PALABRAS EN
EL UMBRAL DE LA MUERTE.
Lo que se
dice cerca del final de la vida.
por
LISA SMARTT
-----------------------------------------------
Traducción ARS-GRATIA por Kos d’Astuires (2025)
-----------------------------------------------
Para mi padre, que sigue cantándome en “una octava más
alta que el dolor”
CONTENIDO.
PRÓLOGO DE RAYMOND MOODY JR.,
INTRODUCCIÓN. Palabras en el umbral. Lo que
nos dicen nuestras conversaciones finales.
CAPÍTULO UNO. Transcribiendo el Misterio.
Siguiendo el Camino Sagrado de las Palabras Finales.
CAPÍTULO DOS. No hay palabras para ello. El
lenguaje cambia a medida que nos acercamos al umbral.
CAPÍTULO TRES. Metáforas de lo
trascendental. Antes de morir, anunciamos un gran suceso.
CAPÍTULO CUATRO. Os dejo con estas palabras.
Las metáforas de viaje hablan de un viaje próximo.
CAPÍTULO CINCO. Repetición, repetición,
repetición. El lenguaje intensificado en nuestros últimos días.
CAPÍTULO SEIS. ¿Tonterías o un nuevo
sentido? Dando sentido a un lenguaje ininteligible al final de la vida
CAPÍTULO SIETE. Palabras entre los mundos.
Descripciones de visiones y visitas antes de morir.
CAPÍTULO OCHO. Canciones de cuna y
despedidas. ¿Nuestro primer y último idioma es el no hablado?
CAPÍTULO NUEVE. Te llamaré cuando llegue
allí. Comunicación después de la muerte
CONCLUSIÓN. La audición es sanación. Algunas
palabras finales.
EXPRESIONES DE GRATITUD
NOTAS
ACERCA DEL AUTOR
ELOGIOS
***********
PRÓLOGO.
El libro LO DICHO CAMINO DEL NICHO: PALABRAS EN EL UMBRAL DE LA MUERTE marca una nueva era en la comprensión del proceso de morir. El trabajo de Lisa Smartt tiene profundas implicaciones sicológicas, espirituales y clínicas para el cuidado de pacientes terminales y sus familias. Y creo que su trabajo también abre caminos inexplorados para la investigación genuinamente racional del misterio más profundo de la humanidad: la posibilidad de vida después de la muerte.
Mi principal interés como estudiante y posteriormente profesor de
filosofía se centraba en los fascinantes dominios del lenguaje que existen más
allá de lo literal. Estudié formas figurativas e ininteligibles o sin sentido
del lenguaje por su relevancia para la solución de importantes problemas
filosóficos. Más tarde, como médico y psiquiatra, me intrigó el enigmático
lenguaje de los pacientes terminales y moribundos. Como muchos otros
profesionales clínicos, me inspiraban y desconcertaban las curiosas figuras
retóricas y las expresiones sin sentido que suelen pronunciar las personas al
morir. De hecho, el lenguaje ininteligible de los pacientes moribundos es a
veces tan elocuente como las tonterías de los grandes artistas literarios como
Lewis Carroll.
En el chamanismo, la magia
antigua y la tradición literaria occidental, el sinsentido significó en su día
la transición de este mundo a otras dimensiones de la existencia. Desde hace
tiempo sostengo que la estructura del sinsentido es la clave para la
comprensión racional de los misterios del más allá. Hace tiempo que se necesita
una profunda reflexión sobre el significado del lenguaje enigmático de los
enfermos terminales. El fascinante análisis de Lisa Smartt sobre este fenómeno
será el punto de partida de muchas tesis doctorales y estudios clínicos
futuros. Su libro pionero también consolará e iluminará a quienes se han
maravillado con las enigmáticas últimas palabras de sus seres queridos
fallecidos.
— Raymond Moody,
autor de Life After Life, .y
INTRODUCCIÓN.
Palabras en
el Umbral de la Muerte. Lo que dicen
nuestras conversaciones finales.
Un día, si no hoy, te
sentarás junto a la cama de un ser querido y tendrás una última conversación.
Esa conversación te invitará a un territorio único: el que existe entre la vida
y la muerte. Quizás escuches palabras que expresan un deseo de perdón,
reconciliación o el cumplimiento de tus últimas peticiones. Quizás escuches
frases que te confundan, como "Los círculos dicen que es hora de completar
el ciclo".
Puede haber referencias a
cosas que no ves ni entiendes, como: «Las mariposas blancas salen de tu boca.
Son preciosas». O: «Si has aprobado el examen. Has aprobado el examen,
¿verdad?».
Tu ser querido podría
describir la visita de familiares fallecidos, ángeles o animales, o hablar de
contemplar paisajes exuberantes donde, en realidad, solo hay paredes blancas de
hospital. Trenes, barcos o autobuses, y relatos de nuevos viajes, pueden
aparecer en el habla de la persona moribunda. Tu familiar o amigo también
podría hablar de tener miedo y buscar tu consuelo y orientación. “Estoy
atrapado entre dos países. Estoy aquí, pero quiero estar allá”. Tu ser amado
podría susurrarte al oído: «Ayúdame» o, «Me atrevo a morir».
Y si escuchas con atención
puede que sea una conversación que cambie no sólo tu forma de pensar sobre la
muerte, sino también sobre la vida.
LO DICHO CAMINO DEL NICHO: Palabras en el Umbral de
la Muerte, es una investigación sobre
las cosas extraordinarias que dicen las personas al final de la vida. Durante
cuatro años recopilé relatos y transcripciones de profesionales de la salud,
amigos y familiares de personas moribundas que compartieron generosamente lo
que habían presenciado. A través del Proyecto
Palabras Finales, su sitio web, Facebook y correo electrónico, recopilé
datos en Estados Unidos y Canadá, a la vez que realizaba entrevistas en persona
y por teléfono. Recopilé más de mil quinientas expresiones en inglés, (desde
palabras sueltas hasta oraciones completas), de personas que estaban a pocas
horas o semanas de morir.
Aunque consideré el uso de
grabadoras digitales junto a las camas de los moribundos para capturar sus
últimas palabras, la naturaleza sagrada y privada de esos últimos días lo hacía
insostenible tanto ética como logísticamente. Así pues, decidí recurrir a
quienes habían estado a su lado, —seres queridos y profesionales de la salud—,
y pedirles que compartieran transcripciones, entrevistas y recuerdos. También
entrevisté a profesionales de la lingüística, psicología, medicina paliativa y
neurociencia para comprender mejor las enfermedades terminales y los procesos
cognitivos y psicológicos. Entre los participantes se encontraban las personas
moribundas que escuché u observé directamente, familiares y amigos que
compartieron transcripciones y relatos, y expertos en la materia que
compartieron sus observaciones.
Organicé las muestras y los
relatos según características y temas al uso. Muchos de los patrones que
surgieron también estaban presentes en las observaciones de los profesionales
de la salud y los expertos que entrevisté. A medida que fui descubriendo estos
patrones los compartí con familias, amigos y personal de cuidados paliativos
con el objetivo de ofrecer herramientas y perspectivas que orientaran su
comunicación con los moribundos. No soy experta médico, —mi formación es en
lingüística—, por lo que abordo el estudio de la muerte y la agonía desde la
perspectiva del lenguaje.
Esta indagación surgió de lo
que oí y vi durante las tres semanas que mi padre pasó agonizando por
complicaciones relacionadas con la radioterapia para el cáncer de próstata.
Sentado a su lado fue como si se hubiera abierto un portal y descubrí un nuevo
lenguaje, rico en metáforas y disparates que brotaban de sus labios. Al
transcribir sus palabras entre dos mundos presencié una transformación notable.
Mi padre era un neoyorquino
fumador de puros cuya definición de lo Divino era carne en conserva con pan de
centeno, ensalada de col y un vaso de refresco de crema frío. Confiaba en Lucky Sam en la quinta carrera y en su
amada esposa de cincuenta y cuatro años, Susan. «Esto es todo», decía mi padre
cuando le preguntaban por su vida espiritual. «Buena comida, amor, y los
ponis». Mi padre saboreaba los placeres de la vida y era a la vez escéptico y
racionalista. «Todos nos dirigimos a la misma otra vida, a dos metros bajo
tierra».
Así que cuando empezó a
hablar de ver y oír ángeles en sus últimas semanas de vida me quedé atónita.
¿Cómo era posible que mi padre, un escéptico, predijera con precisión el
momento de su propia muerte con estas palabras: «Ya basta, ya basta,. los
ángeles dicen basta, solo quedan tres días.». Desde el momento en que salió del
hospital tras decidir volver a casa para morir, me impactó su lenguaje. Impulsada
por mi formación lingüística tomé lápiz y papel y escribí sus últimas palabras
como si fuera un visitante en un país extranjero. Porque, en efecto, lo era.
Palabras en el Umbral de
la Muerte documenta mi investigación
en este nuevo territorio. Esta indagación comenzó con la lengua de mi padre y,
en cuatro años, se convirtió en una colección de cientos de enunciados
analizados. Por sus patrones y temas lingüísticos. Las palabras que recopilé
eran muy parecidas a las de mi padre: a veces confusas, a menudo metafóricas,
con frecuencia sin sentido y siempre intrigantes. He llegado a comprender que
los patrones y temas lingüísticos que al principio me asombraron en el habla de
mi padre son, en realidad, comunes en el habla de otros al acercarse al final
de su vida.
Las primeras palabras finales.
El primer ejemplo de esta
forma de hablar ocurrió cuando el habla de mi padre empezó a cambiar, menos de
un mes antes de su inesperada muerte. Una noche de enero mi padre salió por la
puerta principal en ropa interior y paseó por una avenida concurrida. Cuando la
policía lo encontró sentado en una intersección, temblando de frío, explicó:
«Esta noche es la gran exposición y voy a llevar cajas a la galería de arte de
mi esposa para la muestra. ¿Saben dónde será la gran exposición?». Ayudaron a
mi padre a levantarse de la acera y movieron la cabeza con lástima mientras
conducían al hombre de setenta y siete años a una ambulancia. No había cajas en
sus manos. No había exposición de arte.
La gran exposición de la que
hablaba mi padre era solo una analogía y pronto descubriría que este tipo de
analogía era común cuando la gente se acercaba a la muerte. Les decía a quienes
lo escuchaban, con un lenguaje velado por el símbolo de la exposición de arte,
que pronto ocurriría un acontecimiento importante. Durante más de cinco décadas
mi padre cargó cajas a las galerías de arte y exposiciones de mi madre. Llevaba
cajas en la sangre; era una de las metáforas de su vida. Usaba una analogía
estrechamente relacionada con su vida como suelen hacer los moribundos para
anunciar su muerte.
Usando los símbolos de la
gran exposición de arte nos hacía saber: prestad atención, porque algo
importante está sucediendo. Se estaba preparando para morir. Pero en ese
momento ninguno de nosotros sabía que este tipo de lenguaje figurativo es común
en las palabras de los moribundos. Desestimé las palabras de mi padre
considerándolas simple "ensalada de palabras”o resultado de los medicamentos que había
empezado a tomar. Sin embargo, más tarde descubriría que no eran ni lo uno ni
lo otro.
Tras el fallecimiento de mi
padre tenía un cuaderno lleno de frases que me cautivaban y confundían. Mi
padre hablaba de viajes a Las Vegas, de la dimensión verde, de su habitación
llena de gente que yo no veía. Usaba la repetición con frecuencia, así como
pronombres no referenciales como los de estas frases: “Esto es muy
interesante. ¿Sabes? Nunca había hecho esto antes». En las páginas de mi
cuaderno había metáforas y disparates, comentarios muy diferentes del lenguaje
lúcido que era típico de mi padre cuando estaba sano. Al hojear las páginas,
noté cómo las frases reflejaban un continuo completo, desde el lenguaje literal
hasta el figurativo y el sinsentido, y me pregunté si este continuo era común a
todos nosotros y si de alguna manera seguía el camino de la conciencia al
morir.
Durante los días y semanas
de duelo, leí todos los libros que pude encontrar sobre la comunicación al
final de la vida y después de ella. Se ha escrito poco sobre las cualidades y
los cambios en la estructura del lenguaje al final de la vida, aunque encontré
un libro maravilloso, Final Gifts, de Maggie Callanan y Patricia Kelley.
Incluso cuando busqué en las bases de datos lingüísticas de mi alma máter, la
Universidad de California en Berkeley, encontré poco sobre el lenguaje de los
moribundos.
Raymond Moody y el Proyecto Palabras
Finales.
En ese momento, decidí
desenterrar un libro que me había intrigado a los dieciséis años: "Vida
después de la vida", de Raymond Moody, en el que acuñó el término "experiencia
cercana a la muerte". Estaba releyendo el libro cuando mi madre me
contó que un amigo acababa de compartir la emocionante noticia de que en unas
semanas daría una clase con el Dr. Moody en Alabama. "¡Quizás podrías ir a
conocerlo!", dijo mi madre. "Sé que tienes muchas preguntas".
El taller tuvo lugar en una
gran cabaña de piedra y madera en las colinas de Alabama. Quince personas de
todo el país nos reunimos para aprender de Raymond Moody. Su libro cambió por
completo la conversación sobre la muerte y el morir en 1975, cuando se publicó.
Sin embargo, a pesar de los millones de libros vendidos y las miles de
apariciones públicas, la persona sentada frente a nosotros era un hombre
modesto y amable que bebía Coca-Cola Light y calzaba zapatillas mientras
compartía la sabiduría de cuatro décadas dedicadas a la investigación sobre la
muerte, el duelo y el más allá. Su espíritu indagador me conmovió
profundamente. Y luego, el cuarto día del taller, compartió fragmentos de su
manuscrito inédito "Making Sense of Nonsense", que reflejaba cuarenta
años de investigación sobre el lenguaje. Al regresar a casa, me envió una copia
y leí cada página con atención. Días después, les dije a mi esposo y a mi hija:
"Tengo que estudiar con este hombre".
Palabras en el Umbral de
la Muerte comparte los
descubrimientos que hice durante los años que pasé trabajando con Raymond Moody
y estableciendo el Proyecto Palabras
Finales.
La naturaleza de esta investigación.
Esta investigación no es
formal ni rigurosa. Es decir, no controla la medicación ni la enfermedad.
Ofrezco una explicación detallada, basada en profesionales de cuidado paliativo,
investigadores de cuidados paliativos y los propios datos, de por qué controlar
la medicación podría no ser necesario para obtener información válida al
estudiar las palabras finales. Los mismos patrones parecen surgir
independientemente de si una persona está altamente medicada o no lo está en
absoluto; esto también se aplica a los patrones asociados con las experiencias
cercanas a la muerte.
Además, como somos criaturas
que damos sentido a lo que nos dice la gente, lo ininteligible a menudo pasa
desapercibido o es completamente ignorado por quienes lo escuchan. Aunque pedí
a los participantes que transcribieran o recordaran frases desconcertantes y
sin sentido, sospecho que se pasó por alto algún lenguaje porque carecía de
significado para los familiares y el personal sanitario. Una parte importante
de este libro se centra en el lenguaje ininteligible y su aparición al final de
la vida, y reconozco que el análisis de la ininteligibilidad que se presenta
aquí probablemente sea incompleto; sin embargo, aun así, surgen suficientes
similitudes y patrones en los datos que este estudio se considera un primer
paso en esta investigación.
Finalmente, quienes
compartieron sus historias conmigo probablemente se sintieron impulsados a
relatar y compartir experiencias transpersonales o positivas, ya que es mucho
más difícil hablar de experiencias aterradoras o difíciles. Por esta razón, los
resultados podrían estar sesgados a favor de relatos más positivos. Sin
embargo, incluso con estas limitaciones, los hallazgos de esta investigación
ofrecen perspectivas sobre las preguntas que inspiraron inicialmente esta
investigación: ¿Surgen patrones consistentes en el lenguaje del final de la
vida? Y, de ser así, ¿cuáles son exactamente esos patrones y cómo podrían
rastrear el camino de la consciencia?
De mis entrevistas con
amigos, familiares, profesionales de la salud e investigadores, se desprende
que en hospitales, residencias y cuidados paliativos los moribundos alcanzan
nuevos estados de ser y sus palabras son una ventana a esos estados. Mi
investigación de cuatro años indica que mi padre no fue el único que
experimentó cambios metafóricos y absurdos en el lenguaje, tuvo visiones de
ángeles e hizo referencias a otra dimensión en sus últimos días.
En los próximos capítulos
compartiré el lenguaje cautivador que he escuchado y la coherencia que emerge
incluso en las frases más desconcertantes. Las palabras en el umbral me
sugieren que la consciencia, en efecto, sobrevive, y que nosotros podemos ser
tanto guías como turistas mientras viajamos con nuestros seres queridos hacia
el portal.
CAPÍTULO UNO. Transcribiendo el Misterio. Siguiendo el Camino Sagrado de
las Palabras Finales.
Imagina que has llegado al
final de tu vida. Tus seres queridos están a tu lado. Los miras a los ojos y te
preparas para hablar. Es un momento para sanar heridas, expresar amor no
expresado y compartir tu visión desde el umbral. Es un momento sagrado, cuando
toda la vida se concentra en esas últimas sílabas llenas de aliento.
¿Qué ves?
¿Qué sientes?
¿Cuales son tus palabras
finales?
Se ha escrito muy poco sobre
las últimas palabras, salvo lo que se encuentra en antologías y sitios web que
citan las ingeniosas frases de despedida de los famosos. Incluyen relatos de
conversaciones como la del comediante Bob Hope con su esposa, quien, alarmada
por el rápido declive de su esposo, le dijo: «Bob, nunca hicimos arreglos para
tu entierro. ¿Dónde quieres que te entierren, cariño? Tenemos que averiguarlo.
¿Dónde quieres que te entierren?». Su respuesta, típica de su ingenio seco:
“¡Sorpréndeme!”Como suele ocurrir con las últimas palabras, las de Hope fueron
fieles a su carácter.
La exclamación de asombro de
Steve Jobs, de Apple, —«¡Guau! ¡Guau! ¡Guau!»—, es un ejemplo del lenguaje
intenso que escuchamos en el umbral de la muerte y es fiel a la personalidad
del inspirado innovador. Otro pionero reconocido, Thomas Edison, salió de un
coma mientras agonizaba, abrió los ojos, miró hacia arriba y dijo: «Es muy
hermoso aquello». Como se verá, sus palabras fueron representativas de las de
otros que han contemplado esa frontera. Se han registrado muchas palabras
finales, desde el «¡Anda, sal! ¡Las últimas palabras son para los necios que no
han dicho suficiente!”de Karl Marx, hasta el, «Debo entrar, porque la niebla se
está levantando» de Emily Dickinson.
Chaz Ebert, esposa del
crítico de celebridades Roger Ebert, compartió un relato detallado de las
últimas palabras de su esposo en Esquire, en 2013:
Esa semana, antes de que
Roger falleciera, lo veía y me contaba que había visitado ese otro lugar. Pensé
que estaba alucinando, que le estaban dando demasiada medicación. Pero el día
antes de morir, me escribió una nota: «Todo esto es un engaño elaborado». Le
pregunté: «¿Qué es un engaño?». Y él hablaba de este mundo, de este lugar. Dijo
que todo era una ilusión. Pensé que simplemente estaba confundido. Pero no lo
estaba. No estaba visitando el cielo, no como lo imaginamos. Lo describió como
una inmensidad que ni siquiera puedes imaginar. Era un lugar donde el pasado,
el presente y el futuro ocurrían a la vez.
Estas
extraordinarias palabras fueron leídas con fascinación por personas de todo el
país, y poseen la auténtica complejidad de las palabras que he escuchado en las
cabeceras de quienes he investigado. Sin embargo, la autenticidad de los
relatos menos contemporáneos sobre las últimas palabras de personajes famosos
es a veces cuestionable. Ray Robinson, quien recopiló "Famosas últimas
palabras, despedidas cariñosas", Diatribas en el lecho de muerte y
exclamaciones al expirar, señala en la introducción de su libro: “He
llegado a apreciar la dificultad de autenticar las llamadas líneas de salida,
ya que los testigos a menudo están demasiado angustiados o confundidos para
recordar las cosas con precisión, o simplemente eligen editar o mejorar los
comentarios por el bien de la posteridad”.
Sin embargo, para quienes no
somos famosos, nuestras últimas palabras no se editan ni se registran en el
tiempo. Y, sin embargo, a todos se nos ofrece una plataforma antes de morir.
Cada día se pronuncian últimas palabras conmovedoras, y rara vez son tan
sencillas o ingeniosas como las que encontramos entre las portadas de libros y
revistas. Muchas últimas palabras son menos literales, menos inteligibles y más
enigmáticas, y su complejidad las hace aún más extraordinarias.
El lenguaje santificado al final de la vida.
Nuestras últimas palabras
reflejan profundamente quiénes somos y qué es lo que más nos importa. Es como
si la lente de nuestro Creador se magnificara y todo lo que somos estuviera a
la vista. Como explico en capítulos posteriores, incluso quienes han estado en
coma y quienes no se han comunicado en años pueden hablar justo antes de morir
para aconsejar, perdonar, amar o incluso para despedir a amigos y familiares
con frases misteriosas, como "No es eso", "El pronombre está
mal", "Dejé el dinero en el tercer cajón de abajo”o un simple
"Gracias. Te quiero".
Los budistas creen que
reflexionar sobre lo que podrían ser nuestras últimas palabras puede
profundizar nuestra aceptación de la transitoriedad de la vida y recordarnos
que debemos saborear el momento presente. En los sistemas de creencias budistas
e hindúes, ha sido tradición que los moribundos ofrezcan palabras de sabiduría
al despedirse. Algunos monjes budistas incluso han compuesto poemas en sus
últimos momentos. A menudo se percibe que quienes están muriendo tienen acceso
a verdades y revelaciones que no están disponibles para quienes viven. En
antologías de antaño se documentaron conversiones en el lecho de muerte y las
últimas palabras sirvieron como testimonio de un Dios todopoderoso y de la
existencia de los ángeles. Las confesiones al final de la vida ofrecen la
oportunidad de arrepentirse de pecados y pedir perdón. Las últimas palabras aún
se consideran un sello de oro en nuestras vidas, como un sello que resume todas
nuestras acciones y días, y permite que quienes nos rodean sepan en qué creemos
y qué es lo que realmente importa.
Quienes se encuentran en su
lecho de muerte parecen tener una especie de conexión privilegiada con Dios, la
Fuente, o toda la creación. Algunos podrían preguntarse: "¿Por qué
asumimos que las palabras finales se acercan de algún modo a la verdad de
Dios?". Y es una buena pregunta. Mucha literatura responde a esto en
términos espirituales: cuando nos acercamos a la muerte, volvemos a la Fuente,
y nuestros pensamientos y palabras se elevan gracias a este cambio de
dimensión. Los hallazgos del Proyecto Palabras
Finales sugieren que esto podría ser cierto.
Entre las personas que
entrevisté para el libro se encuentra la religiosa Cari Rush Willis, capellán
que trabaja en el corredor de la muerte y en una institución de cuidados
paliativos. Ella compartió su perspectiva sobre las enigmáticas palabras que
escuchamos de los moribundos: «Las personas al final de sus vidas tienen un pie
en el cielo y otro en la Tierra». Compartió el ejemplo de la directora de una
residencia de ancianos que le pidió ayuda porque uno de los pacientes con
Alzheimer insistía en encontrar su pasaporte. Willis le explicó que el paciente
no tenía un problema físico que necesitara solución sino uno espiritual que
necesitaba ser escuchado. Me repitió su conversación con el moribundo:
Perdiste tu pasaporte. Eso
suena muy triste.
—Sí, sí, lo es. No puedo ir
adonde necesito.
—¡Vaya! No puedes ir. Estás
atascado.
Sí, estoy atrapado entre dos
países. Estoy aquí, pero quiero estar allá.
“Oh, quieres estar allí.”
“Sí, tengo muchas ganas de
estar allí”.
“Sí, sí, anhelas estar
allí”.
Se
calmó considerablemente y dijo: “Sí, anhelo estar allí”.
En los relatos de los
moribundos, muchos “anhelan estar allí”, y el viaje de “llegar en paz”se revela
en un lenguaje notable, que veremos en los próximos capítulos.
Haciendo las grandes preguntas.
Pregunté a clérigos y
trabajadores de cuidados paliativos cuáles eran las preguntas más frecuentes al
final de la vida. Todos dijeron que la que escuchan con más frecuencia es
"¿Y si realmente no existe el cielo ni Dios?". Estas son algunas de
las preguntas que escuchan con frecuencia:
¿Qué me va a pasar en los próximos días?
¿Qué va a pasar después de que muera?
¿Existe realmente un Dios?
¿Iré al cielo?
Willis
aconseja que, independientemente de quiénes seamos o cómo hayamos vivido,
debemos tener la oportunidad de plantearnos las grandes preguntas y encontrar
nuestras propias respuestas. La mayoría de los expertos que entrevisté
coincidieron. La consejera y educadora sobre la muerte, Martha Jo Atkins,
sugirió responder a las preguntas de las personas sobre Dios con otra pregunta,
como "¿Qué es Dios para ti?", y luego guiarlas hacia sus propias
respuestas.
“Les pregunto qué y cómo
imaginan el cielo”, me dijo Kathy Notarino, enfermera jubilada de cuidados
paliativos y trabajadora social. “Nunca intentaría cambiarles esa creencia. Si
me preguntan en qué creo, les digo que sé que hay vida más allá de este mundo
físico, pero que me cuesta mucho saber cómo es”.
Por supuesto, esperamos para
nosotros y para aquellos que amamos que en el momento de cruzar estemos llenos
de asombro como Jobs o Edison, o que nuestra experiencia sea como la de un
preso moribundo, que fue consolado en sus últimos días por Willis, quien describió
cómo este anciano recluso, emocionalmente insensible y malhumorado, tuvo un
profundo momento de revelación en su presencia y así lo cuenta:
“Una de las primeras
personas con las que me senté fue un viejo tejano de mal carácter. Estaba
sentado en un rincón de su celda; lo vi mirando hacia arriba, como luego
descubrí que mucha gente hace al morir. Fue como si el cielo se hubiera abierto
y pudiera ver algo amplio e inmenso. Sus ojos se agrandaron y su rostro cambió.
Miró al techo de su celda y balbuceó: «Dios es,. más grande, más grande que
cualquier cosa que jamás pudiera esperar o imaginar», mientras gruesas lágrimas
corrían por su rostro. ¡Juro que estaba mirando al cielo cuando lo dijo!”
¿Voy
a ir al cielo? ¿Existe realmente Dios? Para algunos, en el umbral estas grandes
preguntas nunca reciben respuesta. La escritora Gertrude Stein preguntó en su
lecho de muerte: "¿Cuál es la respuesta?". Al no obtener respuesta
rió y dijo: "En ese caso, ¿cuál es la pregunta?". Poco después
falleció. Sus palabras, como las de Roger Ebert (y las de otros en sus últimos
días), parecen indicar una comprensión absurda de lo que sucede al cruzar el
umbral. En la muerte, como en la vida, formulamos nuestras preguntas y
encontramos nuestras respuestas.
Los profesionales de la
salud me comentaron que muchas personas, incluso aquellas que experimentan
ansiedad e incomodidad durante el proceso de morir, suelen experimentar una
revelación. Esta revelación suele estar asociada con visiones en la cama,
sueños curativos, conversaciones con seres queridos vivos y fallecidos, u otras
experiencias excepcionales. Podemos rastrear estas experiencias extraordinarias
a través de los cambios en el lenguaje, que se analizan en capítulos
posteriores. Estas revelaciones a menudo producen una mayor tranquilidad, entrega,
relajación e incluso asombro al morir.
Anna Rosen, enfermera de
cuidados paliativos, me dijo:
“Hay una diferencia entre
los moribundos y los enfermos, y se puede ver en sus ojos. Cuando las personas
están enfermas y tienen fiebre alta pueden ver cosas, y a menudo hay miedo
latente porque no entienden. En cambio, las experiencias del final de la vida
son como un proceso que lleva a las personas a un nivel diferente. Las experiencias
del final de la vida suelen ser positivas. Lo que ven, los cambios que
experimentan: es como un viaje”.
Sin
embargo, es evidente que no todos transitan con tranquilidad hacia esa buena
noche, y algunos mueren sin haber hecho las paces o sin haber resuelto
plenamente los problemas de la vida que permiten transiciones tranquilas.
Kathy Notarino compartió lo
siguiente conmigo: “En mi experiencia, muchas personas mueren como vivieron. Si
siempre tuvieron el control y les costaba expresar sus emociones a familiares y
amigos, entonces parecen tener más dificultades. Muchos tienen problemas sin
resolver con sus parejas o hijos, incluso con su vida. Luchan con todas sus
fuerzas para renunciar a perder la vida y rara vez tienen las visiones en el
lecho de muerte que a menudo brindan alivio y consuelo”.
Estas visiones en el lecho
de muerte a las que se refería Kathy suelen ocurrir cuando las personas están a
punto de morir y suelen involucrar a amigos y familiares fallecidos que vienen
a "llevar a la persona". El capítulo 7 se centra en este fenómeno
bien documentado y su poderoso efecto reconfortante. Sin embargo, no todos
experimentan la tranquilidad que brindan las "visitas”en el lecho de
muerte.
El profesor de Tai Chi y
meditación Jeffrey Kessler describió los últimos días de su padre, mientras su
cuerpo se debilitaba por una afección cardíaca que se aceleraba. Jeffrey
explicó: «Era de esas personas que luchaban contra cualquier tipo de
vulnerabilidad». Su padre era veterano de la Segunda Guerra Mundial y siempre
había querido enseñar a su «hijo demasiado blando» a ser fuerte. Más de una
vez, su padre había citado estos versos de “Invictus”, de William Ernest
Henley: “Soy el dueño de mi destino; soy el capitán de mi alma”.
Tras un infarto
catastrófico, seguido de una semana de tratamientos sin mejoría, su padre,
horas antes del amanecer, pidió a las enfermeras que desconectaran la bomba. Lo
hicieron y luego llamaron a Jeffrey y a sus dos hermanos para avisarles que su
padre pronto moriría. Mientras se reunían junto a su padre, este, de alguna
manera, logró incorporarse hasta sentarse en la cama y recitó las palabras que
Jeffrey conocía tan bien: «Soy el dueño de mi destino; soy el capitán de mi
alma». Entonces su padre gritó: «¡Mentira!» y murió.
Jeffrey me explicó: «Le
gustaba considerarse un padrone poderoso, pero antes de morir se sintió
humillado físicamente. Y mientras la fortaleza de su corazón se desmoronaba,
sintió su completa impotencia ante el gran misterio».
Cada uno de nosotros
emprende el proceso de afrontar el misterio de forma diferente. Cuando mi padre
se estaba muriendo y le preguntábamos cómo estaba, respondía: «Estoy trabajando
en mí mismo, trabajando en mí mismo». Esta fue una frase que usó a lo largo de
su vida cuando intentaba encontrar maneras de lidiar con personas o
circunstancias difíciles. Todos mis familiares sentían que había una gran
verdad en lo que nos decía. Incluso al final, estaba trabajando para comprender
mejor su proceso y su vida.
Solicitudes finales.
Una de las maneras en que
las personas cierran sus vidas es a través de sus últimas peticiones. Las
peticiones más comunes en el Proyecto Palabras
Finales fueron humildes, relacionadas con visitar a amigos y familiares y
disfrutar de pequeños placeres, como una última botella de su cerveza favorita.
Quienes están muriendo a menudo esperan a ciertos amigos o familiares para
poder despedirse. Las últimas peticiones suelen tomar la forma de asegurar que
sus seres queridos tengan todo lo necesario para seguir adelante. Un ejemplo
típico fue el consejo que un hombre le dio a su hija: que se asegurara de que
su nieta "recibiera muchas clases de guitarra". A lo que añadió:
"Tiene mucho talento, ¿sabes?". Otro padre le dijo a su hijo:
"Estoy preocupado por tu madre. No parece estar bien".
Un hijo describió cómo su
madre emergió de un estado de total indiferencia un par de días antes de morir
para informarle sobre la ubicación de importantes archivos financieros que
resolverían su patrimonio, lo que le hizo todo más fácil.
Una paciente pidió la colcha
que la había calentado durante muchas noches mientras estaba sentada junto a la
estufa de leña de su cabaña en la montaña; buscó su consuelo familiar horas
antes de morir.
Mi abuela pidió que le
pusieran virutas de chocolate en la lengua.
El Día de Acción de Gracias,
Steven Ross, padre de familia numerosa, pidió que le llevaran las herramientas
para trinchar el pavo de Acción de Gracias a su cama del hospital de paliativos
para poder servir su plato favorito a sus seres queridos. Su familia, con
cariño, le trajo un poco de pavo y un cuchillo sin filo. Con solo una lucidez
parcial, imaginó que era antes y animó a todos a disfrutar de la abundancia de
la temporada.
Rachel Weintraub describió
cómo su hermana, que se estaba muriendo de cáncer de pulmón, quería un
cigarrillo y panqueques antes de morir. La enfermera, desoyendo la última
petición de la mujer, le aumentó la dosis de morfina, con consecuencias
desastrosas. "Mi hermana no consiguió ninguna de sus peticiones",
escribió Rachel. "No fue un final feliz".
Ojalá y tu ser querido tú
estéis en un lugar donde se cumplan plenamente sus últimas reivindicaciones ya
sea chocolate o un cigarrillo, la visita de algún hijo o tío, o panqueques con
sirope y crema batida. Para mi padre fue la oportunidad de elegir a un ganador
más en las carreras de caballos, que pudo ver por televisión, y la oportunidad
de admirar, en video, a su diosa de la pantalla grande, Marilyn Monroe una
última vez mientras cantaba: ““A kiss on the hand may be quite continental”.
Entrando en otro mundo.
Desarrollar una buena
relación con alguien, o adentrarse en su mundo, es la manera más poderosa de
construir una conexión. A principios de la década de 1970, John Grinder,
profesor adjunto de lingüística en la Universidad de California, Santa Cruz, y
Richard Bandler, estudiante de psicología, identificaron patrones utilizados
por terapeutas exitosos. Una estrategia fructífera entre los terapeutas fue
alinearse con el sistema de representación principal del paciente. Cada uno de
nosotros procesa sus experiencias y las representa ante sí mismo y ante los
demás de manera diferente, y estas se revelan en términos visuales, auditivos o
cinestésicos.
Bandler y Grinder
descubrieron que cuando un cliente habla en términos visuales diciendo, por ejemplo,
"No puedo ver qué estoy haciendo mal", los terapeutas más
eficaces, consciente o inconscientemente, se ajustan a la modalidad de la
persona que habla y dicen algo como "Echemos un vistazo y centrémonos
más en esto". O, cuando los clientes decían algo como "Simplemente no
puedo entender por qué no está funcionando", los terapeutas usaban
frases kinestésicas como: "Entiendo lo que quieres decir. Te entiendo".
Cuando las personas sienten
que las encuentras donde están se sienten "vistas", "escuchadas”o
"conocidas”y eso las reconforta. Cualquier acto de comunicación ofrece la
oportunidad de tender puentes. Una de las maneras de lograrlo es escuchar el
lenguaje de la otra persona y adaptarlo. De esta manera te conectas con la
realidad del hablante y la validas. Al hacerlo se abren puertas de múltiples
maneras y se profundiza la conexión.
La semana en que mi padre
empezó a morir se incorporó en la cama, me miró con sus ojos penetrantes y
dijo: "¿Qué demonios está pasando? ¿Me estoy muriendo?". Me aterraba
tanto esta pregunta que nunca le respondí. ¿Cómo le dice una hija a su padre
que se está muriendo, especialmente cuando enfrenta su propio miedo y dolor?
Así que, sin estar preparada para su pregunta, no pude adentrarme plenamente en
la realidad del momento. No sabía entonces cómo integrarme a su mundo con
comodidad y plenitud.
Busqué el consejo de mi
amiga terapeuta Bárbara. Le pregunté cómo debía responder a mi padre si alguna
vez volvía a preguntarme. Me dijo: «La mayoría de la gente sabe cuándo se está
muriendo. En lugar de tener miedo de ser sincera, sé sincera. Los moribundos
suelen estar muy solos, ya que todos evitan la verdad. No te preocupes, no
puedes matar a un moribundo admitiendo que podría estar muriendo. No le
sorprende. Sé honrado sobre la realidad de la muerte y así ambos podrán ser
sinceros sobre sus sentimientos».
En algunas familias,
afrontar esta realidad resulta más fácil. Entrevisté a Jerry, un empresario de
mediana edad, quien me contó la historia de su tía, Francine. Ella no tenía
ningún problema en hablar directamente sobre la muerte. Francine había dejado
los cuidados paliativos, optando por morir en casa, y descansaba en su
habitación. Jerry explicó que toda la familia, que había venido de diferentes
partes del país para estar con la tía, se había reunido en el comedor para
comer y habían empezado a hablar en voz alta como era costumbre durante las
comidas. La tía, que estaba en la otra habitación, gritó: "¡Cálmense
todos, por favor! ¡Estoy intentando morirme aquí dentro!".
Un padre al borde de la
muerte le dijo a su hija: «Me atrevo a morir». Era una verdad que ella podía
oír, pero no todas las personas pueden expresarse plenamente ni afrontar la
muerte con tanta valentía. En mis entrevistas con familias, descubrí que tenían
diferentes maneras de hablar sobre la muerte. Algunas eran directas, en muchos
casos porque un diagnóstico temprano les había facilitado la comunicación. En
otras familias, la conversación sincera entre los moribundos y sus seres
queridos era escasa o nula.
“¿Qué decirle a un ser
querido que pregunta: ¿Voy a morir?”, comentó Kathy Notarino, enfermera de
cuidados paliativos, en respuesta a mi consulta por correo electrónico.
Continuó diciendo: “Es una pregunta difícil, porque realmente depende de las
personas y de cómo se tomen esa información. Cuidé de mi madre, quien me hizo
esa pregunta. Cuando estaba bien le decía: "Hoy no". También le
decía: "No sé", pero creo que ella lo sabía. Es difícil con un padre.
Acabo de cuidar de mi buena amiga, que murió de cáncer de ovario, y hablamos
abiertamente de ello porque sabía que le diría la verdad.
En mi caso, nunca respondí
honrada y directamente a la pregunta de mi padre, y sí, como sugirió Barbara,
sentí que él lo sabía. Aunque nunca conectamos del todo al responder a su pregunta,
entablamos una buena relación en las semanas posteriores. Hay muchas maneras y
oportunidades de conectar con nuestros seres queridos en los últimos días y
semanas de vida, y puede que no todas sean conversaciones literales. Hay puntos
de contacto en cada fase antes de que la persona que amamos nos deje, y este
libro trata, en parte, sobre cómo aprender esos puntos de contacto y confiar en
las oportunidades sagradas que existen en cada uno.
Para cuando creí tener una
respuesta que permitiría a mi padre y a mí hablar literal y honradamente sobre
su muerte, ya era demasiado tarde. Él ya estaba viajando, adentrándose en un
mundo donde sus palabras eran más difíciles de entender y donde empezó a hablar
en un lenguaje simbólico y críptico. La pregunta de si se estaba muriendo ya no
flotaba en el aire. Había entrado en un nuevo estado de ser, uno que le
permitía reconciliarse con la realidad que había empezado a afrontar
plenamente.
Si alguien a quien amas está muriendo ahora.
Si te enfrentas a la muerte
de un ser querido ahora mismo, te invito a escribir las palabras que escuchas,
incluso las que parecen incoherentes, sin alterarlas, temerlas ni juzgarlas. Al
transcribirlas y leer estos capítulos, quizá descubras que los mismos cambios
que percibes en el lenguaje de tu ser querido, que pueden parecer aterradores y
confusos, pueden, en última instancia, brindarte consuelo y significado.
A menudo, surgen joyas al
escuchar atentamente y escribir nuestras últimas palabras, y el proceso de
transcripción puede ayudarnos a sentirnos más conectados con nuestros seres
queridos y aún más cerca de la Fuente. Muchas veces los moribundos dicen cosas
que no tienen sentido en el momento. Pero meses o años después, encontrarás
indicios de profecía o respuestas a preguntas en esas palabras.
Aquí hay algunas sugerencias
que puedes usar mientras presencias con valentía y compasión las palabras
finales.
Entra en el mundo de tu ser querido. Imagina que visitas un nuevo país. Mantén la mente y
el corazón abiertos. Registra en un diario de últimas palabras lo que oyes, ves
y sientes; será tu diario de viaje privado sobre ese otro lugar. Puede que más
adelante te sorprendan las perlas de sabiduría que encuentres allí.
Ten ojos puestos en lo sagrado. Si es posible, imagina que el territorio al que has
entrado es terreno sagrado, a pesar de la terrible pérdida que se cierne sobre
ti. Mantente abierto a la posibilidad de que algo transpersonal esté ocurriendo
y que las palabras que escuchas sigan su curso.
Valida las palabras y experiencias de tu ser querido. Repite lo que dijo para que sepa que lo escuchaste:
"Oh, tu modalidad está rota. Me encantaría saber más sobre eso".
Evita decirle que lo que ve o dice está mal, o es falso.
Estudia el idioma. Ya que estás en un país nuevo, aprende su idioma.
Estúdialo. Practícalo. Háblalo. Presta atención a los símbolos y metáforas que
resulten significativos a tu pareja y úsalos al comunicarte. Por ejemplo,
pregúntale: "¿Quieres que te ayude a encontrar tu pasaporte?". Cuando
escuches cosas sin sentido, simplemente piensa: "¡Ah, así se expresan las
cosas en este país!".
Haz preguntas con autenticidad y curiosidad. Está bien hacerle saber a la persona moribunda que
estás confundido y que te encantaría saberlo más de lo que quiere comunicar.
"¿Podrías contarme más sobre...?"
Asume que tu ser querido puede escucharte incluso
cuando no responde, o está en silencio; haz saber a la persona moribunda lo
profundo que es tu amor. Al
morir, el oído es el último sentido en desaparecer. Cuando estés en otra
habitación, y especialmente cuando hables de tu ser querido, hazlo con mucho
elogio y gratitud. Di palabras que le brinden alegría o consuelo.
Disfruta del silencio. A veces es mejor simplemente sentarte con tu ser
querido. Cuando las palabras no construyen puentes, recuerda que el moribundo
podría estar mucho más sintonizado con la comunicación telepática o no verbal,
similar a la que experimentamos al orar. Habla con la persona que amas como lo
harías al orar.
Sanando el duelo.
Escuchar y honrar sus
últimas palabras facilitará el proceso de morir para tu ser querido. Al mismo
tiempo, transcribirlas puede ser sanador para ti mientras superas la pérdida del
ser querido. Haz un diario con las palabras que escribes. Recuerda que las
palabras que no tienen sentido son tan importantes como las que sí lo tienen.
Observa las metáforas o símbolos que se repiten y las frases paradójicas. ¿Hay
colores o formas que se repiten? ¿Hay referencias a personas o lugares que no
ves? Puede que al principio no tengas claro el significado, pero al escribir
las palabras que has escuchado, puedes encontrar asociaciones reconfortantes o
sanadoras.
Lo que a un extraño le
parecería absurdo, para ti puede tener profundo significado personal. Las
últimas palabras pueden ser como sueños. Aprendemos mucho al reflexionar sobre
ellas y asociarlas libremente. En tu diario de últimas palabras anota las que
escuchas y permítete asociarlas libremente. Imagina que son las de un oráculo o
la sabiduría de los sueños y deja que evoquen en ti imágenes y reflexiones.
Puede que te sorprendas y conmuevas con lo que surja.
Mi madre y yo creamos placas
grabadas en raku con las últimas palabras de mi padre en honor a su memoria. El
arte es una poderosa herramienta de sanación. Muchas veces la mejor manera de
procesar el duelo es sin palabras. Tomar las últimas palabras y crear arte con
ellas nos lleva a una mayor comprensión de su significado y de quienes amamos.
Integrar las últimas con el arte es una forma de mantener abierta la puerta
entre vivos y moribundos, forma de honrar a quienes nos precedieron.
Iluminando el camino de la conciencia.
Si actualmente no enfrentas
la pérdida de un ser querido espero que este libro te brinde las herramientas
necesarias para cuando ocurra. Es posible que este libro responda tus preguntas sobre la vida después
de la muerte y profundice tu comprensión de la conexión entre lenguaje y
conciencia.
Si bien la muerte de un ser
querido es momento de profundo dolor, a menudo también es momento sagrado. El
lenguaje al final de la vida ofrece un camino hacia una mejor comprensión de la
calidad espiritual de morir y vivir, y puede ayudarnos a desarrollar conexiones
más profundas con nuestros seres queridos. Con cada palabra que transcribimos
nos invita a conectar con la conciencia de nuestros seres queridos en su
transición. El continuum del lenguaje en las comunicaciones de los moribundos
incluye aumento del lenguaje simbólico y metafórico, repetición, narrativas
sostenidas, diversos tipos de sinsentidos paradójicos y situacionales, y
variedad de otros patrones lingüísticos que arrojan luz sobre el camino de la
conciencia que recorremos al morir. Al analizar el lenguaje de quienes han
tenido experiencias cercanas a la muerte podemos aprender de esos relatos sobre
las palabras en el umbral de la muerte.
CAPÍTULO
DOS. No
hay palabras para ello. El
lenguaje cambia a medida que nos acercamos al final.
No puedo
describir con palabras la experiencia. No hay manera de poder hacerlo plenamente. —
Sandra, participante del Proyecto Palabras Finales.
Estás describiendo a un
amigo cómo es una silla. Es sencillo, ¿verdad? ¿Qué tal explicar la sensación
de estar enamorado? ¿Puedes transmitir fácilmente el sabor de una barra de
chocolate a alguien que nunca ha comido chocolate? Y ahora, ¿cómo describirías
un momento profundamente espiritual a alguien que nunca lo ha tenido?
Ciertos conceptos son más
difíciles de expresar con palabras que otros. Si eres como la mayoría,
describir una silla te resultará relativamente fácil. Usarás lenguaje literal e
inteligible: por ejemplo, podrías decir que tiene cuatro patas de roble,
respaldo duro y asiento acolchado de
terciopelo azul. Es bastante fácil. Y la persona con la que hablas
probablemente entenderá todo lo que dices; hay pocas posibilidades de
malentendidos. En este caso, las dos percepciones de la realidad se solapan
bastante.
El lenguaje puede variar
desde muy literal hasta figurado e ininteligible. Si bien la mayor parte del
habla humana es literal o figurada a veces utiliza lenguaje ininteligible o sin
sentido. A menudo usamos lenguaje figurado e incluso sin sentido cuando
describimos cosas que son difíciles de expresar en lenguaje literal.
Volvamos a explicar la
sensación de estar enamorado. De repente, puede que necesites recurrir a un
lenguaje más allá de lo literal para explicarlo. Podrías decir algo como: «En
el momento en que la vi sentí como si la conociera desde hacía un millón de
años». O: «Cuando estamos juntos siento una paz que nunca antes conocí, como
estar en las montañas bajo un cielo estrellado».
Como no estamos muy
acostumbrados a describir sabores, y en español tenemos un vocabulario
relativamente limitado para hablar de ello, las conversaciones sobre el
chocolate pueden ser más difíciles que las del amor. Quizás tengas que hacer
comparaciones y asociaciones. «Tiene un sabor dulce, rico y cremoso. Un sabor
un poco oscuro, me recuerda a selvas salvajes, pero con toda la dulzura de la
fruta. Y tiene algo casi relajante al derretirse en la lengua.».
Y finalmente, si tienes una
experiencia extremadamente espiritual puede haber un rango de lenguaje aún más
limitado que puedas usar para compartir esta experiencia intensamente subjetiva
con otra persona. Tenemos muy pocas frases literales que puedan describir
momentos intensamente íntimos. Es por eso por lo que poetas y místicos a menudo
recurren a lenguaje figurativo e incluso absurdo para hablar de cosas de la
vida que no son sensoriales. No es raro que la experiencia mística no sensorial
se explore a través de paradojas sin sentido como "el silencio
susurrante”o, "la oscuridad iluminada".
El lenguaje literal funciona
bien para aquellas cosas que involucran a los cinco sentidos y que todos
conocemos. Sin embargo, cuando las experiencias o conceptos son más subjetivos
y van más allá de lo puramente sensorial encontrar las palabras adecuadas se
vuelve cada vez más difícil.
¿Cómo describir la experiencia de morir?
Imagina por un momento qué
tipo de lenguaje utilizarías para describir la experiencia de morir. No solo es
una experiencia para la cual el oyente carece de un punto de referencia
convincente, sino que también resulta completamente extraña y nueva para quien
se está muriendo. Carece, en todos los sentidos, de un marco de referencia para
la mayoría de nosotros. Consideremos, además, la posibilidad de que morir sea
un “esto”incomprensible, como mi padre lo describió a su secretaria días
antes de morir, cuando le dijo: “Esto es muy interesante, Alice».
Además, existe la posibilidad de que, si hay otra dimensión o una vida después
de la muerte, esa realidad también eluda todos los significados literales que
conocimos. Quizás, con solo cruzar a estas nuevas dimensiones activemos nuevas
partes del cerebro y, como resultado, del lenguaje.
Quienes han tenido
experiencias cercanas a la muerte dicen que es imposible encontrar palabras
para explicar su experiencia. Su experiencia es inefable.
Al observar el espectro del
lenguaje, desde lo literal hasta lo absurdo, surge algo fascinante: los
diferentes tipos de lenguaje se asocian con distintas partes del cerebro según
recientes investigaciones con escáneres cerebrales. El lenguaje literal, como
el que se usa para describir una silla, involucra regiones del hemisferio
izquierdo tradicionalmente asociadas con el lenguaje de la realidad literal y
compartida. Pero el lenguaje figurado, como el símil «Mi amor es como una rosa
roja, roja», involucra tanto al hemisferio izquierdo como al derecho. En un
artículo publicado en Scientific American, el autor explica: «Investigaciones
previas con imágenes cerebrales demuestran
que la interpretación de metáforas requiere diversas áreas en ambos hemisferios
cerebrales en comparación con el lenguaje literal, que se procesa en áreas
lingüísticas conocidas del izquierdo». Sin embargo, una frase sin sentido como:
«Mi amor está espinoso en la espiral de la trama», involucra regiones del
hemisferio derecho asociadas con experiencias místicas y la música, como
veremos más adelante con mucho más detalle.
¿Es posible, entonces, que
al acercarnos a la muerte tengamos experiencias más difíciles de expresar con
el lenguaje habitual, lo que aumenta la construcción metafórica desconcertante?
¿O es que al morir las regiones del hemisferio izquierdo, asociadas con el
lenguaje literal y sensorial, se degradan? ¿Acaso, como resultado, hay mayor
dependencia del lenguaje que involucra las funciones del hemisferio derecho en los
días previos a la muerte? ¿O ambas ideas ciertas? Podemos preguntarnos si estamos programados para tener experiencias
al final de la vida que quedan fuera del lenguaje literal, si estas
experiencias tienen el efecto de detener o interferir de alguna manera con
nuestras funciones del hemisferio izquierdo de modo que la degradación de las
funciones del lenguaje literal conduzcan experiencias más simbólicas y sin
sentido.
Raymond Moody sugiere que
cuando “la mente pasa de una dimensión inteligible a una menos comprensible
genera sinsentidos y, en ese caso, una explicación literal sería errónea. La
mente se ve obligada a decir sinsentidos al transitar entre dimensiones”. Moody
usa la palabra sinsentido para referirse a un lenguaje que no tiene
sentido literal para quienes lo escuchan. Sin embargo, también indica que casi
todos los idiomas son “sinsentidos”ininteligibles para quienes no los conocen,
ni conocen sus patrones lingüísticos hablados y escritos: por ejemplo, el chino
es un sinsentido para quienes no lo hablan. A medida que aprendemos más sobre
el continuum del lenguaje que surge en los últimos días éste cobra cada vez más
significado y suena menos a sinsentido.
El lenguaje de la experiencia cercana a la muerte.
La comprensión de Raymond
Moody de las propiedades únicas del lenguaje ininteligible fue, en parte, lo
que lo llevó a acuñar el término "experiencia cercana a la muerte".
Antes de convertirse en médico obtuvo doctorado en filosofía y centró gran
parte de sus estudios de posgrado en la ininteligibilidad y el sinsentido.
Cuando comenzó a escuchar de sonidos inusuales e historias de pacientes que
habían muerto y luego revivido quedó intrigado. Las historias que escuchaba de
sus pacientes seguían patrones muy similares a los de las historias sin sentido
que había estudiado como estudiante de filosofía. Al igual que los personajes
de “Alicia en el País de las Maravillas”, sus pacientes decían cosas que
parecían desafiar las nociones habituales de espacio y tiempo y, al igual que
los personajes de Lewis Carroll, los pacientes de Moody a menudo hablaban con
paradojas desconcertantes. Algunas de las cosas que escuchaba de pacientes que
aparentemente habían muerto y vuelto a la vida eran frases como estas:
“Hubo tiempo, pero no tiempo.”
“Me sentí más vivo cuando estaba muerto que cuando
vivía”.
“Entendí todo lo que dijeron, pero no dijeron ni una
palabra”.
“Dejé mi cuerpo y viajé a través de las galaxias, todo
mientras yacía inmóvil en la cama”.
“Parecía que había pasado un minuto, pero también mil
años”.
Todas
estas frases son paradójicas. ¿Cómo es posible que algo pareciera un viaje a
través de las galaxias cuando, de hecho, el paciente yacía inmóvil en la cama,
o que pareciera un minuto, pero también mil años? Estas eran afirmaciones
intrigantes, y al escuchar las descripciones paradójicas de sus pacientes
sintió cada vez más curiosidad por ellas. ¿Cómo era posible que un paciente que
había vuelto a la vida dijera que nunca se había sentido tan vivo como cuando
estaba muerto?
Con el paso de los años, a
medida que Moody escribía relatos de estos cambios en el lenguaje y las
experiencias de sus pacientes, surgió un patrón que identificó como la “experiencia
cercana a la muerte”. A través de las "historias sin sentido”de sus
pacientes, identificó un conjunto de experiencias compartidas por algunos que
habían muerto y resucitado. Moody se sentía particularmente atraído por sus
narrativas porque sus historias describían claramente algún tipo de viaje,
aunque en realidad no había movimiento real del punto A al punto B tal como
entendemos el movimiento en la realidad tridimensional. Las historias que
surgieron eran, técnicamente, narrativas de viajes sin sentido. Es decir, en
términos de la realidad literal que conocemos, las historias carecían de
sentido. Los "viajes”que estos pacientes describieron haber realizado
durante sus experiencias cercanas a la muerte violan casi todo lo que sabemos
sobre el mundo tridimensional y de cinco sentidos.
Una mirada más cercana a
estos patrones de lenguaje asociados con las ECM revela una base para
comprender el lenguaje de la muerte.
La narrativa del viaje sin sentido.
Aquellos que han tenido
experiencias cercanas a la muerte a menudo describen una especie de viaje que
ocurre fuera de sus cuerpos físicos, y sus descripciones involucran uno o todos
los siguientes hechos: ascender y salir del propio cuerpo, moverse a través de
túneles o valles , reunirse con familiares o amigos fallecidos o figuras
espirituales y, finalmente, tener una revisión de su vida.
Una de las características
de una experiencia cercana a la muerte, (ECM), es que la persona "asciende
y sale del cuerpo”y tiene una "experiencia extracorporal"; esto
parece ser cierto tanto si la persona informa una ECM positiva como negativa o
angustiante. La siguiente descripción proviene de John, una de las personas que
entrevisté. Tuvo una experiencia cercana a la muerte tras ser trasladado al
hospital por un accidente de tránsito casi fatal. Su descripción es típica del
lenguaje que la gente usa al hablar de sus experiencias extracorporales:
"Lo siguiente que noté fue que estaba flotando en el techo de la
habitación del hospital. Podía ver todo lo que sucedía debajo de mí, e incluso
noté el color blanco tiza del techo". Dentro del contexto de nuestra comprensión
de este mundo tridimensional de cinco sentidos, su descripción es absurda, ya
que en nuestro mundo literal la gente no flota fuera de sus cuerpos o tienen la
capacidad de examinar detenidamente la pintura del techo mientras se está
inmóvil en una cama. Sin embargo, quienes describen sus experiencias
extracorporales dirán que, aunque el lenguaje pueda parecer absurdo, la
experiencia es comprensible y significativa para ellos. "Mientras los de
abajo conversaban sobre mi muerte, me sentí completamente vivo y
consciente", explicó John.
Aquí hay otra descripción
representativa de Lisa, quien tuvo una experiencia cercana a la muerte después
de un ataque al corazón: «Sentí que salía del cuerpo y podía ver hacia abajo.
No sé cuánto tiempo estuve allí arriba. Pero de repente fue como si una mano
bajara para sostenerme; y esa mano se convirtió en una luz increíble mientras
me elevaba».
Quienes describieron
experiencias extracorporales explican que sintieron una fuerte sensación de sí
mismos en ese momento, como si estuvieran completamente conscientes, aunque los
que estaban en el mundo físico no podían oírlos ni verlos ni sentir sus
movimientos por encima de sus cuerpos sin vida.
Los movimientos hacia arriba
y hacia afuera del cuerpo están estrechamente asociados con las experiencias
cercanas a la muerte. En capítulos posteriores veremos que la descripción misma
de ascender estando físicamente inmóvil también es característica del lenguaje
de los moribundos.
Otro punto de referencia
común, en la narrativa de viaje de quienes han tenido experiencias cercanas a
la muerte, es un túnel o valle. Esta descripción proviene de Sandi, quien envió
un correo electrónico al Proyecto Palabras
Finales describiendo su ECM de esta manera: «El túnel en el que me
encuentro parece suave y largo, como si me moviera a través de un túnel de
nubes. Estoy extasiada de ser libre y poder moverme con tanta gracia y
agilidad, de moverme tan rápido. Me siento libre, sin restricciones. Por fin,
vuelvo a ser yo misma. Al atravesar el túnel me dirijo hacia la más hermosa luz
dorada. Estoy en casa».
Incluso cuando se cuentan en
tiempo pasado, estos relatos transmiten movimiento, un poderoso contrapunto a
la realidad de los cuerpos sin vida de los individuos. Esto queda claro en el
testimonio de Rick, quien describió su experiencia ECM tras ser ingresado en el
hospital por sepsis. «Tenía la sensación de estar atravesando un valle profundo
y sombrío. Pero no sentí miedo. De hecho, sentí consuelo».
Guías para el viaje.
Quienes comparten sus
experiencias cercanas a la muerte a menudo hablan de encuentros con familiares
y amigos que fallecieron antes que ellos y que los recibieron o guiaron en su
camino. También hablan de figuras espirituales o "seres de luz".
Rick, por ejemplo, declaró: "Todas estas personas estaban allí. A muchas
las conocía y reconocía, incluyendo a un amigo que conocí en la primaria. Sentí
su presencia, y en el caso de algunas, incluso vi sus cuerpos. Sentí que todas
me daban la bienvenida y querían protegerme o guiarme".
Lisa explicó con más detalle
su experiencia de una mano que la levantó tras su infarto: «Esta Divina
Presencia era pura luz. Y esa luz parecía hablarme, decirme que ahora me
guiaría. Confié plenamente en esa presencia».
El día de Navidad de 1993
Shawna Ristic sufrió un grave accidente automovilístico que la dejó al borde de
la muerte y en coma durante muchos días. "Tenía la opción de regresar o
no", dijo, "y esta decisión fue conjunta entre el consejo, un grupo
de doce seres que conocí durante mi estancia en el otro lado, y yo. Aprendí que
trabajo con ellos y los represento aquí, en la Tierra. Vi las consecuencias de
ambas decisiones: la paz de permanecer con los seres llenos de luz y amor que
con tanto cariño me habían elevado de mi cuerpo".
Las referencias a “seres de
luz”, amigos y familiares fallecidos y otras figuras orientadoras aparecen no
sólo en las descripciones de quienes han tenido experiencias cercanas a la
muerte, sino también, como veremos, en los relatos registrados por el Proyecto Palabras Finales.
El viaje culmina en una revisión de la vida.
Muchas personas que han
tenido una ECM explican que la experiencia de salir del cuerpo, guiada por
figuras espirituales, amigos o familiares, las llevó a una revisión de vida.
Esta revisión abarca toda la vida de la persona y, a menudo, se ve desde la
perspectiva de alguien a quien se le hizo daño.
El lenguaje metafórico
aparece con frecuencia en las descripciones de estas revisiones de vida. De
hecho, quienes relatan sus experiencias afirman que no hay forma de explicar el
proceso de revisión sin recurrir a analogías y símbolos de este proceso de
"más allá". Las descripciones metafóricas que escuché iban desde:
"Fue como ver una película", hasta, "Había postes en colinas
ondulantes, y cada poste representaba un hito importante de mi vida; y entonces
cobró vida", y otra persona dijo: "Era como si hubiera globos o
esferas, como burbujas, que albergaban imágenes de mi vida".
La experiencia cercana a la
muerte en sí misma a menudo se describe como una historia o viaje y comparte
los mismos puntos de referencia: ascender, mirar hacia abajo y percibir las
escenas del lecho de muerte, viajar a través de un túnel, reunirse con amigos o
familiares o figuras espirituales que fallecieron antes que él, y luego viajar
hacia o a través de una revisión de vida y, finalmente, "regresar”al
cuerpo.
Al observar con atención el
lenguaje de estas experiencias excepcionales, observamos una clara evolución
del lenguaje literal a uno rico en metáforas, paradójico o sin sentido. Los
relatos asociados con las ECM presentan muchos de los indicadores críticos que
también existen en el lenguaje de los moribundos. Escuchamos una historia de
viaje, un viaje lleno de afirmaciones simbólicas y paradójicas que ofrece la
posibilidad de viajar a, o atravesar, otro estado del ser o dimensión donde las
reglas de nuestro mundo tridimensional literal, de cinco sentidos, ya no
existen. El lenguaje que escuchamos a menudo es sin sentido, —no se basa en los
sentidos tal como los conocemos—, y promueve una comprensión completamente
nueva.
La experiencia cercana a la muerte es inefable.
La narrativa del viaje es
fundamental en la experiencia cercana a la muerte, pero quienes la han vivido
dirán que ni siquiera la analogía del viaje refleja del todo su experiencia. Es
decir, no hay palabras para explicarla. Cada aspecto que la persona experimenta
en esos momentos de muerte clínica es indescriptible. Quienes han tenido
experiencias cercanas a la muerte explican universalmente que simplemente no
podemos usar las palabras ni los puntos de referencia a los que estamos
acostumbrados. Una de las primeras citas que documenta una experiencia cercana
a la muerte apareció en "Vida después de la vida”de Raymond Moody .
Aunque fue pronunciada hace varias décadas, resume sucintamente un sentimiento
común entre quienes han tenido una ECM:
“Ahora bien, me encuentro
con un verdadero problema al intentar explicarles esto ya que todas las
palabras que conozco son tridimensionales. Mientras lo analizaba, pensaba:
«Bueno, cuando estudiaba geometría siempre me decían que solo había tres
dimensiones y yo, simplemente, lo aceptaba. Pero se equivocaban. Hay más». Y,
por supuesto, nuestro mundo —el que vivimos ahora— es tridimensional
pero el que nos rodea definitivamente no lo es. Por eso es tan difícil
decírselo. Tengo que describírtelo con palabras tridimensionales. Es lo más
cercano que puedo llegar a eso, pero no es realmente adecuado. No puedo darles
una imagen completa”.
En
mis entrevistas con personas que han tenido experiencias ECM escuché el mismo
tema: la experiencia desafía las palabras o la realidad que todos compartimos
aquí. El lenguaje no puede transmitir algo que trasciende los cinco sentidos.
Las metáforas nos permiten describir lo inefable.
La calidad inefable del
lenguaje del otro lado hace necesario que quienes han tenido experiencias
cercanas a la muerte recurran al lenguaje figurado o, incluso, disparates como
"flotar entre nubes", "fotogramas de una película",
"entrar por primera vez en una casa grande y oscura con las luces encendidas",
"vivir dentro de los colores de un televisor de alta definición”o,
"llegar a casa". Las descripciones de quienes han tenido experiencias
cercanas a la muerte demuestran que la metáfora es la única forma en que estas
personas pueden explicar algo tan diferente de nuestra experiencia ordinaria. Quienes
han tenido una ECM solo pueden empezar a transmitir mediante metáforas y
analogías lo que percibieron. Es importante recordar esto al observar el
lenguaje altamente metafórico que emerge en el lenguaje de los moribundos.
Como se mencionó
anteriormente en este capítulo, tenemos acceso a un continuo de lenguaje. El
lenguaje literal es el de nuestra realidad compartida en este mundo de cinco
sentidos. Las metáforas, por tanto, nos ayudan a articular experiencias que
parecen originarse más allá de los cinco sentidos y de esta realidad
tridimensional. Quizás, por eso no sorprende que las metáforas aparezcan con
frecuencia en el lenguaje de las ECM y al final de la vida.
Las figuras retóricas, como
las metáforas, reflejan el poder del lenguaje para alterar la realidad y crear
puentes hacia otras nuevas. Las figuras retóricas pueden sacarnos de lo común y
ampliar la conciencia mediante el uso de comparaciones. Moody señala que las
figuras retóricas son comunes en las descripciones de las ECM, ya que es
imposible relacionarlas sin recurrir a ciertos "efectos especiales del
lenguaje".
El lenguaje cercano a la muerte suele ser paradójico.
El lenguaje es secuencial
pero la experiencia cercana a la muerte a menudo se describe como carente de
secuencia espacial o temporal. Esta cualidad no secuencial de la ECM obliga a
las personas a recurrir no solo a descripciones metafóricas sino, también, a
paradójicas como las mencionadas anteriormente.
La mayoría de las personas
que entrevisté explicaron que el pasado, el presente y el futuro coexistían a
la vez. Muchas explicaron que cuanto más intentaban plasmar su experiencia con
el lenguaje más confusas se sentían y menos coherentes se volvían sus
explicaciones. Nuestros cuerpos y el lenguaje parecen organizar la experiencia
y el pensamiento siguiendo una narrativa lineal. Pero más allá de nuestros
cuerpos vivos, existe una realidad más vasta, no lineal y no narrativa. He aquí
un resumen de las frases paradójicas que he escuchado durante mi investigación
sobre el lenguaje de las experiencias cercanas a la muerte, las mismas
afirmaciones que despertaron el interés de Raymond Moody hace más de cuarenta
años:
“Cuando morí, me sentí mejor que nunca en mi vida”.
“Nos comunicamos con total entendimiento, pero nadie
dijo ni una palabra”.
“La Presencia Divina me mostró que el mundo real no es
realmente real”.
De
las muchas afirmaciones paradójicas asociadas con la experiencia cercana a la
muerte las asociadas con la investigación de Kenneth Ring y Sharon Cooper se
encuentran entre las más drásticas. Estudiaron las experiencias cercanas a la
muerte de treinta y un participantes ciegos. De ellos, el 80 % describieron
poder "ver”estando clínicamente muertos. Describieron detalles del clima,
la ropa y los accesorios del personal del hospital, los pacientes y de ellos
mismos. ¿Los ciegos pueden ver ? Esta afirmación paradójica carece de
sentido en el mundo habitual basado en los cinco sentidos. El lenguaje
paradójico asociado con las experiencias cercanas a la muerte sugiere que
existe una dimensión o realidad que no se puede explicar completamente en el
lenguaje con el que la mayoría nos sentimos cómodos.
Moody señala que la frase «vida
después de la muerte» en sí misma viola la lógica común por ser paradójica.
Sugiere una lógica de ininteligibilidad que permite que la muerte y la vida
coexistan. La lógica aristotélica es binaria, explica. Sin embargo, existe la
dimensión ininteligible que parece no encajar en el mundo de verdadero o falso
de Aristóteles. El lenguaje de quienes experimentan ECM parece reflejar esta
dimensión ininteligible. El lenguaje del umbral de la muerte puede regirse por
su propia lógica, apenas comprensible para la mayoría de nosotros.
Actualmente no existe un
modelo fisiológico o psicológico que por sí solo pueda explicar todas las
características comunes de las ECM. La aparición de consciencia y claridad
durante un período de deterioro del funcionamiento cerebral sigue siendo una
paradoja. ¿Cómo es posible que algunas personas puedan experimentar una
consciencia clara fuera del cuerpo durante un período de muerte clínica, cuando
el cerebro, al no funcionar, registra un electroencefalograma plano? Es como si
el cerebro en este estado fuera una computadora con la fuente de alimentación y
circuitos desconectados. ¿Cómo podría un ordenador en esa situación procesar
información? No obstante, durante una ECM, algunos pacientes han experimentado
lucidez mientras sus cerebros y cuerpos estaban clínicamente muertos.
El lenguaje del más allá es telepático.
Eben Alexander,
neurocirujano autor de "Prueba del Cielo", nos dice que la
comunicación en el más allá no solo es paradójica, sino también "no
lingüística". Según quienes han fallecido y regresado parece que no existe
tiempo secuencial, espacio fijo ni lenguaje hablado tal como lo conocemos.
Todos los entrevistados
describieron la comunicación que tuvo lugar durante la ECM como telepática.
Comúnmente explicaban lo sucedido de esta manera: «Los oigo hablar de mí
mientras salgo de mi cuerpo. Oigo las palabras: 'Lo perdimos. Está muerto'. Y
entonces sigo siendo capaz de entenderlos, pero de una manera nueva». Quienes
han tenido experiencias cercanas a la muerte suelen explicar que comprendieron
perfectamente lo que se les comunicaba en su lecho de muerte. Sin embargo, hay
un cambio importante en cómo las personas explican la «escucha». Por ejemplo,
una persona me dijo: «Las voces no eran realmente audibles como pensamos. Es
más como si me diera cuenta de lo que la gente pensaba y, de repente, la
comunicación se dio entre nuestras mentes: era telepatía».
Muchas personas que han
tenido una ECM pueden incluso experimentar precognición al abandonar sus
cuerpos. Varias comentaron cosas como: «Era consciente de lo que decía el
médico antes de que hablara». Normalmente este es el momento en el que las
personas se dan cuenta de que ya no viven. Entonces se despierta un nuevo tipo
de consciencia, y este proceso inevitablemente lleva al cese de la palabra hablada.
Bret, comentó lo siguiente sobre la comunicación en su experiencia de ECM: «Mi
madre me habló y lo entendí todo. Se suponía que debía seguirla, pero no hubo
palabras que me dieran instrucciones, no como pensamos en las palabras.
Simplemente sabía que debía seguirla; todo su ser se comunicaba».
Varias de las personas que
me describieron sus ECM, incluyendo a Shawna, mencionada anteriormente en este
capítulo, explicaron que se les presentó un ser divino o un Consejo que debatió
si la persona debía regresar a la vida que había dejado atrás. Estas
conversaciones siempre se describen como "tácitas"; es decir, los
conceptos y emociones se expresaban "de forma no lingüística", según
la expresión de Eben Alexander.
Muchas de las conversaciones
telepáticas que informaron las personas que experimentaron ECM tuvieron lugar
con amigos, familiares, una Presencia Divina, o luz que habían fallecido antes,
y trataban sobre si debían "regresar". En la mayoría de los casos,
las personas explican que experimentaron una "comunicación de mente a
mente”o de corazón a corazón que trascendió con creces lo que conocemos como
lenguaje hablado. Sería fácil atribuir todo esto a la mera imaginación; sin
embargo, existen múltiples casos en los que las personas que experimentaron ECM
comprendieron las comunicaciones de médicos, enfermeras y seres queridos a
pesar de que, según todos los criterios clínicos, ya no podían oír. Como se
explicó anteriormente, algunas personas han descrito escuchar a los vivos no a
través del lenguaje audible sino a través del pensamiento, es decir,
telepáticamente.
En algunos casos las
personas se comunicaron con familiares o amigos que desconocían su muerte pero
que encontraron durante su experiencia de ultratumba. Curiosamente, muchos de
quienes han tenido experiencias ECM explican que, tras morir y resucitar,
conservan cierta capacidad de comunicación telepática y disfrutan de una mayor
intuición. Sandi lo describió así: «Pero ahora estoy en casa, comunicándome
telepáticamente sin esfuerzo». La enfermera e investigadora de cuidados
paliativos Madelaine Lawrence, y varios investigadores como Kenneth Ring y
Sharon Cooper, han documentado estos hallazgos, al igual que miembros de la
Asociación Internacional de Estudios Cercanos a la Muerte y la Fundación para
la Investigación de Experiencias Cercanas a la Muerte.
Lawrence nos dice: “A medida
que la persona en la experiencia transpersonal se aleja de situaciones
terrenales, la comunicación auditiva es más probable que sea telepática. La
visión se mejora durante la parte etérea de la ECM, incluyendo la capacidad de
ver en personas ciegas. Estos resultados son consistentes para miles de sujetos
en este momento y en diferentes culturas».
¿Podría ser que el continuo
del lenguaje termine en la comunicación telepática? Veamos cómo el continuo del
lenguaje, evidente en las experiencias cercanas a la muerte, emerge en el
lenguaje de los moribundos.
CAPÍTULO
TRES. Metáforas
de lo trascendental. Antes
de morir, anunciamos un gran suceso.
¿Qué
estamos celebrando? ¡Ay! ¡Fiesta de celebración! ¡Ay, ay, ay! ¿Es esto un día festivo? — Judy,
participante del Proyecto Palabras Finales
En el capítulo 2 hablamos
sobre el poder de la metáfora para describir cosas que no encajan en nuestra
experiencia cotidiana y que no pueden explicarse completamente mediante
lenguaje literal. Vimos cómo la metáfora surge con frecuencia en el lenguaje de
las experiencias ECM porque ofrece, a quienes la expresan, una forma de
comunicar experiencias inefables mediante comparaciones y analogías.
El lenguaje del fin de la
vida también es altamente metafórico. Los siguientes ejemplos de metáforas son
expresiones veladas que alertan a los oyentes de la proximidad de un
acontecimiento importante. Mi padre habló sobre la gran exposición de arte, y
muchos participantes del Proyecto Palabras
Finales compartieron metáforas del fin de la vida que anunciaban la llegada
de un gran acontecimiento. Los símbolos del acontecimiento principal suelen
estar relacionados con la narrativa vital o los intereses del hablante.
Andrea publicó esto en la
página de Facebook del Proyecto Palabras
Finales: "La noche en que mi tía murió de cáncer de pulmón estaba
claramente entre dos mundos. Sus últimas palabras fueron cuando me pidió que
llevara su mejor vestido y zapatos al hospital porque asistiría a un gran baile
esa noche y estaría muy feliz de verme allí. Murió al día siguiente”.
Un joven, Tomás, compartió
esto: “Mi abuela se despertó en medio de la noche y empezó a ponerse un vestido
largo arrumbado en el fondo del armario. Estaba sentada en su tocador,
poniéndose joyas y maquillándose. Un asistente entró a ver qué pasaba. Mi
abuela dijo: "¡Me estoy preparando para el gran baile!". A
continuación se tumbó en la cama, y murió”.
Un ser querido le dijo a su
esposa: «Dave me dice que me está esperando. Está esperando para jugar al golf
conmigo. Necesitan un cuarto».
Otro esposo moribundo
compartió lo siguiente con su pareja: “A través de usted, estamos en contacto
con la sede de la operación de la aeronave. Bien podría estar llegando a un
momento especial, y es, que tenemos que dejarlo ir en, ese punto”.
Los trabajadores de cuidados
paliativos y los profesionales de la salud que entrevisté coincidieron en que
el lenguaje de sus pacientes moribundos suele ser muy metafórico, una cualidad
que se evidencia en los ejemplos anteriores. "Son un 'aviso' único y
personal que anuncia una transición inminente", explicó la enfermera Becki
Hawkins. "Un golfista apasionado podría decir algo como: 'Tengo un partido
de golf programado para mañana'. En ese momento no parece tener sentido, ¡pero
luego sí!"
Carol envió un correo
electrónico al Proyecto Palabras Finales
con un relato de las últimas palabras de su padre, un contratista de techos:
“Se despertaba, me miraba con una sonrisa enorme. Y me decía: '¡Tienen un
montón de cocinas pequeñas allí!'. Había kilómetros y kilómetros de ellas, y él
ayudaba a construirlas”. Para algunos, el mundo al que entran al otro lado del
umbral está lleno de nuevas construcciones; otros encuentran el ritmo constante
de la danza.
Leo Holder, hijo del
reconocido bailarín y coreógrafo Geoffrey Holder, escribió esta descripción de
las últimas palabras de su padre:
“Entonces su mano derecha
empieza a moverse ... luego la izquierda empieza a tamborilear. A través de la
máscara de oxígeno, el gorgoteo empieza a crear su propio ritmo. Sin estar
seguro de lo que oigo levanto la vista y veo que su boca se mueve. Me acerco
para escuchar: «...dos, tres...dos, tres...». ¡Está contando! Se hace más
fuerte y en su punto más alto suena como el ronroneo profundo de un león, luego
dice: «Brazos, dos, tres... Gira, dos, tres... Balancea, dos, tres... Abajo,
dos, tres...».
En
otra historia, Doug C Smith, director de un establecimiento de cuidados
paliativos en Virginia Occidental, habló sobre su paciente Jack, un mago de
vodevil retirado con estas palabras:
“Mientras estaba en la
puerta de su habitación vi a Jack erguido, rodeado de almohadas. Sonrió y dijo:
«Doug, todos estábamos esperando tu llegada». Me pregunté quiénes éramos,
porque él era la única persona en la habitación. Entré, le sonreí y pensé que,
después de todo, esta visita no sería tan difícil.
—Hoy es tu día de iniciación,
Doug. Hoy te convertirás en miembro de la Real Sociedad de Magos —dijo Jack.
Pensé que ésta iba a ser una
visita divertida y quería participar en su diversión. Pero Jack apartó la
mirada de mí, con mirada vidriosa. Pronunció varias frases sin sentido que
parecían a la vez un conjuro mágico y un «hablar en lenguas». De repente
interrumpió sus disparates y me miró fijamente. «Acércate», dijo con tono
serio. «Hoy aprenderás un gran truco de magia. El mejor truco de todos». Su voz
era débil pero decidida: “Acércate”. Sentí que ya estaba lo suficientemente
cerca para escuchar lo que estaba a punto de hacer o decir pero me incliné
sobre su cama. “Acércate más”, repitió. Empecé a sentirme incómodo pero me
incliné hasta que estuvimos cara a cara, con no más de quince centímetros de
distancia entre nuestras caras. Jack parecía mirar directamente a través de mí.
Sus ojos buscaban algo en los míos. Sin cambiar su expresión, Jack susurró:
«Mírame desaparecer». Sus ojos adquirieron una apariencia vidriosa y congelada.
Supe al instante que Jack murió en el instante en que susurró esas palabras”.
Este
impactante relato ilustra cómo los moribundos interactúan con las metáforas de
sus vidas al adentrarse en el Gran Misterio. Las metáforas nos ayudan a
equiparar lo desconocido con lo conocido y pueden brindarnos consuelo y un
punto de referencia para comprender experiencias extraordinarias. Quizás por
eso nuestro entorno natural, al igual que nuestra trayectoria profesional,
ofrece un punto de contacto familiar que emerge en las últimas palabras,
presagiando un gran acontecimiento. Las metáforas sobre un cambio en las
condiciones ambientales aparecen en los relatos de varias personas que
compartieron sus últimas palabras conmigo:
“La gran tormenta se acerca.”
Creo que va a llover. ¿Crees que va a llover?
“La marea está cambiando.”
Metáforas distintivas para la búsqueda de la plenitud.
No sólo escuchamos a los
moribundos hablar de un acontecimiento importante que se aproxima, sino que
también escuchamos metáforas que sugieren la búsqueda de la completitud o la
totalidad.
Un golfista apasionado
anuncia la llegada de un gran torneo y luego profundiza en esta metáfora
explicando que juega con un trío, todos ellos fallecidos, y que se convertirá
en un cuarteto. El tema de los cuartetos aparece repetidamente en las
transcripciones de mis entrevistas: la persona moribunda nos dice que está
llamada a ser el cuarto, ya sea para una partida de póker o un torneo de golf.
Así pues, si bien estas actividades particulares reflejan los intereses del
individuo, el tema de los tres y los cuatros puede tener un significado más
arquetípico.
Shannon compartió estas
palabras que su abuelo pronunció al borde de la muerte: “Estos tres hombres
están jugando al póquer y no paran de pedirme que sea la cuarta mano. Quieren
que vaya a beber y fumar con ellos. Les digo que no me interesa. Quiero
quedarme donde estoy, en mi silla. Les digo que no quiero jugar. No quiero
unirme a su juego”.
Según Carl Jung, el número
tres en los sueños representa la transformación, mientras que el cuatro indica
plenitud, por lo que unirse a un trío y convertirse en el cuarto jugador puede
estar relacionado con la búsqueda de la completitud a medida que la persona
moribunda completa su vida.
En el lenguaje de los
moribundos, también hay diversas referencias a la unión de dos, como esta de un
amante de los barcos: «Hay dos cascos y necesito que los consigas, necesito
unirlos para formar uno». Otra con el tema de la totalidad: «Lo que ves en
diferentes partes, es todo una sola pieza». Y otra: «Hay un círculo a la
izquierda... y un círculo a la derecha... estos dos círculos forman uno».
“No está claro si la persona
moribunda sabe qué es real o no”, me comentó la enfermera e investigadora Madelaine
Lawrence durante una entrevista. “La línea entre la metáfora y la realidad es
difusa”.
Independientemente de que
los moribundos sepan o no qué es real, lo más importante es que están
involucrados en un proceso de dar sentido a la realidad que tienen ante sí. Al
hacerlo, los temas de completitud y plenitud parecen ser significativos, y para
cada uno de nosotros, los símbolos y las metáforas pueden ser diferentes.
Kelly Bulkeley y Patricia
Bulkley, autores de Dreaming beyond Death, nos cuentan que, al estudiar
los diarios de sueños de las personas, descubrieron que, con el tiempo, los
mismos símbolos y temas se repetían: “Cada uno de nosotros tiene su propio
conjunto de temas oníricos característicos que se repiten a lo largo de la
vida. Lo que este y otros estudios sugieren es que los sueños no solo reflejan
los altibajos de la vida diaria, sino que también reflejan las cualidades
perdurables de nuestra personalidad y las preocupaciones fundamentales que
configuran nuestra forma de ser en el mundo”.
Este principio de los sueños
también se aplica al estado onírico en el que muchos entran al final de la
vida. Las metáforas que usamos al acercarnos a la muerte suelen estar
estrechamente relacionadas con los temas centrales de nuestra vida. Aunque
nuestros procesos de pensamiento y lenguaje parecen cambiar, los temas y
símbolos centrales a menudo no lo hacen.
De manera similar, las
metáforas culturales también pueden aparecer en el lenguaje al final de la
vida, ya que no podemos separar quiénes somos como individuos de la cultura en
la que vivimos. El lingüista George Lakoff nos dice que en inglés
estadounidense hay dos metáforas principales para la mente. La primera es la
idea de que "la mente es un objeto frágil", como en estos ejemplos:
"Se rompió bajo el interrogatorio", "Su mente se quebró”y,
"Me estoy yendo a pedazos". La segunda metáfora central para la mente
es la idea de que "la mente es una máquina", como en estas frases:
"Mi mente no está operando hoy”o, "¡Vaya, las ruedas están
girando!".
No es sorprendente,
entonces, ver que estas metáforas culturales surgen en las transcripciones del Proyecto Palabras Finales que describen
cosas que se desmoronan o descomponen, como en estos ejemplos:
“Mi modalidad está rota”.
“Necesito mantenimiento para esto.”
“Necesito tiempo para poner todo en orden”.
“Todo en pedazos, tantos pedazos.”
“Tengo que volver a poner todo esto junto”.
“Querido, nuestra conexión en el norte ha cometido un
error, ha tomado un giro equivocado.”
La
frase «Necesito poner las cosas en orden”aparece en varias transcripciones de
mi investigación, y las cajas son un símbolo recurrente de ese orden. Aquí un
ejemplo:
“Entonces empezó a hablar de
las cinco cajas que necesitaba organizar y reunir. Empezó a hablar de dónde
podría ponerlas y le preocupaba si esas cinco estarían bien. Intentaba entender
a qué se refería, pero entonces me di cuenta de que tenía cinco hijos. Así que
pensé que tal vez las cajas eran una metáfora de sus hijos”. Con agitación,
dijo: “¡Necesito encontrar un lugar para ellos!”. Empecé a nombrar todos los
lugares donde vivíamos: "¿Qué tal Ohio, mamá? ¿Nuevo México?". Ella
seguía inquieta. Entonces le dije: "¡Conozco el lugar perfecto! ¿Qué tal
si lo guardamos en tu corazón?". A ella le gustó eso y pareció aliviada:
“¡Sí, los mantendré allí!”
Aparecieron
cajas en varias transcripciones, incluida la de mi padre. ¿Por qué una caja?
Curiosamente, es un contenedor que se usa a menudo para mudanzas y para
organizar cosas, y tiene cuatro esquinas. ¿Habrá alguna asociación aquí con el
tema de los cuatro y la completitud?
Las metáforas evolucionan durante el proceso de morir.
Martha Jo Atkins, educadora
sobre la muerte y autora del libro Signposts of Dying (Señales de la muerte),
me comentó que, según su experiencia, las metáforas que pronunciamos
evolucionan a medida que se acerca la muerte. Explicó que alguien podría
indicar primero que se necesita o falta algo, por ejemplo: «Necesito mi mapa.».
Esto puede cambiar a: «¿Quién tiene mi maleta? Necesito mi maleta». Más tarde,
la persona podría decir: «Mi maleta está lista. Estoy listo para irme».
Atkins ha escuchado una
amplia gama de metáforas, muchas relacionadas con viajes y muchas con comidas o
con la mesa puesta. «Luego se sirve el vino», relató Atkins, «y tarde o
temprano, se anuncia la gran cena». El siguiente ejemplo es típico de varios
que escuché durante mi investigación para el Proyecto de Palabras Finales: «Necesito una ducha hoy. Arreglarme.
¿Dónde está el ayudante? Tengo que prepararme. ¡Tengo que prepararme para la
cena! ¿No lo ves? La mesa está puesta».
Una mujer me explicó que le
había ofrecido a su esposo jugo de pomelo al final del desayuno, preguntándole
si quería más. «No, ya terminé», dijo, y segundos después, murió: un ejemplo de
la metáfora de la comida.
Este mismo tipo de evolución
de metáforas y símbolos ocurre en los sueños antes de morir. Kelly Bulkeley y
la Patricia Bulkley explican que los sueños nos ayudan a superar miedos y ansiedades
al acercarse la muerte, al igual que nos han ayudado a navegar otras
transiciones importantes en nuestra vida. Los sueños ofrecen imágenes que
permiten la transformación del miedo y la ansiedad y conducen a la comprensión
espiritual, o a una transformación emocional. Al igual que las metáforas en
evolución en el lenguaje, nuestros símbolos oníricos se desarrollan a lo largo
de los últimos días para ayudarnos a alcanzar la paz, reconciliarnos con la
realidad que nos espera y alcanzar un cierre en nuestras relaciones con los
demás.
Carolyn compartió las
últimas palabras de su esposo, que fueron en sintonía con un cambio importante
en el clima y en su condición:
“Durante los últimos dos
días, al entrar en la transición, repetía una y otra vez: «Los embalses se
están llenando». Eso fue antes de esta gran tormenta, y ahora me pregunto si
realmente era consciente de su llegada, viéndola desde una perspectiva más
amplia. La última vez que dijo esas palabras, añadió: «Eso está bien. Pero...
tampoco importa». Respondí algo así como: «Porque ahora estás viendo dos
mundos». Y su respuesta fue: «¡Oh, muchos más que dos!».
Nos
movemos entre realidades o dimensiones, entre el tiempo de los sueños y la
realidad literal, a medida que damos sentido a lo que nos ocurre. En una época
en la que el lenguaje simbólico y metafórico tiene tanta fuerza, tendría
sentido emplear la metáfora para mejorar los cuidados al final de la vida.
Investigadores del proyecto Metáfora en los Cuidados al Final de la Vida en
Inglaterra están haciendo precisamente eso. Descubrieron que muchos
profesionales de la salud utilizaban la metáfora de “luchar contra la
enfermedad y vencerla“, una metáfora que inevitablemente lleva a percibir la
muerte como una derrota. Para muchos, esta era una forma dolorosa de
representar la inevitabilidad de la muerte. Cuando la metáfora principal es, en
cambio, un viaje, cada paso del camino ofrece una oportunidad de crecimiento
personal, resolución y exploración. Este estudio ha moldeado las políticas de
salud pública en el Reino Unido, donde se aconseja a médicos y enfermeras que
se comuniquen con las familias de los moribundos utilizando la analogía de un
viaje en lugar de la de una batalla. A partir de lo que aprendieron sobre la
metáfora, descubrieron que el lenguaje importa.
Stephen Jones, coordinador
de educación comunitaria del hospital paliativo de Santa Bárbara, compartió
esta historia sobre la importancia de estar en sintonía con las metáforas y los
símbolos de aquellos que nos importan:
“Una mañana, una cuidadora
estaba arreglando la habitación de una residente. Al acercarse a la cómoda vio
un jarrón de margaritas marchitas. Al alcanzarlas, la mujer en la cama le dijo
tímidamente: "Sé que mis flores se están marchitando, pero no las vas a
tirar, ¿verdad?", preguntó en voz baja. Reconociendo lo que significaban
las flores secas para Joanne, la cuidadora le dijo amablemente: "Bueno,
entonces, vamos a ponerlas en agua fresca, ¿de acuerdo?". Luego acercó el
ramo a la cama para que Joanne pudiera ver cómo caían los pétalos. "Se
marchitan de una forma preciosa, ¿verdad?", dijo, cogiendo un pétalo entre
sus dedos marchitos”.
Metáforas y sueños.
El experto en sueños, Robert
J Hoss, relaciona las metáforas del final de la vida con la fisiología y la
función de los sueños. Explicó que la mente lógica y los centros del habla
están inactivos cuando soñamos. Las imágenes que vemos en los sueños no tienen
la misma identidad ni significado racional que en la vigilia. Podría ser que
esto también sea cierto al morir. Durante el sueño, las partes del cerebro que
están altamente activas recurren a nuestros recuerdos para resolver o dar
sentido a problemas o asuntos de la vidas. Esto podría explicar por qué
recurrimos a las metáforas de nuestras vidas mientras luchamos por comprender
la abrumadora realidad que enfrentamos. Hoss comentó: "¿Qué mejor imagen
del trauma inminente que una 'tormenta que se avecina', una 'puerta que se
cierra', una 'ventana que deja entrar la luz' o, incluso, una 'maquinaria
rota'? ¿Qué mejor manera de representar la preparación para la otra vida que
'prepararse para el gran baile o suceso'?"
La parte del cerebro que
crea el sueño sólo puede hablar en imágenes. Así, todos nuestros pensamientos
al morir se convierten en imágenes que los representan; muchas son personales, de
recuerdos, y algunas culturales. Cuando las personas atraviesan la mayor
transformación de sus vidas, —la de morir—, estas imágenes aparecen con
frecuencia en sueños y, quizás por extensión, en el lenguaje.
Las tradiciones chamánicas y
místicas presentan una perspectiva ligeramente diferente. Describen el mundo de
los sueños como el que se intersecta con el "otro lado”u otra dimensión.
Shannon Willis, consejera, experta en sueños y estudiante de chamanismo, me
explicó que existen muchos tipos de sueños. Entre ellos se encuentran aquellos
que nos ayudan a comprender los acontecimientos de la vida y ofrecen imágenes
que nos ayudan a transformar cómo nos sentimos respecto a nosotros y al futuro.
Willis añadió, sin embargo, que en muchas tradiciones chamánicas y
espirituales, los sueños se consideran una conexión con el mundo de los
ancestros. Entre los pueblos aborígenes de Australia y el Pacífico Sur, las
comunidades tribales de África y los indios
de América del Sur, Centro y Norte, los sueños se han considerado un
medio fundamental para mantener el contacto con los espíritus de los muertos.
Esto también era cierto en las civilizaciones antiguas de China, India, Egipto
y Grecia. En los sueños, las personas viajan a reinos de otro mundo y adquieren
importantes conocimientos y sabiduría.
Si, de hecho, el estado de
sueño se cruza con otra dimensión, o “el otro lado”, esto podría ayudarnos a
entender mejor las premoniciones y las visitas reveladas en las conversaciones
finales que analizo más detalladamente en capítulos posteriores.
La chamán Mandy Peat explica:
“Cuando un chamán viaja al mundo espiritual, ya sea el mundo superior, medio o
inferior, vemos, oímos y sentimos con símbolos. Así, al acercarnos a la muerte nuestra
mente y conciencia se expanden para prepararnos para un diálogo y experiencias
multidimensionales. Literalmente perdemos la razón y entramos en un nivel
superior de consciencia expresado a través del lenguaje simbólico y metafórico
el de las realidades superiores.
Al morir pasamos a un estado
onírico y vivimos en parte allí y en parte en el mundo de la realidad
despierta. El lenguaje del sueño, al igual que el de la muerte, es un lenguaje
propio. No estoy segura de si este reino es un portal a otra dimensión o
simplemente otro estado mental en el que transformamos miedos y ensayamos
futuros incognoscibles. Sin embargo sí sé que tenemos acceso a estos dos reinos
a lo largo de la vida y que este acceso parece intensificarse a lo largo del
proceso de morir, como indica nuestro lenguaje metafórico y simbólico.
Mientras pensaba en esto
revisé una entrada reciente de mi diario escrita tras un sueño perturbador
sobre cuervos. Releí las palabras que había escrito en mitad de la noche
mientras, aparentemente, aún estaba anclada en el mundo de los sueños. Las
palabras que usé eran muy diferentes del lenguaje de la vigilia y la realidad
literal:
“Soñé que diez cuervos
negros vinieron a mí. Me despertaron con sus garras clavándose en mi pecho. Me
incorporé en la cama y susurré a John: «Vi diez cuervos negros posarse sobre
mí. ¿Crees que significa que voy a morir pronto?».
Sonrió, “Es un asesinato… un
asesinato… de cuervos…”y volvió a dormir.
Invité a los cuervos negros
a hablar conmigo y me siguieron hasta el bosque más allá del arroyo, y cada cuervo,
por turnos, me contó su historia. El último cuervo negro tenía los ojos de mi
padre y se sentó sobre mí como un guardián. Me dijo que ya estaba todo bien.
Dejaría que la luz de la linterna brillara. Él vigilaría. Escuché atentamente y
tomé nota”.
Algunas
culturas enseñan que debemos escuchar y honrar imágenes como estas que surgen
en los sueños. Escuchar a los moribundos puede ser como escuchar. Escribí lo
siguiente en mi diario mientras reflexionaba sobre la cualidad onírica de uno
de los relatos que había escuchado ese mismo día:
“En la hora antes del
amanecer, cuando la luz de la luna se desvanece y el crepúsculo matutino apenas
comienza su nuevo viaje. En esa hora, entre
oscuridad y amanecer, el mundo estaba en silencio excepto en la
habitación donde Karen Lewis estaba sentada entre suaves clics y zumbidos de
máquinas y el goteo rítmico de la vía intravenosa, junto al hombre que amaba.
Esperaba una señal o una palabra, o el resurgimiento de su coma profundo. Y
entonces, de repente, hubo una agitación justo antes de que saliera el sol.
Karen apenas podía creer lo que veía cuando las sábanas se movieron solas y su
amante se levantó como marioneta movida por hilos del más allá. Se giró hacia
ella y dijo: "Karen, no es lo que crees". Silenciosa y suavemente se
recostó de nuevo, prominentes pómulos hundidos en las sombras”.
El
lenguaje del sueño, como el de la muerte, es un lenguaje propio. Y no siempre
es lo que pensamos, como en mi sueño de los diez cuervos negros está lleno de
múltiples significados. Las palabras de los sueños no se entienden simplemente
de la misma manera que las palabras literales, como «La silla está hecha de
roble».
CAPÍTULO
CUATRO. Os
dejo con estas palabras. Las
metáforas de viaje hablan de un viaje próximo.
¡Tengo
que bajarme, bajarme! De esta vida. Me
muero. Me muero. Los trenes siguen
pasando. Siguen pasando, pero no puedo subir. Tengo el billete. Tengo el billete.
— James, participante del Proyecto Palabras
Finales.
Metáforas extraordinarias
emergen de las voces de los moribundos. Interactuar con las metáforas
significativas para nuestros seres queridos puede conducir a conversaciones
sanadoras. Hablar de la muerte como viaje en lugar de una batalla ofrece una
manera de enmarcar el proceso que se centra más en la exploración y el
descubrimiento que en la derrota.
La metáfora del viaje es
elemento central en el lenguaje de los moribundos. Se habla de llegar al final
de un viaje y, en algunos casos, de emprender otro. Abundan las palabras sobre
transporte y vehículos. Annette, mi higienista dental, compartió las últimas
palabras de su abuela:
“¡Autobús amarillo! ¡Ahí
está el autobús!
“¿Quién conduce ese autobús,
abuela?
No estoy segura. No estoy
segura... ¡pero muchos ángeles!”
Al
igual que las metáforas de lo trascendental del capítulo anterior los símbolos
del viaje se relacionan específicamente con la vida de la persona. La abuela de
Annette era feligresa de largo recorrido
y los ángeles estaban muy presente en las imágenes que la rodeaban en vida.
Quienes aman la navegación o los cruceros suelen hablar de barcos o navíos que
les esperan. Mi padre, apasionado por las apuestas, anunció unas semanas antes
de morir: «Tenemos un largo vuelo a Las Vegas».
Una enfermera de cuidados
paliativos se quedó confundida cuando escuchó por primera vez a un paciente
preguntar: "¿Dónde está mi Jetta? ¿Dónde está mi Jetta?". Luego
descubrió que tenía un coche marca Volkswagen Jetta. Le aseguró que estaba
"lleno de gasolina y listo para ti". Unos días después, falleció.
“¿Ya hice las maletas? El
tren viene pronto. Tengo que estar listo. Busco el andén. ¿Dónde está el
andén?”, preguntó el hermano de una mujer. De todas las analogías que he
escuchado asociadas con la muerte ninguna ha sido sobre salir a dar un largo
paseo o trotar. Mientras que un par de personas han dicho: “Trae mi abrigo; me
tengo que ir”, nadie ha dicho todavía: “Trae mis zapatos deportivos: me preparo
para una larga caminata”. Las metáforas de transporte involucran una agencia
externa: alguien o algo más allá de nuestro cuerpo físico nos transporta. Una
excepción fue esta frase, repetida varias veces por una mujer cerca de la
muerte: “Está a un salto, un brinco y un salto de distancia”. Sin embargo esto
puede haber sido menos sobre cómo estaba “viajando”y más sobre el uso de un
modismo para expresar la inmediatez de su muerte.
Frases típicas son:
"Llévame a la estación de autobuses: ya es hora de ir a casa", y, "Ya llegó el barco". O, como se
mencionó anteriormente, algunos expresan su necesidad de un pasaporte. Las
enfermeras de cuidados paliativos me comentan que metáforas como estas son
frecuentes en los pacientes, independientemente de su diagnóstico, medicación o
situación física, a medida que se acerca la muerte.
Prevalencia de la metáfora del viaje.
La metáfora de la muerte
como viaje está profundamente arraigada en qué y quiénes somos. Y es cierto no
solo para nosotros como individuos, sino también como colectivo humano
ya que la metáfora surge en idiomas y culturas de todo el mundo. He aquí algunos ejemplos: en afrikáans se habla de ir
al campo de cabras; en holandés, salir de la tubería; en alemán, ir a cotos de
caza eternos; en hebreo, descender al más allá; en húngaro, partir hacia cotos
de caza eternos; en irlandés, seguir el camino de la verdad; en español, hacer
un viaje, pasar a mejor vida o mudarse un barrio en mejor estado; en portugués,
subir las escaleras; y en rumano, doblar la esquina. Los daneses también usan
la frase "doblar una esquina". Curiosamente, una angloparlante que
entrevisté compartió que las últimas palabras de su padre fueron: "¿Cuánto
falta para la esquina? Donde gire a la derecha, donde solía vivir". En
chino, cuando se insinúa la muerte de alguien, se habla de "tocar las
puertas de la muerte". Si bien puede que no represente el lenguaje de los
viajes, sugiere que se abre una puerta a un nuevo lugar.
Consideremos estas palabras
de un hombre que anuncia que está en peregrinación. La metáfora de la vía evoca
la sensación de ir a algún lugar; parece alejarse de la estación: «Para quienes
no eligen, los demás en esta peregrinación nos despedimos, temporal o
definitivamente... Quien lo desee, tome una mano y tire suavemente hacia atrás para
que la peregrinación siga el camino correcto. Tira suavemente, suavemente, y
comenzaremos a alejarnos».
Kelly Bulkeley y la
religiosa Patricia Bulkley descubrieron que los sueños de viajes son comunes y
que a menudo transforman el miedo a morir en una sensación de aventura o
asombro. Este ejemplo de su libro ilustra el poder de un sueño viajero: “Navego
de nuevo de noche en aguas inexploradas y la antigua sensación de aventura
regresa. Vuelvo a sentir el cosquilleo de la emoción, de abrirme paso entre las
olas en el vasto, oscuro y vacío mar, pero sabiendo de alguna manera que estoy
en el rumbo correcto Y por extraño que parezca no tengo miedo a la muerte. De
hecho, más cada día me siento listo para ir”.
Sus observaciones clínicas
fueron confirmadas por un estudio de 2014 sobre visiones y sueños de moribundos
en el que se pidió a pacientes de cuidados paliativos que describieran lo que
soñaban. En este estudio los autores descubrieron que casi el 40 % de los
participantes soñaban con ir o prepararse para ir a algún lugar.
¿Podría ser que el aumento
del lenguaje metafórico refleje un viaje lejos de esta realidad literal de
cinco sentidos y tridimensional en preparación para otra, una experiencia que
es imposible de expresar en lenguaje literal?
Jeanne Van Bronkhorst nos
cuenta que en los sueños de los moribundos aparecen dos mensajes importantes,
estrechamente relacionados con lo que escuchamos en las conversaciones finales:
“El primero es la afirmación serena, directa y, a veces, visceral, de que el
cuerpo morirá. En estos sueños todo se desmorona, los médicos se marchan
negando con la cabeza y el soñador oye que no hay nada más que hacer». El otro
mensaje se refiere a cómo el soñador «viaja a un nuevo lugar, se reencuentra
con viejos y queridos amigos y encuentra ayuda y consuelo en un lugar más allá
de la vida física».
Las metáforas que escuchamos
pueden representar un viaje real que nos espera o un territorio de experiencia
completamente nuevo a medida que cada uno se acerca a la nueva experiencia de
la muerte. Podríamos sustituir las analogías de la odisea por algo conocido al
intentar comprender la aterradora y desconocida experiencia de morir.
Al morir, muchas personas
entran en un mundo donde el lenguaje funciona de una manera nueva. Ya no es
principalmente una herramienta para comunicarnos sobre nuestra realidad literal
compartida. En cambio, actúa como un vehículo para transportarnos a una nueva.
El lenguaje literal da paso a una sensación de movimiento que acompaña a estas
alusiones al viaje. Estos cambios nos recuerdan lo que escuchamos en las
narrativas absurdas de viajes sobre experiencias cercanas a la muerte.
El viaje de la vida.
La metáfora de la vida como
viaje ocupa un lugar destacado en los relatos de quienes han tenido
experiencias cercanas a la muerte. Nos dicen que a lo largo de la vida la
examinamos como una narrativa que avanza, una odisea que nos lleva hacia un
final. Sin embargo, cuando estamos cerca de la muerte esa narrativa cambia
repentinamente y miramos hacia atrás en el tiempo para dar sentido al viaje a
través de la vida. Durante la revisión de vida, mencionada en el capítulo 2, a
quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte:
(a) Se les muestra o se dice la importancia de
extraer lecciones de su odisea vital, y
(b) Se les pide que revisen
los sucesos de la vida a través de los ojos de otros para profundizar su
capacidad de amar y tener compasión.
Los relatos de quienes han
tenido ECM nos dicen que la vida es un viaje y que nuestra misión principal es
aprender a amar.
Las vidas más felices están
enmarcadas por narrativas que nos permiten imaginar que hemos progresado, que
hemos mudado de un lugar a otro, que nuestras vidas tienen un principio, un
desarrollo y un final. La metáfora del viaje surge de la importancia simbólica
de la odisea y nos ofrece la oportunidad de enmarcar el final en una narrativa
más grande y consoladora. Donald Miller, en su libro A Million Miles in a
Thousand Years, escribe sobre la estructura de las historias y nuestras
vidas: “Es así con cada travesía, y con casi todas las historias también. Remas
hasta que ya no crees que puedes ir más lejos y luego, de repente, mucho
después de que pensaste que sucedería la orilla comienza a crecer, y crece
rápido. Los árboles se hacen más altos y puedes distinguir los riscos en los
acantilados, y luego la orilla se extiende hacia ti, para darte la bienvenida a
casa, casi tirando de tu bote hacia la arena”. Parece, por el lenguaje de los
moribundos, que el viaje emprendido nos ofrece la esperanza de que llegaremos a
algún otro lado. Entre los aspectos reconfortantes de una historia está el
hecho de que el personaje principal se transforma tras los desafíos, y
generalmente para mejor. El potencial de transformación positiva hace que
nuestros viajes, y nuestras historias de vida, valgan la pena.
En su investigación de 2015
sobre las últimas palabras de 407 reclusos condenados a muerte en Texas, los
investigadores descubrieron que estas últimas palabras contenían una proporción
significativamente mayor de palabras con emociones positivas que negativas. En
nuestra investigación informal a través del Proyecto
Palabras Finales, encontramos lo mismo. En la investigación sobre el
corredor de la muerte, los reclusos, por supuesto, no padecían enfermedades
terminales por lo que muchos de los demás procesos naturales asociados con el
final de la vida no se aplicaban. Sin embargo, los hallazgos sobre el corredor
de la muerte, junto con los del Proyecto Palabras
Finales, sugieren que algo en la intensificación de la conciencia de nuestra
mortalidad nos lleva a centrarnos en lo bueno y correcto de nuestras vidas.
Este enfoque positivo nos lleva a enmarcar la vida como un viaje. Y el viaje a
menudo es una enseñanza.
Podría ser que la mayor
frecuencia de palabras positivas en las declaraciones de los moribundos sea
expresión de una conciencia o comprensión transpersonal a medida que nos
acercamos al umbral, ya sea que lleguemos a través de enfermedad terminal o
inyección letal. Es decir, vemos toda la perspectiva desde la cima de la montaña
con mayor amor y comprensión. Estamos en la cima mirando hacia abajo y, de
repente, la odisea cobra sentido. Nos encontramos en el mismo umbral que
alcanzan quienes tienen experiencias cercanas a la muerte. De repente, la vida
es simplemente un viaje lleno de lecciones.
Puede ser similar a lo que
sucede después de un viaje por carretera de un mes. Compartimos con orgullo
nuestras fotos con amigos y familiares, reímos al compartir las historias de
nuestros desafíos y conquistas y, de repente, todo parece estar bien. El
neumático pinchado en la autopista, las chinches en el hotel barato o la pelea
con la tía Rita borracha se convierten en un punto de referencia colorido en
una aventura impresionante. La metáfora nos permite convertir las dificultades
de la vida en viajes. Nuestros desafíos son solo obstáculos, y nuestras
relaciones y actividades son puntos de referencia en el camino, todos con
nuevas lecciones que aprender sobre la vida en la carretera. La metáfora del
viaje nos acompaña a lo largo de la vida y, aparentemente, incluso después de ella
según los relatos de experiencias cercanas a la muerte.
No sólo partimos, llegamos.
En los relatos recopilados
para el Proyecto Palabras Finales, no
solo se habla de la partida sino también de la llegada. Son comunes las
exclamaciones sobre llegar y luego encontrar a seres queridos que le
precedieron en la muerte. Una mujer describió a su madre diciendo: "¡Es
hora de levantarse, levantarse, levantarse...! ¡Ya voy, Richard!". Una
enfermera explicó: "Uno de mis pacientes la semana pasada dijo: '¡Papá, ya
estoy aquí!'. Con el rostro sereno y casi sonriente, repitió tres veces: 'Se
va, se va, se va'. Y luego falleció".
Otros dicen haber escuchado
frases como "¡Ya voy, mamá! ¡Ya estoy lista!”y, "Necesito mi abrigo.
Ya voy, Sarah". También describen avanzar hacia algo hermoso y anhelar
llegar allí. Por ejemplo, uno dijo: "He visto una luz hermosa y me dirigía
hacia ella. Quiero entrar en esa luz. Era tan apacible. Realmente tuve que
luchar para regresar. No me preocupa el mañana. Y tú tampoco deberías estarlo.
Prométeme que no te preocuparás".
La enfermera de cuidados
paliativos Barbara Green informó que uno de sus pacientes, un veterano de la
Segunda Guerra Mundial, había tenido una experiencia cercana a la muerte durante
la guerra. Le contó que, como resultado, no temía a la muerte. "Dijo que,
al morir, sintió paz y alegría absolutas, y que se encontraba en un lugar muy
hermoso. Abrazó la muerte plenamente". Esta persona aseguró a Barbara:
"Estoy esperando volver a casa. Lo anhelo". Más tarde, al acercarse
la muerte, le preguntó: "¿Por qué sigo aquí? Estoy esperando mi billete de
autobús. Estoy listo para ir a casa".
Podríamos justificar el
lenguaje de la partida como una metáfora de dejar este mundo, sobre todo porque
la metáfora de un viaje ocupa un lugar destacado en la vida de la mayoría de
nosotros. Sin embargo, anunciar nuestra llegada a un lugar que nunca antes ha
existido en la conciencia del hablante y saludar a aquellos que han muerto
antes que nosotros sugieren que aquí está en juego algo más que el consuelo de
una metáfora.
¿Hablamos de la muerte como
un viaje porque no tenemos otra manera de comprender el final de la vida? ¿O
usamos la metáfora del viaje porque no hay palabras literales para describir el
camino que recorremos? Quizás, de hecho, subimos a un tren hacia un nuevo
destino, un lugar que solo puede describirse con un lenguaje intenso y
figurativo; tan magnífico que llevó a Steve Jobs a exclamar: "¡Guau!
¡Guau! ¡Guau!".
CAPÍTULO
CINCO. Repetición,
repetición, repetición. El
lenguaje intensificado en nuestros últimos días
Un lugar
que es tan hermoso, brilla como diamantes, Mamá, oh Dios mío, Mamá, ¡tan
hermoso! — Daria, participante del Proyecto
Palabras Finales.
Repeticiones y exclamaciones
son comunes al final de la vida. Ambas son formas de lenguaje intensificado que
expresan emociones o reacciones extremas. Las últimas palabras de Steve Jobs,
fundador de Apple, son claramente expresión de lenguaje intensificado. Solo
podemos imaginar qué inspiró su última expresión de asombro. Quizás su
percepción se amplió para abarcar el mismo magnífico paisaje que impulsó a
Thomas Edison a salir del coma, abrir los ojos, mirar hacia arriba y exclamar:
"¡Es muy hermoso aquello!".
Las exclamaciones de asombro
son frecuentes en las palabras de los moribundos, a menudo en referencia a un
lugar invisible para los vivos. He aquí algunos ejemplos:
·
¿Oyes esa música? ¡Es tan hermosa! ¡Es la más
hermosa que he escuchado en mi vida!
·
El izquierdo. El lado izquierdo. Es tal como me
lo describiste. ¡Pero más bonito!
·
“Oh, más... más... más mundos y mundos... y
mundos.”
·
¡La dimensión verde! ¡La dimensión verde!
·
“¡Estoy feliz! ¡Estoy feliz!”
·
“¡Hermoso, tan hermoso!”
También hay expresiones de angustia, dolor o miedo
intensificados, como estas últimas palabras del padre de un joven:
·
¡No quiero morir! ¡No quiero morir!
·
Tengo miedo de morir. ¡Ayudadme! ¡Ayudadme!
La
repetición desempeña un papel importante en las exclamaciones tanto de asombro
como de angustia. Es una forma de lenguaje figurativo que puede transformar una
simple frase en una dramática, haciendo que ciertas experiencias sean más
memorables. La repetición expresa emociones intensas, comprensión y
conocimiento. También profundiza y profundiza nuestro enfoque.
·
Como un latido del corazón.
·
Un redoble de tambor.
O el ritmo de las cigarras o
las corrientes de los ríos o el canto de las gaviotas.
La siguiente hermosa
descripción proviene de mi amiga, la autora Carolyn North, quien escribió sobre
la muerte y el morir en "La experiencia de una vida: vivir plenamente,
morir conscientemente”. En un correo electrónico enviado a sus amigos y
familiares Carolyn compartió este relato de las últimas palabras de su esposo:
"Está bien, pero",
susurró en un momento dado, "tampoco es importante". Estaba muy cerca
del final y me incliné hacia delante para captar sus palabras. “¿Porque ves que
hay dos mundos?”Le pregunté en voz baja. “Oh, más, más.”. Aquí levantó un brazo
y describió espirales en el aire. “Más mundos y mundos”. Sus ojos estaban
asombrados viendo lo que el resto de nosotros no veíamos. "Oh, tan, profundo", susurró. "Tan, poderoso".
La
repetición tiene sus propios efectos especiales, a menudo incrementa el poder
de la emoción y es capaz de cambiar nuestro estado mental. La repetición
enmarca la importancia, —la verdadera importancia—, de lo que se dice,
como ilustran estos ejemplos de la literatura y la Biblia:
“¡Oh horror, horror, horror!”— Macbeth.
“Consolad, consolad a mi pueblo.”— Isaías 40:1
“Palabras, palabras, palabras.”— Hamlet.
Al
cruzar el umbral hacia la muerte la repetición se manifiesta de diversas
maneras. Vimos antes que se usa a menudo en declaraciones de asombro pero
también se usa para expresar otros temas. Aquí hay algunos tipos típicos de
pronunciamientos que encontré:
Seguridad.
Me siento seguro. Me siento muy seguro.
“Dile a todos que estoy bien. Estoy bien.”
“No hay miedo…no hay miedo…no hay miedo.”
Gratitud.
Tengo que agradecerles. Quiero agradecerles. Quiero
agradecerles.
“Gracias, gracias, gracias. Te amo.”
El fin.
“Me estoy muriendo, me estoy muriendo, y hay toda esta
gente aquí”.
“Me estoy muriendo. Me estoy muriendo.”
“Me atrevo… me atrevo, me atrevo a morir.”
Adiós. Adiós. Adiós ahora.
Resistencia.
¡Váyanse! ¡Váyanse! ¡Todavía no estoy listo!
¡No quiero morir! ¡No quiero morir!
Estoy cansado. Tan cansado. Me estoy volviendo loco.
Me estoy volviendo loco.
¡Es tan difícil morir! ¡Es tan difícil morir!
Unidad.
“Hay dos cascos y necesito que los consigas y los
juntes para formar uno solo”.
“Está todo en una sola pieza… Está todo en una sola
pieza… Está todo en una sola pieza… Lo que ves en diferentes piezas… ¡está todo
en una sola pieza!”
Círculos.
“Es un círculo...es un círculo...el amor es un
círculo.”
“Los círculos dicen que es hora de completar el
ciclo”.
Como esos círculos en la copa del árbol de Navidad. Un
círculo pequeño dentro de uno más grande.
Números.
"¿Qué hace el número 8 en la esquina de mi
habitación? ¿Qué hace el número 8... ahí abajo?”"Quedan tres días.
Quedan tres días. Sé que me quedan tres. Pero mi
familia no me deja. No lo harán.
“Basta… basta… los ángeles dicen basta… solo quedan
tres días.”
Los
círculos aparecen con frecuencia en las palabras finales, a menudo de formas
enigmáticas y misteriosas. Implican completitud o totalidad, al igual que
unidad, (cuyos ejemplos preceden a los ejemplos de círculos en la lista). No he
oído a nadie decir: "¡Es un cuadrado! ¡Es un cuadrado!”o, "¡Es un
hexágono! ¡Es un hexágono!". (Observe el uso común de "ES “en
el lenguaje del umbral, que exploro con más detalle en el capítulo 7). Si bien
los cuadrados no aparecen en las transcripciones que recopilé, sí aparecen
cuadros, que son otro símbolo.
Las personas que mencionaron
el segundo y tercer ejemplo "números”acertaron al afirmar que les quedaban
tres días. Quizás exista algo biológico o espiritual que ocurre tres días antes
de morir que posibilita este tipo de precognición, o quizás las similitudes en
estas predicciones fueron mera coincidencia en esta muestra relativamente
pequeña. Los números ocho y tres aparecen recurrentemente en las
transcripciones. El ocho se ha asociado tradicionalmente con el renacimiento,
el cambio y, por supuesto, el símbolo del infinito; el tres se asocia con la
transformación y el avance hacia la unidad. El cuatro representa la plenitud o totalidad.
Hannah Roberts Brockow, quen
trabaja en un establecimiento de cuidados paliativos como practicante de
terapia de arpa, compartió conmigo las siguientes reflexiones sobre el número
tres:
“A menudo escucho estas
frases finales repetitivas de los moribundos, y en mi experiencia también vienen
de tres en tres. ¿Por qué tres? Es un número poderoso. El triángulo es la
figura geométrica más fuerte y estable. El tres aparece en las religiones de
todo el mundo en las distinciones de deidades, (Padre, Hijo, Espíritu Santo;
Brahma, Vishnu, Shiva), y en las formas en que les rezamos, (Sanctus, Sanctus,
Sanctus; Kadosh, Kadosh, Kadosh; Namastasyei, Namastasyei, Namastasyei Namo
Namaha). Casi todos los números sagrados en las religiones del mundo se dividen
por tres: 9, 33, 72, 108, por nombrar algunos. Jesús vivió hasta los treinta y
tres años. El Ayurveda nos divide en tres doshas, y hoy en día nos dividimos
en cuerpo, mente y espíritu”.
Entre
las exclamaciones más frecuentes están las que tienen que ver con el movimiento
y el movimiento:
Exclamaciones de movimiento.
¡Tengo que largarme, largarme! ¡De esta vida! ¡Me
muero! ¡Me muero!
Me estoy cayendo, me estoy cayendo, pero no estoy
listo para irme. Se están preparando para levantarme. Cuando me caiga, me van a
levantar.
“Es hora de levantarse, levantarse, levantarse…”
“Me muero. Me muero. Los trenes siguen pasando. Los
trenes siguen pasando, pero no puedo subir. Tengo el billete. Tengo el billete”.
“Viene por mí. Viene por mí. Dijo que viene por mí”.
“¡Ya voy, mamá!”
“¡El Jetta! ¡El Jetta! ¡El Jetta!”
“Hemos podido continuar el viaje juntos. Quiero seguir
juntos”.
“Papá, ya estoy aquí! Ya se
va, ya se va, ya se va”.
“Estás a una parada de la verdadera esperanza, lo que
significa a una parada de la verdadera esperanza”.
“Estoy buscando el andén. ¿Alguien puede mostrarme
dónde está?”
“Me voy de viaje. Me voy de viaje.”
Tengo un hermoso oso bailarín. Sueño con un oso
bailarín. Se convierte en un avión. Y el avión me lleva lejos. ¿No sería triste
si no tuvieras tu oso bailarín?
“Brazos, dos, tres... Giro, dos, tres... Balanceo,
dos, tres... Abajo, dos, tres....”
Si
estos ejemplos reflejan fielmente la distribución de las exclamaciones al final
de la vida se trata de una revelación contundente. Indica que, de hecho, existe
una experiencia común de movimiento o de ir a algún lugar al final de la vida.
Quizás esto refleje el movimiento de la conciencia a medida que cambiamos de
dimensión. Es difícil no sentir la fuerza del movimiento que evocan estas
frases repetitivas y los temas de partida y movimiento, todos ellos expresados
incluso cuando el hablante puede tener una movilidad completamente
restringida.
Imagina la voz de un
hipnotizador guiando a un cliente por unas escaleras, profundizando el trance:
«Da el primer paso, sintiendo el peso de tu pie al bajar. Ahora da el segundo
paso, sintiendo cómo el peso de tu pie se hunde aún más. Y el tercer paso, más
pesado, más pesado que antes». La repetición puede tener el efecto de hacernos
descender a algún punto, incluso cuando, en realidad, hay poco o ningún
movimiento físico. Parece que la repetición puede ser una especie de vehículo que
puede transportar la conciencia o incluso rastrear su movimiento. Adam Eason,
hipnoterapeuta, explica: “La repetición es hipnótica, la repetición es
hipnótica, la repetición es hipnótica».
Ben Radcliffe ofrece una
ilustración contundente de la repetición y su asociación con estados cambiantes
de conciencia. Ben me contactó para compartir los raros cambios en su lenguaje
y percepción que experimentó tras sufrir un accidente traumático, seguido de
una experiencia cercana a la muerte durante veintisiete días en coma. Al salir
del coma adquirió repentinamente nuevas y poderosas habilidades psíquicas.
Escuchaba frases que se repetían en su cabeza y. al oírlas, indicaban
conocimiento psíquico o intuitivo. Ben aprendió a prestar especial atención a
estos segmentos repetidos porque descubrió que probablemente eran
precognitivos.
La repetición aparece de
otras maneras intrigantes. La repetición o epanalepsis como figura retórica es
común en la poesía, pero no en el lenguaje cotidiano. Sin embargo, aparece con
cierta frecuencia al final de la vida. El significado de una palabra cambia al
repetirse al igual que la categoría gramatical que representa. Un ejemplo común
es «Carlos es más español que el español», donde la palabra «españols”aparece
primero como adjetivo y luego como sustantivo. El mismo tipo de cambio ocurre
en «¿quién controla al que controla?»
Estas frases son quizás
formas lingüísticas más complejas que una simple oración literal como «Estoy
parado afuera». Aquí hay algunos ejemplos del fascinante uso de «epanalepsis»
que aparece en las transcripciones que estudié:
"¿Cuánto más ancho es este ancho?"
“Hay tanto en el dolor.”
“Aquí está el aquí ; ¿dónde está el aquí
?”
La llamada de Dios a casa no
es una llamada clara. Dios me llama el lunes, pero sigo viva, respirando y
viva.
Y
surgen otros usos interesantes de palabras o frases repetidas. Por ejemplo, «Sé
que eso no es lo que me está pasando ahora, pero sé que lo que está pasando sí
lo es». Esta frase, como muchas otras que he escuchado a lo largo de los años
durante mi investigación, despierta tanto al que emite como al escucha.
Todas estas expresiones
alteran los paradigmas del lenguaje, como si dijeran: «El significado de una
palabra en un contexto puede ser completamente diferente en otro». El lenguaje
es intrigante porque, si bien podríamos esperar cierto deterioro en su uso, a
medida que mentes y cuerpos se degradan en realidad vemos un lenguaje muy
complejo que podría describirse como más complejo que el que escuchamos en el
de las personas sanas.
Como lingüista no puedo
evitar preguntarme: "¿Por qué veríamos un lenguaje tan complejo al final
de la vida si mente y conciencia van decayendo?". Este lenguaje complejo,
e incluso poético, me sugiere que la conciencia opera, e incluso puede
intensificarse en importancia a medida que los cuerpos se debilitan. Es como si
el lenguaje asociado con la poesía y el misticismo comenzara a predominar. Esto
se hace aún más evidente en posteriores ilustraciones del libro.
“Quiero bajarlos a la tierra
de alguna manera... No lo sé... Basta de ataduras terrestres... Amiguitos,
tengo que atar algunas cosas aquí”.
“Lo que está pasando es el
cuerpo de este informe. Sí, el informe. Si no me equivoco ahí delante está el
cuerpo de este informe. Mi informe de lo que he escrito. Mi informe para ellos
es un informe para ustedes, para decirles: «Lamentablemente, no tenemos un
informe. Además, el presidente no tiene informe»”.
Curiosamente, los familiares
y seres queridos que escuchan frases misteriosas y poéticas como estas de sus
seres queridos moribundos a menudo pueden encontrar significado en esas raras
construcciones. Esto me pasó cuando mi padre dijo: «Hay tanto dolor». Supe
inmediatamente lo que quería decir. Esa frase expresaba la intensidad de
nuestro dolor compartido; efectivamente, hay tanto dolor, tanto dolor. Y lo que
más me intrigó de esta frase fue la repetición del «tan» que hay en el dolor.
¿Cómo puede una persona estar en sintonía tanto con el sonido como con la
expresividad de las palabras en un momento en que el cuerpo se desintegra? He
visto este sofisticado uso de la repetición en las transcripciones de muchos transicionantes
al otro barrio.
Un uso fascinante de la
repetición apareció en el lenguaje del padre de Elizabeth Mason mientras estaba
en el umbral. Días antes de morir pidió a su esposa papel y lápiz como si
tuviera algo muy importante que decir. Durante una hora luchó por escribir,
apenas legiblemente, la frase «Los fantasmas famosos desempeñaban sus papeles».
Elizabeth explicó:
“Fue difícil de leer pero esto fue lo que me llamó la
atención. Quizás quiso escribir “enmarcado”por “famoso”(“framed,”but “famed”en
el original en inglés) lo que también podría ser. Creo que mi padre estaba a
punto de pasar a otro reino, uno que todos experimentaremos algún día al
expirar. Mi padre era un científico formado en el MIT que enseñaba en la
Universidad de Brown en los departamentos de química e ingeniería. No era
hombre religioso, ni compartía sus pensamientos e ideas espirituales, al menos
no conmigo. Siempre tenía una explicación científica y pedante para todo, por
lo que esta frase que escribió era bastante inusual en él. Creo sinceramente
que fue adquiriendo nuevas perspectivas a medida que se acercaba a la muerte y
que, como buen científico que era, quiso dejar constancia de su experiencia. No
creo que fuera el efecto de la morfina lo que influyó en sus palabras. Creo que
mi padre se comunicaba con quienes lo habían precedido y experimentaba una
profunda comprensión de toda su vida y de cómo se desarrolló. Había sido
influenciado constantemente por otros que habían fallecido hacía mucho tiempo,
y estos habían influido en las decisiones que mi padre tomó en vida y que lo
llevaron a todo lo que sucedió mientras estuvo en la Tierra. Que no hay
casualidades en nuestras vidas fue el amanecer de una profunda verdad. Otras
fuerzas y energías nos influyen sin que nos demos cuenta en ese momento. Todo
se aclara al final de las vidas, y si estamos abiertos a ello, incluso antes
para muchos”.
Algunos
podrán decir que Elizabeth interpretó demasiado la sentencia de su padre pero
¿acaso importa? Lo que parece más importante es que el lenguaje de nuestros
últimos días ofrece profundos significados, como la poesía y la escritura
mística. Las palabras nos conectan con quienes amamos y parecen hablar de un
reino más allá de este mundo tridimensional de cinco sentidos. Como dijo mi
hija de diecisiete años sobre sus conversaciones con su abuelo: «Era como estar
en compañía de almas».
¿Son estos giros lingüísticos
meros accidentes? No me lo parece. Al igual que la poesía y el misticismo
parecen surgir del reino espiritual. Al acercarnos al umbral nuestro lenguaje a
menudo se vuelve más que ordinario y literal.
Aquí hay otra ilustración
convincente de la repetición: “Vivo entre dos lugares. Me gustaría hacer que mi
lugar marque el otro lugar. Notable”. Esta oración encapsula la
noción de estar entre ubicaciones, y cuando el hablante usa la palabra marcar
entre “mi lugar”y “otro lugar”parece ilustrar que está en un lugar liminar; la
palabra marca se coloca literalmente entre los dos “lugares”. Nos dice,
y el lenguaje lo muestra, que esto es “notable”. A primera vista oraciones como
estas pueden parecer sin sentido pero a medida que miramos más allá de la superficie
del lenguaje en capítulos posteriores, veremos patrones más distintivos en el
lenguaje. Hay orden en el lenguaje del umbral, y el uso de la repetición es
parte de ese orden.
Repetición y música.
Los estudios indican que la
repetición es una característica clave de lo que consideramos musical. Cuando
las personas se exponen a melodías sin repetición las describen como menos
musicales que las que sí tienen elementos repetitivos. Escucha la repetición de
una frase musical y descubrirás que no es difícil empezar a balancearse hacia
adelante y hacia atrás y a cantar en voz alta. La educadora musical Elizabeth
Hellmuth Margulis explica que “la música tiene lugar en el tiempo, pero la
repetición la hace cautivadoramente cognoscible como algo fuera del tiempo. Nos
permite 'mirar' un pasaje como un todo, incluso mientras progresa momento a
momento. Pero esta perspectiva diferente que trae la repetición no se siente
como sostener una partitura y mirar la notación de un pasaje a medida que
avanza. Más bien se siente como una forma diferente de habitar un pasaje, un
tipo diferente de orientación”.
La repetición está
estrechamente relacionada con la música, y la música está estrechamente
relacionada con la parte de la experiencia humana vinculada a la experiencia mística
y espiritual. Así como se ha demostrado que la metáfora involucra ambos
hemisferios cerebrales la repetición en el lenguaje mientras morimos puede
conectarnos y expresar esa conexión con la parte de la experiencia humana que
existe fuera del tiempo.
En el lenguaje, la saciedad
semántica ocurre cuando una palabra se repite varias veces. Al escuchar una
palabra por primera o segunda vez, determinamos su significado; es decir, nos
dedicamos a reconocerla. Pero al repetirla de nuevo reaccionamos a su tempo y
tono: nos abrimos a la musicalidad del lenguaje, algo que no era accesible al
escucharla por primera vez.
Christine Zagelow, asesora
de estilo de vida, compartió su tierno relato de cómo escuchó las repetitivas
últimas palabras de su madre, que parecían estar al borde de la música.
“Me quedé junto a su cama
mientras le sostenía la mano. Estaba a su izquierda. La máquina intravenosa que
le administraba solución salina emitía un pitido y el goteo continuaba dentro
del tubo. Mamá empezó a girar la cabeza de un lado a otro, como si estuviera
viendo algo que cambiaba de dirección. Tenía los ojos cerrados, pero sabía que
estaba presenciando algo hermoso y maravilloso. Sabía que estaba en un espacio
diferente. Decía "Oh", y luego miraba en otra dirección. Su expresión
facial cambiaba de una forma de dulzura a otra. Seguía diciendo "Oh,
oh", y cada "oh”cambiaba de nota, como la música de una canción”.
La
repetición nos conecta con lo musical, es decir, con el tempo y el tono que nos
conectan de forma más inmediata con el mundo no verbal, el mundo al que solo
podemos acceder más allá del lenguaje literal: "¡Guau! ¡Guau! ¡Guau!"
Narrativa sostenida y repetición en el tiempo.
La repetición va más allá de
palabras y frases sueltas: también aparece a lo largo del tiempo en los temas
de algunas de las conversaciones que estudié. Como se mencionó anteriormente,
las metáforas de los moribundos evolucionan con el tiempo. Si bien algunas
palabras pueden parecer absurdas al escucharlas de forma aislada a menudo
forman patrones cohesivos con el paso de días y semanas. Por ejemplo, una
conversación rastreada a lo largo del tiempo podría ser similar a la siguiente,
que describe a los compañeros "imaginarios”del tío abuelo de una mujer:
10 de marzo. “Hay unos tipos jugando al póquer y quieren que yo
sea la cuarta mano. Les dije que no quiero jugar. No quiero sentarme en su mesa
a jugar”.
15 de marzo. «Me dicen que tengo que jugar, y simplemente no
quiero. No quiero ser su timonel».
20 de marzo. "Ya no tengo opción, ¿verdad? Pero son mala
gente. Beben y fuman. Y no creo que deba jugar con ellos".
30 de marzo. "Está bien. De todas formas, no tengo muchas
opciones. Haré lo que digan. Me sentaré con ellos. Me levantaré de mi vieja
silla y me sentaré con ellos".
Cuando
se estudia una transcripción a lo largo del tiempo la repetición de temas puede
surgir a lo largo de días y semanas, y estos temas repetidos adquieren sentido
al examinarlos a lo largo del tiempo en lugar de hacerlo de forma aislada. Se
desarrolla una narrativa continua. Vimos ejemplos de esto al analizar la
metáfora del viaje y su evolución. No es raro que alguien use una metáfora al
principio del proceso de morir, como: "Necesito mi maleta", y luego,
a medida que el proceso se intensifica, repite la metáfora pero modificándola
de alguna manera; por ejemplo, "Ahora que tengo mi maleta, necesito mi
pasaporte. ¿Dónde está mi pasaporte?”. Lo notable es que la persona moribunda
parece estar involucrada en una historia, no relacionada con el mundo que
conocemos, que parece perdurar y desarrollarse durante días y semanas.
¿Con qué frecuencia
recordamos una historia o un tema que comenzamos la semana pasada? ¿Podrías
contarme alguna idea o tema que articulaste en una conversación hace diez días?
¿Podrías desarrollar progresivamente esa historia o tema? Probablemente no.
Nuestro lenguaje e historias a menudo se basan en las interacciones que tenemos
con los demás día a día, incluso minuto a minuto. Si bien podemos crear
narrativas sostenidas al escribir, es raro hacerlo al hablar. Al escribir
podemos capturar y congelar nuestras historias y enriquecerlas; pero en las
expresiones de los moribundos ciertos símbolos y tramas se desarrollan a lo
largo de días y semanas. ¿Cómo es que los moribundos recuerdan lo que dijeron
hace dos semanas y luego continúan con los temas o historias de días o semanas
pasadas? Aquí hay algunos ejemplos que ilustran temas y narrativas sostenidas
en el tiempo:
Tren.
9 de noviembre. “Me preocupa el tráfico que va hacia el norte.
Estamos a punto de entrar en… el… Ahora tenemos que prepararnos… comunicación
hacia el norte. Por… no es por comunicación hacia el norte… Sí… El ferrocarril…
Sí, debería funcionar sin problemas así… Sí… Muchos escombros… muchos
escombros… perdón por despertarlo… no hay agua… Lo siento mucho… Lamento mucho
los daños”.
9 de noviembre, más tarde
ese mismo día. «Querido, nuestra
conexión en el norte ha cometido un error, ha tomado un giro equivocado. Puede
que no lo corrija. Parece que nuestro tren que va hacia el norte estará en
infracción».
27 de noviembre. "¿Estás probando mi motor? Estoy diciendo; ¿estás
probando mi motor?". Si necesito dar marcha atrás, déjame hacerlo.
1 de diciembre. “He pensado en algo bajo mi control: la parada del
ferrocarril”.
El informe.
5 de noviembre. “Denuncia. Que se informe a lo largo del... ¿Alguien
tiene un mecanismo de denuncia? Parece que han infringido la ley y lo harán...
y violando el estatuto. Denuncia. Que se informe a lo largo del... ¿Alguien
tiene un mecanismo de denuncia?”
9 de noviembre. —Sí, querida. Lo que está pasando es el cuerpo de
este informe... el cuerpo del informe. Sí, el informe. Si no me equivoco, ahí
delante está el cuerpo del informe. Cariño, se acabó la ocasión. Mi informe de
lo que he escrito... ¿No tienes nada, verdad? Mi informe para ellos es un
informe para ti. Lamentablemente, no tenemos un informe... Además de todo
eso... el presidente no tiene informe.
9 de noviembre, más tarde
ese mismo día. “Lo que está pasando
es el cuerpo de este informe. Sí, el informe. Si no me equivoco, ahí delante
está el cuerpo de este informe. Mi informe de lo que he escrito. Mi informe
para ellos es un informe para ti. Desafortunadamente, no tenemos un informe
claro. Después de todo eso, el presidente no tiene informe. Preferiría decir,
querida, que no hay informe. Quizás ese sea el informe. ¿Qué informe llegó
finalmente a la caja?”
Puertas.
31 de octubre. «Ayúdenme a entrar. ¿Dónde? Por la puerta principal».
5 de noviembre. «Esta es una noche importante porque damos por
terminada la Navidad. Bueno, mi puerta es en parte tuya».
6 de noviembre. “Bueno, puedes acompañarme a escabullirnos de vuelta
a nuestra casa. Estoy a medio camino entre tu casa y la mía. Sí, en parte mi
casa. Bueno... mi puerta... es en parte tu casa. Pero quieres llegar a tu casa.
A la larga... tendrás que lidiar con tu casa y la mía... Esta franja de aquí...
En algún momento, tendrá que cerrarse, ¿verdad? Quizás quiera cerrarse. Tenemos
tendencia a cerrar ese espacio. ¿Crees que la hay? Sí, existe la posibilidad de
que alguna zona quiera cerrarse.”
En
los casos siguientes los seres queridos compartieron la progresión de una
narración sostenida y las palabras pronunciadas, pero no registraron los días
exactos.
Chica.
Hay una chica con falda azul
parada junto a mi cama. Me está mirando. Nos pone tristes.
Unos días después. «Está sentada más cerca. ¿Por qué está tan cerca de
mí?»
Unos días después. "Está corriendo por el pasillo, pero volverá
pronto".
Más tarde. «Ya está aquí. Ya casi está».
El campeón.
Veo al campeón. Está aquí
observándome.
El campeón de fútbol ha
vuelto. Esta vez trae a su hijo. Ahora están juntos.
Están en un gran desfile.
Los estoy observando ahora mismo.
Ha vuelto. Esta vez no trae
a su hijo. ¿Qué quiere de mí? ¿Por qué me quiere?
Lluvia.
Ya viene la lluvia. Ya está
más cerca. Aquí está. La tormenta.
Si
bien la repetición de palabras o frases en los comentarios anteriores expresa
una mayor intensidad, la aparición de narrativas sostenidas y la repetición de
temas o símbolos específicos representa una intensificación de la duración. Las
narrativas sostenidas contienen temas o símbolos que se repiten a lo largo del
tiempo; y si bien estos temas y símbolos pueden no tener sentido al analizarlos
de forma aislada, evolucionan. Así como la experiencia cercana a la muerte representa
una narrativa con ciertos hitos, la línea narrativa en las historias de los
moribundos a veces también presenta temas repetidos y progresiones claramente
marcadas.
Al observar los ejemplos, se
dará cuenta de que, si bien algunas oraciones parecen absurdas o incluso
poéticas, siguen siendo gramaticales. Es decir, las oraciones están
estructuradas, no están desorganizadas ni son aleatorias. Parece haber
principios de organización en juego; hay reglas que quizá no comprendamos del
todo, pero siguen patrones consistentes. La característica de seguir algunas
reglas del lenguaje y romper otras es una distinción importante cuando
analizamos la ininteligibilidad y el sinsentido en el siguiente capítulo.
También se podría notar, en
los ejemplos anteriores, la prevalencia del presente. La investigación sobre
palabras finales en Alemania confirma lo que descubrí durante el Proyecto Palabras Finales: hay un mayor
enfoque en el presente. El presente a menudo representa la forma no marcada de
un verbo; es decir, describe un tiempo que no es ni pasado ni futuro. "Yo
canto, ella baila”puede referirse a una acción que ocurre en el presente o
puede ser una observación abstracta. El lenguaje de los moribundos parece estar
ligeramente inclinado hacia el presente. Esto, al igual que la repetición,
intensifica sus palabras. A menudo, cuando deseamos enfocar o enfatizar una
experiencia, la relatamos en presente, por ejemplo: «Estaba allí parado, y este
hombre se me acerca. Me dice: 'Dame tu billetera'. Tengo tanto miedo que no sé
qué decir, pero entonces...». A menudo, los canales y médiums hablan en
presente, lo que puede dar gran peso y significado a las palabras. El presente
también ofrece una sensación de «eterno ahora»: una experiencia sin la marca
del tiempo. Moody señala que cuando las personas relatan sus historias de
experiencias cercanas a la muerte, a menudo lo hacen en presente.
Como se mencionó, el
lenguaje de los moribundos se intensifica con frecuencia mediante el uso de la
repetición y el tiempo presente. Dado que la repetición es una de las maneras
en que potenciamos el lenguaje no es sorprendente que la usemos en nuestros
últimos días. El poeta inglés Alfred, Lord Tennyson, describió la cualidad
trascendental de la repetición: «Una especie de trance despierto —esto a falta
de palabra mejor— he experimentado con frecuencia... Esto me ha sobrevenido al
repetir mi propio nombre en silencio hasta que, de repente, como si fuera por
la intensidad de la conciencia de la individualidad, la individualidad misma
pareció disolverse y desvanecerse en un ser ilimitado... ¿No he dicho ya que el
estado es completamente indescriptible?».
La repetición en el lenguaje
de los moribundos expresa diversos temas, desde la agonía hasta el éxtasis. Si
bien este lenguaje quizá no sacie nuestra curiosidad sobre lo que existe más
allá del umbral, el uso de la repetición sugiere que existen patrones complejos
y sistemáticos en funcionamiento. Este tipo de organización indica que puede
haber mucho más en juego durante nuestros últimos días que una mente en
desintegración.
CAPÍTULO
SEIS. ¿Tonterías
o un nuevo sentido? Dando
sentido a un lenguaje ininteligible al final de la vida.
Sí, me
gustaría unos huevos revueltos, pero ¿dónde volverías a aparecer? — Bill,
participante del Proyecto Palabras
Finales.
Al igual que los patrones de
repetición que surgen en las expresiones de los moribundos, las frases confusas
y desconcertantes también son comunes.
Puede ser desgarrador cuando
las personas que alguna vez nos ofrecieron consuelo y conexión ya no se
comunican de maneras que podamos entenderlas.
Mi amiga Lesly compartió una
historia parecida a las que suelo escuchar de otros: “Mi mamá está loca. Anoche
me dijo: '¡Mira cuántos invitados tenemos! ¡Qué bueno ver a todos aquí para
cenar!'. Pero no había nadie. No lo entiendo. Siento que la estoy perdiendo
aunque todavía esté conmigo. Simplemente no tiene sentido”.
Sharon contó esta historia:
“Mi mamá empezó a hablar de
cajas y de la necesidad de saber dónde ponerlas. No sabía a qué cajas se
refería. [Curiosamente, como se mencionó en el capítulo 3, las cajas son uno de
los símbolos que aparecen con frecuencia en las historias y transcripciones del
Proyecto Palabras Finales].Y entonces
la oí parlotear sin parar, y no pude entenderla. Al principio me aterrorizaba
oírla. Pero con el tiempo sus disparates dejaron de asustarme y empecé a sentir
que, de alguna manera, las tonterías que oía la ayudaban a procesar su vida.
Ojalá supiera exactamente qué pasaba por su mente, pero era tan difícil
escucharla y comprenderla, y tenía la clara sensación de que también era una
realidad privada”.
Parece
que muchos que cruzan el umbral entran en una realidad privada y el sinsentido
puede seguir este extraordinario paso. Como lingüista no uso el término sinsentido
de forma peyorativa. Lo uso para referirme al lenguaje que no tiene sentido en
términos de lo que sabemos sobre nuestro mundo tridimensional de cinco
sentidos. A menudo usamos la palabra sinsentido para menospreciar algo,
como en "¡Eso es un completo sinsentido!". No hablo en ese aspecto.
El sinsentido es un fenómeno lingüístico fascinante y dinámico, y es tan válido
y consistente en su estructura, organización y funciones como el lenguaje
inteligible. El sinsentido, de hecho, no pertenece a los sentidos tal como los
conocemos. Es un lenguaje que a menudo aparece fuera tanto de la experiencia
normal como de la narrativa habitual. El sinsentido expresado por quienes están
en el umbral parece provenir, como describió Sharon, de un lugar diferente.
Balbuceos, tonterías lingüísticas y situacionales.
Los moribundos emiten tres
tipos de aparentes sinsentidos: balbuceos, lingüísticos y situacionales, pero
solo dos de estos se encuentran en los relatos y transcripciones de mi muestra
informal de datos. Los sonidos y patrones exactos que a veces escuchamos en
balbuceos sin sentido al final de la vida han quedado casi completamente sin
documentar. Y solo un participante del Proyecto
Palabras Finales logró comprender las combinaciones de sonidos y
transcribirlas. En un capítulo posterior, hablo con más detalle sobre este tipo
de sinsentido.
El sinsentido lingüístico se refiere a frases y oraciones que, aisladas, carecen
de sustancia. Contienen combinaciones de palabras ininteligibles. Algunos
ejemplos:
“Dile a Jack que mi modalidad está rota”. (Las
modalidades no se rompen.)
Oferta de lanzamiento: la tienda de alimentos y
artículos de la universidad cierra. (Los términos “oferta de lanzamiento”y
«cierre de alimentos y artículos”son contradictorios, y una universidad
no suele ofrecer alimentos ni artículos fuera de las cafeterías de centros o
facultades).
“Hay tanto así en el dolor.”(¿Cómo puede haber tanto
así en el dolor ?)
“El agua es lo más confiable”. (El agua generalmente
no se asocia con la confiabilidad, y no está claro a qué se refiere el
superlativo “más ”).
Curiosamente,
todos los sinsentidos lingüísticos en mi muestra informal son gramatical y
sintácticamente correctas. Esto se llama sinsentidos categóricos . Las
oraciones exhiben gramática y sintaxis correctas: los sustantivos están donde
se supone que deben estar, igual que los verbos, pero las categorías no
encajan. Por ejemplo, en la oración "Dile a Jack que mi modalidad está
rota", la oración suena con la partes están colocadas correctamente. Sin
embargo, como las modalidades no se rompen, la oración es una violación de lo
que sabemos sobre la categoría "cosas que se rompen". Una
"modalidad”no está entre ellas.
En cambio, las oraciones que
constituyen un sinsentido situacional tienen sentido para nosotros. Las
categorías encajan. Por ejemplo, cuando mi padre dijo: «Llevaré las cajas a la
exposición de arte», la oración era perfectamente inteligible pero carece de
sentido en contexto: no tenía cajas en la mano y había estado caminando por una
calle concurrida a medianoche y en ropa
interior. La referencia a los invitados invisibles en la mesa de Lesly es otro
ejemplo de sinsentido situacional pues, aunque el lenguaje que su madre usó
para describir la situación es lingüísticamente correcto, las frases parecen
absurdas dado el contexto.
A continuación se muestran
algunos ejemplos típicos de situaciones sin sentido:
“Hay una joven parada a los pies de mi cama”. (Dijo
esto cuando no había nadie en la habitación aparte de su hija, quien
transcribió estas palabras.)
¡Mamá! Mamá está aquí conmigo ahora. (La madre del
orador había fallecido años antes).
¡Es tan hermoso! ¡Es tan hermoso aquí! (Dijo mientras
yacía en una habitación de hospital poco atractiva).
“¿Puedes oír esas campanas sonando?”(No sonaba ninguna
campana.)
“Estoy en la dimensión verde”. (Las dimensiones no son
verdes.)
“Las mariposas blancas que salen de tu boca son tan
hermosas”. (Las mariposas no salen de la boca.)
Estas
oraciones son lingüísticamente significativas pero no tienen sentido en el
contexto en el que se dicen.
Las cosas no tienen sentido sin contexto.
Una característica
distintiva del sinsentido es la ausencia de contexto. Por ejemplo, si hace cien
años alguien hubiera dicho: «Los astronautas van a la Luna», la frase habría
sido ininteligible. ¿Qué son los astronautas? ¿Cómo puede alguien llegar a la
Luna? Muchas cosas que antes parecían absurdas hoy tienen sentido. El
sinsentido situacional y lingüístico es importante para estudiar el lenguaje
del umbral, ya que este no se corresponde con nuestra comprensión actual pero puede
contener indicios de conocimiento que aún desconocemos. De hecho, un análisis
de muchos de los grandes descubrimientos científicos también es un análisis de
conceptos que en su momento se consideraron un completo disparate. Lo que en un
momento dado parece disparate suele ser presagio de nuevas fronteras.
Es interesante que las
muestras del Proyecto Palabras Finales
contengan significativamente menos disparates lingüísticos que disparates
situacionales. Esto podría reflejar nuestra predisposición a rechazar los
disparates lingüísticos. Es decir, la mayoría de nosotros descartamos el
lenguaje que no nos resulta comprensible por lo que podría deberse a que las
personas no han transcrito, compartido, recordado o incluso percibido con tanta
libertad los disparates lingüísticos pronunciados por sus seres queridos en sus
últimos días.
La mayoría de las personas
no saben cómo responder o incluso considerar tonterías lingüísticas como
“Oferta de lanzamiento: la tienda está cerrando para alimentos y productos
administrados por la universidad”o, “Las aceras estaban en problemas y los osos
estaban en problemas y los detuve”.
Encontrar significado en lo ininteligible
Aunque los sinsentidos
pronunciados en el umbral no se comprenden bien, algunos se sienten más cómodos
con unos que con otros. Marie me contó que cuando su esposo se acercaba a la
muerte comenzó a hablar en un galimatías. Ella simplemente le respondió
adaptándose al ritmo, cadencia y entonación de sus palabras. Una de sus
familiares se sintió tan incómoda con esto que exigió a Marie: «No le digas
tonterías, habla con sentido común para
que te responda con sentido». Como Marie continuó hablando su propio «lenguaje
privado”con su esposo moribundo, la familiar se sintió tan amenazada que salió
de la habitación. He descubierto que las personas reaccionan a las tonterías de
maneras muy diferentes. Para algunos, la aparición de sinsentidos amenaza su
sensación de estabilidad y seguridad, al igual que presenciar la muerte de un
ser querido. La pérdida para la mayoría es dolorosamente ininteligible. Sin
embargo, de mis entrevistas he aprendido que muchos miembros de la familia son
capaces de dejar atrás los sinsentidos y encontrar formas de conectarse, ya sea
entrando en el nuevo mundo de su ser querido o simplemente asintiendo con la
cabeza amablemente en señal de amor y acuerdo, aunque tal vez no entiendan nada
de lo que se dice.
Pregunté a Lesly, que estaba
preocupado porque su madre alucinaba con invitados en la mesa, si podía entrar
en el mundo de su madre y entablar conversación con ella. Le sugerí, por
ejemplo, que dijera: «Cuéntame todo sobre los invitados, mamá. ¡Quiero
asegurarme de saber quién está aquí!». Mi amiga rompió a llorar. «Extraño las
conversaciones que teníamos». Un par de semanas después, dijo: «Había estado
tan concentrada en la pérdida de conexión con ella que no imaginé que
pudiéramos volver a conectar». Stephen Jones reflexiona: «Cuando los moribundos
hablan necesitan que los escuchemos, además de sentir. Descartar sus palabras
como galimatías confuso impone demasiada responsabilidad al hablante».
Las situaciones sin sentido
ofrecen oportunidades para escuchar con el corazón y mantener valiosa conexión
con las personas que amamos. El siguiente ejemplo de situaciones sin sentido,
del capellán Cari Willis, es buen ejemplo de cómo ofrece oportunidades para
tender puentes en el umbral con quienes amamos:
“Hace años pude pasar los
últimos meses de la vida de mi novia Yukiko. Los días y momentos que pasé con
ella estuvieron llenos de amor, risas y asombro. Pero un día, mientras estaba
sentado tranquilamente con una de sus mejores amigas, Yukiko se incorporó y nos
dijo: "¡Bajen el volumen de la radio! ¡Odio esa música!". Su amiga me
miró bastante preocupada porque la habitación, tan silenciosa y llena de paz,
nos parecía casi un espacio sagrado. Sin embargo fui con Yukiko y le dije:
"¿Ves la radio?". Después de unos minutos, Yukiko dijo:
"Sí". Le dije; “Bueno, a ver si encuentras el botón para cambiar de
canal. Quizás tengas que girarla un par de veces antes de encontrar algo que te
guste”. Pasaron varios minutos. La habitación estaba inquietantemente
silenciosa; no nos atrevíamos a hablar ni a romper el silencio manera alguna.
Finalmente escuchamos a Yukiko decir en voz alta: "¡Oh, eso está mucho
mejor! Funcionó. Cambié de canal. ¡Gracias!". La amiga de Yukiko y yo nos echamos a reír a
carcajadas. Ese día supimos que, aunque no podíamos oír la música en la
habitación, para mi amiga moribunda la música sonaba, y a todo volumen, tal como
ella quería”.
La
radio en este ejemplo de sinsentido situacional ilustra, en parte, cómo concibo
el sinsentido del umbral. Es como la estática que encontramos entre emisoras de
radio: el sinsentido puede ser lo que oímos al sintonizar una emisora diferente.
Como nosotros, los vivos, no escuchamos esta emisora, las palabras de nuestros
seres queridos a veces suenan a galimatías.
Preposicional sin sentido.
Dado que desconocemos lo que
sucede cuando las personas mueren muchas de las frases sin sentido que
escuchamos son disparates situacionales. Una forma de sinsentido situacional
que encontré constantemente en las transcripciones y relatos de las últimas
palabras es lo que llamo "cambio preposicional". Las palabras suelen
tener sentido lingüístico pero no lo tienen en términos de lo que sabemos
actualmente sobre el movimiento, los cuerpos, la dirección y el espacio.
Las preposiciones son esas
palabras cortas que, a veces, representan dónde nos encontramos en el espacio,
como: dentro, fuera, sobre, arriba, encima. Mientras la gente muere
hablan de la ubicación de maneras desorientadoras. Este lenguaje es similar al
utilizado para describir las experiencias cercanas a la muerte en las que las
personas que yacen inmóviles hablan posteriormente de haber estado "fuera”de
sus cuerpos, atravesando "túneles”y entrando "en”la luz. Aquí hay
algunos ejemplos en el lenguaje de los moribundos:
“Ayúdame a bajar por la madriguera del conejo”.
“Vivo entre dos lugares… Me gustaría que mi lugar marcara
el otro lugar… Extraordinario.”
“Date prisa, bájame... por favor... es el fin”.
“No. Espera un momento. Estás a un paso de la
verdadera esperanza, lo que significa... a un paso de la verdadera esperanza”.
“Quiero bajarlos a la tierra de alguna manera...
Realmente no lo sé... no más ataduras a la tierra”.
“Ayúdame a acostarme.”
Tengo que bajar. Tengo que bajar.
Tengo que bajar a la Tierra. Ayudadme.
“Eso es lo que somos, hacia dónde nos dirigimos,
bueno, eso es todo”.
“Estoy en la cima ahora, avanzando hacia la cima”.
¡Me estoy yendo! ¡Me estoy yendo!
¡Tengo que largarme, largarme! ¡De esta vida! ¡Me
muero! ¡Me muero!
Me estoy cayendo. Me estoy cayendo, pero no estoy
listo para irme. Se están preparando para levantarme. Cuando me caiga, me van a
levantar.
“Es hora de levantarse, levantarse, levantarse…”
“Mi cuerpo quiere ir en una dirección y el resto de mí
en otra… esta no es una situación cómoda”.
Frases
como estas son comunes y hablan de la orientación en el espacio de maneras infrecuentes:
arriba se convierte en abajo, atrás y adelante se confunden, y los moribundos a
menudo nos piden que les ayudemos, de alguna manera, a cambiar su posición.
Sharon compartió este relato
de un momento en el que su madre comenzó a quejarse de su pierna izquierda:
"Te estoy pidiendo que
sueltes", dije a mi mamá, siguiendo mi intuición. "Que sueltes tu
lado izquierdo". “Sí —dijo mi
madre—, dicen que es cierto. Estoy intentando salir de esta jaula. Estoy
intentando salir de esta jaula. Ahora... mi otra pierna.
La
palabra «jaula» es evocadora. Cuando le pregunté a Sharon qué creía que
quería decir su madre, habló de la jaula del cuerpo físico, de vivir aquí, en
la Tierra. La metáfora sugiere con fuerza una lucha por el movimiento.
Movimiento y metáfora también se complementan de forma convincente en el
siguiente relato: «Papá me pedía que lo empujara hacia atrás... Su cama está
contra la pared, así que le dije que se sentía difícil... Se veía muy triste...
Le pregunté por qué quería que lo empujara hacia atrás... y me respondió:
«Porque todo lo que es importante para mí está detrás de mí»».
Esta transcripción hace
referencia a elegir la dirección correcta:
“Me estoy muriendo, ¿sabes?
Sé que me estoy muriendo. A mi familia no le gusta que lo diga. Y antes me
ponía muy triste. Pero ahora me parece gracioso. No todo el mundo quiere oír
hablar de mi muerte. Sé que moriré por esto. Quieren hacerme más
procedimientos, pero ya pasó. A mi familia no le gusta que hable así. A veces
el problema es que no distingo la izquierda de la derecha. Es como un juego.
¿Qué dirección debo tomar? Y cuando voy allí, descubro que estaba en la
dirección equivocada o no sé por qué fui allí”.
Estos
ejemplos articulan la sensación de movimiento cambiante y desorientación. Y en
algunos casos, hay metáforas estrechamente relacionadas y asociadas con el
movimiento. A primera vista, podría parecer que reflejan desorientación causada
por medicamentos o deterioro de ciertas partes del cerebro. Sin embargo, otros
ejemplos del lenguaje del umbral indican que podría estar ocurriendo algo mucho
más complejo.
El médico Tony Ciccoria,
quien tuvo una experiencia cercana a la muerte al ser alcanzado por un rayo,
demuestra un cambio preposicional al hablar de su experiencia: “La fuerza del
rayo me lanzó hacia atrás como un muñeco de trapo. A pesar del impresionante
trauma físico me di cuenta de que algo extraño e inexplicable estaba
sucediendo. Mientras mi cuerpo salía despedido hacia atrás, sentí que
"yo”avanzaba. Sin embargo, también parecía permanecer inmóvil y
desconcertado, mirando fijamente el teléfono que colgaba frente a mí. Nada
tenía sentido».
El doctor Ciccoria habla
paradójicamente de su movimiento: su cuerpo físico retrocedía y, sin embargo,
tenía la sensación de que algo avanzaba. ¿Qué era ese algo? Observa lo mismo en
una descripción registrada en la investigación histórica de Kenneth Ring y
Sharon Cooper sobre las experiencias cercanas a la muerte en personas ciegas:
“El cuerpo que yacía en la
cama estaba completamente inmóvil, sin movimiento. Sentí que algo debía haber
salido de mí... [cuando] ascendí al techo. Algo de lo que quedaba de mí
permanecería inmóvil en la cama. Por un breve instante me pregunté por qué me
sentía como dos personas a la vez. Vi una parte de mí completamente inmóvil,
como si estuviera a punto de ser detenida y, sin embargo, había una parte muy
importante de mí que estaba a punto de flotar más allá del techo hacia este
nuevo reino, dondequiera que estuviera”.
Esta
descripción de un ciego es convincente por varias razones. La primera, por
supuesto, es que hace muchas cosas visuales. Descripciones a pesar de ser
ciego. La investigación de Ring y Cooper documenta que el 80 % de sus
participantes ciegos, la mayoría de ellos de nacimiento, pudieron ver durante
sus experiencias cercanas a la muerte. El ejemplo de Ring y Cooper, como muchos
otros relatos, también aborda de forma interesante el movimiento. Las
descripciones que se encuentran en las investigaciones sobre experiencias
cercanas a la muerte están estrechamente relacionadas con el lenguaje que
emerge en el umbral.
Un trabajador del
establecimiento de cuidados "Zany Cat”explicó:
“Aunque no creo en el cielo,
hay que preguntarse si realmente existe o si de alguna manera estamos
programados para creerlo. George Carlin, el comediante, dijo: "¿Por qué la
gente nunca dice: 'Creo que está ahí abajo ahora, sonriéndonos'? Siempre
decimos cosas como: 'Mi papá me sonríe aquí en la Tierra'. Nunca oímos: 'Mi
papá nos grita'. ¿Por qué imaginamos que siempre subimos al morir?".
Verán, no creo en el cielo, pero me pregunto por qué nuestras palabras son así.
He notado que al menos el 20% de las veces oigo algo sobre pacientes que hablan
de subir o bajar. Se hace referencia a moverse, aunque están ahí, en las camas”.
Una
enfermera de cuidados paliativos de Trinidad me describió estas referencias al
movimiento de esta manera: «En mi país, las tonterías que dicen los moribundos
se llaman 'viajar'. Creemos que estas palabras sin sentido forman parte del
proceso de partida del alma, de ascenso al Más Allá».
El sinsentido se asocia con
un lenguaje que se sale de la narrativa literal y ordinaria de nuestras vidas.
Las personas bajo estrés dicen sinsentidos como para señalar la gravedad de su
estado. El sinsentido anuncia: «Las palabras que uso ahora muestran que no
estoy en un estado de conciencia normal... Algo está cambiando».
El estrés extremo hace que
la gente diga disparates. Los soldados, por ejemplo, a veces hablan
incoherentemente al ser rescatados de terribles batallas en las que por poco
evitan la muerte o lesiones que ponen en peligro su vida. Esto también ocurre
con personas que han participado en otros sucesos aterradores. Una explicación
que he escuchado de expertos médicos es que cuando nos sucede algo abrumador es
como si nuestro cerebro sufriera un cortocircuito. Es como si la enorme
ininteligibilidad de la experiencia se tradujera en un lenguaje ininteligible.
Esto sugiere que, a medida que nos acercamos a la muerte y contemplamos su
abrumadora realidad, nos desesperamos por evitarla. En tales circunstancias, el
disparate refleja un último intento desesperado de escapar. ¿Por qué? Parece
que nuestras mentes podrían estar programadas para usar el disparate como vía
de escape, y el misterio es este: ¿Adónde escapamos y cómo es el disparate la
salida?
Al morir, el lenguaje de las
personas expresa una sensación de movimiento, aunque a menudo veamos ante
nosotros la quietud de un cuerpo que se acerca a la muerte. Las palabras de mi
padre eran típicas de lo que escuché de otros. "Ayúdenme a bajar de
aquí", dijo mientras yacía en su cama unos días antes de morir. Imagino
que pudo haber estado experimentando lo que quienes experimentan ECM describen
como abandonar sus cuerpos y ascender para verse a sí mismos en la Tierra. Esto
en sí mismo es paradójico: ¿Cómo se puede estar inmóvil y ascender al mismo
tiempo? Dado que esta sensación de movimiento también aparece en el lenguaje de
la ECM, tal vez algo esté sucediendo en la experiencia subjetiva de estar en el
umbral de la muerte. Los moribundos parecen estar, en palabras del poeta Rumi, “yendo
y viniendo por el umbral donde dos mundos se tocan".
Cuando imaginamos a una
persona completamente inmóvil y luego describe haber tenido una experiencia
llena de movimiento se nos presenta la posibilidad de que, al morir, entremos
en un reino donde coexisten realidades duales. O la posibilidad de que la
realidad que conocemos a través de los cinco sentidos está dando paso a algo
completamente nuevo, algo que nuestro lenguaje literal no puede comprender.
Quizás recuerdes
declaraciones paradójicas como estas del capítulo 2 hechas por personas que tuvieron
experiencias cercanas a la muerte:
“Me sentí más vivo cuando estaba muerto que cuando
vivía”.
“Entendí todo lo que dijeron, pero no dijeron ni una
palabra”.
“Dejé mi cuerpo y viajé a través de las galaxias, todo
mientras yacía inmóvil en la cama”.
El sinsentido del lenguaje de los moribundos, al igual
que el del lenguaje de la ECM, no expresa el mundo tal como lo conocemos. Gran
parte del lenguaje es paradójico. Algunos ejemplos del Proyecto Palabras Finales incluyen:
“Oferta de lanzamiento: la tienda cierra sus
puertas a alimentos y productos”.
“Subo para poder bajar”.
“No, pero si no lo haces y lo haces, entonces lo
haces “.
“Concédeme la mitad de la medida completa .”
“No creo que haya progreso en ganar y volver a
perder”.
El
sinsentido preposicional expresa y refleja paradojas: arriba es abajo y abajo
es arriba. De igual manera, el lenguaje de la autocontradicción difiere de
nuestro lenguaje habitual. Estas expresiones parecen estar estrechamente
relacionadas con las notables paradojas que oímos describir a quienes han
tenido experiencias cercanas a la muerte, como «Pude ver aunque estoy ciego».
En nuestra realidad
tridimensional de cinco sentidos, no podemos ser ciegos y ver, ni siquiera
considerar que conceptos tan opuestos puedan coexistir. Pero hemos visto en la
investigación de ECM de Ring y Cooper, por ejemplo, que las personas ciegas informan
ver en momentos en los que están clínicamente muertas, y hemos escuchado de
cientos de personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte hablar de sucesos
paradójicos que son difíciles de explicar en lenguaje literal y cotidiano. Este
tipo de lenguaje paradójico es más frecuente entre las personas moribundas que
entre las sanas. Esto también se aplica al sinsentido híbrido.
Sinsentidos híbridos.
La coexistencia de
realidades duales se observa en un patrón que llamo sinsentido híbrido,
frecuente en el lenguaje del umbral. Una parte de la oración se basa en lo
perceptible; otra, no. Es como si el hablante tuviera un pie aquí, en esta
dimensión, y el otro en un mundo invisible.
“Consígueme mi chequera, tengo que pagar para entrar”.
“Necesito mis perlas para el baile de esta noche”. (No
hay baile.).
“Por favor, masajéame los pies para que pueda bajar a
la madriguera del conejo”. (La novia del hablante le está masajeando los pies
mientras él está acostado en una cama de hospital. No hay madriguera).
“Trae mi cámara. Necesito tomar una foto de esto”. (No
hay nada que fotografiar).
“Dejaron las escaleras, pero son demasiado cortas para
subir”. (Se refiere a las escaleras que estaban afuera de la ventana de su
dormitorio).
“Por favor, deja algo de dinero y ropa de bebé en mi
cama. Los necesitaré en el cielo cuando nazca mi bebé”. (La voz es una niña de
trece años que se está muriendo de cáncer).
Será mejor que me vista. Tengo que ir a casa.
“Consígueme unas tijeras para poder cortar esto de
aquí”.
“Ayúdame a pasar este lápiz al otro lado”.
Cari
Rush Willis, que ha estado junto a la cama de casi doscientas personas
moribundas, incluidas algunas en el corredor de la muerte, dijo:
“Siempre digo que las
personas al final de sus vidas tienen un pie en el cielo y otro en la Tierra.
Quienes se están muriendo pueden ver cosas que yo no puedo. Negar su realidad
es un gran error. Es fundamental que quien esté junto a la cama de un moribundo
esté dispuesto a escuchar y afirmar su realidad. Que permanezca en silencio y
esté presente. Incluso lloro con los chicos de los cuidados paliativos de la
prisión. Renuncié a todo lo que aprendí sobre no llorar. Simplemente creo que
vale la pena llorar por una vida; la mayoría de ellos no han llorado por sus
vidas”.
Un
religioso compartió la historia de una feligresa al final de su vida que empezó
a hablar de la gran fiesta a la que se disponía a asistir. Pidió un papel para
anotar los nombres de los asistentes. Su hijo, que también estaba presente,
pidió ver la lista curioso por saber qué tenía en mente su madre. Todos los
nombres anotados eran familiares y amigos fallecidos. Combinando la metáfora
del baile con la realidad práctica y real de necesitar papel y lápiz, esta
mujer se preparó para morir. Este es un ejemplo típico de absurdo híbrido.
En las últimas dos semanas
de vida de mi padre pasó por periodos de extrema lucidez y de deconstrucción
del mundo que conocía y compartíamos, lo cual se manifestaba particularmente en
su lenguaje. Por momentos hablaba de la realidad que teníamos en común: «Tráeme
un poco de agua, por favor, cariño». Pero también se refería a un lugar que
llamaba la «dimensión verde». Habló de los «espacios intermedios de los poemas»
y de los grados de «así» en la palabra «dolor». Me dijo que los poemas eran una
forma de oración y luego le recordó a mi madre que tendría que llevar su tienda
de oxígeno, (no había ninguna, en realidad), para su viaje a Las Vegas, (que se
había cancelado meses antes). No tenía Alzheimer ni otra forma de demencia;
estas fluctuaciones en la conciencia provenían de una mente lúcida.
A través de su lenguaje pude
adentrarme en su proceso de morir hasta el momento final, cuando tomó la mano
de mi madre, su esposa durante cincuenta y cuatro años, y dijo un simple
«Gracias, gracias». Parecía haber poca o ninguna relación entre su lucidez y
sus medicamentos. Los cambios de conciencia y lenguaje parecían tener su propio
ritmo.
Una sobreviviente de coma
entrevistada por Madelaine Lawrence describió cómo había sido para ella pasar
de un estado de conciencia a otro:
“Lo siguiente que recuerdo
fue a mis hijos. Recuerdo que uno de ellos me llamaba: «Mamá, mamá», repetía
sin parar. «Si me oyes, mueve el dedo del pie». Intenté mover el dedo del pie pero
quedé inconsciente otra vez. Perdía el conocimiento. No era nada. Era un lugar
muy oscuro y cálido. No me asustaba, pero siempre estaba muy oscuro, solo
oscuridad y calor”.
La
Dra. Martha Jo Atkins compartió un relato que tiene la misma sensación de
moverse entre estados del ser o, posiblemente, dimensiones:
“Lo que le acompañó hasta la
muerte fue el océano y la playa, y ambos comenzaron a fundirse en uno... como
donde la ola sube y baja. Así que la playa y el océano se fundieron en uno y le
sostuvieron. Y él simplemente se fundió en ellos. Visitaba mucho el océano, y
era muy importante para él, así que tenía sentido”.
Sinsentido y experiencia trascendente.
El sinsentido aparece en
diversos contextos, incluyendo tradiciones místicas y espirituales donde el
galimatías se asocia con la apertura a nuevas dimensiones. Encontramos el uso
del sinsentido lingüístico en cánticos, hechizos y encantamientos, por ejemplo.
El sinsentido suele asociarse con la apertura de portales a nuevos mundos y la
oportunidad de interponernos entre ellos. De niños aprendemos que palabras sin
sentido como shazam y abracadabra pueden mover montañas o
llevarnos a nuevos mundos. Si tienes la palabra correcta puedes abrir puertas. Hechizos
y encantamientos suelen estar compuestos de palabras sin sentido que prometen
acceso a poderes fuera de la vida cotidiana.
El lenguaje sin sentido, el
galimatías, es lenguaje que queda fuera de la experiencia habitual o poderes
terrenales y esto ha sido cierto a lo largo de los siglos y en todo el mundo.
El doctor Will Taegel, autor de The Mother Tongue, reflexionó en un
correo electrónico que me envió: “La búsqueda del sinsentido para entrar en
reinos impermeables a la penetración racional ha estado presente en la
sabiduría y las tradiciones chamánicas en tiempos inmemoriales. Tambores,
drogas, cánticos, bailes, órdenes físicas extenuantes, embriaguez de todo tipo
se han utilizado para sacar a las personas de la realidad normal y llevarlas a
la realidad extraordinaria en prácticamente todas las culturas humanas. Hay
algo en el galimatías que nos ayuda a dar sentido a nuestras vidas
insondables”. Taegel explica que los chamanes han dicho a lo largo del tiempo:
“Cruzamos al otro lado por el poder de nuestras canciones sin sentido”.
El psicólogo estadounidense
William James observó que expresiones contradictorias como «oscuridad
deslumbrante», «silencio susurrante», «desierto rebosante”y «el sonido insonoro»
son comunes en los escritos de los místicos. Aparentemente, el lenguaje prosaico
es inadecuado para describir el nivel trascendente de la conciencia. Raymond
Moody sugiere que: “Nos deleitamos con el sinsentido porque cortocircuita el
cerebro al eludir la mente racional».
Moody cree que el sinsentido
— que Will Taegel llama “trans-sentido”— es el lenguaje intermediario entre los
dos mundos, el del lenguaje adquirido y el lenguaje telepático universal que
parece existir en el reino de la otra vida, como explican las experiencias
cercanas a la muerte. Experimentadores de ese reino telepático no verbal, reino de lo inefable del que hablan los
místicos, incluidos los maestros budistas.
Los budistas zen utilizan el
sinsentido como medio de iluminación espiritual. Los maestros zen presentan a
sus estudiantes preguntas sin respuesta conocidas como koans. Algunos koans son
preguntas sin sentido: "¿Tiene un perro naturaleza búdica o no?”y
"Dos manos aplauden y se oye un sonido. ¿Cuál es el sonido de una
mano?". Estas preguntas están diseñadas para alejar a los estudiantes de
la comprensión de la vida únicamente desde una perspectiva lógica y conectarlos
con algo inefable, ajeno al mundo cotidiano tal como lo conocemos. Los koans
invitan a adentrarnos en otra forma de pensar y parecen desconcertarnos a la
vez que conducen a mayor comprensión.
Milton Erikson,
hipnoterapeuta de renombre mundial, solía usar el sinsentido para distraer y
confundir la mente consciente de sus clientes cuando quería hacer una sugestión
hipnótica. Entendía que el sinsentido actúa como puente hacia otro estado de conciencia,
otra forma de pensar.
Quienes hablan en
galimatías, o ”en lenguas”, atribuyen sílabas sin sentido directamente a Dios. Esta
conocida facultad llamada glosolalia, es decir, vocalización fluida de sílabas
sin significado comprensible alguno, ocurre durante períodos de éxtasis
religioso, y algunos afirman que es el Espíritu Santo quien habla a través de
los feligreses. Sin embargo, la investigación lingüística indica que los
patrones fonológicos y prosódicos presentes en la glosolalia imitan patrones de
la lengua materna de sus hablantes, y estos patrones varían según el idioma.
Esto nos indica que el idioma en sí no es un idioma divino universal; sin
embargo las experiencias extáticas de sus hablantes parecen ser universales.
Investigaciones preliminares muestran que la glosolalia involucra las regiones
del cerebro asociadas con la experiencia mística y la música.
Así pues, aunque la
glosolalia no es un idioma único, sus sílabas sin sentido alteran la
consciencia. Esto se ha documentado mediante escáneres cerebrales. Los
investigadores compararon escáneres cerebrales de individuos que realizaban una
tarea lingüística común, como la lectura en voz alta, con escáneres cerebrales
de personas que hablan en lenguas. Las partes del cerebro que se activan al hablar
en lenguas o glosalia están más estrechamente conectadas con las regiones
activadas durante los estados no verbales de trance místico o espiritual que
con los centros asociados con el habla y el lenguaje. El habla sin sentido
parece crear y reflejar extraordinarios estados alterados de conciencia.
Incluso podría haber evidencia de "lenguaje mágico", es decir,
lenguaje diseñado para ayudarnos a cambiar de dimensión, como se encuentra en
la glosolalia, los hechizos, los encantamientos y las canciones chamánicas.
La iluminación cambia tu cerebro.
Andrew Newberg y Mark Robert
Waldman han investigado exhaustivamente la correlación entre estados alterados
y trascendentes, y la función cerebral. Describen haber observado una
disminución inmediata de la actividad en las áreas del lenguaje de los lóbulos
frontales de participantes pentecostales que hablaban “en lenguas”. Explican: “Normalmente,
al hablar y escuchar a otros los centros de comunicación del cerebro se activan
pero cuando una persona empieza a hablar en lenguas estas áreas se desactivan».
Cambios similares en la actividad cerebral ocurren durante los estados de
trance en chamanes y médiums. Newberg y Waldman afirman que estos cambios
neurológicos crean las vías hacia las experiencias de iluminación.
En su sitio web, Eben
Alexander comparte investigaciones interesantes sobre los alucinógenos y el
cerebro que respaldan los hallazgos de Newberg y Waldman y arrojan luz sobre el
lenguaje utilizado al final de la vida. Una investigación realizada en el Imperial
College de Londres en 2012 reveló que de las personas que estaban bajo la
influencia de la psilocibina, aquellas cuyas experiencias psicodélicas fueron
más profundas presentaron una actividad "considerablemente reducida”en las
"principales regiones de conexión”del cerebro. Alexander también hace
referencia a un estudio brasileño realizado en 2015 que investigó los efectos
de la ayahuasca y confirmó una disminución de la actividad en una región
importante del cerebro llamada “red en modo predeterminado”. Alexander cita
otro estudio del Imperial College sobre los efectos del LSD en el cerebro que
halló que una disminución de la integridad de ciertas regiones cerebrales
parecía asociarse con estados extraordinarios de consciencia.
Sobre su coma y su experiencia
cercana a la muerte, Alexander escribe:
“A medida que mi neocórtex
era destruido por las bacterias invasoras mi consciencia se expandió
enormemente a niveles sin precedentes en mis experiencias normales de vigilia
de toda mi vida. Esa impactante realidad me atormentaba especialmente durante
los primeros meses después del coma, cuando intentaba explicar toda la
experiencia como una enorme alucinación del cerebro moribundo (recurriendo a
mis creencias científicas materialistas reduccionistas previas al coma,
perfeccionadas durante varias décadas de trabajo como neurocirujano).
Mis médicos sabían, por la
evidencia médica de mi caso, que mi neocórtex estaba demasiado dañado como para
soportar cualquier tipo de experiencia consciente sólida, incluyendo alucinaciones
elaboradas, efectos de drogas o estados oníricos. Tras una revisión exhaustiva
con algunos de los médicos que me atendieron y con varios colegas
neurocirujanos interesados, se hizo evidente que esa ultrarrealidad se debía a
que la experiencia era real, aunque no ocurriera en ningún lugar de nuestro
espacio-tiempo tetradimensional del universo físico observable”.
Le
pregunté a Andrew Newberg si sería posible que, a medida que morimos y los
centros del habla asociados con el lenguaje disminuyen, experimentemos cada vez
más estados místicos como los descritos por Eben Alexander. Estos estados
mentales también podrían estar asociados con las tonterías, sinsentidos y
galimatías que escuchamos. Newberg comentó que creía que es muy posible que al
morir la función cerebral asociada con la lógica y la razón, y con la
producción de un habla con propósito, se apague. Esto podría causar a la
persona moribunda una serie de experiencias de carácter místico y ricas en
lenguaje ininteligible.
Esto es lo que me intriga.
Si fueran solo disparates lo que aparece al morir, fácilmente admitiría que
estas expresiones simplemente reflejan el deterioro de la función cerebral. Sin
embargo, como he demostrado, el lenguaje parece agruparse en torno a ciertos
temas y patrones de disparates. El disparate es un lenguaje que no tiene
sentido en nuestra realidad tridimensional habitual de cinco sentidos. Sin
embargo, tiene sus propias reglas. En realidad, es una forma de lenguaje más
compleja que el lenguaje literal inteligible, ya que se define únicamente por
las reglas que rompe. El disparate se construye sobre los significados del
lenguaje "sensato". Así pues, desde un punto de vista lingüístico,
vemos un lenguaje más complejo en los días en que esperaríamos la desintegración
de la función lingüística. Es decir, curiosamente, utilizamos una
preponderancia de formas lingüísticas complejas al acercarnos a la muerte, como
las construcciones híbridas y paradójicas que se analizan en este capítulo, así
como el lenguaje metafórico ilustrado en capítulos anteriores. Cada tipo de
sinsentido respeta algunas reglas del lenguaje y rompe otras, y parece que los
seres humanos estamos preprogramados no sólo para dar sentido al lenguaje sino,
también, para el sinsentido.
Hay muchos tipos de sinsentidos.
El doctor Raymond Moody, en su libro de 2019 "Making Sense of
Nonsense", explica que ha identificado setenta tipos y ofrece ejemplos de
muchos de ellos. La transcripción que estudié muestra que la mayoría se centra
en un puñado de patrones particulares, algunos de los cuales ya he presentado y
otros que compartiré en el capítulo 8. Entiendo que mi conjunto de datos no es
riguroso y es relativamente pequeño, pero los patrones son intrigantes: ¿Por
qué encontramos tal agrupamiento de enunciados paradójicos e híbridos? ¿Por qué
en todos los enunciados que he recopilado el sinsentido conserva una gramática
y una sintaxis coherentes? Las respuestas se pueden encontrar en las páginas
siguientes.
CAPÍTULO
SIETE. Palabras
entre los mundos. Descripciones
de visiones e imágenes antes de morir.
En el capítulo anterior
analizamos hasta qué punto el contexto determina si algo tiene sentido para
nosotros. Es decir, si falta cierta información o el oyente no la percibe, si ciertas
expresiones o ideas resultan ininteligibles. La siguiente historia de Malynda
Cress, voluntaria de un establecimiento de cuidados paliativos, es un buen
ejemplo: "¿Cómo será mi vida cuando muera?", le preguntó un paciente.
"Cuéntame sobre los pájaros. ¿Qué les sucede cuando mueren?". Malynda
estaba desconcertada. "El paciente sentía curiosidad por la mecánica de la
muerte: de la suya, de los pájaros, y otras asociaciones raras. Como la
voluntaria quería saber más sobre aquel agonizante revisó su historial clínico.
Allí estaba escrito: piloto de la fuerza aérea, Segunda Guerra Mundial. También
se había dedicado a la mecánica de automóviles y a la acampada. Siendo la
mecánica un tema recurrente en su vida adulta conocer la mecánica de la muerte,
tanto la suya como la de los pájaros, adquiría mucho más sentido". Una vez
que Malynda tuvo acceso al contexto de lo que preguntaba el hombre su
comprensión fue mayor.
Lenguaje no referencial.
Al morir podemos hacer
referencias que no son claras para los vivos. Esto se denomina “lenguaje poco
referencial”o “no referencial”. Los moribundos se refieren a personas, lugares
u objetos que no son evidentes para sus seres queridos. Los demostrativos como
"esto “y "aquello", en los que el referente es
ambiguo, son comunes en transcripciones y relatos.
Las últimas palabras de mi
padre a su mecanógrafa un día antes de morir fueron: “Esto es muy
interesante, Alice. Nunca he hecho esto”. ¿Qué era ese enigmático
«esto»? La palabra «esto”resonaba en mis pensamientos mientras reflexionaba
sobre por qué nunca decía: «Morir es muy interesante. Nunca he muerto». ¿Será
que la palabra es innombrable, demasiado difícil de comprender para nuestras
mentes en esos momentos finales, o será que nadie muere? ¿Estaba mi padre
viviendo una experiencia indescriptible —un «esto”para el que no hay lenguaje—
como las inefables experiencias de quienes sobreviven a la muerte? ¿Qué era ese
“esto» que estaba experimentando? Me intrigaba la falta de referente, me
intrigaba qué podía haber detrás de ese misterioso «esto». Los pronombres no
referenciales, (y algunos otros términos) dejan al oyente con la duda, como en
los siguientes ejemplos:
“Es muy hermoso allí.”(¿Qué es exactamente
bello y dónde está “allí”?).
“Qué lástima no poder contarte todo esto”.
(¿Qué es “esto”?).
”No es lo que piensas.”(¿Qué es, entonces?)
“Mi vocabulario me hizo esto”(del poeta Jack
Spicer).
“Mucha gente tiene esto ”.
“Está todo en una sola pieza… Está todo
en una sola pieza… Lo que ves en diferentes piezas… está todo en una
sola pieza.”
“Lástima que no puedo contar todo lo que he
visto.
“Sé que eso no es lo que me está pasando ahora,
pero sé que lo que está pasando es. . .”
"No te lo puedo contar . "
“Lo sabrás más tarde.”(¿Sobre qué?).
“No hay nada que puedan hacer por esto ”.
La
falta de referentes implica que hay cosas que el hablante no puede o no se le
deja explicar. Esto da la sensación general de que lo que experimenta es
indescriptible o intransferible. No queda claro qué es lo que no se puede
contar, a quién no se le permite contar, o por qué se ocultan ciertos detalles
o referencias.
Estas cualidades también son
consistentes con las experiencias de quienes han tenido experiencias cercanas a
la muerte, quienes explican que cierta información se les retiene hasta que
cruzan la última frontera de la muerte. Muchos describen cómo se les instruyó o
se les mostró que ciertas cosas no pueden serles compartidas ni reveladas hasta
que mueran completa y definitivamente. Un ejemplo típico de las descripciones
de sobrevivientes de experiencias cercanas a la muerte es el de Shawna Ristic:
«Se comprendió que existía esta barrera —una frontera que cruzar— y se decidió
que no la cruzaría. Lo que había más allá permaneció en secreto».
Las referencias a que la
vida es una ilusión también surgen en los relatos y transcripciones con el
mismo tipo de discurso no referencial:
“Todo es un engaño. Solo una ilusión.”(Cursiva
añadida; últimas palabras bien documentadas de Roger Ebert. ¿Qué es un engaño?)
“Esta mañana temprano el Señor me dijo en
representación.”(¿Qué te dijo?)
¡Increíble! ¡No me lo puedo creer! ¿Esos son
de verdad? (¿A qué se refieren «lo”y «esos»?)
Esta
descripción típica de una persona que ha tenido una experiencia cercana a la
muerte puede arrojar luz sobre lo que el moribundo podría estar presenciando: “La
luz me mostró que el mundo es una ilusión. Lo único que recuerdo de esto es
mirar hacia abajo y pensar: 'Dios mío, no es real, no es real'. Es como si
todas las cosas materiales fueran solo accesorios para nuestras almas,
incluyendo nuestros cuerpos». Puede que las palabras que escuchamos de los
moribundos provengan de un mar de experiencias metafísicas inefables. Y
nosotros, los vivos, somos solo testigos del lenguaje en la punta del iceberg.
Una frase que recibí a
través del sitio web de Palabras Finales
fue "Me extraño", lo que me hizo recordar las últimas palabras de mi
tía unos meses antes. "El pronombre está mal", dijo mi tía al
acercarse al final de su vida. Ojalá ahora pudiera haberle preguntado:
"¿Qué pronombre?”o "¿Cuál es el correcto?". Quizás se
refería al pronombre "yo", diciendo que, de alguna manera, "yo”no
es el pronombre adecuado para quienes somos al cruzar el umbral. Quizás, como
nos han dicho místicos y maestros espirituales a lo largo del tiempo, realmente
no existe el "yo", de la misma manera que otros se han referido a
esta vida como una simple ilusión.
De todo el lenguaje no
referencial que la gente usa en el umbral el más común es el que se refiere a
personas o lugares invisibles para los vivos. Los moribundos hablan de
visitantes de todo tipo. Aquí hay algunos ejemplos típicos:
Visiones de multitudes.
"¿Quiénes son todas esas personas ahí
afuera?"
“Hay tanta gente aquí. No tengo tiempo para hablar con
toda esta gente”.
“Mi padre murió un viernes por la mañana. Pasó todo el miércoles
anterior hablando, a veces en voz alta y a veces murmurando en voz baja, con
diversas personas que había conocido a lo largo de su vida. Fue lo más
asombroso que he visto en mi vida”.
Las
visiones de una multitud también han sido reportadas a través de los ojos de
los niños y pueden brindar consuelo a sus padres en las circunstancias más
trágicas. Una joven madre comparte las últimas palabras de su hija:
“Tenía veintiocho años y una
hija maravillosa de seis años y medio, muy enferma por fibrosarcoma mandibular,
(un tipo poco común en niños pequeños). Se había convertido en un tumor enorme
en su hermosa cara y también bastante grande dentro de la boca. Se despertó a
las 6:30 de la mañana de un lunes, y noté que sus uñitas se habían puesto azules.
Sabía que el final estaba cerca.
La llevé a la cocina de mi
mamá para darle jugo de naranja frío ya que le gustaba. Rodeé la mesita de la
cocina y me apoyé en el fregadero para ver a mi hija pequeña beber su jugo. De
repente me miró, señaló cerca de mí y preguntó: "¿Quiénes son todas esas
personas ahí paradas, mami?". Al principio pensé que quizá no la había
oído bien, así que le pregunté qué acababa de decir. Me repitió: "¿Quiénes
son todas esas personas ahí paradas, mami?". Y de alguna manera supe que
"ellos”habían venido a ayudarla, (no, no soy religiosa, espiritual, por
así decirlo). Rodeé la mesa para levantarla y se sobresaltó y entró en coma,
del que no se recuperó. Murió en el hospital local pocas horas después. Por
supuesto, nunca olvidaré este momento, jamás... y me ha dado algo de paz”.
Los
relatos de visitas previas a un viaje concuerdan con todas las metáforas de
viaje analizadas en el capítulo 4. Quizás los muertos —o nuestros vívidos
recuerdos de ellos— sí vienen a «llevarnos».
La llegada de seres queridos fallecidos
Aunque las personas
moribundas pueden describir haber visto grupos de personas, lo más común es que
identifiquen a un ser querido, generalmente un familiar, que vino a llevarlos a
“casa”o a algún lugar.
Este ejemplo de Donna es
típico: «Era como si mi padre estuviera hablando por teléfono con mi madre, que
había fallecido diez años antes, y yo solo oía su voz. Estaba tan emocionado y
feliz. Me costaba creer que fuera solo su imaginación. Parecía que algo muy
real estaba sucediendo».
Los reencuentros suelen ser
alegres. No solo ofrecen consuelo a quienes están muriendo sino que también
tranquilizan a quienes están cerca y comprenden lo que sucede y no tienen
miedo. Aunque estas "imágenes para llevar”permanecen invisibles para
nosotros a menudo son vívidas para quienes sí las ven. "¿No lo ves ahí?
¡Ahí está!", exclamó una madre de sesenta y ocho años a su hija señalando
al padre de la joven, fallecido diez años antes. "Aquí está mamá, me tengo
que ir", fue una frase que escuché de varias personas. Los siguientes son
otros ejemplos que grabé:
“Estaba en la otra habitación y oí a mi madre hablar y
hablar. Me acerqué a ella y le pregunté con quién hablaba. "¡Estoy
hablando con tu padre!", dijo. Mi padre había fallecido ocho años antes.
Parecía muy feliz. "Me siento mucho más tranquila ahora", explicó,
"mucho mejor ahora".
“Mi mamá estaba hablando con mi padrastro, quien había
fallecido hacía unos años. Me contaba lo bien que se sintió al verlo”.
“Tenía una familiar que sufrió un paro cardíaco.
Sobrevivió un tiempo después. Contó cómo vio a su padre, a nuestra abuela y a
nuestras tías, y cómo todos estaban allí, esperándola. Dijo que recordaba
haberles dicho que no estaba lista, pero que les decía que los extrañaba y los
quería”.
Dorothy
me explicó que su marido de sesenta y seis años, un veterano de Vietnam, murió
después de una larga lucha con los efectos del Agente Naranja, sustancia
herbicida que se usó en la guerra de Vietnam para deforestar amplias zonas de
combate. En su última cena le preguntó por la mujer que había estado allí todo
el día. Dorothy le aclaró que, en realidad, habían estado solos. Debido a la
fuerte medicación a menudo había tenido sueños vívidos, y Dorothy pensó que
aquello de la mujer este era uno de ellos. Él insistió, diciendo que la mujer
había estado allí durante mucho tiempo, que era alguien a quien conocía bien,
pero que no podía recordar su nombre. (Su marido era terrible para recordar
nombres). El hombre se levantó de la mesa, llevó su plato a la cocina, besó a
Dorothy (algo que no hacía normalmente después de comer) y fue a su habitación
a echar la siesta de la que nunca despertó. Dorothy me dijo: «Ahora me gustaría
haber hecho preguntas en lugar de restar importancia. Me consuela pensar que
alguien a quien amaba mucho vino a llevárselo a casa».
Si escuchas a un ser querido
hablar de, o con, un amigo o familiar fallecido puedes hacerle preguntas y
vivir ese momento plenamente, ya que podría ser una señal de que la muerte está
cerca, como en el siguiente ejemplo. «Todo empezó cuando mi madre me contó
sobre una joven moribunda que, en su lecho de muerte, tuvo visiones de ángeles
y familiares fallecidos. Por un momento la niña les habló y luego les dijo a
quienes estaban a su lado que no se preocuparan por ella, que tendría que irse
ya. Y entonces falleció».
Un relato público de una
visión premortal se produjo tras la muerte del comediante Sam Kinison en un
choque frontal en el año 2009. Carl LaBove, el mejor amigo de Kinison, viajaba
en una camioneta detrás de él cuando ocurrió el accidente. La historia se
publicó en varios medios, incluido el New York Times. Este informe
proviene de Paul Luvera:
“Al principio parecía que
Kinison no tenía heridas graves pero en cuestión de minutos, de repente, sin
dirigirse a nadie en particular, dijo: «No quiero morir. No quiero morir».
LaBove dijo más tarde que «era como si estuviera conversando, hablando con
alguien invisible», una persona invisible. «Luego hubo una pausa, como si
Kinison estuviera escuchando» a la otra persona hablar. Luego preguntó:
"¿Pero por qué?”y tras otra pausa, LaBove le oyó claramente decir:
"Vale, vale, vale". LaBove dijo: "El último 'Vale' fue tan suave
y apacible... La voz que le hablaba le dio la respuesta correcta y él
simplemente se relajó. Lo dijo con tanta dulzura, como si le hablara a alguien
a quien amaba”.
Ángeles y figuras religiosas.
Como mencioné en la
introducción, una de las muchas frases que despertaron mi interés en las
últimas palabras fue una que pronunció mi ateo padre poco antes de morir. Al
acercarse a la muerte, anunció: «El ángel dijo: 'Basta... Ya está... basta...
basta... no hay culpa de nadie... vete ya.'». Esto lo dijo un hombre que nunca
habló de ángeles; de hecho ridiculizó la idea y creía firmemente que la muerte
era definitiva. Sin embargo, tres días después, como le dijeron los ángeles,
fue suficiente, y mi padre falleció. ¿Cómo fue que mi escéptico padre vio
ángeles? ¿Cómo supo que moriría en tres días?
Si bien las visiones de
personas que fallecieron antes son las más comunes mencionadas en relatos y
transcripciones, también se mencionan ángeles y figuras religiosas. Por
ejemplo, una persona relató: «Mi abuela, que era religiosa, me dijo que vio un
autobús amarillo lleno de ángeles que se preparaban para abrir la puerta». Otra
persona comentó sobre una persona moribunda: «Incluso describió a Jesús con
todo detalle, hasta el punto de que me dio escalofríos».
Una enfermera de cuidados
paliativos jubilada describió a uno de sus pacientes en sus últimos momentos:
“Lo sostenía en su cama de
hospital para que respirara mejor. Miró hacia el techo y dijo: "¿Los
ve?". Le dije: "No, señor. Dígame qué ve". Levantó el brazo
derecho y señaló hacia arriba, diciendo: "Hay Ángeles a la derecha y allá,
a la izquierda. Tengo que irme ya. Llamó a su esposa, que lloraba en la cocina.
«Carol, tengo que irme ya. Te amo. Nos vemos». Luego volvió a levantar el brazo
derecho hacia el techo y dijo: «Señor mío, Dios mío». Y se recostó contra mí.
Se había ido”.
Música, campanas, carillones.
También hubo descripciones
de música y sonidos hermosos en los relatos que la gente compartió conmigo:
“Mi madre dijo que había
música: «Es lo más hermoso que he escuchado». Le aseguré que debían ser
ángeles. Tuve el triste presentimiento de que esta sería nuestra última vez
juntas en esta vida. Pude ver cómo su rostro se iluminaba, atraído por la
música que escuchaba. Sentí la necesidad de decirle que estaba bien y que todos
estarían bien, dándole permiso para irse. Miré hacia atrás al irme esa noche y
la vi incorporarse en la cama y despedirse con la mano. Falleció esa noche. Han
pasado dieciocho años, y todavía no puedo evitar llorar con este recuerdo”.
“Mi madre estaba en cuidados
paliativos. Durante mi visita estaba muy habladora y mentalmente estable.
Simplemente dejó de hablar, miró hacia un rincón de la habitación y me
preguntó: "¿Oyes esa música? ¡Es tan hermosa!". Le respondí:
"No, mamá, no puedo. ¿De qué estás hablando?".
“He presenciado tres
fallecimientos: mi abuelo, mi suegra y mi padre. Los tres hablaron de escuchar
música hermosa que nadie más podía oír. El abuelo habló de un ángel cantando,
mi suegra escuchó música nativa americana. Música ceremonial, y papá no podía
hablar bien. Dijo la palabra «música», cerró los ojos y movió la cabeza
al ritmo de una melodía que no oí. Los tres fallecieron a las pocas horas [de
escuchar la música].
Animales, niños pequeños y paisajes.
Entre las visiones menos
comunes descritas por moribundos se encuentran las que muestran animales, niños
y paisajes. Algunas personas mencionaron haber visto tanto mascotas como
animales fallecidos que les resultaban desconocidos, pero que les resultaban
reconfortantes. Encontré referencias a perros, gatos y mariposas.
Las mariposas suelen
aparecer como símbolo del poder transformador de la muerte, al desprendernos
del capullo de nuestros cuerpos para el libre vuelo del espíritu. Funcionan
como símbolo de esperanza e inmortalidad en diversos contextos, incluso en uno
de los entornos más desalentadores imaginables. En Majdanek, campo de
concentración nazi alemán construido en Polonia, cientos de mariposas fueron
grabadas con uñas y piedritas en las paredes de los barracones infantiles.
La yuxtaposición de grandes
escenas de belleza y momentos de pérdida y desesperación ocurre a menudo en el
umbral. A veces, escenas de paisajes indescriptibles aparecen ante los
moribundos. El "eso”no referencial también aparece en estas
descripciones, como en "Eso es tan hermoso". Rara vez veo
descripciones vívidas de los paisajes que presenciaron las personas moribundas,
pero hay asombro. Mi padre habló de la "dimensión verde", que nunca
me quedó del todo clara. Un hombre describió la experiencia de su abuelo:
"Dijo muy feliz, como asombrado: '¡Miren, flores tan bonitas!'". Lucía
compartió la descripción de su padre de un hermoso bosque que se extendía a lo
largo del muro del hospital, con una puerta a cada lado del paisaje. Ella
relató cómo había luchado para saber por qué puerta debía entrar: les habló a
sus hijas en su lengua materna, el español, diciendo: "'Esa puerta no,
abran la otra'. Y entonces finalmente mi hermana dijo: 'Está bien, está bien' y,
finalmente, murió".
Hombres de negro.
La imagen de hombres de
negro apareció algunas veces en las entrevistas y transcripciones del Proyecto Palabras Finales, como en este
ejemplo:
“Toda la semana había estado
hablando de esos hombres de traje negro que estaban en su habitación. Bueno,
fui a ayudar al personal a voltearla y antes de que lo hiciéramos dijo:
"No me volteen. Esos hombres me están esperando". Le preguntamos por
qué estaban allí y qué querían. Ella respondió: "Quieren llevarme".
Intentamos ajustarla sin voltearla del todo, y estuvo bien. Horas después, la
voltearon y exhaló su último aliento”.
Madelaine
Lawrence informa que, si bien no son tan prominentes como otras visiones en el
lecho de muerte, la Parca y otras imágenes oscuras aparecieron en su
investigación sobre visiones al final de la vida y cercanas a la muerte. No
parecen ser tan prominentes, pero existen. Por ejemplo, una mujer cuyo esposo moría
de cáncer terminal de hígado informó que su esposo vio sombras en el borde de
su habitación. En su caso, dijo que había entre 12 y 20. Le pidió hacer un
viaje con la esperanza de que las sombras se dispersaran. Las volvió a ver en
el hotel donde se alojaban. Se mudaron a casa de un familiar, pero las sombras le
seguían. El esposo no podía distinguir si eran entidades buenas o malas, pero
les tenía miedo.
Este
relato que me dio Christine Zagelow está lleno de imágenes de humo, de lo
invisible, de perdón y de una misteriosa referencia a algo que todavía no se
puede compartir:
“Ella dijo: "¿De dónde
sale el humo?". No vi humo. Empezó a intentar atrapar el aire. Le pregunté
qué hacía y me dijo que intentaba atrapar las chispas de luz que había en el
humo. Entonces empezó a decir: "El humo, el humo, ¿no ves el humo? Hay
humo por todas partes". Su voz parecía diferente, muy clara, pero
diferente. Dijo que sentía calor por dentro y que sentía el humo en la sangre.
Pensé que tal vez le estaban quemando el cáncer, dejándola libre de la
inquietud que sentía. El ardor pareció desaparecer por sí solo. Entonces empezó
a contarme una visión que vio justo por encima del televisor.
[En esta visión] un hombre
estaba parado frente a la iglesia con un gorro de cocinero. Le pregunté si
creía que era su abuelo, (su padre), y me dijo que no lo sabía. Entonces mi
mamá dijo: "Sabes, ya no te veo, la habitación está muy oscura". Mamá
se giró hacia mí y me dijo que era lo único que podía ver, que nunca me había
visto tan hermosa. Dijo: "Estás completamente rodeada de luces blancas.
Son las luces más brillantes que he visto. Brillas muchísimo". Nos dijimos
cuánto nos amábamos. Se puso las manos delante de la cabeza y empezó a dibujar
un cuadrado o un círculo como para capturar algo. Le pregunté qué estaba
haciendo y trató de explicarlo, ya que sus palabras se volvían confusas.
Balanceó las manos y dijo: "Te lo cuento luego".
De
todas las comunicaciones sobre el final de la vida, las visiones en el lecho de
muerte han sido las más estudiadas a lo largo de los siglos por diversos
investigadores. Historias sobre las últimas palabras dirigidas a seres queridos
fallecidos y figuras de todo tipo, junto con descripciones de bellos paisajes o
arquitectura, aparecen a lo largo de décadas. Cientos de historias han sido
documentadas y compartidas sobre esta forma de comunicación no referencial y,
sin embargo, sorprendentemente, recién
ahora estamos empezando a reconocer estas visiones y las palabras que las
describen como parte del reino que las personas perciben a medida que mueren.
Existe un mundo al que
parecen acceder los moribundos y que a veces se comparte brevemente con
nosotros. Un estudio de investigación de 2014 en el Centro de Hospicio y
Cuidados Paliativos demostró que los sueños y visiones al final de la vida son
comunes. El 87 % de los participantes del estudio informaron sueños o visiones;
el 72 % de estos implicaban reencuentros con seres queridos fallecidos,
mientras que el 52 % de las visiones estaban relacionadas con la preparación
para un viaje. Las visiones aparecían meses, semanas, días u horas antes de la
muerte y, por lo general, disminuían el miedo a morir entre quienes las
experimentaban, facilitando su transición. Si bien es común que las personas
experimenten incomodidad, miedo, ansiedad y agitación antes de morir, “el miedo
a la muerte de una persona a menudo disminuye como resultado directo de las visiones
y lo que surge es una nueva perspectiva sobre la mortalidad. Las visones no
niegan la muerte, sino que, de hecho, [la] trascienden».
Este conocimiento se está
volviendo cada vez más común en el ámbito médico, como lo ilustra esta entrada
sobre la muerte que aparece en el recurso en línea WebMD: “Las alucinaciones y
visiones, especialmente de seres queridos que ya no están, pueden ser
reconfortantes. Si ver y hablar con alguien que no está presente hace más feliz
a la persona que está muriendo no es necesario intentar convencerla de que no
es real. Podría molestarla y hacer que discuta y discuta con usted».
Los profesionales de la
salud me comentan que las visiones en el lecho de muerte son cualitativamente
diferentes de las alucinaciones causadas por medicamentos. Las alucinaciones
incluyen imágenes de animales, insectos en las paredes, dragones, figuras como
demonios y visiones de personas que critican a los moribundos, pero que estos
desconocen. La mayoría de las alucinaciones se describen como molestas, a veces
aterradoras y fáciles de controlar mediante cambios en la medicación. Es más probable
que el paciente olvide las alucinaciones y ocurren cuando no está lúcido. Las
visiones, a diferencia de las alucinaciones o el delirio, suelen ocurrir en
pacientes conscientes de su entorno, y lúcidos, y estos pacientes suelen
recordarlas con claridad. Madelaine Lawrence, enfermera de cuidados paliativos
e investigadora, me explicó durante nuestra entrevista que cuando los pacientes
tienen visiones en el lecho de muerte pueden "moverse entre mundos con
lucidez y facilidad, y esta capacidad no existe cuando un paciente está muy
influenciado por alucinaciones inducidas por fármacos".
Vimos en el capítulo
anterior que algunas personas moribundas que tienen la capacidad de moverse
entre "mundos”lo expresan con oraciones híbridas. Por ejemplo, una persona
podría decir: "Consíganme lápiz y papel", refiriéndose a un lápiz y
papel de verdad, y luego decir: "Necesito anotar los nombres de todos los
que vienen a la gran fiesta de esta noche", cuando no hay una fiesta real
y todos los asistentes mencionados han fallecido. La persona parece ser
consciente tanto del mundo que conocemos como del que no vemos. Los
investigadores han determinado que los moribundos hablan con las figuras en sus
visiones con oraciones completas, mientras que esto no ocurre con frecuencia
cuando las personas tienen alucinaciones. Mis transcripciones y relatos
confirman este hallazgo. Muchos seres queridos informaron haber escuchado a sus
seres queridos mantener conversaciones complejas con amigos y familiares
fallecidos.
Martha Jo Atkins, educadora
y consejera sobre la muerte, identificó las siguientes características
asociadas con las visiones de los moribundos: experiencias trascendentales,
necesidad de partir, compañía personalizada, comunicación con personas
invisibles, consuelo positivo y un proceso de comprensión. Tanto Lawrence como
Atkins nos animan a tener una "consideración positiva”por la experiencia
de la persona moribunda, incluyendo cualquier visión que pueda tener. Lawrence
me explicó que es importante que "validemos". La persona puede estar
viendo a amigos o familiares fallecidos, ángeles, figuras religiosas, animales,
hombres de negro o quizás escuchar música hermosa. Es importante reconocer la
experiencia de la persona moribunda, aunque no la compartamos. También
recomienda encarecidamente que apoyemos a nuestros seres queridos animándolos a
hablar libremente sobre lo que ven. En nuestra entrevista, señaló: «Cuando
alguien se está muriendo quiere conectar emocionalmente con sus seres queridos
antes de partir».
Así pues, si bien sabemos
que estas visiones existen y que poseen características que las diferencian
significativamente de las alucinaciones causadas por medicamentos, aún queda la
duda de si son meros trucos de un cerebro moribundo o si realmente representan
la existencia de ángeles o espíritus que nos ayudan en la transición al más
allá. ¿Podría ser que estemos biológicamente programados para tener estas
visiones reconfortantes en momentos que, de otro modo, podrían ser aterradores,
de la misma manera que nuestros cuerpos se inundan de endorfinas o
experimentamos un shock adormecedor cuando sufrimos lesiones graves?
Mi amiga y excolega, la Dra.
Erica Goldblatt Hyatt, y yo hablamos de esta cuestión un día. «La programación
evolutiva tiene como objetivo aumentar nuestra supervivencia, ¿verdad?
Entonces, ¿por qué estaríamos programados biológicamente para encontrar
consuelo o incluso trascendencia en la muerte?», me preguntó. «Si hablamos de
funcionamiento puramente biológico, ¿no se seleccionaría nuestra supervivencia
en función de rasgos que no contribuyen a una experiencia de muerte pacífica y
reconfortante?». Su pregunta es acertada. ¿Es posible que la muerte represente
un proceso enteramente metafísico en el que todas las reglas que podrían
aplicarse a nuestros cuerpos físicos y a la supervivencia del más apto se
abandonan por completo en favor de algo más? ¿Abandonamos el mundo físico y
todas sus reglas, incluidas las del lenguaje literal, para entrar en otro mundo
que solo podemos percibir al mirar desde el umbral entre la vida y la muerte?
Isabelle Chauffeton
Saavedra, médium psíquica, investigadora y autora se crió en una familia de
científicos y posee sólida formación en física y matemáticas. Ha dedicado su
vida a conciliar los dos polos de su vida: su formación científica y su trabajo
psíquico.
Una de las muchas maneras en
que comprende sus propias capacidades psíquicas y mediúmnicas es, como me
explicó, a través de la comprensión de nuestro mundo natural: «Hay un universo
que no vemos, pero eso no significa que no exista. Si observamos el reino
animal, por ejemplo, muchos tienen acceso a información que nosotros no
tenemos. Nuestros sentidos procesan solo una pequeña parte de la información
que existe en el universo».
De hecho, Isabelle tiene
razón. Considera toda la información que otros animales perciben y nosotros no.
Las mariposas pueden ver marcas ultravioleta en otras mariposas, lo que les
permite encontrar parejas más sanas. Los renos dependen de la luz ultravioleta
para encontrar alimento e identificar fácilmente la orina absorbente de rayos
ultravioleta de un depredador en la nieve que la refleja. Los pétalos amarillos
de las Susanas de ojos negros tienen marcas ultravioleta que forman una diana
en el centro de cada flor, lo que atrae a las abejas. Varios animales utilizan
la ecolocalización tanto para orientarse como para cazar. Emiten sonidos de
alta frecuencia, y los "ecos”de estos sonidos les ayudan a formar imágenes
del paisaje. Algunas especies, como los peces eléctricos y las anguilas,
ecolocalizan con impulsos eléctricos. Usando sus propias voces para la
ecolocalización, los murciélagos pueden orientarse con rapidez y precisión.
Muchos animales perciben y responden al campo magnético terrestre. Especies que
van desde hámsteres, salamandras, gorriones y truchas arcoíris hasta langostas
espinosas y bacterias interactúan con el campo magnético.
Mientras los humanos vivimos
en un mundo dominado por la vista y el oído, las feromonas son una fuente
primaria de información para muchos animales. Estas sustancias químicas
comunican una variedad de cosas, desde estrés y alarma hasta peligro y
fertilidad sexual. Las hormigas tienen entre diez y veinte feromonas que
utilizan para estructurar su sociedad. Las hormigas en realidad se comunican a
través de la liberación de estas feromonas como si estuvieran construyendo
palabras en una oración.
La comunicación y la
información se presentan de diversas formas en todo el reino animal. El
lenguaje y los sentidos humanos ocupan solo una parte del espectro de lo
perceptible.
La investigación de Kenneth
Ring y Sharon Cooper sobre personas ciegas sugiere que los humanos
potencialmente tienen una percepción más amplia cuando están "fuera del
cuerpo". También sabemos que ciertos cambios en el cuerpo pueden influir e
incluso ampliar la percepción, como ocurre en los estados de trance, alterados
e iluminados, mencionados en el capítulo anterior.
Un ejemplo fascinante de
cómo una ligera degradación de nuestros sentidos puede llevar a una mayor
percepción es el artista Claude Monet. A medida que el gran artista envejecía,
desarrolló cataratas. Carl Zimmer escribe: “Tras años de tratamientos fallidos,
a los 82 años aceptó que le extirparan por completo el cristalino del ojo
izquierdo». Una vez extirpado el cristalino los pigmentos azules de los ojos de
Monet captaron «parte de la luz ultravioleta que rebotaba en los pétalos.
Empezó a pintar las flores de un azul blanquecino». En parte, esto es lo que
asociamos con la brillantez única de Monet: fue capaz de brindarnos una visión
del mundo que a menudo pasa desapercibida.
Isabelle Chauffeton Saavedra
me explicó:
“Cuando hago visiones
remotas o lecturas psíquicas, intento captar toda la información contenida en
la estructura del universo. Hay tantas cosas que no percibimos con nuestros
sentidos, pero ¿significa eso que no existen?”
Un
ejemplo de esto fue una lectura que realizó para la familia de un joven en
coma. Como es su costumbre, les dijo que no quería recibir información previa,
pues no quería que nada le impidiera recibir información precisa. Mientras
meditaba escuchó la frase "martes, viernes, martes, viernes”en la voz de
un hombre. En ese momento no le pareció lógico pero luego descubrió que esos
eran los días en que recibía visitas de su familia. "Este tipo de cosas
pasan todo el tiempo", explicó. Sin contexto, esas palabras tenían poco
sentido, como cuando Malynda Cress describió la ininteligibilidad de
"Háblame de los pájaros". Isabelle dijo: "La información que
parece absurda es probablemente la más poderosa porque es la que mi mente
analítica no filtra ni comprende". Me contó que cuando hace una lectura
intenta obtener información del reino de lo invisible. "Todo lo invisible
es información incrustada en la estructura del universo. El papel del psíquico
es acceder a ella".
Isabelle y otros psíquicos
que entrevisté explicaron que la información de y sobre los fallecidos reside
en ese vasto campo que no percibe el cerebro tridimensional de cinco sentidos,
el cerebro que procesa el lenguaje. Isabelle parafraseó a Antoine-Laurent Lavoisier,
químico francés del siglo XVIII: «Nada se crea, nada se pierde, todo cambia de
forma». Me dijo: «Lo que dijo pretendía aplicarse a la química de la época pero,
en realidad, es el principio fundamental de nuestro universo. Tus seres
queridos estuvieron aquí en el origen de todo, como tú, y todavía están».
Sabemos que, dados nuestros
cinco sentidos, solo percibimos un campo limitado de información. Isabelle
sugirió: «Hay cosas que tienen sentido para los moribundos, no para los demás,
a medio camino entre lo material y lo inmaterial. Ellos vislumbran el mundo de
lo invisible».
¿Venimos de ese vasto
universo de lo invisible? ¿Regresamos a él? ¿Puede nuestro lenguaje rastrear el
camino desde este mundo tridimensional hasta ese otro? Quizás el lenguaje no
referencial de los moribundos sea una indicación de que sí puede.
CAPÍTULO
OCHO. Canciones
de cuna y despedidas. ¿Nuestro
primer y último idioma es el no hablado?
No hubo
palabras, pues los labios de la persona no se movieron, ni los míos tampoco.
Pero hubo palabras. Era una pregunta: "¿Estás listo?”— Tim, participante del Proyecto Palabras Finales.
Aunque otras especies se
comunican de diversas maneras, desde feromonas hasta ecolocalización, ninguna
otra tiene el aparato físico y cognitivo para producir el complejo lenguaje
hablado del Homo sapiens.
La icónica frase, «En el
principio era el Verbo», resuena con fuerza al considerar la importancia del
lenguaje en la creación de la vida y la cultura humanas. Nuestra capacidad de
hablar y desarrollar un lenguaje complejo nos distingue de otros miembros del
reino animal. Es como si las palabras nos dieran vida y las herramientas para
crear las importantes conexiones sociales que han hecho posible la
supervivencia de los humanos. Animales más grandes podrían haber exterminado a
nuestros antepasados, pero el lenguaje fue uno de los pocos atributos que nos
ayudaron a prosperar.
Al nacer, un niño puede
percibir unos 800 sonidos diferentes, llamados fonemas, que pueden combinarse
para formar las palabras de los idiomas de todo el mundo. Cuando un niño cumple
aproximadamente seis meses, se abre un misterioso portal en su cerebro. De
repente, el bebé está listo para empezar a aprender su lengua materna. De los
800 fonemas potenciales dominará solo los específicos de su lengua materna.
Esto podría significar tan solo 11 fonemas si aprende rotokas, una lengua de
Papúa Nueva Guinea, o hasta 112 fonemas si aprende !xóõ, una lengua de
Botsuana, o un número intermedio si aprende, por ejemplo, inglés, con 44
fonemas. Este período de adquisición de fonemas es lo que los neurocientíficos
denominan el «período sensible» y dura solo unos meses, pero se prolonga en los
niños expuestos a sonidos de una segunda lengua.
Si bien el balbuceo del bebé
no tiene sentido, los lingüistas saben que estos sonidos también son la base de
la adquisición del lenguaje. En cuestión de dos a tres años la mayoría de los
humanos aprenden a reconocer los sonidos y a adquirir las estructuras básicas
de su lenguaje, lo que les permite comunicarse con sus cuidadores y compañeros.
A los siete años la mayoría
perdemos la plasticidad que nos permite aprender otros idiomas con la facilidad
y fluidez de años anteriores. A medida que nuestras palabras cobran forma,
nuestro mundo cobra forma; y el lenguaje literal, basado en esta realidad
tridimensional de cinco sentidos se forja a partir de lo que comienza como un
vasto potencial que percibimos como balbuceos.
La telepatía podría ser nuestra primera forma de comunicación.
Entonces, ¿cómo es que el
Homo sapiens ha sobrevivido, si nuestro principal medio de comunicación —el
lenguaje hablado— no se forma bien en la infancia, la etapa más vulnerable de nuestras
vidas? Aunque a los humanos les toma meses, incluso años, hablar una lengua
materna, nuestros cuidadores a menudo comprenden lo que necesitamos, y nuestra
supervivencia está asegurada.
Muchos dirían que esto
sucede porque los bebés "hablan”con sus padres mediante llantos y gritos.
Esto es cierto, pero a menudo los padres parecen saber lo que sus bebés, que
lloran y arrullan, quieren y necesitan. Muchos han descrito que, si bien no
pueden comprender el llanto del hijo de otro padre parecen percibir lo que sus
propios hijos necesitan.
Los investigadores Geoffrey
Leigh, Jean Metzker y Nathan Metzker explican que esto podría deberse a una
forma única de comunicación entre padres e hijos pequeños. El equipo de
investigación investigó el lenguaje en las comunicaciones entre padres e hijos
al inicio del proceso de adquisición del lenguaje, tema que se aborda en su
artículo inédito de 2012, "Teoría de la Esencia". Sus estudios
indican que padres e hijos se comunican de forma enérgica y telepática antes de
dominar por completo el lenguaje hablado. A medida que los bebés adquieren el
lenguaje hablado su capacidad para comunicarse de forma no verbal disminuye.
Explican que el mismo tipo de comunicación que se documenta en las experiencias
cercanas a la muerte, como "telepática y no lingüística", puede darse
en las comunicaciones entre bebés y sus cuidadores.
Esta forma de comunicación
ignora el aparato fonador y la articulación de los fonemas y las secuencias de
palabras e ideas de una lengua materna. ¿Podría la comunicación no lingüística
descrita por quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte existir
también entre padres e hijos y representar una forma de comunicación a ambos
lados del umbral? Como recordarás, la comunicación telepática es uno de los rasgos
distintivos importantes en las descripciones de quienes han muerto y regresado.
Las dos siguientes descripciones son de personas que entrevisté para el Proyecto Palabras Finales:
“Mi madre, fallecida hace
varios años, me habló. Lo entendí todo. Debía seguirla. No había palabras, no
como las concebimos nosotros. Simplemente sabía que debía seguirla; todo su ser
se comunicaba conmigo. Esta figura,
figura de luz, me hablaba a través de mis pensamientos. Hablábamos, nos
comunicábamos de la manera más profunda sin pronunciar una sola palabra, o lo
que consideramos palabras. Ella simplemente sabía todo lo que pensaba y todo
sobre mí”.
La
articulación de las palabras a través de la laringe corresponde a nuestra
manifestación en este mundo. A medida que nos alejamos del mundo, también
aumenta nuestra dependencia del lenguaje hablado para conectar con nuestro
entorno externo.
Sue Ronnenkamp,
participante del Proyecto Palabras
Finales, compartió estas historias de comunicación de nuevas formas no
verbales con su madre moribunda:
“Mamá era una gran
comunicadora, de hecho una de las mejores. Pero entonces, después de su derrame
cerebral, todo cambió. Recuerdo claramente que un día estuve sentada toda la
tarde en silencio con mamá en su habitación. Yo leía en su mecedora, y ella
estaba en su sillón reclinable dormitando o simplemente en silencio. Antes de
cenar una auxiliar de enfermería entró en la habitación para su revisión
previa. Mamá se animó en ese momento, me presentó a la auxiliar y luego dijo:
«Mi hija y yo hemos estado teniendo una conversación maravillosa». Fue tan
sincera con sus palabras que me vi obligada a cambiar mi perspectiva. Quizás,
de alguna manera, nos estábamos comunicando como antes, pero a un nivel al que
no tenía acceso esa tarde. Después de ese incidente, cedí, me entregué al
silencio y me relajé con mamá de una manera completamente nueva.
Con el tiempo, aprendí a
escucharla con mucha atención cuando hablaba y compartía cosas conmigo.
Descubrí que mi madre aún estaba dentro de ella. Su sabiduría y sus
percepciones me dejaban sin aliento a veces... Sabía cosas de maneras...Sigo
sin entenderlo. Por ejemplo, ella supo cuando empecé a salir con un nuevo
novio, aunque no se lo había contado a nadie de mi familia. Esto me hizo darme
cuenta de que el sexto sentido de una madre puede ser más fuerte de lo que
creemos”.
Leigh,
Metzker y Metzker sugieren: “Puede que sean nuestros bebés quienes nos enseñen
sobre la 'realidad' en el sentido de una conexión energética y consciente más
amplia, incluso cuando vemos los cuerpos como separados”. En la discusión de
los autores, proponen la noción de esencia, y que la esencia existe más allá y
antes de la adquisición del lenguaje verbal.
Los vínculos telepáticos que
existen entre seres queridos, especialmente entre padres e hijos, se hacen muy
evidentes en nuestros últimos días, como vimos en el ejemplo de Sue, mencionado
anteriormente. La religiosa Cari Rush Willis compartió una historia sobre el
poderoso vínculo entre una madre y su hija moribunda, separadas por continentes
(también recibí varios otros ejemplos de historias que ilustran este tipo de
comunicación a través de la distancia):
“Antes de que mi querida
amiga Yukiko falleciera su amiga y yo estábamos sentadas junto a su cama
escuchando el silencio y admirando la belleza de nuestra querida amiga.
Entonces se volvió hacia nosotras y, en voz muy baja, dijo: «Mi mamá estuvo
aquí. Tuvimos una conversación maravillosa. Fue muy bueno volver a verla».
Yukiko continuó contándonos detalles de la conversación. La amiga de Yukiko me
susurró: «Su madre vive en Japón. Es imposible que estuviera aquí». Pregunté a
Yukiko: “¿Recuerdas el momento en que tu madre estuvo aquí?”. Ella respondió:
“¡Oh, sí!” y de inmediato, con todo el entusiasmo que su pequeño y frágil
cuerpo pudo reunir, nos dijo la hora exacta.
Al día siguiente, mientras
estaba sentado junto a Yukiko, su amiga de toda la vida entró en la habitación
con mirada emocionada. Me di cuenta de que estaba a punto de estallar por la
noticia que estaba a punto de darme, así que guardé silencio. Me preguntó: ¿Conoces
esa historia sobre la madre de Yukiko de ayer?. Respondí, "Sí, claro".
Y la amiga continuó: “Bueno, le escribí a la madre de Yukiko, como suelo hacer
para ponerla al día sobre su estado y no te lo vas a creer pero la madre de
Yukiko dijo que estaba hablando con ella al mismo tiempo, ¡sobre exactamente lo
mismo! ¡Qué increíble!”. Le sonreí y dije: «El amor de una madre trasciende el
tiempo y el espacio. ¡Qué maravilloso que tengamos pruebas de ello!».
Terri
Daniel, autora de Abrazando la muerte y, Un cisne en el cielo,
describe la notable evolución de sus dones telepáticos/psíquicos cuando su hijo
Daniel, con una enfermedad terminal, perdió la capacidad de hablar:
“A medida que mis
habilidades telepáticas aumentaban, la capacidad de Danny para hablar
disminuía. Antes de su enfermedad era un niño normal con lenguaje superior, pero
a medida que la enfermedad avanzaba fue perdiendo gradualmente el habla junto
con la mayoría de sus otras capacidades físicas. Durante la última etapa de la
enfermedad podía expresarse con suficiente claridad como para hacerme saber si
tenía hambre o frío, y responder a preguntas sencillas con una sola palabra.
Pero cuando murió llevaba casi dos años sin palabras. Habíamos aprendido a
comunicarnos mediante una forma natural de telepatía, similar a la forma en que
las madres se comunican con sus niños pequeñitos”.
¿Podría
ser, entonces, que al morir, el lenguaje que articula nuestras identidades
personales y culturales a lo largo de la vida da paso al lenguaje de lo que
Leigh, Metzker y Metzker llaman "esencia". Es decir, volvemos a lo
que podría considerarse nuestra forma esencial de comunicarnos al abandonar el
plano físico donde se desarrollaron nuestras personalidades. ¿Es posible que,
al cruzar el umbral, algunos regresemos a lo que parece un balbuceo, como si
cruzáramos el portal mismo del lenguaje donde nace la vida?
Cambio de forma: símbolos y habla temprana.
La enfermera Susan Lynch
explicó en una publicación de Facebook: «He sido enfermera de partos durante
veinticuatro años y he acompañado a muchas personas en proceso de
fallecimiento. Siempre supe que terminaría mi carrera en cuidados paliativos, o
en algún tipo de enfermería al final de la vida. Muchos piensan que es extraño,
pero en realidad son lo mismo».
Winn Mallard, hija de un
pastor, se sintió tan conmovida por lo que presenció en los últimos días de su
padre que escribió el libro “La muerte es un milagro”. Winn transcribió
y compartió conmigo las últimas palabras de su padre durante varios meses. Un
día me envió un correo electrónico sobre una conversación que tuvo con Mary,
una veterana trabajadora social de cuidados paliativos, en el que hablaron
sobre las similitudes entre los bebés y los moribundos. Winn habló sobre cuán
similares eran las transiciones del nacimiento y la muerte:
“Así como cada mujer y
recién nacido tiene su propia forma de dar a luz y entrar al mundo, cada humano
tiene su propia forma de salir del mundo. A veces es rápido y fácil, a veces
lento y fácil, a veces intenso, a veces no. Los bebés tienen hipo a menudo, ...
y las personas mayores también. Los bebés necesitan ser alimentados, y las
personas mayores también. Y una vez que los niños pequeños empiezan a aprender
palabras, a menudo dicen tonterías, cosas sin sentido, mensajes que provienen
de un lugar más allá de los sentidos”.
La
conexión entre el sinsentido en nuestros primeros días y su surgimiento en
nuestros últimos días es convincente. De igual manera, la prevalencia de las
referencias a formas básicas como círculos y cajas en las transcripciones de
los moribundos también son convincentes. Quienes investigan el desarrollo de la
primera infancia han establecido que los humanos tienen una capacidad innata
para comprender las formas. Los bebés pueden reconocer la diferencia entre un
círculo y un cuadrado. Las formas son una de las maneras más básicas en que los
humanos mapean el mundo que los rodea. Al igual que los fonemas que forman la
plantilla en la que se basa nuestro lenguaje hablado, las formas forman el
plano que nos permite desarrollar la conciencia y la comprensión espacial;
también sirven como base para la lectura y la escritura. ¿Es posible que al
morir, regresemos a algunos de los elementos cognitivos más esenciales a medida
que nuestra conexión con este mundo se deconstruye? ¿Podría ser que estos
elementos visuales primarios estén conectados con el mundo invisible?
William Stillman
argumentaría que este podría ser el caso. Stillman es médium psíquico de gran
prestigio y autor de doce libros sobre autismo. Él mismo padece síndrome de
Asperger y ha investigado la singular iconografía simbólica tanto de autistas
como de psíquicos. Habla de cómo las personas con autismo tienen dificultades
para verbalizar el rico mundo simbólico en el que viven. Sus libros están
repletos de ejemplos de personas autistas que viven en un mundo de símbolos que
eluden el canal verbal. Ha demostrado en varios casos que este mundo silencioso
es rico en conciencia precognitiva y conexiones telepáticas. Muchas de las
personas que investigó escucharon pensamientos o voces muy similares a los
descritos por personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte.
Stillman me explicó durante
nuestras entrevistas que él, al igual que Isabelle, suele obtener la
información más precisa tanto en forma simbólica como en galimatías. Ha
descubierto que los símbolos "sinsentido” que surgen durante sus lecturas
psíquicas tienen, en realidad, su propio significado y organización coherentes.
Stillman llama a esta colección de símbolos un "léxico de iconografía
espiritual". Los símbolos son coherentes, es decir, representan ciertos
significados que ha llegado a comprender y recordar. Cuando, por ejemplo, hace
una lectura psíquica y ve la imagen de tobillos hinchados eso siempre significa
que la persona que recibe la lectura tiene antecedentes familiares de diabetes.
Sin embargo, estos símbolos solo se volvieron inteligibles para él después de
repetidas apariciones a lo largo del tiempo.
Me explicó que «la
iconografía espiritual es como una versión etérea de las falsedades de jugadores
avanzados». Una estufa de gas con un quemador encendido representa el Alzheimer
o alguna otra forma de demencia. Cuando ve rosas es una comunicación espiritual
que reconoce una celebración. Una visión de la entrega de armas (en la forma de
alguien colocando un arma de fuego en el regazo del cliente) simboliza una
figura paterna pidiendo disculpas. «Me llevó once años dominar con relativa
fluidez mi iconografía espiritual personal», dijo Stillman. «No hay dos
personas con los mismos iconos cuando reciben información psíquica. Los iconos
se basan en nuestras experiencias personales y en cómo nuestra mente representa
las cosas simbólicamente».
Su investigación demuestra
que un gran porcentaje de los sujetos autistas que estudió también tenían
iconografías profundamente arraigadas. A menudo, quienes viven en un mundo
altamente simbólico se enfrentan a la necesidad de articular y organizar lo que
saben y ven en lenguaje hablado. Él cree, al igual que yo, que el reino de lo
invisible es un mundo de símbolos y metáforas, tal como a menudo vemos en el
lenguaje de los moribundos.
Stillman también sugirió que
las tonterías que escuchamos en las palabras habladas de personas autistas
podrían ser una especie de "subproducto", como el escape de un
automóvil, pero en este caso un subproducto de abandonar las formas
tradicionales de procesar el lenguaje para involucrarse en una forma más
simbólica y tácita. Esto parece ser paralelo a algunas de las investigaciones
de Newberg sobre las regiones del cerebro asociadas con estados místicos y con
una disminución del lenguaje con propósito y significado. Las tonterías o
sinsentidos del autismo y las asociadas con la muerte podrían ser ambas reflejos
del alejamiento del funcionamiento o procesamiento de los centros del lenguaje
más orientados a lo literal y con mayor propósito.
En la infancia, esos centros
del lenguaje aún no se han desarrollado y están en vías de adquirir las
estructuras cognitivas y de producción de sonidos que permiten un lenguaje
significativo y con propósito. Quizás al llegar los moribundos al umbral de la
muerte, y oír cómo la puerta se cierra tras ellos, compartan una comprensión
común. Tanto los moribundos como los jóvenes podrían tener acceso a otra forma
de comunicación y percepción.
Un hombre describió cómo su
padre, en sus últimos días, parecía particularmente conectado con su nieto
mientras lo observaba jugar. "¿Cómo puede ese bebé estar en ambos mundos a
la vez?", preguntó el moribundo. Desafortunadamente, los presentes no le
preguntaron al padre qué veía ni qué quería decir exactamente.
Jerry me contó, durante su
entrevista, un momento que tuvo lugar durante los últimos días de su abuela y
que lo acompañó durante años. Una de sus sobrinas tenía solo dos años en ese
momento y se sentó en la cama con la abuela. "Estaban cara a cara,
mirándose a los ojos, y ambas balbuceaban tonterías. Recuerdo observar con
asombro cómo hablaban con esas oleadas de sonidos, y ambas parecían entenderse.
Tenían una conversación muy privada. Era como si se entendieran por
completo", dijo riendo. A medida que el lenguaje se apoderaba de la pequeña,
se aflojaba en los labios de la mayor.
Cheryl Espinosa-Jones contó
que cuando su compañera, Joanne, murió a los cuarenta y cinco años, su hija
pequeña estuvo muy sensible al fallecimiento:
“La noche anterior, cuando
Joanne estaba abandonando su cuerpo y tan cerca de morir, nuestra hija lloró
con tanta intensidad que trajo a Joanne de vuelta. Entró en su cuerpo una noche
más. Al día siguiente, sin embargo, nuestra hija entró corriendo a la
habitación sin ningún miedo. Mi esposa murió en paz, de una forma hermosa. Poco
después del fallecimiento de Joanne mi hija señaló el techo del dormitorio y
dijo: "¡Mami, mira! ¡Mira todos los pájaros!". Eso nos pareció muy
significativo a todos los que estábamos en la habitación, como si seres
vinieran a ayudarla a dondequiera que fuera. Había entrado en el reino de lo
invisible con Joanne, a quien mi hija llamaba JiJo.
La noche siguiente mi hija
durmió conmigo y en mitad de la noche se oyó un golpe fuerte al caer al suelo.
Esto me despertó sobresaltada. Le pregunté qué había pasado. Me contó: «Vi a
JiJo subiendo por una escalera, y ella estaba arriba, quise acompañarla pero me dijo: '¡No, no,
cariño, tienes que bajar!'». Con esas palabras, cayó al suelo”.
Los
temas de esta historia son los mismos que vi en otras transcripciones: pájaros
y escaleras emergen en las descripciones de lo invisible, al igual que
advertencias de que solo muertos o moribundos pueden entrar en cierto
territorio donde los vivos no deben ir. La claridad de la visión de la niña es
asombrosa y hace preguntarme qué mundos no vemos en nuestra vida cotidiana solo
para regresar a ellos quizás en nuestros últimos días.
El siguiente relato,
publicado en el sitio web del Proyecto
Palabras Finales, comparte las palabras de una niña que tuvo una revelación
inesperada. Una mujer cuya madre acababa de fallecer recibió la llamada de su
hermano, Bret: «Dijo que su hija de ocho años, Sarah, se despertó esa mañana y
dijo: 'Sé que la abuela ahora es un ángel. Y ha vuelto a ser joven'. Nadie le
había dicho aún que la abuela había muerto».
El lenguaje interior del coma.
El lenguaje hablado suele
desvanecerse al final de la vida pero la enfermera e investigadora Madelaine
Lawrence indica que la consciencia no. Su investigación sobre supervivientes
del coma ofrece perspectivas convincentes sobre los estados de inconsciencia.
Lawrence determinó a través
de entrevistas con 111 personas que sobrevivieron a un coma que el 27 %
escuchó, comprendió y respondió emocionalmente en algún momento a lo que se les
dijo mientras se les presumía inconscientes. Otro 23 % experimentó percepción extrasensorial,
incluyendo experiencias cercanas a la muerte y extracorpóreas. Su investigación
en unidades hospitalarias, y en la literatura médica, revela que más del 70 %
de las personas que recuperan la consciencia después de un coma recuerdan sucesos
ocurridos durante el período de inconsciencia.
Este comentario de Robert,
una de las personas entrevistadas por Lawrence, demuestra que las personas en
coma suelen ser mucho más conscientes de lo que se cree: “Si alguien me
preguntara juraría que nunca me desmayé. Por lo que a mí respecta pasé todo el
proceso despierto». Sin embargo, su enfermera lo describió de otra manera: «Se
le pusieron los ojos en blanco y se desmayó».
Harvey, otro de los entrevistados
por Lawrence, explicó: “Fue muy extraño. Solo podía imaginar que tal vez estaba
muerta. No sabía lo que era estar muerta pero creía oír, nada más. No tenía
sensibilidad ni podía ver. Lo único que recuerdo, cuando oí [al médico] decir
"Lo estamos perdiendo", fue intentar decir algo como: "Estoy
bien, no estoy muerto ni nada". Creo que intenté hablarles, pero no pude.
Era como si no tuviera coordinación muscular. Pensaba las palabras pero no las
pronunciaba. Entonces creo que empecé a ser capaz de hablar y les dije algunas
cosas cuando recuperé fue la voz”.
Lawrence
explica: “La audición no es lo último en desaparecer, sino la consciencia». Los
entrevistados informaron tener diálogo interno incluso cuando no podían oír
información externa. Experimentaron sensación continua de identidad,
independientemente de sus conexiones con el mundo exterior. Nuestra capacidad
de comunicarnos con nosotros y pensar en esa comunicación puede seguir
funcionando cuando nuestra consciencia externa deja de operar. Esta sensación
interna de «yo” permanece intacta mucho después de que las demás funciones
cerebrales dejen de funcionar”.
Esta continuidad del yo se
expresó en la conciencia y sensibilidad de los sobrevivientes del coma hacia la
energía emocional de quienes los rodeaban. Carol, otra participante de la
investigación de Lawrence, relató que, aunque estaba en coma podía reconocer a
sus hijos, esposo, médicos, religiosos, enfermeras e incluso al personal de
limpieza que se acercaba a la cama. Explicó: “También supe que había una
relación amorosa, o algo parecido, entre una de las enfermeras y uno de los
médicos. Era como si pudiera leerles la mente».
Los pacientes también eran
conscientes de sus propias emociones. En una ocasión, Carol escuchó a un médico
decir que no tenía "nada en el lado izquierdo” y que probablemente estaría
"en estado vegetativo". Esto la enfureció. Uno de los pacientes le
contó a una enfermera que se había esforzado mucho por decir a su hermano que
estaba bien y que no era el vegetal que el médico había dicho pero que no había
podido comunicarse. En otra ocasión una paciente llamó a una unidad de
enfermería después de recibir el alta para dejar un mensaje a una enfermera.
Dijo: “Dígale a la enfermera que dijo que iba a estar en estado vegetativo que
no lo estoy".
Lawrence escribe: “Cuando el
sistema del cuerpo físico se ve comprometido por condiciones fisiológicas
severas la mente consciente es reemplazada por otro sistema que permite que
ocurran experiencias extrasensoriales. Durante las experiencias extrasensoriales,
los sujetos típicamente informaron recibir información telepáticamente”. El
estudio parece indicar que incluso cuando los mecanismos que nos conectan con
nuestro mundo están deshabilitados algo dentro de nosotros continúa. Este
"yo” que perdura parece ser particularmente sensible a la energía y
emociones de otros y puede entender y entiende telepáticamente. Estos hallazgos
corroboran el trabajo de Leigh, Metzker y Metzker en el que sugieren que hay un
yo esencial que se comunica en nuestros primeros años de maneras que no son
verbales. Los hallazgos también son consistentes con el trabajo de Kenneth Ring
y Sharon Cooper, en el que los sobrevivientes ciegos de ECM explicaron haber
sido capaces de "ver” a través de una especie de conciencia trascendental
a pesar de que estaban clínicamente muertos en ese momento. No importa lo que
suceda fisiológicamente, el mecanismo de comunicación interno puede funcionar
mientras el externo no lo hace.
El día del atardecer: comida y perdón.
La voz interior parece
surgir con rotunda claridad en el lapso de tiempo previo a la muerte que muchos
profesionales de la salud llaman el día del ocaso y que los
investigadores llaman lucidez terminal . Los trabajadores de cuidados
paliativos me comentaron que el día del ocaso suele ocurrir unos días antes de
la muerte y ofrece al menos unos minutos, y a veces un día entero, en los que el
moribundo repentinamente presenta una lucidez acentuada, una apariencia más
vivaz y más energía. El término lucidez terminal, que se refiere a este
fenómeno, fue acuñado hace varios años por el biólogo alemán Michael Nahm en su
artículo de 2009 en el Journal of Near-Death Studies, (Periódico de Estudios
Cercanos a la Muerte).
Las personas que entrevisté
describieron cómo sus seres queridos, que habían estado relativamente
insensibles, emergieron repentinamente de su profundo estado de silencio
interior y les dijeron palabras de bondad, consuelo o consejo por un breve
tiempo antes de morir. Varias personas describieron una especie de resplandor o
luz alrededor de sus seres queridos. Estas palabras, de correo electrónico, resumen
lo que oí a menudo: «En aquellos días antes de morir, se iluminó. Su rostro se
iluminó y sus ojos se abrieron de par en par».
El término “día sin ocaso”
se usa a menudo porque el estallido de lucidez poco antes de la muerte
recuerda a las personas los brillantes rayos del sol que inundan el cielo antes
de ocultarse en el horizonte. En mis entrevistas surgieron dos temas sobre el
día del ocaso: los placeres y las reconciliaciones
finales.
El padre de Rick, Dave,
tenía ochenta y un años y estaba muriendo de cáncer. En esos últimos días
pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo en su habitación del segundo piso de
su antigua casa, a pocos pasos de su rincón favorito para sentarse: un balcón
con vistas a un pequeño lago. A lo largo de su vida había saboreado las tardes
de verano con una cerveza fría en la mano. Cuatro días antes de morir se
despertó, se incorporó y dijo a sus hijos: «Llevadme al balcón. Quiero ver el
lago. Traedme una cerveza también, ¿queréis? Una bien fría». La familia lo sacó
con cariño para que pudiera sentarse en su sillón favorito mientras disfrutaba
de una última botella de cerveza.
Cynthia compartió esta
historia sobre el día del atardecer de su padre:
“Una de las señales más
claras de que mi padre estaba muriendo era que no podía comer. Durante la mayor
parte de su vida comer fue un ritual celebrado. En los días y semanas previos a
su muerte no quiso comer ni beber. Hasta tres días antes de morir, mi hija y yo
estábamos solas en casa con él. Él, que parecía paralizado en silencio, se
despertó y dijo: «Tengo ganas de un asado, ese asado que tú haces. Y me
encantaría un pastel de piña. Me encantaría».
Mi hija y yo quedamos
atónitas. Cocinamos para él toda la mañana y luego le servimos como a él le
encantaba. Se incorporó con fuerza, —hacía semanas que no se había sentado—, y
mordió el asado como en los viejos tiempos. Entonces empezó a hHablar de su
nieta y de cómo debía cuidarla bien, darle clases de guitarra y de lo
preocupado que estaba por su nuera y su salud. Lo tuvimos de nuevo cinco horas
y luego, tan repentinamente como volvió a la vida, pareció volver a morir y se
fue a los pocos días”.
Otro
participante del Proyecto Palabras
Finales me dijo: “Mi padre fue uno de los que no comió durante la semana
anterior a su muerte y luego, antes de fallecer, se despertó hambriento y comió
mucha comida en el desayuno y en el almuerzo, justo antes de fallecer esa
noche”.
Tara describió las últimas
palabras de su suegro, Sam:
“Durante todos los años que
estuve casada el padre de mi esposo se burlaba mucho de mi peso y apariencia.
Se suponía que era una broma, pero nunca me hizo gracia. De hecho me dolía.
Antes de morir dormía mucho pero un día, poco antes de ello, parecía estar
despierto. Entré en su habitación y me dijo que me acercara. Me miró y me dijo
con la voz más tierna que jamás le había oído: «Nunca me había fijado en lo
guapa que eres. Lo siento mucho».
Christine Zagelow compartió
esta historia del día del atardecer de su madre:
“Entré en la habitación del
hospital y mi mamá dijo: «Dios vino a mí a las cuatro de la mañana». Mi madre se
veía mejor que en semanas. Estaba sentada en la cama, con la mirada alerta y la
articulación mental muy clara. Le pregunté qué había pasado, pero le resultó
difícil explicarlo, salvo decir que Dios se le apareció y que todavía estaba...
El borde de su cama tocaba su pie derecho. Me pregunté si podría haber sanado.
Estaba tan alerta en comparación con días anteriores y hablaba con mucha
energía. Entonces dijo: "¡Oh, mira esa hermosa tarjeta, y qué hermosa
frase! Y, ay, esa, ¡qué maravillosos amigos y familia tengo!". Estaba
leyendo con atención cada una de las tarjetas desde su cama después de que yo
las hubiera colocado en la pared. La pared estaba aproximadamente a unos cuatro
o seis metros de su cama. Mi madre usaba lentes correctivos desde que yo
estudiaba quinto grado, y nunca antes la había visto ver desde esa distancia
sin sus gafas. ¿Había mejorado su vista y su salud? Me asombró su apariencia.
¿La había curado Dios del cáncer? ¿Había ocurrido un milagro?”
Poco después, su madre
falleció.
Varias personas que
entrevisté compartieron historias de haber estado junto a la cama de un ser
querido que no respondía ni se comunicaba y que, justo antes de morir, se
incorporó y parecía plenamente consciente de quién estaba en la habitación y de
lo que estaba sucediendo. Un hombre de mediana edad que entrevisté, Jason,
describió cómo su hermano, que llevaba días en un sueño profundo, se despertó y
se levantó. "Me miró fijamente. Al principio me asusté pero luego sentí
una profunda conexión. Mi hermano dijo: 'Estoy bien'", y volvió a
acostarse. Dos días después, ya no estaba.
Relatos similares incluyen
los siguientes:
·
Mi madre estuvo en
coma tres semanas. Un día, abrió los ojos de golpe. Me miró y me dijo: «Dile a
todos que estoy bien y que los quiero». Murió cinco horas después.
·
Mi madre no se
había comunicado en días. Pensé que necesitaba un respiro de todo esto.
Entonces mi madre empezó a moverse. Oré, conseguí una silla y...Una hora
después, su torso se levantó. Me miró fijamente y dijo: «Te amo».
·
Bill no había
hablado en semanas. Me senté a su lado, esperando, con la esperanza de que
dijera algo. Y entonces, una noche, abrió los ojos, extendió la mano y dijo:
«No es lo que crees», y luego se sumió en el silencio y murió dos días después.
Beverly
García, enfermera de cuidado paliativo, tras escuchar historias de los breves
momentos de lucidez de sus pacientes antes de morir experimentó algo similar
con su madre, mujer muy reservada. «Mi madre nunca pudo decirme que me amaba;
pero casi un día antes de morir rompió un largo silencio y me dijo: 'Te amo,
Beverly, siempre te he amado'».
Jeffrey K. contó la
siguiente historia sobre su madre:
“Llevaba unos siete días
desvaneciéndose rápidamente... sin comer, incapaz de subir las escaleras. Los
últimos dos días se volvió un poco somnolienta, entrando y saliendo del sueño.
El último día estuvo prácticamente en coma. Por la noche empecé a salir solo
para descansar, pero cuando le dije a mi padre que planeaba hacerlo se movió y
gimió, y decidí quedarme quieto. Unas dos horas después, mientras estaba
sentado en una silla junto a su cama, recobró el conocimiento y levantó la
parte superior del torso. La rodeé con mis brazos y me miró a los ojos
inquisitivamente. Entonces dijo dos veces: «Ayúdame, ayúdame». Le dije: «He
hecho todo lo posible... Ahora estás al límite. Ve hacia la luz». Luego se
desplomó, así que la recosté boca arriba y observé cómo su respiración se
ralentizaba y se detenía al cabo de unos tres minutos”.
Jordan
White explicó cómo quedó atónito por la coherencia de su madre unos días antes
de morir cuando empezó a hablar sobre los archivos del estudio que contenían
toda la información financiera familiar. Su enfermedad de Alzheimer le había
provocado la muerte de neuronas y pérdida de tejido; con el tiempo, su cerebro
se había encogido drásticamente afectando casi todas sus funciones vitales.
Sabiendo esto, Jordan se preguntó si el cerebro debilitado de su madre era
realmente responsable de la producción del lenguaje y la consciencia en esas
últimas palabras. ¿Quién, o qué, fue lo que con tanto cariño le dijo a su hijo
la ubicación de los archivos después de años sin hablar con claridad?
De todos los que entrevisté
sobre el atardecer, nadie contaba una historia en la que se hubieran
pronunciado palabras de enojo o rencor durante ese lapso de lucidez. La mayoría
incluían peticiones finales de comidas favoritas, reconciliaciones finales o declaraciones
de amor, incluso de quienes nunca las habían expresado en vida. Es posible
imaginar que en un momento de claridad mental un padre moribundo podría haber
dicho con la misma facilidad a su hijo: "¡Por Dios! ¿No es hora de que
consigas un trabajo decente y dejes a tu esposa? ¡Aquí estoy en mi lecho de
muerte, y no has dignificado mi vida en absoluto!".
Bruce Greyson, profesor de
psiquiatría y ciencias neuroconductuales de la Universidad de Virginia, y
Michael Nahm, de Friburgo (Alemania), han comenzado a analizar con detenimiento
el fenómeno del día del atardecer. El profesor Alexander Batthyany, profesor de
ciencias cognitivas en la Universidad de Viena, está llevando a cabo un estudio
a gran escala sobre la lucidez terminal, el primero de su tipo.
Casi todos los
neurocientíficos han asumido hasta ahora que un cerebro gravemente dañado
imposibilita la cognición normal. Sin embargo, Batthyany sugiere que la
cognición normal, o lucidez, sí se produce a pesar de un cerebro gravemente
dañado, como en los casos mencionados. Señala que esto ocurre en
aproximadamente entre el 5 % y el 10 % de los casos de Alzheimer, y solo cuando
la muerte está muy cercana.
Se sabe que la lucidez
terminal ocurre incluso cuando el centro del habla del paciente ha sido destruido,
y algunos individuos moribundos han ganado movilidad cuando antes no la tenían.
Es un área notable de la medicina, mínimamente estudiada, a pesar de la
abundancia de anécdotas recopiladas a lo largo del tiempo. Estos relatos
podrían sugerir una distinción crucial entre el cerebro, que obviamente muere,
y el yo —el usuario del cerebro—, que podría no morir.
Conexiones sin palabras: tacto o contacto.
La educadora sobre la
muerte, Martha Jo Atkins, me contó que, «cuando las personas se acercan mucho a
la muerte suelen hablar menos y empiezan a extender la mano como si quisieran
tocar algo o a alguien. Una mano se levanta y luego se mueve en una sinfonía de
movimiento. A menudo, un cambio se extiende por el rostro de la persona; a
veces, la parte superior del cuerpo se ilumina».
Recuerdo que por un
instante, en los últimos días de la vida de mi padre sus manos apuntaban hacia
el techo y revoloteaban como mariposas. Sus manos se extendían hacia arriba y
sus dedos acariciaban el aire; era como si se acercara a alguien que yo no
podía ver.
El siguiente comentario de
Rachel es típico entre los participantes del Proyecto Palabras Finales: “Cuando mi madre estaba en su última
hora de vida dormía y, de repente, se despertó, miró hacia un rincón de la
habitación y extendió las manos como si quisiera tocar a alguien”. A menudo, en
los últimos días, se dicen pocas palabras, pero la esencia de la persona aún
permanece.
Melinda Ziemer, terapeuta,
escribe en su artículo “Cuidados al final de la vida: La espiritualidad de vivir
al morir”:
“Sé por experiencia que si
no tienes miedo de mirar a los ojos de los moribundos a menudo descubrirás que
sus ojos, sin palabras, revelan la belleza secreta de su ser más íntimo. Para
mí, los moribundos dieron un nuevo significado a la expresión «los ojos del
corazón». Uno desea responder a esa mirada con una mirada que diga: «Entiendo
que toda la plenitud de tu vida está en este momento, y es un honor poder
mirarte a los ojos. La proximidad de la muerte no me asusta. Quiero estar aquí
contigo. Este momento es tuyo”.
En
la siguiente historia, Winn Mallard habla sobre su conexión con su padre a
pesar de los cambios y la reducción en su capacidad para hablar:
“Papá estaba tan emocionado
de verme, y después de saludarnos alegremente me preguntó: "¿Y tú quién
eres?". Su cuerpo se estremeció ligeramente cuando dije: "Soy
Winn". Luego preguntó: "¿Cómo sé que eres Winn?". Y después de
unos minutos de reflexión, dije: "Bueno, ¿qué te dice tu corazón? ¿Sientes
una chispa familiar en él? ¿Te sientes cómodo estando en mi presencia?".
Me miró profundamente a los ojos durante un rato. Dije: "¿En tu corazón me
sientes? ¿En tu corazón somos uno?” mientras nos mirábamos fijamente a través
de nuestras ventanas de cristal. Repitió mis preguntas como afirmaciones; tal
vez lo sintió. ¡Claro que sí! Papá y yo somos uno, y tenemos la eternidad”.
La
vida comienza sin palabras y, en muchos casos, termina de la misma manera. De
hecho, de donde venimos y adonde vamos puede ser el mismo lugar, y podemos usar
el mismo lenguaje no lingüístico —un lenguaje tácito compartido entre corazones
y mentes— en ambos lugares. Este tipo de comunicación no verbal fue
identificado en los sueños y visiones de los moribundos por Pei C. Grant,
directora de investigación del Instituto de Cuidados Paliativos, quien ha
realizado una extensa investigación. Escribe: “Una afirmación que escuchamos de
la gente es que se dice muy poco en sus sueños y visiones pero extraen de ellos
un gran significado y consuelo».
La enfermera de cuidado
paliativo Judy Warren mantuvo varias conexiones telepáticas con sus pacientes
durante treinta años. Se comunicaba en lo que ella llama el "lenguaje del
alma". Explicó que, al estar junto a las camas de sus pacientes, podía
ver, oír y sentir información que luego descubría como cierta. Esto abarcaba
desde peticiones finales hasta información específica sobre cuándo morirían.
Describió cómo los médicos con los que trabajaba llegaron a confiar en su
misteriosa capacidad para saber cuándo moriría un paciente. "Los médicos,
por supuesto, no sabían que me comunicaba telepáticamente con los pacientes,
pero sabían que a menudo acertaba".
Malynda Cress, voluntaria de
cuidado paliativo, cuenta haber tenido muchas experiencias en las que escucha,
ve y siente los pensamientos y sentimientos de sus pacientes moribundos,
incluyendo información sobre cuándo morirán. Ha descubierto detalles que de
otro modo no habría conocido sobre la vida de sus pacientes, así como lo que
estos desean compartir con sus familiares y amigos antes de morir.
¿En qué se diferencia este
"lenguaje del alma” del literal y ordinario? Los psíquicos, y quienes han
tenido experiencias cercanas a la muerte, explican que la comunicación en el
mundo de lo invisible no necesita estructuras físicas como las cuerdas vocales.
Mientras que los sonidos asociados con el lenguaje hablado están secuenciados
en el tiempo, las comunicaciones telepáticas no. La comunicación no es
lingüística y, a veces, simultánea. Raymond Moody compartió conmigo una cita de
su amigo y mentor, el doctor George Ritchie. Ritchie había tenido una
experiencia cercana a la muerte y describió la comunicación de esta manera:
"La hipocresía no es posible en el más allá. Lo que dices es lo mismo que
piensas". Ritchie explicó que el pensamiento y la comunicación durante una
ECM son uno solo; ocurren simultáneamente. Por lo tanto, es imposible pensar
una cosa y decir otra, como solemos hacer en nuestras vidas ordinarias,
tridimensionales y de cinco sentidos.
CAPÍTULO
NUEVE. Te
llamaré cuando llegue allí. Comunicación
después de la muerte.
Como vimos antes es posible
que la comunicación comience telepáticamente en la infancia y que regresemos a
ese "lenguaje del alma” no lingüístico al morir. Las historias de
comunicación después de la muerte nos ofrecen la oportunidad de considerar que
tanto la comunicación como la consciencia continúan más allá del umbral a
través de los medios simbólicos y telepáticos que se analizaron en el capítulo
anterior.
Cuando me propuse investigar
las palabras finales no tenía intención de escribir ni investigar sobre la
comunicación después de la muerte. Sin embargo, personas de todos los ámbitos
compartieron sus historias de sincronicidades fascinantes. Me quedó claro que
cualquier análisis de las palabras en el umbral estaría incompleto sin al menos
un breve vistazo a estos relatos. Los que he incluido reflejan solo una pequeña
parte de las historias que me compartieron. De hecho, muchas más personas
experimentaron algún tipo de comunicación después de la muerte de lo que jamás
imaginé.
El Proyectode Comunicación Después de la Muerte de Bill y Judy
Guggenheim, fundado en 1988, informó haber recibido miles de relatos de
comunicación después de la muerte. Julia Assante, en su libro The Last
Frontier, escribe: “El porcentaje de personas que informan haber tenido
contacto con los muertos, en las encuestas, oscila entre el 42 y el 72 por
ciento. El porcentaje de viudas que tienen contacto con sus esposos fallecidos
puede alcanzar el 92. Si las encuestas hubieran incluido a los niños y los
encuentros en el lecho de muerte, que son extremadamente comunes, los
porcentajes habrían sido aún mayores. Un impresionante 75 por ciento de los
padres que perdieron a un hijo tuvieron un encuentro dentro del año posterior a
la muerte del niño. Pero el 75 porciento de todos los que tuvieron encuentros
informaron no haberlo mencionado por miedo al ridículo».
Vimos en el capítulo
anterior que, si bien Judy Warren, enfermera de cuidados paliativos, fue lo
suficientemente precisa como para que los médicos confiaran en sus pronósticos
para sus pacientes moribundos, no les dijo que su conocimiento de cuándo los
pacientes iban a morir se relacionaba con mensajes telepáticos de éstos. Comunicar
esto sin duda habría mermado la credibilidad que había cultivado a lo largo de
sus tres décadas de carrera como enfermera.
Sin embargo, muchas personas
—desde psiquiatras a profesores, fontaneros y contables— compartieron relatos
de sus comunicaciones con moribundos y muertos. Lo que sigue se basa en
información de un profesor adjunto de ciencias farmacéuticas y biomédicas cuyos
encuentros telepáticos cambiaron su perspectiva sobre la supervivencia de la
consciencia.
Cuando era estudiante de
química era escéptico por naturaleza y esperaba que las cosas se demostraran
con hechos. Sin embargo, su forma de pensar cambió durante el tiempo que
trabajó en una morgue. El joven académico describió cómo, cuando trabajaba con
los muertos, tenía la clara sensación de que había gente en la habitación
observándolo. Era como si lo invisible le hablara telepáticamente, y el mensaje
siempre era el mismo. "Los espíritus de los muertos visitaban sus cuerpos
para asegurarme de que todo estuviera bien", me dijo. Fue entonces cuando
llegó a creer que la consciencia sobrevive: "Todo lo demás en la
naturaleza y la vida se recicla. ¿Por qué no la consciencia?"
Tras trabajar en la morgue
el joven consiguió trabajo repartiendo pizzas. Una noche lo enviaron a un
edificio anodino y sin letreros. Al entrar le invadió la sensación de que allí
habían muerto muchas personas, pero eran personas comunes y corrientes. No
había rostros ni detalles específicos en las imágenes que veía en su mente.
Tenía la sensación de que eran como bebés, o casi bebés.
"¿Es una clínica de
abortos?", preguntó a alguien que trabajaba allí. “Sí”, respondió la
persona. Lo era.
Recibió información de forma
no verbal. En el caso de la clínica de abortos la información le llegó tanto en
imágenes como en los sentimientos de los anónimos. Si bien el relato del
científico es notable, sobre todo porque proviene de un escéptico nato, no es
en absoluto único.
Los participantes en mi
estudio compartieron conmigo una amplia gama de comunicaciones de moribundos y
fallecidos. Entre ellas se encuentran relatos de premoniciones de muerte. En
mis entrevistas, escuché varias historias que demuestran que quienes están a
punto de morir a menudo parecen tener conciencia premonitoria de su muerte
inminente.
Premoniciones de muerte.
Sarah Brightwood, cuya hija
de diecisiete años falleció trágicamente en accidente de coche, encontró un
hermoso poema olvidado en el escritorio de su hija adolescente escrito por ella
el 4 de febrero de 2015, tres días antes de morir. Lo escribió el día que fue a
pasar dos días con su novio. El accidente ocurrió mientras conducía de vuelta a
casa. Según la experiencia de Sarah, estas fueron las últimas palabras de
Emily:
Donde pertenezco
No me
siento abrumada
en la
oscuridad de la mañana
o el
resplandor de la noche.
Ya sea
el Sol o la Luna
susurrando
su dulce rapsodia
hacia
los cielos majestuosos
encuentro
un silencio infinito
en cada
momento salvaje
Saber
que tengo un lugar
aquí
abajo, las estrellas brillantes
y nubes
ondulantes.
Con los
pies en la tierra
y mis
brazos extendidos
abrazando
el cielo —
yo,
pertenezco.
Sarah me escribió por correo electrónico: «Emily dejó
algo increíble. No me di cuenta hasta unos días después de su muerte de que
había pegado estas palabras en el refrigerador:
venir / gastar / tiempo infinito / lejos ».
Las
últimas palabras de su hija, de hecho, parecían expresar una conciencia dulce y
sabia de los acontecimientos que iban a desarrollarse en los días venideros.
Mi padre también parecía
tener una premonición de su muerte. Apareció en cientos de fotos a lo largo de
las décadas, pero una destaca como la más memorable. Seis semanas antes de
morir, y antes de que hubiera indicios de que estuviera cerca, estaba de
vacaciones con mi madre en México. Un amigo se les había unido y en un día
soleado, con la cámara en la mano, se volvió hacia mi padre y le dijo: «Morty,
aquí tienes un bolígrafo. Escribe algo en la palma de tu mano que revele algo
sobre ti». Con grandes letras negras escribió «visitante», y luego rio y dijo:
«¡Solo estoy visitando el planeta!».
Los sueños nos advierten de la muerte.
Los sueños suelen avisarnos
de la proximidad de la muerte de un ser querido y también pueden advertir de la
nuestra. El siguiente relato comparte un sueño que cumple ambas funciones.
Tom soñó que la cúpula
atmosférica que rodeaba la Tierra se derrumbaba y extendió los brazos para
evitar su caída y evitar que todos los habitantes de la Tierra se asfixiaran.
Esa noche una buena amiga suya, Florence, ingresó en el hospital por última
vez, jadeando mientras moría. En ese momento atribuyó el sueño a su muerte esa
noche. Más tarde, ese mismo año, Tom comenzó a tener problemas respiratorios.
Recordó el sueño de la cúpula colapsando y su cualidad premonitoria en relación
con Florence. Sintió que la imagen también era una advertencia. Tras convencer
a los médicos de que tomaran en serio sus preocupaciones descubrieron que una
de sus arterias estaba completamente bloqueada y deformada. «Sé que la única
razón por la que estoy vivo para compartir esta historia», contó a sus amigos
en una publicación «es porque reconocí la importancia del sueño».
Él dijo adiós en mi sueño.
Los sueños no solo nos
ofrecen perspectiva sino también un espacio para que nuestros seres queridos,
ya sea que estén muriendo o hayan fallecido recientemente, se comuniquen con
nosotros. Sophia Diamond compartió esta historia sobre su padre, típico relato
que he escuchado muchas veces:
“Vino a mí en un sueño y me
dijo: «Tengo que irme, tengo que irme. No tengo otra opción. Tengo que irme».
Lo vi pasar a mi lado como si se fuera a algún lugar. Unos días después de
despertar de esta visión mi padre falleció. Le dije antes de morir: «Si mueres
y me dejas envía un arcoíris y hazme saber si hay otro lado». Y sí, después de
su funeral tuve un arcoíris enorme en mi patio”.
Los
arcoíris aparecen en los relatos de varias personas con las que hablé, tanto durante,
como antes o después de la muerte. La explicación racionalista, por supuesto,
es que estas cosas ocurren de forma natural y luego les atribuimos un
significado, especialmente a partir del dolor y la pena. Esto puede ser cierto
en algunos casos, pero hay tantas historias de este tipo que la simple
coincidencia no parece explicarlas todas. Las sincronicidades abundan en la
vida, especialmente en los días y semanas posteriores a la muerte de alguien.
Christine Zagelow tuvo este
sueño sincrónico sobre su hermano, Mick, la noche después de su muerte:
“Mick me vino en un sueño.
Vestía ropa de motociclista de cuero marrón y estaba junto al actor de cine
James Dean, que también andaba en moto. A la mañana siguiente dos amigos
motociclistas de Mick entraron en casa y querían saber si Mick había venido a
mí en sueños. Chocaron las manos, porque Mick les había dicho que vendría a mí
en sueños para mostrarles que había llegado al "otro lado” y que se encontraría
con James Dean cuando llegara”.
El ser amado está radiante y saludable.
Terri Segal, terapeuta
matrimonial y familiar, me compartió este sueño sobre su hermano, relato que
también publicó en el Journal for Spiritual and Consciousness Studies,
en 2015:
“Tras la muerte de Duffy
empecé a experimentar cosas extraordinarias. La primera, apenas dos días
después de su fallecimiento, fue una visita onírica en la que Duffy apareció
radiante, sano y un poco más joven. Me llamó por su apodo, T. En una pequeña
habitación, caminé hacia él reconociendo lo feliz que estaba de verlo. Sonrió
ampliamente y gritó: "¡Hola, T!". A medida que me acercaba se
desvaneció lentamente. Le pedí que se quedara pero seguía desapareciendo y,
entonces, me desperté. Había una viveza en su voz, una claridad en su
presencia. Me habló directamente. Después de eso, comenzaron a ocurrir muchas
sincronicidades”.
No es momento de pagar.
Mi madre compartió este
sueño sobre mi padre seis semanas después de su muerte. Cree que era un mensaje
suyo que le aseguraba que aún tenía tiempo antes de morir. «Tu padre y yo
estábamos de viaje, como solía ser. Él entró en el hotel pero yo no pude entrar
en la habitación y entonces me di cuenta de que debía salir del hotel pero no
tenía la llave. Entonces oí a tu padre decir: «Tienes mucho tiempo antes de
irte, pero cuando llegue tu hora yo tengo la llave».
Aunque nunca antes había
creído en la comunicación después de la muerte, sintió una fuerte conexión con
él y una profunda tranquilidad. Se rio y dijo: «El mensaje fue claro: ¡Aún no
es hora de irse!».
Estos sueños de
"visitas” de seres queridos suelen tener características muy diferentes a
las de los sueños habituales. Las características distintivas incluyen colores
mucho más brillantes, profundos e intensos que los de los sueños habituales.
Las personas informan lo mismo sobre la calidad de los colores durante una
experiencia cercana a la muerte. A menudo, no solo se ve al ser querido en el
sueño sino que también se siente profundamente; algunas personas incluso
describen sentirse conmovidas de alguna manera. A veces hay sinestesia en el
sueño, una intensificación y fusión de los sentidos visual, auditivo y cinestésico.
Por ejemplo, Tricia, quien tuvo una experiencia cercana a la muerte, describió
este fenómeno: «Estaba sentada junto a un arroyo mágico. El arroyo estaba
formado por ondas ondulantes de colores brillantes. El arroyo fluía con un
sonido encantado. Si pudieras escuchar el arroyo aunque fuera un segundo,
probablemente nunca sentirías miedo ni ira». Sentir sonidos, oír imágenes y
saborear ritmos son ejemplos de sinestesia. La capacidad de experimentar dicha
síntesis se describe tanto por poetas como por personas en estados místicos o
alterados, y a menudo es indicador de visitas y sueños precognitivos.
Raymond Moody informó que en
las experiencias cercanas a la muerte, cuando las personas se encuentran con
sus seres queridos fallecidos en el más allá, estos suelen aparecer como en la
flor de su vida. Esto también suele ocurrir en los sueños.
Finalmente, en los sueños
los seres queridos transmiten mensajes muy claros. A diferencia de los sueños
comunes, que pueden ser caóticos y confusos, los de visita suelen transmitir
mensajes claros y específicos, como en los dos descritos anteriormente.
Negoció quince años más.
Bella Mckenzie, maestra de
primaria, compartió una historia de la "premonición” de su padre sobre la
muerte. Era padre estricto y rara vez mostraba mucho afecto. Tampoco era hombre
muy espiritual, y cuando Bella tenía siete años, su padre sufrió un infarto que
lo dejó muerto durante casi seis minutos. En ese momento no compartió lo que le
sucedió durante ese periodo, pero se transformó en un hombre diferente.
"Era más cariñoso en todos los sentidos", explicó Bella, "y la
familia se convirtió en el centro de su vida".
Cuando Bella era adolescente
su padre contó a la familia lo que había sucedido el día que tuvo el infarto y
aparentemente murió: había pasado por un túnel, visto una luz brillante, y se
comunicó telepáticamente con una presencia sabia y amorosa. En la conversación
su padre había negociado con la voz, que él percibía como la de Dios. Había
suplicado a Dios vivir quince años más porque tenía siete hijos que criar. Dios
accedió con una condición: tenía que vivir con más espiritualidad y amor en los
años venideros. El padre de Bella accedió.
Contó los quince años desde
el suceso y llegó hasta el mes de agosto. Bella continuó: «Y murió en
septiembre. ¿Será eso una profecía autocumplida? No lo creo», me dijo Bella.
«Creo firmemente que mi padre tuvo un encuentro con Dios y que su premonición
se basó en algún tipo de encuentro real cuando murió y luego regresó».
Tuve un presentimiento.
Nuestros seres queridos no
solo tienen premoniciones sobre su muerte sino que también familiares y amigos
pueden presentir que algo anda mal. Pueden experimentar síntomas, como un
ataque de ansiedad o dificultad para respirar, para luego descubrir que un ser
querido acaba de morir. La siguiente historia lo ilustra.
Mark estaba de visita con su
amigo Pete, que vivía a unos once kilómetros de la casa de sus padres. De
repente la ansiedad lo invadió y dijo a Pete que tenía que volver a casa para
ver a su familia. No tenía ni idea de por qué, pero condujo a toda velocidad.
Al mismo tiempo su hermana lo llamó pidiendo a Mark que volviera a casa
inmediatamente. Minutos después, al acercarse a la casa, la ansiedad se disipó.
Al doblar la esquina vio una ambulancia en la entrada y a su padre tendido.
Poco después, en el hospital, su padre fue declarado fallecido. "Fue como
si mi padre me hubiera llamado o inducido a venir, como si me llamara para
pedir ayuda".
Bajo la piel.
Terri Segal, cuyo sueño con
su hermano Duffy se describió anteriormente, comenzó a experimentar poderosas
oleadas de energía tras su muerte. Al igual que Mark, sintió una conexión con
su amado al momento de su muerte y, posteriormente, esta conexión fue
principalmente cinestésica, percibida en su cuerpo.
“Duffy partió de este mundo
el 24 de julio de 2014. Puedo decir que esa mañana supe, casi en la piel, que
se había ido. Acababa de acostarme cuando de repente sentí un golpe sordo, o
más bien un empujón, en la espalda. Lo registré casi inconsciente, y pensé:
«Qué raro», y me dormí. Resulta que el momento en que sentí el empujón fue
justo cuando falleció.
Una noche de septiembre tuve
mi primera "experiencia energética". Dos meses después de la muerte
de Duffy llegué a casa del trabajo, desconsolada y cansada. Me acosté en la
cama con los brazos extendidos y las palmas hacia arriba. Lloraba y me
preguntaba: "¿Cómo puedo seguir adelante? ¿Cómo puedo aceptar esto?".
Le pregunté espontáneamente si quería visitarme. Le dije: "Duffy, te
quiero y te extraño; siento mucho no haber podido salvarte. ¿Podrías perdonarme
y, por favor, venir a visitarme?". Recibí una respuesta.
En cuestión de segundos una
sensación de energía ondulante inundó mi palma derecha. Sentí durante varios
minutos oleadas de energía, pulsando, circulando, acariciando mi palma y mi
antebrazo. Parecía que enviaba una energía suave, juguetona y fuerte para
mostrarme que aún existe en una forma diferente. El pensamiento que me vino fue:
«No me he ido, solo existo en un nivel diferente y siempre estaré en tu
corazón, amándote y conectado contigo, hermana».
—¡Eres tú, Duffy, te siento!
—pregunté si de verdad era él. Le pedí que me apretara la mano. Sentí una
chispa en mis dedos y presión alrededor de mi antebrazo y mano.
Soy mujer racional,
profesional y, aun así, esto fue un desafío incluso para mi nivel de apertura y
curiosidad. Pensé brevemente: ¿Estoy teniendo una alucinación, algún tipo de
psicosis del duelo?
Sorprendentemente he sentido
la presencia de esta energía todos los días, al menos dos veces al día desde
septiembre de 2014. Todos los días le pido que me visite. Todos los días he
sentido esta energía, con ligeras variaciones, pero siempre con mayor
intensidad en mi brazo derecho y la palma de la mano. Sigo pidiendo estas
experiencias y escribiendo sobre ellas.
Timbres, alarmas y bombillas.
Entre las sincronicidades
más comunes se encuentran las relacionadas con la electricidad. He recibido
muchos relatos de personas que recibieron mensajes en el momento de la muerte
de alguien, o poco después, comunicados mediante electricidad: timbres, alarmas
y bombillas.
Deirdre, trabajadora social,
me contó una anécdota sobre su cuarenta cumpleaños. Había invitado a su amigo
Richard a celebrarlo. Mientras bebían vino antes de cenar, el timbre empezó a
sonar. Deirdre fue a abrir la puerta principal, pero no había nadie. El timbre
no paraba, no dejaba de sonar, algo que nunca antes había sucedido. Richard,
que era contratista, le dijo que era un cortocircuito, pero incluso después de
hacerle ajustes seguía sonando. A la mañana siguiente Deirdre recibió la
noticia de que un muy buen amigo que vivía fuera del país había fallecido repentinamente
a causa de un cáncer poco común que ella desconocía. El amigo había fallecido
media hora antes de que sonara el timbre. "¿Cómo lo explica?", me
preguntó.
Otro incidente eléctrico
cumplió la promesa de una esposa a su marido. Su hijo, Thomas, presentó esta
historia. Unos días después de que la madre de Thomas muriera su padre estaba
acostado en la cama pensando en su querida esposa. Recordó que una vez habían
acordado que quien muriera primero daría al otro algún tipo de mensaje para
transmitir que había vida después de la muerte. Justo cuando este pensamiento
cruzó por su mente hubo un gran estruendo en la casa. Thomas se preocupó
pensando que su padre había caído o lastimado así que corrió escaleras arriba.
Había vidrio por todas partes. El globo de cristal que contenía la bombilla en
el viejo cuarto de costura de su madre había explotado. Sin embargo, la
bombilla del interior estaba intacta y aún funcionaba. Su padre le dijo: "Pregunté
tranquilamente a tu mamá si me iba a dar una señal de vida después de la
muerte, entonces el globo explotó”. La lámpara había estado allí durante más de
veinte años y el anillo y los tornillos estaban intactos.
Veamos esto que me contó Winn.
Este hombre me dijo que creía que una alarma de humo que sonaba fuera de control
era una comunicación de su querido Coleman. El talentoso Coleman había tocado
en una banda llamada Smoke.
“La primera noche me di
cuenta de que era Coleman y que estaba haciendo sonar la alarma de humo.
Enseguida comprendí que no era una avería mecánica. Me levanté de la cama, salí
y empecé a hablar con él. El pitido paró hasta la noche siguiente, cuando
volvió a sonar sobre las cuatro. Unos días después mi hermano Rob entró con su
familia y la alarma de humo solo sonó una vez. Le dije a Rob que creía que era
Coleman pero se dispuso a desconectarla riéndose de mi comentario. Entonces
dijo: «Qué raro; la batería parece estar bien». Escuchamos uno o dos pitidos
más durante la siguiente hora, y luego un último pitido junto con la alarma al
otro lado de la habitación”.
Renee
tuvo una serie de experiencias relacionadas con la muerte de su madre que
incluyeron muchos de los elementos presentados anteriormente: una presencia
energética palpable, extraños sucesos con electricidad y objetos personales y
significativos que aparentemente actúan como transmisores de mensajes del más
allá. Escribió:
“Cuando [los familiares de
Renee] llegaron alrededor de las 8 y media, el director del crematorio les
informó que no había electricidad en toda la zona de la manzana por lo que era
imposible cremar a mamá ese día. Nos habían informado previamente de que nunca
hacían cremaciones los fines de semana. Supongo que mamá tenía otros planes. La
incineraron un sábado.
Un poco más tarde, ese mismo
viernes, en Petaluma [California], estaba trabajando en el ordenador de mi
oficina cuando intenté encender la lámpara del techo. Tenía cuatro bombillas.
No encendía. Nunca habíamos tenido problemas eléctricos en mi oficina. Pedí a
mi esposo, Steve, que viniera a arreglarla. Intentó varias cosas sin éxito.
Luego salimos a dar un paseo. Cuando regresamos, la caja con algunas
pertenencias de mamá que me había enviado por correo unos días antes estaba en
el porche. La llevé y luego volví a mi oficina. La luz del techo estaba
encendida. La noche siguiente estábamos sentados alrededor de la mesa del
comedor cuando vimos la misma luz en mi oficina parpadeando varias veces.
Llamé a mi hermano, Sean, en
Portland [Oregón], para informarle sobre estos extraños sucesos eléctricos. Me
contó que, al regresar a su estudio fotográfico, se produjo una sobretensión
que inutilizó varios equipos.
De vuelta en Petaluma un par
de días después, estaba en mi oficina, a altas horas de la noche, hablando con
mi hija, Bryn, sobre mamá. También estaba sentada frente a mi ordenador esperando
el primer borrador del obituario de mamá, enviado por Sean por correo
electrónico. De repente se fue la luz. Miré mi reloj. Eran las 10 horas y 55
minutos. Salí a la calle y me di cuenta de que todas las luces de la calle, a
doce manzanas del río, estaban apagadas. Exactamente dos horas después, se
encendieron de nuevo. A la mañana siguiente revisé mi correo electrónico. El
correo de Sean con el borrador del obituario de mamá había llegado la noche
anterior. Tenía la hora marcada a las 10 y 55 minutos, la hora exacta en que se
fue la luz”.
Hablando de alta tecnología.
Se han registrado relatos de
comunicación entre moribundos y fallecidos a lo largo del tiempo y de las
culturas. Nuestros relatos actuales incluyen esta nueva variante: los mensajes
de texto. El siguiente relato, que me envió Debbie Ribar, proviene de su cuñada
Joanne Moylan Aubé:
“Mi padre falleció el pasado
enero mientras yo estaba sentada afuera con mi madre, (a kilómetros del centro
de vida asistida donde estaba internado). Mi hermano estaba a su lado en ese
momento porque respiraba con dificultad y se acercaba al final. No estaba
consciente. Mientras yo estaba sentada tranquilamente en el patio trasero de mi
hermano, mi iPhone emitió un sonido similar al pitido de Siri. Miré el teléfono
y vi un mensaje que apareció como si lo hubiera escrito yo. Decía: "Se
estaba yendo con fuerza, puede que solo sean gases y malestar, puede que esté a
punto de empeorar, que ahora tenga neumonía, puede que me canse, estoy
deprimido, ya no estaré por aquí".
Me asusté y llamé a mi
hermano, quien se quedó tan impactado como yo con el mensaje. Después de leerlo
una y otra vez, deduje que significaba: "Respiro con dificultad y puede
que esté a punto de palmar. Puede que ya esté listo para irme. Parece neumonía.
Quizás me esté cansando. Estoy decaído y ya no estaré aquí”.
Mi padre nunca ha escrito
mensajes de texto ni entendido los iPhones ni la tecnología y, claramente, no
estaba consciente en el sentido que conocemos. No sé si recibió ayuda terrenal
o si simplemente su energía pudo transmitirme un mensaje. Se llamaba Raymond
Aubé”.
Un
esposo afligido, Ka Lok, recibió un misterioso mensaje de texto de una compañía
de taxis después de que su esposa perdiera el conocimiento tras varios derrames
cerebrales. El mensaje decía que el taxi que había solicitado había llegado a
su lugar de trabajo y que el conductor no vio a nadie. Ka Lok no había pedido
un taxi, ya que siempre conducía hasta su oficina en Plenty Road 95. Sin
embargo, su esposa, Elizabeth, solía tomar un taxi a veces desde su lugar de
trabajo. A esa hora, que era medianoche, mientras su esposa estuviera
inconsciente, no habría razón para tomar un taxi a casa. Ka Lok me dijo: «De
hecho, esa noche, antes de perder el conocimiento, dijo que quería irse a casa.
Estoy convencido de que ahora está en casa y que su vida continúa en el más
allá».
Cuando Ka Lok me envió su historia
por correo electrónico me envió una foto del mensaje de texto de la compañía de
taxis que dice: "El conductor que enviamos indicó que no pudo encontrarlo
en Plenty Road 95. Si aún necesita un taxi en esta dirección, responda que
sí".
Quizás podría haber otras
explicaciones. Y para muchos de los relatos, existen otras explicaciones porque
representan sincronicidades y la sincronicidad parece, en la mayoría de los
casos, ser una de las características definitorias de las comunicaciones que
las personas perciben como enviadas desde el otro lado del umbral. Este mensaje
de texto de la compañía de taxis también podría explicarse de diversas maneras;
sin embargo, es difícil escapar de la intensidad de estas
"coincidencias".
Sincronicidades en la naturaleza.
Mucha gente me comentó que
diferentes animales aparecieron poco después de la muerte de sus seres
queridos. Un tema común es la aparición de aves y mariposas que mantienen un
contacto cercano mucho más tiempo del que se esperaría normalmente. Eran
comunes las historias de aves que parecían revolotear en las ventanas y mirar
hacia adentro durante largos periodos.
Rich Shlicht explicó que
salió a caminar, poco después del fallecimiento de su madre, pensando en cuánto
deseaba que ella le diera alguna señal de la otra vida. Poco después apareció
un gorrión y caminó con él por el sendero, pegado a sus talones, sin miedo,
durante más de una hora. El pájaro lo siguió a casa y se posó en el alféizar de
la ventana de su dormitorio, donde permaneció durante minutos, como diciendo:
«Aquí estoy, hijo. Todo está bien».
Las aves eran las especies
más comunes en estos relatos, pero también escuché historias de mariposas,
perros y gatos. «A los pocos minutos de fallecer mamá oímos a un gato maullar
muy fuerte afuera, en el patio. Continuó así durante mucho tiempo. No había
visto ni oído un gato en los días previos ni posteriores a la muerte de mamá».
Curiosamente, estas especies también aparecían en las visiones de los
moribundos. No había otros animales en mi muestra de comunicación en el lecho
de muerte ni después de la muerte.
Posesiones personales.
También son comunes las
historias sobre objetos personales que parecen transmitir mensajes de los
moribundos. Kaye Elliott compartió esta historia sobre una especial caja de
madera:
“Mi hija era amiga de una
joven de veintitrés años llamada Ruth, que asistía a un círculo de desarrollo dirigido por la Iglesia Espiritista en un
esfuerzo por desarrollar su dotes psíquicas. Se ofreció a intentar contactar
con mi madre y luego apareció con el dibujo de una caja de madera tallada con
un borde interior y decorada con un patrón de diamantes blancos. Contenía un
trozo de papel, algunas joyas y botones. Dijo que mi madre era corpulenta y que
su segundo nombre podría ser Emma. De hecho, era corpulenta, pero su segundo
nombre era Ethel.
No sabía de la existencia de
una caja así; mi madre vivía a ochenta kilómetros de distancia y Ruth nunca la
había conocido ni visitado su casa. Dejé de pensar en el asunto. Sin embargo,
al vaciar el bungaló de mi madre unos días después mi hija dijo de repente:
«Mira, mamá», y me entregó una caja de madera tallada con un patrón de diamantes
blancos en la parte superior (dispuestos de forma ligeramente diferente a los
del dibujo) que contenía exactamente lo que Ruth había dicho. No había nada
escrito en el papel. Años antes, mi madre y yo habíamos estado hablando sobre
si creíamos que había vida después de la muerte y le hice prometer que me
contactaría si moría antes que yo. No se me ocurre ninguna explicación lógica
para este suceso, ni tampoco a mi marido, bastante escéptico, lo cual es
asombroso”.
Como
en los ejemplos anteriores, las sincronicidades están estrechamente
relacionadas con los intereses o temas de la vida de la persona, al igual que
las metáforas y símbolos que aparecen en el lenguaje de nuestros últimos días.
La siguiente historia de la hermana de un fotógrafo lo ilustra claramente.
El hermano de Renee, Sean,
era fotógrafo profesional y falleció de cáncer de pulmón a los cuarenta y ocho
años. Tenía un hijo y meses después de la muerte de su padre el niño se
preparaba para celebrar su undécimo cumpleaños. El año anterior, Eugenia, la
madre de Renee y Sean, también había fallecido. Mientras Renee conducía a casa
desde el trabajo, el día del cumpleaños de su sobrino, ella imaginó una
conversación con su madre y hermano,
pidiendo que, de alguna manera, se unieran a la familia para la cena. Momentos
después de que todos los familiares estuvieran a la mesa oyeron un fuerte
estruendo en el piso de arriba. Renée subió corriendo a ver qué había pasado. Una
de las fotografías que había en un estante del pasillo había caído al suelo y
el marco metálico y dos cristales estaban desarmados. La foto estaba boca
abajo. Renée le dio la vuelta. Era una foto de su madre y su hermano. De las
más de treinta fotos que había en el pasillo esta era la única de Sean que
incluía a su madre, Eugenia. En los diez años que Renée llevaba teniendo fotos
en el pasillo ningún marco había caído. Llevó la foto a la mesa del comedor
como símbolo de reencuentro.
Están tocando nuestra canción.
Mucha gente compartió
historias de una canción emblemática que apareció en momentos y lugares
conmovedores. Un ejemplo de esto proviene de Kathleen Stiles:
"Morning Has Broken” era
una de las canciones favoritas de Bob. La cantamos muchas veces, incluido un
servicio religioso de Pascua en Bután. La noche antes de su fallecimiento Bob
estaba prácticamente en coma, sin poder hablar. Uno de sus amigos cercanos
estaba en la habitación con él. Le dije: "Vamos a cantar para ti". Él
respondió: "La, la, la” (cosa que decía a menudo). Le cantamos
"Morning Has Broken” y pusimos la versión de Cat Stevens en un iPhone. A
la mañana siguiente una amiga que tocaba el arpa para pacientes de cuidados
paliativos llamó. No sabía que Bob había fallecido pero dijo que se despertó
sintiendo que debía ir a tocarle la canción.
Meses después de que Bob
falleciera, yo trabajaba en una escuela de inglés para estudiantes
internacionales, donde doy clases. Extrañaba mucho a Bob. Abrí un diccionario y
encontré una vieja copia mimeografiada de la letra de "Morning Has
Broken". Nunca había visto un papel así, y no lo he vuelto a ver. No
existía una máquina tan antigua en la escuela por aquel entonces. Poco más de
un año y medio después fui a una médium/terapeuta de regresión a vidas pasadas
que toca música para ayudar a la gente a abrirse a la experiencia. La primera
canción que sonó fue una versión instrumental de "Morning Has
Broken". Le pregunté si siempre tocaba la misma música. Dijo que no, pero
que toca la canción que le dictan. Incluso el domingo pasado, tuve otra
experiencia con esta canción. Fui a escuchar al médium Hollister Rand hablar y
dar mensajes en la Iglesia Espiritualista de Santa Bárbara. Le dije a Bob que
sería bueno escucharlo allí, aunque siento que lo escucho a menudo por mi
cuenta. No recibí un mensaje hablado del médium, pero el primer himno que
cantamos fue "Morning Has Broken".
Gestalt de Sincronicidades.
Elaine Unell, profesora
jubilada de educación para superdotados, compartió las coincidencias que
ocurrieron antes y después de la muerte de su esposo. Las sincronicidades
crearon una gestalt que formó una narrativa sostenida, similar a las narrativas
metafóricas y simbólicas que vemos en el lenguaje de los moribundos. Algunas
sincronicidades parecen triviales y otras más drásticas. Sin embargo, el efecto
combinado a lo largo de los días previos y posteriores a la muerte de su esposo
fue profundamente significativo y reconfortante para Elaine.
A lo largo de la enfermedad
de su esposo el número 18 adquirió cada vez mayor importancia. Elaine, que es
judía, explicó: “La palabra judía para 18, Chai, significa 'vida', así que
cuando lo ingresaron en la unidad de cuidados intensivos cardíacos y lo
colocaron en la habitación 18 lo tomé como una señal de esperanza”. Cuando un
amigo le preguntó cuál era su número favorito para ponérselo en una camiseta de
los Cardinals, Ron articuló "18". Ron falleció el 18 de septiembre
(9/18). Golfista de toda la vida, Ron solía jugar 9 o 18 hoyos. Durante unos
seis meses, el día 18 de cada mes, a Elaine le parecía que recibía
"señales de él", ya fuera encontrar dinero, verlo y sentirlo en
sueños u otras pequeñas sincronicidades.
Sin embargo, estas
sincronicidades numéricas eran solo el principio. Antes de su muerte, Elaine se
sentaba con él en el hospital y se entretenía con un juego para iPad llamado
Criptogramas. A cada letra se le asigna una letra diferente para representarla,
y luego se escribe una cita con las letras asignadas. El solucionador usa la
lógica y el razonamiento para determinar qué representa cada letra y finalmente
descifra la cita. Las citas se seleccionan al azar de todos los géneros y
épocas. En ese momento en particular, la cita que Elaine estaba resolviendo era
de Sócrates. Elaine me envió una captura de pantalla del criptograma. Había
completado todas las letras menos una. El criptograma (recordemos que está en
inglés) decía: «Ha llegado la hora de partir, y cada uno toma su camino: yo
para morir, y tú para vivir. Lo cual es mejor sólo Dios... (k)nows (ahora)».
La k que pertenece a (knows)
sabe, nunca fue resuelta, pero dio la impresión de que debía leerse
“ahora”, lo que le daba una sensación de inmediatez o, al menos, un doble
sentido.
“Después de ver esto, me
sentí enferma”, explicó Elaine. “Sentí como si recibiera un mensaje de la
Fuente diciéndome que iba a morir. Pero no podía, no quería, permitir que eso
sucediera todavía. Sin embargo, la sensación de que el final se acercaba era
omnipresente, y la cita de Criptograma era una inquietante premonición de
ello”.
En la semana siguiente, el
esposo de Elaine tuvo dos muertes aparentes y regresó para luchar con valentía.
Las máquinas lo mantuvieron respirando y la sangre fluyendo por su cuerpo
mientras se sometía a una docena de cirugías durante los siguientes dos meses y
medio. Elaine esperaba que pudiera recibir un trasplante de corazón, pero una
infección en la cavidad torácica lo impidió. Lo sacaron de la lista de espera
para trasplante de corazón. Explicó: «La opción era dejarlo vivir de esta
horrible, dolorosa y encarcelada manera mecánica, o soltar su cuerpo y liberar el
alma de su forma humana. Esta [liberación] era lo que él deseaba, probablemente
antes de lo que quienes lo amábamos queríamos aceptar. Tuvo la valentía de
darnos esperanzas de recuperación, pero los médicos nos aseguraron que era hora
de dejarlo ir». El 18 de septiembre de 2014 su esposa y sus seres queridos más
cercanos lo rodearon y a las 7 y 32 de la tarde., mientras contemplaban una
triste y hermosa puesta de sol desde su ventana, exhaló su último suspiro.
Mientras Elaine miraba al
horizonte quedó impactada por lo que vio. El sol se ponía tras los rascacielos,
a lo lejos, y el cielo se teñía de amarillos, naranjas y morados. La vista
desde la ventana del hospital era hermosa y reconfortante. Casualmente, (o
quizás, en retrospectiva, un presagio), en mayo de 2014, justo antes de que su
esposo enfermara, ella estaba tomando una clase de pintura al óleo. Mirando
algunas fotos le costaba decidir qué pintar. Entre las imágenes que examinaba
había una de ella y su esposo en un crucero, con el atardecer al fondo. Elaine
me dijo: «Algo me atraía constantemente hacia esa foto. En la foto mirábamos a
la cámara, pero decidí pintarnos en silueta y nos giré como si estuviéramos
viendo el atardecer». Mientras Elaine contemplaba la última escena desde la
ventana de la habitación del hospital la noche de su muerte, le impactó lo
inquietantemente evocadora que era la vista que tenía frente a ella a esa
última pintura.
Con los años, Elaine ha
desarrollado la práctica de la escritura automática y ha recibido muchos
mensajes que parecen provenir del "otro lado". Según su experiencia
con otros fallecidos, las mejores comunicaciones comenzaron dos semanas después
de su fallecimiento. Por ello, dos semanas después de la muerte de Ron comenzó
a pedirle mensajes. Cuando preguntó por el mensaje del Criptograma, estas
fueron las palabras que surgieron:
“Elaine, cuando recibiste
ese mensaje, yo también lo recibí. Nos lo dijeron a ambos al mismo tiempo, de
diferentes maneras. Oí una voz en mi cabeza que me decía precisamente eso, y
estaba bastante seguro de que significaba que iba a morir, pero no quería
creerlo. Tú también recibiste ese mensaje y no querías creerlo, pero era
cierto, y ahora sé y puedo decirte que lo que tengo aquí es mejor que la vida
en forma humana. Todos necesitamos soportar la vida humana para aprender y
crecer para el desarrollo de nuestra alma, pero de este lado hay mucho más de
lo que sabes allá. Todo está bien y como debe ser. No te sientas mal por mí.
Simplemente vive tu vida tan feliz como puedas. Sigue tu buen camino y llegarás
aquí cuando sea el momento adecuado. Eres amada, Ron”. wisto
Escritura automática.
Al igual que Elaine, varias
personas que entrevisté experimentaron mensajes de sus seres queridos mediante
escritura automática. Terri Daniel, en su libro A Swan in Heaven, habla
de los mensajes de la otra vida que recibió de su hijo adolescente, quien se
comunicó telepáticamente con ella después tras su muerte. Danny murió con
dieciséis años después de luchar con un trastorno degenerativo que había
comenzado cuando era activo y saludable niño de siete años. Esa enfermedad lo
transformó en adolescente en silla de
ruedas que precisaba pañales, no podía hablar ni usar las manos. Fue mudo
durante los últimos años de su vida pero una hora después de su muerte comenzó
a "hablar” con su madre. Terri explicó que, como Danny perdió la capacidad
de hablar, sus habilidades telepáticas aumentaron y que esa capacidad continuó
después de su muerte.
Unos catorce días después del
fallecimiento de mi padre una mañana me desperté y escuché su voz con la misma
claridad que cuando estaba vivo. Me dijo: «Por favor, escribe este poema y
dáselo a tu madre». Mi padre, poeta, recitó este primer poema de lo que serían
más de treinta poemas en dos años:
Porque siempre te escucharé.
Incluso
en el cielo
ninguna
luz brilla
tanto como Susan.
El
cosmos canta para ti
a
medida que pasan los días,
y me
convierto en las montañas
con su
anhelo por la primavera
después de largos inviernos nevados.
Estamos
casados para siempre,
como un
barco al puerto,
Incluso
mientras navego
este vasto mar de galaxia;
siempre
eres mía, amada
Susana,
y los
poemas te llaman más allá
de las
costuras de los ángeles
a tus lágrimas rotas.
No
llores demasiado tiempo.
Deja
que esa risa de tu amor
ilumine
los
cielos, porque yo
siempre
te escucharé.
Transcribir sus últimas
palabras me ofreció una manera de adentrarme en el mundo de mi padre y seguirlo
más allá, de donde surgieron sus poemas. Al hacerlo, sentí lo que el gran
compositor Johann Sebastian Bach expresó en sus últimas palabras a su esposa:
«No llores por mí, voy a donde nace la música».
Nunca imaginé que mientras
mi padre agonizaba podría sentirme tan cerca de él y de la Fuente; más cerca
que nunca en esos últimos días y horas. Y lo que me sorprende ahora es que su
voz y su presencia siguen conmigo, de maneras que jamás imaginé posibles, sobre
todo considerando lo escéptico que era mi padre. Esta conexión comenzó mientras
él agonizaba y yo seguía sus últimas palabras.
Experiencias de muerte compartida.
Uno de los recuerdos más
vívidos que tengo de las últimas semanas de mi padre fue despertarme en mitad
de la noche en mi casa, que estaba a una hora en coche. Miré el reloj digital
con sus números rojos brillando en la oscuridad: marcaba las 3 y cuarto. Sentí
como si la habitación estuviera llena de gente. Susurré a mi marido:
"¿Sientes algo?". Entonces vi remolinos de energía y sentí como si
mis abuelas estuvieran allí. "Creo que mi padre está muriendo". Dije:
"Algo está pasando". Mi marido dijo: “Tu mamá te llamará si pasa
algo. Vuelve a dormir”.
Cuando fui a visitar a mi
padre al día siguiente pregunté a mi madre cómo iba todo. Me dijo: «Qué cosa
más rara. Tu padre se despertó a las 3 y cuarto y empezó a hablar de toda la
gente que había en la habitación. Dijo algo sobre que la habitación estaba tan
llena que no tuvo tiempo de hablar con toda esa gente». ¡Qué extraordinario!
Fue como si, de alguna manera, él y yo compartiéramos una experiencia fuera del
tiempo y el lugar habituales. Aprendí que una experiencia como esta se llama experiencia
de muerte compartida, un término acuñado por Raymond Moody.
Mi padre y yo conectamos en
esa experiencia. Y gracias a esa conexión, escuchar su voz recitándome poemas
después de su muerte me resultó muy natural. Por qué algunos conectamos con
nuestros seres queridos durante el proceso de morir, e incluso después, es un
misterio que William Peters, terapeuta matrimonial y familiar, fundador del Proyecto Cruces Compartidas, ha abordado
en sus talleres.
Shared Crossings trabaja con familias y personas para enseñar sobre las experiencias
profundas y sanadoras que se pueden experimentar durante el proceso de morir,
con especial atención a cómo las personas pueden lograr una mayor conexión con
sus seres queridos al cruzar el umbral. Peters me explicó que al acompañar a
los moribundos a menudo podemos tener profundas experiencias espirituales.
Familiares y amigos pueden presenciar cambios únicos en la habitación de la
persona moribunda; por ejemplo, sentir o ver una luz, calor, niebla u otras
cosas raras, o experimentar comunicación telepática con un ser querido o sentir
la presencia de lo invisible en la habitación.
Como muchos han expresado en
este capítulo, a través del proceso de morir podemos experimentar una fuerte
conexión no solo con nuestros seres queridos, sino también con la Fuente.
Peters explica que existe un vórtice de energía asociado con la muerte y el
morir, similar a la energía cargada que muchas personas sienten en una
habitación donde acaba de nacer un niño. Habló sobre la poderosa energía de ese
vórtice y cómo, a menudo, aquellos que aprenden a sintonizarse con las energías
de la muerte y el morir no sólo crean relaciones más profundas con sus seres
queridos sino que también obtienen una mayor percepción y comprensión
espiritual que puede aliviar el dolor y el miedo asociados con el final de la
vida. Peters dice que este proceso de alineación permite a los seres queridos
"entrar en el vórtice que parece abrirse al morir". Esta fue
claramente mi experiencia y la de tantos otros que compartieron conmigo sus
palabras e historias de los últimos días de sus seres queridos, incluso de los
momentos durante y después de la muerte.
Muchas de las personas que
entrevisté compartieron conmigo el conocimiento de que alguien a quien amaban,
y que había fallecido, seguía con ellos. Estas historias vienen de personas de
todos los ámbitos (sociales, culturales) que sienten que la comunicación
después de la muerte elevaba su espíritu y brinda una conexión más profunda con
lo Divino y con sus seres queridos. Si comunicaciones como estas fueran solo
fruto de la imaginación podemos preguntarnos si tendrían la profunda capacidad
de consolarnos, animarnos y ofrecernos tanta comprensión y sabiduría, y si
veríamos tantas sincronicidades, tantas experiencias compartidas a kilómetros y
horas de distancia.
CONCLUSIÓN. Escuchar es curativo. Algunas
palabras finales.
¿Qué podría verse desde el
umbral? ¿Y qué palabras dirás al contemplarlo? Todos algún día pronunciaremos,
pensaremos o soñaremos nuestras últimas palabras. Y la mayoría algún día
estaremos junto a la cama de alguien que lo hará. Para quienes vivimos lo que
existe más allá del umbral es un misterio, como lo fue para todos los que nos
precedieron.
Relatos únicos y convincentes.
En este trabajo titulado LO DICHO CAMINO DEL NICHO Palabras en
el Umbral de la Muerte, analizo los patrones que encontré en las más de mil
quinientas expresiones registradas en el Proyecto
Palabras Finales. En su mayoría encontré patrones y temas agrupados, con
algunas excepciones fascinantes. Estas excepciones provienen de fuentes
confiables, así que la pregunta es: ¿por qué surgieron tan pocas a través de la
investigación? Sin embargo, vale la pena mencionarlas aquí, ya que abren la
posibilidad de una mayor investigación y mayor respaldo a la noción de la
supervivencia de la consciencia, particularmente en lo que respecta a vidas
pasadas.
La reencarnación surge
repetidamente en los relatos de quienes han tenido experiencias cercanas a la
muerte, pero solo aparecen rastros de ella en las transcripciones del Proyecto Palabras Finales. Este relato
que me envió Charles Griffin, autor de Darwin Plus!, fue el más
conmovedor:
“Lo más cerca que he estado
de una prueba directa de la reencarnación fue durante una conversación con un religioso
congregacionalista que me contó haber presenciado muchas veces a moribundas
afirmar ver "la luz” antes de fallecer definitivamente. Este religioso me
contó que estaba oficiando en el lecho
de muerte de un hombre de veintidós años cuando ésste comenzó a desfallecer y
diijo, sin venir a cuento: "Acordamos veintidós años esta vez". El oficiante
hizo la pregunta obvia: "¿Con quién acordamos?". Pero el joven no
dijo nada más y se desvaneció. El ministro estaba seguro de que "esta vez”
implicaba "otras veces", lo que solo podía significar "otras
vidas". Esto fue un shock para el religioso, al igual que los datos del
"acuerdo” y los "veintidós años".
A
esto se suman varios casos en los que las personas describieron a seres
queridos moribundos hablando los idiomas de su infancia o de su tierra natal.
Un puñado de informes del Proyecto Palabras
Finales involucraban a personas que hablaban el idioma extranjero de su
infancia, incluso si habían pasado décadas desde que lo habían hablado. El ejemplo
más convincente fue un correo electrónico que recibí de Melissa: «Mi madre me
contó sobre su hermana, que murió cuando solo tenía diez años. Cuando estaba
muriendo señaló detrás de mi madre y dijo: '¡Mira a ese hombre tan guapo detrás
de ti!'. Entonces empezó a hablar en otro idioma que nadie reconoció».
Quedan muchas preguntas
intrigantes sobre el lenguaje, la cognición y la conciencia al final de la
vida. Entre ellas se encuentran las que se refieren al análisis
interlingüístico de las palabras finales. ¿Algunos de los patrones que he
analizado en LO DICHO CAMINO DEL NICHO
son específicos únicamente del inglés? ¿Veremos los mismos patrones en otros
idiomas?
Maggie La Tourelle, autora
de The Gift of Alzheimer’s (El don del Alzheimer), detectó muchas similitudes
entre los patrones de habla de su madre, que padecía Alzheimer, y los de las
personas cuyas palabras se registraron en el Proyecto Palabras Finales. Maggie me escribió un correo electrónico
sugiriendo que quizás el Alzheimer sea una especie de proceso de muerte
prolongado en el que aparecen los mismos cambios en el lenguaje, pero durante
un período más largo. La investigación sobre los paralelismos entre el lenguaje
del final de la vida y el del Alzheimer puede resultar un área de investigación
fructífera, al igual que la investigación sobre el lenguaje del autismo, las
enfermedades mentales y los estados alterados. El lenguaje en el umbral de la
experiencia humana en diversos contextos ofrecería muchas oportunidades para
comprender mejor quiénes somos y qué es la conciencia.
Siguiendo el camino de las palabras finales.
A juzgar por la
investigación informal del Proyecto Palabras
Finales, parece que quienes somos en la vida es quienes somos en la muerte;
cruzamos el umbral con los símbolos, metáforas y significados de nuestra
narrativa de vida y entramos en otra dimensión, o forma de ver, a medida que
nuestro lenguaje da paso a una expresión cada vez más figurativa y sin sentido.
Al honrar el lenguaje del
final de la vida, incluso el que nos resulta ininteligible, podemos honrar
mejor a nuestros seres queridos en sus últimos días y, en última instancia,
comprender mejor los procesos cognitivos asociados con la muerte. Al hacerlo,
desarrollaremos relaciones más profundas con ellos y recuerdos más significativos,
así como posibles respuestas a nuestras preguntas sobre el más allá.
LO DICHO CAMINO DEL NICHO: Palabras en el Umbral de la Muerte, demuestra
que escribir las palabras de nuestro ser querido, sus últimas palabras, pueden
generar comprensión y sensación de sintonía con esa persona. Mediante ejemplos
de metáforas de lo trascendental, los moribundos a menudo nos hacen saber que
la muerte está cerca al hablar de una ocasión importante o un momento
trascendental que se aproxima, a menudo usando símbolos relacionados con sus
vidas. También escuchamos metáforas asociadas con viajar o partir, y los datos
indican que estas metáforas suelen tener una influencia externa. Es decir,
generalmente, los moribundos hablan de vehículos de transporte en espera; algo
externo que los lleva lejos.
La investigación informal
del Proyecto Palabras Finales, así
como las investigaciones más rigurosas realizadas en décadas pasadas y
presentes, indican que las personas ven y se comunican con quienes fallecieron
antes que ellas. Y cuando lo hacen una profunda paz suele acompañar estas
visiones y apariciones, que suelen ser diferentes a las alucinaciones asociadas
con la medicación.
Espero que LO DICHO CAMINO DEL NICHO Palabras en
el Umbral de la Muerte te haya inspirado a ver cómo el lenguaje al final de
la vida puede ser más que una simple y confusa "ensalada de
palabras". En muchos casos, las formas lingüísticas que encontramos son
más complejas que las de las personas sanas comunes. Podemos escuchar metáforas
y símbolos sofisticados, muy similares a los que registró un individuo:
"Le costaba hablar incluso mientras perdía el habla, y sus frases salían
lentamente, como poesía deshilachada. Llamaba a la lámpara junto a su cama la
'cosa conectada. al sol'. Se preguntaba cómo podía estar en miércoles mientras
yo estaba en martes".
Las imágenes que emergen en
las voces de los moribundos suelen ser coherentes con las personalidades e
historias de vida de quienes las describen, y esas imágenes a veces evolucionan
durante días o incluso semanas en narrativas sostenidas. Podemos encontrar
repeticiones fascinantes y complejas, como "tanto dolor”, o, "¿cuánto
más se amplía esto?". Podemos escuchar un discurso paradójico o lenguaje
híbrido en el que parece que la persona que amamos se encuentra entre dos
mundos, como cuando alguien pide sus gafas para ver mejor el paisaje que se
despliega ante él. Podemos ver notables oleadas de claridad justo cuando parece
que nuestro ser querido se desvanece para siempre en la oscuridad. Estas son
algunas de las cualidades notables del lenguaje de los moribundos que puedes
descubrir cuando estés sentado junto a su cama o te encuentres en el umbral de
la vida. Quizás hayas sido, o quizás algún día seas, testigo de una lucidez
repentina.
Podemos escuchar palabras de
consciencia elevada o única, peticiones de perdón y reconciliación, o compartir
experiencias de muerte en las que parecemos salir de las restricciones
habituales del tiempo y el espacio y conectarnos más plenamente con nuestro ser
querido. Algunos podemos tener comunicaciones telepáticas o simbólicas
inusuales, diferentes a las que hayamos experimentado antes. Otros pueden notar
las múltiples maneras en que nuestros seres queridos nos dicen que la muerte
está cerca, como cuando mi padre anunció que los ángeles le dijeron que solo le
quedaban tres días.
Parece que a medida que nos
acercamos a la muerte las áreas del cerebro, asociadas con el pensamiento
literal y el lenguaje, producen una nueva forma de hablar y pensar. Este cambio
puede representar un movimiento mayor desde esta dimensión hacia otra, o al
menos hacia otra forma de pensar, sentir y ser. Cuando observamos las
expresiones de los moribundos vemos que el lenguaje a menudo forma un continuo,
y este continuo parece correlacionarse con la función cerebral. El continuo
abarca el lenguaje literal, figurativo e ininteligible, y finalmente la
comunicación no verbal e incluso telepática. El lenguaje literal es el lenguaje
de la realidad ordinaria, los cinco sentidos; es un lenguaje intencional e
inteligible. Los escáneres cerebrales revelan que el lenguaje literal como
"esa silla de allí tiene cuatro patas marrones y un cojín blanco” involucra
el hemisferio izquierdo. El hemisferio izquierdo alberga las regiones que
tradicionalmente se consideran los centros del habla.
Sin embargo, los resultados
son diferentes cuando las personas hablan metafóricamente. Una frase como «la
silla de allí parece un koala» involucra tanto el hemisferio izquierdo como el
derecho. El derecho se ha asociado tradicionalmente con los aspectos más
inefables de la vida: la música, las artes visuales y la espiritualidad. Las
metáforas parecen ser un puente entre ambos hemisferios y quizás dos estados de
ser diferentes.
Descubrimientos recientes y
tempranos sobre el lenguaje sin sentido revelan que podría estar asociado con
partes del cerebro no asociadas con el lenguaje con propósito, y que podría
estar más estrechamente relacionado con la música y los estados místicos. Hablar
sinsentido o galimatías podría parecerse más a la música, ya que depende en
gran medida de los ritmos y sonidos del lenguaje más que de sus significados.
Parece que las mismas reducciones que observamos en la función cerebral al
final de la vida podrían correlacionarse tanto con el lenguaje sin sentido como
con estados transpersonales y místicos.
Un nuevo sentido trascendental.
Tal vez estamos programados
para la experiencia trascendental al final de la vida. Muchos sobrevivientes de
experiencias cercanas a la muerte han dicho que, al morir, entraron en un mundo
sin espacio ni tiempo. El lenguaje de los moribundos también parece indicar
cambios de orientación. Recordemos las frases que indican movimiento y
desplazamiento, como "ayúdame a bajar de aquí", que provenían de
personas que estaban relativamente inmóviles en la cama. Este lenguaje parece
indicar que la percepción que las personas tienen de sí mismas en el espacio
cambia significativamente; y, en consecuencia, también lo hace el uso de
preposiciones (esas pequeñas palabras que describen la posición).
Al morir, la mayoría nos
alejamos del lenguaje sensorial de la realidad literal y nos acercamos a una
consciencia más absurda, no sensorial o incluso multisensorial. Los patrones de
lenguaje de quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte siguen una
trayectoria muy similar.
Esta nueva conciencia puede
estar relacionada con lo que Kenneth Ring y Sharon Cooper, autores de Mindsight,
llaman “conciencia trascendental ”. Acuñaron este término cuando investigaban
la experiencia cercana a la muerte, experiencias extracorporales de personas
ciegas. La mayoría de los participantes del estudio, incluso aquellos ciegos de
nacimiento, describieron poder ver durante sus experiencias extracorporales y
las cercanas a la muerte. En algunos casos describieron detalles como el color
y los estampados de la corbata de un médico, la nevada que caía por la ventana
o las características físicas de personal médico específico, familiares y sus
propios cuerpos "debajo". Estos detalles fueron corroborados por
otros durante la investigación. Los participantes explicaron que durante sus
experiencias extracorpóreas y cercanas a la muerte pudieron ver como nunca
antes, ni en vigilia o sueños.
Al explorar la noción de
visión de los participantes durante estas experiencias, Ring y Cooper
descubrieron que sus percepciones eran, en realidad, sinestésicas. Los
participantes ciegos que experimentaron ECM en el estudio describieron ver, oír
y sentir a la vez, y llamaron a este tipo de percepción "conciencia
trascendental". Es posible, entonces que, al morir, nos alejemos de
nuestra percepción sensorial habitual hacia algo diferente, algo que realmente
incluya todos los sentidos a la vez.
Esta percepción integrada
también podría estar relacionada con los hallazgos que Madelaine Lawrence
analiza en su libro “En un mundo propio". Los supervivientes del
coma informaron haber experimentado comunicación telepática, una consciencia
sensorial y energética continua y una mayor sintonía emocional. Lawrence
informa que, a medida que disminuye el funcionamiento físico de las personas,
estas experimentan con frecuencia un aumento de la percepción y la consciencia
extrasensorial.
Quizás los cambios en el
lenguaje que observamos al final de la vida formen parte del proceso de
desarrollo de un nuevo sentido, no del sinsentido. Este nuevo sentido es la
conciencia trascendental descrita por los participantes en el estudio de Ring y
Cooper y otras personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte y
extracorporales. ¿Existe otra dimensión, un nuevo sentido trascendental
? Quienes han muerto y regresado nos dicen que no dudan de que algo existe más allá
del umbral. Las últimas palabras podrían ser, de hecho, las huellas que nos
llevarán a comprender mejor los caminos que recorren los moribundos.
Escuchar es curativo.
Espero que LO DICHO CAMINO
DEL NICHO: Palabras en el Umbral de la Muerte ofrezca una perspectiva de
las expresiones, a veces incomprensibles, de quienes se encuentran al final de
la vida, y que les proporcione un vocabulario para hablar no solo sobre la
muerte sino, también, sobre la conciencia. Al ser testigos del lenguaje de los
moribundos se nos invita a viajar con nuestros seres queridos hacia nuevos
territorios.
Cuando te sientes al lado
del moribundo, abre tu corazón.
Y recuerda que escuchar es
sanador. Al escuchar con atención quizá descubras que tus seres queridos te
ofrecen comprensión y consuelo, incluso con palabras que, al principio, podrían
resultar desconcertantes.
Cuanto más cómodos estemos
con el lenguaje del umbral mayor consuelo podremos brindar a los que están
muriendo y a todos los seres queridos de nuestros seres queridos.
Pregunté a Stephen Jones,
del Centro de Paliativos de Santa Bárbara, si podía compartir su sabiduría
sobre cómo comunicarse con quienes están en el umbral de la muerte. Me escribió
para decirme: «Los moribundos necesitan que seamos oyentes excepcionales para
ser comprendidos. El lenguaje de los moribundos se comprende mejor cuando se
recibe con el corazón. Cada sílaba es sagrada y debe recibirse como un regalo».
En efecto, fueron recibidas.
Y aquí, querido padre, te
son devueltas, multiplicadas.
EXPRESIONES
DE GRATITUD.
Se necesita un pueblo para
que nazca un libro.
Este libro fue concebido con
el apoyo incondicional de muchas personas, entre ellas William Taegel, Judith
Yost, Jim Garrison y Jim Van Overshelde, quienes ofrecieron un enfoque
académico que no excluía la vida espiritual y me presentaron a Raymond Moody.
La sabia y mesurada contribución de Carolyn Atkinson, mi asesora de tesis, guió
este trabajo de muchas más maneras de las que jamás hubiera imaginado.
Un agradecimiento especial a
Geoffrey Leigh, cuya música e investigación abrieron nuevos caminos en mi vida
y mi trabajo. Desde el inicio del proyecto, Claire Joy confirmó mi anhelo por
comprender mejor las últimas palabras de mi padre, se mantuvo en contacto
conmigo a través de la distancia y me animó a presentar la propuesta de este
libro en las oficinas de la Biblioteca del Nuevo Mundo.
También estoy profundamente
agradecido a quienes apoyaron el libro en sus etapas más frágiles y
embrionarias. Erica Goldblatt Hyatt, del Bryn Athyn College, me abrió las
puertas de su hogar académico, me brindó otras bondades y compartió su energía
apasionada y...Perspectivas. También agradezco profundamente a la administración
y al profesorado del Bryn Athyn College por todo lo que hicieron para apoyar la
investigación sobre las comunicaciones de los moribundos. Gracias a Amy
Cavanaugh, quien fue una de las primeras en impulsar la idea del Proyecto Palabras Finales y quien viajó
kilómetros, varias veces, para acompañarme y ofrecerme consejos. Isabelle
Chauffeton Saavedra apoyó esta investigación de muchas maneras, grandes y
pequeñas.
Con tierna generosidad, Winn
Mallard compartió conmigo las últimas palabras de su padre, y su comprensión de
la muerte, el morir y el espíritu impulsó mi trabajo. Estaré eternamente
agradecida por su amabilidad, especialmente al ser recién llegada a Georgia.
También agradezco a otras mujeres maravillosas de Athens, Georgia: Shannon
Willis, Elizabeth Alder, Ellen Bleier y Jill Hartmann-Roberts, quienes me
recibieron con un corazón enorme y los brazos abiertos, y especialmente a Kelli
McConnell, quien compartió mi admiración por esos magníficos búhos.
Mi agradecimiento a aquellos
cuyas palabras y relatos están incorporados en Palabras en el Umbral de la
Muerte, incluidos los investigadores y proveedores de atención médica cuyo
compromiso con los moribundos y sus familias me conmovió profundamente.
Gracias a Georgia Hughes de
la Biblioteca New World y a la correctora Bonita Hurd. Sus expertas sugerencias
honraron profundamente mi voz y mis ideas. También agradezco al personal de
California Library Literacy Services, incluyendo a Linda Sakamoto-Jahnke, Ben
Ocón, Lisa Dale, Carol Stults, Donya Sultani, Karen Gardner y otros que
hicieron posible la logística de escribir este libro.
Finalmente, agradezco a mis
seres queridos que han estado presentes durante el surgimiento de este libro.
Mi amor eterno para mi madre, Susan, y mi esposo, John, quienes nunca me
cuestionaron cuando dejé atrás un trabajo estable y una vida en California para
mudarme a Georgia y dedicarme a la investigación de mis últimas palabras.
Agradezco enormemente el apoyo incondicional de mi madre y su capacidad para
seguir asombrada sin importar lo que la vida me depare. Este libro nunca se
habría escrito sin el gran sentido del humor de mi esposo, sus abrazos
incondicionales, su convicción de la importancia de la indagación y su
disposición a vivir con humildad. Mi profunda gratitud va dirigida a mi hija
Eliana, quien, a los dieciocho años, tuvo el coraje de vivir sola en la Costa
Oeste mientras yo me mudaba al Este. Estoy profundamente agradecida por el
apoyo que me brindó mientras me disponía a investigar las preguntas que surgieron
tras las últimas conversaciones de su abuelo. Mi más sincera gratitud a mis
queridos amigos Renée Kirk y Kevin Nierman: nuestra amistad ha resistido
décadas y pérdidas. Sus perspectivas, reflexiones y amor han inspirado mi vida
y este libro.
Y por supuesto, gran
agradecimiento a Raymond Moody y a su esposa, Cheryl, quienes me abrieron sus
puertas y corazones mientras compartíamos la alegría por el lenguaje y la
fascinación por el mundo que vive en el umbral.
Y por último, gracias a mi
padre y a todos mis antepasados, quienes me enseñaron que el portal que se
ensancha nos quita la vida, pero también la hace surgir. El recuerdo de mi
padre y el de mis abuelos guiaron y apoyaron esta labor.
Todas estas personas, vivas
y en espíritu, se encuentran entre quienes hicieron posible LO DICHO CAMINO DEL NICHO Palabras en el
Umbral de la Muerte . Estoy seguro de que hay muchas otras cuyo nombre no
se menciona. Les ofrezco mi amor y mi más profunda gratitud a todas ellas.
NOTAS
Capítulo uno:
Transcripción del misterio
Página 10 “Esa semana antes de que Roger falleciera” : Chris Jones, “La muerte de Roger Ebert”, Esquire,
24 de diciembre de 2013, 3.
Página 11 “He llegado a
apreciar la dificultad” : Ray Robinson, comp., Famous Last Words: Fond
Farewells, Deathbed Diatribes, and Exclamations upon Expiration (Nueva
York: Workman, 2003), x.
Página 14 “¿Cuál es la
respuesta?” : Elizabeth Sprigge, Gertrude Stein: Her Life, Her Work (Nueva
York: Harper and Bros., 1957 ), 265.
Página 18 Bandler y Grinder
descubrieron : Richard Bandler y John Grinder, The Structure of Magic I: A Book
about Language and Therapy (Palo Alto, CA: Science and Behavior Books,
1975), 23. Bandler y Grinder desarrollaron
la programación neurolingüística, que ha sido criticada por su enfoque poco
investigado y no científico; sin embargo, su modelo para construir relaciones a
través de sistemas de representación coincidentes se ha aplicado de manera
efectiva en psicología, publicidad y educación.
Capítulo dos: No hay palabras para describirlo
Página 27 “Investigación previa sobre imágenes cerebrales” : Tori Rodríguez, “Estudio: Las metáforas pueden
decidir”, Salon.com, 10 de diciembre de 2013,www.salon.com/2013/12/10/study_metaphors_can_make_up_your_mind_partner/ . Este artículo se publicó originalmente en Scientific
American.
Página 28 “la mente se desplaza desde una dimensión inteligible” : Raymond Moody, “Making Sense of Nonsense”(manuscrito
inédito, 2013), 36.
Página 34 “Ahora bien, ahí tengo un verdadero problema” : Raymond Moody, Life After Life (Covington,
GA: Mockingbird Books, 1975), 34.
Página 35 “efectos especiales del lenguaje” : Moody, “Making Sense of Nonsense”, 90.
Página 36 De ellos, el 80 por ciento describió : Kenneth Ring y Sharon Cooper, Mindsight (Palo
Alto, CA: Centro William James para Estudios de la Conciencia en el Instituto
de Psicología Transpersonal, 1999), 12.
Página 36 la frase vida
después de la muerte en sí misma viola : Moody, “Making Sense of Nonsense”, 190.
Página 37 no sólo paradójica sino también “no lingüística” : Conversaciones más allá de la prueba del cielo,
dirigida por David Hinshaw (Atlanta, GA: Mudpuppy Productions, 2013), DVD.
Página 39 “Como persona en la experiencia transpersonal” : Madelaine Lawrence, The Death View Revolution
(Hove, Reino Unido: White Crow Books, 2014), 195.
Capítulo tres: Metáforas de lo trascendental
Página 43 “Entonces su mano derecha comienza a moverse” : Leo Holder, “Remembrances: The Impromptu Dance”,
National Public Radio, 9 de octubre de 2014, www.npr.com .
Página 43 “Mientras estaba en la puerta”: Douglas C.
Smith, Caregiving (Nueva York: Macmillan, 1997), 154–55.
Página 46 “Cada uno de nosotros tiene su propio conjunto”: Kelly
Bulkeley y Patricia Bulkley, Dreaming beyond Death (Boston, MA: Beacon
Press, 2005), 16.
Página 46 “la mente es un
objeto frágil”: George Lakoff, Metaphors We Live By (Chicago: University of
Chicago Press, 2003), 27–28.
Página 49 “Combatir la enfermedad y vencerla”: Proyecto
Metáfora en Cuidados al Final de la Vida, julio de 2015, ucrel.lancs.ac.uk/melc/background.php, consultado en mayo de 2016.
Página 50 “¿Qué mejor imagen?”: Robert J. Hoss, correo
electrónico al autor, 29 de octubre de 2015.
Página 51 “Cuando un chamán viaja”: Mandy Peat,
correo electrónico al autor, 4 de noviembre de 2015.
Capítulo cuatro: Os dejo con estas palabras
Página 56 La metáfora de la muerte como un viaje : Richard
Smith y Nataly Kelly, “Intentos globales de evitar hablar directamente sobre la
muerte y el morir”, BMJ Group Blog, 16 de agosto de 2012, blogs.bmj.com/bmj/2012/08/16/richard-smith-and-nataly-kelly-global-attempts-to-avoid-talking-directly-about-death-and-dying .
Página 57 “Vuelvo a navegar de noche”: Kelly
Bulkeley y Patricia Bulkley, Dreaming beyond Death (Boston, MA: Beacon
Press, 2005), 3.
Página 58 confirmado por un estudio de 2014 : CW Kerr, JP
Donnelly, ST Wright, SM Kuszczak, A. Banas, PC Grant y DL Luczkiewicz, “Sueños
y visiones al final de la vida: un estudio longitudinal de las experiencias de
los pacientes de cuidados paliativos”, Journal of Palliative Medicine
17, no. 3 (marzo de 2014): 296.
Página 58 “Lo primero es lo tranquilo, lo directo”: Van
Bronkhorst analiza las opiniones de Marie-Louise von Franz basadas en su
trabajo clínico con moribundos, en Jeanne Van Bronkhorst, Dreams at the
Threshold (Woodbury, MN: Llewellyn, 2015), 58.
Página 59 “Es así en cada cruce”: Donald
Miller, A Million Miles in a Thousand Years (Nashville, TN: Thomas
Nelson, 2009), 182.
Página 60 las últimas palabras de 407 presos condenados a muerte : Sarah Griffiths,
“Una perspectiva única sobre las mentes de los presos condenados a muerte: las
declaraciones finales de los condenados revelan que sus últimas palabras suelen
ser positivas”, Daily Mail Online, 5 de febrero de 2016, www.dailymail.co.uk/sciencetech/article-3431434/A-unique-insight-minds-death-row-inmates-Final-statements-condemned-reveal-words-usually-POSITIVE.html .
Capítulo cinco: Repetición, repetición, repetición
Página 69 “La repetición es hipnótica”: Adam Eason,
“El uso de la repetición en la hipnosis y la hipnoterapia”, 13 de abril de
2011, www.adam-eason.com/using-repetition-in-hypnosis-and-hypnotherapy .
Página 73 “la música ocurre en el tiempo”: Elizabeth
Hellmuth Margulis, “On Repeat: How Music Plays the Mind”, sin fecha, www.elizabethmargulis.com/on-repeat, consultado el 20 de febrero de 2016.
Capítulo Seis: ¿Un sinsentido o un nuevo sentido?
Página 90 “La fuerza del rayo”: Tony Ciccoria y Jordan
Ciccoria, “Cómo sentirse cómodo con las experiencias cercanas a la muerte”, Missouri
Medicine (agosto de 2014): 304, énfasis añadido.
Página 90 “El cuerpo que estaba en la cama”: Kenneth Ring
y Sharon Cooper, Mindsight (Palo Alto, CA: Centro William James para
Estudios de la Conciencia en el Instituto de Psicología Transpersonal, 1999),
38.
Página 92 ”yendo y viniendo a través del umbral de la puerta
” : Jalal al-Din Rumi, The
Essential Rumi, trad. de Coleman Barks y John Moyne (Nueva York: HarperOne,
2004), 36.
Página 96 “Lo siguiente que recuerdo fueron mis hijos”: Madelaine
Lawrence, In a World of Their Own (Westport, CT: Bergin y Garvey, 1997),
41.
Página 97 “oscuridad deslumbrante” : William James, William James: Escritos,
1902–1910: Las variedades de la experiencia religiosa / Pragmatismo / Un
universo pluralista / El significado de la verdad / Algunos problemas de la
filosofía / Ensayos (Nueva York: Biblioteca de América, 1988), 379.
Página 97 “Nos deleitamos con las tonterías”: Moody,
“Making Sense of Nonsense”(manuscrito inédito, 2013), 7.
Página 98 lo que Will Taegel llama “trans-sentido”: Will Taegel,
en conversaciones con Raymond Moody (Grecia, octubre de 2010) y Lisa Smartt
(mayo de 2012) y “Cuestiones de vida y muerte”(conferencia, Wisdom University,
Anniston, AL, 14 de mayo de 2012).
Página 99 Los investigadores compararon exploraciones cerebrales
de individuos : Ron Philipchalk y Dieter Mueller, “Glossolalia y
cambio de temperatura en los hemisferios cerebrales derecho e izquierdo”, International
Journal for the Psychology of Religion 10, no. 3 (2000): 181.
Página 99 “Normalmente cuando hablas y escuchas”: Andrew
Newberg y Mark Robert Waldman, How Enlightenment Changes Your Brain
(Londres: Hay House, 2016), 110.
Página 100
aquellos cuyas experiencias psicodélicas : Eben
Alexander, “Estudios convincentes sobre las drogas y la conciencia”, junio de
2016, www.ebenalexander.com/compelling-studies-on-drugs-and-consciousness .
Página 100
“Mientras mi neocórtex fue destruido”: Ibid.
Página 102
ha identificado setenta tipos : Moody,
“Making Sense of Nonsense”, 26.
Capítulo Siete: Palabras entre los Mundos
Página 105
“La luz me mostró el mundo”: Kenneth Ring
y Evelyn Elsasser, Lecciones de la luz: lo que podemos aprender de la
experiencia cercana a la muerte (Needham, MA: Moment Point Press, 2006),
45.
Página 109
“Al principio parecía que no había heridos graves”: Paul Luvera,
“La extraña muerte de Sam Kinison”, Paul Luvera Journal, 30 de noviembre
de 2019.2009, www.paulluvera.com/weblog/2009/11/la-extrana-muerte-de-sam-kinison .
Página 113
“se estaba muriendo de cáncer de hígado terminal”: Madelaine
Lawrence, The Death View Revolution (Hove, Reino Unido: White Crow
Books, 2014), 94.
Página 115
“el miedo de una persona a la muerte a menudo disminuye”: CW Kerr, JP
Donnelly, ST Wright, SM Kuszczak, A. Banas, PC Grant y DL Luczkiewicz, “Sueños
y visiones al final de la vida: un estudio longitudinal de las experiencias de
los pacientes de cuidados paliativos”, Journal of Palliative Medicine
17, no. 3 (marzo de 2014): 296.
Página 115
“Alucinaciones y visiones”: “Qué esperar
cuando su ser querido se está muriendo”, revisado por la Dra. Laura J. Martin,
WebMD, 31 de julio de 2016, www.webmd.com/palliative-care/journeys-end-active-dying .
Página 119
“Después de años de tratamientos fallidos, aceptó”: Carl Zimmer
citado por Michael Zhang, “El ojo humano puede ver en ultravioleta cuando se
retira el cristalino”, PetaPixel, 17 de abril de 2012, www.petapixel.com/2012/04/17/the-human-eye-can-see-in-ultraviolet-when-the-lens-is-removed .
Capítulo ocho: Canciones de cuna y despedidas
Página 122
De los 800 fonemas potenciales, el del bebé : Patricia K. Kuhl, “Baby Talk”, Scientific
American (noviembre de 2015): 64.
Página 123
Los padres y los bebés se comunican enérgicamente : Geoffrey
Leigh, Jean Metzker y Nathan Metzker, “Teoría de la esencia: reconceptualizar
nuestra visión de los niños”(artículo de revista inédito, Universidad de
Nevada, 2012), 50.
Página 125
“Quizás sean nuestros niños quienes nos enseñen”: Ibid., 50.
Página 126
“A medida que mis habilidades telepáticas aumentaban”: Terri
Daniel, Un cisne en el cielo (Portland, OR: First House Press, 2008), 1.
Página 128
Los humanos tienen una capacidad innata para comprender
las formas : Jandy Jeppson, con Judith A. Myers-Walls, “Shapes”, Purdue
University Parent-Provider Partnership, www.extension.purdue.edu/providerparent/child%20growth-development/Shapes.htm, consultado el 10 de julio de 2016.
Página 132
El 27 por ciento escuchó, entendió y respondió
emocionalmente : Madelaine Lawrence, In a World of Their Own
(Westport, CT: Bergin y Garvey, 1997), 6.
Página 132
“Si alguien me preguntara, juraría”: Ibíd., 64.
Página 132
“Fue muy extraño”: Ibid., 63.
Página 133
“La audición no es lo último en desaparecer”: Ibid., 76.
Página 133
“Yo también sabía que había una relación amorosa”: Ibid., 42.
Página 133
“Dígale a la enfermera quién dijo”: Ibid., 41.
Página 133
“Cuando el sistema del cuerpo físico está comprometido”: Ibid., 154.
Página 139
La cognición normal, o lucidez, ocurre : “Alexander Batthyany-Datos preliminares
2014”, 23 de julio de 2015, www.youtube.com/watch?v=Et0AwKSWwsw, consultado en mayo de 2016.
Página 140
“Sé por experiencia que”: Melinda
Ziemer, “Atención al final de la vida: la espiritualidad de vivir al morir”, Royal
College of Psychiatry Newsletter, www.rcpsych.ac.uk/pdf/Melinda%20Ziemer%20End-of-life%20Care%20the%20Spirituality%20of%20Living%20when%20Dying.pdf, consultado el 17 de noviembre de 2016.
Página 141
“Una declaración que escuchamos de la gente”: CW Kerr, JP
Donnelly, ST Wright, SM Kuszczak, A. Banas, PC Grant y DL Luczkiewicz, “Sueños
y visiones al final de la vida: un estudio longitudinal de las experiencias de
los pacientes de cuidados paliativos”, Journal of Palliative Medicine
17, no. 3 (marzo de 2014): 296.
Capítulo Nueve: Te llamaré cuando llegue
Página 144
“El porcentaje de personas que reportan contacto”: Julia
Assante, The Last Frontier (Novato, CA: New World Library, 2012), 53.
Página 149
“Después del fallecimiento de Duffy”: Terri Segal,
“Mi querido Duffy”, Journal for Spiritual and Consciousness Studies
(octubre de 2015): 15.
Página 152
“Duffy dejó este mundo” : Ibid., 16.
Conclusión: Escuchar es sanador
Página 174
“conciencia trascendental”: Kenneth Ring
y Sharon Cooper, Mindsight (Palo Alto, CA: Centro William James para
Estudios de la Conciencia en el Instituto de Psicología Transpersonal, 1999),
163.
ACERCA
DEL AUTOR.
Lisa Smartt, MA, es
lingüista, educadora y poeta. Fundó el Proyecto
Palabras Finales, un estudio continuo dedicado a recopilar e interpretar
las misteriosas comunicaciones al final de la vida. Cofacilita talleres sobre
lenguaje y consciencia con Raymond Moody en cuidado paliativos, universidades y
congresos. Vive en Athens, Georgia, con su esposo, John. Para más información
sobre el Proyecto Palabras Finales,
Visite www.finalwordsproject.org o www.facebook.com/finalwordsproject .
ELOGIOS
Con LO DICHO CAMINO DEL
NICHO; Palabras en el Umbral de la Muerte, Lisa Smartt ha abierto un
nuevo camino de investigación al mundo de los estudios sobre experiencias
cercanas a la muerte. Profundamente conmovedor y meticulosamente investigado,
este libro ofrece una gran cantidad de información novedosa sobre las
comunicaciones con el más allá que pueden tener lugar en el momento de la
muerte. Es un libro revelador que vale la pena leer.
—
Paul Perry, coautor de
Vislumbres de la eternidad
Pocas
veces podemos afirmar que un libro tenga la capacidad de influir profundamente
en nuestra forma de vivir y pensar, pero Palabras en el Umbral de la Muerte
lo es sin duda. La investigación es impecable, y las perspectivas que Lisa
Smartt nos ofrece sobre el ámbito del umbral abren puertas a la percepción que
nos ayudan a comprender lo que significa ser parte de la experiencia humana.
— Michael Wayne, PhD, LAc, autor de The
Quantum Revolution
y productor y presentador de Interviews with the Leading Edge
Palabras
en el Umbral de la Muerte es un tesoro de experiencia y comprensión en torno a
las últimas palabras pronunciadas por los moribundos, reveladas a través de la
mente de un lingüista, que propone que el nacimiento y la muerte son facetas
diferentes de un mismo proceso, que ambos son esenciales en el ciclo de la vida
y que nuestras conexiones con el alma no terminan con la muerte. Las palabras
de los moribundos proporcionan algunas de las pistas más destacadas sobre cómo
podemos vivir mejor nuestras vidas en la tierra.
—
Eben Alexander, MD, neurocirujano
y autor de
Prueba del Cielo y El Mapa del Cielo
Palabras
en el Umbral de la Muerte marca una nueva era en la comprensión del proceso de
morir. El trabajo de Lisa Smartt tiene profundas implicaciones psicológicas,
espirituales y clínicas para el cuidado de pacientes terminales y sus familias.
Y creo que su trabajo también abre caminos inexplorados para la investigación
genuinamente racional del misterio más profundo de la humanidad: la posibilidad
de vida después de la muerte.
— del prólogo de Raymond Moody Jr., MD, PhD,
autor de Life After Life
Lisa
Smartt nos invita con delicadeza a escuchar las palabras de los moribundos con
un oído interior sintonizado con otra realidad. Describe cómo los moribundos
utilizan metáforas, símbolos, bucles temporales y otros elementos
inquietantemente familiares para expresar sus experiencias expandidas y no
lineales. De este modo, Smartt nos ofrece una valiosa visión de sus mundos
interiores mientras permanecen en el umbral de la muerte. A través de su
análisis lingüístico del "sinsentido”en los labios de los moribundos, se
revelan la creatividad y el propósito subyacentes de sus últimas palabras. LO
DICHO CAMINO DEL NICHO: Palabras en el Umbral de la Muerte es un paso
significativo para transformar la visión actual de la muerte, de un proceso de
fracaso a uno de significado y asombro cada vez más profundos.
—
Julia Assante, PhD, autora de
La última frontera