LA RESPIRACIÓN DEL CORAZÓN, por Ana María Aguirre (2019)

 

LA RESPIRACIÓN DEL CORAZÓN (2019)

y los Estados Ampliados de Conciencia

Ana María Aguirre

UNA TÉCNICA DE LA PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL

La Hiperventilación después de Stanislav Grof

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Contenido

Agradecimientos – Prólogo - Introducción

PARTE 1: RESPIRAR CON EL CORAZÓN (nivel básico)

Capítulo 1: UN POCO DE HISTORIA - Capítulo 2: LA RESPIRACIÓN DEL CORAZÓN Y LA PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL - Capítulo 3: PARTICULARIDADES DE LA RESPIRACIÓN DEL CORAZÓN QUE LA DIFERENCIAN DE LA RESPIRACIÓN HOLOTRÓPICA - Capítulo 4: DINÁMICA DEL TALLER DE LA RESPIRACIÓN DEL CORAZÓN - Capítulo 6: LA IMPORTANCIA DE LA MÚSICA DURANTE LA SESIÓN DE LA RESPIRACIÓN - Capítulo 7: Una Expresión Simbólica de la Experiencia - Capítulo 8: LOS MISTERIOS DE LA CONCIENCIA: Casos significativos de aplicación de la Respiración del Corazón

PARTE 2: EL TRABAJO DE FACILITAR (nivel avanzado)

Capítulo 9: LA RESPIRACIÓN: Una puerta de entrada a los Estados Ampliados de Conciencia - Capítulo 10: EL PAPEL DEL FACILITADOR: Un aporte esencial al trabajo de los respiradores  Capítulo 11: ALGUNAS PARTICULARIDADES DEL TRABAJO CORPORAL: Interpretando el lenguaje del cuerpo - Capítulo 12: ALMAS PERDIDAS: Un viaje desde el chamanismo a la psicoterapia. La sanación aplicada en el campo vibratorio del respirador. - Capítulo 13: LA RECUPERACIÓN DEL ALMA: Una técnica chamánica de aplicación para la Respiración del Corazón

Epílogo - Apéndice: Nuevos aportes a la técnica de la Respiración del Corazón.- Sobre el autor - Bibliografía recomendada

Agradecimientos

 En primer lugar, mi agradecimiento al Dr. Stanislav Grof, querido maestro y compañero de aventuras durante nuestro trabajo con la formación en Latinoamérica. Es mi deseo que este nuevo enfoque en el camino de la respiración llegue a la mayor cantidad de practicantes posibles y espero que ellos comprendan que sumar es siempre mejor que restar o dividir.

 También quiero agradecer por igual a todos aquellos que me alentaron y acompañaron en el camino del desarrollo de esta nueva técnica —que en realidad no es nueva, sino tan vieja como lo es la Respiración Holotrópica— y también a aquellos que me desalentaron o me quisieron apartar del nuevo rumbo. Todos ellos me ayudaron a recorrer el camino que se expresa en este manuscrito, para llegar hasta aquí con más sabiduría y con mucho más amor en el corazón.

 Mi agradecimiento a todos aquellos que colaboraron conmigo en este libro, especialmente a Hernán Penido, compañero por igual de largas horas de trabajo en la sala de los talleres y en la gestación, desarrollo y parto de esta obra. También, a Juan Carlos Kreimer, por sus valiosos consejos para que este libro vea la luz.

 Deseo incluir también en mi agradecimiento a todos aquellos compañeros de camino en la facilitación de los talleres de la Respiración del Corazón, que me aportaron su sabiduría y sus experiencias holotrópicas.

 Y dejo para el final la mención especial y el agradecimiento infinito a todos los participantes, especialmente a aquellos cuyas historias figuran en este libro. Sin ellos, la Respiración del Corazón no existiría y nosotros, los que la practicamos, no hubiéramos alcanzado el nivel de empatía y de comprensión amorosa que fuimos desarrollando con el trabajo. 

Prólogo de Hernán Penido

Licenciado en Psicología, especializado en clínica transpersonal y facilitador certificado en Respiración Holotrópica y Respiración del Corazón

 Desde el año 1989 me he dedicado a la psicología clínica y he atravesado diferentes etapas en mi práctica profesional. El impacto que las primeras experiencias con la Respiración Holotrópica tuvieron en mí, serían determinantes en mi camino como psicólogo.

 Mi vínculo con Ana María se remonta desde finales del año 2000. Por ese entonces, me encontraba sumido en una profunda crisis espiritual. Tras una larga búsqueda, decidí probar con la Respiración Holotrópica como último recurso de sanación. Así fue como comenzó mi relación con esta maravillosa técnica creada por el Dr. Grof.

Poco tiempo después, tras mis primeras experiencias como «respirador», decidí comenzar a formarme como facilitador en el Grof Transpersonal Training (GTT). Hacia finales de 2001, Ana María me ofreció trabajar a su lado y aprender directamente de ella este maravilloso arte. Aunque desde 2004 he organizado talleres con el respaldo de diferentes facilitadores certificados, nunca he dejado de trabajar con Ana María. Fue de este modo, sorprendiéndome con sus descubrimientos y animándome a ponerlos en práctica, como mi trabajo se ha ido empapando de su experiencia y me encuentra hoy realizando mis aportes en su libro La Respiración del Corazón y los Estados Ampliados de Conciencia.

 En un principio, este libro fue un boceto, un intento por poner en palabras toda la riqueza de sus tantos años de asistir a los respiradores en su valiente búsqueda. Intento que, a medida que avanzaba, iba tomando una forma mucho más grande que la imaginada y que culmina plasmando este continuo viaje de revelaciones que sorprende a cada vuelta de página.

 Como bien dice Ana María: «Esta técnica está viva». En verdad, crece y evoluciona con cada taller, donde se generan nuevas herramientas de trabajo y se afianzan las aprendidas anteriormente.

 Este libro va dirigido, no sólo a los profesionales en el área de la psicología, sino también a los respiradores y a todos aquellos que quieran adentrarse en las profundidades del Ser.

 Es un privilegio haber sido convocado para participar en semejante renacimiento. Esta vuelta de espiral que ve la luz con la Respiración Holotrópica y que evoluciona hacia La Respiración del Corazón, en un presente y un futuro sin límites, siempre que haya buscadores valientes en este mar infinito que es la consciencia. Que sirva al lector como punta de lanza en la compresión y la sanación de la maravillosa naturaleza humana. 

Introducción

 En esta obra doy a conocer la técnica de Respiración del Corazón, que he venido desarrollando en Buenos Aires (Argentina) y practicando en innumerables talleres terapéuticos desde hace ya varios años.

 Está basada en mi camino personal como profesional de la psicología y en mis estudios dentro del ámbito terapéutico transpersonal, habiendo sido fundamental para el desarrollo de esta técnica la experiencia lograda en más de 15 años de trabajo con el Dr. Stanislav Grof y la Respiración Holotrópica.

  La Respiración del Corazón también incorpora aportes de la Psicología Transpersonal, del Chamanismo y de la Terapia de Vidas Pasadas (TVP), del Dr. José Luis Cabouli.

 Mi elección del encuadre transpersonal y de la técnica de respiración dentro del trabajo terapéutico se debe a que este enfoque permite integrar los niveles personales de conciencia con planos o aspectos espirituales de la persona.

 El objetivo de esta obra es poder hacer llegar a un público más amplio el conocimiento de este trabajo que tantas satisfacciones me ha traído y que con mucho amor quiero presentar como Respiración del Corazón. Es mi deseo que su lectura invite a conocer esta técnica a todos aquellos «buceadores» de la conciencia que todavía no han experimentado su potencia y efectividad, y que abra nuevas posibilidades de crecimiento personal a todos aquellos que la practican hace tiempo.

 No pretendo hacer un manual de técnica de respiración en el campo de la Psicología Transpersonal, ya que esto ha sido muy bien abordado por otros autores —especialmente por el Dr. Stanislav Grof con la Respiración Holotrópica—, sino dar una nueva vuelta de espiral y enriquecer a los trabajos anteriores ampliando las posibilidades y alcances de esta maravillosa herramienta terapéutica.

 Lo que hace diferente a esta obra de otras escritas sobre el trabajo con la respiración es que aporta nuevos elementos a todo lo visto y experimentado hasta el momento, abriendo un camino para la investigación y el desarrollo de una técnica que había permanecido prácticamente idéntica desde su creación.

 Las personas que se acercan a los talleres de Respiración del Corazón están comprometidas con un trabajo de búsqueda interior. Generalmente llegan motivadas por un deseo de crecimiento y evolución personal, pero también están los que desean comenzar un proceso terapéutico o los que llegan a través de una profunda búsqueda espiritual.

A través de este trabajo, se puede acceder a contenidos inconscientes reprimidos y lograr su liberación. Sanar memorias relacionadas con el nacimiento, los primeros años de vida, o acceder a cualquier episodio traumático que necesite ser resuelto. Finalmente, también permite la conexión con planos transpersonales de la conciencia.

 En la Respiración del Corazón, no se puede dirigir la experiencia conscientemente. Desde el Ser Interior de cada persona surgen tanto el proceso que se despliega como la sanación resultante, Ni la persona que realiza la terapia (respirador) ni el coordinador de la misma (facilitador) pueden marcar el ritmo del trabajo ni controlan intencionalmente los contenidos que emergen en el respirador o los resultados en el taller. Por tanto, la confianza en el proceso y la actitud de entrega son dos condiciones indispensables para todo aquel que se acerca a esta práctica.

 Por último, me gustaría aclarar que una rigurosa formación personal y académica son atributos de todo facilitador de esta técnica, ya que es imposible acompañar a otro allí donde uno no haya llegado primero.

 La obra que tienes en tus manos se encuentra dividida en dos partes bien definidas:

 La Parte 1 titulada RESPIRAR CON EL CORAZÓN está dirigida al público en general y busca dar a conocer esta forma particular de trabajo psicológico. Aunque la respiración ha sido utilizada desde tiempos inmemoriales como una herramienta de autoconocimiento y transformación, hace relativamente un corto espacio de tiempo que se incorporó como técnica psicoterapéutica dentro del campo de la Psicología Transpersonal.

 Los capítulos correspondientes a esta primera parte permitirán al lector ubicar esta técnica dentro del campo de la psicología, conocer cómo es la práctica de la Respiración del Corazón y adentrarse en algunas de las particularidades que la hacen única y diferente con respecto a otras técnicas similares.

 La Parte 2 titulada EL TRABAJO DE FACILITAR, está dirigida especialmente a aquellos practicantes de la técnica de respiración que quieran enriquecer su trayectoria profesional, abriéndose a todos aquellos aspectos innovadores que presenta este trabajo, y que son el resultado de mi recorrido de varias décadas.

 Finalmente, deseo y espero que esta obra te aliente a seguir profundizando en el camino del autoconocimiento y del trabajo personal profundo que da un verdadero sentido a la existencia.

  

PARTE 1: RESPIRAR CON EL CORAZÓN (nivel básico)

 

Capítulo 1: UN POCO DE HISTORIA 

1.1.      Los Inicios

Todo comenzó a principios de la década de los 90. Éramos seis amigos, todos profesionales de la psicología y de la medicina que nos reuníamos periódicamente para estudiar textos de Psicología Transpersonal. Esta disciplina era prácticamente desconocida en ese entonces en los medios académicos de Argentina. Nos autodenominábamos «Grupo Hexágono». Además, intentábamos practicar entre nosotros algunas de las técnicas transpersonales de las que lográbamos tener conocimiento.

Un día, Hugo (uno de los integrantes), llegó con la noticia de que iba a dirigir una experiencia de hiperventilación, técnica que había conocido en el ashram [1]  del maestro Osho, en Puna (India). Entusiasmados, el resto de nosotros, nos tendimos en colchonetas mientras Hugo ponía un viejo casete con música que había traído especialmente para la actividad. Durante cuarenta minutos practicamos el ejercicio de respiración que, a grandes rasgos, consistía en inhalar y exhalar más rápida y profundamente que lo habitual.

Mi experiencia fue realmente impactante. Literalmente, me convertí en la música: vivencié los tonos, la vibración acústica, los armónicos en su estado más puro, sin que ninguna de esas sensaciones fuera mediada por mi oído (más tarde aprendería que, en el mundo holotrópico, es posible tener acceso a todos los aspectos de la realidad sin la mediación de los sentidos ordinarios). Quedé tan conmocionada que, al finalizar el ejercicio, le pedí el casete a Hugo con ganas de revivir la experiencia que acababa de transitar.

Para mi sorpresa, cuando lo escuché en estado «normal», mi sensación fue muy diferente: me encontré con una música disonante, llena de ruidos y estática, bastante mal grabada. Realmente no me servía para trabajar con ella. Sin embargo, la experiencia original había dejado una huella profunda en mí. Tiempo después, esto me llevó a viajar, junto a dos compañeros del grupo Hexágono, a un congreso de Psicología Transpersonal en la ciudad de Toronto (Canadá), donde el Dr. Stanislav Grof coordinaría un taller antes del encuentro.

Conocíamos a Grof mediante sus libros y admirábamos mucho su trabajo. Había sido él uno de los fundadores de la Psicología Transpersonal, pero más importante aún: Grof era el creador de la Respiración Holotrópica, técnica por la cual se había vuelto mundialmente reconocido. Si había alguien capaz de enseñarnos cómo profundizar la experiencia que habíamos vivido, ése era él.

El congreso tuvo lugar en un auditorio gigantesco y asistieron personas de todo el mundo, de toda clase y color: terapeutas, pacientes, monjes y gente impulsada por la necesidad de vivir nuevas experiencias. Lo más gracioso fue que, durante la respiración, no experimenté nada significativo. Igualmente, aunque no pude salir del estado habitual de conciencia, me fascinó la técnica, la música (que en este caso sí era muy hermosa), y la energía que vibraba en esa enorme sala repleta de participantes y de facilitadores que nos acompañaban en el intenso trabajo interior.

Durante esa época, yo estaba realizando un curso en Estados Unidos con la Dra. Elizabeth Kübler-Ross, eminencia mundial en los cuidados paliativos con enfermos terminales. Elizabeth fue pionera en esta área —actualmente de gran actualidad, pero que en aquellos años era prácticamente desconocida—. La participación en sus talleres me había acercado definitivamente a lo que es la catarsis y la descarga emocional como sustituto y/o complemento de la palabra en el proceso terapéutico.

A esto se sumaron otros talleres con diferentes representantes del mundo transpersonal de Norteamérica. Entre estos, rescato a Ram Dass y a Stephen Levine, quienes también trabajaban con el tema de la muerte y gracias a los cuales pude conectar definitivamente el mundo psicológico con el mundo espiritual. Todo esto significó un gran cambio tanto en mi vida profesional como también personal. Decidí discontinuar el entrenamiento con Kübler-Ross, para poder empezar en California una formación de Respiración Holotrópica y Psicología Transpersonal con el Dr. Grof. Comencé mi primer módulo en el Grof Transpersonal Training (GTT) en 1992.

Fueron cuatro años de formación rigurosa e intensa. Éramos muchos participantes y procedíamos de distintas partes del mundo. Nos encontrábamos durante varios días dos o tres veces al año. Si bien no éramos siempre los mismos, hice amistades y conservo recuerdos que perdurarán para siempre en mi vida. Nos unía nuestro amor por las propiedades curativas que existen detrás de los estados ampliados de conciencia y la certeza de que en psicoterapia no todo debe pasar por la mente y la palabra. 

Diariamente nos juntábamos a aprender los fundamentos teóricos de la técnica, dictados por el Dr. Grof en persona y a practicarlos en largas e intensas sesiones vivenciales. Conformábamos un grupo muy unido, con una gran sensación de pertenencia, en gran medida debido a las tan profundas experiencias que transitábamos juntos.

La formación me permitió también ampliar mi conocimiento dentro del universo transpersonal y nunca me arrepentí de la decisión tomada, Con cada paso que daba en este nuevo camino, se reconfirmaba mi certeza de que, había encontrado aquello que había venido a hacer a esta vida. Finalmente me certifiqué en el año 1996, —veintisiete años después de haberme graduado como psicóloga, y cerca de haber cumplido los cincuenta años—. 

1.2. Mis Años como Representante de la Respiración Holotrópica en Sudamérica

Cuando me encontraba en la mitad de mi formación, el Dr. Grof me preguntó si quería traer el entrenamiento a mi país. Jamás había pensado que algo así pudiera suceder.  La Respiración Holotrópica era conocida en todas partes y era habitual que su fundador viajara por el mundo para presentarla y realizar seminarios. Sin embargo, en Argentina y en Sudamérica en general, estaba todavía poco difundida. Para mí representaba todo un desafío: hasta ese entonces mi actividad había estado limitada a la práctica más o menos exitosa de mi profesión como terapeuta transpersonal. Pero esto era otra cosa: implicaba lidiar con aspectos organizativos, administrativos y económicos de otro orden. Finalmente, decidí aceptar la propuesta y comencé a organizar módulos del Grof Transpersonal Training en Buenos Aires y en otros países de América Latina.

Conservo todavía la sensación de que el universo me facilitó el armado de los primeros talleres. Era un momento de estabilidad económica en Argentina y gracias a esto pude hacerme cargo del gasto de los pasajes y honorarios de David y Roberto y en algunas ocasiones también Diane, todos ellos facilitadores extranjeros junto a los cuales empecé a facilitar los primeros talleres de Respiración Holotrópica. Paulatinamente, invité al propio Dr. Grof y a su equipo, para impartir módulos de formación en Buenos Aires. La técnica se difundió con rapidez y la recepción fue tan buena que llegamos a alquilar teatros y grandes salones para las charlas y los talleres. Los participantes, llegaban tanto de la capital, como también del interior de Argentina y de países limítrofes.

Con altibajos, la actividad se sostuvo durante más de quince años. El sabor que conservo de aquellos momentos es hermoso. Recorrí Argentina casi en su totalidad y tuve la satisfacción de certificar a tres promociones de facilitadores, con muchos de los cuales todavía conservo un lazo entrañable. Fueron, además, años de continuo aprendizaje, profundizando en un nuevo paradigma que entiende que el trabajo psicoterapéutico no debe quedar solamente en la palabra y que es necesario llegar al fondo, a las capas más profundas de la psique, para liberar el material inconsciente. Mientras todo esto ocurría, yo iba transitando mi propio camino de autodescubrimiento y transformación que complementaba todo el aprendizaje recibido en mi formación. De esta manera, año tras año mi trabajo se fue haciendo más auténtico y profundo. Pude entender verdaderamente el dolor Por otro lado, comenzaba a darme cuenta que la práctica del Dr. Grof podía ser enriquecida con algunos añadidos técnicos que había ido vislumbrando a través de la amplia experiencia obtenida en tantos talleres de RH. Por ejemplo, pude reconocer la enorme importancia del cuidado amoroso de los facilitadores como clave para obtener los mejores resultados. El espacio de sostén y cuidado es captado inconscientemente por los participantes permitiéndoles una mayor apertura y profundidad. Además, cuantos más facilitadores disponibles hubiese en la sala y cuanto más experimentados fueran al haber trabajado y liberado su propio dolor; más intenso era el trabajo de los respiradores. Son muy importantes las emociones que se generan en el facilitador en el momento en que está trabajando con un respirador. Por ejemplo, en situaciones difíciles, como pueden ser el ahogo o la asfixia en el respirador, si el facilitador no siente miedo ni duda y en cambio confía en la capacidad sanadora del cuerpo y en su propia destreza para asistir al respirador, permite la posibilidad de que el proceso se despliegue y no se detenga.  Uno ayuda a la persona a sanarse, no sólo a través de lo que hace físicamente con el respirador sino también, mediante la confianza y seguridad que transmite en el proceso y que ofrece como sostén. Sin lo interior, lo exterior no tiene la misma fuerza. Esto último puede ser difícil de entender para el facilitador que todavía no ha descubierto esta verdad en su propio trabajo. Comparto un caso como ejemplo que puede aclarar esta idea:

S. comienza la respiración pujando desesperadamente para nacer y, atravesando el canal de parto, queda atorado y comienza a ahogarse. Su cuerpo convulsiona dramáticamente y el aire no llega a sus pulmones. Lo sostengo con mi propio cuerpo mientras el terror lo lleva a querer salirse de la experiencia.

Cabe aclarar que S. ha sufrido ataques de pánico en varias ocasiones.

No tuve dudas en ningún momento de que mi confianza en el proceso y mi calma (frente a su propio miedo), fue lo que lo ayudó a sostener esa sensación de muerte el tiempo suficiente para salir del ahogo y poder finalizar su experiencia de nacimiento. Ante la más mínima duda o temor de mi parte, la experiencia hubiera sido interrumpida y, probablemente no hubiera podido sanar las memorias subyacentes del trauma del nacimiento.

Este trabajo entra en el orden de lo sagrado. Es llegar a lo divino desde nuestra humanidad. Una sala de respiración con su desgarro y dolor humanos transformados por el amor y la compasión de los que ayudan, es un templo, y la transformación que se da en ella, una ofrenda a Dios.

1.3. El Nacimiento de la Respiración del Corazón

A inicios del año 2010, todavía afectados por la crisis económica que había golpeado al mundo dos años antes —especialmente a Argentina—, percibí que no sería fácil iniciar otro ciclo de formación. Coincidentemente, en la sede del GTT me comunicaron que habían designado a otra persona —un facilitador chileno— para representar a la RH en esta parte del mundo.

Después de quince años con la enseñanza de la técnica, mi compromiso era total. Por este motivo, decidí comenzar una formación propia, separada del GTT. Me comuniqué con el Dr. Grof para solicitarle su aval. Me lo dio, junto con el pedido y condición de que no usara la palabra “holotrópica” en el nombre, ya que ésta se había convertido en una marca registrada que ya no le pertenecía a él.

 Si bien experimenté la incertidumbre y el dolor de apartarme de una organización que me había cobijado durante tanto tiempo y a la que yo me había brindado por completo, también entendí que se abría por delante una magnífica oportunidad: la de continuar desarrollando mi trabajo psicoterapéutico con la respiración —ahora, con la libertad de hacerlo en mis propios términos, incluyendo quizás, algunos de los avances que había vislumbrado en mis quince años de práctica—.

Decidí buscar un nombre nuevo. Aunque no terminaba de convencerme el nombre: Respiración del Corazón, éste prevalecía frente a otros. Un hecho fortuito y maravilloso fue el que me convenció de que ése era el nombre que debía elegir. Sucedió mientras caminaba por una bellísima playa cercana a la ciudad de Lima, en Perú. Ésta es una ciudad a la que viajo hace ya muchos años para impartir talleres de respiración. En esa ocasión, había ido junto a dos amigos argentinos para asistir a un retiro de meditación budista. En los ratos libres, algunos de los participantes nos acercábamos hasta una playa de aguas transparentes para caminar o meternos en el mar.

De repente, como emergiendo de la nada, una hermosa piedra de un rojo brillante me estaba llamando desde el fondo del agua movida por las olas. Me acerqué casi sin pensar en lo que hacía y, al tomarla entre mis manos, me di cuenta de que tenía la forma exacta de un bellísimo corazón, de color rojo y gris oscuro. Su tamaño era considerable y su color me sorprendía ya que, casi parecía un corazón de verdad. En ese momento, supe instantáneamente y sin ninguna duda, que era un mensaje, y que la técnica que iba a empezar a enseñar en Lima tenía que llamarse “Respiración del Corazón”.

La piedra me acompaña desde entonces, y está en este momento a mi lado, mientras escribo estas palabras. Con el paso del tiempo, pude comprobar que ésta había sido una muy buena elección. Especialmente porque la respiración localizada en la zona del pecho (alrededor del corazón) se convirtió en un recurso sumamente importante. Y además, porque el cuidado y la actitud amorosa pasaron a ser la esencia constitutiva de esta nueva técnica.

Para mi sorpresa, poco a poco fui descubriendo que aquello que en su momento había sido doloroso hoy se convertía en una ventaja, ya que al no utilizar la palabra «Holotrópica», podía implementar pequeños cambios en la técnica sobre la base de los descubrimientos que fueron surgiendo con la práctica, los cuales producían grandes resultados (estos cambios hubieran sido imposibles de hacer dentro del marco de la RH).

En estos últimos años, la Respiración del Corazón ha continuado su evolución. Hemos ido aportando recursos desde saberes ancestrales procedentes de culturas chamánicas hasta pequeñas modificaciones técnicas fruto de mi práctica incesante.

Al mismo tiempo, desde Trans-Formar, nuestro centro de Buenos Aires, hemos comenzado a formar a los primeros facilitadores expertos en la técnica, a través de un trabajo personal muy profundo con cada uno de ellos. En todos los casos, hemos operado bajo la premisa de que lo que verdaderamente sana es el amor y la presencia del otro.

 Hoy en día, los primeros facilitadores certificados por nosotros nos llenan de orgullo, y gracias a la expansión de nuestra escuela, la Respiracion del Corazón se está desarrollando en algunos países de América Latina.

Como todo ser vivo, ésta es una técnica en movimiento y en permanente crecimiento, y es mi anhelo más profundo que continúe su evolución más allá de mí y de todos los que hoy la ponen en práctica.

 

Capítulo 2: LA RESPIRACIÓN DEL CORAZÓN Y LA PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL

 

2.1. Breve Introducción a la Psicología Transpersonal

La Respiración del Corazón tiene un enfoque terapéutico que se inscribe dentro del marco de la Psicología Transpersonal.

La Psicología Transpersonal nace como un derivado de la Psicología Humanista, la cual es creada a mediados del siglo XX por el psicólogo americano, Abraham Maslow, iniciador también del movimiento del potencial humano. Este movimiento busca el desarrollo de las capacidades más altas de la psique y no sólo el trabajo con los aspectos dañados del ser humano.

La Psicología Humanista incluye el cuerpo y la expresión de las emociones en el trabajo terapéutico, marcando una gran diferencia con respecto a la terapia psicoanalítica y a las terapias exclusivamente verbales.

En el año 1967, un pequeño grupo de profesionales con otras inquietudes se reúne en California (Estados Unidos), para dar nacimiento a una nueva rama de la psicología a la que denominan Psicología Transpersonal. Este grupo está formado por el mismo Maslow, Stanislav Grof, Anthony Sutich y Sonya Margulies, entre otros. Reconocen la importancia de incluir dentro del concepto de la Psicología Humanista el trabajo con la dimensión espiritual. Tanto es así, que el término Transpersonal se refiere a aquello que va «más allá de lo personal». Esta nueva visión acerca del trabajo terapéutico genera un espacio para distintas técnicas que ayudan al desarrollo espiritual del ser humano, como el yoga, la meditación, el trabajo con los Estados Ampliados de Conciencia y enfoques de las distintas tradiciones espirituales y de la sabiduría indígena.

En sus comienzos, este nuevo enfoque terapéutico crece lentamente debido a la dificultad de su aceptación en el medio académico tradicional. Sin embargo, en esta última década, su desarrollo y expansión han sido sorprendentes. No sólo son muchos los profesionales de la salud mental los que se sienten identificados con él, sino que también está siendo reconocido por un amplio número de personas que miran con alivio la integración de la psicología y de la espiritualidad dentro del trabajo clínico.

Es cada vez más frecuente la aparición de nuevas formas de terapia dentro del enfoque transpersonal. Por mencionar solamente algunas de las más conocidas: la Respiración Holotrópica del Dr. Stanislav Grof, las Constelaciones Familiares de Bert Hellinger y el EMDR o Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares de la Dra. Francine Shapiro. Del mismo modo, la Terapia de Vidas Pasadas (TVP), del Dr. José Luis Cabouli —a la que haremos mención más adelante en este libro—.

 

2.2. Los Estados Ampliados de Conciencia

En nuestro estado de conciencia diario, nos identificamos solamente con una pequeña fracción de quien realmente somos. Nuestra conciencia es multidimensional y es posible abarcar con ella regiones más vastas de la realidad que llamamos «ordinaria». Los Estados Ampliados de Conciencia son una capacidad innata del ser humano.

La Psicología Transpersonal abarca diferentes técnicas que utilizan los Estados Ampliados de Conciencia como herramienta terapéutica.  Sin embargo, estos estados han sido conocidos y utilizados desde tiempos muy remotos en las distintas culturas ancestrales con varios fines: lograr conocimiento, unión del grupo, sanación, rituales, etc. Asimismo, las Escuelas de Sabiduría de Oriente y Occidente han empleado estos estados para la búsqueda de trascendencia y de unión con lo divino. 

Los Estados Ampliados de Conciencia nos permiten sanar nuestras emociones y, finalmente, trascender el sufrimiento. El trabajo terapéutico transpersonal logra remitir los síntomas accediendo a estos planos superiores de conciencia.

La respiración acelerada es una de las formas más simples y efectivas para lograr un Estado de Conciencia Ampliado y acceder al material inconsciente que necesita ser trabajado —aunque hay otras técnicas que también utilizan estos estados como herramienta terapéutica, como la hipnosis y la deprivación sensorial, por ejemplo—.

Un capítulo aparte sería el uso terapéutico de los psicodélicos o de las llamadas «plantas maestras», que alcanzan estas dimensiones de la conciencia a través de un agente inductor externo a la persona. En el caso de la respiración, la apertura a estas dimensiones se realiza sin la mediación de ninguna sustancia y surge desde lo más profundo del interior de la persona. Siempre aconsejamos acudir a un profesional experimentado, ya que la guía y el cuidado son una condición indispensable en este tipo de trabajo.

 

2.3. El Uso de la Respiración como Técnica Terapéutica: La Respiración Holotrópica del Dr.  Stanislav Grof

El primero que utilizó la respiración como una herramienta terapéutica fue el psiquiatra checoslovaco Stanislav Grof. El Dr. Grof nació en Praga en el año 1931 y estudió la carrera de medicina en su ciudad natal, eligiendo la especialidad de psiquiatría a partir de la influencia que el psicoanálisis del Dr. Sigmund Freud generó en él. La casualidad hizo que pudiera prestarse como voluntario en la clínica en la que trabajaba para una experiencia con el recién descubierto LSD[2].

 Fue tal el impacto que le produjo esta experiencia que, a partir de ese momento, se dedicó a la investigación científica y al trabajo clínico con el uso de esta sustancia. Sin embargo, debido al consumo recreativo que se le empezó a dar a este componente psicoactivo, en el año 1975 decidió reemplazarlo con la respiración como otra puerta de entrada a los Estados no Ordinarios de Conciencia. Fue éste el nacimiento de la Respiración Holotrópica, técnica que lo hizo mundialmente conocido en el ambiente psicológico.

En la Respiración Holotrópica, se produce una modificación en la conciencia debido a la unión de una particular forma de respiración con otros elementos como la música evocativa y una actividad corporal específica. Como resultado, se accede al material inconsciente reprimido que aflora en la conciencia y puede ser liberado y/o integrado.

En sus inicios, esta técnica fue difícil de incorporar en el medio académico reinante debido a lo revolucionario de su propuesta. Sin embargo, sus sorprendentes y efectivos resultados fueron ganándole un lugar importante dentro del campo de la psicoterapia. 

2.4. La Terapia de Vidas Pasadas (TVP) del Dr. José Luis Cabouli

La Respiración del Corazón recibe un aporte importante de la técnica de Terapias de Vidas Pasadas (TVP) desarrollada por el Dr. José Luis Cabouli.

El Dr. José Luis Cabouli se graduó en medicina en el año 1974, formándose como cirujano y especializándose en cirugía plástica y reparadora. Varios años después, abandonó el ejercicio de la cirugía para dedicarse exclusivamente al desarrollo y práctica de la TVP. Desde el año 1992, tiene un centro destinado a la formación de profesionales en esta técnica, dictando cursos de formación en Argentina y en el extranjero.

El proceso de algunos de los respiradores que participaban de nuestros talleres nos fue llevando a incluir la TVP como una herramienta más de nuestro trabajo. Esto surgió de manera espontánea cuando en su respiración algunos de los participantes mostraron elementos que sólo podían ser abordados desde la técnica de regresión. Nos estamos refiriendo específicamente a la aparición de lo que parecían ser entidades desencarnadas presentes en los respiradores durante su trabajo y que intentaban comunicarse con nosotros. Desarrollaremos ampliamente este tema sobre Almas Perdidas en el capítulo 12.

En relación a la TVP, podemos aseverar que muchas personas que atravesaron por la experiencia de regresión descubrieron que los síntomas y conflictos que las perturbaban desaparecían o se resolvían al revivir escenas de lo que podrían llegar a ser sus vidas anteriores. 

2.5. La Sagrada Tradición Andina

Muchos de los que trabajamos con la Respiración del Corazón nos iniciamos en la Sagrada Tradición Andina. Ésta es una práctica pre-incaica, protegida de la conquista española por los Q'eros, última comunidad Inca superviviente y guardianes de la antigua sabiduría de los Andes.

Recorrimos un camino espiritual muy simple y, a su vez, muy profundo, que elige el contacto con la naturaleza como vía regia para comunicarnos con una dimensión superior. Los iniciados en la Sagrada Tradición Andina estamos comprometidos con la recuperación del sentido de lo sagrado en la vida cotidiana.

Al ser ésta una tradición iniciática andina ancestral, que se transmite de maestro a discípulo y ser de tipo vivencial, hay poca literatura al respecto. Por ello, lo que aconsejamos es tener un contacto directo con maestros de la tradición Q’ero.

Entre los diversos rituales de esta tradición, hay uno muy hermoso que recuperamos para el inicio de nuestros talleres. Se trata de la apertura de un espacio sagrado y protegido; el que se logra invocando a las cuatro direcciones cardinales y a los espíritus y/o animales de poder de esas cuatro direcciones: a la Sachamama o Serpiente de las Aguas y a los espíritus del Agua en la dirección del Sur; al Otorongo o Felino de Luz y a los espíritus del elemento Tierra en el Oeste; al Quenti o Colibrí Sagrado y a los espíritus del Aire en el Norte. También invocamos al Lobo en esta dirección y a los Ancianos Sabios, Abuelos y Abuelas, les pedimos que nos enseñen a unir el pensamiento con el corazón. Finalmente llamamos a los Espíritus del Este, al Cóndor y al Águila, al elemento Fuego. Por último, establecemos contacto con la Madre Tierra, con los Apus, espíritus de las Montañas y con el Padre Cielo. Dejamos para el final el contacto con la «dirección interior», pidiendo a los participantes que con sus manos sobre el corazón llamen a su Ser Interior para que sea él, el que se manifieste en el trabajo que van a realizar.

 

Capítulo 3: PARTICULARIDADES DE LA RESPIRACIÓN DEL CORAZÓN QUE LA DIFERENCIAN DE LA RESPIRACIÓN HOLOTRÓPICA

Probablemente la diferencia más importante entre ambas técnicas sea que, en la Respiración del Corazón se permite una mayor participación del facilitador en los procesos del respirador.

Facilitador es un término creado por el Dr. Grof para referirse al coordinador de los talleres de respiración. Es un término muy apropiado ya que nosotros no dirigimos la experiencia, sino que sólo ayudamos a la persona (respirador) a que complete el proceso que su ser interior le trae a la conciencia.

 Una regla básica de la Respiración Holotrópica (RH) es la de intervenir únicamente en el caso que el participante pida ayuda, o si hay algún peligro para el respirador o para las personas que lo rodean (como que se golpee, por ejemplo). Es decir, que gran parte del desarrollo y del resultado del ejercicio únicamente dependen de la acción de la respiración sin la intervención de nada exterior.

En la Respiración del Corazón pensamos que, si bien hay muchos casos en los que no es necesario intervenir durante ningún momento del ejercicio ya que el trabajo de respiración fluye sin interrupciones y lleva a un muy buen desenlace, esto no siempre es así. Con el tiempo y la experiencia los facilitadores entrenados llegamos a darnos cuenta cuándo nuestra intervención se hace necesaria para ayudar al respirador a liberar un bloqueo energético, a completar «una Gestalt» (secuencia) o, simplemente, a profundizar el trabajo y llevarlo a su culminación. En ese caso, nos acercamos con suavidad y total libertad al costado de la colchoneta y ofrecemos la posibilidad de nuestra asistencia aún sin que el respirador nos llame.

DURACIÓN DE LOS TALLERES

Un primer dato a señalar es que los talleres de Respiración del Corazón tienen siempre una duración de dos días. Consideramos que la profundidad y la completitud del proceso requieren ese tiempo mínimo de trabajo interior y, por eso, salvo algún caso muy específico como puede ser una presentación en algún seminario, los participantes siempre realizan dos respiraciones por taller. Generalmente, en la primera se abre el proceso, que se cierra y completa en el segundo día de trabajo.

Siempre digo en la charla introductoria al taller que el primer día es como si se subiera la montaña. A veces, cuesta esfuerzo la subida. El segundo día en cambio, después de haber llegado a la cumbre el día anterior, bajamos con más facilidad y completamos la aventura de exploración. 

APERTURA DE UN ESPACIO SAGRADO

Como se explicaba anteriormente, el taller se inicia con un ritual de apertura aprendido y practicado en la tradición chamánica andina, en el que se crea un espacio sagrado para el trabajo. Hemos podido comprobar que establecer este espacio de protección es de enorme beneficio para el profundo trabajo emocional a realizar, tanto para los respiradores como para los facilitadores. Entre otros aspectos, se genera un ámbito de protección espiritual muy poderoso que ayuda a lograr una mayor plenitud y confianza en el trabajo.

 

CORAZAS MUSCULARES Y FORMAS DE RESPIRAR

La Respiración del Corazón es una técnica que ayuda a trabajar y disolver las corazas musculares. El primero que habló de las corazas musculares fue Wilhelm Reich, médico, psiquiatra y psicoanalista austríaco, discípulo de Freud, que vivió en la primera mitad del siglo XX. Pero en realidad fue un discípulo suyo, Alexander Lowen, médico y psicoterapeuta estadounidense, el que creó la conocida técnica psicoterapéutica llamada Bioenergética, la que trabaja disolviendo los bloqueos musculares y permitiendo la expresión de las emociones allí bloqueadas.

La coraza muscular es la capa defensiva que el organismo construye a lo largo de la vida para protegernos de las amenazas, como si fuera una armadura. Desde que nacemos, el cuerpo reacciona ante los estímulos externos que considera emocionalmente amenazantes creando tensiones musculares. Si esto se repite periódicamente, las tensiones se vuelven crónicas y se manifiestan en una «coraza muscular». Liberarlas produce un alivio y una sanación inmediata de las emociones.

Durante la experiencia con las técnicas holotrópicas tradicionales de respiración, pudimos comprobar que ciertas personas no lograban entrar en proceso ni hacer contacto con sus emociones reprimidas en el inconsciente. La mayor parte de las veces, el factor desencadenante para que esto sucediera era un bloqueo o una disminución de la respiración. Haber podido identificar este problema fue clave en la decisión de modificar, en ciertos casos, la forma de respirar, resolviendo el problema y logrando que prácticamente todos los participantes maximicen el beneficio de su experiencia.

Pero cuando, aun con el cambio de respiración la persona no puede «entrar en proceso», es necesario trabajar con la coraza muscular que le impide respirar amplia y rápidamente. De modo que, el día sábado y durante el inicio de la sesión, observamos a los participantes nuevos y, si en algún respirador se manifiesta una coraza muscular que le dificulta el proceso de respiración, el facilitador interviene y lo ayuda a liberar los bloqueos físico-energéticos en la zona del pecho[3] 

UTILIZACIÓN DE LA PALABRA DURANTE LA RESPIRACIÓN

Cuando es necesario, se utiliza la palabra para guiar y ayudar a los participantes durante su trabajo. El recurso de la palabra se está convirtiendo en una herramienta habitual en el trabajo de los facilitadores. Hemos comprobado que, al aumentar el uso de este recurso, se han producido grandes cambios en los procesos individuales de cada participante. Asimismo, cabe aclarar que esta intervención sólo la realizan aquellos facilitadores experimentados que pueden hacer uso de un diálogo breve, conciso y al servicio del respirador[4]. A veces, el uso de una breve exhortación, como puede ser «No tengas miedo», marca una gran diferencia en el proceso y resultado del trabajo. 

ACTUAR O NO ACTUAR

Según mi experiencia, interactuar con nuestra presencia amorosa y con sumo respeto para guiar y acompañar al respirador en aquello que necesite, da lugar a resultados mucho más efectivos. Sin embargo, éste, probablemente, sea el punto más conflictivo y difícil de determinar para un facilitador, ya que, como lo sugiere la holotrópica tradicional, si se interviene imprudentemente, se puede desviar al participante de su proceso.

 Es por eso que no es recomendable trabajar de esta manera hasta haber limpiado dentro de sí mismo todos los deseos de ayudar desde la propia necesidad del facilitador y no desde la del participante (respirador). Ahondaremos más en los criterios que se aplican, cuando hablemos, en el capítulo 10 sobre el rol del facilitador. Pero igualmente podemos decir que nuestra participación como facilitadores excede el marco tradicional para dar lugar a un contacto más libre y de mayor profundidad con el respirador.

Me gustaría ilustrar con un ejemplo las situaciones en las que el facilitador de esta técnica debe decidir si actuar o no actuar en apoyo del respirador. Vemos entonces el caso de R.:

R. está en la colchoneta lindera a la que yo estoy trabajando con otra persona. Se va poniendo en posición fetal y se empieza a hamacar suavemente haciendo un movimiento de rocking (balanceo rítmico) por unos minutos. Vuelve a quedarse quieta y luego comienza el balanceo nuevamente. Esta escena se repite varias veces y me trasmite una sensación de soledad y desamparo muy grandes. Cuando termino con el participante al que estoy asistiendo, decido acercarme a ella, sin tocarla. Me preguntó, con cierta preocupación, si tendría que intervenir o debería dejarla sola para que continúe con su proceso. Ante la duda, me quedo cerca de ella simplemente mirándola y esperando para ver sus reacciones frente a mi presencia.

Aunque me mantengo alejada casi medio metro de ella y no me muevo, sé por experiencia que mi presencia y mi contacto le llegan de una manera sutil, y decido no intervenir si ella no me envía alguna señal o permiso como para que lo haga.

Su cuerpo se cierra cada vez más y la sensación de desamparo que me trasmite es cada vez mayor y su movimiento de balanceo es cada vez más fuerte…

Finalmente decido acercar mi mano derecha a su cuerpo, pasándola detrás de su espalda, pero sin tocarla. A su vez, acerco muy suavemente mi cabeza un poco más cerca de la de ella y, al ver que no se mueve ni interrumpe su movimiento, sino que lo sigue aumentando, tomo confianza y acerco mi cabeza lo suficiente como para hacer contacto entre mi frente y la suya, dándole un apoyo y acercando mi mano y mi brazo muy suavemente para cubrir su espalda.

Me quedo inmóvil en esta posición y ella, al cabo de un rato, comienza a hacer fuerza con su cabeza y a girarla hacia atrás junto con todo su cuerpo en un inequívoco proceso de nacimiento al que acompaño alentándola con un «Vamos, haz fuerza». Ayudada por Hernán, quién se acerca al ver la escena, logramos que su nacimiento sea rápido y sin complicaciones.

En el momento de compartir, al finalizar la jornada del taller, R. cuenta, con una enorme sonrisa, que está en la panza, angustiada y sin deseos de nacer sintiendo que quiere «irse» (añade que, en otro taller, no con nosotros, vive la experiencia de nacer muerta) y que esta vez, cuidada por la compañía y el amor recibido, con mucho alivio, siente haber sido rescatada por mí. Esto le permite tener un hermoso nacimiento en el que ingresa a la vida con otra sensación y con ganas de vivir.

Ahora comparto la misma experiencia descrita directamente por la respiradora R.:

Tuve una experiencia increíble con la Respiración del Corazón. Comencé con la respiración y al cabo de un rato sentí una resistencia interna: un «No» inmenso dentro de mí, como si fuese mi alma que no quería bajar a la panza de mi madre.

Pese a esa resistencia, no pude evitar sentirme en su panza. Por un largo tiempo me quedé quieta, sin ganas de moverme y con mucho miedo. Me quedé en silencio e inmóvil. Tras un rato, comencé a hamacarme rítmicamente, hasta que sentí la presencia de Ana María muy cerca, aproximándose lentamente. Me dijo muy despacio al oído: «¡Vamos!», o algo así, y me tocó suavemente de manera muy liviana. Entonces sentí la necesidad de hacer fuerza con todo el cuerpo, especialmente con mi cabeza, que empezó a empujar. Esta vez me di cuenta de que iba a nacer. Otro facilitador intervino junto a ella, haciéndome sentir con sus manos el pasaje por el canal de parto. Yo sentía mucha alegría y ganas de hacer el esfuerzo. Sentí en mí y en todo el contexto mucho amor y la bienvenida de la vida. Fue una forma completamente diferente a otras experiencias anteriores traumáticas de nacimiento que había tenido. Ahora me sentí nacer en el amor, más entera y más feliz. Por primera vez me sentí unida con la vida, con voluntad de nacer y vivir, pudiendo romper un viejo patrón de comportamiento, resignificando mi profundo y antiguo rechazo a la vida.

Gracias a Ana María y al equipo de Respiración del Corazón por la sensibilidad y belleza con la que se hicieron cargo de mí.

ARQUETIPO O ENTIDADES DESENCARNADAS

Según mi experiencia en todos los talleres de respiración, tanto en el método Holotrópico como en la Respiración del Corazón, algunas veces aparecen almas desencarnadas que se manifiestan durante el trabajo del respirador.

Conocer la técnica de Terapia de Vidas Pasadas (TVP)[5] me permitió identificar que no se trata de manifestaciones arquetípicas, como se plantea desde la RH. En realidad, aunque muchas veces ellas mismas se presentan como representantes de la oscuridad, son almas de seres que han fallecido y que acompañan al respirador adosadas a su campo energético desde hace mucho tiempo. Profundizaremos sobre este tema en el capítulo 12 que habla sobre Almas Perdidas.

En estos casos se sugiere a la persona que permanezca en la sala después de finalizar el taller para realizar un trabajo individual con la técnica de TVP, para liberar a la entidad y permitirle su ingreso a la luz.

FORMACIÓN DE FACILITADORES

Un pilar muy importante de la Respiración del Corazón es la formación de los futuros facilitadores. Su duración es de alrededor de tres años y se realiza en grupos pequeños de no más de 12 ó 13 personas por vez, para facilitar el trabajo personal de los participantes. La dedicación y el cuidado que ponemos en la formación de estos profesionales es algo distintivo de nuestra técnica (véase el capítulo 10: El rol del facilitador).

Dentro del clima de contención y cuidado característicos de nuestro trabajo, una de las variables que más influye en el resultado del taller es el gran número de facilitadores disponibles en la sala y la preparación de que disponen para resolver cualquier situación que pueda presentarse. Hemos constatado que el número ideal de facilitadores es el de uno por cada cinco o seis participantes.

A continuación, me gustaría compartir la experiencia de Hernán Penido, mi ayudante en la formación de facilitadores y mi compañero en muchos de los talleres que realizo. Hernán recibió el título como facilitador en RH en el año 2008 y me acompañó en el tránsito desde esa técnica a la de Respiración del Corazón. Su ponencia es muy clara para entender la necesidad de ayuda que tienen los nuevos participantes al comenzar a practicar la respiración.

LA DIFERENCIA ENTRE LA RESPIRACIÓN HOLOTRÓPICA Y LA RESPIRACIÓN DEL CORAZÓN DESDE LA EXPERIENCIA VIVENCIAL, POR HERNÁN PENIDO, FACILITADOR DE LA RESPIRACIÓN DEL CORAZÓN

 Como relato en el comienzo de este libro, comencé mis prácticas como facilitador en RH en el año 2001 en los talleres de Trans-formar, coordinados por Ana María, a la par de cursar los módulos de la formación dictada por el Grof Transpersonal Training, habiéndome certificado en 2008.

 En el año 2004 le propuse a Ana María hacer talleres de RH en la zona norte de Buenos Aires, en San Isidro más precisamente, que es donde yo vivo. Así nació Trans-formar Zona Norte y, con esto, mis propios talleres de RH. A ellos asistían para ayudarme, facilitadores certificados como Silvina y, más tarde, mi esposa, Sol, con quien continuamos coordinando los talleres hasta principios del 2013.

 En la medida que la Respiración del Corazón se comenzaba a desarrollar en los talleres coordinados por Ana María, yo seguía trabajando de manera ortodoxa en mis propios talleres. Esta situación me brindó un punto de vista privilegiado para ir comparando las diferencias entre los resultados de ambos abordajes.

 La principal diferencia observada era que, con el método original de la RH, muchos respiradores no entraban en proceso holotrópico y tampoco manifestaban su dificultad para hiperventilar en el momento oportuno, perdiéndose entonces la posibilidad de ser ayudados. Al finalizar la sesión, nuevamente les explicábamos que había formas para ayudarlos a entrar en proceso, que volviesen al próximo taller. También les sugeríamos que, en el momento concreto en el cual registraban que no les sucedía nada, pidiesen ayuda para que nosotros pudiésemos intervenir. Con un simple acompañamiento, en la mayoría de los casos los respiradores alcanzan el estado ampliado de conciencia.

 Por suerte algunos volvían y pedían asistencia, pero muchos otros no, quedándose con la sensación de que la RH no era para ellos. Esta es una circunstancia que con la Respiración del Corazón se ha podido resolver. La cuidadosa intervención desde el principio de la sesión al ayudarlos a respirar, les permitía a la mayoría alcanzar el estado ampliado y así aprovechar al máximo su experiencia. Esta situación quedaba en evidencia al final de la sesión, cuando los participantes compartían su experiencia, donde los relatos parecían tener más profundidad.

 A continuación, Hernán comparte una experiencia como facilitador desde en el encuadre de la Respiración del Corazón.

 H. es un psicólogo de 44 años que participa por primera vez en un taller de Respiración del Corazón. H. empieza a respirar de forma rápida y rítmica en la zona del abdomen. Lo observamos por un rato y nos da la impresión de que nada está sucediendo. Entonces, decidimos intervenir.

 Junto a otro facilitador, nos ubicamos muy suavemente a su lado y lentamente vamos haciendo contacto, preguntándole cómo está. Nos contesta: «No me pasa nada». Le aclaramos que lo vamos a ayudar con una manera diferente de respirar. Le pedimos que cargue el pecho con todo el aire posible y que lo sostenga por unos segundos para ayudar a abrirlo y que, inspire profundamente, exhalando luego lentamente. Lo alentamos a repetir este procedimiento unas cuantas veces, tomando cada vez más cantidad de aire y ampliando cada vez más la respiración, hasta que su emoción irrumpe de manera contundente en un llanto profundo que se prolonga durante más de 10 ó 15 minutos, tiempo en el cual lo acompañamos simplemente con nuestra presencia.

 Durante el resto de la sesión, no es necesario ningún tipo de intervención y dejamos en manos de su Sanador Interior el resto del proceso. Al final del taller, cuando H. comparte su experiencia, se encuentra profundamente conmovido y agradecido por la fuerza e intensidad de su vivencia.

 En mi opinión es casi inevitable que, facilitadores con años de experiencia en RH, vayan adoptando alternativas de trabajo parecidas a las de la Respiración de Corazón, aportando cada uno su visión particular y enriqueciendo esta técnica.  

 

Capítulo 4: DINÁMICA DEL TALLER DE LA RESPIRACIÓN DEL CORAZÓN 

4.1. Generalidades 

Como se ha indicado anteriormente, los talleres de Respiración del Corazón se hacen siempre de dos días de duración. Hemos comprobado en reiteradas ocasiones que, hecho de esta manera, el resultado del trabajo es significativamente más profundo y completo.

 En general, las personas que realizan los talleres se encuentran en una búsqueda interior profunda y comprometida. Algunos de ellos tienen el deseo de hacer un proceso terapéutico. En este último caso, se aconseja realizar varias sesiones de terapia individual para integrar el material emergente. Por último, están las que llegan al taller en medio de una búsqueda espiritual. Lo importante aquí es aclararles que no hay manera de dirigir el proceso desde el nivel consciente o desde el deseo de la persona ya que, como dijimos anteriormente, es el Ser Interior el verdadero artífice de la experiencia.

 También cabe aclarar que, en esta técnica los síntomas físicos no se suprimen, sino que se utilizan como el emergente de un material oculto que necesita ser develado para ser sanado.

 Aunque el trabajo de liberación de experiencias traumáticas es muy importante, cabe destacar que también es posible revivir y contactar con experiencias muy placenteras y gratificantes que tienen el mismo valor reparador que las anteriores.

 Quizás lo más importante del taller sea que desde el momento en que comienza a sonar la música y los respiradores empiezan a respirar más amplia y rápidamente, se instala en la sala un clima de amor y cuidado muy especial que se convierte en el sostén incondicional de todos los presentes. No tengo duda alguna que esta variable es la que permite la calidad e intensidad de los procesos individuales que se viven en nuestros talleres.

4.2. Entrevista Previa 

Siempre dentro de lo posible, se realiza una entrevista individual con cada nuevo participante. El sentido de la misma es conocer a la persona y asegurarnos que se encuentra habilitada para hacer este tipo de trabajo. En esta misma entrevista, se ofrece también la información necesaria al futuro participante. Estos son algunos de los temas principales que se comunican antes del taller: 

·   Qué son los Estados Ampliados de Conciencia y su utilización como herramienta terapéutica.

·  Historia de la técnica desde sus comienzos con el Dr. Sanislav Grof hasta la actualidad, y su evolución hacia la Respiración del Corazón.

·    Descripción del concepto del Ser o Sanador Interior[6] y su importancia en el proceso de sanación. Hacemos especial mención que es el Ser Interior del mismo participante quien dirige la experiencia. El facilitador es solamente un acompañante que ayuda a que el proceso se complete y llegue a una finalización adecuada. Podemos hablar de una inteligencia inconsciente a la que se accede fácilmente desde los Estados Ampliados de Conciencia.

·    Se aclara que esta técnica facilita la expresión y la liberación o abreacción del material reprimido en el inconsciente.

·     La respiración acelerada es una vía de acceso al inconsciente, tanto personal como colectivo, al cual se refiere Carl Gustav Jung.

·    Aunque es imposible predecir a dónde le llevará la experiencia a una persona, sí se pueden mencionar los distintos niveles del Proceso Holotrópico:

 

1.    Nivel corporal: Este nivel abarca distintos tipos de experiencias, frecuentemente relacionadas con bloqueos energéticos o tetania[7] La liberación y descarga de estos bloqueos o corazas musculares produce enormes beneficios y transformaciones emocionales. Este aspecto es muy bien trabajado desde la bioenergética. Es muy común que los respiradores manifiesten dolores en distintas partes del cuerpo que al trabajarlos permiten la expresión de las emociones y energías bloqueadas las que, al ser liberadas, llevan muchas veces a reconocer el origen de estas dolencias. 

2.  Nivel biográfico: Frecuentemente los participantes reviven situaciones personales dolorosas o traumáticas que han quedado inconclusas o sin elaborar. La expresión de las emociones retenidas suele ser muy liberadora en este nivel. En estos casos, la persona sabe que se encuentra recostada en la colchoneta realizando el ejercicio, pero a su vez está viviendo la situación traumática nuevamente. Por ejemplo, alguien que se cayó en un pozo a los tres años, puede llegar a revivir esa experiencia, liberando todas  ensaciones aún guardadas en su interior producto de esa situación 

3. Nivel perinatal: Muchos participantes que reviven su nacimiento, pueden elaborar y dar sentido a ese momento que deja tantas huellas en el inconsciente. El Dr. Otto Rank, contemporáneo y discípulo del Sigmund Freud, fue uno de lo primeros en hablar del Trauma del Nacimiento, pero el término perinatal es acuñado por el Dr. Grof para referirse a todo proceso relacionado con la concepción y el nacimiento. Hoy en día se da cada vez más importancia a la Psicología Prenatal. Ver citas bibliográficas para más información sobre el tema[8]

4.  Nivel transpersonal: Como la palabra indica, este nivel va más alla de lo personal. Significa que con el trabajo de respiración pueden alcanzarse niveles más sutiles de consciencia. Este tipo de experiencias generan grandes cambios a nivel personal que trascienden el tiempo y el espacio. Por ejemplo, revivir una vida pasada, convertirnos en un animal o vegetal, e inclusive un ser inanimado, como podría ser una montaña o una piedra. También es posible conectarnos con los arquetipos del inconsciente colectivo o con seres desencarnados.

Es importante mencionar que no todos los niveles son experimentados por todos los participantes y que estos no tienen un orden determinado de aparición.  

·      Se explica el rol del acompañante. Los participantes trabajan en parejas. Mientras uno realiza el ejercicio recostado en la colchoneta con los ojos cerrados y tapados por un antifaz, su compañero de respiración (su acompañante) permanece sentado a su lado cuidando al respirador. Su presencia es de vital importancia en la contención del espacio de trabajo de su compañero. Las funciones del que acompaña van desde alcanzar una manta o un vaso de agua hasta poner un almohadón bajo sus pies cuidando que el respirador no se golpee. Aunque, sin lugar a dudas, la tarea más importante es la de estar presente. El respirador se encuentra en un estado de enorme vulnerabilidad y apertura, y con una percepción del entorno muy agudizada. A pesar de permanecer con los ojos cerrados, sabe todo lo que ocurre a su alrededor. Es por eso que la presencia y el cuidado de su compañero pueden ser un vehículo muy importante de sanación de heridas de abandono o desatención.

·      Finalmente, se le explica a la persona que hay ciertos parámetros clínicos para los cuales está contraindicado hacer este tipo de trabajo y se delimita que la persona no entre dentro de una de estas categorías. En convergencia con la ortodoxia holotrópica, la hiperventilación no está recomendada para personas que sufran de hipertensión y que esta condición no esté farmacológicamente estabilizada hace tiempo. Tampoco pueden hacerlo aquellos que padezcan alguna enfermedad cardíaca, al menos sin una consulta previa con su cardiólogo. Y, por último, tampoco recomendamos este trabajo a aquellas personas que estén pasando por un periodo de mucha inestabilidad emocional y que no se encuentren bajo tratamiento profesional y la supervisión de un terapeuta con experiencia y conocimiento en el trabajo de respiración. Aunque el ejercicio pudiera ser beneficioso para ellas, existe la posibilidad de que pudieran llegar a necesitar un intenso acompañamiento los días siguientes al taller para la elaboración y cierre completo del material surgido durante la respiración.   

4.3. La Estructura del Taller 

Como se menciona anteriormente, al inicio de cada taller, abrimos un espacio sagrado invocando a los espíritus de las cuatro direcciones, pidiendo protección y ayuda en el trabajo a realizar. Esta hermosa ceremonia chamánica de la tradición andina, se repetirá al culminar el segundo día de trabajo, como cierre del espacio abierto al iniciar el taller. 

Posteriormente, nos sentamos formando un círculo e invitamos a cada participante a presentarse ante los demás diciendo su nombre y en no más de 2 ó 3 palabras cómo se sienten. Este gesto propicia la integración grupal. En ese momento, también se eligen las parejas que trabajarán juntas durante los dos días que dura taller. Éste es un requisito indispensable, ya que cada participante deberá, no solamente hacer su ejercicio de respiración, sino también acompañar y cuidar a su compañero durante el trabajo.  

Las sesiones duran 150 minutos aproximadamente. Durante este tiempo, un conjunto de música especialmente diseñado acompaña al respirador en su viaje interior. Una vez terminada la sesión, se le sugiere al participante que plasme su experiencia en una hoja de papel en blanco. (Este tema se desarrollará con mayor profundidad en el capítulo 7). 

Al finalizar la jornada, después de las dos rondas de respiración, se forma nuevamente un círculo entre todos los participantes y facilitadores. Entonces, cada participante comparte los puntos centrales de su experiencia y muestra su dibujo (si han hecho uno, ya que no es obligación hacerlo). Este momento es muy importante para la integración del proceso individual de cada participante y también para el cierre del trabajo grupal, ya que permite el intercambio amoroso y cooperativo entre los respiradores. Asimismo, el trabajo hecho por otros respiradores puede ayudar a integrar procesos personales de los demás participantes, ya que los temas y emociones pueden ser común a ellos. También los facilitadores comparten cómo ha sido su experiencia durante el trabajo de ese día. Es importante señalar que no es la idea hacer algún tipo de intervención terapéutica o interpretativa en este momento, pero sí conocer cuál es el estado de ánimo de los participantes antes de retirarse del taller.  

A veces, alguien se ha quedado con alguna emoción sin terminar de elaborar, o con el proceso sin cerrar, y es necesario completarlo antes de que se retire. Es el momento en el que los facilitadores deberán tener muy en cuenta el estado emocional de cada participante y pedirle que permanezca aquel que necesite trabajar un poco más con su experiencia para completarla. Este cierre se hace rápidamente y de manera individual con unos minutos más de respiración una vez que los demás participantes se han ido. Somos extremadamente cuidadosos con este tema ya que, en repetidas ocasiones hemos escuchado de personas que han asistido a talleres de respiración y han quedado «abiertas», con material inconsciente aflorando de una manera tal que tuvieron que acudir a un terapeuta a posteriori del taller, para que los ayudara a integrar la experiencia.

 Es por eso que, como dijimos antes, en nuestros talleres le damos una vital importancia al momento de compartir la experiencia o testimonio de cada participante y al trabajo posterior de cierre con aquellos participantes que así lo necesiten. También les ofrecemos la posibilidad de comunicarse con nosotros por correo electrónico o telefónicamente, ante cualquier duda o inquietud que pudiera aparecer en los días posteriores al taller.

Capítulo 5: EL PODER DEL AMOR COMO ENERGÍA SANADORA DEL UNIVERSO 

5.1. El Poder del Abrazo 

El clima profundamente amoroso de los talleres de Respiración del Corazón ha ido aumentando significativamente a través de los años, hasta volverse un elemento central en la actitud de los facilitadores. Aunque comenzó como una actitud natural, terminó convirtiéndose en un elemento indispensable. Cuanta más sensación de contención y amorosidad hay, mayor es la entrega y consecuentemente, la profundidad del trabajo de los respiradores. En muchas ocasiones, los respiradores comparten cuánto les ha ayudado el sostén y la presencia amorosa de los facilitadores y de los acompañantes en la evolución de su proceso.  

Aquí podemos señalar un dato curioso pero muy significativo. Así como esta forma de amor y cuidado tan específica de la Respiración del Corazón pasó a ser una herramienta habitual en nuestro trabajo de una manera natural y sin la mediación de nuestra intención ni pensamiento, la mayoría de los cambios y/o adelantos en esta técnica nos han llegado de una forma similar. Es como si una inteligencia superior y con vida propia, que podríamos llegar a llamar «el espíritu de la respiración», pasara a través de nosotros buscando ser expresada. Es ésta una inteligencia que se integra en el cuerpo y que actúa a través de aquellos facilitadores que nos vaciamos de intención y le permitimos su expresión para plasmarse en nuevas actitudes de sanación. En el Apéndice, se indican las nuevas herramientas incorporadas a la práctica que van enriqueciendo los resultados que se obtienen. 

Hoy en día es habitual que los facilitadores se acerquen a la colchoneta de un respirador que está llorando y, sin intervenir en su trabajo, con su sola presencia amorosa y el interés en su bienestar, lo acompañe en silencio. Esta presencia es, simplemente, percibida, y actúa como un sostén, permitiendo que la persona se entregue más profundamente a la experiencia. 

Creemos que el elemento más profundo para la sanación de aquel que sufre es el vínculo de cuidado amoroso e incondicional con un «otro»; en este caso, el facilitador. Se establece muchas veces más allá de las palabras. La ternura y el amor en el momento indicado, ejercidos con respeto, son una verdadera herramienta de transformación.  

 Como ya se ha mencionado, un abrazo dado incondicionalmente, por ejemplo, tiene un enorme poder de sanación. A continuación, comparto algunas experiencias que darán cuenta de ello: 

F. está realizando su primer taller. Es una joven de 19 años que ha pasado por dos intervenciones quirúrgicas en la mandíbula, donde un quiste le fue corroyendo el hueso y hubo que reconstituírselo dos veces. Luego tuvo un tumor maligno en el mediastino que le fue extirpado, recibiendo radiación y quimioterapia.  

La respiración la lleva a revivir sus operaciones y a sentir por primera vez el dolor que le provocaron. Hasta ese momento, ella refería haber pasado por todas estas experiencias con fortaleza y sin ninguna consecuencia emocional. 

Libera también mucha energía bloqueada en la zona de la mandíbula, la cual se expresa como corriente eléctrica y espasmos que se extienden por todo el cuerpo. Me quedo con ella abrazándola por un largo rato, permitiéndole llorar y sentirse protegida por mi abrazo. Mientras permanezco a su lado, recuerdo que en la entrevista previa me cuenta que la madre minimizó siempre la dificultad de esta situación y no le permitió nunca quejarse por ello. Entonces, tras un rato, le pido a la acompañante que la abrace junto conmigo. Las tres permanecemos unidas, y la cuidamos un tiempo más, dejando que el poder del abrazo incondicional haga su trabajo.  

Cuando me levanto para seguir ocupándome de los demás participantes, otra cuidadora que está sin compañero, pues formó parte de un trío a la mañana, se acerca y me pregunta si puede ella también contener a F. Le digo que sí y las tres chicas, todas más o menos de la misma edad, permanecen en una profunda comunión de almas durante gran parte del taller. Durante el momento final de compartir la experiencia, F. manifiesta que ésta ha sido, probablemente, la experiencia más sanadora de toda su vida. 

*** 

Z. pide ayuda para respirar más profundamente porque no logra entrar en proceso holotrópico. Un facilitador se acerca y trabaja repetidamente con ella en la zona del pecho, intentando abrir las corazas, pero no lo logra. Me llama y puedo acercarme después de bien entrada la sesión. Z. está relajada y respira sin hiperventilar. Me da la sensación de que ya había hecho suficiente trabajo corporal y decido quedarme a un costado acompañándola sin ningún tipo de contacto físico, pero con una clara intención de amor y cuidado. Estábamos juntas sin que hubiera contacto visual ni corporal. Pasados diez minutos, Z. gira y me da un abrazo, profundamente conmovida, diciendo: «Esto es lo más importante que me pasó en mi vida. ¡Qué sensación tan maravillosa! ». Se queda así un rato, acurrucándose, llorando conmovida.  En el momento de compartir su experiencia, Z. muestra al grupo su mandala, un enorme corazón rojo, y repite que tuvo la experiencia más maravillosa y transformadora de su vida, al sentir que estaba en un universo sostenido por el amor.Cuando todas las demás técnicas no alcanzan para que alguien exprese su emoción contenida, le pido a la persona que se dé vuelta y me abrace.  

B. está en su primera respiración. Es muy tímida e introvertida. Comienza a respirar y a los diez minutos solloza sin poder soltar el llanto. Sus brazos se van poniendo duros. Estoy con ella alentándola a abrirse y a expresar lo que siente, pero no hay manera de que lo pueda hacer; está al borde de quebrarse, pero no consigue hacerlo. Trabajo intensamente con su bloqueo en los hombros y brazos, pero, aunque hace ruidos con la boca y trata de abrirse, no lo logra. Entonces le pido que me abrace y la cubro amorosamente con mi cuerpo, dándole contención y alentándola con palabras breves, dichas con un lapso de varios minutos entre una y otra. Así la invito nuevamente a abrirse: «Vamos, exprésalo, ábrete que puedes, déjalo salir; estoy cerca, déjate cuidar y sentime». Con estas últimas palabras se acurruca y rompe en sollozos y en temblores convulsivos. La rabia es finalmente contenida por el amor. Éste es un caso muy especial que me gustaría compartir:

 P. ha participado ya en varios talleres y fue acercándose cada vez más dentro suyo a un cúmulo de rabia y odio contra su familia. Estos sentimientos son tan intensos que la asustan. Tomar contacto con estos contenidos emocionales la desespera y bloquea. Todas las exhortaciones a que exprese su rabia son bloqueadas por el miedo que le produce el contacto con su odio. Finalmente, intento el recurso de abrazarla amorosamente y le hablo en el oído diciéndole: «Suéltalo, suelta tu odio, yo te cuido, estás protegida, olvídate de todo y llegá al fondo de tu rabia». Finalmente, P. logra hacerlo y sale todo junto: rabia, gritos y desesperación. El cuerpo tiene espasmos convulsivos mientras patea y se sacude. Pareciera que se va a partir en dos. Sigo conteniéndola con mi abrazo, mientras le repito: «Todo está bien, yo te cuido, llega hasta el fondo». Sostener su «desarme emocional» con mi propio cuerpo le permite a P. llegar a límites de desesperación impensables. Finalmente, se agota la emoción y llegan la calma y el sosiego, tanto para P. como para mí. 

5.1. Ejercicio de contacto entre las parejas de respiradores 

La profundización del vínculo amoroso entre las parejas de respiradores es un elemento fundamental de la Respiración del Corazón. Al inicio de cada sesión y una vez formadas las parejas que van a trabajar juntas durante todo el taller, se hace un pequeño ejercicio de integración durante el cual el amor y el cuidado se manifiestan muy frecuentemente.  

Simplemente se les pide que se sienten frente a frente, se tomen de las manos y se miren a los ojos durante dos o tres minutos. Los alentamos a que hagan un contacto profundo entre ellos, y a que usen los ojos de la otra persona como una puerta para abrirse al infinito. Muchas veces, los participantes señalan la importancia que ha tenido este pequeño ejercicio de integración en cuanto al resultado final de la experiencia. 

El vínculo entre ambos respiradores facilitado y consolidado por el ejercicio anterior, es fundamental durante la respiración. Puede ser muy reparador, pero también puede producir nuevas heridas en el caso de que el acompañante no esté atento a su respirador. Aún en los casos en los que el respirador está mayormente quieto y aparentemente ausente, la presencia amorosa y sostenedora del acompañante es esencial para él. El vínculo entre ambos está intensamente vivo más allá de las palabras o de los gestos exteriores. Es, por esta razón, que les pedimos continuamente a los acompañantes estar atentos y permanecer amorosos con sus respiradores. En el estado de vulnerabilidad en el que se encuentra el respirador, el cuidado y la atención de su compañero le brindan una cuota de amor incondicional como quizá no haya experimentado nunca antes.

Igualmente es importante señalar aquí que siempre dejamos claro a los acompañantes la importancia de no tocar a su compañero respirador durante el ejercicio, salvo que él lo solicite o nosotros se lo indiquemos. 

Nada mejor que el relato de dos respiradoras para mostrar el poder sanador del amor. Son los testimonios de Silvia y de Teresa, dos participantes de un mismo taller, amigas entre sí, que nos dieron la sorpresa de hacernos llegar sus comentarios por correo. 

A pesar de que por momentos me cuesta creer este tipo de respuestas que a veces llegan después de un taller, al mismo tiempo son ellas las que me ayudan a darme cuenta de que, más que una profesión o tarea, lo nuestro como facilitadores de Respiración del Corazón, es un acto de amor.  

 Hola, Ana María y maravilloso equipo: 

No quiero dejar de contarles y compartir con ustedes que hoy, un día después de mi primera experiencia, me siento espléndida, llena de energía. El sábado pude soltar y sanar parte de mi vida actual, y el domingo, tal vez de algunas vidas pasadas. Aunque mi trabajo fue muy duro, me gratificó enormemente. Pero lo que realmente me reconfortó y agradezco desde lo más profundo de mi ser es que, al hacer el proceso de sanación, sentí el enorme amor con el que nos han tratado a todo el grupo: esa mano llegada a tiempo, ese abrazo en fusión no invasivo, pero extremadamente contenedor, esa sola palabra o frase justa. Todo esto lo pude experimentar mientras cumplía mi rol de cuidadora y lo que sentí cuando respiré. 

Nada se compara con ese momento: uno está expuesto, entregado, con las sensaciones al desnudo, vulnerable, pequeño… Sentir esa energía pura también sana, sana el corazón. Me sentí cuidada, amada, respetada, bendecida. Simplemente, GRACIAS. Hasta el próximo encuentro, besos y abrazos desde mi corazón. Silvia.

 ***

Carta al mundo:

 En Buenos Aires, en el barrio de Palermo, existe un lugar donde si quieres te puedes curar respirando. Es una casa enorme, con techos altos, puertas y ventanas gigantes, plantas cálidas; pero, lo más curioso es la energía amorosa que unos seres luminosos —pero de carne y hueso— te brindan desde que llegas.  Cuando comienzas el proceso respiratorio propiamente dicho, te vas adentrando en tu interior y es ahí, que poco a poco, te ves cara a cara con aquellas situaciones que, como en mi caso, no había terminado de comprender, de cerrar, de sanar, de liberar.  

En un clima de alta vibración amorosa, percibes cómo te cuidan, asisten, acompañan pero sin interrumpir tu viaje y dándote un soporte como herramienta para que logres tu objetivo. Me dio la sensación de que todos ellos ya estuvieron en ese lugar de sanarse, y además tienen una gran vocación de servicio con la humanidad. Si te atascas con alguna emoción pesada, ellos se acercan y con una mano suave sobre tu hombro, o un abrazo si es necesario, te transmiten una gran paz, luz y amor, contagiándote de una profunda sensación de bienestar que anida en sus corazones. Muchas gracias. María Teresa.

 En el capítulo siguiente vamos a ver el desarrollo y la importancia que tiene la música para la Respiración del Corazón.  

 

Capítulo 6: LA IMPORTANCIA DE LA MÚSICA DURANTE LA SESIÓN DE LA RESPIRACIÓN 

La música ha estado siempre relacionada íntimamente con los rituales de todas las tradiciones espirituales. Su uso busca la apertura de estados místicos o espirituales de conciencia. Esto puede observarse en los cantos devocionales de la India, los rituales de los derviches en la tradición sufí, los ícaros[9] en las ceremonias chamánicas, etc. 

En el caso de los talleres de respiración, no sólo acompaña y profundiza la experiencia de los participantes, sino que también facilita su entrega emocional y marca un ritmo específico para el trabajo. Ayuda a cubrir los sonidos disonantes de la sala y, más de una vez, alguien alborozado ha expresado que fue el sonido lo que le permitió entrar en un estado ampliado de conciencia.

 La forma tradicional del trabajo le da una importancia muy relevante al rol de la música. Está establecido que el nivel técnico sonoro de los equipos de audio es condición sine qua non para el buen resultado del taller. Sin embargo, viviendo en países latinoamericanos y habiendo realizado talleres en lugares remotos y pueblos pequeños, esto no ha sido siempre posible. He llevado a cabo talleres en lugares alejados de Argentina donde sólo contaba con un rudimentario boombox[10]  y algunos CDs. Esto no significó que los procesos de los respiradores fueran muy diferentes a los que hay en salas con un buen equipo de audio. Sin embargo, lo expresado no quiere decir que no reconozca el valor que tiene la calidad del sonido.

 Asimismo, a la manera de la Holotrópica tradicional, siempre se busca que la música que utilizamos sea lo menos conocida posible para los respiradores, y si es cantada, tratamos de que sea en otras lenguas. Es muy útil la música de culturas no tradicionales. De vez en cuando, solemos incorporar circunstancialmente alguna pista de música clásica. Otro concepto importante es que la música no debe ser algo que lleve al respirador a tratar de comprenderla o que lo deje pensando y lo saque de su propio proceso. 

Otro aspecto a tener en cuenta es no utilizar música violenta, no hacer saltos abruptos entre un tema y el otro cuando se busca subir o bajar el ritmo, y no poner jamás temas que puedan llegar a asustar o molestar al respirador. Es decir, no poner nunca lo que se conoce como «música de horror». 

6.1. Compaginación de una Sesión Musical para la Respiración del Corazón 

 A continuación, se verán algunas indicaciones sobre la estructura de los bloques musicales que utilizamos.

El armado de un conjunto se divide en tres momentos, cada uno de aproximadamente 50 minutos de duración.

 Para el comienzo de la primera etapa, buscamos alguna pieza musical que nos evoque el inicio del viaje hacia el misterio y el encuentro con nuestro Ser Interior. Constituye, sobre todas, la pieza más significativa de todo el conjunto. Es una invocación a la aventura del alma. En los primeros 5 ó 10 minutos, la música tiene una cualidad de alegría y apertura hacia un viaje que comienza. El resto de estos cincuenta minutos —como comúnmente nos referimos a ella «música de primera hora»—, debe ser dramática, poderosa, y rítmica. Es un buen momento para usar diferentes sonidos de tambores.

 Llegando a los 40 minutos aproximadamente, se comienza a preparar la salida de la primera hora. Los temas van disminuyendo su fuerza rítmica y se empiezan a hacer más melódicos, hasta que llegamos a la segunda hora.

 A la segunda hora la llamamos hora de «música épica», es decir, que contiene toda la gama de sentimientos humanos. Todavía es necesario que sea vibrante, movilizadora, pero no necesita ser tan fuerte como en el primer tramo. Es un buen momento para poner música cantada de diferentes culturas tradicionales y/o espirituales. Debe ser potente, pero en el sentido de abrir el corazón. De todas maneras, se va haciendo más lenta a partir de los 90 minutos de comenzada la sesión y, al llegar a los 100 minutos, entramos en lo que llamamos tercera hora.

 La tercera hora se caracteriza por ser el momento en el que la música baja su intensidad, pero no su fuerza emotiva, la cual todavía continúa existiendo. Es un buena ocasión para poner kirtans[11]. Al llegar a las dos horas de empezada la sesión, podemos buscar ya música más suave, y este descenso de intensidad continuará durante los siguientes 30 minutos hasta terminar con temas que induzcan a la relajación, permitiendo a la persona ir cerrando su proceso. Es importante aclarar que no por esto la música tiene que pasar a ser light o aburrida. Tampoco implica que los procesos de respiración sean necesariamente más «suaves». Muchas veces, las experiencias más profundas se dan en este momento. 

6.2. La Música no determina el Resultado de la Experiencia de Respiración 

En todos mis años de trabajo, hubo dos experiencias en los talleres de respiración que me hicieron replantearme la importancia de la música en una sesión y reconocer que no es el factor que determina el resultado del trabajo.

 La experiencia más impactante que tuvimos fue la sucedida en un taller en Uruguay en donde se cortó la electricidad a los diez minutos de comenzada la sesión, sin certezas de que fuera a regresar en todo el día. Después de la interrupción inevitable, se decidió seguir con la sesión en silencio y alentando verbalmente a que no dejaran de respirar. Al poco tiempo, ya no fue necesario hacerlo más, y la sesión siguió normalmente. Lo más notable fue que los respiradores tendieron a bajar el ritmo de la respiración y frenarlo a las dos horas y media de haber comenzado. En la ronda final, constatamos que no hubo diferencias significativas en el nivel e intensidad de los trabajos. Esto nos lleva a concluir que, si bien la música es muy importante y en las tradiciones espirituales es muy frecuente su uso ritual para la conexión con otras dimensiones de la consciencia, no es una condición indispensable para el trabajo.

 En otra oportunidad organizamos un taller de cierre de año en un retiro en el Delta de Buenos Aires. Por circunstancias ajenas a la organización, nos vimos obligados a usar un pequeño reproductor de música con algunos casetes que había en el lugar. En esa situación, y a pesar de la pobrísima calidad del sonido, Hernán, mi fiel compañero en los talleres de respiración, tuvo una de las experiencias más profundas y significativas de todo su proceso holotrópico.

 Es desde ese momento que, si la calidad del sonido no es la deseada, o si surge algún imprevisto con el equipo de sonido durante la sesión, podemos resolverlo sin angustiarnos por el resultado del trabajo, ya que conocemos por las experiencias vividas que este elemento no determina la profundidad del trabajo de los respiradores.

 Pasaremos en el siguiente capítulo a referirnos a otro de los elementos constitutivos de una sesión de respiración. Se trata de los dibujos, que llamamos mandalas, con los que los participantes cierran su proceso en el taller.

 

Capítulo 7: Una Expresión Simbólica de la Experiencia 

Los dibujos que invitamos a realizar a los participantes una vez finalizada su respiración, fueron llamados mandalas durante varios años de la Respiración del Corazón. La noción de mandala deriva de colocar un círculo en la hoja de papel a utilizar ya que resembla a la forma tradicional de un mandala, palabra que en sánscrito significa círculo. 

Esta práctica fue adoptada de la RH y desde un tiempo a esta parte las hojas de papel no tienen más círculos en ellas. Los participantes tienen la libertad de dibujar sin limitarse a los confines del círculo, se trata de un dibujo que le permite al respirador expresar en otro lenguaje la experiencia vivida.

 A continuación, muestro algunos de los dibujos realizados en nuestros talleres junto a una breve explicación de lo que significaron para sus autores

La luz y la Oscuridad

J. nos conmueve a todos con su testimonio y su dibujo. Su respiración trata todo el tiempo de la unión de las polaridades: la alegría y el dolor, la luz y la oscuridad. Puede llegar a transmitirnos el espacio en el que ha estado, que es el de la unión de los opuestos y termina diciendo: «Es todo lo mismo, la luz y la oscuridad parecen ser diferentes, pero son una unidad.»

 

Orgasmo Cósmico

L. es una joven de 22 años que a la hora de compartir sólo dice: «Toda mi respiración fue un orgasmo cósmico.» Es imposible describir la energía que transmiten su rostro y su cuerpo, pero todos los presentes la sentimos.

Serie de Corazones

Haciendo referencia al nombre de nuestra técnica, Respiración del Corazón, es que elegimos varios dibujos que representan corazones. Es muy frecuente encontrar este tipo de dibujos al finalizar el taller ya que realmente se ha dado una apertura muy grande del corazón en nuestro trabajo y las personas lo grafican de esta manera.  



                                           

Amor

Al terminar su pintura, K. pidió a sus compañeros que pusieran la palabra amor junto a la suya en el dibujo.


El Corazón de la Tierra

 Hermoso dibujo que representa el pulso o latido de la tierra.

 


Liberación

Ahora compartimos la experiencia de K, tal y como nos la relató:

«Las escenas de esta respiración comenzaron hace un año con un episodio aislado en donde vivenciaba que me habían quitado los ojos. En ese momento desconocía por qué había sucedido, pero en la escena solamente repetía la frase: «Aunque no los tenga, yo puedo verlos a todos desde mi mente y mi corazón».

Un mes antes de comenzar la respiración, volvió a repetirse la misma escena. En esa oportunidad, aparecían rodeándome muchas personas, las cuales me lastimaban clavándome elementos punzantes, uno en particular muy doloroso en mi costado izquierdo. Y nuevamente repitiéndose la escena de la extracción de mis ojos. Durante su transcurso, pregunto continuamente por qué lo hacen, ya que yo no podía entender qué estaba pasando o el motivo del hecho. No quería que ya nadie me tocara o lastimara.

Acto seguido, aparezco rodeada de personas, pero esta vez yo me hallaba en una hoguera. Ardiendo en llamas, mi única sensación era de liberación, sintiendo que con mi muerte ya nadie iba a poder lastimarme más.

Terminé el encuentro de esos dos días con la sensación de ser juzgada. Lo único que quería hacer era irme, no compartir mi experiencia grupalmente; huir.

 Esos sentimientos estuvieron acompañándome hasta esta última respiración en la cual, al abrirse nuevamente la misma experiencia, pude canalizar con la ayuda de Ana todo ese dolor y odio encerrado en mí durante mucho tiempo hacia esas personas; liberándome en mi vida actual de la sensación de ser juzgada, lastimada y, por ende, poder dejar de lado la desconfianza que generaba cualquier persona que se acercara a mí, lo cual me ha permitido desde entonces tener relaciones más saludables en mis vínculos con los demás».


 

Confianza

M. es una persona que lleva mucho tiempo respirando en nuestros talleres. Finalmente puede llegar a conectar profundamente con sus sentimientos de carencia y de vulnerabilidad. Ya había trabajado con este tema, pero salía rápidamente de la experiencia con mucho miedo a sentir su debilidad. En su vida es una persona exitosa, autosuficiente y sumamente independiente.

 Toda su respiración del sábado consiste en confiar y entregarse a aquellos que nos acercamos a contenerla. Su pintura lo dice todo: es la palabra confianza escrita con un lápiz color azul.

 La respiración del domingo la lleva a apoyarse en la pared con las piernas hacia arriba durante un largo rato, hasta que pidió que la ayudáramos a pararse de cabeza y luego a tener un nacimiento. Esperamos que éste sea hacia una vida en la cual la confianza sea uno de sus pilares.

 El mandala que aquí se muestra es el mismo del día sábado, sólo que ese primer dia era íntegramente de color azul y, luego de su segunda respiración, lo retoma llenándolo de colores.

  


 

Capítulo 8: LOS MISTERIOS DE LA CONCIENCIA: Casos significativos de aplicación de la Respiración del Corazón 

He querido dedicar este capítulo a varias experiencias vividas por los participantes durante los talleres, para que las personas que no conocen este tipo de trabajo puedan tener una idea más completa de la profundidad de lo que ocurre en las respiraciones y de su increíble poder transformador. 

Comenzaremos por el caso de Esther, que es el testimonio que nos muestra la posibilidad de trabajar con los síntomas físicos y con la descarga de las emociones largamente reprimidas en el inconsciente. 

Los siguientes casos son todos ilustrativos del trabajo que se puede realizar en los planos transpersonales. Al mismo tiempo, las experiencias son tan extraordinarias y fuera de lo habitual que hasta nos sorprendieron a nosotros, los facilitadores. Por eso les pedimos a algunos de los protagonistas que nos las relataran ellos mismos, e incluimos sus relatos porque merecían ser conocidos. 

8.1. El caso de Esther   

La experiencia de Esther nos enseña cómo las emociones reprimidas en el inconsciente y no resueltas durante largo tiempo pueden terminar generando enfermedades o somatizaciones en el cuerpo. 

Esther es una paciente de terapia individual que viene a los talleres de vez en cuando. En su terapia hemos visto y hablado de la necesidad de modificar un rasgo de su personalidad muy poco reconocido por ella y que se refiere a un alto monto de agresividad que surge de forma inesperada y muy violentamente cuando se refiere a algunos temas, especialmente la relación con su ex marido. Le es difícil aceptar este rasgo de su carácter ya que su temperamento es suave y apacible la mayor parte del tiempo. Pero la violencia puede surgir súbitamente en forma de quejas y reclamos de una inusitada intensidad cuando algo la supera. 

En uno de los talleres llega muy preocupada ya que en una revisión médica rutinaria le han descubierto dos quistes que deben ser analizados y diagnosticados a la máxima brevedad. En un momento de la respiración la veo muy angustiada y me acerco a su colchoneta. Al sentir mi presencia, me dice que está intranquila por los quistes que le han descubierto. Suavemente le pido que intente conectarse con ellos y les pregunte cuál es la razón de su existencia. Poco después rompe a llorar desconsoladamente diciendo que le han contestado, y que son el resultado de su «violencia acumulada con los hombres». Comienza a tener varias visiones en las que se ve violada y agredida por hombres a los que no puede reconocer. También, logra hacer contacto con su propia violencia reprimida hasta entonces en su inconsciente a la que le abre una puerta para que pueda empezar a ser descargada. 

Al finalizar el taller, podemos compartir un momento de charla a solas y, aunque está aún muy preocupada con el tema, hay en ella un alivio muy grande por haber contactado por primera vez con estas emociones profundamente guardadas dentro de ella y haber comenzado a liberarlas. Queda todavía un camino a recorrer y que esperamos pueda ayudarla a resolver su violencia y su posible somatización de la misma en estos quistes recién descubiertos. 

8.2 El Caso de Vilma e Ignacio 

Unos pocos días antes de que Ignacio y Vilma hicieran su respiración en nuestro centro, yo había recibido de regalo de la Association for Holotropic Breathwork International (AHBI) un antifaz con esa misma frase. Este antifaz se lo llevó Ignacio de regalo y continúa usándolo hasta el día de hoy en todas sus respiraciones.

 La experiencia de estos dos respiradores es un caso extraordinario y muy poco frecuente, que muestra la sorprendente conexión y sincronicidad entre dos participantes que realizan talleres en países diferentes.

 Dicha experiencia comienza en el año 2011 —que en ese momento eran de Respiración Holotrópica—, en Buenos Aires (Argentina) y en Asunción (Paraguay), y culmina en un taller al que asisten ambos participantes en mayo de 2014, en Buenos Aires.

 Después de algunas respiraciones tanto de Vilma como de Ignacio en ese año 2011, empecé a registrar que las escenas que ambos ven, son pasmosamente similares: un grupo de indígenas masacradas (mujeres, en su mayoría niñas) aparecen muertas, descuartizadas, en un claro de la selva. Esta situación se prolonga hasta mediados del año 2013 cuando tanto Ignacio como Vilma, sin haber tenido ningún tipo de contacto entre ellos, dejan de vivir esta experiencia en sus respiraciones, pasando a tener vivencias de otro tipo.  

A mediados de mayo de 2014, Ignacio, que está aprendiendo la técnica, viaja a Buenos Aires para ayudarme en un taller. Vilma, que hace ya seis meses que no viene a respirar, se anota en ese mismo taller. Pero, en el último momento y por dificultades con un tema laboral, decide no participar. Ignacio pregunta tímidamente el sábado si la mujer que tenía respiraciones iguales a las de él iba a venir al taller. En ese momento nos damos cuenta de la oportunidad que sería que ella asista, la llamamos y acepta de inmediato. Muy nerviosa queda en venir el domingo a respirar junto a Ignacio y conocerse. Les pido que respiren al mismo tiempo en colchonetas contiguas.  

En ese momento, Ignacio ve escrito «See you on the other side» en el antifaz y me lo pide prestado para usarlo durante la respiración.

Probablemente, fue la experiencia más fuerte que nos haya tocado vivenciar en un taller a los tres facilitadores presentes ese día. Era notable el flujo de energía que se creaba entre las dos colchonetas, siendo testigos emocionados de una experiencia que se podía sentir trascendía todo límite de tiempo y espacio. La experiencia de la mano de los protagonistas:

 El testimonio de Vilma e Ignacio 

Mi nombre es Vilma, tengo 45 años, y soy de Río Negro, Argentina. Vivo en Buenos Aires y soy directora de un colegio de educación secundaria. Realizo talleres de respiración de Ana María desde el año 2011 con cierta regularidad.

 Comencé mis viajes holotrópicos viendo desde el principio imágenes que se desarrollaban en lo que pude reconocer como la selva amazónica del camino del Inca, junto al río Urubamba. Primero eran niñas que jugaban, corrían y se ocultaban en la espesa vegetación. Luego las veía colgadas, sin ojos, sin lenguas y, por alguna razón, sentía mucha culpa. Cuando me animé a compartir lo que me pasaba en las respiraciones, Ana María me cuenta que en Paraguay había una persona que tenía experiencias muy similares a las que yo relataba.

 Cada vez eran más nítidas mis imágenes y me sentía parte de ese lugar y de las escenas. Sentía que nos arrancaban los ojos, y siempre pedía trabajo corporal en esa parte de mi cuerpo. Cuando finalmente me moría en dichas escenas, encontraba mucha paz.  

Una de las veces que Ana María colocó suavemente sus manos sobre mis ojos, visualicé cómo me metían un cuchillo de jade verde, ésos que usaban para los sacrificios. Luego el dolor cesaba y vibraba la paz. Otra vez, vi cómo me cortaban la lengua. Siempre aparecían las niñas muertas, decapitadas, sin ojos, cortadas en pedazos. Me provocaba mucha angustia. Me sentía culpable, pero no sabía por qué. 

Cuando Ana María me llama y me cuenta que Ignacio iba a estar en el taller, sentí el impulso irrefrenable de arreglar mis dificultades y participar de la respiración del domingo 18. Esa noche casi no pude dormir y llegué al taller aterrada. 

Me coloqué el antifaz y, apenas recostarme sobre la colchoneta, aparecieron las imágenes de la selva que hacía mucho no tenía. Yo estaba allí, en la montaña, haciendo un ritual al sol. Era una chamana. Veo unos nubarrones y escucho el sonido de los truenos que me anticipan una catástrofe. Comienzo a llorar y a correr buscando llegar a donde estaban las niñas. En el trayecto me alcanzan y me sacan los ojos y la lengua, pero aún sin ojos puedo ver la masacre cuando llego al lugar. Están todas muertas y el río, rojo de sangre.  

Comienzo a juntar a todas las niñas, a los pedazos que quedaban de ellas. Cuando termino, me lavo en el río, me tiro boca arriba y comienzo a conectar el Cielo con la Tierra. Los centros de conexión son mi ombligo, desde donde le ofrezco todo mi aparato reproductor a la Tierra; luego el corazón y, por último, el tercer ojo. Cuando logro hacer la conexión, veo cómo las niñas se integran y vuelven a jugar entre las plantas; puedo ver sus ojitos negros entre los árboles, y vuelve a reinar la paz.  Teníamos que convertirnos en guardianas de la naturaleza, el ritual había tenido ese objetivo: crear espíritus protectores de la naturaleza.

 En ese momento, lo veo a él llorando, acurrucado. Me acerco lo abrazo y le digo: «Lo tenías que hacer… Nosotras estamos bien», Pero él no nos ve ni escucha. Entonces, hacemos bolitas de sol de un dorado brillante; las modelamos con nuestras manos y se las lanzamos, porque él no nos ve.  

Realmente fue una respiración maravillosa. Le agradezco a Ignacio, que me ayudó a integrar las imágenes que durante mucho tiempo aparecían en las respiraciones anteriores. También siento que fue sumamente sanadora y que fuimos un instrumento de algo, no sé qué, pero es lo que siento. 

***

Mi nombre es Ignacio Pérez del Castillo, tengo 43 años, soy uruguayo, estoy casado y tengo 3 hijos. Hace cerca de tres años que hice mi primer taller de Respiración Holotrópica, y desde ese momento he participado en cuatro o cinco respiraciones por año en Asunción del Paraguay, donde resido. 

En mis respiraciones he transitado por muchísimas experiencias, todas muy diversas, pero hay una que he vivido de forma recurrente, tremendamente cruenta, y que me ha provocado muchísima angustia.  

Yo, siendo un indígena, llego a un lugar en la selva, una selva húmeda con vegetación muy densa y árboles altos por donde corre un río casi rojo teñido por sangre. En este lugar, que es siempre el mismo, encuentro muchas mujeres indígenas, casi todas niñas. Están muertas; han sido asesinadas, descuartizadas. Las encuentro a ellas, o a pedazos de ellas, colgando de ramas, troncos o en el suelo. A estas niñas suelen faltarle los ojos, la lengua, las orejas, la nariz y muchas veces las manos, que están esparcidas por todas partes.  

Cuando yo llego, ya está todo hecho. Sin embargo, siento profundamente que algo tengo que ver con eso, que soy responsable, pero ya está hecho. 

A principios de 2013, después de una de esas experiencias, Ana María compartió conmigo que una respiradora en Buenos Aires tenía imágenes muy parecidas a las mías. Sorprendentemente, a mitad de año y por primera vez, me encuentro con estas niñas en el lugar de siempre, pero esta vez están muy bien, están vivas y juegan conmigo. Comparto esto con Ana y ella queda muy sorprendida, porque la mujer de Argentina coincidentemente también había cesado de tener este tipo de experiencias. 

A mediados de mayo de ese año, viajo a Buenos Aires de manera totalmente imprevista para ayudar a Ana María en un taller de respiración que ya se llamaba Respiración del Corazón. 

Cuando Vilma llega el domingo a primera hora de la mañana y la veo por primera vez, todo mi cuerpo tiembla y mi ser repite «perdón, perdón». Me presenté, nos abrazamos y fue especial. 

A sugerencia de Ana María, Vilma y yo respiramos en la mañana en colchonetas contiguas. Durante la relajación previa, mi experiencia ya había comenzado, aunque esta vez había dos grandes diferencias: Por un lado, todas las escenas que había visto en respiraciones anteriores estaban ahora ahí todas juntas, como en una película. Por otro, esta vez no estaba todo hecho cuando yo llegaba, sino que yo lo hacía: yo mataba, yo mutilaba, yo descuartizaba. Yo hacía todo y al mismo tiempo me observaba haciéndolo.  

Fue tremendo para mí: era una danza entre la muerte y la vida. Salía enceguecido (para no ver) a matar y destrozar, hasta quedarme sin fuerzas. Entonces me retiraba a descansar hasta que sentía nuevamente la exigencia de volver a salir a matar, a destrozar. Cada vez que sentía llegar esta exigencia, una angustia pavorosa se apoderaba de mí y rompía en un llanto desolador, hasta que otra vez enceguecido salía nuevamente a matar. Y así en ese ir y venir estuve horas, hasta que en un momento sentí que ya estaba, y comenzó a invadirme una fortísima energía de vida que llegaba a mí en forma de millones de pelotas amarillas como incandescentes, que no eran sólidas, que parecían que iban a chocar contra mí y sin embargo pasaban, fluían a través de mí.  

En casi todas mis respiraciones me transformo en un cóndor y vuelo, En este caso también: me convertí en el cóndor y volé, volé como nunca. Desde lo alto, como haciendo zoom, veía a las niñas y estaban bien, ¡estaban bien! Luego me rendí agotado, dejé mi cuerpo y me fui el resto de la respiración. Al terminar, nos quedamos solos en el salón con Vilma y nos abrazamos llorando los dos. Es difícil transmitir la energía que nos rodeaba en ese momento. 

Vilma también había vivido todas sus escenas juntas esta vez. Ella fue una chamana que estaba haciendo un ritual en la cima de una montaña cuando se da cuenta de la masacre que iba a suceder. Sale corriendo y en el camino, la agarran y le sacan los ojos, sigue corriendo igual porque, para su sorpresa, ¡podía ver! Corre hasta llegar a un lugar en la selva que, cuando me lo describe, es exactamente igual al que yo vi, es el mismo lugar. Ella dice reconocerlo, un lugar en el camino del Inca yendo a Machu Pichu; y cuando llega, yo ya había hecho todo. Lo que me describe es tal cual lo que yo hice: lenguas, ojos…Yo sólo podía escucharla con cada parte de mi ser mientras lloraba profundamente conmovido. 

El momento más fuerte de nuestro compartir fue cuando me cuenta que, mientras ella estaba metida en su respiración, al sentir mi llanto desconsolado, en su propio viaje interior me decía: «Ya está, no te angusties, eso era lo que tenías que hacer». Lo que sentí cuando me lo dijo es difícil de transmitir. Todavía dos semanas después me tiembla el cuerpo mientras escribo esto. La liberación que me provocaron sus palabras hizo que en la siguiente inhalación inspirase todo el aire puro del mundo.  

Vilma agregó que, para ayudarme a sobrellevar mi dolor durante la respiración, se le ocurrió tirarme pelotitas amarillas de energía, las mismas que yo vi. 

No sé qué más decir sólo que, como dije al iniciar ese día, me siento inmensamente pequeño y profundamente agradecido a la Vida por darme el privilegio de ser su instrumento y estar a su servicio. Creo que hoy me siento en paz, en mi centro, como nunca. A Vilma: todo mi amor, siempre va estar conmigo y en mí. Creo que están de más todas las palabras. La experiencia habla por sí misma. 

***

Voy a terminar este relato compartiendo que los tres facilitadores que nos encontrábamos en la sala ese día, parados frente a las colchonetas de ambos participantes, sentíamos una energía muy especial, francamente conmovedora. Se nos ponía la piel de gallina y teníamos la sensación de estar fuera de la existencia del espacio-tiempo. 

8.3. El Caso de María y Guillermo 

Es éste un caso de sincronidad y de desbloqueo emocional que dio como resultado la superación de síntomas muy antiguos en uno de los participantes. Esta conmovedora historia nos lleva a adentrarnos nuevamente en los misterios del alma.  

María, de 67 años de edad, es una antigua respiradora con muchos talleres realizados desde hace veinte años aproximadamente. Ella presenta un cuadro depresivo y es difícil lograr que en los talleres no se golpee la cabeza, ya que se esconde debajo de los almohadones para que nadie la vea cuando lo hace. Concurrió durante un espacio de tiempo suficiente como para tener una mejoría que le permitió continuar su camino sola hace ya muchos años, sin asistencia terapéutica.

 Unos dos años atrás, vuelvo a conectarme con ella, pues presiento que algo le sucede. Efectivamente, María está nuevamente con un grave cuadro depresivo, sin poder salir de la cama hasta altas horas de la mañana. Al abrir los ojos, le cuesta retornar a la conciencia diurna y esto le genera angustia, un ardor en el estómago y muchas náuseas. Hasta que este síntoma y la angustia que le acarrea no desaparecen, no puede salir de la cama. Lleva quince años tomando medicación psiquiátrica. 

María comienza terapia nuevamente y, además, asiste a todos los talleres de Respiración del Corazón. Habiendo entrado en la formación hace muy poco tiempo, mejora lentamente y logra que la psiquiatra le baje la medicación al mínimo. El dolor agudo en su estómago desaparece, pero las náuseas y la angustia continúan todas las mañanas al despertarse. 

Guillermo, tiene 34 años, nació en Canadá y vive en Argentina desde hace un tiempo, donde ha formado una familia. Llega hace unos seis meses a los talleres de Respiración del Corazón con la intención de formarse como facilitador en la técnica. Desde el momento en que ingresa, se eligen con María para trabajar juntos. El vínculo de respirador-acompañante se ha ido profundizando cada vez más y llama la atención la gran conexión y la relación de amor y cuidado con que se tratan.  

María está respirando y comienza a golpearse la cabeza nuevamente, con mucho enojo y odio hacia sí misma. Guillermo se desespera y le pide que por favor no lo haga, que él se angustia sobre manera cuando la ve golpeándose. Yo escucho y me acerco rápidamente sosteniéndole las manos con las que se golpea la cabeza, cansada ya de esta actitud repetitiva y sin saber bien qué hacer. Le sostengo las manos a María, apoyándoselas sobre la cara y pidiéndole que aprenda a tratarse con amor. Mientras tanto, Guillermo, muy enojado, habla en voz alta refiriéndose al sufrimiento que le produce ver el maltrato de María hacia sí misma.  

Pasados unos minutos, María retorna a la calma y de golpe, acerca mi cabeza a su boca y me dice con voz muy baja y casi en secreto: «Acabo de darme cuenta por qué me odio a mí misma. Creo que nunca te lo conté. Tuve un aborto cuando vivía en Estados Unidos y no me lo perdono. Siento que era un varón», y comienza a llorar diciendo que tendría la edad de Guillermo y que, si hubiera nacido, hablaría su mismo idioma. El resto de la respiración continuó con tranquilidad, como habiendo liberado algo muy doloroso y profundo guardado en su alma. 

Durante el compartir, mientras María hablaba, Guillermo tuvo una reacción espontánea e incontenible. Comenzó a gritar diciendo que es inaceptable, que el dolor es insoportable. Decía: «Suéltame, María. Déjame ir» y no podía aclarar más nada. Tuve que contenerlo físicamente hasta que se calmara. Finalmente, pudo decir que se sintió tomado por una energía que no era de él y que estaba relacionada con María. 

Al día siguiente, en el grupo de la formación, tanto María como Guillermo llegaron muy conmovidos. Guillermo abrió el encuentro, diciendo agitadamente: «Durante la noche tuve un sueño terrible en el cual veía un auto con un árbol caído sobre su techo. Después, venía la policía a investigar un crimen y cavaban en la tierra descubriendo el cadáver de un niño muy pequeño que estaba enterrado». 

Les propuse directamente respirar juntos y penetrar más profundamente en el misterio de lo que estaba sucediendo. Los dos se miraron angustiados como dudando de qué hacer, e Ignacio, presente en el grupo, los alentó a no tener miedo y a entregarse a la experiencia (de la misma manera que él lo había hecho con Vilma). No parece ser una casualidad que, en esta respiración, Ignacio —el protagonista de la historia anterior— haya venido de Paraguay a participar en la sala.  

Yo comienzo a trabajar con María, y Hernán (mi compañero de facilitación), acompaña a Guillermo, mientras los demás participantes del grupo observan conmovidos la experiencia. A poco de comenzar a respirar, María se aprieta el estómago, diciendo que siente la acidez y que le duele un punto focalizado. Trabajo con ella un rato largo sintiendo que el bebé no nacido todavía está alojado en ese espacio; en un nivel energético, María todavía no ha terminado de soltarlo. Finalmente logra desprenderse y se produce una especie de nacimiento y expulsión de una energía muy densa que estaba alojada en el cuerpo de María. 

Mientras todo este proceso sucedía, Guillermo repetía una vez más: «Suéltame, María. Déjame ir. Es insoportable ser responsable de que a partir del accidente no te des más amor», con mucha angustia y entre llantos. Cuando finalmente el proceso de María terminó, la cara de Guillermo y toda su actitud corporal expresaban alivio y paz.  

Nuevamente en el grupo, y ya con un café en la mano, el compartir se hace muy profundo. María, por primera vez nos puede contar lo sucedido. Relata que estando embarazada tenía conflictos con ese bebé, ya que ella estaba ilegal en Estados Unidos y el padre del bebé (canadiense como Guillermo) se había mudado de estado, separándose de ella. Un día iba conduciendo por la autopista cuando un auto choca con el suyo de costado. Ella intenta estabilizar el coche, pero en un impulso abrupto decide que lo mejor es morir ella junto con el niño. Entonces suelta el volante diciendo «vamos a morir juntos», y el auto termina incrustándose en un árbol (recuerden el sueño de la noche anterior de Guillermo). María pierde a su bebé, pero queda viva y milagrosamente sin heridas. Nunca se perdonó el haber sobrevivido, sintiéndose culpable por la muerte de su hijo.  

Desde esa noche, los síntomas de tantos años en el estómago de María desaparecieron por un tiempo y sus malestares anímicos también. Como detalle final, podemos contar que tanto María como Guillermo han nacido en países de habla francesa. 

Después de varios meses en los que María va y viene con sus síntomas estomacales nuevamente, vuelve a tener una experiencia sorprendente relacionada con este tema. El día de la respiración llega desilusionada diciendo que los últimos días no pudo levantarse de la cama por la mañana y que los síntomas en su estómago reaparecieron con fuerza. 

En la respiración del sábado tiene una experiencia en la que se ve como un soldado francés luchando cuerpo a cuerpo en la guerra. Se llama Jeremy y cuenta que en la trinchera revisa los cadáveres de sus compañeros muertos quitándoles las cadenitas que algunos llevan en el cuello. Finalmente muere en la guerra. Regresa sorprendida de esa experiencia sintiendo que ella es y no es Jeremy al mismo tiempo. 

En su siguiente respiración experimenta muy agudamente el dolor en el estómago y una voz enojada que le dice: «Soy Jeremy. porque me mataste dos veces: en el campo de batalla y en el accidente automovilístico de Estados Unidos”. Me llama y yo la ayudo a liberar definitivamente el espíritu de Jeremy presente en María[13], enviándolo a la luz y ayudándola a ella a escupir y vomitar una sustancia viscosa de su estómago.  

Lo más sorprendente es que en el instante que esto termina de suceder, siento que alguien se acerca y veo a Guillermo. La sincronicidad del momento es perfecta para que Guillermo y María se abracen durante interminables minutos sobre la colchoneta bañados en lágrimas sanando antiguas heridas. Ha pasado tiempo desde este episodio y María no ha vuelto a tener síntomas. 

8.4. El Viaje de Diego 

La experiencia de Diego nos permite ser testigos de los alcances de esta técnica para alcanzar planos transpersonales de conciencia y la conexión con un guía espiritual. Diego es un participante que tiene varias respiraciones realizadas y de quien vamos a mostrar, escrita por él mismo, una experiencia que hasta a nosotros nos dejó sumamente impactados. 

Antes de transcribir sus palabras, quiero ofrecer alguna información que es interesante para tener en cuenta al leer el relato. En la respiración del día anterior, Diego había encontrado el origen de la relación sumamente conflictiva que tiene con su padre. Revivió una agresión física del padre para con la madre, estando ésta embarazada de él. 

Otro dato importante es que unos minutos antes de entrar al salón para la respiración de la tarde, Diego y yo estuvimos mirando El Libro Rojo , de Carl Jung —que tengo en casa— y hablamos sobre el Espíritu Philemon (espíritu guía de Carl G. Jung).

 Imágenes de un viaje por el corazón

 «La Ciudad del Sol vive en el corazón de los humanos».Philemon

 Empecé respirando con una frecuencia constante, con grandes inhalaciones y exhalaciones por la nariz, hasta que comencé a sentir un caudal enorme de aire recorriéndome todo el cuerpo, en forma de cosquilleo. Me moví en ondas, arqueándome desde la cintura y sacudiendo con todas mis fuerzas las manos y los pies, liberando la energía por las extremidades. Sentí muy nítidamente, localizada en la boca del estómago, una angustia que pujaba por salir. En ese momento, vinieron a ayudarme, primero Hernán y después Raquel, que sucesivamente fueron dirigiendo esa emoción desde el plexo hasta la boca, a lo largo de todo el tubo laríngeo.  

Sentí un ardor en la garganta cuando la energía pasó y abrí la boca para dejarla salir, dando arcadas y escupiendo, mientras visualizaba una bilis oscura, de consistencia viscosa, como gelatina gris oscura. Eso abrió el canal para empezar a dejar salir mucha rabia retenida. 

Primero sentí en la espalda, a la altura de las vértebras de la zona media un bloqueo, como un grifo cerrado. Me di la vuelta y me puse de espaldas. Repetimos el proceso de ir ascendiendo la energía (en la espalda, a la misma altura que el plexo solar), haciéndola salir por un punto en la nuca. Sentí un puntazo, un dolor muy profundo, que me provocó dar fuertes gritos y alaridos. Una vez liberada esa energía, seguí respirando profunda y lentamente, y después pedí a Caro, mi acompañante, que me guiara hasta el baño.

 Al volver y acostarme, me sentía de otra manera, mucho más dentro de mí mismo, del corazón, y la música me sobrecogió profundamente. Sentía en cada célula del cuerpo la melodía expandiéndose interminablemente como en una danza a la vez micro y macrocósmica.  

Muy emocionado, empecé a soltar las lágrimas, y ese llanto se fue haciendo más y más hondo y sentido, más impersonal y antiguo, como si los viejos dolores del mundo se libraran por fin de sí mismos. Todo provenía del corazón, y todo regresaba al corazón, como en una espiral o un vórtice. Sentí al Cristo Interior muy vivo y radiante dentro de mí, abriendo e irradiando el corazón, y vi que el Sagrado Corazón es Uno en el de cada uno de los seres.  

Me entregué a ese Dolor de entera presencia que trasmuta los sentimientos y los devuelve al Amor incondicional. Simplemente no hay lógica. Hay Sentido. En el corazón están todas las respuestas, y una sola respuesta, una para todas y cada una de las preguntas e interrogantes de la existencia terrena. Todas las verdades y la verdad interior de cada uno están contenidas y alojadas en ese centro y todos nos encontramos en ese espacio en un sólo abrazo. El corazón nos hermana a todos, y entre todos.   

En un momento comencé a distinguir frente de mí un rostro que se iba formando, primero bastante desdibujado, pero después cada vez más nítido, hasta distinguir un viejo de muchos años, con los ojos traslúcidos, casi transparentes, de una profunda mirada que transmitía una calma total, un estanque de ojos imperturbables, maravillosamente vivos, y de largas barbas blancas como hebras de algodón. Me dijo: «Hoy me invocaste. Estoy acá para guiarte, y así es y será cada vez que invoques mi nombre. Buscas una referencia masculina “fuerte” con la cual identificarte, para que pueda transmitirte la fuerza y el vigor que precisas para lograr tu propósito. Lo buscas afuera, porque todavía la herida que agredió tu masculinidad está abierta… mas no sangra ya. Confía en tu poder interior, confía en ti, no busques más afuera lo que te es dado desde dentro, desde el centro de tu fuerza viril». En ese momento, sin dejar de escuchar las palabras de Philemon, el anciano de los días, algo con el nombre de «Los Siete Rayos» se presentó y empezó a regenerar con un haz de siete colores mi energía genésica, en mis testículos. Continuó Philemon diciendo: «Sólo encontrando en tu Ser este Poder interior los polos van a equilibrarse y la armonía a restablecerse. FIRMEZA Y TEMPLANZA. JUSTICIA Y AMOR». 

Acto seguido, salimos eyectados, en vuelo, hacia el espacio exterior, hacia la galaxia y atravesamos sistemas, distintos soles. Así, a través de muchos mundos que se llaman «Los mundos entramados» —que son lo que los seres humanos llamamos “universos paralelos”, pero que no son tales, porque en esas dimensiones no existe tal idea de “perspectiva”—.  

Llegamos a un lugar, donde el Anciano me hace entrar en una gran sala mientras él permanece en la entrada. Es una especie de salón que se asemeja a una cúpula interior de una nave, que flota suspendida en el aire y en cuyo espacio la luz surge desde ningún lugar que pueda identificarse.

 Estoy frente a un grupo de Sabios, son doce en total, que se llaman a sí mismos como “El Consejo”. El interlocutor, que preside El Consejo, sentado en medio de la gran mesa metálica, como de mercurio, comienza a hablarme, a transmitirme información, mientras los demás escuchan en silencio. De ver en cuando alguno de ellos hace un comentario aclarando algún punto o alguna broma paradojal que hace reír a todos. Son muy agradables, nada solemnes, muy relajados, se muestran como son, y son realmente comprensivos, si es que puedo describirlos de esta manera. No imponen temor reverencial ni nada parecido, más bien al contrario, generan una empatía y confianza inmediata. Me siento muy bien ahí, con ellos. Son altísimos, y estamos a cierta distancia, con la mesa en medio.

  Asimilo esta información:

 - No hay tal cosa como un principio y un fin. No hay más que ciclos, procesos. Somos esos ciclos y procesos, cada uno según sus estados y frecuencias que le son propios. La creencia en un principio y un final provoca un sufrimiento enorme a los humanos que se sirven de su percepción limitada y la sienten como un corte, una interrupción. Esa idea de “separación” es el origen de una gran angustia, malestar y confusión.

 - Lo que tomamos como “real” en verdad no lo es, y lo que la mayor cantidad de veces no tomamos en cuenta (como meditar, orar, danzar y reír, sobre todo reír, ¡JAJAJA!) es lo auténticamente REAL; y nos conecta inmediatamente a nuestra esencia, tan y tan profunda que en verdad NO TIENE FONDO, ni tampoco “centro” alguno. Es TODO y a su vez NADA, y es el UNO en el que todos somos. Es el YO SOY. Todo lo demás son simplemente cuerpos expandiéndose desde lo denso (el cuerpo físico en nuestra óptica), hacia adentro y hacia afuera, en un flujo-reflujo constante de energía, en orden hacia lo más sutil, donde los cuerpos comienzan a entramarse emocional, mental, causal y etéricamente hasta descomponerse en luz, pura luz informe, que es el punto de inflexión donde la visión física se detiene, y la puerta sensorial de la percepción es el sonido, pura vibración.  

- La figura es el toroide: Todo lo que surge “geométricamente” entre un punto y otro es un entramado de vibración, una “cuerda”. Así la trama se mueve, se crea y recrea en el vacío, que posibilita toda forma. La naturaleza del tiempo puede explicarse a partir de estos entramados: dentro de una misma órbita, de naturaleza espiral, entre un punto y el que le sucede en orden ascendente. Los mismos elementos se aglutinan, trasladando toda la información precedente y llevándola a un plano superior de realización. El espacio es esencialmente tiempo, con el agregado de la extensión. Es una diversidad de frecuencias entramadas lo que forma la multiplicidad, los diferentes “cuerpos”.  

- En números esto puede expresarse así: NO HAY UNO SIN EL DIEZ, NO HAY DIEZ SIN EL UNO. El uno parte del cero (0), así como el principio se genera del vacío, el movimiento del reposo. El cero (0) es vacuidad, vacío en el que viven todas las potencias, infinitas posibilidades.  

- La Palabra es el DON CREADOR. Sonoridad con sentido, que crea las formas. Tenemos libertad para crear la forma que elijamos. La luz es una sola, y desde esa unidad se descompone y transfiere a cada una de las formas la frecuencia que le es propia. (Mientras me dice todo esto lo ilustra nombrando un animal que se corporiza inmediatamente después de ser nombrado, y puedo ver, desde el orden de la palabra a su manifestación, toda la gama de ondas que se expanden y densifican). Esa luz, es una mónada áurea (como una pepita de oro luminosa) que vivifica e insufla todos los cuerpos con la misma partícula. Está alojada en el corazón etéreo o invisible, que es la sede del alma espiritual, y que contiene en sí la información de todos los planos y encarnaciones del alma disponible para los propósitos de ésta. Las vidas “pasadas” y “futuras” viven en esa mónada. Los “sucesos” no son más que fantasmagorías, y toda la información puede transformarse desde el conocimiento y el amor porque somos procesos eternamente presentes. 

- Nombrar desde el supra-consciente es Alta Magia. Visualicen desde la hipófisis. Llenen con luz violeta la cabina de su mente, trasmutense a sí mismos. Cualquier forma puede manifestarse con sólo nombrarla. La intención es importante, como también la atención y la orientación. Mas la Palabra es lo fundamental. Es la frecuencia que desde la voz se dispone con una cierta geometría que a través de las cuerdas sutiles va densificándose y definiéndose, hasta lograr un cierto estado de cristalización relativa, donde el alma se mueve y anima. Canten mantras. Cierren los ojos y entonen serenos desde el corazón hacia las cuerdas vocales, desde ahí hacia la corona y más allá al infinito. Canten la maravillosa melodía de Dios, que vive en ustedes. Eso es medicina. El sol es medicina. El alimento vivo es medicina. Sanen de lo sutil hacia lo denso, y luego enseñen a sanar. Den su Amor al que no ve, al que lo busca afanoso. Que esta verdad sea en quien esté dispuesto a recibirla. Necesitan tener paciencia, algo que suele apesadumbrarlos. El tiempo les cuesta. Ustedes no son tiempo, aunque en muchos sentidos así lo crean. El tiempo se lleva todo lo que no son. Es el fuego que decanta y templa. Es una bendición y una perspectiva de gran aprendizaje.  

Me explican también que el registro del mundo del plano de los humanos es amplísimo. Acaso el más amplio registro de muchos mundos de infinitos años luz. Es un registro tonal de 8/8 (me dicen que el I-Ching traza un mapa o cartografía de los cambios en un esquema semejante). En este registro la sincronía puede medirse y por esto logra una previsión casi infalible.  

- En los mundos más densos, la luz casi no penetra y la velocidad de masa de la materia es casi nula para nuestras mediciones. Este nivel es lo que se llama “infierno” y, a diferencia, de las representaciones del fuego y la hoguera (que hacen alusión a las pasiones humanas sin control), esto es un mundo de muertos, más parecido al Hades griego y a los inframundos de los antiguos. En este nivel, la materia casi no se descompone, porque la descomposición es un proceso que requiere de la luz.  

- La libertad humana es la facultad (es más preciso llamarlo “don”), de reconocer nuestra naturaleza esencial, y la verdadera identidad con el Todo, con Dios. Si esa libertad es utilizada para alejarse de su esencia, y se persiste, ya no hay punto de retorno. En toda vida hay momentos, espacios de tiempo que son llamados “boca de túnel” o “punto sin retorno” donde esta libertad ya no puede utilizarse, por inaccesibilidad de frecuencia; y el aprendizaje continúa en un mundo entramado más denso. Los mundos entramados son transpersonales y vibratorios y nada tienen que ver con los “mundos objetivos” o fenoménicos, donde pueden coincidir o no. Como ejemplo, basta señalar la frecuencia tan diferente en que puede vibrar una vida con sentido de propósito respecto a una desconectada de la fuente. Coexistiendo ambas objetivamente en el mismo plano-mundo, pero divergiendo en frecuencia y luminiscencia. 

- El llanto nos hace humanos y la risa dioses.  

Después de recibir esa información del Consejo, me encontré “bajando” junto a Philemon, desde el plano en el que estábamos, a través de diferentes agujeros negros, vórtices que “tragan luz” para filtrar y proyectarlas en los diferentes “haces”, todo el arco de frecuencias más sutiles y más densas; atravesando otra vez galaxias, sistemas y diferentes soles –algunos de tamaño y conciencia apenas concebible– hasta ir acercándonos a Gea, al Planeta Tierra.  

Pude sentir como nunca antes el latido y el colosal pulso vital de la Tierra: cada montaña, cada volcán, cada valle, cada selva, cada estepa y sabana, todos los desiertos, ríos y arroyos, cascadas y lagunas, toda el agua de los grandes mares equilibrando sus ciclos… Montes, esteros, mesetas… Y así en cada árbol, cada sembradío, cada partícula de la Tierra respirando en la superficie y reciclándose a sí misma, absorbiendo el detritus y alimentando a sus criaturas, desde el enorme mamífero marino hasta la micronésima ameba, sosteniéndose y sosteniendo a todo lo que en ella vive con un Amor que solamente puede nombrarse así para poder comunicarlo a través de palabra humana.  Lo sentí en el cuerpo, en todo el cuerpo, fluyendo a través de mi sangre. Lo sentí hasta el estremecimiento y el vértigo. Hasta la conmiseración. Todo está bien, sin polaridades. Todo Es, tal como es. Sólo viviendo en esta comprensión, puede asumirse hasta la más indecible crueldad humana. El dolor es también Amor y solamente el Amor puede liberar y trascender los dolores del mundo. Comprendí que únicamente el compromiso de nuestro humano corazón con el Alma de la Tierra, a través de una conexión anímica directa, va a revelarnos las verdades que atesora en su seno y desea comunicarnos. El Hombre Originario jamás lo olvidó. La Tierra nos Ama. Su Amor refleja desde su honda belleza nuestro propio amor hacia ella. 

En un momento determinado comenzamos a penetrar “capas” de distinta densidad, “mallas” o “rejas” vibratorias que rodean en tramas el planeta, y que determinan nuestra gravitación y los diferentes fenómenos climáticos y físicos. Entonces, Philemón señaló en dirección a los polos. En ese momento la Tierra comenzó a inclinarse muy suavemente, como un trompo, recostándose sobre sí misma, y la aureola blanca del polo Norte comenzó a descender y a perderse de mi campo visual, con tanta armonía e imperceptibilidad como un atardecer.  

Contemplar eso me provocó un regocijo y un éxtasis solamente comparable a una rutilante puesta de sol. Vi aflorar y emerger después, como una maravillosa flor, con toda su fuerza y color, el hemisferio Sur hasta colocarse en alineación perfecta, de 0º, con el rayo dorado del Sol Central, del que participa nuestro Sol. Kundalini, blanca y plateada de luz, se eleva serpenteando hasta unirse por un extremo con el Gran Rayo Dorado, que desciende tomándola, y se produce un enlazamiento que se retumba hasta las paredes del universo, expandiéndolo a mayor velocidad. Gea se contempla en su propia belleza.  

Completado el ciclo natural de inversión magnética de los Polos, Philemón, satisfecho, se retira, integrándose. Supe que la tarea estaba hecha y que este fenómeno simbolizó la preparación del terreno para gestar y recibir en su lecho una nueva humanidad. Un mundo viejo puede morir. Un mundo nuevo está naciendo. Dios mío, Dios mío… ¡La vida es el milagro! Vivir es la maravilla más grande que puede existir.

 

PARTE 2: EL TRABAJO DE FACILITAR (nivel avanzado)

 

Capítulo 9: LA RESPIRACIÓN: Una puerta de entrada a los Estados Ampliados de Conciencia

 

La respiración ha sido utilizada desde tiempos muy remotos en diferentes rituales religiosos y/o prácticas chamánicas para la sanación del cuerpo y del espíritu. Es y ha sido un vehículo que permite el trabajo del cuerpo y del espíritu al unísono. La respiración constituye una fuente de contacto, y el contacto en el contexto terapéutico es siempre sanador. En la Respiración del Corazón, el contacto es un objetivo primordial y es llevado a niveles de mayor profundidad que los observados en otros enfoques terapéuticos.  

Fue el Dr. Stanislav Grof quien a mediados del siglo pasado comenzó a utilizar la hiperventilación como forma sistemática de trabajo terapéutico dentro de los parámetros de la psicología. 

Igualmente, en el mundo chamánico y del yoga, esta técnica era utilizada para acceder a Estados Ampliados de Conciencia. Entendemos por Estados Ampliados de Conciencia a otras dimensiones tan legítimas a nuestra conciencia como ésta en la que nos movemos habitualmente y a la que llamamos realidad. Los estados del sueño y aquellos espacios a los que accedemos durante el mismo son un ejemplo claro de esto que acabamos de decir. Durante el trabajo de respiración, tomamos contacto directo con la dimensión del inconsciente personal y del inconsciente colectivo, sin necesidad de recurrir a ninguna sustancia inductora externa a la persona. 

 La forma de respirar en un taller de Respiración del Corazón es la llave que abre el proceso. Tradicionalmente, la RH induce a los participantes a respirar de manera más rápida y profunda (hiperventilación), básicamente quitando la pausa entre la inhalación y la exhalación. Concentrando nuestra atención durante 10 ó 15 minutos en esta forma acelerada de respiración, se abre el proceso. La RH ortodoxa solamente hace esta sugerencia, dejando al participante encontrar su propio ritmo, eligiendo la forma que mejor se adapte a su fisiología: por la nariz, por la boca o combinando ambas formas. La única sugerencia es hacerlo más rápida, más profunda y más ampliamente. 

Los años de experiencia transcurridos en innumerables talleres de RH me llevaron a observar que algunos participantes, especialmente los que vienen por primera vez, no entraban en proceso holotrópico. Cuando relataban su experiencia al finalizar el taller, decían que no habían sentido nada. La idea de mínima intervención cultivada en los facilitadores durante su formación hacía que estos casos específicos no tuvieran resolución, salvo que el respirador pidiera asistencia.

 Fueron muchas las veces en las cuales me pregunté, junto a mi equipo, si debíamos proseguir de esta manera o si convendría buscar alguna intervención que tendiera a resolver la cuestión. Empezamos entonces por estar más atentos a la forma en que los participantes respiraban. Fue así que nos dimos cuenta, por ejemplo, de que algunas veces la respiración rítmica, rápida y corta no conducía a la apertura del proceso sino más bien a activar una defensa que acrecentaba el control de la situación, impidiendo la actitud de entrega y confianza necesarias para que el Estado Ampliado de Conciencia se manifieste. Lo que se observa en muchos de estos casos es una rigidez muscular que dificulta la apertura del proceso.

 De esta manera, decidimos comenzar a sugerir una respiración más amplia, sin importar tanto la rapidez. Es decir, hicimos hincapié en un mayor ingreso de caudal de aire en el organismo y en la continuidad de la respiración, no tanto en la velocidad. Y dado que la mayor parte de las dificultades con la amplitud de la respiración se localizan en los bloqueos corporales de la zona del pecho, incentivamos a que la respiración fuera más alta, más plena, más amplia, fundamentalmente los primeros 10 ó 15 minutos del ejercicio.

 Les indicamos también que una vez que comenzaran a sentir los cambios fisiológicos y psicológicos del estado ampliado, podrían acomodar la respiración al ritmo que les fuera más cómodo (aunque, naturalmente, siempre debe ser una respiración acelerada). Los resultados de estos primeros cambios fueron muy alentadores, y el número de participantes que refirieron no entrar en proceso disminuyó muy significativamente.

 Una vez en la sala, observamos a los nuevos respiradores en el inicio de su trabajo, y si tenemos alguna duda de que la respiración no les está siendo efectiva, nos acercamos simplemente a preguntarles cómo están.  

Si el respirador nos dice que efectivamente no le pasa nada, siempre con su autorización, lo acompañamos durante algunos minutos ayudándolo a respirar con mayor amplitud en la zona del pecho. Respirar ampliamente a veces es difícil por las corazas existentes en esta parte del cuerpo. Inclusive, en algún caso, es necesario trabajar de la manera tradicional la zona de los hombros y el pecho para ayudar a la persona a abrir estos bloqueos.  

En algunas ocasiones, nos hemos dado cuenta de que, además, la persona presenta rigidez en la zona de las piernas. Esto impide la descarga de energía recién liberada. Hemos tenido entonces que trabajar con sus piernas y, recién al liberar esta zona de su cuerpo, la persona ha sentido un gran alivio y ha podido respirar con la libertad y amplitud necesarias para que el trabajo de respiración fluyera y se completara. 

Hay un momento, entonces, en el que el bloqueo se abre, frecuentemente de manera súbita, y a partir de ahí la respiración se hace fácil y fluida. Entonces, dejamos a la persona que continúe respirando sola y no le indicamos más cómo hacerlo. En más de una ocasión, el participante cambia su forma de respirar nuevamente a un ritmo que le queda más cómodo. Pero, una vez expandido su pecho, ya nunca vuelve a mencionar que no le pasa nada y el Estado Ampliado de Conciencia perdura, generalmente durante toda la sesión. 

Es necesario aclarar que se necesita un cuidado muy especial en la actitud del facilitador, ya que debe tener una presencia suave y amorosa para que su acción no sea sentida como una invasión. Finalmente, queremos dejar constancia que nuestros participantes nos manifiestan un profundo agradecimiento por haberlos ayudado a sacar el máximo provecho de la experiencia.  

De vez en cuando, todavía nos encontramos con algunos participantes que nos llaman ya avanzada la sesión y mencionan que, a pesar de haber hecho el esfuerzo de respirar ampliamente, no logran llegar a ningún estado diferente. En estos casos particulares es necesario un trabajo más intenso y específico para ayudarlos a superar el bloqueo que les impide respirar correctamente. Nos ubicamos al lado del participante y le pedimos que concentre toda su voluntad solamente en llenar el pecho de aire hasta expandirlo al máximo, sin pensar en hacerlo aceleradamente. Una vez hecho, le pedimos que retenga el aire por unos segundos, soltándolo luego lentamente y que repita el procedimiento unas cuantas veces buscando lograr que en cada respiración el pecho se expanda un poco más que en la anterior. Cabe aclarar que esta es una maniobra bastante difícil, ya que el respirador debe expandir la capacidad torácica a través de la cantidad de aire inhalado, que tiene que ser de mayor volumen en cada respiración; y nosotros tendremos que alentarlo hasta que sintamos que realmente ha llegado al máximo de su posibilidad de expansión. Hay un instante en el que el pecho comienza a vibrar a simple vista y hasta se producen pequeños espasmos que muestran la dilatación y la apertura de esta zona. De manera invariable, todos los respiradores así intervenidos entran en proceso, el Estado Ampliado de Conciencia se abre y el Sanador Interior finalmente se manifiesta en todo su esplendor, momento a partir del cual dejamos a la persona que evolucione en su propio proceso y respire de la manera más natural que le salga. 

Ejemplos de Casos Particulares 

M., después de casi media hora de trabajo, pide ayuda porque no puede entrar en proceso. Llamativamente, M. es una respiradora con experiencia. Me acerco y le pido que respire con mayor amplitud en la zona del corazón y luego la acompaño sosteniéndola en el proceso. Solamente necesitó unos pocos minutos para que el Estado Ampliado de Conciencia se abriera. 

***

L. es un hombre de 35 años y está en su segunda respiración. Faltando 20 minutos para terminar la sesión, se sienta y se saca el antifaz que usualmente se utiliza durante la experiencia. Su respiración había sido tranquila y no había hecho ningún tipo de trabajo corporal. Sin embargo, parecía haber estado “conectado”. Me acerco a preguntarle cómo está y me dice que bien pero que no le pasó nada.

 Me sorprendo y le pregunto, avisándole que queda poco tiempo, si quiere que lo ayude a “entrar”. Me dice que sí. Simplemente le pido que amplíe la respiración un poco más, expandiendo el pecho con cada inspiración. Pongo mi mano sobre su pecho y, como es de esperar, tiene el pecho duro, bloqueado y le cuesta mucho inspirar.

 Con mi insistencia y aliento, va logrando expandir con mucho esfuerzo el pecho y la respiración. Le digo que lo infle como si fuera un globo que está muy duro y lo llenas de aire cada vez un poco más. Le indico: «Deja entrar la vida que trae la respiración a ese espacio cerrado y bloqueado». Y, cada vez que inspira, le repito «un poco más de aire y un poco más de expansión» (poniéndome insistente cuando no lo logra y felicitándolo cuando lo consigue).

 Este trabajo no es sencillo y debo poner parte de mi propia energía en la insistencia que debo realizar para que realmente cada nueva inspiración de L. sea más amplia que la anterior. En un determinado momento, el pecho se abre y la respiración comienza a ser más fluida. En ese instante, puedo sentir el fuerte movimiento de energía y los leves temblores alrededor de la zona del corazón de L. Realmente se siente que “vuelve la vida” a una zona antes dura y cerrada.

 L. comienza a respirar amplia y fácilmente y, poco a poco, los leves temblores que anuncian su desbloqueo se convierten en espasmos y sollozos a los que aliento diciéndole: «Ponle sonido, expresa la emoción». El sollozo se convierte en un llanto, no de dolor, sino de profunda emoción. La energía comienza a fluir libremente y llega hasta las piernas (y brazos), que tiemblan y descargan. Su cuerpo ondula entre espasmos y sollozos; Hay una profunda emoción, muy honda en él, en su acompañante y en mí como testigos de esta transformación.

 Al finalizar la música, L. está respirando con total libertad y le cuesta “volver”. Me llama para agradecerme con un abrazo. Su testimonio en el círculo final es conmovedor.  

 Es necesario aclarar que no es sencillo que un respirador con su pecho bloqueado pueda expandirlo. Es un esfuerzo muy grande, tanto para la persona (que generalmente cree estr respirando ampliamente y no es asi), como para el facilitador que lo acompaña (que tiene que poner gran cantidad de energía en lograr que el pecho se distienda verdaderamente un pocomas con cada respiracion). Esto es asi hasta que se siente, cuando el pecho se abre y se comprueba que llego a la máxima expansión posible.

***

J. un participante que ha respirado varias veces tiene una fuerte personalidad, con una preponderancia de lo racional sobre sus emociones. Me acerco promediando la sesión a preguntarle cómo está, ya que se había arrodillado de espaldas empujando con la cabeza en un vaivén constante. Me dice que no le pasa nada, a lo que le propongo acompañarlo a respirar. En la sesión del día anterior pasó algo parecido y se fue frustrado, diciendo que no había podido entrar.

 Respira corta y rápidamente durante un rato, sin que le pase nada. Le pido que respire ampliando el pecho. Cuesta muchísimo que lo haga y, sobre todo, que deje de expirar inmediata y ansiosamente antes de completar la inspiración. La impresión es que no acaba de llegar y ya está volviendo. Mi sensación es que así se pierde en el movimiento, que necesita estar tranquilo, ampliando el pecho. Finalmente, logro que lo haga, y ahí comienza un temblor en el pecho y una descarga de energía que le llega hasta las piernas y se libera con una sacudida por los pies.

 En ese momento, comienza a llorar copiosamente, cosa que sucede por primera vez en sus respiraciones. A su vez, registra un dolor en el cuello, el cual podemos trabajar y que lo lleva a poder realizar una importante profundización del proceso. Esto se logró simplemente aguantando y ampliando la respiración.

 

Capítulo 10: EL PAPEL DEL FACILITADOR

  

El rol de los facilitadores es esencial para el trabajo en la Respiración del Corazón. Ya hemos mencionado la importancia de la formación de aquel que quiere acompañar a otro en este proceso.  

A lo largo de todos estos años de trabajo, hemos podido comprobar, sin lugar a dudas, que la intensidad y la calidad de los procesos de los participantes, están determinados por el nivel de cuidado y de contención ofrecido por los facilitadores. Dentro de esta variable de contención y cuidado, probablemente uno de los aspectos más importantes es el número de facilitadores disponibles en la sala. Hemos observado que el número ideal es el de un facilitador para cada cinco o seis participantes como máximo. 

Aunque hay sesiones en las que los facilitadores no tienen mucho que hacer, su presencia es la que detona, como variable destacable, la profundidad del trabajo de los respiradores. La sensación de que hay alguien para acompañar y cuidar su proceso en caso de que sea necesario, ayuda a los participantes a enfrentar lo que tanto miedo tienen, que es soltar el control y permitir que emerja lo temido y rechazado en su inconsciente. Aunque no hacemos mención de esta variable a los participantes, hay una percepción intuitiva de la capacidad de cuidado disponible en la sala. Podemos decir que la presencia de los facilitadores es como una llave que abre la puerta al trabajo de los respiradores. No hay duda alguna de que éste es un trabajo donde la importancia de lo que sucede en el nivel de los «sentidos interiores» es tan significativa o más que el de los «sentidos exteriores».

10.1. Acerca del «No Hacer» 

Es este un tema esencial del trabajo del facilitador y, probablemente, el aspecto más difícil de ser trasmitido. La capacidad de darse cuenta de cuándo es necesaria o no una intervención, y de cuándo es posible que la sola presencia del facilitador ayude a la persona, se va desarrollando con la misma experiencia de facilitar. Esto constituye el despertar de lo que vulgarmente en psicología se llama «el ojo clínico». Igualmente, se pueden dar algunas pautas y alentar a los nuevos facilitadores a cuidarse del exceso de protagonismo por el que todos pasamos alguna vez.  

Debemos dejar claro, como norma general, que siempre es preferible lograr resultados con la menor intervención posible. Por tanto, sugerimos a los futuros facilitadores que la indicación del trabajo corporal se da únicamente como última opción. Por ejemplo, las personas que son muy «visuales», en muchas ocasiones no tienen experiencias sensoriales ni de movimiento, y realizan su trabajo sin la necesidad de la presencia de un facilitador, lo cual está muy bien. 

Pero se ha podido observar muchas veces que la descarga automática y superficial de una emoción sólo produce un alivio momentáneo, que no llega a la profundidad del material reprimido inconsciente. En estos casos, cuando la persona repite el ejercicio de respiración, vuelve una y otra vez al mismo tipo de expresión emocional sin poder lograr salir del ciclo expresivo que ella misma construye. Es por eso que, en este tipo de casos y solamente en ellos, se sugiere al participante que contenga la descarga y continúe con la respiración acelerada mientras se le acompaña en la búsqueda del contenido subyacente. El facilitador solamente debe esperar y contener al respirador con su presencia hasta que finalmente emerja el material reprimido para finalmente ser liberado. 

Para nosotros, en la Respiración del Corazón, el «no hacer» significa simplemente «hacer de otra manera». Para aclarar este concepto, comparto algunas experiencias.

M. es una chica de veintitantos años que está realizando su primer taller de respiración. En la primera media hora de sesión, comienza súbitamente a moverse, su cuerpo se eleva en saltos sobre la colchoneta, emite sonidos difíciles de comprender, llora entrecortadamente y se queja muy enojada. Esta sintomatología va aumentando progresivamente hasta que nos acercamos y la exhortamos a llorar y a sacar su rabia golpeando la colchoneta y los almohadones.  

Este proceso se extiende durante un tiempo sin que se perciba que M. realice una verdadera descarga emocional. No parece contactar profundamente con emociones, sino que solamente tiene una descarga motriz superficial. Luego se calma y tiempo después todo recomienza. Tampoco parece que la descarga motriz que le sugerimos ayude demasiado en su proceso interior. Entonces, me acerco y me quedo al costado de la colchoneta preguntándome: ¿Cómo ayudarla a hacer un contacto más profundo con su material inconsciente y una apertura verdadera?  

M. sigue retorciéndose y gritando sobre la colchoneta. Entonces, decido no exhortarla nuevamente a expresar agresión. En cambio, me acerco con una actitud de amor, contención y profunda paz que busco transmitirle; sin palabras y con un suavísimo contacto físico. Esto produce una sorprendente reacción corporal en M. que, paulatinamente, deja de contorsionarse para quedar en quietud durante unos breves segundos. Luego, su cuerpo comienza a producir una descarga psicomotriz tan intensa que es hasta difícil de tolerar. Comienza a ondular, a temblar compulsivamente pareciendo que se va a desarmar en cualquier momento. La animo a tolerar este proceso, diciéndole suavemente en el oído que no se asuste, que se relaje y permita que la energía siga fluyendo y descargándose por los pies, que la voy a cuidar, que no tenga miedo, que no le va a pasar nada. 

M. queda finalmente agotada, tendida sobre la colchoneta en silencio. Pero más hacia el final de la sesión, todo vuelve a recomenzar. En este caso, es otra la facilitadora que se acerca a M. y logra ayudarla a que transforme sus gritos y pataleos en una increíble descarga corporal de energía acumulada y bloqueada en su cuerpo. 

En el momento de compartir, M. expresa que fue un momento clave aquel en que mi presencia en silencio y con una actitud de amor y cuidado, le permitió aflojarse y confiar en que el terremoto que sentía dentro de su cuerpo podía llegar a expresarse sin destruirla.  

Este comentario de M. muestra claramente la potencia transformadora que un otro, experimentado, amoroso y contenedor, tiene sobre el trabajo del respirador. Lo que se transmite, sin hacer, es contención, cuidado y aceptación incondicional. Esto permite expresar al respirador lo más profundo, temido y rechazado de sí mismo, y lo habilita a atravesar el miedo paralizador y soltarse al soporte amoroso que significa la presencia del otro. En el momento que el respirador siente la contención amorosa del facilitador, se establece en el plano sutil una unión tan profunda de almas que podríamos decir que se vuelven uno entre los dos.  

En algunas ocasiones, es posible dar más fuerza con algunas suaves palabras como: «estoy contigo», «vamos que puedes» o «continúa más profundamente». Y quizás apoyar de una manera casi invisible una mano en el brazo del respirador. 

Otro hermoso caso que me gustaría compartir es el de una respiradora de 75 años, quién nunca había realizado ningún tipo de trabajo psicológico y que llega al taller para acompañar a su nieta, la organizadora del mismo. La intención de presentar su experiencia es la de mostrar algo bien conocido por los facilitadores de esta técnica como es la potencia del ejercicio de respiración. Es una historia simple y conmovedora que también nos ilustra sobre la profunda unión de almas que se produce entre los respiradores con sus acompañantes y con los facilitadores en la sala de respiración. 

En las palabras de Lucila: 

Mi nombre es Lucila, tengo 75 años, y vine a este encuentro para apoyar a mis nietos que lo habían organizado sin conocer en profundidad el tema, por tanto, con pocas expectativas.

 El primer día del encuentro me costó bastante tiempo aprender la forma de respirar que me permitiera tener algún tipo de experiencia. Los facilitadores me ayudaron hasta que pude lograrlo. Igualmente creo que me sucedió muy poco: oscuridad, dentro de ella la cara de un felino negro de ojos rojos, paredes altísimas egipcias y mayas, una puerta de pura roca con una cerradura inviolable. Entonces, pedí a mi Ser Interior que formara un tsunami para derribarlas, pero muy poco sucedió. Sólo me vi por un momento en una bahía soleada donde estuve con mi esposo, ya fallecido, jóvenes y enamorados. 

Al segundo día, comencé a respirar y no pasaba nada… Oscuridad y cosas intrascendentes. Ana María y mi nieta vinieron en mi auxilio con ese gran amor que ponen en todo lo que hacen, pero mi corazón se negaba obstinadamente a abrirse. Y mi Ser Interior tampoco aparecía.  

Ana María me instaba a hacer el esfuerzo de respirar una y otra vez. ¡No pasaba nada! Un momento después muy frustrada y enojada empecé a ordenarle a mi corazón que se abriera y a preguntarle a gritos qué le había sucedido para que estuviera así. ¿Qué era lo que había levantado las murallas que había visto el día anterior? En ese momento, vi al otorongo (felino) negro devorar mis entrañas y empecé a pedirle que eliminara todo lo malo que había en mí. 

Me tranquilicé. Apareció la imagen de mi madre que había fallecido apenas había cumplido yo 7 años. También, vi a mi padre, a la tía que me crió, y a mi esposo, todos ellos fallecidos también. Viéndolos me di cuenta que la dureza de mi corazón había comenzado cuando por diferentes circunstancias de la vida no había podido despedirme de ellos. No pude decirles por última vez cuánto los amaba, pedirles perdón, darles las gracias, abrazarlos muy fuerte. ¡Me faltaba eso! 

Así que los fui llamando uno a uno y pude cumplir ese rito final de amor. Me comuniqué con cada uno, los sentí cerca, me despedí, y la paz y la luz llenaron mi corazón. Así, relajada y feliz me vi en una bahía semejante a la del día anterior. Ahora, era de noche con un cielo constelado de estrellas y una luna llena impresionante que alumbraba el paisaje y rielaba en el mar.  

Me acerqué a la orilla y vi que desde mi corazón luminoso partía un rayo hacia la luna y los dos rayos, el que bajaba de la luna y el que subía hasta ella se reflejaban juntos. Me sentí plena y me fui. Pero entonces pensé que desperdiciaba el goce de un momento especial y volví. Allí me esperaba un ángel muy hermoso y sobrevolando ese espacio estaban las caras de Ana María, Lu y Nacho (los tres facilitadores). Con una ceja levantada, como preguntando que hacían allí, miré al ángel, quien girando me señaló una flor muy blanca y radiante donde se habían colocado las tres caras irradiando amor. Quise ir a tomarla, pero él me detuvo con un gesto de su mano, y sentí muy dentro de mí que me decía: «Deja esa flor. Es ahora para otra persona que la necesita». Entendí, agradecí y me retiré. El otorongo[14] (felino) me esperaba echado, tranquilo. Lo acaricié y le dije: «Gracias, puedes irte. Está todo bien».

10.2. La Formación de los Facilitadores 

Retomando lo anteriormente dicho, nuestra modalidad de enseñanza incluye un mínimo de tres años de formación, que consiste en asistir a un taller mensual y a un grupo de supervisión y aprendizaje teórico en la mañana siguiente al taller.   

El primer año consiste solamente en el trabajo personal realizado en la colchoneta y en la asistencia al grupo de formación del encuentro posterior. En este grupo, se analizan casos clínicos y el proceso personal de cada futuro facilitador. Este espacio funciona como grupo de formación y como grupo terapéutico. La idea es que nadie puede acompañar a otro más allá de lo que ha llegado en su propio proceso.

 Al final de este primer año, se aprende el trabajo corporal para que, en el segundo año, se pueda comenzar a «caminar la sala», siempre acompañando a un facilitador experimentado y aprendiendo de él. Al finalizar este segundo año, los alumnos deben asistir al módulo de selección de música, en el cual se les enseña todo lo referido al armado de un conjunto o bloque musical.  

En el tercer año, la persona está habilitada para trabajar independientemente, pero siempre bajo la supervisión de un facilitador de mayor experiencia. También es condición necesaria la asistencia a un curso de psicología transpersonal de dos años de duración. Éste es un excelente complemento teórico que enriquece la cosmovisión de los alumnos. 

Otro aspecto esencial en cuanto a la formación de los facilitadores es su selección. No todas las personas (por más que lo deseen) tienen la capacidad de ser buenos facilitadores. Requieren un mínimo de sanidad emocional e integración psíquica para participar de nuestros grupos de formación.  

También es una condición para nosotros el amor profundo y el compromiso con la tarea. Nadie puede ser un buen facilitador si elige solamente desde su razón y no desde su corazón. Es, por eso, que advertimos a aquellos que no conocemos suficientemente y que nos solicitan entrar en la formación, que los primeros meses serán de prueba para saber si tienen las cualidades que se necesitan para este trabajo:  

1.    intuición y percepción de los procesos corporales,

2.    capacidad de entrega y de amor incondicional,

3.    fuerza interior para sostener procesos (a veces) muy difíciles sin asustarse,

4.    confianza en la vida y en el Sanador Interior.  

Una vez leí un comentario que arrojó luz sobre mi forma de enseñanza: Enseñar mucho a pocos en vez de poco a muchos. Dentro de este encuadre, para realizar un seguimiento personalizado de los futuros facilitadores por parte de los instructores, el número de estudiantes debe ser pequeño, y por pequeño entendemos grupos de no más de 10 ó 12 personas por curso. 

Hay muchos aspectos de la Respiración del Corazón que son muy difíciles de trasmitir, ya que pertenecen al ámbito de la percepción e intuición profundas. Especialmente «El poder de la palabra». Así como se puede ayudar mucho, se puede lastimar mucho cuando la persona se encuentra en una situación de tan alta vulnerabilidad debido al Estado Ampliado de Conciencia. 

Actualmente, nuestra mayor dificultad y nuestro mayor desafío es cómo lograr que los facilitadores puedan desarrollar en sí mismos el nivel de percepción e intuición que se necesita para no interrumpir la experiencia del respirador y no confundirse con proyecciones de su propio material inconsciente. Estas son actitudes que no se aprenden, sino que se desarrollan, y es por eso que en nuestro entrenamiento hacemos especial hincapié en el trabajo personal y terapéutico. Con suerte, llegará un momento en el proceso personal de los futuros facilitadores en el cual, después de haber limpiado su propio material inconsciente y de haber caminado la sala mensualmente durante al menos dos años, el nivel de experiencia, de percepción y de intuición que lograrán, les irá permitiendo gradualmente acercarse a los participantes desde otra perspectiva.  

El tiempo que tarden en llegar a esto, será distinto para cada facilitador, aunque, lamentablemente, ciertas personas nunca lograrán realmente este nivel de percepción. En esos casos, se aconseja al facilitador que intervenga siguiendo, única y exclusivamente las maniobras aprendidas durante su entrenamiento.

 

Capítulo 11: ALGUNAS PARTICULARIDADES DEL TRABAJO CORPORAL: Interpretando el lenguaje del cuerpo 

 

Aunque el trabajo corporal que realizamos en la Respiración del Corazón es igual que el que se realiza en la Respiración Holotrópica —y por lo cual le estamos profundamente agradecidos al Dr. Grof—, hay, sin embargo, algunos nuevos recursos terapéuticos que serán los que mencionaremos en este capítulo.  

Cuando hablamos de trabajo corporal, nos referimos a una serie de técnicas con las que ayudamos al respirador cada vez que se hacen visibles sus bloqueos corporales, emocionales y /o energéticos. En el proceso de la respiración es habitual que aparezcan dolores y rigideces corporales que para nosotros son un síntoma de un bloqueo emocional más profundo. A través del trabajo corporal, permitimos que el material subyacente se manifieste. 

La importancia de aprender el lenguaje corporal es tan grande que creemos que todos los facilitadores deberían saber realizar una lectura del cuerpo y actitudes corporales de los respiradores. Este aprendizaje se va dando naturalmente con la experiencia, pero sería muy útil que formase parte del módulo de trabajo corporal. El cuerpo, la mayoría de las veces, nos dice mucho más que la palabra. 

Otra idea de especial relevancia es que entendemos al síntoma como lo hace la homeopatía: como un principio que busca la sanación del organismo. Lejos de suprimirlo, lo que buscamos es amplificarlo para que lo que está oculto pueda salir a la luz. 

La diferencia más significativa con el trabajo corporal que se realiza en la Respiración Holotrópica es que en algunos casos la Respiración del Corazón va más allá del cuerpo físico para alcanzar el cuerpo energético o sutil. Pero antes de explicar esto último, queremos hacer mención al respecto de algunas maniobras que realizamos sobre el cuerpo físico.

11.1. Sobre el Trabajo en la Zona del Pecho

 Una opción relativamente nueva para trabajar sobre las corazas musculares de la zona del pecho es pedirle al respirador que se siente y tire los hombros hacia atrás abriendo el pecho, mientras un facilitador, desde la espalda, le sujeta los brazos haciendo una fuerte presión hacia atrás para ampliar la zona del pecho. Una vez hecho esto, le pide al respirador que intente hacer fuerza con sus hombros y brazos hacia adelante.

11.2. Sobre el Trabajo con los Ojos

En algunas ocasiones, realizamos también un trabajo sobre los ojos directamente. Lo hacemos únicamente en los casos en que, después de haber trabajado en la zona de las cejas (que es una zona donde se acumula mucha tensión), el ojo comienza a temblar y a descargar energía por sí solo. Ayudamos entonces a la descarga colocando con muchísima suavidad un dedo sobre los párpados cerrados del participante, teniendo cuidado en no presionar, y pidiéndole a la persona total inmovilidad. Es notable la cantidad de energía que se libera de esa manera tan simple. Los participantes comentan sentirse muy aliviados con esta descarga.

11.3. Sobre el Trabajo en la Zona de la Garganta 

Ésta es otra zona delicada, aunque, con cuidado, se puede trabajar. Es muy frecuente que el respirador sienta una obstrucción en la garganta, parte del cuerpo que generalmente la RH no trabaja de forma directa. 

Dado que algunos bloqueos en el cuello eran muy difíciles de solucionar a la manera tradicional, consultamos con fisioterapeutas especialistas en garganta que nos indicaron cómo trabajar en esta zona. Hoy en día lo hacemos con mucha suavidad buscando que la obstrucción se abra a lo largo de los músculos de la garganta y del cuello. 

Otra intervención bastante frecuente, y que sorprendentemente logra excelentes resultados, es trabajar directamente ya sobre el cuerpo sutil en la zona de la garganta, limpiando las obstrucciones que allí pudiera haber. Esto último ya entraría en la esfera de lo chamánico, tema que ampliaremos en el Apéndice del libro[15].

11.4. Sobre el Nacimiento 

Una situación bastante especial es la que sucede cuando alguien pide ayuda porque le duele la cabeza. En estas circunstancias hemos comprobado que el dolor es un síntoma que, trabajado correctamente, lleva muchas veces a un nacimiento. Y, si solo se atiende el dolor puntual en la coronilla, es posible que se pierda la verdadera dimensión de ese dolor. 

La manera en la que procedemos es apoyando las dos manos sobre la cabeza de la persona y ejerciendo presión al tiempo que le pedimos al respirador que nos ayude empujando sobre nuestras manos. De esta manera, si el síntoma es únicamente ese dolor puntual, éste desaparece. Pero como dijimos con anterioridad, algunas veces se produce un nacimiento que nunca nos podríamos haber imaginado. Hay que recordar que el nacimiento es una de las experiencias habituales en el trabajo de respiración. Este tema ha sido muy bien desarrollado por el Dr. Grof en la mayoría de sus libros, por lo que aquí solamente haremos mención de la importancia que tiene el revivir el trauma del nacimiento para poder liberar todas las trabas emocionales y/o físicas que pudieran haber quedado guardadas en el cuerpo y en el inconsciente de la persona. 

Sin embargo, no siempre que una persona «nace» durante la sesión está reviviendo su propio nacimiento. Hay ocasiones que es simplemente el hecho de nacer, como una situación arquetípica de cambio y renacimiento en la vida de la persona.

11.5. Sobre el Trabajo en el Corazón 

Una de las maniobras corporales incorporadas recientemente a nuestro bagaje terapéutico es la del trabajo sobre el corazón, pero no en la zona habitual del centro del pecho, sino en el lateral izquierdo del cuerpo, tendiendo a acercarse a la zona baja de la tetilla izquierda. Por las características de la zona corporal, esta maniobra es fácil de implementar con los participantes varones, no así con las mujeres con las que prácticamente no realizamos esta maniobra, porque tendríamos que trabajar directamente sobre el pecho izquierdo. 

El trabajo en esta zona es indicado cuando la persona comunica que le duele el corazón. Es mucho más potente trabajar en este lugar ya que pareciera que uno accede directamente al órgano. 

A continuación, presento el caso de R. a modo de ejemplo: 

R. es un hombre de 40 años muy rígido y estructurado, con un bloqueo en la zona del corazón. Cuando nos llama para trabajar por un dolor en su pecho y nos pide por favor que lo ayudemos a “destrabarse”, comenzamos a trabajar en esa zona. 

Pero como le cuesta mucho expresar la emoción que siente frente a nuestro trabajo, recurrimos a la zona del lateral izquierdo a la altura del final del corazón. Como sucede en estos casos, R. expresa sentir un intenso dolor, rompiendo a llorar y pudiendo finalmente expresar la angustia profunda que estaba encerrada dentro de su corazón. 

11.6. El Trabajo con la Tetania 

La tetania es un término genérico que designa una contracción involuntaria de ciertos músculos. Su aparición es un fenómeno relativamente frecuente que nosotros, los facilitadores, estamos habituados a observar. Se trata de parestesias, generalmente de los miembros superiores e inferiores. 

Casi siempre las contracturas producen un grado de rigidez no muy acentuado, que es relativamente sencillo de liberar a través del trabajo corporal de tensión-relajación. Pero, circunstancialmente, encontramos personas que son tomadas por la tetania y su cuerpo adquiere una rigidez que podríamos calificar de dramática y, a su vez, sumamente dolorosa. Es, en este tipo de casos, difíciles de tratar a la manera tradicional, cuando comenzamos a utilizar la palabra junto con el trabajo corporal, con la intención de liberar las emociones que dan origen y subyacen a las contracturas.  

Tendida al lado de la persona, se le habla suavemente pidiéndole que se conecte con la emoción que se esconde detrás de su contractura y a la que no puede llegar la conciencia. Los resultados hasta el momento han sido satisfactorios y es sorprendente comprobar que si la persona puede hacer contacto con su emoción (mayormente de angustia y/o rabia), el bloqueo se resuelve y la emoción se expresa. Las manos se van abriendo cual pétalos de una flor y la rigidez de los miembros desaparece casi instantáneamente. 

Nuevamente éste es un camino para explorar y un trabajo personal a realizar por los futuros facilitadores ya que, para que una exhortación de este tipo de resultado, el facilitador debe tener un camino recorrido con sus propias emociones, además de un corazón abierto y sensible que ayude a abrir el corazón del participante.  

Voy a compartir tres casos muy severos de tetania para ilustrar lo anteriormente expuesto: 

K. asiste a un taller de Respiración del Corazón en Lima (Perú). En su primera respiración del sábado, la tetania es tan intensa que, a pesar de haber trabajado con varios facilitadores, no termina de ceder. Una y otra vez logra reducirla para rápidamente estar de nuevo completamente tomada por tremendas contracturas en rostro, brazos, manos y piernas. Se queja de dolor y de fastidio por la interminable situación. 

El domingo, en el grupo de inicio del taller, comparte que tuvo una noche difícil: se despertaba con dolores en el cuerpo y, frente al temor a sufrir, vino al taller más por obligación y compromiso que por ganas.  

Al poco rato de comenzar la respiración, la tetania se apodera nuevamente de K. Me acerco para trabajar con ella, preocupada por verla nuevamente sumida en el dolor corporal, e intento un camino de resolución diferente. Le apoyo una mano suavemente en su pecho. Le susurro al oído: « K. sigue respirando como hasta ahora (su respiración es muy intensa) y busca dentro tuyo qué es lo que está por debajo de la contractura y exprésalo».  

K. parece sorprendida y se queda inmóvil por unos segundos. Después, un profundo sollozo surge de su interior, se contorsiona y en medio de espasmos grita expresando un dolor incontenible.  «Ahora entiendo, ahora entiendo». Frente a mi sorpresa y a la de algún otro facilitador, la tetania iba desapareciendo a medida que la expresión emocional tomaba su lugar. Rápidamente y con relativa facilidad, queda libre de contracturas y en un estado de total placidez y liberación. A pesar de seguir respirando intensamente, K. no vuelve a tener tetania en el resto de la respiración. 

***

M. es un hombre de 30 años que está realizando su primer taller. Su cuerpo tiene temblores y espasmos que lo llevan a descargar gran cantidad de energía de manera espontánea durante toda la primera parte del ejercicio.  

Más o menos al comenzar la segunda hora de respiración, lo escucho gemir y al mirarlo, veo sus brazos y rostro totalmente tomados por la tetania. Me acerco y le digo suavemente: «M., trata de hacer contacto y de expresar la emoción que está detrás de tus tensiones corporales». Por más que insisto por varios minutos con la consigna, M. no logra hacer ningún contacto y su tetania está cada vez más pronunciada. Le sugiero entonces que, si lo siente, exprese el malestar que le genera su tetania.  

M. comienza a golpear con los brazos y a expresar sonidos guturales de rabia con la dificultad inherente a su caso. Es obvio que está expresando el enojo que le da su cuerpo dolorido y contorsionado y, al hacerlo, sucede lo inesperado: un sollozo surge de su pecho y, al mismo tiempo, contacta con su dolor. Las manos inmediatamente se abren y se relajan mientras M. busca abrazarme y continuar llorando. La tetania desapareció en menos de un minuto. 

***

L. es una joven que, al ir a tenderse en la colchoneta me llama y me explica que tiene miedo porque ella hace sesiones de Respiración Conectada o Rebirthing y siempre se le ponen las manos muy duras y le duelen mucho. No quiere que le vuelva a pasar. Le digo que, si le sucede, me llame que quizás puedo ayudarla a liberarse definitivamente de la tetania.  

Cuando L. me llama y me dice llorando que sus manos están completamente acalambradas, le pido que haga contacto con la emoción que está por debajo de ese calambre. Los ojos se le llenan de lágrimas, pero no puede pasar de ahí.  

Traigo almohadones y le pido que golpee en ellos. Lo hace suavemente al principio, pero luego comienza a golpear con más fuerza y también a dar pequeñas patadas moviendo todo su cuerpo endurecido para hacerlo. La animo a continuar más fuerte, y ella sola comienza a expresar sonido y disgusto por lo que le sucede. Muy rápidamente sus manos, brazos y piernas se aflojan y L. comienza a llorar angustiosamente. El enojo que tenía por el bloqueo muscular da espacio a la emoción que estaba guardada bajo la tetania: una profunda angustia relacionada con un tema familiar. 

***

A continuación, se incluye el testimonio de Hernán sobre su trabajo con G. Es un participante regular de nuestros talleres desde hace aproximadamente un año. Es característico en sus respiraciones que se produzca una tetania en los miembros superiores y mandíbula, la cual veníamos trabajando a la manera tradicional necesitando mucha fuerza de presión para lograr relajarse (lo que generalmente conseguíamos, aunque sin manifestación emocional). Ante una nueva aparición de sus contracturas, llama a Hernán para que lo ayude.  

Empiezo a trabajar con la maniobra habitual de presión/contrapresión, pero era mucha la tetania, al punto de no poder abrirle las manos.  

Entonces, le digo suavemente al oído: «Busca conectar con la emoción que está detrás de tus contracturas y exprésala». G. se sorprende y deja de moverse por un rato. Finalmente, su rostro se contrae en una mueca de dolor y empieza a llorar cada vez más fuerte, transmitiendo mucha angustia acumulada. De repente y ante mi sorpresa, sus manos comienzan a abrirse y relajarse, su rostro se distiende y parece iluminarse. Todo su cuerpo entra en una quietud tan pacífica que es conmovedora. 

Ahora incluimos el testimonio final de G: 

«Cuando Hernán me dice que busque la emoción que está detrás de la tetania, me doy cuenta que la contractura física es en realidad una contractura emocional, un bloqueo profundo de mucha angustia acumulada que, al registrarla y expresarla, me produce una maravillosa apertura al amor que fluye por todo mi ser, dejando en mí un estado de paz absoluta.» 

Estos casos no son suficientes como para llegar a mayores conclusiones. Tampoco consideramos que la tetania deba siempre trabajarse de esta manera, aunque sí es un camino muy interesante para seguir investigando en situaciones corporales extremas como las que acabamos de relatar.

11.7. La Importancia de Aprender el Lenguaje Corporal 

Como anteriormente he mencionado, creemos que todos los facilitadores deberían saber realizar una lectura del cuerpo y de las actitudes corporales de los respiradores. Este aprendizaje se va dando naturalmente con la experiencia, pero sería muy útil que formase parte del módulo de trabajo corporal. Como dijimos anteriormente, la mayoría de las veces, el cuerpo nos transmite mucho más que la palabra. 

Para terminar este capítulo quiero dejar en claro que, en general, en nuestros países de Latinoamérica y especialmente en Argentina, es natural una mayor cercanía corporal que en los países anglosajones. Por tanto, es posible durante los talleres, tocar y abrazar a las personas, con el debido respeto, sin que esto sea susceptible de una mala interpretación. Esta característica cultural de nuestros países favorece la profundidad del trabajo corporal. 

 

Capítulo 12: ALMAS PERDIDAS: Un viaje desde el chamanismo a la psicoterapia. La sanación aplicada en el campo vibratorio del respirador.  

 

Como ya he mencionado en el capítulo 2, la Respiración del Corazón incluye nociones derivadas del chamanismo y de la terapia de regresiones que aprendí en la formación de TVP (Terapia de Vidas Pasadas) realizada con el Dr. J. L. Cabouli.

 El espíritu humano solamente comenzó a ser tenido en consideración por la psicología cuando surgió la psicología transpersonal a fines del siglo pasado. Sin embargo, desde el comienzo de la humanidad, las civilizaciones antiguas estaban íntimamente conectadas con los espíritus de la naturaleza, a la que consideraban sagrada. Veían a la Tierra y a todo lo existente (plantas, animales, hombres y hasta piedras) como seres vivos, con los cuales los chamanes tenían un contacto habitual. Por ejemplo, pedían ayuda al espíritu de la lluvia en tiempos de sequía, o convocaban a los animales para la caza desde Estados Ampliados de Conciencia. Igualmente utilizaban estos estados para la sanación de enfermedades o para la unión y prosperidad de la tribu en ceremonias especiales. También tenían una relación muy cercana con los espíritus de los ancestros a los que invocaban pidiendo su ayuda espiritual cuando ésta era necesaria. Hoy en día, todavía hay tribus en algunas regiones de África que interceden ante los ancestros para sanar a los miembros del grupo que padecen algún tipo de enfermedad, o para que los ayuden en la lucha contra sus enemigos naturales. 

  En la Respiración del Corazón, llamamos «almas perdidas» a aquellas entidades del mundo astral que se manifiestan a través de la voz y del cuerpo de la persona que esta resìrando. Tradicionalmente en la Respiración Holotrópica, se las considera una expresión de fuerzas arquetípicas de tipo demoníaco, y se estimula a la persona a que haga gestos y sonidos que expresen esa energía buscando agotarla. Pero trabajado de esta manera, la energía o entidad se manifiesta una y otra vez en la persona que viene a respirar, ya que está adosada a su campo vibratorio.  

Generalmente, es la energía de seres desencarnados que permanecieron en este plano terrestre después de su muerte y que se manifiestan a través de la persona en cuyo campo vibratorio se han introducido. Muchas de las veces son parientes a los que la persona ha pedido que no se vayan en el momento de su partida. En algunos casos, las almas perdidas no tienen conciencia de que no se encuentran en este plano sino en uno intermedio, y necesitan ser guiadas a la luz y ayudadas a elevarse a través de seres de luz que vienen a buscarlas. Por tanto, el trabajo de almas perdidas representa un gran avance en el proceso de sanación, tanto del alma perdida como del alma del respirador.  

El trabajo con almas perdidas es un recurso bastante reciente pero que ya forma parte de las herramientas habituales dentro de la Respiración del Corazón, y que requiere que los futuros facilitadores que se están formando con nosotros realicen un curso anexo para aprender la técnica de liberación de este tipo de energías. 

Voy a compartir algunos ejemplos concretos que permiten dar una idea de la profundidad y el alcance de esta temática que se encuentra en los inicios de ser explorada y que merece atención y estudio posterior.  

M. llora con mucha angustia durante casi todo el taller. Su dolor me llega profundamente pues es muy hondo. Tras acompañarla durante más de 20 minutos, me acerco nuevamente y le pregunto suavemente al oído: «M., ¿qué te pasa?, ¿por qué tanta angustia?»  Rompe a llorar con una desesperación aún mayor que antes, y me dice que se siente culpable de la enfermedad de su hijo de 3 años que es autista. Siente que la bulimia que ella padece desde hace más de 20 años es la responsable de la dolencia de su hijo. Ha realizado toda clase de tratamientos sin poder curarla. Su desesperación va en aumento.  

Percibo a través de cambios en su voz y en su rostro la presencia de un alma perdida que probablemente sea la que la induce a comer y se lo sugiero: «No eres la que come sin freno. Hay alguien más que come a través tuyo. Déjame hablar con ese alguien, por favor».  

Se queda estática, sorprendida y como reflexionando. Tras unos minutos me dice: «Yo lo presentía.» Y exclama todavía más sorprendida que antes: «Es un bebé. Acabo de verlo.» Le sigo preguntando cómo se llama y me da un nombre incomprensible en una lengua extraña. Entonces, le pregunto al bebé si se quiere ir a la luz, que es donde debe ir para seguir su camino espiritual, y me contesta que sí. Hacemos lo pasos necesarios y rápidamente el alma de ese niño parte hacia la luz. 

M. respira aliviada y yo la abrazo durante un largo rato diciéndole muy suavemente que ella nunca fue culpable de nada, que su hijo tuvo que venir a vivir esa experiencia —con el autismo— como parte del aprendizaje de su alma en esta vida. 

Unos días más tarde, recibo dos correos de ella donde me cuenta que su síntoma de bulimia desapareció completamente después del taller, cuando en 20 años de diferentes terapias no habían logrado sanarlo. 

*** 

C. termina la respiración del día sábado sentada en su colchoneta con la cabeza caída sobre su hombro izquierdo. Al final de la sesión, explica que escuchaba una voz interna que le decía que se ahorcara.  Indago sobre esa voz interna y me explica que es la misma voz la que la lleva a agredirse muchas veces (golpearse la cabeza contra la pared o golpearse con los puños en la cara). No sabe por qué ese enojo con ella misma. Dice que surge de repente. Tiempo atrás, C. tuvo dos intentos de suicidio y, en todos los casos esa voz interna la instaba a quitarse la vida. 

En la respiración del domingo, me acerco a ella y le pido que se comunique con esa voz interna para preguntarle quién es y por qué quiere que ella se quite la vida. Finalmente, logramos hacer contacto con un alma perdida que se encuentra incrustada en C., según lo dice ella misma, desde que es una niña.  

Como el trabajo puede llegar a ser largo, le propongo a C. que se quede al finalizar la sesión para poder hacer una regresión y liberar esa alma para que vaya a la luz. Hacemos eso ayudados por la acompañante de C. (que estudia regresiones) y logramos liberar a C. de esa alma perdida que tanto influyó en su vida. Los cambios en C. son notables: gradualmente desaparecen la depresión que la aquejaba desde hace años y, al mismo tiempo, la permanente lucha interna en la que se desvalorizaba y atacaba constantemente. Desde entonces, no escucha más voces. 

*** 

A. tiene 23 años y llega a su primera respiración. Es muy agradable, reflexiva y curiosa. En la sesión del sábado tiene una experiencia muy profunda. El domingo se sienta a mi lado para almorzar y cuando nos estamos por levantar de la mesa para ir a la respiración, me dice titubeante, que lo que ella no puede cambiar es su adicción al cigarrillo.   Le pregunto cuánto fuma y me dice que un paquete por día. Luego le tiembla la voz y dice: «En realidad yo sé con qué tiene conexión mi hábito». Y mientras se le llenan los ojos de lágrimas, añade: «Es que mi hermana murió atropellada por un coche al cruzar la calle para ir a comprar cigarrillos». La hermana muere a los 14 años, y A. tiene 12 en ese momento (edad en la que comienza a fumar). Veo con claridad que la adicción de A. tiene que ver con la presencia de su hermana cerca de ella, por lo que le sugiero que, si llegara a sentirla durante la respiración, me llame inmediatamente.  

Al promediar la sesión, me manda llamar y acudo rápidamente a su lado. Allí mismo utilizo la técnica de TVP y me comunico con su hermana a través de ella. Le hago saber que está muerta (algo que las almas perdidas generalmente no saben) y la ayudo a ir a la luz, cosa que no hizo al morir.  Lo más notable se produjo al final de la sesión. A. relata que el túnel de luz quedó abierto cuando el alma de su hermana se fue durante la respiración (esto no sucede nunca) y que ella decidió subir también por ahí. Cuando llegó arriba, la estaban esperando unos seres de luz que le dijeron que todavía no había llegado su momento, que debía bajar nuevamente porque tenía aún cosas por terminar en esta encarnación. ¡Sorprendente! Es sumamente importante que ese puente entre ambas direcciones quede bien cerrado antes de alejarse del respirador.   

Un caso singular de Almas Perdidas enviadas a la luz es el de E., ya que ella sola sin ayuda de nadie, en su trabajo de respiración, se encontró con sus antepasados femeninos que estaban en este plano. A continuación, comparto la versión que la misma E. escribió sobre su trabajo.

 Fueron dos días intensos que sirvieron para comprender y aceptar muchas cosas que hace tiempo trabajo, pero que al parecer seguían agazapadas esperando a que involucre mi terco corazón.

 El sábado parí y fui parida, y también pude observar el dolor del linaje femenino de mi sangre: mujeres sufridas, maltratadas, y creo que violadas; secretos, murmullos por lo bajo, rencores que no acabaron ni aún después de que la mayoría de ellas murieran.

 En la respiración del sábado pude entender, a partir de las imágenes que se me aparecieron, la distancia, la casi frialdad con la que mis antepasadas fueron criadas y a la vez criaron a una generación en la que estoy incluida.  

Surgió entonces una pregunta muy potente, que ni sabía que me la estaba haciendo: ¿Por qué no quiero a mi mamá? Hago lo que una hija debe hacer con su madre de casi 87 años, pero es el deber el que siempre se impone. Yo no me daba cuenta de esto. Por eso, la pregunta me dejó helada. Por sorpresa, sentí mi útero como una pelota dura, y la cintura dolía con un dolor antinatural, porque estaba pariendo una respuesta que finalmente surgió en la respiración del día siguiente.  

Ya sabía cómo era el trabajo, pero el cuerpo respondía diferente con respecto al día anterior. Aparecieron las imágenes de uno de los dolores más grandes de mi vida, y surgieron de repente sin pedir permiso… Dolor que había sido tratado en psicoanálisis y con terapia regresiva. Era el dolor por el aborto que hace tanto tiempo mamá me obligó a realizar. Ella misma se había practicado dos abortos.  

Nuevamente, la mente lo justifica, como lo hace siempre: que al final fue mejor, que encontré un buen hombre que me quiere y con el que tuve dos hijos a los que amo. Sin embargo, mi corazón aún llora por ese bebito que hoy me dijo que se llamaba Manuel.  

De pronto, estoy ahí, pidiéndole perdón a ese, mi niño y no queriendo que se quede solo, pero estoy con mi madre y ella llora a la par mío y por sus hijos no nacidos. También pide perdón, primero a mí y después a sus hijos… y los dejamos a los tres juntos, a mis hermanitos y a mi Manuel. Estamos alrededor de la tumba llenita de cuarzos, mi madre, yo y todos mis hermanos, todos muy conmovidos. Sigo sintiendo a mi mamá, que se queda conmigo, ayudándome a sanar mi relación con ella. 

Cuando vuelvo a respirar, comienzan a surgir aspectos míos que suelo ignorar: La mujer jaguar y una africana hermosa, negra, con un andar de diosa salvaje y femenina, un tercer aspecto de mujer en forma de bailarina hindú con olor a sándalo, bella y sensual. Las tres me habitan, me inundan, y me conectan conmigo misma. Y entonces entiendo: son las mujeres de las que desciendo. Por un lado, la rama paterna representada por mi abuela Asunción (descendiente de indios tobas). Por otro lado, mi madre con mi abuela y tías ruso-alemanas. Yo desciendo de alemanes del Volga: grandes, rubias, serias, muy serias, sufridas, trabajadoras, limpias, aguantadoras como pocas personas he conocido. Están todas juntas, entonces yo y mis tres mujeres interiores hablamos con ellas y les decimos que ya es hora de bailar, de sentir, de disfrutar. Las tías me miran serias, pero de pronto una, mi tía Elvira, se ríe. Tentadas, las otras también lo hacen, y descubro lo hermosas que son, sonrientes y me pongo a bailar para ellas y les digo que me imiten, que bailen. El baile es como africano, contundente, con mucho de pie en el suelo.  

Me acerco a mi abuela y le digo que se deshaga del rodete (no recuerdo haberla visto jamás sin rodete). Y me deja y su pelo es tan fino y tan largo… Mi abuela toba también se deshace del suyo y están muy lindas con sus pelos sueltos. A mis tías les revuelvo la cabeza (ellas se peinaban con fijador, ese spray que dejaba duro el pelo). Y entonces se ponen a bailar, y se ríen… Felicitan a mi mami por la hija que tiene… Le dicen: «Estate bien orgullosa de la hija que tenés». Entonces me dicen: «Nos tenemos que ir», y yo no quiero que se vayan, lo estamos pasando tan bien…  

Mi abuela se abraza con mi madre y yo abrazo, y acaricio a todas mis tías y a mi abuela (a las que siempre traté de usted) y unos ángeles me dicen: «Ya se tienen que ir. Ellas van a la luz». Y es ahí donde aparece mi gatita siamesa, Isis, que murió hace unos cuantos años, y me lame las lágrimas como solía hacerlo. Me dice que dentro de poco volverá conmigo, y se va en brazos de mi abuela gringa. Estamos arriba en una montaña, y ellas se van a un hueco que se abre en una de las montañas, como una boca celeste, casi blanca, con mucho brillo. Quedamos mi madre, mi otra abuela y yo, y le pregunto a mi abuelita: «¿Vos no vas?», Me dice que no, que ella no es de su linaje. Y bajamos las tres juntas. 

Cómo explicar el dolor y la paz que sentí. Incluso ahora, recordándolo, el cansancio me habita, y las lágrimas surgen fáciles ante tanta emoción. Siento que sané mucho, yo y también mis antepasadas, y que esto será de ayuda a los tíos que quedan vivos y, por supuesto, a mi madre. Quizá ellos no lo sepan nunca, pero sé que desde algún lugar su familia, mis ancestros, al fin descansan en paz. 

*** 

En la ronda final, P., que es paciente también de terapia individual, dice estar llena de rabia y en forma exaltada exclama que hasta llegó a pensar en cómo hacer desaparecer a toda su familia. Especialmente al padre, a la madrastra y a la hija de ambos. Le pedimos que se quede después de que los demás participantes se retiren para trabajar con ella. Yo ya había pensado más de una vez la posibilidad de que el alma perdida de la madre de P. estuviera con ella y fuera la causante de la furia de P. con su familia. Es necesario aclarar que la madre de P. se suicidó cuando ella tenía 3 años. Cuando P. logra entrar en proceso, le pido que registre si hay alguien junto a ella en ese momento. Tras unos instantes, comienza a llorar y a los gritos exclama: «Mi mamá, mi mamá está acá conmigo». 

Realizo entonces un trabajo con la técnica de regresiones del Dr. Cabouli para comunicarme y lograr que el alma perdida de la mamá de P. vaya a la luz. El trabajo de P., que no vamos a relatar en este momento por lo largo del proceso, (ver bibliografía del Dr. José Luis Cabouli, Terapia de la posesión espiritual), es conmovedor. P. logra despedirse de su madre, y ésta se eleva yéndose a la luz. 

Lo que sí es importante destacar es que P. viene a su sesión de terapia individual a los dos días y es una persona diferente. En realidad, es ella por primera vez en su vida. Su continua agresión verbal ha disminuido y reconoce que su madrastra le hizo de madre —antes se quejaba continuamente de que nunca había cuidado de ella—. Ahora se da cuenta, entre otras cosas, que la llevó al colegio en su auto todas las mañanas desde primer grado hasta el último año del secundario. Lo más sorprendente es que llamó por teléfono a su familia —que vive fuera de Argentina— y habló con cada uno de ellos y les agradeció el hecho de que existieran en su vida.  

*** 

Luis tuvo una infancia muy difícil. Él y sus hermanos vivieron reiteradas amenazas de muerte por parte de un familiar cercano. Su vida ha estado marcada por el desamparo y la violencia. La muerte prematura de uno de sus padres también afectó su infancia. L. ha asistido a 3 ó 4 talleres, pero con mucha interrupción entre ellos. Aunque se siente mejor, se asusta, dice que son muy intensos y llama para venir únicamente cuando sus síntomas de depresión y angustia lo sobrepasan y no le permiten asistir al trabajo de contador en su empresa.Este taller, al igual que los demás, es de una intensidad fuera de lo común, en la que el desgarro y la angustia que anidan en su corazón se manifiestan con toda intensidad.  Al finalizar el taller, L. comenta que tiene un fuerte dolor de cabeza y se le pide que se quede después para completar su trabajo. Tras trabajar su dolor de cabeza, de golpe se agarra con sus dos manos el pecho y dice llorando: «Está acá, está acá». Entonces le pregunto: «¿Qué es lo que tenés ahí?»  Pega un grito diciendo: «¡Es E.!» (el familiar cercano que los amenazaba en su infancia). 

Tras un conmovedor diálogo, los dos logran disculparse, E. por el maltrato y L. por haberlo dejado solo en el instante de su muerte, de la cual se siente responsable. Finalmente, E. logra desprenderse y elevarse, saliendo del campo energético de L. La partida de un alma perdida trae, en cualquier circunstancia, enormes cambios para la persona. En este caso, L. expresa que la depresión que lo ha traído a este último taller no se vuelve a manifestar más desde ese momento. 

Cabe aclarar que el trabajo con Almas Perdidas es prácticamente imposible de realizar durante la sesión de respiración, debido a que la experiencia puede alargarse demasiado tiempo. Es por eso que, salvo casos muy especiales en los que el alma perdida aparece hablando directamente a través de la persona en la misma respiración, pedimos al participante que se quede una vez finalizada la respiración grupal, para poder hacer el trabajo con tranquilidad y tiempo suficientes. 

En el siguiente capítulo voy a abordar otra técnica que utilizamos en ciertas ocasiones: la Recuperación del alma. Al igual que sucede con el trabajo de Almas Perdidas, en este caso también tomamos como referencia los conocimientos del mundo chamánico.  

 

Capítulo 13: LA RECUPERACIÓN DEL ALMA: Una técnica chamánica de aplicación para la Respiración del Corazón  

Durante todos estos años de trabajo terapéutico, se han ido presentando algunas situaciones en las sesiones de respiración que no podían ser resueltas con la técnica clásica de la Respiración Holotrópica. Comenzamos entonces a utilizar un recurso aprendido del chamanismo (la Recuperación del Alma) que resultó ser, en estos casos concretos, de muchísima utilidad. Nuevamente, se debe aclarar que no puede ser aplicada por alguien que no conozca la técnica, pero es importante dar constancia de ello para dejar abierta una puerta a investigaciones futuras. 

La pérdida de partes del alma de una persona ocurre, comúnmente, en situaciones traumáticas sorpresivas y de gran intensidad como pueden ser: un accidente, el fallecimiento repentino de alguien importante en nuestra vida, un peligro inminente, etc. En los niños puede darse frente a violencia repetida de los padres. A partir de ese momento, la persona cuenta con menos energía, vitalidad, decisión, empuje, conexión; aunque, generalmente, tiene bastante poca conciencia de lo que le sucede. 

No es sencillo tener registro de la carencia de una parte del alma del respirador. Esto se manifiesta de una manera sutil mediante la falta de energía vital. Durante la respiración, algunos de los signos que nos indican la posibilidad de que una parte del alma de la persona haya salido de su campo vibratorio son, entre otros: 

·         la falta de presencia,

·         la falta de movilidad muscular,

·         la falta de conexión entre algunas partes del cuerpo. 

Pero estas manifestaciones pueden presentarse en cualquier proceso de respiración, y lo que hace que un facilitador piense en esta posibilidad, más allá de los fenómenos habituales, es su percepción interna de que una parte de la persona «no está ahí». Esta percepción es una cualidad que se desarrolla en la medida que el facilitador va cultivando el arte de estar presente y aprende a trabajar y moverse en planos más sutiles de conciencia.  

Otro aspecto fundamental a destacar es que el facilitador tiene que aprender a diferenciar cuál es la razón por la que el respirador se muestra desvitalizado y/o desconectado. Es decir, si es una pérdida de su energía vital o si se trata de que tiene un bloqueo en el plano de sus emociones. La manera de responder a estas dos situaciones es muy diferente. 

Voy a mostrar algunos casos que hemos tenido de Recuperación del Alma en nuestros talleres. 

H., de 32 años, soltero, viene a los talleres hace dos o tres años. Tiene más de 20 talleres hechos. Tiene toda su dulzura y sensibilidad bloqueadas, y le cuesta forjar relaciones, aunque uno puede sentir el profundo amor que irradia en su mirada y en su expresión. Dice estar mejor en su vida cotidiana, pero no se lo ve muy diferente en cuanto al motivo que lo llevó a empezar este trabajo, que es su dureza y su falta de expresión. Sin embargo, sigue viniendo entusiasmado, inclusive teniendo que viajar en avión para llegar a Buenos Aires todos los meses para asistir a los talleres. Es el segundo día de respiración. H. se encuentra de rodillas y golpea con sus manos, como si estuviera enojado, pero lo hace sin fuerza; no siente la rabia a pesar de que dice tenerla. Expresa que está cansado de no poder sentir ni expresar lo que le pasa. Trabajamos con él intentando que golpee más fuerte y que exprese lo que siente, pero sus golpes, a pesar de ser fuertes, están vacíos, se pierden, no tienen continuidad y disminuyen inmediatamente.  Tras estar un rato prolongado junto a él sin que pase nada, más que vanos intentos de su parte y de la mía para que pueda conectarse, tengo una sensación de él como una carcasa vacía, sin contenido emocional, sin alma. Y eso me lleva a implementar una técnica utilizada en la TVP que es, muy al estilo chamánico: la Recuperación del Alma. Al comprobar que no puede hacer contacto, le digo suavemente que no lo siento, que es como si una parte de su alma se hubiera perdido, que no está presente para sentir y conectar. Le pido entonces que vaya a buscar esa parte de su alma que se perdió en algún momento. 

H. tiene un sobresalto visible en la colchoneta. Pega un brinco y su cara sonríe sorprendida. Segundos después, siento una emoción profunda mientras él parece revivir. Su cuerpo toma otra tonicidad, se vuelve vibrante, llora detrás del antifaz y me aprieta la mano. Yo siento la energía correr por su cuerpo y la ternura que expresa el contacto de su mano con la mía. Me abraza emocionado y me dice: «Gracias». Nos quedamos abrazados largo rato y yo no puedo creer el cambio tan profundo que se dio en él en ese momento. Su relato en la ronda final es conmovedor y su transformación perdura en el tiempo. 

***  

Termina la música y N., de 54 años, continúa acostada en la colchoneta, inmóvil, pálida, con los labios morados y casi sin respirar. Un facilitador intenta suavemente hacerla volver, pero no lo logra. Me llama preocupado, solamente quedan N. y su acompañante en la sala.  

Me tiendo a su lado y la llamo suavemente varias veces. No hay respuesta. Nunca me había pasado esto antes en ninguno de los innumerables talleres realizados. La técnica de mencionar suavemente el nombre siempre surte efecto. Tras unos 10 minutos, empiezo a preocuparme y sin saber bien qué hacer, ya que pienso que tocarla sería muy invasivo. Me acuerdo del viaje que hacen los chamanes para buscar a las almas que se perdieron. Entonces me recuesto al lado de N., entro en un estado profundo de meditación y le pido a mi propia alma que vaya a buscar a la suya.  

No pasa más de un minuto —en esa dimensión el concepto de tiempo no existe— y sin que medie ningún movimiento de parte de nadie, N. se despierta y se sienta en la colchoneta diciendo que no recuerda donde estaba. Las tres personas que estábamos a su lado suspiramos aliviadas, y yo, muy sorprendida con la experiencia vivida. 

El siguiente caso fue una revelación y un descubrimiento para mí. Sin tener ninguna intención, más que la habitual de acompañar a la persona en su experiencia, me vi envuelta yo misma en un viaje de la conciencia.     

A. es una participante que acude con regularidad a verme en sesiones individuales de terapia. Tenemos un vínculo profundo forjado a través de los años. En la mitad del taller, me acerco a la colchoneta donde A. se retuerce con signos de profundo malestar. Después de un tiempo recostada a su lado en silencio, me doy cuenta de que A. está trabada en una situación muy desagradable que no evoluciona hacia ningún lugar. Le tomo suavemente la mano y le pregunto cómo está. A. me responde: «Estoy vacía, no soy nada». Ésta es una sensación constante en la vida de A., quien, a pesar de ejercer una tarea de liderazgo en su lugar de trabajo, no puede llevar adelante ningún proyecto personal que alimente su espíritu, lo que le genera un enorme sufrimiento. Este tema es algo recurrente en su vida desde hace ya mucho tiempo, sintiéndose cada vez peor. Cuando toco con la mano el cuerpo de A., siento una ausencia total de emociones y de presencia. Entonces le pido que haga contacto: «A., no estás, no te siento, establece contacto, por favor».  La situación es cada vez más difícil. Lo único que se percibe es vacío, hielo, soledad infinita. A pesar de que he transitado muchas veces esta situación, nunca fue tan profunda la falta de presencia que pude sentir en A. Tras insistir con vehemencia, pidiéndole que trate de hacer contacto, lo máximo que logro que diga es: «No estoy, no puedo». Entonces, comienzo a pedirle que busque la parte de su alma que seguramente se había ido, pero A. está cada vez más inmóvil, fría, sin nada de vitalidad ni energía. En ese momento, siento que sus piernas están muertas y que esa es la parte de su cuerpo que se encuentra más vacía. Entonces, le pido que comience a mover las piernas. Ella lo intenta, pero no logra moverlas. Es un momento muy difícil.  

Tras muchos intentos y de mucha insistencia por mi parte, finalmente puede hacer pequeñísimos movimientos con sus piernas. El esfuerzo es de ambas: me doy cuenta de cómo presto mi propia energía a A. para que ella logre mover sus piernas. Finalmente, logra dar algunas patadas diciendo: «No puedo. Estoy muerta, estoy muerta». Y en ese momento, sorpresivamente, me veo a mí misma viajando hacia el mundo de los muertos, de los que habla la mitología griega: cruzando un río, acompañada por el barquero Caronte, y retornando con la parte del alma de A. que estaba en esa región. Cuando pido a A. que la incorpore, ésta se niega a hacerlo, hasta que finalmente, poco a poco y con mucho esfuerzo, una energía empieza a entrar en su cuerpo a través de la cabeza. A medida que la recorre, muy lentamente ella tiembla y vibra en cada zona de su cuerpo hasta llegar a los pies. Luego todo su cuerpo comienza a ondularse y A. rompe en llanto. La vida y la energía retornan a su Ser. Fue llamativo el agotamiento físico en el que quedé. Me fue prácticamente imposible seguir trabajando en la sala y tuve mucha hambre. Ingerir alimentos me ayudó en el transcurrir de la tarde para ir recuperando fuerzas muy lentamente. 

Diez días después de finalizado el taller, A. vino a su sesión individual de terapia relatando una serie de cambios y acciones que hacía año y medio quería realizar y le resultaban imposibles. Efectivamente, la energía y el poder de accionar en el mundo se despertaron en ella a partir del taller. Tras varios meses desde esa experiencia, la vitalidad y el entusiasmo de A. son cada vez mayores. 

Para concluir, quisiera mencionar que la técnica de Recuperación del Alma puede ser utilizada (una vez debidamente aprendida por los facilitadores), en casos muy específicos durante la Respiración del Corazón. 

Asimismo, en el Apéndice he incluido tres nuevos recursos de reciente incorporación:  

1.    Dame la Mano,

2.    El Poder de la Palabra.

3.    Las nuevas formas del Trabajo Corporal. 

Todas ellas están enriqueciendo significativamente el abordaje terapéutico del respirador. 

 

EPÍLOGO 

La experiencia de escribir este libro ha sido maravillosa a la par que reveladora. La idea que me convocó a hacerlo fue la de organizar la técnica y poder darla a conocer. Pero lo que hoy en día puedo constatar es el crecimiento interior que ha significado para mí el viaje de la consciencia al que me llevó este manuscrito. Definitivamente, no soy la misma que cuando comencé a escribirlo.  

Es curioso que cada vez que me ponía a escribir o a revisar algún capítulo, surgía espontáneamente nueva información desde mi interior. La sensación en esos instantes era que el libro tenía vida propia y me revelaba nuevo contenido que necesitaba ser incorporado. 

Me gustaría compartir varias reflexiones finales que sintetizan el alma de esta terapia: 

1.    La Respiración del Corazón no sólo constituye un viaje de autoconocimiento o de sanación para el respirador sino para todas las personas que entran en contacto con el proceso, ya sean los facilitadores como sus acompañantes (compañeros respiradores).

 

2.    Los beneficios que se producen como resultado de la terapia son visibles en el cuerpo físico y emocional, pero también alcanzan niveles más sutiles y profundos de la consciencia.

 

3.    La Respiración del Corazón es una terapia viva y en constante evolución. Seguramente un segundo volumen mostrará su crecimiento en el futuro. Prueba de ello es el Apéndice que incluye las recientes herramientas que estamos implementando.

 Espero que este libro te haya ayudado, amigo lector, a expandir tu conciencia y a avanzar en tu autoconocimiento.  Y si eres terapeuta, espero que te haya brindado nuevas ideas a incorporar e investigar en tu trabajo.

 Finalmente, es mi intención alentar a los nuevos exploradores, a todos aquellos que vendrán, a utilizar este material con amor y mucho cuidado, y a animarse a recorrer nuevos territorios desconocidos hasta ahora, que ayuden a la expansión de la conciencia y a la sanación del alma humana. Estoy convencida de que es éste un destino inevitable y maravilloso.

 

APÉNDICE: Nuevos aportes a la técnica de la Respiración del Corazón. 

1. Dame la mano.  Quiero sentirte presente conmigo

 Hay una situación muy particular en la que hemos logrado resultados sorprendentes, ayudando a la persona a conectar consigo misma y con la experiencia a través del contacto con el facilitador.

 A veces sucede que, al acercarnos a un respirador —ya sea porque éste nos ha llamado para decirnos que no le sucede nada o porque estamos trabajando con algún bloqueo corporal—, notamos que la persona está ausente, distante, lo que podríamos llamar «vacía de sí misma». En estos casos en que las personas están muy disociadas y no pueden hacer contacto ni con sus sentimientos ni con su interior, les pedimos que nos den la mano y hagan contacto.

 La persona acerca su mano y se siente totalmente vacía, floja y sin ningún sentimiento. Entonces, le pedimos que se conecte con nosotros y le insistimos hasta que sentimos que logra hacerlo. Inclusive le enseñamos cómo hacerlo si es que no puede. Le decimos al respirador: «Estás vacío de emoción, no te siento, busca hacer contacto conmigo y déjame sentirte en mi mano». Y mientras digo esto, apreto suavemente su mano dentro de la mía. Obviamente, estas palabras se las decimos muy suavemente al oído y con un tiempo de espera entre cada frase.

 Generalmente, es necesario repetir la consigna varias veces, explicándole su «falta de presencia», hasta que casi irremediablemente hay un momento en el que se siente al otro. Muchas veces tenemos que ser nosotros los que ponemos nuestra alma en esa mano, transmitiendo nuestra energía como un llamado a la presencia del otro. Le repetimos al respirador una vez más: «Estás vacío de emoción, no te siento, busca hacer contacto conmigo y déjame sentirte en mi mano». Y mientras digo esto, apreto suavemente su mano dentro de la mía.

 Lo normal es que se necesiten varios intentos o repeticiones de este gesto y estas palabras, pero cuando la persona lo logra, se produce un cambio cualitativo notable y un alivio profundo, acompañado muchas veces de una gran emoción. Es como si volvieran a la vida. Acto seguido, le pedimos que vuelva a respirar, y el trabajo continúa de una manera muy diferente.

 El siguiente ejemplo explicará más claramente este tipo de sintomatología.

 H. estaba respirando muy quieto durante casi toda la sesión. Comúnmente, en estos casos, cuando está promediando la segunda hora, nos acercamos con extremo cuidado, quedándonos al lado de la persona sin hablar durante algunos minutos. Esperamos alguna respuesta por parte del respirador y tratamos de percibir si está en algún proceso. No es necesario ni siquiera tocarlos, ya que hemos aprendido que las personas nos perciben sin necesidad de que haya palabras o contacto físico de nuestra parte.  H. se mueve con incomodidad, suspira y expresa: «Estoy vacío, no siento nada». Entonces, le pido que respire más ampliamente en la zona del pecho y le digo que lo voy a acompañar por un rato.  Pasan los minutos y a pesar de que su respiración es más potente, sigo sintiendo que H. no puede hacer contacto con ninguna experiencia o sentimiento. Le pido entonces que me dé la mano, lo que resulta siempre igual: su mano está floja, distante, sin presencia. Cuesta bastante lograr que H. lleve vida al encuentro que le propongo, pero cuando lo logra (esto es algo que solamente puede hacer el respirador), las lágrimas comienzan a caer por sus mejillas: «Ahora entiendo, ahora entiendo». Entonces, comienza a apretar fuertemente mi mano. En el momento final de compartir, H. relata que, gracias a mi pedido de contacto, revivió una escena muy dolorosa de su infancia en la que el padre partió de su hogar abandonándolo, y no tuvo contacto con él durante muchos años.

 ***

R. es una joven de 16 años que llega al taller como sugerencia de su madre que ha realizado la experiencia con anterioridad. En su segunda respiración, R. no logra conectarse y me llama pidiéndome ayuda. Se la ve ausente y con dificultades para inhalar.  Una vez que R. logró respirar más profunda y aceleradamente, se queja igualmente de no poder entrar en proceso. La toco suavemente en el brazo haciendo contacto con ella y le pido que me de la mano. No logro percibir la presencia de R. y le digo: «Sentime, hace contacto conmigo», mientras le aprieto suavemente la mano y pongo mi consciencia y mi presencia en ese contacto. Cada vez siento más claramente la ausencia de R. Entonces, le digo: «No estás, trae tu alma a la mano, déjame sentirte y sentime». Se notan los esfuerzos de R. por lograr lo que le pido y no sabe cómo hacerlo, hasta que súbitamente su mano cobra vida, toca la mía y se produce el encuentro. Sin que medie palabra alguna, un débil sollozo hace evidente la emoción de R. A partir de ese momento, no necesita más ayuda y puede seguir el trabajo sola. Mientras me levanto para irme los labios de R., dibujan un “gracias” y una sonrisa. 

2. El Poder de la Palabra 

El poder de la palabra, usada sabiamente y en una justa medida, es francamente sorprendente. Sin embargo, la utilización de la palabra es seriamente cuestionada en el trabajo holotrópico tradicional cuando el participante está teniendo una experiencia vivencial, ya que es muy alta la posibilidad de sacar a la persona de su proceso o de influir sobre su trabajo interior. 

Nosotros conocemos perfectamente el nivel de vulnerabilidad y apertura de las personas cuando están en un Estado Ampliado de Conciencia y somos muy cuidadosos al respecto. Por tanto, únicamente utilizamos la palabra como herramienta cuando hemos comprendido profundamente el espacio interno en el que se encuentra la persona y podemos, a través de un brevísimo estamento, ayudarla a conectarse más profundamente con aquello que está transitando.  

Dado lo difícil que es utilizar la herramienta de la palabra, aconsejamos a las personas que se forman con nosotros no utilizarla hasta que esta capacidad perceptiva se desarrolle en ellos con los años de práctica. 

En este momento nos está sucediendo algo realmente sorprendente a algunos de nosotros ya que nos están surgiendo frases o palabras que salen directamente de nuestro Ser Interior y que nos sorprenden —ya que no estamos utilizando la mente racional en el momento que las decimos—. De más está decir que, cuando esto sucede (y nosotros somos testigos sorprendidos de lo que expresamos), nuestras palabras operan una especie de milagro en el participante ya que hay una sintonía perfecta entre lo que expresamos y el material inconsciente del participante que necesita ser interpretado. Comparto algunos casos en donde se pone de manifiesto su efecto:  

P. es una persona que parece fría, pero es extremadamente sensible y no sabe cómo expresar sus sentimientos. Tiene los brazos y el pecho muy duros. Está apretándose el pecho él mismo y le cuesta mucho dejarse ayudar. Me acerco y le pregunto qué le pasa y me dice que le duele. Le trabajo la zona un rato, escupe mucho y se queja de que tiene dolor. Tras un rato, cuando empieza a calmarse el dolor, lo tomo con mucho amor mientras sigo presionando levemente su pecho y le digo muy suavemente en el oído: «Es tan conmovedor cuando los hombres se emocionan». Tras mis palabras, rompe a llorar un largo rato y finalmente me abraza y no para de agradecerme diciéndome: «Eso era lo que necesitaba».

 ***

Hacia el comienzo de su primera respiración, me llama E., que es coach, ingeniero y gerente de una empresa. Tiene una personalidad orientada a la acción y no puede expresar emociones. Sin embargo, se puede entrever su gran corazón detrás de las corazas construidas en la vida.  

Cuando lo miro, lo veo tenso y muy sobresaltado. Respira agitadamente y dice: «Algo me pasa acá», señalando el corazón. Mi actitud al aproximarme fue de un gran amor y contención. Le dije: «Tranquilo, está todo bien. Abrite a lo que estás sintiendo, que tu enorme corazón se está expandiendo. Yo puedo sentir tu sensibilidad y el amor de tu corazón. Dejalo ser». 

Al escucharme, emite sollozos y extraños ruidos hasta que finalmente puede llorar. Su testimonio es conmovedor. Me agradece diciendo que fueron mis palabras las que realmente le abrieron el corazón, que se sintió convulsionado por ellas reconociendo dentro de sí un aspecto amoroso que siempre había negado.

 ***

F. llora en la colchoneta la muerte de sus padres. Desde ese momento, una parte de sí mismo se retiró al sentirse culpable de dichas muertes. Conozco la barrera que ha puesto con sus emociones y en el contacto con los demás desde ese momento. Finalmente, y después de muchas respiraciones, logra llegar a la herida que tiene dentro. Me llama en medio de espasmos que quieren ser sollozos y de extraños ruidos y tensos movimientos corporales. Me quedo un rato acompañándolo sin que pueda cruzar la barrera del sentimiento, hasta que le pido que se agarre de mi mano buscando que pueda lograr abrirse totalmente a esa culpa y a ese dolor infinito. 

Finalmente, comienza a llorar cuando le susurro en el oído: «Hacé contacto, quiero sentirte. No te siento, volvé a abrirte a otro ser humano. Hace mucho que te fuiste. Volvé». Tiembla en shock y siento cómo su alma retorna a la vida y un sentimiento de inmenso dolor, pero de gran amor, se trasmite entre nosotros. Terminamos abrazados y me lo agradece en medio de sollozos. 

*** 

Habiendo transcurrido aproximadamente una hora desde el inicio de la sesión, observamos que C. estaba apretando sus puños fuertemente, con la intención de lastimarse clavándose las uñas. Esto ya lo había hecho con anterioridad en otras sesiones. Nos acercamos rápidamente y, con mucho esfuerzo, Hernán y yo, uno de cada lado, fuimos abriendo la mano de la participante.  En un determinado momento de este proceso, C. nos dice, al borde del terror, que está cayendo en un pozo ciego. La exhortamos a que siga con su experiencia, ya que quiere interrumpirla, y la tomamos de sus manos para que se sienta cuidada y pueda animarse a dejarse caer por el pozo. La respiradora seguía mostrando claros signos de miedo mientras continuaba con su interminable “caída”. Como la situación no tiende a resolverse y C. sigue aterrorizada cayendo dentro del pozo, muy suavemente le pido, utilizando nuestro sostén, que busque la forma de detener la caída y empezar a subir. Le digo muy enfáticamente que ella puede lograrlo, “C. por favor hace un esfuerzo y volvé,podes hacerlo. Deja de caer y comenzá a subir. No te preocupes, nosotros estamos aquí contigo y tú puedes hacerlo”. Tras mucho trabajo, C. logra revertir la caída y comienza a elevarse. Su cara de triunfo, pero sobre todo de alivio y sensación de logro, es claramente visible.  Al finalizar la sesión, C. nos cuenta que sin esa indicación no hubiese podido resolver la situación. Y es ahora por primera vez que siente que puede revertir los estados de angustia y de “pozo negro” que la embargan a veces al despertarse. C. está en un proceso de desintoxicación, tras haber tomado antidepresivos durante muchos años. Gracias al trabajo de respiración que realiza todos los meses, bajo supervisión psiquiátrica, ha logrado prácticamente dejar la medicación.   

Queda claro a través de estos ejemplos que el proceso puede profundizarse si la palabra es utilizada sabia, breve, y adecuadamente. Estamos cada día más entusiasmados con este nuevo recurso tan difícil de implementar, pero tan eficaz cuando se emplea correctamente y en el momento oportuno. 

2.1. Y quizás un día no vamos a necesitar más las palabras para comunicarnos 

Ahora me gustaría compartir parte de mi experiencia en el trabajo de facilitación. En estos últimos años se ha abierto en mí la capacidad de percibir a los respiradores cada vez más profundamente y con menos distancias entre su cuerpo y el mío. Mi cuerpo refleja sus emociones y sus bloqueos como si fuésemos uno. Sé lo que le pasa al otro sin necesidad de usar la palabra para comunicarme, ya que la comunicación se da en un nivel sutil o energético sin la existencia de barreras desde el cuerpo denso.   

Como pienso que se debe al continuo trabajo de limpieza interior y de práctica realizado por mí a lo largo de los años, esto es algo a lo que debe aspirar todo facilitador que se inicia en esta técnica. De hecho, he comenzado a ver transitar a varias de las personas que me ayudan por este mismo camino.

 El siguiente testimonio es un ejemplo de lo dicho anteriormente:

  L. realiza un trabajo muy fuerte de descarga energética y de limpieza de corazas, tras las cuales hay un alto monto de angustia retenida por muchos años que a L. le cuesta mucho dejar salir. Entonces, la aliento a sacarla, pues es evidente que esta emoción está trabada dentro de ella. Sin embargo, aún así, la angustia no sale. Finalmente, la abrazo tiernamente, quedando las dos unidas a la altura del corazón. Permanecemos en completo silencio, abrazadas durante unos minutos. En un instante, siento que se le abre el chacra del corazón y L. comienza a llorar. Pasados unos momentos, ambos chacras cardíacos se cierran y el llanto cesa mientras el abrazo continúa. Tras un momento, vuelvo a «abrir mi corazón» sin que medie ningún movimiento ni ninguna palabra, L. acompaña nuevamente con su propia apertura del corazón y más llanto. Finalmente, esto se convierte en una especie de “danza cósmica” donde cada vez que conecto mi corazón con el de L., la magia sucede y ella puede dejar salir su dolor largamente reprimido. No fueron necesarias palabras ni acciones físicas para lograr el trabajo. 

Si el facilitador solamente realiza un trabajo superficial y no establece una conexión profunda con el respirador, éste no se va a poder entregar de la manera necesaria para llegar a la herida «original» de su alma. Para ello, necesita sentir el apoyo incondicional del otro, en esa conexión que va más allá de las palabras, como el bebé que siente la presencia de la madre, o no la siente porque no está. 

A continuación, comparto otro caso en el cual tampoco fueron necesarias las palabras para lograr una transformación en el estado emocional de la persona. 

Me acerco a M., quien acaba de tener una experiencia donde vivenció un trabajo de parto en el cual el niño nació muerto. La ansiedad de M. es desbordante: tose, escupe y se excita cada vez más. Su estado no se transforma con la expresión de la emoción. Es evidente que este estado de ansiedad le impide entrar en su dolor más profundamente. Entonces, busco centrarme interiormente en una calma y paz muy intensas y, sin palabras ni acciones, logro transmitirle a M. un estado de tranquilidad.  La participante, poco a poco, se va apoyando en la energía trasmitida y en mi presencia, hasta lograr salir de su angustia y ansiedad. Ahora sí, muy lentamente, las lágrimas caen de sus ojos y puede llorar y expresar la angustia que le generó su experiencia del parto.

3. Las nuevas formas del Trabajo Corporal 

En un principio, el trabajo corporal que se realizaba en la Respiración del Corazón tenía lugar únicamente sobre el cuerpo físico. Sin embargo, diferentes circunstancias nos llevaron a descubrir la importancia del trabajo en el cuerpo sutil de las personas. Este tipo de intervenciones tiene muchas similitudes con ciertas técnicas chamánicas.

En algunas ocasiones es más efectivo el trabajo con la energía para el desbloqueo de corazas musculares que la maniobra de presionar, habitual en esta práctica. Queremos aclarar que seguimos este procedimiento tras haber intervenido haciendo presión y pidiéndole al respirador que empuje a su vez sobre nuestra mano. Si a pesar del intenso trabajo realizado, el bloqueo continúa, acercamos nuestras manos suavemente a dos o tres centímetros de la zona afectada y ponemos la intención de disolver el bloqueo mientras barremos el campo energético de la persona en esa parte de su cuerpo. 

 Para liberar bloqueos en el cuerpo sutil, es importante encontrar el «tapón energético» donde sea que esté (generalmente a la altura de los chacras) y poner la intención antes de sacarlo agarrándolo con nuestros dedos y tirando de él.

Voy a compartir algunos casos para ilustrar este concepto.

C. es una participante que asiste todos los meses a nuestros talleres desde hace dos años. Hace mucho tiempo que padece una gastritis. Hemos trabajado repetidamente sus bloqueos en el nivel del plexo logrando que disminuya levemente este síntoma. En un taller reciente, vuelve a aparecer la tensión en el estómago y, tras trabajar un largo rato con mucha expectoración, C. se sigue quejando que la dureza y el dolor en su estómago no ceden. Cansada de tanta fuerza, pongo suavemente mis manos sobre su estómago. Me relajo y le envío energía amorosa mientras barro su campo energético. A los breves instantes, C. se relaja y expresa que su tensión y su dolor van desapareciendo. Posteriormente, nos cuenta que la mejoría continuó durante varios días. 

***

En su testimonio final, R. menciona un profundo dolor de cabeza. Hernán se pone a trabajar con ella y, al cabo de un rato de hacer presión, R. manifiesta que le duele mucho y pide no continuar con el trabajo. Hernán le sugiere que se quede y acerca sus manos suavemente sobre los ojos de la respiradora con la intención de que desaparezca el dolor, cosa que efectivamente sucede y que permite que Hernán extienda la maniobra de barrido energético a otras zonas de la cabeza que también tenían acumulada mucha tensión. R. manifiesta con alegría que su dolor está cediendo hasta que se disipa totalmente.En algunos casos en los que se había trabajado infructuosamente para abrir bloqueos de la zona del cuello, fui descubriendo que un trabajo en el cuerpo sutil sobre la zona de la garganta ayudaba al desbloqueo. Desde ese momento, lo pusimos en práctica con regularidad como un recurso más, ya que ayuda a liberar la energía estancada. Lo notable es que el trabajo energético sobre esa zona produce nauseas y/o expectoración abundante. 

Este último tipo de trabajo se encuentra en sus inicios y es toda una nueva dimensión para explorar. No es nuestra idea forzar nada, sino esperar a alguna situación similar que nos habilite a repetir la experiencia.


SOBRE EL AUTOR

Ana María Aguirre se graduó como psicóloga clínica en Buenos Aires (Argentina) en 1969 y comenzó su trabajo como psicoterapeuta gestáltica en la década de 1970, especializándose en los años siguientes dentro del campo de la Psicología Transpersonal. Ha realizado numerosos cursos en Estados Unidos, siendo los más destacables su formación con la Dra. Elizabeth Kübler-Ross para el trabajo con enfermos terminales, y la formación en Psicología Transpersonal y Respiración Holotrópica realizada con el Dr. Stanislav Grof en California (USA), certificándose como facilitadora en el año 1996. A partir de ese momento, fue la coordinadora del Grof Transpersonal Training en Argentina y, posteriormente, miembro del Board de la AHBI (Association Holotropic Breathwork International). Lleva más de 20 años en la investigación y el trabajo terapéutico con los Estados Ampliados de Conciencia, siendo su principal preocupación el alivio y la comprensión del sufrimiento humano y del sentido de la existencia.  En el año 2010 se separó del Grof Transpersonal Training para comenzar con su propia formación. Actualmente, realiza talleres de Respiración del Corazón en Argentina y otros países de Sudamérica. 

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BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

 

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[1] Así se denominan los lugares de meditación y enseñanza hinduista, tanto religiosa como cultural, en los que los alumnos conviven bajo el mismo techo que sus maestros.

[2] Una sustancia con impactantes propiedades psicoactivas descubierta por el bioquímico suizo Albert Hofmann en los laboratorios Sandoz.

 

[3] En el capítulo 9, se hablará extensamente de este tema. No se ha incluido información detallada en este apartado por ser de carácter técnica y dirigida especialmente a facilitadores ya formados.

[4] Véase el Apéndice, en el apartado 2 titulado El poder de la palabra

[5] Para mayor información sobre esta terapia, recomiendo consultar el libro: Terapias de Vidas Pasadas, un camino hacia la Luz del alma. Técnica y Práctica. Dr. José Luis Cabouli.

[6] El Sanador Interior es un concepto clave desarrollado por el Dr. Stanislav Grof y se refiere a aquella sabiduría innata, subyacente en el interior de cada persona que, una vez despertada, la lleva a lograr su completitud. Según el Dr. Grof, el Sanador Interior es el verdadero artífice de la sanación y el terapeuta es solamente un acompañante que ayuda a que esta inteligencia se despierte y comience a actuar.

[7] Son parestesias de los miembros superiores y, a veces, de los inferiores que indican un bloqueo emocional o la presencia de algún tipo de presión sobre las terminales nerviosas.

[8] La Mente Holotrópica, de Dr. Stanislav Grof y La Conciencia Del Bebé Antes De Nacer, de  Wendy Anne McCarty

[9] Canto sagrado de poder utilizado por los chamanes durante los rituales de sanación espiritual.

[10] Reproductor de casete

[11] Mantras cantados.

[12] Se traduce como «Te veo al otro lado».

[13] Recomiendo ver el capítulo 12 sobre Almas Perdidas.

[14] El Otorongo es uno de los animales de poder que convocamos en la apertura de los talleres, cuando abrimos el espacio.

[15] Véase el apartado 3 sobre “Las Nuevas Formas de Trabajo Corporal”.

Fin del Trabajo

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