LO DICHO CAMINO DEL NICHO: Palabras en el umbral de la Muerte (2017) por Lisa Smartt


 LO DICHO CAMINO DEL NICHO (2017)

PALABRAS EN EL UMBRAL DE LA MUERTE.

Lo que se dice cerca del final de la vida.

por

LISA SMARTT

-----------------------------------------------

Traducción ARS-GRATIA por Kos d’Astuires (2025)

-----------------------------------------------


Para mi padre, que sigue cantándome en “una octava más alta que el dolor”

 

CONTENIDO.

PRÓLOGO DE RAYMOND MOODY JR.,

INTRODUCCIÓN. Palabras en el umbral. Lo que nos dicen nuestras conversaciones finales.

CAPÍTULO UNO. Transcribiendo el Misterio. Siguiendo el Camino Sagrado de las Palabras Finales.

CAPÍTULO DOS. No hay palabras para ello. El lenguaje cambia a medida que nos acercamos al umbral.

CAPÍTULO TRES. Metáforas de lo trascendental. Antes de morir, anunciamos un gran suceso.

CAPÍTULO CUATRO. Os dejo con estas palabras. Las metáforas de viaje hablan de un viaje próximo.

CAPÍTULO CINCO. Repetición, repetición, repetición. El lenguaje intensificado en nuestros últimos días.

CAPÍTULO SEIS. ¿Tonterías o un nuevo sentido? Dando sentido a un lenguaje ininteligible al final de la vida

CAPÍTULO SIETE. Palabras entre los mundos. Descripciones de visiones y visitas antes de morir.

CAPÍTULO OCHO. Canciones de cuna y despedidas. ¿Nuestro primer y último idioma es el no hablado?

CAPÍTULO NUEVE. Te llamaré cuando llegue allí. Comunicación después de la muerte

CONCLUSIÓN. La audición es sanación. Algunas palabras finales.

EXPRESIONES DE GRATITUD

NOTAS

ACERCA DEL AUTOR

ELOGIOS

***********

 

PRÓLOGO.

El libro LO DICHO CAMINO DEL NICHO: PALABRAS EN EL UMBRAL DE LA MUERTE marca una nueva era en la comprensión del proceso de morir. El trabajo de Lisa Smartt tiene profundas implicaciones  sicológicas, espirituales y clínicas para el cuidado de pacientes terminales y sus familias. Y creo que su trabajo también abre caminos inexplorados para la investigación genuinamente racional del misterio más profundo de la humanidad: la posibilidad de vida después de la muerte.

Mi principal interés como estudiante y posteriormente profesor de filosofía se centraba en los fascinantes dominios del lenguaje que existen más allá de lo literal. Estudié formas figurativas e ininteligibles o sin sentido del lenguaje por su relevancia para la solución de importantes problemas filosóficos. Más tarde, como médico y psiquiatra, me intrigó el enigmático lenguaje de los pacientes terminales y moribundos. Como muchos otros profesionales clínicos, me inspiraban y desconcertaban las curiosas figuras retóricas y las expresiones sin sentido que suelen pronunciar las personas al morir. De hecho, el lenguaje ininteligible de los pacientes moribundos es a veces tan elocuente como las tonterías de los grandes artistas literarios como Lewis Carroll.

En el chamanismo, la magia antigua y la tradición literaria occidental, el sinsentido significó en su día la transición de este mundo a otras dimensiones de la existencia. Desde hace tiempo sostengo que la estructura del sinsentido es la clave para la comprensión racional de los misterios del más allá. Hace tiempo que se necesita una profunda reflexión sobre el significado del lenguaje enigmático de los enfermos terminales. El fascinante análisis de Lisa Smartt sobre este fenómeno será el punto de partida de muchas tesis doctorales y estudios clínicos futuros. Su libro pionero también consolará e iluminará a quienes se han maravillado con las enigmáticas últimas palabras de sus seres queridos fallecidos.

— Raymond Moody, autor de Life After Life, .y VISLUMBRES DE LA ETERNIDAD

 

INTRODUCCIÓN. Palabras en el Umbral de la Muerte. Lo que dicen nuestras conversaciones finales.

Un día, si no hoy, te sentarás junto a la cama de un ser querido y tendrás una última conversación. Esa conversación te invitará a un territorio único: el que existe entre la vida y la muerte. Quizás escuches palabras que expresan un deseo de perdón, reconciliación o el cumplimiento de tus últimas peticiones. Quizás escuches frases que te confundan, como "Los círculos dicen que es hora de completar el ciclo".

Puede haber referencias a cosas que no ves ni entiendes, como: «Las mariposas blancas salen de tu boca. Son preciosas». O: «Si has aprobado el examen. Has aprobado el examen, ¿verdad?».

Tu ser querido podría describir la visita de familiares fallecidos, ángeles o animales, o hablar de contemplar paisajes exuberantes donde, en realidad, solo hay paredes blancas de hospital. Trenes, barcos o autobuses, y relatos de nuevos viajes, pueden aparecer en el habla de la persona moribunda. Tu familiar o amigo también podría hablar de tener miedo y buscar tu consuelo y orientación. “Estoy atrapado entre dos países. Estoy aquí, pero quiero estar allá”. Tu ser amado podría susurrarte al oído: «Ayúdame» o, «Me atrevo a morir».

Y si escuchas con atención puede que sea una conversación que cambie no sólo tu forma de pensar sobre la muerte, sino también sobre la vida.

 LO DICHO CAMINO DEL NICHO: Palabras en el Umbral de la Muerte, es una investigación sobre las cosas extraordinarias que dicen las personas al final de la vida. Durante cuatro años recopilé relatos y transcripciones de profesionales de la salud, amigos y familiares de personas moribundas que compartieron generosamente lo que habían presenciado. A través del Proyecto Palabras Finales, su sitio web, Facebook y correo electrónico, recopilé datos en Estados Unidos y Canadá, a la vez que realizaba entrevistas en persona y por teléfono. Recopilé más de mil quinientas expresiones en inglés, (desde palabras sueltas hasta oraciones completas), de personas que estaban a pocas horas o semanas de morir.

Aunque consideré el uso de grabadoras digitales junto a las camas de los moribundos para capturar sus últimas palabras, la naturaleza sagrada y privada de esos últimos días lo hacía insostenible tanto ética como logísticamente. Así pues, decidí recurrir a quienes habían estado a su lado, —seres queridos y profesionales de la salud—, y pedirles que compartieran transcripciones, entrevistas y recuerdos. También entrevisté a profesionales de la lingüística, psicología, medicina paliativa y neurociencia para comprender mejor las enfermedades terminales y los procesos cognitivos y psicológicos. Entre los participantes se encontraban las personas moribundas que escuché u observé directamente, familiares y amigos que compartieron transcripciones y relatos, y expertos en la materia que compartieron sus observaciones.

Organicé las muestras y los relatos según características y temas al uso. Muchos de los patrones que surgieron también estaban presentes en las observaciones de los profesionales de la salud y los expertos que entrevisté. A medida que fui descubriendo estos patrones los compartí con familias, amigos y personal de cuidados paliativos con el objetivo de ofrecer herramientas y perspectivas que orientaran su comunicación con los moribundos. No soy experta médico, —mi formación es en lingüística—, por lo que abordo el estudio de la muerte y la agonía desde la perspectiva del lenguaje.

Esta indagación surgió de lo que oí y vi durante las tres semanas que mi padre pasó agonizando por complicaciones relacionadas con la radioterapia para el cáncer de próstata. Sentado a su lado fue como si se hubiera abierto un portal y descubrí un nuevo lenguaje, rico en metáforas y disparates que brotaban de sus labios. Al transcribir sus palabras entre dos mundos presencié una transformación notable.

Mi padre era un neoyorquino fumador de puros cuya definición de lo Divino era carne en conserva con pan de centeno, ensalada de col y un vaso de refresco de crema frío. Confiaba en Lucky Sam en la quinta carrera y en su amada esposa de cincuenta y cuatro años, Susan. «Esto es todo», decía mi padre cuando le preguntaban por su vida espiritual. «Buena comida, amor, y los ponis». Mi padre saboreaba los placeres de la vida y era a la vez escéptico y racionalista. «Todos nos dirigimos a la misma otra vida, a dos metros bajo tierra».

Así que cuando empezó a hablar de ver y oír ángeles en sus últimas semanas de vida me quedé atónita. ¿Cómo era posible que mi padre, un escéptico, predijera con precisión el momento de su propia muerte con estas palabras: «Ya basta, ya basta,. los ángeles dicen basta, solo quedan tres días.». Desde el momento en que salió del hospital tras decidir volver a casa para morir, me impactó su lenguaje. Impulsada por mi formación lingüística tomé lápiz y papel y escribí sus últimas palabras como si fuera un visitante en un país extranjero. Porque, en efecto, lo era.

Palabras en el Umbral de la Muerte documenta mi investigación en este nuevo territorio. Esta indagación comenzó con la lengua de mi padre y, en cuatro años, se convirtió en una colección de cientos de enunciados analizados. Por sus patrones y temas lingüísticos. Las palabras que recopilé eran muy parecidas a las de mi padre: a veces confusas, a menudo metafóricas, con frecuencia sin sentido y siempre intrigantes. He llegado a comprender que los patrones y temas lingüísticos que al principio me asombraron en el habla de mi padre son, en realidad, comunes en el habla de otros al acercarse al final de su vida.

Las primeras palabras finales.

El primer ejemplo de esta forma de hablar ocurrió cuando el habla de mi padre empezó a cambiar, menos de un mes antes de su inesperada muerte. Una noche de enero mi padre salió por la puerta principal en ropa interior y paseó por una avenida concurrida. Cuando la policía lo encontró sentado en una intersección, temblando de frío, explicó: «Esta noche es la gran exposición y voy a llevar cajas a la galería de arte de mi esposa para la muestra. ¿Saben dónde será la gran exposición?». Ayudaron a mi padre a levantarse de la acera y movieron la cabeza con lástima mientras conducían al hombre de setenta y siete años a una ambulancia. No había cajas en sus manos. No había exposición de arte.

La gran exposición de la que hablaba mi padre era solo una analogía y pronto descubriría que este tipo de analogía era común cuando la gente se acercaba a la muerte. Les decía a quienes lo escuchaban, con un lenguaje velado por el símbolo de la exposición de arte, que pronto ocurriría un acontecimiento importante. Durante más de cinco décadas mi padre cargó cajas a las galerías de arte y exposiciones de mi madre. Llevaba cajas en la sangre; era una de las metáforas de su vida. Usaba una analogía estrechamente relacionada con su vida como suelen hacer los moribundos para anunciar su muerte.

Usando los símbolos de la gran exposición de arte nos hacía saber: prestad atención, porque algo importante está sucediendo. Se estaba preparando para morir. Pero en ese momento ninguno de nosotros sabía que este tipo de lenguaje figurativo es común en las palabras de los moribundos. Desestimé las palabras de mi padre considerándolas simple "ensalada de palabras”o  resultado de los medicamentos que había empezado a tomar. Sin embargo, más tarde descubriría que no eran ni lo uno ni lo otro.

Tras el fallecimiento de mi padre tenía un cuaderno lleno de frases que me cautivaban y confundían. Mi padre hablaba de viajes a Las Vegas, de la dimensión verde, de su habitación llena de gente que yo no veía. Usaba la repetición con frecuencia, así como pronombres no referenciales como los de estas frases: “Esto es muy interesante. ¿Sabes? Nunca había hecho esto antes». En las páginas de mi cuaderno había metáforas y disparates, comentarios muy diferentes del lenguaje lúcido que era típico de mi padre cuando estaba sano. Al hojear las páginas, noté cómo las frases reflejaban un continuo completo, desde el lenguaje literal hasta el figurativo y el sinsentido, y me pregunté si este continuo era común a todos nosotros y si de alguna manera seguía el camino de la conciencia al morir.

Durante los días y semanas de duelo, leí todos los libros que pude encontrar sobre la comunicación al final de la vida y después de ella. Se ha escrito poco sobre las cualidades y los cambios en la estructura del lenguaje al final de la vida, aunque encontré un libro maravilloso, Final Gifts, de Maggie Callanan y Patricia Kelley. Incluso cuando busqué en las bases de datos lingüísticas de mi alma máter, la Universidad de California en Berkeley, encontré poco sobre el lenguaje de los moribundos.

Raymond Moody y el Proyecto Palabras Finales.

En ese momento, decidí desenterrar un libro que me había intrigado a los dieciséis años: "Vida después de la vida", de Raymond Moody, en el que acuñó el término "experiencia cercana a la muerte". Estaba releyendo el libro cuando mi madre me contó que un amigo acababa de compartir la emocionante noticia de que en unas semanas daría una clase con el Dr. Moody en Alabama. "¡Quizás podrías ir a conocerlo!", dijo mi madre. "Sé que tienes muchas preguntas".

El taller tuvo lugar en una gran cabaña de piedra y madera en las colinas de Alabama. Quince personas de todo el país nos reunimos para aprender de Raymond Moody. Su libro cambió por completo la conversación sobre la muerte y el morir en 1975, cuando se publicó. Sin embargo, a pesar de los millones de libros vendidos y las miles de apariciones públicas, la persona sentada frente a nosotros era un hombre modesto y amable que bebía Coca-Cola Light y calzaba zapatillas mientras compartía la sabiduría de cuatro décadas dedicadas a la investigación sobre la muerte, el duelo y el más allá. Su espíritu indagador me conmovió profundamente. Y luego, el cuarto día del taller, compartió fragmentos de su manuscrito inédito "Making Sense of Nonsense", que reflejaba cuarenta años de investigación sobre el lenguaje. Al regresar a casa, me envió una copia y leí cada página con atención. Días después, les dije a mi esposo y a mi hija: "Tengo que estudiar con este hombre".

Palabras en el Umbral de la Muerte comparte los descubrimientos que hice durante los años que pasé trabajando con Raymond Moody y estableciendo el Proyecto Palabras Finales.

La naturaleza de esta investigación.

Esta investigación no es formal ni rigurosa. Es decir, no controla la medicación ni la enfermedad. Ofrezco una explicación detallada, basada en profesionales de cuidado paliativo, investigadores de cuidados paliativos y los propios datos, de por qué controlar la medicación podría no ser necesario para obtener información válida al estudiar las palabras finales. Los mismos patrones parecen surgir independientemente de si una persona está altamente medicada o no lo está en absoluto; esto también se aplica a los patrones asociados con las experiencias cercanas a la muerte.

Además, como somos criaturas que damos sentido a lo que nos dice la gente, lo ininteligible a menudo pasa desapercibido o es completamente ignorado por quienes lo escuchan. Aunque pedí a los participantes que transcribieran o recordaran frases desconcertantes y sin sentido, sospecho que se pasó por alto algún lenguaje porque carecía de significado para los familiares y el personal sanitario. Una parte importante de este libro se centra en el lenguaje ininteligible y su aparición al final de la vida, y reconozco que el análisis de la ininteligibilidad que se presenta aquí probablemente sea incompleto; sin embargo, aun así, surgen suficientes similitudes y patrones en los datos que este estudio se considera un primer paso en esta investigación.

Finalmente, quienes compartieron sus historias conmigo probablemente se sintieron impulsados ​​a relatar y compartir experiencias transpersonales o positivas, ya que es mucho más difícil hablar de experiencias aterradoras o difíciles. Por esta razón, los resultados podrían estar sesgados a favor de relatos más positivos. Sin embargo, incluso con estas limitaciones, los hallazgos de esta investigación ofrecen perspectivas sobre las preguntas que inspiraron inicialmente esta investigación: ¿Surgen patrones consistentes en el lenguaje del final de la vida? Y, de ser así, ¿cuáles son exactamente esos patrones y cómo podrían rastrear el camino de la consciencia?

De mis entrevistas con amigos, familiares, profesionales de la salud e investigadores, se desprende que en hospitales, residencias y cuidados paliativos los moribundos alcanzan nuevos estados de ser y sus palabras son una ventana a esos estados. Mi investigación de cuatro años indica que mi padre no fue el único que experimentó cambios metafóricos y absurdos en el lenguaje, tuvo visiones de ángeles e hizo referencias a otra dimensión en sus últimos días.

En los próximos capítulos compartiré el lenguaje cautivador que he escuchado y la coherencia que emerge incluso en las frases más desconcertantes. Las palabras en el umbral me sugieren que la consciencia, en efecto, sobrevive, y que nosotros podemos ser tanto guías como turistas mientras viajamos con nuestros seres queridos hacia el portal.

 

CAPÍTULO UNO. Transcribiendo el Misterio. Siguiendo el Camino Sagrado de las Palabras Finales.

 “Hay mucho de eso en el dolor”. Últimas palabras de mi padre.

Imagina que has llegado al final de tu vida. Tus seres queridos están a tu lado. Los miras a los ojos y te preparas para hablar. Es un momento para sanar heridas, expresar amor no expresado y compartir tu visión desde el umbral. Es un momento sagrado, cuando toda la vida se concentra en esas últimas sílabas llenas de aliento.

¿Qué ves?

¿Qué sientes?

¿Cuales son tus palabras finales?

Se ha escrito muy poco sobre las últimas palabras, salvo lo que se encuentra en antologías y sitios web que citan las ingeniosas frases de despedida de los famosos. Incluyen relatos de conversaciones como la del comediante Bob Hope con su esposa, quien, alarmada por el rápido declive de su esposo, le dijo: «Bob, nunca hicimos arreglos para tu entierro. ¿Dónde quieres que te entierren, cariño? Tenemos que averiguarlo. ¿Dónde quieres que te entierren?». Su respuesta, típica de su ingenio seco: “¡Sorpréndeme!”Como suele ocurrir con las últimas palabras, las de Hope fueron fieles a su carácter.

La exclamación de asombro de Steve Jobs, de Apple, —«¡Guau! ¡Guau! ¡Guau!»—, es un ejemplo del lenguaje intenso que escuchamos en el umbral de la muerte y es fiel a la personalidad del inspirado innovador. Otro pionero reconocido, Thomas Edison, salió de un coma mientras agonizaba, abrió los ojos, miró hacia arriba y dijo: «Es muy hermoso aquello». Como se verá, sus palabras fueron representativas de las de otros que han contemplado esa frontera. Se han registrado muchas palabras finales, desde el «¡Anda, sal! ¡Las últimas palabras son para los necios que no han dicho suficiente!”de Karl Marx, hasta el, «Debo entrar, porque la niebla se está levantando» de Emily Dickinson.

Chaz Ebert, esposa del crítico de celebridades Roger Ebert, compartió un relato detallado de las últimas palabras de su esposo en Esquire, en 2013:

Esa semana, antes de que Roger falleciera, lo veía y me contaba que había visitado ese otro lugar. Pensé que estaba alucinando, que le estaban dando demasiada medicación. Pero el día antes de morir, me escribió una nota: «Todo esto es un engaño elaborado». Le pregunté: «¿Qué es un engaño?». Y él hablaba de este mundo, de este lugar. Dijo que todo era una ilusión. Pensé que simplemente estaba confundido. Pero no lo estaba. No estaba visitando el cielo, no como lo imaginamos. Lo describió como una inmensidad que ni siquiera puedes imaginar. Era un lugar donde el pasado, el presente y el futuro ocurrían a la vez.

Estas extraordinarias palabras fueron leídas con fascinación por personas de todo el país, y poseen la auténtica complejidad de las palabras que he escuchado en las cabeceras de quienes he investigado. Sin embargo, la autenticidad de los relatos menos contemporáneos sobre las últimas palabras de personajes famosos es a veces cuestionable. Ray Robinson, quien recopiló "Famosas últimas palabras, despedidas cariñosas", Diatribas en el lecho de muerte y exclamaciones al expirar, señala en la introducción de su libro: “He llegado a apreciar la dificultad de autenticar las llamadas líneas de salida, ya que los testigos a menudo están demasiado angustiados o confundidos para recordar las cosas con precisión, o simplemente eligen editar o mejorar los comentarios por el bien de la posteridad”.

Sin embargo, para quienes no somos famosos, nuestras últimas palabras no se editan ni se registran en el tiempo. Y, sin embargo, a todos se nos ofrece una plataforma antes de morir. Cada día se pronuncian últimas palabras conmovedoras, y rara vez son tan sencillas o ingeniosas como las que encontramos entre las portadas de libros y revistas. Muchas últimas palabras son menos literales, menos inteligibles y más enigmáticas, y su complejidad las hace aún más extraordinarias.

El lenguaje santificado al final de la vida.

Nuestras últimas palabras reflejan profundamente quiénes somos y qué es lo que más nos importa. Es como si la lente de nuestro Creador se magnificara y todo lo que somos estuviera a la vista. Como explico en capítulos posteriores, incluso quienes han estado en coma y quienes no se han comunicado en años pueden hablar justo antes de morir para aconsejar, perdonar, amar o incluso para despedir a amigos y familiares con frases misteriosas, como "No es eso", "El pronombre está mal", "Dejé el dinero en el tercer cajón de abajo”o un simple "Gracias. Te quiero".

Los budistas creen que reflexionar sobre lo que podrían ser nuestras últimas palabras puede profundizar nuestra aceptación de la transitoriedad de la vida y recordarnos que debemos saborear el momento presente. En los sistemas de creencias budistas e hindúes, ha sido tradición que los moribundos ofrezcan palabras de sabiduría al despedirse. Algunos monjes budistas incluso han compuesto poemas en sus últimos momentos. A menudo se percibe que quienes están muriendo tienen acceso a verdades y revelaciones que no están disponibles para quienes viven. En antologías de antaño se documentaron conversiones en el lecho de muerte y las últimas palabras sirvieron como testimonio de un Dios todopoderoso y de la existencia de los ángeles. Las confesiones al final de la vida ofrecen la oportunidad de arrepentirse de pecados y pedir perdón. Las últimas palabras aún se consideran un sello de oro en nuestras vidas, como un sello que resume todas nuestras acciones y días, y permite que quienes nos rodean sepan en qué creemos y qué es lo que realmente importa.

Quienes se encuentran en su lecho de muerte parecen tener una especie de conexión privilegiada con Dios, la Fuente, o toda la creación. Algunos podrían preguntarse: "¿Por qué asumimos que las palabras finales se acercan de algún modo a la verdad de Dios?". Y es una buena pregunta. Mucha literatura responde a esto en términos espirituales: cuando nos acercamos a la muerte, volvemos a la Fuente, y nuestros pensamientos y palabras se elevan gracias a este cambio de dimensión. Los hallazgos del Proyecto Palabras Finales sugieren que esto podría ser cierto.

Entre las personas que entrevisté para el libro se encuentra la religiosa Cari Rush Willis, capellán que trabaja en el corredor de la muerte y en una institución de cuidados paliativos. Ella compartió su perspectiva sobre las enigmáticas palabras que escuchamos de los moribundos: «Las personas al final de sus vidas tienen un pie en el cielo y otro en la Tierra». Compartió el ejemplo de la directora de una residencia de ancianos que le pidió ayuda porque uno de los pacientes con Alzheimer insistía en encontrar su pasaporte. Willis le explicó que el paciente no tenía un problema físico que necesitara solución sino uno espiritual que necesitaba ser escuchado. Me repitió su conversación con el moribundo:

Perdiste tu pasaporte. Eso suena muy triste.

—Sí, sí, lo es. No puedo ir adonde necesito.

—¡Vaya! No puedes ir. Estás atascado.

Sí, estoy atrapado entre dos países. Estoy aquí, pero quiero estar allá.

“Oh, quieres estar allí.”

“Sí, tengo muchas ganas de estar allí”.

“Sí, sí, anhelas estar allí”.

Se calmó considerablemente y dijo: “Sí, anhelo estar allí”.

En los relatos de los moribundos, muchos “anhelan estar allí”, y el viaje de “llegar en paz”se revela en un lenguaje notable, que veremos en los próximos capítulos.

Haciendo las grandes preguntas.

Pregunté a clérigos y trabajadores de cuidados paliativos cuáles eran las preguntas más frecuentes al final de la vida. Todos dijeron que la que escuchan con más frecuencia es "¿Y si realmente no existe el cielo ni Dios?". Estas son algunas de las preguntas que escuchan con frecuencia:

              ¿Qué me va a pasar en los próximos días?

              ¿Qué va a pasar después de que muera?

              ¿Existe realmente un Dios?

              ¿Iré al cielo?

Willis aconseja que, independientemente de quiénes seamos o cómo hayamos vivido, debemos tener la oportunidad de plantearnos las grandes preguntas y encontrar nuestras propias respuestas. La mayoría de los expertos que entrevisté coincidieron. La consejera y educadora sobre la muerte, Martha Jo Atkins, sugirió responder a las preguntas de las personas sobre Dios con otra pregunta, como "¿Qué es Dios para ti?", y luego guiarlas hacia sus propias respuestas.

“Les pregunto qué y cómo imaginan el cielo”, me dijo Kathy Notarino, enfermera jubilada de cuidados paliativos y trabajadora social. “Nunca intentaría cambiarles esa creencia. Si me preguntan en qué creo, les digo que sé que hay vida más allá de este mundo físico, pero que me cuesta mucho saber cómo es”.

Por supuesto, esperamos para nosotros y para aquellos que amamos que en el momento de cruzar estemos llenos de asombro como Jobs o Edison, o que nuestra experiencia sea como la de un preso moribundo, que fue consolado en sus últimos días por Willis, quien describió cómo este anciano recluso, emocionalmente insensible y malhumorado, tuvo un profundo momento de revelación en su presencia y así lo cuenta:

“Una de las primeras personas con las que me senté fue un viejo tejano de mal carácter. Estaba sentado en un rincón de su celda; lo vi mirando hacia arriba, como luego descubrí que mucha gente hace al morir. Fue como si el cielo se hubiera abierto y pudiera ver algo amplio e inmenso. Sus ojos se agrandaron y su rostro cambió. Miró al techo de su celda y balbuceó: «Dios es,. más grande, más grande que cualquier cosa que jamás pudiera esperar o imaginar», mientras gruesas lágrimas corrían por su rostro. ¡Juro que estaba mirando al cielo cuando lo dijo!”

¿Voy a ir al cielo? ¿Existe realmente Dios? Para algunos, en el umbral estas grandes preguntas nunca reciben respuesta. La escritora Gertrude Stein preguntó en su lecho de muerte: "¿Cuál es la respuesta?". Al no obtener respuesta rió y dijo: "En ese caso, ¿cuál es la pregunta?". Poco después falleció. Sus palabras, como las de Roger Ebert (y las de otros en sus últimos días), parecen indicar una comprensión absurda de lo que sucede al cruzar el umbral. En la muerte, como en la vida, formulamos nuestras preguntas y encontramos nuestras respuestas.

Los profesionales de la salud me comentaron que muchas personas, incluso aquellas que experimentan ansiedad e incomodidad durante el proceso de morir, suelen experimentar una revelación. Esta revelación suele estar asociada con visiones en la cama, sueños curativos, conversaciones con seres queridos vivos y fallecidos, u otras experiencias excepcionales. Podemos rastrear estas experiencias extraordinarias a través de los cambios en el lenguaje, que se analizan en capítulos posteriores. Estas revelaciones a menudo  producen una mayor tranquilidad, entrega, relajación e incluso asombro al morir.

Anna Rosen, enfermera de cuidados paliativos, me dijo:

“Hay una diferencia entre los moribundos y los enfermos, y se puede ver en sus ojos. Cuando las personas están enfermas y tienen fiebre alta pueden ver cosas, y a menudo hay miedo latente porque no entienden. En cambio, las experiencias del final de la vida son como un proceso que lleva a las personas a un nivel diferente. Las experiencias del final de la vida suelen ser positivas. Lo que ven, los cambios que experimentan: es como un viaje”.

Sin embargo, es evidente que no todos transitan con tranquilidad hacia esa buena noche, y algunos mueren sin haber hecho las paces o sin haber resuelto plenamente los problemas de la vida que permiten transiciones tranquilas.

Kathy Notarino compartió lo siguiente conmigo: “En mi experiencia, muchas personas mueren como vivieron. Si siempre tuvieron el control y les costaba expresar sus emociones a familiares y amigos, entonces parecen tener más dificultades. Muchos tienen problemas sin resolver con sus parejas o hijos, incluso con su vida. Luchan con todas sus fuerzas para renunciar a perder la vida y rara vez tienen las visiones en el lecho de muerte que a menudo brindan alivio y consuelo”.

Estas visiones en el lecho de muerte a las que se refería Kathy suelen ocurrir cuando las personas están a punto de morir y suelen involucrar a amigos y familiares fallecidos que vienen a "llevar a la persona". El capítulo 7 se centra en este fenómeno bien documentado y su poderoso efecto reconfortante. Sin embargo, no todos experimentan la tranquilidad que brindan las "visitas”en el lecho de muerte.

El profesor de Tai Chi y meditación Jeffrey Kessler describió los últimos días de su padre, mientras su cuerpo se debilitaba por una afección cardíaca que se aceleraba. Jeffrey explicó: «Era de esas personas que luchaban contra cualquier tipo de vulnerabilidad». Su padre era veterano de la Segunda Guerra Mundial y siempre había querido enseñar a su «hijo demasiado blando» a ser fuerte. Más de una vez, su padre había citado estos versos de “Invictus”, de William Ernest Henley: “Soy el dueño de mi destino; soy el capitán de mi alma”.

Tras un infarto catastrófico, seguido de una semana de tratamientos sin mejoría, su padre, horas antes del amanecer, pidió a las enfermeras que desconectaran la bomba. Lo hicieron y luego llamaron a Jeffrey y a sus dos hermanos para avisarles que su padre pronto moriría. Mientras se reunían junto a su padre, este, de alguna manera, logró incorporarse hasta sentarse en la cama y recitó las palabras que Jeffrey conocía tan bien: «Soy el dueño de mi destino; soy el capitán de mi alma». Entonces su padre gritó: «¡Mentira!» y murió.

Jeffrey me explicó: «Le gustaba considerarse un padrone poderoso, pero antes de morir se sintió humillado físicamente. Y mientras la fortaleza de su corazón se desmoronaba, sintió su completa impotencia ante el gran misterio».

Cada uno de nosotros emprende el proceso de afrontar el misterio de forma diferente. Cuando mi padre se estaba muriendo y le preguntábamos cómo estaba, respondía: «Estoy trabajando en mí mismo, trabajando en mí mismo». Esta fue una frase que usó a lo largo de su vida cuando intentaba encontrar maneras de lidiar con personas o circunstancias difíciles. Todos mis familiares sentían que había una gran verdad en lo que nos decía. Incluso al final, estaba trabajando para comprender mejor su proceso y su vida.

Solicitudes finales.

Una de las maneras en que las personas cierran sus vidas es a través de sus últimas peticiones. Las peticiones más comunes en el Proyecto Palabras Finales fueron humildes, relacionadas con visitar a amigos y familiares y disfrutar de pequeños placeres, como una última botella de su cerveza favorita. Quienes están muriendo a menudo esperan a ciertos amigos o familiares para poder despedirse. Las últimas peticiones suelen tomar la forma de asegurar que sus seres queridos tengan todo lo necesario para seguir adelante. Un ejemplo típico fue el consejo que un hombre le dio a su hija: que se asegurara de que su nieta "recibiera muchas clases de guitarra". A lo que añadió: "Tiene mucho talento, ¿sabes?". Otro padre le dijo a su hijo: "Estoy preocupado por tu madre. No parece estar bien".

Un hijo describió cómo su madre emergió de un estado de total indiferencia un par de días antes de morir para informarle sobre la ubicación de importantes archivos financieros que resolverían su patrimonio, lo que le hizo todo más fácil.

Una paciente pidió la colcha que la había calentado durante muchas noches mientras estaba sentada junto a la estufa de leña de su cabaña en la montaña; buscó su consuelo familiar horas antes de morir.

Mi abuela pidió que le pusieran virutas de chocolate en la lengua.

El Día de Acción de Gracias, Steven Ross, padre de familia numerosa, pidió que le llevaran las herramientas para trinchar el pavo de Acción de Gracias a su cama del hospital de paliativos para poder servir su plato favorito a sus seres queridos. Su familia, con cariño, le trajo un poco de pavo y un cuchillo sin filo. Con solo una lucidez parcial, imaginó que era antes y animó a todos a disfrutar de la abundancia de la temporada.

Rachel Weintraub describió cómo su hermana, que se estaba muriendo de cáncer de pulmón, quería un cigarrillo y panqueques antes de morir. La enfermera, desoyendo la última petición de la mujer, le aumentó la dosis de morfina, con consecuencias desastrosas. "Mi hermana no consiguió ninguna de sus peticiones", escribió Rachel. "No fue un final feliz".

Ojalá y tu ser querido tú estéis en un lugar donde se cumplan plenamente sus últimas reivindicaciones ya sea chocolate o un cigarrillo, la visita de algún hijo o tío, o panqueques con sirope y crema batida. Para mi padre fue la oportunidad de elegir a un ganador más en las carreras de caballos, que pudo ver por televisión, y la oportunidad de admirar, en video, a su diosa de la pantalla grande, Marilyn Monroe una última vez mientras cantaba: ““A kiss on the hand may be quite continental”.

Entrando en otro mundo.

Desarrollar una buena relación con alguien, o adentrarse en su mundo, es la manera más poderosa de construir una conexión. A principios de la década de 1970, John Grinder, profesor adjunto de lingüística en la Universidad de California, Santa Cruz, y Richard Bandler, estudiante de psicología, identificaron patrones utilizados por terapeutas exitosos. Una estrategia fructífera entre los terapeutas fue alinearse con el sistema de representación principal del paciente. Cada uno de nosotros procesa sus experiencias y las representa ante sí mismo y ante los demás de manera diferente, y estas se revelan en términos visuales, auditivos o cinestésicos.

Bandler y Grinder descubrieron que cuando un cliente habla en términos visuales diciendo, por ejemplo, "No puedo ver qué estoy haciendo mal", los terapeutas más eficaces, consciente o inconscientemente, se ajustan a la modalidad de la persona que habla y dicen algo como "Echemos un vistazo y centrémonos más en esto". O, cuando los clientes decían algo como "Simplemente no puedo entender por qué no está funcionando", los terapeutas usaban frases kinestésicas como: "Entiendo lo que quieres decir. Te entiendo".

Cuando las personas sienten que las encuentras donde están se sienten "vistas", "escuchadas”o "conocidas”y eso las reconforta. Cualquier acto de comunicación ofrece la oportunidad de tender puentes. Una de las maneras de lograrlo es escuchar el lenguaje de la otra persona y adaptarlo. De esta manera te conectas con la realidad del hablante y la validas. Al hacerlo se abren puertas de múltiples maneras y se profundiza la conexión.

La semana en que mi padre empezó a morir se incorporó en la cama, me miró con sus ojos penetrantes y dijo: "¿Qué demonios está pasando? ¿Me estoy muriendo?". Me aterraba tanto esta pregunta que nunca le respondí. ¿Cómo le dice una hija a su padre que se está muriendo, especialmente cuando enfrenta su propio miedo y dolor? Así que, sin estar preparada para su pregunta, no pude adentrarme plenamente en la realidad del momento. No sabía entonces cómo integrarme a su mundo con comodidad y plenitud.

Busqué el consejo de mi amiga terapeuta Bárbara. Le pregunté cómo debía responder a mi padre si alguna vez volvía a preguntarme. Me dijo: «La mayoría de la gente sabe cuándo se está muriendo. En lugar de tener miedo de ser sincera, sé sincera. Los moribundos suelen estar muy solos, ya que todos evitan la verdad. No te preocupes, no puedes matar a un moribundo admitiendo que podría estar muriendo. No le sorprende. Sé honrado sobre la realidad de la muerte y así ambos podrán ser sinceros sobre sus sentimientos».

En algunas familias, afrontar esta realidad resulta más fácil. Entrevisté a Jerry, un empresario de mediana edad, quien me contó la historia de su tía, Francine. Ella no tenía ningún problema en hablar directamente sobre la muerte. Francine había dejado los cuidados paliativos, optando por morir en casa, y descansaba en su habitación. Jerry explicó que toda la familia, que había venido de diferentes partes del país para estar con la tía, se había reunido en el comedor para comer y habían empezado a hablar en voz alta como era costumbre durante las comidas. La tía, que estaba en la otra habitación, gritó: "¡Cálmense todos, por favor! ¡Estoy intentando morirme aquí dentro!".

Un padre al borde de la muerte le dijo a su hija: «Me atrevo a morir». Era una verdad que ella podía oír, pero no todas las personas pueden expresarse plenamente ni afrontar la muerte con tanta valentía. En mis entrevistas con familias, descubrí que tenían diferentes maneras de hablar sobre la muerte. Algunas eran directas, en muchos casos porque un diagnóstico temprano les había facilitado la comunicación. En otras familias, la conversación sincera entre los moribundos y sus seres queridos era escasa o nula.

“¿Qué decirle a un ser querido que pregunta: ¿Voy a morir?”, comentó Kathy Notarino, enfermera de cuidados paliativos, en respuesta a mi consulta por correo electrónico. Continuó diciendo: “Es una pregunta difícil, porque realmente depende de las personas y de cómo se tomen esa información. Cuidé de mi madre, quien me hizo esa pregunta. Cuando estaba bien le decía: "Hoy no". También le decía: "No sé", pero creo que ella lo sabía. Es difícil con un padre. Acabo de cuidar de mi buena amiga, que murió de cáncer de ovario, y hablamos abiertamente de ello porque sabía que le diría la verdad.

En mi caso, nunca respondí honrada y directamente a la pregunta de mi padre, y sí, como sugirió Barbara, sentí que él lo sabía. Aunque nunca conectamos del todo al responder a su pregunta, entablamos una buena relación en las semanas posteriores. Hay muchas maneras y oportunidades de conectar con nuestros seres queridos en los últimos días y semanas de vida, y puede que no todas sean conversaciones literales. Hay puntos de contacto en cada fase antes de que la persona que amamos nos deje, y este libro trata, en parte, sobre cómo aprender esos puntos de contacto y confiar en las oportunidades sagradas que existen en cada uno.

Para cuando creí tener una respuesta que permitiría a mi padre y a mí hablar literal y honradamente sobre su muerte, ya era demasiado tarde. Él ya estaba viajando, adentrándose en un mundo donde sus palabras eran más difíciles de entender y donde empezó a hablar en un lenguaje simbólico y críptico. La pregunta de si se estaba muriendo ya no flotaba en el aire. Había entrado en un nuevo estado de ser, uno que le permitía reconciliarse con la realidad que había empezado a afrontar plenamente.

Si alguien a quien amas está muriendo ahora.

Si te enfrentas a la muerte de un ser querido ahora mismo, te invito a escribir las palabras que escuchas, incluso las que parecen incoherentes, sin alterarlas, temerlas ni juzgarlas. Al transcribirlas y leer estos capítulos, quizá descubras que los mismos cambios que percibes en el lenguaje de tu ser querido, que pueden parecer aterradores y confusos, pueden, en última instancia, brindarte consuelo y significado.

A menudo, surgen joyas al escuchar atentamente y escribir nuestras últimas palabras, y el proceso de transcripción puede ayudarnos a sentirnos más conectados con nuestros seres queridos y aún más cerca de la Fuente. Muchas veces los moribundos dicen cosas que no tienen sentido en el momento. Pero meses o años después, encontrarás indicios de profecía o respuestas a preguntas en esas palabras.

Aquí hay algunas sugerencias que puedes usar mientras presencias con valentía y compasión las palabras finales.

Entra en el mundo de tu ser querido. Imagina que visitas un nuevo país. Mantén la mente y el corazón abiertos. Registra en un diario de últimas palabras lo que oyes, ves y sientes; será tu diario de viaje privado sobre ese otro lugar. Puede que más adelante te sorprendan las perlas de sabiduría que encuentres allí.

Ten ojos puestos en lo sagrado. Si es posible, imagina que el territorio al que has entrado es terreno sagrado, a pesar de la terrible pérdida que se cierne sobre ti. Mantente abierto a la posibilidad de que algo transpersonal esté ocurriendo y que las palabras que escuchas sigan su curso.

Valida las palabras y experiencias de tu ser querido. Repite lo que dijo para que sepa que lo escuchaste: "Oh, tu modalidad está rota. Me encantaría saber más sobre eso". Evita decirle que lo que ve o dice está mal, o es falso.

Estudia el idioma. Ya que estás en un país nuevo, aprende su idioma. Estúdialo. Practícalo. Háblalo. Presta atención a los símbolos y metáforas que resulten significativos a tu pareja y úsalos al comunicarte. Por ejemplo, pregúntale: "¿Quieres que te ayude a encontrar tu pasaporte?". Cuando escuches cosas sin sentido, simplemente piensa: "¡Ah, así se expresan las cosas en este país!".

Haz preguntas con autenticidad y curiosidad. Está bien hacerle saber a la persona moribunda que estás confundido y que te encantaría saberlo más de lo que quiere comunicar. "¿Podrías contarme más sobre...?"

Asume que tu ser querido puede escucharte incluso cuando no responde, o está en silencio; haz saber a la persona moribunda lo profundo que es tu amor. Al morir, el oído es el último sentido en desaparecer. Cuando estés en otra habitación, y especialmente cuando hables de tu ser querido, hazlo con mucho elogio y gratitud. Di palabras que le brinden alegría o consuelo.

Disfruta del silencio. A veces es mejor simplemente sentarte con tu ser querido. Cuando las palabras no construyen puentes, recuerda que el moribundo podría estar mucho más sintonizado con la comunicación telepática o no verbal, similar a la que experimentamos al orar. Habla con la persona que amas como lo harías al orar.

Sanando el duelo.

Escuchar y honrar sus últimas palabras facilitará el proceso de morir para tu ser querido. Al mismo tiempo, transcribirlas puede ser sanador para ti mientras superas la pérdida del ser querido. Haz un diario con las palabras que escribes. Recuerda que las palabras que no tienen sentido son tan importantes como las que sí lo tienen. Observa las metáforas o símbolos que se repiten y las frases paradójicas. ¿Hay colores o formas que se repiten? ¿Hay referencias a personas o lugares que no ves? Puede que al principio no tengas claro el significado, pero al escribir las palabras que has escuchado, puedes encontrar asociaciones reconfortantes o sanadoras.

Lo que a un extraño le parecería absurdo, para ti puede tener profundo significado personal. Las últimas palabras pueden ser como sueños. Aprendemos mucho al reflexionar sobre ellas y asociarlas libremente. En tu diario de últimas palabras anota las que escuchas y permítete asociarlas libremente. Imagina que son las de un oráculo o la sabiduría de los sueños y deja que evoquen en ti imágenes y reflexiones. Puede que te sorprendas y conmuevas con lo que surja.

Mi madre y yo creamos placas grabadas en raku con las últimas palabras de mi padre en honor a su memoria. El arte es una poderosa herramienta de sanación. Muchas veces la mejor manera de procesar el duelo es sin palabras. Tomar las últimas palabras y crear arte con ellas nos lleva a una mayor comprensión de su significado y de quienes amamos. Integrar las últimas con el arte es una forma de mantener abierta la puerta entre vivos y moribundos, forma de honrar a quienes nos precedieron.

Iluminando el camino de la conciencia.

Si actualmente no enfrentas la pérdida de un ser querido espero que este libro te brinde las herramientas necesarias para cuando ocurra. Es posible que este libro  responda tus preguntas sobre la vida después de la muerte y profundice tu comprensión de la conexión entre lenguaje y conciencia.

Si bien la muerte de un ser querido es momento de profundo dolor, a menudo también es momento sagrado. El lenguaje al final de la vida ofrece un camino hacia una mejor comprensión de la calidad espiritual de morir y vivir, y puede ayudarnos a desarrollar conexiones más profundas con nuestros seres queridos. Con cada palabra que transcribimos nos invita a conectar con la conciencia de nuestros seres queridos en su transición. El continuum del lenguaje en las comunicaciones de los moribundos incluye aumento del lenguaje simbólico y metafórico, repetición, narrativas sostenidas, diversos tipos de sinsentidos paradójicos y situacionales, y variedad de otros patrones lingüísticos que arrojan luz sobre el camino de la conciencia que recorremos al morir. Al analizar el lenguaje de quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte podemos aprender de esos relatos sobre las palabras en el umbral de la muerte.

 

CAPÍTULO DOS. No hay palabras para ello. El lenguaje cambia a medida que nos acercamos al final.

No puedo describir con palabras la experiencia. No hay manera de poder hacerlo plenamente. — Sandra, participante del Proyecto Palabras Finales.

Estás describiendo a un amigo cómo es una silla. Es sencillo, ¿verdad? ¿Qué tal explicar la sensación de estar enamorado? ¿Puedes transmitir fácilmente el sabor de una barra de chocolate a alguien que nunca ha comido chocolate? Y ahora, ¿cómo describirías un momento profundamente espiritual a alguien que nunca lo ha tenido?

Ciertos conceptos son más difíciles de expresar con palabras que otros. Si eres como la mayoría, describir una silla te resultará relativamente fácil. Usarás lenguaje literal e inteligible: por ejemplo, podrías decir que tiene cuatro patas de roble, respaldo duro y  asiento acolchado de terciopelo azul. Es bastante fácil. Y la persona con la que hablas probablemente entenderá todo lo que dices; hay pocas posibilidades de malentendidos. En este caso, las dos percepciones de la realidad se solapan bastante.

El lenguaje puede variar desde muy literal hasta figurado e ininteligible. Si bien la mayor parte del habla humana es literal o figurada a veces utiliza lenguaje ininteligible o sin sentido. A menudo usamos lenguaje figurado e incluso sin sentido cuando describimos cosas que son difíciles de expresar en lenguaje literal.

Volvamos a explicar la sensación de estar enamorado. De repente, puede que necesites recurrir a un lenguaje más allá de lo literal para explicarlo. Podrías decir algo como: «En el momento en que la vi sentí como si la conociera desde hacía un millón de años». O: «Cuando estamos juntos siento una paz que nunca antes conocí, como estar en las montañas bajo un cielo estrellado».

Como no estamos muy acostumbrados a describir sabores, y en español tenemos un vocabulario relativamente limitado para hablar de ello, las conversaciones sobre el chocolate pueden ser más difíciles que las del amor. Quizás tengas que hacer comparaciones y asociaciones. «Tiene un sabor dulce, rico y cremoso. Un sabor un poco oscuro, me recuerda a selvas salvajes, pero con toda la dulzura de la fruta. Y tiene algo casi relajante al derretirse en la lengua.».

Y finalmente, si tienes una experiencia extremadamente espiritual puede haber un rango de lenguaje aún más limitado que puedas usar para compartir esta experiencia intensamente subjetiva con otra persona. Tenemos muy pocas frases literales que puedan describir momentos intensamente íntimos. Es por eso por lo que poetas y místicos a menudo recurren a lenguaje figurativo e incluso absurdo para hablar de cosas de la vida que no son sensoriales. No es raro que la experiencia mística no sensorial se explore a través de paradojas sin sentido como "el silencio susurrante”o, "la oscuridad iluminada".

El lenguaje literal funciona bien para aquellas cosas que involucran a los cinco sentidos y que todos conocemos. Sin embargo, cuando las experiencias o conceptos son más subjetivos y van más allá de lo puramente sensorial encontrar las palabras adecuadas se vuelve cada vez más difícil.

¿Cómo describir la experiencia de morir?

Imagina por un momento qué tipo de lenguaje utilizarías para describir la experiencia de morir. No solo es una experiencia para la cual el oyente carece de un punto de referencia convincente, sino que también resulta completamente extraña y nueva para quien se está muriendo. Carece, en todos los sentidos, de un marco de referencia para la mayoría de nosotros. Consideremos, además, la posibilidad de que morir sea un “esto”incomprensible, como mi padre lo describió a su secretaria días antes de morir, cuando le dijo: “Esto es muy interesante, Alice». Además, existe la posibilidad de que, si hay otra dimensión o una vida después de la muerte, esa realidad también eluda todos los significados literales que conocimos. Quizás, con solo cruzar a estas nuevas dimensiones activemos nuevas partes del cerebro y, como resultado, del lenguaje.

Quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte dicen que es imposible encontrar palabras para explicar su experiencia. Su experiencia es inefable.

Al observar el espectro del lenguaje, desde lo literal hasta lo absurdo, surge algo fascinante: los diferentes tipos de lenguaje se asocian con distintas partes del cerebro según recientes investigaciones con escáneres cerebrales. El lenguaje literal, como el que se usa para describir una silla, involucra regiones del hemisferio izquierdo tradicionalmente asociadas con el lenguaje de la realidad literal y compartida. Pero el lenguaje figurado, como el símil «Mi amor es como una rosa roja, roja», involucra tanto al hemisferio izquierdo como al derecho. En un artículo publicado en Scientific American, el autor explica: «Investigaciones previas con imágenes cerebrales  demuestran que la interpretación de metáforas requiere diversas áreas en ambos hemisferios cerebrales en comparación con el lenguaje literal, que se procesa en áreas lingüísticas conocidas del izquierdo». Sin embargo, una frase sin sentido como: «Mi amor está espinoso en la espiral de la trama», involucra regiones del hemisferio derecho asociadas con experiencias místicas y la música, como veremos más adelante con mucho más detalle.

¿Es posible, entonces, que al acercarnos a la muerte tengamos experiencias más difíciles de expresar con el lenguaje habitual, lo que aumenta la construcción metafórica desconcertante? ¿O es que al morir las regiones del hemisferio izquierdo, asociadas con el lenguaje literal y sensorial, se degradan? ¿Acaso, como resultado, hay mayor dependencia del lenguaje que involucra las funciones del hemisferio derecho en los días previos a la muerte? ¿O ambas ideas ciertas? Podemos preguntarnos si  estamos programados para tener experiencias al final de la vida que quedan fuera del lenguaje literal, si estas experiencias tienen el efecto de detener o interferir de alguna manera con nuestras funciones del hemisferio izquierdo de modo que la degradación de las funciones del lenguaje literal conduzcan experiencias más simbólicas y sin sentido.

Raymond Moody sugiere que cuando “la mente pasa de una dimensión inteligible a una menos comprensible genera sinsentidos y, en ese caso, una explicación literal sería errónea. La mente se ve obligada a decir sinsentidos al transitar entre dimensiones”. Moody usa la palabra sinsentido para referirse a un lenguaje que no tiene sentido literal para quienes lo escuchan. Sin embargo, también indica que casi todos los idiomas son “sinsentidos”ininteligibles para quienes no los conocen, ni conocen sus patrones lingüísticos hablados y escritos: por ejemplo, el chino es un sinsentido para quienes no lo hablan. A medida que aprendemos más sobre el continuum del lenguaje que surge en los últimos días éste cobra cada vez más significado y suena menos a sinsentido.

El lenguaje de la experiencia cercana a la muerte.

La comprensión de Raymond Moody de las propiedades únicas del lenguaje ininteligible fue, en parte, lo que lo llevó a acuñar el término "experiencia cercana a la muerte". Antes de convertirse en médico obtuvo doctorado en filosofía y centró gran parte de sus estudios de posgrado en la ininteligibilidad y el sinsentido. Cuando comenzó a escuchar de sonidos inusuales e historias de pacientes que habían muerto y luego revivido quedó intrigado. Las historias que escuchaba de sus pacientes seguían patrones muy similares a los de las historias sin sentido que había estudiado como estudiante de filosofía. Al igual que los personajes de “Alicia en el País de las Maravillas”, sus pacientes decían cosas que parecían desafiar las nociones habituales de espacio y tiempo y, al igual que los personajes de Lewis Carroll, los pacientes de Moody a menudo hablaban con paradojas desconcertantes. Algunas de las cosas que escuchaba de pacientes que aparentemente habían muerto y vuelto a la vida eran frases como estas:

              “Hubo tiempo, pero no tiempo.”

              “Me sentí más vivo cuando estaba muerto que cuando vivía”.

              “Entendí todo lo que dijeron, pero no dijeron ni una palabra”.

              “Dejé mi cuerpo y viajé a través de las galaxias, todo mientras yacía inmóvil en la cama”.

              “Parecía que había pasado un minuto, pero también mil años”.

Todas estas frases son paradójicas. ¿Cómo es posible que algo pareciera un viaje a través de las galaxias cuando, de hecho, el paciente yacía inmóvil en la cama, o que pareciera un minuto, pero también mil años? Estas eran afirmaciones intrigantes, y al escuchar las descripciones paradójicas de sus pacientes sintió cada vez más curiosidad por ellas. ¿Cómo era posible que un paciente que había vuelto a la vida dijera que nunca se había sentido tan vivo como cuando estaba muerto?

Con el paso de los años, a medida que Moody escribía relatos de estos cambios en el lenguaje y las experiencias de sus pacientes, surgió un patrón que identificó como la “experiencia cercana a la muerte”. A través de las "historias sin sentido”de sus pacientes, identificó un conjunto de experiencias compartidas por algunos que habían muerto y resucitado. Moody se sentía particularmente atraído por sus narrativas porque sus historias describían claramente algún tipo de viaje, aunque en realidad no había movimiento real del punto A al punto B tal como entendemos el movimiento en la realidad tridimensional. Las historias que surgieron eran, técnicamente, narrativas de viajes sin sentido. Es decir, en términos de la realidad literal que conocemos, las historias carecían de sentido. Los "viajes”que estos pacientes describieron haber realizado durante sus experiencias cercanas a la muerte violan casi todo lo que sabemos sobre el mundo tridimensional y de cinco sentidos.

Una mirada más cercana a estos patrones de lenguaje asociados con las ECM revela una base para comprender el lenguaje de la muerte.

La narrativa del viaje sin sentido.

Aquellos que han tenido experiencias cercanas a la muerte a menudo describen una especie de viaje que ocurre fuera de sus cuerpos físicos, y sus descripciones involucran uno o todos los siguientes hechos: ascender y salir del propio cuerpo, moverse a través de túneles o valles , reunirse con familiares o amigos fallecidos o figuras espirituales y, finalmente, tener una revisión de su vida.

Una de las características de una experiencia cercana a la muerte, (ECM), es que la persona "asciende y sale del cuerpo”y tiene una "experiencia extracorporal"; esto parece ser cierto tanto si la persona informa una ECM positiva como negativa o angustiante. La siguiente descripción proviene de John, una de las personas que entrevisté. Tuvo una experiencia cercana a la muerte tras ser trasladado al hospital por un accidente de tránsito casi fatal. Su descripción es típica del lenguaje que la gente usa al hablar de sus experiencias extracorporales: "Lo siguiente que noté fue que estaba flotando en el techo de la habitación del hospital. Podía ver todo lo que sucedía debajo de mí, e incluso noté el color blanco tiza del techo". Dentro del contexto de nuestra comprensión de este mundo tridimensional de cinco sentidos, su descripción es absurda, ya que en nuestro mundo literal la gente no flota fuera de sus cuerpos o tienen la capacidad de examinar detenidamente la pintura del techo mientras se está inmóvil en una cama. Sin embargo, quienes describen sus experiencias extracorporales dirán que, aunque el lenguaje pueda parecer absurdo, la experiencia es comprensible y significativa para ellos. "Mientras los de abajo conversaban sobre mi muerte, me sentí completamente vivo y consciente", explicó John.

Aquí hay otra descripción representativa de Lisa, quien tuvo una experiencia cercana a la muerte después de un ataque al corazón: «Sentí que salía del cuerpo y podía ver hacia abajo. No sé cuánto tiempo estuve allí arriba. Pero de repente fue como si una mano bajara para sostenerme; y esa mano se convirtió en una luz increíble mientras me elevaba».

Quienes describieron experiencias extracorporales explican que sintieron una fuerte sensación de sí mismos en ese momento, como si estuvieran completamente conscientes, aunque los que estaban en el mundo físico no podían oírlos ni verlos ni sentir sus movimientos por encima de sus cuerpos sin vida.

Los movimientos hacia arriba y hacia afuera del cuerpo están estrechamente asociados con las experiencias cercanas a la muerte. En capítulos posteriores veremos que la descripción misma de ascender estando físicamente inmóvil también es característica del lenguaje de los moribundos.

Otro punto de referencia común, en la narrativa de viaje de quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte, es un túnel o valle. Esta descripción proviene de Sandi, quien envió un correo electrónico al Proyecto Palabras Finales describiendo su ECM de esta manera: «El túnel en el que me encuentro parece suave y largo, como si me moviera a través de un túnel de nubes. Estoy extasiada de ser libre y poder moverme con tanta gracia y agilidad, de moverme tan rápido. Me siento libre, sin restricciones. Por fin, vuelvo a ser yo misma. Al atravesar el túnel me dirijo hacia la más hermosa luz dorada. Estoy en casa».

Incluso cuando se cuentan en tiempo pasado, estos relatos transmiten movimiento, un poderoso contrapunto a la realidad de los cuerpos sin vida de los individuos. Esto queda claro en el testimonio de Rick, quien describió su experiencia ECM tras ser ingresado en el hospital por sepsis. «Tenía la sensación de estar atravesando un valle profundo y sombrío. Pero no sentí miedo. De hecho, sentí consuelo».

Guías para el viaje.

Quienes comparten sus experiencias cercanas a la muerte a menudo hablan de encuentros con familiares y amigos que fallecieron antes que ellos y que los recibieron o guiaron en su camino. También hablan de figuras espirituales o "seres de luz". Rick, por ejemplo, declaró: "Todas estas personas estaban allí. A muchas las conocía y reconocía, incluyendo a un amigo que conocí en la primaria. Sentí su presencia, y en el caso de algunas, incluso vi sus cuerpos. Sentí que todas me daban la bienvenida y querían protegerme o guiarme".

Lisa explicó con más detalle su experiencia de una mano que la levantó tras su infarto: «Esta Divina Presencia era pura luz. Y esa luz parecía hablarme, decirme que ahora me guiaría. Confié plenamente en esa presencia».

El día de Navidad de 1993 Shawna Ristic sufrió un grave accidente automovilístico que la dejó al borde de la muerte y en coma durante muchos días. "Tenía la opción de regresar o no", dijo, "y esta decisión fue conjunta entre el consejo, un grupo de doce seres que conocí durante mi estancia en el otro lado, y yo. Aprendí que trabajo con ellos y los represento aquí, en la Tierra. Vi las consecuencias de ambas decisiones: la paz de permanecer con los seres llenos de luz y amor que con tanto cariño me habían elevado de mi cuerpo".

Las referencias a “seres de luz”, amigos y familiares fallecidos y otras figuras orientadoras aparecen no sólo en las descripciones de quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte, sino también, como veremos, en los relatos registrados por el Proyecto Palabras Finales.

El viaje culmina en una revisión de la vida.

Muchas personas que han tenido una ECM explican que la experiencia de salir del cuerpo, guiada por figuras espirituales, amigos o familiares, las llevó a una revisión de vida. Esta revisión abarca toda la vida de la persona y, a menudo, se ve desde la perspectiva de alguien a quien se le hizo daño.

El lenguaje metafórico aparece con frecuencia en las descripciones de estas revisiones de vida. De hecho, quienes relatan sus experiencias afirman que no hay forma de explicar el proceso de revisión sin recurrir a analogías y símbolos de este proceso de "más allá". Las descripciones metafóricas que escuché iban desde: "Fue como ver una película", hasta, "Había postes en colinas ondulantes, y cada poste representaba un hito importante de mi vida; y entonces cobró vida", y otra persona dijo: "Era como si hubiera globos o esferas, como burbujas, que albergaban imágenes de mi vida".

La experiencia cercana a la muerte en sí misma a menudo se describe como una historia o viaje y comparte los mismos puntos de referencia: ascender, mirar hacia abajo y percibir las escenas del lecho de muerte, viajar a través de un túnel, reunirse con amigos o familiares o figuras espirituales que fallecieron antes que él, y luego viajar hacia o a través de una revisión de vida y, finalmente, "regresar”al cuerpo.

Al observar con atención el lenguaje de estas experiencias excepcionales, observamos una clara evolución del lenguaje literal a uno rico en metáforas, paradójico o sin sentido. Los relatos asociados con las ECM presentan muchos de los indicadores críticos que también existen en el lenguaje de los moribundos. Escuchamos una historia de viaje, un viaje lleno de afirmaciones simbólicas y paradójicas que ofrece la posibilidad de viajar a, o atravesar, otro estado del ser o dimensión donde las reglas de nuestro mundo tridimensional literal, de cinco sentidos, ya no existen. El lenguaje que escuchamos a menudo es sin sentido, —no se basa en los sentidos tal como los conocemos—, y promueve una comprensión completamente nueva.

La experiencia cercana a la muerte es inefable.

La narrativa del viaje es fundamental en la experiencia cercana a la muerte, pero quienes la han vivido dirán que ni siquiera la analogía del viaje refleja del todo su experiencia. Es decir, no hay palabras para explicarla. Cada aspecto que la persona experimenta en esos momentos de muerte clínica es indescriptible. Quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte explican universalmente que simplemente no podemos usar las palabras ni los puntos de referencia a los que estamos acostumbrados. Una de las primeras citas que documenta una experiencia cercana a la muerte apareció en "Vida después de la vida”de Raymond Moody . Aunque fue pronunciada hace varias décadas, resume sucintamente un sentimiento común entre quienes han tenido una ECM:

“Ahora bien, me encuentro con un verdadero problema al intentar explicarles esto ya que todas las palabras que conozco son tridimensionales. Mientras lo analizaba, pensaba: «Bueno, cuando estudiaba geometría siempre me decían que solo había tres dimensiones y yo, simplemente, lo aceptaba. Pero se equivocaban. Hay más». Y, por supuesto, nuestro mundo —el que vivimos ahora— es tridimensional pero el que nos rodea definitivamente no lo es. Por eso es tan difícil decírselo. Tengo que describírtelo con palabras tridimensionales. Es lo más cercano que puedo llegar a eso, pero no es realmente adecuado. No puedo darles una imagen completa”.

En mis entrevistas con personas que han tenido experiencias ECM escuché el mismo tema: la experiencia desafía las palabras o la realidad que todos compartimos aquí. El lenguaje no puede transmitir algo que trasciende los cinco sentidos.

Las metáforas nos permiten describir lo inefable.

La calidad inefable del lenguaje del otro lado hace necesario que quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte recurran al lenguaje figurado o, incluso, disparates como "flotar entre nubes", "fotogramas de una película", "entrar por primera vez en una casa grande y oscura con las luces encendidas", "vivir dentro de los colores de un televisor de alta definición”o, "llegar a casa". Las descripciones de quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte demuestran que la metáfora es la única forma en que estas personas pueden explicar algo tan diferente de nuestra experiencia ordinaria. Quienes han tenido una ECM solo pueden empezar a transmitir mediante metáforas y analogías lo que percibieron. Es importante recordar esto al observar el lenguaje altamente metafórico que emerge en el lenguaje de los moribundos.

Como se mencionó anteriormente en este capítulo, tenemos acceso a un continuo de lenguaje. El lenguaje literal es el de nuestra realidad compartida en este mundo de cinco sentidos. Las metáforas, por tanto, nos ayudan a articular experiencias que parecen originarse más allá de los cinco sentidos y de esta realidad tridimensional. Quizás, por eso no sorprende que las metáforas aparezcan con frecuencia en el lenguaje de las ECM y al final de la vida.

Las figuras retóricas, como las metáforas, reflejan el poder del lenguaje para alterar la realidad y crear puentes hacia otras nuevas. Las figuras retóricas pueden sacarnos de lo común y ampliar la conciencia mediante el uso de comparaciones. Moody señala que las figuras retóricas son comunes en las descripciones de las ECM, ya que es imposible relacionarlas sin recurrir a ciertos "efectos especiales del lenguaje".

El lenguaje cercano a la muerte suele ser paradójico.

El lenguaje es secuencial pero la experiencia cercana a la muerte a menudo se describe como carente de secuencia espacial o temporal. Esta cualidad no secuencial de la ECM obliga a las personas a recurrir no solo a descripciones metafóricas sino, también, a paradójicas como las mencionadas anteriormente.

La mayoría de las personas que entrevisté explicaron que el pasado, el presente y el futuro coexistían a la vez. Muchas explicaron que cuanto más intentaban plasmar su experiencia con el lenguaje más confusas se sentían y menos coherentes se volvían sus explicaciones. Nuestros cuerpos y el lenguaje parecen organizar la experiencia y el pensamiento siguiendo una narrativa lineal. Pero más allá de nuestros cuerpos vivos, existe una realidad más vasta, no lineal y no narrativa. He aquí un resumen de las frases paradójicas que he escuchado durante mi investigación sobre el lenguaje de las experiencias cercanas a la muerte, las mismas afirmaciones que despertaron el interés de Raymond Moody hace más de cuarenta años:

              “Cuando morí, me sentí mejor que nunca en mi vida”.

              “Nos comunicamos con total entendimiento, pero nadie dijo ni una palabra”.

              “La Presencia Divina me mostró que el mundo real no es realmente real”.

De las muchas afirmaciones paradójicas asociadas con la experiencia cercana a la muerte las asociadas con la investigación de Kenneth Ring y Sharon Cooper se encuentran entre las más drásticas. Estudiaron las experiencias cercanas a la muerte de treinta y un participantes ciegos. De ellos, el 80 % describieron poder "ver”estando clínicamente muertos. Describieron detalles del clima, la ropa y los accesorios del personal del hospital, los pacientes y de ellos mismos. ¿Los ciegos pueden ver ? Esta afirmación paradójica carece de sentido en el mundo habitual basado en los cinco sentidos. El lenguaje paradójico asociado con las experiencias cercanas a la muerte sugiere que existe una dimensión o realidad que no se puede explicar completamente en el lenguaje con el que la mayoría nos sentimos cómodos.

Moody señala que la frase «vida después de la muerte» en sí misma viola la lógica común por ser paradójica. Sugiere una lógica de ininteligibilidad que permite que la muerte y la vida coexistan. La lógica aristotélica es binaria, explica. Sin embargo, existe la dimensión ininteligible que parece no encajar en el mundo de verdadero o falso de Aristóteles. El lenguaje de quienes experimentan ECM parece reflejar esta dimensión ininteligible. El lenguaje del umbral de la muerte puede regirse por su propia lógica, apenas comprensible para la mayoría de nosotros.

Actualmente no existe un modelo fisiológico o psicológico que por sí solo pueda explicar todas las características comunes de las ECM. La aparición de consciencia y claridad durante un período de deterioro del funcionamiento cerebral sigue siendo una paradoja. ¿Cómo es posible que algunas personas puedan experimentar una consciencia clara fuera del cuerpo durante un período de muerte clínica, cuando el cerebro, al no funcionar, registra un electroencefalograma plano? Es como si el cerebro en este estado fuera una computadora con la fuente de alimentación y circuitos desconectados. ¿Cómo podría un ordenador en esa situación procesar información? No obstante, durante una ECM, algunos pacientes han experimentado lucidez mientras sus cerebros y cuerpos estaban clínicamente muertos.

El lenguaje del más allá es telepático.

Eben Alexander, neurocirujano autor de "Prueba del Cielo", nos dice que la comunicación en el más allá no solo es paradójica, sino también "no lingüística". Según quienes han fallecido y regresado parece que no existe tiempo secuencial, espacio fijo ni lenguaje hablado tal como lo conocemos.

Todos los entrevistados describieron la comunicación que tuvo lugar durante la ECM como telepática. Comúnmente explicaban lo sucedido de esta manera: «Los oigo hablar de mí mientras salgo de mi cuerpo. Oigo las palabras: 'Lo perdimos. Está muerto'. Y entonces sigo siendo capaz de entenderlos, pero de una manera nueva». Quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte suelen explicar que comprendieron perfectamente lo que se les comunicaba en su lecho de muerte. Sin embargo, hay un cambio importante en cómo las personas explican la «escucha». Por ejemplo, una persona me dijo: «Las voces no eran realmente audibles como pensamos. Es más como si me diera cuenta de lo que la gente pensaba y, de repente, la comunicación se dio entre nuestras mentes: era telepatía».

Muchas personas que han tenido una ECM pueden incluso experimentar precognición al abandonar sus cuerpos. Varias comentaron cosas como: «Era consciente de lo que decía el médico antes de que hablara». Normalmente este es el momento en el que las personas se dan cuenta de que ya no viven. Entonces se despierta un nuevo tipo de consciencia, y este proceso inevitablemente lleva al cese de la palabra hablada. Bret, comentó lo siguiente sobre la comunicación en su experiencia de ECM: «Mi madre me habló y lo entendí todo. Se suponía que debía seguirla, pero no hubo palabras que me dieran instrucciones, no como pensamos en las palabras. Simplemente sabía que debía seguirla; todo su ser se comunicaba».

Varias de las personas que me describieron sus ECM, incluyendo a Shawna, mencionada anteriormente en este capítulo, explicaron que se les presentó un ser divino o un Consejo que debatió si la persona debía regresar a la vida que había dejado atrás. Estas conversaciones siempre se describen como "tácitas"; es decir, los conceptos y emociones se expresaban "de forma no lingüística", según la expresión de Eben Alexander.

Muchas de las conversaciones telepáticas que informaron las personas que experimentaron ECM tuvieron lugar con amigos, familiares, una Presencia Divina, o luz que habían fallecido antes, y trataban sobre si debían "regresar". En la mayoría de los casos, las personas explican que experimentaron una "comunicación de mente a mente”o de corazón a corazón que trascendió con creces lo que conocemos como lenguaje hablado. Sería fácil atribuir todo esto a la mera imaginación; sin embargo, existen múltiples casos en los que las personas que experimentaron ECM comprendieron las comunicaciones de médicos, enfermeras y seres queridos a pesar de que, según todos los criterios clínicos, ya no podían oír. Como se explicó anteriormente, algunas personas han descrito escuchar a los vivos no a través del lenguaje audible sino a través del pensamiento, es decir, telepáticamente.

En algunos casos las personas se comunicaron con familiares o amigos que desconocían su muerte pero que encontraron durante su experiencia de ultratumba. Curiosamente, muchos de quienes han tenido experiencias ECM explican que, tras morir y resucitar, conservan cierta capacidad de comunicación telepática y disfrutan de una mayor intuición. Sandi lo describió así: «Pero ahora estoy en casa, comunicándome telepáticamente sin esfuerzo». La enfermera e investigadora de cuidados paliativos Madelaine Lawrence, y varios investigadores como Kenneth Ring y Sharon Cooper, han documentado estos hallazgos, al igual que miembros de la Asociación Internacional de Estudios Cercanos a la Muerte y la Fundación para la Investigación de Experiencias Cercanas a la Muerte.

Lawrence nos dice: “A medida que la persona en la experiencia transpersonal se aleja de situaciones terrenales, la comunicación auditiva es más probable que sea telepática. La visión se mejora durante la parte etérea de la ECM, incluyendo la capacidad de ver en personas ciegas. Estos resultados son consistentes para miles de sujetos en este momento y en diferentes culturas».

¿Podría ser que el continuo del lenguaje termine en la comunicación telepática? Veamos cómo el continuo del lenguaje, evidente en las experiencias cercanas a la muerte, emerge en el lenguaje de los moribundos.

 

CAPÍTULO TRES. Metáforas de lo trascendental. Antes de morir, anunciamos un gran suceso.

¿Qué estamos celebrando? ¡Ay! ¡Fiesta de celebración! ¡Ay, ay, ay! ¿Es esto un día festivo? — Judy, participante del Proyecto Palabras Finales

En el capítulo 2 hablamos sobre el poder de la metáfora para describir cosas que no encajan en nuestra experiencia cotidiana y que no pueden explicarse completamente mediante lenguaje literal. Vimos cómo la metáfora surge con frecuencia en el lenguaje de las experiencias ECM porque ofrece, a quienes la expresan, una forma de comunicar experiencias inefables mediante comparaciones y analogías.

El lenguaje del fin de la vida también es altamente metafórico. Los siguientes ejemplos de metáforas son expresiones veladas que alertan a los oyentes de la proximidad de un acontecimiento importante. Mi padre habló sobre la gran exposición de arte, y muchos participantes del Proyecto Palabras Finales compartieron metáforas del fin de la vida que anunciaban la llegada de un gran acontecimiento. Los símbolos del acontecimiento principal suelen estar relacionados con la narrativa vital o los intereses del hablante.

Andrea publicó esto en la página de Facebook del Proyecto Palabras Finales: "La noche en que mi tía murió de cáncer de pulmón estaba claramente entre dos mundos. Sus últimas palabras fueron cuando me pidió que llevara su mejor vestido y zapatos al hospital porque asistiría a un gran baile esa noche y estaría muy feliz de verme allí. Murió al día siguiente”.

Un joven, Tomás, compartió esto: “Mi abuela se despertó en medio de la noche y empezó a ponerse un vestido largo arrumbado en el fondo del armario. Estaba sentada en su tocador, poniéndose joyas y maquillándose. Un asistente entró a ver qué pasaba. Mi abuela dijo: "¡Me estoy preparando para el gran baile!". A continuación se tumbó en la cama, y murió”.

Un ser querido le dijo a su esposa: «Dave me dice que me está esperando. Está esperando para jugar al golf conmigo. Necesitan un cuarto».

Otro esposo moribundo compartió lo siguiente con su pareja: “A través de usted, estamos en contacto con la sede de la operación de la aeronave. Bien podría estar llegando a un momento especial, y es, que tenemos que dejarlo ir en, ese punto”.

Los trabajadores de cuidados paliativos y los profesionales de la salud que entrevisté coincidieron en que el lenguaje de sus pacientes moribundos suele ser muy metafórico, una cualidad que se evidencia en los ejemplos anteriores. "Son un 'aviso' único y personal que anuncia una transición inminente", explicó la enfermera Becki Hawkins. "Un golfista apasionado podría decir algo como: 'Tengo un partido de golf programado para mañana'. En ese momento no parece tener sentido, ¡pero luego sí!"

Carol envió un correo electrónico al Proyecto Palabras Finales con un relato de las últimas palabras de su padre, un contratista de techos: “Se despertaba, me miraba con una sonrisa enorme. Y me decía: '¡Tienen un montón de cocinas pequeñas allí!'. Había kilómetros y kilómetros de ellas, y él ayudaba a construirlas”. Para algunos, el mundo al que entran al otro lado del umbral está lleno de nuevas construcciones; otros encuentran el ritmo constante de la danza.

Leo Holder, hijo del reconocido bailarín y coreógrafo Geoffrey Holder, escribió esta descripción de las últimas palabras de su padre:

“Entonces su mano derecha empieza a moverse ... luego la izquierda empieza a tamborilear. A través de la máscara de oxígeno, el gorgoteo empieza a crear su propio ritmo. Sin estar seguro de lo que oigo levanto la vista y veo que su boca se mueve. Me acerco para escuchar: «...dos, tres...dos, tres...». ¡Está contando! Se hace más fuerte y en su punto más alto suena como el ronroneo profundo de un león, luego dice: «Brazos, dos, tres... Gira, dos, tres... Balancea, dos, tres... Abajo, dos, tres...».

En otra historia, Doug C Smith, director de un establecimiento de cuidados paliativos en Virginia Occidental, habló sobre su paciente Jack, un mago de vodevil retirado con estas palabras:

“Mientras estaba en la puerta de su habitación vi a Jack erguido, rodeado de almohadas. Sonrió y dijo: «Doug, todos estábamos esperando tu llegada». Me pregunté quiénes éramos, porque él era la única persona en la habitación. Entré, le sonreí y pensé que, después de todo, esta visita no sería tan difícil.

—Hoy es tu día de iniciación, Doug. Hoy te convertirás en miembro de la Real Sociedad de Magos —dijo Jack.

Pensé que ésta iba a ser una visita divertida y quería participar en su diversión. Pero Jack apartó la mirada de mí, con mirada vidriosa. Pronunció varias frases sin sentido que parecían a la vez un conjuro mágico y un «hablar en lenguas». De repente interrumpió sus disparates y me miró fijamente. «Acércate», dijo con tono serio. «Hoy aprenderás un gran truco de magia. El mejor truco de todos». Su voz era débil pero decidida: “Acércate”. Sentí que ya estaba lo suficientemente cerca para escuchar lo que estaba a punto de hacer o decir pero me incliné sobre su cama. “Acércate más”, repitió. Empecé a sentirme incómodo pero me incliné hasta que estuvimos cara a cara, con no más de quince centímetros de distancia entre nuestras caras. Jack parecía mirar directamente a través de mí. Sus ojos buscaban algo en los míos. Sin cambiar su expresión, Jack susurró: «Mírame desaparecer». Sus ojos adquirieron una apariencia vidriosa y congelada. Supe al instante que Jack murió en el instante en que susurró esas palabras”.

Este impactante relato ilustra cómo los moribundos interactúan con las metáforas de sus vidas al adentrarse en el Gran Misterio. Las metáforas nos ayudan a equiparar lo desconocido con lo conocido y pueden brindarnos consuelo y un punto de referencia para comprender experiencias extraordinarias. Quizás por eso nuestro entorno natural, al igual que nuestra trayectoria profesional, ofrece un punto de contacto familiar que emerge en las últimas palabras, presagiando un gran acontecimiento. Las metáforas sobre un cambio en las condiciones ambientales aparecen en los relatos de varias personas que compartieron sus últimas palabras conmigo:

              “La gran tormenta se acerca.”

              Creo que va a llover. ¿Crees que va a llover?

              “La marea está cambiando.”

Metáforas distintivas para la búsqueda de la plenitud.

No sólo escuchamos a los moribundos hablar de un acontecimiento importante que se aproxima, sino que también escuchamos metáforas que sugieren la búsqueda de la completitud o la totalidad.

Un golfista apasionado anuncia la llegada de un gran torneo y luego profundiza en esta metáfora explicando que juega con un trío, todos ellos fallecidos, y que se convertirá en un cuarteto. El tema de los cuartetos aparece repetidamente en las transcripciones de mis entrevistas: la persona moribunda nos dice que está llamada a ser el cuarto, ya sea para una partida de póker o un torneo de golf. Así pues, si bien estas actividades particulares reflejan los intereses del individuo, el tema de los tres y los cuatros puede tener un significado más arquetípico.

Shannon compartió estas palabras que su abuelo pronunció al borde de la muerte: “Estos tres hombres están jugando al póquer y no paran de pedirme que sea la cuarta mano. Quieren que vaya a beber y fumar con ellos. Les digo que no me interesa. Quiero quedarme donde estoy, en mi silla. Les digo que no quiero jugar. No quiero unirme a su juego”.

Según Carl Jung, el número tres en los sueños representa la transformación, mientras que el cuatro indica plenitud, por lo que unirse a un trío y convertirse en el cuarto jugador puede estar relacionado con la búsqueda de la completitud a medida que la persona moribunda completa su vida.

En el lenguaje de los moribundos, también hay diversas referencias a la unión de dos, como esta de un amante de los barcos: «Hay dos cascos y necesito que los consigas, necesito unirlos para formar uno». Otra con el tema de la totalidad: «Lo que ves en diferentes partes, es todo una sola pieza». Y otra: «Hay un círculo a la izquierda... y un círculo a la derecha... estos dos círculos forman uno».

“No está claro si la persona moribunda sabe qué es real o no”, me comentó la enfermera e investigadora Madelaine Lawrence durante una entrevista. “La línea entre la metáfora y la realidad es difusa”.

Independientemente de que los moribundos sepan o no qué es real, lo más importante es que están involucrados en un proceso de dar sentido a la realidad que tienen ante sí. Al hacerlo, los temas de completitud y plenitud parecen ser significativos, y para cada uno de nosotros, los símbolos y las metáforas pueden ser diferentes.

Kelly Bulkeley y Patricia Bulkley, autores de Dreaming beyond Death, nos cuentan que, al estudiar los diarios de sueños de las personas, descubrieron que, con el tiempo, los mismos símbolos y temas se repetían: “Cada uno de nosotros tiene su propio conjunto de temas oníricos característicos que se repiten a lo largo de la vida. Lo que este y otros estudios sugieren es que los sueños no solo reflejan los altibajos de la vida diaria, sino que también reflejan las cualidades perdurables de nuestra personalidad y las preocupaciones fundamentales que configuran nuestra forma de ser en el mundo”.

Este principio de los sueños también se aplica al estado onírico en el que muchos entran al final de la vida. Las metáforas que usamos al acercarnos a la muerte suelen estar estrechamente relacionadas con los temas centrales de nuestra vida. Aunque nuestros procesos de pensamiento y lenguaje parecen cambiar, los temas y símbolos centrales a menudo no lo hacen.

De manera similar, las metáforas culturales también pueden aparecer en el lenguaje al final de la vida, ya que no podemos separar quiénes somos como individuos de la cultura en la que vivimos. El lingüista George Lakoff nos dice que en inglés estadounidense hay dos metáforas principales para la mente. La primera es la idea de que "la mente es un objeto frágil", como en estos ejemplos: "Se rompió bajo el interrogatorio", "Su mente se quebró”y, "Me estoy yendo a pedazos". La segunda metáfora central para la mente es la idea de que "la mente es una máquina", como en estas frases: "Mi mente no está operando hoy”o, "¡Vaya, las ruedas están girando!".

No es sorprendente, entonces, ver que estas metáforas culturales surgen en las transcripciones del Proyecto Palabras Finales que describen cosas que se desmoronan o descomponen, como en estos ejemplos:

              “Mi modalidad está rota”.

              “Necesito mantenimiento para esto.”

              “Necesito tiempo para poner todo en orden”.

              “Todo en pedazos, tantos pedazos.”

              “Tengo que volver a poner todo esto junto”.

              “Querido, nuestra conexión en el norte ha cometido un error, ha tomado un giro equivocado.”

La frase «Necesito poner las cosas en orden”aparece en varias transcripciones de mi investigación, y las cajas son un símbolo recurrente de ese orden. Aquí un ejemplo:

“Entonces empezó a hablar de las cinco cajas que necesitaba organizar y reunir. Empezó a hablar de dónde podría ponerlas y le preocupaba si esas cinco estarían bien. Intentaba entender a qué se refería, pero entonces me di cuenta de que tenía cinco hijos. Así que pensé que tal vez las cajas eran una metáfora de sus hijos”. Con agitación, dijo: “¡Necesito encontrar un lugar para ellos!”. Empecé a nombrar todos los lugares donde vivíamos: "¿Qué tal Ohio, mamá? ¿Nuevo México?". Ella seguía inquieta. Entonces le dije: "¡Conozco el lugar perfecto! ¿Qué tal si lo guardamos en tu corazón?". A ella le gustó eso y pareció aliviada: “¡Sí, los mantendré allí!”

Aparecieron cajas en varias transcripciones, incluida la de mi padre. ¿Por qué una caja? Curiosamente, es un contenedor que se usa a menudo para mudanzas y para organizar cosas, y tiene cuatro esquinas. ¿Habrá alguna asociación aquí con el tema de los cuatro y la completitud?

Las metáforas evolucionan durante el proceso de morir.

Martha Jo Atkins, educadora sobre la muerte y autora del libro Signposts of Dying (Señales de la muerte), me comentó que, según su experiencia, las metáforas que pronunciamos evolucionan a medida que se acerca la muerte. Explicó que alguien podría indicar primero que se necesita o falta algo, por ejemplo: «Necesito mi mapa.». Esto puede cambiar a: «¿Quién tiene mi maleta? Necesito mi maleta». Más tarde, la persona podría decir: «Mi maleta está lista. Estoy listo para irme».

Atkins ha escuchado una amplia gama de metáforas, muchas relacionadas con viajes y muchas con comidas o con la mesa puesta. «Luego se sirve el vino», relató Atkins, «y tarde o temprano, se anuncia la gran cena». El siguiente ejemplo es típico de varios que escuché durante mi investigación para el Proyecto de Palabras Finales: «Necesito una ducha hoy. Arreglarme. ¿Dónde está el ayudante? Tengo que prepararme. ¡Tengo que prepararme para la cena! ¿No lo ves? La mesa está puesta».

Una mujer me explicó que le había ofrecido a su esposo jugo de pomelo al final del desayuno, preguntándole si quería más. «No, ya terminé», dijo, y segundos después, murió: un ejemplo de la metáfora de la comida.

Este mismo tipo de evolución de metáforas y símbolos ocurre en los sueños antes de morir. Kelly Bulkeley y la Patricia Bulkley explican que los sueños nos ayudan a superar miedos y ansiedades al acercarse la muerte, al igual que nos han ayudado a navegar otras transiciones importantes en nuestra vida. Los sueños ofrecen imágenes que permiten la transformación del miedo y la ansiedad y conducen a la comprensión espiritual, o a una transformación emocional. Al igual que las metáforas en evolución en el lenguaje, nuestros símbolos oníricos se desarrollan a lo largo de los últimos días para ayudarnos a alcanzar la paz, reconciliarnos con la realidad que nos espera y alcanzar un cierre en nuestras relaciones con los demás.

Carolyn compartió las últimas palabras de su esposo, que fueron en sintonía con un cambio importante en el clima y en su condición:

“Durante los últimos dos días, al entrar en la transición, repetía una y otra vez: «Los embalses se están llenando». Eso fue antes de esta gran tormenta, y ahora me pregunto si realmente era consciente de su llegada, viéndola desde una perspectiva más amplia. La última vez que dijo esas palabras, añadió: «Eso está bien. Pero... tampoco importa». Respondí algo así como: «Porque ahora estás viendo dos mundos». Y su respuesta fue: «¡Oh, muchos más que dos!».

Nos movemos entre realidades o dimensiones, entre el tiempo de los sueños y la realidad literal, a medida que damos sentido a lo que nos ocurre. En una época en la que el lenguaje simbólico y metafórico tiene tanta fuerza, tendría sentido emplear la metáfora para mejorar los cuidados al final de la vida. Investigadores del proyecto Metáfora en los Cuidados al Final de la Vida en Inglaterra están haciendo precisamente eso. Descubrieron que muchos profesionales de la salud utilizaban la metáfora de “luchar contra la enfermedad y vencerla“, una metáfora que inevitablemente lleva a percibir la muerte como una derrota. Para muchos, esta era una forma dolorosa de representar la inevitabilidad de la muerte. Cuando la metáfora principal es, en cambio, un viaje, cada paso del camino ofrece una oportunidad de crecimiento personal, resolución y exploración. Este estudio ha moldeado las políticas de salud pública en el Reino Unido, donde se aconseja a médicos y enfermeras que se comuniquen con las familias de los moribundos utilizando la analogía de un viaje en lugar de la de una batalla. A partir de lo que aprendieron sobre la metáfora, descubrieron que el lenguaje importa.

Stephen Jones, coordinador de educación comunitaria del hospital paliativo de Santa Bárbara, compartió esta historia sobre la importancia de estar en sintonía con las metáforas y los símbolos de aquellos que nos importan:

“Una mañana, una cuidadora estaba arreglando la habitación de una residente. Al acercarse a la cómoda vio un jarrón de margaritas marchitas. Al alcanzarlas, la mujer en la cama le dijo tímidamente: "Sé que mis flores se están marchitando, pero no las vas a tirar, ¿verdad?", preguntó en voz baja. Reconociendo lo que significaban las flores secas para Joanne, la cuidadora le dijo amablemente: "Bueno, entonces, vamos a ponerlas en agua fresca, ¿de acuerdo?". Luego acercó el ramo a la cama para que Joanne pudiera ver cómo caían los pétalos. "Se marchitan de una forma preciosa, ¿verdad?", dijo, cogiendo un pétalo entre sus dedos marchitos”.

Metáforas y sueños.

El experto en sueños, Robert J Hoss, relaciona las metáforas del final de la vida con la fisiología y la función de los sueños. Explicó que la mente lógica y los centros del habla están inactivos cuando soñamos. Las imágenes que vemos en los sueños no tienen la misma identidad ni significado racional que en la vigilia. Podría ser que esto también sea cierto al morir. Durante el sueño, las partes del cerebro que están altamente activas recurren a nuestros recuerdos para resolver o dar sentido a problemas o asuntos de la vidas. Esto podría explicar por qué recurrimos a las metáforas de nuestras vidas mientras luchamos por comprender la abrumadora realidad que enfrentamos. Hoss comentó: "¿Qué mejor imagen del trauma inminente que una 'tormenta que se avecina', una 'puerta que se cierra', una 'ventana que deja entrar la luz' o, incluso, una 'maquinaria rota'? ¿Qué mejor manera de representar la preparación para la otra vida que 'prepararse para el gran baile o suceso'?"

La parte del cerebro que crea el sueño sólo puede hablar en imágenes. Así, todos nuestros pensamientos al morir se convierten en imágenes que los representan; muchas son personales, de recuerdos, y algunas culturales. Cuando las personas atraviesan la mayor transformación de sus vidas, —la de morir—, estas imágenes aparecen con frecuencia en sueños y, quizás por extensión, en el lenguaje.

Las tradiciones chamánicas y místicas presentan una perspectiva ligeramente diferente. Describen el mundo de los sueños como el que se intersecta con el "otro lado”u otra dimensión. Shannon Willis, consejera, experta en sueños y estudiante de chamanismo, me explicó que existen muchos tipos de sueños. Entre ellos se encuentran aquellos que nos ayudan a comprender los acontecimientos de la vida y ofrecen imágenes que nos ayudan a transformar cómo nos sentimos respecto a nosotros y al futuro. Willis añadió, sin embargo, que en muchas tradiciones chamánicas y espirituales, los sueños se consideran una conexión con el mundo de los ancestros. Entre los pueblos aborígenes de Australia y el Pacífico Sur, las comunidades tribales de África y los indios  de América del Sur, Centro y Norte, los sueños se han considerado un medio fundamental para mantener el contacto con los espíritus de los muertos. Esto también era cierto en las civilizaciones antiguas de China, India, Egipto y Grecia. En los sueños, las personas viajan a reinos de otro mundo y adquieren importantes conocimientos y sabiduría.

Si, de hecho, el estado de sueño se cruza con otra dimensión, o “el otro lado”, esto podría ayudarnos a entender mejor las premoniciones y las visitas reveladas en las conversaciones finales que analizo más detalladamente en capítulos posteriores.

La chamán Mandy Peat explica: “Cuando un chamán viaja al mundo espiritual, ya sea el mundo superior, medio o inferior, vemos, oímos y sentimos con símbolos. Así, al acercarnos a la muerte nuestra mente y conciencia se expanden para prepararnos para un diálogo y experiencias multidimensionales. Literalmente perdemos la razón y entramos en un nivel superior de consciencia expresado a través del lenguaje simbólico y metafórico el de las realidades superiores.

Al morir pasamos a un estado onírico y vivimos en parte allí y en parte en el mundo de la realidad despierta. El lenguaje del sueño, al igual que el de la muerte, es un lenguaje propio. No estoy segura de si este reino es un portal a otra dimensión o simplemente otro estado mental en el que transformamos miedos y ensayamos futuros incognoscibles. Sin embargo sí sé que tenemos acceso a estos dos reinos a lo largo de la vida y que este acceso parece intensificarse a lo largo del proceso de morir, como indica nuestro lenguaje metafórico y simbólico.

Mientras pensaba en esto revisé una entrada reciente de mi diario escrita tras un sueño perturbador sobre cuervos. Releí las palabras que había escrito en mitad de la noche mientras, aparentemente, aún estaba anclada en el mundo de los sueños. Las palabras que usé eran muy diferentes del lenguaje de la vigilia y la realidad literal:

“Soñé que diez cuervos negros vinieron a mí. Me despertaron con sus garras clavándose en mi pecho. Me incorporé en la cama y susurré a John: «Vi diez cuervos negros posarse sobre mí. ¿Crees que significa que voy a morir pronto?».

Sonrió, “Es un asesinato… un asesinato… de cuervos…”y volvió a dormir.

Invité a los cuervos negros a hablar conmigo y me siguieron hasta el bosque más allá del arroyo, y cada cuervo, por turnos, me contó su historia. El último cuervo negro tenía los ojos de mi padre y se sentó sobre mí como un guardián. Me dijo que ya estaba todo bien. Dejaría que la luz de la linterna brillara. Él vigilaría. Escuché atentamente y tomé nota”.

Algunas culturas enseñan que debemos escuchar y honrar imágenes como estas que surgen en los sueños. Escuchar a los moribundos puede ser como escuchar. Escribí lo siguiente en mi diario mientras reflexionaba sobre la cualidad onírica de uno de los relatos que había escuchado ese mismo día:

“En la hora antes del amanecer, cuando la luz de la luna se desvanece y el crepúsculo matutino apenas comienza su nuevo viaje. En esa hora, entre  oscuridad y amanecer, el mundo estaba en silencio excepto en la habitación donde Karen Lewis estaba sentada entre suaves clics y zumbidos de máquinas y el goteo rítmico de la vía intravenosa, junto al hombre que amaba. Esperaba una señal o una palabra, o el resurgimiento de su coma profundo. Y entonces, de repente, hubo una agitación justo antes de que saliera el sol. Karen apenas podía creer lo que veía cuando las sábanas se movieron solas y su amante se levantó como marioneta movida por hilos del más allá. Se giró hacia ella y dijo: "Karen, no es lo que crees". Silenciosa y suavemente se recostó de nuevo, prominentes pómulos hundidos en las sombras”.

El lenguaje del sueño, como el de la muerte, es un lenguaje propio. Y no siempre es lo que pensamos, como en mi sueño de los diez cuervos negros está lleno de múltiples significados. Las palabras de los sueños no se entienden simplemente de la misma manera que las palabras literales, como «La silla está hecha de roble».

 

CAPÍTULO CUATRO. Os dejo con estas palabras. Las metáforas de viaje hablan de un viaje próximo.

¡Tengo que bajarme, bajarme! De esta vida.  Me muero. Me muero.  Los trenes siguen pasando. Siguen pasando, pero no puedo subir. Tengo el billete. Tengo el billete. — James, participante del Proyecto Palabras Finales.

Metáforas extraordinarias emergen de las voces de los moribundos. Interactuar con las metáforas significativas para nuestros seres queridos puede conducir a conversaciones sanadoras. Hablar de la muerte como viaje en lugar de una batalla ofrece una manera de enmarcar el proceso que se centra más en la exploración y el descubrimiento que en la derrota.

La metáfora del viaje es elemento central en el lenguaje de los moribundos. Se habla de llegar al final de un viaje y, en algunos casos, de emprender otro. Abundan las palabras sobre transporte y vehículos. Annette, mi higienista dental, compartió las últimas palabras de su abuela:

“¡Autobús amarillo! ¡Ahí está el autobús!

“¿Quién conduce ese autobús, abuela?

No estoy segura. No estoy segura... ¡pero muchos ángeles!”

Al igual que las metáforas de lo trascendental del capítulo anterior los símbolos del viaje se relacionan específicamente con la vida de la persona. La abuela de Annette era  feligresa de largo recorrido y los ángeles estaban muy presente en las imágenes que la rodeaban en vida. Quienes aman la navegación o los cruceros suelen hablar de barcos o navíos que les esperan. Mi padre, apasionado por las apuestas, anunció unas semanas antes de morir: «Tenemos un largo vuelo a Las Vegas».

Una enfermera de cuidados paliativos se quedó confundida cuando escuchó por primera vez a un paciente preguntar: "¿Dónde está mi Jetta? ¿Dónde está mi Jetta?". Luego descubrió que tenía un coche marca Volkswagen Jetta. Le aseguró que estaba "lleno de gasolina y listo para ti". Unos días después, falleció.

“¿Ya hice las maletas? El tren viene pronto. Tengo que estar listo. Busco el andén. ¿Dónde está el andén?”, preguntó el hermano de una mujer. De todas las analogías que he escuchado asociadas con la muerte ninguna ha sido sobre salir a dar un largo paseo o trotar. Mientras que un par de personas han dicho: “Trae mi abrigo; me tengo que ir”, nadie ha dicho todavía: “Trae mis zapatos deportivos: me preparo para una larga caminata”. Las metáforas de transporte involucran una agencia externa: alguien o algo más allá de nuestro cuerpo físico nos transporta. Una excepción fue esta frase, repetida varias veces por una mujer cerca de la muerte: “Está a un salto, un brinco y un salto de distancia”. Sin embargo esto puede haber sido menos sobre cómo estaba “viajando”y más sobre el uso de un modismo para expresar la inmediatez de su muerte.

Frases típicas son: "Llévame a la estación de autobuses: ya es hora de ir a casa", y,  "Ya llegó el barco". O, como se mencionó anteriormente, algunos expresan su necesidad de un pasaporte. Las enfermeras de cuidados paliativos me comentan que metáforas como estas son frecuentes en los pacientes, independientemente de su diagnóstico, medicación o situación física, a medida que se acerca la muerte.

Prevalencia de la metáfora del viaje.

La metáfora de la muerte como viaje está profundamente arraigada en qué y quiénes somos. Y es cierto no solo para nosotros como individuos, sino también como colectivo  humano  ya que la metáfora surge en idiomas y culturas de todo el mundo. He aquí  algunos ejemplos: en afrikáans se habla de ir al campo de cabras; en holandés, salir de la tubería; en alemán, ir a cotos de caza eternos; en hebreo, descender al más allá; en húngaro, partir hacia cotos de caza eternos; en irlandés, seguir el camino de la verdad; en español, hacer un viaje, pasar a mejor vida o mudarse un barrio en mejor estado; en portugués, subir las escaleras; y en rumano, doblar la esquina. Los daneses también usan la frase "doblar una esquina". Curiosamente, una angloparlante que entrevisté compartió que las últimas palabras de su padre fueron: "¿Cuánto falta para la esquina? Donde gire a la derecha, donde solía vivir". En chino, cuando se insinúa la muerte de alguien, se habla de "tocar las puertas de la muerte". Si bien puede que no represente el lenguaje de los viajes, sugiere que se abre una puerta a un nuevo lugar.

Consideremos estas palabras de un hombre que anuncia que está en peregrinación. La metáfora de la vía evoca la sensación de ir a algún lugar; parece alejarse de la estación: «Para quienes no eligen, los demás en esta peregrinación nos despedimos, temporal o definitivamente... Quien lo desee, tome una mano y tire suavemente hacia atrás para que la peregrinación siga el camino correcto. Tira suavemente, suavemente, y comenzaremos a alejarnos».

Kelly Bulkeley y la religiosa Patricia Bulkley descubrieron que los sueños de viajes son comunes y que a menudo transforman el miedo a morir en una sensación de aventura o asombro. Este ejemplo de su libro ilustra el poder de un sueño viajero: “Navego de nuevo de noche en aguas inexploradas y la antigua sensación de aventura regresa. Vuelvo a sentir el cosquilleo de la emoción, de abrirme paso entre las olas en el vasto, oscuro y vacío mar, pero sabiendo de alguna manera que estoy en el rumbo correcto Y por extraño que parezca no tengo miedo a la muerte. De hecho, más cada día me siento listo para ir”.

Sus observaciones clínicas fueron confirmadas por un estudio de 2014 sobre visiones y sueños de moribundos en el que se pidió a pacientes de cuidados paliativos que describieran lo que soñaban. En este estudio los autores descubrieron que casi el 40 % de los participantes soñaban con ir o prepararse para ir a algún lugar.

¿Podría ser que el aumento del lenguaje metafórico refleje un viaje lejos de esta realidad literal de cinco sentidos y tridimensional en preparación para otra, una experiencia que es imposible de expresar en lenguaje literal?

Jeanne Van Bronkhorst nos cuenta que en los sueños de los moribundos aparecen dos mensajes importantes, estrechamente relacionados con lo que escuchamos en las conversaciones finales: “El primero es la afirmación serena, directa y, a veces, visceral, de que el cuerpo morirá. En estos sueños todo se desmorona, los médicos se marchan negando con la cabeza y el soñador oye que no hay nada más que hacer». El otro mensaje se refiere a cómo el soñador «viaja a un nuevo lugar, se reencuentra con viejos y queridos amigos y encuentra ayuda y consuelo en un lugar más allá de la vida física».

Las metáforas que escuchamos pueden representar un viaje real que nos espera o un territorio de experiencia completamente nuevo a medida que cada uno se acerca a la nueva experiencia de la muerte. Podríamos sustituir las analogías de la odisea por algo conocido al intentar comprender la aterradora y desconocida experiencia de morir.

Al morir, muchas personas entran en un mundo donde el lenguaje funciona de una manera nueva. Ya no es principalmente una herramienta para comunicarnos sobre nuestra realidad literal compartida. En cambio, actúa como un vehículo para transportarnos a una nueva. El lenguaje literal da paso a una sensación de movimiento que acompaña a estas alusiones al viaje. Estos cambios nos recuerdan lo que escuchamos en las narrativas absurdas de viajes sobre experiencias cercanas a la muerte.

El viaje de la vida.

La metáfora de la vida como viaje ocupa un lugar destacado en los relatos de quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte. Nos dicen que a lo largo de la vida la examinamos como una narrativa que avanza, una odisea que nos lleva hacia un final. Sin embargo, cuando estamos cerca de la muerte esa narrativa cambia repentinamente y miramos hacia atrás en el tiempo para dar sentido al viaje a través de la vida. Durante la revisión de vida, mencionada en el capítulo 2, a quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte:

 (a) Se les muestra o se dice la importancia de extraer lecciones de su odisea vital, y

(b) Se les pide que revisen los sucesos de la vida a través de los ojos de otros para profundizar su capacidad de amar y tener compasión.

Los relatos de quienes han tenido ECM nos dicen que la vida es un viaje y que nuestra misión principal es aprender a amar.

Las vidas más felices están enmarcadas por narrativas que nos permiten imaginar que hemos progresado, que hemos mudado de un lugar a otro, que nuestras vidas tienen un principio, un desarrollo y un final. La metáfora del viaje surge de la importancia simbólica de la odisea y nos ofrece la oportunidad de enmarcar el final en una narrativa más grande y consoladora. Donald Miller, en su libro A Million Miles in a Thousand Years, escribe sobre la estructura de las historias y nuestras vidas: “Es así con cada travesía, y con casi todas las historias también. Remas hasta que ya no crees que puedes ir más lejos y luego, de repente, mucho después de que pensaste que sucedería la orilla comienza a crecer, y crece rápido. Los árboles se hacen más altos y puedes distinguir los riscos en los acantilados, y luego la orilla se extiende hacia ti, para darte la bienvenida a casa, casi tirando de tu bote hacia la arena”. Parece, por el lenguaje de los moribundos, que el viaje emprendido nos ofrece la esperanza de que llegaremos a algún otro lado. Entre los aspectos reconfortantes de una historia está el hecho de que el personaje principal se transforma tras los desafíos, y generalmente para mejor. El potencial de transformación positiva hace que nuestros viajes, y nuestras historias de vida, valgan la pena.

En su investigación de 2015 sobre las últimas palabras de 407 reclusos condenados a muerte en Texas, los investigadores descubrieron que estas últimas palabras contenían una proporción significativamente mayor de palabras con emociones positivas que negativas. En nuestra investigación informal a través del Proyecto Palabras Finales, encontramos lo mismo. En la investigación sobre el corredor de la muerte, los reclusos, por supuesto, no padecían enfermedades terminales por lo que muchos de los demás procesos naturales asociados con el final de la vida no se aplicaban. Sin embargo, los hallazgos sobre el corredor de la muerte, junto con los del Proyecto Palabras Finales, sugieren que algo en la intensificación de la conciencia de nuestra mortalidad nos lleva a centrarnos en lo bueno y correcto de nuestras vidas. Este enfoque positivo nos lleva a enmarcar la vida como un viaje. Y el viaje a menudo es una enseñanza.

Podría ser que la mayor frecuencia de palabras positivas en las declaraciones de los moribundos sea expresión de una conciencia o comprensión transpersonal a medida que nos acercamos al umbral, ya sea que lleguemos a través de enfermedad terminal o inyección letal. Es decir, vemos toda la perspectiva desde la cima de la montaña con mayor amor y comprensión. Estamos en la cima mirando hacia abajo y, de repente, la odisea cobra sentido. Nos encontramos en el mismo umbral que alcanzan quienes tienen experiencias cercanas a la muerte. De repente, la vida es simplemente un viaje lleno de lecciones.

Puede ser similar a lo que sucede después de un viaje por carretera de un mes. Compartimos con orgullo nuestras fotos con amigos y familiares, reímos al compartir las historias de nuestros desafíos y conquistas y, de repente, todo parece estar bien. El neumático pinchado en la autopista, las chinches en el hotel barato o la pelea con la tía Rita borracha se convierten en un punto de referencia colorido en una aventura impresionante. La metáfora nos permite convertir las dificultades de la vida en viajes. Nuestros desafíos son solo obstáculos, y nuestras relaciones y actividades son puntos de referencia en el camino, todos con nuevas lecciones que aprender sobre la vida en la carretera. La metáfora del viaje nos acompaña a lo largo de la vida y, aparentemente, incluso después de ella según los relatos de experiencias cercanas a la muerte.

No sólo partimos, llegamos.

En los relatos recopilados para el Proyecto Palabras Finales, no solo se habla de la partida sino también de la llegada. Son comunes las exclamaciones sobre llegar y luego encontrar a seres queridos que le precedieron en la muerte. Una mujer describió a su madre diciendo: "¡Es hora de levantarse, levantarse, levantarse...! ¡Ya voy, Richard!". Una enfermera explicó: "Uno de mis pacientes la semana pasada dijo: '¡Papá, ya estoy aquí!'. Con el rostro sereno y casi sonriente, repitió tres veces: 'Se va, se va, se va'. Y luego falleció".

Otros dicen haber escuchado frases como "¡Ya voy, mamá! ¡Ya estoy lista!”y, "Necesito mi abrigo. Ya voy, Sarah". También describen avanzar hacia algo hermoso y anhelar llegar allí. Por ejemplo, uno dijo: "He visto una luz hermosa y me dirigía hacia ella. Quiero entrar en esa luz. Era tan apacible. Realmente tuve que luchar para regresar. No me preocupa el mañana. Y tú tampoco deberías estarlo. Prométeme que no te preocuparás".

La enfermera de cuidados paliativos Barbara Green informó que uno de sus pacientes, un veterano de la Segunda Guerra Mundial, había tenido una experiencia cercana a la muerte durante la guerra. Le contó que, como resultado, no temía a la muerte. "Dijo que, al morir, sintió paz y alegría absolutas, y que se encontraba en un lugar muy hermoso. Abrazó la muerte plenamente". Esta persona aseguró a Barbara: "Estoy esperando volver a casa. Lo anhelo". Más tarde, al acercarse la muerte, le preguntó: "¿Por qué sigo aquí? Estoy esperando mi billete de autobús. Estoy listo para ir a casa".

Podríamos justificar el lenguaje de la partida como una metáfora de dejar este mundo, sobre todo porque la metáfora de un viaje ocupa un lugar destacado en la vida de la mayoría de nosotros. Sin embargo, anunciar nuestra llegada a un lugar que nunca antes ha existido en la conciencia del hablante y saludar a aquellos que han muerto antes que nosotros sugieren que aquí está en juego algo más que el consuelo de una metáfora.

¿Hablamos de la muerte como un viaje porque no tenemos otra manera de comprender el final de la vida? ¿O usamos la metáfora del viaje porque no hay palabras literales para describir el camino que recorremos? Quizás, de hecho, subimos a un tren hacia un nuevo destino, un lugar que solo puede describirse con un lenguaje intenso y figurativo; tan magnífico que llevó a Steve Jobs a exclamar: "¡Guau! ¡Guau! ¡Guau!".

 

CAPÍTULO CINCO. Repetición, repetición, repetición. El lenguaje intensificado en nuestros últimos días

Un lugar que es tan hermoso, brilla como diamantes, Mamá, oh Dios mío, Mamá, ¡tan hermoso! — Daria, participante del Proyecto Palabras Finales.

Repeticiones y exclamaciones son comunes al final de la vida. Ambas son formas de lenguaje intensificado que expresan emociones o reacciones extremas. Las últimas palabras de Steve Jobs, fundador de Apple, son claramente expresión de lenguaje intensificado. Solo podemos imaginar qué inspiró su última expresión de asombro. Quizás su percepción se amplió para abarcar el mismo magnífico paisaje que impulsó a Thomas Edison a salir del coma, abrir los ojos, mirar hacia arriba y exclamar: "¡Es muy hermoso aquello!".

Las exclamaciones de asombro son frecuentes en las palabras de los moribundos, a menudo en referencia a un lugar invisible para los vivos. He aquí algunos ejemplos:

·         ¿Oyes esa música? ¡Es tan hermosa! ¡Es la más hermosa que he escuchado en mi vida!

·         El izquierdo. El lado izquierdo. Es tal como me lo describiste. ¡Pero más bonito!

·         “Oh, más... más... más mundos y mundos... y mundos.”

·         ¡La dimensión verde! ¡La dimensión verde!

·         “¡Estoy feliz! ¡Estoy feliz!”

·         “¡Hermoso, tan hermoso!”

 

También hay expresiones de angustia, dolor o miedo intensificados, como estas últimas palabras del padre de un joven:

·         ¡No quiero morir! ¡No quiero morir!

·         Tengo miedo de morir. ¡Ayudadme! ¡Ayudadme!

 

La repetición desempeña un papel importante en las exclamaciones tanto de asombro como de angustia. Es una forma de lenguaje figurativo que puede transformar una simple frase en una dramática, haciendo que ciertas experiencias sean más memorables. La repetición expresa emociones intensas, comprensión y conocimiento. También profundiza y profundiza nuestro enfoque.

·         Como un latido del corazón.

·         Un redoble de tambor.

 

O el ritmo de las cigarras o las corrientes de los ríos o el canto de las gaviotas.

La siguiente hermosa descripción proviene de mi amiga, la autora Carolyn North, quien escribió sobre la muerte y el morir en "La experiencia de una vida: vivir plenamente, morir conscientemente”. En un correo electrónico enviado a sus amigos y familiares Carolyn compartió este relato de las últimas palabras de su esposo:

"Está bien, pero", susurró en un momento dado, "tampoco es importante". Estaba muy cerca del final y me incliné hacia delante para captar sus palabras. “¿Porque ves que hay dos mundos?”Le pregunté en voz baja. “Oh, más, más.”. Aquí levantó un brazo y describió espirales en el aire. “Más mundos y mundos”. Sus ojos estaban asombrados viendo lo que el resto de nosotros no veíamos. "Oh,  tan, profundo", susurró. "Tan,  poderoso".

La repetición tiene sus propios efectos especiales, a menudo incrementa el poder de la emoción y es capaz de cambiar nuestro estado mental. La repetición enmarca la importancia, —la verdadera importancia—, de lo que se dice, como ilustran estos ejemplos de la literatura y la Biblia:

              “¡Oh horror, horror, horror!”— Macbeth.

              “Consolad, consolad a mi pueblo.”— Isaías 40:1

              “Palabras, palabras, palabras.”— Hamlet.

Al cruzar el umbral hacia la muerte la repetición se manifiesta de diversas maneras. Vimos antes que se usa a menudo en declaraciones de asombro pero también se usa para expresar otros temas. Aquí hay algunos tipos típicos de pronunciamientos que encontré:

Seguridad.

              Me siento seguro. Me siento muy seguro.

              “Dile a todos que estoy bien. Estoy bien.”

              “No hay miedo…no hay miedo…no hay miedo.”

Gratitud.

              Tengo que agradecerles. Quiero agradecerles. Quiero agradecerles.

              “Gracias, gracias, gracias. Te amo.”

El fin.

              “Me estoy muriendo, me estoy muriendo, y hay toda esta gente aquí”.

              “Me estoy muriendo. Me estoy muriendo.”

              “Me atrevo… me atrevo, me atrevo a morir.”

              Adiós. Adiós. Adiós ahora.

Resistencia.

              ¡Váyanse! ¡Váyanse! ¡Todavía no estoy listo!

              ¡No quiero morir! ¡No quiero morir!

              Estoy cansado. Tan cansado. Me estoy volviendo loco. Me estoy volviendo loco.

              ¡Es tan difícil morir! ¡Es tan difícil morir!

Unidad.

              “Hay dos cascos y necesito que los consigas y los juntes para formar uno solo”.

              “Está todo en una sola pieza… Está todo en una sola pieza… Está todo en una sola pieza… Lo que ves en diferentes piezas… ¡está todo en una sola pieza!”

Círculos.

              “Es un círculo...es un círculo...el amor es un círculo.”

              “Los círculos dicen que es hora de completar el ciclo”.

              Como esos círculos en la copa del árbol de Navidad. Un círculo pequeño dentro de uno más grande.

Números.

              "¿Qué hace el número 8 en la esquina de mi habitación? ¿Qué hace el número 8... ahí abajo?”"Quedan tres días.

              Quedan tres días. Sé que me quedan tres. Pero mi familia no me deja. No lo harán.

              “Basta… basta… los ángeles dicen basta… solo quedan tres días.”

Los círculos aparecen con frecuencia en las palabras finales, a menudo de formas enigmáticas y misteriosas. Implican completitud o totalidad, al igual que unidad, (cuyos ejemplos preceden a los ejemplos de círculos en la lista). No he oído a nadie decir: "¡Es un cuadrado! ¡Es un cuadrado!”o, "¡Es un hexágono! ¡Es un hexágono!". (Observe el uso común de "ES “en el lenguaje del umbral, que exploro con más detalle en el capítulo 7). Si bien los cuadrados no aparecen en las transcripciones que recopilé, sí aparecen cuadros, que son otro símbolo.

Las personas que mencionaron el segundo y tercer ejemplo "números”acertaron al afirmar que les quedaban tres días. Quizás exista algo biológico o espiritual que ocurre tres días antes de morir que posibilita este tipo de precognición, o quizás las similitudes en estas predicciones fueron mera coincidencia en esta muestra relativamente pequeña. Los números ocho y tres aparecen recurrentemente en las transcripciones. El ocho se ha asociado tradicionalmente con el renacimiento, el cambio y, por supuesto, el símbolo del infinito; el tres se asocia con la transformación y el avance hacia la unidad. El cuatro representa la plenitud o totalidad.

Hannah Roberts Brockow, quen trabaja en un establecimiento de cuidados paliativos como practicante de terapia de arpa, compartió conmigo las siguientes reflexiones sobre el número tres:

“A menudo escucho estas frases finales repetitivas de los moribundos, y en mi experiencia también vienen de tres en tres. ¿Por qué tres? Es un número poderoso. El triángulo es la figura geométrica más fuerte y estable. El tres aparece en las religiones de todo el mundo en las distinciones de deidades, (Padre, Hijo, Espíritu Santo; Brahma, Vishnu, Shiva), y en las formas en que les rezamos, (Sanctus, Sanctus, Sanctus; Kadosh, Kadosh, Kadosh; Namastasyei, Namastasyei, Namastasyei Namo Namaha). Casi todos los números sagrados en las religiones del mundo se dividen por tres: 9, 33, 72, 108, por nombrar algunos. Jesús vivió hasta los treinta y tres años. El Ayurveda nos divide en tres doshas, ​​y hoy en día nos dividimos en cuerpo, mente y espíritu”.

Entre las exclamaciones más frecuentes están las que tienen que ver con el movimiento y el movimiento:

Exclamaciones de movimiento.

   ¡Tengo que largarme, largarme! ¡De esta vida! ¡Me muero! ¡Me muero!

   Me estoy cayendo, me estoy cayendo, pero no estoy listo para irme. Se están preparando para levantarme. Cuando me caiga, me van a levantar.

  “Es hora de levantarse, levantarse, levantarse…”

Me muero. Me muero. Los trenes siguen pasando. Los trenes siguen pasando, pero no puedo subir. Tengo el billete. Tengo el billete”.

Viene por mí. Viene por mí. Dijo que viene por mí”.

   “¡Ya voy, mamá!”

¡El Jetta! ¡El Jetta! ¡El Jetta!”

Hemos podido continuar el viaje juntos. Quiero seguir juntos”.

“Papá, ya estoy aquí! Ya se va, ya se va, ya se va”.

  “Estás a una parada de la verdadera esperanza, lo que significa a una parada de la verdadera esperanza”.

Estoy buscando el andén. ¿Alguien puede mostrarme dónde está?”

  “Me voy de viaje. Me voy de viaje.”

  Tengo un hermoso oso bailarín. Sueño con un oso bailarín. Se convierte en un avión. Y el avión me lleva lejos. ¿No sería triste si no tuvieras tu oso bailarín?

  “Brazos, dos, tres... Giro, dos, tres... Balanceo, dos, tres... Abajo, dos, tres....”


Si estos ejemplos reflejan fielmente la distribución de las exclamaciones al final de la vida se trata de una revelación contundente. Indica que, de hecho, existe una experiencia común de movimiento o de ir a algún lugar al final de la vida. Quizás esto refleje el movimiento de la conciencia a medida que cambiamos de dimensión. Es difícil no sentir la fuerza del movimiento que evocan estas frases repetitivas y los temas de partida y movimiento, todos ellos expresados ​​incluso cuando el hablante puede tener una movilidad completamente restringida.

Imagina la voz de un hipnotizador guiando a un cliente por unas escaleras, profundizando el trance: «Da el primer paso, sintiendo el peso de tu pie al bajar. Ahora da el segundo paso, sintiendo cómo el peso de tu pie se hunde aún más. Y el tercer paso, más pesado, más pesado que antes». La repetición puede tener el efecto de hacernos descender a algún punto, incluso cuando, en realidad, hay poco o ningún movimiento físico. Parece que la repetición puede ser una especie de vehículo que puede transportar la conciencia o incluso rastrear su movimiento. Adam Eason, hipnoterapeuta, explica: “La repetición es hipnótica, la repetición es hipnótica, la repetición es hipnótica».

Ben Radcliffe ofrece una ilustración contundente de la repetición y su asociación con estados cambiantes de conciencia. Ben me contactó para compartir los raros cambios en su lenguaje y percepción que experimentó tras sufrir un accidente traumático, seguido de una experiencia cercana a la muerte durante veintisiete días en coma. Al salir del coma adquirió repentinamente nuevas y poderosas habilidades psíquicas. Escuchaba frases que se repetían en su cabeza y. al oírlas, indicaban conocimiento psíquico o intuitivo. Ben aprendió a prestar especial atención a estos segmentos repetidos porque descubrió que probablemente eran precognitivos.

La repetición aparece de otras maneras intrigantes. La repetición o epanalepsis como figura retórica es común en la poesía, pero no en el lenguaje cotidiano. Sin embargo, aparece con cierta frecuencia al final de la vida. El significado de una palabra cambia al repetirse al igual que la categoría gramatical que representa. Un ejemplo común es «Carlos es más español que el español», donde la palabra «españols”aparece primero como adjetivo y luego como sustantivo. El mismo tipo de cambio ocurre en «¿quién controla al que controla?»

Estas frases son quizás formas lingüísticas más complejas que una simple oración literal como «Estoy parado afuera». Aquí hay algunos ejemplos del fascinante uso de «epanalepsis» que aparece en las transcripciones que estudié:

              "¿Cuánto más ancho es este ancho?"

              “Hay tanto en el dolor.”

              “Aquí está el aquí ; ¿dónde está el aquí ?”

La llamada de Dios a casa no es una llamada clara. Dios me llama el lunes, pero sigo viva, respirando y viva.

Y surgen otros usos interesantes de palabras o frases repetidas. Por ejemplo, «Sé que eso no es lo que me está pasando ahora, pero sé que lo que está pasando sí lo es». Esta frase, como muchas otras que he escuchado a lo largo de los años durante mi investigación, despierta tanto al que emite como al escucha.

Todas estas expresiones alteran los paradigmas del lenguaje, como si dijeran: «El significado de una palabra en un contexto puede ser completamente diferente en otro». El lenguaje es intrigante porque, si bien podríamos esperar cierto deterioro en su uso, a medida que mentes y cuerpos se degradan en realidad vemos un lenguaje muy complejo que podría describirse como más complejo que el que escuchamos en el de las personas sanas.

Como lingüista no puedo evitar preguntarme: "¿Por qué veríamos un lenguaje tan complejo al final de la vida si mente y conciencia van decayendo?". Este lenguaje complejo, e incluso poético, me sugiere que la conciencia opera, e incluso puede intensificarse en importancia a medida que los cuerpos se debilitan. Es como si el lenguaje asociado con la poesía y el misticismo comenzara a predominar. Esto se hace aún más evidente en posteriores ilustraciones del libro.

“Quiero bajarlos a la tierra de alguna manera... No lo sé... Basta de ataduras terrestres... Amiguitos, tengo que atar algunas cosas aquí”.

“Lo que está pasando es el cuerpo de este informe. Sí, el informe. Si no me equivoco ahí delante está el cuerpo de este informe. Mi informe de lo que he escrito. Mi informe para ellos es un informe para ustedes, para decirles: «Lamentablemente, no tenemos un informe. Además, el presidente no tiene informe»”.

Curiosamente, los familiares y seres queridos que escuchan frases misteriosas y poéticas como estas de sus seres queridos moribundos a menudo pueden encontrar significado en esas raras construcciones. Esto me pasó cuando mi padre dijo: «Hay tanto dolor». Supe inmediatamente lo que quería decir. Esa frase expresaba la intensidad de nuestro dolor compartido; efectivamente, hay tanto dolor, tanto dolor. Y lo que más me intrigó de esta frase fue la repetición del «tan» que hay en el dolor. ¿Cómo puede una persona estar en sintonía tanto con el sonido como con la expresividad de las palabras en un momento en que el cuerpo se desintegra? He visto este sofisticado uso de la repetición en las transcripciones de muchos transicionantes al otro barrio.

Un uso fascinante de la repetición apareció en el lenguaje del padre de Elizabeth Mason mientras estaba en el umbral. Días antes de morir pidió a su esposa papel y lápiz como si tuviera algo muy importante que decir. Durante una hora luchó por escribir, apenas legiblemente, la frase «Los fantasmas famosos desempeñaban sus papeles». Elizabeth explicó:

“Fue difícil de leer pero esto fue lo que me llamó la atención. Quizás quiso escribir “enmarcado”por “famoso”(“framed,”but “famed”en el original en inglés) lo que también podría ser. Creo que mi padre estaba a punto de pasar a otro reino, uno que todos experimentaremos algún día al expirar. Mi padre era un científico formado en el MIT que enseñaba en la Universidad de Brown en los departamentos de química e ingeniería. No era hombre religioso, ni compartía sus pensamientos e ideas espirituales, al menos no conmigo. Siempre tenía una explicación científica y pedante para todo, por lo que esta frase que escribió era bastante inusual en él. Creo sinceramente que fue adquiriendo nuevas perspectivas a medida que se acercaba a la muerte y que, como buen científico que era, quiso dejar constancia de su experiencia. No creo que fuera el efecto de la morfina lo que influyó en sus palabras. Creo que mi padre se comunicaba con quienes lo habían precedido y experimentaba una profunda comprensión de toda su vida y de cómo se desarrolló. Había sido influenciado constantemente por otros que habían fallecido hacía mucho tiempo, y estos habían influido en las decisiones que mi padre tomó en vida y que lo llevaron a todo lo que sucedió mientras estuvo en la Tierra. Que no hay casualidades en nuestras vidas fue el amanecer de una profunda verdad. Otras fuerzas y energías nos influyen sin que nos demos cuenta en ese momento. Todo se aclara al final de las vidas, y si estamos abiertos a ello, incluso antes para muchos”.

Algunos podrán decir que Elizabeth interpretó demasiado la sentencia de su padre pero ¿acaso importa? Lo que parece más importante es que el lenguaje de nuestros últimos días ofrece profundos significados, como la poesía y la escritura mística. Las palabras nos conectan con quienes amamos y parecen hablar de un reino más allá de este mundo tridimensional de cinco sentidos. Como dijo mi hija de diecisiete años sobre sus conversaciones con su abuelo: «Era como estar en compañía de almas».

¿Son estos giros lingüísticos meros accidentes? No me lo parece. Al igual que la poesía y el misticismo parecen surgir del reino espiritual. Al acercarnos al umbral nuestro lenguaje a menudo se vuelve más que ordinario y literal.

Aquí hay otra ilustración convincente de la repetición: “Vivo entre dos lugares. Me gustaría hacer que mi lugar marque el otro lugar. Notable”. Esta oración encapsula la noción de estar entre ubicaciones, y cuando el hablante usa la palabra marcar entre “mi lugar”y “otro lugar”parece ilustrar que está en un lugar liminar; la palabra marca se coloca literalmente entre los dos “lugares”. Nos dice, y el lenguaje lo muestra, que esto es “notable”. A primera vista oraciones como estas pueden parecer sin sentido pero a medida que miramos más allá de la superficie del lenguaje en capítulos posteriores, veremos patrones más distintivos en el lenguaje. Hay orden en el lenguaje del umbral, y el uso de la repetición es parte de ese orden.

Repetición y música.

Los estudios indican que la repetición es una característica clave de lo que consideramos musical. Cuando las personas se exponen a melodías sin repetición las describen como menos musicales que las que sí tienen elementos repetitivos. Escucha la repetición de una frase musical y descubrirás que no es difícil empezar a balancearse hacia adelante y hacia atrás y a cantar en voz alta. La educadora musical Elizabeth Hellmuth Margulis explica que “la música tiene lugar en el tiempo, pero la repetición la hace cautivadoramente cognoscible como algo fuera del tiempo. Nos permite 'mirar' un pasaje como un todo, incluso mientras progresa momento a momento. Pero esta perspectiva diferente que trae la repetición no se siente como sostener una partitura y mirar la notación de un pasaje a medida que avanza. Más bien se siente como una forma diferente de habitar un pasaje, un tipo diferente de orientación”.

La repetición está estrechamente relacionada con la música, y la música está estrechamente relacionada con la parte de la experiencia humana vinculada a la experiencia mística y espiritual. Así como se ha demostrado que la metáfora involucra ambos hemisferios cerebrales la repetición en el lenguaje mientras morimos puede conectarnos y expresar esa conexión con la parte de la experiencia humana que existe fuera del tiempo.

En el lenguaje, la saciedad semántica ocurre cuando una palabra se repite varias veces. Al escuchar una palabra por primera o segunda vez, determinamos su significado; es decir, nos dedicamos a reconocerla. Pero al repetirla de nuevo reaccionamos a su tempo y tono: nos abrimos a la musicalidad del lenguaje, algo que no era accesible al escucharla por primera vez.

Christine Zagelow, asesora de estilo de vida, compartió su tierno relato de cómo escuchó las repetitivas últimas palabras de su madre, que parecían estar al borde de la música.

“Me quedé junto a su cama mientras le sostenía la mano. Estaba a su izquierda. La máquina intravenosa que le administraba solución salina emitía un pitido y el goteo continuaba dentro del tubo. Mamá empezó a girar la cabeza de un lado a otro, como si estuviera viendo algo que cambiaba de dirección. Tenía los ojos cerrados, pero sabía que estaba presenciando algo hermoso y maravilloso. Sabía que estaba en un espacio diferente. Decía "Oh", y luego miraba en otra dirección. Su expresión facial cambiaba de una forma de dulzura a otra. Seguía diciendo "Oh, oh", y cada "oh”cambiaba de nota, como la música de una canción”.

La repetición nos conecta con lo musical, es decir, con el tempo y el tono que nos conectan de forma más inmediata con el mundo no verbal, el mundo al que solo podemos acceder más allá del lenguaje literal: "¡Guau! ¡Guau! ¡Guau!"

Narrativa sostenida y repetición en el tiempo.

La repetición va más allá de palabras y frases sueltas: también aparece a lo largo del tiempo en los temas de algunas de las conversaciones que estudié. Como se mencionó anteriormente, las metáforas de los moribundos evolucionan con el tiempo. Si bien algunas palabras pueden parecer absurdas al escucharlas de forma aislada a menudo forman patrones cohesivos con el paso de días y semanas. Por ejemplo, una conversación rastreada a lo largo del tiempo podría ser similar a la siguiente, que describe a los compañeros "imaginarios”del tío abuelo de una mujer:

10 de marzo. “Hay unos tipos jugando al póquer y quieren que yo sea la cuarta mano. Les dije que no quiero jugar. No quiero sentarme en su mesa a jugar”.

15 de marzo. «Me dicen que tengo que jugar, y simplemente no quiero. No quiero ser su timonel».

20 de marzo. "Ya no tengo opción, ¿verdad? Pero son mala gente. Beben y fuman. Y no creo que deba jugar con ellos".

30 de marzo. "Está bien. De todas formas, no tengo muchas opciones. Haré lo que digan. Me sentaré con ellos. Me levantaré de mi vieja silla y me sentaré con ellos".

Cuando se estudia una transcripción a lo largo del tiempo la repetición de temas puede surgir a lo largo de días y semanas, y estos temas repetidos adquieren sentido al examinarlos a lo largo del tiempo en lugar de hacerlo de forma aislada. Se desarrolla una narrativa continua. Vimos ejemplos de esto al analizar la metáfora del viaje y su evolución. No es raro que alguien use una metáfora al principio del proceso de morir, como: "Necesito mi maleta", y luego, a medida que el proceso se intensifica, repite la metáfora pero modificándola de alguna manera; por ejemplo, "Ahora que tengo mi maleta, necesito mi pasaporte. ¿Dónde está mi pasaporte?”. Lo notable es que la persona moribunda parece estar involucrada en una historia, no relacionada con el mundo que conocemos, que parece perdurar y desarrollarse durante días y semanas.

¿Con qué frecuencia recordamos una historia o un tema que comenzamos la semana pasada? ¿Podrías contarme alguna idea o tema que articulaste en una conversación hace diez días? ¿Podrías desarrollar progresivamente esa historia o tema? Probablemente no. Nuestro lenguaje e historias a menudo se basan en las interacciones que tenemos con los demás día a día, incluso minuto a minuto. Si bien podemos crear narrativas sostenidas al escribir, es raro hacerlo al hablar. Al escribir podemos capturar y congelar nuestras historias y enriquecerlas; pero en las expresiones de los moribundos ciertos símbolos y tramas se desarrollan a lo largo de días y semanas. ¿Cómo es que los moribundos recuerdan lo que dijeron hace dos semanas y luego continúan con los temas o historias de días o semanas pasadas? Aquí hay algunos ejemplos que ilustran temas y narrativas sostenidas en el tiempo:


Tren.

9 de noviembre. “Me preocupa el tráfico que va hacia el norte. Estamos a punto de entrar en… el… Ahora tenemos que prepararnos… comunicación hacia el norte. Por… no es por comunicación hacia el norte… Sí… El ferrocarril… Sí, debería funcionar sin problemas así… Sí… Muchos escombros… muchos escombros… perdón por despertarlo… no hay agua… Lo siento mucho… Lamento mucho los daños”.

9 de noviembre, más tarde ese mismo día. «Querido, nuestra conexión en el norte ha cometido un error, ha tomado un giro equivocado. Puede que no lo corrija. Parece que nuestro tren que va hacia el norte estará en infracción».

27 de noviembre. "¿Estás probando mi motor? Estoy diciendo; ¿estás probando mi motor?". Si necesito dar marcha atrás, déjame hacerlo.

1 de diciembre. “He pensado en algo bajo mi control: la parada del ferrocarril”.


El informe.

5 de noviembre. “Denuncia. Que se informe a lo largo del... ¿Alguien tiene un mecanismo de denuncia? Parece que han infringido la ley y lo harán... y violando el estatuto. Denuncia. Que se informe a lo largo del... ¿Alguien tiene un mecanismo de denuncia?”

9 de noviembre. —Sí, querida. Lo que está pasando es el cuerpo de este informe... el cuerpo del informe. Sí, el informe. Si no me equivoco, ahí delante está el cuerpo del informe. Cariño, se acabó la ocasión. Mi informe de lo que he escrito... ¿No tienes nada, verdad? Mi informe para ellos es un informe para ti. Lamentablemente, no tenemos un informe... Además de todo eso... el presidente no tiene informe.

9 de noviembre, más tarde ese mismo día. “Lo que está pasando es el cuerpo de este informe. Sí, el informe. Si no me equivoco, ahí delante está el cuerpo de este informe. Mi informe de lo que he escrito. Mi informe para ellos es un informe para ti. Desafortunadamente, no tenemos un informe claro. Después de todo eso, el presidente no tiene informe. Preferiría decir, querida, que no hay informe. Quizás ese sea el informe. ¿Qué informe llegó finalmente a la caja?”


Puertas.

31 de octubre. «Ayúdenme a entrar. ¿Dónde? Por la puerta principal».

5 de noviembre. «Esta es una noche importante porque damos por terminada la Navidad. Bueno, mi puerta es en parte tuya».

6 de noviembre. “Bueno, puedes acompañarme a escabullirnos de vuelta a nuestra casa. Estoy a medio camino entre tu casa y la mía. Sí, en parte mi casa. Bueno... mi puerta... es en parte tu casa. Pero quieres llegar a tu casa. A la larga... tendrás que lidiar con tu casa y la mía... Esta franja de aquí... En algún momento, tendrá que cerrarse, ¿verdad? Quizás quiera cerrarse. Tenemos tendencia a cerrar ese espacio. ¿Crees que la hay? Sí, existe la posibilidad de que alguna zona quiera cerrarse.”

En los casos siguientes los seres queridos compartieron la progresión de una narración sostenida y las palabras pronunciadas, pero no registraron los días exactos.


Chica.

Hay una chica con falda azul parada junto a mi cama. Me está mirando. Nos pone tristes.

Unos días después. «Está sentada más cerca. ¿Por qué está tan cerca de mí?»

Unos días después. "Está corriendo por el pasillo, pero volverá pronto".

Más tarde. «Ya está aquí. Ya casi está».


El campeón.

Veo al campeón. Está aquí observándome.

El campeón de fútbol ha vuelto. Esta vez trae a su hijo. Ahora están juntos.

Están en un gran desfile. Los estoy observando ahora mismo.

Ha vuelto. Esta vez no trae a su hijo. ¿Qué quiere de mí? ¿Por qué me quiere?


Lluvia.

Ya viene la lluvia. Ya está más cerca. Aquí está. La tormenta.


Si bien la repetición de palabras o frases en los comentarios anteriores expresa una mayor intensidad, la aparición de narrativas sostenidas y la repetición de temas o símbolos específicos representa una intensificación de la duración. Las narrativas sostenidas contienen temas o símbolos que se repiten a lo largo del tiempo; y si bien estos temas y símbolos pueden no tener sentido al analizarlos de forma aislada, evolucionan. Así como la experiencia cercana a la muerte representa una narrativa con ciertos hitos, la línea narrativa en las historias de los moribundos a veces también presenta temas repetidos y progresiones claramente marcadas.

Al observar los ejemplos, se dará cuenta de que, si bien algunas oraciones parecen absurdas o incluso poéticas, siguen siendo gramaticales. Es decir, las oraciones están estructuradas, no están desorganizadas ni son aleatorias. Parece haber principios de organización en juego; hay reglas que quizá no comprendamos del todo, pero siguen patrones consistentes. La característica de seguir algunas reglas del lenguaje y romper otras es una distinción importante cuando analizamos la ininteligibilidad y el sinsentido en el siguiente capítulo.

También se podría notar, en los ejemplos anteriores, la prevalencia del presente. La investigación sobre palabras finales en Alemania confirma lo que descubrí durante el Proyecto Palabras Finales: hay un mayor enfoque en el presente. El presente a menudo representa la forma no marcada de un verbo; es decir, describe un tiempo que no es ni pasado ni futuro. "Yo canto, ella baila”puede referirse a una acción que ocurre en el presente o puede ser una observación abstracta. El lenguaje de los moribundos parece estar ligeramente inclinado hacia el presente. Esto, al igual que la repetición, intensifica sus palabras. A menudo, cuando deseamos enfocar o enfatizar una experiencia, la relatamos en presente, por ejemplo: «Estaba allí parado, y este hombre se me acerca. Me dice: 'Dame tu billetera'. Tengo tanto miedo que no sé qué decir, pero entonces...». A menudo, los canales y médiums hablan en presente, lo que puede dar gran peso y significado a las palabras. El presente también ofrece una sensación de «eterno ahora»: una experiencia sin la marca del tiempo. Moody señala que cuando las personas relatan sus historias de experiencias cercanas a la muerte, a menudo lo hacen en presente.

Como se mencionó, el lenguaje de los moribundos se intensifica con frecuencia mediante el uso de la repetición y el tiempo presente. Dado que la repetición es una de las maneras en que potenciamos el lenguaje no es sorprendente que la usemos en nuestros últimos días. El poeta inglés Alfred, Lord Tennyson, describió la cualidad trascendental de la repetición: «Una especie de trance despierto —esto a falta de palabra mejor— he experimentado con frecuencia... Esto me ha sobrevenido al repetir mi propio nombre en silencio hasta que, de repente, como si fuera por la intensidad de la conciencia de la individualidad, la individualidad misma pareció disolverse y desvanecerse en un ser ilimitado... ¿No he dicho ya que el estado es completamente indescriptible?».

La repetición en el lenguaje de los moribundos expresa diversos temas, desde la agonía hasta el éxtasis. Si bien este lenguaje quizá no sacie nuestra curiosidad sobre lo que existe más allá del umbral, el uso de la repetición sugiere que existen patrones complejos y sistemáticos en funcionamiento. Este tipo de organización indica que puede haber mucho más en juego durante nuestros últimos días que una mente en desintegración.

 

CAPÍTULO SEIS. ¿Tonterías o un nuevo sentido? Dando sentido a un lenguaje ininteligible al final de la vida.

Sí, me gustaría unos huevos revueltos, pero ¿dónde volverías a aparecer? — Bill, participante del Proyecto Palabras Finales.

 

Al igual que los patrones de repetición que surgen en las expresiones de los moribundos, las frases confusas y desconcertantes también son comunes.

Puede ser desgarrador cuando las personas que alguna vez nos ofrecieron consuelo y conexión ya no se comunican de maneras que podamos entenderlas.

Mi amiga Lesly compartió una historia parecida a las que suelo escuchar de otros: “Mi mamá está loca. Anoche me dijo: '¡Mira cuántos invitados tenemos! ¡Qué bueno ver a todos aquí para cenar!'. Pero no había nadie. No lo entiendo. Siento que la estoy perdiendo aunque todavía esté conmigo. Simplemente no tiene sentido”.

Sharon contó esta historia:

“Mi mamá empezó a hablar de cajas y de la necesidad de saber dónde ponerlas. No sabía a qué cajas se refería. [Curiosamente, como se mencionó en el capítulo 3, las cajas son uno de los símbolos que aparecen con frecuencia en las historias y transcripciones del Proyecto Palabras Finales].Y entonces la oí parlotear sin parar, y no pude entenderla. Al principio me aterrorizaba oírla. Pero con el tiempo sus disparates dejaron de asustarme y empecé a sentir que, de alguna manera, las tonterías que oía la ayudaban a procesar su vida. Ojalá supiera exactamente qué pasaba por su mente, pero era tan difícil escucharla y comprenderla, y tenía la clara sensación de que también era una realidad privada”.

Parece que muchos que cruzan el umbral entran en una realidad privada y el sinsentido puede seguir este extraordinario paso. Como lingüista no uso el término sinsentido de forma peyorativa. Lo uso para referirme al lenguaje que no tiene sentido en términos de lo que sabemos sobre nuestro mundo tridimensional de cinco sentidos. A menudo usamos la palabra sinsentido para menospreciar algo, como en "¡Eso es un completo sinsentido!". No hablo en ese aspecto. El sinsentido es un fenómeno lingüístico fascinante y dinámico, y es tan válido y consistente en su estructura, organización y funciones como el lenguaje inteligible. El sinsentido, de hecho, no pertenece a los sentidos tal como los conocemos. Es un lenguaje que a menudo aparece fuera tanto de la experiencia normal como de la narrativa habitual. El sinsentido expresado por quienes están en el umbral parece provenir, como describió Sharon, de un lugar diferente.

Balbuceos, tonterías lingüísticas y situacionales.

Los moribundos emiten tres tipos de aparentes sinsentidos: balbuceos, lingüísticos y situacionales, pero solo dos de estos se encuentran en los relatos y transcripciones de mi muestra informal de datos. Los sonidos y patrones exactos que a veces escuchamos en balbuceos sin sentido al final de la vida han quedado casi completamente sin documentar. Y solo un participante del Proyecto Palabras Finales logró comprender las combinaciones de sonidos y transcribirlas. En un capítulo posterior, hablo con más detalle sobre este tipo de sinsentido.

El sinsentido lingüístico se refiere a frases y oraciones que, aisladas, carecen de sustancia. Contienen combinaciones de palabras ininteligibles. Algunos ejemplos:

              “Dile a Jack que mi modalidad está rota”. (Las modalidades no se rompen.)

              Oferta de lanzamiento: la tienda de alimentos y artículos de la universidad cierra. (Los términos “oferta de lanzamiento”y «cierre de alimentos y artículos”son contradictorios, y una universidad no suele ofrecer alimentos ni artículos fuera de las cafeterías de centros o facultades).

              “Hay tanto así en el dolor.”(¿Cómo puede haber tanto así en el dolor ?)

              “El agua es lo más confiable”. (El agua generalmente no se asocia con la confiabilidad, y no está claro a qué se refiere el superlativo “más ”).

Curiosamente, todos los sinsentidos lingüísticos en mi muestra informal son gramatical y sintácticamente correctas. Esto se llama sinsentidos categóricos . Las oraciones exhiben gramática y sintaxis correctas: los sustantivos están donde se supone que deben estar, igual que los verbos, pero las categorías no encajan. Por ejemplo, en la oración "Dile a Jack que mi modalidad está rota", la oración suena con la partes están colocadas correctamente. Sin embargo, como las modalidades no se rompen, la oración es una violación de lo que sabemos sobre la categoría "cosas que se rompen". Una "modalidad”no está entre ellas.

En cambio, las oraciones que constituyen un sinsentido situacional tienen sentido para nosotros. Las categorías encajan. Por ejemplo, cuando mi padre dijo: «Llevaré las cajas a la exposición de arte», la oración era perfectamente inteligible pero carece de sentido en contexto: no tenía cajas en la mano y había estado caminando por una calle concurrida  a medianoche y en ropa interior. La referencia a los invitados invisibles en la mesa de Lesly es otro ejemplo de sinsentido situacional pues, aunque el lenguaje que su madre usó para describir la situación es lingüísticamente correcto, las frases parecen absurdas dado el contexto.

A continuación se muestran algunos ejemplos típicos de situaciones sin sentido:

              “Hay una joven parada a los pies de mi cama”. (Dijo esto cuando no había nadie en la habitación aparte de su hija, quien transcribió estas palabras.)

              ¡Mamá! Mamá está aquí conmigo ahora. (La madre del orador había fallecido años antes).

              ¡Es tan hermoso! ¡Es tan hermoso aquí! (Dijo mientras yacía en una habitación de hospital poco atractiva).

              “¿Puedes oír esas campanas sonando?”(No sonaba ninguna campana.)

              “Estoy en la dimensión verde”. (Las dimensiones no son verdes.)

              “Las mariposas blancas que salen de tu boca son tan hermosas”. (Las mariposas no salen de la boca.)

Estas oraciones son lingüísticamente significativas pero no tienen sentido en el contexto en el que se dicen.

Las cosas no tienen sentido sin contexto.

Una característica distintiva del sinsentido es la ausencia de contexto. Por ejemplo, si hace cien años alguien hubiera dicho: «Los astronautas van a la Luna», la frase habría sido ininteligible. ¿Qué son los astronautas? ¿Cómo puede alguien llegar a la Luna? Muchas cosas que antes parecían absurdas hoy tienen sentido. El sinsentido situacional y lingüístico es importante para estudiar el lenguaje del umbral, ya que este no se corresponde con nuestra comprensión actual pero puede contener indicios de conocimiento que aún desconocemos. De hecho, un análisis de muchos de los grandes descubrimientos científicos también es un análisis de conceptos que en su momento se consideraron un completo disparate. Lo que en un momento dado parece disparate suele ser presagio de nuevas fronteras.

Es interesante que las muestras del Proyecto Palabras Finales contengan significativamente menos disparates lingüísticos que disparates situacionales. Esto podría reflejar nuestra predisposición a rechazar los disparates lingüísticos. Es decir, la mayoría de nosotros descartamos el lenguaje que no nos resulta comprensible por lo que podría deberse a que las personas no han transcrito, compartido, recordado o incluso percibido con tanta libertad los disparates lingüísticos pronunciados por sus seres queridos en sus últimos días.

La mayoría de las personas no saben cómo responder o incluso considerar tonterías lingüísticas como “Oferta de lanzamiento: la tienda está cerrando para alimentos y productos administrados por la universidad”o, “Las aceras estaban en problemas y los osos estaban en problemas y los detuve”.

Encontrar significado en lo ininteligible

Aunque los sinsentidos pronunciados en el umbral no se comprenden bien, algunos se sienten más cómodos con unos que con otros. Marie me contó que cuando su esposo se acercaba a la muerte comenzó a hablar en un galimatías. Ella simplemente le respondió adaptándose al ritmo, cadencia y entonación de sus palabras. Una de sus familiares se sintió tan incómoda con esto que exigió a Marie: «No le digas tonterías,  habla con sentido común para que te responda con sentido». Como Marie continuó hablando su propio «lenguaje privado”con su esposo moribundo, la familiar se sintió tan amenazada que salió de la habitación. He descubierto que las personas reaccionan a las tonterías de maneras muy diferentes. Para algunos, la aparición de sinsentidos amenaza su sensación de estabilidad y seguridad, al igual que presenciar la muerte de un ser querido. La pérdida para la mayoría es dolorosamente ininteligible. Sin embargo, de mis entrevistas he aprendido que muchos miembros de la familia son capaces de dejar atrás los sinsentidos y encontrar formas de conectarse, ya sea entrando en el nuevo mundo de su ser querido o simplemente asintiendo con la cabeza amablemente en señal de amor y acuerdo, aunque tal vez no entiendan nada de lo que se dice.

Pregunté a Lesly, que estaba preocupado porque su madre alucinaba con invitados en la mesa, si podía entrar en el mundo de su madre y entablar conversación con ella. Le sugerí, por ejemplo, que dijera: «Cuéntame todo sobre los invitados, mamá. ¡Quiero asegurarme de saber quién está aquí!». Mi amiga rompió a llorar. «Extraño las conversaciones que teníamos». Un par de semanas después, dijo: «Había estado tan concentrada en la pérdida de conexión con ella que no imaginé que pudiéramos volver a conectar». Stephen Jones reflexiona: «Cuando los moribundos hablan necesitan que los escuchemos, además de sentir. Descartar sus palabras como galimatías confuso impone demasiada responsabilidad al hablante».

Las situaciones sin sentido ofrecen oportunidades para escuchar con el corazón y mantener valiosa conexión con las personas que amamos. El siguiente ejemplo de situaciones sin sentido, del capellán Cari Willis, es buen ejemplo de cómo ofrece oportunidades para tender puentes en el umbral con quienes amamos:

“Hace años pude pasar los últimos meses de la vida de mi novia Yukiko. Los días y momentos que pasé con ella estuvieron llenos de amor, risas y asombro. Pero un día, mientras estaba sentado tranquilamente con una de sus mejores amigas, Yukiko se incorporó y nos dijo: "¡Bajen el volumen de la radio! ¡Odio esa música!". Su amiga me miró bastante preocupada porque la habitación, tan silenciosa y llena de paz, nos parecía casi un espacio sagrado. Sin embargo fui con Yukiko y le dije: "¿Ves la radio?". Después de unos minutos, Yukiko dijo: "Sí". Le dije; “Bueno, a ver si encuentras el botón para cambiar de canal. Quizás tengas que girarla un par de veces antes de encontrar algo que te guste”. Pasaron varios minutos. La habitación estaba inquietantemente silenciosa; no nos atrevíamos a hablar ni a romper el silencio manera alguna. Finalmente escuchamos a Yukiko decir en voz alta: "¡Oh, eso está mucho mejor! Funcionó. Cambié de canal. ¡Gracias!". La  amiga de Yukiko y yo nos echamos a reír a carcajadas. Ese día supimos que, aunque no podíamos oír la música en la habitación, para mi amiga moribunda la música sonaba, y a todo volumen, tal como ella quería”.

La radio en este ejemplo de sinsentido situacional ilustra, en parte, cómo concibo el sinsentido del umbral. Es como la estática que encontramos entre emisoras de radio: el sinsentido puede ser lo que oímos al sintonizar una emisora ​​diferente. Como nosotros, los vivos, no escuchamos esta emisora, las palabras de nuestros seres queridos a veces suenan a galimatías.

Preposicional sin sentido.

Dado que desconocemos lo que sucede cuando las personas mueren muchas de las frases sin sentido que escuchamos son disparates situacionales. Una forma de sinsentido situacional que encontré constantemente en las transcripciones y relatos de las últimas palabras es lo que llamo "cambio preposicional". Las palabras suelen tener sentido lingüístico pero no lo tienen en términos de lo que sabemos actualmente sobre el movimiento, los cuerpos, la dirección y el espacio.

Las preposiciones son esas palabras cortas que, a veces, representan dónde nos encontramos en el espacio, como: dentro, fuera, sobre, arriba, encima. Mientras la gente muere hablan de la ubicación de maneras desorientadoras. Este lenguaje es similar al utilizado para describir las experiencias cercanas a la muerte en las que las personas que yacen inmóviles hablan posteriormente de haber estado "fuera”de sus cuerpos, atravesando "túneles”y entrando "en”la luz. Aquí hay algunos ejemplos en el lenguaje de los moribundos:

              “Ayúdame a bajar por la madriguera del conejo”.

              “Vivo entre dos lugares… Me gustaría que mi lugar marcara el otro lugar… Extraordinario.”

              “Date prisa, bájame... por favor... es el fin”.

              “No. Espera un momento. Estás a un paso de la verdadera esperanza, lo que significa... a un paso de la verdadera esperanza”.

              “Quiero bajarlos a la tierra de alguna manera... Realmente no lo sé... no más ataduras a la tierra”.

              “Ayúdame a acostarme.”

              Tengo que bajar. Tengo que bajar.

              Tengo que bajar a la  Tierra. Ayudadme.

              “Eso es lo que somos, hacia dónde nos dirigimos, bueno, eso es todo”.

              “Estoy en la cima ahora, avanzando hacia la cima”.

              ¡Me estoy yendo! ¡Me estoy yendo!

              ¡Tengo que largarme, largarme! ¡De esta vida! ¡Me muero! ¡Me muero!

              Me estoy cayendo. Me estoy cayendo, pero no estoy listo para irme. Se están preparando para levantarme. Cuando me caiga, me van a levantar.

              “Es hora de levantarse, levantarse, levantarse…”

              “Mi cuerpo quiere ir en una dirección y el resto de mí en otra… esta no es una situación cómoda”.

Frases como estas son comunes y hablan de la orientación en el espacio de maneras infrecuentes: arriba se convierte en abajo, atrás y adelante se confunden, y los moribundos a menudo nos piden que les ayudemos, de alguna manera, a cambiar su posición.

Sharon compartió este relato de un momento en el que su madre comenzó a quejarse de su pierna izquierda:

"Te estoy pidiendo que sueltes", dije a mi mamá, siguiendo mi intuición. "Que sueltes tu lado izquierdo".  “Sí —dijo mi madre—, dicen que es cierto. Estoy intentando salir de esta jaula. Estoy intentando salir de esta jaula. Ahora... mi otra pierna.

La palabra «jaula» es evocadora. Cuando le pregunté a Sharon qué creía que quería decir su madre, habló de la jaula del cuerpo físico, de vivir aquí, en la Tierra. La metáfora sugiere con fuerza una lucha por el movimiento. Movimiento y metáfora también se complementan de forma convincente en el siguiente relato: «Papá me pedía que lo empujara hacia atrás... Su cama está contra la pared, así que le dije que se sentía difícil... Se veía muy triste... Le pregunté por qué quería que lo empujara hacia atrás... y me respondió: «Porque todo lo que es importante para mí está detrás de mí»».

Esta transcripción hace referencia a elegir la dirección correcta:

“Me estoy muriendo, ¿sabes? Sé que me estoy muriendo. A mi familia no le gusta que lo diga. Y antes me ponía muy triste. Pero ahora me parece gracioso. No todo el mundo quiere oír hablar de mi muerte. Sé que moriré por esto. Quieren hacerme más procedimientos, pero ya pasó. A mi familia no le gusta que hable así. A veces el problema es que no distingo la izquierda de la derecha. Es como un juego. ¿Qué dirección debo tomar? Y cuando voy allí, descubro que estaba en la dirección equivocada o no sé por qué fui allí”.

Estos ejemplos articulan la sensación de movimiento cambiante y desorientación. Y en algunos casos, hay metáforas estrechamente relacionadas y asociadas con el movimiento. A primera vista, podría parecer que reflejan desorientación causada por medicamentos o deterioro de ciertas partes del cerebro. Sin embargo, otros ejemplos del lenguaje del umbral indican que podría estar ocurriendo algo mucho más complejo.

El médico Tony Ciccoria, quien tuvo una experiencia cercana a la muerte al ser alcanzado por un rayo, demuestra un cambio preposicional al hablar de su experiencia: “La fuerza del rayo me lanzó hacia atrás como un muñeco de trapo. A pesar del impresionante trauma físico me di cuenta de que algo extraño e inexplicable estaba sucediendo. Mientras mi cuerpo salía despedido hacia atrás, sentí que "yo”avanzaba. Sin embargo, también parecía permanecer inmóvil y desconcertado, mirando fijamente el teléfono que colgaba frente a mí. Nada tenía sentido».

El doctor Ciccoria habla paradójicamente de su movimiento: su cuerpo físico retrocedía y, sin embargo, tenía la sensación de que algo avanzaba. ¿Qué era ese algo? Observa lo mismo en una descripción registrada en la investigación histórica de Kenneth Ring y Sharon Cooper sobre las experiencias cercanas a la muerte en personas ciegas:

“El cuerpo que yacía en la cama estaba completamente inmóvil, sin movimiento. Sentí que algo debía haber salido de mí... [cuando] ascendí al techo. Algo de lo que quedaba de mí permanecería inmóvil en la cama. Por un breve instante me pregunté por qué me sentía como dos personas a la vez. Vi una parte de mí completamente inmóvil, como si estuviera a punto de ser detenida y, sin embargo, había una parte muy importante de mí que estaba a punto de flotar más allá del techo hacia este nuevo reino, dondequiera que estuviera”.

Esta descripción de un ciego es convincente por varias razones. La primera, por supuesto, es que hace muchas cosas visuales. Descripciones a pesar de ser ciego. La investigación de Ring y Cooper documenta que el 80 % de sus participantes ciegos, la mayoría de ellos de nacimiento, pudieron ver durante sus experiencias cercanas a la muerte. El ejemplo de Ring y Cooper, como muchos otros relatos, también aborda de forma interesante el movimiento. Las descripciones que se encuentran en las investigaciones sobre experiencias cercanas a la muerte están estrechamente relacionadas con el lenguaje que emerge en el umbral.

Un trabajador del establecimiento de cuidados "Zany Cat”explicó:

“Aunque no creo en el cielo, hay que preguntarse si realmente existe o si de alguna manera estamos programados para creerlo. George Carlin, el comediante, dijo: "¿Por qué la gente nunca dice: 'Creo que está ahí abajo ahora, sonriéndonos'? Siempre decimos cosas como: 'Mi papá me sonríe aquí en la Tierra'. Nunca oímos: 'Mi papá nos grita'. ¿Por qué imaginamos que siempre subimos al morir?". Verán, no creo en el cielo, pero me pregunto por qué nuestras palabras son así. He notado que al menos el 20% de las veces oigo algo sobre pacientes que hablan de subir o bajar. Se hace referencia a moverse, aunque están ahí, en las camas”.

Una enfermera de cuidados paliativos de Trinidad me describió estas referencias al movimiento de esta manera: «En mi país, las tonterías que dicen los moribundos se llaman 'viajar'. Creemos que estas palabras sin sentido forman parte del proceso de partida del alma, de ascenso al Más Allá».

El sinsentido se asocia con un lenguaje que se sale de la narrativa literal y ordinaria de nuestras vidas. Las personas bajo estrés dicen sinsentidos como para señalar la gravedad de su estado. El sinsentido anuncia: «Las palabras que uso ahora muestran que no estoy en un estado de conciencia normal... Algo está cambiando».

El estrés extremo hace que la gente diga disparates. Los soldados, por ejemplo, a veces hablan incoherentemente al ser rescatados de terribles batallas en las que por poco evitan la muerte o lesiones que ponen en peligro su vida. Esto también ocurre con personas que han participado en otros sucesos aterradores. Una explicación que he escuchado de expertos médicos es que cuando nos sucede algo abrumador es como si nuestro cerebro sufriera un cortocircuito. Es como si la enorme ininteligibilidad de la experiencia se tradujera en un lenguaje ininteligible. Esto sugiere que, a medida que nos acercamos a la muerte y contemplamos su abrumadora realidad, nos desesperamos por evitarla. En tales circunstancias, el disparate refleja un último intento desesperado de escapar. ¿Por qué? Parece que nuestras mentes podrían estar programadas para usar el disparate como vía de escape, y el misterio es este: ¿Adónde escapamos y cómo es el disparate la salida?

Al morir, el lenguaje de las personas expresa una sensación de movimiento, aunque a menudo veamos ante nosotros la quietud de un cuerpo que se acerca a la muerte. Las palabras de mi padre eran típicas de lo que escuché de otros. "Ayúdenme a bajar de aquí", dijo mientras yacía en su cama unos días antes de morir. Imagino que pudo haber estado experimentando lo que quienes experimentan ECM describen como abandonar sus cuerpos y ascender para verse a sí mismos en la Tierra. Esto en sí mismo es paradójico: ¿Cómo se puede estar inmóvil y ascender al mismo tiempo? Dado que esta sensación de movimiento también aparece en el lenguaje de la ECM, tal vez algo esté sucediendo en la experiencia subjetiva de estar en el umbral de la muerte. Los moribundos parecen estar, en palabras del poeta Rumi, “yendo y viniendo por el umbral donde dos mundos se tocan".

Cuando imaginamos a una persona completamente inmóvil y luego describe haber tenido una experiencia llena de movimiento se nos presenta la posibilidad de que, al morir, entremos en un reino donde coexisten realidades duales. O la posibilidad de que la realidad que conocemos a través de los cinco sentidos está dando paso a algo completamente nuevo, algo que nuestro lenguaje literal no puede comprender.

Quizás recuerdes declaraciones paradójicas como estas del capítulo 2 hechas por personas que tuvieron experiencias cercanas a la muerte:

              “Me sentí más vivo cuando estaba muerto que cuando vivía”.

              “Entendí todo lo que dijeron, pero no dijeron ni una palabra”.

              “Dejé mi cuerpo y viajé a través de las galaxias, todo mientras yacía inmóvil en la cama”.

El sinsentido del lenguaje de los moribundos, al igual que el del lenguaje de la ECM, no expresa el mundo tal como lo conocemos. Gran parte del lenguaje es paradójico. Algunos ejemplos del Proyecto Palabras Finales incluyen:

              “Oferta de lanzamiento: la tienda cierra sus puertas a alimentos y productos”.

              “Subo para poder bajar”.

              “No, pero si no lo haces y lo haces, entonces lo haces “.

              “Concédeme la mitad de la medida completa .”

              “No creo que haya progreso en ganar y volver a perder”.

El sinsentido preposicional expresa y refleja paradojas: arriba es abajo y abajo es arriba. De igual manera, el lenguaje de la autocontradicción difiere de nuestro lenguaje habitual. Estas expresiones parecen estar estrechamente relacionadas con las notables paradojas que oímos describir a quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte, como «Pude ver aunque estoy ciego».

En nuestra realidad tridimensional de cinco sentidos, no podemos ser ciegos y ver, ni siquiera considerar que conceptos tan opuestos puedan coexistir. Pero hemos visto en la investigación de ECM de Ring y Cooper, por ejemplo, que las personas ciegas informan ver en momentos en los que están clínicamente muertas, y hemos escuchado de cientos de personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte hablar de sucesos paradójicos que son difíciles de explicar en lenguaje literal y cotidiano. Este tipo de lenguaje paradójico es más frecuente entre las personas moribundas que entre las sanas. Esto también se aplica al sinsentido híbrido.

Sinsentidos híbridos.

La coexistencia de realidades duales se observa en un patrón que llamo sinsentido híbrido, frecuente en el lenguaje del umbral. Una parte de la oración se basa en lo perceptible; otra, no. Es como si el hablante tuviera un pie aquí, en esta dimensión, y el otro en un mundo invisible.

              “Consígueme mi chequera, tengo que pagar para entrar”.

              “Necesito mis perlas para el baile de esta noche”. (No hay baile.).

              “Por favor, masajéame los pies para que pueda bajar a la madriguera del conejo”. (La novia del hablante le está masajeando los pies mientras él está acostado en una cama de hospital. No hay madriguera).

              “Trae mi cámara. Necesito tomar una foto de esto”. (No hay nada que fotografiar).

              “Dejaron las escaleras, pero son demasiado cortas para subir”. (Se refiere a las escaleras que estaban afuera de la ventana de su dormitorio).

              “Por favor, deja algo de dinero y ropa de bebé en mi cama. Los necesitaré en el cielo cuando nazca mi bebé”. (La voz es una niña de trece años que se está muriendo de cáncer).

              Será mejor que me vista. Tengo que ir a casa.

              “Consígueme unas tijeras para poder cortar esto de aquí”.

              “Ayúdame a pasar este lápiz al otro lado”.

Cari Rush Willis, que ha estado junto a la cama de casi doscientas personas moribundas, incluidas algunas en el corredor de la muerte, dijo:

“Siempre digo que las personas al final de sus vidas tienen un pie en el cielo y otro en la Tierra. Quienes se están muriendo pueden ver cosas que yo no puedo. Negar su realidad es un gran error. Es fundamental que quien esté junto a la cama de un moribundo esté dispuesto a escuchar y afirmar su realidad. Que permanezca en silencio y esté presente. Incluso lloro con los chicos de los cuidados paliativos de la prisión. Renuncié a todo lo que aprendí sobre no llorar. Simplemente creo que vale la pena llorar por una vida; la mayoría de ellos no han llorado por sus vidas”.

Un religioso compartió la historia de una feligresa al final de su vida que empezó a hablar de la gran fiesta a la que se disponía a asistir. Pidió un papel para anotar los nombres de los asistentes. Su hijo, que también estaba presente, pidió ver la lista curioso por saber qué tenía en mente su madre. Todos los nombres anotados eran familiares y amigos fallecidos. Combinando la metáfora del baile con la realidad práctica y real de necesitar papel y lápiz, esta mujer se preparó para morir. Este es un ejemplo típico de absurdo híbrido.

En las últimas dos semanas de vida de mi padre pasó por periodos de extrema lucidez y de deconstrucción del mundo que conocía y compartíamos, lo cual se manifestaba particularmente en su lenguaje. Por momentos hablaba de la realidad que teníamos en común: «Tráeme un poco de agua, por favor, cariño». Pero también se refería a un lugar que llamaba la «dimensión verde». Habló de los «espacios intermedios de los poemas» y de los grados de «así» en la palabra «dolor». Me dijo que los poemas eran una forma de oración y luego le recordó a mi madre que tendría que llevar su tienda de oxígeno, (no había ninguna, en realidad), para su viaje a Las Vegas, (que se había cancelado meses antes). No tenía Alzheimer ni otra forma de demencia; estas fluctuaciones en la conciencia provenían de una mente lúcida.

A través de su lenguaje pude adentrarme en su proceso de morir hasta el momento final, cuando tomó la mano de mi madre, su esposa durante cincuenta y cuatro años, y dijo un simple «Gracias, gracias». Parecía haber poca o ninguna relación entre su lucidez y sus medicamentos. Los cambios de conciencia y lenguaje parecían tener su propio ritmo.

Una sobreviviente de coma entrevistada por Madelaine Lawrence describió cómo había sido para ella pasar de un estado de conciencia a otro:

“Lo siguiente que recuerdo fue a mis hijos. Recuerdo que uno de ellos me llamaba: «Mamá, mamá», repetía sin parar. «Si me oyes, mueve el dedo del pie». Intenté mover el dedo del pie pero quedé inconsciente otra vez. Perdía el conocimiento. No era nada. Era un lugar muy oscuro y cálido. No me asustaba, pero siempre estaba muy oscuro, solo oscuridad y calor”.

La Dra. Martha Jo Atkins compartió un relato que tiene la misma sensación de moverse entre estados del ser o, posiblemente, dimensiones:

“Lo que le acompañó hasta la muerte fue el océano y la playa, y ambos comenzaron a fundirse en uno... como donde la ola sube y baja. Así que la playa y el océano se fundieron en uno y le sostuvieron. Y él simplemente se fundió en ellos. Visitaba mucho el océano, y era muy importante para él, así que tenía sentido”.

Sinsentido y experiencia trascendente.

El sinsentido aparece en diversos contextos, incluyendo tradiciones místicas y espirituales donde el galimatías se asocia con la apertura a nuevas dimensiones. Encontramos el uso del sinsentido lingüístico en cánticos, hechizos y encantamientos, por ejemplo. El sinsentido suele asociarse con la apertura de portales a nuevos mundos y la oportunidad de interponernos entre ellos. De niños aprendemos que palabras sin sentido como shazam y abracadabra pueden mover montañas o llevarnos a nuevos mundos. Si tienes la palabra correcta puedes abrir puertas. Hechizos y encantamientos suelen estar compuestos de palabras sin sentido que prometen acceso a poderes fuera de la vida cotidiana.

El lenguaje sin sentido, el galimatías, es lenguaje que queda fuera de la experiencia habitual o poderes terrenales y esto ha sido cierto a lo largo de los siglos y en todo el mundo. El doctor Will Taegel, autor de The Mother Tongue, reflexionó en un correo electrónico que me envió: “La búsqueda del sinsentido para entrar en reinos impermeables a la penetración racional ha estado presente en la sabiduría y las tradiciones chamánicas en tiempos inmemoriales. Tambores, drogas, cánticos, bailes, órdenes físicas extenuantes, embriaguez de todo tipo se han utilizado para sacar a las personas de la realidad normal y llevarlas a la realidad extraordinaria en prácticamente todas las culturas humanas. Hay algo en el galimatías que nos ayuda a dar sentido a nuestras vidas insondables”. Taegel explica que los chamanes han dicho a lo largo del tiempo: “Cruzamos al otro lado por el poder de nuestras canciones sin sentido”.

El psicólogo estadounidense William James observó que expresiones contradictorias como «oscuridad deslumbrante», «silencio susurrante», «desierto rebosante”y «el sonido insonoro» son comunes en los escritos de los místicos. Aparentemente, el lenguaje prosaico es inadecuado para describir el nivel trascendente de la conciencia. Raymond Moody sugiere que: “Nos deleitamos con el sinsentido porque cortocircuita el cerebro al eludir la mente racional».

Moody cree que el sinsentido — que Will Taegel llama “trans-sentido”— es el lenguaje intermediario entre los dos mundos, el del lenguaje adquirido y el lenguaje telepático universal que parece existir en el reino de la otra vida, como explican las experiencias cercanas a la muerte. Experimentadores de ese reino telepático no verbal,  reino de lo inefable del que hablan los místicos, incluidos los maestros budistas.

Los budistas zen utilizan el sinsentido como medio de iluminación espiritual. Los maestros zen presentan a sus estudiantes preguntas sin respuesta conocidas como koans. Algunos koans son preguntas sin sentido: "¿Tiene un perro naturaleza búdica o no?”y "Dos manos aplauden y se oye un sonido. ¿Cuál es el sonido de una mano?". Estas preguntas están diseñadas para alejar a los estudiantes de la comprensión de la vida únicamente desde una perspectiva lógica y conectarlos con algo inefable, ajeno al mundo cotidiano tal como lo conocemos. Los koans invitan a adentrarnos en otra forma de pensar y parecen desconcertarnos a la vez que conducen a mayor comprensión.

Milton Erikson, hipnoterapeuta de renombre mundial, solía usar el sinsentido para distraer y confundir la mente consciente de sus clientes cuando quería hacer una sugestión hipnótica. Entendía que el sinsentido actúa como puente hacia otro estado de conciencia, otra forma de pensar.

Quienes hablan en galimatías, o ”en lenguas”, atribuyen sílabas sin sentido directamente a Dios. Esta conocida facultad llamada glosolalia, es decir, vocalización fluida de sílabas sin significado comprensible alguno, ocurre durante períodos de éxtasis religioso, y algunos afirman que es el Espíritu Santo quien habla a través de los feligreses. Sin embargo, la investigación lingüística indica que los patrones fonológicos y prosódicos presentes en la glosolalia imitan patrones de la lengua materna de sus hablantes, y estos patrones varían según el idioma. Esto nos indica que el idioma en sí no es un idioma divino universal; sin embargo las experiencias extáticas de sus hablantes parecen ser universales. Investigaciones preliminares muestran que la glosolalia involucra las regiones del cerebro asociadas con la experiencia mística y la música.

Así pues, aunque la glosolalia no es un idioma único, sus sílabas sin sentido alteran la consciencia. Esto se ha documentado mediante escáneres cerebrales. Los investigadores compararon escáneres cerebrales de individuos que realizaban una tarea lingüística común, como la lectura en voz alta, con escáneres cerebrales de personas que hablan en lenguas. Las partes del cerebro que se activan al hablar en lenguas o glosalia están más estrechamente conectadas con las regiones activadas durante los estados no verbales de trance místico o espiritual que con los centros asociados con el habla y el lenguaje. El habla sin sentido parece crear y reflejar extraordinarios estados alterados de conciencia. Incluso podría haber evidencia de "lenguaje mágico", es decir, lenguaje diseñado para ayudarnos a cambiar de dimensión, como se encuentra en la glosolalia, los hechizos, los encantamientos y las canciones chamánicas.

La iluminación cambia tu cerebro.

Andrew Newberg y Mark Robert Waldman han investigado exhaustivamente la correlación entre estados alterados y trascendentes, y la función cerebral. Describen haber observado una disminución inmediata de la actividad en las áreas del lenguaje de los lóbulos frontales de participantes pentecostales que hablaban “en lenguas”. Explican: “Normalmente, al hablar y escuchar a otros los centros de comunicación del cerebro se activan pero cuando una persona empieza a hablar en lenguas estas áreas se desactivan». Cambios similares en la actividad cerebral ocurren durante los estados de trance en chamanes y médiums. Newberg y Waldman afirman que estos cambios neurológicos crean las vías hacia las experiencias de iluminación.

En su sitio web, Eben Alexander comparte investigaciones interesantes sobre los alucinógenos y el cerebro que respaldan los hallazgos de Newberg y Waldman y arrojan luz sobre el lenguaje utilizado al final de la vida. Una investigación realizada en el Imperial College de Londres en 2012 reveló que de las personas que estaban bajo la influencia de la psilocibina, aquellas cuyas experiencias psicodélicas fueron más profundas presentaron una actividad "considerablemente reducida”en las "principales regiones de conexión”del cerebro. Alexander también hace referencia a un estudio brasileño realizado en 2015 que investigó los efectos de la ayahuasca y confirmó una disminución de la actividad en una región importante del cerebro llamada “red en modo predeterminado”. Alexander cita otro estudio del Imperial College sobre los efectos del LSD en el cerebro que halló que una disminución de la integridad de ciertas regiones cerebrales parecía asociarse con estados extraordinarios de consciencia.

Sobre su coma y su experiencia cercana a la muerte, Alexander escribe:

“A medida que mi neocórtex era destruido por las bacterias invasoras mi consciencia se expandió enormemente a niveles sin precedentes en mis experiencias normales de vigilia de toda mi vida. Esa impactante realidad me atormentaba especialmente durante los primeros meses después del coma, cuando intentaba explicar toda la experiencia como una enorme alucinación del cerebro moribundo (recurriendo a mis creencias científicas materialistas reduccionistas previas al coma, perfeccionadas durante varias décadas de trabajo como neurocirujano).

Mis médicos sabían, por la evidencia médica de mi caso, que mi neocórtex estaba demasiado dañado como para soportar cualquier tipo de experiencia consciente sólida, incluyendo alucinaciones elaboradas, efectos de drogas o estados oníricos. Tras una revisión exhaustiva con algunos de los médicos que me atendieron y con varios colegas neurocirujanos interesados, se hizo evidente que esa ultrarrealidad se debía a que la experiencia era real, aunque no ocurriera en ningún lugar de nuestro espacio-tiempo tetradimensional del universo físico observable”.

Le pregunté a Andrew Newberg si sería posible que, a medida que morimos y los centros del habla asociados con el lenguaje disminuyen, experimentemos cada vez más estados místicos como los descritos por Eben Alexander. Estos estados mentales también podrían estar asociados con las tonterías, sinsentidos y galimatías que escuchamos. Newberg comentó que creía que es muy posible que al morir la función cerebral asociada con la lógica y la razón, y con la producción de un habla con propósito, se apague. Esto podría causar a la persona moribunda una serie de experiencias de carácter místico y ricas en lenguaje ininteligible.

Esto es lo que me intriga. Si fueran solo disparates lo que aparece al morir, fácilmente admitiría que estas expresiones simplemente reflejan el deterioro de la función cerebral. Sin embargo, como he demostrado, el lenguaje parece agruparse en torno a ciertos temas y patrones de disparates. El disparate es un lenguaje que no tiene sentido en nuestra realidad tridimensional habitual de cinco sentidos. Sin embargo, tiene sus propias reglas. En realidad, es una forma de lenguaje más compleja que el lenguaje literal inteligible, ya que se define únicamente por las reglas que rompe. El disparate se construye sobre los significados del lenguaje "sensato". Así pues, desde un punto de vista lingüístico, vemos un lenguaje más complejo en los días en que esperaríamos la desintegración de la función lingüística. Es decir, curiosamente, utilizamos una preponderancia de formas lingüísticas complejas al acercarnos a la muerte, como las construcciones híbridas y paradójicas que se analizan en este capítulo, así como el lenguaje metafórico ilustrado en capítulos anteriores. Cada tipo de sinsentido respeta algunas reglas del lenguaje y rompe otras, y parece que los seres humanos estamos preprogramados no sólo para dar sentido al lenguaje sino, también, para el sinsentido.

Hay muchos tipos de sinsentidos. El doctor Raymond Moody, en su libro de 2019 "Making Sense of Nonsense", explica que ha identificado setenta tipos y ofrece ejemplos de muchos de ellos. La transcripción que estudié muestra que la mayoría se centra en un puñado de patrones particulares, algunos de los cuales ya he presentado y otros que compartiré en el capítulo 8. Entiendo que mi conjunto de datos no es riguroso y es relativamente pequeño, pero los patrones son intrigantes: ¿Por qué encontramos tal agrupamiento de enunciados paradójicos e híbridos? ¿Por qué en todos los enunciados que he recopilado el sinsentido conserva una gramática y una sintaxis coherentes? Las respuestas se pueden encontrar en las páginas siguientes.

  

CAPÍTULO SIETE. Palabras entre los mundos. Descripciones de visiones e imágenes antes de morir.

 Dijo solo unas palabras: "¡Aleluya! ¡Mi esposa!". Tenía una gran sonrisa y no recuerdo haber vuelto a oírle decir algo más. — Mark, participante del Proyecto Palabras Finales.

En el capítulo anterior analizamos hasta qué punto el contexto determina si algo tiene sentido para nosotros. Es decir, si falta cierta información o el oyente no la percibe, si ciertas expresiones o ideas resultan ininteligibles. La siguiente historia de Malynda Cress, voluntaria de un establecimiento de cuidados paliativos, es un buen ejemplo: "¿Cómo será mi vida cuando muera?", le preguntó un paciente. "Cuéntame sobre los pájaros. ¿Qué les sucede cuando mueren?". Malynda estaba desconcertada. "El paciente sentía curiosidad por la mecánica de la muerte: de la suya, de los pájaros, y otras asociaciones raras. Como la voluntaria quería saber más sobre aquel agonizante revisó su historial clínico. Allí estaba escrito: piloto de la fuerza aérea, Segunda Guerra Mundial. También se había dedicado a la mecánica de automóviles y a la acampada. Siendo la mecánica un tema recurrente en su vida adulta conocer la mecánica de la muerte, tanto la suya como la de los pájaros, adquiría mucho más sentido". Una vez que Malynda tuvo acceso al contexto de lo que preguntaba el hombre su comprensión fue mayor.

Lenguaje no referencial.

Al morir podemos hacer referencias que no son claras para los vivos. Esto se denomina “lenguaje poco referencial”o “no referencial”. Los moribundos se refieren a personas, lugares u objetos que no son evidentes para sus seres queridos. Los demostrativos como "esto y "aquello", en los que el referente es ambiguo, son comunes en transcripciones y relatos.

Las últimas palabras de mi padre a su mecanógrafa un día antes de morir fueron: “Esto es muy interesante, Alice. Nunca he hecho esto”. ¿Qué era ese enigmático «esto»? La palabra «esto”resonaba en mis pensamientos mientras reflexionaba sobre por qué nunca decía: «Morir es muy interesante. Nunca he muerto». ¿Será que la palabra es innombrable, demasiado difícil de comprender para nuestras mentes en esos momentos finales, o será que nadie muere? ¿Estaba mi padre viviendo una experiencia indescriptible —un «esto”para el que no hay lenguaje— como las inefables experiencias de quienes sobreviven a la muerte? ¿Qué era ese “esto» que estaba experimentando? Me intrigaba la falta de referente, me intrigaba qué podía haber detrás de ese misterioso «esto». Los pronombres no referenciales, (y algunos otros términos) dejan al oyente con la duda, como en los siguientes ejemplos:

              Es muy hermoso allí.”(¿Qué es exactamente bello y dónde está “allí”?).

              “Qué lástima no poder contarte todo esto”. (¿Qué es “esto”?).

              ”No es lo que piensas.”(¿Qué es, entonces?)

              “Mi vocabulario me hizo esto”(del poeta Jack Spicer).

              “Mucha gente tiene esto ”.

              Está todo en una sola pieza… Está todo en una sola pieza… Lo que ves en diferentes piezas… está todo en una sola pieza.”

              “Lástima que no puedo contar todo lo que he visto.

              “Sé que eso no es lo que me está pasando ahora, pero sé que lo que está pasando es. . .”

              "No te lo puedo contar . "

              “Lo sabrás más tarde.”(¿Sobre qué?).

              “No hay nada que puedan hacer por esto ”.

La falta de referentes implica que hay cosas que el hablante no puede o no se le deja explicar. Esto da la sensación general de que lo que experimenta es indescriptible o intransferible. No queda claro qué es lo que no se puede contar, a quién no se le permite contar, o por qué se ocultan ciertos detalles o referencias.

Estas cualidades también son consistentes con las experiencias de quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte, quienes explican que cierta información se les retiene hasta que cruzan la última frontera de la muerte. Muchos describen cómo se les instruyó o se les mostró que ciertas cosas no pueden serles compartidas ni reveladas hasta que mueran completa y definitivamente. Un ejemplo típico de las descripciones de sobrevivientes de experiencias cercanas a la muerte es el de Shawna Ristic: «Se comprendió que existía esta barrera —una frontera que cruzar— y se decidió que no la cruzaría. Lo que había más allá permaneció en secreto».

Las referencias a que la vida es una ilusión también surgen en los relatos y transcripciones con el mismo tipo de discurso no referencial:

              “Todo es un engaño. Solo una ilusión.”(Cursiva añadida; últimas palabras bien documentadas de Roger Ebert. ¿Qué es un engaño?)

              “Esta mañana temprano el Señor me dijo en representación.”(¿Qué te dijo?)

              ¡Increíble! ¡No me lo puedo creer! ¿Esos son de verdad? (¿A qué se refieren «lo”y «esos»?)

Esta descripción típica de una persona que ha tenido una experiencia cercana a la muerte puede arrojar luz sobre lo que el moribundo podría estar presenciando: “La luz me mostró que el mundo es una ilusión. Lo único que recuerdo de esto es mirar hacia abajo y pensar: 'Dios mío, no es real, no es real'. Es como si todas las cosas materiales fueran solo accesorios para nuestras almas, incluyendo nuestros cuerpos». Puede que las palabras que escuchamos de los moribundos provengan de un mar de experiencias metafísicas inefables. Y nosotros, los vivos, somos solo testigos del lenguaje en la punta del iceberg.

Una frase que recibí a través del sitio web de Palabras Finales fue "Me extraño", lo que me hizo recordar las últimas palabras de mi tía unos meses antes. "El pronombre está mal", dijo mi tía al acercarse al final de su vida. Ojalá ahora pudiera haberle preguntado: "¿Qué pronombre?”o "¿Cuál es el correcto?". Quizás se refería al pronombre "yo", diciendo que, de alguna manera, "yo”no es el pronombre adecuado para quienes somos al cruzar el umbral. Quizás, como nos han dicho místicos y maestros espirituales a lo largo del tiempo, realmente no existe el "yo", de la misma manera que otros se han referido a esta vida como una simple ilusión.

De todo el lenguaje no referencial que la gente usa en el umbral el más común es el que se refiere a personas o lugares invisibles para los vivos. Los moribundos hablan de visitantes de todo tipo. Aquí hay algunos ejemplos típicos:

Visiones de multitudes.

  "¿Quiénes son todas esas personas ahí afuera?"

Hay tanta gente aquí. No tengo tiempo para hablar con toda esta gente”.

Mi padre murió un viernes por la mañana. Pasó todo el miércoles anterior hablando, a veces en voz alta y a veces murmurando en voz baja, con diversas personas que había conocido a lo largo de su vida. Fue lo más asombroso que he visto en mi vida”.

Las visiones de una multitud también han sido reportadas a través de los ojos de los niños y pueden brindar consuelo a sus padres en las circunstancias más trágicas. Una joven madre comparte las últimas palabras de su hija:

“Tenía veintiocho años y una hija maravillosa de seis años y medio, muy enferma por fibrosarcoma mandibular, (un tipo poco común en niños pequeños). Se había convertido en un tumor enorme en su hermosa cara y también bastante grande dentro de la boca. Se despertó a las 6:30 de la mañana de un lunes, y noté que sus uñitas se habían puesto azules. Sabía que el final estaba cerca.

La llevé a la cocina de mi mamá para darle jugo de naranja frío ya que le gustaba. Rodeé la mesita de la cocina y me apoyé en el fregadero para ver a mi hija pequeña beber su jugo. De repente me miró, señaló cerca de mí y preguntó: "¿Quiénes son todas esas personas ahí paradas, mami?". Al principio pensé que quizá no la había oído bien, así que le pregunté qué acababa de decir. Me repitió: "¿Quiénes son todas esas personas ahí paradas, mami?". Y de alguna manera supe que "ellos”habían venido a ayudarla, (no, no soy religiosa, espiritual, por así decirlo). Rodeé la mesa para levantarla y se sobresaltó y entró en coma, del que no se recuperó. Murió en el hospital local pocas horas después. Por supuesto, nunca olvidaré este momento, jamás... y me ha dado algo de paz”.

Los relatos de visitas previas a un viaje concuerdan con todas las metáforas de viaje analizadas en el capítulo 4. Quizás los muertos —o nuestros vívidos recuerdos de ellos— sí vienen a «llevarnos».

La llegada de seres queridos fallecidos

Aunque las personas moribundas pueden describir haber visto grupos de personas, lo más común es que identifiquen a un ser querido, generalmente un familiar, que vino a llevarlos a “casa”o a algún lugar.

Este ejemplo de Donna es típico: «Era como si mi padre estuviera hablando por teléfono con mi madre, que había fallecido diez años antes, y yo solo oía su voz. Estaba tan emocionado y feliz. Me costaba creer que fuera solo su imaginación. Parecía que algo muy real estaba sucediendo».

Los reencuentros suelen ser alegres. No solo ofrecen consuelo a quienes están muriendo sino que también tranquilizan a quienes están cerca y comprenden lo que sucede y no tienen miedo. Aunque estas "imágenes para llevar”permanecen invisibles para nosotros a menudo son vívidas para quienes sí las ven. "¿No lo ves ahí? ¡Ahí está!", exclamó una madre de sesenta y ocho años a su hija señalando al padre de la joven, fallecido diez años antes. "Aquí está mamá, me tengo que ir", fue una frase que escuché de varias personas. Los siguientes son otros ejemplos que grabé:

Estaba en la otra habitación y oí a mi madre hablar y hablar. Me acerqué a ella y le pregunté con quién hablaba. "¡Estoy hablando con tu padre!", dijo. Mi padre había fallecido ocho años antes. Parecía muy feliz. "Me siento mucho más tranquila ahora", explicó, "mucho mejor ahora".

Mi mamá estaba hablando con mi padrastro, quien había fallecido hacía unos años. Me contaba lo bien que se sintió al verlo”.

Tenía una familiar que sufrió un paro cardíaco. Sobrevivió un tiempo después. Contó cómo vio a su padre, a nuestra abuela y a nuestras tías, y cómo todos estaban allí, esperándola. Dijo que recordaba haberles dicho que no estaba lista, pero que les decía que los extrañaba y los quería”.

Dorothy me explicó que su marido de sesenta y seis años, un veterano de Vietnam, murió después de una larga lucha con los efectos del Agente Naranja, sustancia herbicida que se usó en la guerra de Vietnam para deforestar amplias zonas de combate. En su última cena le preguntó por la mujer que había estado allí todo el día. Dorothy le aclaró que, en realidad, habían estado solos. Debido a la fuerte medicación a menudo había tenido sueños vívidos, y Dorothy pensó que aquello de la mujer este era uno de ellos. Él insistió, diciendo que la mujer había estado allí durante mucho tiempo, que era alguien a quien conocía bien, pero que no podía recordar su nombre. (Su marido era terrible para recordar nombres). El hombre se levantó de la mesa, llevó su plato a la cocina, besó a Dorothy (algo que no hacía normalmente después de comer) y fue a su habitación a echar la siesta de la que nunca despertó. Dorothy me dijo: «Ahora me gustaría haber hecho preguntas en lugar de restar importancia. Me consuela pensar que alguien a quien amaba mucho vino a llevárselo a casa».

Si escuchas a un ser querido hablar de, o con, un amigo o familiar fallecido puedes hacerle preguntas y vivir ese momento plenamente, ya que podría ser una señal de que la muerte está cerca, como en el siguiente ejemplo. «Todo empezó cuando mi madre me contó sobre una joven moribunda que, en su lecho de muerte, tuvo visiones de ángeles y familiares fallecidos. Por un momento la niña les habló y luego les dijo a quienes estaban a su lado que no se preocuparan por ella, que tendría que irse ya. Y entonces falleció».

Un relato público de una visión premortal se produjo tras la muerte del comediante Sam Kinison en un choque frontal en el año 2009. Carl LaBove, el mejor amigo de Kinison, viajaba en una camioneta detrás de él cuando ocurrió el accidente. La historia se publicó en varios medios, incluido el New York Times. Este informe proviene de Paul Luvera:

“Al principio parecía que Kinison no tenía heridas graves pero en cuestión de minutos, de repente, sin dirigirse a nadie en particular, dijo: «No quiero morir. No quiero morir». LaBove dijo más tarde que «era como si estuviera conversando, hablando con alguien invisible», una persona invisible. «Luego hubo una pausa, como si Kinison estuviera escuchando» a la otra persona hablar. Luego preguntó: "¿Pero por qué?”y tras otra pausa, LaBove le oyó claramente decir: "Vale, vale, vale". LaBove dijo: "El último 'Vale' fue tan suave y apacible... La voz que le hablaba le dio la respuesta correcta y él simplemente se relajó. Lo dijo con tanta dulzura, como si le hablara a alguien a quien amaba”.

Ángeles y figuras religiosas.

Como mencioné en la introducción, una de las muchas frases que despertaron mi interés en las últimas palabras fue una que pronunció mi ateo padre poco antes de morir. Al acercarse a la muerte, anunció: «El ángel dijo: 'Basta... Ya está... basta... basta... no hay culpa de nadie... vete ya.'». Esto lo dijo un hombre que nunca habló de ángeles; de hecho ridiculizó la idea y creía firmemente que la muerte era definitiva. Sin embargo, tres días después, como le dijeron los ángeles, fue suficiente, y mi padre falleció. ¿Cómo fue que mi escéptico padre vio ángeles? ¿Cómo supo que moriría en tres días?

Si bien las visiones de personas que fallecieron antes son las más comunes mencionadas en relatos y transcripciones, también se mencionan ángeles y figuras religiosas. Por ejemplo, una persona relató: «Mi abuela, que era religiosa, me dijo que vio un autobús amarillo lleno de ángeles que se preparaban para abrir la puerta». Otra persona comentó sobre una persona moribunda: «Incluso describió a Jesús con todo detalle, hasta el punto de que me dio escalofríos».

Una enfermera de cuidados paliativos jubilada describió a uno de sus pacientes en sus últimos momentos:

“Lo sostenía en su cama de hospital para que respirara mejor. Miró hacia el techo y dijo: "¿Los ve?". Le dije: "No, señor. Dígame qué ve". Levantó el brazo derecho y señaló hacia arriba, diciendo: "Hay Ángeles a la derecha y allá, a la izquierda. Tengo que irme ya. Llamó a su esposa, que lloraba en la cocina. «Carol, tengo que irme ya. Te amo. Nos vemos». Luego volvió a levantar el brazo derecho hacia el techo y dijo: «Señor mío, Dios mío». Y se recostó contra mí. Se había ido”.

Música, campanas, carillones.

También hubo descripciones de música y sonidos hermosos en los relatos que la gente compartió conmigo:

“Mi madre dijo que había música: «Es lo más hermoso que he escuchado». Le aseguré que debían ser ángeles. Tuve el triste presentimiento de que esta sería nuestra última vez juntas en esta vida. Pude ver cómo su rostro se iluminaba, atraído por la música que escuchaba. Sentí la necesidad de decirle que estaba bien y que todos estarían bien, dándole permiso para irse. Miré hacia atrás al irme esa noche y la vi incorporarse en la cama y despedirse con la mano. Falleció esa noche. Han pasado dieciocho años, y todavía no puedo evitar llorar con este recuerdo”.

“Mi madre estaba en cuidados paliativos. Durante mi visita estaba muy habladora y mentalmente estable. Simplemente dejó de hablar, miró hacia un rincón de la habitación y me preguntó: "¿Oyes esa música? ¡Es tan hermosa!". Le respondí: "No, mamá, no puedo. ¿De qué estás hablando?".

“He presenciado tres fallecimientos: mi abuelo, mi suegra y mi padre. Los tres hablaron de escuchar música hermosa que nadie más podía oír. El abuelo habló de un ángel cantando, mi suegra escuchó música nativa americana. Música ceremonial, y papá no podía hablar bien. Dijo la palabra «música», cerró los ojos y movió la cabeza al ritmo de una melodía que no oí. Los tres fallecieron a las pocas horas [de escuchar la música].

Animales, niños pequeños y paisajes.

Entre las visiones menos comunes descritas por moribundos se encuentran las que muestran animales, niños y paisajes. Algunas personas mencionaron haber visto tanto mascotas como animales fallecidos que les resultaban desconocidos, pero que les resultaban reconfortantes. Encontré referencias a perros, gatos y mariposas.

Las mariposas suelen aparecer como símbolo del poder transformador de la muerte, al desprendernos del capullo de nuestros cuerpos para el libre vuelo del espíritu. Funcionan como símbolo de esperanza e inmortalidad en diversos contextos, incluso en uno de los entornos más desalentadores imaginables. En Majdanek, campo de concentración nazi alemán construido en Polonia, cientos de mariposas fueron grabadas con uñas y piedritas en las paredes de los barracones infantiles.

La yuxtaposición de grandes escenas de belleza y momentos de pérdida y desesperación ocurre a menudo en el umbral. A veces, escenas de paisajes indescriptibles aparecen ante los moribundos. El "esono referencial también aparece en estas descripciones, como en "Eso es tan hermoso". Rara vez veo descripciones vívidas de los paisajes que presenciaron las personas moribundas, pero hay asombro. Mi padre habló de la "dimensión verde", que nunca me quedó del todo clara. Un hombre describió la experiencia de su abuelo: "Dijo muy feliz, como asombrado: '¡Miren, flores tan bonitas!'". Lucía compartió la descripción de su padre de un hermoso bosque que se extendía a lo largo del muro del hospital, con una puerta a cada lado del paisaje. Ella relató cómo había luchado para saber por qué puerta debía entrar: les habló a sus hijas en su lengua materna, el español, diciendo: "'Esa puerta no, abran la otra'. Y entonces finalmente mi hermana dijo: 'Está bien, está bien' y, finalmente, murió".

Hombres de negro.

La imagen de hombres de negro apareció algunas veces en las entrevistas y transcripciones del Proyecto Palabras Finales, como en este ejemplo:

“Toda la semana había estado hablando de esos hombres de traje negro que estaban en su habitación. Bueno, fui a ayudar al personal a voltearla y antes de que lo hiciéramos dijo: "No me volteen. Esos hombres me están esperando". Le preguntamos por qué estaban allí y qué querían. Ella respondió: "Quieren llevarme". Intentamos ajustarla sin voltearla del todo, y estuvo bien. Horas después, la voltearon y exhaló su último aliento”.

Madelaine Lawrence informa que, si bien no son tan prominentes como otras visiones en el lecho de muerte, la Parca y otras imágenes oscuras aparecieron en su investigación sobre visiones al final de la vida y cercanas a la muerte. No parecen ser tan prominentes, pero existen. Por ejemplo, una mujer cuyo esposo moría de cáncer terminal de hígado informó que su esposo vio sombras en el borde de su habitación. En su caso, dijo que había entre 12 y 20. Le pidió hacer un viaje con la esperanza de que las sombras se dispersaran. Las volvió a ver en el hotel donde se alojaban. Se mudaron a casa de un familiar, pero las sombras le seguían. El esposo no podía distinguir si eran entidades buenas o malas, pero les tenía miedo.

Este relato que me dio Christine Zagelow está lleno de imágenes de humo, de lo invisible, de perdón y de una misteriosa referencia a algo que todavía no se puede compartir:

“Ella dijo: "¿De dónde sale el humo?". No vi humo. Empezó a intentar atrapar el aire. Le pregunté qué hacía y me dijo que intentaba atrapar las chispas de luz que había en el humo. Entonces empezó a decir: "El humo, el humo, ¿no ves el humo? Hay humo por todas partes". Su voz parecía diferente, muy clara, pero diferente. Dijo que sentía calor por dentro y que sentía el humo en la sangre. Pensé que tal vez le estaban quemando el cáncer, dejándola libre de la inquietud que sentía. El ardor pareció desaparecer por sí solo. Entonces empezó a contarme una visión que vio justo por encima del televisor.

[En esta visión] un hombre estaba parado frente a la iglesia con un gorro de cocinero. Le pregunté si creía que era su abuelo, (su padre), y me dijo que no lo sabía. Entonces mi mamá dijo: "Sabes, ya no te veo, la habitación está muy oscura". Mamá se giró hacia mí y me dijo que era lo único que podía ver, que nunca me había visto tan hermosa. Dijo: "Estás completamente rodeada de luces blancas. Son las luces más brillantes que he visto. Brillas muchísimo". Nos dijimos cuánto nos amábamos. Se puso las manos delante de la cabeza y empezó a dibujar un cuadrado o un círculo como para capturar algo. Le pregunté qué estaba haciendo y trató de explicarlo, ya que sus palabras se volvían confusas. Balanceó las manos y dijo: "Te lo cuento luego".

De todas las comunicaciones sobre el final de la vida, las visiones en el lecho de muerte han sido las más estudiadas a lo largo de los siglos por diversos investigadores. Historias sobre las últimas palabras dirigidas a seres queridos fallecidos y figuras de todo tipo, junto con descripciones de bellos paisajes o arquitectura, aparecen a lo largo de décadas. Cientos de historias han sido documentadas y compartidas sobre esta forma de comunicación no referencial y, sin embargo, sorprendentemente,  recién ahora estamos empezando a reconocer estas visiones y las palabras que las describen como parte del reino que las personas perciben a medida que mueren.

Existe un mundo al que parecen acceder los moribundos y que a veces se comparte brevemente con nosotros. Un estudio de investigación de 2014 en el Centro de Hospicio y Cuidados Paliativos demostró que los sueños y visiones al final de la vida son comunes. El 87 % de los participantes del estudio informaron sueños o visiones; el 72 % de estos implicaban reencuentros con seres queridos fallecidos, mientras que el 52 % de las visiones estaban relacionadas con la preparación para un viaje. Las visiones aparecían meses, semanas, días u horas antes de la muerte y, por lo general, disminuían el miedo a morir entre quienes las experimentaban, facilitando su transición. Si bien es común que las personas experimenten incomodidad, miedo, ansiedad y agitación antes de morir, “el miedo a la muerte de una persona a menudo disminuye como resultado directo de las visiones y lo que surge es una nueva perspectiva sobre la mortalidad. Las visones no niegan la muerte, sino que, de hecho, [la] trascienden».

Este conocimiento se está volviendo cada vez más común en el ámbito médico, como lo ilustra esta entrada sobre la muerte que aparece en el recurso en línea WebMD: “Las alucinaciones y visiones, especialmente de seres queridos que ya no están, pueden ser reconfortantes. Si ver y hablar con alguien que no está presente hace más feliz a la persona que está muriendo no es necesario intentar convencerla de que no es real. Podría molestarla y hacer que discuta y discuta con usted».

Los profesionales de la salud me comentan que las visiones en el lecho de muerte son cualitativamente diferentes de las alucinaciones causadas por medicamentos. Las alucinaciones incluyen imágenes de animales, insectos en las paredes, dragones, figuras como demonios y visiones de personas que critican a los moribundos, pero que estos desconocen. La mayoría de las alucinaciones se describen como molestas, a veces aterradoras y fáciles de controlar mediante cambios en la medicación. Es más probable que el paciente olvide las alucinaciones y ocurren cuando no está lúcido. Las visiones, a diferencia de las alucinaciones o el delirio, suelen ocurrir en pacientes conscientes de su entorno, y lúcidos, y estos pacientes suelen recordarlas con claridad. Madelaine Lawrence, enfermera de cuidados paliativos e investigadora, me explicó durante nuestra entrevista que cuando los pacientes tienen visiones en el lecho de muerte pueden "moverse entre mundos con lucidez y facilidad, y esta capacidad no existe cuando un paciente está muy influenciado por alucinaciones inducidas por fármacos".

Vimos en el capítulo anterior que algunas personas moribundas que tienen la capacidad de moverse entre "mundos”lo expresan con oraciones híbridas. Por ejemplo, una persona podría decir: "Consíganme lápiz y papel", refiriéndose a un lápiz y papel de verdad, y luego decir: "Necesito anotar los nombres de todos los que vienen a la gran fiesta de esta noche", cuando no hay una fiesta real y todos los asistentes mencionados han fallecido. La persona parece ser consciente tanto del mundo que conocemos como del que no vemos. Los investigadores han determinado que los moribundos hablan con las figuras en sus visiones con oraciones completas, mientras que esto no ocurre con frecuencia cuando las personas tienen alucinaciones. Mis transcripciones y relatos confirman este hallazgo. Muchos seres queridos informaron haber escuchado a sus seres queridos mantener conversaciones complejas con amigos y familiares fallecidos.

Martha Jo Atkins, educadora y consejera sobre la muerte, identificó las siguientes características asociadas con las visiones de los moribundos: experiencias trascendentales, necesidad de partir, compañía personalizada, comunicación con personas invisibles, consuelo positivo y un proceso de comprensión. Tanto Lawrence como Atkins nos animan a tener una "consideración positiva”por la experiencia de la persona moribunda, incluyendo cualquier visión que pueda tener. Lawrence me explicó que es importante que "validemos". La persona puede estar viendo a amigos o familiares fallecidos, ángeles, figuras religiosas, animales, hombres de negro o quizás escuchar música hermosa. Es importante reconocer la experiencia de la persona moribunda, aunque no la compartamos. También recomienda encarecidamente que apoyemos a nuestros seres queridos animándolos a hablar libremente sobre lo que ven. En nuestra entrevista, señaló: «Cuando alguien se está muriendo quiere conectar emocionalmente con sus seres queridos antes de partir».

Así pues, si bien sabemos que estas visiones existen y que poseen características que las diferencian significativamente de las alucinaciones causadas por medicamentos, aún queda la duda de si son meros trucos de un cerebro moribundo o si realmente representan la existencia de ángeles o espíritus que nos ayudan en la transición al más allá. ¿Podría ser que estemos biológicamente programados para tener estas visiones reconfortantes en momentos que, de otro modo, podrían ser aterradores, de la misma manera que nuestros cuerpos se inundan de endorfinas o experimentamos un shock adormecedor cuando sufrimos lesiones graves?

Mi amiga y excolega, la Dra. Erica Goldblatt Hyatt, y yo hablamos de esta cuestión un día. «La programación evolutiva tiene como objetivo aumentar nuestra supervivencia, ¿verdad? Entonces, ¿por qué estaríamos programados biológicamente para encontrar consuelo o incluso trascendencia en la muerte?», me preguntó. «Si hablamos de funcionamiento puramente biológico, ¿no se seleccionaría nuestra supervivencia en función de rasgos que no contribuyen a una experiencia de muerte pacífica y reconfortante?». Su pregunta es acertada. ¿Es posible que la muerte represente un proceso enteramente metafísico en el que todas las reglas que podrían aplicarse a nuestros cuerpos físicos y a la supervivencia del más apto se abandonan por completo en favor de algo más? ¿Abandonamos el mundo físico y todas sus reglas, incluidas las del lenguaje literal, para entrar en otro mundo que solo podemos percibir al mirar desde el umbral entre la vida y la muerte?

Isabelle Chauffeton Saavedra, médium psíquica, investigadora y autora se crió en una familia de científicos y posee sólida formación en física y matemáticas. Ha dedicado su vida a conciliar los dos polos de su vida: su formación científica y su trabajo psíquico.

Una de las muchas maneras en que comprende sus propias capacidades psíquicas y mediúmnicas es, como me explicó, a través de la comprensión de nuestro mundo natural: «Hay un universo que no vemos, pero eso no significa que no exista. Si observamos el reino animal, por ejemplo, muchos tienen acceso a información que nosotros no tenemos. Nuestros sentidos procesan solo una pequeña parte de la información que existe en el universo».

De hecho, Isabelle tiene razón. Considera toda la información que otros animales perciben y nosotros no. Las mariposas pueden ver marcas ultravioleta en otras mariposas, lo que les permite encontrar parejas más sanas. Los renos dependen de la luz ultravioleta para encontrar alimento e identificar fácilmente la orina absorbente de rayos ultravioleta de un depredador en la nieve que la refleja. Los pétalos amarillos de las Susanas de ojos negros tienen marcas ultravioleta que forman una diana en el centro de cada flor, lo que atrae a las abejas. Varios animales utilizan la ecolocalización tanto para orientarse como para cazar. Emiten sonidos de alta frecuencia, y los "ecos”de estos sonidos les ayudan a formar imágenes del paisaje. Algunas especies, como los peces eléctricos y las anguilas, ecolocalizan con impulsos eléctricos. Usando sus propias voces para la ecolocalización, los murciélagos pueden orientarse con rapidez y precisión. Muchos animales perciben y responden al campo magnético terrestre. Especies que van desde hámsteres, salamandras, gorriones y truchas arcoíris hasta langostas espinosas y bacterias interactúan con el campo magnético.

Mientras los humanos vivimos en un mundo dominado por la vista y el oído, las feromonas son una fuente primaria de información para muchos animales. Estas sustancias químicas comunican una variedad de cosas, desde estrés y alarma hasta peligro y fertilidad sexual. Las hormigas tienen entre diez y veinte feromonas que utilizan para estructurar su sociedad. Las hormigas en realidad se comunican a través de la liberación de estas feromonas como si estuvieran construyendo palabras en una oración.

La comunicación y la información se presentan de diversas formas en todo el reino animal. El lenguaje y los sentidos humanos ocupan solo una parte del espectro de lo perceptible.

La investigación de Kenneth Ring y Sharon Cooper sobre personas ciegas sugiere que los humanos potencialmente tienen una percepción más amplia cuando están "fuera del cuerpo". También sabemos que ciertos cambios en el cuerpo pueden influir e incluso ampliar la percepción, como ocurre en los estados de trance, alterados e iluminados, mencionados en el capítulo anterior.

Un ejemplo fascinante de cómo una ligera degradación de nuestros sentidos puede llevar a una mayor percepción es el artista Claude Monet. A medida que el gran artista envejecía, desarrolló cataratas. Carl Zimmer escribe: “Tras años de tratamientos fallidos, a los 82 años aceptó que le extirparan por completo el cristalino del ojo izquierdo». Una vez extirpado el cristalino los pigmentos azules de los ojos de Monet captaron «parte de la luz ultravioleta que rebotaba en los pétalos. Empezó a pintar las flores de un azul blanquecino». En parte, esto es lo que asociamos con la brillantez única de Monet: fue capaz de brindarnos una visión del mundo que a menudo pasa desapercibida.

Isabelle Chauffeton Saavedra me explicó:

“Cuando hago visiones remotas o lecturas psíquicas, intento captar toda la información contenida en la estructura del universo. Hay tantas cosas que no percibimos con nuestros sentidos, pero ¿significa eso que no existen?”

Un ejemplo de esto fue una lectura que realizó para la familia de un joven en coma. Como es su costumbre, les dijo que no quería recibir información previa, pues no quería que nada le impidiera recibir información precisa. Mientras meditaba escuchó la frase "martes, viernes, martes, viernes”en la voz de un hombre. En ese momento no le pareció lógico pero luego descubrió que esos eran los días en que recibía visitas de su familia. "Este tipo de cosas pasan todo el tiempo", explicó. Sin contexto, esas palabras tenían poco sentido, como cuando Malynda Cress describió la ininteligibilidad de "Háblame de los pájaros". Isabelle dijo: "La información que parece absurda es probablemente la más poderosa porque es la que mi mente analítica no filtra ni comprende". Me contó que cuando hace una lectura intenta obtener información del reino de lo invisible. "Todo lo invisible es información incrustada en la estructura del universo. El papel del psíquico es acceder a ella".

Isabelle y otros psíquicos que entrevisté explicaron que la información de y sobre los fallecidos reside en ese vasto campo que no percibe el cerebro tridimensional de cinco sentidos, el cerebro que procesa el lenguaje. Isabelle parafraseó a Antoine-Laurent Lavoisier, químico francés del siglo XVIII: «Nada se crea, nada se pierde, todo cambia de forma». Me dijo: «Lo que dijo pretendía aplicarse a la química de la época pero, en realidad, es el principio fundamental de nuestro universo. Tus seres queridos estuvieron aquí en el origen de todo, como tú, y todavía están».

Sabemos que, dados nuestros cinco sentidos, solo percibimos un campo limitado de información. Isabelle sugirió: «Hay cosas que tienen sentido para los moribundos, no para los demás, a medio camino entre lo material y lo inmaterial. Ellos vislumbran el mundo de lo invisible».

¿Venimos de ese vasto universo de lo invisible? ¿Regresamos a él? ¿Puede nuestro lenguaje rastrear el camino desde este mundo tridimensional hasta ese otro? Quizás el lenguaje no referencial de los moribundos sea una indicación de que sí puede.

 

CAPÍTULO OCHO. Canciones de cuna y despedidas. ¿Nuestro primer y último idioma es el no hablado?

 

No hubo palabras, pues los labios de la persona no se movieron, ni los míos tampoco. Pero hubo palabras. Era una pregunta: "¿Estás listo?”— Tim, participante del Proyecto Palabras Finales.

 

Aunque otras especies se comunican de diversas maneras, desde feromonas hasta ecolocalización, ninguna otra tiene el aparato físico y cognitivo para producir el complejo lenguaje hablado del Homo sapiens.

La icónica frase, «En el principio era el Verbo», resuena con fuerza al considerar la importancia del lenguaje en la creación de la vida y la cultura humanas. Nuestra capacidad de hablar y desarrollar un lenguaje complejo nos distingue de otros miembros del reino animal. Es como si las palabras nos dieran vida y las herramientas para crear las importantes conexiones sociales que han hecho posible la supervivencia de los humanos. Animales más grandes podrían haber exterminado a nuestros antepasados, pero el lenguaje fue uno de los pocos atributos que nos ayudaron a prosperar.

Al nacer, un niño puede percibir unos 800 sonidos diferentes, llamados fonemas, que pueden combinarse para formar las palabras de los idiomas de todo el mundo. Cuando un niño cumple aproximadamente seis meses, se abre un misterioso portal en su cerebro. De repente, el bebé está listo para empezar a aprender su lengua materna. De los 800 fonemas potenciales dominará solo los específicos de su lengua materna. Esto podría significar tan solo 11 fonemas si aprende rotokas, una lengua de Papúa Nueva Guinea, o hasta 112 fonemas si aprende !xóõ, una lengua de Botsuana, o un número intermedio si aprende, por ejemplo, inglés, con 44 fonemas. Este período de adquisición de fonemas es lo que los neurocientíficos denominan el «período sensible» y dura solo unos meses, pero se prolonga en los niños expuestos a sonidos de una segunda lengua.

Si bien el balbuceo del bebé no tiene sentido, los lingüistas saben que estos sonidos también son la base de la adquisición del lenguaje. En cuestión de dos a tres años la mayoría de los humanos aprenden a reconocer los sonidos y a adquirir las estructuras básicas de su lenguaje, lo que les permite comunicarse con sus cuidadores y compañeros.

A los siete años la mayoría perdemos la plasticidad que nos permite aprender otros idiomas con la facilidad y fluidez de años anteriores. A medida que nuestras palabras cobran forma, nuestro mundo cobra forma; y el lenguaje literal, basado en esta realidad tridimensional de cinco sentidos se forja a partir de lo que comienza como un vasto potencial que percibimos como balbuceos.

La telepatía podría ser nuestra primera forma de comunicación.

Entonces, ¿cómo es que el Homo sapiens ha sobrevivido, si nuestro principal medio de comunicación —el lenguaje hablado— no se forma bien en la infancia, la etapa más vulnerable de nuestras vidas? Aunque a los humanos les toma meses, incluso años, hablar una lengua materna, nuestros cuidadores a menudo comprenden lo que necesitamos, y nuestra supervivencia está asegurada.

Muchos dirían que esto sucede porque los bebés "hablan”con sus padres mediante llantos y gritos. Esto es cierto, pero a menudo los padres parecen saber lo que sus bebés, que lloran y arrullan, quieren y necesitan. Muchos han descrito que, si bien no pueden comprender el llanto del hijo de otro padre parecen percibir lo que sus propios hijos necesitan.

Los investigadores Geoffrey Leigh, Jean Metzker y Nathan Metzker explican que esto podría deberse a una forma única de comunicación entre padres e hijos pequeños. El equipo de investigación investigó el lenguaje en las comunicaciones entre padres e hijos al inicio del proceso de adquisición del lenguaje, tema que se aborda en su artículo inédito de 2012, "Teoría de la Esencia". Sus estudios indican que padres e hijos se comunican de forma enérgica y telepática antes de dominar por completo el lenguaje hablado. A medida que los bebés adquieren el lenguaje hablado su capacidad para comunicarse de forma no verbal disminuye. Explican que el mismo tipo de comunicación que se documenta en las experiencias cercanas a la muerte, como "telepática y no lingüística", puede darse en las comunicaciones entre bebés y sus cuidadores.

Esta forma de comunicación ignora el aparato fonador y la articulación de los fonemas y las secuencias de palabras e ideas de una lengua materna. ¿Podría la comunicación no lingüística descrita por quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte existir también entre padres e hijos y representar una forma de comunicación a ambos lados del umbral? Como recordarás, la comunicación telepática es uno de los rasgos distintivos importantes en las descripciones de quienes han muerto y regresado. Las dos siguientes descripciones son de personas que entrevisté para el Proyecto Palabras Finales:

“Mi madre, fallecida hace varios años, me habló. Lo entendí todo. Debía seguirla. No había palabras, no como las concebimos nosotros. Simplemente sabía que debía seguirla; todo su ser se comunicaba conmigo. Esta figura,  figura de luz, me hablaba a través de mis pensamientos. Hablábamos, nos comunicábamos de la manera más profunda sin pronunciar una sola palabra, o lo que consideramos palabras. Ella simplemente sabía todo lo que pensaba y todo sobre mí”.

La articulación de las palabras a través de la laringe corresponde a nuestra manifestación en este mundo. A medida que nos alejamos del mundo, también aumenta nuestra dependencia del lenguaje hablado para conectar con nuestro entorno externo.

Sue Ronnenkamp, ​​participante del Proyecto Palabras Finales, compartió estas historias de comunicación de nuevas formas no verbales con su madre moribunda:

“Mamá era una gran comunicadora, de hecho una de las mejores. Pero entonces, después de su derrame cerebral, todo cambió. Recuerdo claramente que un día estuve sentada toda la tarde en silencio con mamá en su habitación. Yo leía en su mecedora, y ella estaba en su sillón reclinable dormitando o simplemente en silencio. Antes de cenar una auxiliar de enfermería entró en la habitación para su revisión previa. Mamá se animó en ese momento, me presentó a la auxiliar y luego dijo: «Mi hija y yo hemos estado teniendo una conversación maravillosa». Fue tan sincera con sus palabras que me vi obligada a cambiar mi perspectiva. Quizás, de alguna manera, nos estábamos comunicando como antes, pero a un nivel al que no tenía acceso esa tarde. Después de ese incidente, cedí, me entregué al silencio y me relajé con mamá de una manera completamente nueva.

Con el tiempo, aprendí a escucharla con mucha atención cuando hablaba y compartía cosas conmigo. Descubrí que mi madre aún estaba dentro de ella. Su sabiduría y sus percepciones me dejaban sin aliento a veces... Sabía cosas de maneras...Sigo sin entenderlo. Por ejemplo, ella supo cuando empecé a salir con un nuevo novio, aunque no se lo había contado a nadie de mi familia. Esto me hizo darme cuenta de que el sexto sentido de una madre puede ser más fuerte de lo que creemos”.

Leigh, Metzker y Metzker sugieren: “Puede que sean nuestros bebés quienes nos enseñen sobre la 'realidad' en el sentido de una conexión energética y consciente más amplia, incluso cuando vemos los cuerpos como separados”. En la discusión de los autores, proponen la noción de esencia, y que la esencia existe más allá y antes de la adquisición del lenguaje verbal.

Los vínculos telepáticos que existen entre seres queridos, especialmente entre padres e hijos, se hacen muy evidentes en nuestros últimos días, como vimos en el ejemplo de Sue, mencionado anteriormente. La religiosa Cari Rush Willis compartió una historia sobre el poderoso vínculo entre una madre y su hija moribunda, separadas por continentes (también recibí varios otros ejemplos de historias que ilustran este tipo de comunicación a través de la distancia):

“Antes de que mi querida amiga Yukiko falleciera su amiga y yo estábamos sentadas junto a su cama escuchando el silencio y admirando la belleza de nuestra querida amiga. Entonces se volvió hacia nosotras y, en voz muy baja, dijo: «Mi mamá estuvo aquí. Tuvimos una conversación maravillosa. Fue muy bueno volver a verla». Yukiko continuó contándonos detalles de la conversación. La amiga de Yukiko me susurró: «Su madre vive en Japón. Es imposible que estuviera aquí». Pregunté a Yukiko: “¿Recuerdas el momento en que tu madre estuvo aquí?”. Ella respondió: “¡Oh, sí!” y de inmediato, con todo el entusiasmo que su pequeño y frágil cuerpo pudo reunir, nos dijo la hora exacta.

Al día siguiente, mientras estaba sentado junto a Yukiko, su amiga de toda la vida entró en la habitación con mirada emocionada. Me di cuenta de que estaba a punto de estallar por la noticia que estaba a punto de darme, así que guardé silencio. Me preguntó: ¿Conoces esa historia sobre la madre de Yukiko de ayer?. Respondí, "Sí, claro". Y la amiga continuó: “Bueno, le escribí a la madre de Yukiko, como suelo hacer para ponerla al día sobre su estado y no te lo vas a creer pero la madre de Yukiko dijo que estaba hablando con ella al mismo tiempo, ¡sobre exactamente lo mismo! ¡Qué increíble!”. Le sonreí y dije: «El amor de una madre trasciende el tiempo y el espacio. ¡Qué maravilloso que tengamos pruebas de ello!».

Terri Daniel, autora de Abrazando la muerte y, Un cisne en el cielo, describe la notable evolución de sus dones telepáticos/psíquicos cuando su hijo Daniel, con una enfermedad terminal, perdió la capacidad de hablar:

“A medida que mis habilidades telepáticas aumentaban, la capacidad de Danny para hablar disminuía. Antes de su enfermedad era un niño normal con lenguaje superior, pero a medida que la enfermedad avanzaba fue perdiendo gradualmente el habla junto con la mayoría de sus otras capacidades físicas. Durante la última etapa de la enfermedad podía expresarse con suficiente claridad como para hacerme saber si tenía hambre o frío, y responder a preguntas sencillas con una sola palabra. Pero cuando murió llevaba casi dos años sin palabras. Habíamos aprendido a comunicarnos mediante una forma natural de telepatía, similar a la forma en que las madres se comunican con sus niños pequeñitos”.

¿Podría ser, entonces, que al morir, el lenguaje que articula nuestras identidades personales y culturales a lo largo de la vida da paso al lenguaje de lo que Leigh, Metzker y Metzker llaman "esencia". Es decir, volvemos a lo que podría considerarse nuestra forma esencial de comunicarnos al abandonar el plano físico donde se desarrollaron nuestras personalidades. ¿Es posible que, al cruzar el umbral, algunos regresemos a lo que parece un balbuceo, como si cruzáramos el portal mismo del lenguaje donde nace la vida?

Cambio de forma: símbolos y habla temprana.

La enfermera Susan Lynch explicó en una publicación de Facebook: «He sido enfermera de partos durante veinticuatro años y he acompañado a muchas personas en proceso de fallecimiento. Siempre supe que terminaría mi carrera en cuidados paliativos, o en algún tipo de enfermería al final de la vida. Muchos piensan que es extraño, pero en realidad son lo mismo».

Winn Mallard, hija de un pastor, se sintió tan conmovida por lo que presenció en los últimos días de su padre que escribió el libro “La muerte es un milagro”. Winn transcribió y compartió conmigo las últimas palabras de su padre durante varios meses. Un día me envió un correo electrónico sobre una conversación que tuvo con Mary, una veterana trabajadora social de cuidados paliativos, en el que hablaron sobre las similitudes entre los bebés y los moribundos. Winn habló sobre cuán similares eran las transiciones del nacimiento y la muerte:

“Así como cada mujer y recién nacido tiene su propia forma de dar a luz y entrar al mundo, cada humano tiene su propia forma de salir del mundo. A veces es rápido y fácil, a veces lento y fácil, a veces intenso, a veces no. Los bebés tienen hipo a menudo, ... y las personas mayores también. Los bebés necesitan ser alimentados, y las personas mayores también. Y una vez que los niños pequeños empiezan a aprender palabras, a menudo dicen tonterías, cosas sin sentido, mensajes que provienen de un lugar más allá de los sentidos”.

La conexión entre el sinsentido en nuestros primeros días y su surgimiento en nuestros últimos días es convincente. De igual manera, la prevalencia de las referencias a formas básicas como círculos y cajas en las transcripciones de los moribundos también son convincentes. Quienes investigan el desarrollo de la primera infancia han establecido que los humanos tienen una capacidad innata para comprender las formas. Los bebés pueden reconocer la diferencia entre un círculo y un cuadrado. Las formas son una de las maneras más básicas en que los humanos mapean el mundo que los rodea. Al igual que los fonemas que forman la plantilla en la que se basa nuestro lenguaje hablado, las formas forman el plano que nos permite desarrollar la conciencia y la comprensión espacial; también sirven como base para la lectura y la escritura. ¿Es posible que al morir, regresemos a algunos de los elementos cognitivos más esenciales a medida que nuestra conexión con este mundo se deconstruye? ¿Podría ser que estos elementos visuales primarios estén conectados con el mundo invisible?

William Stillman argumentaría que este podría ser el caso. Stillman es médium psíquico de gran prestigio y autor de doce libros sobre autismo. Él mismo padece síndrome de Asperger y ha investigado la singular iconografía simbólica tanto de autistas como de psíquicos. Habla de cómo las personas con autismo tienen dificultades para verbalizar el rico mundo simbólico en el que viven. Sus libros están repletos de ejemplos de personas autistas que viven en un mundo de símbolos que eluden el canal verbal. Ha demostrado en varios casos que este mundo silencioso es rico en conciencia precognitiva y conexiones telepáticas. Muchas de las personas que investigó escucharon pensamientos o voces muy similares a los descritos por personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte.

Stillman me explicó durante nuestras entrevistas que él, al igual que Isabelle, suele obtener la información más precisa tanto en forma simbólica como en galimatías. Ha descubierto que los símbolos "sinsentido” que surgen durante sus lecturas psíquicas tienen, en realidad, su propio significado y organización coherentes. Stillman llama a esta colección de símbolos un "léxico de iconografía espiritual". Los símbolos son coherentes, es decir, representan ciertos significados que ha llegado a comprender y recordar. Cuando, por ejemplo, hace una lectura psíquica y ve la imagen de tobillos hinchados eso siempre significa que la persona que recibe la lectura tiene antecedentes familiares de diabetes. Sin embargo, estos símbolos solo se volvieron inteligibles para él después de repetidas apariciones a lo largo del tiempo.

Me explicó que «la iconografía espiritual es como una versión etérea de las falsedades de jugadores avanzados». Una estufa de gas con un quemador encendido representa el Alzheimer o alguna otra forma de demencia. Cuando ve rosas es una comunicación espiritual que reconoce una celebración. Una visión de la entrega de armas (en la forma de alguien colocando un arma de fuego en el regazo del cliente) simboliza una figura paterna pidiendo disculpas. «Me llevó once años dominar con relativa fluidez mi iconografía espiritual personal», dijo Stillman. «No hay dos personas con los mismos iconos cuando reciben información psíquica. Los iconos se basan en nuestras experiencias personales y en cómo nuestra mente representa las cosas simbólicamente».

Su investigación demuestra que un gran porcentaje de los sujetos autistas que estudió también tenían iconografías profundamente arraigadas. A menudo, quienes viven en un mundo altamente simbólico se enfrentan a la necesidad de articular y organizar lo que saben y ven en lenguaje hablado. Él cree, al igual que yo, que el reino de lo invisible es un mundo de símbolos y metáforas, tal como a menudo vemos en el lenguaje de los moribundos.

Stillman también sugirió que las tonterías que escuchamos en las palabras habladas de personas autistas podrían ser una especie de "subproducto", como el escape de un automóvil, pero en este caso un subproducto de abandonar las formas tradicionales de procesar el lenguaje para involucrarse en una forma más simbólica y tácita. Esto parece ser paralelo a algunas de las investigaciones de Newberg sobre las regiones del cerebro asociadas con estados místicos y con una disminución del lenguaje con propósito y significado. Las tonterías o sinsentidos del autismo y las asociadas con la muerte podrían ser ambas reflejos del alejamiento del funcionamiento o procesamiento de los centros del lenguaje más orientados a lo literal y con mayor propósito.

En la infancia, esos centros del lenguaje aún no se han desarrollado y están en vías de adquirir las estructuras cognitivas y de producción de sonidos que permiten un lenguaje significativo y con propósito. Quizás al llegar los moribundos al umbral de la muerte, y oír cómo la puerta se cierra tras ellos, compartan una comprensión común. Tanto los moribundos como los jóvenes podrían tener acceso a otra forma de comunicación y percepción.

Un hombre describió cómo su padre, en sus últimos días, parecía particularmente conectado con su nieto mientras lo observaba jugar. "¿Cómo puede ese bebé estar en ambos mundos a la vez?", preguntó el moribundo. Desafortunadamente, los presentes no le preguntaron al padre qué veía ni qué quería decir exactamente.

Jerry me contó, durante su entrevista, un momento que tuvo lugar durante los últimos días de su abuela y que lo acompañó durante años. Una de sus sobrinas tenía solo dos años en ese momento y se sentó en la cama con la abuela. "Estaban cara a cara, mirándose a los ojos, y ambas balbuceaban tonterías. Recuerdo observar con asombro cómo hablaban con esas oleadas de sonidos, y ambas parecían entenderse. Tenían una conversación muy privada. Era como si se entendieran por completo", dijo riendo. A medida que el lenguaje se apoderaba de la pequeña, se aflojaba en los labios de la mayor.

Cheryl Espinosa-Jones contó que cuando su compañera, Joanne, murió a los cuarenta y cinco años, su hija pequeña estuvo muy sensible al fallecimiento:

“La noche anterior, cuando Joanne estaba abandonando su cuerpo y tan cerca de morir, nuestra hija lloró con tanta intensidad que trajo a Joanne de vuelta. Entró en su cuerpo una noche más. Al día siguiente, sin embargo, nuestra hija entró corriendo a la habitación sin ningún miedo. Mi esposa murió en paz, de una forma hermosa. Poco después del fallecimiento de Joanne mi hija señaló el techo del dormitorio y dijo: "¡Mami, mira! ¡Mira todos los pájaros!". Eso nos pareció muy significativo a todos los que estábamos en la habitación, como si seres vinieran a ayudarla a dondequiera que fuera. Había entrado en el reino de lo invisible con Joanne, a quien mi hija llamaba JiJo.

La noche siguiente mi hija durmió conmigo y en mitad de la noche se oyó un golpe fuerte al caer al suelo. Esto me despertó sobresaltada. Le pregunté qué había pasado. Me contó: «Vi a JiJo subiendo por una escalera, y ella estaba arriba,  quise acompañarla pero me dijo: '¡No, no, cariño, tienes que bajar!'». Con esas palabras, cayó al suelo”.

Los temas de esta historia son los mismos que vi en otras transcripciones: pájaros y escaleras emergen en las descripciones de lo invisible, al igual que advertencias de que solo muertos o moribundos pueden entrar en cierto territorio donde los vivos no deben ir. La claridad de la visión de la niña es asombrosa y hace preguntarme qué mundos no vemos en nuestra vida cotidiana solo para regresar a ellos quizás en nuestros últimos días.

El siguiente relato, publicado en el sitio web del Proyecto Palabras Finales, comparte las palabras de una niña que tuvo una revelación inesperada. Una mujer cuya madre acababa de fallecer recibió la llamada de su hermano, Bret: «Dijo que su hija de ocho años, Sarah, se despertó esa mañana y dijo: 'Sé que la abuela ahora es un ángel. Y ha vuelto a ser joven'. Nadie le había dicho aún que la abuela había muerto».

El lenguaje interior del coma.

El lenguaje hablado suele desvanecerse al final de la vida pero la enfermera e investigadora Madelaine Lawrence indica que la consciencia no. Su investigación sobre supervivientes del coma ofrece perspectivas convincentes sobre los estados de inconsciencia.

Lawrence determinó a través de entrevistas con 111 personas que sobrevivieron a un coma que el 27 % escuchó, comprendió y respondió emocionalmente en algún momento a lo que se les dijo mientras se les presumía inconscientes. Otro 23 %  experimentó percepción extrasensorial, incluyendo experiencias cercanas a la muerte y extracorpóreas. Su investigación en unidades hospitalarias, y en la literatura médica, revela que más del 70 % de las personas que recuperan la consciencia después de un coma recuerdan sucesos ocurridos durante el período de inconsciencia.

Este comentario de Robert, una de las personas entrevistadas por Lawrence, demuestra que las personas en coma suelen ser mucho más conscientes de lo que se cree: “Si alguien me preguntara juraría que nunca me desmayé. Por lo que a mí respecta pasé todo el proceso despierto». Sin embargo, su enfermera lo describió de otra manera: «Se le pusieron los ojos en blanco y se desmayó».

Harvey, otro de los entrevistados por Lawrence, explicó: “Fue muy extraño. Solo podía imaginar que tal vez estaba muerta. No sabía lo que era estar muerta pero creía oír, nada más. No tenía sensibilidad ni podía ver. Lo único que recuerdo, cuando oí [al médico] decir "Lo estamos perdiendo", fue intentar decir algo como: "Estoy bien, no estoy muerto ni nada". Creo que intenté hablarles, pero no pude. Era como si no tuviera coordinación muscular. Pensaba las palabras pero no las pronunciaba. Entonces creo que empecé a ser capaz de hablar y les dije algunas cosas cuando recuperé fue la voz”.

Lawrence explica: “La audición no es lo último en desaparecer, sino la consciencia». Los entrevistados informaron tener diálogo interno incluso cuando no podían oír información externa. Experimentaron sensación continua de identidad, independientemente de sus conexiones con el mundo exterior. Nuestra capacidad de comunicarnos con nosotros y pensar en esa comunicación puede seguir funcionando cuando nuestra consciencia externa deja de operar. Esta sensación interna de «yo” permanece intacta mucho después de que las demás funciones cerebrales dejen de funcionar”.

Esta continuidad del yo se expresó en la conciencia y sensibilidad de los sobrevivientes del coma hacia la energía emocional de quienes los rodeaban. Carol, otra participante de la investigación de Lawrence, relató que, aunque estaba en coma podía reconocer a sus hijos, esposo, médicos, religiosos, enfermeras e incluso al personal de limpieza que se acercaba a la cama. Explicó: “También supe que había una relación amorosa, o algo parecido, entre una de las enfermeras y uno de los médicos. Era como si pudiera leerles la mente».

Los pacientes también eran conscientes de sus propias emociones. En una ocasión, Carol escuchó a un médico decir que no tenía "nada en el lado izquierdo” y que probablemente estaría "en estado vegetativo". Esto la enfureció. Uno de los pacientes le contó a una enfermera que se había esforzado mucho por decir a su hermano que estaba bien y que no era el vegetal que el médico había dicho pero que no había podido comunicarse. En otra ocasión una paciente llamó a una unidad de enfermería después de recibir el alta para dejar un mensaje a una enfermera. Dijo: “Dígale a la enfermera que dijo que iba a estar en estado vegetativo que no lo estoy".

Lawrence escribe: “Cuando el sistema del cuerpo físico se ve comprometido por condiciones fisiológicas severas la mente consciente es reemplazada por otro sistema que permite que ocurran experiencias extrasensoriales. Durante las experiencias extrasensoriales, los sujetos típicamente informaron recibir información telepáticamente”. El estudio parece indicar que incluso cuando los mecanismos que nos conectan con nuestro mundo están deshabilitados algo dentro de nosotros continúa. Este "yo” que perdura parece ser particularmente sensible a la energía y emociones de otros y puede entender y entiende telepáticamente. Estos hallazgos corroboran el trabajo de Leigh, Metzker y Metzker en el que sugieren que hay un yo esencial que se comunica en nuestros primeros años de maneras que no son verbales. Los hallazgos también son consistentes con el trabajo de Kenneth Ring y Sharon Cooper, en el que los sobrevivientes ciegos de ECM explicaron haber sido capaces de "ver” a través de una especie de conciencia trascendental a pesar de que estaban clínicamente muertos en ese momento. No importa lo que suceda fisiológicamente, el mecanismo de comunicación interno puede funcionar mientras el externo no lo hace.

El día del atardecer: comida y perdón.

La voz interior parece surgir con rotunda claridad en el lapso de tiempo previo a la muerte que muchos profesionales de la salud llaman el día del ocaso y que los investigadores llaman lucidez terminal . Los trabajadores de cuidados paliativos me comentaron que el día del ocaso suele ocurrir unos días antes de la muerte y ofrece al menos unos minutos, y a veces un día entero, en los que el moribundo repentinamente presenta una lucidez acentuada, una apariencia más vivaz y más energía. El término lucidez terminal, que se refiere a este fenómeno, fue acuñado hace varios años por el biólogo alemán Michael Nahm en su artículo de 2009 en el Journal of Near-Death Studies, (Periódico de Estudios Cercanos a la Muerte).

Las personas que entrevisté describieron cómo sus seres queridos, que habían estado relativamente insensibles, emergieron repentinamente de su profundo estado de silencio interior y les dijeron palabras de bondad, consuelo o consejo por un breve tiempo antes de morir. Varias personas describieron una especie de resplandor o luz alrededor de sus seres queridos. Estas palabras, de correo electrónico, resumen lo que oí a menudo: «En aquellos días antes de morir, se iluminó. Su rostro se iluminó y sus ojos se abrieron de par en par».

El término “día sin ocaso” se usa a menudo porque el estallido de lucidez poco antes de la muerte recuerda a las personas los brillantes rayos del sol que inundan el cielo antes de ocultarse en el horizonte. En mis entrevistas surgieron dos temas sobre el día del ocaso: los placeres  y las reconciliaciones finales.

El padre de Rick, Dave, tenía ochenta y un años y estaba muriendo de cáncer. En esos últimos días pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo en su habitación del segundo piso de su antigua casa, a pocos pasos de su rincón favorito para sentarse: un balcón con vistas a un pequeño lago. A lo largo de su vida había saboreado las tardes de verano con una cerveza fría en la mano. Cuatro días antes de morir se despertó, se incorporó y dijo a sus hijos: «Llevadme al balcón. Quiero ver el lago. Traedme una cerveza también, ¿queréis? Una bien fría». La familia lo sacó con cariño para que pudiera sentarse en su sillón favorito mientras disfrutaba de una última botella de cerveza.

Cynthia compartió esta historia sobre el día del atardecer de su padre:

“Una de las señales más claras de que mi padre estaba muriendo era que no podía comer. Durante la mayor parte de su vida comer fue un ritual celebrado. En los días y semanas previos a su muerte no quiso comer ni beber. Hasta tres días antes de morir, mi hija y yo estábamos solas en casa con él. Él, que parecía paralizado en silencio, se despertó y dijo: «Tengo ganas de un asado, ese asado que tú haces. Y me encantaría un pastel de piña. Me encantaría».

Mi hija y yo quedamos atónitas. Cocinamos para él toda la mañana y luego le servimos como a él le encantaba. Se incorporó con fuerza, —hacía semanas que no se había sentado—, y mordió el asado como en los viejos tiempos. Entonces empezó a hHablar de su nieta y de cómo debía cuidarla bien, darle clases de guitarra y de lo preocupado que estaba por su nuera y su salud. Lo tuvimos de nuevo cinco horas y luego, tan repentinamente como volvió a la vida, pareció volver a morir y se fue a los pocos días”.

Otro participante del Proyecto Palabras Finales me dijo: “Mi padre fue uno de los que no comió durante la semana anterior a su muerte y luego, antes de fallecer, se despertó hambriento y comió mucha comida en el desayuno y en el almuerzo, justo antes de fallecer esa noche”.

Tara describió las últimas palabras de su suegro, Sam:

“Durante todos los años que estuve casada el padre de mi esposo se burlaba mucho de mi peso y apariencia. Se suponía que era una broma, pero nunca me hizo gracia. De hecho me dolía. Antes de morir dormía mucho pero un día, poco antes de ello, parecía estar despierto. Entré en su habitación y me dijo que me acercara. Me miró y me dijo con la voz más tierna que jamás le había oído: «Nunca me había fijado en lo guapa que eres. Lo siento mucho».

Christine Zagelow compartió esta historia del día del atardecer de su madre:

“Entré en la habitación del hospital y mi mamá dijo: «Dios vino a mí a las cuatro de la mañana». Mi madre se veía mejor que en semanas. Estaba sentada en la cama, con la mirada alerta y la articulación mental muy clara. Le pregunté qué había pasado, pero le resultó difícil explicarlo, salvo decir que Dios se le apareció y que todavía estaba... El borde de su cama tocaba su pie derecho. Me pregunté si podría haber sanado. Estaba tan alerta en comparación con días anteriores y hablaba con mucha energía. Entonces dijo: "¡Oh, mira esa hermosa tarjeta, y qué hermosa frase! Y, ay, esa, ¡qué maravillosos amigos y familia tengo!". Estaba leyendo con atención cada una de las tarjetas desde su cama después de que yo las hubiera colocado en la pared. La pared estaba aproximadamente a unos cuatro o seis metros de su cama. Mi madre usaba lentes correctivos desde que yo estudiaba quinto grado, y nunca antes la había visto ver desde esa distancia sin sus gafas. ¿Había mejorado su vista y su salud? Me asombró su apariencia. ¿La había curado Dios del cáncer? ¿Había ocurrido un milagro?”

Poco después, su madre falleció.

Varias personas que entrevisté compartieron historias de haber estado junto a la cama de un ser querido que no respondía ni se comunicaba y que, justo antes de morir, se incorporó y parecía plenamente consciente de quién estaba en la habitación y de lo que estaba sucediendo. Un hombre de mediana edad que entrevisté, Jason, describió cómo su hermano, que llevaba días en un sueño profundo, se despertó y se levantó. "Me miró fijamente. Al principio me asusté pero luego sentí una profunda conexión. Mi hermano dijo: 'Estoy bien'", y volvió a acostarse. Dos días después, ya no estaba.

Relatos similares incluyen los siguientes:

·         Mi madre estuvo en coma tres semanas. Un día, abrió los ojos de golpe. Me miró y me dijo: «Dile a todos que estoy bien y que los quiero». Murió cinco horas después.

·         Mi madre no se había comunicado en días. Pensé que necesitaba un respiro de todo esto. Entonces mi madre empezó a moverse. Oré, conseguí una silla y...Una hora después, su torso se levantó. Me miró fijamente y dijo: «Te amo».

·         Bill no había hablado en semanas. Me senté a su lado, esperando, con la esperanza de que dijera algo. Y entonces, una noche, abrió los ojos, extendió la mano y dijo: «No es lo que crees», y luego se sumió en el silencio y murió dos días después.

Beverly García, enfermera de cuidado paliativo, tras escuchar historias de los breves momentos de lucidez de sus pacientes antes de morir experimentó algo similar con su madre, mujer muy reservada. «Mi madre nunca pudo decirme que me amaba; pero casi un día antes de morir rompió un largo silencio y me dijo: 'Te amo, Beverly, siempre te he amado'».

Jeffrey K. contó la siguiente historia sobre su madre:

“Llevaba unos siete días desvaneciéndose rápidamente... sin comer, incapaz de subir las escaleras. Los últimos dos días se volvió un poco somnolienta, entrando y saliendo del sueño. El último día estuvo prácticamente en coma. Por la noche empecé a salir solo para descansar, pero cuando le dije a mi padre que planeaba hacerlo se movió y gimió, y decidí quedarme quieto. Unas dos horas después, mientras estaba sentado en una silla junto a su cama, recobró el conocimiento y levantó la parte superior del torso. La rodeé con mis brazos y me miró a los ojos inquisitivamente. Entonces dijo dos veces: «Ayúdame, ayúdame». Le dije: «He hecho todo lo posible... Ahora estás al límite. Ve hacia la luz». Luego se desplomó, así que la recosté boca arriba y observé cómo su respiración se ralentizaba y se detenía al cabo de unos tres minutos”.

Jordan White explicó cómo quedó atónito por la coherencia de su madre unos días antes de morir cuando empezó a hablar sobre los archivos del estudio que contenían toda la información financiera familiar. Su enfermedad de Alzheimer le había provocado la muerte de neuronas y pérdida de tejido; con el tiempo, su cerebro se había encogido drásticamente afectando casi todas sus funciones vitales. Sabiendo esto, Jordan se preguntó si el cerebro debilitado de su madre era realmente responsable de la producción del lenguaje y la consciencia en esas últimas palabras. ¿Quién, o qué, fue lo que con tanto cariño le dijo a su hijo la ubicación de los archivos después de años sin hablar con claridad?

De todos los que entrevisté sobre el atardecer, nadie contaba una historia en la que se hubieran pronunciado palabras de enojo o rencor durante ese lapso de lucidez. La mayoría incluían peticiones finales de comidas favoritas, reconciliaciones finales o declaraciones de amor, incluso de quienes nunca las habían expresado en vida. Es posible imaginar que en un momento de claridad mental un padre moribundo podría haber dicho con la misma facilidad a su hijo: "¡Por Dios! ¿No es hora de que consigas un trabajo decente y dejes a tu esposa? ¡Aquí estoy en mi lecho de muerte, y no has dignificado mi vida en absoluto!".

Bruce Greyson, profesor de psiquiatría y ciencias neuroconductuales de la Universidad de Virginia, y Michael Nahm, de Friburgo (Alemania), han comenzado a analizar con detenimiento el fenómeno del día del atardecer. El profesor Alexander Batthyany, profesor de ciencias cognitivas en la Universidad de Viena, está llevando a cabo un estudio a gran escala sobre la lucidez terminal, el primero de su tipo.

Casi todos los neurocientíficos han asumido hasta ahora que un cerebro gravemente dañado imposibilita la cognición normal. Sin embargo, Batthyany sugiere que la cognición normal, o lucidez, sí se produce a pesar de un cerebro gravemente dañado, como en los casos mencionados. Señala que esto ocurre en aproximadamente entre el 5 % y el 10 % de los casos de Alzheimer, y solo cuando la muerte está muy cercana.

Se sabe que la lucidez terminal ocurre incluso cuando el centro del habla del paciente ha sido destruido, y algunos individuos moribundos han ganado movilidad cuando antes no la tenían. Es un área notable de la medicina, mínimamente estudiada, a pesar de la abundancia de anécdotas recopiladas a lo largo del tiempo. Estos relatos podrían sugerir una distinción crucial entre el cerebro, que obviamente muere, y el yo —el usuario del cerebro—, que podría no morir.

Conexiones sin palabras: tacto o contacto.

La educadora sobre la muerte, Martha Jo Atkins, me contó que, «cuando las personas se acercan mucho a la muerte suelen hablar menos y empiezan a extender la mano como si quisieran tocar algo o a alguien. Una mano se levanta y luego se mueve en una sinfonía de movimiento. A menudo, un cambio se extiende por el rostro de la persona; a veces, la parte superior del cuerpo se ilumina».

Recuerdo que por un instante, en los últimos días de la vida de mi padre sus manos apuntaban hacia el techo y revoloteaban como mariposas. Sus manos se extendían hacia arriba y sus dedos acariciaban el aire; era como si se acercara a alguien que yo no podía ver.

El siguiente comentario de Rachel es típico entre los participantes del Proyecto Palabras Finales: “Cuando mi madre estaba en su última hora de vida dormía y, de repente, se despertó, miró hacia un rincón de la habitación y extendió las manos como si quisiera tocar a alguien”. A menudo, en los últimos días, se dicen pocas palabras, pero la esencia de la persona aún permanece.

Melinda Ziemer, terapeuta, escribe en su artículo “Cuidados al final de la vida: La espiritualidad de vivir al morir”:

“Sé por experiencia que si no tienes miedo de mirar a los ojos de los moribundos a menudo descubrirás que sus ojos, sin palabras, revelan la belleza secreta de su ser más íntimo. Para mí, los moribundos dieron un nuevo significado a la expresión «los ojos del corazón». Uno desea responder a esa mirada con una mirada que diga: «Entiendo que toda la plenitud de tu vida está en este momento, y es un honor poder mirarte a los ojos. La proximidad de la muerte no me asusta. Quiero estar aquí contigo. Este momento es tuyo”.

En la siguiente historia, Winn Mallard habla sobre su conexión con su padre a pesar de los cambios y la reducción en su capacidad para hablar:

“Papá estaba tan emocionado de verme, y después de saludarnos alegremente me preguntó: "¿Y tú quién eres?". Su cuerpo se estremeció ligeramente cuando dije: "Soy Winn". Luego preguntó: "¿Cómo sé que eres Winn?". Y después de unos minutos de reflexión, dije: "Bueno, ¿qué te dice tu corazón? ¿Sientes una chispa familiar en él? ¿Te sientes cómodo estando en mi presencia?". Me miró profundamente a los ojos durante un rato. Dije: "¿En tu corazón me sientes? ¿En tu corazón somos uno?” mientras nos mirábamos fijamente a través de nuestras ventanas de cristal. Repitió mis preguntas como afirmaciones; tal vez lo sintió. ¡Claro que sí! Papá y yo somos uno, y tenemos la eternidad”.

La vida comienza sin palabras y, en muchos casos, termina de la misma manera. De hecho, de donde venimos y adonde vamos puede ser el mismo lugar, y podemos usar el mismo lenguaje no lingüístico —un lenguaje tácito compartido entre corazones y mentes— en ambos lugares. Este tipo de comunicación no verbal fue identificado en los sueños y visiones de los moribundos por Pei C. Grant, directora de investigación del Instituto de Cuidados Paliativos, quien ha realizado una extensa investigación. Escribe: “Una afirmación que escuchamos de la gente es que se dice muy poco en sus sueños y visiones pero extraen de ellos un gran significado y consuelo».

La enfermera de cuidado paliativo Judy Warren mantuvo varias conexiones telepáticas con sus pacientes durante treinta años. Se comunicaba en lo que ella llama el "lenguaje del alma". Explicó que, al estar junto a las camas de sus pacientes, podía ver, oír y sentir información que luego descubría como cierta. Esto abarcaba desde peticiones finales hasta información específica sobre cuándo morirían. Describió cómo los médicos con los que trabajaba llegaron a confiar en su misteriosa capacidad para saber cuándo moriría un paciente. "Los médicos, por supuesto, no sabían que me comunicaba telepáticamente con los pacientes, pero sabían que a menudo acertaba".

Malynda Cress, voluntaria de cuidado paliativo, cuenta haber tenido muchas experiencias en las que escucha, ve y siente los pensamientos y sentimientos de sus pacientes moribundos, incluyendo información sobre cuándo morirán. Ha descubierto detalles que de otro modo no habría conocido sobre la vida de sus pacientes, así como lo que estos desean compartir con sus familiares y amigos antes de morir.

¿En qué se diferencia este "lenguaje del alma” del literal y ordinario? Los psíquicos, y quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte, explican que la comunicación en el mundo de lo invisible no necesita estructuras físicas como las cuerdas vocales. Mientras que los sonidos asociados con el lenguaje hablado están secuenciados en el tiempo, las comunicaciones telepáticas no. La comunicación no es lingüística y, a veces, simultánea. Raymond Moody compartió conmigo una cita de su amigo y mentor, el doctor George Ritchie. Ritchie había tenido una experiencia cercana a la muerte y describió la comunicación de esta manera: "La hipocresía no es posible en el más allá. Lo que dices es lo mismo que piensas". Ritchie explicó que el pensamiento y la comunicación durante una ECM son uno solo; ocurren simultáneamente. Por lo tanto, es imposible pensar una cosa y decir otra, como solemos hacer en nuestras vidas ordinarias, tridimensionales y de cinco sentidos.

  

CAPÍTULO NUEVE. Te llamaré cuando llegue allí. Comunicación después de la muerte.

 No llores mucho, deja que esa risa de tu amor ilumine los cielos porque siempre te escucharé. — Escritura automática inspirada en mi padre. wisto

Como vimos antes es posible que la comunicación comience telepáticamente en la infancia y que regresemos a ese "lenguaje del alma” no lingüístico al morir. Las historias de comunicación después de la muerte nos ofrecen la oportunidad de considerar que tanto la comunicación como la consciencia continúan más allá del umbral a través de los medios simbólicos y telepáticos que se analizaron en el capítulo anterior.

Cuando me propuse investigar las palabras finales no tenía intención de escribir ni investigar sobre la comunicación después de la muerte. Sin embargo, personas de todos los ámbitos compartieron sus historias de sincronicidades fascinantes. Me quedó claro que cualquier análisis de las palabras en el umbral estaría incompleto sin al menos un breve vistazo a estos relatos. Los que he incluido reflejan solo una pequeña parte de las historias que me compartieron. De hecho, muchas más personas experimentaron algún tipo de comunicación después de la muerte de lo que jamás imaginé.

El Proyectode Comunicación Después de la Muerte de Bill y Judy Guggenheim, fundado en 1988, informó haber recibido miles de relatos de comunicación después de la muerte. Julia Assante, en su libro The Last Frontier, escribe: “El porcentaje de personas que informan haber tenido contacto con los muertos, en las encuestas, oscila entre el 42 y el 72 por ciento. El porcentaje de viudas que tienen contacto con sus esposos fallecidos puede alcanzar el 92. Si las encuestas hubieran incluido a los niños y los encuentros en el lecho de muerte, que son extremadamente comunes, los porcentajes habrían sido aún mayores. Un impresionante 75 por ciento de los padres que perdieron a un hijo tuvieron un encuentro dentro del año posterior a la muerte del niño. Pero el 75 porciento de todos los que tuvieron encuentros informaron no haberlo mencionado por miedo al ridículo».

Vimos en el capítulo anterior que, si bien Judy Warren, enfermera de cuidados paliativos, fue lo suficientemente precisa como para que los médicos confiaran en sus pronósticos para sus pacientes moribundos, no les dijo que su conocimiento de cuándo los pacientes iban a morir se relacionaba con mensajes telepáticos de éstos. Comunicar esto sin duda habría mermado la credibilidad que había cultivado a lo largo de sus tres décadas de carrera como enfermera.

Sin embargo, muchas personas —desde psiquiatras a profesores, fontaneros y contables— compartieron relatos de sus comunicaciones con moribundos y muertos. Lo que sigue se basa en información de un profesor adjunto de ciencias farmacéuticas y biomédicas cuyos encuentros telepáticos cambiaron su perspectiva sobre la supervivencia de la consciencia.

Cuando era estudiante de química era escéptico por naturaleza y esperaba que las cosas se demostraran con hechos. Sin embargo, su forma de pensar cambió durante el tiempo que trabajó en una morgue. El joven académico describió cómo, cuando trabajaba con los muertos, tenía la clara sensación de que había gente en la habitación observándolo. Era como si lo invisible le hablara telepáticamente, y el mensaje siempre era el mismo. "Los espíritus de los muertos visitaban sus cuerpos para asegurarme de que todo estuviera bien", me dijo. Fue entonces cuando llegó a creer que la consciencia sobrevive: "Todo lo demás en la naturaleza y la vida se recicla. ¿Por qué no la consciencia?"

Tras trabajar en la morgue el joven consiguió trabajo repartiendo pizzas. Una noche lo enviaron a un edificio anodino y sin letreros. Al entrar le invadió la sensación de que allí habían muerto muchas personas, pero eran personas comunes y corrientes. No había rostros ni detalles específicos en las imágenes que veía en su mente. Tenía la sensación de que eran como bebés, o casi bebés.

"¿Es una clínica de abortos?", preguntó a alguien que trabajaba allí. “Sí”, respondió la persona. Lo era.

Recibió información de forma no verbal. En el caso de la clínica de abortos la información le llegó tanto en imágenes como en los sentimientos de los anónimos. Si bien el relato del científico es notable, sobre todo porque proviene de un escéptico nato, no es en absoluto único.

Los participantes en mi estudio compartieron conmigo una amplia gama de comunicaciones de moribundos y fallecidos. Entre ellas se encuentran relatos de premoniciones de muerte. En mis entrevistas, escuché varias historias que demuestran que quienes están a punto de morir a menudo parecen tener conciencia premonitoria de su muerte inminente.

Premoniciones de muerte.

Sarah Brightwood, cuya hija de diecisiete años falleció trágicamente en accidente de coche, encontró un hermoso poema olvidado en el escritorio de su hija adolescente escrito por ella el 4 de febrero de 2015, tres días antes de morir. Lo escribió el día que fue a pasar dos días con su novio. El accidente ocurrió mientras conducía de vuelta a casa. Según la experiencia de Sarah, estas fueron las últimas palabras de Emily:

Donde pertenezco

No me siento abrumada

en la oscuridad de la mañana

o el resplandor de la noche.

Ya sea el Sol o la Luna

susurrando su dulce rapsodia

hacia los cielos majestuosos

encuentro un silencio infinito

en cada momento salvaje

Saber que tengo un lugar

aquí abajo, las estrellas brillantes

y nubes ondulantes.

Con los pies en la tierra

y mis brazos extendidos

abrazando el cielo —

yo, pertenezco.

 

Sarah me escribió por correo electrónico: «Emily dejó algo increíble. No me di cuenta hasta unos días después de su muerte de que había pegado estas palabras en el refrigerador:  venir / gastar / tiempo infinito / lejos ».

Las últimas palabras de su hija, de hecho, parecían expresar una conciencia dulce y sabia de los acontecimientos que iban a desarrollarse en los días venideros.

Mi padre también parecía tener una premonición de su muerte. Apareció en cientos de fotos a lo largo de las décadas, pero una destaca como la más memorable. Seis semanas antes de morir, y antes de que hubiera indicios de que estuviera cerca, estaba de vacaciones con mi madre en México. Un amigo se les había unido y en un día soleado, con la cámara en la mano, se volvió hacia mi padre y le dijo: «Morty, aquí tienes un bolígrafo. Escribe algo en la palma de tu mano que revele algo sobre ti». Con grandes letras negras escribió «visitante», y luego rio y dijo: «¡Solo estoy visitando el planeta!».

Los sueños nos advierten de la muerte.

Los sueños suelen avisarnos de la proximidad de la muerte de un ser querido y también pueden advertir de la nuestra. El siguiente relato comparte un sueño que cumple ambas funciones.

Tom soñó que la cúpula atmosférica que rodeaba la Tierra se derrumbaba y extendió los brazos para evitar su caída y evitar que todos los habitantes de la Tierra se asfixiaran. Esa noche una buena amiga suya, Florence, ingresó en el hospital por última vez, jadeando mientras moría. En ese momento atribuyó el sueño a su muerte esa noche. Más tarde, ese mismo año, Tom comenzó a tener problemas respiratorios. Recordó el sueño de la cúpula colapsando y su cualidad premonitoria en relación con Florence. Sintió que la imagen también era una advertencia. Tras convencer a los médicos de que tomaran en serio sus preocupaciones descubrieron que una de sus arterias estaba completamente bloqueada y deformada. «Sé que la única razón por la que estoy vivo para compartir esta historia», contó a sus amigos en una publicación «es porque reconocí la importancia del sueño».

Él dijo adiós en mi sueño.

Los sueños no solo nos ofrecen perspectiva sino también un espacio para que nuestros seres queridos, ya sea que estén muriendo o hayan fallecido recientemente, se comuniquen con nosotros. Sophia Diamond compartió esta historia sobre su padre, típico relato que he escuchado muchas veces:

“Vino a mí en un sueño y me dijo: «Tengo que irme, tengo que irme. No tengo otra opción. Tengo que irme». Lo vi pasar a mi lado como si se fuera a algún lugar. Unos días después de despertar de esta visión mi padre falleció. Le dije antes de morir: «Si mueres y me dejas envía un arcoíris y hazme saber si hay otro lado». Y sí, después de su funeral tuve un arcoíris enorme en mi patio”.

Los arcoíris aparecen en los relatos de varias personas con las que hablé, tanto durante, como antes o después de la muerte. La explicación racionalista, por supuesto, es que estas cosas ocurren de forma natural y luego les atribuimos un significado, especialmente a partir del dolor y la pena. Esto puede ser cierto en algunos casos, pero hay tantas historias de este tipo que la simple coincidencia no parece explicarlas todas. Las sincronicidades abundan en la vida, especialmente en los días y semanas posteriores a la muerte de alguien.

Christine Zagelow tuvo este sueño sincrónico sobre su hermano, Mick, la noche después de su muerte:

“Mick me vino en un sueño. Vestía ropa de motociclista de cuero marrón y estaba junto al actor de cine James Dean, que también andaba en moto. A la mañana siguiente dos amigos motociclistas de Mick entraron en casa y querían saber si Mick había venido a mí en sueños. Chocaron las manos, porque Mick les había dicho que vendría a mí en sueños para mostrarles que había llegado al "otro lado” y que se encontraría con James Dean cuando llegara”.

El ser amado está radiante y saludable.

Terri Segal, terapeuta matrimonial y familiar, me compartió este sueño sobre su hermano, relato que también publicó en el Journal for Spiritual and Consciousness Studies, en 2015:

“Tras la muerte de Duffy empecé a experimentar cosas extraordinarias. La primera, apenas dos días después de su fallecimiento, fue una visita onírica en la que Duffy apareció radiante, sano y un poco más joven. Me llamó por su apodo, T. En una pequeña habitación, caminé hacia él reconociendo lo feliz que estaba de verlo. Sonrió ampliamente y gritó: "¡Hola, T!". A medida que me acercaba se desvaneció lentamente. Le pedí que se quedara pero seguía desapareciendo y, entonces, me desperté. Había una viveza en su voz, una claridad en su presencia. Me habló directamente. Después de eso, comenzaron a ocurrir muchas sincronicidades”.

No es momento de pagar.

Mi madre compartió este sueño sobre mi padre seis semanas después de su muerte. Cree que era un mensaje suyo que le aseguraba que aún tenía tiempo antes de morir. «Tu padre y yo estábamos de viaje, como solía ser. Él entró en el hotel pero yo no pude entrar en la habitación y entonces me di cuenta de que debía salir del hotel pero no tenía la llave. Entonces oí a tu padre decir: «Tienes mucho tiempo antes de irte, pero cuando llegue tu hora yo tengo la llave».

Aunque nunca antes había creído en la comunicación después de la muerte, sintió una fuerte conexión con él y una profunda tranquilidad. Se rio y dijo: «El mensaje fue claro: ¡Aún no es hora de irse!».

Estos sueños de "visitas” de seres queridos suelen tener características muy diferentes a las de los sueños habituales. Las características distintivas incluyen colores mucho más brillantes, profundos e intensos que los de los sueños habituales. Las personas informan lo mismo sobre la calidad de los colores durante una experiencia cercana a la muerte. A menudo, no solo se ve al ser querido en el sueño sino que también se siente profundamente; algunas personas incluso describen sentirse conmovidas de alguna manera. A veces hay sinestesia en el sueño, una intensificación y fusión de los sentidos visual, auditivo y cinestésico. Por ejemplo, Tricia, quien tuvo una experiencia cercana a la muerte, describió este fenómeno: «Estaba sentada junto a un arroyo mágico. El arroyo estaba formado por ondas ondulantes de colores brillantes. El arroyo fluía con un sonido encantado. Si pudieras escuchar el arroyo aunque fuera un segundo, probablemente nunca sentirías miedo ni ira». Sentir sonidos, oír imágenes y saborear ritmos son ejemplos de sinestesia. La capacidad de experimentar dicha síntesis se describe tanto por poetas como por personas en estados místicos o alterados, y a menudo es indicador de visitas y sueños precognitivos.

Raymond Moody informó que en las experiencias cercanas a la muerte, cuando las personas se encuentran con sus seres queridos fallecidos en el más allá, estos suelen aparecer como en la flor de su vida. Esto también suele ocurrir en los sueños.

Finalmente, en los sueños los seres queridos transmiten mensajes muy claros. A diferencia de los sueños comunes, que pueden ser caóticos y confusos, los de visita suelen transmitir mensajes claros y específicos, como en los dos descritos anteriormente.

Negoció quince años más.

Bella Mckenzie, maestra de primaria, compartió una historia de la "premonición” de su padre sobre la muerte. Era padre estricto y rara vez mostraba mucho afecto. Tampoco era hombre muy espiritual, y cuando Bella tenía siete años, su padre sufrió un infarto que lo dejó muerto durante casi seis minutos. En ese momento no compartió lo que le sucedió durante ese periodo, pero se transformó en un hombre diferente. "Era más cariñoso en todos los sentidos", explicó Bella, "y la familia se convirtió en el centro de su vida".

Cuando Bella era adolescente su padre contó a la familia lo que había sucedido el día que tuvo el infarto y aparentemente murió: había pasado por un túnel, visto una luz brillante, y se comunicó telepáticamente con una presencia sabia y amorosa. En la conversación su padre había negociado con la voz, que él percibía como la de Dios. Había suplicado a Dios vivir quince años más porque tenía siete hijos que criar. Dios accedió con una condición: tenía que vivir con más espiritualidad y amor en los años venideros. El padre de Bella accedió.

Contó los quince años desde el suceso y llegó hasta el mes de agosto. Bella continuó: «Y murió en septiembre. ¿Será eso una profecía autocumplida? No lo creo», me dijo Bella. «Creo firmemente que mi padre tuvo un encuentro con Dios y que su premonición se basó en algún tipo de encuentro real cuando murió y luego regresó».

Tuve un presentimiento.

Nuestros seres queridos no solo tienen premoniciones sobre su muerte sino que también familiares y amigos pueden presentir que algo anda mal. Pueden experimentar síntomas, como un ataque de ansiedad o dificultad para respirar, para luego descubrir que un ser querido acaba de morir. La siguiente historia lo ilustra.

Mark estaba de visita con su amigo Pete, que vivía a unos once kilómetros de la casa de sus padres. De repente la ansiedad lo invadió y dijo a Pete que tenía que volver a casa para ver a su familia. No tenía ni idea de por qué, pero condujo a toda velocidad. Al mismo tiempo su hermana lo llamó pidiendo a Mark que volviera a casa inmediatamente. Minutos después, al acercarse a la casa, la ansiedad se disipó. Al doblar la esquina vio una ambulancia en la entrada y a su padre tendido. Poco después, en el hospital, su padre fue declarado fallecido. "Fue como si mi padre me hubiera llamado o inducido a venir, como si me llamara para pedir ayuda".

Bajo la piel.

Terri Segal, cuyo sueño con su hermano Duffy se describió anteriormente, comenzó a experimentar poderosas oleadas de energía tras su muerte. Al igual que Mark, sintió una conexión con su amado al momento de su muerte y, posteriormente, esta conexión fue principalmente cinestésica, percibida en su cuerpo.

“Duffy partió de este mundo el 24 de julio de 2014. Puedo decir que esa mañana supe, casi en la piel, que se había ido. Acababa de acostarme cuando de repente sentí un golpe sordo, o más bien un empujón, en la espalda. Lo registré casi inconsciente, y pensé: «Qué raro», y me dormí. Resulta que el momento en que sentí el empujón fue justo cuando falleció.

Una noche de septiembre tuve mi primera "experiencia energética". Dos meses después de la muerte de Duffy llegué a casa del trabajo, desconsolada y cansada. Me acosté en la cama con los brazos extendidos y las palmas hacia arriba. Lloraba y me preguntaba: "¿Cómo puedo seguir adelante? ¿Cómo puedo aceptar esto?". Le pregunté espontáneamente si quería visitarme. Le dije: "Duffy, te quiero y te extraño; siento mucho no haber podido salvarte. ¿Podrías perdonarme y, por favor, venir a visitarme?". Recibí una respuesta.

En cuestión de segundos una sensación de energía ondulante inundó mi palma derecha. Sentí durante varios minutos oleadas de energía, pulsando, circulando, acariciando mi palma y mi antebrazo. Parecía que enviaba una energía suave, juguetona y fuerte para mostrarme que aún existe en una forma diferente. El pensamiento que me vino fue: «No me he ido, solo existo en un nivel diferente y siempre estaré en tu corazón, amándote y conectado contigo, hermana».

—¡Eres tú, Duffy, te siento! —pregunté si de verdad era él. Le pedí que me apretara la mano. Sentí una chispa en mis dedos y presión alrededor de mi antebrazo y mano.

Soy mujer racional, profesional y, aun así, esto fue un desafío incluso para mi nivel de apertura y curiosidad. Pensé brevemente: ¿Estoy teniendo una alucinación, algún tipo de psicosis del duelo?

Sorprendentemente he sentido la presencia de esta energía todos los días, al menos dos veces al día desde septiembre de 2014. Todos los días le pido que me visite. Todos los días he sentido esta energía, con ligeras variaciones, pero siempre con mayor intensidad en mi brazo derecho y la palma de la mano. Sigo pidiendo estas experiencias y escribiendo sobre ellas.

Timbres, alarmas y bombillas.

Entre las sincronicidades más comunes se encuentran las relacionadas con la electricidad. He recibido muchos relatos de personas que recibieron mensajes en el momento de la muerte de alguien, o poco después, comunicados mediante electricidad: timbres, alarmas y bombillas.

Deirdre, trabajadora social, me contó una anécdota sobre su cuarenta cumpleaños. Había invitado a su amigo Richard a celebrarlo. Mientras bebían vino antes de cenar, el timbre empezó a sonar. Deirdre fue a abrir la puerta principal, pero no había nadie. El timbre no paraba, no dejaba de sonar, algo que nunca antes había sucedido. Richard, que era contratista, le dijo que era un cortocircuito, pero incluso después de hacerle ajustes seguía sonando. A la mañana siguiente Deirdre recibió la noticia de que un muy buen amigo que vivía fuera del país había fallecido repentinamente a causa de un cáncer poco común que ella desconocía. El amigo había fallecido media hora antes de que sonara el timbre. "¿Cómo lo explica?", me preguntó.

Otro incidente eléctrico cumplió la promesa de una esposa a su marido. Su hijo, Thomas, presentó esta historia. Unos días después de que la madre de Thomas muriera su padre estaba acostado en la cama pensando en su querida esposa. Recordó que una vez habían acordado que quien muriera primero daría al otro algún tipo de mensaje para transmitir que había vida después de la muerte. Justo cuando este pensamiento cruzó por su mente hubo un gran estruendo en la casa. Thomas se preocupó pensando que su padre había caído o lastimado así que corrió escaleras arriba. Había vidrio por todas partes. El globo de cristal que contenía la bombilla en el viejo cuarto de costura de su madre había explotado. Sin embargo, la bombilla del interior estaba intacta y aún funcionaba. Su padre le dijo: "Pregunté tranquilamente a tu mamá si me iba a dar una señal de vida después de la muerte, entonces el globo explotó”. La lámpara había estado allí durante más de veinte años y el anillo y los tornillos estaban intactos.

Veamos esto que me contó Winn. Este hombre me dijo que creía que una alarma de humo que sonaba fuera de control era una comunicación de su querido Coleman. El talentoso Coleman había tocado en una banda llamada Smoke.

“La primera noche me di cuenta de que era Coleman y que estaba haciendo sonar la alarma de humo. Enseguida comprendí que no era una avería mecánica. Me levanté de la cama, salí y empecé a hablar con él. El pitido paró hasta la noche siguiente, cuando volvió a sonar sobre las cuatro. Unos días después mi hermano Rob entró con su familia y la alarma de humo solo sonó una vez. Le dije a Rob que creía que era Coleman pero se dispuso a desconectarla riéndose de mi comentario. Entonces dijo: «Qué raro; la batería parece estar bien». Escuchamos uno o dos pitidos más durante la siguiente hora, y luego un último pitido junto con la alarma al otro lado de la habitación”.

Renee tuvo una serie de experiencias relacionadas con la muerte de su madre que incluyeron muchos de los elementos presentados anteriormente: una presencia energética palpable, extraños sucesos con electricidad y objetos personales y significativos que aparentemente actúan como transmisores de mensajes del más allá. Escribió:

“Cuando [los familiares de Renee] llegaron alrededor de las 8 y media, el director del crematorio les informó que no había electricidad en toda la zona de la manzana por lo que era imposible cremar a mamá ese día. Nos habían informado previamente de que nunca hacían cremaciones los fines de semana. Supongo que mamá tenía otros planes. La incineraron un sábado.

Un poco más tarde, ese mismo viernes, en Petaluma [California], estaba trabajando en el ordenador de mi oficina cuando intenté encender la lámpara del techo. Tenía cuatro bombillas. No encendía. Nunca habíamos tenido problemas eléctricos en mi oficina. Pedí a mi esposo, Steve, que viniera a arreglarla. Intentó varias cosas sin éxito. Luego salimos a dar un paseo. Cuando regresamos, la caja con algunas pertenencias de mamá que me había enviado por correo unos días antes estaba en el porche. La llevé y luego volví a mi oficina. La luz del techo estaba encendida. La noche siguiente estábamos sentados alrededor de la mesa del comedor cuando vimos la misma luz en mi oficina parpadeando varias veces.

Llamé a mi hermano, Sean, en Portland [Oregón], para informarle sobre estos extraños sucesos eléctricos. Me contó que, al regresar a su estudio fotográfico, se produjo una sobretensión que inutilizó varios equipos.

De vuelta en Petaluma un par de días después, estaba en mi oficina, a altas horas de la noche, hablando con mi hija, Bryn, sobre mamá. También estaba sentada frente a mi ordenador esperando el primer borrador del obituario de mamá, enviado por Sean por correo electrónico. De repente se fue la luz. Miré mi reloj. Eran las 10 horas y 55 minutos. Salí a la calle y me di cuenta de que todas las luces de la calle, a doce manzanas del río, estaban apagadas. Exactamente dos horas después, se encendieron de nuevo. A la mañana siguiente revisé mi correo electrónico. El correo de Sean con el borrador del obituario de mamá había llegado la noche anterior. Tenía la hora marcada a las 10 y 55 minutos, la hora exacta en que se fue la luz”.

Hablando de alta tecnología.

Se han registrado relatos de comunicación entre moribundos y fallecidos a lo largo del tiempo y de las culturas. Nuestros relatos actuales incluyen esta nueva variante: los mensajes de texto. El siguiente relato, que me envió Debbie Ribar, proviene de su cuñada Joanne Moylan Aubé:

“Mi padre falleció el pasado enero mientras yo estaba sentada afuera con mi madre, (a kilómetros del centro de vida asistida donde estaba internado). Mi hermano estaba a su lado en ese momento porque respiraba con dificultad y se acercaba al final. No estaba consciente. Mientras yo estaba sentada tranquilamente en el patio trasero de mi hermano, mi iPhone emitió un sonido similar al pitido de Siri. Miré el teléfono y vi un mensaje que apareció como si lo hubiera escrito yo. Decía: "Se estaba yendo con fuerza, puede que solo sean gases y malestar, puede que esté a punto de empeorar, que ahora tenga neumonía, puede que me canse, estoy deprimido, ya no estaré por aquí".

Me asusté y llamé a mi hermano, quien se quedó tan impactado como yo con el mensaje. Después de leerlo una y otra vez, deduje que significaba: "Respiro con dificultad y puede que esté a punto de palmar. Puede que ya esté listo para irme. Parece neumonía. Quizás me esté cansando. Estoy decaído y ya no estaré aquí”.

Mi padre nunca ha escrito mensajes de texto ni entendido los iPhones ni la tecnología y, claramente, no estaba consciente en el sentido que conocemos. No sé si recibió ayuda terrenal o si simplemente su energía pudo transmitirme un mensaje. Se llamaba Raymond Aubé”.

Un esposo afligido, Ka Lok, recibió un misterioso mensaje de texto de una compañía de taxis después de que su esposa perdiera el conocimiento tras varios derrames cerebrales. El mensaje decía que el taxi que había solicitado había llegado a su lugar de trabajo y que el conductor no vio a nadie. Ka Lok no había pedido un taxi, ya que siempre conducía hasta su oficina en Plenty Road 95. Sin embargo, su esposa, Elizabeth, solía tomar un taxi a veces desde su lugar de trabajo. A esa hora, que era medianoche, mientras su esposa estuviera inconsciente, no habría razón para tomar un taxi a casa. Ka Lok me dijo: «De hecho, esa noche, antes de perder el conocimiento, dijo que quería irse a casa. Estoy convencido de que ahora está en casa y que su vida continúa en el más allá».

Cuando Ka Lok me envió su historia por correo electrónico me envió una foto del mensaje de texto de la compañía de taxis que dice: "El conductor que enviamos indicó que no pudo encontrarlo en Plenty Road 95. Si aún necesita un taxi en esta dirección, responda que sí".

Quizás podría haber otras explicaciones. Y para muchos de los relatos, existen otras explicaciones porque representan sincronicidades y la sincronicidad parece, en la mayoría de los casos, ser una de las características definitorias de las comunicaciones que las personas perciben como enviadas desde el otro lado del umbral. Este mensaje de texto de la compañía de taxis también podría explicarse de diversas maneras; sin embargo, es difícil escapar de la intensidad de estas "coincidencias".

Sincronicidades en la naturaleza.

Mucha gente me comentó que diferentes animales aparecieron poco después de la muerte de sus seres queridos. Un tema común es la aparición de aves y mariposas que mantienen un contacto cercano mucho más tiempo del que se esperaría normalmente. Eran comunes las historias de aves que parecían revolotear en las ventanas y mirar hacia adentro durante largos periodos.

Rich Shlicht explicó que salió a caminar, poco después del fallecimiento de su madre, pensando en cuánto deseaba que ella le diera alguna señal de la otra vida. Poco después apareció un gorrión y caminó con él por el sendero, pegado a sus talones, sin miedo, durante más de una hora. El pájaro lo siguió a casa y se posó en el alféizar de la ventana de su dormitorio, donde permaneció durante minutos, como diciendo: «Aquí estoy, hijo. Todo está bien».

Las aves eran las especies más comunes en estos relatos, pero también escuché historias de mariposas, perros y gatos. «A los pocos minutos de fallecer mamá oímos a un gato maullar muy fuerte afuera, en el patio. Continuó así durante mucho tiempo. No había visto ni oído un gato en los días previos ni posteriores a la muerte de mamá». Curiosamente, estas especies también aparecían en las visiones de los moribundos. No había otros animales en mi muestra de comunicación en el lecho de muerte ni después de la muerte.

Posesiones personales.

También son comunes las historias sobre objetos personales que parecen transmitir mensajes de los moribundos. Kaye Elliott compartió esta historia sobre una especial caja de madera:

“Mi hija era amiga de una joven de veintitrés años llamada Ruth, que asistía a un círculo de desarrollo dirigido por la Iglesia Espiritista en un esfuerzo por desarrollar su dotes psíquicas. Se ofreció a intentar contactar con mi madre y luego apareció con el dibujo de una caja de madera tallada con un borde interior y decorada con un patrón de diamantes blancos. Contenía un trozo de papel, algunas joyas y botones. Dijo que mi madre era corpulenta y que su segundo nombre podría ser Emma. De hecho, era corpulenta, pero su segundo nombre era Ethel.

No sabía de la existencia de una caja así; mi madre vivía a ochenta kilómetros de distancia y Ruth nunca la había conocido ni visitado su casa. Dejé de pensar en el asunto. Sin embargo, al vaciar el bungaló de mi madre unos días después mi hija dijo de repente: «Mira, mamá», y me entregó una caja de madera tallada con un patrón de diamantes blancos en la parte superior (dispuestos de forma ligeramente diferente a los del dibujo) que contenía exactamente lo que Ruth había dicho. No había nada escrito en el papel. Años antes, mi madre y yo habíamos estado hablando sobre si creíamos que había vida después de la muerte y le hice prometer que me contactaría si moría antes que yo. No se me ocurre ninguna explicación lógica para este suceso, ni tampoco a mi marido, bastante escéptico, lo cual es asombroso”.

Como en los ejemplos anteriores, las sincronicidades están estrechamente relacionadas con los intereses o temas de la vida de la persona, al igual que las metáforas y símbolos que aparecen en el lenguaje de nuestros últimos días. La siguiente historia de la hermana de un fotógrafo lo ilustra claramente.

El hermano de Renee, Sean, era fotógrafo profesional y falleció de cáncer de pulmón a los cuarenta y ocho años. Tenía un hijo y meses después de la muerte de su padre el niño se preparaba para celebrar su undécimo cumpleaños. El año anterior, Eugenia, la madre de Renee y Sean, también había fallecido. Mientras Renee conducía a casa desde el trabajo, el día del cumpleaños de su sobrino, ella imaginó una conversación con  su madre y hermano, pidiendo que, de alguna manera, se unieran a la familia para la cena. Momentos después de que todos los familiares estuvieran a la mesa oyeron un fuerte estruendo en el piso de arriba. Renée subió corriendo a ver qué había pasado. Una de las fotografías que había en un estante del pasillo había caído al suelo y el marco metálico y dos cristales estaban desarmados. La foto estaba boca abajo. Renée le dio la vuelta. Era una foto de su madre y su hermano. De las más de treinta fotos que había en el pasillo esta era la única de Sean que incluía a su madre, Eugenia. En los diez años que Renée llevaba teniendo fotos en el pasillo ningún marco había caído. Llevó la foto a la mesa del comedor como símbolo de reencuentro.

Están tocando nuestra canción.

Mucha gente compartió historias de una canción emblemática que apareció en momentos y lugares conmovedores. Un ejemplo de esto proviene de Kathleen Stiles:

"Morning Has Broken” era una de las canciones favoritas de Bob. La cantamos muchas veces, incluido un servicio religioso de Pascua en Bután. La noche antes de su fallecimiento Bob estaba prácticamente en coma, sin poder hablar. Uno de sus amigos cercanos estaba en la habitación con él. Le dije: "Vamos a cantar para ti". Él respondió: "La, la, la” (cosa que decía a menudo). Le cantamos "Morning Has Broken” y pusimos la versión de Cat Stevens en un iPhone. A la mañana siguiente una amiga que tocaba el arpa para pacientes de cuidados paliativos llamó. No sabía que Bob había fallecido pero dijo que se despertó sintiendo que debía ir a tocarle la canción.

Meses después de que Bob falleciera, yo trabajaba en una escuela de inglés para estudiantes internacionales, donde doy clases. Extrañaba mucho a Bob. Abrí un diccionario y encontré una vieja copia mimeografiada de la letra de "Morning Has Broken". Nunca había visto un papel así, y no lo he vuelto a ver. No existía una máquina tan antigua en la escuela por aquel entonces. Poco más de un año y medio después fui a una médium/terapeuta de regresión a vidas pasadas que toca música para ayudar a la gente a abrirse a la experiencia. La primera canción que sonó fue una versión instrumental de "Morning Has Broken". Le pregunté si siempre tocaba la misma música. Dijo que no, pero que toca la canción que le dictan. Incluso el domingo pasado, tuve otra experiencia con esta canción. Fui a escuchar al médium Hollister Rand hablar y dar mensajes en la Iglesia Espiritualista de Santa Bárbara. Le dije a Bob que sería bueno escucharlo allí, aunque siento que lo escucho a menudo por mi cuenta. No recibí un mensaje hablado del médium, pero el primer himno que cantamos fue "Morning Has Broken".

Gestalt de Sincronicidades.

Elaine Unell, profesora jubilada de educación para superdotados, compartió las coincidencias que ocurrieron antes y después de la muerte de su esposo. Las sincronicidades crearon una gestalt que formó una narrativa sostenida, similar a las narrativas metafóricas y simbólicas que vemos en el lenguaje de los moribundos. Algunas sincronicidades parecen triviales y otras más drásticas. Sin embargo, el efecto combinado a lo largo de los días previos y posteriores a la muerte de su esposo fue profundamente significativo y reconfortante para Elaine.

A lo largo de la enfermedad de su esposo el número 18 adquirió cada vez mayor importancia. Elaine, que es judía, explicó: “La palabra judía para 18, Chai, significa 'vida', así que cuando lo ingresaron en la unidad de cuidados intensivos cardíacos y lo colocaron en la habitación 18 lo tomé como una señal de esperanza”. Cuando un amigo le preguntó cuál era su número favorito para ponérselo en una camiseta de los Cardinals, Ron articuló "18". Ron falleció el 18 de septiembre (9/18). Golfista de toda la vida, Ron solía jugar 9 o 18 hoyos. Durante unos seis meses, el día 18 de cada mes, a Elaine le parecía que recibía "señales de él", ya fuera encontrar dinero, verlo y sentirlo en sueños u otras pequeñas sincronicidades.

Sin embargo, estas sincronicidades numéricas eran solo el principio. Antes de su muerte, Elaine se sentaba con él en el hospital y se entretenía con un juego para iPad llamado Criptogramas. A cada letra se le asigna una letra diferente para representarla, y luego se escribe una cita con las letras asignadas. El solucionador usa la lógica y el razonamiento para determinar qué representa cada letra y finalmente descifra la cita. Las citas se seleccionan al azar de todos los géneros y épocas. En ese momento en particular, la cita que Elaine estaba resolviendo era de Sócrates. Elaine me envió una captura de pantalla del criptograma. Había completado todas las letras menos una. El criptograma (recordemos que está en inglés) decía: «Ha llegado la hora de partir, y cada uno toma su camino: yo para morir, y tú para vivir. Lo cual es mejor sólo Dios... (k)nows (ahora)».

La k que pertenece a (knows) sabe, nunca fue resuelta, pero dio la impresión de que debía leerse “ahora”, lo que le daba una sensación de inmediatez o, al menos, un doble sentido.

“Después de ver esto, me sentí enferma”, explicó Elaine. “Sentí como si recibiera un mensaje de la Fuente diciéndome que iba a morir. Pero no podía, no quería, permitir que eso sucediera todavía. Sin embargo, la sensación de que el final se acercaba era omnipresente, y la cita de Criptograma era una inquietante premonición de ello”.

En la semana siguiente, el esposo de Elaine tuvo dos muertes aparentes y regresó para luchar con valentía. Las máquinas lo mantuvieron respirando y la sangre fluyendo por su cuerpo mientras se sometía a una docena de cirugías durante los siguientes dos meses y medio. Elaine esperaba que pudiera recibir un trasplante de corazón, pero una infección en la cavidad torácica lo impidió. Lo sacaron de la lista de espera para trasplante de corazón. Explicó: «La opción era dejarlo vivir de esta horrible, dolorosa y encarcelada manera mecánica, o soltar su cuerpo y liberar el alma de su forma humana. Esta [liberación] era lo que él deseaba, probablemente antes de lo que quienes lo amábamos queríamos aceptar. Tuvo la valentía de darnos esperanzas de recuperación, pero los médicos nos aseguraron que era hora de dejarlo ir». El 18 de septiembre de 2014 su esposa y sus seres queridos más cercanos lo rodearon y a las 7 y 32 de la tarde., mientras contemplaban una triste y hermosa puesta de sol desde su ventana, exhaló su último suspiro.

Mientras Elaine miraba al horizonte quedó impactada por lo que vio. El sol se ponía tras los rascacielos, a lo lejos, y el cielo se teñía de amarillos, naranjas y morados. La vista desde la ventana del hospital era hermosa y reconfortante. Casualmente, (o quizás, en retrospectiva, un presagio), en mayo de 2014, justo antes de que su esposo enfermara, ella estaba tomando una clase de pintura al óleo. Mirando algunas fotos le costaba decidir qué pintar. Entre las imágenes que examinaba había una de ella y su esposo en un crucero, con el atardecer al fondo. Elaine me dijo: «Algo me atraía constantemente hacia esa foto. En la foto mirábamos a la cámara, pero decidí pintarnos en silueta y nos giré como si estuviéramos viendo el atardecer». Mientras Elaine contemplaba la última escena desde la ventana de la habitación del hospital la noche de su muerte, le impactó lo inquietantemente evocadora que era la vista que tenía frente a ella a esa última pintura.

Con los años, Elaine ha desarrollado la práctica de la escritura automática y ha recibido muchos mensajes que parecen provenir del "otro lado". Según su experiencia con otros fallecidos, las mejores comunicaciones comenzaron dos semanas después de su fallecimiento. Por ello, dos semanas después de la muerte de Ron comenzó a pedirle mensajes. Cuando preguntó por el mensaje del Criptograma, estas fueron las palabras que surgieron:

“Elaine, cuando recibiste ese mensaje, yo también lo recibí. Nos lo dijeron a ambos al mismo tiempo, de diferentes maneras. Oí una voz en mi cabeza que me decía precisamente eso, y estaba bastante seguro de que significaba que iba a morir, pero no quería creerlo. Tú también recibiste ese mensaje y no querías creerlo, pero era cierto, y ahora sé y puedo decirte que lo que tengo aquí es mejor que la vida en forma humana. Todos necesitamos soportar la vida humana para aprender y crecer para el desarrollo de nuestra alma, pero de este lado hay mucho más de lo que sabes allá. Todo está bien y como debe ser. No te sientas mal por mí. Simplemente vive tu vida tan feliz como puedas. Sigue tu buen camino y llegarás aquí cuando sea el momento adecuado. Eres amada, Ron”. wisto

Escritura automática.

Al igual que Elaine, varias personas que entrevisté experimentaron mensajes de sus seres queridos mediante escritura automática. Terri Daniel, en su libro A Swan in Heaven, habla de los mensajes de la otra vida que recibió de su hijo adolescente, quien se comunicó telepáticamente con ella después tras su muerte. Danny murió con dieciséis años después de luchar con un trastorno degenerativo que había comenzado cuando era activo y saludable niño de siete años. Esa enfermedad lo transformó en  adolescente en silla de ruedas que precisaba pañales, no podía hablar ni usar las manos. Fue mudo durante los últimos años de su vida pero una hora después de su muerte comenzó a "hablar” con su madre. Terri explicó que, como Danny perdió la capacidad de hablar, sus habilidades telepáticas aumentaron y que esa capacidad continuó después de su muerte.

Unos catorce días después del fallecimiento de mi padre una mañana me desperté y escuché su voz con la misma claridad que cuando estaba vivo. Me dijo: «Por favor, escribe este poema y dáselo a tu madre». Mi padre, poeta, recitó este primer poema de lo que serían más de treinta poemas en dos años:

Porque siempre te escucharé.

Incluso en el cielo

ninguna luz brilla

tanto como Susan.

El cosmos canta para ti

a medida que pasan los días,

y me convierto en las montañas

con su anhelo por la primavera

después de largos inviernos nevados.

Estamos casados ​​para siempre,

como un barco al puerto,

Incluso mientras navego

este vasto mar de galaxia;

siempre eres mía, amada

Susana,

y los poemas te llaman más allá

de las costuras de los ángeles

a tus lágrimas rotas.

No llores demasiado tiempo.

Deja que esa risa de tu amor

ilumine

los cielos, porque yo

siempre

te escucharé.

 Aunque estos poemas brindaron gran consuelo a mi madre en su momento de dolor, al principio me sentí un poco incómoda. No quería engañarla si eran solo producto de mi imaginación. Me desconcertaba la presencia de este lenguaje, pero también me atraía su belleza y sabiduría. ¿De quién era la voz? ¿De mi padre? ¿Mía? ¿La voz del inconsciente colectivo? Aunque los poemas eran un misterio para mí, escribí las palabras, pues me parecía, entonces, una extensión natural de todas esas semanas que pasé sentado a su lado, anotando sus últimas palabras.

Transcribir sus últimas palabras me ofreció una manera de adentrarme en el mundo de mi padre y seguirlo más allá, de donde surgieron sus poemas. Al hacerlo, sentí lo que el gran compositor Johann Sebastian Bach expresó en sus últimas palabras a su esposa: «No llores por mí, voy a donde nace la música».

Nunca imaginé que mientras mi padre agonizaba podría sentirme tan cerca de él y de la Fuente; más cerca que nunca en esos últimos días y horas. Y lo que me sorprende ahora es que su voz y su presencia siguen conmigo, de maneras que jamás imaginé posibles, sobre todo considerando lo escéptico que era mi padre. Esta conexión comenzó mientras él agonizaba y yo seguía sus últimas palabras.

Experiencias de muerte compartida.

Uno de los recuerdos más vívidos que tengo de las últimas semanas de mi padre fue despertarme en mitad de la noche en mi casa, que estaba a una hora en coche. Miré el reloj digital con sus números rojos brillando en la oscuridad: marcaba las 3 y cuarto. Sentí como si la habitación estuviera llena de gente. Susurré a mi marido: "¿Sientes algo?". Entonces vi remolinos de energía y sentí como si mis abuelas estuvieran allí. "Creo que mi padre está muriendo". Dije: "Algo está pasando". Mi marido dijo: “Tu mamá te llamará si pasa algo. Vuelve a dormir”.

Cuando fui a visitar a mi padre al día siguiente pregunté a mi madre cómo iba todo. Me dijo: «Qué cosa más rara. Tu padre se despertó a las 3 y cuarto y empezó a hablar de toda la gente que había en la habitación. Dijo algo sobre que la habitación estaba tan llena que no tuvo tiempo de hablar con toda esa gente». ¡Qué extraordinario! Fue como si, de alguna manera, él y yo compartiéramos una experiencia fuera del tiempo y el lugar habituales. Aprendí que una experiencia como esta se llama experiencia de muerte compartida, un término acuñado por Raymond Moody.

Mi padre y yo conectamos en esa experiencia. Y gracias a esa conexión, escuchar su voz recitándome poemas después de su muerte me resultó muy natural. Por qué algunos conectamos con nuestros seres queridos durante el proceso de morir, e incluso después, es un misterio que William Peters, terapeuta matrimonial y familiar, fundador del Proyecto Cruces Compartidas, ha abordado en sus talleres.

Shared Crossings trabaja con familias y personas para enseñar sobre las experiencias profundas y sanadoras que se pueden experimentar durante el proceso de morir, con especial atención a cómo las personas pueden lograr una mayor conexión con sus seres queridos al cruzar el umbral. Peters me explicó que al acompañar a los moribundos a menudo podemos tener profundas experiencias espirituales. Familiares y amigos pueden presenciar cambios únicos en la habitación de la persona moribunda; por ejemplo, sentir o ver una luz, calor, niebla u otras cosas raras, o experimentar comunicación telepática con un ser querido o sentir la presencia de lo invisible en la habitación.

Como muchos han expresado en este capítulo, a través del proceso de morir podemos experimentar una fuerte conexión no solo con nuestros seres queridos, sino también con la Fuente. Peters explica que existe un vórtice de energía asociado con la muerte y el morir, similar a la energía cargada que muchas personas sienten en una habitación donde acaba de nacer un niño. Habló sobre la poderosa energía de ese vórtice y cómo, a menudo, aquellos que aprenden a sintonizarse con las energías de la muerte y el morir no sólo crean relaciones más profundas con sus seres queridos sino que también obtienen una mayor percepción y comprensión espiritual que puede aliviar el dolor y el miedo asociados con el final de la vida. Peters dice que este proceso de alineación permite a los seres queridos "entrar en el vórtice que parece abrirse al morir". Esta fue claramente mi experiencia y la de tantos otros que compartieron conmigo sus palabras e historias de los últimos días de sus seres queridos, incluso de los momentos durante y después de la muerte.

Muchas de las personas que entrevisté compartieron conmigo el conocimiento de que alguien a quien amaban, y que había fallecido, seguía con ellos. Estas historias vienen de personas de todos los ámbitos (sociales, culturales) que sienten que la comunicación después de la muerte elevaba su espíritu y brinda una conexión más profunda con lo Divino y con sus seres queridos. Si comunicaciones como estas fueran solo fruto de la imaginación podemos preguntarnos si tendrían la profunda capacidad de consolarnos, animarnos y ofrecernos tanta comprensión y sabiduría, y si veríamos tantas sincronicidades, tantas experiencias compartidas a kilómetros y horas de distancia.

 

CONCLUSIÓN. Escuchar es curativo. Algunas palabras finales.

 ¿Oyes esa música? ¡Es tan hermosa! Es lo más hermoso que he escuchado en mi vida. Adiós. — Claire, participante del Proyecto Palabras Finales, a sus hijos adultos unas horas antes de morir.

 

¿Qué podría verse desde el umbral? ¿Y qué palabras dirás al contemplarlo? Todos algún día pronunciaremos, pensaremos o soñaremos nuestras últimas palabras. Y la mayoría algún día estaremos junto a la cama de alguien que lo hará. Para quienes vivimos lo que existe más allá del umbral es un misterio, como lo fue para todos los que nos precedieron.

Relatos únicos y convincentes.

En este trabajo titulado LO DICHO CAMINO DEL NICHO Palabras en el Umbral de la Muerte, analizo los patrones que encontré en las más de mil quinientas expresiones registradas en el Proyecto Palabras Finales. En su mayoría encontré patrones y temas agrupados, con algunas excepciones fascinantes. Estas excepciones provienen de fuentes confiables, así que la pregunta es: ¿por qué surgieron tan pocas a través de la investigación? Sin embargo, vale la pena mencionarlas aquí, ya que abren la posibilidad de una mayor investigación y mayor respaldo a la noción de la supervivencia de la consciencia, particularmente en lo que respecta a vidas pasadas.

La reencarnación surge repetidamente en los relatos de quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte, pero solo aparecen rastros de ella en las transcripciones del Proyecto Palabras Finales. Este relato que me envió Charles Griffin, autor de Darwin Plus!, fue el más conmovedor:

“Lo más cerca que he estado de una prueba directa de la reencarnación fue durante una conversación con un religioso congregacionalista que me contó haber presenciado muchas veces a moribundas afirmar ver "la luz” antes de fallecer definitivamente. Este religioso me contó que estaba  oficiando en el lecho de muerte de un hombre de veintidós años cuando ésste comenzó a desfallecer y diijo, sin venir a cuento: "Acordamos veintidós años esta vez". El oficiante hizo la pregunta obvia: "¿Con quién acordamos?". Pero el joven no dijo nada más y se desvaneció. El ministro estaba seguro de que "esta vez” implicaba "otras veces", lo que solo podía significar "otras vidas". Esto fue un shock para el religioso, al igual que los datos del "acuerdo” y los "veintidós años".

A esto se suman varios casos en los que las personas describieron a seres queridos moribundos hablando los idiomas de su infancia o de su tierra natal. Un puñado de informes del Proyecto Palabras Finales involucraban a personas que hablaban el idioma extranjero de su infancia, incluso si habían pasado décadas desde que lo habían hablado. El ejemplo más convincente fue un correo electrónico que recibí de Melissa: «Mi madre me contó sobre su hermana, que murió cuando solo tenía diez años. Cuando estaba muriendo señaló detrás de mi madre y dijo: '¡Mira a ese hombre tan guapo detrás de ti!'. Entonces empezó a hablar en otro idioma que nadie reconoció».

Quedan muchas preguntas intrigantes sobre el lenguaje, la cognición y la conciencia al final de la vida. Entre ellas se encuentran las que se refieren al análisis interlingüístico de las palabras finales. ¿Algunos de los patrones que he analizado en LO DICHO CAMINO DEL NICHO son específicos únicamente del inglés? ¿Veremos los mismos patrones en otros idiomas?

Maggie La Tourelle, autora de The Gift of Alzheimer’s (El don del Alzheimer), detectó muchas similitudes entre los patrones de habla de su madre, que padecía Alzheimer, y los de las personas cuyas palabras se registraron en el Proyecto Palabras Finales. Maggie me escribió un correo electrónico sugiriendo que quizás el Alzheimer sea una especie de proceso de muerte prolongado en el que aparecen los mismos cambios en el lenguaje, pero durante un período más largo. La investigación sobre los paralelismos entre el lenguaje del final de la vida y el del Alzheimer puede resultar un área de investigación fructífera, al igual que la investigación sobre el lenguaje del autismo, las enfermedades mentales y los estados alterados. El lenguaje en el umbral de la experiencia humana en diversos contextos ofrecería muchas oportunidades para comprender mejor quiénes somos y qué es la conciencia.

Siguiendo el camino de las palabras finales.

A juzgar por la investigación informal del Proyecto Palabras Finales, parece que quienes somos en la vida es quienes somos en la muerte; cruzamos el umbral con los símbolos, metáforas y significados de nuestra narrativa de vida y entramos en otra dimensión, o forma de ver, a medida que nuestro lenguaje da paso a una expresión cada vez más figurativa y sin sentido.

Al honrar el lenguaje del final de la vida, incluso el que nos resulta ininteligible, podemos honrar mejor a nuestros seres queridos en sus últimos días y, en última instancia, comprender mejor los procesos cognitivos asociados con la muerte. Al hacerlo, desarrollaremos relaciones más profundas con ellos y recuerdos más significativos, así como posibles respuestas a nuestras preguntas sobre el más allá.

LO DICHO CAMINO DEL NICHO: Palabras en el Umbral de la Muerte, demuestra que escribir las palabras de nuestro ser querido, sus últimas palabras, pueden generar comprensión y sensación de sintonía con esa persona. Mediante ejemplos de metáforas de lo trascendental, los moribundos a menudo nos hacen saber que la muerte está cerca al hablar de una ocasión importante o un momento trascendental que se aproxima, a menudo usando símbolos relacionados con sus vidas. También escuchamos metáforas asociadas con viajar o partir, y los datos indican que estas metáforas suelen tener una influencia externa. Es decir, generalmente, los moribundos hablan de vehículos de transporte en espera; algo externo que los lleva lejos.

La investigación informal del Proyecto Palabras Finales, así como las investigaciones más rigurosas realizadas en décadas pasadas y presentes, indican que las personas ven y se comunican con quienes fallecieron antes que ellas. Y cuando lo hacen una profunda paz suele acompañar estas visiones y apariciones, que suelen ser diferentes a las alucinaciones asociadas con la medicación.

Espero que LO DICHO CAMINO DEL NICHO Palabras en el Umbral de la Muerte te haya inspirado a ver cómo el lenguaje al final de la vida puede ser más que una simple y confusa "ensalada de palabras". En muchos casos, las formas lingüísticas que encontramos son más complejas que las de las personas sanas comunes. Podemos escuchar metáforas y símbolos sofisticados, muy similares a los que registró un individuo: "Le costaba hablar incluso mientras perdía el habla, y sus frases salían lentamente, como poesía deshilachada. Llamaba a la lámpara junto a su cama la 'cosa conectada. al sol'. Se preguntaba cómo podía estar en miércoles mientras yo estaba en martes".

Las imágenes que emergen en las voces de los moribundos suelen ser coherentes con las personalidades e historias de vida de quienes las describen, y esas imágenes a veces evolucionan durante días o incluso semanas en narrativas sostenidas. Podemos encontrar repeticiones fascinantes y complejas, como "tanto dolor”, o, "¿cuánto más se amplía esto?". Podemos escuchar un discurso paradójico o lenguaje híbrido en el que parece que la persona que amamos se encuentra entre dos mundos, como cuando alguien pide sus gafas para ver mejor el paisaje que se despliega ante él. Podemos ver notables oleadas de claridad justo cuando parece que nuestro ser querido se desvanece para siempre en la oscuridad. Estas son algunas de las cualidades notables del lenguaje de los moribundos que puedes descubrir cuando estés sentado junto a su cama o te encuentres en el umbral de la vida. Quizás hayas sido, o quizás algún día seas, testigo de una lucidez repentina.

Podemos escuchar palabras de consciencia elevada o única, peticiones de perdón y reconciliación, o compartir experiencias de muerte en las que parecemos salir de las restricciones habituales del tiempo y el espacio y conectarnos más plenamente con nuestro ser querido. Algunos podemos tener comunicaciones telepáticas o simbólicas inusuales, diferentes a las que hayamos experimentado antes. Otros pueden notar las múltiples maneras en que nuestros seres queridos nos dicen que la muerte está cerca, como cuando mi padre anunció que los ángeles le dijeron que solo le quedaban tres días.

Parece que a medida que nos acercamos a la muerte las áreas del cerebro, asociadas con el pensamiento literal y el lenguaje, producen una nueva forma de hablar y pensar. Este cambio puede representar un movimiento mayor desde esta dimensión hacia otra, o al menos hacia otra forma de pensar, sentir y ser. Cuando observamos las expresiones de los moribundos vemos que el lenguaje a menudo forma un continuo, y este continuo parece correlacionarse con la función cerebral. El continuo abarca el lenguaje literal, figurativo e ininteligible, y finalmente la comunicación no verbal e incluso telepática. El lenguaje literal es el lenguaje de la realidad ordinaria, los cinco sentidos; es un lenguaje intencional e inteligible. Los escáneres cerebrales revelan que el lenguaje literal como "esa silla de allí tiene cuatro patas marrones y un cojín blanco” involucra el hemisferio izquierdo. El hemisferio izquierdo alberga las regiones que tradicionalmente se consideran los centros del habla.

Sin embargo, los resultados son diferentes cuando las personas hablan metafóricamente. Una frase como «la silla de allí parece un koala» involucra tanto el hemisferio izquierdo como el derecho. El derecho se ha asociado tradicionalmente con los aspectos más inefables de la vida: la música, las artes visuales y la espiritualidad. Las metáforas parecen ser un puente entre ambos hemisferios y quizás dos estados de ser diferentes.

Descubrimientos recientes y tempranos sobre el lenguaje sin sentido revelan que podría estar asociado con partes del cerebro no asociadas con el lenguaje con propósito, y que podría estar más estrechamente relacionado con la música y los estados místicos. Hablar sinsentido o galimatías podría parecerse más a la música, ya que depende en gran medida de los ritmos y sonidos del lenguaje más que de sus significados. Parece que las mismas reducciones que observamos en la función cerebral al final de la vida podrían correlacionarse tanto con el lenguaje sin sentido como con estados transpersonales y místicos.

Un nuevo sentido trascendental.

Tal vez estamos programados para la experiencia trascendental al final de la vida. Muchos sobrevivientes de experiencias cercanas a la muerte han dicho que, al morir, entraron en un mundo sin espacio ni tiempo. El lenguaje de los moribundos también parece indicar cambios de orientación. Recordemos las frases que indican movimiento y desplazamiento, como "ayúdame a bajar de aquí", que provenían de personas que estaban relativamente inmóviles en la cama. Este lenguaje parece indicar que la percepción que las personas tienen de sí mismas en el espacio cambia significativamente; y, en consecuencia, también lo hace el uso de preposiciones (esas pequeñas palabras que describen la posición).

Al morir, la mayoría nos alejamos del lenguaje sensorial de la realidad literal y nos acercamos a una consciencia más absurda, no sensorial o incluso multisensorial. Los patrones de lenguaje de quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte siguen una trayectoria muy similar.

Esta nueva conciencia puede estar relacionada con lo que Kenneth Ring y Sharon Cooper, autores de Mindsight, llaman “conciencia trascendental ”. Acuñaron este término cuando investigaban la experiencia cercana a la muerte, experiencias extracorporales de personas ciegas. La mayoría de los participantes del estudio, incluso aquellos ciegos de nacimiento, describieron poder ver durante sus experiencias extracorporales y las cercanas a la muerte. En algunos casos describieron detalles como el color y los estampados de la corbata de un médico, la nevada que caía por la ventana o las características físicas de personal médico específico, familiares y sus propios cuerpos "debajo". Estos detalles fueron corroborados por otros durante la investigación. Los participantes explicaron que durante sus experiencias extracorpóreas y cercanas a la muerte pudieron ver como nunca antes, ni en vigilia o sueños.

Al explorar la noción de visión de los participantes durante estas experiencias, Ring y Cooper descubrieron que sus percepciones eran, en realidad, sinestésicas. Los participantes ciegos que experimentaron ECM en el estudio describieron ver, oír y sentir a la vez, y llamaron a este tipo de percepción "conciencia trascendental". Es posible, entonces que, al morir, nos alejemos de nuestra percepción sensorial habitual hacia algo diferente, algo que realmente incluya todos los sentidos a la vez.

Esta percepción integrada también podría estar relacionada con los hallazgos que Madelaine Lawrence analiza en su libro “En un mundo propio". Los supervivientes del coma informaron haber experimentado comunicación telepática, una consciencia sensorial y energética continua y una mayor sintonía emocional. Lawrence informa que, a medida que disminuye el funcionamiento físico de las personas, estas experimentan con frecuencia un aumento de la percepción y la consciencia extrasensorial.

Quizás los cambios en el lenguaje que observamos al final de la vida formen parte del proceso de desarrollo de un nuevo sentido, no del sinsentido. Este nuevo sentido es la conciencia trascendental descrita por los participantes en el estudio de Ring y Cooper y otras personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte y extracorporales. ¿Existe otra dimensión, un nuevo sentido trascendental ? Quienes han muerto y regresado nos dicen que no dudan de que algo existe más allá del umbral. Las últimas palabras podrían ser, de hecho, las huellas que nos llevarán a comprender mejor los caminos que recorren los moribundos.

Escuchar es curativo.

Espero que LO DICHO CAMINO DEL NICHO: Palabras en el Umbral de la Muerte ofrezca una perspectiva de las expresiones, a veces incomprensibles, de quienes se encuentran al final de la vida, y que les proporcione un vocabulario para hablar no solo sobre la muerte sino, también, sobre la conciencia. Al ser testigos del lenguaje de los moribundos se nos invita a viajar con nuestros seres queridos hacia nuevos territorios.

Cuando te sientes al lado del moribundo, abre tu corazón.

Y recuerda que escuchar es sanador. Al escuchar con atención quizá descubras que tus seres queridos te ofrecen comprensión y consuelo, incluso con palabras que, al principio, podrían resultar desconcertantes.

Cuanto más cómodos estemos con el lenguaje del umbral mayor consuelo podremos brindar a los que están muriendo y a todos los seres queridos de nuestros seres queridos.

Pregunté a Stephen Jones, del Centro de Paliativos de Santa Bárbara, si podía compartir su sabiduría sobre cómo comunicarse con quienes están en el umbral de la muerte. Me escribió para decirme: «Los moribundos necesitan que seamos oyentes excepcionales para ser comprendidos. El lenguaje de los moribundos se comprende mejor cuando se recibe con el corazón. Cada sílaba es sagrada y debe recibirse como un regalo».

En efecto, fueron recibidas.

Y aquí, querido padre, te son devueltas, multiplicadas.

 

EXPRESIONES DE GRATITUD.

Se necesita un pueblo para que nazca un libro.

 

Este libro fue concebido con el apoyo incondicional de muchas personas, entre ellas William Taegel, Judith Yost, Jim Garrison y Jim Van Overshelde, quienes ofrecieron un enfoque académico que no excluía la vida espiritual y me presentaron a Raymond Moody. La sabia y mesurada contribución de Carolyn Atkinson, mi asesora de tesis, guió este trabajo de muchas más maneras de las que jamás hubiera imaginado.

Un agradecimiento especial a Geoffrey Leigh, cuya música e investigación abrieron nuevos caminos en mi vida y mi trabajo. Desde el inicio del proyecto, Claire Joy confirmó mi anhelo por comprender mejor las últimas palabras de mi padre, se mantuvo en contacto conmigo a través de la distancia y me animó a presentar la propuesta de este libro en las oficinas de la Biblioteca del Nuevo Mundo.

También estoy profundamente agradecido a quienes apoyaron el libro en sus etapas más frágiles y embrionarias. Erica Goldblatt Hyatt, del Bryn Athyn College, me abrió las puertas de su hogar académico, me brindó otras bondades y compartió su energía apasionada y...Perspectivas. También agradezco profundamente a la administración y al profesorado del Bryn Athyn College por todo lo que hicieron para apoyar la investigación sobre las comunicaciones de los moribundos. Gracias a Amy Cavanaugh, quien fue una de las primeras en impulsar la idea del Proyecto Palabras Finales y quien viajó kilómetros, varias veces, para acompañarme y ofrecerme consejos. Isabelle Chauffeton Saavedra apoyó esta investigación de muchas maneras, grandes y pequeñas.

Con tierna generosidad, Winn Mallard compartió conmigo las últimas palabras de su padre, y su comprensión de la muerte, el morir y el espíritu impulsó mi trabajo. Estaré eternamente agradecida por su amabilidad, especialmente al ser recién llegada a Georgia. También agradezco a otras mujeres maravillosas de Athens, Georgia: Shannon Willis, Elizabeth Alder, Ellen Bleier y Jill Hartmann-Roberts, quienes me recibieron con un corazón enorme y los brazos abiertos, y especialmente a Kelli McConnell, quien compartió mi admiración por esos magníficos búhos.

Mi agradecimiento a aquellos cuyas palabras y relatos están incorporados en Palabras en el Umbral de la Muerte, incluidos los investigadores y proveedores de atención médica cuyo compromiso con los moribundos y sus familias me conmovió profundamente.

Gracias a Georgia Hughes de la Biblioteca New World y a la correctora Bonita Hurd. Sus expertas sugerencias honraron profundamente mi voz y mis ideas. También agradezco al personal de California Library Literacy Services, incluyendo a Linda Sakamoto-Jahnke, Ben Ocón, Lisa Dale, Carol Stults, Donya Sultani, Karen Gardner y otros que hicieron posible la logística de escribir este libro.

Finalmente, agradezco a mis seres queridos que han estado presentes durante el surgimiento de este libro. Mi amor eterno para mi madre, Susan, y mi esposo, John, quienes nunca me cuestionaron cuando dejé atrás un trabajo estable y una vida en California para mudarme a Georgia y dedicarme a la investigación de mis últimas palabras. Agradezco enormemente el apoyo incondicional de mi madre y su capacidad para seguir asombrada sin importar lo que la vida me depare. Este libro nunca se habría escrito sin el gran sentido del humor de mi esposo, sus abrazos incondicionales, su convicción de la importancia de la indagación y su disposición a vivir con humildad. Mi profunda gratitud va dirigida a mi hija Eliana, quien, a los dieciocho años, tuvo el coraje de vivir sola en la Costa Oeste mientras yo me mudaba al Este. Estoy profundamente agradecida por el apoyo que me brindó mientras me disponía a investigar las preguntas que surgieron tras las últimas conversaciones de su abuelo. Mi más sincera gratitud a mis queridos amigos Renée Kirk y Kevin Nierman: nuestra amistad ha resistido décadas y pérdidas. Sus perspectivas, reflexiones y amor han inspirado mi vida y este libro.

Y por supuesto, gran agradecimiento a Raymond Moody y a su esposa, Cheryl, quienes me abrieron sus puertas y corazones mientras compartíamos la alegría por el lenguaje y la fascinación por el mundo que vive en el umbral.

Y por último, gracias a mi padre y a todos mis antepasados, quienes me enseñaron que el portal que se ensancha nos quita la vida, pero también la hace surgir. El recuerdo de mi padre y el de mis abuelos guiaron y apoyaron esta labor.

Todas estas personas, vivas y en espíritu, se encuentran entre quienes hicieron posible  LO DICHO CAMINO DEL NICHO Palabras en el Umbral de la Muerte . Estoy seguro de que hay muchas otras cuyo nombre no se menciona. Les ofrezco mi amor y mi más profunda gratitud a todas ellas.


NOTAS

Capítulo uno: Transcripción del misterio

Página 10 “Esa semana antes de que Roger falleciera” : Chris Jones, “La muerte de Roger Ebert”, Esquire, 24 de diciembre de 2013, 3.

Página 11 “He llegado a apreciar la dificultad” : Ray Robinson, comp., Famous Last Words: Fond Farewells, Deathbed Diatribes, and Exclamations upon Expiration (Nueva York: Workman, 2003), x.

Página 14 “¿Cuál es la respuesta?” : Elizabeth Sprigge, Gertrude Stein: Her Life, Her Work (Nueva York: Harper and Bros., 1957 ), 265.

Página 18 Bandler y Grinder descubrieron : Richard Bandler y John Grinder, The Structure of Magic I: A Book about Language and Therapy (Palo Alto, CA: Science and Behavior Books, 1975), 23. Bandler y Grinder desarrollaron la programación neurolingüística, que ha sido criticada por su enfoque poco investigado y no científico; sin embargo, su modelo para construir relaciones a través de sistemas de representación coincidentes se ha aplicado de manera efectiva en psicología, publicidad y educación.

Capítulo dos: No hay palabras para describirlo

Página 27 “Investigación previa sobre imágenes cerebrales” : Tori Rodríguez, “Estudio: Las metáforas pueden decidir”, Salon.com, 10 de diciembre de 2013,www.salon.com/2013/12/10/study_metaphors_can_make_up_your_mind_partner/ . Este artículo se publicó originalmente en Scientific American.

Página 28 “la mente se desplaza desde una dimensión inteligible” : Raymond Moody, “Making Sense of Nonsense”(manuscrito inédito, 2013), 36.

Página 34 “Ahora bien, ahí tengo un verdadero problema” : Raymond Moody, Life After Life (Covington, GA: Mockingbird Books, 1975), 34.

Página 35 “efectos especiales del lenguaje” : Moody, “Making Sense of Nonsense”, 90.

Página 36 De ellos, el 80 por ciento describió : Kenneth Ring y Sharon Cooper, Mindsight (Palo Alto, CA: Centro William James para Estudios de la Conciencia en el Instituto de Psicología Transpersonal, 1999), 12.

Página 36 la frase vida después de la muerte en sí misma viola : Moody, “Making Sense of Nonsense”, 190.

Página 37 no sólo paradójica sino también “no lingüística” : Conversaciones más allá de la prueba del cielo, dirigida por David Hinshaw (Atlanta, GA: Mudpuppy Productions, 2013), DVD.

Página 39 “Como persona en la experiencia transpersonal” : Madelaine Lawrence, The Death View Revolution (Hove, Reino Unido: White Crow Books, 2014), 195.

Capítulo tres: Metáforas de lo trascendental

Página 43 “Entonces su mano derecha comienza a moverse” : Leo Holder, “Remembrances: The Impromptu Dance”, National Public Radio, 9 de octubre de 2014, www.npr.com .

Página 43 “Mientras estaba en la puerta”: Douglas C. Smith, Caregiving (Nueva York: Macmillan, 1997), 154–55.

Página 46 “Cada uno de nosotros tiene su propio conjunto”: Kelly Bulkeley y Patricia Bulkley, Dreaming beyond Death (Boston, MA: Beacon Press, 2005), 16.

Página 46 “la mente es un objeto frágil”: George Lakoff, Metaphors We Live By (Chicago: University of Chicago Press, 2003), 27–28.

Página 49 “Combatir la enfermedad y vencerla”: Proyecto Metáfora en Cuidados al Final de la Vida, julio de 2015, ucrel.lancs.ac.uk/melc/background.php, consultado en mayo de 2016.

Página 50 “¿Qué mejor imagen?”: Robert J. Hoss, correo electrónico al autor, 29 de octubre de 2015.

Página 51 “Cuando un chamán viaja”: Mandy Peat, correo electrónico al autor, 4 de noviembre de 2015.

Capítulo cuatro: Os dejo con estas palabras

Página 56 La metáfora de la muerte como un viaje : Richard Smith y Nataly Kelly, “Intentos globales de evitar hablar directamente sobre la muerte y el morir”, BMJ Group Blog, 16 de agosto de 2012, blogs.bmj.com/bmj/2012/08/16/richard-smith-and-nataly-kelly-global-attempts-to-avoid-talking-directly-about-death-and-dying .

Página 57 “Vuelvo a navegar de noche”: Kelly Bulkeley y Patricia Bulkley, Dreaming beyond Death (Boston, MA: Beacon Press, 2005), 3.

Página 58 confirmado por un estudio de 2014 : CW Kerr, JP Donnelly, ST Wright, SM Kuszczak, A. Banas, PC Grant y DL Luczkiewicz, “Sueños y visiones al final de la vida: un estudio longitudinal de las experiencias de los pacientes de cuidados paliativos”, Journal of Palliative Medicine 17, no. 3 (marzo de 2014): 296.

Página 58 “Lo primero es lo tranquilo, lo directo”: Van Bronkhorst analiza las opiniones de Marie-Louise von Franz basadas en su trabajo clínico con moribundos, en Jeanne Van Bronkhorst, Dreams at the Threshold (Woodbury, MN: Llewellyn, 2015), 58.

Página 59 “Es así en cada cruce”: Donald Miller, A Million Miles in a Thousand Years (Nashville, TN: Thomas Nelson, 2009), 182.

Página 60 las últimas palabras de 407 presos condenados a muerte : Sarah Griffiths, “Una perspectiva única sobre las mentes de los presos condenados a muerte: las declaraciones finales de los condenados revelan que sus últimas palabras suelen ser positivas”, Daily Mail Online, 5 de febrero de 2016, www.dailymail.co.uk/sciencetech/article-3431434/A-unique-insight-minds-death-row-inmates-Final-statements-condemned-reveal-words-usually-POSITIVE.html .

Capítulo cinco: Repetición, repetición, repetición

Página 69 “La repetición es hipnótica”: Adam Eason, “El uso de la repetición en la hipnosis y la hipnoterapia”, 13 de abril de 2011, www.adam-eason.com/using-repetition-in-hypnosis-and-hypnotherapy .

Página 73 “la música ocurre en el tiempo”: Elizabeth Hellmuth Margulis, “On Repeat: How Music Plays the Mind”, sin fecha, www.elizabethmargulis.com/on-repeat, consultado el 20 de febrero de 2016.

Capítulo Seis: ¿Un sinsentido o un nuevo sentido?

Página 90 “La fuerza del rayo”: Tony Ciccoria y Jordan Ciccoria, “Cómo sentirse cómodo con las experiencias cercanas a la muerte”, Missouri Medicine (agosto de 2014): 304, énfasis añadido.

Página 90 “El cuerpo que estaba en la cama”: Kenneth Ring y Sharon Cooper, Mindsight (Palo Alto, CA: Centro William James para Estudios de la Conciencia en el Instituto de Psicología Transpersonal, 1999), 38.

Página 92 ​​”yendo y viniendo a través del umbral de la puerta : Jalal al-Din Rumi, The Essential Rumi, trad. de Coleman Barks y John Moyne (Nueva York: HarperOne, 2004), 36.

Página 96 “Lo siguiente que recuerdo fueron mis hijos”: Madelaine Lawrence, In a World of Their Own (Westport, CT: Bergin y Garvey, 1997), 41.

Página 97 “oscuridad deslumbrante” : William James, William James: Escritos, 1902–1910: Las variedades de la experiencia religiosa / Pragmatismo / Un universo pluralista / El significado de la verdad / Algunos problemas de la filosofía / Ensayos (Nueva York: Biblioteca de América, 1988), 379.

Página 97 “Nos deleitamos con las tonterías”: Moody, “Making Sense of Nonsense”(manuscrito inédito, 2013), 7.

Página 98 lo que Will Taegel llama “trans-sentido”: Will Taegel, en conversaciones con Raymond Moody (Grecia, octubre de 2010) y Lisa Smartt (mayo de 2012) y “Cuestiones de vida y muerte”(conferencia, Wisdom University, Anniston, AL, 14 de mayo de 2012).

Página 99 Los investigadores compararon exploraciones cerebrales de individuos : Ron Philipchalk y Dieter Mueller, “Glossolalia y cambio de temperatura en los hemisferios cerebrales derecho e izquierdo”, International Journal for the Psychology of Religion 10, no. 3 (2000): 181.

Página 99 “Normalmente cuando hablas y escuchas”: Andrew Newberg y Mark Robert Waldman, How Enlightenment Changes Your Brain (Londres: Hay House, 2016), 110.

Página 100 aquellos cuyas experiencias psicodélicas : Eben Alexander, “Estudios convincentes sobre las drogas y la conciencia”, junio de 2016, www.ebenalexander.com/compelling-studies-on-drugs-and-consciousness .

Página 100 “Mientras mi neocórtex fue destruido”: Ibid.

Página 102 ha identificado setenta tipos : Moody, “Making Sense of Nonsense”, 26.

Capítulo Siete: Palabras entre los Mundos

Página 105 “La luz me mostró el mundo”: Kenneth Ring y Evelyn Elsasser, Lecciones de la luz: lo que podemos aprender de la experiencia cercana a la muerte (Needham, MA: Moment Point Press, 2006), 45.

Página 109 “Al principio parecía que no había heridos graves”: Paul Luvera, “La extraña muerte de Sam Kinison”, Paul Luvera Journal, 30 de noviembre de 2019.2009, www.paulluvera.com/weblog/2009/11/la-extrana-muerte-de-sam-kinison .

Página 113 “se estaba muriendo de cáncer de hígado terminal”: Madelaine Lawrence, The Death View Revolution (Hove, Reino Unido: White Crow Books, 2014), 94.

Página 115 “el miedo de una persona a la muerte a menudo disminuye”: CW Kerr, JP Donnelly, ST Wright, SM Kuszczak, A. Banas, PC Grant y DL Luczkiewicz, “Sueños y visiones al final de la vida: un estudio longitudinal de las experiencias de los pacientes de cuidados paliativos”, Journal of Palliative Medicine 17, no. 3 (marzo de 2014): 296.

Página 115 “Alucinaciones y visiones”: “Qué esperar cuando su ser querido se está muriendo”, revisado por la Dra. Laura J. Martin, WebMD, 31 de julio de 2016, www.webmd.com/palliative-care/journeys-end-active-dying .

Página 119 “Después de años de tratamientos fallidos, aceptó”: Carl Zimmer citado por Michael Zhang, “El ojo humano puede ver en ultravioleta cuando se retira el cristalino”, PetaPixel, 17 de abril de 2012, www.petapixel.com/2012/04/17/the-human-eye-can-see-in-ultraviolet-when-the-lens-is-removed .

Capítulo ocho: Canciones de cuna y despedidas

Página 122 De los 800 fonemas potenciales, el del bebé : Patricia K. Kuhl, “Baby Talk”, Scientific American (noviembre de 2015): 64.

Página 123 Los padres y los bebés se comunican enérgicamente : Geoffrey Leigh, Jean Metzker y Nathan Metzker, “Teoría de la esencia: reconceptualizar nuestra visión de los niños”(artículo de revista inédito, Universidad de Nevada, 2012), 50.

Página 125 “Quizás sean nuestros niños quienes nos enseñen”: Ibid., 50.

Página 126 “A medida que mis habilidades telepáticas aumentaban”: Terri Daniel, Un cisne en el cielo (Portland, OR: First House Press, 2008), 1.

Página 128 Los humanos tienen una capacidad innata para comprender las formas : Jandy Jeppson, con Judith A. Myers-Walls, “Shapes”, Purdue University Parent-Provider Partnership, www.extension.purdue.edu/providerparent/child%20growth-development/Shapes.htm, consultado el 10 de julio de 2016.

Página 132 El 27 por ciento escuchó, entendió y respondió emocionalmente : Madelaine Lawrence, In a World of Their Own (Westport, CT: Bergin y Garvey, 1997), 6.

Página 132 “Si alguien me preguntara, juraría”: Ibíd., 64.

Página 132 “Fue muy extraño”: Ibid., 63.

Página 133 “La audición no es lo último en desaparecer”: Ibid., 76.

Página 133 “Yo también sabía que había una relación amorosa”: Ibid., 42.

Página 133 “Dígale a la enfermera quién dijo”: Ibid., 41.

Página 133 “Cuando el sistema del cuerpo físico está comprometido”: Ibid., 154.

Página 139 La cognición normal, o lucidez, ocurre : Alexander Batthyany-Datos preliminares 2014”, 23 de julio de 2015, www.youtube.com/watch?v=Et0AwKSWwsw, consultado en mayo de 2016.

Página 140 “Sé por experiencia que”: Melinda Ziemer, “Atención al final de la vida: la espiritualidad de vivir al morir”, Royal College of Psychiatry Newsletter, www.rcpsych.ac.uk/pdf/Melinda%20Ziemer%20End-of-life%20Care%20the%20Spirituality%20of%20Living%20when%20Dying.pdf, consultado el 17 de noviembre de 2016.

Página 141 “Una declaración que escuchamos de la gente”: CW Kerr, JP Donnelly, ST Wright, SM Kuszczak, A. Banas, PC Grant y DL Luczkiewicz, “Sueños y visiones al final de la vida: un estudio longitudinal de las experiencias de los pacientes de cuidados paliativos”, Journal of Palliative Medicine 17, no. 3 (marzo de 2014): 296.

Capítulo Nueve: Te llamaré cuando llegue

Página 144 “El porcentaje de personas que reportan contacto”: Julia Assante, The Last Frontier (Novato, CA: New World Library, 2012), 53.

Página 149 “Después del fallecimiento de Duffy”: Terri Segal, “Mi querido Duffy”, Journal for Spiritual and Consciousness Studies (octubre de 2015): 15.

Página 152 “Duffy dejó este mundo” : Ibid., 16.

Conclusión: Escuchar es sanador

Página 174 “conciencia trascendental”: Kenneth Ring y Sharon Cooper, Mindsight (Palo Alto, CA: Centro William James para Estudios de la Conciencia en el Instituto de Psicología Transpersonal, 1999), 163.

 

ACERCA DEL AUTOR.


Lisa Smartt, MA, es lingüista, educadora y poeta. Fundó el Proyecto Palabras Finales, un estudio continuo dedicado a recopilar e interpretar las misteriosas comunicaciones al final de la vida. Cofacilita talleres sobre lenguaje y consciencia con Raymond Moody en cuidado paliativos, universidades y congresos. Vive en Athens, Georgia, con su esposo, John. Para más información sobre el Proyecto Palabras Finales,

Visite www.finalwordsproject.org o www.facebook.com/finalwordsproject .


ELOGIOS

Con LO DICHO CAMINO DEL NICHO; Palabras en el Umbral de la Muerte, Lisa Smartt ha abierto un nuevo camino de investigación al mundo de los estudios sobre experiencias cercanas a la muerte. Profundamente conmovedor y meticulosamente investigado, este libro ofrece una gran cantidad de información novedosa sobre las comunicaciones con el más allá que pueden tener lugar en el momento de la muerte. Es un libro revelador que vale la pena leer.

— Paul Perry, coautor de Vislumbres de la eternidad

Pocas veces podemos afirmar que un libro tenga la capacidad de influir profundamente en nuestra forma de vivir y pensar, pero Palabras en el Umbral de la Muerte lo es sin duda. La investigación es impecable, y las perspectivas que Lisa Smartt nos ofrece sobre el ámbito del umbral abren puertas a la percepción que nos ayudan a comprender lo que significa ser parte de la experiencia humana.

— Michael Wayne, PhD, LAc, autor de The Quantum Revolution
y productor y presentador de Interviews with the Leading Edge

Palabras en el Umbral de la Muerte es un tesoro de experiencia y comprensión en torno a las últimas palabras pronunciadas por los moribundos, reveladas a través de la mente de un lingüista, que propone que el nacimiento y la muerte son facetas diferentes de un mismo proceso, que ambos son esenciales en el ciclo de la vida y que nuestras conexiones con el alma no terminan con la muerte. Las palabras de los moribundos proporcionan algunas de las pistas más destacadas sobre cómo podemos vivir mejor nuestras vidas en la tierra.

— Eben Alexander, MD, neurocirujano y autor de
Prueba del Cielo y El Mapa del Cielo

Palabras en el Umbral de la Muerte marca una nueva era en la comprensión del proceso de morir. El trabajo de Lisa Smartt tiene profundas implicaciones psicológicas, espirituales y clínicas para el cuidado de pacientes terminales y sus familias. Y creo que su trabajo también abre caminos inexplorados para la investigación genuinamente racional del misterio más profundo de la humanidad: la posibilidad de vida después de la muerte.

del prólogo de Raymond Moody Jr., MD, PhD,
autor de Life After Life

Lisa Smartt nos invita con delicadeza a escuchar las palabras de los moribundos con un oído interior sintonizado con otra realidad. Describe cómo los moribundos utilizan metáforas, símbolos, bucles temporales y otros elementos inquietantemente familiares para expresar sus experiencias expandidas y no lineales. De este modo, Smartt nos ofrece una valiosa visión de sus mundos interiores mientras permanecen en el umbral de la muerte. A través de su análisis lingüístico del "sinsentido”en los labios de los moribundos, se revelan la creatividad y el propósito subyacentes de sus últimas palabras. LO DICHO CAMINO DEL NICHO: Palabras en el Umbral de la Muerte es un paso significativo para transformar la visión actual de la muerte, de un proceso de fracaso a uno de significado y asombro cada vez más profundos.

— Julia Assante, PhD, autora de La última frontera