BAILANDO MÁS ALLÁ DE
LA OSCURIDAD (2012)
Experiencias cercanas a la muerte angustiosas
por
Nancy Evans Bush
TRADUCCIÓN ARS-GRATIA por KOS d'ASTUIRES (2026)
Este libro cuenta con un sitio web que contiene el blog Dancing Past the Dark, información adicional, artículos relacionados y la información de contacto del autor. Le invitamos a visitar: http://dancingpastthedark.com .
CONTENIDO
Prólogo
– Introducción - Prefacio: Edén
PARTE
I: EXPERIENCIA CERCANA A LA MUERTE
1. El comienzo
2. El fin del Edén
3. Las Experiencias
4. Respuestas del experimentador
5. Preguntas frecuentes
PARTE
II INTERPRETACIÓN: DETRÁS DE LA HISTORIA
6. Primeras vistas
7. Mirando al monstruo a los ojos: el
infierno
8. Filtros personales
9. Ampliando el horizonte
10. El yo de Jano
11. El entorno cultural
PARTE
III: BAILANDO MÁS ALLÁ DE LA OSCURIDAD
12. Reducir el enfoque
13. Lenguaje simbólico
14. Afrontamiento
15. Más preguntas
16. Llevando la ECM a casa: Integración
17. Conclusiones
Apéndice
1: Intervenciones para cuidadores
Apéndice
2: Relatos de los experimentadores
Apéndice
3: IANDS, la Asociación Internacional de Estudios Cercanos a la Muerte
Expresiones
de gratitud
PRÓLOGO .
Hace unos 50 años Nancy Evans
Bush tuvo una experiencia aterradora que puso patas arriba el mundo tal y como
lo conocía. Al parir a su segundo hijo, en lo que parecía un embarazo normal,
abandonó su cuerpo y experimentó enfrentarse con entidades, aparentemente sin
alma, que le transmitieron el mensaje de que toda su vida había sido imaginada,
que nada de lo que conocía y amaba existía fuera de su imaginación. En aquel
entonces no existía conciencia pública sobre semejante experiencia, ni siquiera
un nombre para ella por lo que la desesperación que la siguió permaneció
encerrada en su interior durante décadas, un dolor que no se atrevió a
compartir con nadie más. La verdad era demasiado horrible para revelarla a
otros y, además, esos otros según lo que le dijeron no existían realmente. Así
que esa experiencia desgarradora permaneció como su terrible secreto.
Unos 20 años después,
desesperada por encontrar trabajo respondió a un anuncio clasificado en el
periódico dominical Hartford Courant para un puesto
temporal como gerente de oficina en una empresa emergente sin fines de lucro
con sede en la Universidad de Connecticut. Ese puesto temporal se convirtió en
una carrera profesional en la Asociación Internacional de Estudios Cercanos a
la Muerte, donde llegó a ser presidenta y miembro de su junta directiva. En
aquellos primeros días como gerente de oficina de la organización, en una
pequeña habitación sin ventanas del Departamento de Psicología de la
Universidad, Bush recibía llamadas telefónicas a diario que a menudo comenzaban
con: “Espero que no piense que estoy loca, pero...”.
Ya era bastante aterrador
para quienes habían tenido experiencias cercanas a la muerte hablar de ellas en
público pero era inimaginablemente más difícil para la minoría cuyas experiencias
no fueron felices sino terribles. Con el tiempo, a medida que la conciencia de
las ECM se extendió el público anhelaba escuchar sobre reencuentros felices con
seres queridos fallecidos en los reinos celestiales. Pero nadie quería oír, (ni
hablar), del Otro Tipo. El problema con esa negación es que nunca
comprenderemos las experiencias angustiosas huyendo de ellas, sino solo
conociéndolas.
Un obstáculo importante para
quienes han tenido ECM angustiosas ha sido la casi total ausencia de
información útil sobre estos sucesos, desde datos simples sobre su frecuencia y
quiénes los padecen, hasta su posible significado y cómo afrontarlos. Bailando más allá de la oscuridad es la
primera mirada integral a estas experiencias y a cómo las percibimos, tanto
colectiva como individualmente. Y lo que es más importante, es la primera guía
eficaz para comprender, vivir con estas experiencias y aprender de ellas.
El tema de las ECM suele
provocar reacciones instintivas en muchas personas, aferradas a una visión
particular del mundo. Los materialistas tienden a desestimar estos profundos sucesos
como alucinaciones sin sentido mientras que los espiritualistas de la Nueva Era
tienden a edulcorarlos como encuentros con un ser divino superior. En algún
punto intermedio el trabajo del mundo continúa y ahí es donde encontrarán a
Nancy Evans Bush intentando dar sentido a estas experiencias que desafían
cualquier explicación simplista, pero que no pueden ignorarse.
La autora parte de la
realidad de que no puede haber luz sin oscuridad, ni oscuridad sin luz. A
partir de esta verdad demuestra que las experiencias felices y las angustiosas
son facetas diferentes de la misma realidad subyacente. En sus palabras, tanto
la plenitud como la profundidad de la experiencia espiritual residen en el
mismo misterio. La realidad es a la vez menor de lo que creemos, y mayor. Bush
nos recuerda que toda tradición religiosa perdurable describe las búsquedas
espirituales que implican confrontaciones tanto con la oscuridadí como con la
luz, la adversidad y el sufrimiento, como caminos hacia la transformación.
Estas búsquedas pueden ser aterradoras, dolorosas y agonizantes pero son
pruebas más que castigos, y pueden conducir a dones espirituales valiosos.
Puede que no sean los dones que esperábamos pero nunca nos disminuyen.
Bailando Más Allá de la Oscuridad
avanza desde los fundamentos de las ECM angustiosas: cómo son, quién las
experimenta, cómo afectan; pasando por las actitudes usuales hacia ellas:
ideas, creencias y miedos culturales; hasta su significado: los desafíos para
comprenderlas y las diversas maneras de abordarlas y aprender de ellas. Bush
ofrece una justificación clara para tratar las experiencias angustiosas como
oportunidades de crecimiento, y sugerencias concretas y prácticas para lograrlo.
Ha pasado medio siglo asimilando su propia y angustiosa experiencia. Este libro
reúne las reflexiones que adquirió a través de su lucha personal, su maestría
en ministerio pastoral y su amplia lectura de la literatura mundial: no se
trata de respuestas autoritarias, sino de consejos prácticos que puedes poner
en práctica. Escribe con sencillez y claridad, y con la humildad, la autoridad
y la compasión de alguien que ha vivido la experiencia, una veterana que ha
recorrido el camino durante 50 años y conoce bien el camino.
Aunque este libro fue escrito
por una persona que tuvo una angustiosa experiencia cercana a la muerte, no es solo para ellos. Es un libro para cualquiera que aspire a
afrontar la totalidad del mundo en el que vivimos. Todos tenemos experiencias
para las que no estamos preparados, todos, en algún momento, enfrentamos
experiencias aterradoras o angustiosas, y tarde o temprano, todos necesitamos
dominar el arte de sortear la oscuridad. - Dr. Bruce Greyson
INTRODUCCIÓN
Desde 1975, cuando el mundo descubrió
las experiencias cercanas a la muerte, (en adelante también se usará el
acrónimo ECM) mucho público se han reunido para escuchar estas maravillosas
experiencias y sus emocionantes conclusiones. Una y otra vez se ha visto cómo
reina el silencio en una sala llena de personas unidas por la esperanza y
anhelo de que estos relatos sean ciertos, de que algo parecido al cielo nos
espera al morir. Y hay un momento en que una sola persona formula una pregunta
cautelosa: "Me pregunto:¿Existe, ya sabes, existe otro
tipo de experiencia?". Y el público contiene la respiración.
La respuesta, ahora sabemos
que es sí: si bien la gran mayoría de las ECM son indescriptiblemente
confortantes, algunas no lo son. Para casi una de cada cinco personas que
regresan de una experiencia el recuerdo no es de alegría sino de profunda
angustia. Este libro es la primera mirada centrada en estos sucesos y
suposiciones culturales sobre ellos que tienden a ser, en el mejor de los
casos, desoladoras. Quizás sorprendentemente, los resultados de esta mirada más
atenta son tranquilizadores.
LA PREMISA
Empezamos con buenas
noticias. Mi premisa para todo lo que sigue es esta: en todo lo que vemos solo
podemos identificar la oscuridad en función de la luz que la rodea. En otras
palabras, ni siquiera la experiencia más
aterradora es concluyente.
Las fotografías del Hubble
muestran que formamos parte de un universo que es un flujo incesante de
resplandor y oscuridad, violencia y entropía, totalidad y fragmentación, la
gloria de las novas moribundas y la atracción implacable de los agujeros negros
que pueden dar origen a universos jóvenes. Todas nuestras experiencias forman
parte de este mismo universo. Así como la oscuridad no es la única realidad del
universo, tampoco es concluyente en estas experiencias. La base más sólida para
comprender y poder vivir con la idea (o el recuerdo) de una experiencia cercana
a la muerte profundamente perturbadora es conocer las historias radiantes.
Esas experiencias son
fundamentales, están llenas de luz y bondad amorosa, y ofrecen una sensación de
maravilloso y gozoso descubrimiento del universo. Hay más allá de lo que hemos
experimentado, quienes hemos tenido las angustiosas ECM. Hay más sobre la
naturaleza del universo y nuestras propias experiencias de lo que conocemos,
así como hay más sobre la naturaleza misma que lo que conoceríamos si solo nos
fijáramos en el desierto de la península de Baja en California, la pradera de
Protection en Kansas o el granito del Monte Desert en Maine. Todo es naturaleza,
pero asombrosamente diferente: los paisajes, las formas de vida, los olores,
las habilidades necesarias para la vida, todo muy distinto.
En este universo conviene
recordar que la aparente totalidad de una experiencia gloriosa u horrorosa no
es, de hecho, total; aún puede enriquecerse con otras comprensiones que se
obtienen de un panorama diferente. Un grupo representa las cumbres de la
experiencia espiritual; el otro el que trata este libro, representa las
profundidades. Ambos se encuentran en el Misterio. Este es el que menos se
conoce.
Por eso se ha escrito esta
obra.
LA OBRA
La información siempre supera
a la ignorancia, desmintiendo miedos y rumores infundados. Como primer paso, el
primer tercio de la obra, capítulos 1-5, aborda los fundamentos de las experiencias
cercanas a la muerte angustiosas: cómo se presentan, la demografía, quién las
experimenta, sus efectos, cómo reacciona la gente después, y preguntas
frecuentes sobre ellas. La sección central, capítulos 6-11, analiza las
expectativas más comunes sobre las experiencias: las ideas, creencias y miedos
que nuestra cultura transmite y que influyen en nuestra comprensión. La sección
final, capítulos 12-18, aclara los desafíos de comprender estas experiencias y
sugiere vías para abordarlas desde diferentes perspectivas, profundizando en su
significado y propósito. En términos de objetividad, la primera sección
descriptiva es la más objetiva, mientras que la segunda y la tercera se basan
en hechos y estudios, complementados con mis comentarios y observaciones. El
prefacio narra la historia de los primeros años de los estudios sobre
experiencias cercanas a la muerte y por qué marcaron la diferencia.
PREFACIO: EDEN
Se acerca el final de una
película, y el héroe agoniza. La escena está preparada: una cortina de gasa
ondea suavemente en la ventana. Aafuera, la lluvia salpica un cementerio
musgoso poblado de figuras de piedra: mujeres con velo, querubines de luto,
ángeles llorosos. La cámara gira lentamente hacia la habitación en penumbra
donde una figura sombría sugiere la Parca. Los espectadores ven la mano del
héroe levantarse débilmente para tocar el rostro de su amada, y luego se
desploma, y
la mano cae. La cámara se difumina hacia la Parca. El público sabe que el héroe
ha muerto.
Esa escena, o una muy parecida,
era el escenario teatral común del lecho de muerte hasta cerca de la última
década del siglo XX. Entonces, abruptamente las imágenes cambiaron. Los
personajes comenzaron a morir de manera completamente diferente. Ahora, cuando
un héroe muere, una cortina aún puede flotar suavemente en la ventana pero el
cementerio lúgubre ha desaparecido, junto con el musgo y la Parca. Ahora la
cámara no mira al héroe falleciente sino con sus ojos . En un suave resplandor, nos elevamos con la
cámara y la visión del protagonista hasta que vemos su cuerpo inmóvil abajo.
Entrando misteriosamente en la habitación, tal vez como a través de la niebla,
está la figura de una persona muy querida que ha muerto: el amor perdido, un
niño o un querido compañero del ejército. Detrás de esa presencia puede haber
una luz espléndida y acogedora, o un gran Ser brillante. Si el director tiene
aspiraciones religiosas la figura puede llevar una túnica larga y sandalias.
Escenas de momentos anteriores de la película se suceden en la pantalla,
fragmentos que recuerdan la vida del héroe, y verlas resuelve preguntas sin
respuesta. El héroe, o lo que podría ser su espíritu, se alza para encontrarse
con su amante, su hijo o su amigo, y juntos se alejan hacia la gloriosa luz. El
público comprende: el héroe ha muerto.
En poco más de diez años la
Parca prácticamente desapareció como representante de la muerte, reemplazada
por un Ser de Luz. ¿Qué provocó un cambio tan drástico? Gracias al trabajo de
dos médicos, el público descubrió algo sorprendente y sin precedentes sobre la
muerte: que no sonaba para nada aterrador ni sombrío.
A principios de la década de
1970, Elisabeth Kubler-Ross (1969) ya era reconocida por su trabajo con
pacientes moribundos y su descripción de las etapas emocionales que muchos
atraviesan al intentar aceptar la realidad de la muerte inminente. Se había
convertido, sin proponérselo, en una figura controvertida en la comunidad
médica por su audacia al insistir en que la muerte no es esencialmente un
fracaso médico, sino una parte natural del ciclo vital.
Miles de personas abarrotaron
sus conferencias y talleres públicos y escucharon relatos de sucesos
inesperados ocurridos en el momento de la muerte: pacientes moribundos le
habían contado a Kübler-Ross que veían presencias esperándolos; familiares
hablaron de habitaciones que se llenaban de luz. La ciencia no tenía
explicación para estos relatos, salvo llamarlos alucinaciones.
En esos mismos años, un joven
doctor en filosofía, Raymond A. Moody, Jr., ingresó a la facultad de medicina.
En el camino descubrió y comenzó a recopilar discretamente relatos curiosos de
personas que habían estado cerca de la muerte, algunas de ellas declaradas
clínicamente muertas por sus médicos, quienes posteriormente contaban historias
asombrosas de experiencias poderosas y trascendentales durante ese tiempo. Al
no encontrar un término para los sucesos que describían, Moody los llamó experiencias cercanas a la
muerte (ECM).
Moody publicó un pequeño
libro basado en cincuenta de los relatos que había recopilado (1975). El libro,
"Vida después de
la vida", tenía menos de 200 páginas y fue publicado por la
pequeña editorial Mockingbird Books
de Georgia. Nadie, y mucho menos el propio Moody o John Egle, su sorprendido
editor, estaba preparado para la acogida. El libro causó sensación en todo el
mundo, una sensación que a veces ha disminuido, pero nunca se ha calmado del
todo en las décadas posteriores. "Vida después de la vida" se convirtió en un éxito
de ventas, uno de los libros más influyentes del siglo XX.
En una época conocida por la
evitación casi patológica de la muerte, Moody comenzó su libro preguntando
abiertamente: "¿Cómo es morir?". Su respuesta a la pregunta, contada
a través de las experiencias cercanas a la muerte, ofreció una visión bastante
diferente de la lúgubre de la Parca.
Los relatos de su colección
reflejaban lo que Kubler-Ross contaba a su público, pero aun así, sonaban
fantásticos. Las historias provenían de diferentes partes de Norteamérica, de
personas que no tenían contacto entre sí, pero los puntos en común eran
sorprendentes. Persona tras persona describían flotar fuera de su cuerpo;
recorrer vastas distancias; encontrar paisajes de extraña belleza donde se
encontraban con alegremente con la presencia de amigos o seres queridos que
habían fallecido y, a veces, encontrr una presencia amorosa que parecía estar
rodeada de una luz radiante, tal vez incluso hecha de luz. Algunos decían que
era Dios; los cristianos tendían a describir la figura como Jesús o un santo
favorito; los judíos profundamente religiosos decían que quizás era uno de los
Jueces; los inseguros lo llamaban simplemente "un ser de luz". Muchos
contaban haber visto una revisión de su vida en la que sintieron los efectos de
sus acciones; haber encontrado algún tipo de barrera o límite entre la vida y
el "más allá"; haber escuchado que no era su momento, que debían
regresar al mundo ordinario.
Por ejemplo, una ruptura del
apéndice (seguida por la correspondiente grave sepsis bacteriana) produjo esta
experiencia:
Me
sentí muy débil y caí al suelo. Empecé a sentir una especie de deriva, un
movimiento de mi ser real entrando y saliendo del cuerpo, y a escuchar una
música hermosa. Floté por el pasillo y salí al porche acristalado. Allí, casi
parecía que las nubes, una neblina rosada en realidad, comenzaban a rodearme,y
luego floté directamente a través de la mosquitera como si no estuviera allí, y
subí a una luz cristalina y pura, una luz blanca e iluminadora. Era hermosa y
tan brillante, tan radiante, pero no me lastimaba la vista. No es ninguna clase
de luz que se pueda describir en la tierra. En realidad no vi a una persona en
esta luz, y sin embargo, tiene una identidad especial, definitivamente la
tiene. Es una luz de perfecta comprensión y amor perfecto. Pensé: "¿Me
amas?". No fue exactamente una pregunta, pero supongo que la connotación
de lo que dijo la luz fue: “Si me amas, regresa y completa lo que comenzaste en
tu vida”. Y durante todo este tiempo, me sentí rodeada de un amor y una
compasión inmensos..
Y esto dice una mujer que
había perdido mucha sangre durante el parto:
El
médico me despachó y dijo a mis familiares que me estaba muriendo. Sin embargo
estuve muy alerta durante todo el proceso, e incluso al oírlo decir esto, sentí
que volvía en mí. Al hacerlo me di cuenta de que todas esas personas estaban
allí, casi en multitud, rondando el techo de la habitación. Ya habían fallecido
antes. Reconocí a mi abuela y a una chica que conocí en la escuela. Fue una
ocasión muy feliz, y sentí que habían venido a protegerme o guiarme. Era casi
como si volviera a casa y estuvieran allí para saludarme o darme la bienvenida.
El patrón en las experiencias
que surgían del trabajo de Moody y Kubler-Ross sonaba mucho al cielo. Life After Life
también observó algunas secuelas de la experiencia: las personas informaron
haber perdido el miedo a la muerte, dijeron que se sentían diferentes consigo
mismas y expresaron una nueva creencia en la continuidad de la vida después de
la muerte; algunas notaron una profundización de su intuición.
·
La razón por la que no tengo miedo de morir, sin
embargo, es que sé a dónde voy cuando salgo de aquí, porque he estado allí
antes.
·
Fue una bendición en cierto modo, porque antes
de ese infarto estaba tan ocupada planeando el futuro de mis hijos y
preocupándome por el ayer, que estaba perdiendo las alegrías del presente.
Ahora tengo una actitud muy diferente.
El libro de Moody se publicó
en una época en la que la muerte y el cuidado de los moribundos habían dejado
de lado el hogar y los ciclos de vida familiar para trasladarse al hospital.
Morir se había profesionalizado como una situación médica, se había
desinfectado, distanciado y vuelto ajena a la gran mayoría de las personas;
ahora la muerte era aún más un “país desconocido de cuyas fronteras ningún
viajero regresa”. Pero de repente los viajeros no solo regresaban; aparecían en
libros y programas de entrevistas por doquier, eran protagonistas de películas
de Hollywood y aparecían en programas de televisión populares. Era casi
imposible evitarlos.
El impacto fue asombroso.
Cientos de miles de personas acudieron a escuchar las historias en absoluto
silencio, tan concentradas que olvidaron toser, cambiar de postura, casi
respirar, y luego salieron a contar a sus familiares y amigos lo que habían
oído. Desde las minúsculas audiencias de los pequeños almuerzos de Rotary hasta
los millones que escuchaban a Oprah, parecía que todos oían hablar de
experiencias cercanas a la muerte. En menos de una generación se hizo difícil
recordar la anterior sensación de aprensión sobre la muerte y la agonía, o cómo
el tema había sido tabú en la conversación social. La Parca parecía quedarr sin
trabajo.
PARTE I
EXPERIENCIA CERCANA A LA MUERTE
1. EL COMIENZO
UN DESPERTAR
Era una noche clara y
calurosa de finales de julio. En un antiguo pueblo, a orillas del río Hudson en
el estado de Nueva York, estaba de parto de mi segundo hijo. Tenía 28 años y
estaba sana, y el embarazo había sido fácil; sin embargo esto era tres semanas
antes de la fecha prevista del parto. Horas antes el obstetra descubrió que el
parto prematuro inicidao el día anterior había desplazado el bebé hacia el
canal de parto. Ordenó una inducción de emergencia. Ahora, lista para dar a
luz, me anestesiaron según la práctica habitual.
Lo que supe después fue que
me encontré despierta y, de alguna manera, volando sobre un edificio. Un rápido
vistazo hacia atrás curiosamente, sin darme la vueltay pude ver estructuras con
forma de caja en el tejado de lo que pensé que debía ser el hospital, porque
allí, colina arriba, estaba la ventana del aula donde daba clases. Allí estaba
el pueblo, alejándose rápidamente bajo mí, y luego la oscura silueta de las
colinas a lo largo del río, y la curvatura de la Tierra (“¡Es cierto, es
redonda de veras!”), y finalmente el planeta haciéndose cada vez más pequeño
mientras yo continuaba hacia... ¿hacia dónde? Años más tarde lo describiría
como una ráfaga hacia el espacio “como un astronauta sin cápsula”, pues el
primer astronauta había ido al espacio solo un año antes.
La velocidad era
desconcertante. Parecía ir a la deriva, pero recorría enormes distancias en lo
que parecía un ángulo, rumbo al noreste, si es que existe el noreste en el
espacio. La oscuridad nocturna se
convirtió en inmensidad y en una oscuridad diferente: era más tenue de alguna
manera, difuminándose inexplicablemente hacia lo que podría haber sido un
horizonte más pálido, solo que no había horizonte. Mi impresión era que Dios
estaba allí. Estaba completamente sola. No había nada más que ese extraño y
oscuro crepúsculo, la conciencia de estar allí y el vacío.
Recuerdo que tenía una
sensación de forma, o al menos de presencia, pero no de cuerpo. Era como si
estuviera hecha de un velo, algo insustancial. Pero pensaba. ¿Me pregunté si tenía
mente o estaba siendo una mente. Una pregunta sin respuesta.
Un grupo de círculos apareció
delante, ligeramente a mi izquierda, quizá media docena, avanzando hacia mí.
Mitad negros, mitad blancos, chasqueaban al volar, cambiando de blanco a negro,
de negro a blanco, enviando un mensaje autoritario sin palabras. De alguna
manera, su significado era claro:
“Esto es todo lo que hay. Esto es todo lo que
siempre hubo. Esto es todo. Todo lo demás que recuerdes es una broma. No eres
real. Nunca fuiste real. Nunca exististe. Tu vida nunca existió. El mundo nunca
existió. Era un juego que se te permitía inventar. Nunca hubo nada ni nadie.
Ese es el chiste: que todo era una broma”.
Los círculos parecían
abucheos, pero no malvados; burlones, mecánicos, con un clic sin sentimiento.
Parecían mensajeros, seguros de lo que decían, sin la autoridad suprema, pero
con un mensaje autoritario.
Argumenté apasionadamente
para demostrarles que estaban equivocados, contando detalles de la infancia de
mi madre, historias de la infancia de mi marido, juventud, hechos históricos,
cosas que no podría haber experimentado yo misma. Deben
existir otras personas; ¿cómo iba a saber estas cosas si nadie me las hubiera
dicho? Y mi primer bebé, la pequeña Katy que esperaba en casa, conocía a esa
bebé, la sensación de su cuerpecito robusto, el olor de su rosada infancia. ¡No
podría haberla inventado! ¡Y el parto! ¿Por qué una mujer (ni siquiera una
imaginaria) inventaría el parto? ¿Y qué hay de este bebé nonato?
“Lo que recuerdes es parte
del chiste. Tu madre, tus bebés... nunca fueron reales, se burlaron. Esto es
todo lo que hay, todo lo que siempre hubo. Solo esto.”
¿Pero Dios? La tenue
oscuridad se extendía hasta la nada, una tenue neblina de crepúsculo, y los
círculos seguían haciendo clic.
Y entonces quedé
completamente sola. Los círculos se habían perdido de vista, y no quedaba nada:
el mundo irreal se había ido, y con él mi primer bebé, y este bebé que nunca
nacería, y todos los demás bebés. Todos los que conocía y amaba (¿pero cómo los
había conocido si nunca fueron reales?) se habían ido, y las colinas, y los
petirrojos. No había mundo, ni hogar, ni bebés, ni siquiera un yo al que
regresar. Pensé que nadie podría soportar tanto dolor, pero parecía no tener
fin ni salida. Todos, todo, se habían ido, incluso Dios, y yo estaba sola para
siempre en la oscuridad del crepúsculo.
Y entonces, aturdida, volvía
en mí en una cama de hospital. Mi primer pensamiento al despertar: que conocía
un terrible secreto. "¡Calvino tenía razón! La predestinación. He
experimentado la predestinación. Soy uno de los perdidos. Eso es lo que hay ahí
fuera, lo que será cuando muera. Hay algo tan malo en mi ser, que incluso Dios
ha querido que no exista".
¿Pero por qué? Criada como
hija de un predicador congregacional en una denominación que enfatizaba el amor
de Dios y el servicio al prójimo en lugar del fuego del infierno, era una
persona inquisitiva pero profundamente reverente; había pertenecido a grupos
juveniles, cantado en coros, enseñado en la escuela dominical, formado parte
del personal en conferencias de verano de la iglesia y había anhelado entrar al
seminario. ¿Qué había hecho yo para que Dios me condenara a tal vacío? La
desesperación me invadía como una marea.
La bebé había nacido
cianótica, del color de una ciruela demasiado madura, y no me permitieron verla.
¿Era real? ¿Por eso no podía verla? Me refugié en el silencio y en lágrimas
inútiles. Ninguna garantía me servía. Mi esposo estaba allí, mi madre y mis
hermanas; las enfermeras comentaban con compasión, asegurándoles a todos que la
bebé sobreviviría. ¿Eran reales, la familia o las enfermeras, cualquier persona
aparentemente presente, la bebé que no podía ver? ¿Era real? Me ahogaba en el
dolor y la desesperación, pero no podía contar a nadie lo que había pasado.
El hospital me dio de alta
antes de tiempo porque estaba muy alterada pues creían que era por el estado
incierto del bebé. Pasaron los días, y permitieron al bebé volver a casa. Por
fin nos conocimos. Ahora parecía que éramos dos pequeños. Por la noche, al oír
llorar primero a uno, luego al otro, me preguntaba: ¿Cómo puede haber tanto
cansancio en una persona que no existe? ¿Debería levantarme? Si no son bebés de
verdad, ¿de verdad necesitan que los alimenten?
Las semanas se convirtieron
en meses y poco a poco la experiencia se desvaneció pero su rastro siempre
estuvo presente e inconfundible. Lo que podría o no ser vida seguía adelante
pareciendo más fácil cuando reprimía el pensamiento sobre el mensaje; y real o
no, las niñas eran alimentadas, cambiadas y atendidas. Sin embargo, bajo la más
frágil de las capas emocionales la desesperación arrasaba. DiosNo había lugar
para mí; los círculos me esperaban; nada era real. Intenté contarle a mi esposo
sobre la experiencia, pero me detuve. ¿Quién puede amar a una persona y querer
describir algo tan doloroso? No volvería a hablar de ello con nadie en dos
décadas.
Pasaron seis años y una tarde
visité a un vecino profesor de un seminario cercano. Al ir a la cocina a
preparar té él señaló un libro que estaba sobre la mesa. “El Hombre y sus Símbolos de Jung. Acaba de llegar. Échale un
vistazo”.
El libro era grande,
profusamente ilustrado, algo sobre imágenes, y lo hojeé con interés hasta que,
al pasar una página, me quedé paralizado. Desde la página izquierda uno de los
círculos me devolvió la mirada. ¡Eran ciertos! ¡Alguien más sabía de los
círculos! Se me atascó la respiración y, presa del terror, arrojé el libro al
otro lado de la habitación y salí corriendo de casa, demasiado asustada incluso
para despedirme. (Veinticinco años después, mi amigo se reiría y diría: “Sí, me
pareció raro que simplemente desaparecieras”.)
La imagen de la que huí, el
círculo cuyo mensaje había reprimido durante años, me era ajena, aterradora y
carecía de sentido, salvo en mi experiencia. No la reconocí. Pasarían varios
años más antes de descubrir que era el Yin/Yang, el antiguo símbolo chino de
los principios aparentemente opuestos, pero siempre interdependientes,
presentes en toda la experiencia humana: el equilibrio entre sí/no,
masculino/femenino, activo/pasivo, luz/oscuridad, vida/muerte, en un flujo
constante de interacciones. Es la interconexión de los opuestos, la aceptación
de la ambigüedad y la paradoja, la comprensión de que la realidad es a la vez
menos y más de lo que creemos. El círculo consta de dos mitades anidadas en forma
de lágrima, una negra y otra blanca, cada una cnteniendo un punto del otro1
color. Eran esas mitades las que habían estado haciendo clic una y otra vez. No
solo me había perturbado la experiencia en sí, sino que ahora me preguntaba cómo
un antiguo símbolo chino desconocido se convirtió en un mensaje para una
protestante convencional de Nueva Inglaterra.
SINCRONICIDAD.
Esa experiencia y sus
consecuencias fueron la génesis de este libro. El año en que mi bebé cumplió
veinte años respondí a un pequeño anuncio clasificado para trabajo temporal de
oficina en una organización sin fines de lucro emergente con sede en la
Universidad de Connecticut. Estaba a solo veinte minutos de mi casa. Me venía
muy bien y la oficina estaba en su edificio de Psicología, con fácil
aparcamiento. Nunca había oído hablar de la Asociación Internacional de
Estudios Cercanos a la Muerte ni de las experiencias cercanas a la muerte pero
me pareció interesante. Y así ha sido.
A las pocas semanas de ser
contratada me di cuenta de que mi memoria tenía un nombre: "experiencia
cercana a la muerte". He permanecido en esa asociación, llamada IANDS,
durante casi treinta años. He sido directora ejecutiva, editora, algo así como
encargada de la residencia, y posteriormente presidenta y miembro de la junta
directiva. Y siempre me ha rondado la pregunta de qué podemos saber y qué decir
sobre las experiencias angustiosas. He escrito, impartido conferencias,
enseñado e investigado.
Ha llevado todo ese tiempo
crear este libro. Esta es la historia de experiencias angustiosas cercanas a la
muerte.
¿ES EL UNIVERSO AMIGABLE?
Se dice que Albert Einstein
comentó que la pregunta más importante a la que se enfrenta la humanidad es
ésta: "¿Es el universo un lugar acogedor, o no? (Fox, 1998, p. 1). La
pregunta abarca decenas de miles de años de asombro y exploración humana:
religión, filosofía, ciencia, la esencia de la civilización. ¿Qué hay ahí
fuera? ¿Intenta atraparnos? ¿Cómo funciona? ¿Estamos a salvo aquí?
A lo largo de la historia de
la humanidad (geológicamente breve, pero antigua para nosotros), las respuestas
han variado. A finales del siglo XX, existían, al menos en la mentalidad
occidental, dos visiones contradictorias. La visión tradicional, religiosa,
sostenía que formamos parte de una creación del Señor del Universo, cargada de
significado y apreciada. Por otro lado, tras unos cientos de años de
descubrimientos tecnológicos revolucionarios, los filósofos de la ciencia
argumentaban, en gran medida, que los datos mostraban una cosmología
mecanicista, una historia aparentemente sin sentido y ilusiones como sustituto
de una fe profunda en una realidad sagrada. Y el hogar mismo, decía la ciencia,
era solo una brasa, la ceniza accidental de una gran explosión que ocurrió hace
tanto tiempo que resulta inimaginable.
¿Puede considerarse amigable
un universo así? Es irónico que a Einstein, el científico más famoso del siglo
XX, se le atribuya el mérito de plantear la pregunta, ya que es una que la
ciencia no está diseñada para responder. El tema se tratará con más profundidad
más adelante; por ahora es importante señalar que la ciencia se ocupa de la cantidad, no de la calidad .
Por decisión propia, la ciencia no "hace" valores distintos de los
numéricos. Como dice Huston Smith en Forgotten Truth:
"Un número es un número, y el número es el lenguaje de la ciencia. Los
objetos pueden ser más grandes o más pequeños, las fuerzas pueden ser más
fuertes o más débiles, las duraciones pueden ser más largas o más cortas, y
todo esto es numéricamente computable. Pero hablar de algo en la ciencia como
si tuviera un estatus ontológico diferente, comoSer mejor, digamos, o más real,
es decir tonterías. (Smith, 1977, 5)
En resumen, la ciencia no
puede proporcionar un universo amigable; solo puede proporcionar una
descripción de lo que observa físicamente: el planeta Tierra como un pedacito
de escombros que gira hacia el borde de una galaxia anodina dentro de una
inmensidad aparentemente impersonal. Cuando Einstein preguntó: "¿Es
amigable el universo?", la respuesta, según el materialismo, fue un
rotundo ¡no!
Sin embargo, los habitantes
de ese montón de escombros están curiosamente diseñados para anhelar
significado y propósito, cualidades que trascienden el ámbito de la ciencia.
¡No es de extrañar que las experiencias cercanas a la muerte fueran recibidas
como alimento después de una hambruna! Por primera vez en siglos, había
abundante prueba de algo significativo más allá del estéril modelo
materialista. Por fin, había personas cuya experiencia directa con ese
"algo" les llevó a proclamar que sí, el universo es amigable; no solo
amigable, sino amoroso y acogedor, y que es seguro morir.
EXPLORACIONES
Tras ese atisbo de esperanza
inicial surgió la pregunta: ¿Esto de las ECM es cosa científica? Tres años
después del libro de Moody un grupo de cuestionadores se había unido para crear
el germen de “una asociación que promovería el estudio científico de las ECMque
también serviría como una especie de grupo de apoyo para quienes las
experimentan, así como centro de intercambio de información para el público en
general”. La cita proviene del primer documento organizativo de la Asociación
Internacional para Estudios Cercanos a la Muerte (IANDS), que rápidamente creó
un boletín informativo y una revista académica revisada por iguales, y comenzó a
crear una base de miembros.
El ritmo de publicaciones
comenzó a acelerarse. Moody publicó Reflexiones sobre la vida después de la vida (1977) para ayudar a responder algunas
de las preguntas más frecuentes sobre el primer libro. Un año después, el
médico George Ritchie relató su dramática experiencia cercana a la muerte en
tiempos de guerra en Regreso
del mañana (1978).
Mientras tanto, en la Universidad de Connecticut, el psicólogo social Kenneth
Ring investigaba para su libro Vida tras la muerte
(1980), el primer informe con base científica sobre estas experiencias y
sus experimentadores.
Moody y Kubler-Ross
proporcionaron los relatos iniciales, pero Ring ofreció medidas cuantitativas.
Primero, desarrolló el "Índice
Ponderado de Experiencias Básicas" (1980), una escala para medir las
experiencias. Las personas que informaron mayor detalle o profundidad de la
experiencia obtuvieron puntuaciones más altas y fueron consideradas
"experimentadores relevantes o básicos". A partir de su primera
muestra de 49 experimentadores relevantes, Ring elaboró una lista de las diez
descripciones más comunes de una ECM: pacífica, indolora, sin miedo, relajada,
placentera, tranquila; feliz, alegre, tranquila, cálida. Es decir, estábamos
ante ¡estadísticas y porcentajes! Este era
el lenguaje de la cuantificación, otorgando a los informes una medida de
credibilidad científica.
Junto con las estadísticas de
Ring el tema del asombro continuó en las palabras de los participantes de su
estudio: “Recuerdo la sensación, sensación absolutamente hermosa ¡de paz y felicidad! ¡Qué felicidad!. La paz, la
liberación fue, simplemente, hermoso”. Ring pudo concluir que “existe una
respuesta emocional consistente y drásticamente positiva ante una aparente
experiencia cercana a la muerte por parte de quienes la experimentan”.
Examinó las secuelas de la
ECM con mayor detalle que Moody y descubrió entre sus 49 encuestados un mayor sentimiento
interior de religiosidad. Comparando sus respuestas con las de los 38 que no
habían tenido experiencias encontró que el 80% de quienes las habían tenido
mostraban miedo reducido, o perdido, a la muerte mientras que el 71% de quienes
no habían tenido esas experiencias aumento o ningún cambio en su nivel de
miedo.
La respuesta más contundente
se obtuvo al responder preguntas sobre la creencia en la vida después de la
muerte. Si bien quienes experimentaron la ECM se mostraron menos inclinados a
creer en ella antes de su experiencia fueron significativamente más propensos a
creer en ella después del suceso en comparacion con quienes no la
experimentaron. Sobre las secuelas de la experiencia, en general Ring concluyó:
El
típico sobreviviente de una experiencia cercana a la muerte emerge de ella con
un mayor aprecio por la vida, decidido a vivirla al máximo. Siente un renacimiento
y renovado sentido de propósito individual en la vida aunque no pueda expresar
con claridad cuál es este propósito... Lo que valora es el amor y el servicio a
los demás; las comodidades materiales ya no son tan importantes. Se vuelve más
compasivo con los demás, más capaz de aceptarlos incondicionalmente. Ha
adquirido un sentido de lo que es importante en la vida y se esfuerza por vivir
de acuerdo con su comprensión de lo que importa.
Vida tras la Muerte catapultaría
a Ring al mundo mediático. Un año después de la publicación del libro la
Asociación Internacional de Estudios Cercanos a la Muerte (IANDS) tenía su sede
en la Universidad de Connecticut, donde Ring inauguraba su revista, pronto bajo
la dirección del psiquiatra Bruce Greyson de la Universidad de Michigan.
Apenas un año después, las
observaciones de Moody y Ring recibieron respaldo gracias a un estudio
cuidadosamente elaborado por el cardiólogo Michael Sabom y la trabajadora
social Sarah Kreutziger (1982). Recuerdos de la Muerte: Una Investigación Médica fue una
obra tan amena como reflexiva y recibió una amplia atención favorable,
especialmente por su análisis de experiencias extracorporales verificables
(verídicas). Su publicación coincidió con otro tesoro de datos, Aventuras en la Inmortalidad,
de George Gallup (1982), que incluía la sorprendente noticia de que solo en la
población adulta de Estados Unidos, “unos ocho millones han experimentado algún
tipo de encuentro místico junto con la muerte”.
Mientras que Life After Life
y Return from
Tomorrow se basaron en información anecdótica los estudios Ring,
Sabom y Gallup ofrecieron estadísticas preliminares para respaldar un enfoque
más sistemático de las ECM. Para entonces se aceptaba relativamente bien, al
menos dentro del campo, que de las personas que se acercan a la muerte, o
estado en situación de estrés físico o emocional extremo, entre el 35% y el 47%
pueden informar posteriormente una experiencia cercana a la muerte. (Estudios
posteriores de hospitales, basados en informes tras paro cardíaco, muestran
tasas tan bajas como el 8-10%). (Zingrone y Alvarado, 2009) Sin embargo, ningún
dato indicó quién era, o no, posible candidato a tener una ECM. Las variables
demográficas (edad, nacionalidad, raza, antecedentes religiosos, educación,
preferencia sexual, estado civil) no sugirieron pistas sobre qué personas se
podría esperar que informaran una ECM. Es cierto que al principio parecía que
las mujeres eran más propensas que los hombres a tener una experiencia pero
investigación más detallada determinó que simplemente eran más propensas a
hablar de ese asunto.
Las circunstancias de la
cercanía de la muerte tampoco fueron concluyentes. Se informaron experiencias a
partir de todo tipo de accidentes de tráfico, ahogamientos, cirugías y posoperatorios,
partos, reacciones alérgicas, caídas de avión, electrocuciones, infartos,
fiebre alta, combates, violaciones y otros atentados criminales. Para gran
parte de la gente las creencias religiosas, o su ausencia, parecían no tener
impacto en la probabilidad de tener la experiencia, y se decía que los intentos
de suicidio habían producido algunas ECM excepcionalmente radiantes.
Lo que había comenzado como
una gran noticia con Moody se estaba volviendo aún mejor en lo que a los medios
se refería. Una avalancha de solicitudes de apariciones públicas ya había
obligado a Moody a abandonar su residencia en psiquiatría; pasarían diez años
antes de que pudiera completarla. Entonces llegó "Life at Death" de Ring y poco
después de su publicación su teléfono empezó a sonar. Cuando poco después se publicó Recollections of Death
de Michael Sabom él también se convirtió en foco de atención de los medios, y
después George Gallup, Jr., con Adventures in Immortality y PMH Atwater con Coming Back
(1988), y Melvin Morse y Closer to the Light (1990)y finalmente Transformed by the Light (Morse,
1992 y Sutherland, 1992), Embraced by the Light (Eadie, 1992), Beyond the Light (Atwater, 1994),
Saved by the Light
(Brinkley, 1994), After
the Light (Sharp, 1995). Como se ve, en todas partes aparecía
la Luz.
Los años de la década de 1980
fueron época de apariciones públicas. Los "expertos" (autores e
investigadores que ahora suman como máximo una docena) y algunos telegénicos
que habían tenido experiencias cercanas a la muerte eran muy solicitados. En un
extremo de la escala de apariciones se encontraban los clubes locales de los
Rotarios, los Leones y los Kiwanis, con alguna asociación de padres y maestros
o algún grupo religioso ocasional. Los conferenciantes sobre ECM llenaban
conferencias profesionales y centros de retiro como el de Esalen de California,
el Open Center y el Omega Institute de Nueva York, y el Boston College de
Boston. Los escritores potenciales querían entrevistar a personas con
experiencias para poder escribir su libro. Y luego estaban los medios
electrónicos.
Desde la perspectiva de la
Asociación Internacional de Estudios Cercanos a la Muerte la atención mediática
se convirtió en una serie de maremotos: enormes oleadas de solicitudes que
azotaban y arrasaban con todo a su paso. Lo importante era dar a conocer la
buena noticia de que podían tener menos miedo a la muerte; por eso nadie quería
rechazar ninguna solicitud y, si al mismo tiempo se promocionaban libros, era
un beneficio gratificante. Así comenzó un flujo aparentemente interminable de
programas de radio por todo Estados Unidos y Canadá, tarea bastante sencilla
porque las llamadas podían conectarse a un hogar u oficina sin necesidad de
viajar a estudios de radio.
La televisión, por otro lado,
requería presencia en un estudio, lo que implicaba viajes y multiplicar las
horas de una aparición. Contrariamente a la creencia popular, los invitados no
ganan dinero con sus apariciones en programas informativos. Los programas más
importantes se hacen cargo de los gastos pero no pagan a los invitados por su
tiempo y experiencia; los programas locales a menudo ni siquiera reembolsan los
gastos. Es más, no hay garantía, especialmente en los programas de cadena, de
que una entrevista se emita, sin importar cuánto tiempo haya dedicado un
invitado. La cantidad de tiempo de servicio público y dinero personal, aportado
por un puñado de investigadores y personas que han experimentado ECM, ha sido
astronómico.
Los primeros programas
nacionales que presentaron ECM salieron de los departamentos de noticias de las
cadenas: Good Morning, America; Today; CBS Morning News; luego CNN, 20/20 de
ABC y PM Magazine de CBS, y Unsolved Mysteries, The Other Side, Dateline, In
Search Of, y otros. Las experiencias cercanas a la muerte eran algo natural
para programas de entrevistas de televisión con presentadores como Phil
Donahue, Oprah Winfrey, Larry King, Sally Jessy Raphael, Geraldo Rivera,
Rolanda, etcétera. Las llamadas se dirigían directamente de los productores
asociados a los autores y a la oficina de IANDS; generalmente eran llamadas
urgentes alegando que un programa necesitaba ayuda inmediata para reclutar lo
que se llegó a denominar "un grupo completo", es decir, uno o más
expertos, al menos un experto elocuente y fotogénico, y un escéptico
(preferiblemente un médico). Casi nunca se solicitaba la presencia de religiosos.
Tome un mapa de América del
Norte y marque cada ciudad lo suficientemente grande como para tener una
estación de televisión, digamos, una población de 50,000 o más. Ahora,
supongamos que cada uno de los presentadores de noticias locales y de programas
de entrevistas en esas estaciones quiere localizar y programar uno o dos
invitados para hablar sobre experiencias cercanas a la muerte. La cuenta va en
aumento. Desde los EE. UU. y Canadá, Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Alemania,
Japón, Australia, Brasil, las solicitudes siguieron llegando. Investigadores y
experimentadores volaron de costa a costa. Los equipos de televisión invadieron
hogares y oficinas: jóvenes apuestos, enérgicos, a menudo encantadores que
llegaron con una gran cantidad de equipo técnico costoso (y muy grande) y, a
veces, preguntas menos loables. Un equipo completo de televisión japonés de
ocho personas, (solo uno de los cuales hablaba inglés y mal) pasó dos días
filmando en mi sala de estar. Eran jóvenes amables, corteses y amigables que
estaban encantados de descubrir la comida estadounidense. No fue la única
visita de este tipo, aunque fue una de las más divertidas.
Adondequiera que iban los
libros sobre historias cercanas a la muerte la atención de los medios seguía este
patrón, hasta mediados de los años 1990, cuando un frenesí positivo en torno a
los libros autobiográficos como Abrazado por la luz, de Betty Eadie, y Salvado por la luz, de Dannion Brinkley, pareció agotar a
todos, al menos por un tiempo.
Algunos programas eran
excelentes; otros, pésimos, pero todos eran demasiado simplistas. Los programas
más largos, en general, funcionaban mejor, siempre que la ambición del
presentador no se inclinara hacia el sensacionalismo. (Los productores de un
programa de una hora en Nueva Inglaterra aseguraron a los posibles invitados
que su objetivo era una presentación equilibrada y reflexiva, pero lo emitieron
en el día de Todos los Santos Difuntos, con música sepulcral, nubes de humo
simulando niebla que se arremolinaba de forma espeluznante y con la estrella
del cine de terror Vincent Price como presentador.
Independientemente de su
calidad, los programas lograron lo que el pequeño grupo de investigadores
deseaba: sembrar el concepto de las ECM en la conciencia pública. A principios
de la década de 1980 un orador podía preguntar al público: "¿Cuántos de
ustedes saben algo sobre las experiencias cercanas a la muerte?" y una o
dos manos se levantaban. Para finales de la década la pregunta podía ser a la
inversa: "¿Alguien aquí no sabe algo sobre las
experiencias cercanas a la muerte?" y audiencia tras audiencia ni una sola
mano se levantaba. La Parca parecía estar sin trabajo.
Si las noticias sobre ECM
eran un festín eran los autores quienes lo preparaban, los medios quienes lo
servían, y el público, que no se cansaba, quien lo consumía. Más de un
conferenciante, a principios de la década, encontró a su público tan ávido de
información, de consuelo, de cualquier cosa que
sugiriera que la vida puede tener sentido y promesa, que la mera sensación de
necesidad era casi abrumadora. El peligro imprevisto residía en que muchísimas
personas, tanto las que habían tenido experiencias como las que no, dominadas
por una cosmovisión materialista y secular, e ingenuas hasta la ignorancia
sobre el alcance de la religión o la espiritualidad, carecían de vocabulario
para tales encuentros, y de forma adecuada de procesar o comprender lo que
asimilaban.
Ignorado al principio, se
preparó el terreno para lo que la autora y experimentadora Atwater más tarde llamaría “el
mito de la experiencia cercana a la muerte” (1994). Ese mito es la
expectativa e incluso la insistencia de que todas las ECM son felices y
pacíficas, y que quienes las experimentan se transforman sin esfuerzo, si no en
santos al menos en ejemplos de iluminación. Finalmente, por supuesto, la otra
piedra tenía que caer.
2. EL FIN DEL EDÉN.
Casi siempre, en el turno de
preguntas después de una charla sobre ECM alguien valiente se atrevía a
preguntar: “Todas estas experiencias son tan hermosas. ¿Alguna vez, ya sabe,.
alguien menciona, bueno, el otro tipo?”. Y el auditorio quedaba en silencio.
Siempre era difícil saber cómo responder sin romper la burbuja de esperanza.
Raymond Moody (1997) había
sido bastante explícito: Sigue siendo cierto que en la masa de material que he
recopilado nadie me ha descrito nunca un estado como el infierno arquetípico.
Kenneth Ring (1980, al igual
que Moody, fue firme: “Cabe destacar que ninguna
persona de nuestra muestra incluidos, por supuesto, todos nuestros casos de
intento de suicidio, relató una experiencia que pudiera considerarse un 'viaje
al infierno'. Aunque algunas experiencias de muerte sí incluyeron aspectos
aterradores o momentos de confusión e incertidumbre, ninguna se caracterizó por
sentimientos o imágenes predominantemente desagradables”.
En el estudio de Sabom
(1982), “En cada caso en que se experimentaron emociones desagradables se
percibieron como una simple impresión momentánea en una ECM por lo demás
placentera. Es concebible que esta evaluación general hubiera sido diferente
(es decir, desagradable) si la experiencia hubiera terminado abruptamente en el
momento en que se percibió la emoción desagradable”.
De hecho, de las 354 experiencias
cercanas a la muerte en ocho estudios importantes realizados entre los años
1975 y 2005, incluidas las investigaciones hospitalarias más grandes, no hubo
ningún informe desagradable (Bush, 2009).
LA NUBE OSCURA.
En la embriagadora euforia
por las maravillosas experiencias cercanas a la muerte el anhelo de las
audiencias por escuchar la buena noticia, la emoción intelectual de un nuevo
descubrimiento, la seducción de las cámaras de televisión, la oleada de
esperanza espiritual, nadie quería oír que algunas podrían apuntar en una
dirección muy diferente. Pero entonces,
en 1978, escribiría Kenneth Ring años después, “una oscura nube de
testimonios escalofriantes comenzó a penetrar el cielo previamente luminoso de
los informes de experiencias cercanas a la muerte” (1994).
La "nube oscura"
fue un libro impactante publicado por el cardiólogo de Chattanooga Maurice
Rawlings (1978). En Más
allá de la puerta de la muerte, Rawlings describió con sombríos
detalles otro tipo de experiencia de algunos de sus pacientes que fueron
reanimados tras paro cardíaco. "¡Doctor! ¡Doctor! ¡No deje que me vuelva a
hundir! ¡Estoy en el infierno!". Un escalofrío recorrió a casi todos los
que leyeron el libro. Un aspecto antiguo y hostil del universo había resurgido.
Más allá
de las puertas de la muerte causó una profunda impresión en los círculos
cristianos evangélicos, pero no tuvo la misma acogida que Vida después de la vida. Quizás
lo más obvio es que el tema no fue bien recibido por los lectores, quienes se
alegraban de leer sobre experiencias maravillosas y celestiales, pero no sobre
el terror cósmico y un Dios vengativo. Muchos, especialmente quienes se sentían
perjudicados por la religión organizada, consideraban las conclusiones de
Rawlings desagradables, incluso ofensivas, mientras que el cristianismo
convencional tendía a considerarlas torpes.
Desde la perspectiva de la
investigación existían otros problemas. La mayoría de las experiencias en Más allá de la muerte
se presentaban no con las palabras de quienes las experimentaron sino como los
recuerdos de Rawlings sobre o que los pacientes le habían contado, a veces años
después. Además, muchos de los "hechos" informados eran imprecisos,
si no completamente erróneos: nombres incorrectos, afiliaciones institucionales
de los investigadores incorrectas, y otros hallazgos de investigación citados erroneamente.
Si esos hechos, fácilmente verificables, eran erróneos, ¿qué podía confiarse
del resto de su trabajo?
Lo más perjudicial de todo es
que Rawlings estaba claramente menos interesado en la información objetiva que
en su convicción, como fundamentalista cristiano, de que el infierno aguarda a
cualquiera que no viva según la doctrina teológica cristiana conservadora.
Desde esa perspectiva escribía para salvar almas. Si bien esta postura
fortaleció su reputación dentro de la comunidad cristiana conservadora no fue
bien recibida en otros lugares y reforzó la sospecha de que las aterradoras
experiencias cercanas a la muerte probablemente se asociaban exclusivamente con
creencias religiosas sobre el fuego y el azufre del infierno.
En 1995 el Rawlings fue
invitado a presentar una sesión en la conferencia norteamericana de la IANDS.
Incluso para quienes se horrorizaron con su escabrosa presentación quedó claro
que su gran compasión provenía del deseo de salvar a quienes se creía
destinados a un destino terrible. Sin embargo, su actitud compasiva no disuadió
a varias personas de abandonar la conferencia. En general, lo que Rawlings
llamaba experiencias infernales eran consideradas por la corriente principal de
los estudios como "experiencias negativas", un asunto marginal.
Sin embargo, Rawlings no
estaba solo. A pesar de los hallazgos optimistas de los principales estudios
que solo reportaban experiencias placenteras, incluso en las primeras
publicaciones había indicios de que algunas experiencias no eran del todo
felices.
El psicólogo Charles A.
Garfield informó ya en 1979 que, de 36 personas entrevistadas, ocho
describieron vívidas visiones demoníacas o de pesadilla, mientras que otras
cuatro informaron características alternadas de felicidad y terror.
Poco después, tres
investigadores del estado de Washington definieron una ECM negativa como “aquella
que contiene miedo, pánico o ira extremos. También puede incluir visiones de
criaturas demoníacas que amenazan o se burlan del sujeto” (Lindley et al.,
1981). Ese estudio informó haber encontrado once de 55 ECM “parcialmente
negativas o infernales”. Señalaron que “la mayoría de las experiencias
negativas comienzan con una oleada de miedo y pánico o con la visión de
criaturas iracundas o temerosas”, pero “suelen transformarse, en algún momento,
en una experiencia positiva en la que toda negatividad desaparece y se alcanza
la primera etapa (pacífica) de la muerte”.
Michael Sabom (1982, 20) había
observado que un susto o desconcierto momentáneo a veces acompañaba el paso
inicial hacia la oscuridad, y citó a dos de sus pacientes que dijeron:
“Había oscuridad total a mi
alrededor. Todo lo que ves es oscuridad a tu alrededor. Si te mueves muy rápido
puedes sentir cómo los lados se acercan. Me sentí solo y un poco asustado. Lo
siguiente que recuerdo es que estaba en completa oscuridad era un lugar muy
oscuro y no sabía dónde estaba, qué hacía allí ni qué pasaba, y empecé a
asustarme”.
Con Las aventuras de la inmortalidad de George Gallup se incluyó un capítulo
completo titulado "Descenso al abismo" ( Capítulo 6 ). En él, Gallup
informó: "Nuestra importante encuesta nacional de quienes estuvieron cerca
de la muerte mostró que solo el uno por ciento dijo haber tenido una sensación
de infierno o tormento. Otros investigadores adoptaron rápidamente esa cifra
del uno por ciento como porcentaje total de experiencias angustiosas, pasando
por alto la conclusión del párrafo de Gallup: “Pero el panorama es más complejo
que eso. Parece claro que muchas de estas personas se resistieron a interpretar
su experiencia en términos positivos”.
Un hombre de 30 años dijo: “Sentí
que me estaban engañando para que muriera. Mentalmente luchaba con rostros
desconocidos, y sentía que tenía que estar alerta para no morir”.
Un ama de casa de Illinois de
mediana edad relató: ”Veía cosas enormes que se acercaban, como animales con
bates de béisbol. Entonces, estaba en un agua azul verdosa, y frente a mí había
una enorme roca blanca, parecida al mármol. En la cima de la roca había una luz
brillante, y al acercarme, vi la imagen de una persona de pie sobre ella con
ropa blanca, como una túnica. Pero no podía distinguir si era hombre o mujer;
no podía verle la cara en absoluto”.
Un estudiante de derecho de
veintitantos años relató su experiencia en un accidente automovilístico: “Mi
primer pensamiento fue: 'Debo estar muerto. Así debe ser la muerte'. Pero
ciertamente no fue una dicha. Simplemente nada. Me sentí como un trozo de
protoplasma flotando en el mar. Pensé: 'Quizás estoy perdido, quizás no voy al
cielo'“.
“Las experiencias cercanas a
la muerte negativas en nuestro estudio, -resumió Gallup-, incluyen algunas de las
siguientes características: rostros sin rasgos distintivos, a veces
amenazantes; seres que a menudo están simplemente presentes, pero que no son
para nada reconfortantes; una sensación de incomodidad, especialmente inquietud
emocional o mental; sentimientos de confusión sobre la experiencia; una
sensación de ser engañado o embaucado para la destrucción final; y miedo a lo
que pueda implicar la finalidad de la muerte”.
De Charles P. Flynn (1986),
sociólogo de la Universidad de Miami en Oxford, Ohio, proviene el relato de una
mujer que dijo haber visto un reino de 'espíritus perturbados':
“Es una zona oscura y
lúgubre, y te das cuenta de que está llena de almas perdidas, o seres que
podrían ir por el mismo camino que yo [hacia la Luz] si tan solo miraran hacia
arriba. Sentí que todos miraban hacia abajo, como si se arrastraran, y se oía
una especie de gemido. Había cientos de ellos, con aspecto muy abatido. La
confusión que sentí al salir de aquello fue tremenda. Cuando pasé por esto,
sentí mucho dolor, mucha confusión, mucho miedo, todo mezclado en uno. Fue una
sensación muy pesada”.
Nota del Traductor.
En algunos estudios se cita esta situación como perteneciente a lo que se llama
“bajo astral”, que se refiere a un plano
de existencia en el mundo espiritual caracterizado por energías densas,
negativas y frecuentemente asociado con entidades oscuras o perturbadoras. Este
plano se encuentra en un nivel inferior del astral con vibraciones máa bajas y
pesadas en contraste con los niveles superiores asociados con vibraciones más
altas y energías más puras y positivas. En el bajo astral es donde residirían
almas perdidas, espíritus inquietos, demonios, larvas astrales, parásitos y
seres negativos que pueden influir en el mundo físico de manera perjudicial y
se describe como lugar sombrío lleno de miedo, desesperación y conflictos donde
las emociones negativas como odio, ira y miedo predominan. Se considera que el
bajo astral es accesible a través de sueños, experiencias fuera del cuerpo,
desdoblamiento o viajes astrales, y a menudo se asocia con pruebas espirituales
o enfrentamientos con aspectos oscuros del ser. En este plano estarían almas
con fuertes apegos al plano material, en este caso terrestre, que necesitan
tiempo para liberarse. No son almas o espíritus abandonados ya que pueden ser
asistidos por otros espíritus cuando lo
piden para seguir su camino de creciiento. En todo caso se informa que ese no
es un plano “infernal” pues la realidad que viven esos espíritus es
autoimpuesta y dura lo que necesitan para ser conscientes de la ilusión creada y
la decision de liberarse. No parece que sea un plano por el que se transite
obligatoriamente a no ser que se tenga algún tipo de necesidad o situación que
lo induzca. Para salir del plano basta la voluntad de hacelo trayendo a la
conciencia luz. Fin de la nota.
El estudio Greyson-Bush.
A pesar de estas
observaciones ocasionales, en 1987 había tan poca prueba pública de ECM
desagradables que en la publicación Otherworld Journeys, comparando las experiencias cercanas a
la muerte medievales con las modernas, Carol Zaleski pudo hacer la observación
a menudo citada (1987) siguiente: "Atrás quedaron las malas muertes,
escenas de juicios severos, tormentos purgatorios y terrores infernales de las
visiones medievales. En comparación, el mundo moderno es lugar agradable, una
democracia, una escuela para la educación continua y un jardín de delicias
sobrenaturales".
La poca frecuencia de ECM
alarmantes en los materiales que se tenían entonces no se debe, en
retrospectiva, a que la angustia no exista en el repertorio moderno de
experiencias cercanas a la muerte sino a que quienes las experimentaron no
estaban listos para compartirlas. Sin embargo, poco a poco eso estaba a punto
de cambiar.
Mientras las experiencias
celestiales inundaban las editoriales y otros medios, en las oficinas de IANDS
alguna carta o llamada telefónica ocasional insinuaba miedo o desagrado durante
una experiencia; casi nunca una declaración directa, sino una pista. Sabía por
mi experiencia que la imagen de las ECM como exclusivamente dichosas era
incompleta así que fue bastante fácil comenzar a invitar a quienes daban
indicios de la falta de dicha, a decir más. Además, el psiquiatra Bruce Greyson
se había unido a Kenneth Ring en la facultad como jefe de la división de
investigación de IANDS y editor del Journal of Near-Death Studies, tenía razones profesionales
para querer más información y también había comenzado una pequeña colección de
estas ECM anómalas. De nuestro interés compartido surgió el primer estudio de
aterradoras experiencias cercanas a la muerte.
Metodología.
El plan parecía bastante
sencillo. El estudio, sin financiación, se llevaría a cabo a medida que se
dispusiera de información. Su metodología era necesariamente rudimentaria. Solo
utilizaríamos relatos en primera persona. Si alguno de nosotros percibía una experiencia
desagradable nos pondríamos en contacto con la persona, sondearíamos su
situación, le explicaríamos nuestro interés en obtener información útil sobre
estas experiencias y la invitaríamos a participar en un estudio. Un sistema de
codificación garantizaría el anonimato. Los participantes aceptarían escribir o
grabar el relato de su ECM con el mayor detalle posible. Firmarían un
formulario de consentimiento que permitía el uso anónimo del material y
rellenarían un breve cuestionario solicitando información demográfica y las
circunstancias en las que se produjo la ECM. Para obtener información adicional
se contactaba con el experimentador. El resultado sería el primer estudio
descriptivo de estas experiencias ocultas. Es más fácil decirlo que hacerlo.
La trabajadora social médica
Kimberly Clark Sharp fue la primera en observar que esta es una población que
desaparece (Sharp, 1984). Para muchas personas con una ECM dolorosa admitir que
la han tenido es lo máximo que pueden hacer. Describirla puede parecer
imposible y si superan su miedo el tiempo suficiente para dar un relato
abreviado se quintan de enmedio rápidamente. La observación de Kimberly nos
pareció frustrantemente cierta.
La situación típica era la de
una persona que se quedaba muy atrás después de un programa sobre ECM, se
acercaba sigilosamente al orador cuando el resto del público ya no podía oírla
y balbuceaba: “Tuve una experiencia, pero fue, no sé. ¿Cómo es que todos los
demás van al cielo y yo, eso?”. Se le
preguntaba: ¿Estaba dispuesta a decir más sobre “eso”? Respuesta: No.
Una persona escribió: “Mi
experiencia fue que fui al infierno. ¿Por qué no le dices la verdad a la gente?”.
Se le preguntó si lo comentaría por teléfono o escribiría más en otra carta. La
respuesta fue: No.
Enterrado en una descripción
de ECM, por lo demás radiante, a veces se podía encontrar un comentario
escueto: “Una parte de mi experiencia fue demasiado aterradora como para
contarla. Recé a Dios y todo salió bien”. ¿Acaso la persona daría más detalles?
No.
Nos llevó nueve años
encontrar a cincuenta personas que pudieran aportar suficientes detalles para
crear una visión coherente de tales experiencias. A pesar de poder recurrir a
todos los recursos de IANDS, y a pesar de haber contactado con varios miles de
personas que las experimentaron, el aislamiento fue tan intenso que incluso
cuando nuestros encuestados se animaron a escribir sus relatos, pocos estaban
dispuestos o pudo completar el cuestionario, responder preguntas o acceder a
una entrevista. (Una participante, a instancias de su psicoterapeuta,
finalmente accedió a contactar a uno de los investigadores para una entrevista,
nueve años después del estudio).
Decir que la respuesta fue
lenta es sugerir una velocidad considerablemente mayor de la que fue en realidad.
El seguimiento generó formularios de consentimiento, pero no mucho más. Por lo
tanto, la información demográfica sobre los participantes es extremadamente
limitada. Lo que se sabe es que su edad en el momento de la experiencia fue a
partir de los nueve años y sus niveles de educación van desde el abandono de la
escuela secundaria hasta la finalización de estudios de posgrado. Incluyen
trabajadores, profesionales, desempleados y estudiantes, cristianos, judíos,
sin preferencia religiosa, y laicos. Otros estudios han demostrado que las
personas con experiencias cercanas a la muerte representan un amplio sector
transversal de la población en general (Ring, Sabom, Gallup, van Lommel), y no
hay razón demostrable para creer que esta muestra sea diferente. En general,
las personas con ECM no parecen tener mayor probabilidad que cualquier segmento
aleatorio de la población de tener problemas emocionales o psicológicos o una
enfermedad mental manifiesta (Greyson, 2000 y Holden, 2009). Por lo que sabemos
sobre estos cincuenta individuos, son un grupo representativo de personas
comunes que han tenido una experiencia extraordinaria.
El hallazgo fundamental del
estudio se hizo evidente rápidamente: no existe una "experiencia angustiosa"
universal. De hecho, se observó una mayor variedad de fenómenos en estos
relatos que en los de experiencias placenteras. En general, tienden a seguir el
patrón básico de las ECM descritas por Ring y Greyson siempre que se amplíe la
terminología para abarcar más que emociones específicamente placenteras.
El Índice de Experiencias Básicas Ponderadas de Ring incluye, como
medidas de ECM placenteras: una sensación subjetiva de estar muerto; intensa
sensación de paz, ausencia de dolor, etc. (el grupo afectivo central);
sensación de separación corporal; sensación de entrar en una región oscura;
encontrar una presencia o escuchar una voz; hacer balance de la vida; ver o estar envuelto en luz; ver
colores hermosos; entrar en la luz; y encontrarse con espíritus visibles. En
términos neutrales, el Índice también se aplica a experiencias aterradoras: por
ejemplo, definiendo el grupo afectivo central como “emociones intensas” en
lugar de “sensación de paz, etc.” e “impresiones sensoriales vívidas” en lugar
de “ver colores hermosos”.
Nᴏ ᴇsᴘᴇʀᴇs ᴅᴇ ᴇsᴇ ʜɪᴊᴏᴅᴇʟᴀɢʀᴀɴᴘᴜᴛᴀ
ᴄʀɪᴍɪɴᴀʟ ᴏᴛʀᴀ ᴄᴏsᴀ ǫᴜᴇ ᴅᴇsᴘʀᴇᴄɪᴏ ᴘᴏʀ ᴇʟ ᴏʀᴅᴇɴ "ɪɴsᴛɪᴛᴜᴄɪᴏɴᴀʟ". Lᴀ ʙᴀsᴜʀᴀ
sᴏᴢɪᴀʟɪsᴛᴀ ᴇs ᴇsᴏ, ʙᴀsᴜʀᴀ ᴀᴜᴛᴏᴄʀᴀ́ᴛɪᴄᴀ ʏ ᴄʀɪᴍɪɴᴀʟ. ᴛᴇ ʀᴏʙᴀ, ᴛᴇ ᴍᴇᴀ ᴇɴ ʟᴀ ᴄᴀʀᴀ ʏ
ᴛɪᴇɴᴇs ǫᴜᴇ ᴅᴇᴄɪʀ ǫᴜᴇ ᴇs sᴀʟᴜᴛɪ́fᴇʀᴀ ʟʟᴜᴠɪᴀ. Sɪ́, ᴄɪᴇʀᴛᴀᴍᴇɴᴛᴇ ʙᴜᴇɴ ᴀʟᴜᴍɴᴏ ᴅᴇ ʜɪᴛʟᴇʀ
ǫᴜᴇ ᴄᴜᴇɴᴛᴀ ᴄᴏɴ ʟᴀ ᴄᴏʙᴀʀᴅɪ́ᴀ ᴅᴇ ʟᴀ ᴘᴏʙʟᴀᴄɪᴏ́ɴ sᴜʙᴠᴇɴᴄɪᴏɴᴀᴅᴀ. ᴄᴏsᴇs ᴠᴇʀᴇᴅᴇs...
Patrones
Entre los cincuenta relatos
surgieron tres tipos distintos de experiencia. En el más común los elementos de
la clásica ECM placentera se experimentaron como aterradores. El segundo tipo
fue una experiencia de la nada, de estar sin sensaciones o existir en un vacío
ilimitado y sin rasgos distintivos. El tercer tipo, con mucho el menos relatado,
se corresponde más estrechamente con el infierno de la imaginación popular. Los
hallazgos del estudio, publicados por primera vez en la revista Psychiatry
(Greyson y Bush, 1993), constituyen la base del siguiente capítulo.
3. LAS EXPERIENCIAS
Es fácil identificarse con el
tono emocional de las hermosas experiencias. Los placenteros relatos se narran
con tanta pasión, con tanto cuidado para ambientar, explicar las circunstancias
y describir hasta el más mínimo detalle de la ECM que es fácil comprender cómo
una persona encontraría gloria en ese tipo de experiencia: emociones refinadas
y vívidas, descripciones superpuestas.
En cambio, un lector que
termina de leer el relato de una experiencia perturbadora tiende a pensar: “Bueno,
no sé a qué viene tanto alboroto. No me parece gran cosa”. Muchos de estos
relatos, sobre todo los que son primeros relatos, suenan casi gruñones, breves
hasta el punto de la brusquedad, con pocos detalles y sin comentarios. Además,
en la gran mayoría de estas ECM los efectos especiales de las películas parecen
mucho más aterradores que los fenómenos. Siendo así, ¿qué tienen de terrible?
Al abordar las experiencias
de otras personas es útil recordar que esa cosa de ocho patas que es el sueño
de un coleccionista de insectos puede provocarle a alguien un paro cardíaco.
Hacemos bien en no prejuzgar lo que otra persona experimentará como, en última
instancia, aterrador. Tú, sentado ahí leyendo, no acabas de ser sacado de tu
cuerpo a un vecindario realmente extraño donde tienes que lidiar con cosas
increíbles que suceden, que no puedes explicar y no sabes qué te está
sucediendo. Además, la amenaza es un componente muy
real de muchas experiencias, pero es invisible (razón por la cual la buena
música de películas gana un Óscar por crear estados de ánimo cuando no hay nada
que ver). Imagínate un apagón nocturno en una casa
extraña, de pie en la puerta de un sótano cavernoso desde el que has estado
escuchando ruidos. Con solo una linterna tenue empiezas a abrir la puerta.
¿Puedes decir de verdad: “Oh, no es nada”?
Para comprender el miedo que
conlleva "captarlo" hay que ponerse en el lugar de quien narra la
experiencia. Imagínate vívidamente en la situación: estate
presente, como si estuvieras inmerso en una película y ahora te estuviera
sucediendo. Esta es la única manera que conocemos de
transmitir la profundidad y el poder de estas experiencias en la vida de
quienes las cuentan con tanta reticencia.
Salvo indicación contraria,
los relatos de experiencias provienen de los archivos de Bruce Greyson y de los
míos. En el Apéndice A se incluyen relatos adicionales de cada tipo.
MIEDO A LA LUZ.
En el primer tipo, los
elementos de la experiencia (suceso extracorporal, movimiento, luz, presencias,
etc.) pueden ser idénticos a los de un relato dichoso. Lo que difiere es la
respuesta emocional a ellos.
A continuación, se presentan,
a modo de ejemplo, dos relatos de experiencias extracorporales, ambas
originadas en reacciones alérgicas graves. Circunstancias casi idénticas
producen respuestas emocionales muy diferentes. Para la primera joven, esta
experiencia no es, en absoluto, angustiosa:
Renée.
La hinchazón empeoró
considerablemente y tenía gran dificultad para respirar... De repente me
encontré a pocos metros del cuerpo observando, con gran curiosidad, cómo los
bomberos me practicaban respiración boca a boca y me golpeaban violentamente
las piernas... y me encontré viendo esta escena cósmicamente cómica desde un
punto ligeramente por encima de los cables telefónicos... Encantada por mi
recién encontrada libertad, comencé a remontar. Me había convertido en el
fénix, liberada por fin de las limitaciones del mundo físico. Estaba eufórica.
A mi alrededor había música; el éter de mi nuevo universo era amor, un amor tan
puro y desinteresado que solo anhelaba más... (Pasarow, 1981, 11)
Observa las palabras: “curiosidad”,
“cósmicamente cómico”, “encantado”, “libertad”, “liberado de limitaciones”, “emocionado”,
“anhelaba más”. Este es el tono clásico de la ECM placentera. El énfasis está
en la experiencia en sí, más que en lo que sucedía a su alrededor o en el miedo
a lo que pudiera suceder. El pronombre “yo” se usa siete veces en el original
en inglés.
En contraste, con
circunstancias físicas casi idénticas, un relato angustioso describe la
ansiedad masiva de una mujer de 38 años:
Bárbara
Tenía los ojos completamente
hinchados y cerrados, y me costaba respirar... Después de unos minutos el
cuerpo empezó a temblar violentamente. Experimenté una sensación de flotar
sobre la habitación. Vi una imagen nítida de mí misma tumbada en la camilla. Vi
al médico y a la enfermera, a quienes nunca había visto, y a mi marido de pie
junto a el cuerpo. Me asusté y recuerdo que sentí una profunda desagrado por lo
que veía y lo que estaba sucediendo. Grité: "¡No me gusta esto!",
pero nadie en la habitación me oyó. Al cabo de un rato abrí un ojo ligeramente
y vi que la habitación y las personas estaban exactamente igual que las había
visto durante mi sensación de flotar.
Mientras que el primer relato
describía principalmente sensaciones emocionales,
Barbara describe sensaciones físicas: ojos hinchados,
dificultad para respirar, temblores violentos, flotar. Su atención se centra en
lo que puede identificar visualmente en el entorno físico: la habitación, los
asistentes y su esposo, la mesa, su cuerpo, gente extraña que nunca había
visto. Emocionalmente estaba asustada, “no me gustó”, “no me gusta”. Intenta
reconectar con el mundo físico pero no la escuchan. El pronombre "yo"
aparece catorce veces en el original en inglés. Cabe destacar que no estamos
sacando conclusiones en este punto, solo observando detalles sobre las
diferentes maneras en que las mujeres describen sus experiencias. No tenemos
información que sustente una idea de por qué ambas experiencias fueron tan
diametralmente opuestas en sus efectos.
Comentarios sobre la experiencia invertida
Este tipo de experiencia
suele incluir características propias de una experiencia placentera, pero se
percibe con fuertes matices emocionales desagradables. Kenneth Ring fue el
primero en llamarlas experiencias "invertidas". Como se ve en la comparación
anterior, lo aterrador de este tipo de experiencia no es tanto su contenido
objetivo como la reacción subjetiva de la persona al
mismo. Las situaciones se suceden demasiado rápido; su incongruencia las vuelve
potencialmente peligrosas; quien las experimenta se siente impotente. Para un
materialista cuya fe reside en la certeza de que solo el mundo físico es real,
puede darse cuenta de que, como ha dicho Ring repetidamente a lo largo de los
años, "No saben lo que encontraron; solo saben que no se suponía que estuviera
allí". La realidad se está desmoronando.
Aquí, por primera vez, vemos
la dificultad conceptual de encontrar un reino ajeno .
El mundo de la ciencia, recordemos, no se ocupa de lo no físico. Pocos somos
monjes contemplativos, imbuidos del mundo de lo trascendente y versados en la
historia de la práctica espiritual; la mayoría carecemos de lenguaje y contexto
para este tipo de suceso. Tres conceptos estrechamente relacionados que
influyen en esto son el control, el riesgo y la entrega .
Control
Una y otra vez, en este tipo
de experiencia se encuentra la descripción de sucesos "fuera de
control". Para una persona acostumbrada a la serenidad y al control esto
supone una alarmante pérdida de orden. Todo se mueve demasiado rápido, los
demás no escuchan, no hay nada a lo que aferrarse para frenar las cosas. Una
sensación de ir a toda velocidad por un camino resbaladizo impregna su relato
de la experiencia. La seguridad reside en el control. Especialmente para
quienes prefieren relacionarse con el mundo de forma cognitiva, racional y
analítica la modalidad preferida en la cultura occidental, la percepción del
caos puede ser extremadamente alarmante.
Riesgo
Por otro lado, algunas
personas viven para el riesgo. Los conductores de lanchas rápidas y de autos de
carrera, por ejemplo, y los pilotos de pruebas adoran la adrenalina, la
sensación de estar al límite, la certeza de que algo podría salir muy mal en
cualquier momento. Parte de poder disfrutar de tal riesgo reside en la
confianza en la capacidad para afrontar
cualquier imprevisto.
Para la mayoría de nosotros,
cuando una situación supera nuestro conocimiento o nivel de habilidad, la
angustia nos acompaña. Las ECM son arriesgadas. Al igual que la oración y otras
prácticas espirituales, se desarrollan en el ámbito del encuentro no físico,
donde la predicción deja de ser efectiva. Quizás una razón por la que las
personas responden de manera tan diferente a una ECM resida en su capacidad
para tolerar el riesgo radical de la caída libre hacia la
alteridad .
Rendirse
La rendición no es una
postura tolerable para quienes valoran el control y la estructura. La rendición
hace vulnerable a la persona. En nuestro mundo altamente competitivo y
emprendedor, en una sociedad individualista, “vulnerable” significa débil. Y
eso da mucho miedo.
Ram Dass (1989) cuenta una
historia maravillosa sobre una gallina y un cerdo que caminaban por la calle
una mañana buscando el desayuno. Llegaron a un restaurante y la gallina dijo: “Vamos
a comer algo”. El cerdo respondió: “Yo no. No voy a ningún sitio donde anuncien
huevos con tocino”. Y la gallina respondió: “¿Y qué? Pediremos otra cosa”. “No”,
respondió el cerdo. “No lo entiendes. Es el principio: de ti solo quieren una
contribución. De mí quieren una entrega total”.
En el mismo pasaje, Ram Dass
cita a Mahatma Gandhi diciendo: “Dios exige nada menos que la entrega total
como precio por la única libertad que vale la pena tener. Cuando una persona se
pierde a sí misma, inmediatamente se encuentra al servicio de todo lo que vive”.
Jesús dijo: “Si ganas tu vida, la perderás; si la pierdes por mí, la ganarás”.
En este sentido, todos somos los cerdos de Ram Dass.
Al final de la serie de
libros infantiles Narnia,
de CS. Lewis (1956), los numerosos personajes se reúnen para presenciar el fin
del reino terrenal de Narnia. Los niños y sus numerosos amigos se encuentran en
compañía de sus seres queridos, con el gran león Aslan, en un banquete de
deliciosas comidas bajo un cielo azul en un día perfecto. Son delirantemente
felices. A un lado, un grupo de enanos se apiña en un círculo cerrado,
convencidos de que están cautivos en un establo oscuro y mohoso. Aunque tienen
a su disposición el mismo cielo azul, el mismo aire cálido y la misma comida
deliciosa, los enanos no pueden verlos; solo registran heno, nabos viejos y un
abrevadero con agua sucia. Quizás algo similar ocurre con el primer tipo de ECM
aterradora, y la tarea del que la experimenta es distinguir entre un manjar y
un nabo. La dificultad de hacerlo se analizará con más detalle, especialmente
en el capítulo 9 .
EL VACÍO.
Lo que el segundo tipo de
experiencias tienen en común es cierta versión del Vacío, un vacío palpable,
una negación mental pero por lo demás no sensorial, del yo y del mundo. Aunque
la experiencia del Vacío puede parecer a primera vista algo completamente
distinto a una ECM, una mirada más atenta muestra que, a pesar de mostrar menos
elementos típicos, las características están presentes pero son más sutiles.
Estos relatos incluyen episodios extracorporales, sensación de movimiento y
gran velocidad, afecto intenso, oscuridad, mensajes contundentes y una
sensación de Verdad última. Aunque rara vez se ven seres queridos y seres
acogedores puede haber encuentros con otras presencias. Rara vez hay una
revisión de vida. No se percibe la Luz; pero eso, por supuesto, define este
tipo de experiencia que puede dejar un residuo generalizado de vacío y
desesperación fatalista tras el suceso. Varias de las personas cuyas
experiencias se incluyen aquí aún estaban en psicoterapia, algunas de ellas
veinte años después de su ECM.
Gary.
Un joven artista perdió el
control de su coche en una nevada noche de invierno. Al deslizarse por un
terraplén y caer en un arroyo, se golpeó la cabeza contra el parabrisas y
perdió el conocimiento. Describió cómo abandonó su cuerpo, vio cómo el agua
helada llenaba el coche y:
“Vi
venir la ambulancia y a gente intentando ayudarme, sacarme del coche y llevarme
al hospital. En ese momento ya no estaba en el cuerpo. Lo había abandonado.
Probablemente estaba cincuenta o cien metros por arriba, al sur del accidente,
y sentí la calidez y la amabilidad de quienes intentaban ayudarme. Sentí su
compasión y todo el bienestar que emanaba de ellos. Y también sentí la fuente
de toda esa amabilidad y era muy, muy poderosa, y me daba miedo, así que no la
acepté. Simplemente dije: "No". Tenía mucha incertidumbre, no me
sentía cómodo, así que la rechacé.
Y
fue en ese momento que dejé el planeta. Podía sentirme y verme ascender por los
aires, luego más allá del sistema solar, más allá de la galaxia y más allá de
cualquier cosa física. Al principio pensé en dejarme llevar, ver adónde me
llevaba y mantuve la mayor calma posible, simplemente me dejé llevar. Y esa
parte estuvo bien por un tiempo.
Pero
luego, a medida que pasaban las horas sin ninguna sensación, no sentía dolor,
pero no sentía calor, ni frío, ni luz, ni sabor, ni olor, ni ninguna sensación.
Ninguna, salvo una ligera sensación de viajar a una velocidad extremadamente
rápida. Y supe que estaba abandonando la Tierra y todo lo demás, todo el mundo
físico. Y en ese momento se volvió insoportable, horrible, como pasa el tiempo
cuando no se tiene sensibilidad, ni impresión, ni sensación de luz. Empecé a
entrar en pánico, a luchar, a rezar y a hacer todo lo que podía para volver, y
me comuniqué con una hermana mía que había fallecido. Y en ese momento regresé
a el cuerpo, que para entonces ya había sido trasladado al hospital”.
Helena.
Al igual que la experiencia
de la introducción del libro, la siguiente ECM es de una mujer que está dando a
luz. Comenzó a sufrir una hemorragia.
“Las
voces se reían de mí diciéndome que toda mi vida era un 'sueño, que no existían
el Cielo, el infierno ni la Tierra, y que todo lo que había experimentado en la
vida era en realidad una alucinación. Recuerdo que intenté decir a las monjas,
quienes sonreían con la feliz anticipación del inminente parto: '¿Cómo pueden
sonreír si han dado su vida por la religión, y no hay religión, ni cielo ni
infierno?'. Pasé por una etapa de sed terrible, y las voces no dejaban de reír
y decirme: '¿Crees que esto es malo? ¡Espera a la siguiente etapa!'
Me
encontraba precipitándome hacia el tormento final: quedar suspendida en un
vacío total sin nada que ver ni hacer por toda la eternidad. Estaba desnuda y
eso me entristecía porque pensaba: “Si tuviera ropa podría tirar de los hilos y
anudarla o rehacerla para tener algo que hacer”. Y “Si estuviera sentada en una
silla, podría astillarla e intentar hacer algo con las astillas”. Y entonces el
abrumador entendimiento de que la eternidad era eterna, ¡tiempo sin fin! ¿Qué
hacer en un vacío eterno?
...Después
de todos estos años, la pesadilla sigue vívida en mi mente. Te aseguro que el
peor infierno, al menos en mi mente, sería estar suspendida, desnuda, en el
vacío”.
Comentarios sobre el Vacío.
La experiencia del Vacío,
afirma el psiquiatra Stanislav Grof, es la más enigmática y paradójica de todas
las experiencias transpersonales. Es una identificación experiencial con el
Vacío, la Nada y el Silencio primordiales que parecen ser la cuna última de
toda existencia. Este vacío está, en cierto sentido, preñado de toda la
existencia, ya que contiene todo en una forma potencial.
Cuando una persona, por
disciplina y comprensión se encuentra preparada para ello, experimenta el Vacío,
que representa un logro supremo, la cima de la espiritualidad. Para un budista
esto es el Nirvana, el objetivo de la práctica espiritual. Para un cristiano o
un judío, es la unión rapsódica descrita por los grandes místicos. En cambio,
para el occidental promedio, un aficionado espiritual, equivale a ser un
esquiador novato en un salto de esquí olímpico. El problema con "todo en
forma potencial" es que lo potencial aún no es visible; el suceso se
experimenta como un vacío sin objeto, la aniquilación.
Pensemos en la formación de
los científicos que más apreciamos: astronautas, cardiocirujanos, ganadores del
Premio Nobel de química y física. Pasan décadas formándose, aprendiendo datos
desconocidos y habilidades complejas; saben cosas que la mayoría de la gente
desconoce, y que comentan con un vocabulario tan especializado que la charla
informal es casi imposible en las fiestas; al final, solo se sienten
verdaderamente cómodos entre ellos. En otras palabras, sus profesiones exigen
que se conviertan en esotéricos, guardianes de un conocimiento oculto para el
resto de nosotros. Lo consideramos perfectamente normal: después de todo, son
astronautas, químicos moleculares, etc.
Otro grupo de expertos pasa
por una formación de la misma intensidad. Dedican décadas a formarse en hechos
desconocidos, habilidades complejas, vocabulario especializado y conocimientos
ocultos para el resto de nosotros. La mayoría ni siquiera asiste a fiestas. Son
técnicos de lo sagrado, astronautas del espíritu: benedictinos y trapenses, lamas
tibetanos y derviches sufíes, herederos del Baal Shem Tov. Su tarea es
adentrarse en las profundidades de la conciencia y describir lo que encuentran.
Sin embargo, a pesar de su erudición y disciplina la mayoría consideraremos su
aprendizaje fantasioso y sus habilidades imposibles porque su especialidad
reside en la vida no física. Muchos podríamos poseer ese conocimiento, al igual
que podríamos convertirnos en astronautas, si estuviéramos dispuestos a
emprender la disciplina; pero la disciplina suena demasiado a opresión en el
mundo actual, y sospechamos que solo una persona neurótica la toleraría. Por
otro lado, las personas con mentalidad científica pueden admirar la disciplina
pero es casi seguro que desacreditarán esa habilidades consideradas no científicas.
¿No es curioso, como comentó
una vez un amigo, que practiquemos la guitarra, el saxofón y el piano; golf y
gimnasia, que practiquemos aeróbic pero rara vez, o nunca, practiquemos algo en
nuestra vida interior? Pasamos meses planeando unas vacaciones de dos semanas,
pero no planeamos morir, ni, en realidad, cómo vivir. Tendemos a pensar que
simplemente sucederá. Y así, aunque ni se nos ocurriría pedirle a un aficionado
que pilotara una misión espacial, de alguna manera esperamos encontrarnos con el
espacio interior sin entrenamiento ni ayuda.
El resultado, cuando llega el
Vacío, es con demasiada frecuencia la respuesta descrita por Dorothee Soelle:
"...la experiencia de ser abandonado por Dios. En lo más profundo del
sufrimiento, las personas se ven abandonadas y desamparadas por todos. Aquello
que dio vida a su significado se ha vuelto vacío; resultó ser un error, una
ilusión destrozada, una culpa irreparable, un vacío. Los caminos que conducen a
esta experiencia de la nada son diversos, pero la experiencia de aniquilación
que ocurre, es la misma”.
Una mujer resume los efectos
posteriores que mencionan muchas personas con este tipo de experiencias:
“Al regresar a casa me di
cuenta de que no quería hablar con nadie. Sentía que nadie existía excepto yo.
Continué con mis deberes de esposa y madre pero me preguntaba por qué. Veía la
televisión y pensaba que yo había creado todo lo que se mostraba. Luego me
preguntaba por qué no sabía el desenlace de una película, y entonces
racionalizaba que estaba creando mientras la veía así que, naturalmente, no
había creado un final hasta el final. Escribí este poema unas semanas después: He
estado en el infierno./ No es como dices: / No hay fuego ni azufre, /La gente
grita por otro día. / Solo hay oscuridad en todas partes.”
INFIERNO.
La mayoría de la gente asume
que todas las experiencias cercanas a la muerte aterradoras serán infernales;
sin embargo, este fue el tipo menos común en el estudio, al igual que en los
archivos de IANDS y en las diversas colecciones de relatos de ECM. No obstante,
son las más frecuentes en formato libro (es más difícil ser "sexy" y
publicar sobre, por ejemplo, el Vacío). Aunque son las menos numerosas, aquí se
encuentra la gama más amplia de imágenes, un catecismo de horrores vívidamente
sentido, no todas visuales. La información más temprana sobre estas ECM llegó
de forma breve, a veces abrupta, como cartas a menudo de un miembro de la
familia de la persona que experimentó la experiencia, como en las citas a
continuación.
1.
Cuando [mi suegra] recobró el conocimiento tenía la mirada más aterrorizada que
jamás había visto y me dijo: 'Acabo de ver el Infierno de Dante'. Eso fue todo.
No dijo nada más.
2.
Después de que recuperó el habla, [mi cuñado] contó esta experiencia. Sintió
que se deslizaba por unas escaleras y luego descendía en la oscuridad, con temor
y miedo profundo. Llegó abajo y vio unas puertas enormes y oxidadas con un
candado y una cadena oxidados, y gente sentada afuera, en bancos. Tenía tanto
miedo de lo que vio que entró en pánico y supo que estaba a las puertas del
infierno. Con gran esfuerzo volvió a subir esas escaleras al mundo exterior y
se dio cuenta de que estaban trabajando en él para que le latiera el corazón.
3.
El infierno es un pozo y hay oscuridad, pero también fuego. Estuve en un lugar
al que la Biblia llama oscuridad exterior
y no es agradable... Después de mi experiencia, no pude hablar de ello. No
quería que la gente supiera que había ido al infierno... Algunos quizás solo
quieran tomarse a broma este asunto del 'infierno', pero tan real como es esta
carta, también lo es ese lugar.
Fran.
De una mujer de 26 años que
intentó suicidarse con sobredosis de drogas:
“El
médico se inclinó hacia mí y me dijo que estaba muriendo. Los músculos del
cuerpo comenzaron a contraerse, sin control. Ya no podía hablar pero sabía lo
que estaba pasando. Aunque el cuerpo se ralentizó todo a mi alrededor, y lo que
me sucedía, se aceleraba. Entonces sentí que el cuerpo se deslizaba hacia
abajo, no en línea recta sino en ángulo, como en un tobogán. Era frío, oscuro y
húmedo. Al llegar al fondo parecía la entrada de una cueva, con lo que podrían
ser telarañas colgando. El interior de la cueva era gris y marrón.
Oí
gritos, lamentos, gemidos y rechinar de dientes. Vi seres que parecían humanos,
con forma de cabeza y cuerpo. Pero eran feos y grotescos. Recuerdo colores como
el rojo, el verde y el morado, pero no recuerdo con certeza si este era el
color de estos seres. Eran aterradores y parecían estar atormentados, en
agonía. Nadie me habló.
Nunca
entré en la cueva, solo me quedé en la entrada. Recuerdo que me dije: “No
quiero quedarme aquí”. Quise levantarme como si intentara sacar mi espíritu de
ese pozo. Eso es lo último que recuerdo”.
Lou.
Un hombre de 48 años, abatido
por las persistentes decepciones en su vida, intentó ahorcarse:
“Desde
el techo del cobertizo de mi patio trasero salté al suelo. Por suerte había
olvidado la silla de jardín rota que estaba cerca del cobertizo. Mis pies
golpearon la silla y amortiguaron la caída evitando que me rompiera el cuello.
Colgué de la cuerda y me estrangulé. Estaba fuera del cuerpo. Vi el cuerpo
colgando de la cuerda: se veía horrible. Estaba aterrorizado, podía ver y oír,
pero era diferente, difícil de explicar. Los demonios estaban todos...a mi alrededor.
Podía oírlos, pero no verlos. Parloteaban como mirlos. Era como si supieran que
me tenían y tuvieran toda la eternidad para arrastrarme al infierno, para
atormentarme. Habría sido el peor infierno, atrapado sin esperanza entre dos
mundos, vagando perdido y confundido por toda la eternidad.
Tenía
que volver a el cuerpo. ¡Dios mío! Necesitaba ayuda. Corrí a casa, entré por la
puerta sin abrirla, grité a mi esposa pero no me oía, así que entré
directamente en su cuerpo. Podía ver y oír con sus ojos y oídos. Entonces hice
contacto y la oí decir: "¡Dios mío!".
Agarró
un cuchillo de la silla de la cocina, corrió hacia donde yo estaba colgado, se
subió a una silla vieja y cortó la cuerda de la que pendía. No encontraba
pulso; era enfermera. Cuando llegó el equipo de emergencias mi corazón se paró;
también me quedé sin aliento”.
La experiencia híbrida.
Algunas experiencias incluyen
escenarios tanto placenteros como decididamente desagradables. Quizás por ser
relatos más largos y detallados incluyen las imágenes más gráficas. Los dos
siguientes relatos son ejemplos de este cambio.
Raquel.
“Nunca
he contado mi experiencia [de hace ocho años] porque estaba segura de que
pensarían que estaba completamente loca y, francamente, no estoy del todo
convencido de no estarlo. Apareció un artículo en el suplemento dominical del
[periódico] que me motivó a escribir esta carta. Si, de hecho, me considera loca,
simplemente ignore lo siguiente. No estoy aquí para convencer a nadie de lo
siguiente, ya que yo misma no estoy totalmente convencida. Sé que todo sucedió,
y sin embargo, lógicamente, no puedo explicar lo sucedido o quizás simplemente
no puedo aceptarlo del todo porque soy judía y no creo en Jesucristo. Solo creo
en Dios. [Énfasis en el original].
Era
febrero de 1975. Las carreteras estaban en un estado desastroso, cubiertas de
hielo y nieve. Mi esposo y yo íbamos a casa de mi suegra para dejar a los dos
niños... [cuando] un vehículo que venía en dirección contraria se deslizó por
tres carriles y nos chocó de frente. El techo de nuestro coche se hundió y mi
cabeza quedó atrapada entre el parabrisas, el tablero de instrumentos y el
techo. Supuestamente estaba inconsciente para todos los presentes pero algo
extraño me estaba sucediendo. Quizás estaba soñando pero era tan real;
realmente no lo sé. Quizás usted lo sepa y pueda explicarme qué es lo que
ocurrió. Desde entonces he preguntado a Dios muchas veces por qué simplemente
no me dejó morir como tanto deseaba con el toque de esa mano.
Estaba
en un círculo de luz. Miré hacia abajo y contemplé el lugar del accidente. Miré
directamente al coche que chocó con el nuestro y vi a una joven con la cabeza
inclinada apoyada en el volante y supe que estaba muerta. Miré dentro de mi
coche y me vi atrapado e inconsciente. Vi varios coches detenidos y a una
señora llevando a mis hijos a su coche para que se sentaran y descansaran hasta
que llegara la ambulancia. Escuché toda la conmoción y todo lo que sucedía, lo
vi todo. Oí a mi esposo hablarme y me vi inmóvil, sin responder. Desde que me
fui hasta que regresé en realidad solo transcurrieron unos minutos y, sin
embargo, mi experiencia fue tan lenta, tranquila y pacífica desde ese momento
en adelante, cuando estuve en el círculo de luz.
...Una
mano tocó la mía, y me giré para ver de dónde provenía esa paz, serenidad y
dicha, y allí estaba Jesucristo me refiero a cómo lo pintan en todos los retratos,
con túnica blanca, barba y capucha, tan suave, dulce y angelical y no quise
dejar a ese hombre ni ese lugar. Nunca volví a mirar ni a pensar en la escena
del accidente ni en la Tierra, hasta que la experiencia final me impulsó a
hacerlo.
Me
llevaron alrededor de un pozo porque quería estar con él y tomarle la mano. Me
condujo de un lado de felicidad a otro de miseria. No quería mirar, pero me
obligó a mirar, y me sentí asqueada, horrorizada y asustada. Era tan feo. La
gente estaba ennegrecida, sudorosa, gimiendo de dolor y encadenada a sus
lugares. Tuve que caminar por la zona de regreso al pozo. Una persona incluso
estaba encadenada al lado malvado del pozo. Odiaba ese lugar. Estaba deseando
llegar al pozo y rodearlo. Me llevó hasta allí, pero me hizo atravesarlo sola
mientras observaba. Alguien más me siguió y luego se paró frente a mí para
ayudarme a caminar sobre los escombros del suelo, (serpientes o algo así).
Nunca miré a esa cosa, pero sé que estaba oscuro. El hombre estaba tan
esquelético y sufría tanto dolor, el que estaba encadenado al lado del pozo quería
que lo ayudaran pero nadie lo haría, y sabía que yo... sería una de estas criaturas
si me quedaba, por lo que vi en el pozo. Sabía que si decidía quedarme por la
mayor y más serena sensación, solo tendría miseria porque él no quería que me
quedara.
Me
incliné sobre el pozo, y este joven que se parecía a Jesús (quizás era Dios
mismo, o quizás los cristianos no son tan peculiares como creo) me puso la mano
en la espalda mientras miraba dentro. Había tres niños que gritaban: “Mamá,
mami, mami, te necesitamos. Por favor, regresa con nosotros”. Había dos niños y
una niña. Los dos niños eran mucho mayores que mis dos pequeños, y yo no tenía
una niña. La niña me miró (estaban dentro del pozo, en el agua) y me rogó que
volviera a la vida; de repente, volví a estar en el círculo (con su mano
todavía en mi hombro) y vi de nuevo la escena del accidente, y lloré porque no
quería dejarlo nunca; y entonces oí llorar a mis bebés y vi a la señora
llevándolos a su coche, y supe que tenía que irme y volver. Era mi
responsabilidad. Gemí, desperté de nuevo en el coche, y grité por mis hijos.
Sabía dónde estaban, pero exigí a mi esposo que me contara sobre la señora que
los llevaba a su auto. Quería asegurarme de que lo que vi era real. Y entonces
la policía y los paramédicos intentaron sacarme del accidente. Nadie quería
decirme que la chica del otro auto había muerto, pero yo sabía que sí porque la
vi, aunque nadie allí lo supiera.
Bueno,
varios años después tuve un bebé... Sabía que sería la niña del pozo...
Es
extraño, pero en el momento del accidente y después, supe que ya no amaba a mi
esposo, pero me quedé con él. Justo después del nacimiento de mi pequeña, nos
divorciamos... Muchas veces estos últimos años pensé en entregar a mis hijos a
su padre, por lo que él podría hacer por ellos económicamente, pero siempre lo
descarto por mi experiencia y por cómo lloraron y me necesitaron. Se supone que
debo criarlos, lo sé. También sé que realmente existe un ser superior y algo
después de esta vida... Lo sé y, sin embargo, no lo sé”.
Howard
En todo el mundo, en las
experiencias de iniciación chamánica, es común que los iniciados sientan ser
atacados o devorados por entidades hostiles y luego ser
"reensamblados" en un "nuevo ser". El patrón de muerte,
resurrección y renacimiento se encuentra entre los más antiguos y extendidos de
la historia de la humanidad. Sin embargo, si nuestro estudio es representativo,
el ataque podría ser poco común en las experiencias cercanas a la muerte en
Occidente.
El primer relato detallado de
este tipo que nos llegó no formó parte del estudio original de Greyson-Bush,
sino que se presentó en una cinta de audio de Howard Storm, el primer paciente
con experiencia cercana a la muerte que tuvo el valor de revelar públicamente
dicha experiencia. Las citas provienen de un artículo periodístico. Bastante
más tarde, Storm escribió los recuerdos de la experiencia.
En el momento de su ECM,
Storm, miembro de la facultad de arte de la Universidad del Norte de Kentucky, acompañaba
a un estudiante de excursión a París cuando se desplomó agonizante por lo que
se diagnosticó posteriormente como perforación del intestino delgado. Tras
horas de espera en el hospital perdió el conocimiento. Al recobrarlo se
encontraba de pie junto a la cama. Así lo cuenta:
“Podía sentir el cuerpo
perfectamente. No entendía qué había en la cama. Intenté hablar con mi esposa.
Estaba sentada al borde de la cama, mirando al suelo. Me enojé mucho y empecé a
gritar y a maldecir porque no me respondía. Hay que recordar que había estado
inconsciente y de repente me encontré de pie junto a la cama. Fue entonces
cuando oí voces masculinas y femeninas que me llamaban”.
Storm siguió las voces hasta
el pasillo, donde lo esperaban seis u ocho figuras. No podía verles las caras. “Empecé
a preocuparme porque la gente a mi alrededor no era amable. Podía oírlos
susurrar cosas como: 'Shhh... no lo asustes; se va a portar bien'. Podía sentir
su hostilidad... No sabía cómo volver a mi habitación. Fue entonces cuando
empecé a pensar: 'Quizás estoy muerto', pero no lo creía porque todos mis
sentidos estaban activos y podía sentir el cuerpo”.
Algunas figuras lo atacaron
empujando, mordiendo, arañando, arrancándole pedazos de los dedos hasta que
Storm se desplomó de dolor y agotamiento. “En retrospectiva”, dice, “creo que
eran seres sin sentimientos propios. La única forma de que tengan sentidos es luchando
con alguien que sí los tenga”.
Entonces Storm se esfuerza
por explicar lo que parecía que era su
voz le hablándole desde el pecho, diciéndole que rezara. "No sabía
cómo. Empecé a recitar fragmentos del himno nacional, el Salmo 23, cualquier
cosa que tuviera tuviera palabras refiriéndose a Dios. No sabía dónde estaba. No
sabía si estaba vivo o muerto. Olía a algo podrido, como a pollo. Me daba la
sensación de que me estaba descomponiendo, pudriendo. No sé cuánto tiempo
estuve allí. Estaba completamente desesperado. No perdí el conocimiento,
simplemente dejé de pensar. Me quedé en blanco”.
Entonces, dice, le vino a la
mente la letra de una canción de la escuela dominical. “'Jesús me ama, esto lo
sé...'. Recuerdo que volví a pensar. Pensé: 'Voy a intentarlo'“. Y al recordar
la letra del himno infantil, “me rodeó una luz brillante, más brillante que un
soplete de acetileno. Sabía que era un ser. Sabía que me conocía. Me rodeaba de
un amor completo e incondicional. Simplemente me amaba”.
Como indica este extracto, la
experiencia de Storm recapitula el patrón clásico de la iniciación chamánica:
sufrimiento, muerte y resurrección. (Véase el capítulo 6 ). Tras un largo
período de sanación y adaptación, Storm se convirtió en pastor de una iglesia
protestante liberal en el Medio Oeste, donde reconstruyeron su congregación y,
con ella, desarrollaron programas de acción social que buscan satisfacer las
necesidades de la comunidad.
Comentarios sobre experiencias infernales.
Una variedad de imágenes y
sonidos abunda en estas experiencias, abarcando extremos sensoriales desde la
oscuridad húmeda hasta lluvia de fuego, desde el chillido de los mirlos y las
voces quejumbrosas hasta las insistentes flautas de caña. Se oyen demonios,
pero no se ven; otros seres suelen aparecer con rostros ocultos. Los paisajes,
cuando se mencionan, tienden a ser desolados o viscosos.
Con más relatos de
experiencias infernales que los demás, y exceptuando el relato de la Tormenta,
una mirada atenta a su contenido a menudo muestra que lo más temido es el miedo
en sí. Es la sensación de pavor, más que los tormentos específicos, lo que crea
el horror. En un conmovedor artículo sobre las respuestas inmediatamente
posteriores a una ECM la enfermera educadora Roberta Orne (1995) describió las
actitudes de una paciente cuya “interpretación de la ECM no solo amplificó su
miedo previo a la muerte, sino que le provocó tal angustia que firmó el alta
del hospital contra la recomendación médica a pesar de padecer una afección
potencialmente mortal. 'Tenía que salir de allí. Tenía miedo de lo que iba a
pasar, otra vez'. Había intentado apartar la ECM de su mente: 'Pero no puedo,
está ahí todo el tiempo'“.
Sobre la experiencia
"híbrida", Michael Sabom observó ya en 1982 que “Un susto o
desconcierto momentáneo a veces acompañaba la transición inicial a la
oscuridad, mientras la persona reflexionaba: ¿Qué está pasando aquí? Con el
tiempo, sin embargo, estas emociones desagradables fueron reemplazadas por
calma, paz o tranquilidad, a medida que se desarrollaban más elementos de la
ECM”.
La observación de Sabom es
compartida por el psicólogo Christopher Bache, cuyo trabajo sustancial con
estados alterados de conciencia lo llevó a declarar que una experiencia cercana
a la muerte aterradora es una experiencia cercana a la muerte incompleta.
En ocasiones, una ECM
placentera se ha vuelto angustiosa, en lugar de lo contrario; pero esto es poco
común. El patrón de conversión de aterrador a placentero se ha convertido en un
modelo útil para tranquilizar a personas y familias gravemente traumatizadas
por la idea de una ECM infernal.
En algunos relatos
encontramos la sugerencia de que un cambio hacia lo positivo ocurre cuando el
individuo deja de luchar contra la experiencia desconocida y simplemente la
acepta. Kenneth Ring ha sugerido que quizás algunas personas se quedan atrapadas
en los aspectos aterradores de su ECM y son incapaces de superarlos pero si
pudieran seguir adelante, razona, el miedo podría transformarse en paz.
En la mayoría de los relatos
infernales, quienes vivieron la experiencia participan como observadores, como
en todos los relatos menos uno. Otros, dicen, gemían y estaban encadenados; otros sufrían
tormentos. Aunque sumidos en un profundo miedo u horror, fueron escoltados
personalmente a través de la escena infernal o no entraron en ella, sino que la
observaron desde la periferia, a veces desde una distancia considerable.
La cualidad de desapego en este grupo se ha notado en relatos de
experiencias infernales en la Europa medieval. Alice R. Turner, autora de The History of Hell
(1993), comenta que, entre las descripciones de demonios, brasas ardientes, una
rueda infernal, bandadas de aves rapaces y océanos hirvientes, “la mayoría de las visiones... parecen
extrañamente distantes. Las torturas no duelen realmente y no son tan
desagradables como en los antiguos apocalipsis; simplemente son parte de la
historia”. Las experiencias a las que se refiere, al igual que estos
relatos contemporáneos, parecían ser de tipo cauteloso, sugiriendo la necesidad
de un cambio en la vida de la persona o una reevaluación de lo que realmente
importa: no el poder ni el dinero, sino el amor, el conocimiento y el servicio.
4. RESPUESTAS DEL EXPERIMENTADOR
A menudo, dice Reed Anthony
Carlson joven coautor de un blog particularmente interesante, una persona
experimenta algo inexplicable, una 'experiencia espiritual' por así decirlo, y
observamos que inmediatamente empieza a sacar conclusiones sobre qué o con
quién se encontró, por qué tuvo esta experiencia y qué necesitaba aprender o en
qué actuar a raíz de ella. Estas conclusiones provienen principalmente de la
cosmovisión, no realmente de la experiencia en sí, y son inevitables porque son
necesarias para el acto mismo humano de intentar contextualizar la experiencia
para que pueda ser comprendida.
Y eso
resume la difícil situación de casi todas las personas que han tenido una
experiencia cercana a la muerte, especialmente de quienes han quedado
devastados por el suceso. Con raras excepciones, en una ECM solo
utilizamos como herramienta explicativa lo que sabemos de antemano. A veces,
eso no ayuda.
Escribiendo para la Revista de Estudios
Cercanos a la Muerte, Christopher Bache observó: “Los
sobrevivientes de ECM aterradoras se sienten doblemente alienados en nuestra
cultura. En primer lugar deben lidiar con la incapacidad general de nuestra
sociedad, incluso hoy en día, para aceptar la realidad de su experiencia. En
segundo lugar, y más importante aún, si bien la mayoría de quienes han
experimentado ECM afirman haber disfrutado de la luz divina, estos fueron
llevados al infierno, o al menos a sus puertas. ¿Cómo no interpretar esto como
un comentario aterrador sobre su vida? ¿Cómo no concluir que fueron
deliberadamente seleccionados para un trato más severo por una inteligencia superior?
Esta reacción se ve reforzada por las interpretaciones teológicas de las ECM
aterradoras”.
En este contexto, las
personas despiertan de una experiencia redefinitoria y, o bien la reprimen,
como insiste Rawlings, o bien emprenden la tarea a largo plazo de comprenderla.
Se pregunta qué fue eso por lo que pasaron. La necesidad inmediata es de comprenderlo,
de obtener una definición en términos que conduzca a dar un sentido a la
experiencia.
La psicoterapeuta Miriam
Greenspan, cuyo libro Healing
with the Dark Emotions es muy recomendable, señala: “La búsqueda de
significado es una característica definitoria de lo que significa ser humano.
Existir sin propósito ni significado, para los humanos, es como existir sin
aire. Solo puedes vivir un tiempo antes de ahogarte”.
El psicólogo de las
profundidades Leonard Corbett ofrece: Es útil pensar en el significado como el
poder de afrontar un suceso, o lo que nos hará pensar o hacer.
Entonces, después de una
aterradora experiencia cercana a la muerte, ¿cuál es tu poder de afrontar? ¿Qué
tienden a pensar las personas y cómo viven sus vidas?
A lo largo de muchos años de
observación han surgido tres tipos distintos de respuesta en la construcción
del significado de las ECM. Se aplican tanto a experiencias placenteras como
aterradoras, y cada una se vincula fuertemente con la forma en que las personas
involucradas vivirán sus vidas. Quizás la más común sea la conversión, un
cambio radical en la vida. Otra es el reduccionismo, que consiste en reemplazar
una explicación alarmante por una que parezca más manejable. La tercera
respuesta es la falta de resolución, que puede ir desde el desconcierto y la
búsqueda de la misión vital hasta una persistente incredulidad y desesperación.
No se pretende aquí que estos tres tipos de respuestas sean definitivos o
excluyentes; sin embargo, son claramente comunes. A estos tres tipos de
respuesta podría añadirse la represión en el caso del terror absoluto, como ha
afirmado repetidamente Maurice Rawlings. Actualmente no existen motivos para
dudar de él ni datos que sustenten su afirmación pues, por supuesto, las
experiencias reprimidas son invisibles a la investigación.
Aunque es probable que estos
tres tipos de respuesta se apliquen a todos los tipos de ECM, el análisis aquí
se centra únicamente en las experiencias perturbadoras.
CONVERSIÓN.
La conversión no es
necesariamente un cambio de religión sino un cambio radical en la vida. Este es
el significado original de la palabra griega metanoia, que significa "dar
la vuelta", y que en español significa arrepentirse.
En términos coloquiales la respuesta es probablemente lo que la gente quiere
decir cuando expresa: "Necesitaba eso".
Entre las personas cuya ECM
fue realmente aterradora, e incluso infernal, es probable que la mayoría encaje
en este modelo. Entienden el mensaje de la ECM como simple: es una advertencia; algo en tu vida anda mal y debes cambiar, o
habrá consecuencias indeseables. A menudo con gran ansiedad, quienes la
experimentan buscan comportamientos que creen que podrían haber precipitado
dicha ECM y toman medidas para detenerlos. Buscan maneras de modificar sus
vidas y moderar el miedo y las ansiedades residuales. En términos religiosos,
identifican su pecado y toman medidas para expiarlo.
Esta interpretación literal
aparece especialmente entre personas que describieron su experiencia como
explícitamente infernal y adoptaron una actitud concreta hacia ella.
“Me estaban mostrando que
tenía que mejorar o irme, una cosa u otra. En otras palabras, 'ponerme las
pilas', y eso hice. (Rommer)”
“La sensación que tuve fue de
redención. El infierno era el lugar al que me dirigía, pero no un lugar al que
tenga que ir ahora. (Rommer)”
“Yo tampoco tengo miedo de
morir ahora porque ya sé adónde iré cuando muera. Fui una buena persona al
morir, pero ser buena no lleva a nadie al cielo... Mis prioridades cambiaron.
Definitivamente existe un lugar llamado infierno. Después de mi experiencia, no
podía hablar de ello. No quería que la gente supiera que había ido al infierno.
Saqué la Biblia y la estudié a fondo... Algunos quizá solo quieran tomarse a
broma este asunto del "infierno", pero tan real como es esta carta,
también lo es ese lugar”. (Comunicación de persona anónima).
Este es el clásico escenario
de conversión de "salvados" en el altar, aunque es interesante que
las conductas que quienes las experimentan suelen identificar como amenazantes
para su salvación no parezcan tan terribles: fiestas, hurtos menores, consumo
de drogas, no asistir al culto, o delitos menores. Otros describen una historia
más internalizada de mal genio, irresponsabilidad, egoísmo y problemas para
establecer relaciones. Ninguno mencionó delitos graves ni sociopatología.
El movimiento hacia una
comunidad religiosa, a menudo conservadora, es un informe común en este grupo.
La trabajadora social médica Kimberly Clark Sharp, quien, después de Rawlings,
fue una de las primeras en reconocer experiencias infernales, observó: “Todas
las personas que conozco que han tenido experiencias negativas se han
convertido al cristianismo basado en la Biblia... Pueden expresarlo en diversas
sectas. Pero todos sienten que han superado una situación terrible y tienen una
segunda oportunidad”. En el judaísmo, el equivalente son quienes han adoptado
la observancia ortodoxa, cuyo patrón es la búsqueda de reglas y orden como
protección contra la recurrencia de la ECM.
El papel del miedo en los
grupos religiosos conservadores ha sido bien documentado (Marty y Appleby,
1992; Spong, 1992, Bivens, 2007). El miedo sigue siendo una poderosa influencia
para quienes lo experimentan, pero dentro de estos grupos encuentran una
justificación para ello y una salida. Cualquier teología fundamentalista ofrece
legitimación del miedo profundo: la persona no está alucinando ni loca; de
hecho, existen fuerzas externas malévolas que operan en el mundo y en el
corazón humano, y un Dios iracundo observa nuestras decisiones; pero existen
maneras de contrarrestar los peligros. Dentro de un grupo religioso
conservador, quienes experimentan pueden encontrar acogida y apoyo: habrá una
afirmación de la verdad en su experiencia y un lenguaje para hablar de ella,
una teología para explicar lo sucedido y una comunidad social que prescribe
reglas definidas sobre cómo vivir en el mundo para evitar otro encuentro
similar. Lo que para los forasteros parecen límites estrechos, algunos
experimentadores asustados los identifican como redes de seguridad que
prometen, después de todo, el cielo que antes se les había escapado.
“Dejé
las drogas, regresé a Florida y ahora estoy en la universidad bíblica. Antes
tenía una actitud indiferente hacia la muerte, pero ahora la temo más. Así que
sí, fue una advertencia. Se me concedió otra oportunidad para cambiar mi
comportamiento en la Tierra... He tomado mi miedo a la muerte y se lo he
entregado a las Escrituras”. (Rommer)
REDUCCIONISMO.
El reduccionismo es común
entre los investigadores que niegan cualquier afirmación espiritual sobre las
ECM. Para quienes están acostumbrados a la claridad de la prueba sólida y a los
datos materiales replicables es más satisfactorio poder decir: “Es solo falta
de oxígeno, solo alucinación, solo movimientos oculares rápidos” (o cualquier
otro “es solo”). Se preguntan sobre orígenes no físicos o preguntan a quien
experimentó la ECM qué significo eso para él.
Obviamente, el trabajo de
estos investigadores puede resultar bastante adecuado para identificar los
correlatos fisiológicos de una ECM. Sin embargo, el reduccionismo equivale a
saber que la patada de un caballo fue lo que provocó la fractura de una pierna:
si bien este conocimiento puede ser útil, no contribuye en absoluto a reparar
el hueso roto ni a vivir con las consecuencias. En el caso de una experiencia
cercana a la muerte, una respuesta reduccionista proporciona la ilusión de
autoridad, pero es experiencialmente inútil.
Lionel Corbett, profesor de
Psicología Profunda en el Pacifica
Graduate Institute, describe este tipo de negación como la “defensa que
permite repudiar el significado de un suceso que no encaja en una categoría
segura, y tratarlo como si no importara”. Desde la Universidad de Virginia,
Justine Owens afirmó: “Ni siquiera un buen modelo de lo que sucedía en el
cerebro durante una experiencia cercana a la muerte podría explicarla, ni las
poderosas secuelas que se suelen informar, la sensación de propósito y
significado en la vida”.
Algunas personas que han
tenido experiencias similares también encuentran en las explicaciones
materiales y externas del reduccionismo una respuesta aceptable a la pregunta
"¿Qué fue eso?". La ECM de una joven en la ciudad de Nueva York
incluyó elementos primero amorosos, luego muy aterradores. Aunque relató que su
vida había cambiado significativa y positivamente desde la experiencia,
concluyó:
“Hay
un universo de personas que han tenido experiencias como la mía. Tienen charlas
y reuniones semanales por internet, y escriben libros con la palabra
"luz" en el título: Salvados por la Luz,
Lecciones de la Luz. Tienen su
terminología, hablando de las ECM (experiencias cercanas a la muerte) y Experiencias
extracorporales (EEC). Sus sitios web reproducen música New Age con toque de agudos
tintineos, y algunos hablan de ángeles y extraterrestres. ¿Qué opino de estas
personas? Disculpen mientras busco a Mulder y Della Reese [estrellas de
televisión de programas sobre lo paranormal]. Existen explicaciones racionales
reales para lo que experimenté. La investigadora británica Susan Blackmore
dice... [endorfinas y actividad cortical]. En la década de 1930, el científico
de la Universidad de Chicago, el doctor Heinrich Kluver, determinó que...
[anoxia]. El neurobiólogo de la Universidad de Chicago, el doctor Jack Cowan,
descubrió que... [actividad neuronal en el cerebro moribundo]. Todo es muy
científico. (Ingall)”
La joven parece muy
consciente de los efectos positivos de la experiencia en su vida y no estar
traumatizada por sus aspectos inquietantes. Su conclusión, basada en prueba
científica, es que la experiencia no tiene un significado particular, salvo que
morir no será tan malo.
Una respuesta completamente
distinta es la de un hombre de Nueva Inglaterra que durante casi dos décadas
había participado en conferencias sobre experiencias cercanas a la muerte,
contando a grupos sobre su ECM llena de luz y explorando su significado. Luego,
en una segunda experiencia, se sintió presa de gigantescas formas geométricas
de colores brillantes, pero siniestras y amenazantes, que se abalanzaron sobre
él con una fuerza y velocidad asombrosas. Esto tuvo como efecto
"borrar" la comprensión que había atribuido a su ECM anterior,
dejándolo con un profundo pesimismo y terror a la muerte.
La experiencia fue tan
horrible que consultó a un abogado para presentar una demanda por negligencia
contra su médico y el hospital. En palabras de Corbett, la experiencia
decididamente "no encaja en una categoría segura" y debe ser
repudiada. Al enterarse de que cierto medicamento suele incluir la percepción
de formas visuales, encontró una salida: la segunda experiencia fue "solo
una reacción a un medicamento". No le interesa explorar este suceso ni por
qué su reacción fue tan diferente a la primera, y ninguna de las garantías que
le brindó su radiante experiencia cercana a la muerte ha aliviado su miedo ni
su rabia. Sigue teniendo mucho miedo a morir. (Comunicación personal)
Kenneth Ring ha argumentado
que, al menos para las mujeres de parto que “tales experiencias, aunque muy
reales, no son ECM reales sino esencialmente reacciones de emergencia a una
anestesia inadecuada... intensificadas aún más por la resistencia y el miedo
iniciales”. Este argumento se ve socavado por la exención de las experiencias felices que ocurren en circunstancias idénticas; estas
siguen siendo ECM reales, mientras que las angustiosas no. Si bien la anestesia
inadecuada podría, en algunos casos, explicar la causalidad, plantea la
cuestión en lo que respecta a la experiencia y
parece un buen ejemplo del reduccionismo de Corbett como “defensa [que] permite
repudiar el significado de un suceso que no encaja en una categoría segura”.
La experiencia
persiste. Para quien vive con algo que parece una ECM profundamente angustiosa,
actúa como tal y habla como tal, la idea de que “es solo una reacción a un
medicamento” puede proporcionar un amortiguador temporal que, al menos a corto
plazo, enmascara las preguntas y la ansiedad, pero no ayuda a resolverlas.
CONSTERNACIÓN Y DESESPERACIÓN NO RESUELTAS.
No es sorprendente que quien
vive en Nueva Inglaterra incapaz aún de disipar el temor que recuerda de la
segunda experiencia ni de recuperar la confianza en la primera siga temeroso.
La falta de resolución lo lleva del reduccionismo a este tercer grupo, que no identifica ningún significado comprensible
en sus experiencias cercanas a la muerte. Especialmente después de experiencias
del Vacío, pero también en otros tipos de experiencias, estas son personas que,
años después, aún podrían lidiar con las implicaciones existenciales de una ECM
aterradora.
Las siguientes citas son de
cartas que tengo en mis archivos:
“Tuve
una experiencia que me ha acompañado durante 29 años... A lo largo de los años
leí varios libros sobre la vida después de la muerte y todos parecían tener
buenas experiencias... Ha dejado un horror en mi mente y nunca he hablado de
ello hasta ahora.”.
“Durante
veintiséis años me ha atormentado el miedo a la muerte [tras una ECM]... Como
resultado de esta experiencia traumática, sufrí ataques de ansiedad, depresión
y sentimientos de despersonalización. Estos problemas emocionales se
transformaron en una respuesta fóbica generalizada (agorafobia). Aunque he
superado estos problemas en gran medida, aún albergo algunos temores a la
muerte”.
“Por
alguna razón, [31 años después] todos los recuerdos han vuelto vívidamente,
incluyendo el incidente. Es como revivirlo todo, y no quiero. Creía que lo
tenía todo resuelto y en su lugar, pero esta vez me cuesta mucho olvidarlo”.
“He
experimentado algunos problemas graves este año, incluyendo depresión. El peso
de mi ECM no resuelta parecía, al menos a veces, agotar la energía necesaria
para afrontar las situaciones actuales”.
Las conversaciones y la
correspondencia indican que quienes han experimentado el suceso suelen ser
personas elocuentes, atormentadas por la dimensión existencial del suceso, que
buscan una explicación que les dé fundamento tanto intelectual como emocional.
Intelectualmente incapaces de aceptar una lectura literal del suceso, también
encuentran inadecuadas las explicaciones reduccionistas ya que las teorías
asignan una causa pero no abordan la cuestión del significado
ni la integración . De los tres grupos, quizás ninguno se ha esforzado
más por encontrar una solución. Su lucha consiste en encontrar una manera de
que el encuentro tenga sentido sin destruirlos (es decir, su confianza en el
funcionamiento del mundo) en el proceso.
Más que otros grupos de
personas con experiencia, estas personas mencionan haber estado en terapia,
algunas durante muchos años; sin datos más precisos, no es posible determinar
si esto indica algo más que su receptividad a la idea de la terapia y los
medios económicos para llevarla a cabo. Sus cuidadores, en su mayoría, no han
podido abordar los problemas "reales": hay demasiadas historias de
medicamentos recetados para enmascarar el cuestionamiento; de terapeutas que no
abordan el asunto o que hacen que el paciente se sienta culpable, o que
idealizan tanto la espiritualidad que no pueden abordar su lado oscuro; de
clérigos que no saben qué decir o que rechazan la experiencia de plano.
El elemento religioso de sus
experiencias suele estar ausente:
“Me
invadió una sensación de terror absoluto y de estar más allá de la ayuda de
cualquiera, incluso de Dios”.
“No
había nadie allí, ni siquiera Dios”.
“Esperaba
que el Señor estuviera allí, pero no estaba. No había Dios... Invoqué a Dios y
no estaba. Eso fue lo que me asustó”.
De forma abrumadora, sus
preguntas incluyen alguna variante de "¿Qué hice para merecer esto?".
¿Cuál es la verdad sobre la existencia? ¿Qué me pasa? ¿Qué hay en mí que no
puedo identificar para que esto suceda? ¿Cuáles son las reglas, si las que
seguí no funcionan? No pierden el miedo a la muerte por mucho tiempo, si es que
alguna vez lo hacen.
5. PREGUNTAS COMUNES
1. ¿Son reales estas cosas?
¿Qué quieres decir con “real”?
Hay al menos dos tipos de realidad: un “mundo real” de objetos materiales y
físicos, y un “mundo real” de experiencias personales invisibles e internas que
ocurren en algún lugar (y de alguna manera) de nuestra mente. Ambos son reales,
pero de forma diferente.
La visión de la ciencia
durante los últimos 300 años, y con vehemencia durante el último siglo, ha sido
que solo la realidad física es la realidad "real"; el resto se ha
descartado cada vez más como una ilusión. Decir "todo está en tu
mente" significa que "eso" no solo es irreal sino, también,
insignificante.
Esto es, obviamente, un
disparate. ¿Amar a alguien es menos real que romperse el pulgar con una piedra?
¿Es la pasión política que desencadena una guerra menos real que los escombros
de una ciudad bombardeada? Las exploraciones cerebrales durante la oración y la
meditación profundas muestran actividad en ciertas partes del cerebro y
demuestran que algo está sucediendo; pero las exploraciones no son oración ni
meditación, como tampoco un libro de fotos es un viaje a Covadonga.
Una experiencia cercana a la
muerte es un suceso experiencial real en la vida de quien la experimenta. En el
instante en que se narra deja de ser esa experiencia y se convierte en una
historia, una narrativa que nadie más puede "conocer", como sí lo es
para quien la experimenta. ¿Acaso el recuerdo apunta a una realidad
"real" del mundo material? ¿Podría fotografiarse? Cualquier posible
fotografía sería solo de actividad neuronal, no de la experiencia en sí. No se
conoce ninguna ubicación geográfica que coincida con lo descrito en las ECM.
Por otro lado, las ECM tienen consecuencias reales, algunas de las cuales pueden
ser físicas, lo suficientemente reales como para perturbar y transformar vidas
humanas. Pertenecen a una categoría de sucesos.que han sido conocidos y
respetados en el mundo a través del tiempo.
El sofisticado joven bloguero
mencionado anteriormente (Carlson) hace algunas observaciones útiles:
“La
gran mayoría de los humanos que viven hoy en día, así como los que han vivido a
lo largo de la historia, nunca tuvieron problemas para creer en una actividad
sobrenatural que afectara regularmente sus vidas... El consenso nunca prueba la
verdad, pero debería hacernos conscientes de nuestros inevitables sesgos.
La
mayoría de las culturas no operan con códigos estrictos que denoten los reinos
"físico" y "metafísico". Para las comunidades cristianas
pentecostales en la selva africana, las culturas aborígenes espiritualistas de
las islas del Pacífico y las religiones chamánicas de la naturaleza en las
remotas montañas de Sudamérica, humanos y espíritus conviven en el mismo
terreno y viven juntos de una manera que un occidental no puede comprender
plenamente. Curaciones, exorcismos y avistamientos de demonios aparentemente
milagrosos pueden ocurrir, y de hecho ocurren; cualquier antropólogo cultural
lo confirmará. Pero junto a la explicación "espiritual" encontrará una
explicación "científica" que explica los mismos fenómenos a través de
la psicología, el engaño o la naturaleza. Reconocer estas otras explicaciones
no debería obligarnos a elegir entre una u otra. Simplemente debería hacernos
cautelosos al determinar qué puede y qué no puede existir basándonos únicamente
en lo que podemos y no podemos observar en el reino material. (http://theophiliacs.com/2008/09/14/demons/
)”
2. ¿Dónde está la prueba médica de que estas ECM ocurrieron?
El hecho de que esta pregunta
se siga planteando indica que mucha gente no comprende el concepto de
"experiencia". Una experiencia cercana a la
muerte o similar es un suceso privado y personal en la consciencia. No es una
actividad pública . Una ECM no está abierta a observadores. Un historial
médico registra sucesos y circunstancias fisiológicas; puede registrar una
anomalía en alguna función, pero no puede "probar" que una ECM haya
ocurrido o no durante esa anomalía. Solo el paciente puede informar una ECM.
3. ¿Quiénes son estas personas?
Cuando ocurrieron sus
experiencias las cincuenta personas del estudio Greyson-Bush tenían entre nueve
y sesenta años. En ese momento eran católicos, protestantes (liberales,
convencionales y evangélicos fundamentalistas), judíos (conservadores y reformistas),
agnósticos, ateos, o no tenían identificación religiosa. Algunos eran devotos,
otros indiferentes o no practicantes. No tenemos información específica sobre
la raza, pero según lo que se conoce del archivo IANDS la gran mayoría serían
caucásicos. Representan estudiantes, amas de casa, profesionales, obreros y
empleados administrativos; varios estaban jubilados en el momento de su
experiencia. Son heterosexuales, bisexuales, homosexuales, solteros, casados,
divorciados y viudos. En este estudio en particular la mayoría de las ECM
ocurrieron en algún lugar de Norteamérica; algunas tuvieron lugar en Europa.
Dado que estas cincuenta
personas proporcionaron voluntariamente su información, no pueden, en términos
estrictos de investigación, considerarse una muestra aleatoria de personas con
experiencia. Sin embargo, provienen de una amplia variedad de antecedentes y
circunstancias, por lo que es razonable creer que representan fielmente a las
"personas"que informan sobre ECM aterradoras, así como personas que
ofrecen voluntariamente información.
4. ¿Qué tipo de vidas vivían?
¿No es tentadora la idea de
que todo lo que le sucede a una persona es una recompensa por su buen
comportamiento o un castigo por su maldad? Esta forma de pensar forma parte de
la sabiduría popular milenaria: que el bien será recompensado y la maldad
castigada. Sin embargo, la experiencia nos demuestra una y otra vez que las
cosas no siempre funcionan así, ni en nuestras vidas ni en el mundo. (Véase el
capítulo 6 ).
Existen relatos de ECM gloriosamente
trascendentes de personas que, según la sabiduría convencional, no las merecían
pues sus vidas habían sido un desastre. Se dice que un hombre que conozco
estuvo con la mafia hasta que una experiencia trascendental le dio un giro a su
vida. En cambio, personas que se esfuerzan por vivir una vida responsable y
afectuosa incluyendo santos de todas las tradiciones religiosas han informado
experiencias espirituales aterradoras. El "merecimiento" no se
sostiene.
Esta idea se discutirá en el
próximo capítulo.
5. ¿Son estas cosas comunes?
Inicialmente se creía que las
ECM perturbadoras eran extremadamente raras. Investigaciones posteriores
indican que hasta una de cada cinco ECM puede ser angustiosa.
6. ¿Qué causó la ECM?
Podemos determinar cuáles eran
las circunstancias en el momento de la ECM, y a
veces qué estímulos fisiológicos estaban presentes.
Pero nadie puede determinar qué causó la experiencia
en sí.
Aunque el estrés parece ser
un problema frecuente en las ECM no existen predictores precisos. Incluso una
muestra tan pequeña como estas cincuenta experiencias incluye personas que, en
el momento de la ECM, sufrieron accidentes automovilísticos, reacciones
alérgicas, paro cardíaco, parto, cirugía mayor o menor, complicaciones
posquirúrgicas, angina o infarto, enfermedades graves, infecciones, suicidio
por ahorcamiento o sobredosis, y otras crisis médicas. Varias sufrieron
angustia psicológica, pero no peligro físico. Una experiencia ocurrió
espontáneamente.
Hasta el momento, nada
explica todas las ECM, aunque se han propuesto muchas teorías. Es común pensar
que la falta de oxígeno es la causa. Sin embargo, en accidentes y cirugías con
supervisión clínica, personas bien oxigenadas han informado posteriormente una
ECM. A pesar de la "teoría del cerebro moribundo", algunas
experiencias ocurren en microsegundos en personas que están a punto de morir. Incluso en las revistas científicas los
grandes titulares sobre "Nuevo descubrimiento explica las ECM" son
cuestionables. Decenas de supuestas "explicaciones" han resultado, en
todos los casos, basadas en un solo caso, aplicables solo a un aspecto de
algunas ECM, o decepcionantemente fuera de contexto.
En palabras del Bruce
Greyson, el investigador con más publicaciones en el campo, “Ningún modelo
fisiológico o psicológico por sí solo explica todas las características comunes
de las ECM”. En un informe sobre treinta años de investigación sobre las ECM,
Greyson resumió: “Si bien los factores fisiológicos, psicológicos y
socioculturales pueden interactuar de manera compleja en relación con las ECM,
las teorías propuestas hasta ahora consisten en gran medida en especulaciones
sin fundamento sobre lo que podría estar sucediendo durante una ECM. Ninguna de
las teorías neurofisiológicas propuestas ha demostrado que en las ECM se
producen mecanismos de neurotransmisión. Para un análisis exhaustivo de las
numerosas teorías, véase el capítulo 10 del Manual de experiencias cercanas a la muerte, Modelos explicativos para las experiencias
cercanas a la muerte.
7. Pero ¿qué es eso exactamente?
Una definición que IANDS
utiliza a menudo es que una experiencia cercana a la muerte (ECM) es un suceso
psicológico y espiritual profundo que generalmente ocurre durante una situación
de trauma físico o emocional, crisis de salud o cuando una persona está cerca
de la muerte.
Del Manual de Estudios Cercanos a la Muerte
se desprende lo siguiente: “Las ECM se entienden generalmente como experiencias
extraordinarias, a menudo vívidas y realistas, y a veces profundamente
transformadoras, que ocurren a personas que han estado fisiológicamente cerca
de la muerte, como en un paro cardíaco u otras afecciones potencialmente
mortales, o psicológicamente cerca de la muerte, como en accidentes o
enfermedades en las que temieron morir”. (Greyson, 2009).
La mayoría de las ECM pueden
considerarse experiencias místicas que el gran psicólogo William Jacobo definió
como poseedoras de cuatro características:
“Inefabilidad:
Es indescriptible. No se puede expresar con palabras su contenido. De ello se
desprende que su cualidad debe experimentarse directamente; no puede
transmitirse ni transferirse a otros.
Cualidad
noética: Aunque tan similares a los estados emocionales, los estados místicos
parecen a quienes los experimentan también ser estados de comprensión de las
profundidades de la verdad, más allá del intelecto ordinario. Son
iluminaciones, revelaciones, llenas de significado e importancia, aunque
permanecen inarticuladas. Y por lo general conllevan una curiosa sensación de
autoridad para el futuro. Estas dos primeras cualidades son suficientes para
marcar una experiencia como mística.
Transitoriedad:
Los estados místicos no pueden mantenerse por mucho tiempo. La experiencia en
sí puede ser extremadamente breve o, salvo en raras ocasiones, durar media hora
o, como máximo, una o dos. No pueden evocarse a voluntad.
Pasividad:
El místico siente como si su voluntad
estuviera en suspenso, y a veces como si un poder superior lo atrapara y lo
retuviera. Siempre conserva algún recuerdo de su contenido y un profundo
sentido de su importancia.
¡Bingo! Claramente, las
experiencias cercanas a la muerte de todo tipo pertenecen al "grupo
místico" de Jacobo.
8. ¿Son éstas experiencias aterradoras verdaderas ECM?
A primera vista, experiencias
aterradoras como las de este estudio no se parecen más a las ECM pacíficas que
un caniche a un galgo. ¿Cómo se puede determinar cuál es un perro auténtico?
Parece paradójico que la respuesta sea que ambas. Lo mismo ocurre con estos
tipos tan diferentes de ECM.
Margot Grey, en su estudio
británico fue la primera en señalar que comparten un patrón subyacente de
elementos, aunque con un contenido emocional marcadamente divergente.
Placenteras o angustiosas las ECM suelen incluir un episodio extracorpóreo, una
sensación de viaje, encuentros con presencias y las cualidades familiares de
una experiencia trascendente descrita por William Jacobo: inefabilidad,
cualidad noética, transitoriedad, pasividad. Todos los tipos de ECM cambian
vidas. Esta observación fue ampliada por Atwater al comparar los "casos
celestiales" con los "casos infernales": seres amigables con
apariciones sin vida o amenazantes; entornos hermosos con extensiones áridas;
diálogo con amenazas, gritos, silencio; aceptación y una abrumadora sensación
de amor con peligro y la posibilidad de violencia; calidez y una sensación
celestial con temperaturas extremas y una sensación infernal.
PARTE II
INTERPRETACIÓN: DETRÁS DE LA HISTORIA
6 . PRIMERAS VISIONES
La sección inicial de este
libro ha sido descriptiva y lo más objetiva posible. En cambio la Parte II se
centra en la especulación e interpretación, mientras que la Parte III se centra
en lo práctico. El Capítulo 6, que trata sobre las impresiones y suposiciones
iniciales, ilustra la verdad ineludible sobre las ECM: que tras la descripción
narrativa de una experiencia, y la información clínica, casi todo lo que
podamos decir será conjetura. Cuando el catálogo de observaciones se convierte
en una historia personal, la ciencia pura queda atrás.
LA SABIDURÍA CONVENCIONAL.
El tinte de los siglos tiñe
la forma en que escuchamos las experiencias cercanas a la muerte de hoy y lo
que interpretamos de ellas. ¿Por qué algunos hablan de experiencias
espirituales de ensueño mientras que otros se creen en las profundidades,
perdidos en las estrellas o condenados al infierno? (Entre bastidores, la
pregunta no formulada de cada oyente: "¿Y podría pasarme eso a mí?")
La realidad es que nadie sabe
la respuesta. Abundan las teorías pero nadie sabe con certeza por qué la
experiencia de una persona es gloriosamente positiva y la de otra tan
perturbadora que conduce a años de confusión. Estamos inundados de
suposiciones, pero con sequía de datos. La sabiduría tópica nos enseña que las
buenas personas (sea lo que sea eso) serán recompensadas
y las malvados castigadas o, al menos, excluidas de las cosas buenas. Inspirado
en nuestro pensamiento está la antigua suposición de que las personas reciben,
o deberían recibir, lo que merecen. Pero ¿es esto algo bueno, y funciona?
El teólogo Marcus Borg observó:
“La sabiduría tópica conduce a una visión de la vida centrada en el rendimiento
y las recompensas. La calidad de nuestra vida depende de hacer las cosas bien.
Al establecer esta conexión la sabiduría convencional también imagina la vida
como ordenada y, en esa medida, bajo nuestro control... Pero la sabiduría
convencional tiene un corolario cruel. Si tu vida no funciona debe ser porque
has hecho algo mal”.
En el lenguaje religioso esto
se expresa en términos de rectitud y pecado. Virtud moral, fracaso moral. Si
vives correctamente irás al cielo; si incorrectamente, al infierno. Pero esta
categorización no se limita a las creencias religiosas.
A decir verdad, muchas
personas que desdeñan la religión organizada y rechazan profundamente cualquier
concepto de cielo, infierno o “juicio divino” literal, inmediatamente asumen
que las aterradoras experiencias cercanas a la muerte se asemejan a la visión
religiosa más conservadora. La diferencia radica principalmente en que el
lenguaje secular reemplaza la mención del pecado con descripciones de fracaso
psicológico, debilidad espiritual o quizás una deficiencia caracterológica en
la persona que “atrajo” la experiencia. No muchos autores han teorizado sobre
las personas que tienen una ECM perturbadora, pero sus adjetivos son
notablemente consistentes: hostiles, fríos, reprimidos, suprimidos, amorales,
controladores, rígidos, renuentes a la rendición, cargados de culpa, no amantes
de Dios, temerosos, mezquinos. A pesar de la ausencia de datos que respalden
estas conclusiones, la creencia se mantiene firme.
Atwater ha afirmado,
sinceramente, que las ECM oscuras son generalmente experimentadas por aquellos que
parecen tener culpas, miedos e iras profundamente reprimidas o represadas, y/o
aquellos que esperan algún tipo de castigo o responsabilidad después de la
muerte. No se han ofrecido datos que respalden esta afirmación. La médica
Barbara Rommer ha sido ampliamente aceptada por informar que una ECM aterradora
puede ocurrir si la persona tiene una mentalidad poco amorosa o temerosa justo
antes del suceso, [o] si uno crece con una programación negativa esperando
fuego infernal y azufre, entonces eso es lo que. se tendrá que experimentar.
Ningún dato respalda la certeza de sus afirmaciones.
Como se ha demostrado durante
más de un siglo de investigación psicológica, todos
hemos reprimido o suprimido profundamente culpas, miedos e iras. Son parte de
la condición humana, incluso para quienes relatan experiencias
deslumbrantemente trascendentes. Además, muchas personas que se describen como culpables, temerosas e iracundas han
relatado hermosas experiencias místicas. Esa pequeña parte de la sabiduría
convencional no basta.
Las afirmaciones seguras, en
ausencia de datos comprobables, parecen en gran medida un triunfo de la creencia
personal sobre la prueba objetiva. Parece probable que algo relacionado con las
circunstancias emocionales de un individuo pueda influir en una ECM. Sin
embargo, las ECM de todo tipo muestran una variabilidad tan grande en la
situación y los antecedentes personales que la conclusión está muy lejos.
Ciertamente, las personas a menudo se ven desafiadas, después de una ECM o un suceso
similar, a hacer cambios en su vida; y se puede plantear razonablemente la
hipótesis de que su mentalidad influye (aunque esto plantea la pregunta de cómo
los intentos de suicidio pueden producir experiencias de gloria). No obstante,
la imposibilidad de demostrarlo es un problema importante cuando se afirma
rotundamente que las experiencias ocurren para efectuar
un cambio o como resultado del estado emocional de
la persona. No es suficiente.
Curiosamente, que yo sepa,
ningún investigador ha planteado especulaciones similares sobre si quienes
tuvieron una ECM feliz la merecieron. No existe una lista de características
personales de quienes la experimentaron. Solo las experiencias angustiosas han
suscitado tal fascinación en los observadores.
Otra suposición común es que
la creencia religiosa determina el tipo de experiencia: que las ECM celestiales
recompensan a los creyentes devotos, mientras que las aterradoras son para los
agnósticos, ateos y los simplemente no observantes de rito religioso. Esta es
otra idea que parece más lógica que verdadera, ya que no hay prueba que la
respalde. Sí, algunas personas que creen en un dios iracundo reportan ECM
aterradoras; pero otras han informado felicidad. Personas que creen con todo su
corazón que "Dios es amor" han informado experiencias horribles.
He aquí, por ejemplo, un
extracto de un relato de Santa Teresa de Ávila:
“Un
día, mientras oraba, de repente descubrí que, sin saber cómo, me habían metido
en el infierno... La entrada, me pareció, parecía un callejón muy largo y
estrecho, como un horno, bajo, oscuro y estrecho; el suelo me parecía de agua
sucia y fangosa que desprendía un hedor nauseabundo y estaba plagado de
alimañas pútridas. Al final del callejón había un agujero en la pared que
parecía un pequeño armario; allí me encontré en un estado de hacinamiento... Me
resultaba imposible sentarme o acostarme, y no había espacio, a pesar de que me
metieron en esa especie de agujero hecho en la pared. Esas paredes, que eran
aterradoras de ver, se cerraban sobre sí mismas y me asfixiaban.Todo. No había
luz, pero todo estaba envuelto en la más negra oscuridad. No entiendo cómo era
posible que todo lo doloroso de ver fuera visible”.
Si eso le pudo ocurrir a una
de las más grandes santas, ¿qué dice eso de la sabiduría convencional? Hay algo
más en juego. Estas experiencias religiosas documentadas de santos, como la
gama de bardos descrita por el Libro
Tibetano de los Muertos y las imágenes de la psicoterapia psicodélica,
indican claramente que las explicaciones fáciles apuntan a una simplificación
excesiva en lugar de a respuestas reales, y que tienen influencias más
profundas.
Hasta el momento, no existe prueba alguna que respalde la creencia popular
de que el merecimiento tenga algo que ver con tener una ECM gloriosa o
deprimente. Las pruebas psicológicas realizadas durante décadas no ofrecen pistas sobre por qué las personas tienen las
ECM que tienen. Cualquiera que sea el germen de verdad que subyace a estas
conclusiones convencionales, ampliarla requerirá una investigación e
interpretación mucho más sutiles que estas declaraciones genéricas. Incluso
podría ser que las ECM ocurran al azar, como caer en un bache en la carretera
por la noche.
LA OSCURIDAD INDESEABLE.
“No se alcanza la iluminación
imaginando figuras de luz”, dijo Jung, “sino haciendo consciente la oscuridad”.
Sin duda, esta es una idea poco admirada. La resistencia al tema de las experiencias
angustiosas es profunda y tiene amplias implicaciones, tanto para quienes las
experimentan como para la forma en que la sociedad conceptualiza la angustia en
general. ¿De dónde proviene esta enorme resistencia a las ECM difíciles?
¿Qué hay ahí fuera?
Un profundo temor a algo
terrible acecha a la humanidad. Siempre ha sido así a lo largo de la historia.
Quizás el miedo tuvo un origen completamente práctico en terremotos, rayos o
tigres dientes de sable al acecho. O quizás el origen reside en nosotros, en lo
que parece ser el reconocimiento exclusivamente humano de la mortalidad: que
todos y cada uno de nosotros y todo lo que conocemos en el universo, morirá.
Los filósofos han
reflexionado sobre esto desde que se tiene conocimiento de filosofía. El temor
se agita en el corazón del concepto religioso de salvación, y en la
desesperación de gran parte de la literatura del siglo XX y, como observó
Ernest Becker, en el afán de los magnates ladrones de ayer y de los magnates
corporativos de hoy por acumular cantidades incomprensibles de poder y riqueza
para protegerse de, ¿de qué? Este es el miedo ontológico,
un impulso primario de aferrarse a nuestro ser.
Cualquiera que sea el origen, este miedo es básico. Algunas personas que han
tenido experiencias cercanas a la muerte permanecen invisibles porque algo en
su experiencia tocó ese temor; sea cual sea ese "algo", los asustó
tanto que no hablarán de ello.
La trabajadora social médica
Kimberly Clark Sharp, quien fue experimentada y durante mucho tiempo líder de
IANDS Seattle informó:
“Las
personas que tienen experiencias negativas temen a la muerte. No para siempre,
sino durante mucho tiempo. ¿Se les puede culpar? Una experiencia negativa trae
muchos problemas... La gente llama y empieza a hablar de ellas, pero luego
cambia de opinión y dice: "Adiós, me tengo que ir". Y a menudo no te
dicen quiénes son cuando llaman. Con alguien que ha tenido una experiencia
positiva se tarda tres o cuatro intentos [para poder hablar de ella]. Con
alguien que ha tenido una experiencia negativa, tardas el doble... [y] a veces
no vuelvo a saber de ellos después de que me lo cuentan”.
Volver a contar cualquier
experiencia intensa la devuelve a la superficie de la conciencia, donde puede
recordarse y, si es necesario, abordarse; esto es función tanto de las
reuniones como de la psicoterapia. Pero si las emociones son demasiado intensas, demasiado amenazantes, y si el miedo
es demasiado grande, y si no hay nadie que ayude a la persona a lidiar con
ello, es natural hacer la vista gorda, ocuparse de todo, mantenerlo todo
enterrado. Lo que fuera sobrecogedor en la experiencia puede parecer demasiado
horrible para abordarlo y, sin duda, demasiado horrible para compartirlo. Por
difícil que sea para una persona que tuvo una ECM radiante contar a otros sobre
un encuentro no físico que la irrumpió, lleno de paz, aceptación y amor,
¿cuánto mayor será la resistencia para la persona que salió de la experiencia
con terror ontológico?
¿Quién lo dice?
Quienes han tenido
experiencias no han sido los únicos que se han alejado de las temibles ECM. En
circunstancias normales solo los temerarios (¡qué palabra tan interesante!) desean experimentar el terror cósmico o incluso saber de
él, y muy pocas personas tienen idea de cómo pensar sobre una experiencia
cercana a la muerte como esa. Bruce Greyson y yo no sabíamos, al comienzo de
nuestro estudio, cómo pensar en ellas, ni qué pensar. Además, investigadores y académicos estaban
tan cautivados como todos los demás por los relatos de experiencias radiantes;
¿por qué querrían buscar un lado oscuro? El Índice de Experiencia Central
Ponderada de Ring, y la influyente Escala de ECM de Greyson, por ejemplo, no
preguntaron nada que pudiera haberlos llevado a descubrir experiencias
aterradoras. Y así, como no sabían qué preguntas hacer, no escucharon completamente lo que les decían, y no se habían propuesto
buscar el terror desde el principio, los primeros investigadores de las ECM
pasaron por alto las señales que podrían haberlos guiado en esa otra dirección.
Cuando reconocían
la existencia de experiencias angustiosas, muchas personas las negaban o
simplemente sentían repulsión, lo que llevó a un escritor a describir las ECM
difíciles como los barrios marginales de una ciudad, creados por “la naturaleza
de las mentes que interactúan para crear esta realidad” (Ring). El autor
comparó a las personas con ECM gloriosas con pasajeros privilegiados que viajan
como si atravesaran un túnel subterráneo que los protegiera de la percepción de
los barrios marginales que se encuentran justo al otro lado. Concebida
simplemente como una analogía descriptiva, esta imagen muestra
involuntariamente el mismo tipo de matiz lingüístico que se encuentra en los
estereotipos sobre la pobreza o el racismo: las experiencias angustiosas son “los
barrios marginales de una ciudad”, de los cuales debe protegerse al viajero
privilegiado (el viajero de la “experiencia central”). Es la “naturaleza de
[sus] mentes” (¿inferior? ¿distorsionada?) la que deja a esos otros
experimentadores en el “dominio inferior”. Por lo tanto, implícitamente, la “naturaleza
de las mentes” del viajero de la experiencia central debe ser de un tipo
superior, más aprobado. No se especifica cómo se produce esto ni en qué se
diferencia. La descripción se expresa como si fuera sociológica, ya sea sin ser
consciente de las implicaciones degradantes o justificando las sugerencias como
si fueran involuntarias. No se sugiere que pudiera haber algo valioso en esos
"barrios marginales", ni qué haría una persona privilegiada al verse
expuesta a un contacto tan temido. Ciertamente, no hay indicios de que pudiera
tener un propósito útil. La aversión a las experiencias oscuras es tan profunda
que incluso las personas normalmente compasivas desvían su atención.
Relación comercial.
Cuando mi hijo tenía cuatro
años me pidió que le escribiera un cuento. Lo llamó "El mejor nido del
oeste" y trataba sobre un pajarito que enfrentaba los peligros con
valentía y buen ánimo. Consistía en dos capítulos. En el primero el pajarito se
daba cuenta de que su mundo estaba lleno de peligros. En el segundo llegaba a
una solución. "Los coyotes no me molestan", cantó el pajarito.
"Soy alérgico a ellos".
Desafortunadamente, como
descubriría el niño de cuatro años, las alergias no actúan como protección. Sin
embargo, en general, los adultos adoptamos esa actitud hacia los estados
emocionales que no deseamos: si somos lo suficientemente "alérgicos",
no se acercarán. Esto nos deja expuestos al desastre porque la ilusión de
defensa puede verse vulnerada en un instante, pillándonos desprevenidos.
Las noches oscuras del alma,
el miedo, la depresión, locura, traumas en general, se ven con demasiada
frecuencia a través de la lente limitante del miedo, observa la psicóloga Joan
Borysenko. En el miedo, solo deseamos liberarnos de la aparente negatividad en
lugar de buscar en el alma sus dones.
La psicoterapeuta Miriam
Greenspan ha estudiado a fondo las emociones oscuras. “La mayoría de los
adultos tienen la arraigada idea de que emociones como la tristeza, la
desesperación y el miedo son paralizantes, destructivas y 'negativas'. Esa
última palabra lo dice todo. Estas emociones no solo nos
hacen sentir mal; creemos que son malas, que
señalan debilidad emocional, decadencia moral, inferioridad espiritual e
incompetencia personal”.
El miedo
es un problema, sin duda. Miedo a la oscuridad misma, miedo a ser absorbido por
la experiencia, miedo a la muerte, a la extinción, miedo a las partes ocultas
de nuestra psique que son demasiado
reales, el miedo al juicio que se supone está representado por la experiencia.
La
desaprobación directa de este tipo de experiencia a veces es un factor.
Cuando uno cree que solo los pensamientos y emociones positivos son aceptables
cualquier cosa incómoda probablemente se percibirá como de mala educación,
impura, o negativa. La desaprobación es una extensión oculta del miedo, de la
alarma de que uno pueda ser contaminado por el contacto.
Luego está la simple evasión, el deseo de no ser molestado. Quizás no queremos
que nos molesten, que nos agobien, no queremos saber de realidades más duras.
Un aislamiento narcisista dice: “Vivo en la luz y no quiero salir”.
Tras treinta años como
psicoterapeuta, Greenspan afirma al respecto: “Una cultura que insiste en
etiquetar el sufrimiento como patología inevitablemente termina negando tanto
la dimensión social como la espiritual de nuestras penas. Un enfoque espiritual
etéreo ofrece un camino sanador que a menudo pasa por alto la certeza del
sufrimiento en la realidad, evitando o negando las raíces sociales de nuestro
dolor y disociándose de la oscuridad de nuestro mundo”. Esto no pretende
menospreciar toda la metafísica contemporánea, de ninguna manera, sino
simplemente señalar que incluso los sistemas espirituales tienen su lado
oscuro.
Decir que es hora de empezar
a mirar al monstruo a los ojos no es un argumento para romantizar el
sufrimiento ni para abrazar el mal, no es invitación a sumirse en la desolación
ni a ignorar la luz; no es una llamada a bábaross ni a satanistas aunque esta
gente podría aprender cosas interesantes y aplicables a ellos mismos. Y tampoco
es exaltación de la autoflagelación histérica y el regocijo en el dolor propio de
algunos místicos medievales. No debemos detenernos
en la ECM perturbadora ni en ningún sufrimiento una vez superado, sino afrontarlo
como una tormenta: reconocer que las tormentas existen, comprender qué son y
cómo prepararnos para ellas de modo que, cuando llegue una, tengamos la
oportunidad de alcanzar el cielo despejado.
En tiempos de terrible crisis
social es imperativo que, como pueblo, reconozcamos que es la ocuridad
personal, en su mayor expresión, la que crea la sombra del mundo; que son el
orgullo individual, la codicia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula y la
indiferencia lo que alimentan la guerra, la opresión, el colapso económico, la
intolerancia, el tráfico infantil, la paidofilia, el terrorismo y la hambruna.
La suma de la negatividad personal desatendida (lo que en un contexto religioso
se llama pecado) es el mal social. Continuar ignorando o desaprobando la ECM
impopular o la sombra, el mendigo sin
hogar o el vecino que despreciamos no solo es negar y reprimir parte de
nuestra realidad sino, también, estar
desprevenidos y desprotegidos ante una experiencia indeseable. La
espiritualidad resultante es débil y superficial, un deseo sin sustancia. Huir
del miedo es en sí mismo miedo.
Este reconocimiento no
debilita la creencia en el Todo, la Fuente, Dios, el Bien, la Luz, la Base, sino
que reconoce que al alcanzar esa conciencia puede haber preguntas difíciles o
problemas, experiencias con las que preferiríamos no tener que lidiar.
Greenspan afirma: “El mundo
necesita urgentemente la verdad que enseñan las emociones oscuras. Cuando
dominamos el arte de permanecer plenamente despiertos en su presencia nos
ayudan a superar el sufrimiento. Descubrimos que la oscuridad tiene luz propia”.
Lo que propongo es, en sus
palabras, que hagamos “odisea personales a través de las emociones oscuras como
un camino de poder sagrado”. Al alienar nuestras emociones difíciles nos volvemos
tímidos. Esta negación de las emociones difíciles y del riesgo sabotea no solo
nuestra espiritualidad. No se trata de la salud, sino de la salud psicológica
de los jóvenes, a quienes se les enseña a creer que cualquier riesgo es
demasiado alarmante para ser tolerado y que son demasiado frágiles para valerse
por sí solos en el mundo.
Ningún ganador de una medalla
ha subido al podio sin dolor ni sacrificio. Siddartha no halló el fin del
sufrimiento sentándose en el palacio que le correspondía por derecho de
nacimiento; Jesús no permaneció en una pequeña barca en el Mar de Galilea. En
el dolor y la oscuridad, en la tragedia y la lucha, allí se encuentran la
valentía y la redención. Ese es el camino del poder sagrado. Lo mínimo que
podemos hacer es aprender a lidiar con las emociones que no nos importan.
LA PREGUNTA DE LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE.
¿Qué hace tan cautivadoras
las clásicas experiencias cercanas a la muerte llenas de luz? Para quienes
están muriendo probablemente sea indicio de que lo que se avecina puede ser, de
hecho, maravilloso. (Últimas palabras de Steve Jobs: "¡Guau! ¡Guau!
¡Guau!"). Quizás sea la tranquilidad de que cuando nuestros seres queridos
murieron lo experimentaron con seguridad, felicidad y paz gozosa. Y para quienes
son religiosos o místicos, y quizás para los editores y la mayoría de los
medios de comunicación interesados en el mercado, lo más significativo de las
ECM puede residir en lo que sugieren sobre la vida después de la muerte.
Muchos, quizás la mayoría de
los humanos en el mundo, creen en la supervivencia de algo de nosotros después
de que el cuerpo deja de funcionar. Esto es cierto en todas las culturas, hasta
donde sabemos, y ha sido así desde que las sociedades humanas dejaron huellas
en tumbas y marcas en las paredes de las cuevas, aunque no hay unanimidad en
cuanto a cómo podría funcionar.
Para las sociedades
tradicionales más antiguas la vida después de la muerte parece haber
significado vivir como uno de los antepasados a través de hijos y descendientes,
o como un elemento de la memoria colectiva. De este trasfondo aparentemente
universal surgió la sensación de una vida después de la muerte más tangible,
aunque no hay dos sociedades o subculturas que compartan exactamente la misma
visión de lo que podría implicar. Los egipcios comenzaron a amueblar tumbas
para una cómoda existencia post mortem, al menos para quienes podían permitirse
el embalsamamiento necesario. Carol Zaleski señala en La vida del mundo venidero que la
costumbre espartana de usar palabras como “inmortal” e “imperecedero” como
términos honoríficos para los guerreros caídos prefiguró el desarrollo de la
idea griega del “alma inmortal”, de la que ahora nos regocijamos: “¡Elvis vive!”.
Desde la sensación de
recordar la existencia hasta la idea de la individuación tras la muerte,
pasando por la idea de poseer un alma inmortal, debió parecer natural que un
sentido personal del yo acompañara a esa alma inmortal. El más allá se
convirtió en la imaginación de una continuación, de algún modo, de la vida en la
Tierra, trasladada a un lugar probablemente celestial. En las comunidades
religiosas, que tradicionalmente vinculan la conducta moral con el juicio al
morir o después de la muerte, esto generó la visión de ser llevado al Paraíso
para vivir con los ángeles, o quizás ser juzgado como incapaz y arrojado a un
infierno subterráneo (que, como sabe cualquiera que viva en la zona de los
volcanes es donde se encuentra el fuego). Como también señaló Zaleski: “Quienes
acuden en masa a comprar libros sobre la experiencia cercana a la muerte
quieren oír que no se les robará la satisfacción de la continuidad de la
existencia personal; no quieren oír que se les pedirá cuentas por sus pecados”.
Otra observación sobre la
vida después de la muerte proviene del psicólogo transpersonal Charles Tart,
cuyo trabajo sobre los estados de consciencia ha sido fundamental y es quien reconoce,
mejor que nadie, la prueba convincente de algún tipo de continuidad: “Tras 25
años de estudiar esto he llegado a dos conclusiones. Una es que al morir, tras
un período de confusión y miedo, no me sorprenderá mucho recuperar la
consciencia. Por otro lado, me sorprenderá mucho si "yo" recupero la
consciencia”.
Creemos que algo en nosotros
continuará en algún lugar, aunque los detalles difieran. Pero ¿demuestran las
experiencias cercanas a la muerte que esto es cierto?
Sería imposible citar las
miles de afirmaciones entusiastas que se han hecho desde 1975 de que las
experiencias cercanas a la muerte "prueban" la existencia de una vida
después de la muerte. Imposible enumerar todos los titulares de la prensa
sensacionalista tales como "¡Nueva prueba de vida después de la
muerte!",con sus ilustraciones, mal retocadas con Photoshop, de ciudades
con un sorprendente aspecto de Oriente Medio flotando sobre las nubes. Sería
igualmente imposible enumerar todos los argumentos publicados que demuestran
con vehemencia que tal cosa es imposible, como los mordaces comentarios en la
revista The Skeptical
Inquirer, o el frenesí de las disputas en los blogs referidos a esta
materia.
A pesar de la controversia,
el hecho mismo de que existan experiencias cercanas a la muerte, y que ocurran
tan a menudo en circunstancias que amenazan la vida, ha servido para convencer
de manera persuasiva a una buena parte del público, y aparentemente a la
mayoría de los medios de comunicación, de que las ECM son prueba concluyente,
incluso prueba científica, de vida después de la muerte.
Estrictamente hablando, por
supuesto, no puede haber tal prueba por la sencilla razón de que todas las ECM
son experiencias subjetivas que no pueden ser observadas por científicos ni por
alguien más; no se puede comprobar su precisión, cuantificarlas ni replicarlas
en laboratorio. El único grupo de control posible que podría informar con
precisión sobre si las ECM sería un grupo de personas que estén indudablemente
muertas, ¿y qué científico creería ese testimonio?
Por otro lado, aunque nadie puede probar el argumento, tampoco puede refutar la existencia de una vida después de la muerte. Es
una cuestión de elección personal, de las pruebas que se leen y de la capacidad
de cada uno para aceptar la ambigüedad.
Es difícil discrepar de lo
que dice Carol Zaleski sobre que “quienes dan testimonio del efecto
transformador de las experiencias cercanas a la muerte suelen afirmar que su
convicción de que la muerte no es el fin les dio la libertad y la energía para
cambiar su estilo de vida. Por otro lado, cuando la búsqueda de la inmortalidad
se aísla de otras preocupaciones religiosas... puede volverse algo sórdido, egoísta
y terrenal... El peligro actual no es que la gente se convenza de la
inmortalidad, sino que todo el tema se trivialice por un enfoque limitado a
favor o en contra de la supervivencia”.
¿ESTABAN REALMENTE MUERTOS?
Las afirmaciones enfáticas
sobre la vida después de la muerte dejan en el aire varias preguntas que se
abordarán aquí brevemente, pero sin mayor profundidad. Una de ellas es vital:
la pregunta crucial: ¿estaban realmente muertas estas personas? Esta es otra de
esas preguntas con respuestas apasionadas, pero sin la definitiva. Veamos las
respuestas a la pregunta del enunciado:
Sí.
Para algunas personas el
momento de la experiencia coincidió con haber sido declaradas clínicamente
muertas, sin respiración ni latido cardiaco. Si la muerte definitiva es la
muerte clínica, y si quienes la experimentaron fueron testigos presenciales de
la situación real de estar muerto (ya que reportan experiencia consciente
durante ese tiempo), entonces debe ser cierto que, de hecho, estaban
fallecidos. Para muchos esto es evidente. Más de una persona ha declarado
enfáticamente: "No estaba cerca de la muerte, estaba muerto. ¡Estaba muerto, muerto!". Estas personas irán a la muerte “definitiva”
convencidos de que es un viaje de regreso y de que les espera una vida reconocible
al otro lado, igual que en su ECM. Saben que estaban
muertos y para ellos la ECM demuestra la realidad de la supervivencia.
Tal vez.
Una perspectiva menos
entusiasta sostiene que nadie puede afirmar con certeza que la muerte clínica
sea idéntica a la permanente. Si se define "muerto" como fallecido permanente entonces quienes experimentaron la muerte no
estaban, en sentido estricto, realmente muertos pues
no permanecieron así. Como ha bromeado el gerontólogo Robert Kastenbaum:
"Si 'yo' he sobrevivido para informar sobre mi muerte el relato de esa
muerte ha sido, en palabras de Mark Twain, 'muy exagerado'". No podemos
afirmar que lo que experimentaron quienes pasaron por la muerte en una ECM
fuera una representación precisa de estar verdaderamente muerto porque han
regresado para contarlo.
Probablemente no.
La trama se vuelve aún menos
clara si consideramos que en la mayoría de los relatos de experiencias cercanas
a la muerte no hubo muerte clínica confirmada médicamente. Si bien la mayoría
de las personas que han informado una ECM se encontraban en algún tipo de
dificultad física o emocional intensa esta no ponía en peligro su vida. Las
experiencias pueden presentar las mismas características que las del tipo
"muerte mortal", pero ocurrieron en personas
para quienes "muerte cercana" es un término inapropiado.
No, en absoluto.
Y finalmente, por supuesto,
están los verdaderos enigmas, las ocasionales experiencias de apariencia mortal,
de actos o de sonidos que aparecen en una persona perfectamente sana que quizás
se encuentra en el borde del sueño o en oración profunda o meditación. ¿Cómo,
en estos caso, se indicaría algo sobre la muerte?
Junto con Keats, Carol
Zaleski afirma: “Ahora vemos oscuramente en un enigma, en el espejo de nuestra
cultura. Solo entonces, cuando se levante el velo, nos veremos cara a cara.
Ahora debemos comprobar la solidez de nuestras imágenes y símbolos practicando
las artes tradicionales y modernas del discernimiento, guiados tanto por el
dogma como por la experiencia. Solo entonces conoceremos como somos conocidos”.
Hasta que se levante ese velo
los estudios sobre experiencias cercanas a la muerte serán un campo que
prácticamente impone ambigüedad. A los lectores que deseen un enfoque más
centrado en la supervivencia se les recomienda el exhaustivo y perspicaz libro
de Gracia Fay Ellwood (2001), The Uttermost Deep: The Challenge of Near-Death Experiences. (La
profundidad más recóndita: el desafío de las experiencias cercanas a la muerte).
Ni la cuestión de si estaban
muertos, ni la de la vida después de la muerte se resolverán aquí. La prueba
puede interpretarse como un "sí" o un "no" y, ciertamente,
como un "tal vez". Por mi parte, así como me interesan poco las áreas
de disección clínica de los estudios de experiencias cercanas a la muerte las
afirmaciones entusiastas (y hasta ahora exageradas) sobre el
"descubrimiento de la causa de las ECM" en los receptores cerebrales
o los trastornos del sueño, las convulsiones del lóbulo temporal derecho, las
endorfinas, las sustancias psicodélicas o las conjeturas sobre el cerebro
moribundo no me conmueven mucho en el debate sobre la prueba de la vida después
de la muerte. (Estoy profundamente convencida de que algunas respuestas están
guardadas en un lugar oculto, fuera de nuestro alcance). Supongo que vosotros y
yo descubriremos la verdad con el tiempo; de lo contrario, a quienes una vez
fuimos "nosotros" ya no les importará. Por ahora me contento con
pensar, imaginar, tener esperanza y estar con el poeta John Keats y su respeto
por la Capacidad Negativa que es, en sus palabras y puntuación, la necesidad de
estar en incertidumbres, misterios, dudas sin ninguna búsqueda irritante de
hechos y razones.
Me interesan las diversas
experiencias cercanas a la muerte, como un poderoso
factor que moldea la vida aquí y ahora, y cómo las personas interpretan y viven una ECM de forma significativa y útil. Sin embargo,
dado que esa búsqueda de significado está inextricablemente ligada para muchas
personas a la cuestión de la supervivencia, y dado que incluso un autor
quisquilloso no puede ignorar la preocupación por la vida después de una ECM
difícil, el siguiente capítulo se centra en el infierno. ¿Cómo ha moldeado la
idea del infierno el pensamiento humano a lo largo de los siglos? ¿Cómo está
moldeando el nuestro? A la mayoría de la gente le sorprende esta historia.
7. MIRANDO A LOS OJOS DEL MONSTRUO: EL INFIERNO.
El relato más antiguo
conocido de una experiencia cercana a la muerte proviene de Platón, cinco
siglos antes de Cristo (Nota del Traductor. Aquí la autora habla de “siglos
antes de la era común” lo cual es absurdo dado que no existe una era “común”
pero sirve para obviar lo evidente: que por convención existe el nacimiento de
un personaje histórico, Jesúscristo, como hito que fija espacios de tiempo, lo
mismo que ocurrió históricamente con otros personajes. Es posible que la autora
pretenda superar algún tipo de trauma religioso o personal sobre creencias
religiosas y lo demuestra alejándose de usar el tradicional uso del nacimiento
de Jesucristo como patrón de medida de fechas o tiempos históricos. Fin de la
nota)
Las tramas son tan antiguas,
tan omnipresentes en todo el mundo, que son como simientes sembradas por las
experiencias visionarias de nuestra primera familia en las primeras etapas de
la humanidad. El poder de esas experiencias historias, contadas una y otra vez
a lo largo de quién sabe cuántos eones, las arraigó en los cimientos mismos de
las creencias humanas a lo largo de cientos de generaciones. Y con esos relatos
llegaron sus interpretaciones, contadas de diversas maneras como campos del
moro, cotos de caza felices, verdes pastos o como territorios sombríos o
espectrales donde nadie querría estar.
No andemos con rodeos: gran
parte del poderoso impacto de las ECM proviene de que reflejan la idea del
cielo y el infierno en algún lugar más allá del mundo ordinario. Una razón
importante para explicar la reticencia a considerar las angustiosas
experiencias cercanas a la muerte reside en que es fuente de terror para muchos
por el miedo a descubrir que el infierno que albergamos en la mente pueda
existir de alguna manera. Pero a pesar de la magnitud de ese miedo, o debido a
él, el tema rara vez se aborda, salvo en términos teológicos abstractos o en
círculos religiosos que insisten en una interpretación literal.
Y así permanece la oscura
mole al fondo de nuestra cueva. Ha estado ahí tanto tiempo que seguramente el
infierno está pasado de moda. Y, sin embargo, hay algo en la idea que es
universal. Y antiguo. Y para algunas personas es tan actual como despertar hoy de una ECM.
Un capítulo de historia puede
aclarar algunas preguntas y ansiedades.
EL INFIERNO DE LA PREHISTORIA.
Como lugar para los muertos,
la idea del infierno ha existido desde la creación de las sociedades. Lo que la
mayoría de la gente desconoce es que, aunque muchos infiernos se parecen
notablemente, su función como lugar de castigo es un desarrollo tardío, y el
castigo eterno es un concepto exclusivo de algunas
sectas del cristianismo. (No es mi propósito disuadir a nadie de una convicción
doctrinal, solo demostrar la naturaleza evolutiva de la historia del infierno y
la diversidad de otras creencias y cosmologías).
En La vida del mundo venidero),
Zaleski señaló que en el período formativo de todas las tradiciones religiosas
perdurables falta una idea clara de lo que podría ser la vida después de la
muerte. Esto aún era así en la época del hinduismo temprano y en el período
clásico de Grecia. Las concepciones más elaboradas e imaginativas surgieron
posteriormente, como sería el caso de Israel.
Los primeros paisajes de
ultratumba, conocidos los de la Mesopotamia de la Edad de Bronce, se
visualizaban como lugares sombríos, literalmente bajo el mundo, que funcionaban
simplemente como la tumba, el lugar de los muertos. Un almacén, por así
decirlo.
La historia intacta más
antigua de un viaje al otro mundo proviene de Sumeria, en Mesopotamia. Unas
tablillas de arcilla inscritas hace unos 2500 años cuentan una historia aún más
antigua: cómo la diosa Inanna visitó a su hermana en esas sombrías regiones de
los muertos. Es una telenovela de la antigüedad, llena de conflictos de
personalidad, intrigas, celos y escapadas por los pelos. La historia de Inanna
merece ser mencionada no solo porque esas tablillas de arcilla aún existen, sino
porque mencionan detalles del inframundo que se repetirán una y otra vez a lo
largo de los milenios en las culturas. La vuelta al mundo: un viaje,
dificultades abrumadoras, barreras y monstruos, giros extraños, regalos.
El hinduismo primitivo tenía
un único infierno eterno y, posteriormente, infiernos temporales: miles de
ellos, la mayoría sin conexión con la Tierra. El budismo también tenía
múltiples infiernos, al igual que religiones menos conocidas con fuerte carisma
local.
La mayoría de los infiernos
se han centrado en la Tierra. En América, incluso la cultura poco estructurada
de los inuit árticos incluye un inframundo helado donde las almas de los
muertos deben ser purificadas y en el mito maya, las almas de los muertos
debían seguir a un perro con visión nocturna por un aterrador camino acuático y
superar innumerables desafíos antes de poder descansar en el más allá.
Al igual que en la cosmología
de Oriente Medio, se creía que la tierra azteca era un gran disco rodeado de
agua. Sin embargo debieron ser un pueblo con gran talento ejecutivo, pues
imaginaban trece niveles de cielo y nueve del inframundo: ruedas dentro de
ruedas, desde el vacío más exterior, el "cielo negro", hasta el
Mictlán, la región de los muertos, en el centro. El destino después de la
muerte dependía de lo que una persona hiciera en la Tierra, y de cómo muriera.
Obviamente, los aztecas eran un pueblo detallista, como también nos lo indica
su arquitectura.
EL INFIERNO JUDEOCRISTIANO.
Si algunos lectores se
sorprenden por la gran variación que ha habido a lo largo del tiempo en las
ideas judías y cristianas sobre el inframundo, es casi seguro que se asombrarán
al descubrir que la concepción actual de un infierno demoníaco no es bíblica
sino traducción errónea y anacronismo. Como señaló Ziony Zevit, profesor
distinguido de Literatura Bíblica en la Universidad de California, Berkeley, “La
idea de que Dios es una figura furiosa que envía a quienes condena a un lugar
llamado Infierno, donde pasan la eternidad en tormento, separados de su presencia,
no aparece en la Biblia y era desconocida en la iglesia primitiva. Si bien el
cielo y el infierno son indudablemente reales, son condiciones experienciales
más que lugares físicos, y ambos existen en la presencia de Dios. De hecho,
nada existe fuera de la presencia de Dios.
Antes de Cristo.
Durante más de 2000 años el
inframundo israelita fue el almacén mencionado anteriormente, compartido con el
reino de Mot, el dios cananeo de la muerte. Era el Seol, según la visión
israelita, la región de los muertos; Dios no iba allí. El Seol no tenía un
significado religioso particular para YHWH (Yahvé, la deidad israelita
primitiva) porque: “En general, el yavismo, tal como se presenta en los textos
bíblicos existentes, concebía a yavé como señor de los vivos. La muerte era la
contaminación máxima de todo lo que le era particularmente sagrado. El yahvismo
se ocupaba principalmente del nivel medio [del cosmos], el nivel de la vida y
la creación”.
Durante el período nómada y
hasta el cautiverio babilónico, así permaneció la cosa. Ni Moisés ni los
primeros profetas emplearon la idea de que el Seol era lugar de tormento
después de la muerte. El Seol era el destino de todos,
buenos o malos; por lo tanto era posible describir la muerte como estar
"en el seno de Abraham" porque, por supuesto, el patriarca estaría
allí. Dice Eclesiástico 41:3-4: "No temas a la muerte, ni por diez, ni por
cien, ni por mil años; no hay castigos para la vida en el Seol".
Además, Deuteronomio,
capítulo 28, ofrece una visión inequívoca de la comprensión mosaica temprana de
cómo se distribuirían las bendiciones y los castigos de yavé y dstán
completamente en este mundo, en esta vida, no en el
más allá. Aquí, de la Nueva Versión Internacional, hay un extracto de las
bendiciones: “Será bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra y las
crías de tu ganado, los terneros de tus vacas y los corderos de tus rebaños.
Será bendita tu canasta y tu artesa de amasar, todo lo que hagas con tus manos”.
El precio por romper el pacto
es muy alto. No hay amenaza de tormento eterno en el más allá; pero: “Construirás
una casa, pero no vivirás en ella. Plantarás una viña, pero ni siquiera
comenzarás a disfrutar de su fruto. Tu buey será degollado ante tus ojos, pero
no comerás de él. Tus hijos serán entregados a otra nación y te cansarás de
mirarlos, día tras día, sin poder mover un dedo. Un pueblo que no conoces
comerá lo que produzca tu tierra y tu trabajo, y no tendrás más que cruel
opresión todos tus días”. Este es claramente un pueblo y un sistema de creencias
arraigados en este mundo.
Era un mundo de guerra y
conquista, y en el año 597 ants de Cristo el pueblo de Israel fue nuevamente
invadido por un ejército hostil y comenzó sesenta años de exilio en Persia, con
exposición a Zoroastro y otras ideas pintorescas, incluido un dualismo
desenfrenado.
Lo que los israelitas
desplazados descubrieron en Persia fue la vibrante y profundamente dualista fe
del zoroastrismo, que afirmaba que todo en el cosmos se encuentra en una eterna
lucha entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad, y que el bien triunfa al
final. Zoroastro, que pudo haber vivido en el año 1700 antes de Cristo, lo que
lo convertiría en el primer profeta conocido, también introdujo la idea del
Apocalipsis, un género literario que se popularizó como literatura de escape.
El pensamiento apocalíptico zoroástrico afirma que, en la actualidad, los
malvados superan en número a los buenos. Pero al final de esta era, Ahura Mazda,
(el Señor Sabio) enviará un río de fuego que cubrirá el mundo y lo destruirá
todo, incluso el Infierno. Habrá un Juicio Final que separará al bien del mal,
y vendrá un salvador, y una nueva Edad de Oro le seguirá. El fuego es un
elemento central en la práctica religiosa zoroástrica, símbolo del camino
sagrado, de la sabiduría y de la “luz original de Dios” ( http://www.avesta.org/zfaq.html ).
Sesenta años después, al
terminar el exilio, se encendió un fuego en el Seol. Otras ideas zoroástricas
como el dualismo del bien y el mal, la existencia de un cielo distinto y un
infierno castigador, el regreso de un salvador y el juicio en el Fin de los
Tiempos las adoptaron los Hijos de Israel y florecieron; se prueban por primera
vez en los relatos apocalípticos de Daniel y continúan hasta nuestros días.
Aproximadamente doscientos
años después del Exilio apareció el curioso Libro de Enoc, una obra de fantasía
de la época. Enoc no forma parte de la Biblia pero fue un relato popular sobre
cómo un grupo de ángeles se rebeló contra Dios y condujo a la gente de la
Tierra a comportamientos malvados (incluyendo no solo prostitución, sino
también sombras de ojos). Describe el Seol dividido en tres zonas: una para los
justos; otra para los pecadores que habían sido castigados por sus malas
acciones en la Tierra; y la tercera para los malvados que no habían recibido
castigo terrenal. Dios ordena al Arcángel Miguel que ate a los ángeles caídos y
mira hacia el futuro: “En aquellos días serán conducidos al abismo de fuego, al
tormento y a la prisión donde estarán confinados para siempre. Y quienes sean
condenados y destruidos, desde entonces estarán atados junto con ellos hasta el
fin de todas las generaciones”. Enoc no tuvo que ser aceptado en el canon
bíblico para formar parte del pensamiento popular, pues las historias
espeluznantes tienen un gran poder de adhesión.
Después vinieron los griegos,
cuyo Hades, al igual que el Seol, no era lugar de castigo sino simplemente la
región de la tumba. Era como un Seol con barrios: los muertos justos, los
muertos malvados y los que se encontraban entre ambos mundos, donde aún podía
haber conversaciones transfronterizas. La mitología griega contaba cómo Zeus
derrotó a los Titanes y los desterró a un lugar junto al Hades, llamado
Tártaro, en las profundidades del inframundo, para evitar que dañaran a la raza
humana.
Y así, las influencias persas
y griegas, además de las egipcias, se filtraron a través del pensamiento hebreo
después del regreso de los exiliados a Jerusalén en el año 538 antes de Cristo,
volviéndose más coloridas y complejas a medida que avanzaban durante los
siguientes quinientos años.
Con agitaciones políticas y
disturbios, la pugna entre culturas y temperamentos, la pobreza abismal contra
una riqueza inimaginable, el cambio de era fue una época difícil. El
pensamiento apocalíptico estaba por todas partes, con indicios de revolución y
expectativas del fin del mundo; un rumor de revuelta inminente contra las
fuerzas tiránicas de ocupación podría ser oportuno. Los rumores de un Mesías
que vendría a derrocar a los opresores eran tan comunes y febriles en el
mercado de entonces como los rumores de terroristas lo son en algunos sectores
hoy. Sanadores y profetas itinerantes vagaban por el campo. El castigo, incluso
por las faltas menores, era severo y a menudo espantoso; por lo que imaginar el
juicio y los terribles tormentos después de la muerte parecía plausible;
también proporcionaba a la gente común y corriente una forma satisfactoria de
pensar en vengarse de todos aquellos que les hacían daño, y eso incluía a casi
todos.
LOS SIGUIENTES DOS MIL AÑOS.
Primer siglo.
Jesús, declarado culpable de
traición, fue condenado a muerte en el año 33 de su era por complejas razones
políticas y religiosas, y crucificado por las autoridades romanas: la
vergonzosa y horrorosa ejecución de criminales comunes.
Los primeros escritos que
tenemos en lo que se convertiría en el Nuevo Testamento cristiano datan de unos
veinte años después de la muerte de Jesús. Se trata de cartas del misionero
viajero Pablo, escritas desde principios de la década de los años 50 hasta su
martirio en el año 64. Sus cartas a las iglesias nacientes se centraban
principalmente en asuntos organizativos y en cómo los miembros debían tratarse
entre sí a la luz de sus enseñanzas. Las cartas no mencionan el cielo, aunque
sí habla de “vivir con el Señor para siempre” (Tesalonicenses 4) después del
fin del mundo, que se asumía inminente. No se menciona el infierno; los no
creyentes simplemente mueren y desaparecen.
Tras las cartas de Pablo
aparecieron los cuatro Evangelios sobre el ministerio de Jesús: los documentos
conocidos como Marcos, Mateo, Lucas y Juan. A finales del siglo I o principios
del II aparecieron varias cartas adicionales de otros escritores, junto con la
deslumbrante visión apocalíptica conocida como Apocalipsis. Se cree que todas
fueron escritas en griego, el idioma común de la región.
Los evangelios de Marcos,
Mateo y Lucas no son biografías de Jesús sino relatos de sus actividades; Juan
es una reflexión espiritual. La vida en el mundo venidero se menciona solo de
pasada, y principalmente en relación con quién se sentaría dónde. Jesús dedicó
mucho menos tiempo a hablar del destino final de los malvados de lo que cabría
pensar, considerando la cantidad y vehemencia de los debates desde entonces.
De los cuatro Evangelios, la
cronología y los matices del pensamiento escatológico (del fin de los tiempos)
son así:
·
El Evangelio de Marcos, escrito aproximadamente
40 años después de la muerte de Jesús, alrededor del año 70., dice que el cielo
es para quienes hacen el bien. Marcos menciona una sola vez la necesidad de
tener cuidado del “fuego que no se apaga... donde su gusano no muere” (se
refiere al Gehena). En otras palabras, para quienes no prestan atención a las
necesidades de los demás, el infierno representa un verdadero riesgo.
·
El Evangelio de Mateo, ardededor del período del
año 80 al 85. Basado casi en su totalidad en Marcos, este evangelio se escribió
tras la locura de Nerón,el martirio de Pablo, la destrucción del Templo y la
pérdida de Jerusalén, todo en medio de terribles persecuciones. No sorprende
que la obra incluya serias enseñanzas morales y comprensibles advertencias
sobre el peligro que acecha por todas partes, con una clara conciencia del
sufrimiento y las torturas más que reales. El cielo es para quienes hacen
buenas obras. Se menciona a Satanás. Las imágenes son vívidas pero
contradictorias: por ejemplo, Mateo 25:30 se refiere a “las tinieblas de afuera”
donde “los hombres llorarán y rechinarán los dientes”, pero once versículos
después describe “el fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”.
Alice Turner señala: “La gran innovación de Mateo fue añadir advertencias
escatológicas (del fin de los tiempos) a las parábolas que Marcos atribuyó a
Jesús. Es Mateo quien establece en la mente cristiana que no ser salvo es
extremadamente peligroso”.
·
Evangelio de Lucas: del año 85 al 95. El cielo
es para quienes hacen buenas obras. El infierno es lugar de tormento con calor
y sed terrible. En el relato más vívido del Nuevo Testamento sobre la otra
vida, Lucas cuenta la historia de un hombre rico y el mendigo Lázaro (no el
Lázaro que Jesús supuestamente resucitó). Este Lázaro, que había tenido una
vida difícil, muere y es llevado al cielo por ángeles, donde se encuentra en el
seno de Abraham. El hombre rico también muere, pero despierta atormentado. Ve a
Abraham a lo lejos, con el mendigo. Le ruega a Abraham que envíe a Lázaro para
que moje la punta de su dedo en agua y refresque su lengua porque está
atormentado entre llamas. La respuesta de Abraham, según la versión de la
biblia del rey Jacobo es: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y
Lázaro también males; pero ahora él es consolado, y tú atormentado”. El diablo,
mencionado en otra parte de Lucas, no participa en esta historia.
·
Evangelio de Juan: sobre el año 100. Juan nunca
menciona el infierno. La palabra “cielo” se menciona diecinueve veces, no como
un lugar al que se dirige la gente sino como fuente de bien espiritual. Para
Juan, la “vida eterna” es un eterno ahora en el que todos participamos.
No hay demonios, ni duendes,
ni gárgolas con ganchos de hierro en las enseñanzas de Jesús. A lo largo de
Mateo, Marcos y Lucas hay once menciones de la Gehena, el basurero en llamas,
dirigidas a Israel en sentido metafórico para enfatizar su responsabilidad de
contribuir a la instauración del Reino de Dios en este
mundo. El uso amonestador de "Gehena" se dirige a la nación,
no a los individuos. Un infierno de destrucción sería el destino demasiado
visible de un Israel reticente, como ya había sucedido antes y como, de hecho,
llegaría catastróficamente a finales del siglo I con la demolición incendiaria
de Jerusalén y el Segundo Templo, una masacre de la población judía y lo que
sería el comienzo de una diáspora milenaria. Esa fue
la visión. El juicio y el castigo de los individuos, tal como lo interpretaron
teólogos posteriores, nunca fueron el núcleo de las enseñanzas de Jesús. Al
final del Nuevo Testamento se encuentra el Apocalipsis, el libro más exagerado,
incomprendido e incomprendido de toda la Biblia. Probablemente escrito
alrededor del año 90 en una época de opresión masiva y un emperador tiránico,
el Apocalipsis está escrito al estilo de un apocalipsis, un estilo popular de
literatura de escape, similar a la ciencia ficción futurista actual. Ni un
relato periodístico de sucesos del mundo físico ni un conjunto de predicciones
sobre toda la historia de la humanidad, el Apocalipsis era una forma literaria
elaborada y detallada que preveía el fin del mundo, cuando Dios equilibraría la
balanza de la justicia. También fue un ingenioso mecanismo para ocultar a los
poderes políticos la historia de cómo serían derrocados.
Por su asombro puro, tomado
literalmente, el Apocalipsis se lee como la película de Buzby Berkeley del Fin de los Tiempos, con suntuosos
detalles de color, presencias demoníacas, huestes angelicales, poblaciones
mitológicas, numerología, predicciones y pronunciamientos, fantasías
meteorológicas y conclusiones extravagantes. Los malvados son arrojados a un
lago de fuego y aniquilados con orgullo. Algunos reciben un castigo eterno.
Sería un videojuego fantástico.
Sin embargo, su profusión de
símbolos, imágenes y metáforas "privilegiadas" enmascara una intriga
política traicionera, a cuyo nivel el Apocalipsis es claramente un código
religioso apocalíptico concebido como un estímulo para que la comunidad
cristiana soporte por un tiempo el insoportable reinado del emperador
Domiciano, porque Cristo regresa para derrocar a Roma y establecer el Reino de
Dios. La influencia de Domiciano nunca ha sido buena, y ciertamente nunca peor
que en el Apocalipsis. A nivel espiritual, la obra infunde esperanza a los
oprimidos y la seguridad de que Dios "enjugará toda lágrima".
El problema surge cuando una
visión literaria del primer siglo se lee como si se tratara de noticias
factuales para el público del siglo veinte. El teólogo Dennis Bratcher explica:
“Sus imágenes y símbolos son formas de fantasía más que de realidad, y su
lenguaje es críptico, metafórico y altamente simbólico. Extrañas bestias
multicéfalas, criaturas raras, dragones y combinaciones peculiares de imágenes
comunes (langostas con colas de escorpión y cabezas humanas) son formas comunes
de escritura. Presenta deliberadamente un mundo que no existe, excepto como
medio de comunicación”.
Cuando la fantasía se
concreta, el concepto de infierno adquiere más peso.
El Apocalipsis fue seguido
quizás cincuenta años después por una breve y vívida, aunque sórdida, pieza
conocida como el Apocalipsis de Pedro, una obra breve pero contundente que no se incluyó en la Biblia pero que, al igual que Enoc, se
popularizó por su sensacionalismo. Obviamente, no es obra del discípulo Pedro
aunque usó su nombre para prestigio. La obra sentó las bases para todas las
sensacionalistas representaciones posteriores del infierno. Atrás quedó la
silenciosa oscuridad del Seol, reemplazada por la violencia descrita con un
deleite particularmente desagradable, escatológico y voyerista, como en este
extracto (Brashler):
“Y había algunos que colgaban de la lengua; y estos eran
los que blasfemaban contra el camino de la justicia, y debajo de ellos había un fuego ardiente que los aormentaba. Y había allí un gran lago lleno de
cieno llameante, en el cual estaban algunos hombres que se habían apartado de
la justicia; y ángeles atormentadores estaban puestos sobre ellos.
Y
había también otras, mujeres, colgadas de sus cabellos sobre ese lodo que
hervía; y estas eran las que se adornaban para el adulterio. Y los hombres que
se unieron a ellas en la profanación del adulterio estaban colgados de sus
cabellos.pies, y tenían la cabeza escondida en el lodo, y dijeron: No creíamos
que habíamos de venir a este lugar.
Y
vi a los asesinos y a quienes consintieron en ellos, arrojados a un lugar
angosto lleno de reptiles malignos, y azotados por esas bestias, revolviéndose
en ese tormento. Y sobre ellos se posaron gusanos como nubes de oscuridad. Y
las almas de los asesinados se detuvieron y contemplaron el tormento de
aquellos asesinos y dijeron: “Oh Dios, justo es tu juicio”.
Y así sucesivamente.
Claramente, la psique de Oriente Medio había sufrido gravemente durante décadas
de agitación, martirios, brutalidad social y militar, opresión política y la
mano dura de emperadores casi psicóticos. En definitiva, el Apocalipsis de
Pedro marca el inicio de una tendencia sádica en la teología cristiana que
persistiría hasta la actualidad. Aunque otras religiones del mundo tienen sus
propios infiernos, “ninguna de ellas posee alma eternamente, y ninguna otra
religión ha elevado el infierno a tanta importancia como el cristianismo, bajo
el cual se convirtió en un fantástico reino subterráneo de crueldad, rodeado de
densos estratos de leyendas, mitos, credos religiosos y lo que, desde la
distancia, podríamos llamar psicología dudosa”. (Turner, 3)
San Agustín.
A pesar de toda su
brillantez, San Agustín, (354 a 430.) contribuyó a esa "psicología
dudosa". Al desarrollar sus ideas sobre el pecado original y el libre
albedrío llegó a conceptos de infierno y castigo que se vincularon
inextricablemente entre sí y con el sexo, (sobre el cual tenía serias
discrepancias). Para él, el infierno es inevitable.Universal, eterno,
sensorial, una tortura corporal que castiga a demonios y humanos por igual. El
castigo será un lago de fuego y azufre; es decir, un castigo sin fin. Su influencia fue tan grande que 120 años después
de su muerte los obispos reunidos en el Sínodo de Constantinopla consideraron
un anatema, (nunca ratificado), que la excomunión recaería sobre cualquiera que
discrepara abiertamente de que el castigo en el infierno sería eterno y sin
posibilidad de redención. (Sínodo, 2011)
San Agustín sigue ejerciendo
una enorme influencia, especialmente en las ramas evangélica y conservadora de
la teología cristiana. Que esto sea más para bien o para mal probablemente
dependerá de la perspectiva. En
cualquier caso, en su razonamiento deductivo ofrece un pronóstico de lo que 700
años después sería la escolástica en toda su extensión, es decir: descripciones
teóricas, más que experienciales, de la vida después
de la muerte. Las ha intelectualizado mediante un análisis cuidadoso,
estructural y analítico, considerando las Escrituras, la filosofía, la oración
y los escritos de los primeros Padres de la Iglesia. Sus conclusiones guardan
muy poca similitud con las Escrituras tal como las conoció Jesús, ni con las
ECM actuales. Hoy en día esto puede ser problemático para las personas de fe
que valoran la autoridad de las declaraciones doctrinales, pero discrepan de
esas conclusiones humanas.
El infierno medieval.
Pasarían novecientos años y
entonces... ¡Dante!
Aquí están, las ilustraciones
de los siete niveles del infierno de Dante ejercitando laboriosamente todos los
instrumentos mórbidos de la imaginación humana: las maquinarias de tortura, lo
pornográfico, lo escatológico, los elementos patológicamente sádicos heredados
de las persecuciones y otros maltratos, los siglos de abuso y crueldad y desesperación
que se transmitiría a la Inquisición y otras cámaras de tortura.
Nota del Traductor. Cuando se
habla de “inquisición” se debe saber que la versión protestante de este
instituto fue la más sangrienta, estimándose ejecuciónes entre 30 y 50 mil,
frente a la de 5 y 10 mil en el lado católico. En particular, la Inquisición
Española ejecutó a un promedio de 10 personas al año durante sus 350
años de existencia y en la mayoría de los casos las condenas eran de
penitencia, multas o destierro. En cambio, el horror de las matanzas de los
protestantes sobre disidencia religiosa (anabaptistas, católicos y caza de
brujas) fue mucho más letal que en los países católicos. Se quiso enmascarar
este horror con propagando contra la inquisicón católica. Fin de la nota.
Aquí vemos cómo los fuegos
bíblicos se han embellecido con el tiempo para satisfacer el muy comprensible
deseo humano de venganza contra el opresor, ahora racionalizado como una
ambición compartida por Dios: demonios con instrumentos de tortura, mucho pus,
gusanos, excrementos a raudales, látigos, potro de tortura, ojos arrancados con
instrumentos afilados y ardientes, horcas de fuego de tres puntas, bestias
feroces, empalamientos, cadenas ardientes. Y en la abominable
fantasía, las almas de los bienaventurados se posan en lo alto como
cuervos, sentadas con una presuntuosa autocomplacencia, observando. Es
imaginación desbocada al servicio de las doctrinas teológicas del infierno.
Mucha proyección en marcha. Mucha.
Para ser justos con el
cristianismo, cabe señalar que siempre han existido otras corrientes de
pensamiento que no asumen rotundamente estos fines.
Esto es cierto hoy y lo ha sido desde los siglos formativos del cristianismo;
por ejemplo, en Orígenes, quien enseñó que todas las almas finalmente regresan
a Dios. Estas otras corrientes han sido una fuerte corriente subyacente a lo
largo de la historia cristiana, menos publicitadas porque son menos
estimulantes para la imaginación. (Asimismo, pocos estudiantes de posgrado
dedican su tiempo a escribir sobre el Dios del Paraíso
Perdido de Milton en comparación con la intriga de su Satanás).
No es reconfortante, pero al
menos justo, señalar que la amenaza del infierno se racionaliza
conscientemente, al menos por quienes defienden el miedo como medio de salvar a
los pecadores, aterrorizándolos y llevándolos a los brazos protectores de lo
que consideran una doctrina segura. En otras palabras, la amenaza horrorosa se
justifica como una presunta bondad, que aparentemente conduce a la salvación.
Aquí, de nuevo, la sabiduría convencional (por no hablar de la proyección)
justifica el horror con un impulso más humano de justicia. Psicológicamente,
parece evidente que el alegre relato de la amenaza y la tortura demoníaca
guarda un gran parecido con la misma emoción que los espectadores encuentran en
los asesinatos con motosierra. El impulso es más psicológico que teológico.
El Infierno como fruto de malas
traducciones.
Con la destrucción del estado
judío y el auge de la Iglesia católica, tanto el Tanaj como el Nuevo Testamento
fueron traducidos, del hebreo y el griego originales, al latín. La traducción
de Jerónimo, la Vulgata, se completó poco después del año 400 después de Cristo
y se mantuvo como la referencia durante mil años antes de que una traducción al
inglés, la Biblia de Wycliffe, recibiera la aprobación de la Iglesia. Tras la
Reforma, en 1611, surgió la gran versión autorizada del rey Jacobo de la Biblia
protestante traducida, no del latín, sino del hebreo y el griego.
En las Biblias en inglés,
como los eruditos han reconocido desde hace mucho tiempo, cuatro palabras de
los idiomas originales han sido traducidas como infierno: las palabras Sheol, Hades, Tartarus y Gehenna.
El
Tártaro aparece solo una vez, en una carta tardía a una iglesia griega,
haciendo una alusión literaria que habría sido familiar para ese público. En la
historia mitológica, Zeus acorraló a los Titanes rebeldes en un lúgubre
inframundo llamado Tártaro para evitar que dañaran a los humanos. Aludiendo a
esa historia, el autor Pedro dice: “Dios no perdonó a los ángeles que pecaron
sino que los arrojó a [Tartarosas]”.
El
término Seol, o Sheol, parece haber confundido a los primeros
traductores ingleses, quienes se mostraron reacios a entenderlo simplemente
como "el lugar de los muertos". Para la época de la versión de Jacobo,
la idea del infierno como un lugar físico de tormento separado de la presencia
de Dios se había arraigado tan firmemente que para un traductor confrontado con
"Seol" la idea preconcebida del traductor produjo “infierno” en lugar
de “sepulcro”. La versión de la biblia de Jacobo del Antiguo Testamento traduce
Seol 31 veces como infierno, en varios lugares como “sepulcro” o “pozo”, y una
vez incluso como “polvo”.
El mismo destino corrió el Hades, el equivalente griego del hebreo Seol . Hades se tradujo en la
versión Jacobo solo una vez como "sepulcro", pero diez veces como
"infierno". Aunque los feligreses comunes no han comprendido el
error, ha sido clarísimo para los eruditos. Ya a mediados del siglo XIX, un
grupo de distinguidos eruditos escribió que el Hades
griego "nunca debería traducirse en las Escrituras como infierno, al menos en el sentido en que esa palabra es
universalmente entendida por los cristianos. En el Antiguo Testamento la
palabra correspondiente es Seol, que significa el
estado de los muertos en general, sin importar la bondad o maldad de las
personas, su felicidad o miseria". Y, sin embargo, las traducciones siguen
llegando.
La palabra Gehena es una traducción griega del hebreo "Ge
Henna", que se refiere a un vertedero fétido y siempre en llamas a las
afueras de Jerusalén, donde se arrojaban los cuerpos de los criminales
ejecutados para ser quemados junto con animales muertos y otros desechos más
horribles de la ciudad. Gehena llegó a representar todo lo repugnante y
repulsivo, merecedor de un juicio o condenación severos. Su uso común indicaba
la severidad del castigo más que su duración; la palabra no tenía el sentido de
"para siempre". Ese es el sentido en que Jesús la usó para advertir a
la nación de Israel sobre las consecuencias de su desatención a Dios. El lugar
se consideraba maldito porque había sido un lugar de sacrificios de niños en
llamas en tiempos anteriores; así, a medida que se expandió el concepto de un
infierno punitivo, "Gehena" se convirtió en su equivalente.
Estas traducciones erróneas
hacen que el infierno (en su significado posterior) parezca mucho más frecuente
en las traducciones inglesas de la Biblia que en la Biblia hebrea original o en
el Nuevo Testamento griego. El mismo grupo de eruditos citado anteriormente
concluyó: “Es evidente que ni en la Septuaginta del Antiguo Testamento ni en el
Nuevo, la palabra hades transmite el significado que
la palabra inglesa actual, infierno, en el uso
cristiano, siempre nos transmite”. Los lectores modernos se ven claramente
engañados por traducciones anacrónicas.
EL INFIERNO MODERNO.
Desde la Ilustración, el
infierno ha evolucionado en varias vertientes claramente identificables, además
de la opinión de que no existe.
Puntos de vista religiosos dominantes.
Muchos judíos, y
prácticamente todos los secularistas, coincidirán en que la cuestión del
infierno es irrelevante: no hay otra vida de la que preocuparse salvo la de ser recordados y seguir influyendo en
nuestra descendencia y la sociedad. Dado que en el judaísmo existe gran
diversidad de opiniones sobre la otra vida este tema no está resuelto, excepto
que no existe la creencia en un infierno como el de las visualizaciones que
acabamos de describir.
La perspectiva cristiana
ortodoxa es que, aunque el infierno no es físico, la Biblia indica que todos se
presentan ante Dios en la próxima vida, y es por estar, o no, en la presencia
de Dios lo que determina experimentar alegría eterna o sufrir por siempre.
El Catecismo de la Iglesia
Católica actual (párrafo 1033) define el infierno como: “Morir en pecado mortal
sin arrepentirse ni acoger el amor misericordioso de Dios significa permanecer
separados de él para siempre por nuestra libre voluntad”. Por tanto se trata de
una elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y
los bienaventurados se llama “infierno”.
La Iglesia Episcopal norteamericana
generalmente coincide con el enfoque de la católica considerando el infierno
como la decisión individual de separarse de Dios. El infierno se entiende como
un estado del ser o un estado mental más que como lugar físico. La mayoría de
las congregaciones protestantes, de liberales a moderadas, coinciden en esto,
si es que creen en el infierno.
La mayoría de los teólogos
tradicionales parecen reconocer que no existe una enseñanza bíblica clara y
consistente sobre el más allá y que ha habido poca consistencia a medida que
evolucionó. Sin embargo, en muchas iglesias el tema del infierno rara vez surge
por lo que es probable que los feligreses no tengan idea de lo que dice la
Biblia o de lo que dicen quienes defienden esa existencia en sus iglesias.
La visión cristiana conservadora
Los evangélicos llamados
conservadores no concuerdan con ninguna de las posturas anteriores, y algunas
de sus iglesias las combaten con vehemencia. La versión peliculera o
cinematográfica del infierno generalmente representa la visión cristiana
conservadora, que consideran bíblica.
Por evangélico me refiero a
las casi 2.000 sectas y grupos religiosos que representan alrededor del 35% de
la población adulta de norteamérica, quienes se aferran firmemente a alguna
variante de las doctrinas, creencias y prácticas cristianas protestantes
históricas.
(Véase http://www.religioustolerance.org/chr_evan.htm
.)
Nota de autor: Los lectores cristianos conservadores podrían sentirse
inquietos por el contenido de esta sección. Lo lamento, pero no puedo evitarlo.
La postura fundamentalista se aborda aquí debido a su desproporcionada
influencia en la cultura popular y en la concepción que el público tiene tanto
del infierno como del cristianismo. De ninguna manera pretendo con la siguiente
discusión sugerir que las creencias sinceras de los cristianos fundamentalistas
sean algo distinto a su derecho. En palabras de la organización Tolerancia
Religiosa, puedo “creer que los miembros de otra religión están
irremediablemente engañados y aun así defender su derecho a disfrutar de la
libertad religiosa” ( http://www.religioustolerance.org/evan_dis.htm ). Las opiniones
fundamentalistas son tan diferentes a las mías que son como religiones
completamente diferentes; sin embargo, ambas se encuentran bajo el paraguas
cristiano (aunque la perspectiva conservadora no lo reconoce).
El enfoque central de todos
los grupos dentro del movimiento evangélico reside en la ferviente defensa de
la doctrina y la confianza en la lectura literal de la Biblia, considerada
infalible como Palabra de Dios. Junto
con esta firme confianza surgen diversos grados de incomodidad con los valores
del mundo moderno, ya sean científicos o sociales. A medida que se intensifica
el conservadurismo las convicciones se estructuran cada vez más, enfatizando
típicamente pasajes bíblicos y doctrinas eclesiásticas que enseñan la ira
divina. El resultado es una perspectiva fuertemente basada en el miedo y
singularmente punitiva. (Nota del
Traductor. En este sentido, esta versión del cristianismo, que se puede
calificar como fundamentalista o radical, converge con el modo islámico en lo
irracional y sectario, rozando la criminalidad justificada en el respeto a la
supesta ortodoxia de la palabra revelada Fin de la nota).
Esta perspectiva no es un
retroceso al medievalismo sino que, como todos los fundamentalismos, es una
reacción compleja al modernismo con implicaciones religiosas, sociales y
políticas, mezclada en su extremo radical con una fuerte corriente de paranoia
y teoría de la conspiración. En su aspecto secular, la actitud fundamentalista
incluye cualquier absolutismo, como [el islamismo], el marxismo y el
materialismo extremo. Esta modalidad religiosa se ha descrito (Almond, 2003)
como “una forma reactiva, selectiva, absolutista e integral de antisecularismo”
activismo religioso hábil en manipular textos sagrados y enseñanzas
tradicionales para servir a fines políticos.
La naturaleza global del
fundamentalismo hoy en día contradice sus orígenes en el pensamiento occidental
posterior a la Ilustración, como se describe en Strong
Religion: The Rise of Fundamentalisms around the World (Almond, 20).
“Una
"cultura del progreso" celebraba la creciente y segura creencia de
que la humanidad, mediante el poder de la razón, los triunfantes
descubrimientos científicos, las magníficas invenciones tecnológicas y la
transformación secular de las instituciones tradicionales, se encaminaba con paso
firme hacia el control de los males de la situación humana. Las comunidades y
élites religiosas se pusieron a la defensiva. Los movimientos fundamentalistas
son los contraataques históricos que se han organizado desde estas tradiciones
religiosas amenazadas, buscando defenderse de esta creciente
"contaminación" secular e incluso recuperar terreno aprovechando las
debilidades de la modernización”. (Nota del Traductor. Estas palabras de Almond
deben ser tomadas con la precaución de considerar que el sueño de la razón
puede producir, y produce, monstruos tan dañinos, o más, que el fundamentalismo
religioso. Fin de la nota)
En general, la tendencia es
global e incluye fundamentalismos cristiano, judío e islámico, así como algunos
elementos radicales del budismo e hinduismo, aunque difieren en sus enfoques
particulares. En Estados Unidos el fundamentalismo cristiano abarca multitud de
denominaciones conservadoras y congregaciones independientes las cuales no solo
aceptan, sino que promueven, la existencia de un infierno físico real, muy al
estilo medieval.
Una ilustración
particularmente vívida de esta tendencia proliferante viene de la mano de Jason
C. Bivins (2008) de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, en su libro Religion of Fear: The
Politics of Horror in Conservative Evangelicalism .En un artículo
anterior, Bivins documentó los paralelismos visibles entre los discursos
emocionales del evangelicalismo y los del género de terror. Afirma: “La
política cultural de las últimas décadas ha dado origen a un régimen de miedo
particularmente rico y poderoso que llamo la Religión del Miedo, situado en la
intersección del entretenimiento popular, la política conservadora y la
compleja negociación de la identidad del evangelicalismo”.
Su libro analiza específicamente
las populares novelas Left
Behind de Tim LaHaye, los
cómics doctrinarios de Jack Chick, la censura contra el rock y el rap, y las
recientes Casas Infernales de Halloween
patrocinadas iglesias.
Descendientes de las antiguas
"casas del horror", las Casas del Infierno se han extendido a cientos
de iglesias y se promueven con entusiasmo entre toda la comunidad. Una Casa del
Infierno es una "casa embrujada" religiosa, con guiones y puesta en
escena que giran en torno a temas como el miedo, el mal y la condenación, a
menudo con sofisticados espectáculos de luz y sonido. Los "demonios",
(guías turísticos), acompañan a los visitantes a ver escenas donde los actores
representan escenas, incluso brutales, de "prohibiciones" como una
violación violenta en una cita, un aborto tardío fallido, una muerte sangrienta
por conducir ebrio o la muerte por SIDA, e ilustran para cada una de ellas el
espeluznante infierno que conlleva. La escena final representa el cielo,
preguntando a los visitantes: "¿Qué elegirías?". Se les anima a
aceptar la salvación arrepintiéndose de sus pecados entregando su vida a
Cristo.
Bivins comenta: Una
experiencia típica en la Casa del Infierno está energizada por la convicción,
compartida por muchos practicantes y participantes, de que el mal, la
demonología y el Infierno son muy reales. Lo sobrenatural habita en la sociedad
estadounidense, manifestándose frecuentemente en comportamientos como las
relaciones sexuales prematrimoniales, el consumo de drogas, los tiroteos
escolares, etc. Según informa el sitio web canadiense ReligiousTolerance.org, una
destacada Casa del Infierno promovida por el reverendo Keenan Roberts, declaró
al Denver Post que la exposición tenía como objetivo
“mostrar a los jóvenes que pueden ir al infierno por aborto, adulterio,
homosexualidad, consumo de alcohol y otras cosas, a menos que se arrepientan y
abandonen esa conducta”. ( http://www.religioustolerance.org/hallo_he.htm
)
Como concluye Bivins, “Los
pecados y las causas de la condenación están claramente vinculados a los
polémicos problemas morales y políticos que, durante más de tres décadas, han
estado en el centro de la cultura y el activismo de la Nueva Derecha Cristiana.
Esto no pretende restar importancia a las intenciones de las Casas del Infierno
y sus patrocinadores de hacer proselitismo y salvar almas que, según ellos,
corren peligro. Pero es crucial comprender que los riesgos imaginados y narrados
son los que los evangélicos conservadores han atribuido durante mucho tiempo
también al liberalismo estadounidense posterior a la Segunda Guerra Mundial”.
La razón para señalar con
tanto detalle los problemas del fundamentalismo cristiano es su gran influencia
cultural, si no teológica. No es la idea del infierno como estados de
conciencia lo que acapara los titulares, sino las Casas del Infierno y su
escabrosa teatralidad, arraigándose en la conciencia nacional y el terror
privado. Y son en gran parte las implicaciones de un evangelismo politizado las
que dificultan tanto la situación de quienes han tenido experiencias cercanas a
la muerte cuando intentan hablar de su experiencia.
El infierno de las ECM modernas.
En contraste con las
grotescas imaginaciones de la fantasía religiosa medieval y la Casa del
Infierno moderna, la mayoría de los relatos de las infernales experiencias
cercanas a la muerte actuales parecen notablemente sosegados, aunque no por
ello menos aterradores. El horror y el miedo son profundos y genuinos, pero sus
descripciones son principalmente emocionales, más que visuales, internas más
que externas. A pesar de los ejemplos que se pueden rastrear en el sitio de
videos conocido como YouTube la mayoría de la gente no describe poblaciones demoníacas
sino paisajes áridos y estériles sin duda, o aterradoramente ardientes, pero
rara vez grotescos. La guía tradicional a menudo sigue presente. Aunque el
fuego se puede ver, normalmente no se siente; los monstruos, demonios o
torturas gráficas parecen poco frecuentes. Esto no disminuye la intensidad
emocional de la experiencia, solo la hace menos poblada.
Sin embargo, existe una
poderosa sensación de amenaza y, a menudo, un miedo oceánico. De hecho, menos
personas afirman haber visto un paisaje infernal que
quienes dicen haber visto algo que les hizo pensar que podrían
estar a punto de ver el infierno como grandes puertas oxidadas con candado y cadena oxidados, gente sentada
afuera en bancos. (La persona en cuestión tenía tanto miedo de lo que vio que
entró en pánico y supo que estaba a las puertas del infierno). ¿Qué hay en las
puertas oxidadas y la gente sentada en los bancos que inspira una suposición,
tan inmediata y llena de pánico, del infierno?
Cuando se encuentra a otras
personas generalmente se las percibe como perdidas, errantes y desconcertadas.
Si se las percibe como atormentadas parece que esto surge de la fealdad de su
entorno y de su estado interior más que de la malevolencia de seres demoníacos
perceptibles. En su mayoría son como el grupo que, según una mujer, tenía “aspecto
triste y deprimido; parecían arrastrar los pies, como alguien en una cuadrilla
de presos,. tenían un aspecto descolorido, apagado, gris. Y parecían estar
siempre arrastrando los pies y moviéndose, sin saber adónde iban, sin saber a
quién seguir ni qué buscar” (Moody, 1977).
Aunque es común escuchar
sonidos de lamentos o discordancia, se trata de ruido de fondo; quien lo
experimenta no ve realmente la fuente del sonido:
·
Charlaban como mirlos.
·
Me movía como parte de un río de sonido, un
parloteo constante de ruido humano... Sentía que me hundía, que me convertía en
parte de la corriente y que me sumergía lentamente. Un gran miedo me invadió,
como si supiera que, una vez dominado por esta masa de ruido cada vez mayor, estaría
perdido. (Gray, 51)
·
Había demonios a mi alrededor. Podía oírlos,
pero no verlos.
Admito que no logro explicar
por qué solo he visto descripciones de monstruos en relatos infernales
cristianos conservadores, por ejemplo, en 23 Minutes in Hell de Wiese (Wiese, 2006). Quizás se deba
a la intensidad de la expectativa, aunque no logro explicar por qué la
expectativa debería funcionar solo en estas circunstancias y no en otras.
En cuanto a las diferencias
entre las versiones medievales y literarias del infierno y las ECM actuales
parece posible que la consciencia despierta tenga un potencial visual más
espeluznante que muchas experiencias del propio infierno. Las representaciones
medievales y las Casas Infernales, al igual que algunos sermones de avivamiento
cristiano, son como los gráficos de las películas actuales: sádicos, groseros y
violentos (pensemos en Jonathan Edwards o en el sacerdote misionero del siglo
XIX, John Furniss). En cambio, como indican Turner y este estudio, con raras
excepciones, las ECM modernas tienden a ser visualmente menos violentas y
significativamente menos vengativamente crueles, aunque no han perdido nada de
su horroroso poder emocional.
Michael W. Cuneo realizó una
observación similar tras dos años de investigación intensiva para su libro American Exorcism.
Afirma:
“La
verdad es que no sé nada de los demonios. He presenciado más de cincuenta
exorcismos, y eso sin contar las ocasiones en las que he visto a docenas de
personas someterse a un exorcismo a la vez. Y sigo sin saberlo, en los
exorcismos a los que asistí no había cabezas girando ni cuerpos levitando ni
voces de ultratumba. (Había muchos vómitos, sin duda, pero nada más
impresionante que lo que probablemente se escucha la mayoría de las noches de
sábado en la trastienda del bar). No contaba con fuegos artificiales
demoníacos, pero tampoco los descartaba. Al fin y al cabo, más de cincuenta
exorcismos y ningún fuego artificial”.
Esta aparente moderación de
las ECM modernas genera la condena de aquellos devotos que disfrutan de las
enseñanzas de San Agustín sobre el tormento eterno para los no bautizados y no
salvos, especialmente aquellos con creencias diferentes a las suyas. Aún se
predican numerosos sermones sobre el fuego del infierno que respaldan esta
perspectiva, y la expectativa aún tiene un enorme peso cultural, incluso entre
personas sin creencias religiosas.
Comentario sobre el infierno
El objetivo de esta extensa
discusión sobre las diversas perspectivas del infierno es, en primer lugar,
establecer la conciencia de que el infierno nunca ha sido una constante; su
descripción cambia con el tiempo, ya sea como un tipo de consciencia
experiencial o como un lugar imaginario. Al principio, uno no es menos
aterrador que otro, aunque la noción de caer en una idea cultural parece ser
más probable que sea una condición curable que caer en una doctrina inamovible.
Esto se explorará con mayor profundidad en el Capítulo 12. En segundo lugar,
aunque los datos no respaldan la idea de que las personas obtienen lo que
esperan, lo que creemos sobre el cielo y el infierno indica lo que creemos
sobre Dios, o quizás, para un secularista, si el universo es amigable. Y esa
creencia subyacente puede guiar todo.
EXPERIENCIAS SIMILARES A UNA ECM
PERTURBADORA.
Visión en el lecho de muerte
Desde nuestra perspectiva,
las visiones angustiosas en el lecho de muerte y las ECM angustiosas parecen
idénticas, salvo, claro está, que la persona que experimenta una ECM puede
recuperar la consciencia y describir la experiencia posteriormente. No tenemos
forma objetiva de conocer el estado de las visiones en el lecho de muerte,
salvo lo que se nos dice antes de que la persona fallezca. Cualquier otra
información que vaya más allá de eso es una cuestión de creencias subjetivas,
ya sean científicas, religiosas o espirituales, más que de hechos objetivos.
Secuestro OVNI
Curiosamente, a medida que la
presencia de entidades demoníacas ha disminuido en los relatos de experiencias
cercanas a la muerte y exorcismos, parecen estar apareciendo en un tipo de suceso
similar. En las historias de abducciones OVNI, lo que podrían ser demonios de
antaño ahora se constituyen como extraterrestres más familiares culturalmente.
Los tormentos se perciben no como un castigo por el pecado sino como
procedimientos casi médicos. Aquí se esconde un tema interesante para la tesis
de posgrado de alguien.
Un análisis más extenso de
este tema aparece en el excelente estudio del psicoterapeuta John Ryan Houle, Perils of the Soul: Ancient
Wisdom and the New Age (Haule, 1999). Haule es extraordinariamente
sensible a cómo el efecto de una ECM angustiosa y como la una abducción OVNI,
pueden entrar en conflicto con el gran mito estadounidense subyacente del
control personal y la materialidad:
“[Estos
experimentadores y secuestrados] han sido sacados del mundo carnal a patadas y
gritos, se han visto obligados a examinar lo impensable, a enfrentarse al
terror y al pavor que el pseudomito público se esfuerza por dominar. Se han
enfrentado al Ser-para-la-muerte que estructura nuestra existencia carnal mucho
más en última instancia que cualquier búsqueda domesticada de la felicidad. Se
han visto empujados a una tierra de nadie donde las historias que nos contamos
públicamente han perdido su significado. A menos que se enfrenten seriamente a
las monumentales conmociones de la otredad radical, permanecerán suspendidos
entre las quimeras consagradas en nuestro consenso público y la locura de lo
impensable. (Haule, 186)
Mala interpretación y alucinación.
En las zonas borrosas entre
sueño y vigilia, el estado hipnagógico de conciencia, hay mucho margen para la
mala interpretación. Cualquiera que haya trabajado en un entorno clínico conoce
situaciones en las que se producen alucinaciones o en las que un paciente
desorientado malinterpreta circunstancias físicas reales.
Un hombre me contó, con
bastante detalle, que sufrió una reacción anafiláctica en el consultorio de su
médico y el vívido recuerdo de lo que siguió. Recuerda gritos y confusión,
haber sido atacado y luego atado a una carreta por cuatro demonios que se
cernían sobre él gritando, mientras corrían con él hacia unas puertas dobles
que conducían a la Eternidad. De repente, dice, cayó en un pozo profundo,
golpeándose contra la pared al caer. Dijo que despertó en el carruaje de la
Muerte, corriendo hacia el tormento eterno. Podía oír los aullidos de los
demonios cantando.
Las circunstancias físicas
reales del suceso, dijo, fueron que, al entrar en shock, su médico gritó a la
enfermera que viniera a ayudarlo, y a la secretaria que llamara a la ambulancia
de al lado. Tres técnicos médicos de emergencia entraron corriendo y
forcejearon; él era un hombre corpulento que tenían que subir a la camilla,
donde se le ató para evitar que cayera. Los tres paramédicos y el médico (los
cuatro "demonios") lo llevaron a toda prisa en la camilla
("atado a un carro"), por un pasillo abarrotado y a través de unas
puertas dobles fuera del edificio; pero al hacerlo, la camilla se volcó en un
escalón y se desplomó, dejándolo momentáneamente inconsciente ("cayendo en
un pozo profundo, golpeándose contra la pared"). Los paramédicos lo
subieron a la ambulancia y corrieron hacia el hospital con la sirena a todo
volumen (el "carruaje de la Muerte, con demonios aullando").
Punto por punto, las
circunstancias físicas de esa experiencia se corresponden con la interpretación
errónea que el hombre tuvo de esos sucesos, alimentada por la conmoción. Es
fácil reconocer el origen de sus ideas erróneas y desear que sus médicos le
ayudaran a verlas como interpretaciones erróneas de circunstancias físicas
reales, en lugar de como un juicio divino o una ECM.
Pocos relatos de experiencias
se asemejan tanto a circunstancias físicas reales, y esta distinción semántica
sin duda será de mayor interés para los investigadores que para quien guarda el
recuerdo de dicha experiencia. Será sumamente útil que profesionales de la
salud, psicoterapeutas y clérigos puedan ayudar a una persona a lidiar con la experiencia, independientemente de cómo la denominen
los académicos. (La diferencia es como decirle a un niño que no hay motivo para
llorar porque le picó una avispa y no un avispón: el problema es el dolor, no
la etiqueta).
Iniciación chamánica.
La experiencia de
desmembramiento y restauración descrita por Howard Storm (Capítulo 2) es un
ejemplo dramático del tipo de suceso conocido como shamánico iniciación. La
diferencia significativa es que mientras que un chamán en formación habría
sabido qué esperar, Storm no tenía tal ventaja, ya que su trasfondo cultural no
proporcionaba contexto para lo que experimentó.
En las sociedades tribales,
las funciones de sacerdote, mago, médico, farmacéutico y psicoterapeuta las
desempeña tradicionalmente un chamán con dotes psíquicas, el llamado
"curandero". Este individuo, hombre o mujer, suele ser identificado
en la adolescencia temprana como alguien especialmente intuitivo, propenso a
ser emocionalmente volátil, un solitario que podría estar sujeto a frecuentes
dolencias, "al límite". Es precisamente esta cualidad de fluidez
entre mundos la capacidad de moverse entre el mundo material que todos ven y el
"otro lugar" de la enfermedad, a veces la locura, y la profunda
introspección espiritual lo que hace al verdadero chamán eficaz.
Esto es un asunto serio, no
el chamanismo idealizado de los talleres de fin de semana. La verdadera llamada
a la vocación chamánica, como la describe Mircia Eliade (1964), “se manifiesta
por una crisis, un desequilibrio temporal del equilibrio espiritual del futuro
chamán. Todas las observaciones y análisis realizados sobre este punto nos
muestran, en un proceso real por así decirlo, las
repercusiones, en la psique, de la separación radical entre lo profano y lo
sagrado y la consiguiente división del mundo”.
La división del mundo es esa
ruptura entre la realidad física y la psíquica/espiritual que marca las ECM más
profundas.
El ingreso a la vocación
chamánica estará marcado por experiencias extáticas que involucran el patrón
tradicional y aparentemente universal de iniciación: sufrimiento, muerte y
resurrección. Como describe Mircia Eliade, “El contenido de estas primeras
experiencias extáticas casi siempre incluye uno o más de los siguientes temas:
desmembramiento del cuerpo, seguido de una renovación de los órganos internos y
vísceras; ascenso al cielo y diálogo con los dioses o espíritus; descenso al
inframundo y conversaciones con los espíritus y las almas de los chamanes
muertos; y varias revelaciones.
La experiencia espontánea de
Storm reconstruye vívidamente este patrón de sufrimiento-muerte-resurrección,
con desmembramiento y la división del mundo. Su paso a la vocación religiosa no
es sorprendente.
Pesadilla lúcida.
Un fenómeno que comparte
muchas similitudes con la angustiosa experiencia cercana a la muerte es la
pesadilla lúcida. Un sueño lúcido es aquel en el que el soñador es consciente
de estar soñando y puede interactuar conscientemente con el material onírico.
Este control no siempre es posible en una pesadilla lúcida. El escritor y
educador de sueños Ryan Hurd comenta al respecto: (Comunicación personal)
“El
soñador/visionario no necesariamente tiene control voluntario sobre el
contenido del sueño. A veces las imágenes simplemente "hacen lo suyo"
independientemente de los deseos del soñador: como presenciar actos horribles,
sensaciones titánicas, ruidos terribles, etc. En algunas pesadillas lúcidas, si
el soñador logra controlar el miedo o la expectativa, el sueño puede cambiar.
Otras veces, no tanto: la visión es más fuerte que el deseo del soñador. En la
investigación de los sueños, existe una distinción entre la lucidez (autoconciencia
o metacognición) y la volición, aunque se superponen”.
El sitio web Dreamstudies.org,
de Ryan Hurd, proporciona más información sobre los sueños lúcidos, la
parálisis del sueño.y las misteriosas figuras que pueblan ambos tipos de
experiencias.
Existen vínculos interesantes
entre las experiencias cercanas a la muerte, los sueños lúcidos y la fase de
sueño profundo MOR (movimientos oculares rápidos) conocida como REM en inglés.
Si bien las ECM parecen tener la memoria y los efectos más duraderos, los sueños
lúcidos se recuerdan al despertar con mucha mayor frecuencia que los sueños no
lúcidos, probablemente debido a la presencia de una disposición
mental para recordar (La Berge, 2000). Para obtener información sobre
técnicas para trabajar con sueños lúcidos y pesadillas, que también pueden ser
útiles en el caso de las ECM, consulta el capítulo 13, “Cómo abordar la ECM”.
¿DE QUÉ SIRVE EL INFIERNO?
Almacén anodino, fantasías
elaboradas, un inframundo en llamas o escenarios mayormente sombríos: es evidente
que no existe una comprensión común y universal del infierno. Por cada
convicción firme y teoría determinada existe al menos una duda o desacuerdo
complementario. Incluso las descripciones bíblicas abarcan desde un vago
"lugar" subterráneo hasta las representaciones contradictorias de
Mateo (caliente o frío, subterráneo o espacial), y las fantásticas imágenes
literarias apocalípticas del Apocalipsis. Es evidente que no podemos describir
el infierno con la misma unanimidad que, por ejemplo, se le podría otorgar al
horizonte de una ciudad. No se puede demostrar empíricamente que el infierno
sea, literalmente, un "lugar".
Sin embargo, aunque no
podamos ubicar el infierno geográficamente, claramente cumple una función
psicológica y espiritual útil y, por lo tanto, ha encontrado su lugar en la
psicología moral humana. Existe amplia literatura sobre este tema que
desglosaré en tres aspectos para un breve análisis.
·
En primer lugar, los conceptos de cielo e
infierno existen porque la equidad y la justicia, con reciprocidad, son
características innatas de nuestro funcionamiento moral.
·
En segundo lugar, cielo e infierno existen como
respuestas a nuestra intensa ansiedad ante la muerte.
·
En tercer lugar, como se abordará en un capítulo
posterior, son muy reales para la
consciencia humana.
Equidad/justicia
Basta con una tarde con niños
pequeños para reconocer cuán tempranamente en la vida se establece la exigencia
de justicia ya sea en la distribución de galletas o asignación de la hora de la
siesta. Como señaló el psicólogo experimental Richard Beck (2006): “Nuestros
cerebros están programados como motores de justicia y reciprocidad”. El
infierno es producto de ese imperativo moral.
Nuestro anhelo de justicia es
universal. Mitologías de todo el mundo han proporcionado formas de creer que,
aunque intimidación, codicia, injusticia y crueldad puedan florecer ahora,
llegará un momento en que la justicia triunfará, la decencia será recompensada
y los malvados recibirán su merecido. Los dioses, o Dios, se encargarán de ello.
La idea del infierno
satisface el imperativo de recompensa/castigo, pero no está exenta de
problemas. En primer lugar, al interpretarse de forma estricta, viola la
reciprocidad, ese criterio básico de justicia según el cual el castigo debe ser
proporcional al delito. El sentido de reciprocidad, de equilibrio, está tan
arraigado en nuestra conciencia que podría ser instintivo. Más de mil años
antes de que el fuego zoroastriano se instalara en el Seol, el Código Babilónico de Hammurabi decretaba que la retribución
por un delito no debía ser más grave que el delito mismo. Este principio
encontraría eco más tarde en la Ley del Levítico y el Deuteronomio,
instituyendo la reciprocidad de “ojo por ojo, diente por diente” en lugar de la
venganza sin límites.
Y ahí está el problema con la
noción convencional del infierno. Digamos que un adolescente roba una valiosa
colección de CDs. O que una madre miente cuando la policía le pregunta si sabe
dónde se esconde su hijo criminal. Sus crímenes, o pecados, tienen un valor
finito. Sin embargo, según una pequeña parte del pensamiento teológico, la ira
de Dios exige que sufran una agonía ilimitada durante tiempo etern por una
causa finita. La reciprocidad ha desaparecido. O digamos que naciones enteras
de niños nacen donde nunca escucharán lo que un grupo en todo el planeta
considera enseñanzas verdaderas, y por lo tanto son condenados por ese grupo al
sufrimiento eterno. Como ilustró esquemáticamente el psicólogo Richard Beck
(Beck, 2006b): “Castigo infinito por ofensa finita igual a Injusticia”.
Dejo al lector la decisión de
si esto
·
prueba realmente que Dios es injusto o
·
sugiere que dice más sobre la psicología de
quienes sostienen esta perspectiva que sobre Dios.
Para una exploración amena de
todo este tema véase el blog de Richard Beck, Experimental Theology,
especialmente su artículo sobre “El don del infierno”.
Ansiedad por la muerte.
Damos por sentado que los
animales no pasan mucho tiempo preguntándose sobre sí mismos y la muerte. Damos
por sentado que no les preocupa el "cuándo" ni lo que significará
para ellos. En algún momento simplemente mueren. Sin embargo, sabemos, gracias
a los hallazgos arqueológicos sobre prácticas funerarias, que una vez que
surgió la conciencia humana es decir, cuando desarrollamos el lenguaje
suficiente para pensar en nosotros mismos, incluso las personas más primitivas
comenzaron a preocuparse por la muerte. La ansiedad por la muerte nos ha
acompañado desde entonces. A diferencia de perros, las truchas y alces, vivimos
conscientes de que todos moriremos. Y, por lo tanto, como dijo Ernest Becker
(1974), "Bajo todas las apariencias, el miedo a la muerte está
universalmente presente".
De hecho, el antropólogo
cultural Becker, ganador del Premio Pulitzer por su libro La negación de la muerte,
presenta un argumento convincente: la ansiedad por la muerte es el motor oculto
de toda cosmovisión. Nos rodea, oculta en lo que cada cultura enseña a sus
hijos como importante, en los afanes que creemos que buscan logros mundanos,
pero que quizás, de forma más auténtica, buscan construir nuestro propio
monumento, una especie de vida continua en la Tierra: una fortuna que legar a
la familia, un trofeo deportivo o una colcha cosida a mano que recuerde nuestra
habilidad, un edificio universitario que lleve nuestro nombre como testimonio
de nuestro éxito e importancia, un cuaderno con las mejores recetas que
mantendrá vivo nuestro nombre durante generaciones bien alimentadas.
La salvación significa ser
rescatado de esa ansiedad o terror. (No moriré realmente, sino que haré la
transición a algo más. No moriré, sino que seguiré vivo en estas películas
caseras, este jardín, estos rituales
navideños, esta reputación). No reconocemos la ansiedad por lo que es, pues,
como señala Becker, “la represión se encarga del complejo símbolo de la muerte
para la mayoría de las personas”.
Irónicamente, el infierno
ofrece una forma de lidiar con esta ansiedad abrumadora al impulsar el
establecimiento de límites. El psicólogo Richard Beck (2007) explica:
“La
muerte es una perspectiva aterradora. Esto se agrava si uno también cree que
hay un infierno de tormento sin fin. Por lo tanto, la fe, la creencia y la
doctrina comienzan a agruparse en torno a definir a los salvados frente a los
perdidos. Si mi fe es tanatocéntrica, [centrada en la muerte], entonces la fe
se convierte fundamentalmente en dónde me encuentro en el momento de la muerte.
¿Estoy con los salvados o con los perdidos? ¿Cómo puedo saberlo? Bueno, puedes
saberlo trazando líneas eclesiásticas en la arena y luego comprobar dónde te
encuentras. Y sigues comprobando, casi a diario, porque la muerte puede llegar
en cualquier momento. La fe se convierte en una especie de comprobación obsesiva-compulsiva
de la salvación: ¿Estoy dentro? Sí, estoy dentro. ¿Estoy dentro? Sí, estoy
dentro. ¿Estoy dentro? Sí, estoy dentro. La doctrina se convierte en un
autoconsuelo existencial”.
En su siguiente publicación,
Beck (2007) continúa:
“Y si la claridad del límite es lo que resulta
tan tranquilizador, entonces es lógico que necesitemos, para el consuelo
existencial, un grupo de personas que esté claramente al otro lado de la línea.
Un grupo claramente definido de personas salvadas crea necesariamente un grupo
claramente definido de personas condenadas. Y cuanto más claramente definido, mejor.
En resumen, muchos cristianos necesitan un grupo claramente definido de
personas condenadas para obtener consuelo existencial”.
El problema no es el
cristianismo sino la psicología humana. No es el
cristianismo el que depende de esa perspectiva sino un segmento de su
población cuya constitución psicológica los lleva a adoptar esa interpretación.
El miedo que genera universalmente esa visión minoritaria tiene gran poder y se
viraliza rápidamente, precisamente por la ansiedad subyacente ante la muerte que
todos tenemos.
Incluso para los
secularistas, el infierno ofrece una ventaja conceptual. Es el límite máximo en
el que nos vemos obligados a definir aquello a lo que otorgamos valor supremo.
Dios, si eres religioso, ¿pero qué clase de Dios? Y si no es Dios, la pregunta
nos lleva a nosotros mismos. ¿Qué características, qué cualidades, honro? ¿Qué
tiene verdadero valor? ¿Qué medidas son esenciales para el respeto?
Cualesquiera que sean esas cualidades de valor, existe nuestro sentido de valor
supremo, el trampolín de nuestra toma de decisiones y nuestras respuestas al
mundo. Eso es lo que somos.
Dice el autor de un blog
reflexivo (Liminality): “Así que supongo que he llegado a una conclusión, y al
final descubro que no se trata del infierno ni de perder la salvación, sino de
cómo vivo mi vida. Ahí es donde empieza y ahí es donde termina”.
8 FILTROS PERSONALES
Cuando se empezaron a
investigar las experiencias cercanas a la muerte en la década de 1970, la
pregunta clave era: "¿Qué es eso?". La segunda, al menos para los
investigadores, era "¿De dónde vino?". Para quienes las experimentan,
la siguiente casi siempre es y fue: "¿Qué significa esto?".
Los tres tipos de respuesta
descritos anteriormente (conversión, reduccionismo y desesperación no resuelta)
se basan en la respuesta a "¿Qué significa esto?". La vida se basa en
la interpretación. En la mayoría de los casos la interpretación inicial, la que
parece evidente, es la lectura literal de la ECM, como si se tratara de un
reportaje o texto histórico. Es como describir un viaje a Covadonga: fui a un
lugar y vi estas cosas, conocí a estas personas, traje estos recuerdos. Para
todos los que experimentan la ECM, la lectura "aparente", la literal,
será sinónimo de la primera interpretación, y para
muchos será la única a la que lleguen. Este es el
nivel en el que se presenta como una narrativa, una historia.
Hay algo en el funcionamiento
de la mente humana que produce, a partir de una carretilla llena de piezas,
algo reconocible. Modelamos criaturas, vemos rostros en formaciones de nubes y
criaturas con formas de árboles por la noche, conectando individuos y sucesos
para crear historias. Como demuestra cada reunión familiar o de colegio, los
humanos somos narradores por naturaleza, construyendo significado a partir de
las narrativas de nuestras vidas e historias culturales. Nos introducimos a la
religión a través de historias, no de doctrinas o creencias. Nos encontramos
por primera vez con la historia nacional y tribal en relatos de héroes y
antepasados, de logros y tristezas. Las historias son los contenedores en los
que guardamos nuestros significados.
Y, sin embargo, al contar
historias no podemos transmitir la experiencia en sí misma; solo podemos
traducirla a otro medio. Este es el mismo problema que tienen los artistas, o
los soñadores, al intentar describir su experiencia interior a un público del
mundo exterior. Como escribió una vez un estudiante sueco de historia de las
ideas (en un blog que ya no existe): “Los sueños son puros sueños solo mientras
no se repitan de ninguna manera. Cuando se repiten se convierten en
interpretaciones de sueños, en representaciones de ellos, pero no en sueños. Lo
que no se puede traducir a [un concepto comprensible] simplemente no se
presenta. O deja un vacío, o se ignora, o se sustituye por algo socialmente
reconocible. No hay una palabra para algo que la gente no puede reconocer”.
Lo mismo ocurre con las
experiencias cercanas a la muerte. Parecen tener un principio, un desarrollo y
un final, como una trama argumental. Se describen como escenarios, y muchas
tienen personajes. Así, una ECM es asombrosamente una poderosa combinación de
sensaciones, imágenes y emociones que se traducirá posteriormente, en la
consciencia despierta, en una narrativa, una historia. En el proceso, el suceso
interno se extrae de su contexto original como experiencia y se plasma en
palabras, filtrado y moldeado por los conceptos preexistentes en la mente de la
persona o, si no hay conceptos que encajen, en una historia cuyo significado se
adaptará a la primera explicación razonable que la persona encuentre al
despertar. En un capítulo posterior se explicará cómo una persona puede
examinar explicaciones alternativas, pero primero vienen las impresiones
inmediatas y su traducción a palabras.
Muchas de las experiencias
internas pueden ser similares, incluso casi idénticas. Pero debido a la
influencia de esas ideas preexistentes en cada individuo no existe una única
interpretación literal. A continuación, se presentan, por ejemplo, algunos
filtros típicos. Se encuentran entre quienes tienen experiencia en el Occidente
judeocristiano; están culturalmente limitados porque es prudente que un autor
hable sólo de lo que sabe.
EL FILTRO SECULAR.
Las primeras palabras de una
llamada telefónica suelen ser: “Espero que no pienses que estoy loco, pero...”
o, “Esto va a sonar realmente loco, pero...”. Como Kenneth Ring ha bromeado
repetidamente, las personas que tienen más dificultades con una ECM son
aquellas que no saben qué fue lo que encontraron, solo saben que se supone que
no deberían estar allí.
Una respuesta secular, es
decir basada en la incredulidad absoluta ante la posibilidad de cualquier
realidad religiosa o espiritual, es casi seguro que tildará la ECM de episodio
psicótico. Cuando solo se concibe a la realidad física como algo genuino
cualquier otra cosa es, como dijo sin rodeos un médico: "¡Tonterías,
disparates y gilipolleces!".
Desde esa lógica literal y
material, actividades como estar fuera del cuerpo, volar por el espacio o
encontrarse con entidades misteriosas "ahí fuera" son manifiestamente
imposibles. Sin embargo, cuando esa imposibilidad sucede y se instala en la
memoria, donde exige una explicación, la respuesta más probable tiene que ver
con la psicosis y las alucinaciones. "¡Mi mente me está jugando una mala
pasada! ¡No puedo estar cuerdo y tener una experiencia así!"
A la inversa, una confusión
similar entre una ECM y un episodio psicótico también puede ser la respuesta
cuando la experiencia contradice las expectativas o imágenes doctrinales de una
persona devotamente religiosa. (Esto no se corresponde con lo que mi religión
dice que es cierto, así que debe significar que estoy loco).
De hecho, las ECM no son alucinaciones, ni son el
signo de una enfermedad mental ni de una medicación que salió mal: son
clínicamente muy diferentes de esas aberraciones, con diferentes efectos. Según
reiteradas investigaciones, la salud mental de la persona probablemente esté
bien, aunque gravemente afectada. Ya sea que la disonancia cognitiva sea
secular o religiosa, la persona atravesará un período de ajuste importante en
su pensamiento y visión del mundo, o se refugiará en la represión militante.
EL FILTRO DE PIZARRA EN BLANCO.
A veces, especialmente cuando
se trata de una ECM particularmente vívida y poderosa, quien la experimenta no
tiene vocabulario para interpretarla y tendrá que esperar el aporte de otras
personas.
Un canadiense sin
antecedentes religiosos ni vocabulario simbólico no tenía muy claro qué hacer
con su gloriosa ECM y estaba profundamente preocupado por esa incapacidad.
Entonces conoció a un grupo de personas devotas de la Orden de Melchidizek, una
secta que promovía una comprensión particularmente compleja de un fragmento del
texto bíblico que, de alguna manera, había adquirido una interpretación fuertemente
simbólica. Sus nuevos conocidos se emocionaron al saber que la ECM se asemejaba
bastante a sus creencias. Quizás debido a la
elaboración de su conversación, sus explicaciones teológicas
coincidieron con la percepción que el canadiense tenía de la complejidad, la
gloria y la importancia cósmica que transmitía su ECM. Hasta el final de su
vida estuvo obsesionado por lo que consideraba correlaciones e intrincadas
interrelaciones entre su ECM y el escenario de Malchidizek, y podía (y lo
hacía) predicar con sus amigos durante horas casi, por desgracia, sin cesar.
Lo que el grupo le
proporcionó fue una cesta narrativa donde podía plasmar el significado de su
experiencia. ¿Podría un vocabulario diferente haber respondido a su necesidad?
Es muy posible; pero su alivio al encontrar un punto de vista comprensivo fue
mayor que su curiosidad por saber qué se podría encontrar otras explicaciones.
Lo mismo se aplica a muchas personas que encuentran un vocabulario para una ECM
aterradora en sectas religiosas que predican el fuego del infierno y la
condenación. A veces, la necesidad de una sensación de certeza supera cualquier
otra consideración.
EL FILTRO RELIGIOSO NO FUNDAMENTALISTA.
Para cualquiera que provenga
de una tradición religiosa ese será el filtro más probable a través del cual
una ECM llega a la consciencia. Una mujer de mediana edad, devotamente
católica, no se sorprendió al descubrir que tenía un guía durante una agradable
ECM: "Oh, fue San Judas", dijo con seguridad. "Le rezo todo el
tiempo, así que él me conoce mejor". No tuvo dificultad en regresar a su
iglesia y a su vida devocional con un sentido más profundo de su validez. Los
mensajes de la mayoría de las ECM, de amor incondicional, servicio al prójimo y
una disminución del materialismo, respaldan muchas enseñanzas religiosas y
pueden entenderse fácilmente en esos términos.
Para quienes no se adaptan
fácilmente a su tradición religiosa la situación es más turbia. En mi caso,
desperté de una ECM sabiendo con certeza que existe digamos una forma incuestionablemente real de estar ahí fuera
donde, en un vacío, entidades misteriosas e impersonales pero dotadas de
conocimiento, pueden anunciar con autoridad que uno ha sido borrado de la
existencia por completo y para siempre, tanto del pasado como del futuro, junto
con todos y cada cosa de la Tierra. ¡Zas!, desaparecidos
.
Nada de esa ECM encajaba con
el Dios amoroso de mi trasfondo religioso o mi comprensión cultural: ni la
experiencia extracorporal ni el lanzamiento al espacio, ni las entidades
impersonales que no reconocí como símbolos externos a mi tradición religiosa. Ni su mensaje, ni el
vacío absoluto, ni mucho menos la aparente ausencia de Dios. Este fue
claramente un suceso de otro mundo, y aunque no era el infierno convencional,
ciertamente no era nada reconocible. Nada sobre el suceso estaba en mi radar ni
en mi acervo de conceptos.
Pero somos criaturas que
siguen patrones, buscando coherencia. Mi memoria tomó las piezas de la
experiencia y las combinó con un poco de información sobre una doctrina que
había oído (pero que no creía como un hecho), y surgió: la doctrina calvinista
de la predestinación, la idea de que Dios ha decidido de antemano quién será
salvo y quién será, si no condenado al infierno al menos expulsado de la
presencia de Dios. Obviamente, en mi conclusión, yo estaba en el lado
equivocado del trato. Dios había decretado que yo fuera borrada.
¿Era esta la única
interpretación posible de esa ECM? No. Décadas después, lo sé. Pero era la
única en mi repertorio de posibilidades, por así decirlo, y era la única disponible. Si la perspectiva doctrinal hubiera
prevalecido habría destruido mi cordura. Pero, ¿recuerdas nuestros instintos de
justicia? Irónicamente fue mi protesta contra la injusticia y una tenaz
resistencia a esa interpretación doctrinal lo que me llevó, finalmente, a una
fe mucho más profunda, mejor informada y con más matices dentro de esa misma
tradición calvinista, (aunque sin predestinación).
Para quienes experimentan una
ECM moviéndose o siendo arrastrados hacia abajo, percibiendo un resplandor
rojizo, es probable que el filtro teológico lo convierta, como dijo un hombre
con horror, en “un reflejo del fuego a las puertas del infierno”. Una mayor
familiaridad con toda la gama de funciones simbólicas del fuego proporcionaría
una forma más completa de comprender esa experiencia y aprovecharla al máximo
en el resto de la vida. (Más sobre esto se verá más adelante). Hasta entonces,
al hombre sólo le queda su terror y la perspectiva percibida de su concepto del
infierno, ambos fruto de una interpretación estrictamente literal.
Una de las rarezas de este
tipo de experiencia es la aparición en una ECM (y a veces en un sueño) de una
imagen de tradición cultural diferente. El resultado, como en mi caso, puede
ser una previsible falta de reconocimiento o desconcierto, como el de la joven
judía que identificó al guía en su ECM como alguien que se parecía a Jesús. Con
una interpretación literal del suceso, existe una gran posibilidad de confusión
y malentendidos sobre el significado completo de la experiencia.
EL FILTRO RELIGIOSO FUNDAMENTALISTA.
“Se trata de este profundo
deseo de certeza”, declaró Bernard Haykel, destacado experto salafista de la
Universidad de Princeton (2011). “Responden a una especie de desencanto con el
mundo moderno”.
Hablaba del elemento
salafista profundamente conservador del islam, pero esta afirmación es válida
para cualquier postura fundamentalista. El fundamentalismo es una actitud, no
un sistema religioso. Existen fundamentalismos seculares como el cientificismo
o el marxismo puro, visiones materialistas que niegan rotundamente que algo más
allá del mundo físico pueda tener realidad. Religiosa o secular, la búsqueda
fundamentalista siempre apunta a un profundo anhelo de un "puerto
seguro" y certezas inmutables. Cualquier fundamentalismo satisface la
necesidad de cierre cognitivo, que Arie Kruglanski, profesor distinguido de la
Universidad de Maryland, ha definido como la "necesidad individual de una
respuesta firme a una pregunta, de cualquier
respuesta firme en contraposición a la confusión o la ambigüedad".
La postura genuinamente
fundamentalista en cualquier tradición es un fenómeno relativamente reciente
(siglo XX). Es una reacción frente a las revoluciones provocadas por el
modernismo en los últimos cuatro siglos: las creencias cambiantes que han sido
típicas desde la Ilustración, los trastornos sociales que sacudieron la cultura
de la Revolución Industrial, la agitación social y sexual de los últimos
sesenta años, la globalización explosiva que amenaza un sentido seguro de quién
es quién y de lo qu es correcto.
Dado que el fundamentalismo
considera sus escritos fundacionales como la verdad absoluta y adopta una
postura defensiva inflexible para proteger sus creencias y valores, no es ni
ecuménico ni flexible. Quienes pertenecen a cualquier grupo fundamentalista y
creen que su texto es infalible, que debe ser factualmente
cierto, tienen la convicción añadida de que las creencias basadas en esa
fuente también deben ser infalibles. En resumen, quien crea lo contrario que no
pertenezca a la secta creyente no tiene esperanza de salvación, sea cual sea su
definición.
Esto tiene que ver con la
interpretación que debe hacerse de una ECM.
Cuando un miembro dentro de
la secta experimenta una ECM dichosa la experiencia puede ser vista como
afirmación realista de lo que espera en la muerte y más allá, siempre y cuando confirme la doctrina aprobada. Si no
confirma la doctrina es un engaño satánico, que la persona tendrá dificultades
para explicar. Si esa misma ECM dichosa es reportada por alguien fuera de la
secta, se considerará un engaño satánico para atraer a esa persona al infierno
dándole la idea de que el cielo es posible para un no creyente. Una ECM angustiosa
será una señal de que un individuo "no está bien" con Dios, y que se
debe hacer un gran esfuerzo para alinear a la persona con las creencias y
prácticas del grupo. Una ECM infernal, como se describe en los libros de
Rawlings, se internaliza como un vistazo a un lugar real, una advertencia
gráfica para vivir según las enseñanzas del grupo pues, de lo contrario, cuando
la persona muera ese infierno será literal, consciente y eterno. Punto, sin
discusión.
Esa cosmovisión es el significado. La respuesta ya está dada. La pregunta
para el individuo es cómo identificar qué comportamientos han causado una ECM
perturbadora y cómo cambiarlos. Mientras la estructura cognitiva y psicológica
permanezca intacta, un sistema fundamentalista ofrece seguridad y tranquilidad
a los creyentesl Para quienes no encajan en el modelo, o ven o necesitan una
interpretación diferente, el dolor de estar en la comunidad será extremo. El
enfoque fundamentalista es sencillo, pero ha alejado a muchos.
EL FILTRO METAFÍSICO.
Los primeros relatos modernos
de experiencias cercanas a la muerte irrumpieron en escena a mediados de la
década de 1970, en pleno corazón del movimiento New Age. ¡Menuda coincidencia!
Las ECM surgieron en un momento de cambio cultural y desestabilización de las
tradiciones, cuando las religiones establecidas parecían estar en apuros pero
la "espiritualidad" se redescubría, cuando las mentes de las personas,
y evidentemente su inconsciente, se abrían y estaban disponibles para lo que
parecía nueva información. Al llegar en ese momento, el libro Vida después de la vida
fue el equivalente cultural del sueño de todo bibliotecario infantil: "El
libro perfecto para el niño perfecto en el momento perfecto". Perfecto.
En Megatrends 2000, el autor
futurista John Naisbitt observó: En tiempos turbulentos, tiempos de grandes
cambios, la gente se dirige a los dos extremos: el fundamentalismo y la
experiencia personal y espiritual. [En los años 1970 y 1980] en cada ciudad
importante de Estados Unidos y Europa, miles de personas que buscan
conocimiento y crecimiento personal se agrupan alrededor de una librería
metafísica, un maestro espiritual o un centro educativo.
Aunque los términos “metafísica”
y “Nueva Era” no son idénticos, y medio siglo después este último ha perdido
popularidad, tienen suficientes puntos en común como para que a menudo se usen
juntos. A pesar de las implicaciones de la “Nueva
Era”, la metafísica dista mucho de ser nueva. Con raíces en tradiciones
filosóficas y religiosas que han surgido repetidamente a lo largo de miles de
años, la metafísica es ahora una mezcla de cristianismo, misticismo oriental,
gnosticismo, teosofía, psicología moderna, física de partículas y cosmología
contemporánea, con una fuerte influencia de la medicina alternativa.
La religión y la metafísica
comparten una pasión común por lo que hay más allá del mundo físico, por
respuestas a preguntas como ¿Quién está a cargo?, ¿Cómo debemos vivir? y ¿Qué
significa?. La esencia de las diferencias entre ellas reside en esa distinción
mencionada por Naisbitt: la religión vive en comunidad, mientras que la
metafísica vive en la búsqueda individual.
Un viaje metafísico
posmoderno, al igual que el de una tradición religiosa organizada, se basa en
creencias y entendimientos, y posee su propio fundamentalismo. Una diferencia
fundamental es que, mientras que para la mayoría de las personas la religión es
la búsqueda de respuestas a preguntas, la metafísica
busca la experiencia personal en torno a ellas. Aquí
reside quizás la esencia más profunda del patrón de vida contemporáneo: el
deseo de búsqueda individual y experiencia personal, el rechazo de la
organización y la comunidad hacia el "¡Puedo hacerlo yo mismo!".
Y así, como observó el
biógrafo de Edgar Cayce, Harmon Bro, encontramos personas tan dispares como el
vidente Edgar Cayce, la psíquica Jane Roberts, el médium Arthur Ford, la
periodista Ruth Montgomery, la actriz Shirley MacLaine y las últimas estrellas
de los circuitos de programas de entrevistas sobre espiritualidad, todos
compartiendo el mismo espacio de librería con, a veces, el Dalai Lama.
"¿Qué tienen todos estos personajes en común para constituir una categoría
de marketing?", preguntó Harmon Bro, "no solo en librerías, sino
también en conferencias en hoteles y grupos de estudio en salas de estar? Sin
duda, es su defensa de la autoridad privada en nombre de la verdad, eludiendo
las normas críticas de la indagación disciplinada".
Para quienes tienen
experiencias cercanas a la muerte y realizan una interpretación posmoderna o
metafísica, la tentación de literalizar no es diferente a la de cualquier otra
persona. En este caso, al igual que en cualquier religión organizada, el
discernimiento es absolutamente esencial. Por ejemplo, ¿cuánto hay de cierto en
la idea de que creamos nuestra realidad?
Harmon Bro plantea el desafío
del discernimiento de esta manera: “Como advirtió William Jacobo hace mucho
tiempo, siempre es tentador validar la verdad por las raíces en lugar de por
los frutos. Si se puede demostrar que una enseñanza o práctica proviene de un
trance o escritura automática, o se presenta como de un maestro evolucionado en
otro plano, eso la vuelve fascinante para la mente vulnerable, para el
inconsciente en desarrollo y para una vida que busca atajos en una era de
entretenimiento enlatado y políticas de conveniencia”.
Tras una ECM dichosa, una
experiencia manifiestamente de plano superior, es tentador creer que uno se ha
convertido en maestro evolucionado. El enfoque metafísico tiende a fomentar la
tendencia a concretar la "creación de la realidad" en la convicción
de que una ECM placentera se ha manifestado gracias a la bondad de uno mismo, o
que uno ha "evolucionado" instantáneamente o ha sido elegido, (ego),
por Dios o el universo para hacer algo heroico o especial, (construcción del
ego), debido a su "plano superior", (inflación del ego). Tras una ECM
gloriosa, con demasiada frecuencia el literalismo en esta tradición ha
conducido a una desastrosa inflación del ego y a la corrupción de la
personalidad.
Por el contrario, con una ECM
angustiosa el riesgo reside en aceptar sin más esa misma "Ley de
Atracción", que lleva a internalizar la idea de que todos los
acontecimientos de la vida son obra propia. La creencia de que un individuo
actuó, aunque fuera inadvertidamente, como imán para atraer esa ECM aterradora,
lo que puede sugerir algo maligno inherente a la vida y al ser de quien la
experimenta. Desde la perspectiva del karma, una ECM infernal puede llevar a
una interpretación sorprendentemente similar a la del fundamentalismo: que el
tormento es lo que uno merece, lo comprenda o no.
De hecho, debido a que el pensamiento
metafísico contemporáneo ha enfatizado tanto la creencia (o, al menos, la
esperanza) de que solo la luz es real y tiene valor, en general ha negado o
ignorado los aspectos de la "noche oscura" de la espiritualidad. Se
sabe que grupos con inclinación metafísica no han recibido con los brazos
abiertos a personas con dicha experiencia.
A finales del siglo XX el
teólogo Matthew Fox observó a las personas que había estado conociendo en el
circuito de la Nueva Era, la misma generación de individuos que estaban
comenzando a hablar de sus experiencias cercanas a la muerte, y notó algo en
ellos:
“Muchos
han abandonado la tradición religiosa de su nacimiento, la cual, a menudo
sienten que no les ha enseñado la práctica mística ni una herencia mística.
Muchas de estas personas están enfadadas con su tradición religiosa, (pueden
ser judía, católica, anglicana o protestante), y la Nueva Era les permite
desprenderse de lo que perciben como el fracaso de su herencia religiosa.
Muchos de ellos pueden ser católicos, bautistas, presbiterianos, judíos, etc.,
en recuperación. Es debido al fracaso que perciben en la práctica religiosa
actual de Occidente que se sienten atraídos por lo que David Spangler
pintorescamente llama.”feria de pueblo con atracciones” que, debido a su
denominador común de prometer alguna experiencia espiritual, se convierten en
una especie de oasis para quienes buscan la religión y sienten el llamado a
experimentar la Divinidad en lugar de simplemente escuchar sobre Dios o sus
mandamientos. En mi experiencia, hay mucho dolor [entre ellos] (como lo hay en
toda nuestra cultura), pero gran parte de ese dolor es tan profundo que rara
vez se exorciza o se afronta. Por eso, muchos se entregan en exceso a las
energías de "luz" que se les ofrecen y tienden a rehuir las heridas,
la oscuridad, el sufrimiento ajeno provocado por las realidades de la
injusticia social. Es porque no han podido lidiar con su propio sufrimiento que
esta negación de la oscuridad a menudo resulta atractiva”.
Esta cuestión es muy real
para muchas personas que han experimentado algo así como una ECM angustiosa y
han encontrado pocos recursos, y poco vocabulario útil, en la metafísica
popular para ir más allá de una interpretación literal de una ECM angustiosa.
Estos son ejemplos de cómo
podría ser un filtro literal; puede haber más. Esta comprensión puede ser útil
a una persona por un tiempo breve o prolongado; pero es casi seguro que
requerirá profundización para una integración completa. La profundización es el
tema de los próximos capítulos.
9.AMPLIANDO HORIZONTES
La pregunta esencial va más
allá de cómo describir una experiencia cercana a la muerte perturbadora o
placentera. En realidad. ¿Qué significa? ¿Cómo se
puede explicar en términos que tengan sentido en el mundo? Y si "Como son
las cosas" no es tal y como se pensaba, ¿qué pasa entonces? Esta es una
exploración.
EL COSMOS.
El cosmos solía ser tan
simple. Durante miles de años podría describirse como una bola de nieve.
El universo de las bolas de nieve.
Imaginemos una bola de nieve
en el centro de una gran esfera de cristal, marcando esta última la extensión
del universo. En el cosmos de la bola de nieve las estrellas fijas estaban
unidas al interior de esa esfera y debajo de ellas el Sol, y todos los demás
cuerpos celestes, giraban alrededor de la Tierra, cada uno recorriendo una
trayectoria celestial propia. Los altos cielos albergaban a Dios y sus seres de
luz: arcángeles, ángeles, serafines y querubines. En nuestra metáfora de la
bola de nieve, su cubierta representa el firmamento, una cáscara hueca que
alberga los vientos, la nieve, la lluvia y el granizo, con lugares para el Sol,
la Luna y los planetas; la parte interior de la cáscara estaba convenientemente
provista de ventanas a través de las cuales Dios y los ángeles podían
contemplar la Tierra y sus habitantes. Debajo del firmamento se encontraba el
cielo terrenal, con forma de cúpula, como se puede ver claramente, y luego la
Tierra, un disco plano rodeado por todos lados por el gran Océano Mundial. Bajo
la Tierra, en algún lugar subterráneo, se encontraban las regiones de los
muertos y, en algunas vistas, un lugar ardiente. Y debajo de todos ellos
estaban las grandes aguas de las profundas y gigantescas columnas, como
encofrados de puentes, que sostenían el firmamento.
El cosmos estaba ordenado.
Era comprensible. Era seguro. Y así, en la pequeña parte del planeta que es
Europa, en esa época que conocemos como el final de la Edad Media, la religión
y la cultura dominantes comprendieron con alegría que Dios había creado deliberadamente
la Tierra para ser el centro del universo.
Los seres humanos eran el
propósito mismo de esa Creación, cada individuo con un nicho seguro de estatus
y función. Al igual que el cosmos físico, la organización de sus habitantes era
ordenada y estable, descrita como una Gran Cadena del Ser. En la cima, Dios
reinaba sobre todo el universo, y más abajo de él estaban las órdenes de las
huestes celestiales hechas de luz pura, los seres espirituales, ordenados por
orden de poder e importancia. Justo debajo de ellos en estatus estaban los
humanos, tanto espirituales como de carne, sus órdenes también ordenados por
importancia: primero reyes, príncipes, cortesanos y guerreros, los plebeyos y
luego los campesinos. A continuación en orden venían las criaturas, animadas
pero sin alma, todas ellas jerarquizadas (los perros por encima de las ovejas,
las mariposas por encima de las larvas, los peces con espinas por encima de las
anguilas y los calamares); luego las plantas (las plantas comestibles por
encima de la hiedra venenosa). En el nivel más bajo de la Gran Cadena estaba el
mundo material inanimado de minerales, rocas y tierra.
El sistema era ordenado y
comprensible; era permanente. Además, era
psicológica y espiritualmente tranquilizador: Dios está en el cielo, todo está
bien en el mundo, soy quien Dios quiere que sea y estoy donde Él quiere que
esté.
Copérnico.
Más adelante, a mediados del
siglo XVI, el universo estable se quebró. El astrónomo Copérnico demostró la
posibilidad de que el Sol, y no la Tierra, fuera el centro. Su descubrimiento,
y el trabajo de gigantes estudiosos como Kepler y Newton, dieron inicio a
doscientos años de reformulación de la astronomía que, en última instancia,
desmantelarían la cosmología. La humanidad estaba a punto de ser conducida
hacia la puerta y luego expulsada del antiguo y seguro hogar representado por
la Gran Cadena del Ser en el universo de las bolas de nieve.
Fue el inicio de la
Revolución Científica que condujo directamente a la Revolución Industrial, en
la que los logros fueron tan rápidos y convincentes que la ciencia comenzó a
reemplazar a la religión como principal autoridad para algunos, la única en
materia de verdad. El resultado final fue la pujante y poderosa filosofía del
materialismo que afirmaba que solo el mundo físico tiene algo valioso que
decir, que la metafísica, la retórica sobre Dios, y el mundo espiritual son
ilusorios.
Las implicaciones de un
universo heliocéntrico fueron tan extremas para el pensamiento occidental que
pasarían siglos antes de que se comprendiera su veracidad. Lo que fue un
triunfo para la ciencia se convirtió en catástrofe psicológica para la
humanidad, cuyas implicaciones aún sentimos. Tras miles de años de estabilidad
en pocas generaciones la Tierra quedaría reducida a uno entre innumerables
orbes orbitando en un espacio inimaginablemente vasto donde no había rastro del
cielo.
Pero habría más. Darwin,
influido por los estudios pioneros del español Félix de Azara sobre la fauna del
virreinato de La Plata, llegó a la conclusió de que las criaturas de Dios,
grandes y pequeñas, no se originaron en la única semana divina del relato del
Génesis. La humanidad no fue el orgulloso resultado de un acto deliberado de
Dios sino que se desarrolló paso a paso infinitesimal a partir de formas de vida
anteriores, el avance terrestre de un pez del Devónico que, como expresó Loren
Eiseley, había logrado astutamente "terminar como personaje bípedo con
sombrero de paja".
Confusión.
El cosmos actual no es tan
acogedor ni la teología tan inmediata como en la época de las bolas de nieve.
Nuestro universo es enorme, como sabemos por las fotos del espacio tomadas por
los telescopios espaciales y el mapeo digital de las redes sociales. No existe
una sola religión, ni siquiera dos o tres, sino decenas de miles con visiones
del mundo que compiten entre sí y con diferentes interpretaciones de la
realidad. (La "Lista de religiones y
tradiciones espirituales" de Google puede ser bastante impactante).
Y por si fuera poco, la
insistencia de los últimos 300 años en que la realidad debe ser física y solo
lo físico es real ha mermado nuestra capacidad de respetar el mundo del símbolo
y el sentido, de la imagen y la imaginación. Creemos que toda prosa es
periodismo. Hemos perdido, en gran medida, nuestra narrativa e imaginación.
Shunyamurti afirma: “Una vez que perdemos el contacto con el asombro y el
deleite, reemplazados por la aburrida sumisión vulcaniana a las reglas de la
razón, abandonamos el hogar eterno de los dioses y entramos en la historia, el
largo y aburrido descenso hacia la antivida totalitaria, y su desaparición
definitiva, que ahora está ocurriendo en crecientes oleadas de caos y
conflagración”.
Y así encontramos, en un
extremo, a grupos tan traumatizados por el aluvión de cambio e inestabilidad,
impersonalidad y maldad percibida, que intentan concretar el presente en su
sueño de un pasado. Los fundamentalismos se extienden por el mundo. En el
extremo opuesto están los futuristas que prosperan en la estructura abierta y
la cosmovisión caleidoscópica, que manejan hábilmente sin vértigo en busca de
un cambio perpetuo de planos, felices de creer que su psique es todo lo que necesitan para
comprender lo que solía llamarse sagrado. Además, estamos divididos,
arrastrados por la visión materialista con sus explicaciones racionales y
aplicaciones prácticas que nos rodean, y luego por las persistentes preguntas
sobre todo lo que se sale del marco que ofrece el cientificismo: los misterios,
milagros y visiones para los cuales el materialismo no tiene cabida ni paciencia.
Vemos este conflicto en la dislocación entre las explicaciones neurocientíficas
de las ECM y la ensoñación inmóvil de muchos de quienes las experimentan.
Requiere mucho esfuerzo comprender claramente el contexto en el que vivimos.
ORIENTE Y OCCIDENTE: PENSAR COMO LO HACEMOS.
Para los fines de este libro
nos encontramos a principios del siglo XXI en una sociedad occidental
desarrollada, lo que significa que, como cultura, tenemos una herencia
judeocristiana. Esta perspectiva influye en nuestra comprensión de lo que
sucede en el mundo y en nosotros y lo que significa ser humano. Y aunque la
tradición está experimentando cambios drásticos, sigue siendo fundamental.
Con el tiempo, cada sociedad,
consciente e inconscientemente, explora la infinidad de sus potenciales humanos
y sociales, y aquellas que parecen más compatibles adquieren mayor importancia
hasta que se convierten en algo natural e inevitable en la sociedad. Junto con
las historias que han surgido de la experiencia comunitaria, esos elementos se
convertirán en la imagen mental mediante la cual la sociedad comprende cómo es
y cómo funcionan las cosas, y define qué es sagrado, (si es que hay algo que lo
sea), y qué significa ser humano. Dentro de esa imagen cada individuo
desarrolla su modelo de la realidad.
Cada una de estas imágenes
mentales, ya sea diseñada por la sociedad o por el individuo, contiene una
"receta" básica para ser humano: una suposición sobre lo que
constituye la unidad social básica, una construcción
para explicar los fundamentos de la naturaleza humana,
y un modelo más o menos sistemático de aquello que consideramos de importancia
fundamental: un modelo de fe. Hasta hace
aproximadamente un siglo en Occidente esto, casi invariablemente, significaba
una perspectiva religiosa judeocristiana. El modelo de fe actual será religioso
para algunos mientras que para un número cada vez mayor será secular o una
espiritualidad personalizada. En cualquier caso, el modelo de fe construirá la
mitología, lo que consideramos verdadero y valioso.
Charles Tart es uno de los
pioneros de la investigación científica sobre la conciencia humana. Ha
observado, en relación con la sabiduría convencional, que “...creemos ciertas
cosas simplemente porque nos enseñaron a creerlas”, y así lo expresa:
“Por el simple hecho de nacer
humano, poseer cierto tipo de cuerpo y sistema nervioso, y existir en las
condiciones ambientales del planeta Tierra, te permite
desarrollar un gran (aunque ciertamente no infinito) potencial. Sin embargo, al
nacer en una cultura particular, existir en un tiempo y lugar específicos en la superficie del planeta, solo una pequeña
(quizás muy pequeña) cantidad de esos potenciales se realizará y se convertirá
en realidad ... definida como la esencia del
ser humano... La mayoría de nosotros sabemos aritmética, hablar una lengua, rellenar
un cheque, conducir un automóvil; y la mayoría conocemos cosas, como comer con
las manos, que nos resultan repulsivas (¿de forma natural o por
entrenamiento?). Sin embargo, no muchos de nosotros fuimos entrenados en la
infancia para entrar en un estado de conciencia donde podemos ser, por ejemplo,
poseídos por un espíritu amigo que nos enseñará canciones y bailes, como hacen
algunas culturas. Tampoco fuimos entrenados para controlar nuestros sueños y
adquirir guías espirituales en esos sueños que nos enseñarán cosas útiles, como
los senoi de Malasia. Cada uno de
nosotros es simultáneamente beneficiario de su herencia cultural y víctima y esclavo
de la estrechez de su cultura. Lo peor, en mi opinión, es que pocos somos
conscientes de esta situación. Como casi todas las personas de todas las
culturas, en todos los tiempos, creemos que nuestra cultura
local es la mejor y que otros pueblos son incivilizados o salvajes”.
Una nota sobre hablar de Dios.
En gran parte de lo que
sigue, se mencionará a Dios. Seamos claros: no utilizo la palabra aquí en un
sentido doctrinal, y existe una amplia gama teológica en los autores citados
que la emplean. Aunque no la usaré para referirme a "un anciano blanco en
el cielo", no tengo problemas con quienes le encuentran significado,
siempre que me concedan la misma cortesía. Para quienes les sube la presión
arterial al ver la palabra, sugiero pensar en "Dios" como una
metáfora de "cualquier misterio que se esconda tras todo". Y para los
neoateos que critican cualquier aceptación de la espiritualidad, les sugiero cambien
de lectura.
En el Oeste: de cerca y en persona. Ser. Mundo y relaciones.
Lo auténticamente occidental
se está desdibujando debido a la gran convulsión social de la época actual, la
fusión de culturas y la transformación de ideas culturales en nuevas
tradiciones. Sin embargo, el poder de milenios de historia cultural no puede
borrarse en una sola vida, ni siquiera en un siglo, por lo que el patrón
general de nuestro pasado permanece en gran parte intacto.
La familia del monoteísmo
occidental judaísmo, cristianismo e islam posee un temperamento singular entre
las tradiciones espirituales del mundo. Podría llamarse gregaria,
con el “Yo/Tú” como eje central, orientada hacia la relación con Dios, con uno
mismo y con los demás, y desde estas relaciones al servicio a los demás, a la
naturaleza, a las artes, a algo más allá de los límites personales. Sin
embargo, comienza con la identificación de ese yo.
Ser.
El mismo nombre del dios occidental
se traduce aproximadamente como un trueno de identidad: "Yo
Soy El Que Soy", como el antiguo Yahvé anunció a Moisés. La
tradición occidental comenzó en relación con ese Yo Soy.
Muchos siglos después, el énfasis en el individuo, en nuestro "Yo Soy"
personal, se ha desarrollado hasta convertirse en arte elevado. Estados Unidos,
especialmente, ha vivido durante tres siglos con el gran (y en gran medida)
incuestionable mito del individuo: que la esencia misma del ser humano es la
individualidad de uno, ser uno mismo, ser único en el aquí y ahora. Hablamos de
autorrealización, de ser "auténticos" y convertirnos en "quienes
realmente somos". Los padres dicen con orgullo de un niño pequeño de mente
fuerte: "¡Es él mismo, está bien!" Honramos a las superestrellas más
que a los equipos. En la vida económica nos esforzamos por la autosuficiencia,
aborrecemos la dependencia, acumulamos propiedades privadas. En resumen, cada
uno está saturado con el sentido de individualidad,
personalidad, especialidad, identidad. La fuerza de este mito supera, en su
mayor parte, nuestra capacidad para llevarlo a cabo; pero vivimos, soñamos y
votamos como si fuera verdad.
El ego
es el núcleo del yo cotidiano. Es el ser de confianza de nuestra red de
comunicación personal interna, el ancla, aquel que creemos conocer. Es el
centro en torno al cual un individuo se organiza, el componente que clasifica,
dirige y transmite en directo del yo, la autoimagen, el "yo". El ego
nos dice quiénes creemos ser. Los bebés y los niños pequeños son prácticamente
todo ego, sin consideración por nadie más. "¡Yo! ¡Yo!" "¡ Mío! " "¡ Yo lo
hago!"
Para desenvolverse en el
mundo todos necesitamos ese sólido sentido del yo como base, y el desarrollo de
un ego sano es tarea de los primeros años. Su funcionamiento adecuado hace
posible la vida en sociedad. Sin ego, una persona tiene toda la estabilidad
psicológica de la gelatina, o, como el psiquiatra Bruce Greyson comentó una
vez: “Sin ego, hay esquizofrenia”.
Con el tiempo, por supuesto,
los niños psicológicamente sanos descubren que otras personas tienen
necesidades y sentimientos, y aprenden a tenerlos en cuenta a medida que
desarrollan la empatía y otras habilidades sociales. El desarrollo psicológico
es un proceso que se extiende hacia el ego y más
allá, que se expande desde ese antiguo sentido de unidad inicial hasta una
mayor inclusión. Su objetivo es llegar a la madurez y, con el tiempo, a una
"segunda ingenuidad", una etapa más allá de la absorción del ego que
reconoce de nuevo una esencia compartida, una alianza con el universo, con
Dios, pero sin la arrogancia del niño pequeño. El camino lleva tiempo; entregar
el ego a la fuerza de forma prematura tendrá resultados emocionalmente
catastróficos.
De su trayectoria profesional
dedicada a la psiquiatría y la dirección espiritual, Gerald May observa:
“Una
interpretación errónea común de las enseñanzas espirituales asume que la
autoimagen es "mala" porque parece representar un gran obstáculo para
la realización espiritual y da lugar a numerosas distorsiones y paradojas.
Especialmente en algunas divulgaciones del pensamiento oriental, la autoimagen
se considera el principal defecto humano, una enfermedad que debe superarse y
extinguirse para poder vivir la vida en plenitud. Nada más lejos de la
realidad. La alternativa a la trampa total de la autoimagen no es
necesariamente su alienación total; la autoimagen y la autodefinición tienen
sus propósitos. Son absolutamente necesarias para un funcionamiento adecuado en
la faz de este planeta. Es necesario saber dónde termina el propio yo y dónde
comienza algo "otro" para poder desenvolverse en el mundo. Muchas
teologías contemplativas sostienen que la autoimagen es instrumento de la
voluntad divina. Es el caballo de batalla de Dios, que no necesita ser
erradicado, sino simplemente encontrar su perspectiva adecuada. A nivel
personal, solo porque nos sentimos separados y autoidentificados podemos
apreciar nuestra existencia”.
Mundo y relaciones
La genealogía monoteísta se
remonta al acaudalado pastor de la Edad de Bronce, Abraham, quien hizo un pacto
no un simple acuerdo. Estableció una relación
vinculante con su Dios, YHWH, cuyo nombre es demasiado sagrado para ser
pronunciado. En estas tres tradiciones monoteístas el Todopoderoso, ya sea
llamado Elohim, Adonai, HaShem, Yahvé, Dios o Alá se percibe como una presencia
viva con la que existe, inevitablemente, un encuentro personal y/o nacional.
Este es el Dios percibido que (o quien), a través de las interacciones de la
humanidad, crea la historia; este Dios que (o quien) está más allá de la
imaginación humana pero que crea, empodera, provee, rescata, instruye, exige,
castiga, apoya, disciplina, sana, ama y, finalmente, lleva a casa.
Basándose en ese legado de
alianza, de vínculo perdurable con Dios y entre nosotros, la psicología y la
práctica espiritual occidentales buscan la relación, no el desapego. El ideal
es apegarse no a las cosas del mundo sino a Dios y al amor, y no para uno
mismo, sino como un don para los demás. (Madre Teresa de Calcuta, Martin Luther
King muzu.) El objetivo de las disciplinas occidentales es conducir, como dijo
Richard Foster, “a la plenitud interior necesaria para entregarnos libremente a
Dios y a la percepción espiritual necesaria para combatir los males sociales”.
Escuche la brillante descripción
que hace Elie Wiesel del movimiento jasídico en el judaísmo: “La espera
ferviente, el anhelo de redención; los vagabundeos erráticos de caminos no
transitados; el vínculo entre el hombre y su Creador, entre el acto individual
y sus repercusiones en las esferas celestes; la importancia de las palabras
ordinarias; el acento en el fervor y también en la amistad; el concepto de los
milagros realizados por el hombre para el hombre”.
O el gran teólogo judío del
siglo XX, Martin Buber:
“El
mundo en el que vives, tal como es y no de otra manera, te brinda esa conexión
con Dios que te redimirá, y cualquier aspecto divino del mundo que se te haya
confiado. Y tu propio carácter, las mismas cualidades que te hacen ser quien
eres, constituyen tu acercamiento especial a Dios, tu potencial especial para
Él. ¡No te irrites por tu deleite en las criaturas y las cosas! Pero no
permitas encadenarte a ellas; a través de ellas, avanza hacia Dios... No
reprimas tus poderes incipientes, sino déjalos trabajar en una obra santa y
descansar en Dios”.
Finalmente, el cristiano y gran
historiador religioso, Huston Smith, dice:
“Las
religiones de origen semítico emergen como excepcionales al insistir en que los
humanos son indefectiblemente cuerpo y espíritu, y que esta combinación no es
una desventaja. De esta premisa básica se desprenden tres corolarios: (1) que
los aspectos materiales de la vida son importantes (de ahí el fuerte énfasis en
Occidente en el humanitarismo y el servicio social); (2) que la materia puede
participar en la condición de la salvación misma (afirmada por la doctrina de
la Resurrección del Cuerpo); y que la naturaleza puede albergar lo Divino (el
Reino de Dios es venir a la Tierra, a lo que el cristianismo añade su doctrina
de la Encarnación)”.
Es a partir de este afán de
relación, de cuidado de los demás, que estas tradiciones se convirtieron en
famosas por fundar hospitales y universidades, orfanatos y asilos. Las
tradiciones occidentales pueden anhelar el regreso al Paraíso pero, salvo
algunos extremos de Agustín, Calvino y los gnósticos, también toman la Creación
y la vida en la Tierra con seriedad y alegría.
En el Este: desapego.
Existe una perspectiva muy
diferente en las tradiciones orientales, especialmente en aquellas que
surgieron en la India: el hinduismo y su rama, el budismo, en sus múltiples
variantes. Mientras que las tradiciones occidentales se inclinan hacia lo
gregario, las orientales son más introvertidas y se
dedican a la vida espiritual interior. Aquí, la esencia de la creencia reside
en la conciencia de la vida como sufrimiento y el consiguiente deseo de ir más
allá del mundo físico en el que dicho sufrimiento se manifiesta. En palabras de
Huston Smith, “La salvación en tales contextos implica liberar el alma de su
contenedor material”. La tarea en el hinduismo y el budismo consiste en
reconocer que las “realidades” del mundo físico son, en última instancia,
ilusorias y abandonar la identificación con ellas.
A diferencia de occidente,
algunas sociedades consideran al grupo como la unidad social básica. Japón, por
ejemplo. Estas son las sociedades en las que, como señala Carol Zaleski, “el
individuo siente su identidad segura solo cuando se integra con la comunidad...
depurándose de la idiosincrasia”.
El gran mitólogo rumano
Mircea Eliade ha observado que en las sociedades arcaicas, que siguen este
modelo, ni las cosas del mundo ni los actos humanos, propiamente hablando,
tienen valor intrínseco autónomo. Los objetos o actos adquieren valor y, al
hacerlo, se vuelven reales, porque participan... en una realidad que los
trasciende... Su significado, su valor, están... conectados con su propiedad de
reproducir un ejemplo mítico... [Se] repiten porque fueron consagrados en el
principio por dioses, ancestros o héroes. No es el individuo lo que importa,
sino su conexión con el todo. Algunos directores musicales y entrenadores
deportivos se entrenan con este modelo, valorando el funcionamiento impecable
del conjunto por encima de las actuaciones individuales deslumbrantes.
El potencial desarrollado en
estas sociedades y organizaciones refuerza los valores compartidos de
cooperación, trabajo en equipo, modestia, integración y no destacar entre la
multitud. Unidos por la tradición y la seguridad de saber qué se espera, estas
sociedades y sus habitantes tienden a sentirse incómodos con la innovación.
¿Qué es real, si no es el
mundo físico? El nirvana es real. El nirvana como
concepto preciso no existe en las tradiciones occidentales, aunque se acerca a
lo que se entiende por Divinidad, ese Algo indescriptible que se eleva por encima y detrás del
universo objetivo y que va más allá de cualquier idea de la personalidad de
Dios. El nirvana se asocia en los escritos budistas
con una variedad de atributos que afirman "que el nirvana es permanente,
estable, imperecedero, inamovible, eterno, inmortal, no nacido e indevenido;
poder, dicha y felicidad, refugio seguro, refugio y el lugar de seguridad
inexpugnable; que es la Verdad real y la Realidad suprema; que es el Bien, la
meta suprema y la única consumación de nuestra vida, la Paz eterna, oculta e
incomprensible".
Este es el lenguaje del
misticismo. En términos seculares occidentales, dejando de lado la psicología,
esto puede sonar a disparates. En términos religiosos, suena más a ciertos
Salmos que al antropomorfismo de los primeros capítulos del Génesis. En una
línea similar, el sitio web del Centro Zen de Montreal incluye una cita de
Buda: “Existe esa esfera donde no hay ni tierra ni agua, ni fuego ni aire: no
es la infinitud del espacio, ni la infinitud de la percepción; no es la nada,
ni es idea ni no-idea; no es este mundo ni el otro, ni es ambos; no es el sol
ni la luna. No viene ni va, no permanece ni desaparece; no es causada,
establecida, iniciada ni sostenida; es el fin del sufrimiento”.
Lo que el budismo considera
real, entonces, no es el aspecto físico de la vida, sino esa totalidad sin
objeto, indefinible, más allá del espacio y el tiempo. No es Dios el Creador en
el sentido occidental, porque un Dios Creador tiene personalidad, y la
personalidad es una limitación, y el Nirvana, o la Divinidad, es indefinible.
El objetivo final del budismo
es liberarse de todo apego al mundo objetivo y al yo, para ser como una gota de
lluvia individual que se pierde en el océano de la Mente Cósmica. Es el
equivalente espiritual del concepto cristiano de salvación, aunque con
objetivos y perspectivas completamente diferentes, pues su destino se asemeja
más al Vacío (entendido correctamente) que al cielo.
Armonicemos todo esto.
¿Qué pasaría si el Vacío y el
cielo no fueran opuestos sino perspectivas diferentes de lo que es último?
Harmon Bro señaló “La tensión
entre obediencia y gnosis,
que está profundamente arraigada en las tradiciones de fe... Dicho en términos
claros, la fe bíblica ha hecho hincapié en la obediencia mientras que las que
surgen de raíces hindúes ... han hecho hincapié en la superación de la
ignorancia en favor de la iluminación salvífica, que es el significado
fundamental de la gnosis. Es posible que la obediencia y la gnosis siempre se
necesiten mutuamente, no sea que el cumplimiento de los mandamientos se
convierta en legalismo y la búsqueda de la sabiduría trascendente se convierta
en una ruina moral”.
Del mismo modo, Lionel
Corbett ha sugerido que viajes similares pueden seguir rutas diferentes:
“Incluso
la sabiduría más sublime carece de valor si se imparte en el momento a personas,
o de maneras, inapropiadas... Quizás debamos elegir entre la afirmación budista
de que no existe un yo en el sentido de entidad (anatman) y la suposición
judeocristiana y psicológica de que tal entidad existe. ... [En el budismo] no
existe un yo como entidad separada de la totalidad de la conciencia... y cada
experiencia debe dejarse desvanecer como una etapa hacia la comprensión de la
naturaleza ilusoria de la separación entre el ego y el Ser. O, si se prefiere
la idea de la relación, se puede optar por saborear cada experiencia numinosa
(de numen > deidad dotada de un
poder misterioso y fascinador) como una forma de profundizar la relación del
ego con nuestro verdadero centro e identidad. (159)
En resumen, ningún camino es único aunque para llegar a cualquier destino es
recomendable recorrerlo uno a uno. Como se analizará con más detalle en el
siguiente capítulo, muchos caminos están plagados de imágenes descritas en
experiencias espirituales cercanas a la muerte y similares, y pueden ayudarnos
a encontrar una manera de afrontarlas. Las personas con comprensión oriental o
temperamento particular pueden encontrar menos obstáculos conceptuales frente
al concepto "dejarse ir" que la mayoría de los occidentales, pero
cualquiera de los dos caminos guía a los viajeros a casa.
EL VACÍO.
La cultura occidental no está
preparada para lidiar fácilmente con el Vacío. Este concepto, tan fundamental
para el budismo, es prácticamente desconocido en las religiones abrahámicas con
su relación vinculante y duradera entre la humanidad
y Dios. Además, entre la reverencia religiosa por la alianza y la reverencia
capitalista por las cosas, nos adiestran en objetos.
Nuestra identidad depende de objetos, ya sean personas o cosas, que se
convierten en nuestros referentes.
Aquí se aclara por qué las
experiencias del Vacío causan tantos estragos en quienes han crecido en el
pensamiento occidental. Cuando el ego se ve desafiado de forma demasiado
repentina, no hay Yo ni Otro y, por lo tanto, no hay posibilidad de relación. Y
sin relación no tenemos existencia; simplemente nos aniquilamos.
Toda ECM es una experiencia
mística, pero salvo contadas excepciones, los occidentales no somos místicos
cultos. El miedo a las experiencias del Vacío surge de un profundo e insondable
desapego de uno mismo y de los demás, para el cual la mayoría de nosotros no
estamos preparados en absoluto.
Al abordar el miedo que
produce el Vacío, Gerald May citó la guía espiritual del siglo XIV, la Theologica Germanica, que dice: “Nada arde en el infierno
excepto la voluntad propia”. May comentó que “Las nociones de renuncia y
entrega personal son muy contrarias a la sociedad moderna, pero los
contemplativos van aún más lejos. Proclaman, con una convicción que puede ser
absolutamente aterradora, que la autoimagen debe morir verdaderamente ... Una
imagen moribunda de uno mismo, o una creencia moribunda en dicha imagen, debe
ir acompañada también de la muerte de las propias imágenes del mundo. No es
tarea fácil”.
Por el contrario, el director
del Centro Zen de Montreal puede decir con total serenidad: “Podemos llegar a
ver que no somos una cosa, un cuerpo, un alma, una persona o incluso un
espíritu. Fundamentalmente, estamos más allá de toda forma e idea”. Esa
libertad es, de hecho, el Nirvana. Es, de hecho, el Vacío.
No es posible hablar del
Nirvana sin hablar del Vacío, y hoy en día no es posible hablar adecuadamente
de ninguno de ellos sin mencionar la astrofísica. Para nuestros propósitos, una
de las explicaciones más claras proviene del físico de la Universidad de
Columbia, Brian Greene y su libro titulado "La Estructura del Cosmos".
Supongamos, dice Greene, que
elimináramos todo del universo físico, ¿qué quedaría? Diríamos “Nada”. Si tomáramos
una foto estaría vacía. Y, como Greene coincide, tendríamos razón; pero también
estaríamos equivocados. Pregunta: “¿Cómo se le da sentido a algo que parece
nada?”. En este punto, quienes experimentan el Vacío se ponen en alerta y
prestan atención. “Resulta”, nos dice, “que el espacio vacío no es nada; es algo”.
(Los budistas asienten y
sonríen.)
“El espacio vacío no es nada;
es algo con características ocultas, tan real como todo lo que nos rodea. De
hecho, el espacio es tan real que puede doblarse, retorcerse y ondularse; tan
real que el propio espacio vacío contribuyó a dar forma a todo lo que nos rodea
y forma la estructura misma del cosmos”.
En el libro, este muchacho
resume: “El espacio está inevitablemente impregnado de lo que se llama campos
cuánticos y posiblemente de una energía difusa uniforme llamada constante
cosmológica: ecos modernos de la antigua y desacreditada noción de un éter que
llena el espacio”.
Están sucediendo muchas
cosas, más allá de nuestra capacidad de verlo con los ojos. No sugiero que el
Nirvana sea el espacio exterior, ni que esté ubicado en él, ni que una
experiencia del Vacío sea un viaje real al espacio exterior, como tampoco una
ECM dichosa es un viaje a un paraíso físico. Sin embargo, existe una curiosa
semejanza entre la Divinidad, el espacio, el Vacío y el Nirvana: que lo que
parece tan vacío puede estar lleno de todo lo que existe. Esto sugiere una
conexión arquetípica. Al fin y al cabo, todos describimos el mismo universo, ya
seamos científicos, psicólogos, místicos, filósofos o fontaneros; el lenguaje
variará, pero es el mismo universo.
Aquí no hay respuestas, pero
sí indicios de semejanzas que sugieren que en todo este asunto de la
espiritualidad puede haber más de lo que admiten los escépticos confirmados.
10 EL YO DE JANO.
Jano, recuérdese, era el dios
romano con dos caras: una que miraba al futuro y la otra al pasado; era el dios
de las puertas, de la transición, los comienzos y el desarrollo. ¿Quién mejor
para representar la psique y el espíritu en nuestra búsqueda de significado en
la ECM?
EN EL SITIO
En 1981 tres jóvenes
investigadores del estado de Washington (Lindley y peña)
definieron una ECM "negativa" como "aquella que contiene miedo,
pánico o ira extremos. También puede incluir visiones de criaturas demoníacas
que amenazan o se burlan del sujeto... La mayoría de las experiencias negativas
comienzan con una oleada de miedo y pánico o con una visión de criaturas
iracundas o temerosas ... [pero] suelen transformarse, en algún momento, en una
experiencia positiva en la que toda negatividad se desvanece y se alcanza la
primera etapa de la muerte, [la paz]".
En ese momento, sin otra
información que esa, cualquier persona con amplios conocimientos de psicología
profunda o de historia de religiones indígenas debería haber podido analizar lo
que ocurre con las experiencias cercanas a la muerte. Wayne Rollins, erudito en
psicología junguiana y en el Nuevo Testamento lo comprendió de inmediato: “Ya
sean (esas ECM) personificadas con garganta y mandíbulas abiertas, siendo devorado
o en el vacío, estas experiencias ... son señales de una invitación a la
verdadera madurez, la promesa de integración precipitada por la desesperación:
la 'integridad del yo' de Erikson”. (esta cita íntegra aparece en la discusión
sobre el lenguaje simbólico en el capítulo 13).
La prueba sería obvia para un
ciudadano común de cualquier cultura chamánica, ahora o en otros momentos de la
historia. Sin embargo, para la persona típica de hispanoamérica y del resto
americano, o la Europa de hoy, encontrar una forma razonable de entender las
aterradoras experiencias cercanas a la muerte informadas ha sido muy difícil.
Que tantas personas brillantes y cultas hayan tenido que luchar durante tanto
tiempo para comprenderlas debería contener nuestra arrogancia científica.
Ahora, tras décadas de estudio, podemos empezar a contextualizar esas
aterradoras experiencias, lo que ayudará a comprender su lugar y posible
propósito.
Ya sea que observemos a
nuestros hijos pequeños, o leamos los registros de sociedades tribales más
antiguas conocidas, podemos vislumbrar una respuesta. Tres temas aparecen una y
otra vez:
En primer lugar, niños y
personas jóvenes, en general, aceptan la realidad
psicológica de las presencias no físicas . Estas pueden percibirse como
espíritus de la naturaleza, compañeros de juego que solo ellos pueden ver,
monstruos ocultos o, simplemente, poderes
misteriosos. Independientemente de cómo se les llame, la presencia de
realidades no físicas es tan real en la experiencia del niño de hoy como ha
sido siempre para los pueblos chamánicos. Ese mundo, el experiencial pero no
físico, se toma con tanta seriedad como el mundo físico. Solo nuestra cultura
ciegamente materialista niega esta verdad.
En segundo lugar, algunas de
esas realidades serán percibidas como aterradoras.
En tercer lugar, el niño,
como la mayoría de las sociedades, desarrollará algún tipo de técnica, algún
ritual para reconocer e interactuar con esas realidades. Un ritual de
protección puede ser tan simple como colgarse un chupete por la noche, abrazar
un conejo de peluche o decir una palabra mágica, o tan complejo como una
ceremonia que dure una semana y que involucre a toda una comunidad.
Estos tres temas, que tratan
de lo no físico entendido como psicológicamente real, el reconocimiento de la
existencia de las aterradoras realidades no físicas y el desarrollo de
estrategias para lidiar con ellas, ofrecen una perspectiva para explorar las
angustiosas experiencias cercanas a la muerte.
Como postura cultural, el
Occidente tecnológico se siente cómodo con la realidad física, desdeña la idea
de la realidad no física y se muestra abiertamente hostil a cualquier presencia fuera de este contexto. Incluso en el reciente
furor por los ángeles era difícil no notar cierta timidez en el interés, un
sensacionalismo desenfrenado o hipersentimentalismo que sugería que, aunque los
ángeles pudieran estar de moda y sus acciones quizás demostrables, algo en
ellos no es del todo “normal” .
Esta es la postura cultural,
la sabiduría convencional de lo que "todo el mundo sabe". Repitiendo
parte de una cita de Charles Tart: "Cada uno de nosotros es
simultáneamente beneficiario de su herencia cultural y víctima y esclavo de la
estrechez de su cultura ... Como casi todas las personas en todas las culturas
y en todos los tiempos, creemos que nuestra cultura
local es la mejor y que otros pueblos son incivilizados o salvajes".
Nuestra inquietud cultural ante las experiencias no
físicas contribuye a la invisibilidad de las aterradoras ECM. Tendemos a
alinearnos con la sabiduría convencional, adoptando posturas sin reflexionar
realmente sobre ellas.
Para empezar, no nos
sorprende que las ECM se patologicen. A menudo es
útil recordar el origen de las palabras: en este caso, el prefijo “path” significa "enfermo, desordenado", que es
lo que la sabiduría convencional tiende a pensar de las experiencias no
físicas. Una y otra vez las primeras palabras de cualquier persona que ha
tenido una experiencia cercana a la muerte son: "Sé que van a pensar que
estoy loco, pero...", "Probablemente esto sea una locura,
pero...", "Mi historia puede parecer una locura, pero...". En
las enfáticas palabras de la carta de una joven de 29 años, ama de casa y madre
inglesa, se dice: “Por favor, comprenda antes de continuar que soy ama de casa normal y corriente, incluso un poco conservadora, pero
definitivamente no un bicho raro”.
La paradoja para muchas
personas tras una ECM es que saben lo que
experimentaron pero no pueden creerlo. Piensan que
su mente debe estar trastornada; que algo debe andar mal. "Todo el mundo
sabe" que experiencias como las ECM no pueden ocurrir. "Todo el mundo
sabe" que las personas no pueden tener sensaciones ni experiencias cuando
están inconscientes. "Todo el mundo sabe" que la consciencia está en el cuerpo, que no puede irse y vagar. "Es una
locura". En la corriente principal del pensamiento occidental, el mundo
físico es el único mundo real posible y, por lo
tanto, el único sensato.
Esta limitación de nuestro
sentido de la realidad, que se contrae únicamente a lo físico, se manifiesta
incluso en el uso más simple del lenguaje. Un niño insiste en que hay monstruos
debajo de la cama o en el armario. “No, no hay monstruos”, dice un padre
agotado. “Todo está en tu mente”. Es decir: no es real. Las implicaciones son
realmente asombrosas. La frase es absolutamente clara: algo que existe en tu
mente, es decir, cualquier cosa que se piense, se imagine o se sienta como
verdaderano tiene la misma validez que un objeto físico. Un monstruo físico
haría que un padre saliera corriendo por tanto, siendo el monstruo algo no
real, el miedo del niño es, simplemente, exasperante.
Como expresaron los
psiquiatras Stanislav Grof y Christina Grof : Las experiencias con deidades y
demonios, héroes y paisajes míticos, o regiones celestiales e infernales, no
tienen un lugar lógico en el mundo tal como lo entiende la ciencia occidental.
Por lo tanto, parece obvio sugerir, como hace la perspectiva médica, que deben
ser producto de algún proceso físico, desconocido, de enfermedad. La naturaleza
mística de muchas experiencias ... las sitúa ... automáticamente, en la
categoría de patología ya que la espiritualidad no se ve como una dimensión
legítima en el universo exclusivamente material de la ciencia tradicional”.
Una segunda forma de
desestimar las ECM es trivializándolas, minimizando su importancia como hacen
los argumentos reduccionistas. Cuanto más se pueda desestimar, automáticamente,
una experiencia que no encaje con mi visión del mundo, descartándola como
insignificante o absurda, menos posibilidades tendré de tomármela en serio. Se
vuelve simplemente trivial. La trivialización suele ir acompañada de una frase
como “No es más que...”, o, “Es solo...”. Se puede decir :¿Así que tuviste una
experiencia cercana a la muerte?, y la respuesta será; “No es más que” el
subproducto de una respuesta a la medicación, o la falta de oxígeno, un efecto
colateral de salir de la anestesia, o un arranque de actividad en el lóbulo
temporal del cerebro. “Es solo” un juego de alucinaciones, o un intento
ilusorio de la mente de dar importancia a imágenes aleatorias. La minimización
se induce con el latiguillo de: “Es solo”.
Los argumentos
reduccionistas, generalmente expresados en lenguaje clínico o científico,
parecen brindar la seguridad de la objetividad. En realidad dicen muy poco,
salvo sobre un posible proceso físico. Limitar nuestra comprensión de la
experiencia humana únicamente a las mediciones de laboratorio es como aceptar
el boletín informativo jocoso que informa sobre el valor de una persona en
función del precio de mercado de los componentes químicos de su cuerpo. Hace
tiempo se fijó en setenta y cinco
céntimos de euro.
Incluso si se identificara
una causa fisiológica de las ECM, ¿qué importaría? La identificación de un proceso biológico que pueda acompañar un suceso
probablemente no aporte información útil sobre los efectos
emocionales o psicológicos del mismo. Y son esos efectos con los que una
persona vive, día a día, después de una experiencia profunda. Escribiendo para
el Journal of Nervous
and Mental Disease, Bruce Greyson observó: “Independientemente de
las causas fisiológicasy el significado escatológico de la ECM, la experiencia,
su recuerdo y su relato son sucesos psicológicos profundos con precipitantes y
secuelas identificables y significativos”. En otras palabras, las etiquetas que
comienzan con “Es sólo”, pueden no tener utilidad en sentido no clínico y
práctico.
RELIGIÓN, ESPIRITUALIDAD, PSICOLOGÍA.
Al igual que Jano, vemos en
dos direcciones: psicológicamente en nuestro interior, y espiritualmente en lo
trascendente. Al estructurarse y organizarse, esto se convierte en religión.
Así como algunas sectas religiosas conservadoras se niegan a tomar la
psicología en serio, limitando su atención únicamente al espíritu y al dogma,
algunas personas seculares, creyendo que la espiritualidad es, en el mejor de
los casos cuestionable, limitan dogmáticamente sus preguntas únicamente a la
psicología. (Curiosamente, es ahí donde surge una nueva energía religiosa).
Para que quede claro, creo
que ambas posturas son como anteojeras y necesitan aclaración. Para la
siguiente discusión, aquí está mi breve definición de términos:
Psique:
todas las fuerzas del individuo que influyen en el pensamiento, el
comportamiento y su personalidad.
Psicología:
el estudio de la psique, que comprende cómo percibimos, entendemos y actuamos
en el mundo. Desde una perspectiva personal, implica comprender cómo y por qué
sentimos, pensamos, respondemos y nos comportamos como lo hacemos, tanto
interna como externamente, (socialmente).
Espiritualidad:
todo lo relacionado con una realidad última percibida o una dimensión
trascendente. Puede incluir el reconocimiento de una fuerza, poder, energía, espíritu,
Dios, que pueda considerarse divino. En el uso popular reciente, la palabra “espiritualidad”
suele contrastar con “religión” y se refiere a una práctica personal realizada
en reconocimiento de esa dimensión trascendente. La práctica puede ser ajena a
cualquier tradición religiosa o una mezcla de elementos seleccionados de
tradiciones. Existen muchos tipos de espiritualidad, como la privada o la
pública, la disciplinada o la no estructurada, la centrada en la naturaleza o
en declaraciones doctrinales, la reclusiva o la comunitaria.
Religión.
Las siguientes tres
definiciones (de trascendente, religión e ideología ) son del profesor de religión Leonard Swidler,
experto en diálogo entre sistemas de creencias, ahora retirado de la
Universidad de Temple:
“Lo
trascendente, como indica la raíz de la palabra, significa “lo que va más allá”
de lo cotidiano, lo ordinario, la experiencia superficial de la realidad. Puede
referirse a espíritus, dioses, un Dios personal, un Dios impersonal, el Vacío,
etc.
La
religión es una explicación del sentido último de la vida, basada en la noción
de lo trascendente y cómo vivir en consecuencia. La religión organizada
normalmente contiene las cuatro "C":
- Credo, aspecto cognitivo, creencias, todo lo que contribuye a la
"explicación" del sentido último de la vida.
- Código, enseñanzas sobre el comportamiento o la ética.
- Culto, actividades rituales que conectan al seguidor con lo
trascendente, y
- Comunidad: estructura, organización, relación entre los seguidores,
que puede ser desde igualitaria hasta monárquica.
Especialmente
en la época moderna, se han desarrollado "explicaciones del sentido último
de la vida y cómo vivir en consecuencia" que no se basan en la noción de
lo trascendente, por ejemplo, el marxismo ateo y humanismo secular. Si bien
estas "explicaciones" funcionan en todos los aspectos como las religiones
tradicionalmente han hecho en la vida humana, dado que omiten la idea de lo
trascendente es mejor darles un nombre aparte. El nombre que se usa a menudo es
ideología” .
Nota
del Traductor. No parece razonable atribuir al marxismo y al humanismo secular
falta de “transcendencia” pues, como entes ideológicos (que funcionan en la
práctica como auténticas religiones totalitarias), aquella se fija en notas que
van más allá de lo ordinario, como la hermandad, amistad, solidaridad o
felicidad sin fin ni límites, la plena realización del individuo, el exterminio
de necesidades que lo encadenen a realizar o pasar por tareas penosas no
elegidas, etc. En ese sentido el concepto “ideología” es perfectamente
predicable a todas las religiones, y el marxismo y el humanismo secular entran
en ese conjunto. Fin de la nota.
Como término, entonces, “religión” incluye tanto las tradiciones religiosas
formales como la espiritualidad en general, mientras que una
religión significa una de las asociaciones organizadas; ser religioso ha llegado a significar que una persona está
afiliada a una de esas tradiciones.
Vale la pena destacar que las
tradiciones religiosas perdurables del judaísmo, cristianismo, islam y budismo
no se originaron como invenciones deliberadas sino que crecieron a partir de
las experiencias y enseñanzas espirituales, profundamente transformadoras, de
cuatro individuos: Moisés, Jesús, Mahoma y Siddhartha Gautama, junto con los
escritos y tradiciones de sus seguidores, codificadas en una forma de vida y un
enfoque de lo trascendente.
En términos puramente
prácticos siempre existe una superposición entre la psicología y la religión- espiritualidad.
Lo que puede reconocerse como pecado o fallo espiritual en un contexto
religioso (digamos un ataque de celos, egoísmo, un robo, una infidelidad, una
mentira con consecuencias desafortunadas) también puede abordarse
psicológicamente en la consulta de un terapeuta para intentar comprender y
modificar la conducta. Experiencialmente, un encuentro con la trascendencia puede
describirse religiosa o psicológicamente. Una tendencia reciente en algunos
ámbitos es el enfoque psicológico de la religión,
del que se hablará más adelante.
Debido a que las
terminologías de psicología y teología difieren cuando describen experiencias arquetípicas
el pensamiento occidental ha llegado a tener la sensación de que la religión y
el vocabulario psicológico describen diferentes factores de la persona. Esta
división, que claramente surge de la parcelación entre ciencia y religión, ha
separado la experiencia religiosa como si no tuviera nada que ver con el
desarrollo humano normal. Lionel Corbett, quien defiende una influyente
perspectiva contemporánea sobre este tema, afirma: “No estamos acostumbrados a
la idea de que los elementos divinos sean importantes en la
formación de la estructura misma de la mente”. (Énfasis en el original.
La idea refleja el concepto del Génesis de que el aliento de Dios es inherente
a la constitución humana).
En la obra de Jung, la
palabra "Ser" (con "s" mayúscula) se refiere a todo el ser
no físico de una persona: la conciencia, el ego, el inconsciente personal, el
inconsciente colectivo; el conjunto completo que constituye el ser perceptual
de esa persona. Podría considerarse el daimon individual, el punto en el que quizás entramos en
contacto con la Divinidad. En ese sentido, Edinger hace la siguiente
observación:
“Existe
en el inconsciente un centro transpersonal de conciencia latente e
intencionalidad oscura. El descubrimiento de este centro, que Jung llamó el
Ser, es como el descubrimiento de una inteligencia extraterrestre. El hombre ya
no está solo en la psique y en el cosmos. Las vicisitudes de la vida adquieren
un significado nuevo y más amplio. Sueños, fantasías, enfermedades, accidentes
y coincidencias se convierten en mensajes potenciales de la Pareja invisible
con quien compartimos nuestra vida. Al principio, el encuentro con el Ser es,
sin duda, una derrota para el ego pero, con perseverancia, Deo volente, la luz nace de la oscuridad. Uno se encuentra con el
"Inmortal" que hiere y sana, que arroja, que baja y levanta, el que
empequeñece y engrandece, en una palabra, el que hace completo”.
Para algunos, esto se llamará
Dios, Cristo o Alá. Ppara otros, el Ser (junguiano). Algunos no sabrán cómo
llamarlo. En cualquier caso, es esa plenitud lo que buscamos.
Espíritu.
Las personas que experimentan
ECM angustiosas que implican una sensación de trascendencia con sentimientos de
asombro y terror podrían estar experimentando lo que el erudito alemán Rudolf
Otto denominó el “numinosum”, lo
Sagrado. Este encuentro puede interpretarse desde una tradición religiosa o
como una espiritualidad generalizada; ocurre en todas las tradiciones. No se
trata de la santidad apacible de “caminar en el jardín con Dios”, sino del terror sagrado original, “el temor de Dios”, tan
magistralmente captado por los escritores del Antiguo Testamento como una
sensación de asombro abrumador. Otto describe las formas y respuestas de estos
encuentros con lo sagrado abrumador en el encuentro que él llama el mysterium tremendum:
“Puede
estallar en una erupción repentina desde lo más profundo del alma con espasmos
y convulsiones, o provocar las más extrañas excitaciones, un frenesí
embriagador, el arrebato y el éxtasis. Tiene sus formas salvajes y demoníacas,
y puede hundirse en un horror casi espeluznante y estremecedor. Tiene sus
antecedentes crudos y bárbaros, y sus primeras manifestaciones, y de nuevo
puede desarrollarse en algo hermoso, puro y glorioso. Puede convertirse en la
humildad silenciosa, temblorosa y muda de la criatura en presencia de, ¿de quién
o de qué? En presencia de aquello que es un misterio inexpresable y por encima
de todas las criaturas”.
Psique.
En la cita anterior, Otto
describe la gama de sentimientos asociados con la experiencia espiritual
profunda. Desde la perspectiva psicológica, el psiquiatra Stanislav Grof
describe la gama de sentimientos que surgen de los encuentros que las personas
pueden tener con lo más profundo de su psique:
“La
investigación moderna ha aportado nuevas perspectivas inesperadas [que] las
personas pueden experimentar, todo un espectro de experiencias inusuales,
incluyendo secuencias de agonía y muerte, atravesar el infierno, enfrentarse al
juicio divino, renacer, alcanzar los reinos celestiales y confrontar recuerdos
de encarnaciones anteriores. Estos estados eran sorprendentemente similares a
los descritos en los textos escatológicos de culturas antiguas y
preindustriales. Los estudios de estados cercanos a la muerte ... demostraron
que las experiencias asociadas con situaciones que amenazan la vida guardan una
profunda similitud con las descripciones de los antiguos libros de los muertos,
así como con las relatadas por sujetos en sesiones psicodélicas y psicoterapia
experiencial moderna. Por lo tanto, ha quedado claro que los
antiguos textos escatológicos son, en realidad, mapas de los territorios
internos de la psique que se encuentran en estados profundos de conciencia no
ordinarios, incluyendo los asociados con la muerte biológica”.
Lo que Otto describe en
términos de espíritu Grof lo representa como
experiencias de la psique. Fenomenológicamente no
hay diferencia entre ellos: describen las mismas experiencias. Dos
vocabularios, un mismo universo. Las similitudes son evidentes. “La psique”,
dice Corbett, “es el medio esencial para la experiencia religiosa”.
Siendo la psique ese medio
esencial, nuestra psicología obviamente juega un papel en la espiritualidad, y
no solo en sus territorios más íntimos. Cualquier problema, asunto o punto
ciego que tengamos en la vida cotidiana afectará la forma en que abordamos,
comprendemos y respondemos a una experiencia cercana a la muerte (o cualquier
otra) que surja de esas fuentes más profundas. Los problemas no resueltos con
nuestra forma de pensar y sentir marcarán la salud de nuestra vida espiritual:
un resentimiento problemático hacia los padres, dificultad para mantener
relaciones, condiciones hostiles con vecinos y compañeros de trabajo,
adicciones (desde la ingestión de sustancias químicas hasta el dinero o el sexo),
trastornos alimenticios, baja autoestima o, por el contrario, narcisismo. Ese
es el trabajo de la psicología. Con o sin un suceso tan poderoso como una ECM
en nuestras vidas, no basta con pensar que la espiritualidad por sí sola lo
solucionará todo, aunque es tentador intentarlo. La editora Connie Zweig
ilustra una creencia contemporánea generalizada: “Había creído, con cierta
arrogancia espiritual, que una vida interior profunda y comprometida me
protegería del sufrimiento humano, que de alguna manera podría desinflar el
poder de la sombra con mis prácticas y creencias metafísicas. Había asumido, en
efecto, que esto se lograba como yo manejaba mi estado de ánimo y mi dieta, con
la disciplina del autocontrol... A menudo se hace creer a los buscadores que,
con el maestro o la práctica adecuados, pueden trascender a niveles superiores
de conciencia sin lidiar con sus vicios más insignificantes o sus desagradables
apegos emocionales”.
No funciona. No funciona en
ningún contexto de creencias. A menudo he dicho al público en mis charlas “Si
hay un undécimo mandamiento, es: 'Harás tu trabajo interior'“. Ahí es donde nos
convertimos en nuestra ayuda doméstica y
empezamos a limpiar lo que dejamos. La única manera de limpiar el suelo es
empezar a recoger el desorden y poner las cosas en su lugar. Con o sin ayuda
profesional. Ayuda, es imperativo averiguar cuáles son los problemas y las
preguntas y comenzar a trabajar para aclararlos.
Sabemos muy poco sobre cómo
las personas afrontan realmente una ECM angustiosa. Algunas recurren a la
negación o se refugian en una actitud defensiva a largo plazo, otras intentan
disimular sus problemas con una teología estricta. Muchas fracasan. La
depresión parece ser común. Si bien algunas personas logran una especie de
intersubjetividad compasiva, esto puede llevar décadas. En todo caso es
evidente que cualquier suceso espiritual profundo no puede comprenderse ni
integrarse adecuadamente si no se puede ver con claridad debido a todo el
bagaje personal que abarrota la mente.
Realizar el trabajo interior
no significa obsesionarse con él, lo cual también es perjudicial, sobre todo
cuando se intenta simultáneamente seguir un camino espiritual. David Spangler,
una de las voces más destacadas del movimiento de la Nueva Era, ha dicho al respecto:
“La psicologización de la espiritualidad conduce a dos fenómenos generales,
ambos interfiriendo con el movimiento hacia lo divino. El primero es desviar la
atención del mundo hacia los infinitos reinos de la psique”. Como limpiar el
polvo de una casa en un pueblo ventoso y desértico, el proceso de esta limpieza
es interminable pues siempre hay polvo nuevo: “Sanar nuestro ser interior es
importante, pero si eso se convierte en el objetivo de nuestro viaje espiritual
podemos encontrarnos en una búsqueda interminable, perpetuamente absortos en
nosotros, en detrimento de mis conexiones con la sociedad y el mundo del que
formamos parte”.
Toda la declaración de
Spangler es muy útil, aquí está el resto:
“El
otro extremo es ubicar la divinidad en el interior de uno mismo, de modo que si
profundizo o elevo lo suficiente en mi interior, encontraré a Dios. Desde esta
perspectiva cada uno crea su realidad ya
que ese poder creativo supremo que llamamos Dios es la naturaleza esencial de
la psique. Esta es una idea atractiva con cierta resonancia, desafortunada en
la predilección estadounidense por el individuo autosuficiente que se abre
camino, se cuida en todas las circunstancias, no muestra debilidad (a menudo
poca compasión) y espera que los demás hagan lo mismo. Horatio Alger se
convirtió en un mito tanto espiritual como económico. “Si cada uno crea su
realidad, entonces no tengo que preocuparme por los pobres, los desfavorecidos,
los oprimidos; después de todo ellos crean esa realidad para sí mismos y si no
les gusta, pueden cambiarla. Y si no la cambian, bueno, debe ser porque no lo
eligen”.
Huelga
decir que tal autodivinización es una receta para el egoísmo y el aislamiento
del mundo. Ignora la justicia social y se cierra al dolor real de los demás y a
cómo todos somos responsables de crear las condiciones que contribuyen a ese
dolor. Si bien ciertas enseñanzas de la Nueva Era pueden haberlo envuelto en un
halo espiritual ("Puedo encontrar mi divinidad, pero si tú no la
encuentras, ¡es tu problema!"...), encontramos la actitud subyacente,
rampante en la economía, la política y la religión modernas: "Estoy bien,
Jack, y si tú no, es tu culpa. Si no puedes ganarte la vida dignamente, ¡quizás
simplemente eres demasiado perezoso!".
He incluido la cita completa
de Spangler porque las actitudes que parodia serán muy reconocibles para
aquellos que hayan tenido una ECM angustiosa y se hayan visto marginados o
completamente excluidos por algunos de los "iluminados" en los
últimos años, debido a su experiencia. Los comentarios de Spangler sobre la
justicia social no son aislados. El autor y erudito religioso británico Paul
Heelas comentó: “Las personas que trabajaban en [una organización benéfica del
Reino Unido] no estaban dispuestas a apoyar a las organizaciones benéficas
etíopes. Se creía que hacerlo simplemente serviría para perpetuar los hábitos
de dependencia etíopes”.
En un tono popular, un
conocido columnista de consejos, Yoffe, recibió noticias de un lector que había
estado sufriendo desempleo intermitente, tuvo que mudarse dos veces, había
perdido a un hermano y le costaba mantener la cabeza en alto. He aqu su
columna:
Lector: Tengo una amiga que me preguntó si me sentía un poco
deprimida, y cuando lo admití (algo que es difícil para mí), básicamente dijo
que era mi culpa y que mi energía negativa estaba atrayendo sucesos
negativos... ¿Qué debería haber dicho?
Emily Yoffe: El libro titulado “El Secreto”,
y otras tonterías similares, sugieren que la gente abandona a los amigos con
problemas para no contagiarse de su negatividad. Así que podrías haber dicho
que entiendes que sus nuevas creencias implican que deben mantener las
distancias y que le deseas todo lo mejor.
Es claro que las visiones
espirituales contemporáneas sobre los límites (y vínculos) de la amistad son
tremendamente divergentes.
El desafío, al parecer,
radica en reconocer la validez tanto de la psicología como de la
espiritualidad. Ninguna de las dos tiene la última palabra. Más bien, como
afirma el teólogo Harold Ellens, “Quizás
sea mejor concebir la relación entre la psicología y la espiritualidad como un diálogo genuino. Ninguna debe subordinarse a la otra, ni
considerarse idénticas. En lugar de intentar una integración completa de ambas
sería más valioso prestar atención a sus puntos de
intersección, preguntándose cómo se informan y critican mutuamente”.
Esto se analizará con mayor detalle en el siguiente capítulo.
Resistencia del ego.
Donde la psicología
individualista occidental (sobre todo estadounidense) se encuentra con las
exigencias de la espiritualidad se produce una colisión significativa: Donald
Trump se encuentra con Gandhi; Rush Limbaugh con el Dalai Lama; cualquiera de
nosotros experimenta una experiencia cercana a la muerte o similar. La vida
vivida dentro del mito del yo se topa con la exigencia espiritual de rendición.
Nos horrorizamos. Y lo que es peor, no estamos preparados.
Un argumento fundamental en
la literatura espiritual y psicológica es que una experiencia aterradora
refleja la incapacidad del ego individual para ceder ante ella. Grof ha
señalado, respecto a la gama de experiencias descritas anteriormente: “Ahora se
comprende que estos son estados experienciales que ocurren con bastante
regularidad cuando uno se enfrenta a la muerte biológica. En lugar de
fragmentos de conocimiento inútiles los datos sobre los infiernos y los cielos
pueden resultar ser cartografías valiosos de extraños mundos experienciales a
los que cada uno de nosotros tendrá que entrar en algún momento en el futuro.
La evasión y la reticencia a la rendición se consideran dos peligros
importantes”.
Y sí, el ego se niega a
ceder; sucumbir contradice todo lo que sabemos de origen occidental. Otras
culturas, en otras épocas, así como las órdenes religiosas occidentales
contemplativas, han desarrollado formas de preparar a las personas para tales
exigencias y cómo responder a ellas. El relativamente conocido Bardo Thödol (Libro de
los Muertos) sirve como libro de texto de rituales sobre lo que los
budistas tibetanos pueden esperar al morir y cómo afrontar el proceso; el Libro de los Muertos
egipcio hizo lo mismo. De igual manera, el Ars Moriendi (Arte de Morir) cristiano, en la Europa del
siglo XV cumplía una función muy similar, sugiriendo que uno se encontraría con
demonios y ángeles y cómo alcanzar el cielo con éxito.
El propósito de cualquiera de
esos rituales era, en palabras de Grof (1980, 15), no permitir que el moribundo
usara la negación y muriera sin preparación [sino] permitir que el difunto
reconociera como oportunidades de liberación los estados con los que ya se
había familiarizado durante su práctica [espiritual].
Como hoy en día hay muy poco
en Occidente que pueda servir a este propósito no es de extrañar que cuando un
individuo común y corriente camina por un callejón sin salida en la vida, y cae
en el Vacío, solo haya desesperación. O que aquellos que tienen visiones de
demonios se sientan indefensos.
La dificultad es evidente.
Por un lado, tenemos toda una cultura dedicada a prácticas religiosas inútiles
o a la sacralidad de la identidad personal, donde todos desconocen las
prácticas espirituales relacionadas con la muerte y desconocen qué esperar de
tales experiencias. Las ECM aterradoras y experiencias similares son rechazadas
y desestimadas, lo que hace que sus "valiosas cartografías" sean
inaccesibles y poco respetadas.
Y, sin embargo, por otro
lado, en la literatura sobre experiencias cercanas a la muerte es común
encontrar la opinión de que algunas experiencias son aterradoras porque el
individuo "debería" haberse rendido. Esto supone no solo que la
persona lo sabe de antemano sino que la respuesta puede ser, de alguna manera,
tanto imaginada como voluntaria desde el interior de la experiencia. Este es un
dilema cultural. También ignora la posibilidad real de que, a veces, sea
aconsejable no dejarse llevar por la visión aterradora, no dejarse llevar por
ella sino buscar una alternativa.
Muerte del ego.
Un tema paralelo que recorre
gran parte de la literatura es la cuestión de lo que a menudo se denomina
(erróneamente) "muerte del ego". En el desarrollo humano normal, como
hemos visto, la transición va del narcisismo infantil y el ensimismamiento
hacia el desarrollo de una identidad del ego lo suficientemente sólida como
para sortear las exigencias y los desafíos de la vida, ampliándose finalmente hasta
descubrir que los límites de la vida se extienden mucho más allá de la identidad del ego. Desde esta perspectiva, el
objetivo es reconocer el ego y sus exigencias, y someterlos a observación y
control. Esto no es la muerte del ego, sino la maduración de nuestra
comprensión del mismo.
El peligro, me parece, en la
idea contemporánea de la "muerte del ego" como destino reside en la
tendencia a creer que tal logro otorgaría una superioridad moral, una especie
de ascenso espiritual. Cuando esta noción se combina con la convicción de que
tener una ECM transformadora significa llegar sin esfuerzo a la muerte del ego,
los resultados pueden ser socialmente devastadores e incluso, a veces,
hilarantes. Conviene recordar el legendario caso de la telegénica persona que
tuvo una experiencia cercana a la muerte y que, tras varias apariciones
importantes en televisión, anunció a un sorprendido miembro del personal de
IANDS que sus opiniones debían tener prioridad en cualquier discusión porque
"mi conciencia es superior a la tuya". Hasta ahí llegó la muerte del
ego.
Cerebro izquierdo/cerebro
derecho.
Basándose en una literatura
considerable sobre la lateralidad de la función cerebral (el hemisferio
izquierdo gobierna la cognición y las funciones organizativas y el derecho
gobierna la creatividad), ha surgido un mito popular que sugiere que ser de
cerebro izquierdo es ser rígidamente abstracto, lógico, autoritario, sujeto a
reglas y (por inferencia frecuente) probablemente serio, mientras que vivir en
el hemisferio derecho conduce a una vida iluminada de alegre creatividad,
serenidad y bienestar. Incluso he oído decir que si las personas con ECM
angustiosas hubieran vivido más en el hemisferio derecho sus experiencias
habrían sido felices en lugar de traumáticas. Es hora de reorganizarse.
En palabras del psiquiatra
Bruce Greyson, en un correo electrónico:
“No
conozco prueba de vínculo entre la lateralidad cerebral y la valencia emocional
[si las emociones son positivas o negativas]. En términos generales, el cerebro
izquierdo se asocia con el razonamiento lineal desapasionado (p. ej., el
lenguaje) y el derecho con el reconocimiento de patrones no lineales (p. ej.,
la música) y con los resultados sesgados al aplicar importancia emocional a las
decisiones del cerebro izquierdo. Entonces, el miedo y la repulsión se
asociarían con el cerebro derecho, al igual que el amor y la paz... Toda la
cuestión de la lateralidad está más en el aire ahora que hace unas décadas...
Con la creciente prueba del notable grado de plasticidad cerebral, ya no es
preciso decir que cualquier función cortical está inextricablemente ligada a
una parte particular de la corteza. Puede haber un área cortical que
generalmente maneja, digamos, el lenguaje hablado, pero si esa área está dañada
otras pueden con el tiempo aprender a asumir la función de la pieza dañada”.
En resumen, el hemisferio
derecho suele procesar todas las emociones, no solo
las placenteras. Nos conviene recordar que sin estructura (hemisferio
izquierdo), seríamos como un lío mental. Sin lenguaje (hemisferio izquierdo),
desharíamos el trabajo de nuestra condición humana. Sin discernimiento y
sentido común (hemisferio izquierdo), nos convertimos en presa fácil para
charlatanes y estafadores espirituales. Dos mitades forman un cerebro completo y
una persona completa.
Misticismo.
Probablemente sea evidente
ahora que una gran diferencia marca la distinción entre las tradiciones
orientales del hinduismo y el budismo y las religiones monoteístas occidentales
del judaísmo, el cristianismo e islam. La diferencia radica en que hinduismo y
budismo son, en esencia, místicos, mientras que las tradiciones occidentales
no. Walter Stace ha señalado que hinduismo y budismo “tienen sus raíces en el
misticismo, lo tienen en su núcleo y no serían lo que son sin él”.
El cristianismo tiene sus
místicos, por supuesto, al igual que el judaísmo y el islam; pero la búsqueda
de la experiencia mística no es tan fundamental como en las disciplinas
orientales. (Esto incluye al cristianismo ortodoxo oriental, que es más místico
que sus hermanos). El teólogo Richard Foster afirmó: “La meditación oriental es
un intento de vaciar la mente; la meditación cristiana es un intento de vaciar
la mente para llenarla. Ambas ideas son radicalmente diferentes”. Aunque su
referencia es específicamente cristiana, también se aplica a las demás
tradiciones occidentales.
Así pues, aunque las
tradiciones religiosas occidentales también han conocido el Vacío, este
conocimiento ha existido principalmente en comunidades aisladas como las
órdenes de clausura, no en el espacio abierto del púlpito y la educación
religiosa. A menudo sorprende a los cristianos que las órdenes religiosas
contemplativas hayan seguido durante muchos años una práctica meditativa que
propugnaba lo que Morton Kelsey denominó “comunión mental en un vacío sin
imágenes”. De hecho, el Vacío se une al Novio como una de las interpretaciones
comunes del encuentro místico.
¿Cómo describir lo Sagrado
desde un encuentro que se asemeja mucho a estar en una cámara de privación
sensorial? En uno de sus sermones, San Bernardo, en el siglo XII, dijo sobre
sus contactos con lo Absoluto:
“No es por los ojos que
entra, pues no tiene forma ni color que puedan discernir; ni por los oídos,
pues su llegada es silenciosa; ni por la nariz, pues no es con el aire, sino
con la mente con la que se funde. ¿Por qué vía, entonces, ha entrado? O quizás
no ha entrado en absoluto, ni ha venido de afuera; pues ninguna de estas cosas
pertenece al exterior. Sin embargo, no ha venido de mi interior”.
¿Qué debemos hacer con eso? ¿Qué debemos hacer con lo que Meister Eckhart llama
"el desierto quieto donde nadie está en casa"? ¿Qué debemos hacer con
una Realidad sin imágenes? Eso es lo que es el Vacío: no hay imágenes. Como el
blanco es presencia de todos los colores y el negro ausencia de ellos, el Vacío es ambos, y
transparente también. Hablar de ello es invariablemente un sinsentido porque no
se puede describir. Este Absoluto es Dios, pero no como el Dios se conoce en
las historias de la tradición occidental, y para una persona que se encuentra
con el Vacío sin saber que Dios no tiene rostro, así como muchos rostros,
entonces el Dios/Absoluto del Vacío puede sentirse como ningún Dios en
absoluto, como el abandono. Este no es el Creador de la Capilla Sixtina, gloriosamente
hecho a imagen del Hombre; no es el Creador del Génesis, caminando en un jardín
en el fresco de la tarde; no es el familiar anciano blanco con barba,
alternando entre papá Noel y el malo malísimo. Este es un encuentro con algo
desconocido para nosotros.
En el siglo VI Dionisio el
Areopagita lo llamó la “Divina Oscuridad” en la que se dice que habita Dios, (Tratado de los Nombres Divinos).
Seiscientos años después, el beato Juan Ruysbroeck, en su (Libro de la Verdad Suprema), luchando por desentrañar las imágenes
antropomórficas de su conocimiento del Absoluto dijo: “Abismo Divino”: “Y la
voluntad desnuda y elevada se transforma y se impregna de un amor abismal, como
el hierro es producto del fuego. Y la memoria desnuda y elevada se siente
envuelta y arraigada en una abismal Ausencia de Imagen. Y así, la imagen creada
se une por encima de la razón de una triple manera con su Imagen Eterna, que es
el origen de su ser y su vida; y este origen se preserva y se posee, esencial y
eternamente, mediante una simple visión en un vacío sin imágenes”.
Casi seiscientos años después
el gran Reb Menahem-Mendl, discípulo del sucesor del Baal Shem Tov, dijo: “Mi
misión en la tierra es reconocer el vacío dentro y fuera de mí, y llenarlo”.
No es la primera vez que
Evelyn Underhill viene al rescate cuando nos dice:
“¿Qué
quieren decir quienes usan esta imagen de lo 'oscuro'? Quieren decir esto: que
Dios, en su absoluta Realidad, es incognoscible, es oscuro para el intelecto humano, adaptado a
otros propósitos que los de la intuición divina. Cuando toda la personalidad
entra en contacto con esa Realidad entra en un plano de experiencia al que no
se aplican las categorías del intelecto. La razón se encuentra, en el sentido
más real, 'en la oscuridad', inmersa en la Nube del Desconocimiento. Quien
penetra en la 'nada' o el 'fondo del alma', penetra también en la 'Oscuridad':
una afirmación que parece bastante simple hasta que intentamos comprender su
significado”.
En
resumen, estamos solos y lo entenderemos lo mejor que podamos.
11. EL ENTORNO CULTURAL:
UNA NUEVA ERA AXIAL
Es demasiado difícil,
demasiado confuso. ¿Cómo puedo darle sentido a esta experiencia, cómo a mi vida,
cómo a nada? He aquí una verdad que debemos tener
presente: tienes todo el derecho a sentirte desconcertado. Todos
estamos desconcertados. El mundo es realmente
caótico, como solo ha ocurrido dos veces antes en toda la historia de la
humanidad. Al mismo tiempo que incorporamos a nuestra comprensión los atributos
culturales de Oriente y Occidente que acabamos de describir, 3000 años de
cultura occidental se están reestructurando a nuestro alrededor a un ritmo más
rápido de lo que podemos comprender. Al intentar dar sentido a nuestra época y
a nuestras vidas, y mucho menos a nuestras ECM, estamos armando nuestro
rompecabezas sobre un fondo inamovible.
El primer cambio radical de
este tipo se produjo hace quizás 10.000 años cuando la transformación de las
culturas nómadas de cazadores-recolectores dio lugar a la agricultura y la vida
en las ciudades. Escuchamos ecos de esa agitación en las historias del Edén,
Caín y Abel: el conflicto de valores entre el cazador y el labrador. Nada
volvería a ser igual.
Pasarían unos 9.000 años
antes de que se produjera otro cambio de esa magnitud. Y entonces,
aproximadamente entre los años 800 y 200 antes de Cristo, algo fundamental
ocurrió en el pensamiento, e incluso en la naturaleza misma de las personas de
todo el mundo. La humanidad descubrió la moralidad. Culturas a miles de
kilómetros de distancia desarrollaron una versión de la Regla de Oro y sentaron
las bases de una comprensión filosófica, jurídica y espiritual que subyace a
todo lo que conocemos, incluso hoy. El filósofo alemán Karl Jaspers, quien
acuñó el término “Era Axial”, dijo sobre este período: “En la Era Axial
surgieron ideas fundamentales por doquier ... Acontecimientos extraordinarios
se agolpan en este período”.
Las grandes tradiciones
religiosas surgieron en esa época. En China surgieron Confucio y Lao Tzu, y los
fundamentos de la filosofía china. En la India, Buda, los Upanishads y todas
las variantes del pensamiento filosófico. En Palestina fue la era de los
profetas hebreos, que impulsaron el auge de la conciencia social y un intenso
sentido de la justicia. Grecia produjo a Homero, Sócrates, Platón, Aristóteles,
Arquímedes, Alejandro Magno, y desarrolló los primeros Juegos Olímpicos (el
primer reconocimiento público de lo que entonces era la globalización). Fue la
era de los grandes imperios: el persa, el macedonio, el tracio y el romano,
cuyas aventuras pusieron en contacto a las culturas locales creando difusión de
ideas y costumbres y difuminación de las fronteras tribales y étnicas, con las
consiguientes convulsiones económicas. Debemos reconocer este patrón.
En palabras del historiador
John Plott, desde el Mediterráneo hasta India y China, prácticamente se
abordaron casi simultáneamente los mismos problemas: la naturaleza del mundo,
el alma y Dios; la distinción entre materia y mente y/o espíritu ... y el
establecimiento de reglas de conducta.
Ese mismo tipo de agitación
nos acompaña hoy, a mayor escala, pero con los mismos elementos: ideas
sorprendentemente nuevas, cambios radicales en la religión, globalización, una
mezcla de culturas y trastornos económicos. Lo que cambia es el ritmo. Nosotros
también hemos pasado, de forma conmovedora pero irrevocable, de un mundo de
cosmovisiones coherentes pero insulares a uno que traspasa nuestras fronteras
emocionales y conceptuales, perturbando nuestras formas de pensar y vivir, en
el que nos vemos abrumados por multiplicidad de pueblos y sistemas de
creencias, y una sensación de que nada nos ofrece seguridad.
Entrevistada para la revista EnlightenNext,
Karen Armstrong, autora de Una historia de Dios, dijo:
“Hoy
nos encontramos en medio de una segunda Era Axial y atravesamos un período de
transición similar al de la primera. Sus raíces se remontan a los siglos XVI y
XVII cuando los pueblos de Europa Occidental comenzaron a desarrollar un tipo
de sociedad diferente. Desde entonces, la civilización occidental ha transformado
el mundo. Los cambios económicos de los últimos cuatrocientos años han venido
acompañados de inmensas revoluciones sociales, políticas e intelectuales, con
el desarrollo de un concepto científico y racional completamente diferente de
la naturaleza de la verdad. Pero a pesar del culto a la racionalidad, la
historia moderna se ha visto marcada por cazas de brujas y guerras mundiales,
que han sido explosiones de sinrazón”.
Leonard Swidler (2008) ha
dicho sobre las guerras del siglo XX: "esas vastas conflagraciones
mundiales fueron, de hecho, manifestaciones del lado oscuro del avance [del]
desarrollo moderno de la cristiandad convertida en civilización occidental,
ahora en civilización global. Nunca antes había habido guerras mundiales, nunca
antes organizaciones políticas mundiales (la Sociedad de Naciones, las Naciones
Unidas). Nunca antes la humanidad tuvo la posibilidad real de destruir toda la
vida humana, ya sea mediante catástrofe nuclear o ecológica. Sin embargo, estas
realidades/potencialidades negativas únicas fueron posibles solo gracias a los
logros correspondientemente únicos de la cristiandad occidental global". Una
civilización como nunca antes se ha visto en el mundo.
Ewert Cousins, reconocido
pionero del diálogo interreligioso, también comentó sobre el precio de una
conciencia más amplia. Observó que, si bien la primera Era Axial trajo consigo
el sentido de identidad individual “como algo distinto de la tribu y de la
naturaleza ... también trajo consigo pérdida. Las personas axiales poseían
su identidad, es cierto, pero habían
perdido su relación orgánica con la naturaleza y la comunidad. Ahora corrían el
riesgo de alienarse de la matriz del ser y la vida”. Y ahí es precisamente
donde nos encontramos, luchando por recuperar una matriz del ser y la vida.
Como se analizó en el
Capítulo 1, la pérdida de la cosmología ptolemaica, tan sólida, ha sido tan
traumática culturalmente que está tardando siglos en asimilarse. Si bien los
aspectos tecnológicos de los descubrimientos científicos pueden tolerarse, sus
implicaciones filosóficas son más difíciles y tardan más en aceptarse. (¡Piensese
en el furor aparentemente interminable en torno a la evolución de las especies!).
Por aquí llegan los fundamentalismos.
Además, impulsada por las
guerras, necesidades económicas y avances tecnológicos en los viajes, se está
produciendo de nuevo una gran migración de personas: pueblos que hace una
generación eran monoculturales, con una sola religión, quizás con un solo
restaurante, ahora hablan un mismo idioma y trabajan para la misma empresa, y se
encuentran con media docena de religiones presentes, restaurantes indios, mejicanos,
chinos, japoneses e italianos a la vuelta de la esquina, al mismo tiempo que
internet les bombea cada vez más información nueva. Empleos que antes eran
seguros se han externalizado a lugares desconocidos. La homogeneidad ha
desaparecido: el distrito escolar donde crecieron mis hijos ahora cuenta con
familias que hablan idiomas diferentes. (Courant) Ante las dislocaciones
resultantes de un cambio tan radical, oleadas crecientes de personas han
sucumbido a una ira que alimenta levantamientos políticos y sociales, con
ataques verbales y físicos contra los recién llegados y cualquiera que
represente la diferencia. Puede que no reconozcan el origen de su ira pero
desde una distancia desapasionada es inconfundible. Y aún así el cambio
continúa y el ritmo se acelera.
Esto significa que, en
términos humanos, la cultura occidental que hemos conocido en nuestras
identidades locales como, por ejemplo, escanciar sidra, tomar rebujito o
simplemente “nuestra forma de hacer las cosas” ha perdido su coherencia.
(Aunque cabe destacar que la “coherencia” no garantiza la “paz”).
Por ejemplo, del texto de
este libro se desprende claramente que mi experiencia vital está arraigada en
las historias judeocristianas de la Creación, el Edén, Caín y Abel, la Pascua y
el Dios amoroso; es la base de mi lenguaje y alusiones, las conexiones
simbólicas que establezco y las referencias que supongo que los lectores comprenderán.
Este poso proporciona el contexto de mi vida consciente, incluyendo su vínculo
emocional con mi tatarabuelo, quien tradujo la Biblia al galés por primera vez.
Al mismo tiempo, en esta Segunda Era Axial en desarrollo, ahora soy consciente
de que, para algunos lectores, mi lenguaje y mi contexto probablemente resulten
alienantes. Aunque no conozco otra forma de expresarme, soy consciente de la
necesidad constante de escribir para que secularistas, budistas, hindúes,
musulmanes, wiccanos, “cristianos en recuperación” y quién sabe cuántos otros,
también puedan identificarse con el texto. ¡Es complicado! Y para muchos, es una
devastadora pérdida de seguridad.
Fue una gran sorpresa
reconocerlo la primera vez que escuché a Jean Houston decir que somos la
"gente del paréntesis", que vivimos entre dos grandes narrativas.
Nosotros, en las Américas y en Europa, nos encontramos entre el tiempo en el que
respirábamos la historia judeocristiana con todas sus suposiciones
precopernicanas y newtonianas, y el tiempo de una nueva historia radical sea
cual sea lo que está por venir. Así que ahora aquí estamos, medio mundo de
personas sin un mito cultural central que las moldee, a la deriva en una
tormenta de sistemas de creencias, buscando un hogar. Tantas historias personales,
pero ninguna historia compartida. ¡No es de extrañar que nos encontremos
confundidos! En esa ausencia vamos como solitarios, sin formar parte ya de una común
identidad comunitaria con significado. Es algo nuevo e ineludible, este
individualismo radical dentro del globalismo que tiene el potencial de poner de
rodillas al mundo social y económico tal como lo conocemos. Jung dijo que
pensaba que encontrar un nuevo mito podría llevar 600 años. Doscientos más o
menos para empezar.
¿PERO QUÉ PASA CON LA RELIGIÓN?
¿Qué lugar ocupa la religión
en la comprensión de las experiencias cercanas a la muerte? ¿Acaso encaja en
una época de ateísmo entusiasta y rebelión contra la religión organizada? La
mayoría de las experiencias cercanas a la muerte transmiten mensajes
fundamentales de la tradición judeocristiana en particular, el amor por lo
sagrado y por el prójimo, y el servicio a los necesitados, pero no se describen
necesariamente con el lenguaje que dichas tradiciones esperan. ¿Son, esas
experiencias, religiosas?
Términos.
La historiadora de la
religión Ann Taves ha observado que cuando las personas usan los adjetivos “religioso”,
“místico”, “mágico”, “supersticioso”, “espiritual”, “ideológico” o “secular”
para referirse a una experiencia de este tipo, es la creencia preexistente del
hablante, más que la experiencia en sí, la que determina qué palabra se
elegirá.
Esta sofisticación
lingüística ilustra a la perfección cómo una comprensión postmoderna crea un
dilema al intentar determinar el significado de nuestras experiencias ya que,
para un postmodernista, todas las afirmaciones remiten el significado al
hablante, en lugar de a un sistema cultural estable y fundacional de verdades
compartidas. Esto es exactamente lo que significa estar "entre
historias". En cualquier caso, una ECM podría categorizarse e
interpretarse como cualquiera de estos términos. Sin embargo, ya sea religiosa,
mística, mágica, supersticiosa, espiritual, ideológica o secular, se trata de
la misma experiencia individual. La vida no es necesariamente más clara en una
Era Axial.
¿Es una experiencia cercana a
la muerte una experiencia religiosa? Ciertamente, algunos la han encontrado
profundamente religiosa. Para el hombre que con entusiasmo intenta decirle a su
familia y enfermeras que acaba de estar con Jesús, o la mujer feliz de haber
sido recibida por San Judas, o el niño de cuatro años cuya historia de ver a
Jesús en el cielo crea un mega éxito editoiral, no hay duda: este es un suceso
saturado de significado tal como se percibe en un contexto religioso
específico. Tanto para el hombre que creyó ver las puertas del infierno, para
cualquier paciente que despierta aterrorizado, como para el ahora evangelizador
autor del libro 23
Minutos en el Infierno, estas fueron experiencias espantosamente reales
y escalofriantes con una explicación religiosa. Inversamente, existen poderosas
implicaciones religiosas para las personas que percibieron activamente a Dios
como ausente, como la mujer que dijo: "Dios no estaba allí. Eso es lo que
me asustó".
La religión es una
explicación del sentido último de la vida basada en una noción de lo
trascendente y cómo vivir en consecuencia, (dice Leonard Swidler). Alguien me contó
una vez que el propósito de la religión es trazar ese nivel de realidad en el
que la ciencia física se vuelve ineficaz. Cualquier experiencia que trate con
el más allá podría considerarse una experiencia religiosa.
Sin duda, las experiencias
visionarias, ya sean ECM o similares, son la base de todas las tradiciones
religiosas perdurables. Cada una de estas tradiciones tiene su origen en un
solo individuo con una o más experiencias impactantes: Moisés, Confucio, Lao
Tsé, Siddhartha Gautama, Jesús. Dotados espiritualmente y con gran carisma,
fueron maestros y líderes en torno a los cuales se reunía la gente. Con el
tiempo y las experiencias compartidas, sus enseñanzas se aceptaron como un
camino moral y espiritual, y cuando el número de seguidores aumentó lo
suficiente, como ocurre con cualquier grupo, se formó una organización, se
desarrolló un conjunto de escritos y, con el tiempo, se codificaron las
enseñanzas y la práctica.
Contrariamente a gran parte
de la opinión secular es muy improbable que la religión se
originara en un deseo político de control o manipulación con atributos
espirituales implícitos. En todas las tradiciones perdurables la religión ha
surgido de la experiencia transformadora y la consiguiente misión de compartir
un conjunto abrumador de verdades percibidas. La asunción del control llega
mucho más tarde, con el crecimiento y el potencial de poder, no antes.
Nota del Traductor. En el libro Por qué no soy musulmán, Ibn Warraq cita
a Bertrand Rusell quien dijo, en este ámbito del control político como origen
de la religión lo siguiente: “El
bolchevismo combina las características de la Revolución francesa con las del
nacimiento del islamismo. Marx ha enseñado que el comunismo está fatalmente predestinado
a acaecer; esto produce un estado mental no muy diferente del de los primeros
seguidores de Mahoma. Con respecto a las religiones, el bolchevismo está emparentado
con el islamismo, más que con el cristianismo y el budismo. El cristianismo y
el budismo son básicamente religiones personales, con doctrinas místicas y amor
por la contemplación. El islamismo y el bolchevismo son prácticos, sociales, carentes
de espiritualidad, preocupados por conquistar este mundo”. Más sobre el
islám y su realidad totalitaria en este enlace
(https://vev-lbl.blogspot.com/2025/03/abandonando-el-islam-los-apostatas.html).
Fin de la nota.
Lucha dominante: decadencia, adaptación, reinterpretación.
El sociólogo francés de la
religión Yves Lambert, quien considera los siglos de modernidad como una nueva
Era Axial, señala que “la modernidad parece tener cuatro tipos principales de
efectos religiosos: decadencia, adaptación y reinterpretación, reacción
conservadora e innovación. Produce secularización, así como nuevas formas
religiosas, en particular: mundanidad, desjerarquización de lo humano y lo
divino, autoespiritualidad, paracientificidad, pluralismo, en medio de la
movilidad.
Todas estas son tendencias
que han estado girando a lo largo del período en el que se empezaron a conocer
las experiencias cercanas a la muerte.
Secularización y decadencia.
No es solo la experiencia
humana la que puede trivializarse con el pensamiento reduccionista. Dios
también lo ha pasado mal durante casi 300 años. A medida que el desarrollo del
método científico hizo posible la alta tecnología las revelaciones de causas
naturales minaron el concepto occidental de Dios como respuesta a todas las
preguntas. ¿No dijo el Génesis que los humanos tenían dominio sobre la Tierra?
Con la industrialización, realmente podríamos
tenerlo, y con cada nueva tecnica los humanos avanzaron más rápido, cavaron más
profundo, produjeron más, tomaron mayor control. Solo Dios podía crear un árbol
cuando Joyce Kilmer escribió su poema, pero el cultivo de tejidos permite a un
botánico producir uno en un invernadero y, de paso, modificar su estructura
genética. (Nota del Traductor: esta afirmación es mendaz puesto que el
científico no crea de la nada, como se supone que hace Dios, ya que se limita a
usar lo preexistente creado o a modificarlo. No hay creación ex novo. Fin de la nota).
Gota tras gota, con cada
descubrimiento el papel que se le había asignado a lo sagrado en la cultura
occidental se erosionaba ligeramente. Como parecía que el dominio de Dios se
reducía a medida que aumentaban los logros humanos, el mundo material se
convirtió en el centro de atención hasta que, con el tiempo, se convirtió para
muchos en la única realidad. La ciencia se convirtió en el dios.
En tan solo unas pocas
generaciones la población occidental educada se entrenó para convertirse en una
sociedad de mentalidad literal, para pensar en términos de hechos, pruebas,
autenticación y objetividad. El pensamiento materialista descartó los cuentos
de hadas por irrealistas y descartó los sueños por carecer esencialmente de
importancia en el mundo "real". Despreció las mitologías religiosas
como meros intentos primitivos de explicar el mundo natural y se mostró
condescendiente con la intensa experiencia espiritual explicándola como el
exceso sin sentido de un cerebro desordenado. Rara vez se le ocurrió a alguien,
en la comunidad materialista, no entendíer esto.
A estas alturas, incluso las
personas más devotamente religiosas están tan saturadas por valores y expectativas
del materialismo que esas notas se han extendido a la comprensión de lo que es
y trata la religión. Si los hechos, la prueba, la autenticación y la
objetividad son cosas buenas en la ciencia, ¿no deberían serlo también en todas
las áreas de preocupación humana? Y así, la religión también se movió poco a
poco de sus preocupaciones naturales hacia una expectativa de que ella también
produciría hechos, prueba, autenticación, una visión objetiva, aunque estas son
precisamente las cualidades que la experiencia espiritual no puede
proporcionar. No puede proporcionarlas porque por su naturaleza, la experiencia espiritual
no mira directamente hacia adelante, sino por el rabillo del ojo. Trata con el
símbolo, la sugestión y una visión subjetiva; en
resumen, con el Misterio.
Nos enfrentamos a la actual
epidemia de absoluta ignorancia sobre la vida espiritual, ya sea por ateísmo
militante o por doctrina religiosa rígidamente intelectualizada. Cualquier
persona que haya tenido una experiencia cercana a la muerte y haya buscado a
alguien con quien hablar, alguien que realmente comprenda lo que ocurre con las
ECM, lo sabe.
Las personas que han tenido
experiencias similares han contado muchas historias tristes de haber acudido a
un profesional en busca de ayuda para comprender su ECM solo para encontrarse
atrapados en el modelo médico, patologizados con una etiqueta diagnóstica y la
ECM descartada por carecer de sentido. Laing, psiquiatra escocés a veces
radical, ha llamado a esto "el ciego guiando al tuerto"). Las
personas también han contado haber sido rechazadas por su religioso de
confianza ya que en una sociedad secular se pierde o se descarta gran parte de
la conciencia del proceso espiritual profundo, distorsionada incluso dentro de
las propia institución religiosa. La doctrina rígida produce un tipo de
malentendido aún diferente. El problema es, por supuesto, que no todos los
profesionales ni todas las congregaciones religiosas están a la altura de la
tarea. De hecho, muchos no están preparados para afrontar una experiencia
espiritual emergente que no sigue las reglas ni el dogma.
No es raro descubrir que las
implicaciones religiosas de las ECM se ven resaltadas por lo inesperado de la
experiencia, que puede ser cualquier cosa: un suceso
extracorpóreo, un encuentro con presencias, un mensaje, etc. Esta desconexión
puede ser traumática, ya sea que entra en conflicto con las enseñanzas
religiosas de la persona o no se parezca en algo a ellas. El desafío es
compartido tanto por el clero como por quienes las experimentan, y para el religioso
y su organización puede ser una amenaza toda su carrera profesional. Para lo
que parece ser el único análisis publicado sobre el "silencio
ensordecedor" en torno al clero y las ECM, véase Mark Fox, Religión, Espiritualidad y
la Experiencia Cercana a la Muerte (2002).
Muchas personas que han
experimentado la ECM han observado a menudo, con consternación por su
institución religiosa, que el mensaje de su ECM fue mucho más abierto,
universalizador e inclusivo que lo que enseña su tradición religiosa. ¿Qué es
cierto, esta experiencia abrumadora "más real que la realidad", o el
dogma de turno? En este caso, el peso de la verdad suele recaer en la
experiencia sentida más que en la tradición, lo que lleva a un período a veces
prolongado de intensa duda, lucha espiritual, culpa y miedo, quizás un
alejamiento de la fe anterior. Cuanto más rígido sea el trasfondo doctrinal,
más difícil será este período, especialmente para quienes deben aceptar la idea
de que las ECM son un engaño satánico que las aleja de la fe ortodoxa. Hay personas
que se alejan de una religión intensamente dogmática, y en una comunidad de
creencias más abiertas es común mencionar el mensaje universalizador como la
razón para el cambio; pero el cambio, aunque liberador, es difícil.
Para la mayoría de las
instituciones religiosas la experiencia espiritual individual ha sido
históricamente difícil de abordar; la revelación privada rara vez concuerda
perfectamente con las enseñanzas establecidas, y un coro de solistas, por así
decirlo, destruye la armonía congregacional. Además, el clero actual, con
formación tradicional, probablemente disponga de pocos recursos para abordar
pastoralmente los problemas que plantea una experiencia cercana a la muerte, o
similar, y la pasión que probablemente inspire. Puede que crean que quien la
experimenta se está inventando una buena historia para llamar la atención; o
puede que desaprueben la idea misma de la revelación espiritual individual;
puede que simplemente no sepan cómo hablar de una irrupción espiritual tan
directa; es casi seguro que no tienen alternativas a la coherencia doctrinal.
Además, como la mayoría de los profesionales, muy pocos clérigos sabrán
reconocer o gestionar una emergencia espiritual en toda regla; muchos nunca han
oído hablar de algo así. (Nota del traductor: Por no citar el comprensible
miedo a la pérdida de autoridad del clérigo o religioso que implica que alguien
que tenga una experiencia de ese tipo pueda poner en duda el trabajo mundano
del clérigo y su pandilla. Fin de la nota).
Durante la década de 1980 una
parroquia congregacional de 230 años de antigüedad, en Nueva Inglaterra, (la
liberal Iglesia Unida de Cristo), se dedicó activamente a alimentar a los
hambrientos, albergar a personas sin hogar y rechazar la opresión. Fieles a la
pasión de su denominación, sus miembros trabajaron por el amor a Dios, la
justicia en el mundo y la compasión en su parroquia; el misticismo nunca ha
sido un punto fuerte de esta denominación, cuyos precursores incluyen a los
pragmáticos Peregrinos. Sin embargo, como describe el autor Gary Dorsey, sus
pastores estaban profundamente perplejos ante el aumento de los informes de
sucesos místicos en la congregación, y esto se relata.
“Los
feligreses afirmaban tener visiones. Gritaban a los fantasmas, experimentaban
experiencias privadas, conversiones y descubrieron la iluminación a través de
los sueños. Cada vez más, a medida que [los ministros] hacían sus rondas,
escuchaban historias asombrosas y se quedaban en blanco. ¿Qué dices cuando una
mujer insiste en haber visto a su difunto esposo deambulando silenciosamente
por la sala de estar por la noche? ('No te preocupes', le dijo Van, [el pastor
principal], '¡Rudolph nunca tuvo mucho que decir!') ¿O alguien afirma que murió
y volvió a la vida? A veces, Van quería reír a carcajadas. Pero estas no eran
visiones de lunáticos. Eran adultos serios, sofisticados, con estudios
universitarios, títulos de posgrado e hijos adultos; abuelos mayores,
tradicionales y arraigados, con pensiones y planes de viaje siempre presentes;
hombres y mujeres profesionales, solteros y divorciados, con horarios
imposibles. Escuchaba a personas de todo tipo. A veces, pensaba, parecía como
si todos estuvieran emergiendo de trescientos años de soledad, pero aún no
sabía qué significaba ni cómo reaccionar exactamente”.
Los feligreses de esa iglesia
fueron excepcionalmente afortunados, porque su iglesia agregó a su personal un
director espiritual a tiempo parcial, una persona con experiencia y formación
especial que pocos seminarios han ofrecido hasta hace muy poco.
Incluso cuando el clero y las
congregaciones a nivel local son inadecuados para las necesidades de quienes
experimentan, las principales tradiciones, en sus amplias estructuras de
narrativa, símbolo, liturgia y proceso, aún representan redes bien equilibradas
de comentarios sobre las realidades espirituales y técnicas para vivir con
seguridad con ellas. Los recursos están ahí para ser recuperados. Stanislav
Grof y Christina Grof lo expresaron así: “Diversas disciplinas espiritualesy
las tradiciones místicas ... representan
ricos depósitos de conocimiento valioso respecto a estos dominios más profundos
de la mente. Se sabe desde hace siglos que pueden ocurrir muchos episodios
dramáticos y difíciles durante la práctica espiritual y que el camino hacia la
iluminación puede ser áspero y tormentoso”.
El psiquiatra Gerald G. May
tiene la última palabra: “Por árida que parezca la teología en nuestro mundo
moderno, centrado en la experiencia, sigue siendo una de las mejores protecciones
humanas contra las distorsiones espirituales. Resulta un tanto irónico que, a
medida que nuestra cultura indaga en los ámbitos de la experiencia espiritual
como reacción contra la teología demasiado árida, cada vez necesitemos más de
esa teología para mantener la cordura en nuestras exploraciones”.
Tomando en serio estas ideas,
resulta aún más inquietante que haya habido tan pocos comentarios públicos,
aparte de las advertencias fundamentalistas sobre el engaño, sobre cómo
interpretar las experiencias cercanas a la muerte desde una perspectiva
cristiana, judía o islámica. Ante la ausencia de liderazgo en su tradición,
quienes desean saber sobre las ECM desde una perspectiva religiosa se han
encontrado prácticamente solos.
En esta ausencia teológica
surgió el movimiento de la Nueva Era, que acogió las ECM con mayor entusiasmo
que el que han mostrado las religiones tradicionales. Para muchos
investigadores de trasfondo religioso, la comunidad metafísica y sus librerías,
talleres, reuniones mensuales y publicaciones se han convertido en la fuente de información y opinión.
Adaptación y reinterpretación.
La búsqueda estadounidense.
Un impulso recurrente y
embriagador a lo largo de la historia estadounidense ha sido su perpetua
efervescencia de creencias religiosas y prácticas espirituales. Algo en el
agua, el aire y la enorme extensión del continente parece haber sugerido llenar
todo ese espacio abierto con nuevas ideas, visiones, religiones y sistemas de
creencias, incorporando doctrinas antiguas y los últimos avances científicos,
junto con visiones privadas y, sí, alguna que otra teoría disparatada. La
nación ha florecido con el trascendentalismo, el shakerismo, el espiritismo, la
Ciencia Cristiana, la teosofía, la comunidad oneida, los huteritas, el
pentecostalismo, el mormonismo, el adventismo del séptimo día, los testigos de
Jehová, el eckankar, la cienciología y más cosas. Entre las incorporaciones más
recientes se incluyen el neocalvinismo, el movimiento emergente y un
florecimiento del ateísmo. Según el índice de sectas y religiones de la Watchman's Fellowship, en 2001 se
reconocieron en Estados Unidos más de 1200 religiones y sistemas de creencias.
Junto a ellos, por supuesto, se ha producido una profundización del
materialismo del pensamiento popular.
En una conferencia en Zúrich
en 1931, Carl Jung, el gran psiquiatra y teórico, presentó una ponencia de
perspicacia asombrosa sobre "El problema espiritual del hombre
moderno". Tras casi cuatro siglos de profundización del materialismo y la
desaparición o total extinción de los principales símbolos religiosos y
filosóficos de Occidente, afirmó que las energías de la psique habían comenzado
a decir "¡basta!"; a reclamar su propio poder. En su conferencia se
refirió a una creciente ola de interés por las religiones orientales, la
teosofía, lo esotérico, la parapsicología y una reconsideración de los papeles
de la materia, lo femenino, la psique y lo divino.
Habló cincuenta años antes de
la neutralización de género de los himnos congregacionales y los libros de
texto escolares, cuarenta antes de Greenpeace y Gaia. Sin embargo, Jung
reconoció una agitación en las profundidades del inconsciente colectivo.
Desafortunadamente, fueron Wotan y los dioses guerreros y héroes de la
mitología nórdica los que se alzarían primero y conquistarían Alemania y el
mundo bajo el Tercer Reich de Hitler. Un mito más benigno tendría que esperar.
La última Nueva Era.
Lo que Jung predijo se
retrasó. Entre las décadas de 1960 y 1980 el movimiento de la Nueva Era marcó
el inicio de una conciencia cultural emergente respecto a que, nos guste o no,
vivimos en una época de profunda e ineludible transformación cultural.
Fue un volcán generacional,
una convulsión sociopolítica y socioespiritual (que muchos de sus mayores
consideraban sociópata) que protestaba enérgica y ruidosamente contra una
guerra impopular, creando caos político y conmoción moral. Desafió la autoridad
de todo tipo, escupió en la cara del conformismo paterno y, en general, causó
estragos en las expectativas sociales. Fue una tormenta perfecta política,
psicológica y espiritual, una ola de hambre por una sensación de conexión con
el misterio y el significado, una fiebre por rehacer el mundo que dividió las
lealtades de la nación y despertó a los espíritus de los neoplatónicos de su
largo letargo. Para el conservador religioso, los cambios radicales percibidos
como un asombroso "declive de valores", prepararían el escenario para
la fuerte reacción que marca el comienzo del siglo XX.
A pesar de la alarma
conservadora, el aspecto espiritual del movimiento de la Nueva Era se manifestó
en una explosión de interés, o al menos una explosión de fragmentos de
interésen Jesús, las creencias de los indios norteamericanos, el hinduismo, el
budismo, el sufismo, la cábala, el gnosticismo, los guías espirituales, el
panteísmo, la teosofía, la wicca, el neopaganismo, la Diosa, el chamanismo, los
lugares sagrados, la divinización humana, la divinización humana evolutiva,
algo de espiritualismo y metafísica, sin mencionar las energías vibracionales,
los cristales, la aromaterapia, la percusión, los masajes, la comunicación con
las ballenas y muchos trabajos manuales artesanos. El movimiento rebosaba de lo
que PMH Atwater ha descrito como “estados de conciencia, fenómenos psíquicos,
relaciones sexuales y de pareja abiertas, sustancias psicoactivas y la
aceptación superficial de cualquier cosa que parezca basarse en la libertad de
fluir con lo que uno siente bueno o bien”, además de la oleada de libros y
talleres sobre lo que podríamos llamar “espiritualidad genérica”. Durante gran
parte del mismo período llegaron todos los “libros con 'luz' en el título”, la
literatura sobre experiencias cercanas a la muerte.
Junto con las tradiciones
religiosas y filosóficas orientales, que parecían refrescantemente exóticas
para cristianos y judíos a menudo alejados de la comunidad de la Nueva Era (se
ha oído muy poco del Islam), mucho de lo que apareció a la vista provino de la
antigua tradición hermética que ha corrido como un río subterráneo a través del
pensamiento occidental durante más de dos mil años.
Nicholas Goodrick-Clarke,
director del Centro para el Estudio del Esoterismo de la Universidad de Exeter,
en Gran Bretaña, describe la tradición como “basada en un pensamiento religioso
cuyas raíces se remontan a la antigüedad y que podría describirse como
tradición esotérica occidental. Sus principales componentes se han identificado
como el gnosticismo, los tratados herméticos sobre alquimia y magia, el
neoplatonismo y la Cábala, todos originados en el Mediterráneo oriental durante
los primeros siglos después de Cristo”. (Los magos, astrólogos que llevaron
ofrendas al niño Jesús, provenían de la tradición esotérica del zoroastrismo).
Como muchos aventureros
espirituales modernos, el propio apóstol Pablo (1 Corintios 12) se regocijó en
los efectos que pueden sobrevenir a quienes han sido transformados
espiritualmente: sabiduría, conocimiento, la capacidad de sanar, obrar
milagros, discernir espíritus, hablar en diversas lenguas, interpretar el
hablar en lenguas y profetizar. Dentro del amparo y la estructura de una
tradición religiosa, estos serán observados y probados como genuinos o
ilusorios. En contraste, tanto en los grupos recién cristianizados a los que
Pablo escribió como en el movimiento de la Nueva Era, la ingenuidad religiosa y
el gran entusiasmo pudieron proporcionar pocas salvaguardias o pruebas de
discernimiento.
Olvidemos los detalles por
ahora. El movimiento de la Nueva Era fue fértil. En política, ética y
espiritualidad, aportó perspectivas positivas, enriquecedoras y optimistas que
buscaban la afirmación en lugar del juicio condenatorio, y que fomentaban la
exploración en lugar de la mera observancia de leyes y mandatos autoritarios.
Además, de maneras que las tradiciones abrahámicas no pudieron o no quisieron,
la teosofía y sus filosofías afines adoptaron una perspectiva no exclusivista
que complementó el renovado interés por la tradición oriental: una idea
atractiva para los jóvenes que cantaban “Somos el mundo”.
En tercer lugar, ya sea en la
teosofía misma, en la Unidad o la Ciencia de la Mente, o en la tradición
neoplatónica y hermética que tanta influencia ejerció en el cristianismo y el
judaísmo medievales, aquí se encontraba un Dios amoroso con poca semejanza con
el iracundo Jehová de la tradición austera. Esta antigua visión de Dios era la
de un Uno omniabarcante, el Todo, la antigua Fuente creadora. Y así surgieron
tanto el Movimiento de Jesús como la resonancia con la Fuerza de la icónica Guerra de las Galaxias, sin ninguna intención irrespetuosa.
Y en cuarto lugar, en los
sistemas de creencias que convergían en la nueva generación, no existía el
panteísmo, el culto a la naturaleza, sino la convicción de que Dios permea toda
la creación, que Dios está en todo y que todos están en Dios. Esto significa
que, en cierta medida, cada persona está directamente conectada no solo con
todas las demás y con el universo mismo, sino también con ese Uno, ese Todo y
es, en cierta medida, divina. (Esto es claramente problemático cuando ese “en
cierta medida” se confunde con el ego).
David Spangler resume el
deseo:
“La
espiritualidad [que se busca] no reside en discernir un camino particular hacia
lo divino, sino en preguntarse: ¿Cuál es la naturaleza de un Dios ecológico en
contraste con un Dios catedralicio? Es decir, ¿qué clase de dios, diosa o
sacralidad puede abarcar y abrazar a un cristiano, un budista, un científico,
un psicólogo, un judío, un musulmán, un neopagano, un místico, un ser humano,
un árbol, un río, una montaña, un planeta? ¿Qué clase de Dios vive en las
conexiones entre las cosas y en la totalidad de la vida, en lugar de al final
de un camino religioso particular? ... Esto puede parecer "nuevo"
para muchos, pero de hecho este aspecto también está presente en los mejores
caminos espirituales de nuestra historia, particularmente en las tradiciones
místicas de nuestras grandes religiones”.
Las personas que
experimentaron una ECM y lograron conectar con esa tradición mística tendieron
a permanecer en su fe de origen. Otras siguieron adelante. Para quienes luchan
por reconciliar una antigua estructura de creencias con una nueva que se les ha
impuesto, el conflicto puede ser trascendental. Puede ser útil saber que su
lucha forma parte de una larga historia. Eugene Taylor, autor de Shadow Culture: Psychology
and Spirituality in America, ha captado con claridad y consuelo la
distinción entre la cultura dominante y la alternativa, (la cultura de la
sombra):
“En
una visión más amplia, si bien la definición judeocristiana, grecorromana,
europea occidental y angloamericana de la realidad continúa dominando la
civilización occidental, a lo largo de su historia Occidente también ha ...
fomentado una cultura en la sombra que es claramente visionaria en su carácter.
Más allá de la ley religiosa de los fariseos judíos, florecieron los esenios
místicos. Junto a la lógica de Aristóteles estaba la analogía de la caverna de
Platón. Junto al cristianismo primitivo estaban el gnosticismo y el
neoplatonismo. Detrás del Talmud estaba la Cábala. Como contrapunto a la religión
de los mulás estaba el sufismo. A la sombra del catolicismo y la Reforma
protestante estaban los rosacruces y los masones. Junto a la astronomía estaba
la astrología; junto a la química estaba la alquimia; y junto a las matemáticas
estaba la numerología... A diferencia de la cultura dominante, que ha sido
exterior, racional, reduccionista, dominada por los sentidos e impulsada por la
letra de la ley, esta tradición de realidad alternativa ha sido interior,
contemplativa, ascética y mística, creyéndose la verdadera aristocracia del
espíritu del que se derivaba la letra de la ley”.
La marca distintiva del
período de la Nueva Era, como se ha señalado a menudo, puede ser la elevación
del autodescubrimiento como la búsqueda suprema. En parte, esto coincidió
perfectamente con el mito estadounidense del individualismo, mencionado
anteriormente, la sensación de un yo con derecho ahora elevado a la divinidad. El
papel de la psicología también ha influido, dada su influencia en la cultura en
general, especialmente con el desarrollo del movimiento del Potencial Humano y su fomento de nuevas
posibilidades. Estas son precisamente las características hacia las que el
cristianismo evangélico dirige sus ataques más hostiles, pues perciben
correctamente que son la raíz de tantos cambios y alejamientos de la estructura
social y religiosa tradicional.
Por mucho que parezca que la
tradición de todo tipo está perdiendo fuerza, Taylor observa que el movimiento
contracultural que acabamos de describir ha sido “un fenómeno profundamente
caucásico. Las culturas asiáticas ya están imbuidas de visiones alternativas de
la realidad trascendente; los hispanos albergan una profunda espiritualidad
nativa tras los símbolos del cristianismo tradicional; los afroamericanos
tienen una tradición religiosa étnica que se ha mantenido intacta y han creado
iglesias típicamente estadounidenses; los indios antaño bajo la influencia
hispana y hoy norteamericana ya tienen una visión integrada del mundo físico y
espiritual. No les sorprende que autores blancos de la lista de los más
vendidos del New York Times proclamen que, de hecho,
existe un mundo espiritual”.
PARTE III
BAILANDO MÁS ALLÁ DE LA OSCURIDAD
12. ESTRECHANDO EL ENFOQUE.
¡Todo este contexto!
Conocemos algunos hechos, conocemos algo de historia, pero aún no sabemos cómo
hablar de experiencias desgarradoras como algo más que el infierno o el
abandono. Mi intención en esta sección es cambiar el enfoque por un momento,
pasar de una comprensión estrictamente centrada en la muerte de las ECM a
considerar su importancia en el aquí y ahora.
EL PROBLEMA DEL ENFOQUE.
Dos cuestiones han tendido a
nublar la perspectiva a través de la cual observamos las experiencias cercanas
a la muerte: la felicidad y la muerte.
La atención a las
experiencias ECM se ha centrado predominantemente en la dicha: en sentimientos
extáticos, escenas hermosas, encuentros amorosos y una espiritualidad abrumadora.
Cuando se habla de ECM generalmente se centran en tres aspectos de la dicha:
- la dichosa asociación de
la ECM con la muerte, en la que cada historia tiene un final feliz y la
muerte misma esencialmente desaparece.
- la dichosa convicción de
que quienes experimentan regresan como seres espiritualmente evolucionados
que abrazan el mundo con amor incondicional, pierden interés en las
ganancias materiales y sólo desean aprender y servir a los demás;
- Los dichosos informes de
que quienes han tenido una ECM regresan de ella con dones repentinos para
la curación, talentos psíquicos, sensibilidad eléctrica que puede
controlar las farolas de la calle, u otros efectos que incluyen un rumor
(no probado) de mayor coeficiente intelectual.
En este enfoque
exclusivamente placentero, que PMH Atwater fue la primera en llamar "el
mito de la ECM", cada ECM es radiante y cada historia tiene un final
feliz. Estos han sido los titulares, los temas que fascinan a los programas de
entrevistas. Sin embargo, aunque este deseo de buenas noticias es completamente
comprensible, distorsiona el panorama general.
Esto nos lleva a varios
dilemas. Por un lado, las expectativas son exageradas porque muy pocos
presentadores de programas de entrevistas han preguntado si esos cambios no son
difíciles de manejar, y pocos han comentado sobre la depresión, la confusión y
el aislamiento social que suelen acompañar incluso a la ECM más feliz.
En términos más generales, si
uno asume el mito de que la ECM es una verdadera experiencia que equivale a una
muerte verdadera, que toda muerte es muerte feliz y que todos los efectos son
felices entonces, a pesar del patrón y los elementos compartidos, o bien una
experiencia angustiosa no puede ser una ECM o las noticias sobre experiencias
cercanas a la muerte han sido distorsionadas y parciales, y solo algunas personas tienen un final feliz. Esto no es lo que se
quiere oír. La conversación se detiene aquí.
Tengamos en cuenta que el
término "experiencia cercana a la muerte" fue acuñado por Raymond
Moody porque los relatos que recopiló para su libro trascendental provenían de
personas que habían estado muy cerca de la muerte física, resucitadas de la
muerte clínica o que realmente habían muerto después de contar su experiencia a
alguien. Además del "dilema de la felicidad" debemos lidiar con el
"dilema de la muerte".El problema es que las ECM a menudo se
consideran solo puertas al más allá. Este énfasis implica confrontar las
inevitables concepciones del cielo y el infierno que pueden interpretarse como
una respuesta teológica o como un par de suposiciones culturales arraigadas pero
que, en cualquier caso, enturbian las aguas y conducen a los juicios ya
mencionados sobre defectos caracterológicos en algunos pacientes, por no
mencionar la inflación del ego en otros, además de todas las ansiedades sobre
el infierno que han marcado los últimos dos mil años. Y debido a estas distracciones,
aún no se ha examinado minuciosamente la experiencia cercana a la muerte
placentera como algo más que una puerta al cielo, no se presta atención alguna
a las experiencias angustiosas y no se ofrece ayuda a quienes se ven obligados
a lidiar con ellas.
En este punto, el campo está
demasiado abarrotado para pensar con claridad.
Estas distracciones han
alejado incluso a quienes se dedican a los estudios sobre experiencias cercanas
a la muerte de la exploración de la experiencia en sí.
La ECM se ha descrito interminablemente, pero rara
vez se ha examinado. El resultado es una especie de
monotonía, una literalidad, la suposición de que la experiencia consiste
únicamente en “lugares celestiales a los que ir y personas que ver”, como si su
significado principal fueran sus paisajes y encuentros, y posiblemente su
potencial evolutivo.
LO QUE DIJO MI AMIGO.
Esto me había preocupado
durante mucho tiempo así que pregunté a un amigo con don espiritual y psíquico,
también con experiencia cercana a la muerte: "¿Cómo podemos lograr que la
gente piense en las ECM angustiosas cuando lo único que quieren oír son las
historias radiantes sobre el más allá?".
Su respuesta fue contundente:
"¡Una ECM no se trata del otro lado! ¡Se trata
del aquí! Se trata de profundizar y explorar nuestro
interior hasta comprender".
Recordé una pregunta
planteada por el filósofo Mishka Jambor: ¿Qué clase de seres somos, que podemos
sentir de una manera tan profunda que el sentimiento por sí
solo constituye el cielo y el infierno?
Y eso me llevó a pensar: ¿qué
más hay en una ECM que la superficie literal, lo que puede significar no sobre
la muerte ni sobre morir o la otra vida, sino sobre el presente? Me encontré
reflexionando profundamente sobre la idea de que “podemos sentir de una manera
tan profunda que la simple sensación crea el cielo y el
infierno”.
¿Qué tienen estas
experiencias para que, por diseño, permanezcan tan
duraderas y vívidas en la vida de una persona? Existe prueba en la literatura
sobre la conciencia de que la memoria y la intensidad emocional están
estrechamente ligadas, y que la conciencia se basa en la emoción más que en
procesos de nivel superior como el lenguaje. Siendo así, queda claro que la
intensidad emocional de la ECM garantiza su estabilidad en la memoria a lo
largo de toda la vida. Al igual que las bendiciones del Deuteronomio,
independientemente de lo que estos dones indiquen en última instancia, deben
conservarse y vivirse primero en este mundo.
¿De qué trata la experiencia?
¿Qué propósito tiene? ¿Debe conservarse en la memoria y la vida de quien la
experimenta? Si estas experiencias son importantes aquí y ahora, mientras
podemos trabajar con ellas en la vida, ¿qué pasa entonces?
En ese sentido, esta sección
deja de lado las preguntas habituales sobre los fenómenos relacionados con la
muerte. Se centrará únicamente en la experiencia cercana a la muerte en sí, es
decir, sus temas e imágenes, y las emociones que despiertan en las personas que
la experimentan. En palabras del filósofo y erudito junguiano Michael Grosso: “En
lugar de intentar averiguar si es una ilusión, un mecanismo de defensa o un
fantasma conjurado por algún mecanismo cerebral entremos en el mítico viaje
cercano a la muerte y veamos a dónde nos lleva”.
DESEMBALAJE DE LA EXPERIENCIA.
La Conmoción.
El psicoterapeuta Alex
Lukeman, que ha tenido experiencias cercanas a la muerte y especializado en
ayudar a clientes a lidiar con pesadillas, ha dicho de sucesos como las ECM que
son "el encuentro del ego con la dinámica inconsciente y trascendente
subyacente de lo [Sagrado], y la destrucción acompañada de patrones
tradicionales y habituales de percepción y comprensión, incluidas las
estructuras de creencias religiosas y conceptos socialmente aceptados sobre
naturaleza de la existencia y comportamiento humanos".
Reléelo. Habla de la destrucción de toda comprensión de la realidad. El
impacto de esa destrucción es fundamental en las experiencias cercanas a la
muerte y similares. El psicoterapeuta junguiano John Ryan Haule lo describe
como una respuesta común a la experiencia extracorporal:
“Nunca
comprenderemos la naturaleza de los viajes extracorporales hasta que captemos
el poder emocional de esa conmoción. Ver ese cuerpo es saber que no soy yo. Tal
conocimiento trastoca todo lo que he sabido sobre mí desde la más tierna
infancia hasta ahora. Todos damos por sentado que somos la persona que
recordamos y percibimos... [sin embargo] estar fuera del cuerpo y saber que mi
visión es real, es exponerme a lo impensable. El mundo no puede ser como lo he
construido; es inimaginablemente diferente. Constituye la muerte de todo lo que
he llegado a conocer y de lo que dependo. No soy quien creía ser y el mundo no
es como lo construí. He entrado en un reino que es Totalmente Otro, y no tengo
la menor idea de qué es ni cómo desenvolverme en él. He perdido todas las
certezas. Nada es confiable. Cualquier cosa puede suceder. Soy una mota
impotente que vuela a su antojo en un éter infinito... No sé cómo ser un alma”.
Es como si de repente
viéramos un desgarro en el tejido del universo. Haule describe el suceso de un
viaje de pesca a su lago favorito e idílico en Nueva Inglaterra. Durante días
de clima cálido y cielo azul él y su hijo habían pescado en las aguas
cristalinas del querido lago observando a los peces en las profundidades, viendo
el familiar juego de luces y sombras en los juncos y hierbas bajo el agua. A
finales de la semana, Haule enganchó una lubina grande que inició una larga
pelea y finalmente desapareció en un parche de algas con el sedal tenso detrás
de ella. Nada se movía y Haule se enojó pensando que había malinterpretado lo
que tenía en el sedal pues, tal vez, el anzuelo se había enganchado en una roca
o enredado en los juncos. Tiró con más fuerza y, de repente, desde las
profundidades insospechadas bajo la hierba, un róbalo enfurecido surgió de un
inframundo oculto lanzándose hacia el bote como criatura demoníaca, destrozando
así la percepción de Haule sobre las proporciones y la tranquilidad del lago, revelándole
un reino subacuático, salvaje y más profundo, lleno de "demonios y
canibalismo". Aquí estaba, en un mundo antes secreto, que existía bajo el
tranquilo fondo del lago que creía conocer tan bien. La realidad se desgarró
ante sus ojos y el encuentro lo conmovió profundamente.
Una ECM, o experiencia
psíquica, cuando disloca abruptamente destroza nuestro sentido de la realidad
física hace lo mismo con nuestra sensación
de seguridad. Igual ocurre con muchas experiencias de abducción por ovnis e
iniciaciones chamánicas, como se describe en el capítulo 6. Que los sucesos
sean, o no, literal, física o
materialmente reales es irrelevante pues son experiencias
reales, profundamente reales en el sentido imaginario,
una revelación repentina e impactante de verdades previamente desconocidas
sobre el mundo que creíamos conocer. Comparten las características descritas
por Joseph Campbell de cosas entendidas “como metafísicamente
arraigadas en un reino mitológico onírico más allá del espacio y el tiempo que,
al ser físicamente invisible, solo puede ser conocido por la mente”.
Deberíamos memorizarlo: cosas que, por ser físicamente invisibles, sólo pueden ser
conocidas por la mente.
Haule, el pescador del lago,
dice de estos sucesos:
“Mientras
podamos evitar el terrible mundo encantado que existe bajo nuestro lago
cotidiano, sin duda lo haremos pues la prueba es inconfundible. Cuando rezuman
o se filtran por las grietas los primeros representantes del cosmos mayor
parecen abusivos, humillantes, incluso satánicos. Nuestro terror los
esquematiza como Arcontes, "pequeños grises" y demonios. Mientras el
espíritu del agua no sea más que una lubina de boca chica, todo está en su
lugar. Pero cuanto más aceptamos la posibilidad de que ese ser plateado que se
abre paso entre las algas marinas bajo nosotros bien podría ser más que un pez, cualquier cosa puede suceder. El mundo de
repente carece de reglas fiables. No sabemos dónde estamos parados”.
Uno se queda con una certeza
absoluta: ¡Hay más (de lo que parece)! Cualquiera que sea el precipitante, o la
explicación teoría, y sea o no que la ECM tenga que ver con la supervivencia
después de la muerte, esta destrucción de la
comprensión de la realidad es vital y profundamente significativa.
La experiencia recordada
permanece incrustada. Un aspecto vívido del funcionamiento cotidiano de esta vida, en el aquí y ahora, debe abordarse en esos
términos y la cuestión pragmática es la de si se abordará bien o mal y eso
depende, en gran medida, de la información y los recursos disponibles. La
información está disponible, aunque no sin esfuerzo,
ya que debe extraerse de otras disciplinas como se extraen los trilobites
fósiles de la roca que los contiene. Es una tarea de proporciones míticas.
Comenzamos con un análisis detallado de los elementos de una ECM perturbadora.
Los Elementos.
Los componentes básicos de
las experiencias cercanas a la muerte han sido corroborados por prácticamente
todos los investigadores desde Moody: Ring, Sabom, Greyson, Gallup y otros. Con
solo porcentajes que varían entre estudios, estos son los elementos
intercambiables de ese patrón que las hace reconocibles como experiencias
cercanas a la muerte: suceso extracorporal, movimiento en la oscuridad,
respuesta emocional intensa, inefabilidad, cualidad noética, presencia o
ausencia de luz, encuentros con entidades, transitoriedad, etc.
Como se menciona en el
capítulo 5 fue Margot Grey, en su estudio de 1985, quien observó por primera
vez que las ECM aterradoras incluyen los mismos elementos básicos que las
experiencias felices pero con diferentes detalles y emociones. Mientras Ring y
otros detallaban las experiencias felices ella señalaba las características
distintivas de las perturbadoras:
“...
un sentimiento de miedo extremo o pánico, angustia emocional y mental, que se
extiende a estados de máxima desesperación, una gran sensación de desolación al
borde de un pozo, al borde de un abismo, siendo engañados hasta la muerte y
[necesitando] mantener la cordura para evitar que esto suceda.
La
experiencia infernal incluye todos [esos] elementos, a menudo una sensación
definida de ser arrastrado por alguna fuerza maligna, visiones de criaturas
iracundas o demoníacas.[o] seres o figuras invisibles que a menudo no tienen
rostro o están encapuchados., intensamente fríos o insoportablemente calientes,
sonidos que se asemejan al lamento de 'almas' atormentadas, un ruido temible”.
Para profundizar en estas ECM
no basta con observar sus características externas. ¿Qué es, específicamente,
lo que las hace tan profundamente perturbadoras? Aquí es donde el análisis de
estas ECM se convierte en algo más que una simple descripción.
Sonidos.
Como se menciona en el
Capítulo 2 sobre experiencias infernales, las ECM angustiosas a menudo
presentan sonidos extraños o estremecedores (gemidos, lamentos, zumbidos,
chillidos): “El ruido era aterrador, con gruñidos y estruendos como de animales
salvajes enloquecidos, rechinando los dientes”. (Gray).
Un sonido repentino, afirma
un artículo del Instituto Franklin titulado Ruido
y tesión, es una llamada de atención urgente que alerta y activa la
respuesta a la tensión: una alarma biológica que afecta al cerebro de forma
poderosa. Dado que el ruido fuerte suele anunciar malas noticias, los animales (y
el humano también lo es) han desarrollado una respuesta rápida a los estresantes
auditivos.
Desde el principio, entonces,
una ECM perturbadora puede implicar el tipo de sonido que biológicamente
garantiza que sugiere una crisis, incluso en un estado inconsciente.
Olores.
Así como el sonido puede
generar una respuesta emocional instantánea también lo hace el sentido del olfato.
David B. Givens, del Centro de Estudios No Verbales, afirma: “El sentido del
olfato evolucionó como sistema de alerta temprana para detectar alimento,
pareja y peligros (por ejemplo, depredadores) a distancia. El cerebro toma muy
en serio las señales aromáticas. Se han producido pocos cambios en los
receptores olfativos desde la época de los peces sin mandíbula (hace unos 500
millones de años), lo que convierte al olfato en un sentido conservador,
atractivo y confiable. Más que cualquier otro sentido, el olfato evoca fuertes
tendencias emocionales a acercarse o evitar”.
Como era de esperar, se suele
decir que las ECM placenteras huelen a flores mientras que las menos
placenteras incluyen olores desagradables, a veces pútridos. Howard Storm
menciona olor a pollo podrido.
Movimiento.
La mayoría de las ECM
incluyen una clara sensación de movimiento lo que sugiere que, al igual que los
viajes apocalípticos de la época medieval se trata de viajes: uno "va a
algún lugar". Cuando ese movimiento se percibe hacia abajo puede
desencadenar el miedo instintivo a caer, como la sacudida repentina de un bebé
que se siente inseguro de su estabilidad.
Curiosamente, la palabra emoción deriva de e- (fuera) + movere
(mover), por lo que “moverse afuera” implica pasar de un estado a otro,
como de la calma a la agitación o la perturbación. Brent Dean Robbins, de la
Universidad de Duquesne, ha observado que “las emociones se caracterizan por
diversos movimientos potenciales de alejamiento o acercamiento a un otro o
entidad, real o implícito”. En otras palabras, la respuesta instintiva a una
situación emocional es extenderse hacia ella. No sorprende, en consecuencia,
que se mencionen "retrocesos" o “retiradas” en relatos de ECM
angustiosas.
Las imágenes.
¿Cuáles son las imágenes que
componen las angustias en una ECM? ¿Son exclusivas de las ellas o pueden
encontrarse en otros contextos? ¿Qué podrían significar, o son simplemente
imágenes arbitrarias sin sentido, como expresó una vez el blog, ahora
desaparecido, de un esquizofrénico que decía: “sufrir ante lo incomprensible”?
La primera generación de
estudios profesionales sobre experiencias cercanas a la muerte se centró
principal (y necesariamente) en informes descriptivos de esas experiencias.
Como resultado, con poco trabajo comparativo en marcha, en gran parte de la
literatura se ha percibido una sensación de singularidad en las experiencias,
como si fueran una isla flotante en sí mismas, con pocos o ningún anclaje en el
lecho más amplio de otros estudios o testimonios sociales. Con pocas
excepciones (me viene a la mente el sociólogo Allan Kellehear, el filósofo
Michael Grosso y la erudita religiosa Carol Zaleski, es como si las esas experiencias
fueran un descubrimiento al estilo de Colón con su nuevo mundo, algo más allá
de cualquier otra cosa en la conciencia humana. Se ha realizado poca
"arqueología" de las imágenes reportadas en las ECM.
Imágenes teóricas.
Lo que llamo “imágenes teóricas” se refiere a aquellas que surgen de la
imaginación de personas que, en estados ordinarios de vigilia, tando desde la
antigüedad y época medieval a la modernidad, pensaban en
cómo sería el infierno (o el cielo) en lugar de experimentarlo.
Estas son las imágenes que pueblan la literatura y el cine, todo tipo de arte y
sacro e iconografía, lo que un estudioso de la Cábala (Green) llama “fantasías
sagradas”. Al ser públicas, ampliamente difundidas, son lo que esperamos ver en
el infierno.
La iconografía hindú ofrece
un auténtico festival de imágenes infernales que se remontan a miles de años:
demonios imaginativamente detallados y horribles, duendes, monstruos,
espectros, lagos de fuego, pozos, animales devoradores, a menudo involucrados
en tormentos, crueldad, malevolencia y violencia.
Tales imágenes no están de
ninguna manera solo relacionadas con la muerte. La conferencia de 1997 de la Asociación de Estudios Asiáticos incluyó
dos presentaciones pertinentes aquí. De la Universidad de Alabama, la
historiadora Haruko Wakabayashi señaló que las imágenes de demonios e infiernos
se encuentran en gran abundancia en el Japón medieval, no solo como producto de
la imaginación de las personas sino como reflejos de sus visiones del mundo
real. Por ejemplo, una descripción del infierno y los tipos de personas que
caen en él puede leerse como una crítica social. Los demonios en los dramas Noh pueden interpretarse como una expresión de la locura
que yace oculta en la naturaleza humana. Los demonios en la literatura y las
pinturas en pergaminos, retratados en trajes de estilo chino, revelan las
percepciones del "otro" y el crecimiento del nacionalismo en el Japón
medieval. La noción de "otros" como demonios creó la imagen demoníaca
del enemigo durante la Segunda Guerra Mundial (en ambos bandos).
El profesor Soho K. Machida,
de la Universidad de Hiroshima, observó que en la forma dramática japonesa más
antigua que se conserva, las estilizadas obras Noh, (una
máscara, que aparece solo en tres obras Noh),
representa la intensa ira, vergüenza o celos de su portador. Es el rostro más
aterrador y demoníaco, con cuernos y colmillos. Sin embargo, su nombre, la
máscara han'nya, deriva de la palabra sánscrita que
significa la sabiduría que se requiere para alcanzar la Budeidad. ¿Por qué se
aplicaría un término tan positivo como "sabiduría" a la más demoníaca
de las máscaras Noh? Machida sugiere que la naturaleza de la salvación en esas
obras Noh revela que la cordura
y la locura, la salvación y la desesperación, están inextricablemente
entrelazadas y pueden expresarse en la misma expresión facial. Aquí hay un
corolario a la idea de la sabiduría y el poder que residen en las emociones
oscuras.
La incorporación de opuestos,
como en la máscara han'nya, ha encontrado eco en el
pensamiento occidental en el concepto, actualmente pasado de moda, de lo daimoníaco como fuerza operativa. En la ira, la locura y lo demoníaco se rastrearía la génesis psicológica
de la violencia, el mal y la creatividad. El psicoterapeuta Stephen Diamond
dedica un capítulo a la discusión de los daimones o
demonios. En su concepción original, los daimones
eran considerados la fuente de emociones tanto buenas como malas, y actuaban
como mediadores entre el mundo físico y el espiritual, entre los humanos y los
dioses. Podían llamarse daimones, ángeles o simplemente “espíritus”. Se
entendía que los daimones eran potencialmente buenos y malos; pero con el
tiempo los dioses buenos y sus cualidades destructivas
se separaron de los demonios malvados y su potencial para
el bien, transfiriendo las cualidades constructivas a los dioses y las
cualidades destructivas a los demonios. Fue uno de los precios del monoteísmo,
esa pérdida de complejidad. Y así comenzó la gradual degradación del daimon
hacia nuestra moderna interpretación errónea del demonio
como exclusivamente malo y el ascenso de la concepción judeocristiana del diablo como encarnación del mal.
El psicólogo existencialista
Rollo May describió lo daimónico como cualquier
función natural que tiene el poder de apoderarse de la persona por completo.
Esto apunta a la existencia de los demonios como fuerza misteriosa que se
percibe como una influencia externa e independiente en la vida de la persona.
Son, en el sentido medieval, fuerzas (incluidos los ángeles) en el umbral entre
este mundo y el macrocosmos. (Fue esta sensación de objetivación lo que
finalmente me permitió dejar de fumar cuando comencé a considerar mi adicción
como una entidad, un demonio, y me negué a seguir dándole poder sobre mí).
Ese papel de los demonios es
similar al que se atribuye a los monstruos: la palabra viene del latín monstrum, "aquello que se muestra o revela" .
Dice Jacobo Greer, "En el sentido original de la palabra un monstruo es
una revelación, algo que se muestra. ... El mito, el terror y la extrañeza
tienen sus raíces en la naturaleza del reino de ... las revelaciones, donde lo
oculto y lo desconocido muestran destellos furtivos de sí mismos. Si les
prestamos atención, los monstruos revelan la realidad de lo imposible, o de
aquellas cosas que etiquetamos como imposibles; señalan que el mundo en el que creemos vivir, y el que realmente habitamos,
puede que no sean el mismo lugar en absoluto”.
El dragón, un personaje casi
universal, aparece en la escritura china alrededor del 1600 antes de Cristo,
aproximadamente en la época de los patriarcas hebreos. Los dragones chinos son
criaturas poderosas y benévolas. A diferencia de sus homólogos europeos, que
son agresivos y sugieren caos y destrucción, los chinos traen buena suerte. No
devoran doncellas.
Shinzen Young, un maestro
budista estadounidense de meditación consciente, ha observado que imágenes
aterradoras insectoides, grotescamente sobrenaturales o demoníacas pueden
aparecer en la meditación avanzada. Enseña que se interpretan mejor como parte
de un proceso natural de liberación de los profundos niveles arquetípicos de la
mente. Este material visionario emergente es una función natural de la
conciencia humana y no debería ser motivo de la más mínima preocupación: No te
estás volviendo loco. No te vas a volver extraño. No vas a ser poseído por
demonios, atacado por satanistas ni devorado por monstruos. No vas a ser
absorbido por otro mundo. Sin embargo, si tienes antecedentes de enfermedades
mentales deberías hablar sobre estos fenómenos con tu profesor de meditación y
un terapeuta.
Desde una perspectiva
naturalista, estas imágenes estarían relacionadas con la afirmación del
neurocientífico Rick Strassman de que la sustancia psicodélica, abreviada como
DMT, podría explicar este tipo de suceso. Casi la mitad de los sujetos de
investigación de Strassman que habían tomado DMT informaron haber encontrado
seres de otro mundo que describieron como payasos, elfos, robots, insectos,
humanoides similares a extraterrestres o "entidades" indescriptibles.
Uno de los sujetos afirmó haber sido devorado vivo por criaturas insectoides
(Horgan, 2006). Quizás, por desgracia, Strassman no había escuchado el análisis
de Shinzen Young, por lo que el proyecto de investigación fue rápidamente
cancelado.
Al observar la consistencia
de imágenes aterradoras a lo largo del tiempo y el espacio, desde la antigua
Mesopotamia y el Asia tradicional hasta la Europa moderna temprana y el África
moderno, el antropólogo Rodney Needham concluye que podría existir algún tipo
de "constante psíquica", alguna "imagen autónoma a la que la
mente humana está naturalmente predispuesta". Para Needham, los factores
primarios de la experiencia humana se presentan como lo que él llama
"unidades semánticas" que manifiestan lo que podría llamarse la
unidad psíquica de la humanidad. Las unidades semánticas son "componentes
elementales de la cultura".independiente de la voluntad y no sistemáticos,
pero que puede combinarse en complejos simbólicos como la imagen de la bruja o
formas de mito. (Piensa en memes, en arquetipos,
piensa en el siguiente capítulo).
El historiador religioso
David Frankfurter, en su muy citado libro "El Mal Encarnado: Rumores de Conspiración Demoníaca y Abuso
Satánico en la Historia", se pregunta:
"¿Estamos 'programados' para creer en monstruos o enemigos demoníacos?
Existe una profundidad, una universalidad y un horror fascinante que los rodea
que parece corresponder a lo que los psicoanalistas llaman pensamiento de
'proceso primario'. Estas son formas de pensar sobre la alteridad u otredad, formas
de imaginar un mundo al revés que invierte el nuestro, formas de encontrar la
malevolencia local repentinamente en un alcance universal y de percibir el
colapso de las fronteras vitales entre 'nosotros' y esos monstruosos que son
'otros'".
A lo largo de la historia,
escribe la autora y editora Connie Zweig, la sombra, [el lado oscuro de la
naturaleza humana], ha aparecido a través de la imaginación como un monstruo,
un dragón, un Frankenstein, una ballena blanca, un extraterrestre o un hombre
tan vil que no podemos vernos reflejados en ellos: algo tan alejado de nosotros como una gorgona.
En otras palabras, se
considera que las imágenes de la experiencia religioso-espiritual tienen sus
raíces en el mundo. Por eso, dice Shinzen: “A veces, el contenido de este
material puede ser agradable e informativo pero con mayor frecuencia es
desconcertante, lleno de rareza, destrucción, sexo y violencia. (En otras
palabras, lo que el subconsciente proyecta en la pantalla interna de la mente
es lo mismo que la cultura proyecta en la pantalla externa de la televisión y
el cine)”.
Una vez en el mundo, las
imágenes se convierten en nuestra responsabilidad. Frankfurter dice sobre la
periódica caza de brujas a lo largo de la historia que “las verdaderas
atrocidades de la historia parecen ocurrir no en las
ceremonias perversas de algún culto maligno sino en el proceso de purgar dichos cultos del mundo. El verdadero mal ocurre
cuando la gente habla del mal”.
Imágenes reales de ECM actuales.
Lo que he llamado imágenes teóricas podrían denominarse, con más propiedad, “imaginarias”
porque eso significa que alguien, en estado de vigilia, las idea creativamente.
En cambio, las imágenes que se presentan completas y espontáneamente, por
ejemplo en sueños, en una ECM o en alguna otra visión, se consideran “imaginales”
es decir, ocurren sin intervención de la persona ya que, simplemente, aparecen.
Al observar las
representaciones del infierno las imágenes teóricas e imaginarias, (las creadas
conscientemente), suelen resultar más interesantes que la mayoría de las que
aparecen en los angustiosos relatos contemporáneos de ECM. En estas imágenes
imaginarias, (espontáneas), los paisajes suelen describir algo más parecido al
Seol que al Infierno medieval. Casi siempre, el individuo parece más un turista
que un participante, contempla pero no forma parte de la escena; la angustia de
los demás suele ser conjetural: “Parecía como si estuvieran atormentados”.
En las ECM angustiosas estas
son las imágenes imaginarias características de las distintas culturas:
- Oscuridad, Vacío
infinito indiferenciado, espacio exterior, vacío.
- Paisajes inquietantes y
sombríos.
- Fuego, lagos de fuego,
frío, pozos.
- Pantanos turbios,
nieblas, neblinas, ríos, puentes y pozos, barcos, barreras.
- A veces un guía,
presencias sin rostro, personas y/o espíritus atrapados o errantes, formas
no reconocidas, espectros, ocasionalmente familiares o amigos fallecidos.
Cómo pueden entenderse estas
imágenes lo discutiremos al final de este capítulo.
Imágenes similares o
idénticas en otros lugares.
Una agrupación similar
aparece en la obra del medievalista Howard Rollin Patch en su obra “El otro mundo, según las
descripciones de la literatura medieval”. Patch enumera elementos
que aparecen en casi todos los relatos conocidos de inframundos orientales y
occidentales, o del otro mundo, incluyendo lo siguiente: una barrera o frontera,
un río, un barco con su barquero, un puente, puertas y guardianes, y un árbol
importante. Las imágenes son fácilmente reconocibles para cualquiera
familiarizado con la mitología de los indios norteaamericanos, la egipcia y la mesopotámica,
así como con la literatura clásica griega y romana. La única de las imágenes
mencionadas por Patch que no ha aparecido en ninguno de los relatos de ECM que
he conocido es la del árbol, probablemente el Árbol del Mundo de la tradición chamánica. En resumen, no son
exclusivas de las experiencias cercanas a la muerte.
Emociones.
Las emociones básicas de una
ECM profundamente desgarradora son las de un cataclismo: conmoción, miedo,
horror, pérdida, abandono, pavor, terror, incredulidad, a veces desesperación,
a veces pánico o culpa. Aquí está lo que escribió Santa Teresa de Jesús: “Sentí
un fuego dentro de mi alma de una naturaleza que soy completamente incapaz de describir.
Lo cierto es que no encuentro palabras para describir ese fuego interior y esa
desesperación que es mayor que las más angustiosas torturas y dolores”.
Aquí está nuevamente el
psicoterapeuta Alex Lukeman describiendo tales experiencias como la destrucción
de patrones tradicionales y habituales de percepción y comprensión, incluidas
las estructuras de creencias religiosas y conceptos socialmente aceptados de la
naturaleza de la existencia y el comportamiento humanos.
Para la filósofa polaca
Mishka Jambor se trata de plantear las preguntas correctas, y sus preguntas son
fascinantes. “Exploremos, pues, las experiencias trascendentes”, dice en “El misterio de la aterradora experiencia
trascendente”, considerando explícitamente “trascendentes” tanto las
experiencias aterradoras como las placenteras porque trascienden la conciencia
despierta ordinaria hacia algo experiencialmente más real.
Dada su similitud, Jambor se
pregunta: "¿De dónde vienen todas estas experiencias?". Llama a las
abrumadoras fuerzas emocionales "sentimiento profundo" y se pregunta:
"¿Cuál es su origen?". Si el placentero sentimiento profundo, el de
una ECM radiante, se origina en la "realidad última", ¿qué pasa con
el aterrador sentimiento profundo que, dice, "merece el nombre de
'abismo': ¿Qué es esa fuerza, ese abismo en el que nos sumergen los sucesos
mundanos y trascendentes?". Y con eso llega a su pregunta central:
"¿Qué clase de seres somos que podemos sentir de manera tan profunda que
el sentimiento por sí solo constituye el cielo y el
infierno?, (porque de lo contrario, la experiencia solo se juzgaría
cognitivamente como inusual e interesante)". Es una pregunta sorprendente.
Las emociones del miedo en
esa "forma profunda" cubren un rango de intensidades y tipos. Jason
Bivins menciona emociones listadas por Robert C. Roberts distinguiendo "el
miedo de la ansiedad (que está menos ligada a objetos y posibilidades
específicos), el susto (que implica una 'posibilidad aversiva más dramática'),
el pavor (que 've el objeto aversivo no como presente sino como inevitablemente
acercándose'), el terror ('más o menos paralizante'), el pánico (acciones
espontáneas específicas resultantes de percepciones de aversión), el horror
(donde la aversión figura en la percepción de uno de una manera que no está
ligada a la probabilidad de la situación, por ejemplo, el horror de uno al ver
cadáveres y el asustarse (reaccionar a 'lo extraño, lo misterioso, lo
desconocido'). Todos estos han sido especialmente mencionados o descritos en
relatos de experiencias cercanas a la muerte angustiosas. El pánico también
aparece en los relatos de enfermeras sobre las visiones en el lecho de muerte
de algunos pacientes. (Véase el Capítulo 12 ).
Independientemente de si el
contenido real de una ECM es temible o no, Grof señala que la experiencia de
percepción extraordinaria puede asociarse con un miedo metafísico profundo, ya
que desafía y socava la visión del mundo que la cultura occidental generalmente
suscribe y asocia con la cordura.
Para cualquier persona que
haya tenido una experiencia, pero especialmente para quienes han tenido una ECM
problemática, pueden pasar años antes de que la declaración de Grof pueda
interpretarse como algo reconfortante; sin embargo, creo que es cierta. Como
dice Lukeman, todo se debe a ese colapso de las percepciones.
Temas.
Los temas identificados en
estas imágenes son universales: son experiencias de viajes importantes, de
confrontar directamente nuestra mortalidad, de adentrarnos en áreas
desconocidas de incomodidad y disrupción, de entradas, descubrimientos y
cambios profundos. Tienen un gran poder como referencias a lo que sucede en
nuestra vida, incluyendo nuestra vida espiritual. Si bien es cierto que sirven
como recordatorios de la muerte física venidera, también transmiten mensajes
sobre la vida en el aquí y ahora: sobre percibir la muerte de aspectos
superados del yo, sobre reconocer el momento de superar una etapa anterior de
la vida, sobre soportar la dislocación de nuevas formas de pensar y ser.
La conclusión sobre las ECM
angustiosas en general, y las infernales en particular, parece ser que el
infierno, al igual que el cielo, es muy real como producto del sistema imaginal
que produce la experiencia. No es un lugar ni un destino, sino un conjunto
innato de ideas que forman parte de nosotros y con las que debemos lidiar. Este
concepto forma parte de una conversación mucho más amplia que involucra la
creciente prueba de que la consciencia no se localiza estrictamente en el
cerebro sino que tiene un campo mucho mayor, quizás universal. (Véase, por
ejemplo, el espléndido libro "Mente Irreducible" de Edward Kelly y peña.).
Siendo esto cierto, parece probable que cuanto mejor preparados estemos para
este tipo de experiencias más feliz será el resultado. Ya sea que se aborde
desde una perspectiva religiosa o secular, la conciencia y la preparación
pueden marcar la diferencia.
13. LENGUAJE SIMBÓLICO: SÍMBOLOS.
Si los elementos de las
experiencias cercanas a la muerte fueran tan fáciles de interpretar como las
señales sería posible, simplemente, repartir una lista: Sería un “aquí están
las piezas, aquí su significado”. Por desgracia, ese no es el caso. La
interioridad no funciona mediante señales (“esto
apunta a aquello”), sino mediante símbolos (“esto
apunta a un campo de sentimientos e ideas”).
John Sanford afirma: “Las
mentes conscientes piensan conceptualmente; el inconsciente se expresa mediante
símbolos”. Lionel Corbett sostiene: “La forma más sencilla en que la Totalidad
se da a conocer al ego es mediante una imagen”. Edward Edinger hace la
importante observación de que un símbolo es “una imagen o representación que
señala algo esencialmente desconocido, un misterio”. Al analizar los poderes y
principados como personificaciones de ideas como el infierno, la avaricia y el
mal, el teólogo Walter Wink ofrece este vívido retrato:
“Puede
que el amanecer de la nueva era no crea en ángeles y demonios como en épocas
anteriores. Pero a estos Poderes se les puede conceder un destino más feliz:
ser entendidos como símbolos del interior de las instituciones, estructuras y
sistemas. Puede que la gente nunca más los considere seres cuasimateriales que
revolotean en el cielo, pero tal vez lleguen a verlos como la verdadera
espiritualidad de entidades reales en el mundo real. No son meros símbolos; ese
también es el lenguaje de la antigua cosmovisión que está desapareciendo pues
ahora sabemos que nada es más poderoso que un símbolo viviente.Como símbolos,
apuntan a algo real, algo que la cosmovisión del materialismo nunca aprendió a
nombrar y, por lo tanto, nunca pudo confrontar”.
Antes de que una ECM o
experiencia similar pueda comprenderse genuinamente es necesario que algún
humano, probablemente bastante común, sea capaz de traducirla. Pero si los
referentes no son "seres cuasimateriales que revolotean en el cielo",
¿qué son? La tarea consiste en observar las imágenes del cielo y el infierno con
la misma atención con la que los científicos han observado el átomo y
preguntarse: si no es lo que pensábamos, ¿qué es
entonces?
Lo que ha faltado en gran
medida en los debates sobre las experiencias cercanas a la muerte es el
reconocimiento explícito de que, dado que estas
experiencias son inefables, carecen de una connotación precisa. Al igual que lo
Sagrado, poseen muchas imágenes pero carecen de fisicalidad. Precisamente por
esta razón el lenguaje científico no puede abordarlas.
Escucha los relatos de
quienes las experimentan. La voz no es la del informe de investigación ni
siquiera la del periodismo, con su característica voz objetiva; más bien, se
trata de narrativas personales, historias, una forma universal (personajes,
escenario, trama) para transmitir mensajes. Escucha a quienes las experimentan
analizar sus relatos y oirás el lenguaje de la poesía: el símil ("Fue
como, fue como si...") y la metáfora ("Fue..."). Sus historias,
como señaló la lingüista Regina Hoffman, se cuentan en capas, porque ningún
elemento descriptivo es lo suficientemente amplio. La situación es análoga a la
de las concepciones de Dios, porque ninguna nota puede abarcar la totalidad: hablamos
de Creador, Todopoderoso, Altísimo, Pastor, Roca, Padre, Madre, Espíritu Santo,
Fuente, Fundamento del Ser, Rey, Agua Viva, Otro. (Y para los materialistas
beligerantes aclarar que no, la gente no cree que Dios sea una roca).
Por lo general, no sabemos
muy bien qué hacer con los símbolos. (¿Por qué no pueden simplemente decirlo abiertamente?). Pero así como un mapa no puede ser
el territorio que representa, las ECM tampoco pueden ser el territorio que
representan: son señales, flechas; mapas escritos en símbolos. Señalan un
territorio más allá de la capacidad del lenguaje para describirlo y de la capacidad
de la visión física para imaginarlo. Apuntan en una gran dirección general,
pero no por un único camino. Por lo tanto, la única ruta hacia ellas es a
través de los mismos medios que cualquier experiencia inefable: a través de la
sugestión, el lenguaje imaginario, el símbolo y el arquetipo.
Nuevamente, nota la
diferencia entre imaginal e imaginario. Lo imaginario no existe realmente porque
es inventado, fingido, es fantasía. Lo imaginal, por otro lado, como señaló la
cita anterior de Joseph Campbell, está metafísicamente
arraigado en un reino mitológico onírico más allá del espacio y el tiempo que,
dado que es físicamente invisible, solo puede ser conocido por la mente. Dicho
de manera más simple (Frenier) “Hay un lugar en nuestra imaginación donde las cosas
son 'reales', en el sentido de que no están siendo 'imaginadas' por alguien
sino que son imágenes que tienen algún tipo de integridad o existencia por sí
mismas. Por tanto, la imaginación parece tener dos aspectos: uno es fabricado
intencionalmente; el otro se nos presenta intacto. Este último es el reino
imaginal.
Es cierto que esto es algo
que vuelve locos a los matemáticos, pues no existe una única respuesta
observable. De hecho, la difícil realidad es que algunas realidades fluctúan,
como descubrieron los físicos a principios del siglo pasado. Esta es una de las
razones por las que la “espiritualidad” se percibe tan a menudo como totalmente
infundada. Sin embargo, los elementos de la experiencia espiritual pueden no
ser más elusivos que, por ejemplo, los quarks.
Comenzamos buscando patrones,
imágenes y conceptos que aparecen una y otra vez en la experiencia humana. Los
símbolos nunca tienen un significado único y denotativo; este se reserva para
los signos. Los símbolos funcionan más como campos, por lo que es necesario
preguntarse qué significados tienen, adónde va el campo y qué sugiere.
Consideremos los siguientes ejemplos:
Fuego.
Casi invariablemente, quienes
experimentan fuego en una ECM experimentan pánico porque lo asocian únicamente
con un Dios iracundo y un tormento eterno. Ignoran por completo sus
connotaciones más antiguas y enriquecedoras. El fuego simboliza la revelación
divina: la zarza ardiente, el sacrificio ancestral, la lámpara encendida, la
presencia omnipresente de Dios. Es un símbolo clásico de transformación. El
fuego, tanto literal como figurativamente, purifica, renueva y refina. Es el
medio por el cual la tierra se prepara para un nuevo crecimiento.
Oscuridad, llanto, crujir de
dientes.
El teólogo Hans Kung señala
que la oscuridad y los sonidos del llanto y el crujir de dientes pueden ser no
indicios de un infierno cuasi físico sino metáforas que suenan duras para la
amenazante posibilidad de que una persona pierda por completo el significado de
su vida.
Predicciones de muerte o
cataclismo geológico.
Al igual que en los sueños,
una sugerencia de muerte o del fin de los tiempos puede indicar simplemente un
cambio: el fin de una etapa de la vida o un cambio importante en la
consciencia, la muerte de un tiempo específico. Que en un estado imaginario las
cosas parezcan desmoronarse físicamente es buena señal de que hay una
perturbación en otras áreas de la vida.
Criaturas.
Estás en un sueño poderoso en
el que sales de un bosque profundo y cruzas una gran pradera. De repente te das
cuenta de que te acecha un león. Mientras buscas refugio el suelo tiembla y ves
un gran toro corriendo hacia ti. Está casi encima de ti, corriendo a tu
izquierda, con el león al otro lado. Entonces, una enorme águila se abalanza
sobre ti. Más adelante, un ángel empuña una espada.
¿Es este un sueño sobre ser muerto
por animales salvajes? ¿Es un mensaje sobre la naturaleza? ¿Por qué tiene ese
ángel una espada? Seguramente ese sueño (que acabo de inventar) trata sobre
morir de muerte horrible y violenta. Y así podría ser a menos que sepas que el
león, el toro y el águila son símbolos de los evangelistas cristianos Marcos,
Lucas y Juan, y el ángel con la espada representa a Mateo. Sabiendo esto, si
eres cristiano, podrías preguntarte si tu sueño te recuerda que realmente
quieres ser teólogo. Si no eres cristiano, puedes pasar mucho tiempo
preguntándote cómo esos símbolos entraron en tu sueño, como yo me pregunté cómo
el Yin-Yang entró en mi ECM. La cuestión es que todo el tenor y significado de
este sueño cambia de meramente aterrador a personalmente significativo cuando
pasa de la interpretación literal a la comprensión metafórica. Ahora tiene
sentido, o al menos se puede trabajar con él.
Muchas criaturas tienen un
significado simbólico de largo recorrido. El oso a menudo ha representado
sabiduría y poder; la cabra con cuernos, tan aterradora como Satanás, tiene una
historia antigua como guía. La serpiente, que una interpretación limitada del
Génesis asociaba con el engaño y el origen del pecado, tiene una asociación aún
más antigua con el misterio sagrado, la plenitud y la nueva vida. Cualquier ser
monstruoso puede simplemente indicar que las cosas no son lo que parecen.
Esta breve lista es mera
sugerencia introductoria de cómo una conciencia más amplia del símbolo puede
llevar a replantear una ECM angustiosa para que pueda convertirse en fuente de
crecimiento y madurez en lugar de bloqueo paralizante.
ARQUETIPOS
¿Por qué hay temas e imágenes
tan repetitivos a lo largo de la experiencia humana? ¿De dónde provienen estas
imágenes recurrentes, como los elementos de la experiencia cercana a la muerte?
¿Provienen de fuerzas externas o las inventamos?
Algunos conceptos parecen
estar integrados en la experiencia humana, patrones tan naturales como los
cristales que están en la sal. Como observó Richard Tarnas, aunque Kant
percibió que la experiencia humana estaba impregnada de estructuras a priori
fue Jung quien descubrió los arquetipos universales en todo su poder y rica
complejidad. Jung denominó arquetipos a los patrones
recurrentes, “formas mentales cuya presencia no puede explicarse en la vida del
individuo y que parecen ser formas aborígenes, innatas y heredadas de la mente
humana”.
Stanislav Grof ha observado: “Estas
mitologías y conceptos de cielo e infierno son una parte intrínseca de la
personalidad humana que no puede reprimirse ni negarse sin sufrir daños graves”.
Son patrones universales en
la conciencia humana que se nutren de, (/y a su vez ayudan a moldear), la forma
en que son las cosas, como campos de información dentro del ámbito más amplio
del reino imaginario, el inconsciente colectivo. Los antiguos los llamaban espíritus elementales.
Estos fueron los patrones que se convirtieron en dioses y diosas de la
antigüedad (lo que lleva a los cristianos conservadores de hoy a rechazarlos
como un concepto sin reconocer que en la Biblia aparecen como poderes y
principados. Platón reconoció los universales como ideas que existen más allá
del mundo perceptible.
¿De dónde provienen? De los
niveles más profundos de la psique, nuestro sistema operativo mental. Juntos,
los arquetipos constituyen lo que Jung llamó el "inconsciente colectivo"; otros lo llaman el "reino imaginativo". Como dice
el maestro de sabiduría citado anteriormente (Frenier), junto con nuestras
ensoñaciones y fantasías conscientes, "también hay un lugar en nuestra
imaginación donde las cosas son 'reales', en el sentido de que no son
'imaginadas' por alguien, sino imágenes con algún tipo de integridad o
existencia propia".
Desde mediados del siglo XX,
el trabajo del psiquiatra e investigador de la consciencia Stanislaf Grof ha
demostrado tanto la realidad de los arquetipos como las formas en que moldean y
reconfiguran nuestro funcionamiento. Con la terapia psicodélica, Grof descubrió
que las personas en ciertos niveles de estados alterados de consciencia tienen
experiencias que parecen replicar prácticamente todos los arquetipos humanos,
desde los tiernos y dichosos hasta los asesinos y grotescos. El patrón dentro de esas experiencias terapéuticas, observado
a lo largo del tiempo, puede entenderse mejor como una réplica del ciclo del
nacimiento a la muerte, una recreación de los temas del proceso del nacimiento
que se desarrollan tanto individual como colectivamente en el mundo universal
(Tarnas). Cuando, en una serie de sesiones, se ha trabajado completamente el
patrón del nacimiento a la muerte, se logra una notable integración o plenitud
del individuo.
Situémoslo en el contexto de
una experiencia cercana a la muerte profundamente angustiosa. Tarnas la describe:
“[U]na
situación inexplicablemente incoherente de profunda intensidad traumática...
[se convierte] en una reunificación redentora del yo individualizado con la
matriz universal. Así, el niño nace y es abrazado por la madre, el héroe
liberado asciende del inframundo para regresar a casa tras su lejana odisea. Lo
individual y lo universal se reconcilian. El sufrimiento, la alienación y la
muerte se comprenden ahora como necesarios para el nacimiento, para la creación
del yo... Una situación que era fundamentalmente ininteligible se reconoce
ahora como un elemento necesario en un contexto más amplio de profunda
inteligibilidad... La ruptura con el Ser se sana. El mundo se redescubre en su
encanto primordial. El yo individual autónomo se ha forjado y ahora se reúne
con la base de su ser”.
En el mejor de los casos, así
es como sucede. Pero ¿qué pasa si solo ocurre una parte del patrón, una de las
partes traumáticas? ¿Y si solo ocurre una vez, por lo que no hay posibilidad de
integración? ¿Y si le sucede a alguien que nunca ha oído hablar de estas cosas
y no tiene ni idea de cómo manejar la situación? En otras palabras, ¿qué pasa
si la parte traumática es una ECM angustiosa? Dado que es poco probable que la
gran mayoría de quienes experimentan la experiencia se sometan a la terapia
holotrópica de Grof, es necesario encontrar otras maneras de alcanzar la
resolución. (Véase el capítulo 16 )
Christopher Bache, (Capítulo
4), ha propuesto la idea de que una ECM angustiosa representa un fragmento
doloroso de una experiencia potencialmente trascendente que, o bien no tiene el
impulso suficiente para abrirse paso hasta el nivel trascendente, o bien se
queda "atascada" en el túnel que describen tantas personas con
experiencias cercanas a la muerte. (Creo que esto es lo que Ken Ring intentaba
sugerir (Capítulo 6) cuando presentó su imagen del túnel del metro, aunque
equiparó la situación a "la naturaleza de la mente" de quienes tienen
una experiencia angustiosa. De hecho, la mayoría de las ECM no presentan un
túnel pero el principio de la idea de Bache parece útil como contrapunto a las
teorías punitivas predominantes, ya sea del infierno teológico o del juicio
folclórico. La naturaleza de la lucha fue el tema de una conversación que tuve
hace algunos años con el erudito bíblico y junguiano Wayne Rollins, ahora
profesor emérito de Teología en el Assumption
College de Massachusetts. Acababa de leer uno de mis artículos sobre las
ECM aterradoras y dijo:
“Ya
sea personificadas con garganta y fauces abiertas devorando, o como vacío,
estas experiencias se leen como material onírico. Son señales que invitan a la
verdadera madurez, la promesa de integración precipitada por la desesperación:
la "integridad del yo" de Erikson. El miedo es psicológico; la
ansiedad es ontológica: el "miedo" de Kierkegaard. Eclesiastés y
"todo es vanidad" esa es una declaración canónica del miedo
ontológico. La ansiedad carece de objeto ontológica, proviene de la amenaza de
destrucción, del no ser. Es inherente a la condición humana el "Invictus"
de Henley, la ansiedad que se resuelve al descubrir tu alma indomable.
La
crisis, [la ECM horrorosa o aterradora], precipita una respuesta al problema
del miedo; refleja el estado inconsciente de la persona. Para algunas, esta es
la primera vez que se enfrentan a la cuestión de su mortalidad a nivel profundo.
Independientemente de cualquier referente objetivo, las experiencias son
intensamente significativas, la promesa de integridad precipitada por la
desesperación, y la desesperación fatalista tras la experiencia cristaliza el
reconocimiento para que pueda ser abordada. Las experiencias claman por la
integración.
En
los credos clásicos, el descenso al infierno no es en vano. Es el
reconocimiento de la existencia misma del mal, del vacío, de la Nada como
presencia real, pero no como el fin. Es muy propio de Joban, impulsado a
reconocer el mal aparente, la destrucción, el caos. La presencia del mal
aparente no significa la ausencia de Dios; eso llegará como un reconocimiento
más maduro. Esto no es una simple teología de la resurrección, sino una
resurrección simbolizada, no literal sino real, un profundo reconocimiento del
poder del Ser que anula el No-Ser, con la integración como representación de la
verdadera madurez”.
Como indica este poderoso
análisis, la integración no se logra solo mediante el "desapego" dentro de la experiencia, esa rendición tan a menudo
mencionada por los críticos, sino que puede llegar como un proceso posterior.
Sin duda, es necesario ser consciente de los problemas culturales y de desarrollo
a este nivel para comprender el impacto de las experiencias aterradoras y
superarlas, ya sea para nosotros o para ayudar a los demás.
Estos son, pues, los
materiales en bruto los elementos, imágenes y emociones a partir de los cuales
atribuimos significado a una experiencia cercana a la muerte o a un despertar
similar. Como con cualquier experiencia, barajamos y clasificamos estos
materiales, imágenes y emociones según la matriz cultural particular en la que
nos encontramos hasta que nuestra experiencia “tenga sentido”. Hacer esto
realmente bien exige una gran honradez con nosotros mismos. Es un trabajo
arduo. Volviendo de nuevo a la imagen de los Juegos Olímpicos, el atleta que
recibe la medalla de oro es aquel que se esfuerza. Cuanto más se conoce el lenguaje
simbólico más amplia es la comprensión de lo que implica una experiencia.
También aprenderemos a afrontar las imágenes que puedan surgir al morir.
Mi amigo dijo: “¡Una ECM no
se trata del otro lado! ¡Se trata del aquí ! Tenemos que profundizar y explorarnos hasta
comprender”. El poeta Mark Nepo muestra la dificultad de lograrlo en su poema
en prosa, “Al buscar a Tu Fu como guía”.
Al buscar a Tu Fu como guía
“Y
entonces le pregunté, ¿cómo es que Dios está en todas partes y en ninguna? Me
rodeó como un yo al que no podía llegar, "Porque los humanos se niegan a
vivir sus vidas". Estaba confundido. Él continuó, "Flotas en lugar de
entrar". Seguía confundido. Me habló al oído, "Dios solo es visible
dentro de tu momento entrado como un lago ardiente". Me asusté. Él rió,
"Incluso ahora, me miras como si lo que ves y oyes no fuera parte de
ti". Me enojé. Él me ignoró, "Miras al borde de tu vida, tan
frenético por saber, tan reacio a creer". De hecho, estaba frenético.
Estaba en mi cara, "Y ahora que tienes cáncer, pides que te
perdonen". Me deprimí. Él me tomó de los hombros, "¡Por el amor de
Dios! ¡Entra en tu vida! ¡Entra!"
14. AFRONTAMIENTO, SUPERACIÓN.
Cualquiera que experimente
una ECM intensa se identificará con la afirmación de William Jacobo: “Los estados
místicos, cuando se desarrollan bien, suelen tener y tienen absoluta autoridad
sobre las personas a las que llegan”. Autoridad, sin duda. Esto significa que
dominan.
En relación con ese efecto
autoritario, como psicoterapeuta y persona con experiencia cercana a la muerte,
repito lo que Alex Lukeman ha dicho sobre experiencias como las ECM: que son el
encuentro del ego con la dinámica inconsciente y trascendente subyacente de lo
[Sagrado], y la destrucción acompañante de patrones tradicionales y habituales
de percepción y comprensión, incluidas las estructuras de creencias religiosas
y los conceptos socialmente aceptados de la naturaleza de la existencia y el
comportamiento humanos.
¡No es un desafío fácil! En este capítulo analizaremos qué significa esto,
específicamente para la vida después de una ECM. Considera el impacto de
descubrir que has despertado y que todos tus patrones de percepción y
comprensión han sido destruidos, incluyendo tus creencias religiosas. Regresas
al mundo y descubres que has perdido todos los conceptos socialmente aceptados
sobre la naturaleza de la existencia y el comportamiento humanos. ¿Y ahora qué?
SEIS DESAFÍOS.
¿Cuáles son los problemas
después de una ECM, ya sean dichosos o aterradores? En la primavera de 2006 un
grupo de 25 personas que experimentaron una ECM se reunió en retiro de fin de
semana para hablar sobre los desafíos que enfrentaban tras sus experiencias
cercanas a la muerte. La más reciente de sus ECM fue hacia dos años; la más
lejana 55 años. Sin embargo, todas seguían siendo un recuerdo poderoso, una fuerza
en la vida de cada persona que la experimentó. A lo largo de tres días los
participantes identificaron la asombrosa cifra de 115 desafíos, agrupados
posteriormente en seis categorías principales. Sus experiencias habían sido
pacíficas, y algunas felices. No obstante y quienes experimentaron una ECM
perturbadora compartieron desafíos similares. A continuación, ponemos el
resumen, publicado en el Journal of Near-Death Studies (Stout).
1. Procesar un cambio radical en la realidad.
El grupo lo describió como un
cambio de paradigma permanente y completo en la realidad y visión de sí mismos,
una corrección repentina en su camino y perspectiva de vida habituales, un
concepto radicalmente nuevo de la vida, la muerte, el más allá, el cuerpo, la
mente y el espíritu. El tiempo promedio requerido para adaptarse a la vida
después de la ECM fue de 12,7 años.
2. Aceptación del regreso.
Un desafío que no comparten
las personas con una ECM dolorosa es aceptar la vuelta. Todos los participantes
del retiro tuvieron ECM placenteras y sintieron un intenso anhelo de regresar a
la experiencia, que consideran su hogar. Varios habían considerado el suicidio
como una forma de lograrlo.
Tras una ECM perturbadora
surge un problema inverso. El reto para estas personas es encontrar la manera
de aceptar la experiencia sin ceder a su potencial destructivo y superar su
miedo a la muerte.
3. Compartir la experiencia.
Los participantes informaron 4
tipos de dificultades al hablar con otros sobre la ECM:
·
encontrar palabras para expresar lo
indescriptible o inefable,
·
elegir confidentes apropiados;
·
afrontar reacciones negativas, y
·
la tendencia de los confidentes a estar más
interesados en los detalles de la ECM que en las necesidades de quien la
experimentó.
La inefabilidad es difícil de
aceptar para cualquiera, y puede ser exasperantemente dura para familiares,
amigos y compañeros de trabajo, ya que quien la experimenta habla casi
incesantemente en la frustración de intentar describir lo indescriptible.
Dorothee Soelle ha descrito la dificultad con precisión: “Nada como la
inefabilidad incita tanto a los experimentadores a hablar”.
En cuanto a encontrar un
confidente después de una ECM angustiosa. ¿con quién podrías hablar si fuera
tu ECM? ¿En qué reacciones confiarías?
4. Integrar nuevos valores espirituales con las expectativas terrenales
Valores, mensajes y significado
de la experiencia a menudo eran completamente incoherentes con la vida del
participante antes de la experiencia. Las nuevas perspectivas y los cambios
crearon fricción en casi todos los aspectos de la vida del participante. Hubo
una tasa de divorcio del 74 por ciento, y un 65 por ciento cambiaron de carrera
o profesión. Había cambio en las creencias religiosas para muchos, generalmente
hacia una posición menos dogmática, podía evocar tensión e incluso hostilidad
entre los familiares y los fieles religiosos, aunque otros participantes
encontraron los lugares de culto más reconfortantes y afirmativos que nunca.
Con tantos cambios en áreas tan básicas, quienes experimentaron a menudo se
sintieron aislados; la depresión era común. Los participantes a veces sentían
que ya no encajaban [y se sentían] como extraños en un mundo extraño donde
pocas personas los entendían o creían.
No es de extrañar que la
teóloga y mística Dorothee Soelle pudiera decir: “La experiencia mística es una
bendición y, al mismo tiempo, nos deja sin hogar”.
5. Adaptación a sensibilidades elevadas y dones sobrenaturales.
El 78 por ciento del grupo informó
problemas derivados de la nueva consciencia y, o, habilidades psíquicas. Todos
los participantes mencionaron tener que lidiar con una empatía extrema, a veces
hasta el punto de sentir ansiedad tácita o el dolor físico de otras personas.
Sus sentidos físicos se habían agudizado, haciendo que el ruido, las luces y el
bullicio de un lugar de trabajo típico fueran casi intolerables. Algunos se
volvieron hipersensibles a la electricidad y a otros campos energéticos.
Las nuevas habilidades
psíquicas incluían el conocimiento intuitivo, auditivo o visual de “lo que
estaba por venir”; la capacidad de sanar; la telepatía; la visión de auras; y
otros “dones sobrenaturales”. Estas habilidades eran aterradoras y difíciles de
explicar o controlar.
6. Encontrar y vivir el propio propósito.
Todos los participantes del
retiro coincidieron a decir: “Estamos aquí para servir y mostrar amor
incondicional; una tarea bastante difícil, pero escasa en detalles y difícil de
aplicar”. Pocas personas que han experimentado una ECM angustiosa han informado
ese tipo de propósito. Para la mayoría su propósito percibido parece ser
explicar su experiencia de manera que tenga sentido en el contexto de sus
vidas.
En resumen, los desafíos
descritos por estas 25 personas que experimentaron ECM, y el hecho de que
necesitaran un retiro para poder hablar de ellos libremente, dicen mucho sobre
el dolor que inflige el "mito de la ECM" de que una persona regresa
de cualquier experiencia cercana a la muerte engalanada con santidad y
rebosante de respuestas a las preguntas de la vida. Esto recuerda un suceso
ocurrido hace años, en una reunión de un grupo de apoyo local de IANDS. Los
miembros que no habían tenido ECM se habían frustrado porque en una reunión
tras otra, los participantes se sentaban, escuchando atentamente, pero sin
describir sus ECM. Entonces, una persona que había tenido una ECM de otro
estado se presentó como oradora. Describió su ECM y la terrible depresión que
sufrió después, y habló de las dificultades para adaptarse a la vida en el mismo
hogar de siempre. Y de repente, los participantes del grupo comenzaron a
hablar. Las historias de su depresión, sus desafíos, sus dificultades brotaron
a raudales... hasta que una de las personas que no habían tenido la ECM, una
persona dulce y gentil, gritó: "¡Basta! ¡No debes hablar así! Has estado
en la luz; ¡dinos qué debemos hacer!".
Y los que lo experimentaron volvieron a
quedar instantáneamente en silencio.
¿POR QUÉ YO?: EL DILEMA DEL SUFRIMIENTO.
Es común en las comunidades de fe de larga tradición
que lo divino a veces se manifieste de maneras que causan gran sufrimiento. Se
dice que San Pablo afirmó (Hebreos 9:21) qué “¡Horrenda cosa es caer en manos
del Dios vivo!”, repetido dos mil años después por el metafísico William Carl
Eichmann: “Si emprendes una práctica espiritual te enfrentarás a tu lado
oscuro. Este es un axioma. La búsqueda espiritual es peligrosa, tal como dicen
los libros. Buscar la verdad significa experimentar el dolor y la oscuridad,
así como la luz blanca y clara”.
Muchos de los autores
actuales sobre espiritualidad, liberados de lo que parecen ser las
restricciones de la religión organizada, se ven limitados por su ignorancia del
sufrimiento espiritual. Desconociendo la angustia espiritual en el mundo de la
comunidad religiosa y el monacato, los escritores sin tradición prefieren
enfatizar los motivos alegres y reprimir el lado difícil de la existencia
desestimándolo como incapacidad del experimentador para alcanzar una conciencia
adecuadamente superior.
Este libro se escribe en una
cultura de privilegios sin precedentes, en una época de huida casi obsesiva
ante cualquier inconveniente o incomodidad. Incluso en una década de
dificultades económicas desacostumbradas, la tecnología y el progreso material
nos protegen de la magnitud de la privación y el dolor físico absoluto que la
mayoría de las personas, incluidos nuestros antepasados, han dado por sentado.
Nuestra perspectiva está muy distorsionada. Como sostiene Greenspan, mientras
se considere que las emociones oscuras son negativas, la tristeza nos parecerá
inaceptable. En estas condiciones no es de extrañar que surja la pregunta
"¿Por qué a mí?". Pero, por supuesto, la desgracia nos rodea
constantemente. ¿Por qué no debería ocurrirme a mí, aquí? ¿Y a ti?
La interpretación del dolor y
la desgracia como castigo o como algo autoinfligido, cada uno con su concomitante
culpa, parece casi un instinto humano, y se han debatido extensamente al
respecto a lo largo de la historia de la filosofía, la teología y la
psicología. Para evitar una discusión extensa, adopto la postura de Jung: el
resultado significativo del sufrimiento, ya sea físico o emocional, es la
transformación. Jung lo llama individuación, que también puede considerarse la
etapa final del desarrollo psicológico o moral, o teológicamente, la entrega
sacrificial de uno mismo por el bien de los demás.
Por ejemplo, el
desmembramiento psíquico de un iniciado chamánico, al igual que el significado
religioso de la crucifixión de Jesús, no es un
castigo sino el medio indispensable para guiarlo hacia su destino. Por esta
razón, dice Jung “la visión moralista del sufrimiento como castigo me parece no
solo insuficiente sino engañosa. Es obviamente un intento primitivo de explicar
una idea arquetípica que no se ha considerado previamente”. Sin embargo,
continúa: “Este proceso psicológico es ciertamente doloroso... Pero, como
siempre, cada paso adelante en el camino de la individuación se logra solo a
costa del sufrimiento”.
La popular maestra de
consciencia y sanación Caroline Myss afirma que gran parte del sufrimiento en
cualquier crisis vital proviene de nuestra insistencia en encontrar razones
lógicas de por qué nos ha sucedido. Creemos, lógicamente, que una vez que
encontramos la razón de nuestra desgracia podemos revertirla, y ese será el fin
del sufrimiento. Ella dice: "Obviamente no lo entendemos. Lo que no
entendemos es que la vida y todo lo que la compone no es una experiencia
lógica, razonable y racional. La vida no funciona según un sistema de lo que es
justo, quién merece qué y solo los malos son castigados... La verdad de que no
podemos razonar con lo irrazonable tiene el potencial de encender una epifanía
en ti porque tal verdad no solo te libera del sufrimiento; es la mejor medicina
preventiva que jamás tomarás para seguir adelante con tu vida".
Parece un poco irónico que en
una época en la que "sin dolor no hay ganancia" se acepta con orgullo
prueba de progreso en el entrenamiento físico, el dolor emocional se considera inaceptable.
Sin embargo, así como las grandes capacidades físicas se logran mediante la
lucha, los cambios transformadores suelen precipitarse por el estrés y la
angustia, a los que cualquier director espiritual o terapeuta dirá amén.
Caroline Myss nuevamente dice: "¿Pero qué pasa con la enfermedad que surge
como una necesidad para el despertar del alma? ¿Qué pasa con la depresión
creativa que debe experimentarse como una iniciación a la vida no vivida dentro
de nosotros? ¿Qué pasa con las dificultades económicas que debemos soportar
para poder eliminar la posibilidad de elegir en nuestras vidas, impidiéndonos
elegir desde el orgullo del ego, garantizando así que el viaje del alma siga su
curso?
El rabino Harold Kushner
ofrece un consejo similar: no intentar explicar ni justificar las razones de la
desgracia o la tragedia, ni siquiera de los acontecimientos que nos desmoronan
la vida. Explica "¿Por qué a mí?" como una pregunta retórica cuya
respuesta podría agravar el sufrimiento. En cambio, sugiere un enfoque más
útil: mirar hacia adelante, preguntando: "Ahora que me ha sucedido esto,
¿qué voy a hacer al respecto?".
Puede que estas preguntas
difíciles nos enfurezcan y frustren pero es necesario plantearlas y encontrar
la manera de afrontarlas.
Incluso las experiencias más
oscuras pueden conducir de alguna manera a lo que llamaré una "intuición
del ser". Estamos profundamente llamados no a la mera cognición, no a la
comprensión de los hechos, (aunque eso pueda ser un componente), sino a un
reconocimiento a fondo de la emoción del Ser y de lo correcto. No sé exactamente
cómo sucede eso, ni siquiera en mi vida.
Sí sé que en algún momento inconmensurable nos vemos impulsados por (o en) nuestro dolor a reconocer que el
mundo físico no lo es todo, que existe un Más
profundo, cargado de significado indescriptible; y que conectamos todo el
sufrimiento humano con el nuestro. Nos engrandece, creo, para que podamos
avanzar, irónicamente, hacia la humildad.
El peligro de las
experiencias felices es que quienes se creen santificados o elevados pueden
derrumbarse cuando llega la oscuridad; no están preparados para el dolor, o no
lo respetan. Con experiencias desgarradoras el peligro es que el peso del miedo
y la desesperación llevará a la persona a rendirse prematuramente y a
desplomarse interiormente en una especie de olvido paralizante.
Hasta que la naturaleza del
universo cambie, el dolor ocurrirá. Las estrellas explotarán. Los tsunamis,
terremotos, volcanes y tornados harán lo que es propio de su naturaleza,
dejando atrás la miseria humana y la renovación. Los amigos nos lastimarán,
intencionalmente o no, y los amantes nos dejarán desconsolados; la familia será
imposible o, a veces, francamente cruel; nuestras vidas pueden estar en peligro
por distorsiones en las psiques de otras personas: violación, brutalidad,
mezquindad, traición, robo. Accidentes extraños se cobrarán las vidas de niños
adorados y adultos amorosos. Y las ECM horribles dejarán a algunas personas
cambiadas para siempre. Todos estos sucesos le llegarán a alguien, y la mayoría
de esos alguienes no los merecerán. Sin embargo, el problema vendrá. ¿Por qué
no debería llegarme a mí? ¿O a ti? Aquí es donde la pregunta del rabino Kushner
se vuelve imperativa: Como este suceso me ha sucedido a mí, ¿cómo responderé?
Algunos reaccionan
acurrucándose en una bola de miseria y victimismo, y deciden, como muchos,
vivir allí, llevando las heridas como trofeos, mostrándolas a nosotros y a los
demás: “Y luego él... y luego ellos... y ella... y mira, dónde...”. Podemos
alimentar el dolor y privarnos de sanación, y seguir haciéndolo una y otra vez
durante toda la vida. Pero nuestro espíritu se encogerá y se secará como hoja
marchita. ¿Cuándo, entonces, viviremos?
Aquí también me ha resultado
útil una de las historias antiguas. La pueden encontrar en Génesis, capítulos
19-33, una de las grandes historias.
Jacob había engañado a su
padre moribundo, estafado a su hermano mayor y huido a un país vecino para
evitar la furia asesina de su hermano. Ahora, unos catorce años después, tiene
dos esposas, once hijos, sirvientes y enormes rebaños. Es un hombre rico que
quiere llevarse a su familia y riquezas y volver a casa con sus padres. Pero
Jacob sigue siendo un conspirador. No le dice a su suegro que se va sino que se
lleva a su familia y sus bienes a escondidas, al amparo de la noche. Intenta
sobornar a su hermano con un regalo de cientos de ovejas, cabras, burros y
vacas; pero sus espías dicen que su hermano avanza con una fuerza de
cuatrocientos hombres.
Aquí está, solo junto a un
río en la oscuridad, este Jacob persuasivo, manipulador y engañoso, en otro
punto de inflexión en su vida. Hay peligro por delante, peligro por detrás, y
desconocidos por todas partes, y en la oscuridad una Presencia misteriosa lo
confronta. En algún momento de la noche, dice Génesis 32:25, “un hombre luchó
con él hasta el amanecer. Cuando el hombre vio que no podía vencerlo golpeó a
Jacob en la cadera, de modo que esta se dislocó mientras luchaban”.
“Entonces
el hombre dijo: “Déjame ir, porque amanece”. Pero Jacob respondió: “No te
dejaré ir hasta que me bendigas”.
"¿Cómo
te llamas?", preguntó el hombre. Él respondió: "Jacob".
Entonces
el hombre dijo: Ya no se te llamarás Jacob, sino Israel [que significa que has
contendido con Dios], porque has contendido con seres divinos y humanos, y has
vencido.
Y
al amanecer, cuando Jacob cruzaba el río Jaboc, cojeaba de su cadera”.
Para cualquiera que haya sido
herido por una experiencia como una ECM que no revela su nombre, esta historia
podría ser un talismán: el relato es desconcertante, misterioso e incompleto.
Sin embargo, en él está la presencia del Más: “No te dejaré ir a menos que me
bendigas”. Lucharemos indefinidamente hasta que esa bendición nos llegue.
Nuestra cojera será tu recordatorio.
15. MÁS PREGUNTAS
1. ¿ESTAS PERSONAS TIENEN
BUENA SALUD MENTAL?
Afortunadamente, durante tres
décadas el psiquiatra Bruce Greyson fue el investigador que más trabajó este
tipo de cuestiones. Supervisó el Grupo de Investigación IANDS, un grupo de 300
personas dispuestas a someterse a lo que parecían interminables series de
pruebas psicológicas estandarizadas. Del grupo, 100 habían experimentado al
menos una ECM, 100 estado cerca de la muerte sin ninguna ECM; y los 100
restantes nunca habían estado conscientemente cerca de la muerte. Se sometieron
a las pruebasy otros investigadores las solicitaron para sus propios estudios
independientes. Los resultados indican claramente que el estado psicológico de
quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte no presenta ningún
problema. (Holden)
En otras palabras, no hay
razón para preguntarse sobre el estado psicológico de una persona simplemente
por pasar por una ECM. Entre un grupo grande de personas que han tenido ECM
habrá algunas con salud mental frágil o con enfermedad mental grave, al igual
que entre la población que no las ha tenido; pero la mayoría tendrá buena salud
mental. Por lo tanto, es seguro concluir que las personas en un estudio general
de sucesos cercanos a la muerte, o en la población en general, son simplemente
personas comunes que han tenido una experiencia extraordinaria.
Como se explicó en el
Capítulo 1, no es posible (al menos, no por el momento) predecir quién es
probable que tenga una ECM. Simplemente no existen indicadores conocidos, lo
que lleva a la conclusión de que "podría ser cualquiera". Sin pistas
que indiquen quiénes podrían ser los que posteriormente experimentaron la ECM,
obtener información "anterior" requeriría probar a toda la población.
No existen datos fiables sobre el estado antes y después, ya sea de salud
mental, tipo de personalidad, rasgos fisiológicos o cualquier otra medida.
Frustrante, pero cierto.
2. ¿CUANDO OCURRIÓ LA ECM ESTABAN DEPRIMIDOS?
¿Eran personas muy
pesimistas? ¿O tenían grandes problemas en sus vidas?
Con base en la información
limitada de que disponemos no es posible generalizar sobre la posible conexión
entre el temperamento o las circunstancias vitales inmediatas de los
participantes y el tipo de ECM que experimentaron. Esta información sería
valiosa, ya que se suele asumir que debe existir alguna correlación. Sin
embargo, una de las principales dificultades en la investigación de las
experiencias cercanas a la muerte es la ya mencionada ausencia de datos
concretos sobre la vida de las personas antes de la ECM. La dificultad se
agrava al trabajar con ECM difíciles y la reticencia de quienes las
experimentaron a hablar abiertamente sobre ellas. Los hallazgos sobre el
temperamento y las circunstancias vitales deberán esperar a una investigación
posterior.
3. ¿NO PODRÍAN ESTAS EXPERIENCIAS SER SUEÑOS?
Sin duda, existen similitudes
entre los sueños y las experiencias cercanas a la muerte. Ocurren durante
períodos de un estado alterado de conciencia. A veces implican imágenes
visuales complejas, lenguaje simbólico y estructuras del ámbito imaginal.
Pueden estudiarse e interpretarse utilizando técnicas similares de trabajo con
sueños y, en menor medida, análisis literario. Una diferencia importante es que
los sueños no comparten patrones similares a los de las ECM; suelen ser
idiosincrásicos. Otra diferencia es que kas experiencias cercanas a la muerte
suelen producir recuerdos duraderos, salvo en el caso excepcional del
"gran sueño", e incluso en ese caso, esos sueños no poseen las
cualidades transformadoras de una ECM. Lo más significativo es que las
experiencias cercanas a la muerte suelen incorporar elementos trascendentes,
una poderosa sensación de haber trascendido el mundo material y un conocimiento
incontrovertible sobre esa realidad. A pesar de sus diferencias, su similitud
en el uso de imágenes simbólicas significa que las técnicas del trabajo con
sueños proporcionan un enfoque excepcionalmente preciso para explorar el
significado de una ECM.
4. ¿EN LAS ECM LA GENTE VE LO QUE ESPERA VER AL MORIR?
Es realmente sorprendente que
las expectativas parezcan tener tan poco que ver con el contenido de las ECM.
De los miles de relatos que hemos escuchado y leído a lo largo de los años
nadie ha descrito puertas de nácar, a San Pedro ni ángeles con plumas y arpas.
No conozco a ningún occidental que esperara (o hubiera oído hablar siquiera) del
Vacío. Las imágenes infernales en una ECM suelen ser de agua y frío tanto como
de fuego, y los informes de alguien que haya visto algo parecido a Satanás son
tan raros que son casi invisibles. (Recuerdo haber escuchado una sola mención,
hace muchos años, sobre una persona que supuestamente vio una entidad con un
traje rojo de charol, que pensó que podría ser el Diablo).
En las experiencias incluidas
en este libro, la joven madre judía ciertamente no esperaba encontrarse con una
presencia como la de Jesús; por otro lado, vive en una nación mayoritariamente
cristiana, por lo que la idea habría formado parte de su conciencia. El
protestante yanqui liberal no esperaba ni comprendía el símbolo oriental del
Yin-Yang. Los homosexuales que han sido educados por su tradición religiosa que
los condena por su actividad sexual, han informado experiencias radiantes y
vitales; y diáconos de iglesias, satisfechos de sí mismos y considerados
irreprochables, se han horrorizado al experimentar ECM aterradoras. Kenneth
Ring ha señalado en repetidas ocasiones que los ateos suelen tener la
adaptación más difícil después de una ECM, porque “no saben qué fue lo que
encontraron; simplemente saben que no se suponía que eso estuviera allí”.
5. ¿ESTAS PERSONAS SENTÍAN ESTAR EN PECADO O ESPERABAN IR AL INFIERNO?
Este es otro caso en el que,
debido a la falta de datos objetivos sobre las creencias de quienes
experimentaron la ECM antes de la misma, no podemos afirmar con certeza qué
sintieron en ese momento. Sin embargo, es muy improbable que un grupo tan
diverso comparta una creencia común sobre su carácter moral o el más allá. Para
los adultos en Estados Unidos en general, la Organización Gallup ha preguntado
repetidamente sobre la creencia estadounidense en “un infierno al que las personas
que han llevado vidas malas sin arrepentirse están condenadas eternamente”.
Durante un período de 30 años, el porcentaje de personas que respondieron “sí”,
que creían eso, se mantuvo en aproximadamente el 55 por ciento (Gallup).
(Curiosamente, solo el 15 por ciento, en promedio, creía que podrían ir allí).
A diferencia de las personas
que tuvieron ECM placenteras, más personas después de una ECM aterradora
reportan tener miedo a la muerte y al infierno que antes. Muchos no pueden
explicar qué hay en ellos mismos o en sus vidas que justifique la gravedad de
su experiencia, por lo que se sienten impotentes para corregirlo. Se preguntan,
como lo expresó una mujer, si "algo malo se cierne sobre mi cabeza y no lo
sé, o si hay algo casiCongénitamente malo acerca de mí. Por otro lado, las
personas que son muy autocríticas pueden culparse a sí mismas por
comportamientos que otros considerarían triviales.
6. ¿SE TIENE QUE ESTAR CERCA DE LA MUERTE PARA TENER UNA EXPERIENCIA EXTRACORPORAL?
En resumen, no. Algunas personas,
especialmente niños, parecen tener experiencias extracorporales con bastante
frecuencia (si es que estar fuera del cuerpo puede considerarse
"rutina"). Por lo demás, las circunstancias comúnmente asociadas con
las experiencias extracorporales son el abuso físico, las agresiones criminales
y el dolor intenso. Hemos escuchado numerosos informes de mujeres y niños que
experimentan experiencias extracorpóreas mientras son golpeados o abusados
sexualmente; durante agresiones criminales y tortura política, o en casos de
desbridamiento, la limpieza de quemaduras, algo extremadamente doloroso.
Algunas personas a quienes les resulta fácil experimentar esto informan que lo
utilizan como actividad recreativa.
7. ¿LAS MUJERES QUE HAN TENIDO UN ABORTO TIENEN EXPERIENCIAS INFERNALES?
A pesar de las poderosas
prohibiciones sociales que existen en torno al aborto en los Estados Unidos no
recuerdo informe de una experiencia cercana a la muerte angustiosa en la que el
aborto fuera el factor.
8. ¿CUÁLES SON LOS RESULTADOS ESTADÍSTICOS DEL ESTUDIO ORIGINAL?
Debido a las dificultades
para conseguir información el estudio Greyson-Bush no produjo muchos datos
cuantificables. Si bien proporciona abundante material para la reflexión y el
inicio de datos anecdóticos y detalles faltan los gráficos demográficos y
estadísticos que, normalmente, darían credibilidad científica al informe. Otros
lo han hecho con ECM placenteras (en particular, Ring, Sabom y Gallup), y,
salvo discrepancia de opinión, nos sentimos cómodos con los esquemas que han
trazado.
En este caso, sin embargo, la
ausencia de muchos datos concretos puede resultar útil. En este análisis no es
posible dejarse llevar por porcentajes y probabilidades, ni engañarse pensando
que al medir descubrimos algo sobre los significados. Los significados no son
objeto del método científico.
9. ¿ERES ANTICIENTÍFICO? APENAS MENCIONAS LA NEUROCIENCIA.
Varias personas con formación
científica han escrito libros sobre hallazgos neurocientíficos y clínicos. Lée
"La verdad en la luz: Una investigación de más de 300
experiencias cercanas a la muerte" (1997), del Dr. Peter Fenwick; "Conciencia más allá de la vida: La ciencia de la
experiencia cercana a la muerte" (2010), del Dr. Pim van Lommel; o
"La ciencia y la experiencia cercana a la muerte: Cómo la conciencia
sobrevive a la muerte" (2010), de Chris Carter . O consulta el
impecable resumen de Bruce Greyson en "El manual de
experiencias cercanas a la muerte: Treinta años de investigación "
(2009). Te irá mucho mejor con ellos, en cuanto a la ciencia, que conmigo.
10. ¿ERES ANTICRISTIANO? NO DEFENDES ESA FE.
El propósito de este libro es
ofrecer una descripción lo más imparcial posible de lo que se sabe sobre las
experiencias cercanas a la muerte y cómo personas de diferentes orígenes y creencias
religiosas las interpretan según su propio punto de vista.
Mi propósito no es defender una perspectiva, ni siquiera la mía, aunque esa
perspectiva obviamente se filtra. Quizás en otro libro pueda ser.
16. LLEVAR LA ECM A CASA: INTEGRACIÓN.
Tras la experiencia viene el
primer día del resto de la vida. Los viejos puntos de referencia desaparecen y
se abren nuevos ojos. En resumen, y en palabras de la trabajadora social,
autora y experta en experiencias cercanas a la muerte Sally M. Leighton:
“Con
el trabajo, el centro se mantendrá. El trabajo es la esencia de los símbolos de
transformación. Se da la esperanza de que la integración es posible si uno
contiene el dolor y trabaja. onsidero que todos estos [símbolos] son señales
hacia lo trascendente, imágenes que apuntan más allá de sí mismas hacia un
proceso de ordenamiento, una preocupación fundamental, farolas para tramos
oscuros de la carretera. ... Las imágenes evocadas por los traumas me hicieron
desprenderme de lo concreto, poniéndome en contacto con los elementos humanos
básicos que se esconden tras ellos, universales en las etapas de la vida. ...
las formas proteicas que [Dios] adopta para seducirnos, eludirnos e impulsarnos
incansablemente a comprender su realidad en la nuestra, a encontrarlo tanto en
la angustia como en la exultación”.
¿Qué puede ayudar a una
persona a comprender una experiencia cercana a la muerte aterradora o similar?
Las sugerencias que se ofrecen aquí se basan en casi 50 años de experiencia y
exploración incesante.
EL MODELO DEL VIAJE DEL HÉROE.
En su forma más simple, una
conexión personal con un arquetipo puede ser la identificación de "¡Ese
soy yo!" con un personaje ficticio, o una fuerte e inexplicable sensación
de atracción por un tema o incluso un paisaje. En Tillicum Village, en Puget
Sound, una compañía de danza india norteamericana baila la leyenda del Pie
Grande, la historia de Pie Grande, criatura humanoide que se rumorea habita en
la región noroeste del Pacífico de Norteamérica. En la representación una
escurridiza bestia oscura, sombría y difícil de identificar, aparece y
desaparece, se vislumbra y luego desaparece entre los grandes árboles. Para
algunos veteranos de ECM aterradoras la representación ha proporcionado una
poderosa oportunidad para compartir una verdad sin nombre: la existencia de un
"algo" apenas reconocido que constituye el fundamento arquetípico de
su experiencia.
El arquetipo del viaje del
héroe tiene un enorme potencial sanador porque dice que hay algo de gran valor
en el desafío tortuoso. Es una iniciación a una madurez profunda: te desafían
al máximo, no te condenan. Sigue adelante.
A lo largo de la historia,
las historias de descenso al inframundo comparten características. Así lo
describe el autor Richard Tarnas:
“En
la clásica descripción de Joseph Campbell del viaje arquetípico del héroe el
liberador, el chamán, el místico, el creador, el descubridor de nuevos mundosse
produce una progresión dramática que comprende ciertas etapas características:
una separación decisiva de la comunidad, que separa al yo del todo mayor en el
que hasta entonces había estado inmerso; una experiencia de la vida física y
espiritual del mundo como si estuviera sometida a un gran peligro, una sombra
inminente, una caída en la ruina; y un cambio radical de énfasis desde las
realidades externas al ámbito interior, pasando del escenario mundial de
efectos secundarios a las zonas causales de la psique, donde residen realmente
las dificultades. Sigue una noche oscura del alma, un descenso interior que
trae consigo una crisis de sentido, un encuentro transformador con el
sufrimiento y la mortalidad humanos, y una disolución desorientadora de las
estructuras básicas de identidad y ser del yo. Solo a través de este descenso
el héroe penetra en una fuente de mayor conocimiento y poder abierta por una
experiencia directa de la dimensión arquetípica de la vida. A lo largo de este
peligroso viaje aparecen inesperadamente ciertas pistas humildes y anomalías
que desafían y desestabilizan el conocimiento seguro del antiguo yo pero que, en
última instancia, señalan el camino hacia el umbral de otro mundo”.
El viaje exige integridad y
perseverancia de quien recibe la llamada; nunca es fáci, pero siempre vale la
pena. Vale la pena recordar esto antes de apresurarse a juzgar el propio
carácter o psicología, o el de cualquier otra persona que informe una ECM
oscura.
La trayectoria es similar
tanto a la del relato bíblico del Edén como al ciclo de nacimiento-muerte en
los hallazgos de Grof: el arquetipo de la toma de conciencia, pasando de la perfección
del Antes (el útero, la mente de Dios, el jardín donde todo está provisto) a la
fase absolutamente esencial de dolor y lucha para alcanzar la vida en el mundo,
al viaje que es la historia y la vida individual, y finalmente (hasta ahora
incompleto para la humanidad) al regreso al Hogar, a Dios, al ser verdadero. De
manera similar, la constelación de elementos en el viaje del héroe conforma el
modelo de la ECM oscura.
No es sorprendente que todos
ellos sigan el patrón general universal de la gran tarea espiritual, el
movimiento a través del sufrimiento hacia la destrucción y finalmente a la restauración.
Los viajes espirituales exitosos siempre conducen a la restauración, lo que nos
lleva al punto dos:
Lo que se ha perdido a lo
largo de los siglos, al menos en el cristianismo, es la sensación de don,
incluso en una experiencia espiritual difícil. Mientras que la sabiduría
antigua albergaba un tesoro en lo más profundo de tales viajes, la
intelectualización excesiva de la doctrina ha truncado el arquetipo, llevando
al viajero únicamente al tormento y al castigo, sin que lo devuelva. En términos cristianos, esto es como
detener la narrativa en la crucifixión: una pérdida que se ha transmitido a la
comprensión del sufrimiento de toda una cultura.
Cuando el intelecto humano
eternizó el infierno, olvidamos el tesoro que siempre se esconde en las
profundidades. Como consecuencia, hemos aprendido a sufrir y a juzgar pero
ignoramos la restauración. Las experiencias que nos preocupan son
indiscutiblemente aterradoras; pero es nuestra culpa que se las etiquete como “negativas”.
Es hora, una vez más, de buscar la riqueza que reside en estos encuentros
extraordinarios.
Con esto claramente en mente
es posible mirar las ECM perturbadoras desde una perspectiva nueva, con el
objetivo de sanar nuestros malentendidos y crecer hacia una comprensión más
completa.
ENFOQUES.
Intentar reconstruir el
significado de una experiencia cercana a la muerte o similar, ya sea gloriosa o
aterradora, es muy parecido a estudiar literatura o las escrituras: siempre hay
niveles de significado. Un escenario típico implica al menos tres niveles:
Primero tenemos el nivel literal, que trata la descripción de la experiencia como
verdadera, los elementos como hechos: “Fui al lugar descrito, vi estas cosas”,
etc. Este es casi siempre el nivel que ha producido la reacción emocional a la
experiencia. Generalmente es el nivel menos útil para profundizar e integrar
una experiencia en la vida.
El segundo nivel es el metafórico y brinda la oportunidad de tomar distancia y
comparar la imagen de un elemento, o incluso el suceso completo, con algo de
características similares. "Es como si", o, "¿Qué pasaría
si?". Este nivel nos permite considerar otras perspectivas, otros posibles
significados. Amplía la exploración del nivel literal al simbólico, abriendo la
puerta a todos los posibles significados de imágenes e ideas. Por ejemplo, ver
que el fuego podría entenderse no solo como castigo en el infierno sino como el
significado igualmente válido de representar la presencia de Dios. Este es el
nivel más útil para profundizar la comprensión de una ECM, una pesadilla, una
escritura o cualquier obra de arte o literatura seria.
El tercer nivel, el personal, pregunta: ¿Qué significa para mí esta
comprensión de la experiencia?. Esta pregunta vale la pena plantearse en cada
nivel y en cada una de las posibles interpretaciones.
EN PRIMER LUGAR.
En los primeros días, meses o
incluso años posteriores a una experiencia profundamente perturbadora será
importante actuar con cautela. El único recurso podría ser ganar tiempo hasta
que el pánico haya disminuido lo suficiente como para que el proceso cognitivo
en torno al suceso sea siquiera posible. A veces, no es necesario justificar
que la esperanza sea lo más importante. Se puede hacer una excepción a la
decisión de tomarse un tiempo si se está bajo el cuidado de un psicoterapeuta o
consejero especializado en terapia para el estrés postraumático.
A continuación se ofrecen
recordatorios importantes para las primeras etapas:
No hay
ninguna prueba de que “las personas buenas tienen buenas experiencias y las
malas tienen malas”. Figuras sagradas de todas las tradiciones han
vivido experiencias similares: Krishna, quizás Jesús, chamanes, muchos santos,
incluyendo a Teresa de Ávila, (véase el capítulo 6, “La oscuridad indeseable”).
La experiencia ciertamente no les impidió ser santos. Para quienes no se
impresionan con los santos aún no hay prueba de que las malas experiencias solo
les ocurran a las malas personas.
Existe
cierta prueba de que si una ECM perturbadora se resuelve por completo se
transforma en una experiencia placentera o incluso mejor. Este es el
razonamiento detrás de la afirmación de la médica Barbara Rommer: “Le expliqué
[a mi paciente] que creo con todo mi corazón que, si no la hubieran reanimado
tan rápidamente habría tenido una experiencia maravillosa”. Christopher Bache,
al observar a pacientes que han superado las etapas de la terapia de Grof ha
afirmado enfáticamente que “una experiencia cercana a la muerte aterradora es
una experiencia cercana a la muerte incompleta”. A veces, la tranquilidad tiene
más valor que el análisis de datos.
Es útil
calmar la intensidad emocional, literalmente, sacándola. El
psicoterapeuta Alex Lukeman sugiere contar la historia en voz alta tres veces;
si no hay nadie que la escuche, decirla en voz alta ayudará a calmar la
ansiedad. En mi experiencia esto es muy efectivo. Algunas personas pueden
sentirse menos amenazadas escribiendo primero la experiencia y luego leyendo el
texto en voz alta. Vease "Sal de tu
cabeza" más adelante.
El Vacío
se considera tradicionalmente la experiencia suprema en la práctica espiritual.
Para alguien que no ha estado involucrado a largo plazo en una disciplina
espiritual un encuentro con el Vacío es como lanzar a alguien, que no sabe
nadar, desde un trampolín elevado. Relájate y trabaja poco a poco para
desarrollar tus habilidades. En la práctica meditativa y la
oración, mira el programa Fabric of the
Cosmos de Brian Greene sobre el espacio y ve cómo cambia tu perspectiva.
MÁS TARDE.
Nota:
Todo lo que sigue se basa en la suposición de que, aunque una persona pueda
estar preocupada y temerosa, no padece ninguna enfermedad mental. En caso de fragilidad emocional grave busca ayuda
psicoterapéutica (o ayuda a la persona afectada a obtenerla) antes de intentar
cualquier tipo de técnica mental o emocional por tu cuenta.
No hay un cronograma ni una
ruta preestablecida para explorar maneras de pensar sobre la experiencia, o
comprender su significado para la vida. Las que se sugieren aquí son solo
algunas de las muchas posibles; están aquí porque han sido sugeridas por
profesionales o porque me ayudaron a resolver mi experiencia.
TÉCNICAS DE TRABAJO CON SUEÑOS.
Las técnicas desarrolladas
para el trabajo con sueños y la visualización pueden ser valiosas. Como observó
Wayne Rollins, las ECM se leen como material onírico, y la decodificación de
símbolos se aplica no solo a los sueños, sino también a las ECM y experiencias
similares.
El psicoterapeuta Alex
Lukeman quien ha tenido experiencias cercanas a la muerte, ha identificado
siete claves para aliviar el miedo a las pesadillas. Estas claves son
igualmente aplicables a las ECM y experiencias similares. Las claves son:
- Date cuenta de que [la
experiencia] no ocurrió solo para asustarte sino que tiene un significado
y un propósito. Esto es absolutamente fundamental.
- Tienes una capacidad
innata para comprender [la experiencia] y obtener alivio de ella.
- No tengas miedo de mirar
imágenes horribles, o pensar que las malas imágenes significan cosas malas
sobre ti.
- Aprende a alejarte y
considerar la imagen objetivamente, sin emoción, si es posible.
- Si obtienes una idea del
significado, obtendrás dos buenos resultados: no tendrás que tener el
sueño [la experiencia] nuevamente y tendrás consejos prácticos para tu
vida real, exterior.
- Recuerda que [estas
experiencias] pueden abrir la puerta al amor y la sanación, tanto
psicológica como física. Son un regalo de tu inconsciente, aunque parezcan
aterradoras cuando ocurren.
- Deja que tu mente se relaje;
asocia libremente imágenes, sentimientos y recuerdos.
Una rica fuente de técnicas
de trabajo con sueños, especialmente para lectores que buscan un marco
religioso, es la obra de los respetados psicólogos Louis M. Savary y Patricia
H. Berne. Su libro "Sueños y Crecimiento Espiritual: Una Forma Judeo-Christiana de
Trabajo con Sueños" es muy recomendable. Entre sus sugerencias
se encuentra la amplificación.
Amplificación. Dale un título
a la experiencia; nombra el tema. ¿Qué puedes decir sobre el tema? Asocia un
poco. ¿En qué otros lugares (en películas, literatura, escrituras) aparece ese
tema? ¿Qué paralelismos hay entre esas historias y la ECM? Luego, reflexiona
sobre ellas un rato; ¿cómo podrías comprender el tema y los paralelismos para
aplicarlos a problemas de tu vida?
Haz lo mismo con los
elementos (los lugares, los personajes) de la experiencia.
Piensa en los viajes de los
héroes en leyendas y videojuegos: el héroe lleva un talismán y va con un
compañero. Aborda tu ECM mentalmente, llevando en tu mente (o, de hecho, en tu
mano) un talismán que te proteja; elige un compañero vivo o no, a quien
conozcas o no, para que te ayude en la experiencia. Observa qué y a quién
elegiste y qué significado tienen para ti; asocia libremente y amplía lo que
puedas decir sobre ellos, como se mencionó anteriormente. Luego, vuelve a tu
experiencia con ellos. Observa si los sucesos en tu experiencia cambian y cómo
lo hacen.
¿Qué podrías haber hecho
diferente durante la experiencia? Ahora que puedes participar conscientemente
en los sucesos puedes cambiar tus respuestas, observar las relaciones e
intentar adaptarte a la experiencia. ¿Qué diferencias generan los nuevos
enfoques?
Otra terapeuta experimentada
plantea el mismo punto sobre la amplificación del contenido de una experiencia
imaginaria. Lois Sekarak Hogan dice (Frenier) sobre el sueño de una tortuga
marina poniendo sus huevos:
“Para
aprovechar al máximo el sueño, el mejor punto de partida siempre es la
experiencia única que el soñador tiene de la imagen. Por ejemplo, en la imagen
del sueño de la tortuga: ¿Es de día o de noche? ¿Cómo se siente el agua? ¿Cómo
se siente la tortuga (miedo, cansancio, impaciencia, dolor, alegría)? ¿Dónde se
siente eso en el cuerpo? ¿Qué surge al estar sentado con esa sensación? ¿Qué experimenta
la tortuga al salir del agua, caminar sobre la arena, cavar el hoyo, poner los
huevos? ¡Estos matices comunican enormemente! Y apreciar los matices de la imagen
es particularmente importante porque muchas imágenes oníricas reflejan algún
tipo de límite de crecimiento. Cuando estamos al borde de algo estamos en el
límite de lo desconocido, y esto a menudo se experimenta como una experiencia
algo caótica. En ese límite a menudo surgen imágenes que diríamos que "no
son yo". Sin embargo, aunque afirmemos que la imagen onírica no es el
"yo" que mi ego conoce conscientemente puede ser otra parte de mí que
busca ser experimentada o crecer en consciencia”.
Trabajar con arquetipos o
realizar trabajo onírico no significa simplemente combinar imágenes de una
experiencia con las que aparecen en un folleto del supermercado. El sencillo y
excelente libro de Lukeman, Pesadillas, aborda el trabajo onírico con respeto y
fundamento. Un curso o taller con sustancia puede ser útil (¡pero cuidado con
los facilitadores aficionados!) o considerar la posibilidad de pasar tiempo con
un terapeuta junguiano experto en este tipo de interpretación.
UTILIZA AMBOS LADOS DEL CEREBRO.
Sal de la cabeza.
Interpreta la experiencia con
tu cuerpo. Pinta tu experiencia. Escúlpela. Téjela. Báilala. Si no puedes
bailar, camina; si estás físicamente paralizado, imagina cómo se sentiría
caminarla, bailarla. Si haces manualidades haz algo con ellas. Aprende a tocar
un instrumento. Somos más accesibles a la comprensión repentina desde nuestro punto
más débil. Así que, si normalmente funcionas con fuertes habilidades verbales o
analíticas, prueba algo quinestésico. Si prefieres la actividad física, lee
poesía o escribe un diario. Si los resultados son pésimos, simplemente no los
muestres.
Métete en la cabeza.
No se debe exagerar la
importancia de esto. Busca la mejor información posible de tantas fuentes como
sea posible. No es momento de usar el hemisferio derecho y decir que el
aprendizaje intelectual no es útil. Encuentra puntos de vista con los que estés
de acuerdo y otros con los que no. Desarrolla una comprensión fundamentada del
tema, no simplemente de lo primero que encuentres.
Lee, lee y lee, sobre todo
fuera de la literatura, sobre experiencias cercanas a la muerte. Si no eres
lector consigue grabaciones de video o de audio. Varía tus lecturas, no leas
solo sobre experiencias cercanas a la muerte, solo metafísica, solo cosa evangélica,
solo científica; solo cualquier material. Busca todo el contenido que puedas
encontrar.
Lee la historia de la
ciencia, la filosofía perenne, una traducción moderna de la Biblia (no la
versión del rey Jacobo, por razones que no hay espacio para explicar aquí), el
Baghavad Gita o el corán si te place la irracionalidad humana. Lee la
literatura espiritual de tu tradición y
libros generales sobre religiones distintas a la tuya, y psicología
transpersonal. Lee la “nueva física”, los estudios de la conciencia, la
metafísica, la teología contemporánea, lee letras de himnos y poesía, lee a los místicos y a Joseph Campbell, lee
sobre el trabajo con los sueños y las técnicas de visualización y sobre el
trabajo energético y la sanación. Busca temas comunes en todos ellos. Si eres
una persona espiritual, lee sobre ciencia. Si te apasiona la ciencia, lee a los
místicos. (A veces, las ideas menos cómodas pueden desencadenar algo y, a la
larga, resultar las más útiles).
Especialmente al lidiar con
la ira y el resentimiento (los problemas de "¿Por qué a mí?"),
existen enfoques que pueden ayudar. Desde una perspectiva psicológica se
incluyen los siguientes libros de la bibliografía: Pema Chödrön, "Los
lugares que te asustan: Una guía para la valentía en situaciones
difíciles". Times; “Encuentro con el Ser” de Edward Edinger, su comentario
sobre Job, o prácticamente cualquiera de los numerosos libros de Stanislav y
Christina Grof. El libro “Cuando las Cosas Malas le Suceden a la Gente Buena”
del rabino Harold Kushner es sumamente recomendable para todos los lectores,
así como las hermosas introducciones al misticismo judío en “Miel de la Roca”,
o “Dios Estaba en Este Lugar y Yo, No Lo Sabía”, del rabino Lawrence Kushner.
Para un sentido cristiano, “la Bendición Original” de Matthew Fox ha sido
revelador para muchas personas que antes no conocían nada más que la condena de
la doctrina del pecado original; o lee cualquier obra de Alan Watts. Para una
nueva perspectiva del pensamiento cristiano, sigue algunos de los blogs
positivos: BioLogos, http://biologos.org/;
el de Peter Enns, http://www.patheos.com/blogs/peterenns/;
Teología experimental de Richard Beck, http://experimentaltheology.blogspot.com,
http://www.postost.net de Andrew
Perriman, especialmente www.postost.net/node/571
por su libro electrónico “El cielo y el infierno en perspectiva narrativa”.
No faltan títulos recientes
con enfoque metafísico, aunque la calidad varía tanto como en cualquier
categoría religiosa. Estos títulos son solo una muestra de lo que hay
disponible (y, por favor, no te limites a una sola perspectiva).
Escucha grabaciones de
conferencias y ponencias. Escucha con oreja crítica, no para reprochar al
presentador sino para detectar patrones, temas e inconsistencias. Ten cuidado
con quienes insisten en tener respuestas definitivas, la única respuesta o una
visión especial.
Asiste a conferencias; toma
cursos. Si no puedes costear las conferencias busca libros y cintas baratas en
la biblioteca pública; asiste a debates en una iglesia o templo compatible (si
es secular, prueba Unity, Bah'ai o una Iglesia Unitaria Universalista); busca
un curso corto de educación para adultos pertinente en la escuela secundaria o
colegio comunitario más cercano. Siempre, siempre, desconfía de las personas
que están absolutamente seguras de que sus opiniones son la Verdad absoluta y
de que tienen la única respuesta. Sí, entiendo que esto contradice muchos
dogmas religiosos; es perfectamente posible ser profundamente religioso y tener
más de un punto de vista. Si no te atreves a mirar más allá de tu tradición
religiosa al menos lee sobre ella. Si no hay diversidad de opiniones dentro de
la tradición, intenta interpretar la experiencia lo mejor que puedas.
Para quienes experimentan, pesar de todo reconoced que sois vulnerables
a los charlatanes, la información errónea y las estafas. Si necesitáis un gurú
o maestro tened mucho cuidado al elegir el modelos a seguir. El mundo está
lleno de daño y malos consejos de personas que parecen espirituales, cuyo
principal interés es su beneficio económico o ego en lugar de ayudaros. Tómate
tu tiempo. No te comprometas con persona o grupo que no te deje ir fácilmente.
Recuerda que el crecimiento espiritual no se compra; un precio alto no
necesariamente conduce a una consciencia superior. Es tan probable que
encuentres un crecimiento genuino en una iglesia o templo como asistiendo a
talleres de moda caros, y el apoyo no desaparecerá al final de un solo fin de
semana.
Encuentra la historia que te
resuene. Quizás la de Frodo, el pacífico hobbit del mundo del Tolkien,
aventurándose en un reino de maldad por el bien de su comunidad. Quizás Job; o
Jacob luchando toda la noche junto a un río hasta que es herido por un ser
desconocido; o la Eneida. Quizás Harry Potter (mira más allá de las críticas
alarmistas) o la película Avatar. Lee o ve las
versiones cinematográficas de El Señor de los Anillos
de Tolkien y Las Crónicas de Narnia de C. S. Lewis. Explora
reseñas u otras interpretaciones de estas historias que te ayudarán a
profundizar tu comprensión. La mayoría son variaciones de la misma historia:
desafío, sacrificio, restauración. Igual que pasa en una ECM angustiosa.
Presta atención a las
interpretaciones de la experiencia que difieren de la tuya. Como señaló Bruce
Greyson hace años cada interpretación representa un modelo diferente de la
experiencia, y todas son modelos, no la realidad. Analiza diferentes versiones:
el modelo concretista (literal), diversos modelos reduccionistas que buscan una
explicación (que, sin embargo, contienen información útil), el modelo junguiano
del ego-yo, un modelo holográfico del universo, un modelo apocalíptico, el
modelo religioso ecuménico, el religioso conservador, el científico, el
metafísico, etc. Observa en qué se parecen y en qué se diferencian. Descubre
cuáles te resultan más cómodos o incómodos, y luego examina por qué; no te
preguntes por qué mi interpretación es correcta y aquella incorrecta sino qué
dicen tus decisiones sobre lo que es importante para ti.
Identifica el vocabulario que
te resulta familiar. Cada modelo tiene un vocabulario diferente. Encuentra tu
vocabulario; por ejemplo, algunas personas creen que trabajar con términos
psicológicos abre puertas, mientras que otras lo consideran pura palabrería
psicológica. Recuerda que las palabras construyen un modelo,
no la realidad.
Pregúntate: ¿cuál es el
regalo de la experiencia? Esta es una pregunta que
puede llevar años responder. Insiste en encontrar el regalo, una bendición en
tu experiencia.
UTILIZA PENSAMIENTOS DE OTRAS PERSONAS
No hay una
"respuesta" para una experiencia cercana a la muerte, como tampoco la
hay para la vida misma. Pero hay una infinidad de ideas sobre temas
relacionados. Úsalas. No se espera que encuentres una explicación completa por
ti mismo. Lo que sí habrá son enfoques, formas de explorar y encontrar caminos
hacia la comprensión, y cuanto más los conozcas, bueno, más maneras tendrás de
llegar a donde quieres ir, es decir, a un sentido de significado que te resulte
adecuado. Hay enfoques occidentales y orientales; religiosos y seculares,
psicológicos y espirituales, intelectuales y emocionales, analíticos e
intuitivos. Usar más de uno o dos te ayudará a integrar una experiencia en tu
vida diaria.
Pensamiento oriental: Ecuanimidad, Chödrön, Shinzen.
Las concepciones del
"yo" y la "realidad" difieren mucho en las tradiciones
religiosas occidentales y orientales. La idea, proveniente del pensamiento
oriental de que el mundo físico y el ego son meras ilusiones puede traumatizar
aún más a una persona occidental con dificultades. A menos que la persona se
sienta cómoda con estos principios, es prudente ir con cautela con cualquier
argumento basado en la idea de la muerte del ego.
Muchos lectores han
encontrado ayuda en los escritos de Pema Chödrön, la abadesa budista
estadounidense. Sus enseñanzas sobre el desapego son especialmente sólidas,
especialmente en lo que respecta a las emociones destructivas. Por ejemplo,
identificar las reacciones en cadena de las emociones negativas puede llevar a
detener el patrón. Los libros de Chödrön describen prácticas para dicho
aprendizaje.
No es inusual que estudiantes
que están bien desarrollados en la práctica de una disciplina contemplativa, en
lo profundo de su oración o meditación se topen con imágenes alarmantes como
las que aparecen en las ECM angustiosas. El maestro de mindfulness Shinzen
Young dice sobre estas imágenes: “Alégrate de que la mente profunda se esté desahogando
bajo estas circunstancias benignas. De lo contrario, es muy probable que surja
en circunstancias difíciles, como una enfermedad o el proceso de morir, cuando
se multiplicará con los demás desafíos presentes, potenciando enormemente tu
sensación de sufrimiento. ¡Estás experimentando directamente el poder
manifestador de la transitoriedad! En otras palabras, sea cual sea la
experiencia, pasará; sea lo que sea, quédate quieto y recuerda que cambiará”.
Pensamiento occidental: Haz el trabajo psicológico.
Si hay un undécimo
mandamiento este es: “Harás tu trabajo interior”. Si esto suena demasiado
autoritario considera que no es posible bailar la danza espiritual mientras el
suelo esté lleno de escombros psicodinámicos. Para quienes han tenido
experiencias mi recomendación más firme es comenzar a limpiar el suelo. Busca
un terapeuta que te ayude a identificar los problemas personales que te impiden
funcionar al máximo; si no puedes costear la ayuda a largo plazo, elije un
problema y trabaja con un consejero o psicoterapeuta a corto plazo. Si no puedes
costearlo, solicita asistencia en una clínica y. si aún así no pueden
costearlo, consigan una tarjeta de biblioteca y comienza a leer. Este no es un
proyecto a corto plazo ni es la única tarea, pero es absolutamente esencial.
Tan pronto como sea posible
será productivo identificar los problemas que hicieron que la experiencia fuera
tan aterradora: ¿Fue la pérdida de control; la falta de familiaridad, la
rareza; las amenazas de las entidades percibidas? ¿Qué aspecto de ese problema lo
hace sentir como una amenaza tan grande? Luego, trabaja en ese problema. Y
pregúntate: ¿qué significa eso para mi? Si la amenaza era dejar de existir,
¿qué significa eso? ¿Morir físicamente? ¿Desaparecer
espiritualmente? No eres el único que siente esta amenaza; ¿qué dicen los demás
al respecto? Este es el momento de entablar una buena amistad con tu
bibliotecario local, tu librero de segunda mano y el poder de internet. Motores
de búsqueda. Algunas terapias a corto plazo pueden ser particularmente útiles
en este caso, especialmente en cuestiones relacionadas con el control y el ser.
REFORMULAR SÍMBOLOS: OTROS
SIGNIFICADOS.
Como se explicó en el
capítulo 13, una primera interpretación de las imágenes probablemente sea
demasiado superficial. Al tratar con símbolos espirituales, como al leer la
Biblia u otra literatura religiosa, la ingenuidad indebida tiene alto precio.
(Por ejemplo, Dios no es ni fue nunca literalmente un pastor, ni una roca, ni
un rayo. Jesús no era un cordero real. Interpretar el lenguaje simbólico como
si fuera literal conduce a una comprensión muy deficiente). Relée el capítulo
13 para recordar todo esto.
El fuego, por ejemplo, que
generalmente interpretamos como el peor castigo tiene una historia honorable
como símbolo de Dios, de purificación, limpieza y renacimiento (por ejemplo, el
surgimiento del Fénix). La diosa egipcia Isis bañó al infante príncipe en
fuego, no como castigo sino para concederle la inmortalidad.
La oscuridad, el llanto y el
crujir de dientes pueden adquirir un nuevo significado cuando pensamos en
ellos, como señala el teólogo Hans Kung, en términos de metáforas que suenan
duras para la amenazante posibilidad de que una persona pierda por completo el
sentido de su vida.
Al igual que en los sueños,
una sugerencia de muerte puede indicar mucho más que el final de la existencia
física: el final de un proyecto, de una relación o fase de la vida, o un cambio
importante en la conciencia y el pensamiento de una persona.
El Vacío puede parecer el
abandono definitivo; pero para alguien que está dispuesto a experimentarlo de
esa manera también puede representar la unidad y el potencial definitivos.
Una criatura con cuernos,
aterradora si solo se la considera Satanás, tiene una historia antigua como
guía. Cuanto más se conoce el lenguaje simbólico, más rica se vuelve la
comprensión.
RECONOCER LO QUE UN RECURSO PUEDE HACER
Un psicólogo clínico puede
ser experto en desentrañar la historia de vida pero no los símbolos oníricos.
Un director espiritual trabaja con la relación de una persona con lo sagrado,
no con problemas psicológicos profundos. En cualquier momento, uno puede ser
más útil que otro
.
IDENTIFICAR UNA COMUNIDAD
El trabajo siempre se hace
solo, pero otros pueden ayudar. La precaución y el discernimiento son
cruciales; esto es más difícil que encontrar un dentista.
Algunos grupos de apoyo de
IANDS pueden ser útiles; otros son demasiado temerosos o están demasiado
enamorados de la experiencia radiante como para tolerar las profundidades.
Para quien ha abandonado una
religión vale la pena intentar regresar. La mayoría de los expertos recomiendan
mantener la fe, aunque no necesariamente
la misma si tu perspectiva ha cambiado. Si la tradición de la infancia no te
hizo daño, podría valer la pena retomarla o, si te resulta incómoda, buscar una
que se ajuste mejor a tu perspectiva actual. (Buscar una iglesia es sensato, no
un pecado).
En algunas zonas geográficas
es posible encontrar un grupo de espiritualidad o un club de lectura. Ten
cuidado, estos pueden ser maravillosos pero a menudo son el blanco de personas
especialmente necesitadas o sin fundamento que consumen energía emocional y
dicen tonterías en lugar de fomentar la comprensión y crecimiento genuinos.
Esta misma precaución se aplica a los grupos de estudio bíblico: si demuestran
un interés desequilibrado en el castigo y las predicciones catastróficas, o se
absorben más en las advertencias sobre la influencia satánica que en vivir en
armonía con la Santidad, busca otro grupo. wisto
17. CONCLUSIONES; SOLO LOS HECHOS
¿Qué sabemos sobre las ECM
angustiosas? Los datos básicos sobre las experiencias "no tan
positivas", como las denominó delicadamente la autora Barbara Rommer,
pueden resumirse rápidamente.
Los relatos de ECM de todo el
mundo se remontan a la antigüedad. Algunos son desafiantes, incluyendo aquellos
descritos como aterradores viajes a través del inframundo.
- Todas las experiencias
cercanas a la muerte pertenecen a una familia de sucesos de la psique
profunda (algunos dirían “alma”) que incluyen experiencias profundas de
oración, meditación, iniciación chamánica, experiencias cercanas a la
muerte y muchas otras circunstancias, conocidas con diversos nombres como “místicas”,
“imaginales” y “espiritualmente transformadoras”. Ocurren en situaciones
con y sin riesgo de muerte.
- Desde la perspectiva
neurocientífica, de las numerosas explicaciones fisiológicas propuestas,
la participación del lóbulo temporal parece ser fundamental como mediador
del componente afectivo de las ECM. Cabe destacar que esto es distinto del
contenido y el significado atribuidos al suceso.
- El efecto principal de
una ECM suele ser una conciencia poderosa y duradera de que hay más en la
realidad que el mundo físico.
- Las ECM no tienen
favoritismos: aparecen en todos los grupos demográficos, como edad, raza,
etnia, nacionalidad, género, preferencia sexual, educación, ocupación,
nivel socioeconómico, antecedentes y creencias religiosas, nivel de
actividad religiosa y expectativas de vida después de la muerte. A pesar
de la escasez de datos demográficos sobre las ECM angustiosas, parecen
mostrar la misma distribución general.
- Las investigaciones
indican que la gran mayoría de las ECM son placenteras o incluso mejores,
pero que hasta una de cada cinco puede producir terror intenso, culpa,
pánico, soledad y desesperación. Así como las ECM radiantes representan
las cimas de la experiencia espiritual/humana, estas representan las
profundidades.
- Debido a que las ECM
angustiosas aparecen en tantas circunstancias personales, no hay prueba objetiva de que sean un castigo por
creencias erróneas o conductas no aceptadas, o de que sólo les sucedan a
personas malas.
- Tanto las ECM
placenteras como las angustiosas comparten algunos patrones comunes, que
pueden incluir: una experiencia extracorpórea; movimiento; cualidades
especiales de luz u oscuridad; un paisaje; encuentro con presencias;
emoción intensa; a veces elementos trascendentes (símbolos, imágenes
arquetípicas, etc.) y una cualidad noética. Algunas experiencias incluyen
más de estos elementos que otras. Las ECM angustiosas suelen carecer de
una revisión de la vida, de las características emocionales positivas de
las ECM placenteras y de la pérdida del miedo a la muerte.
- Hay al menos tres tipos
de ECM angustiosas, cuatro si separamos una ECM por lo demás placentera
con una reacción de culpa por la revisión de la vida: 1) Características
comunes en las ECM placenteras, pero experimentadas negativamente; 2) el
Vacío; 3) características interpretadas como el infierno.
- Las ECM no siempre son extáticas
sino que pueden pasar de desagradables a placenteras o, con menos
frecuencia, al revés.
- Las ECM angustiosas no
se denuncian lo suficiente por miedo, vergüenza, estigma social, la
sensación de que la persona no puede cargar a los demás con información
tan horrible y otras razones.
- Una ECM angustiosa puede
producir un trauma emocional y psicoespiritual duradero.
- El hecho mismo de que se
haya informado de una fuerte respuesta emocional presente durante una ECM
indica que la interpretación comienza dentro de la experiencia.
- Cualquier informe que
identifique la presencia de un individuo en particular, especialmente una
figura espiritual, es una percepción que puede ser real o no, pero no
puede confirmarse en ningún caso. Sin embargo, esa identificación es lo
que la persona experimentaba, por lo que contribuye al significado.
- Las entidades
encontradas se describirán según la interpretación de la persona y el
vocabulario disponible: por ejemplo, las imágenes no reconocidas del
Yin/Yang en mi ECM, que durante años conocí y describí solo como
"círculos". Además, a un arquetipo se le puede dar un nombre: un
"doble de Jesús" en la ECM de un no cristiano; "Oh, era
Dios", de un niño de cuatro años. De nuevo, no hay forma de saber si
la identificación es real o experiencial; en última instancia, la única
diferencia radica en el uso que se le da a la identificación después de la
experiencia.
- Las ECM placenteras
tienden a transmitir mensajes para la vida que son comunes en todos los
sistemas religiosos y filosóficos: el reconocimiento de fuerzas más allá
de la realidad física observada, un mandato de amor y compasión;La
importancia del aprendizaje; la centralidad del servicio a los demás. Las
ECM angustiosas tienen mensajes menos concretos, pero siguen el antiguo
patrón chamánico de sufrimiento/muerte/resurrección, que, en términos
menos metafóricos, puede interpretarse como una invitación a la
introspección, al desmantelamiento de creencias fundamentales y a la
reconstrucción.
- Tras una ECM angustiosa,
una persona puede encontrarle sentido a su vida reformando su vida,
posiblemente con una afiliación religiosa convincente, o mediante el
reduccionismo; a algunos les cuesta encontrar una solución. Más allá de
eso, hay poca información sobre cómo las personas afrontan la situación.
- Las ECM no se ajustan a
las enseñanzas exactas de ningún sistema cultural, filosófico o religioso
específico. Muchas personas entienden que esto revela algo vital sobre la
naturaleza del universo y las enseñanzas religiosas fundamentales, aunque
algunas organizaciones religiosas las consideran falsas o satánicas.
Más allá de estas
observaciones no hay mucho más que conjeturas, a las que, cabe señalar, este
trabajo no es inmune.
OBSERVACIONES
Los seres vivos están
diseñados para evitar la muerte: bacterias, robles venenosos y rosales,
almejas, escorpiones y mariposas, cocker spaniels y perezosos trepadores de
árboles. Se camuflan, tienen dientes, conchas, garras, son venenosos, rápidos,
todo para proteger la vida. Si te acercas demasiado a una ameba, huirá.
Diseñado para proteger
nuestra vida, todos moriremos. Los humanos vivimos con la conciencia de ese
hecho constantemente, lo cual contradice nuestro instinto de supervivencia. Una
experiencia cercana a la muerte angustiosa desencadena ese instinto. Amenazados,
huimos a toda prisa. Pero nunca podremos...Comprender estas experiencias
huyendo. Para comprender cualquier cosa es necesario acercarse, conocerla. ¿De
dónde provienen estos sucesos que agobian la vida? ¿Qué significan?
Mi experiencia ocurrió hace casi cincuenta años,
y he pasado la mayor parte de ese tiempo, primero aprendiendo a no huir de
ella, y luego tratando de descubrir qué se podía decir acerca de experiencias
tan devastadoras a nivel intelectual, emocional y espiritual.
Mi respuesta: Observa el
universo y comprende que está compuesto de luz y oscuridad, franjas de
tranquilidad y mundos de violencia, poderes y lo que quienes no somos físicos
insistimos en llamar energías. Ninguna puede observarse sin las demás.
Nosotros, y nuestras experiencias, formamos parte de ese universo. El
funcionamiento del universo (la Creación) se refleja en cómo estamos
constituidos nosotros y todo lo demás en nuestro planeta, cómo estamos
diseñados, cómo funcionamos. Es una máxima que no sorprende: como es arriba, es
abajo.
¿Por qué, entonces, nuestras
experiencias internas no deberían reflejar las características que se extienden
por todo el universo: la luz, la oscuridad, el silencio, la violencia?
Lo que tiene sentido para mí
es pensar en esas fuerzas invisibles, desconocidas, que ocupan todo el espacio,
que pueden ser la constante cosmológica de Brian Greene, o quintaesencia (una
palabra acertada), más allá y a través de la cual algunos de nosotros creemos
que existe la fuerza invisible que llamamos Dios.
Lo que me parece lógico es la
idea del reino imaginal, lo que Jung llamó el inconsciente colectivo, de
símbolos e imágenes, los arquetipos que moldean y pueblan nuestras mentes y
entendimientos, de la misma manera que otras fuerzas invisibles moldean el
espacio. Son la materia prima de nuestras construcciones filosóficas y
religiosas, laPortadores de mensajes y significados sobre el universo. Me da
igual que el reino imaginario, el inconsciente colectivo, sea real o
metafórico, porque, al igual que la gravedad, el concepto funciona demasiado
bien como para explicar demasiado como para ignorarlo. Creo que es la fuente de
nuestras experiencias transformadoras, como lo ha sido de todo acto creativo.
¡Es un misterio! A partir de
él, la humanidad ha forjado explicaciones, algunas de las cuales se han
agrupado en culturas y sistemas de creencias, no todos religiosos, con
doctrinas, dogmas y prácticas rituales; funcionan como sistemas cerrados y se
puede vivir en ellos. Todas ellas, ya sean religiosas, filosóficas, científicas
o económicas, son intentos de comprender y explicar el universo. Algunas, como
esta, se convierten en libros.
Lo que tiene sentido para mí
es tomar esos productos, que constituyen los materiales mentales del mundo (los
descubrimientos de la ciencia, los escritos sagrados, las enseñanzas
culturales, la erudición y la creatividad de las buenas mentes) y comparar
mi experiencia cercana a la muerte y las
de otros con ellos para ver dónde se tocan, cómo reflejan ideas similares o
diferentes, cómo representan la realidad, el cuerpo de la Creación.
RESOLUCIÓN
Hemos estado hablando del
trabajo de toda una vida.
Las tentaciones gemelas de
las experiencias cercanas a la muerte, tanto luminosas como oscuras, son la
parálisis y la huida. Tras una experiencia gloriosa, la tentación es,
curiosamente, la parálisis de la autosatisfacción espiritual, incluso de la
grandiosidad, y la huida del mundo físico en una búsqueda insaciable de más
luz, más dicha, más "hogar". Con demasiada frecuencia, es una negación
de la vida. En cambio, con una experiencia horrorosa, la tentación es la
parálisis.de desesperación, un miedo desesperado tanto de vivir como de morir,
una huida del compromiso.
Ninguno de los dos enfoques
es completo. Como observó William Jacobo (319), una característica de todos los
sucesos místicos es que son la experiencia de un instante de una vida, no la
totalidad de esa vida. El suceso moldeará, pero no debe consumir, todo lo que
viene después.
Nadie desearía la tarea de
limpiar los espantosos restos de las Torres Gemelas, ni la labor de los
voluntarios en Oriente Medio, o en cualquier otro lugar, que se encargan de
recolectar restos humanos de personas destrozadas por las bombas. Sin embargo,
son esas labores, y la persistencia e integridad de quienes las realizan, las
que convierten a los héroes en el arquetipo moderno del descenso a un
inframundo inimaginable.
Nadie desearía una
experiencia así; sin embargo, una vez que llega, uno desea afrontarla con
valentía y compasión, reconociendo que con el tiempo el mundo se rehará y los
muertos recibirán el respeto que merecen. Algunos trabajadores se sentirán
abrumados por la carga; para la mayoría, el don puede ser reconocerse como
parte de esa restauración arquetípica, marcados a perpetuidad por la
profundidad y el conocimiento del sufrimiento. Estos no son los dones que uno
pide, pero en la incomprensible plenitud de la experiencia humana, a veces son
los que debemos encontrar.
Se pueden extraer
conclusiones similares sobre las experiencias cercanas a la muerte. No son
triviales ni insignificantes. Así como las experiencias radiantes representan
las cimas del encuentro numinoso, las angustiosas representan las
profundidades. Ninguna de estas experiencias es concluyente sobre la perfección
o la fragilidad del sujeto ni sobre el alcance de los cielos.
Si de aquí se extrae una sola
conclusión, quizá se nos pida un nivel superior de comprensión: reformular la
suposición generalizada de que el dolor equivale a un castigo, de que el
sufrimiento es per se maléfico (aunque sin duda lo
es en algunos casos). Ciertamente, es posible desestimar o negar un
acontecimiento angustioso indeseable, negar su importancia. Pero estas son
técnicas de evasión, como lo son en cualquier intento de escapar de una
realidad indeseada. La importancia no tiene por qué significar grandiosidad,
sino simplemente crecer hacia una sensación de ser más matizada. Es posible,
entonces, con tiempo y atención, afrontar la experiencia y descubrir que de
ella puede surgir un significado valioso. Esto no es un romanticismo ingenuo,
aunque sí una bandera contra el nihilismo.
En el nivel más simple
posible, estoy convencido de que el enfoque más útil para estas experiencias es
pensarlas no en el lenguaje de las noticias diarias, como si fueran verdades
objetivas, sino en el lenguaje del espíritu, como figuras de significado
enviadas de forma disimulada. Interpretarlas como símbolos y metáforas, como
indicadores que van más allá de sí mismas. Si tu formación religiosa te hace
sentir blasfema ante una respuesta metafórica, intenta abordarla con un
"¿Y si...?". O si el escepticismo te paraliza la imaginación, haz lo
mismo. ¿Y si hubiera otra explicación más allá de la literal? ¿Cuál podría ser?
Abordadas de esa manera, las
experiencias se revelan no como amenazas ni sentencias severas, sino como
invitaciones solemnes. Son variaciones de mensajes antiguos, en gran medida una
llamada al amor y al sufrimiento como forma de abrirse paso hacia la
comprensión: Hay un gran Más (lo llamo así para incluir a quienes rechazan cualquier
distorsión que perciban como "Dios"; llámalo como quieras) en el que
estamos llamados a participar. En su esencia está la compasión. Ven y sé parte
de él intencionalmente.
No eres quien crees ser;
ninguno de nosotros lo es. Es hora de cambiar, de abrirnos a una comprensión
más amplia. Dado que esto resulta tan amenazante para nuestra sensación de ser
e identidad, resulta aterrador. Sin embargo, como dijo Rilke: “Todo ángel es
aterrador”. La respuesta es cambiar de perspectiva.
Esto les digo a los que
tienen experiencia:
ECM angustiosa,
miedo a la luz: Es cierto. No tienes el control. Esfuérzate por
comprenderlo. Luego, libera tu ego. Hay un Más en el universo llamado Universo,
Fuerza, Espíritu, Dios, algo que impregna el mundo,
tu vida; hay más que tu propio control. No pasa nada. Puedes aprender a confiar
en él.
El Vacío:
Es cierto. Los objetos no son la realidad como crees. Ni siquiera tú mismo. Se
te pide que dejes ir la transitoriedad de los objetos, incluyéndote a ti mismo,
y que comprendas que, en última instancia, solo existe el Ser. No pasa nada.
Hay Más.
Infernal:
Es cierto. Tu propio ser sabe que está amenazado, incluso atacado. Se te exige
que te desprendieras de ti mismo, que mueras a ti mismo para que puedas
renovarte, sí, incluso "renacer", aunque no en un sentido estricto y
doctrinal. Desde tu posición actual, se siente como un infierno; pero en
realidad es una invitación a abrir tu mente. Aprende a vivir con mayor
amplitud, con mayor inclusión.
Todos: Se necesita un corazón
abierto, una actitud abierta, para aprender a vivir con mayor amplitud. Es el
camino de la compasión, de la fidelidad, de la confianza en que la oscuridad no
tendrá la última palabra. Lo llamo sagrado.
Se podría decir: Amén. O,
como dijo Steve Jobs: "¡Guau! ¡Guau! ¡Guau!".
APÉNDICE 1 : INTERVENCIONES PARA CUIDADORES
Las experiencias que sugieren
una experiencia cercana a la muerte o una visión en el lecho de muerte no son
nuevas para los cuidadores de hospicios, hospitales o servicios de urgencias
que trabajan con pacientes graves y moribundos. Afortunadamente, la gran
mayoría de estas visiones son reconfortantes y tranquilizadoras. Sin embargo,
algunas son profundamente angustiosas, y los cuidadores deben estar preparados
para afrontarlas. A modo de ejemplo, a continuación se presentan citas de un
blog de enfermería ( allnurses.com )
sobre visiones en el lecho de muerte sumamente angustiosas.
También he visto muchas de
las hermosas y pacíficas escenas que acabo de describir. Pero (¿ya lo sabían,
verdad?) vi a un joven de veintipocos años, que estaba perdiendo la vida por el
cáncer, que se despertó en mitad de la noche gritando a todo pulmón:
"¡Viene a buscarme! ¡Viene a buscarme!". Todos corrimos a la
habitación y fue horrible. El paciente estaba arrinconado (antes estaba
demasiado débil para ir al baño, así que usó una palangana), con las vías
intravenosas desconectadas, sangre por todas partes y señalando el crucifijo en
la pared mientras gritaba. Mientras intentábamos llevarlo de vuelta a la cama,
agarró a una enfermera por el cuello y... simplemente se desplomó con una
expresión de horror en su rostro y murió. Cuando llegó la morgue y lo recogió,
todavía tenía esa expresión. Creo en una vida después de la muerte en paz...
PERO... También hay una que no es pacífica... creo.
Otra paciente... Fue un
miembro muy prominente de la comunidad y feligresa toda su vida. La noche antes
de morir, la teníamos en un sillón reclinable junto a la enfermería porque no
quería estar sola. Gritaba: "¡Dios mío! ¡El diablo viene por mí! ¡Me va a
llevar!", y no paró en toda la noche. Lo seguía haciendo cuando me fui esa
mañana, y falleció esa misma tarde. Las otras enfermeras dijeron que estuvo
gritando hasta el instante en que falleció.
Yo también he visto este tipo
de muertes. Lo interesante es que estos pacientes en los que estoy pensando no
creían en el más allá. Creían en la nada, en la nada absoluta. ¡Kaput! Se
acabó. Es obvio que vieron algo... ya fuera una figura religiosa, un ángel o
algo totalmente desconocido para ellos... y se asustaron muchísimo, pensando
todo este tiempo que no iba a pasar nada. Es un suceso horrible de presenciar
y, aún más, de experimentar. Siempre que tengo un paciente que cree en la
"nada", tengo que decirle: "No te asustes si ves _____".
Resoplan. Espero.
SUGERENCIAS GENERALES
Esas experiencias no son en
absoluto típicas de las visiones en el lecho de muerte, pero ocurren. Quizás
fueron tan horrorosas para el personal de enfermería como para los propios
pacientes, ya que desencadenaron ansiedades universales sobre la muerte, y los
sentimientos de impotencia y miedo violaron el deseo de los cuidadores de hacer algo para ayudar. Las enfermeras y los auxiliares,
como el resto de la población, casi con certeza tienen muy poca información
para comprender lo que está sucediendo. En segundo lugar, es probable que no
tengan idea de cómo responder, lo cual no es sorprendente, considerando que la
mayoría del clero siente lo mismo. En tercer lugar, dependiendo de sus propios
miedos de inspiración religiosa, ellos mismos pueden estar traumatizados. Las
sugerencias en este capítulo pueden ser útiles para establecer un protocolo y
ofrecer al menos un guion básico de respuesta. Los cuatro pasos esenciales son:
1) preparación; 2) evaluación; 3) actuación; 4) respuesta.
PREPÁRATE.
Información
La ignorancia nunca es útil
en la consulta. Como observa la psicóloga Marilyn Mendoza (2008), no es útil
que un cuidador con información insuficiente se encuentre con este tipo de
situación y salga corriendo de la habitación gritando. La información puede
proporcionarse mediante tareas en clase, lecturas o materiales audiovisuales.
Todo el personal de cuidados
críticos, cuidados paliativos y atención al final de la vida en hospitales,
incluyendo capellanes y voluntarios, necesita al menos una clase introductoria
sobre experiencias relacionadas con la muerte, tanto placenteras como
angustiosas: conciencia de la muerte cercana, experiencias cercanas a la muerte
y visiones en el lecho de muerte. La clase debe incluir al menos una breve
mención de las interpretaciones comunes de lo que sucede con los sucesos en el
lecho de muerte. ¿Son prueba de:
- Un brote psicótico
- Simplemente un trastorno
neurológico
- Una alucinación
- Algo realmente extraño y
aterrador de otro mundo.
- El diablo en acción
- Una erupción del
subconsciente
- Un suceso común al final
de la vida de origen desconocido
- Prueba literal de una
vida después de la muerte
Estas no
son prueba de que el paciente se esté volviendo loco o psicótico; las visiones
probablemente son más que la típica alucinación. Son neurológicas en el sentido
de que toda experiencia física o mental humana se transmite por medios
neurológicos. Son extrañas en la medida en que son inusuales en el día a día de
la conciencia ordinaria; sin embargo, no son inusuales en estas circunstancias,
ya que estar cerca de la muerte no es un suceso ordinario. La existencia del
diablo no es algo que pueda probarse, aunque mucha gente cree que existe tal
entidad; si eso es lo que la persona cree, entonces esa es la forma en que debe
abordarse la situación. Además, muchas personas creen que este tipo de sucesos
apuntan a la realidad de la vida después de la muerte, que tampoco puede
probarse en ningún sentido científico, pero a la que se aplica la misma
respuesta.
La respuesta más útil a la
pregunta "¿Qué está pasando?" es que estos son sucesos previsibles
del final de la vida, de origen desconocido. Suceden. Pueden interpretarse
desde perspectivas religiosas o seculares. Son profundamente significativos
para la persona que los experimenta y para su familia.
Independientemente de si se
puede ofrecer una clase, proporcione material de lectura confiable. Si no es
posible contar con una pequeña biblioteca física, al menos proporcione una
lista de libros y artículos.
Para una introducción fácil
de leer sobre los sucesos relacionados con la muerte, el libro de Mendoza
(2008), We Do Not Die Alone, ofrece un panorama
anecdótico de una amplia variedad de situaciones y experiencias, incluyendo las
más angustiosas. El libro Final Gifts, de las
enfermeras de cuidados paliativos Maggie Callanan (1997) y Patricia Kelley,
introdujo el término "conciencia de la muerte cercana" para describir
la forma en que las personas cercanas a la muerte suelen expresar sus necesidades
en términos metafóricos. El libro se ha convertido en un recurso imprescindible
para el personal de cuidados paliativos y los familiares y amigos de personas
cercanas a la muerte.
La fuente de información más
fiable sobre este tipo de sucesos es IANDS, la Asociación Internacional para
Estudios Cercanos a la Muerte. Ofrecen materiales de lectura y audiovisuales,
una bibliografía completa, ponentes recomendados, una lista de grupos de apoyo
locales y mucho más. La información de contacto se encuentra en su interesante
sitio web: http://iands.org
Recursos de acción
Protocolo
Debido a que el pánico en el
lecho de muerte o la agitación severa son tan perturbadores para el personal y
los miembros de la familia, así como para el paciente, es útil desarrollar un
protocolo sobre cómo lidiar con tal situación.
Historia espiritual del
paciente
Cada vez más investigaciones
demuestran el valor de saber algo sobre los antecedentes e intereses de un
paciente, al menos hasta el punto de conocer la actitud de la persona hacia la
práctica religiosa, sus creencias religiosas o la falta de ellas, su formación
religiosa infantil, su música favorita, sus ansiedades o temores sobre la
muerte o su interés en hablar con un capellán.
Personal
Asegúrese de que haya al
menos un miembro del personal con formación, experiencia o al menos experiencia
en lectura sobre ECM angustiosas y visiones en el lecho de muerte, y que esté
preparado para manejar una situación difícil. Incluya la información de contacto
de esa persona en el protocolo publicado. En un centro con servicio de
capellanía, incluya al capellán; de hecho, hágase amigo de él. Aunque pueda
parecer extraño en un entorno clínico, sepa quién del personal es bueno
rezando. Como en cualquier otra actividad, algunas personas tienen más
habilidad para la oración que otras; incluya al personal de limpieza y a los
auxiliares según corresponda. (No es necesario que todas las oraciones se hagan
en voz alta, y se pueden hacer a distancia, pero la calidez de la oración
directa de una persona de fe es legendaria).
Materiales
Cree una pequeña biblioteca
de recursos para pacientes: CD de música para escuchar a los moribundos (himnos
tranquilos, música de arpa, música instrumental); un cuaderno de hojas sueltas
o un pequeño libro con oraciones, pasajes bíblicos y la letra de himnos
conocidos que se puedan leer en voz alta. En mi opinión, todo cuidador, en
cualquier nivel, debería tener una colección de oraciones breves memorizadas,
afirmaciones y poemas o letras de canciones para recurrir cuando sea necesario.
Qué hacer
Contar con información
teórica es importante, pero aún más esencial es saber qué hacer en caso de una
crisis. Afortunadamente, los casos de angustia grave o pánico absoluto en un
paciente no son comunes, pero ningún hospital ni hospicio debería ignorar esta
posibilidad. Algunos consejos:
Acepta que la persona
realmente está experimentando lo que sea que esté sucediendo, así que es
importante que respondas en consecuencia. Gritar "¡No hay nada ahí!"
no ayudará.
Tener información esencial
sobre los antecedentes de los pacientes permitirá sugerir a qué puede responder
un individuo.
Evaluación
Como en cualquier emergencia
clínica, ante un suceso angustioso en el lecho de muerte, verifique qué sucede
en la habitación. El oído es el último sentido que permanece lúcido, pero una
persona desorientada podría no ser capaz de interpretar los sonidos con
precisión.
¿Qué ve o escucha el
paciente? Las experiencias difíciles para los pacientes se han visto
precipitadas por familiares discutiendo sobre la cama de un padre semicomatoso;
por sermones infernales o advertencias catastróficas provenientes de la radio o
la televisión; por equipos ruidosos o ruidos fuertes en la radio o la
televisión; por personal ruidoso bromeando y hablando cerca; por un entorno
concurrido, como cuando un paciente confundido se queda sin atención en la
enfermería o en un pasillo concurrido. Restaurar un ambiente tranquilo puede
marcar la diferencia.
En caso de pánico en el lecho
de muerte de un paciente
Algunas situaciones se
resuelven demasiado rápido para intervenir, como la del joven acurrucado en un
rincón. En ese caso, bastan las oraciones y visualizaciones de los cuidadores.
Pueden ser muy poderosas. Incluso en medio de tanta prisa y confusión, es
posible visualizar rápidamente a la persona en un círculo de luz y orar lo que
sea rápido y significativo: "Señor, ten piedad"; el Shemá:
"Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor es uno",
"¡Guías, vengan a él!"; un sincero "¡ Dios,
ayúdame !"; o simplemente "¡Paz!". Súplicas como esta
pueden resonar en la mente mientras la atención física se centra en las tareas
en cuestión.
Cuando no haya tiempo para
conversar, ofrezca algo que lo alivie en lugar del terror. Tener información
esencial sobre los pacientes le indicará a qué podría responder una persona: un
salmo, una oración, una canción popular. Dígalo en voz alta; cántelo. Si no lo
sabe, pruebe con "Sublime Gracia" o el Salmo 23 .
En caso de miedo prolongado
(la mujer en el mostrador de enfermería)
Cualquier persona que
atraviesa una angustia prolongada y evidente necesita ayuda. La clave está en
tranquilizarla. Asegúrele que no está sola y que puede obtener ayuda.
A la altura de los ojos de la
persona, ofrécele seguridad. Dile: "Todo estará bien. Estarás
bien". Dilo en serio. La seguridad puede ser tan simple como: "Estoy
aquí para ayudarte". "Ahora estás a salvo".
Considere pequeñas cantidades
de medicamentos relajantes como primer recurso (una enfermera de cuidados
paliativos con experiencia me dijo que esto no debería incluir Ativan).
Ayúdenlos a poner algo en
lugar del terror. A menudo, esto consiste en cantar, como "Amazing
Grace", o podría ser una canción infantil sencilla como "It's a
beautiful day in the neighbor" del Sr. Rogers, "Jesus Loves Me"
o "Sesame Street". Incluso una canción dulce como "Itsy Bitsy
Spider" servirá. Si no se saben ningún himno, canten lo que se sepan; y no
importa si no pueden cantar. Canten parte de una línea y vean si la persona puede
completar la última palabra. Hagan su
lista de cosas que puedan memorizar. Guarden una lista en algún lugar de
la unidad de enfermería.
Llame al capellán. La
autoridad del clero es un gran don en momentos como este, y en algunos casos,
un ritual puede ser útil. Si la persona teme, como esta mujer, la perspectiva
del infierno, es apropiado recordarle que la Biblia enseña no solo la ira de
Dios, sino también el perdón; el capellán puede realizar una breve ceremonia de
perdón para ayudar.
Por supuesto, hay pacientes
que han dicho que no quieren ver a un capellán ni a ningún clérigo. Se sugieren
las estrategias mencionadas aquí porque pueden ser realizadas por clérigos o
laicos.
A veces, una sugerencia más
visual de protección puede llegar a una persona asustada. En este caso, tenga
en cuenta que lo que el paciente pueda usar es más
importante que sus propias creencias (o la falta de ellas). Este no es
el momento de discutir ni siquiera considerar sus propias opiniones teológicas
o filosóficas. Puede ser útil repetir en voz alta una frase apropiada para las
creencias de la persona, si las conoce: "Estás a salvo en una burbuja de
luz". "Estás en un círculo de la luz blanca de Cristo",
"Jesús, ven a este niño" o simplemente, "He puesto un escudo para
protegerte". Use sus propias palabras; el punto es transmitir que la
protección se interpone entre la persona y el peligro. En el caso de la mujer
específica mencionada anteriormente, habría sido apropiado decir con firmeza:
"El diablo no puede alcanzarte. Estás a salvo en un círculo/una cerca de
luz. Estás protegida. Cristo/Dios/Elías está contigo". Una oración
sencilla podría decir: "Oh, cariño, estoy orando para que ese diablo se
aleje. Ahora estás a salvo".
Involucre a la persona.
"¿Quién está ahí para ayudarte? Busca a tu guía//tu ángel/tu amigo".
Si dice que no hay nadie, sugiérale que invite a alguien. ¿A quién le gustaría
tener con ella? Vivo, muerto, conocido personalmente o no; la cuestión es que
el paciente no va solo.
Dependiendo de lo que se
conoce sobre los antecedentes personales del paciente, se puede decir: Invoca a
Dios (o a Jesús/María/Elías/Alá) para que esté contigo. Rodéate de la luz
blanca de Cristo. Pide ayuda a tu ángel de la guarda. Ve hacia la luz.
Si no le resulta molesto al
paciente, tome la mano de la persona o póngala sobre su hombro mientras habla.
Tenga en cuenta que una persona en estado de alerta puede percibir el contacto
como un ataque; puede ser útil decirle que va a tocarla antes de hacerlo.
En voz alta, rece el
Padrenuestro o un salmo. Debería ser fácil encontrar una Biblia cristiana; para
pacientes judíos, aquí está el salmo 23, traducido de la Biblia de
Estudio Judía:
Salmo 23
El Señor es mi pastor, no
necesito nada más.
Él me hace descansar en
verdes pastos;
Él
me conduce a fuentes de agua en lugares de reposo;
Él
renueva mi vida;
Él me guía por caminos rectos
como corresponde a su nombre.
Aunque ande en valle de
sombra de muerte,
No temo ningún mal, porque tú
estás conmigo;
Tu vara y tu cayado me
infundirán aliento.
Preparaste una mesa delante
de mí a la vista de mis enemigos.
Con aceite suavizas mi
cabeza; mi bebida es abundante.
Solamente el bien y la
misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová
moraré por muchos años.
En caso de procesamiento
después de una experiencia difícil
Dar seguridad: Sí, una
experiencia cercana a la muerte angustiosa o similar es difícil de superar,
pero es un rompecabezas, no un castigo. No significa que el paciente sea una
mala persona ni esté condenado. Los santos han tenido experiencias como estas.
No hay prueba que respalde la suposición común de que una buena persona tendrá
una buena ECM y una mala, una aterradora. Algunas personas que han tenido más
de una ECM han tenido tanto experiencias agradables como difíciles.
Santos y personas devotas a
lo largo de la historia han relatado experiencias espirituales aterradoras
(véase la descripción de Santa Teresa en el
capítulo 6 ). Al igual que ellos, intenta buscar el mensaje oculto tras el
miedo. Sigue rezando. Si la persona no reza, prueba con afirmaciones.
Existe cierta prueba (Bache,
2000) de que una ECM aterradora o un suceso similar es simplemente incompleto.
Basándonos en muchos años de experiencia terapéutica, hay razones para creer
que cuando una ECM difícil se ha descargado por completo o se prolonga lo
suficiente (independientemente del significado de "duración"), se
vuelve dichosa.
Como ejercicio básico, haga
respiración profunda con imágenes: inhale luz, exhale toda oscuridad y miedo;
inhale paz, exhale miedo; modifíquelo para cada individuo.
Como técnica continua,
sugiera la visualización de estar protegido dentro de un círculo: Piense en
usted mismo rodeado por una burbuja de luz/por la luz blanca de Cristo/por un
escudo invisible.
Como espero que este trabajo
te haya indicado, para el universo (y para nosotros, que vivimos en él), la
realidad incluye tanto oscuridad como luz. La oscuridad nunca es del todo
concluyente. Para libros fácilmente disponibles con relatos de ECM placenteras
y radiantes, lea el libro original, Vida después de la
vida, de Raymond Moody; o, para una perspectiva de investigación sólida,
especialmente para lectores cristianos, Luz y muerte, de
Michael Sabom; o, para una visión integral con un enfoque más neo-age, El gran libro de las experiencias cercanas a la muerte, de PMH
Atwater. Visite el sitio web www.iands.org
para ver relatos de experiencias, la mayoría de los cuales son positivos. Sus
historias de luz equilibran la negatividad de las ECM angustiosas y merecen ser
escuchadas o leídas una y otra vez.
Sugerir que la persona elija
un guía amigable como compañero (que puede estar vivo o muerto, alguien
conocido o quizás una figura religiosa o heroica).
Vea las sugerencias del
capítulo anterior sobre el reencuadre: ¿qué otro significado podría tener la
imagen de la experiencia aterradora; qué otras interpretaciones se podrían dar?
Cuente las maravillosas
historias, las radiantes ECM. Reproduzca el audio de cualquier panel de la
conferencia IANDS donde los participantes describan sus ECM.
Vea el comentario de la
enfermera n.° 3 arriba: Si ve ____, puede hacer esto ____.
Vea todas las técnicas sugeridas
en el Capítulo 10 .
Busca la Luz y ve por ella.
Si la persona dispone de
tiempo suficiente, es útil realizar algunas de las actividades para el final de
la vida que ofrece el hospicio, lo que puede permitirle participar activamente.
Incluso una persona muy frágil puede hacer algunas cosas para prepararse para
el viaje, algo que se ha hecho durante siglos al peregrinar. En casi cualquier
hospicio actual se encuentra una versión del siguiente consejo, extraído de un
sermón pronunciado en el año 1125 (Zaleski, 40):
Piensa
en las personas que te han hecho daño y perdónalas.
Piensa
en cualquier persona a la que hayas ofendido y discúlpate (no es necesario que
esté presente físicamente) y pide perdón. Devuelve todo lo que no te
pertenezca.
Encuentra
una solución pacífica para los conflictos que están bajo tu control; visualiza
una solución pacífica para los conflictos que no están bajo tu control.
Pon
tu casa en orden; o pídele a alguien que escriba algunas cosas que necesitan
hacerse.
Dile
a Dios (o al Universo) que lo sientes y que estás haciendo lo que puedes para
arreglar las cosas; deja que Dios (o el Universo) te perdone.
Respondiendo a familiares y
amigos
Cuando un paciente ha tenido
una ECM difícil, es casi seguro que sus familiares y amigos se sentirán
angustiados. Ayudarlos implica la mayoría de los mismos enfoques que se
sugieren para los pacientes. Necesitan las mismas garantías y las mismas
técnicas para superar su ansiedad.
Independientemente de si la
persona fallece o no, el personal y la familia necesitarán apoyo después. A
muchas personas les ha reconfortado saber que numerosas investigaciones han
demostrado que una experiencia espiritual aterradora, una vez superada, se
transforma en una experiencia de dicha y aceptación. La historia de Howard
Storm puede ser útil. Los santos han informado encuentros espirituales
aterradores; la experiencia no significa automáticamente que el paciente esté
en el infierno. Reconozca que esta información puede no ser bien recibida por
personas fuertemente aferradas a creencias religiosas sobre el fuego y la
condenación literales del infierno, que pueden creer que hablar fuera de su
vocabulario es un delirio satánico; su pastor será el recurso necesario.
APÉNDICE 2: RELATOS DE LA EXPERIENCIA
Estos relatos adicionales
ofrecen una visión más completa de la gama y variedad de experiencias cercanas
a la muerte angustiosas que los pocos ejemplos proporcionados anteriormente.
MIEDO A LA LUZ
Donald
Un hombre
de 64 años desarrolló una infección posoperatoria tras una cirugía de
aneurisma. Al principio, sintió movimiento y le pareció que viajaba en un tren,
pensó, casi lleno de pasajeros. Llevaban sombreros negros con velos negros que
les cubrían el rostro y estaban atados bajo la barbilla. El tren hizo varias
paradas, y en cada una de ellas descendieron algunos pasajeros. Al cabo de un
rato, se dio cuenta de que era el único pasajero que quedaba. Entonces:
Ahora estaba en la última
fila del tren, solo. El tren arrancó con una sacudida terrible y se detuvo en
seco, y salí disparado de mi asiento y lanzado por los aires lejos del tren. Al
mirar debajo de mí, el tren se estaba derritiendo. Un fuerte viento me
arrastraba hacia lo que parecía un embudo con forma de cornucopia, abierto solo
por ambos extremos. Volaba y era arrastrado directamente hacia el vórtice o
embudo. Al final, las luces me cegaban y el destello del cristal era insoportable.
Al acercarme al final, intentaba agarrarme a los lados, intentando no caerme
del extremo al cristal centelleante. Sentía que no quería seguir. ¡Si hubiera
alguna manera de explicarte lo que pasó! Recuerdo vívidamente haber gritado: “Dios,
no estoy listo. Por favor, ayúdame”. Mientras escribo esta carta, lo estoy
reviviendo. Recuerdo que cuando grité, un brazo salió disparado del cielo y me
agarrómano, y en el último segundo me salvaron de caerme del final del embudo,
las luces destellaron y el calor era realmente algo.
EL VACÍO
Iris
No es
raro que una persona que ha tenido una experiencia cercana a la muerte la
recuerde fragmentadamente a lo largo del tiempo, no toda a la vez. Eso pudo
haber sido lo que le ocurrió a esta joven cuatro meses después de su ECM en
1986.
Era cerca de Navidad, y mi
gata había muerto tres días antes. Me estaba vistiendo esa mañana en
particular, cepillándome los dientes, y al mirarme al espejo comencé a lamentar
a la gata, dándome cuenta de que nunca la volvería a ver... Fue cuatro meses
después de mi ECM, y estaba tan completamente abierta con el conocimiento
absoluto de que Todo Es Amor que sabía que no había nada que pudiera
lastimarme... Al mirarme al espejo me di cuenta de que, en ese mismo momento,
estaba flotando en el espacio. Casi simultáneamente, la profunda Realización o
Conocimiento Total me golpeó de que había muerto y estaba completamente sola,
para nunca estar con ningún ser querido, o para el caso, sin ningún ser vivo de
nuevo en ninguna forma... Aunque esta experiencia solo duró unos diez segundos,
estaba en un lugar o estado de conciencia que no conocía [el tiempo]. Para mí
fue por toda la eternidad.
Realmente no hay manera de
describir o explicar cómo se sintió esta experiencia, excepto decir que si una
persona se permitiera a sí misma evocar mentalmente un escenario que
representara la mayor cantidad de miedo y terror que pudiera imaginar y luego
lo multiplicara por cinco mil millones, aún así no sería igual a lo que yo
sentí.
Cuando esta horrible sensación
me invadió, empecé a gritar: "¡No! ¡No!". Podía ver el cuerpo al otro
lado del espejo, y por mucho que intentaba volver a él, era como si una fuerza
enorme me estuviera jalando hacia el espacio. Finalmente, con un esfuerzo
tremendo, logré regresar a el cuerpo, que estaba allí de pie junto al lavabo...
y quería llamar a mi esposo para confirmar que sí estaba allí. De hecho, me
preguntaba si el cuerpo tendría suficiente gravedad para mantenerme en la
tierra, ya que acababa de estar en ingravidez.
En comentarios que envió más
tarde, la misma persona que experimentó dice:
El dolor emocional de la
separación y el aislamiento totales fue aterrador y horrible. [Intenté escapar]
gritando "¡No! ¡No!" y abriéndome paso a tientas para regresar a el
cuerpo. Mientras luchaba por regresar, de repente me encontré de nuevo. No sé
cómo sucedió. Sentí que este lugar en el espacio, que albergaba la energía pura
de la Soledad (el "infierno"), era una acumulación de todos los
miedos del mundo. (Incluso una langosta, con su sistema nervioso, puede
percibir el dolor en sus últimos segundos hirviendo viva. Ese dolor, ese miedo,
etc., se integra en la "Energía Infernal" que debemos resolver en
última instancia).
Jeannie
Hace once años tuve una
experiencia cercana a la muerte. Me encontré flotando en el vacío y no había
nadie, ni siquiera Dios. Me invadió la soledad y la desesperación porque sabía
que esto era la eternidad. No sé cuánto duró ni si dejé de respirar. Me estaban
estrangulando en ese momento. Si necesita saber estas cosas, el hombre que me
atacó podría recordarlas... Simplemente no le diga dónde estoy. Espero que esto
le ayude en su investigación.
Kyle
Esto es
del recuerdo de un accidente ocurrido cuando el escritor tenía once años:
Volví a perder el
conocimiento y lo único que recuerdo es estar muy solo. Podía oír un sonido
agudo y penetrante, y solo existía una luz blanca. Temía que esto fuera la
eternidad y que me perdería aquí para siempre, sin nada más que mi consciencia.
Luis
Finalmente,
ésta fue la experiencia de un hombre de 50 años, que sufría un episodio de
dolor de angina en su casa, para quien el Vacío le sugería un infierno
inminente:
Se me ocurrió que podría
estar pasando a otra vida o algo así. Pero no había color, ni sonido, ni calor,
ni frío. ¡Nada! Me pregunté si esto era lo que había estado buscando. ¿Es esto
todo lo que hay? ¿Es esto lo que obtendría por la fe y la abstinencia?... A los
luteranos se les enseña que uno es justificado solo por la fe... ¡y yo dudaba!
¡Tenía mucho miedo! ¡Aterrado! ¡Tenía poca fe! ¡Iba a ir al infierno! Empecé a
orar, una oración sincera... una oración por fe. "¡No me dejes ir al
infierno! ¡Fortalece mi fe! ¡Dame otra oportunidad! ¡Regresa! ¡Dame fe! ¡Más
fe!". Volví, subí por el techo y luego volví a el cuerpo. Mi médico dice que
fue un sueño. ¡Imposible! Tenía los ojos abiertos y dolor... Mi pastor, que
carece por completo de emociones y es extremadamente antiespiritual, dice que
fueron alucinaciones.
INFIERNO
1.
Cuando sufrí una convulsión y perdí el conocimiento, nunca olvidaré el terrible
horror; fue como si demonios gritaran y me acosaran. No puedo imaginar nada más
aterrador. Recuperé la consciencia por un par de minutos, luego comencé a
dormirme de nuevo y les grité a los médicos que no me dejaran regresar a ese
lugar terrible. Por supuesto, no sabían de qué estaba hablando. Sin embargo,
esta vez, cuando perdí el conocimiento, no supe nada. Me ha dejado un horror
grabado en la mente. Nunca había hablado de ello hasta ahora [29 años después].
2.
Me operaron. Supuestamente estuve muerto durante quince minutos. El médico
creyó haberme perdido, pero luché porque estaba luchando contra el Amo de la
Muerte. El Amo de la Muerte estaba en un rincón, completamente cubierto. No
podía ver su rostro, solo su forma. Gané la batalla porque le dije que quería
ver a mi hijo casarse. Cuando le gané la batalla, vi una imagen hermosa. Es muy
difícil de describir.
Elise
Elise,
enfermera práctica con licencia, se sometió a una histerectomía a los 36 años,
seguida de un absceso pélvico con fiebre documentada de 40 °C. Describe temblar
incontrolablemente, no poder sostener un termómetro y romperlo accidentalmente
con los dientes, y luego...
No sé qué pasó después ni
cómo, pero ya no estaba en mi cama de hospital, sino no como me conocemos, una
forma humana sólida, sino yo mismo, mi energía o mi menteen un lugar rodeado de
una sustancia gris y brumosa, parecida a una nube. Entonces empecé a ver luces
que destellaban en círculo, avanzando hacia mí a gran velocidad y luego
retrocediendo tras acercarse a centímetros de mi cara. Esto continuó durante un
rato, y me asusté muchísimo. Me sentí paralizado.
Entonces empecé a hablar
conmigo mismo de forma no verbal. Me decía: “Puedes con esto; eres fuerte;
estarás bien”, y seguía repitiéndolo y rezándole a Dios. Me sentía casi muerto.
De repente, me invadió una
sensación de paz absoluta. [Cursiva suya]. Sentía que estaba a salvo, y era
hermoso, sin peso. Me encantaba. Me sentía en armonía con todo, con una gran
alegría y una paz mental y física absoluta. Sabía que nada malo me ocurriría.
Todo estaba en paz, y un amor profundo me rodeaba. No hay descripción en la
tierra que pueda compararse con este lugar y esta sensación. Sentí que algo me
decía: “Ahora estás a salvo; no tengas miedo; esta paz te ayudará”.
Después de que esto pasó,
simplemente regresé. Lo llamo irme y volver, porque así es como me siento. El
cuerpo estaba allí, pero ¿dónde estaba yo?... Cualquiera que haya sentido esta
paz nunca querría irse ni que ella lo abandonara.
Flor
Otra
joven relata su resistencia a una experiencia extracorpórea en las etapas
iniciales de una ECM vívida. Tenía 27 años y estaba en el posparto, siendo
operada para la reparación de extensas laceraciones uterinas.
De repente, me di cuenta de
que algo realmente extraño estaba sucediendo. Fue como si me hubiera separado
del cuerpo, y desde un rincón de la habitación, cerca del techo, me encontré
observando a mi médico y a su enfermera mientras me atendían. Me sobresalté al
poder flotar así. Quería sentir que tenía el control de la situación, pero no
podía hacer nada más que observar con impotencia. Intenté llamar la atención de
las otras dos personas en la habitación, pero no se percataron de lo que les
decía.
Entonces me encontré ya no en
la habitación, sino viajando por un túnel, lentamente al principio, luego
ganando velocidad. Al entrar en el túnel, empecé a oír el sonido de un motor,
de esos que operan maquinaria pesada. Luego, mientras avanzaba lentamente, pude
oír voces a ambos lados de mi cabeza, voces de personas que conocía de antes,
porque me resultaban vagamente familiares. En ese momento me asusté, así que no
me concentré en intentar reconocer ninguna de las voces.
A medida que aumentaba la
velocidad, me di cuenta de que me dirigía hacia un puntito de luz al final del
túnel. Pensé que probablemente así era la muerte. Decidí entonces que no quería
seguir adelante e intenté dar marcha atrás, detenerme, dar la vuelta, pero fue
en vano. No podía controlar nada, y el puntito de luz se hizo cada vez más
grande. Sin darme cuenta, esa luz explotó a mi alrededor. Debo decir también
que en ese momento estaba bastante aterrorizada; no quería estar allí, y estaba
decidida a no quedarme, por Dios.
Había seres a mi alrededor
que reconocieron mi presencia. Se divirtieron mucho conmigo. Me aceptaron sin
problema y no parecía importarles en absoluto que estuviera de mal humor y
exigiera saber dónde estaba, ¡y quiénes se creían que eran para arrebatárme de
esa manera! "¡Devuélvanme, maldita sea, devuélvanme!"
Poco a poco, mi nerviosismo
se fue calmando y me sentí en paz y tranquilo. Así que empecé a aceptar esta
extraña experiencia y a aceptarla también. Empezamos a tener un tiempo de
preguntas y respuestas. Yo hacía las preguntas y, en lugar de recibir una
respuesta verbosa, me mostraban la respuesta. Nos movimos de un lugar a otro
sin ningún esfuerzo y aprendí muchísimo.
Finalmente, los seres me
aclararon que podía regresar a la sala de partos, y me encontré viajando de
vuelta a través de un túnel o un pasillo. Esto fue muy rápido, y volví a ser
consciente de mi médico y su enfermera. En un breve instante, estaba dentro de
mi cabeza... Entonces sentí, en todo el cuerpo, la misma sensación que
tendríamos si nos pusiéramos un guante en la mano.
Brusco
La última
experiencia de esta sección, otro relato "transformado", tampoco
proviene del estudio de Greyson/Bush, pero se incluye aquí porque contiene
elementos familiares en las mitologías mundiales del infierno, pero que no
aparecieron en nuestra muestra de estudio. Historias sobre el horror del infierno
aparecen a lo largo de la historia, historias en las que un individuo emprende
voluntariamente el peligroso viaje al otro mundo en una búsqueda, a veces para
rescatar a alguien que ha muerto. Este relato no solo es sorprendente por su
eco del mito griego de Orfeo y Eurídice, sino que el tema es aparentemente
universal. Eliade menciona tales historias de China; Wikipedia hace referencia
a las mismas en Japón, Acadia/Sumeria y los mayas; y Barry Lopez (1977,
131-134) ha relatado una tradición similar relacionada con el coyote de los nez
percé. Aquí hay una versión moderna (Fiore y Landburg) que ocurrió cuando el
actor alemán Curt Jurgens sufrió un episodio de muerte clínica durante una
cirugía cardíaca con el famoso Dr. Michael DeBakey.
Había estado mirando hacia la
gran cúpula de cristal que cubría el quirófano. Esta cúpula empezó a cambiar.
De repente, se tornó de un rojo brillante. Vi rostros deformes que sonreían
mientras me observaban... Intenté incorporarme y defenderme... Entonces, me
pareció que la cúpula de cristal se había convertido en una cúpula transparente
que se hundía lentamente sobre mí. Caía una lluvia de fuego, pero aunque las
gotas eran enormes, ninguna me tocó. Se esparcieron a mi alrededor, y de ellas
surgieron amenazantes lenguas de fuego... Ya no podía ignorar la terrible
verdad: sin duda, los rostros que dominaban este mundo ardiente eran los
rostros de los condenados. Sentí desesperación, una indescriptible soledad y
abandono. El horror era tan grande que me ahogaba, y tuve la sensación de estar
a punto de asfixiarme. Obviamente, estaba en el mismísimo infierno.
En esta situación, la silueta
negra de una figura humana se materializó repentinamente y comenzó a acercarse.
Al principio, la vi vagamente entre las llamas y las nubes de humo rojizo, pero
pronto se aclaró; era una mujer con un velo negro, una mujer esbelta con la
boca sin labios, y en sus ojos una expresión que me provocó escalofríos
helados. Cuando estuvo frente a mí, solo pude ver dos agujeros negros y vacíos.
Pero desde estos agujeros, la criatura seguía mirándome. La figura extendió los
brazos hacia mí y, atraído por una fuerza irresistible, la seguí. Un aliento
gélido me rozó, y entré en un mundo lleno de tenues lamentos, aunque no había
nadie a la vista.
En ese mismo instante le
pregunté a la figura quién era. Una voz respondió: “Soy la muerte”. Reuní todas
mis fuerzas y pensé: “No la seguiré más, quiero vivir”. ¿Había traicionado este
pensamiento?
En cualquier caso, se acercó
a mí y puso sus manos sobre mi pecho desnudo para que volviera a estar bajo el
hechizo de su fuerza magnética. Podía sentir sus manos gélidas sobre mi piel, y
las cuencas vacías de sus ojos estaban fijas en mí. Concentré todos mis
pensamientos en la vida, para escapar de la muerte bajo esta apariencia
femenina.
Antes de entrar al quirófano,
había abrazado a mi esposa Simone. Ahora, el fantasma de mi esposa venía a
rescatarme del infierno y a devolverme a la existencia terrenal. Cuando Simone
apareció en escena, la mujer del velo negro se marchó en silencio, con una
sonrisa aterradora en su rostro sin labios. La muerte no pudo hacer nada contra
Simone, radiante de juventud y vida.
Sentí solo frescura y ternura
mientras ella me guiaba de la mano por el mismo camino que un poco antes había
estado bajo el hechizo de la figura oscura.
Poco a poco dejamos atrás el
temible reino de las sombras y nos acercamos a la gran luz. Esta luminosidad
nos guió, y finalmente se volvió tan brillante que empezó a cegarme, y tuve que
cerrar los ojos.
De repente, sentí un dolor
sordo e intenso que amenazaba con destrozarme el pecho. Apreté la mano de
Simone con cada vez más fuerza tras mi repentino regreso al conocimiento.
Encontré a Simone sentada en mi cama con un uniforme blanco de enfermera.
Apenas tuve fuerzas para esbozar una débil sonrisa. Solo pude pronunciar una
palabra: “Gracias”.
Con esta palabra concluí un
viaje temible pero fascinante al más allá, un viaje que nunca olvidaré mientras
viva.
APÉNDICE 3: IANDS, ASOCIACIÓN INTERNACIONAL PARA ESTUDIOS CERCANOS A LA
MUERTE
Como organización educativa
sin fines de lucro 501(c)(3), la Asociación Internacional para Estudios
Cercanos a la Muerte (IANDS) centra la mayor parte de sus recursos en
proporcionar información de la más alta calidad disponible sobre temas relacionados
con las ECM. Tras su cuarta década de servicio, sigue siendo la única
organización de este tipo en el mundo.
El propósito de la Asociación
es promover la exploración responsable y multidisciplinaria de las experiencias
cercanas a la muerte y similares, sus efectos en la vida de las personas y sus
implicaciones para las creencias sobre la vida, la muerte y el propósito
humano. Cuando la investigación académica no indique una postura razonablemente
clara sobre el origen o la interpretación de estas experiencias, la Asociación
se mantendrá imparcial y abierta a la presentación de diversos puntos de vista.
IANDS nunca apoya el proselitismo.
IANDS mantiene un sitio web
rico en información y un archivo en línea de relatos de experiencias, publica
una revista académica revisada por pares y un boletín para miembros, patrocina
conferencias y otros programas, trabaja con los medios de comunicación y
fomenta la formación de grupos regionales de debate y apoyo.
La información de contacto se
encuentra en el sitio web: www.iands.org
AGRADECIMIENTOS
A lo largo de los años,
tantas personas han contribuido a la creación de este libro que, con toda
probabilidad, he omitido algunos de sus nombres, y por ello pido disculpas. Mi
agradecimiento consciente y sincero y mi amor incondicionalva para ellos y para
todos los siguientes:
IANDS, la Asociación
Internacional para Estudios Cercanos a la Muerte, sede de treinta años de
transformación incomparable; y Ken Ring, quien me invitó. Diane Corcoran, quien
me convenció de quedarme más tiempo del que soñábamos. Bruce Greyson, cuya
colaboración en el primer estudio me abrió las puertas; quien siempre, a veces
de forma divertida, ha respondido correos electrónicos; quien me dijo que debía
escribir este libro y quien ha aportado más de lo que cree.
A los cincuenta primeros que
compartieron y a todos los que han venido después, para quienes hablar ha
exigido a veces un gran coraje; ustedes han hecho posible todo lo demás.
A cada autor nombrado en las
Referencias; porque al principio no había nada.
Wayne Rollins, erudito, luz
en la oscuridad, amigo, ¡y qué editor! Peter Grandy, pastor y amigo, por sus
ideas que trascendieron... bueno, trascendieron. J. Harold Ellens, respetado
por su erudición, bendecido por su apoyo, ahora adorado por su perspectiva. El
difunto Richard Underwood, quien sembraba semillas. Lou Savary y Pat Berne,
ejemplos ejemplares.
Los Reverendos, ordenados y
no ordenados: Marilyn Mendoza, Carolyn Fleming-Sawyerr, Fran Sansone-Pelletier,
Mickie Norman, Gerald Blackburn, David Suggs. Gracias siempre y bendiciones, de
mi parte y de los cuidadores.
A Margot Gray, Kimberly Clark
Sharp y PMH Atwater por todos estos años y por saber qué había. A Allen
Kellehear, Michael Grosso y Carol Zaleski por el apoyo que no sabían que
brindaban.
A los lectores del manuscrito
que respondieron: Madelaine Lawrence, Maggie Callanan, Mary Fond Daughtridge,
Barry Kubler y mi hija Leigh Gray Kenyon. A mi hija Katy Evans-Bush, por saber
todo lo que yo desconocía. A Nancy K. Humphreys y Susan Pomeroy, por ir más
allá de lo esperado y hacer que las cosas sucedieran. A Henry Brand, por su
apoyo incondicional y por ayudarme a completar los espacios en blanco.
Por estar en mi vida y
mantenerme cuerdo: la difunta y muy afligida Leslee Morabito, Anneliese Fox,
Jayne Smith, Ed Bosk, Allen Katzoff, Bonnie Johnson Shurman. Mi familia: mis
hermanas: Barbara Keating, Mary Evans Vink'Lainas, Rhondda Hardy; mis hijos:
Katy Evans-Bush, Leigh Gray Kenyon, Adam Bush; sí, mis nietos: Daniel, Emil,
Nat, Daisy, Maggie Pearl, Katya Rose, Peter y Xander; y, sin mencionar, a Nancy
Poe Fleming, quien durante tres décadas y contando lo ha hecho todo posible.
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