después de años de observar cerebros humanos en pacientes conscientes (lo que iba más allá del trabajo de sus colegas que llegaron a sus conclusiones a través de la psicoterapia o examinando cerebros de animales experimentales), Penfield creyó que algo diferenciaba la mente del cerebro físico. Como escribió:

"De cualquier manera, la naturaleza de la mente presenta el problema fundamental, quizás el más difícil y el más importante de todos los problemas. Para mí, después de toda una vida profesional dedicada a intentar descubrir cómo el cerebro explica la mente, resulta sorprendente descubrir ahora, durante este examen final de la prueba, que la hipótesis dualista (la mente está separada del cerebro) parece la más razonable de las explicaciones”.

"Puesto que cada hombre debe adoptar por sí mismo, sin ayuda de la ciencia, su modo de vida y su religión personal, yo tengo desde hace mucho tiempo mis  creencias. ¡Qué emocionante es, entonces, descubrir que también el científico puede creer legítimamente en la existencia del espíritu! Tal vez el científico y el médico podrían agregar algo saliendo del laboratorio y de la sala de consulta para reconsiderar a estos seres humanos extrañamente dotados que nos rodean. ¿De dónde vino la mente, llámela espíritu si lo desea? ¿Quién puede decirlo? Existe. La mente  está ligada a la acción de un cierto mecanismo dentro del cerebro. La mente ha estado ligada a esto en el caso de cada ser humano durante muchos miles de generaciones, y parece haber prueba significativa de herencia en el carácter de la mente de una generación a la siguiente y a la siguiente. Pero en la actualidad, uno solo puede decir simplemente y sin explicación: La mente nace."

Reflexionando sobre la última de las preguntas más importantes, este médico-filósofo se preguntó: "¿Qué sucede con el alma después de la muerte?. Esa pregunta nos lleva a otra pregunta que se plantea con tanta frecuencia: '¿Puede la mente comunicarse directamente con otras mentes?' En lo que respecta a cualquier conclusión científica claramente demostrada, la respuesta a la segunda pregunta es 'no'. La mente sólo puede comunicarse a través de sus mecanismos cerebrales. Sin duda, lo hace con mayor frecuencia a través del mecanismo del habla. Sin embargo, dado que la naturaleza exacta de la mente es un misterio y la fuente de su energía aún no se ha identificado, ningún científico está en condiciones de decir que la comunicación directa entre una mente activa y otra no puede ocurrir durante la vida. Puede decir que aún no se han presentado pruebas irrefutables de ello”.

"La comunicación directa entre la mente del hombre y la de Dios es otra cosa. El argumento a favor de esto reside en la afirmación que han hecho muchos hombres durante tanto tiempo de que han recibido guía y revelación de algún poder que está más allá de ellos mismos a través de la oración. No veo razón alguna para dudar de esta prueba, ni de ningún medio para someterla a prueba científica. En efecto, ningún científico, en virtud de su ciencia, tiene derecho a juzgar las creencias que rigen la vida y la muerte de los hombres. Sólo podemos exponer los datos sobre el cerebro y presentar las hipótesis fisiológicas que son pertinentes a lo que hace la mente”.

"Ahora debemos volver, aunque sea con renuencia, a la primera pregunta: cuando la muerte finalmente apaga la vela que era la vida, la mente parece desvanecerse, como en el sueño. Dije "parece". ¿Qué se puede concluir realmente? ¿Cuál es la hipótesis razonable con respecto a este asunto, considerando la prueba fisiológica? Sólo esto: el cerebro no ha explicado completamente la mente."

Después de cincuenta años de estudiar el cerebro vivo, Wilder Penfield se dio cuenta de que la respuesta a la pregunta "¿Existe el alma?" era más difícil de alcanzar que nunca.

Tal vez el alma no aparezca en la última máquina inventada por el hombre para estudiar el cerebro. Creo que, si se observa con atención el trabajo de los neurocientíficos se puede concluir que existe en el cerebro humano una zona codificada genéticamente para las experiencias extracorporales, las experiencias de túnel y gran parte de lo que conocemos como experiencias cercanas a la muerte.

Encontrar la fuente

Después del estudio de Seattle, en el que determinamos que una persona debe estar al borde de la muerte para tener una experiencia cercana a la muerte, nos preguntamos: ¿Cuál es la relación de las ECM con las alucinaciones y otros fenómenos psíquicos?

Investigamos la literatura médica y descubrimos que las ECM son únicas. No hay otras alucinaciones, visiones o fenómenos psíquicos idénticos a las ECM. Debo decir que me sorprendió. Supuse que encontraría muchas drogas que imitaran la experiencia. Me sorprendió descubrir que la marihuana, los psicodélicos, el alcohol, los narcóticos, los agentes anestésicos, el Valium, la falta de oxígeno en el cuerpo o el estrés psicológico severo no causaban ECM.

Una forma de terapia con gases llamada la mezcla Medune sí causó experiencias similares a las ECM, pero creo que eso se debió a que los pacientes estaban realmente cerca de morir al verse obligados a respirar una alta concentración de dióxido de carbono. Esto se hizo en nombre de la psicoterapia en la década de 1940, como una posible cura para la depresión y otros trastornos mentales. El tratamiento se interrumpió cuando no se produjeron los resultados esperados.

Nuestra investigación me dejó perplejo. No fui el único en mi incapacidad de encontrar causas psicológicas o relacionadas con fármacos para las ECM. Varios investigadores, entre ellos Raymond Moody, el psicólogo Kenneth Ring e incluso el astrónomo Carl Sagan, no pudieron encontrar una vía común para explicar la experiencia cercana a la muerte, excepto la muerte cercana, claro está. Moody, el primer médico que estudió la experiencia cercana a la muerte, concluyó en un artículo de Psychology Today de 1988 que "durante años he estado tratando de encontrar una explicación fisiológica para las ECM, y durante años me he quedado con las manos vacías".

Mi primer indicio de una solución a este problema surgió cuando estaba discutiendo casualmente sobre las ECM con Art Ward, ex presidente de neurocirugía en la Universidad de Washington. Ward es un gran pensador, un artista quirúrgico y un viejo cascarrabias cuyo estilo improvisado hace que muchos residentes jóvenes se encojan de miedo. No es dado al pensamiento metafísico;

La "ciencia dura" y los hechos son su dominio. Sin embargo, cuando le describí las ECM, ya estaba muy familiarizado con ellas. Las había escuchado de muchos de sus pacientes.

Ward recordó a un paciente que experimentó todos los rasgos de la experiencia cercana a la muerte mientras Wilder Penfield le pinchaba una zona del cerebro con una sonda eléctrica. Cuando se estimulaba una parte del cerebro del paciente tenía la sensación de salir de su cuerpo. Cuando se estimulaba otra zona cercana, tenía la sensación de subir a toda velocidad por un túnel, y así sucesivamente.

Ward pensó que la zona que Penfield estaba explorando era el lóbulo temporal derecho. Pensó que se podrían haber llevado a cabo algunos experimentos muy interesantes si se les hubiera ocurrido en ese momento. Por ejemplo, podrían haber ideado formas de ver si estas personas realmente estaban abandonando sus cuerpos. Lamentablemente, dijo Ward, a nadie se le ocurrió en ese momento.

Esta fue una pista intrigante. Nuestro equipo de investigadores comenzó a examinar el trabajo de Penfield. Enterrado en un libro de texto de cuarenta años de antigüedad encontramos una clara referencia a áreas del cerebro que, cuando se estimulaban eléctricamente, producían experiencias extracorporales. A veces, los pacientes en su mesa de operaciones decían: "Estoy abandonando mi cuerpo ahora", cuando tocaba esta área con una sonda eléctrica. Varios dijeron: "Estoy medio dentro y medio fuera".

La zona que estaba "mapeando" era la cisura de Silvio, zona del lóbulo temporal derecho situada justo encima de la oreja derecha. Cuando estimulaba eléctricamente las zonas circundantes de la cisura los pacientes, con frecuencia, tenían la experiencia de "ver a Dios", oír música hermosa, ver a amigos y familiares muertos e incluso tener una revisión panorámica de su vida.

Fue un descubrimiento emocionante. Hasta ese momento la existencia de arquetipos era solo una teoría del psicoterapeuta Jung, quien los describía como fenómenos psicológicos presentes en la composición genética de todas las personas, independientemente de su raza, credo o color.

Nos quedamos perplejos. Habíamos confirmado la zona específica del cerebro donde se producen las ECM, pero no sabíamos qué sucedía realmente cuando ocurrían.

Alguien propuso que esta experiencia era un mecanismo de defensa, una forma en que el cuerpo se engañaba y creía sobrevivir a la muerte. Esa teoría tenía sentido hasta cierto punto.

Pero no explicaba la razón por la que estas experiencias eran tan constantes de una persona a la siguiente. Después de todo, ¿por qué una persona al borde de la muerte casi siempre tenía una experiencia tan similar a la que experimentó otra persona al borde de la muerte? ¿Por qué abandonaban sus cuerpos, subían a toda velocidad por túneles, veían seres de luz y todas esas otras cosas? ¿Por qué no tenían experiencias tan individuales que no se pudieran categorizar? El hecho de que la angustia de estar cerca de la muerte provoque una respuesta neurológica casi lo explica. Pero hay algunas investigaciones que no se pueden ignorar.

Las investigaciones sobre experiencias extracorporales, que tienen aproximadamente el veinticinco por ciento de las personas que experimentan ECM, representaron una prueba muy convincente de que algo estaba saliendo del cuerpo.

Hablamos de la investigación de Michael Sabom, cardiólogo de Atlanta que ha realizado un trabajo fascinante sobre experiencias extracorporales y personas que casi mueren de paro cardíaco. En estas experiencias, una persona en crisis cercana a la muerte afirma que abandona su cuerpo y observa su reanimación mientras el médico la realiza en la sala de urgencias o durante una cirugía. Sabom tuvo treinta y dos pacientes de este tipo en su estudio.

Sabom pidió a veinticinco pacientes con conocimientos médicos que hicieran conjeturas fundamentadas sobre lo que sucede cuando un médico intenta hacer funcionar de nuevo el corazón. Quería comparar el conocimiento de los pacientes "con conocimientos médicos" con las experiencias extracorporales de pacientes sin esos conocimientos.

Descubrió que veintitrés de los veinticinco del grupo de control cometieron errores importantes al describir el procedimiento de reanimación. Por otra parte, ninguno de los pacientes que estuvieron a punto de morir cometió errores al describir lo que sucedió en sus  reanimaciones. Esto presentó prueba muy sólida de que estas personas estaban realmente fuera de sus cuerpos y miraban hacia abajo, como decían que estaban.

La investigación de Sabom constituía una excelente prueba empírica de la existencia de una vida fuera del cuerpo, o al menos de un sexto sentido extremadamente sensible. Lo mismo ocurría con muchas de las historias que habíamos escuchado de pacientes y médicos.

El doctor William Serdahely de la Facultad de Medicina de la Universidad de Montana nos contó la notable historia de un niño de ocho años llamado Pepín.

Pepín estaba pescando desde un puente cuando resbaló de su percha de la barandilla, calló y golpeó la cabeza contra una roca en el agua. El informe del médico decía que Pepín había dejado de respirar y estaba sin pulso cuando un policía lo sacó de las aguas profundas en las que había flotado boca abajo durante al menos cinco minutos. El policía le realizó reanimación cardiopulmonar durante treinta minutos hasta que llegó el helicóptero del hospital, pero informaba que el niño ya estaba muerto en el lugar cuando comenzaron a llevarlo al hospital.

El niño sobrevivió. Dos días después, salió del coma.

"Sé lo que pasó cuando me caí de ese puente", dijo el muchacho al médico, quien a su vez nos contó esta historia. El chico prrocedió a describir todo el rescate con gran detalle, incluido el nombre del oficial de policía que intentó reanimarlo, el tiempo que tardó el helicóptero en llegar al lugar y muchos de los procedimientos para salvarle la vida que se utilizaron en el helicóptero y en el hospital. Y sabía todo esto, dijo, porque había estado observando desde fuera de su cuerpo todo el tiempo.

No se intenta evaluar si estos niños realmente abandonan su cuerpo durante sus experiencias cercanas a la muerte. En todos los casos en los que los niños pudieron brindar detalles de lo que estaba sucediendo fuera de su cuerpo en el momento en que estaban inconscientes, me sorprendió la precisión de los detalles suministrados. Si dos médicas asistieron a la reanimación el niño informaba ese hecho con precisión. Si estaban intubados por la nariz lo comunicaban.

Si los llevaban a otras salas para hacer radiografías o algún otro procedimiento, siempre eran precisos en sus descripciones. Sin embargo, esto no significa que estuvieran realmente fuera de sus cuerpos ya que los pacientes en coma pueden tener una mejor capacidad para percibir lo que sucede a su alrededor, mejor de lo que habíamos entendido hasta ahora.

Sin embargo, hay un caso en el que una adolescente me contó una historia fantástica, tan inusual que debió haber sido una experiencia extracorporal. Rebeca era una joven de quince años que sufrió un shock alérgico severo como resultado de un procedimiento de rayos X. Le estaban haciendo una pielografía intravenosa para evaluar su función renal. Sufrió un paro cardíaco como resultado de su reacción alérgica al material radiopaco utilizado en el procedimiento.

Cuando la entrevistaron un año después me dijo que de repente la habitación quedó a oscuras. Se vio iluminada por una luz suave. Sintió que flotaba sobre su cuerpo, tal vez en el techo. Vio a su padre levantarla, echarla sobre su hombro y correr hacia la habitación o sala de urgencias. Dijo que el radiólogo corrió tras él y luego la resucitaron en la sala de urgencias.

Entrevisté al personal del hospital que participó en el caso y todos coincidieron en que su descripción era precisa. Sin duda, una explicación razonable de la exactitud con la que relató los acontecimientos de su reanimación es que, en realidad, estaba fuera de su cuerpo durante la misma.

La mayoría de las ECM implican abandonar el cuerpo y viajar hacia la luz.

Cuando esta adolescente me contó que su padre la había llevado a urgencias pensé que este caso sería sin duda la excepción a los informes precisos de otros niños. Sin embargo, cuando lo investigué, descubrí que todos los detalles que describió eran ciertos.

En 1986, cuando llegó el momento de publicar nuestros hallazgos sobre la localización anatómica de las experiencias cercanas a la muerte, ignoramos por completo las implicaciones espirituales. Todos coincidimos en que cerrar la brecha entre la psicología y la neurología era un gran paso en sí mismo. Como dijo el director de neurología: "Dejemos de lado todo ese asunto metafísico del que estábamos hablando". Se consideró que era demasiado controvertido, demasiado "descabellado", ir demasiado lejos.

La hipótesis del alma

Nuestro artículo se publicó en 1986 en el American Journal of Diseases of Children sin que las palabras "alma" o "espíritu" aparecieran en parte alguna.

Después, algunos de nosotros continuamos hablando de esta zona del cerebro desde una perspectiva diferente. Empezamos a reflexionar sobre varias cuestiones: ¿Esta información desmitifica la experiencia cercana a la muerte? ¿El hecho de que sepamos dónde se origina la experiencia la convierte más en un reflejo que en una experiencia espiritual?

Finalmente respondimos "no" a esta pregunta. Al igual que Wilder Penfield y otros que habían investigado el cerebro, aunque supiéramos en qué parte del cerebro se producía una determinada acción no sabíamos por qué.

Hay muchos otros ejemplos de impronta genética dentro del cerebro humano, y ninguna de esas funciones es menos válida por ser innata.

Por ejemplo, todos nacemos con la capacidad de aprender un idioma. Este analizador lingüístico incorporado nos permite aprender el idioma de nuestra sociedad. Esta capacidad de analizar el lenguaje forma parte genética de nuestro cerebro, aunque está fuertemente influenciada por el entorno. Por eso los franceses hablan francés y los estadounidenses hablan español con acento mexicano o inglés con acento mesetario.

Las aves son otro ejemplo de animales que tienen información genética impresa en sus cerebros. Nacen con un mapa detallado del cielo nocturno que de alguna manera se les transmite a través del tejido genético. Las aves no necesitan aprender cómo es el cielo; vienen de serie equipadas con un mapa interior de los cielos. Utilizando planetarios que pueden proyectar un cielo nocturno cambiante, los científicos han demostrado que las aves criadas en laboratorios, y nunca expuestas al cielo nocturno, nacen con una "memoria" de las estrellas que les permite orientarse.

En lugar de restar importancia a la ECM deberíamos considerar las ramificaciones metafísicas del fenómeno. Como dijo Penfield: "No tengo dudas de que llegará el día en que el misterio de la mente ya no sea un misterio. Pero creo que no se debe pretender extraer una conclusión científica final, en el estudio del hombre, hasta que se descubra la naturaleza de la energía responsable de la acción mental".

Confirmando la teoría

Cuando mi equipo de investigación publicó su informe sobre la anatomía de las experiencias cercanas a la muerte, nos contactó un grupo de neurólogos de Chile que habían estado estudiando el mismo tema. Habían llegado a las mismas conclusiones anatómicas que nosotros: que las experiencias cercanas a la muerte se generaban por la actividad neuronal dentro de la cisura de Silvio. Al examinar los efectos de una amplia variedad de drogas psicoactivas, la falta de oxígeno, las convulsiones epilépticas y los estados alterados en el cerebro, los investigadores chilenos identificaron la misma zona del cerebro como el lugar donde se producían las ECM. Pero, ¿qué significaba exactamente ese descubrimiento? Estaban tan perplejos como nosotros. Pidieron que se hicieran investigaciones que estudiaran las ECM a la luz de las experiencias visionarias, por ejemplo, las visiones extáticas de Pablo y sus afirmaciones de viajes astrales. Pero por ahora, dijeron, "estamos en el camino correcto para separar los elementos físicos de los metafísicos".

Me emocionó saber que dos equipos de investigación independientes habían llegado a la misma conclusión. Francamente hubo momentos en los que me preocupé de que nuestra teoría anatómica fuera incorrecta. Saber que otros científicos habían llegado a la misma conclusión de forma independiente nos indicó que al menos habíamos descubierto los circuitos del misticismo. En el fondo, algunos creíamos firmemente que habíamos descubierto la sede del alma.

La mente celestial

Como sucede a menudo, los niños pueden resumir conceptos difíciles con unas cuantas palabras inocentes. Así le ocurrió a un niño que habló con la investigadora Elisabeth Kubler-Ross sobre la muerte y la naturaleza del alma.

Durante una visita a Seattle, Kubler-Ross describió a un niño de siete años que pidió a su madre que apagara el oxígeno para poder morir después de una batalla de tres años contra la leucemia. "Apaga el oxígeno; ya no lo necesito", dijo. "Es mi momento".

Había tenido una visión antes de morir de cómo sería el cielo. La visión le reveló que su abuelo lo estaría esperando. A pesar de su enfermedad, estaba emocionado por ir al cielo.

Cuando le preguntaron cómo se veía el cielo en su visión hizo lo posible por explicarlo: "Es como si atravesaras otro pasadizo... atravesaras una pared y llegaras a otra galaxia o algo así. Es como caminar hacia tu cerebro. Es como vivir en una nube, y tu espíritu está allí, pero no tu cuerpo. Has abandonado tu cuerpo. Es como entrar en tu mente”.

La experiencia de este niño representa el alma como el lugar donde se encuentran el mundo material y el espiritual, una descripción perfecta para un alma que tiene sus raíces en el cerebro. Para él no había contradicción entre creer que el cielo está en su mente y que puede abandonar su cuerpo y encontrarse con su abuelo en el cielo.

Tampoco para el doctor Penfield había ninguna contradicción. En una de sus conferencias sobre el cerebro abordó la cuestión del alma con una franqueza que suelen utilizar los estadistas de alto rango para abordar cuestiones espinosas.

Penfield admitió sin reparos que la fuente de energía que alimenta la mente es un completo misterio. Nos llena con el fuego de la vida y, al final, el viento de la muerte lo apaga como una vela. ¿Qué sucede entonces?

"Es evidente que, para sobrevivir después de la muerte la mente debe establecer una conexión con una fuente de energía distinta a la del cerebro", afirma Penfield. "Si durante la vida (como afirman algunos) se establece a veces una comunicación directa con las mentes de otros hombres o con la de Dios, entonces es evidente que la energía procedente del exterior puede llegar a la mente de un hombre. En ese caso no es descabellado que éste tenga la esperanza de que después de la muerte la mente pueda despertar a otra fuente de energía".

Me encanta esta cita, tanto por lo que dice como por lo que implica. Dice que la mente es una cosa, el cerebro otra, y que el cerebro no puede hacer lo que hace la mente. Implica que las personas pueden comunicarse a través de la energía de la mente con otras personas y/o con Dios. Y que cuando el cuerpo muere, la mente puede verse obligada a depender de otra fuente de energía para su existencia.

¿Es la experiencia cercana a la muerte el comienzo del viaje del alma hacia otra fuente de energía? Tal vez. Si Penfield tenía preguntas sobre la naturaleza del alma, entonces yo también me siento cómodo al tenerlas. Después de todo pasó años cartografiando el cerebro y estudiando sus funciones, y aun así no pudo localizar la fuente de la asombrosa energía que alimenta a todos los seres vivos. Lo dejó un tanto frustrado, pero aceptando el misterio de la vida:

"Es evidente que la ciencia no puede hacer ninguna afirmación en este momento sobre la cuestión de la existencia del hombre después de la muerte, aunque todo hombre reflexivo debe plantearse esa pregunta", afirmó Penfield. "La decisión sobre si la mente es realmente un elemento separado o si, de algún modo aún no evidente, es una expresión de la acción neuronal deberá esperar a que se obtengan más pruebas científicas".

"¡Estoy vivo!" - Un estudio de caso

Tengo otra historia que contar de uno de mis pacientes. Cuando me pregunto sobre la naturaleza misteriosa del alma y la energía desconocida que enciende nuestras vidas pienso en este caso. Le sucedió a un niño al que llamaré Benito. Este "niño" es ahora un policía de cuarenta y siete años pero cuando tenía catorce desarrolló un caso grave de fiebre reumática y estuvo hospitalizado durante semanas en el Hospital Infantil de Boston.

Su situación fue empeorando hasta que un día empezó a sentir fuertes dolores en el pecho, que fueron empeorando hasta que ya no pudo ignorarlos. Recuerda haber hablado con la enfermera y haberle dicho que algo malo estaba pasando. La vio salir corriendo de la habitación para buscar un médico y entonces notó algo extraño: Benito pudo seguir a la enfermera. Flotaba detrás de ella mientras la muchacha explicaba la situación a un médico y luego los siguió mientras corrían de regreso a su habitación para ver qué le pasaba a Benito. Se dio cuenta de que estaba mirando su  cuerpo, volando sobre toda la escena como observador desapasionado.

Miró hacia abajo y vio que estaba conectado a su cuerpo por un cordón plateado que estaba atado a su pie. Esa era la única conexión que parecía tener. Unos segundos antes había sentido un dolor intenso. Ahora flotaba sin dolor sobre su cuerpo mientras médicos y  enfermeras comenzaban a practicarle reanimación cardíaca para salvarle la vida.

Mientras observaba lo que sucedía debajo de él, de repente sintió como si hubiera habido un gran aumento en su inteligencia. Se dio cuenta de que había dos Seres de Luz, uno a cada lado, que permanecían con él mientras observaba pacíficamente la frenética escena que sucedía abajo. Benito dice que la presencia de estos seres le dio una sensación de paz, amor y comprensión. No era como si "lo supiera todo. Fue más como si de repente me diera cuenta de que la vida es mucho más sencilla de lo que la mayoría de nosotros pensamos".

Los médicos estaban perdiendo a Benito, o al menos su cuerpo. Habían intentado todo lo que sabían y ahora estaban introduciendo una aguja larga en su pecho para inyectar epinefrina en el corazón. Mientras observaba este procedimiento desesperado, los Seres de Luz que estaban a ambos lados de él le preguntaron si quería quedarse en la Tierra o irse con ellos. "Quiero quedarme", dijo, mientras observaba a los médicos esperar a que la epinefrina hiciera efecto.

Los seres se fueron y Benito observó cómo los médicos se daban por vencidos y le tapaban la cara con una sábana. Podía oír a la gente hablando en el pasillo, consolando a los médicos y enfermeras que acababan de perder a su joven paciente. Una estudiante de enfermería permaneció a su lado llorando suavemente. Había trabajado con él durante su larga hospitalización y se habían llegado a conocer bastante bien.

De repente, los Seres de Luz reaparecieron y le dijeron que podía regresar a su cuerpo. Benito apenas podía creerlo. Pensó que estaba muerto y, por lo que parecía, lo estaba. Ahora los dos espíritus le decían que podía regresar al cuerpo, un cuerpo que sus médicos habían dado por muerto. Con lo que pareció un golpe de hipo Benito volvió a su cuerpo. Se quitó la sábana de encima, se sacó la aguja del pecho y gritó: "¡Estoy vivo!".

Recordar la historia de Benito hace darme cuenta de lo superficial que es nuestra comprensión de lo espiritual. Buscamos y buscamos la fuente de las experiencias espirituales, mapeando el cerebro para encontrar dónde ocurren estos fenómenos. En su mayor parte olvidamos que no es tan importante cómo suceden sino el hecho de que suceden.

El gran psicólogo William Bastián dijo que las experiencias místicas como las ECM son tan personales que no se pueden describir con palabras. Como él mismo lo expresó: "Son puras y simples, una experiencia de Luz".

La fuente de esta luz puede seguir siendo un misterio para siempre.

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6 - La Luz Pura.

 

Los adultos pueden aprender de los niños porque los corazones de estos son puros y, por lo tanto, el Gran Espíritu puede mostrarles muchas cosas que las personas mayores pasan por alto. -Alce negro, indio norteamericano.

 

Hay un aspecto de la experiencia cercana a la muerte que la neurociencia no ha podido explicar: la Luz. Casi todas las experiencias cercanas a la muerte de los niños (y aproximadamente una cuarta parte de las de los adultos) contienen un elemento de luz. Todos informan que la Luz aparece en las etapas finales de la ECM, después de haber tenido la experiencia extracorporal o haber viajado por el túnel.

Quienes experimentan la Luz dicen que es más que sólo luz. Hay una sustancia en ella que los "envuelve" en una calidez y un cuidado que nunca antes habían sentido. Para algunos, la voz de Dios proviene de la Luz. Ver la Luz produce un cambio de actitud increíble que afecta a muchos de ellos por el resto de sus vidas. Si bien el resto de la experiencia es extraordinaria, la Luz la vuelve mística. Es la "verdad" de la experiencia cercana a la muerte.

Describir la Luz es difícil. La mayoría de los pacientes con los que he hablado la describen esencialmente como una luz pura de amor incondicional. Otros la llaman "la que todo lo sabe", "que todo lo perdona" y "que todo lo ama". Un paciente, veinte años después de ver la Luz a los cinco años, me dijo: "Nunca olvidaré esa Luz. Está conmigo todo el tiempo". Otro paciente que tuvo una ECM cuando era niño me dijo: "Otros han visto a Dios, pero yo solo vi una Luz, una Luz que nunca olvidaré".

Hay una anécdota en particular que ilustra vívidamente la naturaleza de esta luz y el poder que tiene para alterar la vida de las personas. Esta historia proviene de una mujer llamada Teresa. Cuando era niña accidentalmente tomó varios analgésicos y casi muere. Mientras estaba en coma abandonó su cuerpo y viajó por un túnel. Dijo que era como si hubiera agua en el túnel y se abriera paso a través de ese río místico navegando en un pequeño bote. El agua estaba oscura, pero ella no tenía miedo. De repente, giró hacia otro brazo del río y pasó bajo un arco resplandeciente que conducía a una luz "tan hermosa que no podía llamarse simplemente luz. Representaba amor, paz, felicidad y alegría total y absoluta". La luz era difusa, como una “nube brillante”. Desde dentro de ella, oyó una voz que percibió como la de Dios. “Me sentí completamente en paz y en armonía con ella”.

Aunque la Luz tenía la sensación de amor incondicional, "un sentimiento con el que me sentía perfectamente a gusto", ella sabía que no podía adentrarse más en ella sí quería regresar a su cuerpo terrenal. Fue entonces cuando decidió regresar.

La voz de Teresa se quebró por la emoción al compartir la parte más desconcertante de la experiencia. "Cuando salí del coma en el hospital, abrí los ojos y vi fragmentos de Luz por todas partes. Pude ver cómo todo, en el mundo, encajaba".

Nota del Traductor. En cierto modo eso casaría con la sensación o intuición que tienen algunas personas y estudiosos de que vivimos dentro de una matriz diseñada para nuestra experiencia como almas. Hay mucha información sobre esto en trabajos publicados de autores que investigan la parte espiritual mediante la hipnosis regresiva tanto a vidas anteriores como al estado intermedio o de vida entre vidas. Fin de la nota.

Lo inexplicable

La luz es el único elemento de la experiencia cercana a la muerte que los investigadores del cerebro no pueden siquiera acercarse a explicar. El testimonio de los niños es claro en este punto: la luz es el elemento clave de la ECM.

¿Cómo podemos explicar científicamente esta luz después de la muerte? No conozco ninguna explicación bioquímica o psicológica de por qué experimentamos una luz brillante como etapa final del fallecimiento.

Los más reduccionistas podrían explicar las ECM de la siguiente manera: una persona se enfrenta a un acontecimiento que pone en peligro su vida. Deja el cuerpo y observa lo que sucede de forma desprendida y despersonalizada. Esto tiene muchas funciones útiles ya que la persona no siente dolor ni pánico e incluso puede negar que su vida está siendo amenazada de muerte. Como sabemos por los trabajos de Wilder Penfield, que se han analizado en el capítulo anterior, esto a veces se puede explicar como una estimulación del lóbulo temporal derecho por falta de oxígeno.

Luego hay una revisión de vida, ves luces y personas, escuchas ruidos, tienes sentimientos de gran alegría y paz y ves lugares celestiales. Seguramente, dicen los escépticos, se trata de acontecimientos psicológicos simples que pueden explicarse examinando los procesos orgánicos del cerebro.

A medida que el cerebro comienza su proceso final de muerte se produce un colapso de los campos visuales y se produce la visión en túnel. Los ojos ya no ven y el cerebro no puede interpretar lo que ve. El túnel se oscurece y el organismo muere. Algunas investigaciones recientes posiblemente expliquen esto como una interrupción del flujo sanguíneo en la arteria cerebral posterior que suministra sangre a la zona del cerebro responsable de la vista.

Y entonces... ¡hay luz! ¿De dónde viene esa luz? El cerebro casi ha dejado de funcionar. Los procesos psicológicos que acabo de describir se produjeron en unos minutos (aunque me parecieron más largos), y ahora todas las funciones mentales han cesado. Uno supondría que las funciones corporales simplemente cesarían, que habría oscuridad eterna. Entonces ¿por qué la Luz?

Siento que he hecho tanto como cualquier otro para esbozar los procesos neurológicos conocidos que pueden explicar las experiencias cercanas a la muerte. Aunque muchos de los elementos de las ECM pueden explicarse mediante conocimiento del funcionamiento del cerebro el que sigue siendo un verdadero misterio es la experiencia de la luz. Aunque la mayoría de los rasgos de la ECM se pueden localizar con precisión en la anatomía del cerebro no hay explicación de lo que sucede cuando la sede de la conciencia viaja a través del túnel y entra en la Luz.

Como el nacimiento de un niño, es el producto final de un proceso anatómico que implica un viaje por un túnel hacia un mundo de color y brillo.

Renacimiento en la muerte

Quizás esta luz representa de alguna manera el nacimiento a un reino espiritual. Después de todo muchas de las anécdotas de los niños parecen indicar tal posibilidad.

Un estudio realizado por Nancy Evans Bush contiene historias que vinculan la Luz con el renacimiento. A continuación se presentan algunos de los relatos de boca de los niños de la Asociación Internacional para Estudios Cercanos a la Muerte (IANDS, por sus siglas en inglés) en Connecticut. La IANDS fue fundada en 1977 por el Raymond Moody, Bruce Greyson, Michael Sabom y Kenneth Ring. El propósito de la asociación es brindar un enfoque interdisciplinario a la investigación de las ECM. Actualmente cuenta con cientos de secciones en todo el mundo.

Bush basó su informe en relatos de los archivos de IANDS que fueron revisados ​​por  Greyson, jefe de psiquiatría en la Universidad de Connecticut, para detectar psicosis o delirios evidentes.

En uno de estos relatos una niña de cuatro años, que usaba una linterna para bajar las escaleras del sótano, cayó por el borde equivocado del rellano al suelo de cemento que se encontraba muy por debajo. Más adelante, describió lo que le ocurrió:

"Lo siguiente de lo que me di cuenta fue de que estaba cerca del techo, al pie de las escaleras. La luz era tenue y al principio no vi nada inusual. Entonces me vi a mí misma tendida boca abajo sobre el cemento, al costado de la escalera. Me sorprendí un poco, pero no me molestó en absoluto verme así. Observé y vi que no me movía en absoluto. Después de un rato me dije: "Supongo que estoy muerta", pero me sentí bien, mejor que nunca. Me di cuenta de que probablemente no volvería con mi madre, pero no tenía miedo en absoluto...Noté que la luz tenue se hacía cada vez más brillante. La fuente de luz no estaba en el sótano sino muy atrás y ligeramente por encima de mí. Miré por encima del hombro hacia la luz más hermosa imaginable. Parecía estar al final de un largo túnel que gradualmente se hacía más brillante a medida que más y más Luz entraba en él. Era de un blanco amarillento y brillante, pero no dolía mirarla, ni siquiera directamente. Cuando me di vuelta para encarar la Luz con todo mi "cuerpo", me sentí más feliz que nunca antes y que nunca después. Entonces la luz se fue. Me sentí aturdida y enferma, con un terrible dolor de cabeza. Sólo quería a mi madre y que dejara de dolerme la cabeza".

"La energía del universo"

Otra historia recopilada por IANDS es la de un muchacho de catorce años que fue rescatado de un coche que fue arrastrado desde un puente por las fuertes aguas de una inundación. Así escribió sobre el incidente varios años después.

"Sabía que estaba muerto o que iba a morir. Pero entonces sucedió algo. Fue algo tan inmenso, tan poderoso, que renuncié a mi vida para ver qué era. Quise aventurarme en esta experiencia que comenzó como una deriva hacia lo que solo podría describir como un largo túnel rectangular de luz. Pero no era sólo luz, era un pasaje protector de energía con un brillo intenso al final que quería mirar, tocar. Cuando llegué a la fuente de la Luz pude ver dentro. No puedo empezar a describir, en términos humanos, los sentimientos que tuve ante lo que vi. Era un mundo gigante, infinito de calma, amor, energía y belleza. Era como si la vida humana no fuera importante comparada con eso. Y sin embargo insistía en la importancia de la vida al mismo tiempo que solicitaba la muerte como un medio para una vida diferente y mejor. Era todo ser, toda belleza, todo significado para toda existencia. Era toda la energía del Universo, para siempre, en un solo lugar. "Cuando introduje mi mano derecha en él me invadió una sensación de excitante expectación. Ya no necesitaba mi cuerpo. Quería dejarlo atrás, si no lo había hecho ya, e ir hacia mi Dios en este nuevo mundo.

“Fue maravilloso".

En esta historia, una niña de nueve años tuvo una ECM cuatro horas después de una operación de apendicitis. A sus padres les dijeron que probablemente no sobreviviría esa noche, por lo que estuvieron a su lado mientras ella veía la Luz. Recuerda el suceso con asombro:

"Entonces la oscuridad desapareció y en su lugar apareció una hermosa luz suave de color rosa. Todo el peso desapareció y volví a flotar hacia la habitación tan ligera como una pluma. Parecía estar llena de esa misma luz, que era el espíritu de amor más profundo que puedas imaginar. Desde entonces, nada se le ha acercado. Abrí los ojos y toda la habitación estaba bañada por esa hermosa luz. De hecho, la Luz rodeaba por completo todo lo que había en la habitación, no había sombras. Me sentí tan feliz... Escuché a mi padre decir: "¿Qué está mirando?". La Luz duró un rato y fue maravilloso".

"La luz no me haría daño"

Una mujer llamada Carmen se puso en contacto conmigo, a través de un paciente, para contarme su experiencia con la Luz a los cinco años. Había nacido con un defecto cardíaco congénito que tuvo que ser corregido con un procedimiento quirúrgico complicado. Mientras los médicos intentaban desconectarla de la máquina de circulación extracorpórea Carmen se encontró encima de la mesa de operaciones observando cómo trabajaban en su cuerpo. Así lo cuenta:

"De repente me di cuenta de que podía verme en la mesa de operaciones de abajo. Sabía que había problemas porque todos parecían preocupados por no poder hacer que mi corazón latiera. Parecía extraño poder ver mi cuerpo allí abajo, pero no era aterrador. Mientras observaba me encontré flotando hacia una luz brillante. Era muy brillante, pero no tenía miedo porque sabía que la Luz no me haría daño. Estuve rodeada por ella durante un rato y luego me fundí con mi cuerpo. Fue una sensación maravillosa".

"Quería alcanzar la luz"

Pamela es una artista gráfica de treinta y nueve años que sufrió un paro cardíaco a los cinco años después de tocar un cable eléctrico con corriente. Su experiencia fue así:

"Me encontré cayendo por un túnel con crestas de colores que conducían a una luz brillante. Caí lentamente al principio y luego comencé a caer cada vez más rápido. Cuanto más rápido iba mejor me sentía. Quería alcanzar la Luz, pero no podía. Aunque nunca llegué a la Luz, creo que ha cambiado mi forma de sentir la vida y la muerte. Sin duda, me ha hecho sentir más espiritual y amorosa".

Más que brillo

Para entender mejor la Luz, es necesario comprender el poder que puede tener para iluminar nuestras vidas. La experiencia de la investigadora de experiencias cercanas a la muerte Michele Sorenson ilustra este punto.

Cuando era adolescente se lesionó una pierna mientras esquiaba y le repararon los ligamentos quirúrgicamente. Después desarrolló una infección grave en sangre y huesos y casi muere. Con la familia a su lado en el hospital, su corazón se paró. En medio de una habitación llena de pánico, abandonó su cuerpo.

"De repente, me encontraba por encima de mi cuerpo mirando hacia abajo desde un rincón de la habitación. Sentí un calor maravilloso, sin escalofríos. Un hombre estaba de pie detrás de mí. El calor parecía provenir de esa persona y extenderse a mi alrededor. No me di la vuelta. Miré con alivio mi figura en la cama. Estaba en paz. Sabía que estaba muerta. Entonces pensé: '¡Debería haberlo hecho antes!' A lo largo de los años me ha resultado difícil explicar cómo me habló este hombre. Sin embargo, lo hizo, y la comunicación fue tan cálida, amorosa y pacífica, que supe que su amor era una luz blanca radiante. Él sabía por lo que había pasado y su compasión me tranquilizó. «Estás muerta, ¿lo sabes?», dijo. "Sí, lo sé. ¡Es genial!", respondí. "'¿De verdad quieres estar muerta?' «Oh, sí. ¿Por qué no? Todo esto es tan maravilloso». Pensé en la Luz y el amor. Mirándome en la cama de abajo vi que mi amiga puso su mano sobre mi frente y luego en mi cuello para encontrar el pulso. Estaba gritando. Otras personas gritaban: "Está muerta, está muerta". Vi la cara de mi madre y la de mi hermano. Estaba en el extranjero y lo llamaron. Vi toda una red de líneas telefónicas, con las caras de las personas en los teléfonos. Me sentí triste porque estaban molestos, pero sentí que lo superarían. Incluso mi madre y mi padre querían que me liberara del dolor que estaba sintiendo. «Pero mira lo que te estás perdiendo», dijo la voz. Vi a un hombre alto y rubio que caminaba con dos pequeños. La niña saltaba y sus rizos se movían. El otro era un niño. Reconocí que se trataba de mi futura familia. Sentí añoranza de mi marido y de mis hijos incluso antes de conocerlos. La dicha que sentía cuando estaba muerta de repente se volvió pasajera. Empecé a dudar de las alegrías de estar muerta antes incluso de haber experimentado la plenitud de la vida. 'Sí, quiero volver', dije. Y volví".

La Luz cambió la vida de Michele o, como ella dice, la "iluminó".

Como les ocurrió a muchos otros que han tenido esta experiencia espiritual, el mundo tenía más sentido después de ver la Luz. Las cosas encajaban de manera coherente. Pero, sobre todo, la vida parecía tener un verdadero propósito. "Me di cuenta de que no hay que temer a la muerte", dijo Michele. "El único miedo real es no cumplir con nuestro trabajo en esta vida". Por cierto, Michele está casada con un ex jugador de baloncesto que es rubio. Tienen dos hijos, un niño y una niña.

La luz divina

¿Observas cómo estas experiencias de luz tienen una cualidad religiosa?

Desde hace mucho tiempo creo que muchos de los grandes líderes religiosos del mundo han sido impulsados ​​por experiencias cercanas a la muerte y otras visiones que involucran la luz mística. Hay muchos ejemplos de este tipo, tanto grandes como pequeños, de personas que fueron conducidas hacia una vida de devoción por la Luz. Por lo general, estos casos ocurren durante la infancia. Uno de mis pacientes tuvo una experiencia similar a la edad de quince años.

"Murió" de una infección grave. Mientras los médicos se apresuraban a comenzar el masaje cardíaco vio una luz al final de la cama. Se hizo cada vez más grande hasta que lo envolvió por completo. Entonces, del brillo surgió un rostro "maravillosamente amable" que tenía miles de años pero que no tenía arrugas. Se asustó por lo que vio, un miedo que desapareció cuando el hombre le tocó la frente. Después de eso supo que quería convertirse en sacerdote. Ahora, treinta años después, es un cura protestante que "lleva esa visión de la Luz" a los demás.

El líder espiritual, indio norteamericano, Alce Negro, sufrió una enfermedad casi fatal a los nueve años que lo puso en contacto con la Luz. La enfermedad que describió se parece a la fiebre reumática. Dice que tenía fiebre alta y articulaciones hinchadas. Tuvo una experiencia larga y detallada, rica en imágenes religiosas y visiones de parientes muertos. El centro de su experiencia ocurrió cuando estaba en la montaña más alta de todas y debajo de él estaba el mundo entero. Una luz brillante rodeaba la Tierra, "amplia como la luz del día".

En Autobiografía de un yogui, el gurú indio Paramahansa Yogananda describe su experiencia cercana a la muerte a los ocho años, que aumentó su devoción a la religión durante toda su vida. En esa autobiografía afirma: “Había una luz cegadora que envolvía mi cuerpo y toda la habitación. Mis náuseas y otros síntomas incontrolables desaparecieron; me sentí bien”. Esa luz permaneció con él el resto de su vida y pudo iluminar a otros con ella.

Las implicaciones religiosas de la Luz fueron descritas hace más de doscientos años por Jonathan Edwards, el teólogo calvinista que propuso la creencia de que "existe algo así como una luz espiritual y divina, impartida inmediatamente al alma por Dios, de una naturaleza diferente de cualquier otra obtenida por medios naturales". Él describe esta luz así: "No produce impresión alguna en la mente, ya que no se ve con los ojos del cuerpo. Puede describirse como una convicción espiritual y salvadora de la verdad y realidad de la gloria divina. Es dulce y agradable para el alma".

La Luz, dijo Edwards, nos permite "ver las relaciones mutuas entre las cosas y nos lleva a prestarles más atención".

¿Cómo supo Edwards de la existencia de la Luz hace más de dos siglos? Al investigar su vida, descubrí que casi había muerto de pleuresía cuando era niño, una enfermedad que bien pudo haberlo llevado a una experiencia cercana a la muerte.

Todos estos ejemplos no significan que uno tenga que tener una experiencia cercana a la muerte para ver la Luz. El erudito Edward Robinson relata una experiencia espiritual que tuvo cuando tenía cuatro años: "Mi madre y yo estábamos caminando por una extensión de tierra conocida localmente como los páramos. A medida que el sol se ponía y comenzaba el ligero frío de la tarde se formó una niebla nacarada sobre el suelo. De repente me pareció ver la niebla como un tejido brillante y delicado y flores, que aparecían aquí y allá, parecían brillar con un fuego brillante. De alguna manera comprendí que ese era el tejido vivo de la vida misma, en el que estaba incrustado lo que llamamos conciencia: apareciendo aquí y allá había un foco brillante de energía en ese todo más difuso. En ese momento supe que tenía mi  lugar especial, como todas las demás cosas. La visión nunca me ha abandonado, y con ella el mismo sentimiento intenso de amor al mundo y la certeza del bien último."

Obviamente, no se trata de una experiencia cercana a la muerte. El niño no se ve amenazado física ni emocionalmente por la muerte. No hay separación del cuerpo físico, no hay experiencia extracorporal ni túnel. Es claramente una experiencia espiritual, no una ECM.

No obstante, creo que la luz que se ve durante las ECM y la luz mística que ven quienes tienen una experiencia espiritual son la misma luz. Ambas alimentan el asombro religioso y ambas tienen el poder de transformar. Como dijo el psicólogo William Bastián en su libro Varieties of Religious Experience, el sello distintivo de la experiencia religiosa implica "una sensación de estar bañado por un cálido resplandor de luz. La tierra, el cielo y el mar resuenan como en una vasta armonía que rodea el mundo". He escuchado a niños pequeños esforzarse por explicarme lo mismo sobre la luz al final del túnel.

Hay varias maneras de aprovechar esta energía espiritual. Supongo que los poderes psíquicos para hacerlo existen en todos nosotros y que, si tuviéramos tiempo y el deseo, podríamos ver la Luz sin tener que morir. Sin embargo, la mayoría de estas experiencias de luz suceden a los más inocentes de entre nosotros: los niños. Y, en su forma más sencilla, estas experiencias se expresan con elocuencia. Ningún sacerdote o rabino podría ser tan elocuente.

Pero ¿dónde está la luz?

La pregunta que nos interesa es: ¿dónde se encuentra la Luz? ¿Está fuera del cuerpo, representando un lugar al que vamos o es sólo un destello de energía primaria dentro de nuestro cerebro, tal vez una especie de supernova del ego?

Esta no ha sido mi pregunta principal al investigar las experiencias cercanas a la muerte. Mi investigación ha estado orientada a ayudar al paciente a trabajar más de cerca con el equipo médico y a comprender los mecanismos profundos de nuestra psique que afectan el proceso de morir. A través de mi trabajo me gustaría evitar lo que Mary Robinson del Hospital Infantil de Washington llamó "[el] alejamiento del paciente moribundo y de su familia", que hacen los médicos y su personal de apoyo. He tenido la esperanza de que estas experiencias cercanas a la muerte nos enseñen a todos a escuchar los unos a otros, a derribar los muros del aislamiento y el dolor que nos protegen de la muerte.

Sin embargo, al realizar esta investigación más fundamentada he llegado a creer que la Luz se encuentra fuera de nuestros cuerpos.

Cuando comencé mi investigación nunca hubiera soñado que escribiría estas palabras. Pero el testimonio de los niños y muchos de sus encuentros inexplicables me han convencido.

La historia de Chenoa

Una niña que llamaremos Chenoa fue la primera en hacerme pensar que la Luz no se encuentra sólo en la mente. Era una paciente mía de ocho años que casi se ahogó en el estrecho de Puget, en Seattle, cuando se cayó del barco pesquero de su padre.

En un día nublado la embarcación volcó y se hundió seis metros hasta el fondo arenoso. Su padre hizo dar la vuelta al barco y un amigo cercano de la familia saltó al agua turbia y comenzó a buscarla. Tres veces se sumergió hasta el fondo del estrecho, poseído por la fuerza y ​​el heroísmo que evoca una emergencia. No podía ver nada debido a las aguas turbulentas y al día nublado. En la cuarta inmersión, de repente vio su cuerpo. Lo describió como "Iluminada desde dentro" por una luz suave y brillante. Este hombre me dijo después que lo poseyó "un sentido de admiración y reverencia". Sacó el cuerpo sin vida de las profundidades y la llevaron rápidamente a un hospital. A pesar de estar bajo el agua durante al menos veinte minutos, sobrevivió.

Unos días después ambos hombres regresaron al lugar con equipo de buceo. El hombre que salvó a Chenoa les había contado a todos sobre la luz. Ahora quería ver cuánta luz natural llegaba realmente al fondo del estrecho en un día soleado. Se sumergieron y ambos dijeron que sólo podían ver menos de un metro frente a sus ojos.

Creo que ella estaba teniendo una ECM y que tanto ella como su salvador veían la Luz al mismo tiempo.

La luz salvadora

Ha habido otros casos en los que la Luz ha intervenido para salvar a niños.

En 1986, David Young y su familia llevaron un arsenal de armas y una bomba a una escuela primaria en Cokeville, Wyoming. Después de retener a 156 niños, Young lo tomó como rehenes y amenazó con matarlos a todos. Detonó la bomba y destruyó toda la escuela. Ninguno de los niños resultó herido.

¿Cómo ocurrió este milagro de supervivencia?

Muchos de los niños describieron haber visto personas de luz que los dirigieron hacia un lugar seguro antes de que ocurriera la explosión. Otros hablaron de haber oído la voz de un adulto que les indicó dónde ir para evitar los efectos de la explosión de la bomba.

Una niña describió su experiencia en detalle: “Ellos [la gente de la luz] Estaban de pie allí, sobre nosotros. Había una madre, un padre y una señora que sostenía a un bebé diminuto y a una niña de pelo largo. Era como una familia de gente. La mujer nos dijo que pronto estallaría una bomba y que escucháramos a nuestro hermano. Nos dijo que nos aseguráramos de hacer lo que él nos decía. Estaban vestidos de blanco, brillantes como bombillas, pero más brillantes alrededor de la cara. La mujer me hizo sentir bien. Sabía que me amaba”.

El hermano de la niña declaró: "No vi nada. Sólo escuché una voz que me decía que buscara a mis hermanas pequeñas y las llevara hasta la ventana para que no se movieran. Estaban jugando con sus amigas y no querían moverse. Las llevé hasta la ventana y las ayudé a pasar".

Otro niño de seis años también testificó que "una señora me dijo que pronto iba a estallar una bomba. Me dijo que me acercara a la ventana y saliera corriendo".

Una jove, Sela, se puso en contacto conmigo después de oírme dar una conferencia en un hospital local. Veinte años antes, a la edad de doce años, había tenido una experiencia cercana a la muerte como resultado de un ahogamiento. Probablemente se habría ahogado si una "luz guardiana" no la hubiera rescatado de las aguas profundas. Ella cuenta la historia:

"En la década de 1950 viví en la zona de Cedar River, en el estado de Washington. Varios amigos y yo estábamos saltando desde la orilla de arcilla del río hacia una zona en la que era seguro nadar. Conocíamos las zonas peligrosas del río y normalmente las evitábamos. Ese día en particular me descuidé y en lugar de esperar mi turno y saltar a la zona segura decidí saltar a un lugar particularmente peligroso, un agujero de seis metros que tenía un remolino de succión. Me hundí y luego subí. Vi a gente asustada que intentaba alcanzarme desde la orilla con ramas, pero la fuerza del agua era demasiado fuerte y nadie se acercaba a mí. Cuando subí por tercera vez recordé el viejo dicho de que una persona que se está ahogando sale a la superficie para tomar aire tres veces. Estaba muy cansada. Sentí que me hundía de nuevo. Esta vez, sin embargo, sentí como si estuviera parada en el fondo. A menos de un metro de mi apareció una luz rectangular que era brillante pero muy suave al mismo tiempo. En ese momento nada en el mundo importaba. Era un momento de paz eufórica. Recuerdo que intenté alcanzar la Luz, pero antes de que tuviera la oportunidad de tocarla fui transportada a la orilla. Sé que no estaba nadando hacia la orilla. La Luz me recogió y me llevó allí".

Desde que tuvo esta experiencia, Sela ha sentido la misión personal de estudiar el propósito del hombre en la Tierra. Ella dice: "Intento seguir adelante con mi vida mundana y no tomármela demasiado en serio, pero el sentido de responsabilidad y de propósito superior siempre está ahí". No entiende cómo la gente puede dar por sentada su vida. "La mayoría de la gente no se da cuenta de lo preciosa que es la vida".

Ella cree que las personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte deberían unirse y tratar de ayudar a otros a encontrar un propósito en la vida. "La Luz me convenció de que hay más en la vida de lo que la mayoría de las personas experimentan".

Este tipo de prueba dramática, pero verificable, de la intervención de la Luz en nuestras vidas es extraordinariamente rara. Me resulta difícil creerlo incluso cuando leo relatos de testigos oculares que estuvieron presentes o, como en los casos de Chenoa y Sela  en los que entrevisté a los testigos. A menudo es difícil para los testigos creer.

En el caso de Chenoa, por ejemplo, su padre y el salvador apenas podían creer que la Luz se hubiera originado en su interior de manera sobrenatural, aunque el hombre que la salvó jura haberla visto. De hecho, nos resulta difícil creer en algo que no podemos comprender. Sin embargo, estas experiencias de Luz ocurren.

La otra abuela

Esta historia me llega de un profesional.

Una familia cuidaba a su abuela moribunda que, además de los estragos de la vejez (tenía más de ochenta años), había artritis y una enfermedad cardíaca.

Los padres prohibieron a su hija pasar demasiado tiempo con la abuela pues consideraban que el rápido deterioro del miembro de la familia era un espectáculo demasiado horrible para que su hija, de nueve años, lo presenciara. Un día, la niña se sintió atraída por la habitación de la abuela. Entró unos minutos y luego salió con mirada perpleja. "Mami, hay dos abuelas. Vi a dos abuelas en la habitación. Primero hablé con la abuela y luego vino una mujer muy inteligente llamada Beth y habló conmigo y con la abuela. Luego se fueron juntas”.

Madre e hija entraron en la habitación y descubrieron que la abuela había muerto. Esta fue una experiencia muy convincente para la madre pues la manera genuina en que la hija presentó el hecho fue prueba. La madre sintió que la abuela "iluminada" llamada Beth proporcionaba una prueba más ya que Beth era el nombre de su bisabuela, alguien de quien la niña no había oído hablar.

¿Podría ser esta luz, contemplada por la persona que ve la ECM y, ocasionalmente vista por otros, manifestación física de nuestro ángel guardián o luz guía? Muchos niños han descrito ángeles guardianes rubios o "totalmente blancos" que los acompañan al cielo.

Por ejemplo, esta ECM le ocurrió a una niña que tuvo una reacción a los antibióticos que provocó un shock anafiláctico, reacción a los medicamentos a veces fatal.

Tuvo una experiencia extracorporal, subió por un túnel, vio un paraíso de luz y fue envuelta por una “luz divina”. Durante este viaje espiritual, también conoció a un ángel guardián llamado Sara. Esta experiencia ocurrió hace veinte años. Sin embargo, Sarah nunca se ha separado de esta mujer. Durante períodos de estrés, Sarah reaparece para brindarle consuelo y consejo. La mujer y Sara han tenido discusiones profundas acerca de varios problemas terrenales, incluyendo conflictos matrimoniales, dificultades laborales, tribulaciones de criado de hijos. Cuando la necesita, Sara siempre está ahí. Todo lo que esta mujer necesita hacer es sentarse sola en un lugar tranquilo y pedir su presencia.

Hasta hace poco esta mujer pensaba que Sara era invisible. Entonces ocurrió algo sorprendente. Estaba teniendo problemas extraordinarios con su hijo adolescente, que no estaba aprendiendo bien en la escuela, se quedaba fuera hasta muy tarde y, en general, se rebelaba siguiendo la peor tradición adolescente. Mientras esperaba a que regresara de una noche de juerga la mujer se sentó en su sala de estar a oscuras y "llamó" a Sara. Durante la siguiente media hora ella y su ángel de la guarda hablaron con sinceridad sobre las dificultades de criar a hijos adolescentes. Mi paciente no sabía que su hijo había llegado a casa y había presenciado la mitad de la conversación, observando al ángel y a su madre hablando mientras se asomaba por una esquina. Por la mañana, le contó lo que había visto: "Mamá", le dijo. "¿Quién era esa mujer con la que estabas hablando anoche? Parecía muy agradable". ¿Qué más podía hacer la madre? Contó a su hijo acerca de su compañera de charlas, Sara. Más tarde me contactó porque dijo que necesitaba una opinión médica sobre su salud mental. ¿Pensaría yo que estaba loca? Después de hablar con ella un rato tuve que decirle que no lo estaba en absoluto. "¿Qué soy yo?" preguntó entonces. Lo pensó un momento y se respondió: "Supongo que tuve suerte".

Un nuevo comienzo brillante

Según la ciencia, la muerte debería significar la extinción de la vida y la luz. Biológicamente hablando, deberíamos cerrar los ojos al final del proceso de la vida y eso debería ser todo, extinción de la conciencia, ausencia de luz.

Sabemos, sobre todo por las experiencias de los niños, que esa extinción no se produce en una situación cercana a la muerte. Estos niños nos dicen que hay una oscuridad, un fin a la luz que experimentamos todos los días. Pero luego hay otra luz, una que representa el amor y que tiene "muchas cosas buenas para mí", como me dijo un niño.

Esta luz es la esencia de la experiencia cercana a la muerte y no se puede explicar con ninguna teoría científica. He documentado las áreas anatómicas del cerebro donde se encuentra la fuente de las ECM, pero no existe una explicación científica para la Luz. Todo lo que sabemos es que, en el momento de la muerte, nos espera una luz brillante, hermosa, amorosa y pacífica.

Muchos pacientes describen que la Luz continúa, incluso después de que la experiencia haya terminado. Una paciente dijo que cada vez que se quedaba dormida cuando niña volvía a experimentar la Luz. Otra describió la experiencia a los dos años: "Vi una luz brillante que supe que era Dios. Tuve la experiencia más profunda posible de estar en la Luz. Cuando era niña, "todavía podía ver destellos en una habitación oscura desde la primera vez que vi esa luz".

Los niños incluso hacen dibujos de la Luz. De hecho, cuando les pido que los hagan de lo que sucedió durante su experiencia casi siempre incluyen una representación de la Luz.

Me resulta fascinante que estos niños, a veces de tan sólo dos y tres años de edad, utilicen las mismas descripciones de la Luz que los líderes espirituales, anteriormente mencionados, utilizan en sus descripciones de la Luz de Dios. Si asumimos que esta experiencia de la Luz es simplemente un espasmo de rigor mortis en el nervio óptico, entonces ¿cómo podemos explicar todo el procesamiento de orden superior de amor incondicional, verdad total y sentimientos de profunda paz y alegría? Si es un espasmo final de muerte del nervio óptico, los pacientes simplemente dirían: "Vi una luz brillante y cegadora".

Utilizando el modelo de la mente de Freud, algunos psicólogos han intentado explicar la Luz simplemente como padres internalizados —el superyó— que viene al rescate en forma del ser de luz. Aunque ésta es la mejor explicación que he oído sobre la Luz todavía queda mucho por explicar. Si la Luz es simplemente un producto del superyó, ¿por qué a veces es visible fuera del cuerpo de la persona moribunda?

Hay más preguntas que respuestas cuando se trata de la Luz. Me gustaría creer que la Luz es el lugar al que vamos cuando morimos. Como un nacimiento a un mundo nuevo y brillante, la Luz de la ECM representa el comienzo de un nuevo comienzo.

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7 – Transformación.

 

El que enseñara a los hombres a morir, les enseñaría a vivir. —Montaigne

 

Han pasado ocho años desde que conocí a Cati. La niña que estuvo tan cerca de morir ahogada y cuyas pupilas no respondían a la luz brillante, es ahora una adolescente encantadora que parece normal en todos los sentidos. He estado en estrecho contacto con ella y su familia. Sus padres piensan que es tan encantadora e inteligente como puede serlo una adolescente. Pero los padres de Cati tienen seis hijos y piensan que todos ellos son niños modelo, lo cual no quiere decir que la experiencia de Cati no haya tenido un profundo efecto en su vida. Lo tuvo. Cati y sus padres sienten que su ECM la convirtió en una persona diferente en muchos sentidos.

Cati siente que Dios la envió de regreso para ayudar a su madre. Y eso es precisamente lo que ha hecho. Es una quinceañera extraordinariamente madura que ayuda a su madre a administrar una casa grande. Tiene un trabajo a tiempo parcial, saca buenas notas, se destaca en ballet y nunca ha consumido drogas. "¿Por qué necesitaría drogas?", pregunta, arrugando la nariz con incredulidad ante la pregunta.

Estos efectos en Cati me intrigaron. Empecé a preguntarme qué pasaba con los adultos que tuvieron una ECM durante la infancia. ¿Adornarían sus experiencias cuando se hacían adultos hasta que eran más ficción que realidad? ¿Y qué pasaba con los efectos de esas ECM en sus vidas? ¿Se sentían "elegidos" o "especiales"? ¿Crerían que tienen mayores conocimientos gracias a sus experiencias espirituales?

 

"Antes y después": estudio de caso

Busqué en mis archivos casos de personas que habían tenido experiencias cuando eran niños y nuevamente cuando eran adultos para ver si había diferencias en las ECM. Al principio quedaban perplejos porque se preguntaban por qué los llamaba si ya habían contado sus historias decenas de veces. Entonces me di cuenta de querían que la comunidad médica los escuchara con comprensión. En su mayoría, sus médicos los habían ignorado cuando contaban sus maravillosas experiencias; a veces incluso los ridiculizaban o los diagnosticaban como enfermos mentales temporales. Y acudieron a mí para que un médico los aceptara.

En lugar de tratar a estos pacientes como si tuvieran algún problema, los escucho con gusto y tomo notas mientras cuentan sus intrigantes historias. Más tarde consulto con sus médicos o reviso sus historiales médicos para asegurarme de que no tengan antecedentes de problemas mentales.

Encontré en mis archivos a dos pacientes que habían tenido dos ECM, una de niña y otra de adulta. El primer caso se refiere a una mujer que, a los dos años, la tuvo mientras sufría de neumonía y, a los sesenta y nueve años, tras un paro cardíaco. A continuación se presentan ambas experiencias según lo contaron:

"Cuando tenía dos años tuve sarampión y, como consecuencia, neumonía. Eso fue en la época en que no existían antibióticos y el médico dijo que no había nada que pudiera hacer por mí. No recuerdo haberle oído decir eso porque tenía dos años. Pero es sorprendente lo que recuerdo. Mi madre estaba haciendo una cataplasma para mi pecho cuando de repente 'morí'. El médico estaba allí y comenzó a sacudirme. Todo se volvió oscuro a mi alrededor y luego vi una luz brillante que supe que era de Dios. Tuve la experiencia más profunda posible de estar en la Luz. Sentí amor y consuelo. No tenía miedo. Solo me preguntaba: 'Oh, Dios mío, ¿cómo volveré a mi cuerpo? De repente volví a entrar y miré a mi madre y al médico. Cuando fui mayor todavía podía ver destellos de esa luz cada vez que estaba en una habitación oscura. Eso me impedía tener miedo".

Sesenta y dos años después, esta mujer tuvo otra ECM.

"Estaba en el taller reparando mi coche cuando, de repente, ¡bum!, salí de mi cuerpo. Pasó muy rápido. El mecánico se quedó mirándome. Nunca he podido conseguir que me hablara de lo que vio en mí ese día. Siempre que lo menciono él siempre dice "no hay problema, no hay problema" y se aleja. Éste fue el comienzo de todos mis problemas cardíacos. Pero en realidad no fue una mala manera de empezar. Estaba una parte dentro y otra fuera de mi cuerpo. Luego pasé un momento maravilloso rebotando dentro y fuera de mi cuerpo. Y luego, de repente, estaba en un lugar negro aterciopelado. Pero no tenía miedo, ya que siempre estaba allí con, bueno, Dios. Y no estaba soñando. Estaba en un vacío negro y sabía que estaba muerta, pero no tenía miedo. De repente, se formó una niebla y justo en el centro estaba mi hermosa luz ámbar. Me llené de conocimiento y asombro. Sentí como si estuviera patinando y si pudiera salir y patinar un patrón, sería el patrón más hermoso de todos. Solo podía imaginar que Dios estaba conmigo y que controlaba todo lo que veía y pensaba. Era tan glorioso estar allí arriba con él. Había una luz ámbar y sobre ella un ángel enorme, creo que era mi ángel de la guarda.

“A la derecha de la luz había un tablón enorme, un cuatro por cuatro gigante que se extendía a mi lado. Estaba cubierto con una horrible pintura verde. No quería tocarlo porque era mi barrera. Dios me dijo que si tienes que volver ponen una barrera. A veces es un acantilado, a veces es una cascada. El mío era un tablón verde como los que se ven en los lugares donde piden dulces. Luego me llevó hacia la Luz. La Luz se derramaba a través de mí. Mis mejillas se hinchaban. Fue muy delicioso, una experiencia maravillosa de esa luz pasando a través de mí. Y entonces la tabla apareció frente a mí, y Dios se reía detrás de mí. Tomó mi mano y la puso sobre la tabla. Miré hacia abajo, hacia una abertura redonda en el vacío negro, en la que caminaban personas vestidas con túnicas blancas. Algunas permanecían en el vacío, especialmente si se habían suicidado. Dijo: "No puedes bajar allí". Entonces supe que iba a regresar a mi cuerpo. Sabía que estaba tan enferma que nunca lo lograría pero no me dieron ninguna oportunidad. Regresé al mundo".

El segundo caso de una paciente que tuvo una ECM cuando era niña y luego cuando era adulta es el de una mujer a la que llamaré Paula. Me escribió para contarme su experiencia de la infancia después de una conferencia que di en Seattle.

"De niña tuve una ECM que fue extremadamente simple. Cuando tenía nueve años me pusieron anestesia para que me sacaran unos dientes. Tuve un paro cardíaco como resultado de una reacción alérgica a la anestesia. Me vi enrollada en una bola de luz muy compacta, siendo lanzado a gran velocidad a través de un espacio de forma cónica. La bola giraba a gran velocidad y brillaba con una luz cálida y brillante. De la pelota sobresalían una mano y un pie. Eso es todo lo que puedo recordar".

Hablé con ella más tarde para escuchar su experiencia de adulta, que ocurrió dieciséis años después, cuando tenía veinticinco años. Acababa de tener un hijo y había sido hospitalizada por hipertensión arterial grave asociada con el embarazo. A las tres de la mañana del segundo día de su estancia, Paula se despertó con la sensación de que el aire en la habitación del hospital estaba muy pesado. Luchó hasta la puerta, la abrió y luego cayó hacia atrás. Los registros del hospital muestran que sufrió un paro cardíaco debido a un ataque cardíaco. Paula dice que no sintió dolor alguno asociado al infarto. Primero entró en un vacío negro y luego sintió como si hubiera salido de su cuerpo y pudo observar todo desde una posición cercana al techo. Así lo cuenta:

"Miré a las enfermeras que se habían reunido alrededor de mi cuerpo. Eran tres. Una empezó a tomarme el pulso y luego gritó a las otras dos: 'Llamen a un médico, llamen a su marido'. Un médico apareció casi de inmediato y después de un breve examen dijo: 'Está muriendo'. Pude salir al pasillo y ver a mi tía. Era enfermera en el mismo hospital y estaba de pie afuera de mi habitación hablando con algunos pacientes de otras habitaciones. 'Qué pena', dijo. 'Era una madre tan buena'. Me sorprendió el hecho de que estuvieran hablando de mí en tiempo pasado. Traté de hablar con ellos, de decirles que estaba allí, pero no pude comunicarme con ellos. Incluso pude entrar en la habitación contigua, donde otro paciente se quejaba de todo el ruido. La enfermera que estaba allí decía: 'Bueno, Paula está gravemente enferma en la habitación de al lado'. Entonces volví a mi cuerpo a tiempo para ver a mi marido, que acababa de llegar. Estaba mirando al médico y decía: '¿Qué les voy a decir a los niños?' Entonces pensé que tal vez estaba muerta. Mi siguiente pensamiento no fue miedo, sino la sensación de que ésta podría ser una experiencia agradable. Quería decirles que estaba allí, que podía escucharlos y observarlos, pero no podía hablar con ellos ni comunicarme. Era frustrante”.

"Mientras los observaba trabajar en mi cuerpo, la habitación se iluminó mucho. Entonces, un dosel de color creció sobre mí, como el dosel que está sobre la puerta principal de un club nocturno. Estaba hecho de lluvia azul y plateada, y había una luz muy brillante en el medio. El aire brillaba alrededor de esta luz, y supe que la Luz era el lugar al que quería ir. De esta luz surgieron otras personas. No había ningún 'Dios' ni guía espiritual con ellos, solo estas personas comunes como yo, que eran personas de luz. Podría ir hacia la Luz y regresar a mi cuerpo al mismo tiempo. Era literalmente como tener un pie en la eternidad o poder flotar de un lado a otro a través del espejo como la niña de Alicia en el país de las maravillas. Finalmente volví a mirar mi cuerpo y vi a un médico que me sacudía el hombro y me decía: 'Paula, Paula, vuelve'. Fue entonces cuando regresé al cuerpo y desperté".

Estas experiencias ilustran el sabor de las experiencias de la infancia en comparación con las de los adultos. La investigación realizada por Nancy Evans Bush en la Asociación Internacional de Estudios Cercanos a la Muerte ha demostrado que las ECM de la infancia son muy similares a las de los adultos en el sentido de que contienen la experiencia central de abandonar el cuerpo, estar en un vacío y luego ser rodeado por la Luz. La diferencia notable fue la falta de una revisión de la vida. En las diecisiete ECM de la infancia que examinó Bush, ninguna tuvo una revisión de la vida. Sin embargo, los otros sucesos fueron tan poderosos como cualquiera de los que se encuentran en la literatura para adultos.

Por ejemplo, un niño de diez años que estuvo enfermo durante varias semanas con una enfermedad no identificada (el paciente no sabía exactamente qué tenía) experimentó una ECM poco después de que los médicos se hubieran "dado por vencidos". Así es como la describió años después.

"No recuerdo la entrada, pero al poco rato me encontraba en un túnel oscuro. No se oía absolutamente nada. No podía ver para abrirme paso por el túnel, pero me arrastraban como una mota de polvo, completamente negro, pero mientras avanzaba sin ver ni oír nada, me sentí a gusto. Parecía que estaba descubriendo una nueva cueva. Después de un rato el túnel se volvió cuadrado y me pareció muy largo. Me enojé y pensé que el viaje era inútil e infructuoso y que estaba perdiendo un tiempo valioso. Justo cuando estaba a punto de dar la vuelta disgustado (estaba completamente solo) vi una pequeña mota de luz delante. Seguí adelante y, al hacerlo, la mota se hizo más grande y pensé que era bueno no haber dado la vuelta porque por fin iba a descubrir algo. A unos 150 metros del final vi claramente que había una luz blanca brillante más allá del extremo cuadrado del túnel. Me interesó y seguí adelante. Todo estaba en silencio y seguí felizmente, disfrutando por fin del viaje”.

"Cuando me encontraba a unos veinticinco metros del final, la luz se volvió la más brillante que jamás había visto, y sin embargo no me hacía daño a los ojos. Empecé a preguntarme por esa luz porque todo lo que podía ver era luz: ningún paisaje, ninguna gente, nada más que un mar brillante. Y ni un solo rayo de luz entraba en el túnel. El túnel estaba negro hasta el final, y allí estaba el mar de luz. Me acerqué, con cautela ahora porque parecía que el final del túnel estaba bastante alto en la ladera de un acantilado, y como no podía ver a través de la luz, no sabía qué tan grande podría ser la caída si salía del túnel. Cuando estuve cerca del final miré bien a mi alrededor, al mar de luz, me instaron a saltar dentro de él y me aseguraron que no caería al suelo. Ninguna voz dijo esto: simplemente me llegó de una especie de presencia. Pensé que podría ser divertido intentarlo pero en un instante supe que si salía del final del túnel nunca lo encontraría de nuevo y, por lo tanto, nunca volvería a casa. Me di la vuelta y comencé a caminar de regreso por el túnel, y eso es lo último que recuerdo".

En otro caso utilizado por Bush, una niña de nueve años había resbalado de la plataforma alta en un campamento de verano y se había sumergido en el océano, donde permaneció en el fondo durante diez minutos antes de ser rescatada por un socorrista.

"Lo siguiente que recuerdo es que estaba flotando a sólo dos o tres centímetros del fondo arenoso del océano en medio de una gran luz. La luz no era del tipo brillante y deslumbrante que te hace parpadear. En cambio era incandescente, casi etérea. Podía ver cada hendidura y curvatura en la arena y los minúsculos detalles de las algas. Si había peces o conchas, no los recuerdo. No sentí absolutamente nada. Ni el agua, ni la arena, nada. Estaba rodeada de silencio, pero no tenía miedo. Quería quedarme allí para siempre. Nunca más volví a experimentar una sensación de paz como esa".

Como se puede ver, estas experiencias contienen los mismos elementos que las ECM de los adultos. En el análisis de los datos que hizo Bush, descubrió que las experiencias de los niños son las mismas que las de los adultos, excepto que no incluyen una revisión de la vida. En ninguna de las experiencias infantiles que examinó estaba presente una revisión de vida, siendo una característica del veinticinco por ciento de las ECM en adultos.

¿Por qué no se hizo una revisión de la vida? Bush no intenta responder a esta pregunta en su estudio. Sin embargo creo que la razón por la que los niños no hacen una revisión de la vida es simplemente que todavía no tienen una vida completa. Al fin y al cabo, ¿cuánta vida tiene que revisar un niño de siete años?

Un estudio de historias

Decidí investigar las historias de adultos que habían tenido ECM cuando eran niños.

Este tipo de investigación se conoce como anecdótica y consiste simplemente en el análisis de historias recopiladas de manera metódica. Esto no quiere decir que este tipo de investigación no sea valiosa en un sentido científico. Muchos avances científicos se han logrado mediante investigaciones anecdóticas. Prácticamente todas nuestras prácticas de alimentación infantil, por ejemplo, se han desarrollado mediante investigaciones anecdóticas. Este tipo de investigación suele ser un paso importante que precede a estudios controlados más amplios.

Otro avance científico inspirado en la investigación anecdótica ha sido la fluoración del agua para prevenir la caries dental. Este avance revolucionario en la odontología preventiva se inició a partir de informes sobre niños de Texas que misteriosamente tenían pocas caries. Cuando un dentista local especuló que estaba relacionado con la concentración de minerales en el agua potable, fue ampliamente ridiculizado. Décadas después su investigación anecdótica es reconocida como precursora de uno de los grandes avances médicos de nuestro tiempo.

Además, el uso de aspirina para prevenir ataques cardíacos es el resultado de una investigación anecdótica. Esta medida preventiva, ampliamente aclamada, fue descubierta por primera vez por un médico generalista que observó que los pacientes que recibían tratamiento para la artritis con aspirina tenían menos ataques cardíacos que la población general. Esa información anecdótica ahora ha sido confirmada científicamente muchas veces y ha salvado decenas de miles de vidas.

Consciente de la validez de la investigación anecdótica, diseñé un estudio para entrevistar a pacientes que se habían referido a si ECM infantil. Las personas con las que hablé pertenecían a profesiones tan diversas como científicos, liquidadores de seguros y artistas gráficos. Algunos sólo habían terminado estudios primarios, otros eran graduados de escuela secundaria y otros se habían graduado de la universidad. Aunque la mayoría habían sido criados como cristianos, ninguno era particularmente religioso. Todos se describían como "típicamente de clase media". Todos, por supuesto, tenían que haber sufrido un suceso casi fatal que pudiera verificarse mediante registros hospitalarios. Ninguno podía ser enfermo mental o consumidor de drogas.

Fue tranquilizador ver que nuestros pacientes provenían de todos los ámbitos de la vida. De esa manera podríamos estar seguros de que estábamos obteniendo una buena representación de cómo son las ECM infantiles sin que los pacientes, en su conjunto, estuvieran sesgados por un estilo de vida particular. También tuvimos cuidado de no sesgar a los pacientes con las preguntas que les hicimos.

Las entrevistas fueron completamente abiertas y no dirigidas. Algunas de las preguntas típicas fueron las siguientes:

• ¿Qué recuerdas de tu experiencia?

• Cuéntamelo

• ¿Qué pasó después?

 

Un interrogatorio tan escueto impediría que el paciente fuera "llevado de la mano" hacia alguna experiencia que podría no haber sucedido.

Como control adicional conté con la ayuda de Kim Clark, instructora clínica de la Universidad de Washington y profesora de un curso sobre la muerte y el morir. Aunque utilizamos el mismo cuestionario básico, trabajamos por separado. Esto me permitió comparar los tipos de anécdotas que Kim Clark recogía con el tipo de anécdotas que yo conseguía de modo que pudiéramos comprobar nuestros métodos de interrogatorio a los pacientes. Si nuestros resultados eran significativamente diferentes sabríamos que uno de nosotros estaba haciendo mal su trabajo.

A pesar de las diferencias de formación, sexo, personalidad e incluso opiniones muy diferentes sobre el significado de las ECM, nuestros resultados fueron muy similares. Me gustaría presentar algunas de las fascinantes historias de estos pacientes, con mis conclusiones.

El trono de Dios

Tomás es científico de fama internacional, de unos cuarenta años, que estuvo a punto de ahogarse a los cinco. Un pariente lo sacó de una piscina y lo reanimó. Cuando la familia finalmente lo llevó al hospital los médicos de urgencias dijeron que estaba muerto. Poco después, espontáneamente revivió.

"Cuando me sumergí lo siguiente que recuerdo es que estaba pasando por un largo túnel. La luz pasó de ser muy intensa a tan brillante que podía sentirla. Entonces vi a Dios en un trono. Había gente debajo, tal vez ángeles, mirando hacia el trono. Me senté en el regazo de Dios y me dijo que tenía que regresar. 'No es tu momento',  dijo. Quería quedarme, pero regresé".

Tomás atribuye a esta experiencia el haber "ordenado" su vida. A partir de ese momento se sintió impulsado a adquirir conocimientos. Decidió estudiar ciencias e ingeniería, disciplinas que podrían ayudarlo a descubrir "el orden natural de las cosas". Su reputación demuestra que ha tenido éxito en ese esfuerzo.

La mano de dios

Catalina es una joven brillante de cuarenta y tres años que se graduó de la escuela secundaria y ha trabajado para el municipio donde ha vivido durante veinte años. Ha incursionado en varias religiones, pero sólo cree en una concepción vaga de Dios.

Cuando tenía nueve años, caminaba sobre un tronco en aguas poco profundas. De repente el tronco giró y se deslizó por debajo hasta el agua fría. El tronco la presionó contra el barro blando de la orilla del río y mantuvo su cabeza bajo el agua durante un largo período de tiempo. Así describe la experiencia:

"De repente sentí mucho calor. Aunque estaba boca abajo en el agua fría de repente me encontré bajo un cielo azul claro y sin nubes, con un gran círculo esponjoso brillando en él. Desde dentro del círculo surgió una mano. Se estiraba hacia mí y la voz detrás de ella era la de mujer. No podía entender lo que decía pero sabía que estaba ansiosa por que yo fuera al otro mundo. Retiré mi mano porque no quería irme. Tuve suerte de haber vuelto a la vida".

Es sorprendente cuánto puede cambiar la vida de una persona incluso después de una experiencia tan fragmentaria. La razón por la que Catalina ha incursionado en tantas religiones es que el Dios que percibió en la Luz no es el que percibía en las muchas religiones con las que se involucró. "Las reglas de la religión las impone la gente", dijo. "A partir de mi breve encuentro obtuve la idea de que ser uno con Dios es algo que se puede hacer sin reglas".

"No es tu momento"

Tino un hombre de cincuenta años que tuvo su experiencia a los nueve mientras trabajaba en la granja de la familia. Estaba extrayendo gasolina de un tractor cuando la inhaló accidentalmente. La gasolina inhalada puede causar una neumonía rápida o fulminante que, en este caso, le cortó el oxígeno. Cuando su hermano empezó a gritar pidiendo ayuda Tino cayó al suelo y rápidamente se desmayó. Recordó:

"De repente no pude moverme. Me encontré flotando en un túnel oscuro. Vi luz y cuanto más me acercaba a ella, más me gustaba. Cuando llegué al portal que se abría hacia la Luz, y estaba lista para atravesarlo, sentí una combinación de alivio, alegría y placer. Solo quería estar dentro de la Luz. Y de improviso una mano se estiró y me agarró. 'Eres un bribón muy agresivo, ¿no?', dijo una voz. 'Bueno, Tino, esta vez no es tu momento: tienes un trabajo que hacer''. Y rápido me vi por encima de mi cuerpo, vi a mi hermano debajo de mí, a mi padre corriendo hacia él y lo oí decir: 'Dios mío, Dios mío'. Me sentí bien. No tenía miedo. Entonces vi a mi otro hermano corriendo por los campos. Vi a mi padre sacudiéndome y a mi escupiendo gasolina, atragantándome y ahogándome para, finalmente recuperar la conciencia".

Cuando pregunté a Tino qué había significado esta experiencia para él a lo largo de los años rápidamente señaló que nunca había tenido miedo a morir. "Sé que el lugar al que vamos es hermoso", dijo. "Por eso nunca he llevado conmigo esa carga de miedo que mucha gente tiene sobre la muerte".

¿Pensaba que lo estaban salvando para algo especial? Tino negó con la cabeza. "He estado casado durante treinta años, he criado cinco hijos y he construido mi  empresa hasta alcanzar el éxito que es hoy. Para mí, eso parece especial".

¿Locura o claridad?

Víctor es ingeniero de cincuenta y cinco años, casado y con dos hijos. Es veterano de la Segunda Guerra Mundial, durante la cual los psicólogos del ejército le diagnosticaron esquizofrenia y le dieron de baja médica. Desde entonces ha tenido un empleo y ha trabajado. Nunca ha sido hospitalizado por esta enfermedad ni tomado medicamentos para tratarla. Lo incluyo aquí porque dudo mucho de ese diagnóstico. Creo que lo etiquetaron de esquizofrénico debido a su ECM. Esta es la historia de Víctor:

"Cuando tenía cinco años tuve una neumonía muy grave. Se puso tan mala que mi corazón se paró. De repente ¡salí flotando del cuerpo! 'No sabía que podías hacer eso', me dije. Vi mi cuerpo y a la gente que me rodeaba. Luego me encontré viajando por un túnel y me dirigí hacia una luz. ¡Entonces lo vi a él, al Mesías! No puedo describirlo ni explicarlo, pero supe que era el Mesías. Él dijo: 'Nos volveremos a encontrar', y volví a mi cuerpo".

Como resultado directo de esta experiencia, Víctor se volvió muy religioso. Tiene un profundo anhelo de "volver a ver a Dios". El error que cometió fue contárselo a los psiquiatras del ejército después de la guerra, cuando lo enviaron a verlos por fatiga de combate. Sobre la base de esa "confesión", le diagnosticaron esquizofrenia lo que te cataloga como alguien que ha tenido una ruptura aguda con la realidad.

Basándome en su estilo de vida durante los últimos cuarenta años estoy dispuesto a decir que no padece una enfermedad mental. No toma medicamentos. Está felizmente casado. Ha formado una familia. Ha tenido el mismo trabajo durante muchos años. Nunca ha vuelto a tener una visión de Dios (ni de ninguna otra cosa) desde aquella breve pero poderosa experiencia que tuvo cuando tenía cinco años.

Es una lástima que alguien con conocimientos sobre las ECM no haya podido aconsejarlo. Se alegró de hablar conmigo porque no pensé que tuviera una enfermedad mental. Dijo que, aunque nunca se sintió anormal, el diagnóstico le hizo sentirse muy extraño consigo mismo.

La historia de este hombre me recuerda un cuento tibetano sobre la iluminación espiritual que he escuchado muchas veces. Un hombre se aventuró en el bosque para vivir la vida de simple hombre santo. Ansiaba la iluminación y buscaba el significado de la vida estudiando libros y consultando a los sabios del Tíbet. Aún así, sentía que no estaba más cerca de alcanzar su objetivo de verdadera comprensión.

Un día, su mentor murió. Después del funeral se llenó de dolor y se hundió en profunda desesperación. En ese dolor su alma abandonó su cuerpo y se elevó por encima de su cabeza. Vio toda su vida y lo tonta que era. Vio cómo había desperdiciado años preciosos estudiando libros en lugar de vivir la vida. Flotó por toda la tierra y vio el mundo con los ojos de un pájaro. Se dio cuenta de lo pequeños que eran todos desde tan arriba. Se dio cuenta de lo insignificantes que eran sus miedos y preocupaciones en comparación con toda la humanidad.

Cuando regresó a su cuerpo, y contó su viaje espiritual, fue venerado como un hombre sabio.

"Vi mi operación"

Anamaría, ama de casa de treinta y tres años, es profesora sustituta en la escuela primaria de un pequeño pueblo del norte del estado de Nueva York. Su marido es psicólogo clínico de una gran compañía de seguros nacional. Cuando tenía siete años fue hospitalizada para que le extirparan las amígdalas y le colocaran un tubo de ecualización para aliviar una infección de oído. Durante la operación el anestesista le administró accidentalmente demasiada anestesia general. De repente, se encontró despertando del sueño profundo de la cirugía y flotando sobre su  cuerpo en la mesa de operaciones.

"No sabía qué pasaba. Miré hacia la mesa de operaciones y vi cinco versiones de mí misma mientras los médicos intentaban reanimarme. Tres de las figuras eran reales y dos eran imágenes negativas de mí misma. Traté de hablar con los médicos pero nadie me escuchaba. Solo trataban de hacer que ese cuerpo volviera a funcionar. Luego, los médicos se tranquilizaron cuando pusieron en marcha el corazón. De repente, noté que mi visión se desvanecía. Cuando desperté, estaba de nuevo en el cuerpo".

La experiencia de Anamaría sigue siendo tan vívida que parece que hubiera sucedido ayer. Cada vez que se acuesta la experiencia vuelve a ella. "A veces tengo que hacer movimientos bruscos para permanecer en mi cuerpo", dice.

Curiosamente, estas experiencias extracorporales ocasionales la ayudan a ver con perspectiva los problemas difíciles de su vida. "Me ayudan a ver el mundo desde un ángulo diferente", dice sin juego de palabras.

"Había un ritmo continuo"

Pin es supervisor de cincuenta años en una planta de fabricación de aviones en Seattle, Washington. Está casado desde hace treinta años y tiene dos hijos. Cuando tenía seis sufrió un ataque de escarlatina que lo dejó gravemente enfermo.

Una noche, mientras luchaba por respirar en su habitación, sintió como si se estuviera alejando de esta vida. "De repente, me encontré en un tubo largo y oscuro, con una música extraña y diferente. Había un ritmo continuo que me recuerda al sonido que se puede escuchar cuando se coloca el oído contra la boca de un tubo largo. Estaba volando por un túnel hacia una luz. Había algo al final del túnel, pero no puedo decir qué era. Podía ver mi cuerpo acercándose a la luz, así que sabía que estaba fuera de él. Estaba convencido de que estaba muerto y realmente quería llegar al final del túnel para ver qué me deparaba la siguiente vida. Pero nunca lo alcancé, y no sé por qué".

La experiencia tuvo un profundo efecto en la vida de Pin. Siente que le permitió tener una mejor relación con los hombres y con Dios. Como lo expresó: "Incluso cuando era un joven alocado siempre tuve fuerte deseo de ayudar a los demás. La experiencia me hizo sentir compasión por los otros, especialmente por aquellos que se enfrentan a la muerte. No le tengo miedo a morir y es mi responsabilidad ayudar a los que tienen ese miedo".

Siente que la experiencia lo llevó a Dios, aunque insiste en que para él no fue una experiencia religiosa. "Sólo sé que hay algo más grande que nosotros ahí fuera porque lo he experimentado. Me doy cuenta de que otros han visto a Dios cuando tienen estas experiencias. Yo no. Sólo vi la Luz, pero eso fue suficiente para mí".

"Estaba lleno de curiosidad"

He aquí otro caso de alguien que se enfrenta a su creador como resultado de un accidente con un sifón de gasolina. Este hombre de sesenta y cuatro años se llama Santi y su experiencia ocurrió cuando tenía seis años. Estaba extrayendo gasolina de un barril, en la granja de su familia en Texas, cuando inhaló y tragó una gran cantidad de gasolina. Como él lo describe, las cosas sucedieron rápidamente:

"De repente me encontré en un túnel. Al final del túnel había algo que parecía un portal, una puerta con una parte superior redonda. No sentí que perdiera el conocimiento. De hecho, me sentí casi súper vivo. Llegué al final del túnel y una mano se estiró y me empujó. Era mi tía muerta. Me sonrió y dijo: 'No, Bobby, no es tu hora'. Lo siguiente que supe fue que estaba flotando a unos quince metros por encima de mi cuerpo. Me toqué el trasero para ver sobre qué estaba sentada y me di cuenta de que no estaba sentada sobre algo. ¡Realmente flotaba! Vi a un vecino correr por la calle. Durante todo el camino estuvo gritando 'Oh, Dios mío' hasta que llegó a mi cuerpo. Entonces comenzó a empujarme el pecho hasta que me salió gasolina por la nariz. Y, ¡zas!, volví al cuerpo".

Esta historia tiene un giro interesante. Santi siente que este suceso, casi fatal, dañó su capacidad de concentrarse y aprender sobre un tema determinado. Se sintió así hasta hace un par de años, cuando cumplió treinta y siete. Entonces, como él dice, "despertó", y cuando su supervisor le dio un juego de planos para que los leyera como broma, descubrió que tenía la capacidad de leer planos complejos. Aunque Santi sólo había cursado el séptimo grado, tenía dificultades para leer y trabajaba como obrero pero desde entonces pudo leer los planos con la misma facilidad que un ingeniero.

Santi cree que su "despertar" se debió a la experiencia cercana a la muerte. Aunque ocurrió más de treinta años antes, los efectos a largo plazo de la ECM mejoraron su mente.

Me cuesta creer que un acontecimiento tan lejano pudiera haberle proporcionado de repente un nuevo talento. Hay algunos ejemplos de personas que han demostrado mayor conocimiento de las matemáticas y la física poco después de sus experiencias. Por ejemplo, un adulto con educación secundaria desarrolló de repente la capacidad de interpretar las complejas ecuaciones de los físicos nucleares.

Incluso los niños demuestran una sabiduría profunda. Tal vez esta sabiduría o "gran conocimiento" como la llamó un niño, provenga de una exposición tan intensa al Ser de Luz. Digo esto porque el mensaje de la Luz es casi siempre uno que alienta el conocimiento.

"Di un paso atrás"

Guillermo es trabajador de la construcción de 55 años, casado y con dos hijos. Cuando tenía diez estuvo a punto de morir por una reacción alérgica a la penicilina. Cuando los médicos comenzaron a reanimarlo Guillermo perdió el conocimiento. Esto es lo que describe:

"Nubes negras se arremolinaban a mi alrededor como si estuviera en medio de una densa niebla. De repente apareció un punto de luz. Se fue acercando cada vez más a mí hasta que las nubes se despejaron de improviso y me encontré de pie junto a un arroyo estrecho. Comencé a caminar junto al arroyo hasta que se hizo tan estrecho que pude pasar por encima de él. El otro lado del arroyo era extremadamente tranquilo. Había colinas en el lado tranquilo que estaban iluminadas desde atrás y se veían hermosas. Mientras caminaba se me acercó un anciano con barba. No sé con seguridad quién era, pero tengo la sensación de que era uno de mis abuelos. Me detuvo y me dijo que volviera a cruzar el arroyo. “No es tu momento”, dijo. Me di la vuelta y miré al arroyo. En ese punto era bastante ancho, pero pronto se estrechó. Entonces crucé y simplemente pasé directo a mi cuerpo".

"Parecía haber una frontera"

Ricardo tiene ahora veinticinco años, una edad a la que casi no llega por una meningitis, una infección bacteriana del cerebro. Cuando tenía cinco años enfermó gravemente en casa después de una operación para extirparle un hongo de la cabeza. Sus padres llamaron a la ambulancia pero cuando llegó Ricardo tenía fiebre alta y apenas se aferraba a la vida. Así describe lo que le ocurrió:

"Recuerdo haber dejado el cuerpo y haber visto al equipo de transporte que me sacaba de la casa. Los seguí mientras metían el cuerpo en la ambulancia. No me dejé llevar por eso. En su lugar me metí brevemente en la cabeza de mi hermana y vi el mundo a través de sus ojos. Entonces vi a mi padre llorando mientras subía al coche para llevar a la familia al hospital. Estaba seguro de que yo iba a morir y me dio pena que mi posible muerte le estuviera causando ese tipo de dolor. Me dirigí al hospital para ver qué tipo de habitación me iban a dar. Vi a una niña de unos doce años en la habitación que se suponía que me iban a dar. Como estaba tan enfermo decidieron trasladarla y darme la habitación a mí solo. Luego dejé la Tierra y viajé por un largo túnel. Llegué a una abertura brillante y pasé a través de ella. Afuera, en medio de la claridad, me envolvió la niebla. Parecía haber una frontera, algo así como una línea de agua en la playa que me separaba de la verdadera Luz. Sabía que si entraba en la Luz no regresaría a mi cuerpo. La Luz era todo amor, todo lo sabía, y el cielo era cálido y amigable. Estaba tratando de decidir si debía entrar en la Luz o no cuando regresé a mi cuerpo".

Esta experiencia ha marcado gran parte de la vida de Guillermo. Cuando los despidos sindicales lo han dejado sin trabajo, por ejemplo, la paz que sentía al otro lado de esa corriente regresa a él. "Hay muy pocas cosas en la vida por las que valga la pena enojarse", dice.

Esta experiencia sorprendió a la familia de Ricardo por los ricos detalles que proporcionó sobre los acontecimientos que sucedían a su alrededor. Dado que el cuerpo de Ricardo estaba en la ambulancia que se dirigía a toda velocidad hacia el hospital habría sido necesaria una experiencia extracorporal para que viera a su padre llorando en el auto familiar detrás de él. Habría sido necesario dejar el cuerpo y viajar delante de la ambulancia para que viera a la niña de doce años que estaba siendo atendida y que fue trasladado de habitación antes de llegara Ricardo al hospital. El hecho de que estuviera en estado de coma antes de ser trasladado al hospital, y durante varios días después, hace que su experiencia sea aún más desconcertante.

La ECM de Ricardo le dejó dos creencias firmes. Una es que la vida es preciosa pero que la muerte no es algo a lo que temer. La otra es que todos nacemos con el conocimiento que necesitamos para resolver los problemas de la vida. "Las respuestas están todas en nuestro interior", dice. "Si tan solo pudiéramos superar nuestros egos".

"Había cosas que hacer antes de entrar en la luz"

A la edad de diez años, Pol corrió a la cocina y resbaló en un piso mojado. Cayó de bruces con tanta fuerza que se rompió el bazo. Según su historial médico se hinchó con líquidos y entró en estado de shock debido a una hemorragia interna. Sus padres lo llevaron rápidamente al hospital, donde su corazón se paró. Esto es lo que experimentó:

"Salí del cuerpo, aunque todavía me sentía conectado a él por un hilo. Floté hasta un rincón de la habitación y observé cómo tres médicos trabajaban frenéticamente para rescatarme. Estaba seguro de que iba a morir, y tengo que admitir que me parecieron un poco graciosos sus esfuerzos por salvarme. Luego bajé por un largo túnel y me acerqué a una luz cálida. Al otro extremo del túnel me encontré con un ser que me habló. Pensé en él como un saludador y así es como lo llamo todavía. Era un saludador y no tenía forma física sino que era, más bien, un sentimiento o una conciencia. Me dijo que no podía quedarme en el túnel, que tenía que regresar o continuar. Si continuaba, no habría retorno. No tomé la decisión concreta de regresar, pero la persona que me recibió me dio la idea de que mi vida tenía un propósito. Mientras pensaba si quedarme o regresar sentí que entraba en mi cuerpo. Tenía aproximadamente el tamaño de un bebé cuando entré en el cuerpo. Luego lo expandí y llené todo el espacio. Durante un tiempo anhelé esa luz pero luego me di cuenta de que algún día volvería a verla. Mientras tanto, tenía cosas que hacer".

La sensación de que la vida tiene un propósito es uno de los resultados de muchas ECM infantiles. Al igual que la experiencia en sí, ese propósito puede tener significado solo para la persona que recibe el mensaje.

El propósito de Ricardo era la familia. Cree que fue creado para vivir porque quería tener una relación amorosa con su familia, especialmente con su hijo autista.

"Por alguna razón, alguien pensó que era importante que yo tuviera una familia y la cuidara", dice Ricardo. "Estoy seguro de que esa es la razón por la que me dejaron aquí, en la Tierra".

"Viajaba a una velocidad tremenda"

Cuando Quique tenía cinco años soltó el freno de emergencia del coche familiar y quedó atrapado en la puerta de este mientras éste rodaba por la empinada entrada de su casa hasta la calle. Su padre lo sacó de debajo de la rueda trasera izquierda y comenzó a practicarle respiración boca a boca. Su madre corrió colina abajo, llevando las llaves del coche, y ambos comenzaron la carrera frenética hacia el hospital para salvar la vida de hijo. Quique describe lo que sucedió a continuación:

"Me vi sentado entre mis padres como si estuviera fuera de la ventana y mirando hacia adentro. Podía ver todo. Mis padres tenían pánico en sus caras y ambos lloraban. Yo tenía la cara magullada y golpeada, y parecía como si cada uno de los vasos sanguíneos hubiera reventado. No sé cuánto tiempo estuve fuera del coche pero, de repente, empecé a flotar y todo se volvió oscuro. Entonces sentí que iba a toda velocidad. Pronto estaba viajando a una velocidad tremenda en total oscuridad. Era como imagino que es un viaje espacial”.

"De repente me sentí como si estuviera de pie en un muelle de carga con una luz muy potente y brillante colgada sobre mi cabeza. Esta luz era muy brillante y estaba llena de amor y conocimiento. Estaba allí con un hombre, pero no podía verlo claramente debido a la luz brillante. Los pensamientos llegaban a mi mente desde la luz brillante. Sentí un Dios amoroso y amor por las personas, en general. También había una música hermosa y voces como de coro que no podía entender del todo".

Desde los primeros días que Quique salió del hospital quedó claro que la experiencia lo había transformado. La primera señal llegó en la iglesia, cuando el predicador habló de un "Dios temible y terrible". Esto perturbó a Quique, quien le dijo a su madre que ya no quería asistir a la iglesia.

En la escuela primaria, hablaba con frecuencia sobre la necesidad de amarnos unos a otros.

Cuando lo presionaban, contaba a sus profesores y compañeros de clase la vez que vio a Dios. Esto le generó problemas en clase y, finalmente, lo enviaron a psicólogos escolares, quienes le dijeron que tenía una imaginación demasiado vívida.

En la universidad estudió filosofía de la religión y aprendió técnicas de meditación. A veces, cuando está en una profunda meditación, puede volver a ver la Luz. Esos momentos son una bendición, dice Quique, porque puede volver a experimentar el acontecimiento que lo llevó a tener fe.

A lo largo de los años Quique ha sido objeto de muchas burlas por hablar abiertamente sobre su experiencia cercana a la muerte y la filosofía de vida que le proporcionó. Durante años, le dolieron las reacciones insensibles de la gente.

Ahora, después de escuchar las experiencias de otras personas que han tenido ECM, se da cuenta de que la mayoría de la gente lo ridiculiza porque nunca han tenido una experiencia tan poderosa y transformadora.

"Es un alivio haber llegado finalmente a esa conclusión", me dijo. "Me siento afortunado de haber tenido la experiencia. Desafortunadamente, muchos de nosotros necesitamos muchos años para incorporar la experiencia a nuestras vidas. Antes me dolía que la gente se burlara de mí por ver 'una luz'. Ahora lo comprendo. Después de todo, si no han tenido una experiencia así, ¿cómo puedo esperar que comprendan de qué les hablo?

"Rogué a Dios que me dejara morir"

Samuel, de sesenta años y con esposa y dos hijos, es ejecutivo de una compañía de seguros. A los diecisiete años, tuvo una experiencia cercana a la muerte en un campo de batalla del Pacífico. Según lo describe, recibió varios disparos mientras yacía en una trinchera. Varios soldados a su alrededor murieron y él sangraba profusamente por las heridas. "Sentía un dolor terrible", me dijo. "Varias veces rogué a Dios que me dejara morir". En cambio, sucedió algo más. Samuel lo describe así:

"Debí de haberme desmayado por la pérdida de sangre. Recuerdo que estaba mirando al cielo, escuchando las balas y otros sonidos del combate, cuando todo se volvió negro y no había ningún sonido. No sé cuánto tiempo estuve en ese estado de desmayo pero comencé a salir de mi cuerpo. No sentí dolor, ya que parecía que estaba de pie allí mismo, en el campo de batalla. Delante de mí había una hermosa luz que me quitó el dolor. Era brillante y hermosa, y podía simplemente quedarme allí en ese horrible campo de batalla y estar a salvo con ella".

Los médicos llegaron y se llevaron a Samuel a cirugía. Luego lo enviaron de regreso a Estados Unidos.

Samuel dice que de vez en cuando vuelve a él un poco de esa experiencia. Cuando está en períodos de estrés severo o dolor, siente la presencia de la Luz y es capaz de sentir paz.

En un momento dado Samuel sintió tanta curiosidad por su experiencia que acudió a un psicoterapeuta para intentar revivirla mediante hipnosis. No pudo hacerlo y salió del trance antes de ver la Luz. "La experiencia ocurre cuando la necesito, no cuando la quiero", dice Samuel.

"Quería decirle que estaba bien"

A los quince años, Adela enfermó gravemente de mononucleosis. Cuando la enfermedad comenzó a afectar su corazón fue hospitalizada y allí sufrió lo que podría haber sido un paro cardíaco. Ella cuenta lo que sucedió después:

"De repente flotaba sobre mi cuerpo y vi a mi padre sosteniendo mi mano abajo. Estaba muy preocupado mientras médicos y enfermeras trabajaban en mí. Quería decirle que estaba bien y muy abrigada y cómoda donde estaba. Estaba muy oscuro a mi alrededor y mi cuerpo estaba iluminado por la Luz. Vi la preocupación en el rostro de mi padre y decidí que tenía que regresar a mi cuerpo”.

Adela tiene ahora cuarenta y cuatro años. Siente que su experiencia la hizo más tolerante con las creencias de otras personas. También cree en la reencarnación, pero no en Dios. "Para mí, esta experiencia demostró que hay "vida después de la muerte", dijo Adela. "Mi experiencia no me mostró un Dios, así que realmente no puedo creer en uno".

Transformados tras intento de suicidio: dos estudios de caso

Caso n.° 1: "Cuídate"

Rita es mujer de cuarenta y siete años, felizmente casada, que se apresura a decir que está contenta de estar viva. Ahora me parece tan feliz que me cuesta creer que cuando era niña casi logró suicidarse.

Fue criada en Filadelfia por padres que la maltrataron tanto que todavía no puede hablar de los detalles de su infancia. El modo en que intentó suicidarse me hace creer que su vida fue realmente horrible.

A los siete años remolcó su trineo hasta la cima de una colina muy empinada y lo apuntó hacia un banco de cemento junto a la calle. Su plan era deslizarse de cabeza hacia el banco. Sin dudarlo, se tumbó y emprendió el que sería su último paseo. Golpeó con éxito el banco y de inmediato se encontró flotando sobre su cuerpo. Vio niños a su alrededor, pero nadie fue a buscar ayuda. Examinaron la herida y volvieron a jugar. Esta reacción despiadada no la sorprendió porque vivía en un barrio difícil del centro de la ciudad.

Voló cada vez más alto hasta los tejados de los edificios, donde nunca antes había estado. También vio que los apartamentos tenían fachadas falsas de estilo Tudor. Entonces las cosas cambiaron:

"Subí y subí y me desvanecí en un entorno de un azul plateado intenso. Luego apareció algo que parecía un gran paraguas sin palo. Este paraguas parecía doblarse a mi alrededor y todo se volvió muy oscuro. Luego, de repente, me encontré en una luz muy intensa y brillante. Me sentí cálida y amada de una manera que nunca antes había sentido. Y entonces oí una voz de la Luz: 'Has cometido un error. Tu vida no te pertenece. Debes regresar'. Discutí con la voz. 'Nadie se preocupa por mí'. La respuesta que recibí fue impactante. 'Tienes razón. Nadie en este planeta se preocupa por ti, incluidos tus padres. Es tu trabajo cuidar de ti misma'".

Rita volvió de repente a su cuerpo, que en ese momento no era un lugar agradable en el que estar. Tenía un dolor intenso. Su boca estaba incrustada en una barandilla de madera que rodeaba el banco. Tenía el cuello roto. Intentó mover la cabeza y perdió muchos de sus dientes y un trozo de lengua.

Rita recuerda haber pensado que en cuanto pudiera volvería a la cima de la colina nevada e intentaría suicidarse de nuevo. En cuanto ese pensamiento le vino a la mente Rita fue envuelta por el paraguas y sacada de su cuerpo nuevamente. En esa cálida "burbuja de amor y vida", tuvo una visión asombrosa. La cálida burbuja derritió la nieve y el hielo de un árbol cercano.

El globo le mostró que, aunque el árbol estaba cubierto de nieve y hielo en verano tendría hojas verdes. Se vio sentada bajo el árbol, comiendo una dulce manzana de sus ramas y sintiendo placer y alegría. De repente, comprendió lo que le estaban mostrando.

"Vi que el árbol de invierno con la nieve y el árbol de verano con las manzanas eran dos partes de un todo. Vi que mi vida ahora era como el árbol de invierno. Y cuando me di cuenta de que el verano estaba por llegar estuve dispuesta a regresar a mi cuerpo".

La vida no fue fácil para esta mujer, que tuvo un largo proceso de recuperación. Pasó muchos meses en coma y aún tiene algunas parálisis en los dedos. Como dice: "No me resultó tan difícil salir de mi cuerpo como volver a entrar".

La experiencia la transformó de inmediato. Después del coma habló más en defensa de sus derechos y se convirtió en una defensora de sí misma en lugar de víctima desanimada de abuso infantil.

Ha pasado su vida creando una familia de amor, del tipo que ella nunca tuvo. Está felizmente casada y tiene tres hijos. Lleva un paraguas en un collar de colgantes para recordar siempre lo que la experiencia le enseñó: "Cuando te haces daño, todo es daño".

 

Caso n° 2: "Tendrás que quedarte"

A los once años, Bastián se tragó puñados de pastillas de Darvon, codeína, Tylenol y aspirina y caminó hacia un parque arbolado para morir. Afortunadamente una pareja de jóvenes amantes, aproximadamente una hora después, encontraron su cuerpo en coma. Llamaron a una ambulancia y Bastián fue rescatado casi al borde de la muerte. Cuando revivió contó una experiencia de luz, la misma que me contó casi veinte años después del suceso.

"Todo se volvió oscuro cuando morí, tal como pensé que sucedería. De repente mi mundo se llenó de luz. Parecía llenar todos los puntos oscuros de mi vida, es decir, esos sentimientos de vacío que tenía por haber sido niño maltratado. Un espíritu de Luz me preguntó por qué había intentado suicidarme, así que le conté lo mal que estaba mi vida y mi mundo. Fue amable, pero no muy comprensivo. Me dijo: 'Bueno, tendrás que quedarte y ver qué puedes hacer con tu vida'".

Bastián ha hecho cosas maravillosas con su vida. Aunque su conversación con la Luz le hizo pensar que estaba loco durante años, ahora se da cuenta de que obtuvo un nuevo propósito a través de su experiencia.

A los veinticinco años Bastián trabaja en el único campamento de verano del país para niños con SIDA. Ahora se considera afortunado. "Mi experiencia cercana a la muerte me enseñó que tenía que crear mis  posibilidades. Nunca lo habría descubierto por mi cuenta".

No sabía que había muerto

Me siento honrado por haber escuchado estas experiencias transformadoras de dos sobrevivientes de intentos de suicidio en la infancia. El suicidio infantil es poco frecuente y suele predecir una vida de inestabilidad mental. Sin embargo, aquí tenemos a dos adultos exitosos que han superado sus traumas infantiles y ahora viven vidas extraordinarias.

Por lo general, la descripción de una ECM infantil por parte de un adulto es similar a la de un niño que cuenta su experiencia. Los pacientes son bastante informales y el relato en si es muy breve. La experiencia infantil permanece pura y simple, un recuerdo vívido que persiste e influye en el resto de la vida de la persona. Estas personas viven la muerte con calma y la vida con entusiasmo. Como me dijo un hombre: "Me dejó con la mente abierta, pero sin otros efectos reales".

Este es un hallazgo muy importante. La mente no altera la ECM infantil con el paso del tiempo, ni el sujeto que la experimentó cambia ni embellece la historia después de años de contar el suceso.

Es interesante observar que los adultos que cuentan sus ECM de la infancia a veces no creen que la hayan tenido A menudo comienzan diciendo: "Vaya, supongo que esto no fue realmente una experiencia cercana a la muerte, pero esto es lo que me pasó". Más tarde, cuando revisamos sus casos sus registros médicos confirman que, efectivamente, han tenido una experiencia de ese tipo.

Después de dar una charla sobre ECM al personal de mi hospital local, uno de los médicos de la sala de emergencias afirmó que estas experiencias no eran espirituales sino relacionadas con las drogas.

"Nunca he tenido una experiencia casi fatal, pero sé a ciencia cierta que los agentes anestésicos pueden causar exactamente el tipo de experiencia que usted describe. Estas ECM no son nada inusuales y sin duda son causadas por medicamentos".

Había examinado cuidadosamente los efectos de los agentes anestésicos de uso común en mi  trabajo y había descubierto que no causaban ECM. Le pregunté sobre sus pruebas.

"Tuve una experiencia similar cuando era niño", dijo. "Me hicieron una amigdalectomía de rutina a los seis años y salí flotando de mi cuerpo. Vi a los médicos trabajando en mí y vi una luz brillante. Sentí que estaba con Dios y su amor. Luego fui absorbido nuevamente por mi cuerpo".

Sentí curiosidad. Le pedí que investigara en su historial médico qué agentes anestésicos se habían utilizado. Para su sorpresa descubrió que su corazón se había detenido brevemente durante la cirugía. También había una anotación que decía que sus padres no habían sido informados porque se había detenido durante un período de tiempo muy breve. Él no lo reconoció por lo que era.

Regresó con un propósito: el amor

Experimentar la Luz ha dado a las personas un nuevo propósito en la vida. Con eso no quiero decir que Dios las salvó para inventar una cura para el cáncer o para salvar al mundo de la destrucción nuclear. Nada tan grandioso. El propósito es bastante simple y se puede resumir fácilmente: reverenciar la vida y ver las intrincadas conexiones en todo el universo.

Incluso muchos años después de sus ECM estas personas especiales creen que la Luz les dio el poder de transformar sus vidas. En muchos sentidos las personas que las han tenido se han transformado tanto que han renunciado a cierta relación con sus egos. Este proceso ha permitido que algunos se vuelvan mucho más sensibles a los demás.

Una mujer, por ejemplo, me dijo que su ECM le había dado el "poder de leer las mentes". Con eso no quería decir que pudiera leerlas como un libro. "Simplemente me he vuelto muy intuitiva y puedo entender cómo piensan. Esto me ha ayudado en mi trabajo como enfermera". Muchos niños y adultos han dicho que las ECM los hacen más sensibles a las personas que los rodean.

Los mensajes dados a estos hijos de la Luz no son nuevos ni controvertidos. Son tan antiguos como la humanidad misma y han servido como el combustible principal de nuestras grandes religiones:

"Ama a tu prójimo y aprecia la vida".

"Haz a los demás lo que quieres que te hagan".

"Limpia tu  desorden".

"Sé lo mejor que puedas ser".

"Contribuye a la sociedad".

"Sea amable, gentil y cariñoso".

 

Estos mensajes tienen una urgencia especial para quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte. ¿Por qué? Tal vez, dado que los mensajes les llegaron en el momento de la muerte, deben ser importantes.

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8 - El estudio de Seattle revisado.

El conocimiento entra por el sufrimiento; y la vida se perfecciona por la muerte. —Elizabeth Barrett Browning

 

Después de ocho años de investigación científica sobre las experiencias cercanas a la muerte en niños decidí volver a entrevistar al grupo original de pacientes del estudio de Seattle. Cuando hablé con ellos por primera vez comprobé que entonces no me habían contado toda su experiencia.

En aquel entonces eran tímidos y a veces se mostraban reacios a hablar de “flotar en el aire” o de “un hombre que brillaba como una bombilla”. A veces la única forma en que podía lograr que hablaran sobre sus ECM era darles papel, lápices de colores y dejar que hicieran un dibujo de ellas. Ahora, casi diez años después, me preguntaba cómo serían estos niños. ¿Se habrían adaptado bien a sus compañeros? ¿Irían por delante de sus compañeros en el aspecto académico? ¿Tendrían una perspectiva del mundo diferente a la de sus amigos o su profunda experiencia espiritual no supuso diferencia alguna?

Descubrí que estos niños se convirtieron en adolescentes especiales con excelentes relaciones con sus familias compartiendo una madurez y sabiduría que inspiraba humildad.

El grupo del estudio de Seattle muestra una llamativa ausencia de abuso de drogas e incluso de experimentación en ese campo. Muestran poca rebeldía contra la autoridad, no asumen riesgos excesivos y no presentan embarazos adolescentes. Estas personas fueron seleccionadas para el estudio porque habían sobrevivido a un paro cardíaco. Sin embargo, en lugar de sufrir daño cerebral y el retraso mental que suelen ser consecuencias de un suceso tan traumático, tenían buenas calificaciones y un comportamiento excelente.

Hablé con todos y cada uno de los niños del estudio original y encontré estos rasgos en todos ellos. Esto es algo de lo que descubrí cuando visité a estos niños especiales:

Paciente Uno - “Más Grave... Mucho Más Feliz”

Por ejemplo, el paciente número uno de mi estudio tiene ahora veinte años y recuerda vívidamente su experiencia. Abandonó su cuerpo cuando el corazón se paró y observó cómo los médicos trabajaban frenéticamente para salvarlo. Su experiencia me había impresionado por la riqueza de detalles que pudo recordar de la  reanimación. Todo lo que describió fue completamente exacto, incluidos fragmentos de conversación, detalles precisos de cómo le aplicaron un gel en el cuerpo, cómo los médicos sacaron a los demás de la cama de metal antes de presionar los botones de las paletas de reanimación cardiaca y cómo le cortaron la ropa con tijeras para exponer brazos, piernas y pecho.

Su experiencia había sido tan auténtica que es difícil de explicar a menos que él mismo estuviera en el techo viendo su reanimación.

El Paciente Uno no considera su experiencia como religiosa. Ni siquiera la considera una prueba de que existe vida después de la muerte. No sabía que había tenido una ECM hasta que me escuchó hablar de ellas en un programa de radio. Sin embargo, esta experiencia ha tenido un profundo efecto en su forma de pensar y de vivir.

Se describe a sí mismo como "más serio que la mayoría de los mozos de mi edad, pero mucho más feliz". Siente que entiende el significado de la vida y cuál es su propósito, aunque no puede expresarlo con palabras: "Desarrollé diabetes cuando era adolescente y mi experiencia me ayudó a lidiar con eso. Me impidió desanimarme y me hizo tomar conciencia de lo valiosa que es la vida". Su filosofía de vida es sencilla y serena. Tiene una visión de lo que quiere hacer y trabaja duro para lograrlo. Quiere casarse y tener familia, y quiere trabajar en un oficio.

Terminó nuestra conversación con palabras prácticamente idénticas a las de tantos otros hijos de la Luz: “Una cosa sé: no tengo miedo de morir. Mi experiencia me ha hecho más consciente de la vida. Me ha impedido interesarme por las drogas o conducir coches y drogarme como hacen mis amigos".

Paciente seis: "Me siento más tranquilo y con más control"

Mirta (la paciente número seis del estudio de Seattle) era la niña de ocho años que estuvo a punto de morir de coma diabético. Salió de su cuerpo y pudo identificar con precisión muchos detalles de su reanimación. Entonces vio una caja frente a ella con un botón rojo y otro verde. Detrás de ella había unos seres altos vestidos de blanco a quienes más tarde llamó médicos. Aunque la persuadieron para que presionara el botón rojo, eligió el verde y regresó a su cuerpo. Aunque ella llamaba a estos seres médicos, brillaban desde una luz interior y tenían las mismas características que otros niños describen como ángeles.

Mirta también tuvo que tomar una decisión sobre cruzar una barrera, que en su caso fue elegir el botón correcto. Todas estas fueron claramente la experiencia central de la ECM.

¿Cómo afectó esta ECM a Mirta? Ella dice que la hizo ver la vida de manera diferente a la de la mayoría de las personas. “Las pequeñas cosas que molestan a los demás en realidad no me molestan. Me siento más tranquila y tengo más control”.

Mirta considera su ECM como "un acontecimiento especial". Es vegetariana porque no quiere hacer nada que pueda dañar a los animales. Tiene profunda creencia en Dios, pero no asiste a la iglesia con regularidad.

La madre de Mirta la define como una persona "serena" y "muy madura para su edad". Y, al igual que los demás participantes del estudio, Mirta no teme a la muerte, pero quiere asegurarse de vivir la vida al máximo.

Paciente tres: "¿No lo sientes?"

Diego, (el tercer paciente del estudio), ha tenido ahora una segunda experiencia cercana a la muerte como consecuencia de sus problemas renales crónicos. Las dos ECM de Diego, junto con sus problemas renales crónicos, le ayudaron a poner su vida en perspectiva. Diego, que antes era el rebelde de la familia ahora ha abrazado la fe de su familia en Cristo y se ha convertido en cristiano devoto. Su transformación ha ayudado a la familia a lidiar con la increíble tensión que supone criar hijos con problemas renales.

El hermano menor de Diego murió de insuficiencia renal y, para sobrevivir, él y su hermana pasan entre doce y dieciocho horas semanales conectados a una máquina de diálisis en casa. La tasa de divorcios en tales situaciones supera con creces el setenta y cinco por ciento. Sin embargo, esta familia, a todos los efectos, lleva una vida bastante normal.

¿Las ECM de Diego les han ayudado a lograr esa normalidad? "Estas cosas me han ayudado a encontrar consuelo a través de Dios", dijo Diego. "¿No lo sientes? En esta casa el espíritu está en todas partes".

Debo admitir que sentí un extraño espíritu de familia y alegría con esta buena gente. Estos niños han crecido y se han convertido en adolescentes extraordinarios. No son científicos ni sumos sacerdotes con túnicas, sino niños positivos y optimistas con una alegría que inspira. No han consumido drogas ni alcohol, no se han embarazado y, según sus padres, rara vez se salen de la norma. Sus acciones hablan más que las palabras sobre la realidad de la experiencia cercana a la muerte.

Transformación para mí, también

¿Y cómo me ha afectado una década de investigación sobre situaciones cercanas a la muerte en mi forma de abordar la medicina? Ha cambiado todo en mi vida, incluso mi visión de la medicina, la forma en que veo a la sociedad e incluso la forma en que trato a mi familia.

Cuando comencé mis estudios, hace ocho años, trabajaba en el campo de la medicina convencional. Me refería a mí mismo, entre risas, como un "neurocirujano de roedores" que investigaba los efectos de la radioterapia en el cerebro de un niño. Empecé a realizar estudios cercanos a la muerte como actividad paralela a una agenda ya de por sí ocupada.

Me fascinaba el tema pero siempre pensé que demostraríamos que un fármaco o un proceso patológico en particular eran responsables de este fenómeno. Cuando acepté el reto del doctor Raymond Moody de estudiar científicamente las ECM tuve la certeza de que la ciencia las explicaría.

Después de todos estos años acepto lo que sabían los antiguos: todos los hombres deben morir y no hay que temer a la muerte. Hay una Luz que todos experimentaremos después de la muerte, y esa Luz representa alegría, paz y amor incondicional.

Estos niños me han enseñado que cada uno de nosotros tiene la capacidad de experimentar la Luz y que la Luz nos enseña que cada uno de nosotros es importante a su manera.

Nuestra investigación reunió información nueva y preexistente que reveló un circuito genético impreso en el cerebro que puede generar la experiencia cercana a la muerte. La existencia de esa zona me ha llevado a incluir el concepto de alma en mi pensamiento médico. ¿Por qué? La forma más simple y lógica de explicar nuestro conocimiento actual sobre la conciencia del hombre es la hipótesis de que, en realidad, hay un alma dentro de cada uno de nosotros, independientemente del tejido cerebral.

He reexaminado una generación de investigaciones científicas sobre la función cerebral superior y he descubierto que la hipótesis del alma explica muchos acontecimientos "inexplicables". Explica las experiencias extracorporales, la sensación de salir del cuerpo y describir con precisión detalles que están fuera del campo de visión del cuerpo. Sucesos como flotar fuera del cuerpo y dar detalles precisos de un paro cardíaco (cosas que una persona no podría ver ni siquiera con los ojos abiertos) son virtualmente imposibles de explicar si no admitimos una conciencia separada de nuestros cuerpos que podría llamarse alma.

He documentado que tenemos una zona en el cerebro, el lóbulo temporal derecho, que algunos investigadores describen como la sede del alma. Está conectada con el hipocampo, que funciona como el control maestro del cerebro, clasificando miles de datos sensoriales y decidiendo cuáles de ellos deben ser objeto de acción. Contiene nuestros deseos inconscientes y capacidad de soñar. Sin esta zona, seríamos como robots, incapaces de iniciar una actividad con un propósito y sin preocuparnos por el paso del tiempo.

Algunos neurólogos han llamado al hipocampo "el hombre en la máquina". Está conectado directamente con áreas de los lóbulos temporal y occipital derechos que contienen los circuitos neuronales para crear experiencias cercanas a la muerte. El colapso de los campos visuales para crear la experiencia del túnel ocurre en los lóbulos occipitales. Las sensaciones de abandonar el cuerpo, ver a familiares muertos, escuchar música celestial, hablar con Dios y revisar la  vida son parte de nuestra composición genética, "programadas" dentro de cada uno de nosotros.

En la actualidad, la ciencia no intenta explicar las ECM. En cambio, se basa en vagas alusiones a las "endorfinas en el momento de la muerte", como si eso pudiera explicarlo todo. El problema es que la ciencia intenta explicar toda la misteriosa actividad cerebral con frases hechas, endorfinas y otros neurotransmisores.

La experiencia cercana a la muerte es la primera experiencia psicológica que se localiza en el cerebro. Pronto le seguirán otras. Varios estudios de investigación excelentes documentan los efectos de las emociones sobre la enfermedad. Por ejemplo, si un anestesiólogo susurra "te pondrás bien pronto" al oído de un paciente durante una operación, ese paciente abandonará el hospital una media de dos días antes que un grupo de control al que no se le han dicho esas palabras tan tiernas y amorosas. Esto es un hecho. Esa información no se utiliza de forma rutinaria en cirugía porque los cirujanos tienden a rechazar lo psicológico. Si esas palabras fueran pastillas, pedirían miles de ellas.

Al localizar la zona de las ECM en el cerebro, tenemos la anatomía que respalda la experiencia psicológica. Sabemos dónde está la placa de circuitos. Ahora los neurólogos pueden aceptar la espiritualidad de las ECM porque sabemos dónde se generan en nuestro cerebro. Esta aceptación es importante. Dado que los profesionales médicos tratan con personas que sufren crisis espirituales y físicas, es importante que puedan aceptar y explicar una amplia variedad de fenómenos que no se encuentran en la mayoría de los libros de texto médicos.

Las experiencias cercanas a la muerte son un ejemplo de una experiencia psicológica que puede localizarse anatómicamente dentro del cerebro. Dado que a menudo son experiencias profundas y místicas, el estudio de las ECM ayudará a reconciliar la división que existe desde hace siglos entre ciencia y espíritu. Una vez escuché a un religioso decir que en cada uno de nosotros hay un pedacito de Dios. Pensé: "Dios está en todos y cada uno de nosotros, y la capacidad de percibir a Dios se encuentra en el lóbulo temporal derecho, dentro de la fisura de Silvio". No creo que mi reformulación anatómica de su mensaje le haya quitado valor en nada.

Hay muchos ejemplos de experiencias psicológicas que se han localizado en áreas específicas del cerebro. Áreas específicas de nuestro sistema límbico, una zona antigua del cerebro ubicada en lo profundo de la corteza, codifican las emociones de rabia y enojo.

Se ha descubierto que las mismas hormonas que generan estas emociones tienen efectos específicos en nuestro sistema inmunológico. Los endocrinólogos pronto podrán describir las vías bioquímicas exactas por las que la ira y la rabia conducen a un aumento de las infecciones y el cáncer.

El doctor Vernon Neppe, director de la División de Neuropsiquiatría de la Universidad de Washington, ha documentado que experiencias como los ya-visto y los sueños e intuiciones premonitorias también se localizan en el lóbulo temporal. Está de acuerdo en que el valor de estas experiencias es reconocer que una experiencia como el ya-visto, que la mayoría de los seres humanos tendrán en algún momento de su vida, es por lo tanto una experiencia natural y normal, y en absoluto paranormal.

Describe a una paciente que pensaba que estaba loca porque a veces veía halos de luz alrededor de ciertos amigos y tenía sueños premonitorios que parecían hacerse realidad. Cree que evitó que sufriera una crisis psicótica simplemente asegurándole que esas experiencias eran comunes y normales y que, en su caso, no eran síntomas de locura.

Los médicos a menudo ignoran las pruebas bien documentadas de los efectos de la mente sobre el cuerpo. Varios estudios han demostrado el valor de simplemente hablar con los pacientes antes de la cirugía sobre el dolor posoperatorio y el proceso normal de curación. Estos pacientes son enviados a casa un promedio de dos días antes que los pacientes que no reciben este tratamiento para la mente. Muchos estudios muestran que hacer declaraciones positivas sobre lo bien que está el paciente y lo rápido que se curará en el quirófano dará como resultado una menor necesidad de medicamentos para el dolor y una fecha de alta más temprana.

Si yo quisiera venderles a los cirujanos una pastilla que provoque menos dolor posoperatorio y una recuperación quirúrgica más rápida, las vendería a montones. Una pastilla que cura es mucho más aceptable que palabras que pueden tener el mismo efecto.

El valor real de los resultados de mi equipo de investigación es que hemos establecido que la experiencia cercana a la muerte es un suceso natural y normal que sucede a los humanos cuando mueren. No son un fenómeno psíquico oscuro que se pueda agrupar con los avistamientos de ovnis y el monstruo del bosque. La comprensión de cómo las emociones pueden afectar nuestra capacidad para combatir enfermedades, o cómo la preparación mental de un paciente para una cirugía puede conducir a una curación posoperatoria más rápida, será más fácil una vez que cambiemos nuestra percepción de cómo se interrelacionan mente y cuerpo.

Para los científicos médicos, la localización anatómica de una experiencia extracorporal en el lóbulo temporal hace que las ECM sean más comprensibles y el estudio de estas experiencias más respetable. Predigo que dentro de veinte años muchos de estos procesos psicológicos estarán localizados anatómicamente en el cerebro y que veremos una reintegración del espíritu del hombre con su genio tecnológico.

Cuando presento la ubicación anatómica de las experiencias cercanas a la muerte en varias charlas y conferencias, quienes han tenido esas experiencias a menudo me dicen que les molestan mis intentos de localizar las ECM en el cerebro. Para ellos, intentar explicar científicamente estos acontecimientos es lo mismo que intentar desacreditarlos, es decir, dar a entender que no son reales. Las experiencias cercanas a la muerte no necesitan que la ciencia demuestre que son reales.

Cada cual debe decidir por sí mismo si existe o no alguna parte del hombre que pueda abandonar el cuerpo. El hecho de que la ciencia no pueda medir el alma en el laboratorio no significa que no exista.

Una de las enfermeras del Valley General Hospital me contó sobre su abuela que tuvo una experiencia cercana a la muerte después de sobrevivir a un ataque cardíaco.

La abuela de Aitana le dijo que había estado en el cielo y que ya no tenía miedo de morir. Aitana me preguntó si creía que el hecho de que los niños tuvieran ECM era una prueba de que hay vida después de la muerte. Buscaba la seguridad de que su abuela había visto el cielo. Le dije que esa misma pregunta me había angustiado y había llegado a la conclusión de que la ciencia no podía responderla.

Varias semanas después, me contó que su abuela había sufrido un segundo ataque cardíaco y que la habían reanimado, pero que la mantenían con vida gracias a aparatos de soporte vital. Le preguntó a su abuela si había vuelto al cielo después del segundo ataque. Su abuela asintió con la cabeza para indicar que "sí". Aitana le preguntó si tenía miedo de morir y ella negó con la cabeza. Su abuela murió en paz con una expresión de alegría en su rostro.

Pregunté a Aitana si ahora creía que su abuela había ido realmente al cielo, y me respondió: "Bueno, mi abuela lo creía, y eso es prueba suficiente para mí". Al igual que Aitana, yo también creo en la realidad de las experiencias cercanas a la muerte. Los efectos que tienen esos sucesos en las vidas (y muertes) de quienes las viven son "prueba suficiente" para mí.

Mi equipo de investigación ha documentado el poder transformador de las ECM en las personas que las han experimentado. Estas transformaciones son saludables y ponen de relieve la alegría y la devoción por la vida. Una persona me dijo que su experiencia le enseñó que "el duelo es crecimiento". Otra persona aprendió que todo en el mundo está interconectado y que, independientemente de los problemas que uno enfrente, existe una razón para ese problema. El conocimiento de que una luz brillante y amorosa nos espera a todos en el momento de la muerte parece generar entusiasmo y dedicación para vivir la vida al máximo antes de unirnos a esa luz.

Zona fértil para la investigación

El psicólogo Carl Jung creía que la terapia y el psicoanálisis rara vez cambian la vida de una persona. Los cambios sólo se producen, decía Jung, a través de experiencias como una conversión mística.

Las experiencias cercanas a la muerte sin duda representan una conversión de ese tipo. Su capacidad de transformación no debe ignorarse. Debido a sus cualidades místicas los médicos suelen desestimarlas pues sienten la necesidad de cuantificarlo todo. La investigación sobre las cualidades transformadoras de esas experiencias podría tener un impacto tremendo en nuestro sistema de atención sanitaria.

Tal vez se podría iniciar un esfuerzo conjunto entre neuroquímicos y psiquiatras para descubrir otras formas de acceder a esta zona del cerebro. Muchos de nuestros problemas de salud tienen raíces en la mente, como el alcoholismo, la adicción a las drogas y la obesidad. El alcoholismo es prácticamente intratable con medicamentos, psiquiatría o control de la conducta.

Imagínese si la reacción transformadora a las ECM pudiera estar disponible para cualquiera que quiera el poder de cambiar su vida para mejor.

Otras posibilidades de investigación

Otra posibilidad para la investigación de las experiencias cercanas a la muerte sería el análisis de sangre. Dado que sabemos que un gran número de personas que sufren paros cardíacos tendrán experiencias cercanas a la muerte, ¿por qué no extraerles un poco de sangre adicional para analizarla? De todos modos, a estos pacientes se les extrae una cantidad considerable de ella. Sería fácil y ético extraer un tubo adicional para analizarlo en busca de pruebas de cuál de los sesenta neuropéptidos, si es que hay alguno, podría estar involucrado en el desencadenamiento de las ECM. También podríamos examinar esta sangre para determinar si tiene niveles elevados de serotonina y endorfinas.

Esta información podría luego utilizarse para diseñar nuevos medicamentos que podrían activar las áreas del cerebro responsables de esta transformación.

Un experimento de este tipo sería un esfuerzo conjunto entre psiquiatras, que podrían recopilar y cuantificar los datos clínicos; neurólogos, que podrían identificar áreas específicas de la función cerebral; y neuroquímicos, que podrían diseñar formas de marcar bioquímicamente la actividad neuroquímica.

Otro proyecto de investigación podría utilizar electroencefalogramas especializados para documentar la actividad del hipocampo. Estos electroencefalogramas leen la onda cerebral P-300, que puede revelar cosas tan notables como las habilidades de liderazgo de una persona, la probabilidad de convertirse en alcohólico o la capacidad de prestar atención al mundo.

Dado que los pacientes que han tenido ECM a menudo informan que el mundo parece fresco y nuevo, sus ondas cerebrales P-300 podrían compararse con las de la población general para descubrir alguna diferencia.

Las ondas cerebrales de quienes experimentan ECM también podrían compararse con las de personas que informan estados extáticos y experiencias extracorporales a través de la meditación, para ver si existen similitudes.

En un ámbito más básico, actualmente existen pocos estudios en la literatura médica que documenten los efectos psicológicos de simplemente hablar sobre la muerte y la agonía con pacientes terminales y sus familias. ¿No es ese un comentario impactante sobre lo mucho que hemos caído de la tradicional escena del lecho de muerte en la que la persona moribunda tenía el control? La mayoría de los pacientes moribundos no sólo dependen completamente de los médicos y enfermeras para todas sus necesidades sino que los tenemos en una posición de dependencia psicológica.

Al hablar sobre visiones previas a la muerte, experiencias cercanas a la muerte y la muerte misma con pacientes moribundos y sus familias, podemos sacar el dolor del aislamiento y dejar de ignorar este suceso difícil pero inevitable. Al hablar sobre el proceso de la muerte, aprenderemos a curarnos, las familias aprenderán del proceso de duelo y los médicos y enfermeras evitarán el agotamiento que supone trabajar con los moribundos. Esta es estrictamente mi opinión. No existen datos que respalden o desmientan esa opinión.

Existen muchas otras oportunidades de investigación, todas ellas valiosas para el avance de la medicina:

# Necesitamos analizar las actitudes que tienen los enfermeros y los médicos sobre la vida y la muerte. Conocer estos sistemas de creencias nos ayudaría a entender cómo las actitudes de los cuidadores pueden influir en lo que los pacientes están dispuestos a compartir con ellos.

# ¿Las visiones previas a la muerte o las experiencias cercanas a la muerte de un paciente moribundo ayudan a los cónyuges o padres sobrevivientes a lidiar con su dolor? Estos sucesos pueden ofrecer oportunidades valiosas para resolver el dolor que se está ignorando.

# Es bien sabido que viudas y viudos a menudo mueren en el plazo de un año tras la muerte de su cónyuge. ¿Puede una intervención agresiva con una conversación sobre las experiencias cercanas a la muerte reducir esta tasa de mortalidad? Una familia me dijo que cuando murió su hijo, un religioso les dijo: "Su hijo está bien. Ahora está en el cielo. Lo sé porque yo mismo he estado allí". Luego les contó su  ECM. Resultó ser un gran alivio para la familia.

# ¿Este tipo de asesoramiento ayuda o perjudica a quienes están de duelo? Actualmente no existen estudios que nos lo permitan.

# ¿Las discusiones abiertas sobre las visiones previas a la muerte ayudan a prevenir el agotamiento de médicos y enfermeras en unidades de cuidados intensivos y salas con altas tasas de mortalidad?

La Dra. Karen Ollness, profesora de pediatría en el Rainbow Babies Hospital de Cleveland, me contó sobre un programa innovador que inició en el Milwaukee Children's Hospital. El personal del hospital celebraba reuniones semanales para analizar formas en las que la reverencia por el espíritu humano podía integrarse en la rutina del hospital. Este taller informal semanal se volvió muy popular y ha tenido impacto en todo el hospital. Por ejemplo, se realizan seminarios sobre la muerte y el morir para el personal de limpieza y limpieza en un esfuerzo por crear un clima total para el proceso de curación. Cuando un paciente muere, el personal del hospital rutinariamente asiste a servicios conmemorativos y funerales. Estas prácticas ayudan a los cuidadores a afrontar la pérdida de un paciente.

Sería fácil reproducir estos grupos de apoyo y procedimientos en hospitales de todo el país. Solo hace falta que haya algunas personas dispuestas a hablar de estos temas de forma cariñosa y abierta.

#  ¿Acaso el asesoramiento sobre experiencias cercanas a la muerte en pacientes terminales hospitalizados o en hospicios crea un mejor entorno para ellos? ¿Requieren tantos medicamentos? ¿Ayudar a los pacientes a morir de forma controlada y con dignidad, incluida una escena en el lecho de muerte en la que estén coherentes y no muy sedados, cura el dolor de los familiares supervivientes? Es necesario realizar estudios para encontrar estas respuestas.

#  ¿Existen formas de alentar a los pacientes a tener visiones previas a la muerte? Por ejemplo, ¿puede la hipnosis ayudar al paciente a tener una visión terapéutica previa a la muerte?

Esto no es tan extraño como parece. La doctora Gardner, psicóloga del Hospital Infantil de la Universidad de Colorado, logró esto con un paciente al que llama David. Este niño de trece años estaba muriendo de leucemia. Gardner intervino cuando le pidieron que enseñara a David autohipnosis para que pudiera controlar sus dolorosos vómitos y arcadas. Lo hizo con gran éxito. Al poco tiempo, David y el resto de su familia quisieron conocer otras formas de utilizar la hipnosis. David quedó tan fascinado con el proceso que incluso intentó hipnotizar al perro de la familia. Cuando quedó claro que a David sólo le quedaban unos meses de vida, la doctora Gardner le pidió que pensara en una imagen o símbolo que pudiera ayudarlo a lidiar con la ansiedad de la muerte. David eligió un águila, que podía elevarse por el aire, lejos de su cuerpo lleno de dolor, hacia un lugar de paz y amor. Su familia usó esta imagen para prepararlo para la muerte. En los últimos días de su vida, su padre le susurraba: "Vuela, David, ve a ese lugar especial". Murió en los brazos de su padre, huyendo del dolor por última vez.

La imagen del águila en vuelo que tenía David era un arquetipo que surgió de su inconsciente durante la hipnosis. Los tipos de visión previa a la muerte que presenté anteriormente han sido de una naturaleza muy diferente: visiones del cielo o de guías espirituales que surgen espontáneamente, no como resultado de meditaciones guiadas.

Predigo que cualquier persona que esté dispuesta a escuchar a un paciente moribundo oirá a ese paciente hablar de una visión que tiene el poder de curar. Puede hablar de un águila que se eleva hacia un lugar privado y seguro. Puede hablar de una tierra donde puede experimentar los placeres del sexo (como le pasó a uno de mis pacientes adolescentes), o puede hablar de una maravillosa tierra de verano en la que hay un castillo de cristal.

Estas visiones son reales para la persona que las tiene y no deben ser tratadas como ejemplos de "desorientación" o "confusión". Palabras como estas llevan a los médicos a medicar para que el paciente moribundo no tenga visiones.

Está bien documentado que, a medida que un paciente se acerca a la muerte, se aísla cada vez más de su familia y del equipo médico. De hecho, los médicos pasan menos tiempo junto a su cama. Los familiares lo visitan con menos frecuencia y por períodos más cortos. Una vez que se realiza el diagnóstico de una enfermedad mortal, se produce una disminución drástica de las visitas, las llamadas telefónicas y el tiempo que dedican las enfermeras o los médicos.

¿Puede la educación y el asesoramiento sobre las experiencias cercanas a la muerte revertir este patrón y brindar apoyo al paciente moribundo cuando más lo necesita? Tal vez.

Estudiemos las preguntas y averigüémoslo.

Lecciones de compasión

Hay una lección importante que he aprendido en una década de estudios sobre situaciones cercanas a la muerte: escuchar, ser compasivo y comprender que las personas, incluidos los niños, tienen la necesidad de sentirse en control.

Esta lección me ha quedado clara muchas veces, incluso una vez por el señor Rogers. Esta popular estrella del programa de televisión titulado El Barrio del señor Roger, llegó al Hospital de Niños compartió muchas historias sobre cómo escuchar a los niños y cómo eso les permite controlar sus  procesos de curación.

El señor Rogers contó el caso de una niña que tenía todo el cuerpo enyesado como consecuencia de múltiples lesiones sufridas en un accidente automovilístico. No podía mover los brazos ni las piernas y tenía que pasar los días mirando al techo. Se deprimió profundamente y se negó a comer. Entonces, "una persona amable y sensible" pensó en hacerle un regalo de Nochevieja que silbaba y se desenrollaba al soplarlo. A la niña le encantó este juguete y pronto volvió locos al personal con los sonidos interminables del artilugio. Esta nueva sensación de control la ayudó a recuperar el apetito y acelerar su proceso de curación.

Otra paciente joven se vio obligada a guardar reposo absoluto debido a una fiebre reumática. Sufrió una depresión severa y se negó a que los médicos la examinaran o le extrajeran las muestras de sangre necesarias. Una vez más, "una persona amable y considerada" hizo algo poco ortodoxo: le dio una pistola de agua. Ahora, cuando los médicos y los técnicos entraron en la habitación tenían que recibir un chorro de agua antes de poder pincharla con una aguja. Una vez más, control; el tipo de control que sólo puede funcionar cuando figuras tan poderosas como los médicos están dispuestos a recibir un chorro de agua.

Una vez que los médicos empecemos a escuchar a los pacientes, a respetarlos y a compartir con ellos, ellos nos darán herramientas adicionales para ayudar en el proceso de curación.

Permítanme darles un ejemplo de otra visión curativa de mi  práctica.

Al enterarse de mi interés en las experiencias cercanas a la muerte, una paciente compartió conmigo una visión que tuvo sobre su hijo que murió a los diez años. Cuando tenía seis meses, se enteró de que tenía parálisis cerebral. Le informaron de este diagnóstico de una manera horrible. Después de un extensa serie de pruebas en un gran hospital de la ciudad, una enfermera se le acercó y le preguntó: "¿Alguien te lo ha dicho ya?". Ella respondió: "No, ¿qué quieres decir?". La enfermera simplemente le entregó un trozo de papel en el que estaba escrito "parálisis cerebral". Quedó angustiada. No recibió ningún tipo de terapia ni un hombro compasivo en el que llorar, solo las palabras "parálisis cerebral" escritas en un papel.

Esa noche, tuvo la visión de su hijo a los diez años. Estaba sonriente, hermoso y saludable y parecía decirle: "Mira, mamá, estoy bien". Se aferró al recuerdo de esa visión durante toda su vida.

Aunque no podía comer, hablar, sentarse ni caminar, ella seguía viéndolo tan feliz y bien como parecía aquella noche mística. A los diez años, murió mientras dormía. Fue entonces cuando comprendió el significado de su visión: estaba libre de un cuerpo paralizado por una parálisis cerebral.

No vino a preguntarme si creía en la vida después de la muerte o si pensaba que su hijo ahora era feliz. La visión le había dado respuesta a ambas preguntas. Todo lo que necesitaba era consuelo y la seguridad de que lo que había sucedido "estaba destinado a ser".

No sé por qué tuvo una premonición de lo que "estaba destinado a ser". Tal vez todo se reduzca a las palabras del psicoterapeuta Carl Jung, quien dijo: "No debemos pretender comprender el mundo sólo a través del intelecto; lo aprehendemos también a través del sentimiento. Por lo tanto, el juicio del intelecto es, en el mejor de los casos, sólo la mitad de la verdad".

Después de diez años de escuchar las experiencias cercanas a la muerte de niños, me encuentro de acuerdo con Jung: la ciencia, por muy grande que sea, cuenta sólo la mitad de la historia sobre la vida en el más allá y el alma humana. Los niños de la Luz cuentan el resto.

Escuche lo que me han dicho:

"Tengo un secreto maravilloso que contarte. He estado subiendo una escalera hacia el cielo".

"Sólo quería llegar a esa Luz. Olvidar mi cuerpo, olvidar todo. Sólo quería llegar a esa Luz".

"Había muchas cosas buenas en esa Luz."

“Me dijeron que la vida es dolorosa y que de todos modos tenía que regresar”.

"Escuché una voz que me decía: 'Vuelve, Bobby. Tienes un trabajo que hacer'".

"Había una luz hermosa que contenía todo lo bueno. Durante una semana aproximadamente, pude ver destellos de esa luz en todas partes".

“Antes de quedarme dormido por la noche, pude ver esa Luz”.

“No tenía miedo de volver a vivir porque sabía que algún día estaría con esa Luz”.

"Cuando te haces daño a ti mismo, dañas todo".

"Ya verás. El cielo es divertido". wisto

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Apéndice - Por qué no son ECM.

Algunos escépticos afirman que las experiencias cercanas a la muerte son alucinaciones resultantes de una variedad de drogas, fenómenos psicológicos o estrés fisiológico.

Para ofrecer un punto de vista equilibrado, presento estas drogas y otros fenómenos que, según los detractores, pueden causar experiencias similares a las ECM, y una sinopsis de la investigación médica que muestra lo que hace cada uno.

Como podrás ver en la investigación científica, ninguna de ellas imita las poderosas experiencias reveladas en este libro.

Ácido lisérgico (LSD): El LSD, una droga que fue popular en los años sesenta, es una forma cristalina de ácido conocida por causar alucinaciones. El LSD frecuentemente causa una sensación de abandonar el cuerpo físico y a menudo deja a uno con la sensación de haber tenido una experiencia religiosa. El LSD tiene características inconsistentes, pero básicamente, causa distorsiones de la imagen corporal, alucinaciones visuales de colores y patrones, y una variedad de emociones e imágenes extrañas. Las ECM tienen una experiencia central consistente de abandonar el cuerpo físico y viajar por un túnel que no experimentan quienes toman LSD.

La diferencia también es de percepción. Las personas que toman LSD saben que están bajo los efectos de una droga y que no experimentan la realidad. Las personas que tienen ECM las perciben como experiencias vividas e intensamente reales.

Morfina y heroína: Las alucinaciones experimentadas por la morfina y la heroína no se parecen en nada a las ECM.

Las alucinaciones rara vez se perciben como reales, sino que generalmente se reconocen como inducidas por narcóticos.

Lo más importante es que los voluntarios que han tomado estos narcóticos describen náuseas, vómitos, somnolencia, incapacidad para concentrarse e incluso disminución de la visión.

Para muchos, los narcóticos son una experiencia dichosa y celestial, pero no implican atravesar un túnel, ver la Luz ni tener visiones concretas de los espíritus, el cielo y Dios.

Como médico que pagó sus cuotas en la dura sala de urgencias del Hospital Harborview de Seattle, puedo afirmar con seguridad que las sobredosis de narcóticos no producen alucinaciones que se asemejen a las ECM. A continuación, se incluye el historial de un médico de un sujeto de prueba al que se le administró heroína:

"Quince minutos después de la inyección, el sujeto comenzó a reírse sin control. Declaró: 'Me invadió la risa y los pensamientos divertidos.

Perdí el sentido del tiempo para leer y contar. Los pensamientos llegaban en oleadas. Decía cosas que no quería o no debía hacer. (Hizo insinuaciones sexuales sobre otro tema). Hablé y hablé y hablé. Tomé un poco de café y sentí que podía matar a alguien. Sentí que debía tener un trastorno psiquiátrico, que esa era mi verdadera personalidad, que era malvada y estaba saliendo a la luz. Sentí que no tenía alma. (Los supervisores del experimento) me aseguraron que era solo la droga que estaba tomando. Lloré.

Es posible distinguir elementos de esta experiencia que son similares a las ECM, de la misma manera que es posible distinguir notas que los niños tocan en un piano y que se utilizan en la obra de Mozart. Pero en general, las dos experiencias no se pueden comparar.

Drogas "recreativas": las investigaciones muestran claramente que drogas como la marihuana, la cocaína, el PCP, las anfetaminas y los barbitúricos no causan experiencias similares a las ECM.

En estudios realizados en la Universidad de Stanford se descubrió una gran cantidad de paranoia en personas que fumaron dosis altas tanto de hachís como de marihuana.

Un investigador informó que "la desorientación, los trastornos del habla, la pérdida de control de los pensamientos, la mala memoria, la depresión y el miedo absoluto eran comunes".

Un estudio de caso presentado en el Journal of the American Medical Association sobre la psicosis por marihuana que sufrió un soldado en Vietnam ofrece un ejemplo extremo de paranoia por drogas en su peor expresión:

"Un soldado de primera clase, blanco, soltero y de 19 años fue remitido para que lo examinara otro psiquiatra. Se le acusaba de haber disparado y matado a un individuo mientras estaba de guardia.

"Las declaraciones juradas y la investigación judicial formal revelaron que, mientras estaba de guardia, la víctima compartió un 'cigarrillo de marihuana' con el sujeto, el primero de este. La víctima fue descrita como un bromista cuyo humor a veces era 'un poco enfermizo y cruel'. Poco después de fumar el cigarrillo, la víctima comenzó a molestar a algunos niños vietnamitas que se encontraban cerca.

Según se informa, les dijo que era "Ho Chi Minh" y disparó su arma cerca de ellos. Aunque el sujeto le preguntó si era Ho Chi Minh, cuando la víctima le mostró el nombre que llevaba en la camisa, el sujeto se asustó y disparó su rifle. Luego abandonó su puesto de guardia y entró en el campamento base de manera confusa, diciendo que había matado a Ho Chi Minh.

Al decir esto, mostró una camiseta con ese nombre escrito e instó a los que lo rodeaban a que lo acompañaran a ver el cuerpo. En el camino, habló de manera inconexa y confusa. Al llegar al puesto de guardia, en realidad una torre de observación, se encontró el cuerpo desnudo de un soldado negro, con varias heridas de bala en la parte anterior izquierda del pecho. ... Al examinarlo, el paciente estaba confundido y aprensivo, pero bastante orgulloso de haber matado a Ho Chi Minh.

"La opinión del psiquiatra fue que el sujeto sufría delirios y una psicosis tóxica aguda".

Aunque admito que este es un ejemplo extremo de psicosis inducida por drogas, ilustra la paranoia que se observa frecuentemente con el consumo de drogas y que, en mi experiencia, nunca se ve en pacientes que tienen experiencias cercanas a la muerte.

Agentes anestésicos: Los agentes anestésicos más comúnmente utilizados, como el halotano, el surital, el óxido nitroso, los narcóticos y el Nembutal, simplemente no causan alucinaciones.

Después de cualquier procedimiento quirúrgico, el paciente puede recordar sucesos y conversaciones que escuchó durante la cirugía y puede confundirse. Por ejemplo, mientras estaba bajo anestesia, mi esposa escuchó a una enfermera hablar sobre la muerte de su gato y se convenció de que en realidad estaban hablando de ella.

Por esta razón, se administran medicamentos como el Valium para crear amnesia durante el tiempo de la operación. Las alucinaciones místicas simplemente no se describen en estudios a gran escala sobre lo que los pacientes recuerdan mientras están bajo anestesia. A menudo, los pacientes recuerdan la música que se escuchaba en la sala de operaciones, breves fragmentos de conversaciones y los estados de ánimo y emociones del cirujano.

Ketamina: La ketamina es un agente anestésico que ya no se utiliza debido a sus efectos psicológicos adversos. Los pacientes tratados con ketamina solían informar episodios extracorporales aterradores, no los placenteros que se informan durante las ECM. Además, sus experiencias extracorporales eran del tipo autoscópico, en el que veían imágenes de sí mismos en un espejo, y no del tipo experimentado durante una ECM en la que una persona se cierne sobre una mesa de operaciones, observando lo que sucede a su alrededor.

El siguiente es el relato de un paciente que se sometió a una cirugía menor con ketamina: "Mi mente abandonó mi cuerpo y aparentemente entró en lo que algunos describen como un segundo estado. Sentí que estaba en una enorme habitación bien iluminada, frente a un trono enorme cubierto de terciopelo. No vi nada más, pero sentí la presencia de inteligencias superiores que extraían de mi mente todas las experiencias e impresiones que había acumulado. Supliqué que me liberaran, que regresara a mi  cuerpo. Fue aterrador".

Las alucinaciones con ketamina difieren mucho de las ECM. Tienen un sabor a miedo y paranoia que no se observa en las ECM. Además, los pacientes saben que están bajo los efectos de la droga y, como resultado, la experiencia no parece real.

Despersonalización transitoria: Esta teoría afirma que los pacientes que han tenido experiencias casi fatales se desvinculan emocionalmente de sus cuerpos. Para ellos, la vida pierde su significado e intensidad. Hay una pérdida de emoción y tiempo, y sus  procesos de pensamiento parecen extraños e irreales.

Las revistas suizas de montañismo contienen excelentes descripciones de la despersonalización de los escaladores que cayeron desde grandes alturas pero sobrevivieron.

Para estos escaladores el tiempo se ralentizó y toda la experiencia parecía irreal, como si la persona estuviera separada del acontecimiento.

Esta respuesta permite que una persona amenazada de muerte maneje una situación sin pánico y podría permitirle iniciar medidas para salvarle la vida.

El doctor Russel Noyes, de la Universidad de Iowa, es el principal defensor de la teoría de que las ECM son despersonalizaciones transitorias. Sin embargo, en mis investigaciones con niños, no he encontrado que presenten ninguno de los aspectos de la despersonalización.

Recuerdos del nacimiento: Carl Sagan, astrónomo de la Universidad de Cornell, explica las experiencias cercanas a la muerte como recuerdos que quedan de la experiencia del nacimiento.

En su exitoso libro El cerebro de Broca, Sagan escribe: La única alternativa, hasta donde puedo ver, es que todos los seres humanos, sin excepción, ya han compartido una experiencia como la de esos viajeros que regresan de la tierra de la muerte: la sensación de volar; el surgimiento de la oscuridad a la luz; una experiencia en la que, al menos a veces, se puede percibir vagamente una figura heroica, bañada de resplandor y gloria. Sólo hay una experiencia común que coincide con esta descripción.

Se llama nacimiento.

La teoría de que las ECM son recuerdos de la experiencia del nacimiento ha sido cuestionada por muchos investigadores, en particular Carl Becker, profesor de filosofía de la Southern Illinois University. Basándose en las investigaciones existentes sobre la percepción infantil y en la cantidad de experiencia que se puede retener realmente, Becker concluye que los niños no tienen ni la vista ni la capacidad mental para saber o recordar lo que está ocurriendo durante el proceso del nacimiento.

Me pregunto si el proceso del nacimiento, si es que se pudiera recordar, se recordaría en un contexto tan positivo. No es agradable recordar que te saquen de un entorno cálido y acogedor para que te corten el cordón umbilical con tijeras.

Además, la experiencia del túnel en una ECM implica un paso rápido hacia una luz. En la experiencia del nacimiento, la cara del niño se presiona contra las paredes del canal del parto. El niño no puede ver nada mientras se acerca a la vida fuera del útero.

Alucinaciones autoscópicas: la autoscopia es el fenómeno psicológico de ver a un doble. Aunque la mayoría de las personas nunca han oído hablar de ello, se da en aproximadamente el dos por ciento de la población.

En realidad, se trata de ver una imagen reflejada de uno mismo. La imagen está vestida igual y sus movimientos suelen imitar los de la  persona.

El doble se superpone a menudo a la realidad, de modo que si pasa por delante de una ventana, el observador no puede ver a través de ella.

La autoscopia suele asociarse a tumores cerebrales, accidentes cerebrovasculares y migrañas. De hecho, el presidente Abraham Lincoln dijo haber visto a su doble flotando sobre él mientras yacía en un sofá recuperándose de una de sus frecuentes migrañas.

Algunos escépticos confunden las experiencias extracorporales con la autoscopia. Sin embargo, existe una gran diferencia. En una experiencia extracorporal, una persona se ve a sí misma desde fuera de su  cuerpo y desde una perspectiva que normalmente está por encima de él. Y está viendo la realidad. El doble es una alucinación proyectada sobre la realidad.

Los Documentos completos de psicología analítica de Jung contienen el relato de una mujer que tuvo una alucinación autoscópica mientras le extraían una astilla del dedo.

Sin ningún cambio físico, de repente se vio sentada a la orilla de un arroyo en un hermoso prado, recogiendo flores. Esta condición duró lo que duró la leve operación y luego desapareció espontáneamente.

Esta experiencia difiere mucho de una experiencia extracorporal en que el sujeto vio una réplica de sí mismo. En una experiencia extracorporal, el sujeto está realmente fuera de su cuerpo observando las actividades que suceden en la habitación. Por ejemplo, aquí hay una interesante experiencia del trabajo del doctor Raymond Moody:

"Como residente, estaba trabajando en la sala de emergencias cuando trajeron a una mujer mayor que estaba inconsciente debido a un ataque cardíaco. Le estaba haciendo un masaje cardíaco cerrado en una mesa de reconocimiento de la sala de emergencias y la enfermera que me ayudaba corrió a otra habitación para buscar un frasco de medicamento que necesitábamos.

"Era un frasco con cuello de vidrio que se suponía que debías sostener en una toalla de papel mientras rompías la parte superior para no cortarte. Cuando la enfermera regresó, el cuello estaba roto para que pudiera usar el medicamento de inmediato.

"Cuando la anciana volvió en sí, miró a la enfermera con mucha dulzura y le dijo: 'Cariño, vi lo que hiciste en esa habitación y te vas a cortar al hacerlo'. La enfermera se quedó estupefacta. Admitió que en su prisa por abrir el medicamento había roto el cuello de vidrio con los dedos desnudos.

“La mujer nos dijo que mientras la estábamos reanimando, ella había seguido a la enfermera hasta la habitación para ver lo que estaba haciendo”.

Como puede ver, una alucinación autoscópica y una experiencia extracorporal asociada a una ECM son bastante diferentes.

El modelo de las endorfinas: las endorfinas son sustancias químicas similares a la morfina que se producen en el cerebro para aliviar el dolor. Son responsables de fenómenos como la "euforia del corredor", esa sensación placentera que se siente después del ejercicio.

El doctor Daniel Carr, del Hospital General de Massachusetts, fue el primero en relacionar las endorfinas con las ECM. Afirma: "En nuestro cerebro hay un neurotransmisor que actúa de forma similar a la morfina o la heroína. Se trata de una sustancia química natural que produce el cerebro para responder a momentos de gran dolor. Se trata de un estado de euforia natural que se crea mediante el ejercicio, las energías creativas o la fe religiosa.

Cualquier estrés severo crea estas "endorfinas" naturales y tienen muchas funciones complejas que pueden resumirse como la reducción del estrés en el cerebro. Nadie ha medido realmente estas endorfinas ni ha presentado ningún tipo de prueba de que sean realmente las sustancias químicas creadas por las agonías de la muerte, aun así, es ciertamente razonable suponer que

El estrés de morir produce muchas endorfinas". El modelo de Carr se basa en tres puntos:

1. El cerebro, tras ser sometido al estrés repentino e inexperto de la muerte, tiene tiempo para crear una "gran dosis" de estas sustancias químicas parecidas a la morfina. En muchos de los casos citados en este libro, el cerebro tendría que producir estas sustancias químicas en dos o tres minutos.

2. Las sustancias químicas similares a la morfina pueden generar experiencias cercanas a la muerte.

3. El síndrome del lóbulo límbico causado por estas sustancias químicas producidas por el cerebro es similar a las ECM.

No hay prueba en la literatura médica de que el estrés de morir produzca cantidades significativamente mayores de endorfinas en el cerebro. En estudios de animales que mueren a causa de bacterias en el cerebro, se documentan pequeñas cantidades de estas sustancias químicas, pero su importancia no está clara.

La mayoría de los estudios realizados en animales indican que el cerebro pierde estas endorfinas, lo que tiene sentido, ya que su función principal es aliviar el dolor y, por lo tanto, se agotarían rápidamente. No existen pruebas que demuestren que el cerebro moribundo produzca grandes cantidades de estas sustancias químicas.

Incluso el doctor Carr matiza su teoría afirmando que no hay motivos para suponer que las endorfinas sean los principales neurotransmisores implicados en las ECM.

Él simplemente los utiliza como ejemplo de un posible neurotransmisor.

Hipoxia: En términos simples, la hipoxia es la falta de oxígeno en el cerebro. En sí misma, puede causar la muerte, pero ¿la falta de oxígeno causa necesariamente la muerte?

En nuestros estudios, examinamos cuidadosamente los registros médicos para ver si había una falta de oxígeno en los gases sanguíneos. Ninguno de los pacientes que experimentaron ECM estaba más privado de oxígeno que los grupos de control que no sufrieron ECM.

A la luz de la hipoxia, es interesante destacar el trabajo del doctor LJ

Medune, profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Illinois en las décadas de 1940 y 1950. La teoría de Medune era que la enfermedad mental representaba una disfunción bioquímica dentro del cerebro y que los tratamientos debían estar dirigidos a corregir esa disfunción.

Para ello, hizo que los pacientes inhalaran altas concentraciones de dióxido de carbono durante varios minutos. El nombre de la mezcla, llamada "la mezcla Medune", predecía que los médicos de cabecera podrían curar a los neuróticos en sus consultas después de un único tratamiento de media hora. Esto beneficiaría enormemente a los pobres, declaró, porque podrían permitirse fácilmente este tratamiento psiquiátrico embotellado en lugar de una psicoterapia a largo plazo.

El uso de la mezcla Medune se suspendió en los años sesenta. Mi hipótesis es que una concentración tan alta de dióxido de carbono provocó que el cerebro desencadenara una ECM. La mezcla Medune ciertamente tuvo el efecto transformador de las ECM en sus pacientes, y muchas de sus descripciones de lo que sucedió mientras respiraban el gas coinciden con las historias que cuentan quienes han tenido ECM.

Objetivo del reduccionismo

Después de leer los datos sobre estas experiencias con drogas y estados fisiológicos, es posible que se pregunte por qué se las confunde con ECM. Tengo la sensación de que los estudios sobre experiencias cercanas a la muerte se han convertido en el blanco del reduccionismo porque muchos investigadores se sienten frustrados por no poder explicar este fenómeno espiritual. Así, por ejemplo, un investigador de alucinaciones como el doctor

Ronald Siegel estudia los efectos de las drogas en la mente humana y descompone las alucinaciones en elementos muy básicos en un esfuerzo por comprender el vocabulario básico de la alucinación humana.

Puede señalar drogas que provocan experiencias de túnel en algunos pacientes, u otra droga que crea una variedad de imágenes alucinatorias, una de las cuales es una estrella brillante, y así sucesivamente.

Pero las experiencias cercanas a la muerte parecen ser un conjunto de acontecimientos, de modo que no es posible comprender la totalidad de ellas observando sus distintas partes. No es posible comprender la música estudiando las distintas frecuencias de sonido que generan cada nota, ni es necesario tener un conocimiento profundo de la física acústica para disfrutar de Mozart. La experiencia cercana a la muerte sigue siendo un misterio. wisto

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Acerca de los autores.

 

El doctor Melvin Morse es licenciado en Medicina por la Facultad de Medicina de la Universidad George Washington y recibió el Premio Nacional de Investigación. Es una autoridad reconocida en el campo de los estudios sobre experiencias cercanas a la muerte y ha investigado las experiencias cercanas a la muerte en niños durante ocho años. El doctor Morse tiene una práctica privada muy activa en los suburbios de Seattle, Washington, donde vive con su esposa y sus tres hijos.

 


Paul Perry es ex editor ejecutivo de la revista American Health y académico del Gannett Center for Media Studies. Es coautor de dos libros con el doctor Raymond Moody, reconocido padre de los estudios sobre situaciones cercanas a la muerte. Vive en Scottsdale, Arizona, con su esposa y tres hijos.

 



Texto original

Any severe stress will create these natural 'endorphins' and they have many complex functions which can be summarized as reducing stress in the brain. No one has actually measured these endorphins or presented any sort of evidence at all that they are actually the chemicals created by the agonies of death, still, it is certainly reasonable to assume that

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